e. Por qué se dice que las dos encarnaciones de Dios completan el significado de la encarnación

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre de la cruz, pero las actitudes corruptas satánicas todavía permanecían en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que aquellos cuyos pecados han sido perdonados puedan ser liberados del pecado y purificados completamente, y logren un cambio de carácter, y así sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Solo así puede el hombre ser plenamente santificado. Después de que la Era de la Ley llegó a su fin y al comenzar la Era de la Gracia, Dios comenzó la obra de salvación, la cual continúa en los últimos días, cuando Dios realiza la obra de juzgar y castigar a la raza humana por su rebeldía, de modo que purifica completamente a la especie humana. Solo después de esto Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios solo se ha hecho carne dos veces para llevar a cabo Él mismo Su obra entre los hombres. Esto se debe a que solo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar a las personas sobre cómo deben llevar su vida, mientras que, las otras dos, consisten en la obra de salvación. Solo haciéndose carne puede Dios vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en un cuerpo normal de carne. Solo de esta forma puede proveer a las personas del Camino práctico que necesitan como seres creados. El hombre recibe la plena gracia salvadora de Dios a través de la encarnación de Dios, no directamente del cielo por medio de su propia súplica. El hombre es de carne y hueso, no tiene forma de ver al Espíritu de Dios y, mucho menos, de acercarse a Su Espíritu, así que lo único con lo que puede entrar en contacto es con la carne encarnada de Dios. Solo a través de esto es el hombre capaz de entender todo el Camino y todas las verdades y recibir la plena gracia salvadora. La segunda encarnación es suficiente para librar al hombre de sus pecados y purificarlo plenamente. Por tanto, con la segunda encarnación se pondrá fin a la totalidad de la obra de Dios en la carne y se completará el sentido de la encarnación de Dios. A partir de ahí, la obra de Dios en la carne habrá llegado plenamente a su fin. Después de la segunda encarnación, Él no se hará carne una tercera vez para Su obra. Ya que toda Su gestión habrá llegado a su fin, la encarnación de los últimos días habrá ganado totalmente a las personas que ha seleccionado y, en los últimos días, estas habrán sido ordenadas según su tipo. Él ya no hará más la obra de salvación ni regresará a la carne para llevar a cabo obra alguna.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

En la época en la que Jesús estaba llevando a cabo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo ilusorio y poco claro. El hombre siempre creyó que Él era el hijo de David y dijo que era un gran profeta y el Señor bondadoso que redimía los pecados del hombre. Algunos, por la fuerza de su fe, fueron sanados simplemente al tocar el borde de Su manto; los ciegos pudieron ver e incluso los muertos pudieron ser devueltos a la vida. Sin embargo, el hombre fue incapaz de descubrir las actitudes satánicas corruptas profundamente arraigadas en su interior y tampoco sabía cómo desecharlas. El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, bendiciones sobre toda la familia por la fe de uno solo de sus miembros, la curación de las enfermedades, etc. El resto fueron las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si alguien podía vivir con base en eso, se le consideraba un creyente acorde al estándar. Solo ese tipo de creyentes podían entrar en el cielo tras su muerte, lo que significaba que eran redimidos. Pero durante su vida, estas personas no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después los confesaban, en un ciclo constante sin una senda para cambiar su carácter: ese era el estado del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No! Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo purificar al hombre por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería desechada y el hombre se detendría en el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero las actitudes corruptas del hombre siguen en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios, y Dios no ha ganado a la especie humana. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para desenmascarar las actitudes corruptas del hombre y hacerle practicar según la senda apropiada. La obra de esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque ahora la palabra es la que provee directamente a la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más exhaustiva. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

