Pregunta 2: Vosotros habéis dado testimonio de que el Señor Jesús ha regresado para expresar la verdad y realizar la obra de juicio en los últimos días. ¿Por qué yo no lo veía? Yo sólo creo que el Señor regresará sobre las nubes; sólo creo que, cuando el Señor regrese, todos los que crean en Él serán inmediatamente transformados y elevados a las alturas para encontrarse con Él. Como dijo Pablo: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo” (Filipenses 3:20-21). Y vosotros decís que el regreso del Señor es que se encarna, se aparece como el Hijo del Hombre y expresa la verdad para realizar la obra de juicio en los últimos días. ¡Creo que es imposible! Puesto que Dios es omnipotente, con una sola palabra creó los cielos, la tierra y todas las cosas y resucitó a los muertos. Dios puede hacernos santos con una palabra. ¿Por qué Dios tiene que encarnarse para expresar la verdad a fin de realizar la obra de juicio y purificación del hombre?

Respuesta: La obra de Dios es siempre insondable. Nadie sabe explicar claramente las profecías de Dios. El hombre sólo comprende las profecías cuando se cumplen. ¿Qué significa esto? Significa que nadie comprende la sabiduría ni la omnipotencia de Dios. Cuando el Señor Jesús se apareció para obrar en la Era de la Gracia, nadie lo comprendió. Cuando Dios Todopoderoso realiza la obra de juicio de los últimos días en la Era del Reino, tampoco lo sabe nadie de antemano. Por tanto, a la humanidad le resulta realmente inconcebible que Dios se encarne en los últimos días para expresar la verdad y realizar la obra de juicio. Pero llegará la catástrofe cuando concluya la obra de Dios. En ese momento muchas personas se darán cuenta de que toda la palabra de Dios se habrá cumplido. Pero será demasiado tarde para lamentarse. Sólo podrán gemir y rechinar los dientes en medio de la catástrofe. En cuanto a cómo realiza Dios Su obra de juicio en los últimos días para purificar y salvar al hombre y cómo forma un grupo de vencedores, las primicias, quedará todavía más claro cuando leamos unos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso.

Dios Todopoderoso dice: “Deberíais ser capaces de ver la voluntad de Dios y deberíais ver que la obra de Dios no es tan simple como la creación de los cielos y la tierra y de todas las cosas. Esto es porque la obra del presente es la transformación de los que han sido corrompidos, que están aletargados hasta un grado extremo; es para purificar a los que fueron creados pero procesados por Satanás. No es la creación de Adán o Eva, y menos todavía es la creación de la luz o la creación de toda planta y animal. Dios purifica las cosas que han sido corrompidas por Satanás y luego las vuelve a ganar. Se convierten en cosas que le pertenecen a Él y se convierten en Su gloria. Esto no es como el hombre imagina, no es tan sencillo como la creación de los cielos y la tierra y de todas las cosas en ellos, o la obra de maldecir a Satanás y enviarlo al abismo, más bien es la obra de transformar al hombre, de transformar lo que es negativo en positivo, hacer que las cosas negativas que no le pertenecen a Él en cosas positivas que sí le pertenecen. Esta es la verdad detrás de esta etapa de la obra de Dios. Debéis entender esto y evitar simplificar las cosas en exceso. La obra de Dios no es como ninguna obra ordinaria. Su maravilla y sabiduría están más allá de la mente del hombre. Dios no crea todas las cosas durante esta etapa de obra, pero tampoco las destruye. En cambio, Él transforma todas las cosas que creó y purifica todas las cosas que han sido contaminadas por Satanás. Y así Dios se embarca en una gran empresa, que constituye toda la importancia de la obra de Dios. ¿Ves que la obra de Dios es realmente tan simple en estas palabras?” (‘¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Satanás ha corrompido la carne del hombre y la ha cegado profundamente y la ha dañado terriblemente. La razón fundamental por la que Dios obra personalmente en la carne es porque el objeto de Su salvación es el hombre, que es de la carne, y porque Satanás también usa la carne del hombre para turbar la obra de Dios. La batalla contra Satanás es en realidad la obra de conquistar al hombre y, al mismo tiempo, el hombre también es el objeto de la salvación de Dios. De esta manera, la obra