Qué significa perseguir la verdad (12)

¿Sobre qué hablé en la última reunión? ¿Nos lo puede decir alguien? (La última vez, Dios habló sobre dos aspectos. Por un lado, que, cuando tienen lugar ciertos sucesos concretos en la iglesia en distintas épocas o etapas —por ejemplo, cuando algunas personas son detenidas por el gran dragón rojo, algunos líderes y obreros son relevados, otras personas enferman y algunas afrontan asuntos de vida o muerte—, estos sucesos no ocurren por casualidad y hemos de buscar la verdad al respecto. Dios también comunicó algunas sendas de práctica. Al enfrentarnos a estas circunstancias, debemos atenernos a dos cosas: la primera, asumir el lugar apropiado de un ser creado; la segunda, tener un corazón sincero y sumiso: tanto si nos enfrentamos al juicio y castigo, a las pruebas y la refinación o a la gracia y las bendiciones, debemos aceptar todas estas cosas de parte de Dios. Además, la enseñanza de Dios diseccionó un dicho de conducta moral de la cultura tradicional: “que nunca te corrompa la riqueza, te cambie la pobreza ni te doblegue ninguna fuerza”). El tema principal de la última enseñanza también fueron los problemas de los dichos sobre la conducta moral. Llevo mucho tiempo hablando sobre este tema, exponiendo dichos, exigencias y definiciones comunes de conducta moral en la cultura tradicional. Tras haber hablado sobre estos temas, ¿tenéis nuevas interpretaciones y definiciones de estos dichos sobre la conducta moral? ¿Habéis discernido estos enunciados como lo que son y tenéis clara su esencia? ¿Podéis dejar atrás estas cosas desde lo más hondo del corazón, abandonarlas y dejar de confundirlas con la verdad, de considerarlas positivas, de perseguirlas como verdades y de acatarlas? Especialmente cuando te encuentras en la vida diaria con asuntos relacionados con dichos sobre la conducta moral, ¿eres consciente de ello y eres capaz de reflexionar detenidamente sobre si todavía estás influido por ellos? ¿Te ves obligado, encadenado y controlado por estas cosas? En tu interior, ¿continúas aplicando los dichos sobre la conducta moral para limitarte a ti mismo e influir en tu discurso y comportamiento, así como en tu actitud hacia las cosas? Compartid vuestras opiniones. (Antes de que Dios hablase sobre la cultura tradicional y la diseccionase, no era consciente de que estas ideas y puntos de vista sobre la conducta moral eran un error, ni del daño que me harían, pero ya he cobrado cierta conciencia). Es bueno que tengas cierta conciencia. Por supuesto, con el tiempo deberías saber reconocer los errores de estos dichos sobre la conducta moral. Desde un punto de vista subjetivo, también deberías ser capaz de renunciar a ellos y de dejar de considerarlos cosas positivas. Sin embargo, desde un punto de vista objetivo, todavía es preciso que percibas, descubras y disciernas minuciosamente esos dichos sobre la conducta moral en la vida diaria para que no te dejes engañar por ellos y los rechaces. Ser consciente desde un punto de vista subjetivo no significa que puedas renunciar a estas ideas y puntos de vista equivocados de la cultura tradicional en la vida diaria. Cuando te topes con esas cosas, puede que de repente estos dichos te parezcan razonables y no puedas rechazarlos por completo. En tales casos, debes buscar la verdad en tus vivencias, diseccionar detenidamente estas opiniones equivocadas de la cultura tradicional según las palabras de Dios y llegar a un punto en que tengas claro que la esencia de esos dichos de la cultura tradicional es contraria a la verdad, irreal, desorientadora y perjudicial para las personas. Este es el único modo de que se purgue de una vez por todas la ponzoña de estas opiniones absurdas de tu interior. Ya habéis descubierto los defectos de los diversos dichos de la cultura tradicional en cuanto a doctrina, y esto es bueno, pero es solo el principio. En cuanto a si es posible erradicar totalmente en un futuro la influencia tóxica de la cultura tradicional, eso depende de cómo persiga la gente la verdad.

Cualquier dicho sobre la conducta moral es una especie de punto de vista ideológico sobre la conducta moral defendido por el género humano. Anteriormente revelamos la esencia de bastantes dichos sobre la conducta moral, pero, además de los aspectos sobre los que ya hablamos, sin duda aún quedan otros dichos sobre la conducta moral por revelar para alcanzar una comprensión y un discernimiento más profundos del sinfín de ellos que defienden los seres humanos. Debéis hacerlo. En cuanto al dicho de conducta moral “que nunca te corrompa la riqueza, te cambie la pobreza ni te doblegue ninguna fuerza”, sobre el que hablamos la última vez, a juzgar por el significado de esta frase, está dirigida principalmente a los hombres. Es una exigencia a los hombres, y también un criterio de lo que el género humano denomina “hombres viriles y varoniles”. Expusimos y diseccionamos este criterio relativo a los hombres. Aparte de esta exigencia a los hombres, también está el dicho “la mujer debe ser virtuosa, amable, dulce y moral”, del que ya hablamos y que se planteó con respecto a las mujeres. De ambos dichos se desprende claramente que la cultura tradicional del género humano no solo plantea a las mujeres unas exigencias irreales e inhumanas que no concuerdan con la naturaleza humana, sino que tampoco libra de eso a los hombres, pues con respecto a ellos promueve unas afirmaciones y exigencias inmorales, inhumanas y contrarias a la naturaleza humana, con lo que no solo priva de derechos humanos a las mujeres, sino también a los hombres. Desde este punto de vista, parece justo ser imparcial no poniéndoselo fácil a las mujeres ni librando a los hombres. Ahora bien, a juzgar por las exigencias y los criterios de la cultura tradicional hacia hombres y mujeres, está claro que este planteamiento presenta graves problemas. Aunque, por un lado, la cultura tradicional propone unos criterios de conducta moral para las mujeres y, por otro, también para los hombres viriles y varoniles, a juzgar por estas exigencias y estos criterios, hay una clara falta de equidad. ¿No cabe afirmar eso? (Sí). Estas exigencias y estos criterios de conducta moral para las mujeres restringen drásticamente su libertad, poniendo cadenas no solo a sus pensamientos, sino también a sus pies, al exigirles que se queden en casa y vivan aisladas sin salir nunca y teniendo un contacto mínimo con el mundo exterior. Además de amonestar a las mujeres para que sean virtuosas, amables, dulces y morales, llegan a imponer estrictas regulaciones en sus ámbitos de actuación y su vida, exigiéndoles que no aparezcan en público, que no vayan muy lejos, que no lleven a cabo profesión alguna y que ni mucho menos tengan grandes ambiciones, deseos e ideales, hasta el punto de plantear una afirmación más inhumana: que la virtud de una mujer sea ser inexperta. ¿Cómo os sentís al oírlo? ¿Es en realidad cierta esta afirmación de que “la virtud de una mujer es ser inexperta”? ¿Cómo puede ser virtud en una mujer el hecho de ser inexperta? ¿Qué significa exactamente el término “virtud”? ¿Carecer de virtud o ser virtuosa? Si se considera que todas las mujeres inexpertas son virtuosas, ¿todas las mujeres competentes carecen de virtud y no tienen moral? ¿Es esto un juicio y una condena a las mujeres competentes? ¿Es una grave privación de derechos humanos a las mujeres? ¿Un insulto a la dignidad de la mujer? (Sí). No solo ignora la existencia de las mujeres, sino que además la desprecia, lo cual es injusto para ellas e inmoral. Entonces, ¿qué opináis del dicho “la virtud de una mujer es ser inexperta”? ¿Es inhumano? (Sí). ¿Cómo debe interpretarse el término “inhumano”? ¿Falto de virtud? (Sí). Es una grave falta de virtud. Parafraseando un dicho chino, le faltan ocho vidas de virtud. ¡Este tipo de afirmación es claramente inhumana! Las personas que pregonan la afirmación de que “la virtud de una mujer es ser inexperta” albergan motivaciones y propósitos ocultos: no quieren que las mujeres sean competentes, ni que participen en el trabajo de la sociedad, ni que estén en la misma posición que los hombres. Solamente quieren que las mujeres sean instrumentos al servicio de los hombres, sirviéndolos dócilmente en casa y sin hacer nada más: creen que eso es lo que significa “virtuosa”. Anhelan definir a las mujeres como inútiles y negarles su valor, convirtiéndolas en meras esclavas de los hombres y haciendo que los sirvan por siempre, sin permitirles nunca estar en la misma posición que ellos y disfrutar de un trato igualitario. ¿Este punto de vista proviene del pensamiento humano normal, o de Satanás? (De Satanás). Exacto, debe de provenir de Satanás. Sean cuales sean las debilidades instintivas o físicas de las mujeres, nada de esto es un problema ni debe convertirse en excusa o motivo para que los hombres calumnien a las mujeres, insulten su dignidad y las priven de su libertad o de derechos humanos. A ojos de Dios, estas debilidades y vulnerabilidades innatas que la gente asocia a las mujeres no son un problema. ¿Y por qué? Porque, como las mujeres fueron creadas por Dios, estas cosas que la gente considera debilidades y problemas vienen precisamente de Él. Él los creó y predestinó y en realidad no son defectos ni problemas. Estas cosas, que parecen debilidades y defectos a ojos de los seres humanos y de Satanás, son en esencia naturales y positivas, y además se ajustan a las leyes naturales formuladas por Dios cuando creó al género humano. Satanás es el único que puede denigrar así a los seres vivos creados por Dios, considerando las cosas que no se ajustan a las nociones humanas como defectos, debilidades y problemas relacionados con deficiencias instintivas, haciendo un drama de ellas y utilizándolas para calumniar, burlarse, denigrar y excluir a las personas, así como para privar a las mujeres del derecho a existir, del derecho a cumplir con sus responsabilidades y obligaciones entre el género humano y del derecho a mostrar ante este sus habilidades y talentos especiales. Por ejemplo, términos como “nenaza” o “afeminada” suelen emplearse en la sociedad para describir a las mujeres y devaluarlas como unas inútiles. ¿Qué otros términos hay? “Mujercita”, “guapa tonta”, “tonta pechugona”, etc., son términos que insultan a las mujeres. Como puedes deducir, todos estos términos se emplean para insultar a las mujeres refiriéndose a sus rasgos distintivos o son apelativos asociados al sexo femenino. Está claro que la sociedad y la especie humana contemplan a las mujeres desde una perspectiva completamente distinta a la de los hombres, que también es desigualitaria. ¿No es injusto? Esto no es hablar o contemplar las cosas desde una base de igualdad entre hombres y mujeres, sino mirar a las mujeres con desprecio desde una perspectiva de supremacía masculina y de total desigualdad entre hombres y mujeres. Por consiguiente, tanto en la sociedad como entre los seres humanos han surgido muchos términos que aluden a rasgos femeninos distintivos, así como apelativos destinados a las mujeres, para calificar diversos problemas relativos a las personas, los acontecimientos y las cosas. Por ejemplo, la gente utiliza las palabras u expresiones “nenaza”, “afeminada”, “mujercita”, y también “guapa tonta” y “tonta pechugona”, que acabamos de mencionar, no solo para calificar a las mujeres y ponerlas en el punto de mira, sino también para burlarse, degradar y dejar en evidencia a personas, acontecimientos y cosas que desprecia con términos asociados a los rasgos femeninos y al género femenino. Es como cuando se califica a alguien de falto de humanidad: se podría decir que esa persona tiene corazón de lobo y pulmones de perro, porque la gente piensa que ni el corazón de un lobo ni los pulmones de un perro son cosas agradables, así que junta ambas cosas para calificar lo vil que es alguien que ha perdido la humanidad. Del mismo modo, como los seres humanos desprecian a las mujeres y obvian su existencia, emplean términos asociados a ellas para calificar a personas, acontecimientos y cosas a las que desprecian. Es obvio que se trata de una denigración del sexo femenino, ¿no es así? (Sí). En cualquier caso, la forma en que la especie humana y la sociedad consideran y definen a la mujer es injusta y contraria a la realidad. En resumen, la actitud del género humano hacia la mujer puede calificarse con dos palabras: “denigrante” y “represiva”. A las mujeres no se les permite ponerse a hacer cosas ni cumplir con ninguna obligación o responsabilidad sociales, ni mucho menos desempeñar ningún papel en la sociedad. En suma, a las mujeres no se les permite salir de casa a participar en ningún trabajo en la sociedad, lo que supone privarlas de sus derechos. A las mujeres no se les permite imaginar, hablar, ni mucho menos actuar libremente, ni hacer nada de lo que deberían estar haciendo. ¿Esto no es perseguir a las mujeres? (Sí). La persecución de la mujer por parte de la cultura tradicional se evidencia en las exigencias de conducta moral que se le imponen. Si observamos las diversas exigencias que la familia, la sociedad y la comunidad imponen a las mujeres, la persecución de la mujer comenzó oficialmente cuando se formaron las primeras comunidades y la gente creó claras divisiones por géneros. ¿Cuándo alcanzó su apogeo? La persecución de la mujer alcanzó su apogeo tras la aparición gradual de diversos dichos y exigencias sobre la conducta moral en la cultura tradicional. Dado que existen normas escritas y dichos explícitos en la sociedad, estos han moldeado la opinión pública y también formado una especie de fuerza. Esta opinión pública y esta fuerza ya se han convertido en una especie de jaula y de grilletes inexorables para las mujeres, que únicamente pueden aceptar su destino porque, al vivir entre los seres humanos y en distintas épocas de la sociedad, solo pueden soportar la injusticia y padecer insultos, rebajarse y hacerse esclavas de la sociedad e incluso de los hombres. Hasta el día de hoy, esas antiguas ideas y dichos promovidos acerca de la conducta moral siguen influyendo profundamente en la sociedad humana moderna, incluidos los hombres y, por supuesto, las mujeres. Las mujeres, inconscientemente y sin saberlo, utilizan estos dichos sobre la conducta moral y las opiniones de la sociedad en general para limitarse a sí mismas, y por supuesto también luchan inconscientemente por liberarse de estos grilletes y jaulas. Sin embargo, como las personas no tienen resistencia alguna a esta poderosa fuerza de la opinión pública en la sociedad —o, para ser más precisos, como los seres humanos no tienen clara la esencia de los diversos dichos de la cultura tradicional y se dejan engañar por ellos—, no pueden liberarse y salir de estos grilletes y jaulas, aunque anhelen hacerlo. A nivel subjetivo, esto pasa porque la gente no tiene claros estos problemas; a nivel objetivo, porque la gente no comprende ni la verdad, ni el sentido concreto de que el Creador creara a la gente, ni por qué creó los instintos masculino y femenino. Por consiguiente, tanto hombres como mujeres viven y subsisten dentro de este amplio marco de moralidad social y, por más que luchen en este vasto entorno social, siguen sin poder librarse de las cadenas de los dichos sobre la conducta moral de la cultura tradicional, unos dichos que se han convertido en grilletes invisibles en la mente de toda persona.