Dios, en Su primera encarnación, no completó la obra de la encarnación, sino solo el primer paso de la obra que Dios hecho carne debía realizar. Así pues, con el fin de completar la obra de la encarnación, Dios ha regresado a la carne una vez más y vive toda la normalidad y la practicidad de la carne; es decir, pone de manifiesto el Camino de Dios en una carne que es de lo más normal y corriente, y concluye de esta forma la obra que Él aún tiene que completar en la carne. La segunda encarnación tiene la misma esencia que la primera, pero es incluso más práctica, incluso más normal que la primera. Como consecuencia, el sufrimiento que la segunda encarnación soporta es mayor que el de la primera, pero este sufrimiento es una consecuencia de Su ministerio en la carne, el cual es diferente del sufrimiento del hombre corrupto. También brota de la normalidad y de la practicidad de Su carne. Como Él realiza Su ministerio en una carne que tiene suma normalidad y practicidad, esta debe soportar una gran cantidad de sufrimiento. Cuanto más normal y práctica sea esta carne, más sufrirá Él en la realización de Su ministerio. La obra de Dios se expresa en una carne muy común, sin ninguna sobrenaturalidad en absoluto. Como Su carne es normal y también debe cargar con la obra de salvar al hombre, Él sufre en mayor medida de lo que lo haría una carne sobrenatural; y todo este sufrimiento brota de la practicidad y de la normalidad de Su carne. De los sufrimientos que han padecido las dos encarnaciones durante la realización de Sus ministerios, se puede ver la esencia de la encarnación. Cuanto más normal es la carne, mayor es el sufrimiento que Él debe soportar al emprender la obra; cuanto más práctica es la carne que emprende la obra, más fuertes se tornan las nociones de las personas y mayor es el riesgo que Él asume. Y sin embargo, cuanto más práctica es la carne y cuanto más posee las necesidades y la razón completa de un ser humano normal, más capaz es Él de asumir la obra de Dios en la carne. Jesús fue clavado en la cruz por medio de la carne, y Él sirvió como ofrenda por el pecado por medio de la carne, es decir, fue a través de una carne con humanidad normal que Él derrotó a Satanás y salvó totalmente al hombre desde la cruz. Es por medio de una carne completa que el segundo Dios encarnado lleva a cabo la obra de conquista y derrota a Satanás. Solo una carne completamente normal y práctica puede realizar la obra de conquista en el sentido más pleno y dar un testimonio potente. Es decir, la conquista del hombre logra su efecto por medio de la practicidad y la normalidad de Dios en la carne, no a través de milagros y revelaciones sobrenaturales. El ministerio desempeñado por este Dios encarnado consiste en hablar, y es hablando como Él conquista y perfecciona al hombre; en otras palabras, la obra del Espíritu materializada en la carne es hablar y el trabajo de la carne es hablar y, de este modo, lograr el propósito de conquistar, revelar, perfeccionar y descartar a la gente por completo. Por tanto, la obra de Dios en la carne se cumplirá en su totalidad en la obra de conquista. La obra de expiar los pecados del hombre que se llevó a cabo la primera vez solo era el comienzo de la obra de la encarnación; solo la carne que realiza la obra de conquista completa toda la obra de la encarnación. En cuanto al género, uno es varón y el otro es mujer; de esta manera se ha completado la relevancia de la encarnación de Dios y se han disipado las nociones del hombre sobre Él: Dios puede convertirse tanto en varón como en mujer y, en esencia, el Dios encarnado no tiene género. Él creó tanto al hombre como a la mujer y para Él no hay división de géneros. En esta etapa de la obra, Dios no lleva a cabo señales y maravillas para que la obra logre sus resultados por medio de las palabras. Además, esto se debe a que esta vez la obra del Dios encarnado no consiste en sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios, sino en conquistar al hombre hablando; esto quiere decir que las habilidades instintivas que posee esta encarnación de Dios son pronunciar palabras y conquistar al hombre, no sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios. Su obra en una humanidad normal no es realizar señales, ni sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios, sino hablar; y por eso la segunda encarnación les parece a las personas mucho más normal que la primera. Según lo ven las personas, Dios ciertamente se ha hecho carne. Sin embargo, este Dios encarnado es diferente a Jesús encarnado y, aunque ambos son Dios encarnado, no son completamente iguales. Jesús poseía una humanidad normal y corriente, pero Él estuvo acompañado por muchas señales y maravillas. En este Dios encarnado, los ojos humanos no verán señales o maravillas, ni sanación de enfermos ni expulsión de demonios, ni lo verán caminar sobre el mar ni ayunar durante cuarenta días… Él no realiza la misma obra que Jesús llevó a cabo, no porque Su carne sea en esencia diferente a la de Jesús, sino porque no es Su ministerio sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios. Él no echa abajo Su propia obra ni la perturba. Como conquista al hombre a través de Sus palabras prácticas, no hay necesidad de subyugarlo con señales y, por tanto, esta etapa consiste en completar la obra de la encarnación.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios

Cada etapa de la obra realizada por Dios tiene su propia importancia práctica. En aquel entonces, cuando Jesús vino, lo hizo en forma de varón, y cuando Dios viene esta vez, toma la forma de mujer. A partir de esto se puede ver que la creación por parte de Dios tanto del hombre como de la mujer puede servir a Su obra, y que con Él no hay distinción de género. Cuando Su Espíritu viene, Él puede adoptar cualquier carne que desee y esa carne puede representarlo; sea varón o mujer, puede representar a Dios mientras sea Su carne encarnada. Si Jesús hubiera aparecido como mujer cuando vino —en otras palabras, si el Espíritu Santo hubiera concebido una niña y no un niño—, esa etapa de la obra se habría completado de todas formas. Si eso hubiera ocurrido, la etapa presente de la obra la habría tenido que hacer en su lugar un varón, pero de todas maneras la obra se habría completado. La obra que se lleva a cabo en cada etapa tiene su significado; ninguna de sus dos etapas repite a la otra, pero además no entran en conflicto entre sí. En aquel momento, cuando Jesús llevaba a cabo Su obra, se le llamó el Hijo unigénito, e “Hijo” indica el género masculino. ¿Por qué no se menciona al Hijo unigénito en la etapa actual? Porque los requisitos de la obra han necesitado un género diferente al de Jesús. Con Dios no hay distinción de géneros. Él realiza Su obra como lo desea y, al llevarla a cabo, no está sujeto a ninguna limitación, sino que es particularmente libre. Sin embargo, cada etapa de la obra tiene su propia importancia práctica. Dios se hizo carne dos veces, y es obvio que Su encarnación durante los últimos días es la última vez. Él ha venido a revelar todas Sus acciones. Si no se hubiera hecho carne en esta etapa ni hubiera hecho personalmente una obra que las personas presenciaran, estas se aferrarían siempre a la noción de que Dios es solo varón y no mujer. […]

Si solo se hubiera llevado a cabo la obra de Jesús sin complementarse con la obra en esta etapa de los últimos días, el hombre se aferraría por siempre a la noción de que solo Jesús es el único Hijo de Dios. Es decir, que Dios solo tiene un hijo y que cualquiera que venga después con otro nombre no sería el único Hijo de Dios, mucho menos Dios mismo. El hombre tiene la noción de que cualquiera que sirve como ofrenda por el pecado o que asume el poder en nombre de Dios y redime a toda la humanidad es el único Hijo de Dios. Hay algunos que creen que, siempre que Aquel que venga sea un varón, se le puede considerar el único Hijo de Dios y representante de Dios. Están incluso los que dicen que Jesús es el Hijo de Jehová, Su Hijo unigénito. ¿No son estas nociones graves del hombre? Si Dios no viniera a hacer esta etapa de la obra en la era final, toda la humanidad estaría envuelta en una sombra oscura en lo referente a Dios. Si así fuera, el hombre pensaría que es superior a la mujer y las mujeres nunca podrían levantar la cabeza, y así ninguna mujer podría ser salva. Las personas siempre creen que Dios es varón y, además, que Él siempre ha detestado a la mujer y no le concederá la salvación. De ser así, ¿no sería cierto que todas las mujeres, que fueron creadas por Jehová y que también fueron corrompidas, nunca tendrían la oportunidad de ser salvas? ¿No habría sido inútil, entonces, que Jehová hubiera creado a la mujer, es decir, que hubiera creado a Eva? ¿Y acaso no perecería la mujer por toda la eternidad? Por ello, la etapa de la obra en los últimos días se lleva a cabo para salvar a toda la humanidad, no solo a la mujer. Si alguien pensara que el hecho de que Dios se encarnara como mujer era únicamente para salvar a la mujer, ¡esa persona sería incluso más necia!

