f. Cómo conocer que Cristo es la verdad, el camino y la vida
Palabras de Dios en la Biblia
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
“Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Lo que el Cristo de los últimos días trae es la vida; lo que Él trae es el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es la senda por la que el hombre obtiene la vida, y la única senda para que el hombre conozca a Dios y sea aprobado por Él. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres un títere de la historia y un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los preceptos, las palabras y las cadenas de la historia nunca podrán obtener la vida y nunca podrán obtener el camino perpetuo de la vida. Esto es porque lo único que obtienen es agua turbia a la que se han aferrado miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. A los que no se les provee del agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, siempre seguirán siendo juguetes de Satanás y siempre seguirán siendo hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Solo buscas aferrarte a la historia, solo buscas quedarte quieto y mantener las cosas como están, y no buscas cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no eres alguien que siempre es antagónico a Dios? Los pasos de la obra de Dios son abrumadores y poderosos, como las olas agitadas y el retumbar de los truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la muerte, apegándote a aquello que es viejo y esperando a que las cosas caigan sobre tu regazo. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue las huellas del Cordero? ¿Cómo puede esto demostrar que el Dios al que te aferras es el dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos son meras palabras que solo pueden darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las palabras de las Escrituras que recitas solo son Escrituras que te llenan la boca; no son filosofías que te ayudan a conocer la vida humana, y mucho menos son la senda que puede permitirte ser hecho perfecto. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te da una percepción respecto a los misterios que contiene? ¿Eres capaz de transportarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Te exhorto entonces a que dejes de soñar y a que observes quién está obrando ahora: quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna
Dios mismo es la vida y la verdad, Su vida y verdad coexisten. Los que son incapaces de obtener la verdad de seguro no obtendrán la vida. Sin la guía, el apoyo y la provisión de la verdad, lo único que obtendrás son meras palabras, doctrinas e, incluso más, la muerte. La vida de Dios siempre está presente, Su verdad y vida coexisten simultáneamente. Si no puedes encontrar la fuente de la verdad, entonces no obtendrás el alimento de la vida; si no puedes obtener la provisión de vida, entonces, de seguro no tendrás la verdad y, aparte de las nociones y figuraciones, todo tu ser no contendrá nada más que carne, tu apestosa carne. Debes saber que las meras palabras de los libros no pueden considerarse vida, los registros de la historia no se pueden consagrar como la verdad, los preceptos del pasado no pueden servir como un registro de palabras actuales de Dios, y que solo las palabras que Dios expresa cuando viene a la tierra y vive entre los hombres son la verdad, la vida, las intenciones de Dios y Su manera actual de obrar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna
En la Era del Reino, Dios usa las palabras para dar paso a la nueva era, para cambiar los medios por los cuales Él obra y para llevar a cabo la obra de toda la era. Este es el principio por el cual Dios obra en la Era de la Palabra. Él se hizo carne y habla desde diferentes perspectivas, posibilitando que el hombre vea realmente a Dios, quien es la Palabra manifestada en la carne, y que contemple Su sabiduría y Su maravilla. Dios obra de esta manera para lograr mejor los objetivos de conquistar a la gente, perfeccionarla y descartarla. Este es el verdadero significado del uso de las palabras para obrar en la Era de la Palabra. A través de las palabras, las personas llegan a conocer la obra de Dios, Su carácter, la sustancia del hombre y aquello en lo que el hombre debe entrar. A través de las palabras, se logra toda la obra que Dios desea llevar a cabo en la Era de la Palabra. A través de las palabras, las personas son reveladas, descartadas y probadas. Las personas han visto estas palabras, han oído estas palabras y han reconocido su existencia. Como resultado, han llegado a creer en la existencia de Dios, en Su omnipotencia y sabiduría, así como en el corazón de Dios dispuesto a amar y salvar al hombre. El término “palabras” puede ser corriente y sencillo, pero las palabras procedentes de la boca del Dios encarnado sacuden el universo: transforman el corazón de las personas, sus nociones y su antiguo carácter, así como la apariencia que el mundo entero solía tener. A lo largo de las eras, solo el Dios de la actualidad obra de esta manera, y solo Él habla así y salva al hombre de ese modo. A partir de este momento, el hombre vive bajo la guía de las palabras de Dios, entre el pastoreo y la provisión de Sus palabras; toda la gente vive en el mundo de las palabras de Dios, entre las maldiciones y bendiciones de Sus palabras, y la mayoría vive bajo el juicio y el castigo de estas. Todas estas palabras y esta obra son en aras de la salvación del hombre, en aras del cumplimiento de la voluntad de Dios y en aras de cambiar el aspecto original del mundo de la antigua creación. Dios creó el mundo utilizando palabras, guía a todas las personas en el universo utilizando palabras, las conquista y las salva utilizando palabras, y al final Él utilizará palabras para llevar a la totalidad del mundo antiguo a su fin, completando así todo Su plan de gestión. A lo largo de la Era del Reino, Dios usa las palabras para llevar a cabo Su obra y para lograr los resultados de Su obra. Él no obra maravillas ni hace milagros, sino que, simplemente, lleva a cabo Su obra a través de las palabras. Gracias a estas palabras, todas las personas son nutridas y provistas, y adquieren conocimiento y verdadera experiencia. En la Era de la Palabra, las personas han sido excepcionalmente bendecidas. No sufren ningún dolor físico y simplemente disfrutan de la abundante provisión de las palabras de Dios; sin necesidad de buscar o correr de un lado a otro ciegamente, en medio de su comodidad, ven la aparición de Dios, lo escuchan hablar con Su propia boca, reciben Su provisión y ven que lleva a cabo personalmente Su obra. Son cosas que las personas de épocas pasadas no pudieron disfrutar, y son bendiciones que nunca pudieron recibir.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La Era del Reino es la Era de la Palabra
Pensar en Dios y anhelarlo no prueba que hayas sido conquistado por Dios; eso depende de si crees que Él es el Camino hecho carne, de si crees que la Palabra se ha hecho carne, de si crees que el Espíritu se ha convertido en la Palabra y que la Palabra se ha manifestado en carne. Este es el testimonio clave. No importa cómo sigas ni cómo te entregues; lo que es crucial es si eres capaz de descubrir de esta humanidad normal que la Palabra se ha hecho carne y que el Espíritu de la verdad se ha hecho realidad en la carne: que toda la verdad, el camino y la vida han venido en la carne, que el Espíritu de Dios realmente ha llegado a la tierra y el Espíritu ha llegado en la carne. Aunque, superficialmente, esto difiere de la concepción del Espíritu Santo, en esta obra se puede ver más claramente que el Espíritu ya se ha hecho realidad en la carne y, además, que el Camino se ha hecho carne, y la Palabra se ha manifestado en carne. Esto te permite entender el verdadero significado de las palabras: “Al principio existía el Camino (la Palabra), y el Camino (la Palabra) estaba junto a Dios, y el Camino (la Palabra) era Dios”.