Palabras diarias de Dios | Fragmento 516 | "Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento"

Palabras diarias de Dios | Fragmento 516 | "Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento"

239 |1 Oct 2020

Se podría decir que tus muchas experiencias de fracaso, de debilidad, y los momentos de negatividad son pruebas de Dios para ti. Esto se debe a que todo procede de Dios, todas las cosas y todos los eventos están en Sus manos. Si fracasas, eres débil y tropiezas, todo se sustenta en Dios y Él lo tiene agarrado. Desde el lado de Dios, esto es una prueba para ti, y si no lo puedes reconocer, esto se convertirá en tentación. Existen dos clases de estados que las personas deberían reconocer: uno procede del Espíritu Santo, y el otro probablemente de Satanás. En un estado, el Espíritu Santo te ilumina y te permite conocerte, detestarte y arrepentirte, así como ser capaz de tener amor genuino por Dios, y de disponer tu corazón para satisfacerlo. El otro estado es que te conoces, pero eres negativo y débil. Podría decirse que esto es el refinamiento de Dios. Podría decirse también que es la tentación de Satanás. Si reconoces que esto es la salvación de Dios hacia ti y sientes que ahora estás increíblemente en deuda con Él, y si de ahora en adelante intentas compensarlo y no caes más en tal depravación; si pones tu esfuerzo en comer y beber Sus palabras, si siempre consideras que eres deficiente y que tienes un corazón que anhela, esta es la prueba de Dios. Después de que el sufrimiento haya terminado y una vez que avances de nuevo, Dios seguirá dirigiéndote, iluminándote, esclareciéndote, y nutriéndote. Pero si no lo reconoces y eres negativo, si te limitas a abandonarte hasta la desesperación, si piensas de esta forma, la tentación de Satanás habrá caído sobre ti. Cuando Job pasó por pruebas, Dios y Satanás estaban apostando entre sí y Dios permitió que Satanás afligiera a Job. Aunque era Dios quien probaba a Job, fue realmente Satanás quien cayó sobre él. Para Satanás, él estaba tentando a Job, pero este estaba del lado de Dios; de no haber sido este el caso, Job habría caído en tentación. Tan pronto como las personas caen en la tentación, caen en el peligro. Se puede decir que pasar por el refinamiento es una prueba de Dios, pero si no estás en buen estado, puede decirse que es una tentación de Satanás. Si no tienes clara la visión, Satanás te acusará y te nublará en el aspecto de la visión. Antes de que te des cuenta, caerás en la tentación.

Si no experimentas la obra de Dios nunca podrás ser perfeccionado. En lo que se refiere a tu experiencia, también debes entrar en los detalles. Por ejemplo, ¿qué cosas te llevan a desarrollar conceptos y tantos motivos? Y, ¿qué clase de prácticas adecuadas tienes para abordarlos? Si puedes experimentar la obra de Dios, significa que tienes estatura. Si solo se aparenta tener vigor, esto no es verdadera estatura y no será en absoluto capaz de luchar. Solo cuando seas capaz de experimentar la obra de Dios y puedas experimentarla y meditar sobre ella en cualquier momento y en cualquier lugar, cuando seas capaz de abandonar a los pastores y vivir de forma independiente confiando en Dios, y seas capaz de ver Sus acciones reales, solo entonces se cumplirá la voluntad de Dios. Ahora la mayoría de las personas no sabe cómo experimentarla. Cuando se encuentran un problema, no saben cómo ocuparse del mismo, no pueden experimentar la obra de Dios ni pueden llevar una vida espiritual. Debes adoptar las palabras y la obra de Dios en tu vida práctica.

A veces, Dios te da un determinado tipo de sentimiento; uno que causa que pierdas el disfrute interior y la presencia de Dios, de tal modo que caes en las tinieblas. Es un tipo de refinamiento. Siempre que haces algo, sale mal o te topas con una pared. Esa es la disciplina de Dios. A veces, cuando haces algo que desobedece o se rebela contra Dios, puede que nadie más lo sepa, pero Dios sí. Él no te perdonará y te disciplinará. La obra del Espíritu Santo es muy detallada. Él observa con mucho detenimiento cada palabra y cada acción de las personas, cada uno de sus actos y de sus movimientos, cada uno de sus pensamientos y de sus ideas, de forma que las personas puedan ganar una conciencia interna de estas cosas. Haces algo una vez y sale mal, lo haces de nuevo y sigue saliendo mal, y gradualmente llegarás a entender la obra del Espíritu Santo. Después de haber sido disciplinado muchas veces, sabrás qué hacer para estar en línea con la voluntad de Dios y saber lo que no está en línea con Su voluntad. Al final, tendrás respuestas precisas a la dirección del Espíritu Santo desde tu interior. En ocasiones serás rebelde y Dios te reprenderá desde dentro. Todo esto procede de la disciplina de Dios. Si no valoras las palabras de Dios, si menosprecias Su obra, entonces Él no te prestará atención. Cuanto más en serio te tomes las palabras de Dios, más te esclarecerá Él. Justo ahora, algunas personas en la iglesia tienen una fe atolondrada y confusa, y hacen muchas cosas inapropiadas sin disciplina; por tanto, la obra del Espíritu Santo no puede verse claramente en ellas. Algunas personas dejan sus deberes atrás en aras de ganar dinero, yendo a dirigir un negocio sin ser disciplinadas; esa clase de persona está en un peligro aún mayor. No sólo no tienen en la actualidad la obra del Espíritu Santo, sino que en el futuro, serán difíciles de perfeccionar. Existen muchas personas en las que no puede verse la obra del Espíritu Santo y en quienes no puede verse la disciplina de Dios. Están aquellas que no tienen clara la voluntad de Dios y que no conocen Su obra. Los que se mantienen firmes en medio de los refinamientos, que siguen a Dios haga lo que haga y, como mínimo, son capaces de no abandonar y de lograr el 0.1 % de lo que Pedro logró, lo están haciendo bien, pero no sirven para ser usadas. Muchas personas entienden las cosas con rapidez, sienten un amor verdadero por Dios y pueden superar el nivel de Pedro, y Dios realiza en ellos la obra de la perfección. La disciplina y el esclarecimiento le llega a tales personas, y si hay algo en ellas que no concuerde con la voluntad de Dios, lo pueden desechar de inmediato. Esta clase de personas son como el oro, la plata y las piedras preciosas: ¡tienen un enorme valor! Si Dios ha hecho muchas clases de obra, pero tú sigues siendo como la arena, como una piedra, ¡entonces no vales nada!

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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