Permanecer con un carácter invariable es estar enemistado con Dios
A lo largo de varios miles de años de corrupción, todas las personas se han vuelto insensibles y torpes; todas se han convertido en demonios malvados que se oponen a Dios, hasta el punto de que su rebeldía contra Dios ha quedado documentada en los registros históricos, y ni siquiera ellas mismas son capaces de relatar por completo su conducta rebelde, porque han sido tan profundamente corrompidas por Satanás y descarriadas por él, que no saben adónde ir. Incluso hoy, la gente sigue traicionando a Dios. Cuando ven a Dios, lo traicionan, y cuando no pueden verlo, también lo traicionan. Hay incluso quienes, aun habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y de Su ira, lo traicionan. Y por eso digo que la razón del hombre ha perdido su función original y también sucede lo mismo con la conciencia del hombre. A Mis ojos, las personas son bestias con ropaje humano y serpientes venenosas. Por muy lastimosas que intenten parecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con ellas, pues son incapaces de distinguir el blanco del negro, y ninguno de ellos comprende la diferencia entre la verdad y lo que no es verdad. Su razón está tan entorpecida y, aun así, desean obtener bendiciones; su humanidad es tan innoble y, aun así, desean reinar como reyes y ostentar el poder. ¿De quién podrían ser reyes, con una razón como esa? ¿Cómo podrían, con semejante humanidad, sentarse en tronos? ¡Las personas son verdaderamente desvergonzadas! ¡Son unos miserables que se sobreestiman! Sugiero que vosotros, los que deseáis obtener bendiciones, primero encontréis un espejo y miréis vuestro propio feo reflejo. ¿Tienes lo que hace falta para ser rey? ¿Tienes los rasgos faciales de quien podría recibir bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en tu carácter y no has sido capaz de poner en práctica nada de la verdad, y aun así deseas un mañana maravilloso. ¡No es más que una vana ilusión! El hombre, que nació en una tierra tan inmunda, ha sido infectado de extrema gravedad por la sociedad, condicionado por la ética feudal y ha recibido la educación de los “institutos de educación superior”. Un pensamiento retrógrado, una moral corrupta, una perspectiva inmoral de la vida, una filosofía despreciable para los asuntos mundanos, una existencia completamente inútil y costumbres y una vida cotidiana vulgares, todas estas cosas han estado penetrando fuertemente en el corazón del hombre y han estado dañando y atacando gravemente su conciencia. Como resultado, el hombre se distancia cada vez más de Dios y se opone cada vez más a Él. El carácter del hombre se vuelve más implacable día tras día, y no hay ni una persona que esté dispuesta a renunciar a algo por Dios; ni una persona que voluntariamente se someta a Dios y, menos aún, que busque la aparición de Dios. En vez de ello, el hombre busca el placer para satisfacer su corazón bajo el poder de Satanás y corrompe su carne con desenfreno en el lodazal. Incluso cuando oyen la verdad, aquellos que viven en la oscuridad no desean practicarla ni tampoco muestran interés en buscar ni siquiera cuando ven que Dios ya ha aparecido. ¿Cómo podría una especie humana tan depravada como esta tener alguna posibilidad de salvación? ¿Cómo podría semejante especie humana decadente vivir en la luz?