* Además, debes entender que la Palabra de hoy es Dios, que el Camino es Dios y que esto te permite ver que la Palabra se hace carne. Este es el mejor testimonio que puedes dar. Esto demuestra que posees el verdadero conocimiento de Dios hecho carne; no solo eres capaz de conocerlo a Él, sino que también eres consciente de que la senda que sigues hoy es el camino de vida y el camino de la verdad. La etapa de la obra que realizó Jesús solo cumplió con la esencia de “el Camino estaba junto a Dios”*: la verdad de Dios era con Dios y el Espíritu de Dios era con la carne y era inseparable de la carne. Es decir, la carne de Dios encarnado estaba con el Espíritu de Dios, lo cual es una prueba mayor de que Jesús encarnado fue la primera encarnación de Dios. Esta etapa de la obra cumple precisamente el significado interno de “la Palabra se hace carne”, le da un significado más profundo a “el Camino estaba junto a Dios, y el Camino era Dios”,* y te permite creer firmemente en las palabras “al principio existía el Camino”.* Lo que es igual a decir que en el momento de la creación Dios poseía palabras, Sus palabras eran con Él y eran inseparables de Él, y en la era final revela el poder y la autoridad de Sus palabras con incluso mayor claridad y permite al hombre ver todo Su Camino; eso es oír todas Sus palabras. Tal es la obra de la era final. Debes llegar a entender estas cosas por completo. No se trata de conocer la carne, sino de cómo entiendes la carne y la Palabra, así como la carne y el Camino. Este es el testimonio que debes dar, que todos deben conocer.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (4)
Mis palabras son la verdad que jamás cambia; Soy el suministro de vida para el hombre y la única guía para la especie humana; el valor y el significado de Mis palabras no se determinan basándose en si son reconocidas y aceptadas por la especie humana, sino en la esencia de las palabras mismas; e incluso aunque ni una sola persona en esta tierra pudiera aceptar Mis palabras, el valor de estas y su ayuda para la especie humana están más allá de la estimación de cualquier persona. Por lo tanto, cuando me enfrento con las muchas personas que se rebelan contra Mis palabras, las refutan o las desdeñan por completo, Mi actitud es simplemente esta: dejar que el tiempo y los hechos sean Mis testimonios y demuestren que Mis palabras son la verdad, el camino y la vida. Dejar que demuestren que todo lo que he dicho es correcto y que eso es lo que el hombre debe poseer y, lo que es más, que eso es lo que el hombre debe aceptar. Haré que todos los que me siguen conozcan este hecho: los que no pueden aceptar completamente Mis palabras, los que no pueden practicar Mis palabras, los que no pueden encontrar un objetivo en Mis palabras y los que no pueden recibir la gracia de la salvación a través de Mis palabras, son los que son condenados por Mis palabras y, lo que es más, son los que han perdido la gracia de Mi salvación y Mi vara nunca se apartará.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberíais considerar vuestros hechos
Esta vez, Dios viene a hacer la obra, no en un cuerpo espiritual, sino en uno muy corriente. Además, es el cuerpo de la segunda encarnación de Dios y también el cuerpo a través del cual Él regresa a la carne. Es una carne muy corriente. Al observarlo, no puedes ver nada en Él que lo haga resaltar entre los demás, pero puedes recibir de Él verdades que nunca antes se han oído. Tan solo esta carne insignificante es la personificación de todas las palabras de la verdad de Dios, la portadora de Su obra en los últimos días y la expresión por la cual el hombre entiende todo el carácter de Dios. ¿No deseas enormemente ver al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente entender al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente ver el destino de la especie humana? Él te contará todos estos secretos, secretos que ningún hombre ha sido nunca capaz de contarte, y Él te contará también las verdades que no entiendes. Él es tu puerta al reino y tu guía a la nueva era. Esta carne corriente contiene muchos misterios que son insondables para el hombre. Sus hechos son inescrutables para ti, pero la totalidad del objetivo de la obra que Él realiza es bastante para que puedas ver que Él no es simple carne como la gente cree, porque Él representa las intenciones de Dios en los últimos días, así como el cuidado de Dios hacia la especie humana en los últimos días. Aunque no puedes oír Sus palabras, que parecen sacudir los cielos y la tierra, aunque no puedes ver Sus ojos como llamas de fuego y aunque no puedes recibir la disciplina de Su vara de hierro, sí puedes oír en Sus palabras que Dios está colérico y saber que Dios está mostrando misericordia hacia la especie humana, así como ver Su carácter justo y Su sabiduría y, lo que es más, apreciar la preocupación que Él tiene por toda la especie humana. La obra de Dios en los últimos días consiste en permitir al hombre ver en la tierra al Dios en el cielo vivir entre las personas y permitirle que lo conozca, se someta a Él, le tema y le ame. Por esta razón, Él ha regresado a la carne por segunda vez. Aunque lo que el hombre ve hoy es un Dios igual a él, un Dios con una nariz y dos ojos, un Dios para nada especial, al final Él os mostrará que, sin la existencia de esta persona, el cielo y la tierra pasarían por un cambio tremendo; sin la existencia de esta persona, el cielo se volvería sombrío, la tierra se convertiría en caos y toda la humanidad viviría entre hambruna y plagas. Él os mostrará que, si Dios encarnado de los últimos días no hubiera venido a salvaros, Dios habría destruido al hombre hace mucho tiempo en el infierno; sin la existencia de esta carne, seríais para siempre archipecadores, seríais cadáveres eternamente. Deberíais saber que, sin la existencia de esta carne, sería imposible para toda la especie humana escapar de una gran calamidad, y sería imposible que escapase del castigo más severo que Dios le impone en los últimos días. Sin el nacimiento de esta carne corriente, todos vosotros estaríais en un estado en el que rogaríais por la vida sin poder vivir y rogaríais por la muerte sin poder morir; sin la existencia de esta carne no podríais recibir hoy la verdad y venir ante el trono de Dios. Más bien, Él os castigaría por vuestros graves pecados. ¿Sabéis que si no hubiera sido por el retorno de Dios a la carne, nadie tendría oportunidad de salvarse, y que si no fuera por la venida de esta carne, Dios habría acabado hace mucho la era antigua? Así las cosas, ¿rechazaréis todavía la segunda encarnación de Dios? Ya que os podéis beneficiar tanto de esta persona corriente, ¿por qué no la aceptáis con alegría?
[…] El hecho de que hayáis llegado hasta hoy es gracias a esta carne. Tenéis la oportunidad de sobrevivir porque Dios vive en la carne. Todas estas bendiciones se han obtenido gracias a esta persona corriente. Y no solo esto, sino que, al final, la miríada de naciones adorará a esta persona corriente y dará gracias y se someterá a esta persona insignificante porque es la verdad, la vida y el camino que Él trajo lo que ha salvado a toda la especie humana, lo que ha mitigado el conflicto entre el hombre y Dios, lo que ha acortado la distancia entre ellos y lo que ha abierto una conexión entre los pensamientos de Dios y los del hombre. Él es también quien ha obtenido una gloria aún mayor para Dios. ¿Acaso no es tal persona corriente digna de tu confianza y adoración? ¿No es apta esta carne corriente para ser llamada Cristo? ¿No puede convertirse esta persona corriente en la expresión de Dios entre las personas? ¿No es tal persona, que ha librado al hombre del desastre, digna de vuestro amor y de vuestro deseo de aferraros a Él? Si rechazáis las verdades expresadas por Su boca y detestáis Su existencia entre vosotros, ¿qué será de vosotros entonces?