de Dios encarnado es esencial. Satanás corrompió la carne del hombre y el hombre se convirtió en la personificación de Satanás y se volvió el objeto que Dios debe derrotar. Así, la obra de librar la batalla contra Satanás y salvar a la humanidad ocurre en la tierra y Dios se debe hacer humano con el fin de librar la batalla contra Satanás. Esta es una obra de la máxima realidad” (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La humanidad primitiva estaba en las manos de Dios, pero a causa de la tentación y la corrupción de Satanás, el hombre fue atado por Satanás y cayó en las manos del maligno. Satanás se convirtió, pues, en el objeto que debía ser derrotado en la obra de gestión de Dios. Al haber tomado posesión del hombre, y al ser este el capital que utiliza para llevar a cabo toda gestión, si el hombre debe salvarse tendrá que ser arrebatado de las manos de Satanás; esto significa que el hombre debe ser tomado de vuelta tras haber sido retenido cautivo por Satanás. Así, Satanás debe ser derrotado mediante cambios en el antiguo carácter del hombre, cambios que restauran su sentido original de razón. De este modo, el hombre, que ha sido tomado cautivo, puede ser recuperado de las manos de Satanás. Si el hombre es liberado de la influencia y la esclavitud de Satanás, entonces este será avergonzado y el ser humano será rescatado en última instancia y Satanás derrotado. Al quedar el hombre libre de la oscura influencia de Satanás, se convertirá en los despojos de toda esta batalla y Satanás será objeto de castigo una vez acabada la batalla; después de esto, toda la obra de la salvación de la humanidad habrá concluido” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En la obra de los últimos días, la palabra es más poderosa que la manifestación de señales y maravillas, y la autoridad de la palabra sobrepasa la de las señales y las maravillas. La palabra revela todas las actitudes corruptas enterradas en lo profundo del corazón del hombre. No tienes forma de reconocerlas por ti mismo. Cuando te sean reveladas por medio de la palabra, llegarás a descubrirlas de forma natural; no serás capaz de negarlas, y estarás totalmente convencido. ¿No es esta la autoridad de la palabra? Este es el resultado alcanzado por la obra actual de la palabra. Por tanto, el hombre no puede salvarse totalmente de sus pecados por medio de la curación de la enfermedad y la expulsión de los demonios, y no puede ser hecho totalmente completo por medio de la manifestación de señales y maravillas. La autoridad para sanar enfermedades y expulsar demonios sólo le otorga gracia al hombre, pero la carne del hombre sigue perteneciéndole a Satanás y el carácter satánico corrupto permanece dentro del hombre. En otras palabras, lo que no se ha purificado sigue perteneciéndole al pecado y la inmundicia. Sólo después de que el hombre se haya purificado por medio de la palabra podrá ser ganado por Dios y ser santificado. […] Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por el bien de Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no podría conocer Su carácter justo que no permite ofensa, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por el bien de Su testimonio y de Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, que su carácter sea transformado y que dé resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio en el carácter del hombre se logra a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. El cambio en el carácter del hombre significa que se ha liberado de la atadura de Satanás y de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón” (‘Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios durante los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, los que entran en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá adquirido después de que hayan pasado Su obra final de purificación. Estos humanos a los que Dios finalmente haya adquirido entrarán en el reposo final. El objetivo esencial de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y prepararla para el día del reposo final. Sin esta purificación, nadie de la humanidad podrá ser clasificado en diferentes categorías según su especie ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En los últimos días, Dios se encarna a fin de expresar la verdad