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación

La etapa de la obra que realizó Jesús solo cumplió con la esencia de “el Camino estaba junto a Dios”*: la verdad de Dios era con Dios y el Espíritu de Dios era con la carne y era inseparable de la carne. Es decir, la carne de Dios encarnado estaba con el Espíritu de Dios, lo cual es una prueba mayor de que Jesús encarnado fue la primera encarnación de Dios. Esta etapa de la obra cumple precisamente el significado interno de “la Palabra se hace carne”, le da un significado más profundo a “el Camino estaba junto a Dios, y el Camino era Dios”,* y te permite creer firmemente en las palabras “al principio existía el Camino”.* Lo que es igual a decir que en el momento de la creación Dios poseía palabras, Sus palabras eran con Él y eran inseparables de Él, y en la era final revela el poder y la autoridad de Sus palabras con incluso mayor claridad y permite al hombre ver todo Su Camino; eso es oír todas Sus palabras. Tal es la obra de la era final. Debes llegar a entender estas cosas por completo. No se trata de conocer la carne, sino de cómo entiendes la carne y la Palabra, así como la carne y el Camino. Este es el testimonio que debes dar, que todos deben conocer. Porque esta es la obra de la segunda encarnación y la última vez que Dios se hace carne, en otras palabras, completa el sentido de la encarnación, lleva a cabo y hace surgir por completo toda la obra de Dios en la carne y pone fin a la era de Dios en la carne.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (4)

¿Por qué digo que el sentido de la encarnación no se completó en la obra de Jesús? Porque el Camino no se hizo enteramente carne. Lo que Jesús realizó fue solo una parte de la obra de Dios en la carne; Él solo llevó a cabo la obra de redención y no la de ganar completamente al hombre. Por esta razón, Dios se ha hecho carne una vez más en los últimos días. Esta etapa de la obra también se lleva a cabo en una carne corriente; la realiza un ser humano completamente normal, uno cuya humanidad no es en absoluto trascendente. En otras palabras, Dios se ha hecho un ser humano completo; es una persona cuya identidad es la de Dios, un ser humano completo, una carne completa, que está llevando a cabo la obra. Los ojos humanos ven un cuerpo carnal que no es en absoluto trascendente, una persona muy corriente que puede hablar el lenguaje del cielo, que no muestra señales, que no obra milagros y que mucho menos deja en evidencia la historia real detrás de la religión en grandes salas de asamblea. Para las personas, la obra de la segunda encarnación es totalmente diferente a la de la primera, y ambas incluso parecen no tener nada en común; nada de la obra de la primera puede verse en esta ocasión. Aunque la obra de la segunda encarnación es diferente de la obra de la primera, eso no prueba que Su fuente no sea la misma. Que Su fuente sea o no la misma depende de la naturaleza de la obra realizada por las carnes y no de Su caparazón corporal. Durante las tres etapas de Su obra, Dios se ha encarnado dos veces y, en ambas ocasiones, la obra de Dios encarnado inaugura una nueva era, realiza una nueva obra. Las encarnaciones se complementan entre sí. Es imposible para el ojo humano percibir que ambas carnes provienen realmente de la misma fuente. Desde luego, esto escapa a la capacidad del ojo humano o a la de la mente del hombre. Pero, en Su esencia, son lo mismo, porque Su obra se origina en el mismo Espíritu. Si ambas encarnaciones surgen o no de la misma fuente, no se las puede juzgar por la era y el lugar en los que nacieron, o por otros factores similares, sino por la obra divina expresada por Ellas. La segunda encarnación no lleva a cabo nada de la obra que Jesús realizó, porque la obra de Dios no se ciñe a convenciones, sino que cada vez abre una nueva senda. La segunda encarnación no pretende profundizar ni consolidar la impresión de la primera carne en la mente de las personas, sino complementar y mejorar la imagen de la primera carne en su mente, profundizar el conocimiento de Dios por parte del hombre, romper todos los preceptos existentes en los corazones de las personas y erradicar las imágenes falaces de dios en sus corazones. Puede decirse que ninguna etapa individual de la propia obra de Dios puede darle al hombre un conocimiento completo de Él; cada una da solo una parte, no el todo. Aunque Dios ha expresado Su carácter por completo, debido a la limitada capacidad de comprensión del hombre, su conocimiento de Dios sigue siendo incompleto. Mediante el lenguaje humano, es imposible explicar de forma plena la totalidad del carácter de Dios. Así pues, ¿cuánto menos puede una sola etapa de Su obra expresar plenamente a Dios? Él obra en la carne bajo la cubierta de Su humanidad normal y uno solamente puede conocerlo por las expresiones de Su divinidad, no por Su caparazón corporal. Dios viene en la carne para permitir al hombre conocerlo por medio de Su diversa obra, y no hay dos etapas de Su obra que sean iguales. Solo de esta forma puede el hombre tener un conocimiento pleno de la obra de Dios en la carne y no delimitarla a cierto ámbito. Aunque la obra de las dos encarnaciones es diferente, la esencia de estas y la fuente de Su obra son idénticas; es solo que existen para llevar a cabo dos etapas diferentes de la obra, además de surgir en dos eras distintas. Sea como sea, las carnes encarnadas de Dios comparten la misma esencia y el mismo origen; esto es algo que nadie puede negar.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios

La obra de hoy ha impulsado la obra de la Era de la Gracia; es decir, la obra bajo la totalidad del plan de gestión de seis mil años ha avanzado. Aunque la Era de la Gracia ha terminado, la obra de Dios ha avanzado más allá y a mayor profundidad. ¿Por qué digo una y otra vez que esta etapa de la obra se basa en la Era de la Gracia y la Era de la Ley? Dicho de otra manera, la obra de hoy es una continuación de la realizada en la Era de la Gracia y ha sido un avance sobre la obra realizada en la Era de la Ley. Las tres etapas están estrechamente interconectadas y cada eslabón en la cadena está íntimamente vinculado con el siguiente. ¿Por qué digo también que esta etapa de la obra se basa en la obra realizada por Jesús? Suponiendo que esta etapa no se construyera tomando como base la obra realizada por Jesús, tendría que ocurrir otra crucifixión en esta etapa y la obra de redención de la etapa anterior tendría que volver a hacerse. Eso no tendría sentido. Por tanto, no es que la obra esté completamente finalizada, sino que la era ha avanzado y la obra se ha elevado más que antes. Puede decirse que esta etapa de la obra se construye sobre la base de la Era de la Ley y sobre la roca de la obra de Jesús. La obra de Dios se construye etapa por etapa, y esta etapa no es un nuevo comienzo. Solo la combinación de las tres etapas de la obra puede considerarse el plan de gestión de seis mil años. La obra de esta etapa se lleva a cabo sobre la base de la obra de la Era de la Gracia. Si estas dos etapas de la obra no tuvieran relación, ¿por qué, entonces, la crucifixión no se repite en esta etapa? ¿Por qué no cargo Yo con los pecados del hombre, sino que vengo a juzgarlo y a castigarlo directamente? Si Mi obra de juzgar y castigar al hombre no hubiese venido después de la crucifixión, unido al hecho de que Mi venida ahora no es por medio de la concepción del Espíritu Santo, Yo no estaría cualificado para juzgarlo y castigarlo. Es, precisamente, porque Yo soy uno con Jesús que vengo directamente a castigar y juzgar al hombre. La obra en esta etapa se construye, en su totalidad, sobre la obra de la etapa anterior. Esta es la razón por la que solo la obra de este tipo puede llevar al hombre, paso a paso, a la salvación. Jesús y Yo venimos de un solo Espíritu. Aunque Nuestra carne no tiene relación, Nuestro Espíritu es uno; aunque el contenido de lo que hacemos y la obra que asumimos no son los mismos, Nuestra esencia es la misma; Nuestra carne adopta distintas formas, pero esto se debe al cambio de era y a los diferentes requisitos de Nuestra obra; Nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que ponemos de manifiesto al hombre también son diferentes. Por eso, lo que el hombre ve y entiende hoy es diferente a lo del pasado, lo cual se debe al cambio de era. A pesar de que son diferentes en cuanto al género y la forma de Su carne y de que no nacieron de la misma familia y, mucho menos, en la misma época, Su Espíritu de todos modos es uno. A pesar de que Su carne no comparte ni sangre ni parentesco físico de ningún tipo, no puede negarse que Ellos son la carne encarnada de Dios en dos períodos diferentes. Es una verdad irrefutable que son la carne encarnada de Dios. Sin embargo, no son del mismo linaje ni comparten un idioma humano común. (Uno fue un varón que hablaba el idioma de los judíos y la otra es una mujer que solo habla chino). Es por estas razones que Ellos han vivido en diferentes países para llevar a cabo la obra que le corresponde hacer a cada uno, y en distintos períodos también. A pesar del hecho de que son el mismo Espíritu —es decir, poseen la misma esencia—, no existen similitudes absolutas entre el caparazón externo de Su carne. Lo único que comparten es la misma humanidad, pero en lo que se refiere a la apariencia externa de Su carne y a las circunstancias de Su nacimiento, no se parecen. Estas cosas no tienen ningún impacto sobre Su respectiva obra ni sobre el conocimiento que el hombre tiene respecto a Ellos, porque, a fin de cuentas, son del mismo Espíritu y nadie puede separarlos. Aunque no tienen relación de sangre, la totalidad de Su ser está a cargo de Su Espíritu, lo cual les permite asumir una obra diferente en distintos períodos y Su carne es de diferentes linajes. Por ejemplo, el Espíritu de Jehová no es el padre del Espíritu de Jesús, y el Espíritu de Jesús no es el hijo del Espíritu de Jehová: ambos son exactamente de un único y mismo Espíritu. De igual manera, el Dios encarnado de hoy y Jesús no tienen relación de sangre, pero son uno; esto se debe a que Su Espíritu es uno. Dios puede llevar a cabo la obra de misericordia y benevolencia, así como la del juicio justo y el castigo del hombre y la de lanzar maldiciones sobre este; al