Cambiar el carácter del hombre debería comenzar con el conocimiento de su esencia y a través de cambios en su pensamiento, su naturaleza y su perspectiva mental: por medio de cambios fundamentales. Solo así se lograrán cambios verdaderos en el carácter del hombre. La causa profunda de que surjan actitudes corruptas en el hombre es la desorientación, la corrupción y el veneno de Satanás. El hombre ha sido atado y controlado por Satanás, y sufre el atroz daño que este le ha infligido a su pensamiento, su moral, su percepción y su razón. Es precisamente debido a que las cosas fundamentales del hombre han sido corrompidas por Satanás y son diametralmente distintas a cómo Dios las creó originalmente, que el hombre se opone a Dios y no puede aceptar la verdad. Por ende, los cambios en el carácter del hombre deben comenzar con cambios en su pensamiento, su percepción y su razón que transformen su conocimiento de Dios y su conocimiento de la verdad. Los que nacieron en la tierra más profundamente corrompida de todas son aún más ignorantes sobre lo que Dios es o sobre lo que significa creer en Dios. Mientras más corruptas sean las personas, menos saben sobre la existencia de Dios, y más pobres son su razón y su percepción. La causa fundamental de la oposición y rebeldía del hombre contra Dios es que ha sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado; se ha corrompido moralmente, sus pensamientos son degenerados, y ha desarrollado una perspectiva mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre se sometía de manera natural a Dios y a Sus palabras después de escucharlas. Originalmente tenía una razón y una conciencia sensatas y una humanidad normal. Después de que el hombre fuera corrompido por Satanás, su razón, su conciencia y su humanidad originales se fueron insensibilizando y Satanás las mermó. Debido a ello, el hombre ha perdido su sumisión y amor a Dios. La razón del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de una bestia y su rebeldía contra Dios es cada vez mayor y más grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni entiende esto, y meramente se opone y se rebela con persistencia. Las revelaciones del carácter del hombre son las expresiones de su razón, su percepción y su conciencia. Debido a que su razón y su percepción son defectuosas y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter es rebelde contra Dios. Si la razón y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es estar de acuerdo con las intenciones de Dios. Si la razón del hombre es defectuosa, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él. Una “razón normal” se refiere a someterse a Dios y serle leal, anhelar a Dios, serle incondicional y tener una conciencia hacia Él. Se refiere a ser de un solo corazón y una sola alma con Dios y a no oponerse a Él deliberadamente. Si se tiene una razón aberrante no es así. Desde que el hombre fue corrompido por Satanás, se ha formado nociones acerca de Dios y no ha sido leal hacia Dios ni lo ha anhelado, por no hablar de que no tiene una conciencia hacia Dios. El hombre se opone deliberadamente a Dios y lo juzga; es más, le lanza improperios a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas sabiendo perfectamente que es Dios; el hombre no tiene ninguna intención de someterse a Dios, sino que se limita a seguir haciéndole exigencias y requerimientos. Tales personas —la gente que tiene una razón aberrante— son incapaces de conocer su propio despreciable comportamiento o de lamentar sus actos de rebelión. Si la gente fuese capaz de conocerse a sí misma, entonces recuperaría un poco de su razón; cuanto más rebeldes contra Dios son las personas y, pese a ello, no se conocen a sí mismas, menos cabal es su razón.
El origen de la revelación del carácter corrupto del hombre no es otro que su conciencia insensible, su naturaleza malévola y su razón defectuosa. Si la conciencia y la razón del hombre pueden volver a ser normales, entonces él se volverá apto para ser usado ante Dios. Debido a que la conciencia del hombre ha estado siempre entumecida, y a que la razón del hombre nunca ha sido sensata, y se está haciendo cada vez más insensible, los actos de rebeldía del hombre hacia Dios se están multiplicando hasta el punto, incluso, de haber clavado a Jesús en la cruz y cerrarle la puerta a Dios encarnado en los últimos días, y de condenar la carne de Dios y verla como inferior. Si el hombre tuviese al menos un poquito de humanidad, no sería tan cruel en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese al menos un poco de razón, no sería tan despiadado en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese un poco de conciencia, no “le daría las gracias” a Dios encarnado de esta manera. El hombre vive en la era de Dios hecho carne; sin embargo, no le da las gracias a Dios por haberle dado una oportunidad tan buena, y, en vez de ello, maldice la venida de Dios o ignora por completo el hecho de la encarnación de Dios y parece que se opone y que está en contra y siente aversión hacia ella. Independientemente de cómo trate el hombre la venida de Dios, Él siempre ha ido realizando Su obra sin descanso, a pesar de que el hombre no ha sido en lo más mínimo receptivo hacia Él y sigue haciéndole exigencias. El carácter del hombre se ha vuelto extremadamente malévolo, su razón se ha vuelto