y realizar la obra de juicio para purificar y perfeccionar al hombre, en lugar de transformarlo con una palabra. Hay alguna verdad y algún misterio en esto. El modo en que Dios purifica y perfecciona al hombre mediante Su obra de juicio en los últimos días no es en absoluto tan sencillo como imaginamos. Con una palabra, el Señor Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos. Pero que Dios purifique y transforme a la humanidad, totalmente corrompida por Satanás para que se oponga y actúe en contra de Dios, en una humanidad que comprenda, obedezca y adore a Dios; que Él transforme a una humanidad corrompida y convertida en demonios andantes durante milenios en una humanidad con verdad y sentido humano en un plazo de veinte o treinta años, eso es un proceso de lucha contra Satanás. ¿Es esta una cuestión sencilla? Si Dios resucita a los muertos y transforma nuestro cuerpo con una palabra, ¿puede esto humillar a Satanás? En los últimos días, Satanás ha corrompido a la humanidad durante milenios. La naturaleza y el carácter de Satanás han arraigado en el hombre. La humanidad es arrogante, egoísta, embustera, mala y codiciosa. Por fama y fortuna conspiran unos contra otros, se engañan y matan entre sí. La humanidad odia la verdad y la detesta. Hace mucho que se ha hecho enemiga de Dios. Es de la calaña de Satanás, que se opone y traiciona a Dios. La salvación del hombre por parte de Dios es, en realidad, una lucha contra Satanás. Como dice Dios Todopoderoso: “La carne del hombre ha sido profundamente corrompida y se ha convertido en algo que se opone a Dios, tanto que incluso abiertamente se opone y niega la existencia de Dios. Esta carne corrupta es simplemente demasiado indisciplinada y no hay nada más difícil con lo cual tratar o cambiar que el carácter corrupto de la carne. Satanás viene a la carne del hombre para provocar disturbios y usa la carne del hombre para perturbar la obra de Dios y perjudicar el plan de Dios y de esta manera el hombre se ha vuelto Satanás y el enemigo de Dios. Para que el hombre sea salvado primero debe ser conquistado. Es por esto por lo que Dios acepta el reto y viene a la carne para hacer la obra que tiene la intención de hacer y librar la batalla contra Satanás. Su meta es la salvación del hombre que se ha corrompido y la derrota y aniquilación de Satanás que se rebela contra Él. Derrota a Satanás por medio de Su obra de conquistar al hombre, mientras que al mismo tiempo salva a la humanidad corrupta. Así, es una obra que consigue dos objetivos a la vez” (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios quiere transformar a la humanidad, corrompida por Satanás para que actúe contra Dios, en una humanidad que verdaderamente obedezca a Dios y sea compatible con Él. Es una tarea bastante difícil. Es mucho más difícil que la creación de los cielos, la tierra y todas las cosas por parte de Dios. Dios logró crear de la nada los cielos, la tierra y todas las cosas con una palabra. Pero a fin de purificar y transformar a la humanidad, totalmente corrompida, Dios debe encarnarse y expresar muchas verdades para juzgar y purificar al hombre. Es necesario un largo proceso para que nosotros experimentemos el juicio y castigo de Dios, desechemos la corrupción y recibamos la purificación. Este es también el proceso de lucha de Dios contra Satanás. Conforme a su intención original, Satanás ha corrompido a los seres humanos hasta convertirlos en demonios andantes. Si Dios puede convertir a estos demonios andantes en seres humanos, persuadirá a Satanás. Así pues, Dios sigue Su plan original encarnándose para luchar contra la especie de Satanás. En primer lugar, expresando la verdad para conquistar al hombre y luego purificándolo y perfeccionándolo con la verdad. Cuando comprendamos la verdad y conozcamos a Dios, veremos de forma clara la realidad de nuestra corrupción a manos de Satanás y comenzaremos a detestar, abandonar y maldecir a Satanás. Acabaremos rebelándonos totalmente contra Satanás y volviéndonos por completo hacia Dios, de modo que Él arrancará a la humanidad de las manos de Satanás. Las personas salvadas son el botín de Dios tras derrotar a Satanás. Sólo obrando de este modo puede Dios derrotar y humillar realmente a Satanás. Este es también el trasfondo de la obra de juicio de Dios en