final, Él puede realizar la obra de destruir el mundo y castigar a los malvados. ¿Acaso no hace todo esto Él mismo? ¿No es esto la omnipotencia de Dios? Él fue capaz tanto de promulgar las leyes para el hombre como de expedirle los mandamientos, y también fue capaz de guiar a los primeros israelitas para vivir en la tierra y para edificar el templo y los altares, poniendo a todos los israelitas bajo Su dominio. Debido a Su autoridad, durante los dos mil años que vivió en la tierra con el pueblo de Israel, los israelitas no se atrevían a rebelarse contra Él y todos temían a Jehová y cumplían Sus mandamientos. Esa fue la obra que se llevó a cabo en virtud de Su autoridad y Su omnipotencia. Luego, durante la Era de la Gracia, Jesús vino a redimir a toda la humanidad caída (no solo a los israelitas). Él mostró misericordia y benevolencia hacia el hombre. El Jesús que el hombre vio en la Era de la Gracia estaba lleno de benevolencia y siempre fue amoroso con el hombre, pues había venido a salvarlo del pecado. Pudo perdonar los pecados de las personas hasta que Su crucifixión redimió por completo a la humanidad del pecado. Durante este periodo, Dios apareció delante del hombre con misericordia y benevolencia; es decir, se convirtió en una ofrenda por el pecado para el hombre y fue crucificado por los pecados de este para que pudiera ser perdonado para siempre. Él era misericordioso, compasivo, paciente y amoroso, y todos los que seguían a Jesús en la Era de la Gracia también buscaban ser pacientes y amorosos en todas las cosas. Eran muy sufridos y nunca oponían resistencia, ni siquiera cuando los golpeaban, los maldecían o los apedreaban. Sin embargo, durante la etapa final, ya no puede ser así. Por ejemplo, la obra de Jesús y la de Jehová no eran totalmente iguales, aunque Su Espíritu fuera uno. La obra de Jehová no puso fin a la era, sino que la guio y marcó el inicio de la vida de la humanidad en la tierra, y la obra de hoy consiste en conquistar a quienes viven en las naciones gentiles que han sido profundamente corrompidos, y guiar no solo al pueblo escogido de Dios en China, sino a todo el universo y a toda la humanidad. Puede parecerte que esta obra se está llevando a cabo solo en China, pero, de hecho, ya ha comenzado a difundirse en el extranjero. ¿Por qué razón la gente fuera de China busca el camino verdadero una y otra vez? Se debe a que el Espíritu ya ha empezado a obrar, y las palabras pronunciadas hoy se dirigen a las personas de todo el universo. Con esto, la mitad de la obra ya está en marcha. Desde la creación del mundo hasta la actualidad, el Espíritu de Dios ha puesto en marcha esta gran obra y, además, ha realizado obras diferentes en distintas eras y en países diferentes. Las personas de cada era ven un carácter diferente de Él, el cual se pone de manifiesto de forma natural por medio de la obra diferente que realiza. Él es un Dios lleno de misericordia y benevolencia; es la ofrenda por el pecado para el hombre y su pastor, pero también es el juicio, el castigo y la maldición del hombre. Él pudo guiar al hombre para que viviese sobre la tierra durante dos mil años y también pudo redimir del pecado a la humanidad corrupta. Hoy, también es capaz de conquistar a la humanidad, que no lo conoce, y hacerla postrarse bajo Su dominio y hacerla someterse totalmente a Él. Al final, Él quemará todo lo impuro e injusto dentro de las personas del universo para mostrarles que no solo es un Dios misericordioso y amoroso, un Dios de sabiduría y maravillas, un Dios santo, sino, además, un Dios que juzga al hombre. Para los malvados entre la especie humana, Él es abrasamiento, juicio y castigo; para aquellos que han de ser perfeccionados, es tribulación, refinamiento y pruebas, así como consuelo, sustento, provisión de palabras y poda. Y para los que son descartados, es castigo y retribución. Dime, ¿no es Dios todopoderoso? Él puede llevar a cabo cualquier obra, no solo la crucifixión, como tú imaginas. ¡Subestimas demasiado a Dios! ¿Crees que todo lo que Él puede hacer es redimir a toda la humanidad a través de Su crucifixión, y nada más? ¿Y que, después de eso, lo seguirías hasta el cielo para comer el fruto del árbol de la vida y que beberías del río de la vida?… ¿Podría ser tan sencillo? Dime, ¿qué has conseguido? ¿Tienes la vida de Jesús? Ciertamente, Él te redimió, pero la crucifixión fue la obra del propio Jesús. ¿Qué deber has cumplido como ser humano? Solo tienes una piedad externa, pero no entiendes Su camino. ¿Es así como manifiestas a Jesús? Si no has obtenido la vida de Dios ni has visto la totalidad de Su carácter justo, entonces no puedes afirmar que eres alguien que tiene vida y no eres digno de pasar por la puerta del reino de los cielos.