Esos dichos de la cultura tradicional que persiguen a las mujeres son como grilletes invisibles, no solo para ellas, sino, por supuesto, también para los hombres. ¿Por qué lo digo? Porque, al haber nacido entre los seres humanos, y como miembros igualmente importantes de esta sociedad, a su vez a los hombres se les inculcan estas culturas tradicionales de moralidad y se ven influidos por ellas. Estas cosas, además, están hondamente arraigadas en la mente de todo hombre, y todos se ven inconscientemente influidos por la cultura tradicional y encadenados a ella. Por ejemplo, también los hombres creen firmemente en palabras y expresiones como “nenaza”, “la virtud de una mujer es ser inexperta”, “la mujer debe ser virtuosa, amable, dulce y moral” y “la mujer debe ser casta”, pues están tan profundamente confinados como las mujeres por estos elementos de la cultura tradicional. Por un lado, estos dichos que persiguen a las mujeres son de gran utilidad y ayuda para mejorar el estatus de los hombres, de lo que se desprende que, en la sociedad, los hombres reciben mucha ayuda de la opinión pública en este sentido. Por consiguiente, aceptan de buen grado estas opiniones y expresiones que persiguen a las mujeres. Por otro lado, los hombres también se dejan desorientar e influir por estos elementos de la cultura tradicional de la moralidad, por lo que también cabe afirmar que los hombres son, además de las mujeres, las otras víctimas de la marea de la cultura tradicional. Hay quienes preguntan: “Si la sociedad en general defiende la supremacía de los derechos del hombre, ¿por qué cabe afirmar que los hombres también son víctimas?”. Esto debe contemplarse desde la perspectiva de que el género humano se ve tentado, desencaminado, desorientado, entorpecido y confinado por la cultura tradicional de la moralidad. Las mujeres se ven profundamente perjudicadas por las ideas sobre moralidad de la cultura tradicional y de igual modo los hombres también se han dejado desorientar en profundidad y han sufrido mucho. ¿Qué significa “desorientar” en otro sentido? Significa que la gente no tiene un punto de vista correcto desde el que evaluar a los hombres y definir a las mujeres. Independientemente de la perspectiva desde la que se observen estas cosas, todo se basa en la cultura tradicional, no en las verdades expresadas por Dios, ni en las diversas normas y leyes formuladas por Dios para el género humano, ni en las cosas positivas que Él le ha revelado a este. Desde este punto de vista, los hombres también son víctimas tentadas, desencaminadas, desorientadas, entorpecidas y confinadas por la cultura tradicional. Por tanto, los hombres no deben considerar a las mujeres abyectamente patéticas solo porque ellas no tengan estatus en esta sociedad, ni deben estar satisfechos solo porque su estatus social sea superior al de las mujeres. No te alegres demasiado pronto; en realidad, los hombres también son muy patéticos. Si los comparas con las mujeres, son igual de patéticos. ¿Por qué afirmo que todos son igual de patéticos? Echemos otro vistazo a la definición y evaluación que la sociedad y el género humano hacen de los hombres, y a algunas de las responsabilidades que se les asignan. A la luz de lo que el género humano exige a los hombres, sobre lo que hablamos la última vez, “que nunca te corrompa la riqueza, te cambie la pobreza ni te doblegue ninguna fuerza”, el objetivo último de dicha exigencia es definir a los hombres como varoniles y viriles, lo cual es una designación estándar para ellos. Una vez que se carga a un hombre con esta designación de “viril y varonil”, está obligado a estar a la altura de la denominación y, si quiere estar a su altura, debe hacer muchos sacrificios inútiles y muchas cosas de una forma contraria a la humanidad normal. Por ejemplo, si eres hombre y quieres que la sociedad te reconozca como hombre viril y varonil, no puedes tener ninguna debilidad, no puedes ser tímido en modo alguno, debes tener una voluntad fuerte, no puedes quejarte de que estás cansado, no puedes llorar ni mostrar ninguna debilidad humana, ni siquiera estar triste, y no puedes holgazanear. En todo momento debes tener un brillo en los ojos, una mirada decidida e intrépida y ser capaz de enfurecerte contra tus enemigos para estar a la altura de la denominación de “hombre viril y varonil”. En otras palabras, debes armarte de valor y caminar erguido en esta vida. No puedes ser una persona mediocre, normal, común y corriente. Debes ir más lejos que los simples mortales y ser un superhombre con una fuerza de voluntad, una perseverancia, una resistencia y una tenacidad extraordinarias para ser digno de ser calificado de “hombre viril y varonil”. Esta es solo una de las cosas que la cultura tradicional exige a los hombres. Es decir, los hombres pueden ir por ahí dándose a la bebida, a las prostitutas y al juego, pero deben ser más fuertes que las mujeres y tener una fuerza de voluntad extrafuerte. Pase lo que pase, no debes doblegarte, ni acobardarte, ni decir “no”, ni mostrar timidez, miedo o cobardía. Debes ocultar y encubrir estas manifestaciones de humanidad normal, no revelarlas en modo alguno ni dejar que nadie las vea, ni siquiera tus padres, ni tus parientes más cercanos, ni las personas a las que más quieras. ¿Por qué? Porque quieres ser un hombre viril y varonil. Otra característica de los hombres viriles y varoniles es que ninguna persona, acontecimiento ni cosa puede frustrar su determinación. Cuando un hombre quiere hacer algo —cuando tiene aspiraciones, ideales o deseos, como servir a su país, mostrar lealtad a sus amigos o dar la vida por ellos; cuando quiere ejercer una profesión o tiene una ambición, sea buena o mala—, nadie puede frenarlo, y ni su amor por las mujeres, ni el parentesco, ni la familia, ni las responsabilidades sociales pueden hacerle cambiar de idea ni renunciar a sus aspiraciones, ideales y deseos. Nadie puede hacer que cambie de idea, las metas que aspira a alcanzar ni la senda que quiere seguir. Al mismo tiempo, también debe exigirse a sí mismo no relajarse en ningún momento. En cuanto se relaje, flaquee y quiera volver a cumplir con sus responsabilidades familiares, a ser un buen hijo para sus padres, a cuidar de sus hijos y a ser una persona normal y renuncie a sus ideales, a sus aspiraciones, a la senda que quiere seguir y a las metas que quiere alcanzar, dejará de ser un hombre viril y varonil. Y si no es un hombre viril y varonil, ¿qué es? Se vuelve un buenazo, un inútil, características despreciadas por el conjunto de la sociedad y, por supuesto, también por él mismo. Una vez que un hombre se da cuenta de que sus actos y conductas presentan problemas y deficiencias que no cumplen con el criterio de ser viril y varonil, se despreciará para sus adentros y sentirá que no tiene hueco en esta sociedad, que no tiene salida para sus habilidades y que no puede ser calificado de hombre viril y varonil, ni siquiera de hombre. Otra característica de los hombres viriles y varoniles es que no pueden ser doblegados por ninguna fuerza, lo cual es una especie de espíritu que hace imposible que sean subyugados por ningún poder, violencia, amenazas o similares. Sin importar qué poder, violencia, amenazas o incluso peligro mortal afronten, estos hombres no temen la muerte y pueden superar sucesivas adversidades. No se les puede coaccionar ni acobardar hasta la sumisión, no se doblegarán ante ninguna fuerza solo por sobrevivir y no se rebajarán a transigir. Una vez que sucumban al poder o a cualquier tipo de fuerza por alguna responsabilidad, obligación u otro motivo, aunque sobrevivan y conserven la vida, sentirán repugnancia por su conducta a causa de la cultura tradicional de moralidad que idolatran. En Japón, el espíritu del bushido es un poco así. Una vez que fracasas o te humillan, crees que debes suicidarte destripándote. ¿Es la vida así de sencilla? La gente solamente vive una vez. Si hasta un pequeño fracaso o contratiempo hace pensar en la muerte, ¿se debe esto a la influencia de la cultura tradicional? (Sí). Cuando se les presenta un problema y no pueden tomar una decisión rápida o que cumpla las exigencias de la cultura tradicional, ni demostrar su dignidad y temperamento ni que son hombres viriles y varoniles, buscan la muerte y se suicidan. Los hombres pueden tener estas ideas y puntos de vista por la fuerte repercusión de la cultura tradicional y la forma en que esta confina su mentalidad. Si no estuvieran influidos por las ideas y puntos de vista de la cultura tradicional, no se suicidarían ni destriparían tantos hombres. En lo que respecta a la definición de hombre viril y varonil, los hombres aceptan de manera muy expresa y segura estas ideas y puntos de vista de la cultura tradicional, y las consideran cosas positivas con las que medirse y limitarse a sí mismos y también a otros hombres. A juzgar por los pensamientos, opiniones, ideales, objetivos y sendas elegidas de los hombres, todo esto demuestra que todos los hombres están profundamente influidos e intoxicados por la cultura tradicional. Las numerosas historias de hazañas heroicas y bellas leyendas son un fiel retrato de cómo la cultura tradicional está hondamente arraigada en la mente de la gente. Desde este punto de vista, ¿están los hombres tan intoxicados por la cultura tradicional como las mujeres? La cultura tradicional no hace sino imponer distintos niveles de exigencia a hombres y mujeres, insultando, denigrando, limitando y controlando sin freno a las mujeres, mientras que insta, seduce, instiga e incita enérgicamente a los hombres a no ser cobardes ni gente común y corriente. La exigencia a los hombres es que todo lo que hagan debe ser distinto a lo que hagan las mujeres, superarlas, estar por encima y sobrepasarlas. Deben controlar la sociedad, la especie humana y las tendencias y el rumbo de la sociedad, así como todo lo demás en ella. Los hombres incluso han de ser omnipotentes en la sociedad, con el poder de controlarla tanto a ella como a los seres humanos, y este poder también engloba gobernar y controlar a las mujeres. Esto es lo que los hombres deben perseguir y, asimismo, el heroico talante de un hombre viril y varonil.

