d. Cómo diferenciar la obra de Dios de la del hombre

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

La obra de Dios mismo es la obra que involucra a toda la especie humana y también representa la obra de toda la era, lo que significa que la propia obra de Dios representa toda la dinámica y la tendencia de la obra del Espíritu Santo, mientras que la obra de los apóstoles viene después de la propia obra de Dios, la continúa y no lidera la era ni tampoco representa las tendencias de la obra del Espíritu Santo en una era completa. Ellos solo hacen la obra que el hombre debe hacer, que nada tiene que ver con la obra de gestión. La obra que hace Dios mismo es un proyecto dentro de la obra de gestión. La obra del hombre es solo el deber que desempeñan las personas que están siendo usadas y no tiene relación con la obra de gestión. A pesar del hecho de que ambas son la obra del Espíritu Santo, debido a las diferentes identidades y representaciones de la obra, hay diferencias claras y esenciales entre la propia obra de Dios y la obra del hombre. Además, el Espíritu Santo obra en diferente grado en objetos con diferentes identidades. Estos son los principios y el alcance de la obra del Espíritu Santo.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

La obra de Dios encarnado da inicio a una nueva era y los que continúan Su obra son los que Él usa. Toda la obra hecha por el hombre está dentro del ministerio de Dios en la carne y no puede ir más allá de esta esfera. Si Dios encarnado no hubiese venido a hacer Su obra, el hombre no sería capaz de dar fin a la era antigua ni de dar inicio a la nueva era. La obra que hace el hombre está solamente dentro del rango de su deber, que es humanamente posible, y esta no puede representar la obra de Dios. Solo el Dios encarnado puede venir y completar la obra que Él debe hacer y, excepto por Él, nadie puede hacer esta obra en Su lugar. Por supuesto, de lo que hablo es en relación con la obra de encarnación.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La especie humana corrupta tiene una necesidad más grande de la salvación del Dios encarnado

La palabra de Dios no puede hacerse pasar por la del hombre y menos aún puede hacerse que la palabra del hombre pase por la de Dios. Una persona usada por Dios no es el Dios encarnado, y el Dios encarnado no es una persona usada por Dios. En esto, hay una diferencia esencial. Tal vez después de leer estas palabras no las reconozcas como palabras de Dios, sino solo como el esclarecimiento que una persona ha recibido. En ese caso, eres demasiado ignorante. ¿Cómo pueden ser las palabras de Dios lo mismo que el esclarecimiento que ha recibido el ser humano? Las palabras del Dios encarnado abren una nueva era, guían a toda la especie humana, desvelan misterios y le muestran al ser humano la dirección que ha de tomar en la nueva era. El esclarecimiento recibido por el hombre no es nada más que simples prácticas o conocimiento. No puede guiar a toda la especie humana a una nueva era ni desvelar los misterios de Dios mismo. A fin de cuentas, Dios es Dios, y el hombre es el hombre. Dios tiene la esencia de Dios y el hombre tiene la del hombre. Si este considera las palabras habladas por Dios como un simple esclarecimiento del Espíritu Santo y toma las de los apóstoles y profetas como palabras habladas personalmente por Dios, eso sería un error por parte del hombre. Pase lo que pase, nunca deberías confundir lo blanco con lo negro, presentar lo elevado como bajo ni describir lo profundo como superficial. Pase lo que pase, nunca deberías refutar deliberadamente lo que sabes claramente que es la verdad. Todos aquellos que creen que existe Dios deberían estudiar las cosas desde la perspectiva correcta y aceptar la nueva obra de Dios y Sus nuevas palabras desde la posición de un ser creado; de lo contrario, serán descartados por Él.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