Dios no solo es un Espíritu, sino que también puede hacerse carne. Además, Él es un cuerpo de gloria. Aunque vosotros no hayáis visto a Jesús, los israelitas —los judíos de la época— sí lo hicieron. Al principio, Él era un cuerpo de carne, pero después de que lo crucificaran, pasó a ser el cuerpo de gloria. Él es el Espíritu que todo lo abarca y que puede obrar en todo lugar. Puede ser Jehová o Jesús o el Mesías; al final, también puede convertirse en el Dios todopoderoso. Él es justicia, juicio y castigo; es maldición e ira, pero también es misericordia y benevolencia. Toda la obra que ha llevado a cabo puede representarlo. ¿Qué clase de Dios dices que es Él? No puedes explicarlo. Si en verdad no puedes explicarlo, no deberías emitir veredictos sobre Dios. No emitas el veredicto de que Dios es siempre un Dios de misericordia y bondad solo porque llevó a cabo la obra de redención en una etapa. ¿Puedes estar seguro de que Él solo es un Dios misericordioso y amoroso? Si Él es, meramente, un Dios misericordioso y amoroso, ¿por qué pondrá fin a la era en los últimos días? ¿Por qué enviará tantos desastres? Según las nociones y pensamientos de las personas, Dios debería ser misericordioso y amoroso hasta el final, para que hasta el último miembro de la humanidad pueda ser salvo. Pero ¿por qué en los últimos días enviará desastres tan grandes como terremotos, plagas y hambrunas para destruir a esta malvada especie humana, que considera a Dios como un enemigo? ¿Por qué permitirá que la especie humana sufra estos desastres? Ninguno de vosotros se atreve a decir qué clase de Dios es Él, y nadie es capaz de explicarlo. ¿Te atreves a decir que Él es el Espíritu? ¿Te atreves a decir que no es otro que la carne de Jesús? ¿Y te atreves a afirmar que Él es un Dios que será crucificado por siempre por el bien del hombre?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación

Extractos de películas relacionadas

¿Por qué se encarna Dios dos veces para salvar a la humanidad?

Comprender el significado de las dos encarnaciones de Dios

Himnos relacionados

La encarnación de Dios en los últimos días completa el significado de la encarnación

Anterior: d. Las diferencias esenciales entre el Dios encarnado y aquellos que son usados por Dios

Siguiente: f. Cómo conocer que Cristo es la verdad, el camino y la vida

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro