Qué significa perseguir la verdad (14)

Hemos dedicado algo de tiempo a compartir y diseccionar la cuestión de las afirmaciones sobre la conducta moral en la cultura tradicional. ¿Tenéis alguna experiencia real en relación con dicho asunto? (Antes solo reconocía que esos enunciados de conducta moral no eran verdad, pero no me daba cuenta del nivel de profundidad con el que han corrompido a la humanidad. Con Tu enseñanza y análisis me he dado cuenta de que los diversos enunciados de conducta moral que Satanás les inculca a las personas parecen correctos y buenos a ojos de estas, pero que han corrompido, paralizado y cautivado los pensamientos de la gente, lo que hace que esta niegue y se resista a Dios y se aleje cada vez más de Él. Así ha corrompido Satanás a la humanidad, paso a paso, hasta el día de hoy). Si Yo no hablara de manera detallada de estas cosas, ¿sabría la gente reconocerlas por sí misma? ¿Sabría diseccionar la esencia de esos enunciados de conducta moral? (La gente no sabría diseccionar ni desentrañar la esencia de esos enunciados de conducta moral). ¿Y tras una experiencia prolongada? (La gente podría reconocer los problemas de algunos enunciados de conducta moral, pero no sabría analizar claramente su esencia). A menudo, a la gente le gusta considerar iguales los dichos famosos de la cultura tradicional y la verdad y mezclarlos, especialmente cuando se trata de cosas que guardan similitudes superficiales con la verdad o que parecen ajustarse a la moral humana, a los criterios de sus conciencias y a los sentimientos humanos. Todo el mundo cree que esas cosas son positivas y acordes con la verdad, pero nadie ve que tienen su origen en Satanás y que en realidad son negativas. Entonces, ¿es positivo algo de lo que Satanás le inculca al hombre? (No). No hay absolutamente nada positivo en esas cosas. Al contrario, todas son negativas y ponzoñas satánicas. Eso está fuera de toda duda. Y vosotros, ¿habéis llegado a conocer y descubrir esas cosas negativas y esas ponzoñas satánicas? ¿Queda algo en vuestra mente que se parezca a esas cosas de la cultura tradicional que consideráis correctas? Si lo hay, es una lacra, ¡un cáncer! Deberíais meditar más sobre ello ahora, así como observarlo detenidamente y prestarle atención en la vida diaria. Mirad si hay algo que se parezca a aquello que defiende la cultura tradicional en lo que dicen los demás, en lo que oís, en las cosas que os impresionan o que recordáis, o en las que admitís para vuestros adentros y consideráis valiosas. Si lo hay, debéis discernirlo y analizarlo, para luego apartaros de ello por completo. Eso os será de utilidad en vuestra búsqueda de la verdad.

Algunos citan la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” al redactar artículos de testimonios vivenciales. Debéis discernir si este enunciado es correcto o incorrecto, positivo o negativo, y si guarda relación con la verdad, con las exigencias de Dios y con los principios que las personas deben poseer al abordar ciertos asuntos. ¿Es cierto el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”? ¿Se ajusta a la verdad? ¿Es fruto de las leyes y normas fijadas por Dios? ¿Tiene algo que ver con el hecho de que Dios es soberano sobre todas las cosas? Adelante, compartid qué es lo que sabéis y entendéis acerca de este enunciado. (Yo también he dicho esto antes, especialmente al organizar el trabajo de la iglesia. Si el personal no es asignado oportunamente según los principios, a veces esto echa a perder el trabajo. Si el personal es asignado según los principios, el trabajo se puede hacer bien. En aquel entonces consideraba muy importantes y trascendentales los cargos de las personas, por eso cité la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”. Ahora me doy cuenta de que carecía de comprensión respecto de la soberanía y omnipotencia de Dios. Siempre centraba mi interés en el cargo de las personas, y en mi corazón no había lugar para Dios en absoluto). ¿Quién más quiere compartir su opinión? (El enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” no es un testimonio de Dios, sino de los seres humanos, como si el éxito dependiera del esfuerzo humano. Supone negar la soberanía de Dios y equivale a dar testimonio de Satanás. Si se siembra este enunciado en el corazón de las personas, con el tiempo, cuando afronten problemas, pensarán que solo han de encontrar a las personas adecuadas para tener éxito, y no tendrán fe en Dios ni confiarán en Él. Por tanto, es un enunciado particularmente distorsionado). En esencia, entendéis que este enunciado no es correcto ni positivo y que, desde luego, no es verdad. Entonces, ¿por qué lo usáis? Si lo usáis, ¿qué problema queda en evidencia? (Que carecemos de discernimiento sobre este enunciado). ¿Por qué carecéis de discernimiento? ¿Porque todavía creéis que dicho enunciado tiene una vertiente correcta y válida? (Sí). ¿Y qué hay de malo en este enunciado? ¿Por qué, según vosotros, no es correcto ni positivo? En primer lugar, veamos si se ajusta a las leyes objetivas de las cosas. A primera vista, parece que son las personas las que realizan una tarea determinada. Organizan el trabajo, lo realizan y hacen seguimiento de él. Desempeñan un papel crucial en cada paso y al final determinan los resultados y el progreso de dicho trabajo. Aparentemente, las causas, el proceso de desarrollo de las cosas y los resultados de todo ello los determinan las personas. Sin embargo, en realidad, ¿quién rige, instrumenta y dispone todo esto? ¿Tiene esto algo que ver con la gente? ¿Acepta la gente de forma pasiva las instrumentaciones del destino y del Soberano, o controla todo ella misma de manera activa? (Acepta de forma pasiva). Toda persona acepta de forma pasiva la soberanía, las instrumentaciones y las disposiciones de Dios. ¿Qué papel desempeñan las personas? ¿No son marionetas en manos de Dios? (Sí). Las personas son como marionetas movidas por hilos. El hilo del que se tira determina sus actos y expresiones. A dónde va la gente, lo que dice y lo que hace cada día…, ¿en qué manos está todo esto? (En las de Dios). Todo está en manos de Dios. La gente acepta pasivamente la soberanía de Dios. Durante todo este proceso, Dios decide lo que Él hará, si dejará a alguien en evidencia, qué cambios y progresos obrará en este asunto y cuándo, cuál será el resultado final y a quién desenmascarará o descartará; decide qué lecciones aprenderá la gente de este asunto, qué verdades comprenderá, qué conocimiento de Dios conseguirá tener, qué puntos de vista hará que la gente cambie y qué nociones hará que esta deje atrás. ¿Puede la gente lograr todo esto que Él hace? ¿Puede? (No). No puede. No puede lograrlo. A lo largo de toda la evolución de cualquier asunto, las personas simplemente hacen las cosas pasiva y consciente o inconscientemente, pero ninguna persona puede prever las causas, el proceso, los resultados finales y los frutos conseguidos en todo el asunto ni controlar ninguna de estas cosas. ¿Quién prevé y controla todo esto? ¡Únicamente Dios! Trátese de un acontecimiento importante que ocurre en el universo o de un pequeño suceso en cualquier rincón de cualquier planeta, no depende de las personas. Ninguna persona puede controlar las leyes que lo rigen todo ni el proceso del progreso de todas las cosas y su resultado último. Ninguna persona puede prever el futuro de todo ni predecir lo que va a suceder, y ni mucho menos controlar el resultado último de todas las cosas. Solo Dios, soberano sobre todas las cosas, lo controla y rige todo. La gente solo puede tener la función de desempeñar distintos papeles, positivos o negativos, en ambientes tanto grandes como pequeños y con diversos tipos de personas, acontecimientos y cosas que Dios rige, instrumenta y dispone. Esta es la función de las personas y el rol que desempeñan. Cuando algo no sale bien o los resultados no parecen tan buenos como se esperaba, y el desenlace no es el que quiere la gente, cuando el desenlace incluso le acarrea gran tristeza y dolor, la gente tampoco tiene soberanía sobre ello, no puede preverlo ni, indudablemente, controlarlo. Si el resultado final de algo es muy bueno, tiene una repercusión muy positiva y activa, es enormemente edificante para las personas y tiene honda influencia en ellas, viene de Dios. Si algo no alcanza el resultado deseado, si el desenlace no es muy bueno ni optimista y si parece tener repercusiones negativas sobre las personas, en vez de consecuencias positivas y activas, la totalidad del proceso de ese asunto también está instrumentado y dispuesto por Dios. No lo controla ninguna persona. No hablemos de cosas lejanas; hablemos de lo que se puede observar en la iglesia, como la presencia de anticristos. Desde que un anticristo llega y comienza a actuar, es ascendido al puesto de líder u obrero y asume un trabajo importante en la iglesia, hasta que los hermanos y hermanas revelan que es un anticristo, disciernen y lo dejan en evidencia, y finalmente se lo descarta y rechaza; durante todo este proceso, muchas personas se dejan desorientar, algunas incluso siguen al anticristo y otras experimentan perjuicios en la entrada en la vida por influencia del anticristo, etc. Aunque todo esto tiene su origen en las perturbaciones de Satanás y es obra de los siervos de Satanás, ¿acaso significa que Dios no ve que suceden y se desarrollan todas estas cosas? ¿No conoce cuáles serán las consecuencias de la presencia de un anticristo? ¿No sabe la repercusión que un anticristo tendrá sobre la iglesia y sobre los hermanos y hermanas? ¿Es todo esto, sencillamente, fruto de un fracaso provocado por la gente? Ante la irrupción de cosas negativas como estas, la gente suele pensar: “¡Oh, no! Satanás aprovechó un punto débil allí, fue Satanás quien perturbó las cosas”. Lo que insinúan es: “¿Por qué Dios no estaba vigilando? ¿No escruta Él todo? ¿Acaso no es omnipresente ni omnipotente? ¿Dónde estaban Su autoridad y Su poder?”. Surgen dudas en el corazón de la gente. ¿Cuál es el origen de estas dudas? Como el desenlace del acontecimiento es negativo, indeseable y no el que quiere la gente, y ni mucho menos se ajusta a sus nociones y figuraciones, esto asesta un golpe a su sagrada fe en Dios. La gente no es capaz de entenderlo, y piensa: “Si Dios es soberano sobre todas las cosas y lo controla todo, ¿por qué ocurriría algo como que un anticristo desoriente a la gente ante nuestros ojos? ¿Por qué sucedería algo tan indeseable en la iglesia y entre los hermanos y hermanas?”. Surgen dudas en el corazón de la gente, y su fe en que “Dios es omnipotente y omnipresente” se ve cuestionada. Una vez que se pone en duda la fe de la gente en Dios, si le preguntas: “¿Quién tiene la culpa de que tú empieces a tener nociones sobre Dios?”, responde: “La culpa es de Satanás”. Sin embargo, como el hombre no ve a Satanás, ¿sobre quién debería recaer esta responsabilidad en última instancia? Debería recaer sobre el anticristo o sobre el grupo del anticristo. La gente dirá que aquellos que se dejaron desorientar por el anticristo, y cuya vida se vio perjudicada, merecían dejarse desorientar por el anticristo. Al final, ¿a qué enunciado se reduce lo que la gente comprende acerca de todo este asunto? “El éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”. Esa es la conclusión a la que llega. ¿Dónde sitúa a Dios en todo esto? Al no entender que Dios es soberano sobre todo, atribuye, en cambio, todo lo que sucede a la teoría vacía de que “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”.

Cuando la gente ve que suceden cosas relativamente buenas y positivas a su alrededor —como cuando el Espíritu Santo realiza una obra poderosa y todo el mundo tiene mucha fe, cuando la gente se mantiene firme incluso en medio de la persecución y la adversidad sin que nadie se vuelva un judas, y cuando no se produce perjuicio alguno a las posesiones de la casa de Dios y a la vida de los hermanos y hermanas—, dice: “Esta es la protección de Dios. Este éxito no lo ha provocado la gente; sin duda, es obra de Dios”. Supongamos que las cosas que la gente ve que suceden a su alrededor son indeseables; por ejemplo, la iglesia se enfrenta a la represión y detención del gran dragón rojo y las posesiones de la iglesia son incautadas por Satanás. Supongamos que la vida de los hermanos y hermanas se ve perjudicada y el pueblo escogido de Dios está disperso por todas partes, desplazado y sin poder volver a casa. Supongamos que se disuelve la vida de iglesia y sus miembros ya no pueden llevar la misma vida de iglesia que antes. Imagina que ya no pueden llevar una vida alegre y feliz de coexistencia pacífica con sus hermanos y hermanas, reuniéndose a comer y beber las palabras de Dios y cumpliendo con el deber, y que algunas personas malvadas y incrédulos empiezan a difundir nociones para desorientar a los demás, haciéndoles perder la fe en Dios y caer en la negatividad y la debilidad. En esos momentos, la gente no puede evitar quejarse. Como no se atreve a quejarse de Dios, se queja así: “Fulano es una persona malvada, fulano es Satanás, fulano es un diablo. Si no hubiera sido descuidado en las reuniones y no lo hubieran detenido, no habríamos llegado a esta situación que no nos permite volver a casa. Si no fuera por él, seguiríamos viviendo felices la vida de iglesia, comiendo y bebiendo las palabras de Dios y cumpliendo con el deber con normalidad. Todo esto se debe a cierta persona, cierto diablo, cierto Satanás o cierto régimen satánico”. Aunque la gente no se atreve a albergar quejas contra Dios ni a atribuirle la responsabilidad de toda la situación, en ese momento han desarrollado cierta desconfianza inexplicable, ni grande ni insignificante, hacia Él. ¿Qué brotará de estos pensamientos que albergan esta desconfianza? La gente dirá: “He aprendido una lección de esta experiencia. A partir de ahora, examinaré detenidamente todo lo que se me presente y me lo pensaré dos veces antes de actuar. No seré imprudente y no confiaré fácilmente en nadie. Tendré mucho cuidado en todas las situaciones y aprenderé a protegerme”. ¿Sigue llevando a Dios en el corazón? ¿Sigue confiando en Dios y teniendo fe en Él? Algunas personas contestan: “¡Cómo no! En el fondo aún creo en Dios y tengo sincera confianza en Él”. Sin embargo, para sus adentros se dicen a sí mismas: “No confíes tan fácilmente en las palabras de Dios. Dios siempre prueba y refina a las personas. ¡No se puede confiar en Dios! Mira lo que ha pasado ante nuestros ojos. El gran dragón rojo ha detenido a miembros de nuestra iglesia. ¿Por qué no nos protegió Dios? ¿Desea ver perjudicados los intereses de Su casa? ¿Acaso siente apatía cuando los incrédulos desorientan a la gente? Si Él realmente lo ve, ¿por qué no se preocupa? ¿Por qué no lo evita ni impide? ¿Por qué no nos da esclarecimiento para discernir que la persona que nos desorienta es malvada e incrédulo, alejarnos de ella lo antes posible y eludir todas estas consecuencias? ¿Por qué no nos protege cuando un incrédulo desorienta a la gente? ¡Bastaría incluso una rápida advertencia!”. No obtienen respuesta a todos estos interrogantes ni son capaces de obtenerla. Al final, tras esta experiencia, la conclusión a la que llegan es: “Confiaré en Dios en aquellos asuntos en los que deba confiar en Él, y en mí mismo en aquellos asuntos en los que no deba confiar en Dios. No puedo ser un necio. Los hermanos y hermanas debemos aprender a unirnos para darnos calor humano y ayudarnos. En todo lo demás, dejemos que Dios haga lo que quiera. No podemos controlarlo”. Si el gran dragón rojo detiene al pueblo escogido de Dios, el trabajo y la vida de la iglesia se verán enormemente obstaculizados, y el cumplimiento del deber por parte de los hermanos y hermanas, enormemente afectado. En esos momentos surgirán incrédulos y anticristos para trastornar y desorientar, propagando herejías y falacias y afirmando que las detenciones se produjeron porque los líderes y obreros se oponían a las intenciones de Dios, y la gente se dejará desorientar por estos anticristos y personas malvadas. Cuando ocurren estos acontecimientos que no se ajustan a las nociones y figuraciones humanas ni a sus sentimientos, la gente nunca aprende ninguna lección de ellos. Jamás llega a comprender la soberanía, las instrumentaciones y el carácter de Dios a partir de estos acontecimientos. Nunca capta las intenciones de Dios ni entiende qué lecciones Él quiere que aprenda, qué edificación quiere que reciba y qué discernimiento quiere que adquiera a partir de estos acontecimientos. La gente no conoce ninguna de estas cosas y no sabe cómo experimentarlas. Por tanto, cuando se trata de todo aquello que ven que ocurre a su alrededor, la gente cree sinceramente que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es certera, y más fiable y real que el hecho de que “Dios es soberano sobre todas las cosas, Dios es omnipresente y Dios lo escruta todo”. De hecho, en el fondo, vosotros seguís creyendo que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es más real, que los seres humanos lo deciden todo, y parece algo difuso eso de que todo lo decide Dios. ¿Por qué piensa la gente que es difuso? ¿Por qué piensa la gente que el enunciado “todo lo decide Dios” es poco fiable? En teoría, porque no comprende la verdad y no conoce a Dios, pero, en realidad, ¿cuál es el motivo? (Que, en realidad, la gente no reconoce ni cree que Dios sea soberano sobre todo). Es correcto, la gente no cree ni reconoce que Dios es soberano sobre todo, pero hay un motivo más concreto: que la frase “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” revela la perspectiva errada de la gente a la hora de considerar las cosas buenas y malas. La gente cree que las cosas que le aportan paz, alegría, consuelo y felicidad son buenas y provienen de Dios. Hay cosas que inquietan o asustan a la gente, que la hacen llorar, sufrir o sentir tanta pena que desearía estar muerta; algunas incluso hacen imposible que la gente tenga una vida de iglesia y un entorno normales para cumplir con su deber. Este tipo de cosas son consideradas por la gente “cosas malas”. El término “cosas malas” debe entrecomillarse. ¿Pueden las “cosas malas” causar un efecto positivo sobre la gente? Las personas no ven ni sienten esos efectos positivos, así que, en su opinión, el “todo” sobre el que Dios es soberano únicamente abarca las cosas que les aportan paz, alegría, saciedad, beneficios, edificación y ganancia, así como las que fortalecen su fe en Dios. Esas son las cosas que la gente cree que forman parte de la soberanía de Dios sobre todas las cosas. En cambio, si, a primera vista, algunas cosas parecen provocar sufrimiento en la vida de la gente y perjuicios a los intereses de la iglesia, si algunas personas se desorientan y otras llegan incluso a ser descartadas, y si las hay que pasan por sucesos desafortunados y soportan cierto dolor, la gente cree que esas cosas no guardan relación con la soberanía de Dios y que son obra de Satanás. Piensan que, si fueran obra de Dios, esas cosas negativas no se presentarían ni existirían; eso es lo que ha resuelto la gente. Por consiguiente, su comprensión de la frase “Dios es soberano sobre todo” es muy unilateral y superficial. Se limita a las nociones humanas, está repleta de emociones humanas y no coincide con la realidad. Permitidme que os ponga un ejemplo. Dios creó toda clase de insectos y pájaros. Algunos dicen: “Creo que todas las cosas que Dios creó son importantes, que todos son unos insectos beneficiosos y buenos. Dios creó las abejas y todo tipo de aves buenas. Los mosquitos siempre pican a la gente y propagan enfermedades, así que no son buenos. Tal vez Dios no los creó”. ¿No es una comprensión distorsionada? Efectivamente, todas las cosas fueron creadas por Dios. Hay un único Dios, el Creador, y todo lo que vive y lo que no vive proviene de Dios. Según sus nociones, la gente solo cree que los diversos insectos beneficiosos, los pájaros y las demás criaturas beneficiosas provienen de Dios; en cuanto a moscas, mosquitos, chinches y algunos animales carnívoros que el hombre considera especialmente violentos, esas criaturas no parecen provenir de Dios y, aunque así fuera, no son buenas. ¿No es esa una noción humana? Según sus ideas y nociones, estas cosas se han ido clasificando sistemáticamente: todo lo que les gusta a los seres humanos o los beneficia se considera positivo y creado por Dios, mientras que todo lo que les desagrada o los perjudica se considera negativo y no creado por Dios y podría haber sido creado por Satanás o fruto de la naturaleza. En su opinión, la gente a menudo piensa inconscientemente que “moscas, mosquitos y chinches no son cosas buenas, no las creó Dios. Por supuesto, Dios no crearía cosas así”. O bien piensa: “Los leones y los tigres siempre se comen las ovejas y las cebras, son excesivamente crueles. No son cosas buenas. Los lobos son siniestros, astutos, feroces, violentos y crueles. Los lobos son malos, pero las vacas y las ovejas son buenas, y los perros aún mejores”. Si algo creado por Dios es bueno o no, no se evalúa en función de las necesidades emocionales o los gustos humanos, así no se evalúan estas cosas. Dios creó todo tipo de animales, como cebras, ciervos y diversas variedades de herbívoros, así como feroces carnívoros como leones, tigres, leopardos y cocodrilos, que son especialmente violentos, incluidos algunos depredadores que pueden matar a su presa de un solo mordisco. Buenos o malos estos animales a ojos de los seres humanos, todos fueron creados por Dios. Algunas personas ven que los leones comen a las cebras y piensan: “¡Ay, pobre cebra! Los leones son tan feroces que comen a las cebras”. Cuando ven que un lobo devora una oveja, reflexionan: “Los lobos son muy crueles y astutos. ¿Por qué creó Dios los lobos? Con lo lindas, buenas y mansas que son las ovejas. ¿Por qué no creó Dios nada más que animales mansos? Los lobos son enemigos naturales de las ovejas, así que ¿por qué creó Dios los lobos y las ovejas?”. No entienden el misterio que subyace a esto y siempre albergan nociones y figuraciones humanas. Cuando se produce un incidente en que un anticristo desorienta a la gente en la iglesia, hay quienes preguntan: “Si Dios se apiada de esta humanidad, ¿por qué creó a Satanás? ¿Por qué permite que Satanás corrompa a la humanidad? Ya que Dios nos ha escogido a nosotros, ¿por qué permite que surjan anticristos en la iglesia?”. No lo entendéis, ¿verdad? Esa es la soberanía de Dios. Así rige Dios sobre todas las cosas, y precisamente porque las rige de este modo es posible la normal existencia de todas ellas en el marco de las reglas y leyes que Él ha decretado. Si Dios te protegiera y evitara que surgieran anticristos en la iglesia, ¿sabrías lo que son los anticristos? ¿Sabrías cómo es el carácter de un anticristo? Si solamente se te informara de algunas palabras y doctrinas sobre cómo discernir a los anticristos, sin llegar realmente a conocer a ninguno, ¿sabrías discernirlos? (No). Para nada. Si no se permitiera la aparición de anticristos y personas malvadas, serías siempre como una flor de invernadero: en cuanto hubiera un cambio brusco de temperatura, te marchitarías bajo una repentina ola de frío, incapaz de resistirla. Por lo tanto, si la gente quiere comprender la verdad, debe aceptar y someterse a todos los ambientes, personas, acontecimientos y cosas que Dios instrumenta y sobre los que rige. “Todas las personas, acontecimientos y cosas” abarca lo positivo y lo negativo, las cosas que se ajustan a tus nociones y figuraciones y las que no. Abarca las cosas que consideras positivas y las negativas que te desagradan, las que concuerdan con tus sentimientos y las que no se ajustan a estos ni a tus gustos. Debes aceptar todas esas cosas. ¿Qué objetivo tiene aceptarlas todas? No se trata solo de ampliar tus conocimientos y tu experiencia, sino de que llegues a conocer las palabras de Dios de manera más práctica y concreta, comprendas la verdad y experimentes la veracidad y exactitud de las palabras de Dios por medio de estos hechos. A la larga, corroborarás que las palabras de Dios son la verdad y aprenderás lecciones a partir de personas, acontecimientos y cosas distintos y esto te permitirá comprender más verdades, desentrañar muchas cosas y te enriquecerás aún más. El resultado último de esto es que podrás conocer al Creador gracias a la aparición y evolución de diferentes personas, acontecimientos y cosas, llegarás a comprender Su carácter y esencia y aprenderás que Él rige e instrumenta todas las cosas.

Independientemente de si los acontecimientos que ves que ocurren a tu alrededor son percibidos por el hombre como buenos o malos, de si son los que quieres o no, de si te aportan alegría y felicidad o tristeza y dolor, debes considerarlos personas, acontecimientos y cosas que albergan lecciones que aprender y verdades que buscar, y cosas que provienen de Dios. No suceden por casualidad, no son fruto de los seres humanos, no los provoca ninguna persona y no son algo que ninguna persona pueda controlar. Por el contrario, es Dios quien las gobierna a todas, las instrumenta y dispone. Ningún acontecimiento surge de la voluntad humana como si cualquiera pudiera controlarlo solo con desearlo. Dios rige e instrumenta todo el proceso de aparición, desarrollo y transformación de todas las personas, acontecimientos y cosas hasta que alcanzan su resultado final. Si no lo crees, prueba a experimentar y observar las cosas de acuerdo con las palabras y los principios de los que he hablado. Comprueba si lo que digo es cierto. Comprueba si el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” en el que vosotros creéis es correcto, o si es el enunciado “Dios rige e instrumenta la aparición y evolución de todas las personas, acontecimientos y cosas hasta su resultado final” es acertado. Averigua cuál de estos dos enunciados es correcto, cuál está en consonancia con la realidad, cuál edifica y beneficia a la gente y cuál hace que la gente conozca a Dios y tenga sincera fe en Él. Cuando experimentes todo lo que sucede a tu alrededor con la óptica y la actitud de que Dios lo rige e instrumenta todo, tu idea y tu perspectiva de las cosas serán totalmente distintas. Si te limitas a contemplar todas las cosas y cuestiones desde la perspectiva del enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, entonces, por decirlo suavemente, cuando te suceda algo, te dejarás enredar de forma natural e involuntaria por la idea de lo que está bien y mal, tratarás de responsabilizar a las personas y analizarás las causas de los diversos sucesos, los factores que acarrearon consecuencias adversas en distintas cuestiones, etc., en vez de buscar los principios-verdad y las intenciones de Dios en función de Sus palabras. Cuanto más creas en el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, más te dominarán los puntos de vista de los incrédulos. Luego, el resultado final de todo lo que vivas estará cada vez más en desacuerdo con la verdad, y tu fe en Dios se volverá mera doctrina o consigna. A esas alturas te habrás convertido en un absoluto incrédulo. En otras palabras, cuanto más creas en el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, más incrédulo demostrarás ser. Si no llevas a Dios ni Sus palabras en el corazón, si no reconoces ni aceptas en absoluto ninguna de las palabras, verdades o cosas positivas de Dios, si no ocupan ningún lugar en tu corazón, entonces, las profundidades de tu alma han sido ocupadas por completo por Satanás, están repletas de los pensamientos e ideas de la evolución y el materialismo, que son las palabras endiabladas de los diablos y de Satanás. Crees en todos los hechos que ves con tus ojos, pero no crees que Aquel que rige todo el universo, Aquel al que nadie puede ver, exista realmente. Si lo contemplas todo desde la perspectiva de que “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, eres igual a Satanás y a los materialistas. Sin embargo, si contemplas todo desde la perspectiva de que “en el mundo, todo lo rige y dispone Dios”, a pesar de que no serás capaz de ver algunas cosas con claridad, sabrás buscar respuestas referidas a acontecimientos concretos que veas a tu alrededor, buscar la raíz de la cuestión y la esencia y la verdad del problema en las palabras de Dios. No indagarás en quién tenía razón y quién no, no intentarás, simplemente, responsabilizar a nadie; por el contrario, serás capaz de comparar el asunto con las palabras de Dios y de buscar la raíz e identificar el punto donde radica el problema, y examinarás en qué fallaron las personas, de qué carecían, qué carácter corrupto revelaron, de qué manera manifestaron su rebeldía y qué aspectos suyos fueron incompatibles con Dios durante el trascurso de todo el asunto. Serás capaz de buscar qué intenciones y objetivos tenía Dios al hacerlo, qué quería conseguir en la gente, qué tipo de resultados quería obtener, qué beneficios quería que la gente alcanzara y los principios que esta debería cumplir. Cuando disciernas y contemples un acontecimiento concreto desde estas perspectivas, tu estado interno cambiará. Inconscientemente, tu punto de vista sobre las cosas será guiado y dirigido por las palabras de Dios. Sin darte cuenta, recibirás de ellas esclarecimiento y orientación, así como los principios-verdad que debes obedecer y practicar cuando te sucedan cosas semejantes. Cuando realmente entres en estos principios-verdad, tendrás fe y confianza genuinas en Dios, orarás y suplicarás con sinceridad, tendrás una sumisión auténtica y sabrás practicar según los principios-verdad. ¿Cuál será el resultado último? A lo largo de ese acontecimiento, verás con claridad la verdad del asunto, aprenderás lecciones, serás capaz de entender de manera correcta todo lo que te suceda y ver que proviene de las disposiciones de Dios y que alberga Su benevolencia. Así, al igual que la gente suele decir “saca algo bueno de lo malo”, con naturalidad serás capaz de considerar positivo todo acontecimiento que la gente condena, aborrece y odia, y de reconocer que Dios lo rige y dispone y que hay que aceptarlo de Él. Lo verás como algo que alberga los arduos esfuerzos de Dios, Sus intenciones y Sus expectativas. Mientras lo experimentas, lograrás entender de forma inconsciente cuáles eran las intenciones de Dios al instrumentar todo ese asunto. Sin ser consciente de ello, llegarás a entender y captar Sus intenciones y, una vez que eso suceda, comprenderás sin querer las verdades que esto entraña y sabrás discernir a todas las personas y cuestiones implicadas en el acontecimiento en su conjunto. Si, en su transcurso, contemplas el problema desde la perspectiva de que en el mundo, todo lo rige y dispone Dios, te beneficiarás mucho de ello. Alcanzarás la verdad, una fe sincera en Dios y comprensión acerca de Su soberanía sobre todas las cosas. Comprenderás las intenciones de Dios y Sus esmerados pensamientos con respecto a este asunto. Por supuesto, también lograrás entender y experimentar la frase “Dios es omnipresente”, que antes solo existía en tu conciencia. Si, a lo largo de todo el acontecimiento, observas el problema desde la perspectiva de que el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas, te quejarás, ignorarás a Dios y lo notarás muy distante e impreciso. La palabra “Dios”, Su identidad y Su esencia, así como todo lo relacionado con Él, te parecerán cosas muy distantes y vacías. Creerás que la aparición, el desarrollo y el resultado del acontecimiento entero dependieron de maniobras humanas y que los factores humanos lo impregnan todo. Por ello, reflexionarás continuamente sobre las siguientes cuestiones: “¿Quién cometió el error en esta etapa? ¿Quién ocasionó por descuido un perjuicio en esa etapa? ¿Quién trastornó, perturbó y echó a perder esta etapa? Me aseguraré de que lo pague”. Te obsesionarás con los individuos y los asuntos y vivirás constantemente en el mundo del bien y del mal, mientras ignoras totalmente las palabras de Dios, la verdad, las responsabilidades, los deberes y las obligaciones que los seres creados deben cumplir, así como los puntos de vista y las posiciones que debes defender. Dios ya no ocupará un lugar en tu corazón. A lo largo de todo el acontecimiento, no habrá relación entre tú y Dios ni entre tú y Sus palabras. Es decir, ante una situación, solo te concentrarás en las personas y cosas. No se te ocurrirá ni una sola palabra que se ajuste a la verdad ni un enunciado de la verdad que provenga de Dios para compararlo con el asunto, no podrás aplicarlo como fundamento para analizar la situación, no aprenderás ninguna lección de ella ni ganarás discernimiento, no fortalecerás tu fe ni llegarás a conocer a Dios. No harás nada de eso. A lo largo de todo el acontecimiento, te aferrarás al dicho popular “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, que, para ser más precisos, es un argumento y un punto de vista de los incrédulos. Por el contrario, supón que desde el principio del acontecimiento eres capaz de aceptarlo desde la perspectiva de un ser creado, sin examinar si un individuo tiene razón o no, sin analizar en exceso a ninguna persona ni ninguna cosa y sin obsesionarte con nada ni nadie. Supón que, en cambio, buscas activamente respuestas en las palabras de Dios, te presentas de manera proactiva ante Dios a orar y ampararte en Él y buscas Su esclarecimiento y guía y le permites que obre e instrumente. Supón que tu actitud es de temor y sumisión a Dios, de sed de la verdad y de cooperación activa con Dios, que no es el punto de vista y la actitud de un incrédulo, sino más bien el punto de vista y la postura que debe tener un auténtico seguidor de Dios. Con ese punto de vista y esa postura, sin saberlo, obtendrás lo que nunca antes has experimentado: las realidades-verdad que antes no tenías. Estas realidades-verdad son, de hecho, los resultados que Dios quiere lograr y alcanzar en ti por medio de Su soberanía sobre el acontecimiento entero. Si Dios logra lo que se propone, no habrá obrado en vano, pues habrá logrado los resultados que desea en ti. ¿Cuáles son estos resultados? Dios quiere que veas lo que realmente ocurre, que nada sucede por casualidad ni lo provocan las personas, sino que Él lleva las riendas. Dios quiere que experimentes Su existencia real y que comprendas Su soberanía y Su instrumentación del destino de todas las cosas, y que esto es una realidad, no un enunciado hueco.

Si por medio de tus experiencias realmente llegas a darte cuenta de que Dios lo gobierna todo e instrumenta el destino de todas las cosas, podrás declarar, como Job: “He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6). ¿Es una declaración positiva? (Sí). Sienta muy bien oírla y es conmovedora. ¿Queréis experimentar la veracidad de esta declaración? ¿Queréis entender cómo se sentía Job cuando pronunció estas palabras? (Sí). ¿Es un deseo normal o intenso? (Intenso). En definitiva, vosotros sí tenéis esta clase de determinación y deseo. ¿Y cómo puede cumplirse este deseo? Como ya he explicado. Desde la perspectiva de un ser creado, has de plantearte todas las personas, acontecimientos y cosas que te sucedan desde una perspectiva basada en el reconocimiento de que Dios es Soberano de todas las cosas y de que Él controla e instrumenta todo. Debes extraer lecciones de ello, comprender las intenciones de Dios en todo lo que hace y reconocer lo que Dios quiere lograr y alcanzar en ti. Al hacerlo, un día, en un futuro no muy lejano, te sentirás igual que Job cuando pronunció esas palabras. Cuando os oigo decir que tenéis muchas ganas de experimentar lo que Job sintió al pronunciar esas palabras, sé que más del 99 % de las personas nunca han experimentado dichos sentimientos. ¿Por qué? Porque nunca os habéis mantenido en la perspectiva de un ser creado y experimentado la realidad de que el Creador lo rige y gobierna todo, como sí hizo Job. Todo esto se debe a la ignorancia, la necedad y la rebeldía humanas, así como a la desorientación y la corrupción provocadas por Satanás, que hacen que la gente evalúe y aborde involuntariamente todo lo que le sucede desde el punto de vista de un incrédulo, y que incluso identifique y aborde todo lo que sucede a su alrededor aplicando métodos y bases teóricas habituales entre los no creyentes. Las conclusiones a las que finalmente llega no tienen nada que ver con la verdad y algunas hasta son contrarias a ella. Esto impide que, a largo plazo, la gente experimente la realidad de que el Creador rige y controla todas las cosas y la sensación que tuvo Job cuando pronunció aquellas palabras. Si has pasado por pruebas similares a las de Job, grandes o pequeñas, y mediante ellas ya has notado que la mano de Dios está obrando y has percibido Su soberanía; y si también has reconocido los propósitos concretos de Dios al regir e instrumentar estos asuntos, así como el camino que debe seguir la gente, entonces, al final, podrás experimentar los resultados positivos que Dios quería lograr en ti a lo largo de todos los acontecimientos, además de Sus buenos propósitos y expectativas respecto a ti, entre otras cosas. Experimentarás todo esto. Cuando lo experimentes, ya no solo creerás que Dios puede decir la verdad y proveerte de vida, sino que te darás cuenta de forma tangible de que el Creador en efecto existe y, asimismo, de que el Creador ha creado y gobierna todas las cosas. Mientras experimentas todo esto, tu fe en Dios y tu fe en el Creador aumentarán. Al mismo tiempo, esto hará que te des cuenta de que te has relacionado con el Creador de una manera real, y confirmará tangible y plenamente tu fe en Dios, tu confianza en Él y tu forma de seguirlo, así como el hecho de que Dios lo rige todo y es omnipresente. Cuando recibáis esta confirmación y constatación, ¿creéis que vuestro corazón se llenará de alegría y felicidad, o de dolor y tristeza? (De alegría y felicidad). ¡Por supuesto que de alegría y felicidad! No importa cuánto dolor y tristeza hayas experimentado anteriormente, se disiparán como una nubecilla de humo, tu corazón enloquecerá de alegría, te regocijarás y saltarás de felicidad. Cuando veas que has confirmado y experimentado verdaderamente la realidad de la soberanía de Dios sobre todas las cosas en ti, será como si realmente conocieras a Dios y te encontraras y relacionaras con Él cara a cara. En ese momento sentirás lo mismo que Job. ¿Qué dijo Job entonces? (“He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza”). Exteriormente, Job manifestó a través de su comportamiento y su actuación que se aborrecía a sí mismo y que estaba arrepentido para expresar su odio por el pasado, pero en realidad, en lo más hondo del corazón, estaba gozoso y feliz. ¿Por qué? Porque había contemplado inesperadamente el rostro del Creador, había estado cara a cara con Él y se había encontrado con Él en un acontecimiento anodino e inadvertido. Dime, ¿qué ser creado, qué seguidor de Dios, no anhela contemplarlo? Cuando ocurre una situación así, cuando ocurre algo así, ¿quién no se alegraría ni se emocionaría? Cualquier persona se emocionaría; se sentiría ilusionada y alegre. Sería algo que nunca olvidaría mientras viviera, y es digno de recordar. Piénsalo: ¿no tiene esto muchas ventajas? Espero que en un futuro experimentéis de veras esta sensación, que tengáis esta clase de vivencias y encuentros. Cuando una persona contempla verdaderamente el rostro de Dios y es capaz de experimentar de manera genuina las mismas sensaciones que Job cuando se encontró con Jehová Dios, esto se convierte en un hito en su fe en Dios. ¡Qué maravilla! Toda persona espera un resultado y una situación semejantes, y desea experimentarlos y tener un encuentro así. Dado que tú tienes dichas esperanzas, debes tener el punto de vista y la postura correctos mientras experimentas todo lo que sucede a tu alrededor, viviendo y entendiendo todo como Dios lo enseña e indica, aprendiendo a aceptar todo de parte de Dios y a contemplarlo de acuerdo con Sus palabras, con la verdad por criterio. De este modo, tu fe no parará de aumentar sin que te des cuenta y, poco a poco, la realidad de que Dios es soberano sobre todas las cosas y lo rige todo se verá confirmada y contrastada en tu interior. Cuando todo esto se confirme en ti, ¿todavía te preocupará que tu estatura no aumente? (No). No obstante, es normal que estés algo preocupado ahora, pues tienes muy poca estatura y hay muchas cosas que no logras desentrañar; sería imposible que no te preocuparas, no lo puedes evitar. Esto es así porque hay muchas cosas en el interior de las personas que provienen del conocimiento, del hombre, de Satanás, de la sociedad, etc. Todas estas cosas influyen profundamente en los puntos de vista desde los que la gente se acerca a Dios y en la perspectiva y postura que debe adoptar al experimentar cosas diversas. Por tanto, no es tarea fácil adoptar la postura y perspectiva correctas cuando te suceden las cosas. Eso requiere que no solo experimentes cosas positivas, sino también negativas. Al discernir y entender la esencia de estas cosas negativas, extraerás más lecciones y llegarás a comprender los actos de Dios y Su omnipotencia y sabiduría a la hora de gobernarlo todo.

¿Ya entendéis plenamente que el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es incorrecto? (Sí). ¿Tiene algún aspecto correcto este enunciado? ¿Algún elemento válido? (No). ¿Absolutamente ninguno? (Ninguno). Es correcto entender que no hay absolutamente ninguno. Esta es una comprensión teórica. Luego, en la vida real, con la observación y la experiencia, descubrirás que el enunciado “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas” es incorrecto, absurdo y el punto de vista de un incrédulo. Cuando descubras esto y, por medio de los hechos, puedas demostrar el error presente en este enunciado, te apartarás de él, lo desterrarás por completo y ya no lo usarás más. Aún no has llegado a ese punto. Aunque hayas admitido lo que dije, más adelante, cuando te enfrentes a ciertas situaciones, reflexionarás: “Si en aquel momento pensaba que el enunciado ‘el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas’ no tenía nada de correcto, ¿por qué ahora pienso que tiene algo de razón?”. Se desatará una lucha interior y volverás a experimentar contradicciones. Entonces, ¿qué debes hacer? Para empezar, cambiar de punto de vista. Despréndete de los pensamientos y puntos de vista derivados de tu defensa de este enunciado. Despréndete de todas las actuaciones que son fruto de él. No te obsesiones con nada ni con nadie. Primero preséntate ante Dios en oración, y después busca el fundamento y los principios en Sus palabras. Durante este proceso de búsqueda, sin saberlo, recibirás esclarecimiento y llegarás a comprender la verdad. Como tal vez te suponga todo un reto buscar los principios por tu cuenta, convoca a todos los implicados en el asunto y buscad juntos el fundamento y los principios-verdad en las palabras de Dios. Luego ora-lee, comparte las palabras de Dios correspondientes y compáralas. Tras comparar la cuestión con las palabras de Dios, acepta los puntos de vista correctos, y te desprenderás de forma natural de los equivocados. A partir de entonces, resuelve y aborda los asuntos según estos principios. ¿Qué te parece este método? (Bien). Durante la búsqueda de la verdad debes desprenderte de las actuaciones fruto del punto de vista de que el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas. Busca las palabras de Dios que sean pertinentes y resuelve y aborda los problemas de acuerdo con ellas. Al buscar la verdad y resolver así los problemas, se corregirán tus puntos de vista equivocados. Si abordas las cosas según las palabras de Dios y los principios-verdad, tu sesgo y tu enfoque para abordar los asuntos cambiarán en consonancia. En consecuencia, el desenlace del asunto se desarrollará en sentido benigno. Sin embargo, la aplicación de la perspectiva y el punto de vista de que el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas para resolver problemas y abordar asuntos hará que estos se desarrollen en sentido maligno. Por ejemplo, cuando los anticristos desorientan a la gente en la iglesia, si esta no busca la verdad, sino que tan solo se fija en personas y cuestiones, discute sobre lo que está bien y mal y responsabiliza a otros, el resultado final será que se tomarán medidas hacia algunos individuos y se dará el asunto por resuelto. Algunos quizá digan: “Tú señalaste que se estaba desarrollando en sentido maligno, pero yo no he visto ningún resultado maligno. Si los anticristos han sido expulsados, ¿no se ha resuelto el problema? ¿Dónde está ese resultado maligno?”. ¿Aprendieron todos una lección de esta experiencia? ¿Comprendieron la verdad a partir de ella? ¿Son capaces de discernir a los anticristos? ¿Comprenden las intenciones de Dios? ¿Han reparado en la soberanía de Dios? No se dio ninguno de estos resultados positivos. Al contrario, la gente continúa viviendo según las filosofías satánicas, desconfiando y protegiéndose unos de otros y pasándole la responsabilidad a otro. Ante una situación, enseguida se protege a sí misma, y solamente aspira a sobrevivir. Teme asumir responsabilidades y que le hagan frente. No aprende ninguna lección, no acepta nada de parte de Dios, y ni mucho menos busca Sus intenciones. ¿Puede crecer así la gente en la vida? Básicamente, las personas solamente saben lo que pueden o no pueden hacer delante de sus líderes, qué decir y hacer para que sus líderes estén contentos, y qué palabras y actuación les molestará y no les caerá bien. Por consiguiente, se protegen entre sí, se encierran en sí mismas, se camuflan y nadie se sincera. Con este disimulo, esta cautela y este camuflaje, ¿se ha presentado la gente ante Dios? No. Tras vivir multitud de cosas, la gente aprende a evitar situaciones y teme relacionarse con los demás y afrontar problemas. Al final, se encierra completamente en sí misma, no se sincera con nadie y en corazón carece de Dios. Esta manera de creer en Dios se basa íntegramente en la filosofía satánica. Por muchas experiencias que viva, no es capaz de aprender ninguna lección, de conocerse, y ni mucho menos de despojarse de su carácter corrupto. ¿Puede llegar a comprender la verdad y conocer a Dios de este modo? ¿Puede sentir arrepentimiento sincero? No. En cambio, aprende a protegerse de los demás, a protegerse a sí misma, a observar detenidamente las palabras y expresiones de los demás y a seguir la corriente. Aprende a hacer trampas, a tener más tacto y a abordar mejor las peleas y riñas. Ante los problemas, elude la responsabilidad y se la traslada a los demás. Ya no tiene ninguna relación con Dios, Sus palabras o la verdad. Su corazón no hace más que alejarse cada vez más de Dios. ¿No es una evolución maligna? (Sí). ¿Cómo es que se encaminó hacia esta evolución malévola? Si la gente contemplara a los demás y las cosas, se comportara y actuara de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por principio; si buscara las palabras de Dios como fundamento frente a un problema, buscara respuesta en ellas, identificara la raíz del problema a partir de ellas, lo comparara con ellas y las aplicara para resolver todos los problemas y dificultades, entonces las palabras de Dios ofrecerían una senda directa para que la gente no se viera obstaculizada, no tropezara ni se quedara atrapada en estas cuestiones. Al final entendería los principios de práctica que Dios exige en dichas cuestiones y tendría una senda que seguir. Si todo el mundo se presentara ante Dios cuando afrontara dificultades y aceptara todo de parte de Él, aprendiera a confiar en Él y buscara los principios-verdad como fundamento del proceso de búsqueda, ¿seguiría la gente protegiéndose de los demás? ¿Seguiría habiendo alguien que se afanara por el bien y el mal sin abordar la raíz del problema? (No). Aunque haya alguien que no practique la verdad y todavía se afane por esos asuntos, es un elemento atípico rechazado por todos. Si la gente es capaz de aceptar las cosas de parte de Dios cuando se enfrenta a ellas, la situación se desarrollará en sentido benigno. Con el tiempo, la gente llegará a comprender y conocer las palabras de Dios y a alcanzar la verdad. Lo que la gente practica es la verdad, y lo que logra es el objetivo preciso de alcanzar la verdad y ser capaz de dar testimonio de Dios. Su fe aumentará, su comprensión de Dios será mayor y desarrollará un corazón temeroso de Dios. ¿No es una evolución benigna? (Sí). ¿Qué produce esos resultados? ¿El hecho de que la perspectiva y la posición que adopta la gente en cada asunto son correctas y coinciden con la verdad? (Sí). Simple y llanamente, esa perspectiva y esa posición implican aceptar las cosas de parte de Dios, lo que, naturalmente, acarrea una evolución benigna, unos pasos de evolución benignos y, como resultado, el conocimiento de la verdad y de Dios. Ahora bien, si la gente no acepta las cosas de parte de Dios, sino que las aborda desde la perspectiva humana y las filosofías satánicas y sigue recurriendo a la filosofía satánica para contemplar los asuntos y obsesionándose con las personas y cosas, todo lo que se produzca será maligno. La consecuencia última será que nadie logrará comprender la verdad y beneficiarse. Este es el resultado de no saber experimentar la obra de Dios. Por eso hay en algunas iglesias un ambiente de falta de armonía entre algunas personas que cumplen con su deber. Siempre sospechan unas de otras, se protegen las unas de las otras, se culpan, compiten y discuten. Se pelean disimuladamente en lo más hondo del corazón. Esto confirma una cosa: en este grupo no hay nadie que busque la verdad, nadie que acepte los asuntos de parte de Dios cuando se enfrenta a ellos. Son todos unos incrédulos y no persiguen la verdad. Por el contrario, en otras iglesias hay personas que, pese a su poca estatura y a no comprender mucho la verdad, son capaces de aceptar sinceramente los asuntos de parte de Dios en toda situación, grande o pequeña, y que luego practican y viven según las palabras de Dios y entran en la realidad de Sus palabras. Aunque estas personas que cumplen juntas con su deber riñen, discuten y se pelean a veces, entre ellas hay un ambiente que no se encuentra entre los no creyentes. Cuando se reúnen para hacer algo, hay una armonía especial, como de familia o parentesco, sin abismos entre sus corazones, y están unidas en el trabajo. La presencia de un ambiente así de armonioso demuestra que al menos los supervisores o algunas personas clave buscan la verdad y abordan los asuntos de manera correcta ante los problemas, y que realmente han logrado resultados al aplicar el principio de “aceptar todo de parte de Dios”. Hay muchas personas que creen en Dios, pero como no persiguen la verdad ni se toman en serio las palabras de Dios, llevan muchos años creyendo en Él sin la entrada en la vida. Les pase lo que les pase, no lo aceptan de parte de Dios, sino que siempre se apoyan en nociones y figuraciones humanas a la hora de percibir las cosas. No saben experimentar la obra de Dios. En una iglesia, si hay unos cuantos individuos que tienen entendimiento espiritual y ven que muchas cosas las dispone y ordena Dios, son capaces de ampararse en Dios, de buscar activamente la verdad, de practicarla y de abordar las cosas según los principios-verdad. En una iglesia así surge un ambiente de obra del Espíritu Santo. Ciertamente, la gente percibe este ambiente armonioso, especialmente agradable, y su estado, naturalmente, es el mejor posible. Más concretamente, hay entendimiento mutuo entre las personas, una aspiración, un objetivo y una motivación de búsqueda compartidos en lo más profundo de sus corazones. Gracias a ello pueden estar unidas. En una iglesia así puedes vivir un ambiente especialmente armonioso. Este ambiente infunde confianza a las personas y las motiva a avanzar. Se sienten fortalecidas interiormente y como si tuvieran una fuerza inagotable para esforzarse por Dios. Esta sensación es sumamente grata. Cualquiera que asista a las reuniones de esta iglesia puede disfrutar de este ambiente y de la sensación de confianza. En esos momentos se siente como si viviera en brazos de Dios, como si estuviera en Su presencia todos los días. Es una experiencia verdaderamente distinta. En aquellas iglesias en que no obra el Espíritu Santo, la mayoría no persigue la verdad. No es capaz de aceptar las cosas de parte de Dios cuando se enfrenta a las situaciones, y recurre a métodos y medios humanos para controlarlo todo. En semejante congregación, los sentimientos entre las personas son distintos y las relaciones interpersonales y el ambiente generado también lo son. No percibes para nada un ambiente de obra del Espíritu Santo ni de amor mutuo. En cambio, lo único que notas es frialdad; o sea, que la gente es fría entre sí. Todos están en guardia contra todos, discutiendo, compitiendo en secreto y esforzándose por superarse unos a otros. Nadie se somete a nadie, y hasta se reprimen, excluyen y castigan mutuamente. Son como los no creyentes en el lugar de trabajo, en el ámbito empresarial y en la política, y te hacen sentir asco, odio y miedo, sin sensación alguna de seguridad. Si experimentas esas sensaciones en cualquier grupo de personas, comprobarás el rigor del enunciado “Satanás ha corrompido a fondo a la humanidad” y eso te hará amar aún más la obra del Espíritu Santo. Sin la obra del Espíritu Santo —es decir, cuando imperan los seres humanos, Satanás, el conocimiento o los incrédulos—, el ambiente es completamente diferente. Te hará sentir incómodo y triste, y pronto te sentirás limitado y deprimido. Este sentimiento proviene de Satanás y de la humanidad corrupta precisamente. Aquí concluye la enseñanza sobre este tema.

En cuanto a los enunciados de conducta moral de la cultura tradicional, la última vez compartí que todas las personas tienen parte de responsabilidad en el destino de su país. Seguidamente, hoy hablaré de “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Al igual que la frase anterior, “el éxito y el fracaso de las cosas dependen de las personas”, de la que ya hablé, es evidente que esta es también un punto de vista de los incrédulos. El punto de vista propio de los incrédulos prevalece entre la gente y se oye en todas partes. Desde el momento en que la gente empieza a hablar, aprende todo tipo de dichos de las personas, de los incrédulos, de Satanás y del mundo. Esto comienza con la educación inicial, en la que los padres y las familias enseñan a los individuos cómo comportarse, lo que deben decir y qué tipo de moral, pensamientos y personalidad deben tener, etc. Incluso tras ingresar en la sociedad, los individuos siguen admitiendo inconscientemente el adoctrinamiento de diversas doctrinas y teorías que provienen de Satanás. La familia o la sociedad inculcan a toda persona eso de “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” como una de las conductas morales que debe tener la gente. Si la posees, la gente dice que eres noble y honorable, que tienes integridad y que eres respetado y gozas de gran prestigio en la sociedad. Dado que la frase “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” proviene de las personas y de Satanás, se convierte en objeto de disección y discernimiento para nosotros y, más aún, en objeto de nuestro rechazo. ¿Por qué discernimos y aborrecemos esta frase? Examinemos primero si esta frase es correcta y si la persona que la obedece tiene razón. ¿Es verdaderamente noble una persona cuyo carácter moral incluya esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado? ¿Posee dicha persona la realidad-verdad? ¿Tiene la humanidad y los principios de conducta que Dios afirmó que debían tener los seres creados? ¿Entendéis todos la frase “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? Explicad primero con vuestras propias palabras lo que significa esta frase. (Significa que, cuando alguien te confíe una tarea, no debes escatimar esfuerzos para llevarla a cabo). ¿No debería ser así? Si alguien te confía una tarea, ¿no siente mucho aprecio por ti? Siente mucho aprecio por ti, cree en ti y le pareces digno de confianza. Por eso, te pidan lo que te pidan, debes acceder y hacerlo bien y absolutamente conforme a sus necesidades, para que se queden contentos y satisfechos. Con ello eres buena persona. De esto se infiere que el hecho de que la persona que te confió la tarea esté satisfecha determina que se te considere buena persona. ¿Puede explicarse así? (Sí). Entonces, ¿acaso no es fácil ser considerado buena persona a ojos de los demás y ser reconocido por la sociedad? (Sí). ¿Qué significa eso de que es “fácil”? Que el criterio es mínimo y no tiene nada de noble. Si cumples el criterio moral de esmerarte en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado, se te considera una persona con conducta moral en esas cuestiones. Implícitamente, eso significa que eres merecedor de la confianza de la gente, de que te confíen tareas, que eres una persona respetable y buena. Eso significa este enunciado, ¿no os parece? ¿Tenéis alguna objeción a los criterios de juicio y evaluación de la frase “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? Si sois capaces de poner un ejemplo que refute este enunciado y exponga su falacia —es decir, si podéis demostrar su inexactitud con un ejemplo real—, este enunciado no se sostendrá. Ahora bien, en teoría es posible que ya creáis que este enunciado es rotundamente incorrecto porque no es verdad y no proviene de Dios. ¿Cómo podéis invalidar este enunciado por medio de los hechos? Por ejemplo, si estás demasiado ocupado como para ir a hacer la compra hoy, puedes confiársela a tu vecino. Puedes indicarle exactamente qué alimentos comprar, cuántos y cuándo. Después, el vecino te hace la compra como se la has pedido y te la entrega a tiempo. ¿Se considera esto “esmerarse en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? ¿Se considera de buena reputación? Apenas supone mover un dedo. ¿Se considera que se tiene un carácter moral elevado por ser capaz de ayudar a alguien a comprar algo? (No). En cuanto a si la persona actúa mal o no y a su temperamento, ¿guardan estas cosas la menor relación con su capacidad para esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado? Si una persona es capaz de esmerarse en llevar a cabo una cosa pequeña que le han confiado, ¿tiene un criterio de conducta moral? Ser capaz de llevar a cabo una tarea tan pequeña, ¿demuestra que es verdaderamente una persona de alto carácter moral? Algunos dicen: “Esta persona es muy digna de confianza. Siempre que se le pide que entregue algo, sin importar lo que sea ni la cantidad, siempre lo hace. Es de fiar y posee buena conducta moral”. Así la perciben y evalúan los demás. ¿Es adecuada esta evaluación? (No). Los dos sois vecinos. Por lo general, los vecinos no se enemistan ni se hacen daño porque coinciden habitualmente. Si hay conflictos, luego resulta difícil relacionarse. Puede que el vecino te ayudara por esto. También puede ser que este pequeño favor le resultara cómodo, no fuera una tarea difícil y no lo perjudicara. Además, le sirvió para dar buena impresión y ganarse una buena reputación, lo que lo beneficia. Asimismo, ayudarte con pequeños favores, ¿no le viene bien para pedirte favores en un futuro? Tal vez te pida un gran favor en un futuro y te veas obligado a hacerlo. ¿Conserva sus opciones esta persona? Cuando las personas se ayudan, se relacionan y mantienen un trato, hay un objetivo. Si ve que no eres de utilidad y que no te pedirá ayuda más adelante, es posible que no te ayude con este favor. Es posible que en tu familia haya médicos, abogados, funcionarios o individuos con estatus social que de algún modo le resulten de utilidad a esta persona. Puede que esta te ayude para conservar sus opciones. Tal vez eche mano de ti en un futuro o, como mínimo, le convenga tomar prestadas herramientas de tu casa. A veces le confías pequeños favores y al cabo de unos días viene a tu casa a pedirte que le prestes cosas. ¡La gente no mueve un dedo si no saca algo! Fíjate en que, cuando le pediste un favor, accedió de buena gana, con una sonrisa en la cara y, aparentemente, sin pensárselo, pero en realidad lo había calculado minuciosamente, pues los pensamientos de las personas no son ingenuos. Una vez fui a que me arreglaran la ropa. La anciana que arreglaba ropa tenía una hija que iba a volver a su país. Como su vecino tenía coche, la anciana le encargó que llevara a su hija al aeropuerto para que no tuviera que pagar el taxi. El vecino accedió y la anciana estaba encantada. Sin embargo, este vecino no era tan ingenuo. No quería hacerlo gratis. Una vez que aceptó, se quedó allí, sacó lentamente una prenda de ropa y preguntó: “¿Crees que tiene arreglo?”. La anciana se quedó desconcertada, y su gesto parecía decir: “¿Por qué aprovecha esta persona algo tan insignificante? Aceptó de buen grado, pero resulta que no quiere hacerlo gratis”. La anciana reaccionó rápidamente y, en un par de segundos, respondió: “Vale, ponlo ahí y te lo arreglo”. No hizo mención alguna al dinero. Ya ves, el hecho de enviar a alguien a un simple recado se compensa arreglando una prenda de ropa. ¿No quiere decir esto que nadie sale perdiendo? ¿Es ingenua la relación interpersonal? (No). No hay nada ingenuo. En esta sociedad humana, todo individuo tiene una mentalidad de negociación, y negocia. Todo el mundo exige algo a los demás y quiere beneficiarse a costa de ellos sin padecer perjuicio alguno. Hay quienes dicen: “Entre los que se esmeran en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado, también hay muchos que no buscan sacar provecho a expensas de otros. Simplemente pretenden esmerarse en hacer bien las cosas; estas personas tienen realmente esta conducta moral”. Esta afirmación es incorrecta. Aunque no aspiren a la riqueza, a las posesiones materiales ni a ningún tipo de beneficio, sí buscan notoriedad. ¿Qué es la “notoriedad”? Significa lo siguiente: “He aceptado la confianza de la gente para encargarme de sus tareas. Esté presente o no la persona que me las confió, mientras me esmere en hacerlo bien, tendré buena reputación. Al menos habrá gente que sabrá que soy buena persona, una persona de carácter moral elevado y digna de imitación. Puedo ocupar un lugar entre la gente y ganar buena reputación entre un grupo. ¡Eso también merece la pena!”. Otras personas dicen: “‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ y, puesto que nos lo han confiado, estén presentes o no, debemos encargarnos correctamente de sus tareas y cumplirlas hasta el final. Aunque no podamos dejar un legado perdurable, al menos no podrán criticarnos a nuestras espaldas afirmando que no tenemos credibilidad. No podemos dejar que las generaciones futuras sean discriminadas y padezcan esta injusticia flagrante”. ¿Qué buscan? Siguen buscando notoriedad. Algunos dan gran importancia a la riqueza y las posesiones, mientras que otros valoran la notoriedad. ¿Qué quiere decir “notoriedad”? ¿Qué expresiones concretas de “notoriedad” hay entre las personas? Ser calificado de buena persona y alguien de carácter moral elevado, un dechado, una persona virtuosa o un santo. Incluso hay personas que, por de pronto, lograron esmerarse en manejar con lealtad aquello que les habían confiado y tienen esta clase de carácter moral, son elogiadas a perpetuidad y sus descendientes se benefician de su notoriedad. Como ves, esto es mucho más valioso que los escasos beneficios que pueden obtener actualmente. Por tanto, el punto de partida para cualquiera que se rija por el supuesto criterio moral de esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado no es tan sencillo. No solo aspira a cumplir con sus obligaciones y responsabilidades como individuo, sino que se atiene a ese criterio para obtener beneficios personales o reputación, sea en esta vida o en la otra. Desde luego, también están aquellos que desean evitar que se los critique a sus espaldas y evitar la infamia. En resumen, el punto de partida para que la gente haga este tipo de cosas no es sencillo, no representa un comienzo desde la perspectiva de la humanidad ni desde la responsabilidad social de la humanidad. Mirándolo desde la intención y el punto de partida de la gente que hace este tipo de cosas, quienes se aferran a la frase “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” no tienen un objetivo nada fácil.

Acabamos de analizar el enunciado de conducta moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” a partir de las intenciones y el propósito de la gente al hacer las cosas y de sus ambiciones y deseos. Esto, por un lado. Por otro, “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” contiene otro error. ¿Cuál? La gente considera infinitamente noble la conducta de esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado, pero no sabe que no es capaz de discernir si las cosas que le han confiado son justas o injustas. Si la tarea que alguien te confía es muy común, algo que se hace fácilmente o es insignificante, la lealtad no entra en juego, porque cuando las personas mantienen cierto trato y se llevan bien, es normal que se confíen tareas. Tan sencillo como levantar un dedo. Está fuera de lugar considerar si el carácter moral de alguien es noble o si no llega a serlo. No llega a ese nivel. Ahora bien, si la tarea que alguien te confía es de gran importancia, una tarea enorme que, por ejemplo, sea a vida o muerte o afecte al destino o al futuro, e igualmente la consideres un asunto común y te esmeres correctamente en ella sin discernimiento, es probable que surjan ciertos problemas. ¿Qué tipo de problemas? Si la tarea que se te ha confiado es adecuada, razonable, justa y positiva y no va a provocar daños ni pérdidas a nadie ni a tener una repercusión negativa sobre la humanidad, está bien que la aceptes y te esmeres en encargarte de ella con lealtad. Es una responsabilidad que debes cumplir y un principio que has de respetar. No obstante, si la tarea que aceptas es injusta y ocasionará perjuicios, perturbación, destrucción, incluso la pérdida de la vida de otras personas o de la humanidad y, aun así, te esmeras en realizarla con lealtad, ¿qué rayos dice eso de tu carácter moral? ¿Es bueno o malo? (Malo). ¿En qué sentido? Hay quien obedece a una persona injusta o se hace amigo de ella, y ambos se consideran amigos íntimos. No le importa si este amigo es bueno o malo; mientras se trate de una tarea que le haya confiado su amigo, se esmerará por hacerla bien. Si el amigo le pide que mate a alguien, que le haga daño a alguien o si le pide que destruya algo, lo hará. Mientras se trate de una tarea que le haya confiado su amigo, la hará sin discernimiento ni deliberación. Cree que cumple con el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. ¿Qué dice esto de su humanidad y de su carácter moral? ¿Son buenos o malos? (Malos). Hasta la mala gente es capaz de esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado, pero las tareas que le han confiado y en las que se esmeran son malas y negativas. Si lo que los demás te han confiado es hacer daño a alguien, matar, robar a otras personas, vengarte o infringir la ley, ¿está bien? (No, no está bien). Todas estas cosas perjudican a la gente, son malas acciones y delitos. Si alguien te confía una tarea malvada y tú sigues obedeciendo el principio de la cultura tradicional de “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” y dices: “Como me lo has confiado a mí, eso significa que te fías de mí, que sientes mucho aprecio por mí y me consideras uno de los tuyos, un amigo, y no un extraño. Por ello, me esmeraré por hacer con lealtad lo que me has confiado. Juro por mi vida que haré bien lo que me confíes y que nunca faltaré a mi palabra”, entonces, ¿qué clase de persona es esta? ¿No es un auténtico sinvergüenza? (Sí). Un gran sinvergüenza. ¿Y cómo debes abordar aquello que es similar al enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? Si alguien te confía una tarea sencilla, algo muy común en el trato con la gente, entonces, aunque la hagas, no se sabe si tu carácter moral es noble o no. Cuando alguien te encomienda una tarea muy importante y de gran envergadura, debes discernir si es positiva o negativa y si es algo que tu calibre puede cumplir. Si no es algo que puedas lograr, haz lo que puedas. Si es una tarea negativa, una tarea que infringe la ley, perjudica los intereses o la vida de otros —o que incluso acaba con sus perspectivas y su futuro—, y, pese a ello, cumples el criterio moral de esmerarte en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado, eres un sinvergüenza. A tenor de estas perspectivas, el principio que han de seguir las personas al aceptar tareas que se les confíen no debería ser “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Dicho enunciado no es correcto, presenta lagunas y problemas significativos y desorienta enormemente a la gente. Tras aceptar este enunciado, muchas personas lo aplicarán sin cuestionarlo para evaluar la conducta moral de otras y, por supuesto, para evaluarse a sí mismas y limitar su propia moralidad. Sin embargo, no saben quién es digno de confiarles tareas a otros, y muy pocas personas les encargan a otros tareas justas, positivas, beneficiosas para los demás, de valor y que brinden prosperidad a la humanidad. No las hay. Por consiguiente, si aplicas el criterio “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” para evaluar la calidad moral de una persona, no solo hay un exceso de dudas y problemas que no se sostienen, sino que, además, dicho criterio les inculca a las personas unos conceptos, unos principios y una orientación equivocados para abordar dichos asuntos, con lo que desorienta, paraliza y confunde el modo de pensar de la gente. Por tanto, sin importar cómo se analice o diseccione este enunciado, su existencia carece de valor, no es algo que la gente deba practicar y no la beneficia en modo alguno.

La frase “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” también contiene otro error. Desde otro punto de vista, a aquellos individuos malvados que quieren utilizar, manipular y controlar a otros, a aquellos con intereses creados y a los que tienen estatus y poder en la sociedad, este enunciado les da ocasión de explotar a los demás y una excusa para utilizarlos, manipularlos y controlarlos. Les permite utilizar estratégicamente a las personas para que hagan tareas en su lugar. Los que no cumplen con las tareas delegadas o no se esmeran por ellos son considerados personas en quienes no se puede confiar e incapaces de esmerarse para realizar tareas con lealtad. Se les tacha de individuos con una conducta moral inferior, indignos de confianza, que no merecen ser valorados ni respetados y de condición social baja. Estas personas son excluidas. Por ejemplo, si tu jefe te confía una tarea y tú piensas: “Ya que mi jefe me lo ha planteado, tengo que acceder a ello, sea lo que sea. Por difícil que sea, aunque suponga pasar las penas del purgatorio, tengo que hacerlo”, y accedes. Por un lado, es tu jefe y no te atreves a negarte. Por otro, suele presionarte diciendo: “Los únicos buenos compañeros son los que se esmeran en manejar con lealtad aquello que les han confiado”. Te ha inculcado este concepto desde el principio y te lo ha inoculado de antemano para que estés mentalmente preparado. Una vez que te pide algo, estás moralmente obligado a obedecer y no puedes negarte; de lo contrario, no acabará bien. Por tanto, tienes que emplear toda tu energía en hacer cosas para él. Aunque no sea fácil, tienes que encontrar la manera de hacerlo. Tienes que echar mano de contactos, actuar ilegítimamente y gastarte dinero en regalos. Al final, cuando la tarea esté terminada, no podrás hacer mención del dinero gastado ni exigir nada. Y tienes que decir: “La gente debe esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado. Usted siente mucho aprecio por mí y me valora mucho, así que debo esmerarme en hacer bien esta tarea”. En realidad, eres tú el que sabe cuántas dificultades y cuántos problemas has soportado. Si lo consigues, la gente dirá que tienes una conducta moral noble. Sin embargo, si fallas, la gente te mirará por encima del hombro, te despreciará y te vilipendiará. Sea cual sea tu clase social o grupo étnico, siempre que alguien te confíe una tarea, debes esmerarte y no escatimar esfuerzos, y no puedes negarte. ¿Por qué? Como señala el refrán, “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Ya que has aceptado el encargo de alguien, debes llevarlo a cabo con lealtad hasta el final y asegurarte de cumplir con la tarea de forma satisfactoria y correcta, en su totalidad y con el visto bueno de la otra persona, y luego informarle. Aunque no te pregunte, no debes escatimar esfuerzos. Algunas personas, como los parientes lejanos de tu familia extendida, no tienen en el fondo ninguna relación real contigo. Como ven que tienes un buen empleo en la sociedad, estatus y prestigio o algún talento, te encargan esto o aquello. ¿Está bien negarse? A decir verdad, no pasa nada, pero por las complejas relaciones sociales entre los seres humanos y la presión de la opinión pública, influida por la idea de esmerarse en manejar con lealtad aquello que a uno le hayan confiado, cuando este tipo de persona con la que en concreto no tienes relación te pide que hagas algo por ella, tienes que hacerlo todo. Por supuesto, puedes optar por no hacerlo. Así solamente ofendes a una persona, pierdes la relación con un par de familiares, o puede que un par de familiares te aíslen. Pero, una vez más, ¿qué importa? De hecho, no tiene ninguna importancia. No vives con ellos y tu destino no está en sus manos. Entonces, ¿por qué no puedes negarte a hacerlo? Uno de los motivos inevitables es que la opinión pública respecto a que te esmeres en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado es vinculante y te oprime. Es decir, en cualquier comunidad social, a menudo eres cautivo del criterio moral y la opinión pública que indica que te esmeres en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado. No te esmeras con lealtad en las tareas por responsabilidad social ni por cumplir con los deberes y obligaciones de un ser creado. Por el contrario, eres cautivo de los enunciados de las normas morales y de las cadenas invisibles de la opinión social. ¿Por qué eres susceptible de ser cautivo de esto? Por un lado, porque no distingues si esos enunciados morales transmitidos por tus antepasados son correctos ni si la gente debe acatarlos. Por otro, careces de la fuerza y el valor necesarios para liberarte de la presión social y la opinión pública fruto de esta cultura tradicional. En consecuencia, no puedes liberarte de sus cadenas y de su influencia sobre ti. Otro motivo es que, en cualquier comunidad o grupo social, las personas quieren que los demás piensen que poseen un carácter moral elevado, que son buenas, fiables, dignas de confianza y de que se les confíen tareas. Todo el mundo quiere crear una imagen así, que se gane el respeto de los demás y les haga creer a estos que son individuos dignos de carne y hueso, con sentimientos y lealtad, y no despiadados ni extraños. Si quieres integrarte en la sociedad y que te acepten y te den su visto bueno, primero debes hacer que te reconozcan como una persona de carácter moral elevado, alguien con integridad y credibilidad. Por ello, te pidan lo que te pidan, haces todo lo posible por satisfacerlos, complacerlos y luego recibir elogios de su parte que afirmen que eres una persona digna de confianza, de carácter moral elevado y que la gente está deseando relacionarse contigo. De este modo, sientes que estás presente en tu vida. Si consigues el visto bueno de la sociedad, de las masas y de tus compañeros y amigos, tendrás una vida especialmente estimulante y satisfactoria. Ahora bien, si vives de forma distinta a ellos, si tus pensamientos y puntos de vista difieren de los suyos, si tu senda de vida es distinta a la suya, si nadie dice que tienes un carácter moral elevado, que eres merecedor de confianza y de que te confíen asuntos, ni que tienes dignidad, y si todos te abandonan y aíslan, vives deprimido y triste. ¿Por qué te sientes deprimido y triste? Porque tu autoestima se ve afectada. ¿De qué se deriva tu autoestima? Del visto bueno y la aceptación de la sociedad y de las masas. Si no te aceptan, si no te dan su visto bueno, si no te elogian ni aprecian, si no te miran con admiración, cariño ni estima, crees no tener dignidad en la vida. Te sientes tremendamente inútil, sin presencia. No sabes en qué radica tu valor y, al final, no sabes cómo vivir. Tu vida se sume en la depresión y el tormento. Siempre estás intentando que la gente te acepte, tratando de integrarte en las masas y en la sociedad. Por consiguiente, para cualquiera que viva en un entorno social semejante es muy importante cumplir el criterio moral de que te esmeres en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado. También es un indicador fundamental para evaluar el carácter moral de una persona y si es aceptada por los demás. No obstante, ¿es correcto este criterio de evaluación? Desde luego que no. De hecho, hasta puede calificarse de absurdo.

Hay otro aspecto del enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” que es necesario discernir. Si la tarea que se te confía no te consume demasiado tiempo y energía y se encuentra dentro del alcance de tus aptitudes, o el entorno y las condiciones adecuados, entonces, puedes, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, hacer cosas por los demás lo mejor que puedas y satisfacer sus exigencias razonables y oportunas. Ahora bien, si la tarea que se te confía te consume mucho tiempo y energía y la gran cantidad de tiempo que te quita hace que sacrifiques tu vida, tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida, y tus deberes como ser creado se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué harás? Deberías negarte porque no es tu responsabilidad ni tu obligación. En cuanto a las responsabilidades y obligaciones de la vida de una persona, aparte de cuidar de los padres, criar a los hijos y cumplir con las responsabilidades sociales dentro de la sociedad y la ley, lo más importante es que la energía y el tiempo de una persona, así como su vida, los dedique a cumplir con el deber de un ser creado, y no en tareas que otros le confíen y que le consuman su tiempo y energía. Esto se debe a que Dios crea a una persona, le concede la vida y la trae a este mundo, y no le corresponde hacer cosas y cumplir responsabilidades ajenas. Lo que principalmente debe aceptar la gente es lo que le confíe Dios. Solo lo que Él le confíe es auténtico, y aceptar lo que le confíe el hombre supone no atender los propios deberes. Nadie está autorizado a pedirte que dediques tu lealtad, tu energía, tu tiempo, incluso tu juventud y tu vida entera, a las tareas que te encargue. Dios es el único que puede pedirles a las personas que cumplan con su deber de seres creados. ¿Por qué? Si cualquier tarea que se te confíe requiere de ti un tiempo y una energía notables, te impedirá cumplir con tu deber de ser creado e incluso seguir la senda correcta en la vida, y alterará el rumbo y los objetivos de tu vida. Esto no es bueno, es más bien una maldición. Si te consume un tiempo y una energía significativos, e incluso te roba la juventud y te priva de oportunidades de alcanzar la verdad y la vida, entonces todo encargo de esta naturaleza proviene de Satanás y no simplemente de un individuo. Es otra forma de entender el asunto. Si alguien te confía una tarea que te consume y malgasta mucho tiempo y energía, e incluso hace que sacrifiques tu juventud y la totalidad de tu vida y te quita el tiempo que deberías dedicar a cumplir con tu deber de ser creado, esa persona no solo no es tu amiga, sino que hasta puedes considerarla tu enemiga y adversaria. En la vida, además de cumplir con tus responsabilidades y obligaciones hacia tus padres, tus hijos y la familia que Dios te ha otorgado, todo tu tiempo y energía debes dedicarlos y gastarlos en cumplir con tu deber de ser creado. Nadie está autorizado a ocupar o quitarte tu tiempo y energía con el pretexto de confiarte ninguna tarea. Si no prestas atención a este consejo y aceptas que alguien te encargue algo que te ocupe mucho tiempo y energía, el tiempo que tendrás para cumplir con tu deber de ser creado se verá relativamente reducido e incluso marginado y ocupado. ¿Qué significa que te veas privado del tiempo y la energía para cumplir con tu deber? Que se reduce tu oportunidad de perseguir la verdad. Cuando tus posibilidades de perseguir la verdad se ven reducidas, ¿no implica también que tus oportunidades de salvación son menores? (Sí). ¿Es esto una bendición o una maldición para ti? (Una maldición). Indudablemente, es una maldición. Es como una chica que tiene novio, y el novio le dice: “Puedes creer en Dios, pero debes esperarme hasta que tenga éxito, sea rico e influyente, y pueda comprarte un coche, una casa y un gran anillo de diamantes. Luego, me casaré contigo”. La chica responde: “Entonces, durante estos años, no creeré en Dios ni cumpliré con mis deberes. Primero, me esforzaré contigo y esperaré a que te hagas rico, a que llegues a ejecutivo, a que se cumplan tus deseos, y luego yo cumpliré mis deberes”. ¿Esta chica es lista o tonta? (Tonta). ¡Tontísima! Tú lo ayudaste a alcanzar el éxito, a convertirse en rico y poderoso, y a tener fama y fortuna, pero ¿quién te compensará el tiempo perdido? No has cumplido con tu deber de ser creado, así que ¿quién compensará esta pérdida y te resarcirá de ella? En los pocos años que llevas creyendo en Dios, no has alcanzado ni la verdad ni la vida que deberías haber alcanzado. ¿Quién compensará esta verdad y esta vida? Algunos creen en Dios, pero no persiguen la verdad. En cambio, dedican varios años de su tiempo a cumplir con una tarea que les confían, un deseo o una exigencia de otras personas. Al final, no solo no ganan nada, sino que pierden la oportunidad de cumplir con su deber para alcanzar la verdad. No reciben la aprobación de Dios; el perjuicio es excesivo, y el coste, ¡demasiado elevado! ¿No es de necios dejar de creer en Dios y de cumplir con el deber de un ser creado nada más que para no quebrantar la confianza de los demás, para que la gente hable bien de ellos, para que se les considere personas que poseen un carácter moral elevado, buena reputación y que son dignas de confianza, y para conseguir esmerarse en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado? También hay quienes quieren hacer una cosa y la otra y, por un lado, satisfacen a la gente mientras destinan algo de energía para cumplir con algún deber, y complacen a la gente, pero al mismo tiempo quieren complacer a Dios. ¿Qué ocurre al final? Que puedes complacer a la gente, pero no cumples con tu deber de ser creado, no comprendes la verdad en absoluto, ¡y pierdes muchísimo! Aunque te hayas esmerado en manejar con lealtad ciertas cosas para la gente y hayas recibido elogios de su parte que afirman que mantienes tu palabra y eres una persona con una conducta moral noble, no has alcanzado la verdad de Dios ni recibido Su aprobación ni Su aceptación. Esto sucede porque esmerarte en manejar las cosas con lealtad para la gente no es lo que Dios le exige a la humanidad ni una tarea que te haya confiado Dios. Está fuera de lugar que te esmeres con lealtad en manejar las cosas para la gente, eso no es cumplir con tus deberes y no tiene valor ni sentido alguno. No supone en absoluto ningún tipo de buena obra digna de ser recordada. Has invertido gran parte de tu energía y tu tiempo en los demás, y no solo no serás recordado por Dios, sino que habrás perdido la mejor oportunidad de perseguir la verdad y tiempo valioso para cumplir con tu deber de ser creado. Cuando te voltees y quieras perseguir la verdad y cumplir correctamente con tus deberes, ya serás mayor, carecerás de energía y fuerza física y te asolarán enfermedades. ¿Merece la pena? ¿Cómo te será posible esforzarte por Dios? Aprovechar el tiempo que te quede para perseguir la verdad y cumplir con tu deber de ser creado te resultará agotador. Tu fuerza física no podrá seguir el ritmo, tu memoria se deteriorará y tu energía no será suficiente. A menudo te quedarás dormido en las reuniones, y tu cuerpo siempre manifestará dificultades y dolencias cuando intentes cumplir con tus deberes. Para entonces te arrepentirás. ¿Qué habrás ganado esmerándote en manejar con lealtad aquello que te han confiado? Como mucho, podrás sobornar a otra gente y recibir cumplidos de su parte. Sin embargo, ¿de qué sirven los elogios de la gente? ¿Representan la aprobación de Dios? En absoluto. En tal caso, esa frase elogiosa de una persona no vale nada. ¿Vale la pena soportar un dolor tan grande por recibir elogios mientras se pierde la ocasión de salvarse? Así pues, ¿qué ha de entender la gente a esta altura? Que si alguien te confía una tarea, la que sea, siempre que no implique cumplir con tu deber de ser creado ni algo que Dios te haya confiado, tienes derecho a negarte porque no es tu obligación y, ni mucho menos, tu responsabilidad. Puede que algunos afirmen: “Si me niego, dirán que tengo poca moral, o que no soy lo bastante buen amigo ni lo bastante leal”. Si esto te preocupa, hazlo y, después, mira qué consecuencias tiene. También hay personas que no han terminado de hacer algo para otras y no pueden seguir haciéndolo porque están cumpliendo con su deber. Reflexionan: “No está bien que deje esta tarea a medias. Como persona, debo tener credibilidad. Hay que hacer las cosas de principio a fin, y no empezar fuerte para acabar flojo. Si las tareas que prometo hacerles a los demás se quedan a la mitad y no hago el resto, no puedo justificárselos. ¡Eso carece de integridad!”. Si tienes esas ideas en tu mente y no puedes desprenderte del orgullo, adelante, puedes hacer tareas para otra gente y, cuando termines, comprueba qué has ganado y si realmente tiene valor mantener tu palabra y tener esta clase de integridad. ¿Esto no demora algo importante? Si puede demorarte en el cumplimiento de tus deberes y afectarte a la hora de alcanzar la verdad, equivale a arriesgar tu vida, ¿no? Si consideras que estos enunciados y exigencias de conducta moral son más significativos que cumplir con tu deber de ser creado y perseguir la verdad, no puedes liberarte del cautiverio y las ataduras de dichos enunciados. Si eres capaz de discernirlos y de tener clara su auténtica esencia, decides renunciar a ellos y no vivir de acuerdo con ellos, tienes la esperanza de liberarte del cautiverio y las ataduras de estos enunciados de conducta moral. También tienes la esperanza de cumplir con tu deber de ser creado y de alcanzar la verdad.

Después de tantas enseñanzas, ¿ya tenéis algo de discernimiento en cuanto al enunciado y criterio para juzgar la moralidad de una persona que dice “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? (Sí). Entonces, para resumir, ¿a partir de cuántos aspectos debemos discernir si esta frase es correcta o no? En primer lugar, está claro que este enunciado no se ajusta a la verdad ni a las palabras de Dios y que no es un principio-verdad que la gente deba acatar. Entonces, ¿cómo deberías abordar este asunto? Sin importar quién te confíe una tarea, tienes derecho a negarte y contestar: “No quiero ayudarte, no te debo lealtad”. Si en su momento aceptaste el encargo, pero ahora que entiendes el asunto, no quieres ayudar y sientes que no hay necesidad ni obligación, ahí se acaba el asunto. ¿Es este un principio de práctica? (Sí). Puedes decir que no y rehusarte. En segundo lugar, ¿qué hay de malo en el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”? Si alguien te confía una tarea sencilla que se hace fácilmente, es algo normal en la relación y el trato entre personas. No se puede saber si eres leal o si posees un carácter moral elevado o no, eso no se puede aplicar como criterio para evaluar la moralidad de una persona. Ayudar a alguien con una tarea que requiere muy poco esfuerzo, ¿indica que una persona tiene moral y credibilidad? No necesariamente, ya que esa persona puede haber hecho muchas cosas malas de forma encubierta. Si ha obrado mal en muchas oportunidades, pero también ha hecho algo para ayudar a otra gente con muy poco esfuerzo, ¿se considera que posee un carácter moral elevado? (No). Por tanto, este ejemplo revoca el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. No es correcto y no puede aplicarse como criterio para evaluar la conducta moral de una persona. Esta es la forma en la que deben abordarse una serie de situaciones habituales. ¿Y cómo debes abordar ciertos asuntos especiales? Si alguien te confía una tarea especialmente importante que excede tus capacidades, te parece agotadora y extenuante y que no sabes hacer, puedes negarte sin sentirte mal. Además, si alguien te confía algo que no es razonable, que es ilegal o que perjudica los intereses de otros, máxime para no hacérselo. Así pues, cuando alguien te confíe una tarea, ¿qué es lo principal que has de discernir? Para empezar, has de discernir si la tarea que te confía es responsabilidad u obligación tuya y si deberías aceptarla. Por otro lado, tras aceptarla, que la hagas o no, y que te ocupes bien o mal de ella, ¿implica lealtad y moralidad por parte de la persona? Esta es la clave del discernimiento. Otro aspecto que hay que discernir es la naturaleza de la tarea que se te confía, si es razonable, legal, positiva o negativa. Se discierne por medio de estos tres aspectos. Ahora, pensad y resumid lo que acabamos de compartir, y debatid opiniones y puntos de vista. (En cuanto al enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, en primer lugar, las personas no están obligadas a hacer cosas para otras, pueden negarse, es un derecho de todos. En segundo lugar, aunque acepten una tarea que les confíe otra gente, que la hagan o no y que la hagan bien o mal, no atañe a su moralidad ni puede aplicarse como criterio para evaluar la moral de una persona. Además, si la tarea que se le confía a alguien es ilegal y un delito, en realidad no debería llevarla a cabo. Si lo hace, es un acto malvado y será castigado. Mediante estos aspectos podemos, de hecho, revocar el punto de vista de que hay que esmerarse en manejar con lealtad aquello que a uno le hayan confiado). Lo más crucial es que este enunciado es incorrecto. ¿Por qué? En primer lugar, el principio que impone para abordar y encargarse de dichos asuntos es incorrecto. Por otra parte, también es un error aplicar este enunciado para juzgar la conducta moral de una persona. Igualmente, también es una especie de secuestro y un error aplicar este enunciado para evaluar la conducta moral de una persona, obligarla y controlarla, utilizarla para que haga cosas y hacerle dedicar tiempo, energía y un precio para cumplir responsabilidades con las que no debería cargar o que no desea cargar. Estos pocos errores son suficientes para revocar el valor y la veracidad del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Resumamos brevemente. En primer lugar, el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” les dice a las personas cómo manejar las tareas que se les han delegado. Implica que cuando alguien te confíe una tarea, razonable o no, buena o mala, positiva o negativa, siempre que la tarea se te confíe a ti, debes mantener tu palabra y estás obligado a hacerla bien y del todo para satisfacerlo. Solo una persona así puede tener credibilidad. Esto hace que la gente lleve a cabo la tarea sin discernimiento, lo cual es, ante todo, un error, un error en contra de los principios. En segundo lugar, se aplica el criterio de si las personas son capaces de esmerarse en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado como fundamento para evaluar su conducta moral. ¿No se comete otro error con este criterio de evaluación? Si todo el mundo se esmerara con lealtad en las tareas malvadas o perversas que se le confiaran, ¿no estaría esta sociedad patas arriba? Además, si siempre se aplica este enunciado como criterio para evaluar la conducta moral de la gente, es natural que genere una atmósfera social, una opinión pública y una presión social que limiten y restrinjan los pensamientos de la gente. ¿Qué consecuencias acarreará esto? A raíz de la existencia del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” y de la presencia de dicha opinión pública en la sociedad, te hallas bajo la presión social y estás obligado a actuar de esta forma en esas situaciones. La forma en que actúas no es voluntaria, no se encuentra dentro de tus capacidades y no supone cumplir con tus obligaciones. Te ves obligado a ello y no es una exigencia proveniente de lo más profundo de tu corazón ni una exigencia de humanidad normal ni tampoco una exigencia de que conserves tus relaciones afectivas. La provoca la presión social, lo que equivale a un secuestro moral. Si no les haces a los demás las tareas que accediste a hacer, tus padres, familiares, compañeros y amigos te criticarán: “¿Qué crees que estás haciendo? Según el refrán, ‘esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’. Si accediste, ¿por qué no cumpliste? Si accediste, ¡deberías haberlo hecho correctamente!”. Después de oír esto, crees haber hecho mal, así que, obedientemente, llevas a cabo la tarea. Mientras la haces, sigues sin querer hacerla; no tienes capacidad y no puedes con ella, pese a ello has de aguantarte y hacerla. Al final, toda tu familia te ayuda a hacerla y cuesta mucho dinero, energía y sufrimiento, pero a duras penas la acabas. La persona que te la confió está contenta, pero tú has sufrido mucho para tus adentros y estás agotado. Aunque tu corazón no sea capaz de aceptarla y te sientas reacio a hacerla, no te darás por vencido, y la próxima vez que te encuentres en este tipo de situación volverás a hacer lo mismo. ¿Por qué? Porque quieres tener dignidad, amas la vanidad y, al mismo tiempo, no soportas la presión de la opinión pública. Aunque nadie te culpe, te criticarás a ti mismo: “No hice lo que accedí a hacer por otra persona. ¿Qué voy a hacer? Hasta me desprecio a mí mismo. ¿No es inmoral?”. Incluso tú te estás secuestrando a ti mismo; ¿ya está encarcelada tu mente? (Sí). A decir verdad, esa tarea no tiene nada que ver contigo. No obtienes ningún beneficio ni edificación alguna por realizarla. No pasa nada si no la haces y solamente te criticarán unos pocos individuos. Sin embargo, ¿qué más da? Eso no alterará tu destino lo más mínimo. Te pida lo que te pida la gente, siempre que no se ajuste a las exigencias de Dios, puedes negarte. Al analizar el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” en función de estas tres cuestiones, ¿comprendes su esencia? (Sí).

Cuando te confíen una tarea, ¿qué principios deberías obedecer? ¿No debería haber unos principios para su cumplimiento? ¿En qué se basa esto desde el punto de vista de la verdad? Acabo de comentar lo más importante, que, en la vida de uno, aparte de ayudar a los padres, criar a los hijos y cumplir con las propias responsabilidades sociales dentro de la ley, no existe la obligación de aceptar encargos de nadie ni de trabajar para nadie, ni tampoco la necesidad de vivir para los asuntos o encargos de nadie. El valor y el sentido de la vida humana se hallan exclusivamente en el cumplimiento del deber de un ser creado. Aparte de eso, no tiene el menor sentido hacer cosas para nadie; todo ello supone un trabajo inútil. Por tanto, el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” es algo impuesto por las personas a las personas y no tiene ninguna vinculación con Dios. Este enunciado no es en absoluto una exigencia de Dios a los seres humanos. Es el resultado de que otros te exploten, te secuestren moralmente, te controlen y te restrinjan. No guarda la menor relación con aquello que Dios te confíe ni con el cumplimiento de tu deber de ser creado. ¿Lo entiendes? (Sí). En este mundo, en todo el universo, como ser creado, aparte de ser leal a Dios y a lo que Él te confíe y de ser leal al deber que te corresponde como ser humano, no hay nada ni nadie que merezca tu lealtad. Está claro que el enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” no es un principio de conducta. Es incorrecto y vulnera los principios. Si alguien te confía una tarea, ¿qué debes hacer? Si la tarea que te confía es algo que solo requiere un esfuerzo muy pequeño, donde solo es necesario que hables o lleves a cabo una pequeña acción, y posees el calibre necesario, puedes ayudar por humanidad y compasión; esto no se considera algo malo. Se trata de un principio. Ahora bien, si la tarea que se te confía consume un tiempo y una energía notables, o incluso te hace perder una parte considerable de tu tiempo, tienes derecho a negarte. Aunque sean tus padres, tienes derecho a negarte. No tienes por qué ser leal a ellos ni aceptar lo que te encarguen, estás en tu derecho. ¿De dónde procede este derecho? Dios te lo ha otorgado. Este es el segundo principio. El tercer principio es que, si alguien te confía alguna tarea, aunque no te consuma mucho tiempo y energía, pero tal vez perturbe o afecte a tu cumplimiento del deber, o disipe tu voluntad de cumplirlo y tu lealtad a Dios, también debes rechazarla. Si alguien te confía algo que puede afectar a tu búsqueda de la verdad, trastornar y perturbar tu voluntad de buscarla y tu ritmo de búsqueda, y hacer que te rindas a medio camino, debes rechazarlo aún más. Debes rechazar todo lo que afecte a tu cumplimiento del deber o a tu búsqueda de la verdad. Tienes ese derecho; tienes derecho a decir “no”. No es preciso que inviertas tu tiempo y energía. Puedes rechazar todo lo que no aporte sentido, valor, edificación, ayuda ni beneficio a tu cumplimiento del deber, a tu búsqueda de la verdad o a tu salvación. ¿Puede considerarse esto un principio? Sí, es un principio. Así, si evaluáis de acuerdo con estos principios, ¿de dónde pueden venir las tareas que se le confíen a la gente y que esta deba aceptar en la vida? (De Dios). Exacto, únicamente pueden venir de Dios. Como las palabras “de Dios” son relativamente huecas y lejanas, ¿cuál debería ser realmente este encargo? (Que cumplamos con nuestro deber). Así es, implica cumplir con tu deber en la iglesia. Es imposible que Dios te diga personalmente “ve a difundir el evangelio”, “ve a dirigir la iglesia” o “ve a trabajar con textos”. No hay probabilidad alguna de que Dios te lo diga en persona, pero Dios te ha confiado tu deber por medio de la organización de la casa de Dios. Si toda la organización de la casa de Dios tiene su origen en Dios y viene de Dios, ¿necesitas que Él te lo diga personalmente? Ya has experimentado la totalidad de las personas, los acontecimientos y las cosas de la soberanía y la instrumentación de Dios, y tienes unas sensaciones reales. Lo que has experimentado guarda relación con la obra de Dios, la verdad y Su plan de gestión. ¿No es esto cumplir con el deber de un ser creado? Esto por el lado de aceptar lo que se te confía. Por otro lado, aparte de lo que te ha confiado Dios, no hay nada más a lo que la gente le deba lealtad. Solo Dios es digno de lealtad inquebrantable; las personas no lo son. Nadie lo es, incluidos tus antepasados, padres o superiores. ¿Por qué? La verdad más elevada es que es perfectamente natural y justificado que los seres creados han de ser leales al Creador. ¿Tienes la necesidad de analizar esta verdad? No, porque todo lo relativo a la gente viene de Dios, es perfectamente natural y justificado que los seres creados han de ser leales al Creador. ¡Es una verdad suprema que la gente debe tener siempre presente! La segunda verdad que la gente debe comprender es que, siendo fiel a Dios, lo que recibe de Él es la verdad, la vida y el camino. Su provecho es rico y abundante, especialmente copioso y desbordante. Cuando los seres humanos consiguen la verdad, la vida y el camino, su vida empieza a tener valor. Por consiguiente, cuando eres leal a Dios, tu tiempo, energía y los precios que sacrifiques serán inequívocamente recompensados y nunca te arrepentirás. Hasta ahora, algunas personas han seguido a Dios durante veinte o treinta años, y otras durante tres, cinco o diez. Creo que la mayoría no se arrepienten de nada y han obtenido beneficios en cierta medida. Los que aman la verdad, cuanto más siguen a Dios, más cosas creen que les faltan y más valiosa consideran la verdad. Su determinación de perseguir la verdad aumenta, y sienten que aceptaron a Dios demasiado tarde y que, si lo hubieran aceptado tres, cinco años o diez años antes, ¡cuánta verdad habrían comprendido! Actualmente, algunas personas lamentan haber aceptado a Dios demasiado tarde, lamentan haber creído en Dios varios años sin perseguir la verdad y haber perdido el tiempo, y lamentan haber creído en Él varios años sin cumplir correctamente con su deber. En resumen, independientemente del tiempo que una persona crea en Dios, todas ellas obtienen algo y sienten que la búsqueda de la verdad es sumamente importante. Esta es la segunda verdad: que, siendo leales a Dios, todo lo que las personas reciben de Él es la verdad, el camino y la vida, y pueden salvarse, que ya no viven bajo el poder de Satanás. La tercera verdad es que, si la gente es capaz de alcanzar la lealtad eterna a Dios, ¿cuál será su destino último? (Salvarse y perdurar para entrar en el reino de Dios). Cuando la gente sigue a Dios y finalmente se salva, el destino que recibe no es el de ser arrojada a la perdición y aniquilada, sino perdurar como un nuevo ser humano, poder continuar viviendo. Si la gente continúa viviendo, tiene la esperanza de contemplar a Dios. ¡Qué bendición! Para que la gente sea leal a Dios, ¿basta con que comprenda estas tres verdades? (Sí). ¿Qué ventajas tiene que la gente siga a otras personas y les sea leal? Si eres leal a otras personas, la gente afirma que eres de buena moral. Tienes buena reputación y solo obtienes este pequeño beneficio. ¿Has alcanzado la verdad y vida? En absoluto. ¿Qué puede darte una persona cuando le eres leal? Como mucho puedes beneficiarte de tu relación con ella durante su fulgurante éxito profesional, eso es todo. ¿Qué valor tiene eso? ¿No es algo vacío? Las cosas que no guardan relación con la verdad son inútiles por mucho que consigas. Además, si sigues a la gente y le eres leal, la consecuencia probable es que te conviertas en una víctima, en una ofrenda. Si la persona a la que eres leal no va por la senda correcta, ¿qué ocurrirá si la sigues? ¿Irás por la senda correcta? (No). Si la sigues, tú tampoco irás por la senda correcta; hasta te someterás a ella para hacer el mal e irás al infierno para ser castigado, y entonces estarás acabado. Si eres leal a una persona, aunque hagas muchas buenas acciones, no recibirás la aprobación de Dios. Si eres leal a los reyes diabólicos, a Satanás o a los anticristos, te conviertes en cómplice y secuaz de Satanás. El único resultado posible es que seas enterrado junto a Satanás, que seas una ofrenda para Satanás. Según los no creyentes, “estar cerca de un rey es igual de peligroso que yacer junto a un tigre”. Por muy leal que seas a los reyes diabólicos, al final, una vez que te hayan agotado, te devorarán y te harán su víctima. Tu vida siempre estará en peligro. Es el destino de quienes son leales a los reyes diabólicos y a Satanás. Los reyes diabólicos y Satanás nunca te señalarán el rumbo y el objetivo correctos para tu vida y no te guiarán por la senda correcta de vida. Nunca alcanzarás la verdad ni la vida a través de ellos. El final de tu lealtad a ellos es perecer con ellos y ser su ofrenda, o ser atrapado, mutilado y devorado por ellos; este es el resultado final de ir al infierno. Es innegable. Por tanto, cualquier persona, por muy famosa, eminente o potentada que sea, no es digna de tu lealtad ni de que sacrifiques tu vida entera por ella. No es digna y no tiene la facultad de disponer tu destino ni de manipularlo. ¿Basta con comprender este principio-verdad para resolver problemas como los de seguir a la gente y serle leal? (Sí). Hay tres principios que hay que obedecer al abordar las tareas que se te confíen, y hemos compartido tres principios sobre el valor y la trascendencia de la lealtad de la gente a Dios. ¿Tenéis claros todos estos principios? (Sí). En resumen, el análisis del enunciado “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” tiene por objeto ayudaros a que veáis claros su sinsentido y su falsedad para que podáis desprenderos de él. Ahora bien, no basta con desprenderse, sino que también hay que comprender y captar los principios de práctica que debe tener la gente, así como las intenciones de Dios en esas materias. En cuanto al enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, su contenido principal es básicamente este. Solamente lo he analizado desde distintos aspectos y puntos de vista, y luego he enseñado de forma concreta los principios de práctica que Dios le ha revelado a la gente, cuáles son las intenciones de Dios y qué verdades debe comprender la gente. Entendidas estas cuestiones, la gente debe captar, fundamentalmente, el modo de discernir el enunciado moral “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”.

En realidad, es bastante sencillo diseccionar este tema de “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, y la gente puede discernirlo y entenderlo fácilmente. Esta frase es también un enunciado propuesto por los moralistas para paralizar a la gente, desorientar sus ideas y trastornar el pensamiento normal, y no se fundamenta en la conciencia y razón normales del ser humano ni en las necesidades humanas normales. Dichas ideas son inventos de supuestos pensadores y moralistas, que las hacen pasar por virtuosas. No solo carecen de fundamento y sentido, sino que, además, son inmorales. ¿Por qué se lo considera inmoral? Porque no surge de las necesidades de la humanidad normal, no puede alcanzarse dentro del calibre humano y no es una obligación ni un deber que los seres humanos deban cumplir. Esos supuestos moralistas consideran esta frase, “esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, el criterio de conducta que exigen estrictamente a la gente, con lo que conforman cierta atmósfera social y cierta opinión pública. Esta opinión pública oprime a la gente y la obliga a vivir así. De esta manera, los pensamientos de la gente se ven imperceptiblemente limitados por este tipo de pensamiento satánico. Una vez que los pensamientos de una persona se ven restringidos, este enunciado y la opinión pública obviamente limitan también sus actos. ¿Qué significa que los limitan? Que las personas no pueden elegir lo que hacen, no pueden seguir libremente los deseos y exigencias de la naturaleza humana, y no pueden obedecer las exigencias de su conciencia y razón para hacer lo que quieren. Por el contrario, se ven obligadas y limitadas por un pensamiento retorcido, por una especie de teoría ideológica y opinión social que no pueden distinguir y de los que no pueden librarse. La gente vive inconscientemente en este tipo de ambiente y atmósfera social y no puede escapar. Si la gente no comprende la verdad, si no puede entender con claridad las distorsiones y los errores de estos enunciados y si no es capaz de darse cuenta del perjuicio y las consecuencias ocasionados por ellos, que limitan sus pensamientos, nunca podrá liberarse de las limitaciones, ataduras y presiones impuestas por la cultura tradicional y la opinión social. Solamente podrá vivir ateniéndose a esas cosas. La gente vive apoyándose en ellas porque no sabe cuál es la senda correcta, cuáles son el sentido y el objetivo de su conducta ni los principios de cómo ha de comportarse. De forma natural y pasiva, se deja desorientar por los diversos enunciados morales de la cultura tradicional, se deja embaucar y controlar por estas teorías erradas. Cuando la gente comprende la verdad, le resulta sencillo discernir y rechazar estas herejías y falacias. Ya no se deja limitar, secuestrar ni explotar por la opinión pública, la atmósfera y el ambiente de la sociedad creados por Satanás. Así, el sentido y el objetivo de su vida se transforman por completo, y puede vivir y existir de acuerdo con las exigencias y palabras de Dios. Ya no se deja desorientar ni limitar por las diversas teorías satánicas y las diferentes falacias de la cultura tradicional. Cuando la gente se aparta totalmente de los diversos enunciados de conducta moral de la cultura tradicional, en ese momento se libera del todo de la corrupción, la desorientación y la esclavitud de Satanás. Sobre esta base, cuando comprende la verdad y los principios de práctica que Dios exige y da a los seres humanos, su objetivo en la vida se transforma por entero y tiene una vida nueva. Cuando tiene una vida nueva, es un ser humano recién nacido y una persona nueva. Como los pensamientos almacenados en su mente ya no están revestidos de las diversas herejías y falacias que le inculcó Satanás, sino que la verdad ha reemplazado estas cosas satánicas, después, con la guía de las palabras de Dios, la verdad se hace vida dentro de sí, y orienta y rige la forma en que esta contempla a las personas y las cosas, se comporta y actúa. Va por la senda correcta de la vida humana y puede vivir en la luz. ¿No es esto igual a renacer gracias a las palabras de Dios? Muy bien, concluyamos aquí nuestra enseñanza de hoy.

2 de julio de 2022

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