Palabras diarias de Dios: Las tres etapas de la obra | Fragmento 19

13 Mar 2021

Antes de los dos mil años durante los cuales Jehová llevó a cabo Su obra, el hombre no sabía nada, y casi toda la humanidad había caído en la depravación, hasta que, antes de que el diluvio destruyera el mundo, llegó a un grado de promiscuidad y corrupción tal, que Jehová no estaba en absoluto en su corazón y, menos aún, Su camino. Nunca comprendieron la obra que Jehová iba a realizar; carecían de razonamiento, y, aún más, de conocimiento y, como máquinas que respiraban, eran sumamente ignorantes acerca del hombre, de Dios, el mundo, la vida, y demás. Participaron en muchas seducciones en la tierra, como la serpiente, y dijeron muchas cosas ofensivas a Jehová, pero dada su ignorancia, Jehová no los castigó ni los disciplinó. Fue hasta después del diluvio, cuando Noé tenía 601 años, que Jehová se le apareció formalmente a Noé para guiarlo a él y a su familia, y guio a las aves y las bestias que sobrevivieron al diluvio junto a Noé y sus descendientes, hasta el final de la Era de la Ley, que duró 2500 años en total. Él obró en Israel —es decir, obró formalmente— durante un total de 2000 años, y obró dentro y fuera de Israel simultáneamente durante 500 años, para sumar un total de 2500 años. Durante este periodo, enseñó a los israelitas que para servir a Jehová debían construir un templo, llevar túnicas sacerdotales y entrar descalzos al templo al amanecer, no fuera que su calzado mancillara el templo y se enviara fuego sobre ellos desde el pináculo del templo y murieran quemados. Llevaban a cabo sus deberes y se sometían a los planes de Jehová. Oraban a Jehová en el templo y después de recibir Su revelación —es decir, después de que hablaba Jehová— guiaban a las multitudes y les enseñaban que debían mostrar reverencia hacia Jehová, su Dios. Y Jehová les dijo que debían construir un templo y un altar, y que, en el momento señalado por Jehová —es decir, en la Pascua—, debían preparar terneros y corderos recién nacidos y colocarlos sobre el altar como sacrificios para servir a Jehová, a fin de refrenarlos y poner en su corazón la reverencia hacia Él. La medida de su lealtad hacia Jehová se determinaba por su obediencia a esta ley. Jehová también estableció para ellos el día de reposo: el séptimo día de Su creación. Estableció el día después del día de reposo como el primer día, un día para que ellos alabaran a Jehová, le ofrecieran sacrificios y tocaran música para Él. En este día, Jehová convocaba a todos los sacerdotes para dividir los sacrificios sobre el altar para que comiese el pueblo, de manera que disfrutaran de los sacrificios que se encontraban en el altar de Jehová. Y Jehová dijo que ellos eran benditos, que compartieran una porción con Él y que ellos eran Su pueblo escogido (que era el pacto de Jehová con los israelitas). Por esta razón, hasta el día de hoy, el pueblo de Israel sigue diciendo que Jehová es solamente su Dios y no el Dios de los gentiles.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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