La obra que lleva a cabo aquel a quien Dios usa es con el fin de cooperar con la obra de Cristo o del Espíritu Santo. Dios levanta a esta persona entre los hombres para liderar a todo el pueblo escogido de Dios y Dios también lo levanta para hacer la obra de la cooperación humana. Con alguien así, que es capaz de hacer la obra de la cooperación humana, se puede lograr, a través de él, más de las exigencias que Dios le hace al hombre y de la obra que el Espíritu Santo debe hacer entre los hombres. Otra manera de decirlo es esta: la meta de Dios al usar a este hombre es que todos los que siguen a Dios puedan entender mejor las intenciones de Dios y puedan cumplir las exigencias de Dios en mayor medida. Como las personas no pueden entender directamente las palabras de Dios o las intenciones de Dios, Dios ha levantado a alguien que es usado para llevar a cabo esa obra. Esta persona que Dios usa también se puede describir como un medio a través del cual Dios guía a las personas, como el “traductor” que sirve de comunicación entre Dios y el hombre. Así, tal hombre es diferente a cualquier obrero o apóstol en la casa de Dios. De todos ellos se puede decir que son personas que sirven a Dios, pero en la esencia de su obra y en el trasfondo del uso que hace Dios de él, este hombre difiere grandemente de los otros obreros y apóstoles. En términos de la esencia de su obra y del trasfondo de su uso, al hombre que Dios usa, Él lo levanta; Dios lo prepara para la obra de Dios y él coopera con la obra de Dios mismo. Ninguna persona podría hacer su obra en su lugar; es la cooperación humana la que es indispensable junto a la obra divina. La obra que llevan a cabo otros obreros o apóstoles, mientras tanto, no es sino la transmisión e implementación de los muchos aspectos de los arreglos para las iglesias durante cada periodo, o bien la obra de alguna simple provisión de vida con el fin de mantener la vida de iglesia. A estos obreros y apóstoles Dios no los designa, mucho menos se les puede calificar como los que son usados por el Espíritu Santo. Son seleccionados de entre las iglesias y, después de que han sido entrenados y cultivados por un tiempo, los que son aptos para el uso se quedan, mientras que los que no son aptos son enviados de regreso al lugar de donde vinieron. Como estas personas son seleccionadas de entre las iglesias, algunas muestran quiénes realmente son después de volverse líderes y otras incluso hacen muchas cosas malas y terminan siendo descartadas. El hombre que Dios usa, por otro lado, es alguien que Dios ha preparado y que posee un cierto calibre y que tiene humanidad. El Espíritu Santo lo ha preparado y lo ha perfeccionado de antemano, y el Espíritu Santo lo guía por completo y, sobre todo cuando se trata de su obra, el Espíritu Santo lo dirige y lo gobierna. Como resultado de esto, la senda por la que guía al pueblo escogido de Dios no tiene desviaciones, porque Dios ciertamente se hace responsable de Su propia obra y Dios hace Su propia obra en todo momento.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca del uso que Dios hace del hombre

Si cuando se hace carne Dios hiciera únicamente la obra de la divinidad y no hubiera personas conformes a Sus intenciones que cooperaran con Él, entonces el hombre sería incapaz de entender las intenciones de Dios o de tener contacto con Él. Dios debe usar a personas normales que sean conformes a Sus intenciones para completar esta obra, para cuidar y pastorear a las iglesias, hasta alcanzar lo que la mente y el cerebro del hombre son capaces de imaginar. En otras palabras, Dios usa a un pequeño número de personas que son conformes a Sus intenciones para “traducir” la obra que Él hace dentro de Su divinidad, de manera tal que pueda desentrañarse, transformar el lenguaje divino en lenguaje humano, para que todas las personas puedan comprenderlo y entenderlo. Si Él no lo hiciera así, nadie entendería el lenguaje divino de Dios, porque las personas que son conformes a las intenciones de Dios son, después de todo, una pequeña minoría, y la capacidad de comprensión del hombre es débil. Es por eso que Dios elige este método cuando obra en la carne encarnada. Si solo hubiera obra divina, no habría manera