los últimos días. Aunque la obra de Dios en los últimos días sólo dura entre veinte y treinta años, Él ha formado un grupo de vencedores, cumpliendo así las profecías del Libro del Apocalipsis: “Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (Apocalipsis 14:4). Estos vencedores son las primicias ganadas y disfrutadas por Dios. En comparación con la historia de la humanidad, ¿no son veinte o treinta años un simple abrir y cerrar de ojos? Dice la Biblia: “para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). Si dice que cuando el Señor regrese en los últimos días transformará nuestro cuerpo en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, eso también es perfectamente aplicable a los resultados de la obra de Dios en los últimos días. También lo podemos aceptar así. Pero podemos interpretar fácilmente que las palabras de Pablo dicen que quienes crean en el Señor serán inmediatamente transformados y elevados a las alturas para encontrarse con Él a Su regreso. De ese modo, nosotros simplemente esperábamos ociosamente a que el Señor descendiera sobre las nubes para transformarnos y arrebatarnos. ¿No es engañosa la palabra de Pablo? Nosotros no debemos albergar nociones ni fantasías acerca de la obra de Dios. La obra de Dios es práctica, tangible y visible a cada paso. Dios Todopoderoso encarnado es el Dios práctico que viene al mundo a salvar al hombre mediante la expresión de la verdad. Si no lo aceptamos, ¿no nos estamos rebelando contra Dios y oponiéndonos a Él? ¿Cómo podemos recibir los elogios y las bendiciones de Dios?

Extracto del guion de la película de “El momento de la transformación”

Anterior: Pregunta 1: Vosotros dais testimonio de que el Señor Jesús ha regresado nada menos que como Dios Todopoderoso, el cual ha expresado la verdad al realizar la obra del juicio en los últimos días. ¿Cómo es posible? El Señor vendrá realmente para llevarnos al reino de los cielos; ¿cómo iba a dejarnos atrás para realizar la obra del juicio en los últimos días? Pienso que al creer en el Señor Jesús y recibir la obra del Espíritu Santo, ya hemos experimentado la obra del juicio de Dios. Hay pruebas de ello en la palabra del Señor Jesús: “Porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:7-8). Nosotros creemos que después de que el Señor Jesús resucitara y ascendiera al cielo, el Espíritu Santo descendió en Pentecostés para obrar sobre la gente. Eso ya había hecho que la gente se culpara de sus pecados por la rectitud y el juicio. Cuando nos confesamos y arrepentimos ante el Señor, estamos realmente experimentando Su juicio. aunque la obra del Señor Jesús fue la de redención, después de que Él ascendiera al cielo, la obra del Espíritu Santo descendido en Pentecostés debería ser la obra del juicio de Dios en los últimos días. Si esa no hubiera sido la obra del juicio, ¿cómo podría ser que “Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”? Como creyentes del Señor, el Espíritu Santo a menudo nos conmueve, nos reprende y disciplina. Así pues, ante el Señor siempre estamos llorando y arrepintiéndonos. Las muchas buenas conductas resultantes son el modo en que nos ha transformado la fe en el Señor. ¿No es ese el resultado de experimentar el juicio de Dios? ¿En qué se diferencia la obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días, sobre la que vosotros habláis, de la obra del Señor Jesús?

Siguiente: Pregunta 3: En las reuniones de la iglesia, el pastor y el anciano suelen decir que el hecho de que el Señor Jesús dijera en la cruz “¡Consumado es!” demuestra que había terminado la obra de salvación de la humanidad, y que simplemente con creer en el Señor Jesús y confesarnos ante Él nos perdona los pecados y el Señor ya no nos considera pecadores. Nos justificamos únicamente por la fe y nos salvamos por la gracia. El Señor nos recibirá en el reino de los cielos a Su regreso y es imposible que regrese para realizar otra obra de salvación de la humanidad. Me parece inaceptable esta interpretación del pastor y el anciano. No obstante, ¿a qué se refería, en definitiva, el Señor Jesús cuando dijo en la cruz “¡Consumado es!”? ¿Por qué necesita regresar Dios en los últimos días para expresar la verdad y realizar la obra de juicio y purificación del hombre?

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