En la era actual, muchos países se han convertido en sociedades democráticas en que los derechos e intereses de mujeres y niños están en cierto modo garantizados, y la influencia y las limitaciones de estas ideas y puntos de vista de la cultura tradicional sobre las personas ya no son tan evidentes. Después de todo, muchas mujeres han avanzado en la sociedad y su participación en muchos campos y ocupaciones es cada vez mayor. Sin embargo, como las ideas de la cultura tradicional llevan mucho tiempo hondamente arraigadas en la mente de los seres humanos —no solo en la de las mujeres, sino también en la de los hombres—, tanto hombres como mujeres adoptan inconscientemente la perspectiva y la posición estratégica de la cultura tradicional a la hora de pensar y abordar diversas cosas. Por supuesto, también acometen profesiones y empleos guiados por las ideas y puntos de vista de la cultura tradicional. En la sociedad actual, aunque la igualdad entre hombres y mujeres ha mejorado algo, la idea de superioridad masculina de la cultura tradicional sigue dominando la mente de las personas y, en la mayoría de los países, la educación se basa fundamentalmente en estas ideas centrales de la cultura tradicional. Por tanto, aunque en esta sociedad los seres humanos rara vez utilicen estos dichos de la cultura tradicional para hablar de diversos temas, continúan cautivos del marco ideológico de la cultura tradicional. ¿Qué tipo de términos tiene la sociedad moderna para elogiar a una mujer? Por ejemplo, “mujer masculina” y “mujer poderosa”. ¿Son formas respetuosas o despectivas de dirigirse a una mujer? Hay mujeres que dicen: “Me llamaron mujer masculina, lo que me pareció muy halagador. ¿Qué te parece? Me he integrado en la sociedad masculina y mi estatus ha mejorado. Aunque soy mujer, al añadir la palabra ‘masculina’ me convierto en una mujer masculina; puedo ser, entonces, alguien igual a los hombres, ¡lo que es un honor!”. Es una especie de reconocimiento y aceptación de esta mujer por parte de una comunidad o un grupo de la sociedad humana, algo sumamente honorable, ¿no? Si una mujer es descrita como masculina, esto demuestra que esta mujer es muy capaz, igual que los hombres, no inferior a ellos, y que su profesión, sus talentos y hasta su estatus social, su cociente intelectual y los medios por los que se gana un lugar en la sociedad bastan para compararla con los hombres. Como Yo lo veo, para la mayoría de las mujeres, la designación de “mujer masculina” es una recompensa de la sociedad, una especie de reconocimiento de estatus social que la sociedad moderna otorga a las mujeres. ¿Hay alguna mujer que quiera ser masculina? Aunque esta designación sea desagradable, sean cuales sean las circunstancias, llamar a una mujer masculina es, sin duda, elogiarla por ser muy competente y capaz, y supone el visto bueno a ojos de los hombres. En cuanto a las designaciones para los hombres, la gente sigue aferrándose a las nociones tradicionales, que nunca cambian. Por ejemplo, algunos hombres no tienen ninguna vocación profesional y no van en pos del poder ni del estatus, sino que aceptan su situación actual, se contentan con su trabajo y su vida normales y se preocupan mucho por su familia. ¿Qué apelativos da esta sociedad a esos hombres? ¿Se les califica de inútiles? (Sí). Algunos hombres son muy meticulosos y maniáticos en sus asuntos y se toman las cosas paso a paso y con gran precaución. ¿Cómo los llaman algunos? “Afeminados” o “nenazas”. Como ves, a los hombres no se les insulta con palabras malsonantes, sino con expresiones asociadas a las mujeres. Si la gente quiere encumbrar al sexo femenino, utiliza términos como “mujer masculina” y “mujer poderosa” para realzar el estatus de una mujer y aseverar su competencia, mientras que términos como “nenaza” se utilizan para denigrar a los hombres y reprenderlos por no ser varoniles. ¿No es este un fenómeno generalizado en la sociedad? (Sí). Estos dichos, surgidos en la sociedad moderna, demuestran un problema: que, aunque la cultura tradicional parezca ya muy alejada de la vida moderna y del pensamiento de la gente, aunque esta sea ahora adicta a Internet o a diversos dispositivos electrónicos o esté obsesionada con todo tipo de estilos de vida modernos, y aunque viva sumamente cómoda en estos entornos o tenga derechos humanos y libertades, esto es una mera fachada; la realidad es que su mente conserva gran parte del veneno de la cultura tradicional. A pesar de que la gente ha adquirido ciertas libertades materiales, de que algunas de sus opiniones predominantes sobre las personas y cosas parecen haber cambiado, de que parece haber adquirido cierto grado de libertad de pensamiento y nuevas ideas en esta sociedad moderna gracias a la rápida circulación de las noticias y a las tecnologías de la información avanzadas y a pesar de que conoce y ha visto muchas cosas del mundo exterior, el ser humano continúa viviendo a la sombra de los innumerables dichos sobre la conducta moral defendidos por la cultura tradicional. Aunque haya quienes digan: “Yo soy la persona menos tradicional que existe, soy muy moderno, un modernista” y lleven un piercing de oro en la nariz, una ristra de pendientes en la oreja y ropa muy vanguardista y de moda, sus ideas sobre las personas y las cosas, así como su forma de comportarse y actuar, siguen siendo inseparables de la cultura tradicional. ¿Por qué no pueden prescindir de la cultura tradicional? Porque su corazón y su mente están inmersos en ella y los tiene cautivos. Todo lo que se produce en lo más íntimo de su alma, incluso las ideas que se les pasan momentáneamente por la mente, emana del adoctrinamiento y la inculcación de la cultura tradicional, y todo se produce dentro de este inmenso marco de la cultura tradicional, no fuera de su influencia. ¿Demuestran estos hechos que los seres humanos ya son cautivos de la cultura tradicional? (Sí). Los seres humanos ya son cautivos de la cultura tradicional. Seas culto o no, estés muy formado o no, mientras vivas entre los seres humanos, es inevitable que te inculquen la cultura moral tradicional del género humano y que esta te influya, pues los elementos de la cultura tradicional ejercen una especie de fuerza y poder invisibles que están por todas partes, no solo en las escuelas y los libros de texto de la gente, sino sobre todo en su familia y por supuesto en todos los rincones de la sociedad. Así, la gente se ve adoctrinada, influida, desorientada y desencaminada por estas cosas sin saberlo. Por consiguiente, los seres humanos viven bajo las ataduras, los grilletes y el control de la cultura tradicional y no pueden esconderse ni escapar de ella aunque quieran. Viven en este tipo de entorno social. Este es el estado de la cuestión en la actualidad, y estos también son los hechos.

Si nos basamos en los dichos sobre la conducta moral y en su esencia, sobre lo cual hablamos la última vez, esos dichos de la cultura tradicional ocultan el carácter corrupto y la esencia del género humano y, naturalmente, también el hecho de que Satanás lo corrompe. Las definiciones de hombre y mujer de la cultura tradicional, sobre las que hemos hablado hoy, ilustran claramente otro aspecto esencial de los dichos sobre la conducta moral. ¿De qué esencia se trata? Estos dichos sobre la conducta moral no solo desorientan, desencaminan y confinan el pensamiento de la gente, sino que, claro está, también le inculcan conceptos y puntos de vista erróneos sobre diversas personas, asuntos y cosas. Esto es una realidad, además de otro aspecto esencial de los dichos sobre la conducta moral defendidos por Satanás. ¿Cómo se puede demostrar esta afirmación? ¿No bastan para ilustrar esto las definiciones de hombres y mujeres en los dichos sobre la conducta moral que acabamos de compartir? (Sí). En efecto, bastan para ilustrarlo. Los dichos sobre la conducta moral hablan únicamente de comportamientos y prácticas buenos y malos y, superficialmente, del bien y del mal y de lo correcto e incorrecto. No permiten que la gente sepa lo que es positivo ni negativo, bueno ni malo, correcto ni incorrecto, cuando se trata de personas, asuntos y cosas. Lo que obligan a acatar a la gente no son unos criterios o principios correctos de conducta y comportamiento que estén en consonancia con la humanidad o sean beneficiosos para la gente. Independientemente de si estos dichos sobre la conducta moral vulneran las leyes naturales de la humanidad o de si la gente desea acatarlos o no, le obligan a aferrarse inflexiblemente al dogma sin distinguir lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo. Si no los acatas, la sociedad te vilipendiará y condenará, y hasta tú te vilipendiarás a ti mismo. ¿Es este un retrato fiel de la manera en que la cultura tradicional confina el pensamiento humano? Es precisamente un fiel reflejo de ello. Una vez que la cultura tradicional da lugar a nuevos dichos, exigencias y reglas, o moldea la opinión pública, o establece una tendencia o convención en la sociedad, es inevitable que te dejes llevar por dicha tendencia o convención y no te atrevas a decir “no” ni a negarte, ni mucho menos a plantear dudas y opiniones diferentes. Lo único que puedes hacer es comprometerte a ello, de lo contrario serás despreciado y castigado por la sociedad, e incluso vilipendiado por la opinión pública y condenado por el género humano. ¿Cuáles son las consecuencias de ser vilipendiado y condenado? Que ya no podrás afrontar el hecho de estar con la gente, porque no tendrás dignidad, porque no puedes atenerte a la ética social, no tienes moralidad y no tienes la conducta moral que exige la cultura tradicional, así que no tendrás estatus social. ¿Cuáles son las consecuencias de no tener estatus social? Que no serás digno de vivir en esta sociedad y se te despojará de derechos humanos en todas sus vertientes, hasta el punto de que se contendrán y restringirán tu derecho a vivir, tu derecho a hablar y tu derecho a cumplir con tus obligaciones. Así afecta y amenaza al género humano la cultura tradicional. Todo el mundo es su víctima y, por supuesto, todo el mundo es también su ejecutor. Tú eres víctima de estas opiniones públicas, naturalmente también eres víctima de las diversas personas de la sociedad y a su vez también eres víctima de tu propia aceptación de la cultura tradicional. En definitiva, eres víctima de estos elementos de la cultura tradicional. ¿Tienen estos una gran repercusión sobre el género humano? (Sí). Por ejemplo, si una mujer es objeto de rumores de que no es virtuosa, amable, dulce y moral y de que no es buena mujer, cada vez que posteriormente vaya a empezar en un nuevo trabajo o a incorporarse a cualquier grupo, en cuanto la gente se entere de lo que se cuenta de ella, escuche a los chismosos y la juzgue, no será considerada buena mujer a ojos de nadie. Una vez que se produzca esta situación, le costará abrirse camino o sobrevivir en sociedad. A algunas personas incluso no les queda más remedio que ocultar su identidad y trasladarse a otra ciudad o a otro ambiente. ¿Es poderosa la opinión pública? (Sí). Esta fuerza invisible puede hundir, asolar y pisotear a cualquiera. Por ejemplo, si crees en Dios, es obvio que te resultará difícil sobrevivir en el ambiente social de China. ¿Por qué es tan difícil sobrevivir? Porque, una vez que crees en Dios, que cumples tu deber y que te esfuerzas por Él, a veces es inevitable que no tengas tiempo de ocuparte de tu familia, y los diablos no creyentes propagarán rumores de que “no llevas una vida normal”, “abandonas a tu familia”, “te vas a escapar con alguien”, etc. Aunque estas afirmaciones no concuerdan con la realidad y todas ellas son especulaciones y falsos rumores, una vez que seas objeto de estas acusaciones, te hallarás en una situación muy difícil. Cada vez que vayas de compras, la gente te mirará raro, murmurará y hará comentarios a tus espaldas: “Esta es una persona religiosa, carece de virtudes femeninas, lleva una vida indecente y se pasa el día por ahí. Es una mujer que no centra sus energías en llevar una vida normal. ¿Qué hace por ahí? Las mujeres deberían seguir el código confuciano de las tres obediencias y las cuatro virtudes, y ocuparse de sus maridos y criar a sus hijos”. ¿Cómo te sentirías al oír eso? ¿Te enojarías mucho? ¿Qué les importa a ellos que tú creas en Dios y cumplas tu deber? No es asunto suyo en absoluto y aun así son capaces de considerarlo tema de conversación de sobremesa, hacer comentarios y chismorrear sobre ello como si fuera un asunto importante. ¿No es este un fenómeno en la sociedad? ¿No es un fenómeno que puede apreciarse en todas partes? Por ejemplo, tienes un compañero que se llevaba bien contigo, pero, cuando se enteró de que creías en Dios, hizo correr toda clase de chismes sobre ti a tus espaldas, con lo que ahora mucha gente se aparta de ti y ya no se lleva bien contigo. Aunque tengas la misma actitud hacia el trabajo que antes, en cuanto la mayoría de la gente se entere de estos chismes, ¿te va a seguir resultando fácil abrirte camino en dicho trabajo? (No, no será fácil). ¿Será distinta la actitud de la gente hacia ti? (Sí). ¿De qué hablarán todos? Dirían: “Esta mujer no centra sus energías en llevar una vida normal. ¿Qué hace creyendo en la religión?”. Y también: “¿Por qué creen los hombres en la religión? ¡Los fracasados son los únicos que creen en la religión! ¡Eso es algo que hacen las mujeres, mientras que los hombres viriles y varoniles deben centrarse en su profesión!”. ¿Ha dicho alguien estas cosas? (Sí). ¿De dónde salen esas palabras? ¿Qué les importa a ellos que tú creas en Dios? La gente es libre de creer lo que quiera y nadie tiene derecho a entrometerse. Entonces, ¿por qué pueden hablar de ti? ¿Por qué te critican indiscriminadamente cuando comienzas a creer en Dios? Hasta cierto punto, es inevitable que el marco de referencia de sus comentarios se base en las ideas y puntos de vista de la cultura tradicional y en la actitud del Gobierno nacional hacia la fe. Aunque en apariencia hablen de ti, lo cierto es que están criticándote indiscriminadamente, chismorreando y condenándote sin motivo. En cualquier caso, la base de los comentarios y juicios de la gente, así como de sus opiniones y actitudes hacia tu fe, está influida en gran medida por la cultura tradicional y la ideología atea. Porque, aparte de enseñar a la gente a ser mujeres y hombres, ¿cuáles son las ideas esenciales de la cultura tradicional? Que no hay cielo ni Dios. En pocas palabras, son ideas y opiniones ateas. Por tanto, rechazan a las gentes de fe, especialmente a las que creen en el Dios verdadero. Si participas en actividades supersticiosas, perteneces a alguna secta o participas en cualquier actividad religiosa, es posible que te ignoren. Si eres supersticioso, quizá sigan relacionándose contigo, pero, en cuanto comiences a creer en Dios, a leer Sus palabras a diario, a difundir el evangelio, a cumplir tu deber y a seguir a Dios, se volverán incompatibles contigo. ¿Cuál es la causa de su incompatibilidad contigo? Para ser precisos, por un lado, que son no creyentes y todos siguen y pertenecen a Satanás y, por otro lado, que ven las cosas según las ideas y opiniones de la cultura tradicional y según las políticas y leyes del gran dragón rojo; estos son hechos objetivos. Siempre que ven a personas, acontecimientos y cosas que no se ajustan a las ideas de la cultura tradicional, o que los creyentes son objeto de represión estatal y están siendo acorralados, los desprecian, critican, juzgan y condenan indiscriminadamente y cooperan con el Gobierno para vigilar y delatar a las personas que creen en Dios. ¿En qué se basan para hacer esto? Principalmente, en la cultura tradicional, la ideología atea y las malvadas políticas del gran dragón rojo. Por ejemplo, juzgan a quienes creen en Dios, diciendo: “Esta es una mujer que no centra sus energías en llevar una vida normal. ¿Qué hace por ahí?” y: “Este es un hombre que no aspira a una profesión normal. ¿Qué hace creyendo en la religión? Los hombres normales tienen ambiciones altas. ¡Los hombres viriles y varoniles deben centrarse en su profesión!”. Pensadlo, ¿no son todas estas unas afirmaciones banales claramente derivadas de la cultura tradicional? (Sí). Todas ellas derivan de la cultura tradicional. Estas personas banales y mundanas no aspiran a tener ningún credo, sino solamente a comer, a beber y a los placeres carnales. Sus mentes no solo están plagadas de tendencias malignas, sino también profundamente esclavizadas y confinadas por estos elementos de la cultura tradicional, bajo cuya influencia viven sin darse cuenta, por lo que es natural que adopten estos puntos de vista a la hora de lidiar con todos y con todo. Esto es algo que puede ocurrir en cualquier rincón de la sociedad moderna y es bastante normal. Así son las cosas en un mundo controlado por Satanás y en una era de maldad y fornicación.