de que el hombre conociera a Dios o tuviera contacto con Él, porque el hombre no entiende el lenguaje de Dios. El hombre puede comprender este lenguaje solo a través de la acción de las personas conformes a las intenciones de Dios, las cuales aclaran Sus palabras. Sin embargo, si solamente tales personas trabajaran dentro de la humanidad, eso solo podría mantener la vida normal del hombre; no podría transformar el carácter de este. La obra de Dios no podría tener un nuevo punto de partida; solo estarían las mismas antiguas canciones, los mismos antiguos lugares comunes. Solo a través de la acción del Dios encarnado, que dice todo lo que se debe decir y hace todo lo que se debe hacer durante el período de Su encarnación, después de lo cual las personas obran y experimentan según Sus palabras, solo de este modo su carácter-vida podrá cambiar y podrán ir con la era. Aquel que obra dentro de la divinidad representa a Dios, mientras que aquellos que obran dentro de la humanidad son personas usadas por Dios. Es decir, el Dios encarnado es esencialmente diferente de las personas usadas por Dios. El Dios encarnado puede hacer la obra de la divinidad, mientras que las personas usadas por Dios no pueden. Al principio de cada era, el Espíritu de Dios habla personalmente e inicia la nueva era para llevar al hombre a un nuevo comienzo. Cuando Él ha terminado de hablar, esto significa que la obra de Dios dentro de Su divinidad está completa. A partir de entonces, todas las personas siguen la guía de aquellos usados por Dios para entrar en su experiencia de vida.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios

Ni siquiera una persona usada por el Espíritu Santo puede representar a Dios mismo. Esto no solo quiere decir que tal persona no puede representar a Dios, sino también que la obra que realiza no puede representar directamente a Dios. En otras palabras, las experiencias humanas no pueden colocarse directamente dentro de la gestión de Dios ni pueden representar Su gestión. La obra que Dios mismo lleva a cabo es, en su totalidad, la obra que Él pretende realizar en Su propio plan de gestión y pertenece a la gran gestión. La obra realizada por las personas consiste en proveer sus experiencias personales. Consiste en encontrar una nueva senda de experiencia aparte de esas que caminaron los que han ido delante y en guiar a sus hermanos y hermanas bajo la guía del Espíritu Santo. Lo que estas personas proporcionan es sus experiencias individuales o los escritos espirituales de personas espirituales. Aunque el Espíritu Santo las usa, lo que ellas hacen no tiene relación con la gran obra de gestión en el plan de seis mil años. Simplemente son aquellos a quienes el Espíritu Santo ha elevado en diferentes períodos para guiar a las personas en la corriente del Espíritu Santo hasta que hayan cumplido las funciones que pueden realizar o su vida finalice. La obra que realizan consiste, únicamente, en preparar una senda apropiada para Dios mismo o continuar un cierto aspecto de la gestión de Dios mismo en la tierra. Esas personas son incapaces de hacer por sí mismas la obra mayor dentro de Su gestión; tampoco pueden abrir nuevas salidas y, mucho menos, puede ninguna de ellas concluir la totalidad de la obra de Dios de la era anterior. Por tanto, la obra que realizan representa solo a un ser creado que cumple su función y no puede representar a Dios mismo llevando a cabo Su ministerio. Esto se debe a que la obra que llevan a cabo es diferente a la realizada por Dios mismo. La obra de abrir paso a una nueva era no es algo que el hombre pueda realizar en lugar de Dios. Nadie, aparte de Él mismo, puede hacerlo. Toda la obra que realiza el hombre consiste en cumplir su deber como ser creado, y se realiza cuando es movido o esclarecido por el Espíritu Santo. La guía que estas personas proveen consiste completamente en enseñar al hombre la senda de práctica en la vida diaria y cómo debe actuar de acuerdo con las intenciones de Dios. La obra del hombre no implica la gestión de Dios ni representa la obra del Espíritu. Como