sumamente insensible, su conciencia ha sido pisoteada por completo por el maligno y hace ya tiempo que dejó de ser la conciencia original del hombre. El hombre no solo no es agradecido con Dios encarnado por otorgarle tanta vida y gracia a la humanidad, sino que, incluso, siente aborrecimiento hacia Dios por concederle la verdad; como el hombre no tiene interés en la verdad, siente aborrecimiento hacia Dios. El hombre no solo es incapaz de dar su vida por Dios encarnado, sino que también trata de obtener favores de Él y reclama una recompensa que es decenas de veces mayor que lo que él le ha dado a Dios. Así son la conciencia y la razón de las personas, aunque estas siguen sin ver nada malo en esto y todavía creen que se han esforzado muchísimo por Dios y que Él les ha concedido muy poco. Hay personas que, después de darme un cuenco de agua, extienden las manos y me piden que les pague dos cuencos de leche, o que, después de darme alojamiento por una noche, me exigen que les pague el precio de muchos hospedajes. Con tal humanidad y tal conciencia, ¿cómo podríais seguir aspirando a ganar la vida? ¡Qué desgraciados y despreciables sois! Este tipo de humanidad y conciencia en el hombre es lo que hace que Dios encarnado deambule por la tierra, sin un lugar donde encontrar refugio. Aquellos que en verdad poseen conciencia y humanidad deberían adorar y servir de todo corazón a Dios encarnado, no por la cantidad de obra que Él ha hecho, sino aun si Él no hubiese realizado obra alguna. Esto es lo que deberían hacer quienes tienen una razón sana y es el deber del hombre. La mayoría de las personas hablan, incluso, de poner condiciones para su servicio a Dios: no les importa si Él es Dios o un hombre, y solo hablan de sus propias condiciones y solo buscan satisfacer sus propios deseos. Cuando cocináis para Mí, exigís una cuota por concepto de servicio; cuando corréis para Mí, pedís honorarios de corredor; cuando trabajáis para Mí, demandáis honorarios de trabajo; cuando laváis Mi ropa, exigís tarifas de lavandería; cuando proveéis para la iglesia demandáis cuotas de recuperación; cuando habláis, exigís pagos como conferencista; cuando distribuís libros, demandáis cuotas de distribución, y, cuando escribís, demandáis honorarios de escritor. Aquellos a quienes he podado, incluso me han exigido una recompensa, mientras que aquellos que han sido enviados a su casa, exigen reparaciones por los daños a su nombre; aquellos que no están casados exigen una dote o una compensación por su juventud perdida; los que matan un pollo piden honorarios de carnicero; los que fríen alimentos demandan honorarios por el freído; los que hacen la sopa también exigen un pago por ello… Esta es vuestra noble y poderosa humanidad, y estas son las acciones que dicta vuestra cordial conciencia. ¿Dónde está vuestra razón? ¿Dónde está vuestra humanidad? ¡Os lo diré! Si seguís así, dejaré de realizar obra entre vosotros. No voy a obrar entre una manada de bestias vestidas de humanos; no voy a sufrir así por un grupo de personas cuyo pálido rostro esconde un corazón salvaje; no voy a padecer por tal manada de animales que no tiene la más mínima posibilidad de salvación. El día en que os dé la espalda, será el día en que moriréis; será el día en que la oscuridad venga sobre vosotros y el día en que os abandonará la luz. ¡Dejadme deciros esto! Nunca seré benevolente con un grupo como el vuestro, ¡un grupo que está incluso por debajo de los animales! Hay límites a Mis palabras y acciones, y tal y como están vuestra humanidad y vuestra conciencia, no llevaré a cabo más obra, porque tenéis una gran carencia de conciencia, me habéis causado demasiado dolor y vuestro despreciable comportamiento me disgusta demasiado. Las personas que carecen tanto de humanidad y conciencia nunca tendrán oportunidad de ser salvas; nunca salvaría a personas tan desalmadas e ingratas como estas. Cuando llegue Mi día, haré llover Mis abrasadoras llamas por toda la eternidad sobre los hijos de la rebelión que una vez provocaron Mi feroz ira; impondré Mi castigo eterno sobre aquellos animales que una vez lanzaron improperios sobre Mí y me abandonaron; quemaré con el fuego de Mi ira por toda la eternidad a los hijos de la rebelión que una vez comieron y vivieron junto conmigo, pero que no creyeron en Mí, y me insultaron y traicionaron. Someteré a Mi castigo a todos aquellos que provocaron Mi ira; desataré toda Mi ira sobre esas bestias que una vez desearon estar junto a Mí como iguales, pero que no me adoraron ni se sometieron a Mí; la vara con la que golpeo al hombre caerá sobre aquellos animales que una vez disfrutaron de Mi cuidado y de los misterios que pronuncié, y que intentaron arrebatarme Mi disfrute material. No seré indulgente con ninguna persona que trate de arrebatarme Mi lugar; no perdonaré a ninguno de los que traten de arrebatarme la comida y la ropa. Por ahora, vosotros continuáis estando libres de todo daño y seguiréis excediéndoos en las exigencias que me hacéis. Cuando llegue el día de la ira, no me haréis más exigencias; en ese momento, os dejaré “disfrutar” todo lo que os plazca, clavaré vuestra cara en la tierra, ¡y nunca más seréis capaces de levantaros de nuevo! Tarde o temprano, Yo voy a “reembolsaros” esta deuda, y Mi esperanza es que aguardéis pacientemente la llegada de este día.
