b. Cómo diferenciar el camino verdadero de los falsos
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
¿Cuál es el principio más fundamental en la búsqueda del camino verdadero? Debes ver si existe o no la obra del Espíritu Santo en este camino, si estas palabras son la expresión de la verdad, de quién se da testimonio y lo que puede traerte. Distinguir entre el camino verdadero y los falsos requiere de varios aspectos de conocimiento fundamental, el más fundamental de los cuales es determinar si está presente o no la obra del Espíritu Santo. Porque la esencia de la creencia de la gente en Dios es la creencia en el Espíritu de Dios, e incluso su creencia en Dios encarnado se debe a que esta carne es la personificación del Espíritu de Dios, lo que significa que tal creencia sigue siendo la creencia en el Espíritu. Existen diferencias entre el Espíritu y la carne, pero debido a que esta carne proviene del Espíritu, y es la Palabra hecha carne, aquello en lo que el hombre cree sigue siendo la esencia inherente de Dios. Por eso, al diferenciar si es o no el camino verdadero, sobre todo tienes que observar si tiene o no la obra del Espíritu Santo, después de lo cual debes ver si existe o no la verdad en este camino. La verdad, como se le llama, es el carácter-vida de la humanidad normal. En otras palabras, es lo que se requirió del hombre cuando Dios lo creó en el principio, a saber: la humanidad normal por completo (incluyendo la razón de la humanidad, así como la percepción, la sabiduría y el conocimiento básico de cómo comportarse). Es decir, debes observar si este camino puede llevar o no a las personas a la vida humana normal, si la verdad de la que se habla plantea o no requisitos basados en la realidad de la humanidad normal, si esta verdad es o no realista y práctica, y si es o no la más oportuna. Si existe verdad en ello, entonces será capaz de llevar a las personas a experiencias normales y prácticas; la gente, además, se hace cada vez más normal, la razón de la humanidad que posee se vuelve cada vez más completa, su vida en la carne y la vida espiritual se vuelven cada vez más ordenadas, y sus emociones se hacen cada vez más normales. Este es el segundo principio. Hay otro principio, que se refiere a si la gente tiene o no un conocimiento cada vez mayor de Dios, y si experimentar este tipo de obra y verdad puede inspirar un corazón amante de Dios en ellos y acercarlos cada vez más a Dios. Así se puede medir si este es o no el camino verdadero. Lo más fundamental es si este camino es realista en lugar de sobrenatural, y si es o no capaz de servir de sustento para la vida del hombre. Si se ajusta a estos principios, puede llegarse a la conclusión de que este camino es el camino verdadero. Digo estas palabras no para haceros aceptar otros caminos en vuestras futuras experiencias, ni tampoco como una predicción de que habrá otra obra de una nueva era en el futuro. Yo las digo para que vosotros podáis estar seguros de que el camino de hoy es el camino verdadero, de modo que no creáis a medias ni siempre seáis incapaces de ver con claridad la obra de hoy. Incluso hay muchos que, a pesar de sentirse seguros, aún siguen de forma atolondrada; tal certeza no contiene ningún principio y estas personas serán descartadas tarde o temprano. Incluso aquellos que son seguidores especialmente ardientes están tres partes seguros y cinco partes inseguros, lo que demuestra que no tienen ninguna base. Debido a que vuestro calibre es demasiado pobre y vuestra base demasiado superficial, vosotros no tenéis ninguna comprensión de estas cuestiones de discernimiento. Dios no repite Su obra, Él no hace obra que no sea realista, Él no hace exigencias excesivas al hombre, y Él no hace obra que vaya más allá de la razón del hombre. Toda la obra que hace está dentro del ámbito de la razón normal del hombre, no supera la razón de la humanidad normal y Su obra se hace de acuerdo con las necesidades normales del hombre. Si se trata de la obra del Espíritu Santo, la gente se hace cada vez más normal, y su humanidad se vuelve cada vez más normal. La gente adquiere un conocimiento cada vez mayor de su carácter satánico corrupto y de la sustancia del hombre, y también gana un anhelo cada vez mayor de la verdad. Es decir, la vida del hombre sigue progresando y el carácter corrupto del hombre experimenta cada vez más cambios, todo lo cual es el significado de que Dios se convierta en la vida del hombre. Si un camino es incapaz de dejar en evidencia aquellas cosas que son la sustancia del hombre, es incapaz de cambiar el carácter del hombre y, más aún, es incapaz de traer a la gente ante Dios o de proporcionarle una verdadera comprensión de Dios, e incluso hace que su humanidad se vuelva cada vez más inferior y su razón cada vez más anormal, entonces este no debe ser el camino verdadero, y puede que sea obra de un espíritu maligno, o sea el camino antiguo. En pocas palabras, no puede ser la obra actual del Espíritu Santo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los que conocen a Dios y Su obra son los que satisfacen a Dios
Examinar algo así no es difícil, pero requiere que cada uno de nosotros primero conozca esta verdad: Aquel que es Dios encarnado posee la esencia de Dios y Aquel que es Dios encarnado posee la expresión de Dios. Puesto que Dios se ha hecho carne, Él trae consigo la obra que pretende llevar a cabo; puesto que Él es Dios encarnado, expresa lo que Él es; puesto que Él es Dios encarnado, es capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no posee la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende examinar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para determinar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y así, la clave de si es o no la carne de Dios encarnado radica en Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de en Su apariencia externa. Si el hombre solo examina Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es necio e ignorante. La apariencia externa no puede determinar la esencia; es más, la obra de Dios jamás puede ajustarse a las nociones del hombre. ¿No contradecía la apariencia exterior de Jesús las nociones del hombre? ¿No eran Su rostro y Sus vestiduras incapaces de demostrar Su verdadera identidad? ¿Acaso los fariseos de ese tiempo no se opusieron a Jesús precisamente porque solo miraron Su aspecto exterior y no aceptaron concienzudamente las palabras de Su boca? Tengo la esperanza de que todos y cada uno de los hermanos y hermanas que buscan la aparición de Dios no repitan la tragedia histórica y no se conviertan en los fariseos de los tiempos modernos ni claven a Dios de nuevo en la cruz. Deberíais considerar cuidadosamente cómo darle la bienvenida al retorno de Dios y tener claridad acerca de cómo ser alguien que se somete a la verdad. Esta es la responsabilidad de todo aquel que está esperando que Jesús vuelva montado sobre una nube. Deberíamos aclarar nuestros ojos espirituales y no empantanarnos en palabras de fantasía. Deberíamos pensar en la obra realista de Dios y echar un vistazo al aspecto práctico de Dios. No os dejéis llevar demasiado ni os perdáis en fantasías, siempre con la esperanza de que el Señor Jesús descienda repentinamente entre vosotros sobre una nube y os lleve a vosotros, que nunca lo habéis conocido ni lo habéis visto y que no sabéis cómo seguir Su voluntad. ¡Es mejor pensar en asuntos más realistas!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
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