Los dichos sobre la conducta moral no solo le inculcan conceptos y opiniones equivocados a la gente, sino que también la animan e incitan a obedecer ciertos pensamientos radicales y a adoptar conductas extremas en contextos y circunstancias concretas. Por ejemplo, como ya he comentado, “daría la vida por un amigo” es el tipo de exigencia que Satanás propone bajo el pretexto de regular la conducta moral de la gente en el trato con sus amigos. Obviamente, los dichos acerca de este aspecto de la conducta moral están pensados para que la gente tenga pensamientos y opiniones irracionales y poco razonables en el trato con sus amigos, e incluso para incitarla a dar la vida por ellos irresponsablemente. Es una exigencia radical y excesiva que Satanás impone a los seres humanos en lo que respecta a la conducta moral. El caso es que hay otros dichos sobre la conducta moral similares a “daría la vida por un amigo” que igualmente exigen que la gente adopte conductas extremas. Todos ellos son dichos inhumanos e irracionales. Satanás inculca a la gente las ideas y opiniones de la cultura tradicional, le exige que se mantenga fiel a estos pensamientos irracionales y enunciados inhumanos y también le hace acatar inflexiblemente estas ideas y prácticas. ¡Cabría afirmar que esto equivale a jugar con el género humano y echarlo a perder! ¿De qué dichos se trata? Por ejemplo, “muere con las botas puestas” y “los gusanos de seda hilan hasta morir y las velas arden hasta consumirse” le dicen a la gente —de una forma más explícita que “daría la vida por un amigo”— que no valore la vida, que hay que malgastarla de esta manera. Cuando a la gente se le exige renunciar a su vida, no debe valorarla demasiado, sino acatar los dichos “muere con las botas puestas” y “los gusanos de seda hilan hasta morir y las velas arden hasta consumirse”. Más o menos todos entendéis el significado literal de estos dos dichos sobre la conducta moral, pero ¿qué proclaman e instigan exactamente? ¿Por quién debéis morir con las botas puestas? ¿Por quién deben los gusanos de seda hilar hasta morir, y las velas arder hasta consumirse? La gente debería cuestionarse a sí misma y hacer introspección: ¿tiene sentido hacer lo que indican estos dichos? Lo primero que hacen estos dichos es desorientar e insensibilizar tu mente y perturbar tu visión, para luego despojarte de tus derechos humanos, guiándote en el sentido equivocado, dándote definiciones y puntos de vista equivocados y después forzándote a dar tu juventud y tu vida por este país, sociedad y nación, por una profesión o por amor. Así, los seres humanos entregan su vida a Satanás sin darse cuenta en un estado de confusión y aturdimiento, y además de buena gana y sin quejas ni remordimientos. Hasta el momento en que entregan sus vidas no lo comprenden todo, y se sienten engañados porque lo están haciendo por motivos inútiles, pero ya es demasiado tarde y no queda tiempo para lamentaciones. Por consiguiente, se pasan la vida desorientados, embaucados, destrozados, echados a perder y pisoteados por Satanás y, al final, también les arrebatan lo más preciado que tienen: la vida. Es la consecuencia de educar a los seres humanos con los dichos sobre la conducta moral de la cultura tradicional, y demuestra plenamente el destino tan desdichado que les aguarda a quienes viven bajo el poder de Satanás y se dejan desorientar y embaucar por él. ¿Qué términos hay para describir las diversas tácticas que Satanás emplea para tratar al género humano? Para empezar, “insensibilizar”, “desorientar” y ¿qué más? Decidme algunos. (Embaucar, echar a perder, pisotear, asolar). También “incitar”, “seducir”, “exigirte la vida” y, por último, “jugar con la gente y devorarla”. Este es el resultado de la corrupción de la gente a manos de Satanás. La gente vive bajo el poder de Satanás y de acuerdo con las actitudes satánicas. Si no fuera porque Dios expresa la verdad y realiza la obra de juicio y castigo para salvar a la gente, ¿no acabaría Satanás devastando, devorando y aniquilando a todo el género humano?

¿Qué ideas de la cultura tradicional proclama el género humano? ¿Qué significa “muere con las botas puestas”? La principal exigencia de este dicho es que, siempre que la gente haga algo, debe ser sincera y diligente, darlo todo y esforzarse al máximo hasta la muerte. ¿A quién beneficia exactamente la gente al hacer esto? Naturalmente, a la sociedad, a su tierra y a la nación. ¿Y quién ejerce el control sobre estas? Sin duda, Satanás y los reyes diabólicos. ¿Y cuáles son los objetivos que Satanás y los reyes diabólicos quieren alcanzar al usar la cultura tradicional para desorientar a la gente? Uno de ellos es que el país sea poderoso y la nación próspera, y otro, que la gente honre a sus antepasados y sea recordada por las generaciones venideras. Así la gente creerá que no hay mayor honor que hacer todas estas cosas y estará agradecida a los reyes diabólicos y dispuesta a dar la vida por la nación, por la sociedad y por la patria. En realidad, no hace más que servir a Satanás, a los reyes diabólicos y a las posiciones dominantes de todos ellos, así como entregar su valiosa vida por ellos. Si los dichos de la cultura tradicional, en vez de decirles a las personas que cumplan bien su deber de seres creados con todo su corazón, mente y fuerza y que vivan a semejanza humana, les piden que mueran por la patria, por los reyes diabólicos o por otra causa, las están desorientando. A primera vista, le dicen a la gente que ponga su granito de arena por el país y la nación con palabras altisonantes y plausibles, pero lo cierto es que obligan a la gente a dedicar una vida de esfuerzo y hasta a sacrificar su propia vida por servir a las posiciones dominantes de Satanás y los reyes diabólicos. ¿Esto no es desorientar, embaucar y perjudicar a la gente? Los diversos dichos de la cultura tradicional no exigen a la gente ninguna forma de vivir la humanidad normal en la vida real, ni de cumplir con sus responsabilidades y deberes, sino que le exigen la clase de conducta moral que debe exhibir en el marco de la sociedad en general; o sea, bajo el poder de Satanás. Igualmente, el dicho sobre la conducta moral “muere con las botas puestas” es también un dogma enunciado para obligar a los seres humanos a ser leales a la sociedad, a la nación y especialmente a su tierra. Este tipo de dogma exige que las personas se sometan para servir a la nación, a su tierra y a la sociedad y que mueran con las botas puestas. Solo aquellos que son diligentes y lo dan todo hasta el día de su muerte son considerados nobles, virtuosos y dignos de ser venerados y conmemorados por las generaciones futuras. La última parte de este dicho, “con las botas puestas”, implica ser diligente y darlo todo. ¿Hay algún problema en esta frase? Si la miramos desde la perspectiva del instinto humano y del alcance de lo que la humanidad puede lograr, esta frase no presenta mayor problema. Exige que la gente sea diligente y se esfuerce al máximo cuando hace algo o emprende una causa. En principio no hay nada de malo en esta actitud, relativamente en consonancia con el criterio de la humanidad normal, y la gente debe tener este tipo de actitud cuando haga las cosas. Es algo relativamente positivo. En pocas palabras, al hacer algo, basta con ser diligente, darlo todo, cumplir con tus responsabilidades y obligaciones y estar a la altura de tu conciencia. Para cualquier persona con humanidad normal, conciencia y sentido, no hay nada más normal que esto ni es una exigencia excesiva. No obstante, ¿qué es excesivo? Lo es la parte que exige que la gente no pare hasta morir. Hay un problema en la expresión “morir”: no solo debes ser diligente y darlo todo, sino también ofrendar tu vida, y solamente puedes parar si mueres, de lo contrario no puedes parar. Significa que debes sacrificar tu vida y toda una vida de esfuerzo. No puedes tener motivaciones egoístas ni rendirte mientras vivas. Si te rindes a mitad de camino en lugar de perseverar hasta la muerte, esto no se considera una buena conducta moral. Esta es la vara de medir de la conducta moral de las personas en la cultura tradicional. Si, al hacer algo, una persona ya era diligente y se esforzaba al máximo dentro de sus posibilidades y durante todo el tiempo que estaba dispuesta, pero no siguió haciéndolo hasta la muerte, sino que se rindió a mitad de camino y optó por emprender otra causa o por descansar y cuidarse en sus últimos años, esto no fue morir con las botas puestas, por lo que esta persona no tiene una buena conducta moral. ¿Qué clase de criterio es este? ¿Está bien o mal? (Mal). Obviamente, este criterio no concuerda con los instintos de la humanidad normal ni con los derechos que amparan a las personas normales. No solo exige que la gente sea diligente, que se esfuerce al máximo y nada más, sino que la obliga a seguir adelante y no parar hasta morir: eso es lo que le exige. Por muy diligente que seas o por mucho que te esfuerces en darlo todo cuando haces algo, en cuanto te rindes a mitad de camino porque no estás dispuesto a continuar, no eres una persona de buena conducta moral; mientras que, si ejerces un nivel normal de diligencia y no te esfuerzas al máximo, pero sigues adelante hasta la muerte, entonces eres una persona de buena conducta moral. ¿Es este un criterio con el que se evalúa la conducta moral de las personas en la cultura tradicional? (Sí). En efecto, es un criterio con el que se evalúa la conducta moral de las personas en la cultura tradicional. Visto así, ¿la exigencia “muere con las botas puestas” satisface las necesidades de la humanidad normal? ¿Es justa y humana para las personas? (No, es injusta e inhumana). ¿Por qué decís eso? (Porque no es una exigencia que se plantee dentro del ámbito de la humanidad normal, es algo que la gente no desea elegir y, además, va contra la conciencia y la razón). El sentido principal de este criterio es que exige que la gente renuncie a sus elecciones, deseos e ideales personales. Si tus aptitudes y talentos pueden ponerse al servicio de la sociedad, de la especie humana, de la nación, de tu tierra y de los gobernantes, debes obedecer incondicionalmente y no tener otra elección. Debes entregar tu vida a la sociedad, a la nación, a tu tierra, incluso a los gobernantes, hasta que mueras. No puede haber alternativas a la causa que debes abordar en esta vida, no puedes tener otra elección. Únicamente puedes vivir por el bien de la nación, de la especie humana, de la sociedad, de tu tierra, e incluso de los gobernantes. Únicamente puedes servirles y no debes tener aspiraciones personales, ni mucho menos motivaciones egoístas. No solo debes renunciar a tu juventud y dedicarles tu energía, sino que también debes renunciar a tu vida, y ese es el único modo de que seas una persona de buena conducta moral. ¿Cómo denomina el género humano a esa buena conducta moral? Rectitud mayor. ¿Y qué otra manera hay de expresar lo de “muere con las botas puestas”? ¿Qué hay del dicho “los grandes héroes caballerescos aportan su granito de arena a su país y a su pueblo”, que se oye con frecuencia? Indica que los presuntos grandes héroes caballerescos deben aportar su granito de arena a su país y a su pueblo. ¿Deben hacerlo por su familia, sus padres, sus esposas, hijos y hermanos? ¿Para cumplir con sus responsabilidades y deberes como personas? No, sino que deben ser leales y consagrarse al país y a la nación. Es otra forma de decir “muere con las botas puestas”. Ser diligente y esforzarse al máximo, que es de lo que habla la exigencia de “morir con las botas puestas”, es un mero dicho que la gente es capaz de aceptar y que se utiliza para inducirla a que voluntariamente muera con las botas puestas. ¿Quién es objeto de esta dedicación de por vida? (El país y la nación). ¿Y quién representa al país y a la nación? (Los gobernantes). Exacto, los gobernantes. Ninguna persona o grupo independiente puede representar al país y a la nación. Los gobernantes son los únicos que pueden ser calificados de portavoces del país y de la nación. A primera vista, el dicho “muere con las botas puestas” no le dice a la gente que debe aportar diligentemente su granito de arena al país, a la nación y a los gobernantes y esforzarse al máximo hasta la muerte. Sin embargo, lo cierto es que obliga a la gente a consagrar su vida a los gobernantes y a los reyes diabólicos hasta que muera. Este dicho no está dirigido a la gente sin importancia en la sociedad o en el género humano; está dirigido a todas aquellas personas que pueden hacer grandes aportaciones a la sociedad, a la especie humana, a su tierra, a la nación y especialmente a los gobernantes. En toda dinastía, época y nación, siempre hay personas con dones, capacidades y talentos especiales de las que se “adueña” la sociedad, y que son explotadas y veneradas por los gobernantes. Debido a sus talentos y habilidades especiales y a que pueden poner sus talentos y puntos fuertes al servicio de la sociedad, de la nación, de su tierra y de los dominios de los gobernantes, estos últimos suelen considerarlas el tipo de personas que pueden ayudarlos a gobernar al género humano con mayor eficacia, a estabilizar mejor la sociedad y a pacificar el sentir popular. Este tipo de personas suelen ser explotadas por los gobernantes, que esperan que no tengan un “yo inferior”, sino solamente un “yo superior”, y que sepan sacar partido a su espíritu caballeresco y lleguen a ser grandes héroes caballerescos que solo lleven el país y al pueblo en el corazón y sean capaces de preocuparse constantemente por ellos e incluso de morir con las botas puestas. Si efectivamente son capaces de esto, de servir diligentemente al país y al pueblo con todas sus fuerzas, incluso hasta la muerte, sin duda se convertirán en capaces asesores de algún gobernante y llegarán a ser reconocidos como orgullo de la nación, de la sociedad e incluso de toda la especie humana en una época determinada. Siempre que en una época determinada haya en la sociedad un grupo de personas así o un puñado de rectos conservadores, agasajados como grandes héroes caballerescos y capaces de servir a la sociedad, al género humano, a su tierra, a la nación y al gobernante hasta morir con las botas puestas, esta época será considerada por el género humano como una época gloriosa de la historia.

¿Cuántos grandes héroes caballerescos de la historia china fueron capaces de servir a su país y a su pueblo hasta morir con las botas puestas? ¿Podéis señalar a alguno? (Qu Yuan, Zhuge Liang, Yue Fei, etc.). En la historia de China hay, en efecto, un puñado de figuras famosas que fueron capaces de preocuparse por el país y el pueblo, de obligarse a servir a su país y su nación y de garantizar la supervivencia del pueblo hasta morir con las botas puestas. En todas las épocas de la historia, en China y fuera de ella, en el ámbito político o entre la población general, hay personas —ya sean políticos o caballeros andantes— que se atienen a dichos culturales tradicionales como “muere con las botas puestas”. Estas personas son capaces de cumplir escrupulosamente la exigencia de morir con las botas puestas, y también de atenerse rigurosamente a esta idea de servir al país y al pueblo y preocuparse por ellos. Son capaces de atenerse a esos dichos sobre la conducta moral y se lo exigen a sí mismos estrictamente. Por supuesto, lo hacen por la fama, para que el pueblo las recuerde en el futuro. Eso, por un lado. Por otro, hay que decirlo, estas conductas surgen a raíz de que a esas personas les han inculcado las ideas de la cultura tradicional y estas les han influido. Entonces, ¿estas exigencias de la cultura tradicional a las personas son apropiadas desde el punto de vista de la humanidad? (No). ¿Por qué no son apropiadas? Sin importar cuánta capacidad tenga una persona ni lo dotada, inteligente o entendida que sea, su identidad e instinto son los de un ser humano y es imposible que vayan más allá. Tan solo es un poco más dotada, tiene algo más de calibre que los demás, destaca en cuanto a puntos de vista sobre las cosas, tiene maneras más diversas y flexibles de hacerlas, es más eficiente y logra mejores resultados; eso es todo. No obstante, por muy eficiente que sea o por muy buenos que sean sus resultados, no deja de ser una persona normal en cuanto a identidad y estatus. ¿Por qué afirmo que sigue siendo una persona normal? Porque una persona que vive en la carne, por muy aguda que sea su mente o por muy dotada o apta que sea, se limita a obedecer siempre las leyes de supervivencia de los seres humanos creados y nada más. Por ejemplo, fijaos en los perros. Sin importar lo altos, bajos, gordos o flacos que sean, de qué raza ni de qué edad, siempre que entran en contacto con otro perro suelen distinguir el sexo, la personalidad y la actitud que tiene hacia ellos solo con olisquearlo. Este método de comunicación es el instinto de supervivencia de los perros y también una de las leyes y reglas de su supervivencia, formuladas por Dios. Del mismo modo, las personas también sobreviven en el marco de las leyes formuladas por Dios. Sin importar lo espabilado o entendido que seas, la aptitud o el talento que tengas, lo capaz que seas ni lo grandes que sean tus esfuerzos, todos los días debes dormir de seis a ocho horas y comer tres veces. Tendrás hambre si te saltas una comida y sed si no bebes lo suficiente. Además, debes hacer ejercicio regularmente para mantenerte sano. A medida que envejeces, la vista se te vuelve borrosa y puede que te sobrevengan todo tipo de dolencias. Es la ley normal y natural del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, predestinada por Dios. Nadie puede quebrantar esta ley ni escapar a ella. Por tanto, por muy capaz que seas, e independientemente de tu aptitud y tu talento, continúas siendo una persona normal. Aunque pudieras ponerte alas y dar dos vueltas volando por el cielo, al final tendrías que volver a tierra y caminar sobre dos piernas, descansar cuando estuvieras cansado, comer cuando tuvieras hambre y beber cuando tuvieras sed. Es el instinto humano, y este instinto es lo que Dios ha predestinado para ti. Nunca podrás alterarlo ni escapar de él. Por muy grandes que sean tus capacidades, no puedes quebrantar esta ley ni ir más allá de este alcance. Por consiguiente, por muy capaces que sean las personas, su identidad y su condición no cambian, ni como personas ni como seres creados. Aunque puedas hacer aportaciones un poco especiales y extraordinarias al género humano, sigues siendo un ser humano y, siempre que te encuentres en peligro, seguirás sintiendo miedo y pánico, te flaquearán las rodillas y hasta perderás el control sobre tus funciones fisiológicas. ¿Por qué te comportas así? Porque eres humano. Como eres humano, tienes estas conductas propias de los seres humanos. Son las leyes de la naturaleza y nadie puede escapar a ellas. Solo porque hayas hecho numerosas aportaciones extraordinarias no significa en modo alguno que te hayas vuelto sobrehumano ni extraordinario, ni que hayas dejado de ser una persona normal. Todo eso es imposible. Por eso, aun suponiendo que puedas obligarte a servir al país y a la nación hasta morir con las botas puestas, dado que vives en el ámbito de la humanidad normal, ¡tendrás que soportar una presión muy grande en el fondo de tu ser! Te exiges a ti mismo preocuparte por el país y por el pueblo todo el día y hacer hueco en tu corazón para ellos, pues crees que el tamaño del escenario viene determinado por el de tu corazón, pero ¿es así? (No). Una persona nunca llegará a ser distinta a la gente normal por el mero hecho de pensar distinto, ni será diferente o superior a ella, ni se le permitirá vulnerar las reglas de la humanidad normal ni las leyes de la supervivencia solo porque tenga unos dones o talentos especiales o porque haya hecho aportaciones extraordinarias a la especie humana. Por ello, esta exigencia al género humano de morir con las botas puestas es muy inhumana. Aunque una persona tenga más talento y mejores ideas que la gente normal, o mejor previsión y juicio, o se le dé mejor que a ellos abordar los asuntos o contemplar y entender a las personas, da igual en qué sea mejor que la gente corriente, esa persona vive en la carne y debe obedecer igualmente las leyes y reglas de supervivencia de la humanidad normal. Puesto que debe acatarlas, ¿no es inhumano exigirle cosas poco realistas, que no se ajustan a la humanidad? ¿Eso no es, en cierto modo, pisotear su humanidad? (Sí). Dicen algunos: “Con estos dones y talentos que el cielo me ha dado, soy extraordinario, no una persona normal. Debo guardar en mi corazón todo cuanto hay bajo el cielo: el pueblo, la nación, mi tierra y el mundo”. Déjame decirte que guardar estas cosas en tu corazón es una carga adicional que te imponen la clase dirigente y Satanás, así que con esto te vas a situar en la senda de la perdición. Si quieres guardar en tu corazón el mundo, al pueblo, la nación, tu tierra y los ideales y deseos de los gobernantes, morirás pronto. Si guardas estas cosas en tu corazón, es como encaramarse a un barril de pólvora y sentarse sobre un saco de explosivos. Es muy peligroso y carece de todo sentido. Cuando guardas estas cosas en tu corazón, te exiges cosas a ti mismo, pensando: “Debo morir con las botas puestas. Debo contribuir a la gran causa de la nación y del género humano y entregarles mi vida”. Tener unas ambiciones tan grandes y elevadas solo te conducirá a un final prematuro, a una muerte no natural o a la ruina absoluta. Piénsalo: de aquellas famosas figuras históricas que guardaban el mundo en su corazón, ¿cuántas murieron felizmente? Unos se suicidaron tirándose al río, otros fueron ejecutados por los gobernantes y otros acabaron decapitados en la guillotina o estrangulados con una soga. ¿Es posible que los seres humanos guarden el mundo en su corazón? ¿Las grandes causas de su tierra, la prosperidad de la nación, el destino del país y el futuro del género humano son cosas que uno puede cargar sobre los hombros y llevar en el corazón? Si eres capaz de hacer un hueco en tu corazón para tus padres e hijos, tus seres queridos, tus responsabilidades y la misión que te ha confiado el cielo, ya lo estás haciendo muy bien y estás cumpliendo con tus responsabilidades. No tienes que preocuparte por el país ni por el pueblo, ni ser un gran héroe caballeresco. ¿Quiénes son las personas que siempre quieren guardar el mundo, la nación y su tierra en el corazón? Personas demasiado ambiciosas que sobrevaloran sus capacidades. ¿Tan grande es realmente tu corazón? ¿No eres demasiado ambicioso? ¿De dónde viene exactamente tu ambición? ¿Qué puedes hacer si guardas estas cosas en tu corazón? ¿El destino de quién puedes manipular y controlar tú? Ni siquiera puedes controlar tu propio destino, pero quieres guardar el mundo, la nación y al género humano en tu corazón. ¿No es esta la ambición de Satanás? Así pues, para quienes se consideran personas capaces, cumplir escrupulosamente la exigencia de morir con las botas puestas implica seguir la senda de la ruina, ¡buscar la muerte! Quien quiera preocuparse por el país y sus gentes y obligarse a servir al pueblo y a su tierra hasta morir con las botas puestas va camino de la perdición. ¿Son entrañables estas personas? (No, no son entrañables). ¡No solo no son entrañables, sino que son incluso un poco patéticas y ridículas y sumamente necias!

Como persona, debes cumplir con tus obligaciones y responsabilidades en la familia, desempeñar correctamente tu papel y cumplir con tus responsabilidades en cualquier grupo social o étnico, acatar las leyes y regulaciones de la sociedad y actuar racionalmente, en vez de decir cosas altisonantes. Lo apropiado es hacer lo que la gente puede y debe hacer. En cuanto a la familia, la sociedad, el país y el pueblo, no es preciso que les sirvas hasta morir con las botas puestas. Solo tienes que cumplir bien tu deber en la casa de Dios con todo tu corazón, mente y fuerzas, y nada más. ¿Cómo debes cumplir bien tu deber? Basta con obedecer las palabras de Dios y atenerse a los principios-verdad como Él exige. No es necesario que guardes todo el día en tu corazón la voluntad de Dios, a Su pueblo escogido, Su plan de gestión, Su obra en tres etapas y Su obra de salvación del género humano. No hace falta que guardes estas cosas en tu corazón. ¿Por qué no? Porque, como eres una persona normal y sin importancia y un ser creado en manos de Dios, la postura que debes adoptar y la responsabilidad que debes asumir es la de cumplir seriamente tu deber bien, aceptar la soberanía y las disposiciones de Dios y someterte a todo lo que Dios instrumente; con eso basta. ¿Es excesiva esta exigencia? (No). ¿Te pide Dios que sacrifiques tu vida? (No). Dios no te pide que sacrifiques tu vida, mientras que este dicho sobre la conducta moral exige que “siempre que tengas aunque sea un mínimo de habilidad, corazón y espíritu caballeresco, debes dar un paso al frente y obligarte a servir a tu tierra y a la nación. Renuncia a tu vida, abandona a familiares y parientes, abandona tus responsabilidades. Sitúate en medio de esta sociedad, en medio de esta especie humana, y asume la gran causa de la nación, de reavivar el país y de salvar a todo el género humano hasta que mueras”. ¿Es una exigencia radical? (Sí). Una vez que los seres humanos aceptan ideas radicales como estas, se creen elevados. Especialmente, algunas personas con talentos especiales y ambiciones y deseos especialmente grandes aspiran a pasar a la historia y a ser recordadas por las generaciones venideras, y se exigen a sí mismas emprender alguna causa en esta vida, por lo que valoran y veneran especialmente los puntos de vista de la cultura tradicional. Al igual que los dichos “muere con las botas puestas” y “la muerte puede ser más pesada que el monte Tai o más ligera que una pluma”, propuestos por la cultura tradicional, esas personas están decididas a ser pesadas que el monte Tai. ¿Qué significa el dicho “la muerte puede ser más pesada que el monte Tai”? No se trata de morir a cambio de nada, ni por llevar la vida de una persona normal, ni por cumplir el deber de un ser creado, ni por obedecer las leyes de la naturaleza. Se trata, más bien, de morir por la gran causa del género humano, por el reavivamiento de la nación, por la prosperidad del país, por el desarrollo de la sociedad y para dirigir el rumbo del género humano. Estos pensamientos poco realistas de los seres humanos los han arrojado a la tempestad. ¿Es esta una manera de que la gente viva feliz? (No). No va a vivir feliz. Una vez que la gente vive en plena tempestad, piensa y actúa de forma diferente a la gente normal y, además, va en pos de cosas distintas. Quiere ejecutar sus ambiciosos planes, llevar a cabo proyectos importantes y grandes hazañas y lograr grandes cosas con solo mover un brazo. Progresivamente, algunos se meten en política porque solamente el ámbito político puede satisfacer sus deseos y ambiciones. Algunos dicen: “El ámbito político es demasiado turbio. No me voy a meter en política, pero sigo teniendo el deseo de contribuir a la justa causa del género humano”. Así, se afilian a una ONG. Otros señalan: “Yo no me voy a afiliar a una ONG. Seré un héroe solitario, aprovecharé al máximo mis conocimientos para robar a los ricos y ayudar a los pobres y me especializaré en matar a funcionarios corruptos, tiranos locales, señoritos malvados, policías perversos, bandidos y matones, ayudando a la gente normal y a los pobres”. Tomen la senda que tomen, lo hacen bajo la influencia de la cultura tradicional, y ninguna es la senda correcta. Por mucho que las expresiones de la gente concuerden con las tendencias sociales y los gustos populares, es inevitable que estén influidas por la cultura tradicional, pues el género humano siempre considera expresiones como “preocúpate por el país y el pueblo”, “guarda en el corazón todo lo que hay bajo el cielo”, “grandes héroes caballerescos” y “la justa causa de tu tierra” objetivos que perseguir y a los que consagrarse hasta morir con las botas puestas. Esta es la realidad de la situación. ¿Alguien ha dicho alguna vez: “Lo que quiero en la vida es ser agricultor y morir con las botas puestas”? ¿Alguien ha dicho alguna vez: “Pastorearé vacas y ovejas el resto de mi vida y moriré con las botas puestas”? ¿Ha empleado alguien este dicho en estas circunstancias? (No). La gente emplea el dicho “muere con las botas puestas” con cierta ambición y unos deseos irreales, ocultando con esta agradable retórica los deseos y ambiciones que lleva dentro. Por supuesto, el dicho “muere con las botas puestas” también ha engendrado pensamientos y prácticas tan irreales y pervertidos como preocuparse por el país y el pueblo o guardar en el corazón todo lo que hay bajo el cielo, que han perjudicado a un número significativo de idealistas y visionarios.

Ahora que hemos diseccionado el dicho “muere con las botas puestas” y hablado ampliamente sobre él, ¿entendéis todo lo que se ha comentado? (Sí). En resumen, ya podemos estar seguros de que este dicho no es positivo y no tiene ningún significado positivo ni práctico. Así que ¿qué repercusión tiene sobre las personas? ¿Es mortal? ¿Les exige la vida? ¿Es apropiado calificarlo de “dicho mortal”? (Sí). La realidad es que te quita la vida. Aprovecha palabras agradables para hacerte sentir lo grandioso y glorioso que es poder morir con las botas puestas y el gran corazón que eso te hace tener. Tener un corazón tan grande implica que ya no tienes ocasión de pensar en la leña, el arroz, el aceite, la sal, la salsa de soja, el vinagre, el té y otros aderezos de la vida casera, por no hablar de cuidar de tu mujer y tus hijos o de anhelar una cama caliente. ¿Cómo puede estar bien que una persona de gran corazón prescinda de algunas cosas especiales? ¿Es demasiado mundano para ti tener hueco en tu corazón únicamente para cosas como leña, arroz, aceite, sal, salsa de soja, vinagre y té? Debes hacer hueco en él para cosas que el ciudadano de a pie no puede hacerle, como la nación, los grandes proyectos de tu tierra, el destino del género humano, etc.; esto ocurre “cuando el cielo va a conferirle una gran responsabilidad a una persona”. Una vez que la gente tenga esta clase de idea, aspirará aún más a morir con las botas puestas y aprovechará este dicho sobre la conducta moral para espolearse constantemente, pensando: “Debo servir al destino de mi tierra y del género humano y morir con las botas puestas; esos son mi empeño y mi aspiración de toda una vida”. Sin embargo, resulta que no es capaz de cargar con la gran causa de su tierra y su nación y se cansa tanto que vomita sangre: muere con las botas puestas. Esas personas no saben cómo debe vivir la gente, ni qué es la humanidad, ni qué son los sentimientos humanos, ni qué es el amor o el odio, y llegan a llorar tanto, preocupadas por el país y por el pueblo, que se les acaban las lágrimas, y hasta su último aliento no son capaces de dejar atrás el gran proyecto de su tierra y su nación. ¿Es “muere con las botas puestas” un dicho mortal que le exige la vida a la gente? ¿No tiene esta una muerte lamentable? (Sí). Incluso a punto de morir, la gente así se niega a renunciar a sus pensamientos e ideales huecos, y al final muere con quejas y odio en su interior. ¿Por qué digo que muere con quejas y odio en su interior? Porque no es capaz de dejar atrás a la nación, a su tierra, al destino del género humano y a la misión que le han confiado los gobernantes. Piensa: “Qué lástima, mi vida es demasiado corta. Si pudiera vivir unos miles de años más, vería hacia dónde se dirige el futuro del género humano”. Se pasa la vida guardando en el corazón todo lo que hay bajo el cielo y, a la postre, sigue sin poder dejarlo atrás. Ni siquiera en la hora de su muerte sabe cuál es su propia identidad ni lo que debe hacer o no. La realidad es que son gente normal y deberían llevar una vida de gente normal, pero han aceptado la desorientación de Satanás y el veneno de la cultura tradicional y se consideran salvadores del mundo. ¿No es lamentable? (Sí). ¡Sumamente lamentable! Decidme: si Qu Yuan no se hubiera dejado influir por esta idea tradicional de la rectitud mayor de la nación, ¿se habría suicidado tirándose al río? ¿Habría hecho algo tan extremo como acabar con su vida? (No). Desde luego que no. Fue una víctima de la cultura tradicional que puso un fin precipitado a su vida antes de haberla vivido hasta el final. Si no se hubiera dejado influir por estas cosas y no se hubiera preocupado por el país y el pueblo, sino que se hubiera centrado en vivir su propia vida, ¿habría podido llegar a la vejez y morir de muerte natural? ¿Podría haber tenido una muerte normal? Si no hubiera aspirado a morir con las botas puestas, ¿podría haber sido más feliz y libre y haber estado más en paz en la vida? (Sí). Por eso “muere con las botas puestas” es un dicho mortal que les exige la vida a las personas. Una vez que una persona se infecta con este tipo de pensamiento, empieza a pasarse el día angustiada por el país y por el pueblo y acaba muriendo de preocupación sin ni siquiera poder cambiar el estado actual de las cosas. ¿No le roba la vida esta idea y este punto de vista de morir con las botas puestas? Semejantes ideas y puntos de vista son, en efecto, mortales y le exigen la vida a la gente. ¿Por qué lo afirmo? ¿Quién puede hacerle hueco en su corazón al destino de un país o nación? ¿Quién puede soportar tanta carga? ¿Eso no es sobrevalorar las propias capacidades? ¿Por qué la gente tiende a sobrevalorar sus capacidades? ¿Algunos se buscan todos los problemas? ¿Están dispuestos a hacerlo por iniciativa propia? Lo cierto es que son víctimas, pero ¿de qué? (De las ideas y opiniones que Satanás le inculca a la gente). Exacto, son víctimas de Satanás. Satanás le inculca estas ideas a la gente diciéndole: “Debes guardar en el corazón todo lo que hay bajo el cielo, guardar al populacho en el corazón, preocuparte por el país y el pueblo, ser un caballero andante, una persona recta que robe a los ricos para ayudar a los pobres y contribuir al destino del género humano hasta morir con las botas puestas, en vez de llevar una vida anodina. ¿Por qué cumplir con las responsabilidades familiares y sociales? Esas cosas no son reseñables y las personas que las hacen son como simples hormigas. Tú no eres una hormiga y tampoco deberías ser un gorrión, sino que debes ser un águila, desplegar las alas para volar y tener grandes aspiraciones”. Semejante incitación e instigación confunde a la gente para que piense: “¡Eso es! No puedo ser un gorrión, debo ser un águila que vuele alto”. Sin embargo, no puede volar alto por más que lo intente, y finalmente cae muerta de agotamiento tras haberse echado a perder por su propia culpa. La realidad es que tú no eres nada. No eres ni gorrión ni águila. Entonces, ¿qué eres? (Un ser creado). Así es, eres una persona normal, un ser creado normal. Está bien saltarse una de las tres comidas del día, pero no pasarse días enteros sin comer. Envejecerás, enfermarás y morirás: no eres más que una persona normal. Las personas con un poco de talento y capacidad pueden llegar a ser increíblemente arrogantes y, después de haber sido alentadas, seducidas, incitadas y desorientadas de este modo por Satanás, se confunden y llegan a creerse salvadoras del mundo. Llegan tranquilamente y ocupan el lugar del Salvador, sirven al país y a la nación hasta morir con las botas puestas y no les importa la misión del género humano, ni sus responsabilidades, ni sus obligaciones, ni su vida, que es lo más valioso que Dios concede a las personas. En consecuencia, les parece que la vida no es importante ni valiosa, que la causa de su tierra es lo más valioso que hay, que deben guardar todo lo que hay bajo el cielo en su corazón y preocuparse por el país y el pueblo, que así tendrán la personalidad más valiosa y la moral más noble y que toda persona debería vivir de ese modo. Satanás les inculca estos pensamientos a las personas, con lo que las desorienta e impulsa a despojarse de su identidad de seres creados y personas normales y a hacer cosas que no se corresponden con la realidad. ¿Cuál es el resultado? Que ellas mismas recorren la senda de su perdición y, sin darse cuenta, se van a los extremos. ¿Qué significa “irse a los extremos”? Significa alejarse cada vez más de las exigencias de Dios al ser humano y de los instintos que Él le ha predestinado. Con el tiempo, esas personas llegan a un callejón sin salida: la senda de su perdición.

En cuanto a cómo debe vivir la gente, ¿cuáles son las exigencias de Dios a los seres humanos? La realidad es que son muy simples. La gente debe asumir el lugar propio de un ser creado y cumplir bien el deber que debería cumplir una persona. Dios no pidió que fueras un superhombre ni una eminencia, ni te dio alas para volar por el cielo. Simplemente te dio dos manos y dos piernas para caminar por el suelo paso a paso y correr cuando sea necesario. Los órganos internos que te creó Dios digieren y asimilan los alimentos y nutren todo tu cuerpo, por lo que debes mantener una rutina de tres comidas diarias. Dios te ha dado libre albedrío, el intelecto de la humanidad normal y la conciencia y la razón que debe tener un ser humano. Si aprovechas estas cosas bien y correctamente, obedeces las leyes de supervivencia del cuerpo físico, cuidas adecuadamente de tu salud, haces a rajatabla lo que Dios te pide y consigues lo que Dios te exige que consigas, con eso basta, y además es muy sencillo. ¿Te ha pedido Dios que mueras con las botas puestas? ¿Te ha pedido que te atormentes? (No). Dios no exige semejantes cosas. La gente no debe atormentarse, sino tener algo de sentido común y atender adecuadamente las diversas necesidades del cuerpo. Bebe agua cuando tengas sed, complementa tu dieta cuando tengas hambre, descansa cuando estés cansado, haz ejercicio después de estar sentado mucho tiempo, ve al médico cuando estés enfermo, cíñete a tus tres comidas al día y mantén una vida de humanidad normal. Por supuesto, también debes continuar con tus deberes normales. Si tus deberes implican algún conocimiento especializado que no entiendes, debes estudiarlo y practicarlo. Esto es la vida normal. Los diversos principios de práctica que Dios postula para la gente son cosas que el intelecto de la humanidad normal puede captar, cosas que la gente puede comprender y aceptar y que no sobrepasan lo más mínimo el alcance de la humanidad normal. Todos ellos están al alcance de los seres humanos y no exceden en absoluto los límites de lo correcto. Dios no exige a las personas que sean superhombres ni eminencias, mientras que los dichos sobre la conducta moral obligan a las personas a aspirar a serlo. No solo deben asumir la gran causa de su país y su nación, sino que también se les exige que mueran con las botas puestas. Esto las obliga a renunciar a su vida, lo que va totalmente en contra de las exigencias de Dios. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia la vida de las personas? Dios mantiene a salvo a las personas en cualquier situación, las protege de caer en la tentación y de otros apuros peligrosos y protege sus vidas. ¿Cuál es el objetivo de Dios al hacer esto? Que la gente viva bien. ¿Cuál es el propósito de que la gente viva bien? Él no te obliga a ser un superhombre, a guardar en tu corazón todo lo que hay bajo el cielo, a preocuparte por el país y el pueblo, y ni mucho menos a sustituirlo a Él en el gobierno y la instrumentación de todas las cosas y en la regencia del género humano. Más bien, te exige que asumas el lugar y cumplas los deberes propios de un ser creado, que cumplas los deberes que la gente debe cumplir y hagas lo que esta debe hacer. Hay muchas cosas que debes hacer, y no son regir el destino del género humano, guardar en tu corazón todo lo que hay bajo el cielo, ni tampoco al género humano, tu tierra, la iglesia, la voluntad de Dios ni Su gran empeño en salvar a los seres humanos. Estas cosas no se encuentran entre las que debes hacer. ¿Y cuáles son las cosas que debes hacer? Entre ellas se encuentran la comisión que Dios te confía, los deberes que Él te da y toda exigencia que te otorga la casa de Dios en cada época. ¿No es sencillo? ¿No es fácil de hacer? Es muy sencillo y fácil de hacer. Sin embargo, la gente siempre malinterpreta a Dios y piensa que Él no se la toma en serio. Hay quienes piensan: “Aquellos que llegan a creer en Dios no deberían considerarse tan importantes, no deberían preocuparse por su cuerpo físico, deberían sufrir más y no acostarse demasiado temprano por la noche, pues puede que a Dios no le haga gracia que se acuesten demasiado temprano. Deben madrugar y trasnochar, y trabajar duro toda la noche cumpliendo su deber. Aunque no produzcan resultados, deben trasnochar hasta las 2 o las 3 de la mañana”. En consecuencia, esas personas trabajan hasta caer tan rendidas que incluso caminar les supone un esfuerzo supremo, pero alegan que lo que las agota es el cumplimiento del deber. ¿Esto no es fruto de la necedad e ignorancia de la gente? Hay otros que piensan: “A Dios no le agrada que llevemos ropa un poco singular y bonita ni que comamos carne y buena comida todos los días. En la casa de Dios solamente podemos morir con las botas puestas”; y piensan que, como creyentes en Dios, deben cumplir su deber hasta la muerte, pues, si no, Dios no los perdonará. ¿Es realmente así? (No). Dios exige que la gente cumpla su deber con responsabilidad y lealtad, pero no la obliga a tratar su cuerpo con severidad, y ni mucho menos le pide que sea superficial ni que mate el tiempo. Veo que algunos líderes y obreros disponen que la gente cumpla con el deber de esta forma, sin exigir eficacia, sino únicamente malgastando su tiempo y energía. El hecho es que están malgastando la vida de la gente. Al final, a la larga, algunas personas empiezan a desarrollar problemas de salud, problemas de espalda, les duelen las rodillas y se marean cada vez que miran la pantalla de una computadora. ¿Cómo es posible? ¿Quién lo ha provocado? (Ellas mismas). La casa de Dios exige que todo el mundo ya descanse, como muy tarde, a las 10 de la noche, pero hay gente que no se acuesta hasta las 11 o las 12, lo que repercute en el descanso de los demás. Algunas personas incluso les reprochan a quienes descansan con normalidad que codician las comodidades de la vida. Esto es un error. ¿Cómo puedes hacer un buen trabajo si tu cuerpo no ha descansado bien? ¿Qué dice Dios al respecto? ¿Cómo lo regula la casa de Dios? Todo debe hacerse según las palabras de Dios y las estipulaciones de la casa de Dios, eso es lo único correcto. Algunas personas tienen interpretaciones absurdas y siempre se van a los extremos, e incluso limitan a los demás. Esto no se ajusta a los principios-verdad. Algunos son, simplemente, unos necios absurdos sin discernimiento alguno, y piensan que para cumplir su deber deben trasnochar hasta cuando no tengan trabajo, sin permitirse dormir cuando están cansados, decírselo a nadie si están enfermos y, peor aún, ver a un médico, lo que consideran una pérdida de tiempo que demora su cumplimiento del deber. ¿Es correcto este punto de vista? ¿Por qué los creyentes siguen teniendo unos puntos de vista así de absurdos tras oír tantos sermones? ¿Cómo se regula la organización del trabajo en la casa de Dios? Debes irte a descansar puntualmente antes de las 10 de la noche, levantarte a las 6 de la mañana y asegurarte de dormir ocho horas. Además, se recalca una y otra vez que debes cuidar de tu salud haciendo ejercicio después del trabajo y mantener una dieta y una rutina sanas para evitar problemas de salud mientras cumples tu deber. Sin embargo, hay gente que no lo entiende, que no se atiene a principios ni a reglas, que trasnocha innecesariamente y come lo que no debe. Cuando enferma, no puede cumplir con su deber, y para entonces ya no tiene sentido lamentarse. He oído hace poco que han enfermado algunas personas. ¿Esto no ha ocurrido porque cumplen su deber sin atenerse a los principios y actuando de forma imprudente? Es cierto que tú cumples con tu deber con seriedad, pero no puedes vulnerar las leyes naturales de tu cuerpo. Si las vulneras, enfermas. Es absolutamente necesario que sepas cuidar de tu salud en general. Debes hacer ejercicio cuando proceda y comer a unas horas regulares. No puedes darte atracones ni beber demasiado, ni tampoco puedes ser quisquilloso con la comida ni llevar una dieta poco saludable. Aparte, debes regular tu estado de ánimo, vivir ante Dios y practicar la verdad con atención y actuar según los principios. Así tendrás paz y gozo en el corazón y no te sentirás vacío ni deprimido. En concreto, si la gente se despoja de su carácter corrupto y vive una humanidad normal, su estado de ánimo será totalmente normal y su cuerpo estará sano. Yo jamás os he dicho que trasnochéis y madruguéis, ni que trabajéis más de diez horas al día. Todo se debe a que la gente no actúa según las reglas y no acata las disposiciones de la casa de Dios. Al final, la gente es tan ignorante que da su salud por sentada. He visto que, en algunos lugares, la gente siempre cumplía su deber en casa y no salía a tomar el sol ni a mantenerse activa, por lo que dispuse que se buscara unos aparatos de gimnasia y le dije que hiciera ejercicio una o dos veces por semana, como corresponde a una rutina saludable. Es natural que la gente que no hace ejercicio como es debido enferme, y eso también afecta a su vida normal. Una vez dispuesto esto, ¿he de controlar quién hace ejercicio y con qué frecuencia? (No). No es preciso, Yo he cumplido con Mi responsabilidad, he expresado Mi opinión y te he dicho con toda sinceridad lo que debes hacer, sin un ápice de mentira, y tú sólo tienes que hacer lo que te he ordenado. No obstante, la gente no lo asimila y se cree joven y sana, así que no se toma en serio Mis palabras. Si vosotros no valoráis vuestra propia salud, no hace falta que Yo me preocupe por ella; sencillamente, no culpes a nadie cuando enfermes. La gente no presta atención a hacer ejercicio. Por un lado, porque tiene unas ideas y unos puntos de vista equivocados. Por otro, también tiene un grave problema: la pereza. Si la gente tiene una dolencia física leve, lo único que tiene que hacer es prestar atención al cuidado de su salud y ser más activa. Sin embargo, algunas personas prefieren ponerse una inyección o tomar medicamentos cuando se ponen enfermas, antes que hacer ejercicio y cuidar de su salud. Esto es por pereza. Como las personas son perezosas y no quieren hacer ejercicio, no tiene sentido decirles nada. Al final, no pueden culpar a nadie cuando se ponen enfermas; en el fondo sabe cuál es la verdadera razón. Todo el mundo debería hacer una cantidad normal de ejercicio cada día. Yo todos los días debo caminar al menos una o dos horas y hacer algunos ejercicios necesarios. Esto me sirve no solo para fortalecer Mi complexión, sino también para prevenir enfermedades y sentirme mejor físicamente. El ejercicio no sirve únicamente para prevenir enfermedades, sino que también es una necesidad física normal. A este respecto, la exigencia de Dios a los seres humanos es que tengan un mínimo de perspicacia. No seas ignorante ni seas duro con tu cuerpo, sino obedece sus leyes naturales. No abuses de tu carne, pero tampoco te preocupes demasiado por ella. ¿Es fácil captar este principio? (Sí). En realidad, es muy fácil de captar, el quid está en si la gente lo pone en práctica. ¿Cuál es otra debilidad grave de la gente? Que siempre se deja llevar por la imaginación y piensa: “Si creo en Dios, no enfermaré, no envejeceré y, por supuesto, no moriré”. Es totalmente absurdo. Dios no hace estas cosas sobrenaturales. Él salva a las personas, les hace promesas y les pide que persigan y comprendan la verdad, se despojen de su carácter corrupto, alcancen Su salvación y entren en el hermoso destino del género humano. Sin embargo, Dios nunca ha prometido a nadie que no enfermará, envejecerá o morirá. Y, naturalmente, Dios no ha exigido a nadie que muera con las botas puestas. Cuando se trata de llevar a cabo el deber y el trabajo de la Iglesia, y de qué dificultades hay que soportar, a qué hay que renunciar, a qué hay que entregarse y qué hay que dejar atrás, la gente debe actuar según los principios. Cuando se trata de la vida material y las necesidades fisiológicas, la gente debe tener algo de sentido común y no vulnerar las necesidades normales de su cuerpo, por no hablar de las leyes y reglas que Dios le ha fijado. Evidentemente, este es también el mínimo sentido común que la gente debe tener. Si la gente ni siquiera sabe lidiar con las necesidades y leyes de su cuerpo físico y no tiene ningún tipo de sentido común, sino que se apoya exclusivamente en sus figuraciones y nociones, y hasta tiene ideas y métodos radicales con los que tratar su cuerpo físico, esas personas tienen un entendimiento absurdo. ¿Qué clase de verdad pueden comprender las personas de este calibre? Aquí hay un signo de interrogación. ¿De qué forma exige Dios a la gente que trate su cuerpo físico? Cuando Dios creó a las personas, les fijó unas reglas, por lo que a ti te exige que las sigas a la hora de tratar tu cuerpo físico. Estos son la exigencia y el criterio de Dios para las personas. No te apoyes en tus nociones y figuraciones. ¿Lo habéis entendido?