ejemplo, la obra de Witness Lee y Watchman Nee consistió en mostrar el camino. Fuera el camino nuevo o viejo, la obra se basó en el principio de permanecer dentro de la Biblia. Ya fuera para restaurar o construir iglesias locales, su obra tuvo que ver con establecer iglesias. La obra que realizaron continuó la obra que Jesús y Sus apóstoles habían dejado inconclusa o no habían seguido desarrollando en la Era de la Gracia. Lo que hicieron en su obra fue restablecer lo que Jesús había pedido en Su obra de entonces a las generaciones posteriores a Él; por ejemplo, que mantuvieran su cabeza cubierta, recibieran el bautismo, partieran el pan o bebieran vino. Podría decirse que su obra consistió en ceñirse a la Biblia y buscar sendas dentro de ella. No tuvieron ningún tipo de progreso. […] como la obra de las personas usadas por el Espíritu Santo es diferente de la llevada a cabo por Dios mismo, sus identidades y los sujetos en nombre de quienes actúan son igualmente distintos. Esto se debe a que la obra que el Espíritu Santo pretende hacer es diferente y, por este motivo, aquellos que igualmente realizan obra tienen identidades y estatus diferentes. Es posible que las personas usadas por el Espíritu Santo también realicen alguna obra nueva y eliminen alguna otra llevada a cabo en la era anterior, pero lo que hacen no puede expresar el carácter y las intenciones de Dios en la nueva era. Trabajan solo para eliminar la obra de la era anterior y no para llevar a cabo la nueva con el objetivo de representar directamente el carácter de Dios mismo. Así pues, independientemente de cuántas prácticas obsoletas abolan o cuántas nuevas introduzcan, siguen representando al hombre y a los seres creados. Sin embargo, cuando el propio Dios lleva a cabo la obra, no declara abiertamente la abolición de las prácticas de la era antigua ni declara directamente el comienzo de una nueva. Él es directo y claro en Su obra. Es franco a la hora de llevar a cabo la obra que pretende realizar; es decir, expresa directamente la obra que ha producido, la lleva a cabo directamente como pretendió en un principio, expresando Su ser y Su carácter. Tal como el hombre lo ve, Su carácter y también Su obra son diferentes a los de eras pasadas. No obstante, desde la perspectiva de Dios mismo, esto es simplemente una continuación y un mayor desarrollo de Su obra. Cuando Dios mismo obra, expresa Su palabra y trae directamente la nueva obra. En contraste, cuando el hombre obra, lo hace por medio de la deliberación y el estudio, o bien profundiza en el conocimiento y sistematiza la práctica basándose en la obra de otros. Es decir, la esencia de la obra hecha por el hombre es seguir el orden establecido y “caminar por sendas antiguas con zapatos nuevos”. Esto significa que incluso la senda por la que transitan las personas usadas por el Espíritu Santo se construye sobre la que Dios mismo creó. Después de todo, el hombre sigue siendo el hombre y Dios sigue siendo Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (1)

Durante la Era de la Gracia, Jesús dijo algunas palabras y llevó a cabo una etapa de la obra. Había un contexto para todas ellas y todas eran apropiadas para los estados de las personas de esa época; Jesús habló y obró como correspondía según el contexto de la época. También pronunció algunas profecías. Profetizó que el Espíritu de verdad vendría durante los últimos días y llevaría a cabo una etapa de la obra. Es decir, no comprendía nada más allá de la obra que Él mismo debía realizar durante esa era. La obra traída por Dios encarnado es, por decirlo de otro modo, limitada. Así, Él solo realiza la obra de la era en la que se encuentra y no realiza otra obra que no tenga conexión con Él. En ese tiempo, Jesús no obró de acuerdo a sentimientos o visiones, sino como correspondía al tiempo y al contexto. Nadie lo conducía ni lo guiaba. La totalidad de Su obra fue Su propio ser; era la obra que debía llevar a cabo el Espíritu encarnado de Dios, que fue toda la obra iniciada por la encarnación. Jesús obró solo de acuerdo con lo que Él mismo vio y escuchó. En otras palabras, el Espíritu obró directamente; no fue necesario que se le aparecieran mensajeros o le dieran sueños, ni que ninguna gran luz brillara sobre Él y le permitiera ver. Él obró libremente y sin restricciones porque Su obra no se basaba en sentimientos. En otras palabras, cuando obró, Él no anduvo tanteando o adivinando, sino que llevó a cabo las cosas con facilidad, obrando y hablando de acuerdo a Sus propias ideas y lo que vio con Sus propios ojos, proveyendo a cada uno de los discípulos que lo siguieron en el momento oportuno. Esta es la diferencia entre la obra de Dios y la obra de las personas: cuando las personas obran, ellas buscan y andan a tientas, siempre imitando o deliberando basándose en el fundamento puesto por otros y logrando así una entrada más profunda. La obra de Dios es la provisión de lo que Él es, y Él realiza la obra que Él mismo debe realizar. Él no provee a la iglesia usando el conocimiento que ha extraído de la obra de ninguna persona; en cambio, Él realiza la obra actual según los estados de las personas.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (5)

Cuando Dios viene a la tierra, solo hace Su obra dentro de la divinidad, que es lo que el Espíritu celestial le ha encomendado al Dios encarnado. Cuando Él viene, únicamente habla a lo largo de la tierra, para darles voz a Sus declaraciones por medios diferentes y desde perspectivas diferentes. Sus principales objetivos y el principio de obra son proveer al hombre y enseñarle, y no se preocupa por cosas como las relaciones interpersonales o los detalles de las vidas de las personas. Su ministerio principal es hablar en nombre del Espíritu. Es decir, cuando el Espíritu de Dios aparece de manera tangible en la carne, Él solo provee para la vida del hombre y libera la verdad. No se involucra Él mismo en la obra del hombre; es decir, no participa en la obra de la humanidad. Los seres humanos no pueden hacer la obra divina, y Dios no participa en la obra humana. En todos los años desde que Dios vino a esta tierra a hacer Su obra, siempre la ha hecho a través de las personas. Estas personas, sin embargo, no pueden considerarse el Dios encarnado, sino solo personas a las que Él usa. Entretanto, el Dios de nuestros días puede hablar directamente desde la perspectiva de la divinidad, expresando la voz del Espíritu y obrando en nombre del Espíritu. Todos aquellos a los que Dios ha usado a través de las eras y las generaciones son, asimismo, casos de la obra del Espíritu de Dios dentro de un cuerpo carnal, entonces ¿por qué no pueden ser llamados Dios? No obstante, el Dios de nuestros días es también el Espíritu de Dios que obra directamente en la carne, y Jesús también fue el Espíritu de Dios obrando en la carne; ambos son llamados Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Las personas que ha usado Dios a través de las eras han tenido la capacidad del pensamiento y la razón normales. Todas han entendido los principios de comportarse y lidiar con los asuntos. Han tenido nociones humanas normales y han poseído todas las cosas que las personas normales deben poseer. La mayoría de ellas han tenido un talento excepcional e inteligencia innata. Al obrar sobre estas personas, el Espíritu de Dios aprovecha sus talentos, que son sus dones. El Espíritu de Dios pone sus talentos en funcionamiento, y usa sus fortalezas al servicio de Dios. Sin embargo, la esencia de Dios está libre de nociones o pensamientos, no está adulterada con ideas humanas, e incluso carece de aquello que los humanos normales poseen. Es decir, Él ni siquiera es versado en los principios de comportarse y lidiar con los asuntos. Así es cuando el Dios de nuestros días viene a la tierra. Su obra y Sus palabras no están adulteradas por ideas ni pensamientos humanos, sino que son una manifestación directa de las ideas del Espíritu y Él obra directamente en nombre de Dios. Esto significa que el Espíritu habla directamente, es decir, la divinidad directamente hace la obra, sin incorporar en lo más mínimo las ideas del hombre. En otras palabras, el