Palabras diarias de Dios: Conocer la obra de Dios | Fragmento 206

10 Ago 2020

Una etapa de la obra de las dos eras anteriores tuvo lugar en Israel y la otra en Judea. En general, ninguna etapa de esta obra abandonó Israel y cada etapa fue llevada a cabo entre el primer pueblo escogido. Consecuentemente, los israelitas creen que Jehová Dios solo es el Dios de los israelitas. Como Jesús obró en Judea, donde llevó a cabo la obra de la crucifixión, los judíos lo consideran el Redentor del pueblo judío. Ellos piensan que Él es únicamente el Rey de los judíos y de ningún otro pueblo, que Él no es el Señor que redime a los ingleses, o a los estadounidenses, sino el que redime a los israelitas, y que redimió a los judíos en Israel. En realidad, Dios es el Amo de todas las cosas. Él es el Dios de toda la creación. No es tan solo el Dios de los israelitas ni el de los judíos; es el Dios de toda la creación. Las dos etapas anteriores de Su obra tuvieron lugar en Israel, lo que ha dado lugar a que las personas tengan ciertas nociones. Las personas creen que Jehová hizo Su obra en Israel y que Jesús mismo llevó a cabo Su obra en Judea, y que, adicionalmente, se encarnó para obrar, y cualquiera que sea el caso, esta obra no se extendió más allá de Israel. Dios no obró en los egipcios o los indios; solo lo hizo en los israelitas. Las personas se forman así diversas nociones y delimitan la obra de Dios dentro de un ámbito determinado. Dicen que, cuando Dios obra, debe hacerlo en medio del pueblo escogido y en Israel; que salvo por los israelitas, Dios no obra en nadie más, ni hay mayor alcance de Su obra. Son especialmente estrictos al mantener a raya a Dios encarnado y no le permiten moverse más allá de los límites de Israel. ¿No son todos estos conceptos meramente humanos? Dios hizo los cielos, la tierra y todas las cosas, toda la creación; ¿cómo podría entonces limitar Su obra únicamente a Israel? En ese caso, ¿para qué haría toda la creación? Él creó el mundo entero y ha llevado a cabo Su plan de gestión de seis mil años, no solo en Israel, sino también en cada persona del universo. Independientemente de si vive en China, los Estados Unidos, el Reino Unido o Rusia, toda persona es descendiente de Adán; Dios las ha hecho a todas. Ninguna de ellas puede escaparse de los límites de la creación, y ninguna puede quitarse la etiqueta de “descendiente de Adán”. Todas son criaturas de Dios, y todas son la descendencia de Adán; también son los descendientes corruptos de Adán y Eva. No solo los israelitas son la creación de Dios, sino todas las personas; la cuestión es que algunos han sido maldecidos, y otros bendecidos. Los israelitas tienen muchas cosas agradables; Dios obró en ellos al principio porque eran los menos corruptos. Los chinos no pueden compararse con ellos; son muy inferiores. Así pues, Dios obró inicialmente entre el pueblo de Israel, y la segunda etapa de Su obra solo se llevó a cabo en Judea, y esto dio lugar a muchas nociones y normas entre los hombres. De hecho, si Dios tuviera que actuar de acuerdo con nociones humanas, solo sería el Dios de los israelitas y, así, sería incapaz de expandir Su obra a las naciones gentiles, porque solo sería el Dios de los israelitas y no el Dios de toda la creación. Las profecías dijeron que el nombre de Jehová sería engrandecido entre las naciones gentiles, que se difundiría en ellas. ¿Por qué se profetizó esto? Si Dios fuera solo el Dios de los israelitas, solo obraría en Israel. Además, no difundiría esta obra, y no haría tal profecía. Como sí la hizo, extenderá, sin duda alguna, Su obra entre las naciones gentiles y entre todas las naciones y pueblos. Como afirmó esto, lo debe hacer. Este es Su plan, porque Él es el Señor que creó los cielos y la tierra y todas las cosas, y el Dios de toda creación. Independientemente de si obra entre los israelitas o por toda Judea, la obra que hace es la de todo el universo y toda la humanidad. La obra que hace hoy en la nación del gran dragón rojo —en una nación gentil— sigue siendo la de toda la humanidad. Israel pudo ser la base para Su obra en la tierra; de igual forma, China puede también convertirse en la base para Su obra entre las naciones gentiles. ¿No ha cumplido ahora la profecía de que “el nombre de Jehová será engrandecido entre las naciones gentiles”? El primer paso de Su obra entre las naciones gentiles es esta obra que Él hace en la nación del gran dragón rojo. Que Dios encarnado obre en esta tierra y entre estas personas malditas contradice particularmente las nociones humanas; estas personas son las más humildes de todas, no valen nada y Jehová las abandonó inicialmente. Las personas pueden ser abandonadas por otras personas, pero si las abandona Dios, entonces no habrá nadie con menos estatus y con menos valor. El que una criatura de Dios sea poseída por Satanás o abandonada por la gente es muy doloroso; pero el que una criatura sea abandonada por el Creador significa que su estatus no puede ser más bajo. Los descendientes de Moab fueron maldecidos y nacieron en ese país atrasado; sin duda, de entre toda la gente bajo la influencia de las tinieblas, los descendientes de Moab son las personas con el estatus más bajo. Por tanto, como estas personas han tenido el estatus más bajo, la obra realizada en ellas es la más capaz de destruir las nociones humanas, y es también la más beneficiosa para todo este plan de gestión de seis mil años de Dios. Hacer esta obra entre estas personas es la mejor manera de destruir las nociones humanas, y con esto Dios lanza una era; con esto destruye todas las nociones humanas; con esto termina la obra de toda la Era de la Gracia. Su primera obra se llevó a cabo en Judea, dentro de los límites de Israel; entre las naciones gentiles no hizo obra alguna para lanzar una era nueva. La etapa final de obra no solo se lleva a cabo entre los gentiles, sino que, más aún, entre esas personas que han sido maldecidas. Este aspecto es la evidencia más capaz de humillar a Satanás y así, Dios “se vuelve” el Dios de toda la creación en el universo, el Señor de todas las cosas, el objeto de adoración para todo lo que tenga vida.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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