Si estas personas despreciables en verdad pueden dejar de lado sus deseos extravagantes y se vuelven hacia Dios, todavía tienen la oportunidad de ser salvas; si el hombre de veras tiene un corazón que anhela a Dios, entonces no será abandonado por Él. El hombre falla en ganar a Dios, no porque Dios tenga sentimientos carnales o porque Dios no esté dispuesto a ser ganado por el hombre, sino porque el hombre no desea ganar a Dios y no tiene un corazón que lo busque con urgencia. ¿Cómo podría alguien que en verdad busque a Dios ser maldecido por Él? ¿Cómo podría alguien que posea una razón sana y una conciencia sensible ser maldecido por Dios? ¿Cómo podría alguien que realmente adora y sirve a Dios ser consumido por el fuego de Su ira? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a someterse a Dios ser expulsado de Su casa? ¿Cómo podría vivir castigado por Dios alguien que siente que nunca puede amarlo lo suficiente? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a renunciar a todo por Dios ser dejado sin nada? El hombre no está dispuesto a buscar a Dios, no está dispuesto a gastar sus posesiones por Dios ni a dedicarle el esfuerzo de toda una vida, sino que dice que Él ha ido demasiado lejos, que hay mucho respecto a Dios que contradice las nociones del hombre. Con una humanidad como esta, aun cuando no hayáis escatimado en vuestros esfuerzos, seríais incapaces de ganaros la aprobación de Dios, por no decir nada del hecho de que vosotros no buscáis a Dios. ¿No sabéis que sois las mercancías defectuosas de la humanidad? ¿No sabéis que no existe una humanidad inferior a la vuestra? ¿No sabéis cómo os llaman los demás para honraros? Los que verdaderamente aman a Dios os llaman el padre del lobo, la madre del lobo, el hijo del lobo y el nieto del lobo; sois los descendientes del lobo, el pueblo del lobo, y vosotros debéis conocer vuestra propia identidad y nunca olvidarla. No penséis que sois alguna figura superior: vosotros sois el grupo más cruel de no humanos dentro de la humanidad. ¿Acaso no sabéis nada de esto? ¿Sabéis cuánto me he arriesgado al obrar entre vosotros? Si vuestra razón no puede ser de nuevo normal y vuestra conciencia no puede funcionar normalmente, entonces nunca os liberaréis del apelativo “lobo”, nunca escaparéis al día de la maldición y al día de vuestro castigo. Vosotros habéis nacido inferiores; una cosa sin ningún valor. Vosotros sois, por naturaleza, una manada de lobos hambrientos, un montón de escombros y basura, y, a diferencia de vosotros, Yo no obro sobre vosotros para obtener beneficios personales, sino por la necesidad de la obra. Si continuáis siendo rebeldes de esta manera, entonces detendré Mi obra, y no obraré nunca más sobre vosotros; por el contrario, transferiré Mi obra a un grupo que me guste, y de esta manera os dejaré para siempre, porque Yo no estoy dispuesto a mirar a los que están enemistados conmigo. Así pues, ¿queréis ser compatibles conmigo o estar enemistados conmigo?