230 Sólo soy un pequeño ser creado

I

¡Oh, Dios! No importa si tengo estatus o no,

ahora me comprendo a mí mismo.

Si mi estatus es alto, se debe a Tu elevación.

Si mi estatus es bajo, se debe a Tu designio.

¡Oh, Dios! No tengo quejas, no tengo opción.

Todo en Tus manos está.

Determinaste que naciera

en este país, entre estas personas

y que sólo sea obediente a Tu dominio.

Sólo soy una pequeña criatura,

que recibió la vida del Creador.

Me creaste y ahora me has puesto

a Tu merced, en Tus manos.

Quiero ser Tu herramienta y contraste.

Porque este es Tu designio

y nadie podrá cambiarlo.

Todo está en Tus manos.

II

¡Oh, Dios! No me importa el estatus. ¡Oh, no!

Sólo soy uno entre criaturas.

Si Tú me pusieras en el lago de fuego y azufre,

en el pozo sin fondo, no soy más que una criatura.

Sólo soy una pequeña criatura,

que recibió la vida del Creador.

Me creaste y ahora me has puesto

a Tu merced, en Tus manos.

Quiero ser Tu herramienta y contraste.

Porque este es Tu designio

y nadie podrá cambiarlo.

Todo está en Tus manos.

III

Si me usas, soy una criatura.

Si me perfeccionas, sigo siendo criatura.

Si no me perfeccionas, seguiré amándote,

sólo soy una criatura.

Sólo soy una pequeña criatura,

que recibió la vida del Creador.

Me creaste y ahora me has puesto

a Tu merced, en Tus manos.

Quiero ser Tu herramienta y contraste.

Porque este es Tu designio

y nadie podrá cambiarlo.

Todo está en Tus manos.

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2. Una Breve Introducción a los Antecedentes de la Aparición y Obra de Cristo de los Últimos Días en China

China es la tierra donde reside el gran dragón rojo y es el lugar que se ha resistido y ha condenado a Dios más severamente a lo largo de la historia. China es como una fortaleza de demonios y una prisión impenetrable e impermeable controlada por el diablo. Además, el régimen del gran dragón rojo vigila todos los niveles y ha instalado defensas en cada casa. Como resultado, no hay lugar donde sea más difícil difundir el evangelio de Dios y llevar a cabo la obra de Dios. Cuando el Partido Comunista Chino llegó al poder en 1949, la creencia religiosa en China Continental fue totalmente suprimida y prohibida. Millones de cristianos sufrieron humillación pública, tortura y encarcelamiento. Todas las iglesias fueron completamente cerradas y vaciadas. Hasta las reuniones en las casas fueron prohibidas. Si sorprendían a alguien participando en una reunión, era encarcelado e incluso podía ser decapitado. En esos tiempos, las actividades religiosas desaparecieron casi sin dejar rastro. Solamente un pequeño número de cristianos continuó creyendo en Dios, pero sólo podían orar silenciosamente a Dios y cantarle himnos de alabanza en sus corazones, suplicando a Dios que reviviera la iglesia. Finalmente, en 1981, la iglesia fue verdaderamente revivida y el Espíritu Santo comenzó a obrar a gran escala en China. Las iglesias surgieron como brotes de bambú después de una lluvia de primavera y cada vez más personas comenzaron a creer en Dios. En 1983, cuando el renacimiento de la iglesia alcanzó su clímax, el Partido Comunista Chino comenzó una nueva ronda de cruel represión. Millones de personas fueron arrestadas, detenidas y educadas por medio del trabajo. El régimen del gran dragón rojo sólo permitía a los creyentes en Dios unirse a la iglesia del Movimiento Patriótico de Tres Autonomías creado y controlado por el gobierno. El gobierno del PCCh estableció el Movimiento Patriótico de Tres Autonomías en un intento por eliminar completamente la iglesia doméstica clandestina y tener a aquellos creyentes en el Señor bajo el firme control del gobierno. Creía que ésta era la única manera de lograr su objetivo de prohibir la fe y convertir a China en una tierra sin Dios. Pero el Espíritu Santo continuó realizando Su obra a gran escala en la iglesia doméstica y en aquellas personas que en verdad creían en Dios, lo cual el gobierno del PCCh no tenía manera de detener. En ese entonces, en la iglesia doméstica donde obraba el Espíritu Santo, Cristo de los últimos días aparecía en secreto para obrar; empezó a expresar la verdad y a realizar Su obra de juicio, comenzando con la casa de Dios.

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