Bajo la inculcación e influencia del dicho sobre la conducta moral “muere con las botas puestas”, la gente no sabe cómo tratar su cuerpo físico ni cómo llevar una vida normal. Esto, por un lado. Por otro, la gente no sabe afrontar su muerte ni vivir de una forma que tenga sentido. Veamos, pues, la actitud de Dios ante la muerte de las personas. Independientemente del aspecto del deber que se cumpla, el objetivo de Dios es que la gente, en el transcurso de cumplir su deber, comprenda la verdad, la ponga en práctica, deseche su carácter corrupto, viva a semejanza de una persona normal y llegue al nivel necesario para alcanzar la salvación, en vez de precipitarse hacia la muerte. Algunas personas contraen una enfermedad grave o un cáncer, y piensan: “Dios me está pidiendo que muera y renuncie a vivir, ¡así que obedeceré!”. En realidad, Dios no dijo eso ni se le ocurrió semejante idea. No es más que un malentendido de la gente. ¿Y qué quiere Dios? Todo el mundo vive un determinado número de años, pero su esperanza de vida difiere. Todo el mundo muere cuando Dios lo decide, en el momento y lugar adecuados. Todo esto lo predestina Dios. Él hace que esto suceda de acuerdo con el tiempo de vida que ha predestinado para esa persona, así como el lugar y la forma de su muerte, en lugar de dejar que alguien muera por una cuestión arbitraria. Dios considera que la vida de una persona es muy importante y que también lo son su muerte y el final de su vida material. Todo esto lo predestina Dios. Desde este punto de vista, tanto si Dios le exige a la gente que cumpla su deber como que lo siga a Él, no le pide que se precipite hacia la muerte. ¿Qué significa esto? Que Dios no te exige que estés preparado para renunciar a vivir en cualquier momento por cumplir tu deber o esforzarte por Él, ni tampoco por Su comisión. No es preciso que hagas esos preparativos, que tengas semejante mentalidad ni, desde luego, que planees o pienses de ese modo, pues a Dios no le hace falta tu vida. ¿Por qué digo esto? Huelga decir que tu vida le pertenece a Dios, que Él te la concedió, así que ¿para qué la habría de querer recuperar? ¿Es valiosa tu vida? Desde la perspectiva de Dios, la cuestión no es si es valiosa o no, sino únicamente qué papel desempeñas tú en Su plan de gestión. En lo que respecta a tu vida, si Dios quisiera quitártela, podría hacerlo en cualquier momento, lugar e instante. Por tanto, la vida de cualquier persona es importante para ella misma, así como para sus deberes, obligaciones y responsabilidades, y también para la comisión de Dios. Por supuesto, también es importante para su papel en el plan de gestión de Dios en general. Aunque es importante, a Dios no le hace falta quitártela. ¿Por qué? Cuando te quitan la vida, te conviertes en una persona muerta y ya no tienes utilidad. Solo cuando estás vivo, viviendo entre la especie humana sobre la que Dios gobierna, puedes desempeñar el papel que te corresponde y cumplir con las responsabilidades y obligaciones que debes cumplir y los deberes que Dios te exige en esta vida. Solo cuando existes en esta forma, tu vida puede tener valor y dar cuenta de él. Así pues, no pronuncies a la ligera expresiones como “morir por Dios” o “dar mi vida por la obra de Dios”, ni las repitas ni las tengas en mente ni en lo más hondo del corazón; es innecesario. Cuando una persona quiere constantemente morir por Dios, ofrendarse y dar la vida por su deber, esto es lo más ruin, indigno y despreciable. ¿Por qué? Si tu vida ha terminado y ya no vives en esta forma carnal, ¿cómo puedes cumplir tu deber de ser creado? Si todo el mundo está muerto, ¿quién quedará para que Dios lo salve por medio de Su obra? Si no hay seres humanos que necesiten ser salvados, ¿cómo se llevará a cabo el plan de gestión de Dios? ¿Seguiría existiendo la obra de Dios para salvar al género humano? ¿Podría continuar? Desde estos puntos de vista, ¿no es importante que la gente cuide de su cuerpo y lleve una vida sana? ¿No merece la pena? Desde luego que sí, y la gente debería hacerlo. En cuanto a los idiotas que tranquilamente dicen: “En el peor de los casos, moriría por Dios”, y que son capaces de quitarle importancia a la muerte a la ligera, de renunciar a vivir y de maltratar su cuerpo, ¿qué clase de personas son? ¿Son gente rebelde? (Sí). Son la gente más rebelde que hay, a la cual hay que despreciar y desdeñar. Cuando alguien es capaz de afirmar alegremente que moriría por Dios, podría decirse que está pensando alegremente en poner fin a su vida, renunciar a su deber, renunciar a la comisión que Dios le ha confiado y evitar que se cumplan en él las palabras de Dios. ¿No es una forma necia de hacer las cosas? Tú puedes renunciar a tu vida alegremente y de buena gana y decir que quieres ofrendársela a Dios, pero ¿le hace falta a Dios que se la ofrendes? Si tu vida le pertenece a Dios y Él puede quitártela en cualquier momento, ¿de qué sirve ofrendársela? Si no se la ofrendas, pero Dios la necesita, ¿te la pedirá amablemente? ¿Será preciso que lo hable contigo? No. No obstante, ¿para qué querría Dios tu vida? Una vez que Dios recupere tu vida, ya no podrás cumplir tu deber y faltará una persona en el plan de gestión de Dios. ¿Le haría gracia y estaría satisfecho con ello? ¿A quién le haría gracia y estaría satisfecho realmente? (A Satanás). Si renuncias a tu vida, ¿qué puedes ganar con ello? ¿Y qué puede ganar Dios quitándotela? Si pierdes la ocasión de salvarte, ¿Dios sale ganando o perdiendo? (Perdiendo). Dios no sale ganando, sino perdiendo. Dios te permite, como ser creado, tener la vida y asumir el lugar de uno para cumplir con tu deber como tal, y así poder entrar en la realidad-verdad, someterte a Dios, comprender Sus intenciones y conocerlo, seguir Su voluntad, cooperar con Él en lograr Su obra de salvación del género humano y seguirlo hasta el final. Esto es rectitud, y estos son el valor y el sentido de la existencia de tu vida. Si tu vida existe y tú vives sanamente para esto, entonces es lo que más sentido tiene y, en lo que respecta a Dios, es auténtica consagración y cooperación: lo que más lo satisface a Él. Lo que Dios quiere es que un ser creado que viva en la carne se despoje de su carácter corrupto durante Su castigo y juicio, que rechace la infinidad de ideas falaces que le ha inculcado Satanás y que sea capaz de aceptar las verdades y exigencias de Dios, de someterse plenamente al dominio del Creador, de cumplir con el deber que corresponde a un ser creado y de convertirse en uno de verdad. Esto es lo que quiere Dios, y estos son el valor y el sentido de la existencia de la vida humana. Por consiguiente, para cualquier ser creado, la muerte no es el destino final. El valor y el sentido de la existencia de la vida humana no consisten en morir, sino en vivir para Dios, existir para Dios y para el propio deber, existir para cumplir los deberes y responsabilidades de un ser creado, seguir la voluntad de Dios y humillar a Satanás. Este es el valor de la existencia de un ser creado, así como el sentido de su vida.

En cuanto a las exigencias de Dios a las personas, la forma en que Dios trata la vida y la muerte de aquellas es completamente distinta a la expuesta en el dicho “muere con las botas puestas” de la cultura tradicional. Satanás desea constantemente que la gente muera. Se siente incómodo al ver a la gente viva y piensa constantemente en cómo cobrarse su vida. Una vez que las personas aceptan las ideas falaces de la cultura tradicional procedentes de Satanás, lo único que quieren es sacrificar sus vidas por su país y su nación, por su profesión, por amor o por sus familias. Desprecian constantemente sus propias vidas, están dispuestas a morir y a entregarlas en cualquier lugar y momento, y no consideran la vida que Dios les dio como lo más preciado y algo que haya que valorar. Incapaces de cumplir sus deberes y obligaciones en la vida, mientras todavía tienen la vida que Dios les ha dado, aceptan, por el contrario, las falacias y palabras endiabladas de Satanás, siempre con la intención de morir con las botas puestas y preparadas para hacerlo por Dios en cualquier momento. El caso es que, si realmente mueres, no lo haces por Dios, sino por Satanás, y Dios no te recordará: los vivos son los únicos que pueden glorificar a Dios, dar testimonio de Él, asumir el lugar propio de los seres creados y cumplir sus deberes, y, por tanto, no dejan tras de sí remordimiento alguno, pueden humillar a Satanás y dar testimonio de las maravillosas obras y la soberanía del Creador; los vivos son los únicos que pueden hacer estas cosas. Si tú ni siquiera tienes vida, todo esto deja de existir. ¿No es así? (Sí). Por ello, al postular el dicho sobre la conducta moral “muere con las botas puestas”, es incuestionable que Satanás está jugando con la vida humana y pisoteándola. Satanás no respeta la vida humana, sino que juega con ella para que las personas acepten ideas como la de “muere con las botas puestas”. Viven de acuerdo con esas ideas y no valoran su vida ni la consideran valiosa, de modo que renuncian alegremente a ella, lo más preciado que Dios les da. Esto es traicionero e inmoral. Mientras no haya llegado la fecha límite que Dios te ha predestinado, en ningún momento debes hablar a la ligera de renunciar a tu vida. Mientras te quede aliento, no te rindas, no abandones tu deber y no abandones la encomienda y comisión que Dios te ha confiado, pues la vida de todo ser creado existe únicamente para el Creador, Su soberanía, Su instrumentación y disposiciones y, asimismo, existe y da cuenta de su valor únicamente para dar testimonio del Creador y de Su obra de salvar al género humano. Ya ves que el punto de vista de Dios sobre la vida humana es completamente distinto al de Satanás. Entonces, ¿quién valora verdaderamente la vida humana? (Dios). Nadie sino Dios, mientras que la gente no sabe valorar su propia vida. Dios es el único que valora la vida humana. Aunque los seres humanos no sean entrañables ni dignos de amor y estén rebosantes de inmundicia, de rebeldía y de los numerosos tipos de ideas y puntos de vista absurdos que les ha inculcado Satanás, y aunque idolatren y sigan a Satanás tanto como para oponerse a Dios, sin embargo, como son creación de Dios y Él les otorga aliento y vida, solo Él valora la vida humana, solo Él ama a la gente y solo Él cuida y valora constantemente al género humano. Dios valora a los seres humanos —no sus cuerpos físicos, sino sus vidas— porque los seres humanos, a los que Dios ha dado vida, son los únicos que pueden, en última instancia, convertirse en seres creados que realmente lo adoren y den testimonio de Él. Dios tiene obras, comisiones y expectativas para las personas, dichos seres creados. Por tanto, Dios valora y atesora su vida. Esta es la verdad. ¿Lo entendéis? (Sí). Así pues, una vez que las personas logran comprender las intenciones de Dios el Creador, ¿no debe haber unos principios acerca de cómo deben tratar la vida de su cuerpo físico y cómo abordar las leyes y necesidades por las que este sobrevive? ¿En qué se fundamentan dichos principios? En las palabras de Dios. ¿Cuáles son los principios de su práctica? Por el lado pasivo, la gente debe abandonar los numerosos tipos de puntos de vista falaces que le ha inculcado Satanás, poner al descubierto y reconocer lo falaz de estos —como el dicho “muere con las botas puestas”—, que insensibilizan, perjudican y confinan a la gente, y abandonar esos puntos de vista; además, por el lado activo, debe comprender con precisión cuáles son las exigencias de Dios el Creador al género humano y fundamentar todos sus actos en las palabras de Dios. De este modo, la gente podrá practicar correctamente, sin extravíos, y perseguir sinceramente la verdad. ¿Qué es perseguir la verdad? (Contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar en todo de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio). Es correcto resumirlo con estas palabras.

Hoy hemos hablado principalmente sobre cómo afrontar la muerte y cómo afrontar la vida. Satanás pisotea, asola y arrebata la vida a las personas. Las desorienta e insensibiliza inculcándoles ideas y puntos de vista falaces y hace que traten con desprecio lo más valioso que tienen, su vida, con lo que trastorna y destruye la obra de Dios. Decidme, si todas las personas del mundo entero quisieran morir y pudieran hacerlo alegremente, ¿no se sumiría la sociedad en el caos? Entonces, ¿les resultaría difícil a los seres humanos sobrevivir y existir? (Sí). ¿Y cuál es la actitud de Dios hacia la vida humana? La valora. Dios valora y atesora la vida humana. ¿Qué senda de práctica debe adquirir la gente a partir de estas palabras de Dios? Durante su vida, mientras aún tenga vida y aliento, que son las cosas más valiosas que le ha dado Dios, la gente debe perseguir y comprender adecuadamente la verdad y cumplir sus deberes de seres creados según las exigencias y los principios de Dios, sin dejar tras de sí remordimiento alguno, para que un día pueda asumir el lugar de un ser creado y dar testimonio y adorar al Creador. Con ello, dará valor y sentido a su vida, al vivir no para Satanás, sino para la soberanía de Dios, Su obra y Su testimonio. La vida de las personas tiene valor y sentido cuando estas son capaces de dar testimonio de los actos y la obra de Dios. Sin embargo, no cabe afirmar que la vida humana haya alcanzado entonces su momento más glorioso. Esto no es del todo correcto, porque a ese momento aún no se ha llegado. Una vez que realmente hayas comprendido la verdad, la hayas obtenido, hayas alcanzado el conocimiento de Dios y puedas asumir el lugar de un ser creado para adorarlo y dar testimonio de Él, de la soberanía del Creador, de Sus actos, de Su esencia y de Su identidad, entonces, el valor de tu vida habrá alcanzado su apogeo y plenitud máximos. El objetivo y la trascendencia de decir todo esto es hacerte comprender el valor y el sentido de la existencia de la vida y cómo debes tratar a la tuya propia, para que en función de esto decidas qué senda seguir. Es la única manera de estar en consonancia con las intenciones de Dios.

4 de junio de 2022

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