Toda la obra de Dios en los últimos días se lleva a cabo a través de esta persona corriente. Él te lo concederá todo y, además, puede decidirlo todo sobre ti. ¿Puede una persona así ser como vosotros creéis: una persona tan simple como para no ser digna de mención? ¿No es suficiente Su verdad para convenceros totalmente? ¿Acaso ver Sus hechos con vuestros propios ojos no os convence? ¿O es que la senda por la cual conduce a las personas no es digna de que vosotros la transitéis? Después de todo, ¿qué es lo que os provoca que sintáis antipatía hacia Él y que lo rechacéis y lo eludáis? Es esta persona quien expresa la verdad, es ella quien la provee y os da una senda a seguir. ¿Podría ser que vosotros aún no podáis encontrar las huellas de la obra de Dios en estas verdades? Sin la obra de Jesús, la humanidad no podría haber bajado de la cruz, pero sin el Dios encarnado de hoy, aquellos que han bajado de la cruz no podrían nunca recibir la aprobación de Dios ni entrar en la nueva era. Sin la venida de esta persona corriente, nunca tendríais la oportunidad de ver el verdadero rostro de Dios ni seríais aptos para verlo, porque todos vosotros sois objetos que deberían haber perecido hace mucho tiempo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Lo sabías? Dios ha hecho algo grande entre los hombres
Dios guarda silencio y nunca se nos ha aparecido, sin embargo, Su obra nunca se ha detenido. Él escruta toda la tierra y gobierna sobre todas las cosas y contempla todas las palabras, acciones y movimientos del hombre. Conduce Su gestión con un plan y por pasos, silenciosamente y sin sacudir los cielos y la tierra, pero Sus pasos avanzan, uno tras otro, cada vez más cerca de la humanidad, y Su tribunal se despliega en el universo a la velocidad del rayo, tras lo cual Su trono desciende inmediatamente entre nosotros. ¡Qué escena tan majestuosa es esta; qué cuadro tan imponente y solemne! Como una paloma, como un león rugiente, el Espíritu viene entre nuestras multitudes. Es sabiduría, es justicia y majestad, y Él desciende entre nosotros en silencio, ejerciendo autoridad y lleno de benevolencia y misericordia. Nadie es consciente de Su llegada ni la acoge e, incluso más, nadie sabe todo lo que Él está a punto de hacer. La vida del hombre sigue sin cambios; su corazón no es diferente y los días transcurren como siempre. Dios vive entre nosotros, como una persona corriente, como uno de los seguidores más insignificantes y un creyente corriente. Él tiene Sus propias búsquedas, Sus propias metas e, incluso más, tiene una divinidad que las personas corrientes no poseen. Nadie se ha dado cuenta de la existencia de Su divinidad, ni nadie ha percibido la diferencia entre Su esencia y la del hombre. Vivimos junto con Él, sin restricciones y sin temor, porque a nuestros ojos no es más que un creyente insignificante. Él observa todos nuestros movimientos, y todos nuestros pensamientos e ideas están expuestos ante Él. A nadie le interesa Su existencia; nadie se imagina nada sobre la función que Él desempeña e, incluso más, nadie tiene la menor sospecha sobre Su identidad. Lo único que hacemos es continuar con nuestras búsquedas como si Él no tuviera nada que ver con nosotros…
Por casualidad, el Espíritu Santo expresa un pasaje de palabras “por medio” de Él, y aunque parezca muy inesperado, sin embargo, creemos firmemente que es una declaración de Dios y de buena gana lo aceptamos de parte de Dios. Esto es porque, independientemente de quién exprese estas palabras, siempre que vengan del Espíritu Santo las debemos aceptar y no las podemos rechazar. La siguiente declaración podría venir a través de mí, o a través de ti o de alguien más. Quienquiera que sea, todo es la gracia de Dios. Sin embargo, no importa quién sea, no podemos adorar a esta persona porque, en cualquier caso, esta persona no puede ser Dios ni por ningún motivo escogeríamos a una persona ordinaria como esa para que fuera nuestro Dios. Nuestro Dios es muy grande y honorable; ¿cómo alguien tan insignificante podría ocupar Su lugar? Es más, estamos deseando que venga Dios y nos lleve de regreso al reino de los cielos, entonces, ¿cómo podría alguien tan insignificante ser apto para una tarea tan importante y ardua? Si el Señor viene otra vez, debe ser en una nube blanca para que lo vean la miríada de personas. ¡Qué glorioso será eso! ¿Cómo es posible que Él pueda esconderse subrepticiamente entre un grupo de personas corrientes?
Y pese a ello, es esta persona ordinaria, escondida entre la gente, la que está haciendo la nueva obra de salvarnos. Él no nos ofrece explicaciones, ni nos dice por qué ha venido, sino que simplemente hace la obra que tiene la intención de hacer de acuerdo con Su plan y Su procedimiento. Sus palabras y declaraciones cada vez se hacen más frecuentes. De consolar, exhortar, recordar y advertir a reprochar y disciplinar; de un tono gentil y amable, a palabras que son feroces y majestuosas; todo hace que el hombre sienta gran misericordia y terror absoluto. Todo lo que dice da de lleno en los secretos que están profundamente escondidos dentro de nosotros; Sus palabras lastiman nuestros corazones, nuestros espíritus, y nos dejan llenos de una vergüenza insoportable, apenas sabiendo dónde escondernos. Comenzamos a tener dudas respecto a si el Dios que está en el corazón de esta persona realmente nos ama, y qué es exactamente lo que pretende. ¿Será que solo podremos ser arrebatados después de soportar tales sufrimientos? En nuestra mente estamos calculando… acerca del destino que está por venir y acerca de nuestra suerte futura. Aun así, tal como antes, ninguno de nosotros cree que Dios se haya hecho carne para obrar entre nosotros. Aunque nos ha acompañado mucho tiempo, aunque ya ha hablado muchas palabras cara a cara con nosotros, todavía no estamos dispuestos a aceptar a una persona tan común como el Dios de nuestro futuro, y mucho menos estamos dispuestos a confiarle el control de nuestro futuro y suerte a esta persona insignificante. De Él disfrutamos una provisión sin fin de agua viva, y a través de Él vivimos una vida del hombre y Dios estando cara a cara. Pero solo estamos agradecidos por la gracia del Señor Jesús que está en el cielo y nunca hemos puesto atención a los sentimientos de esta persona ordinaria que posee la divinidad. Sin embargo, como antes, Él hace Su obra escondido humildemente en la carne, expresando la voz de Su corazón, como si fuera insensible al rechazo de la especie humana, como si perdonara eternamente la inmadurez del hombre y su ignorancia, y fuera siempre tolerante con la irreverente actitud del hombre hacia Él.
Sin que nosotros lo sepamos, esta persona insignificante nos ha guiado a un paso tras otro de la obra de Dios. Sufrimos un sinnúmero de pruebas e innumerables reprensiones y somos probados por la muerte. Aprendemos del carácter justo y majestuoso de Dios; también disfrutamos de Su benevolencia y misericordia, así como llegamos a apreciar el gran poder y la sabiduría de Dios; somos testigos de la hermosura de Dios y contemplamos la intención ansiosa de Dios de salvar al hombre. En las palabras de esta persona ordinaria, llegamos a conocer el carácter y la esencia de Dios, a entender las intenciones de Dios, a conocer la esencia-naturaleza del hombre y a ver la senda de salvación y perfección. Sus palabras nos hacen “morir” y nos hacen “volver a nacer”; Sus palabras nos dan consuelo, pero también nos atormentan con la culpa y un sentimiento de deuda; Sus palabras nos dan alegría y paz, pero también nos causan infinito dolor. A veces somos como corderos en Sus manos, para ser sacrificados según Su voluntad; a veces somos como la niña de Sus ojos y gozamos de Su tierno amor; a veces somos como Sus enemigos, y ante Su mirada nos convertimos en ceniza por Su cólera. Somos la raza humana a la que Él salvó; somos gusanos a Sus ojos, y somos las ovejas perdidas que noche y día se empeña en encontrar. Él es misericordioso con nosotros, nos detesta, nos levanta, nos consuela y nos exhorta, nos guía, nos esclarece, nos escarmienta y nos disciplina, y hasta nos maldice. Noche y día, nunca deja de preocuparse por nosotros y de protegernos y cuidarnos; nunca se aparta de nuestro lado. Derrama toda la sangre de Su corazón y paga todo el precio por nosotros. Dentro de las palabras de esta carne insignificante y corriente, hemos gozado de la totalidad de Dios y contemplado el destino que Dios nos ha concedido. No obstante, la vanidad todavía crea problemas en nuestro corazón y todavía seguimos sin estar dispuestos a aceptar activamente a una persona así como nuestro Dios. Aunque nos ha dado tanto maná, tanto para disfrutar, nada de esto puede ocupar el lugar del Señor en nuestro corazón. Honramos la identidad y el estatus especiales de esta persona solo con gran renuencia. Mientras Él no abra la boca para pedirnos que reconozcamos que es Dios, nunca reconoceremos por nuestra propia iniciativa que Él es el Dios que pronto llegará y que, sin embargo, lleva mucho tiempo obrando entre nosotros.
Dios continúa con Sus declaraciones, y Él emplea diversos métodos y muchas perspectivas para advertirnos sobre qué debemos hacer, mientras que al mismo tiempo expresa la voz de Su corazón. Sus palabras llevan el poder de la vida, nos proveen del camino que debemos seguir y nos permiten comprender qué es exactamente la verdad. Nos empiezan a atraer Sus palabras, comenzamos a prestar atención al tono y la manera en la que habla, y subconscientemente comenzamos a tomar nota de la voz del corazón de esta persona desapercibida. Él se desvive de todo corazón por nosotros, pierde el sueño y el apetito por nosotros, llora por nosotros, suspira por nosotros y gime en la enfermedad por nosotros; padece humillación por el bien de nuestro destino y salvación; y nuestra insensibilidad y rebeldía provocan lágrimas y sangre en Su corazón. Ninguna persona corriente tiene este ser y estas posesiones, y ningún ser humano corrupto los puede tener ni conseguir. Tiene una tolerancia y paciencia que no posee ninguna persona ordinaria, y Su amor no es algo que tenga ningún ser creado. Nadie excepto Él puede saber todos nuestros pensamientos, conocer nuestra naturaleza y esencia como la palma de su mano, juzgar la rebeldía y corrupción de la especie humana o hablarnos y obrar en nosotros así en nombre del Dios del cielo. Nadie aparte de Él posee la autoridad, la sabiduría y la dignidad de Dios; el carácter de Dios y Sus posesiones y Su ser se expresan en su totalidad en Él. Nadie salvo Él nos puede mostrar el camino y traernos la luz. Nadie salvo Él puede desvelar los misterios que Dios no ha dado a conocer desde la creación hasta el día de hoy. Nadie salvo Él nos puede salvar de la esclavitud de Satanás y de nuestro carácter corrupto. Él representa a Dios; expresa la voz del corazón de Dios, las exhortaciones de Dios y Sus palabras de juicio hacia toda la especie humana. Él ha abierto una nueva época, una nueva era, ha iniciado un nuevo cielo y una nueva tierra, una nueva obra, nos ha traído esperanza y ha puesto fin a la vida que llevábamos en un estado difuso, así como ha permitido a todo nuestro ser contemplar completamente la senda a la salvación. Él ha conquistado todo nuestro ser y ha ganado nuestro corazón. Desde ese momento en adelante, nuestro corazón ha tomado conciencia y nuestro espíritu parece haber sido revivido: esta persona común e insignificante, esta persona que vive entre nosotros y a la que hemos rechazado desde hace tanto tiempo, ¿no es este el Señor Jesús, que siempre está en nuestros pensamientos, despiertos o soñando, y a quien anhelamos noche y día? ¡Es Él! ¡Realmente es Él! ¡Él es nuestro Dios! ¡Él es la verdad, el camino y la vida! Él nos ha permitido vivir otra vez y ver la luz, y ha evitado que nuestro corazón se encuentre a la deriva. Hemos regresado a la casa de Dios, hemos regresado ante Su trono, estamos cara a cara con Él, hemos sido testigos de Su rostro, y hemos visto el camino que está por delante.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice IV: Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y castigo
Extractos de películas relacionadas
¿Cómo saber que Cristo es la verdad, el camino y la vida?
Himnos relacionados
Las palabras de Dios son la verdad que nunca cambia
Nadie es consciente de la llegada de Dios
Cristo de los últimos días trae el camino de la vida eterna
Cristo de los últimos días es la puerta de entrada al reino para el hombre