Dios encarnado contiene la divinidad directamente, no tiene pensamientos ni nociones humanos, y no tiene comprensión de los principios de las personas para lidiar con el mundo. Si solo la divinidad obrara (es decir, si solo Dios mismo obrara), no habría ninguna manera de que la obra de Dios se llevara a cabo en la tierra. Entonces, cuando Dios viene a la tierra, debe tener un pequeño número de personas a las cuales Él usa para obrar dentro de la humanidad en cooperación con la obra que Dios hace en la divinidad. En otras palabras, usa la obra humana para sostener Su obra divina. Si no, no habría ninguna manera de que el hombre contactara directamente con la obra divina. Así es como sucedió con Jesús y Sus discípulos. Durante Su tiempo en el mundo, Jesús abolió las antiguas leyes y estableció nuevos mandamientos. También pronunció muchas palabras. Toda esta obra se realizó en la divinidad. Los otros, como Pedro, Pablo y Juan, basaron su obra posterior en las palabras de Jesús. Es decir, Dios hizo Su obra inicial en esa era, guiando el comienzo de la Era de la Gracia; esto es, guio una nueva era aboliendo la antigua, y también cumpliendo las palabras “Dios es el principio y el fin”. En otras palabras, el hombre debe hacer la obra humana sobre la base de la obra divina. Una vez que Jesús dijo todo lo que debía decir y terminó Su obra en la tierra, dejó al hombre. Después de esto, todas las personas obraron conforme a los principios expresados en Sus palabras y practicaron conforme a las verdades de las que Él habló. Todas estas personas obraron para Jesús. Si solo Jesús hubiera hecho la obra, sin importar cuántas palabras hubiera pronunciado, las personas no habrían podido tener contacto con Sus palabras, porque estaba obrando en la divinidad y solo podía pronunciar palabras de divinidad y no podría haber explicado las cosas a las personas ni haber hecho que las personas normales pudieran entender Sus palabras. Y por eso Él tuvo que tener a los apóstoles y profetas que vinieron después de Él para complementar Su obra. Este es el principio de cómo el Dios encarnado hace Su obra: utilizando la carne encarnada para hablar y obrar de manera tal que pueda completar la obra de la divinidad, y luego usando a unas pocas personas, o quizás más, que sean conformes a las intenciones de Dios para complementar Su obra. Es decir, Dios utiliza a las personas que son conformes a Sus intenciones para llevar a cabo en la humanidad la obra de pastoreo y riego de modo que el pueblo escogido de Dios pueda entrar en la realidad-verdad.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios

La obra del hombre representa su experiencia y su humanidad. Lo que el hombre ofrece y la obra que hace lo representan a él. La perspectiva del hombre, el razonamiento del hombre, su lógica y su rica imaginación, todo se incluye en su obra. En particular, la experiencia del hombre puede representar su obra y sean cuales sean las experiencias del hombre, se reflejarán en su obra. La obra del hombre puede expresar su experiencia. Cuando algunas personas experimentan negativamente, la mayor parte del lenguaje de su charla consistirá en elementos negativos. Si durante un período de tiempo su experiencia es positiva y especialmente tienen una senda clara en el aspecto positivo, lo que compartan será muy alentador y la gente puede obtener de ellos provisiones positivas. Si durante un período de tiempo un obrero se vuelve negativo, su charla siempre llevará elementos negativos. Esta clase de charla deprime a las personas; estas empezarán a sentirse desconsoladas de forma inconsciente después de su charla. El estado de los seguidores cambia dependiendo del estado del líder. Lo que un obrero es por dentro es lo que expresa, y la obra del Espíritu Santo muchas veces cambia con el estado del hombre. Él obra de acuerdo con la experiencia de las personas y no las fuerza, sino que les hace demandas según el curso normal de su experiencia. Esto quiere decir que la charla de las personas difiere de la palabra de Dios. Cuando las personas comparten, comparten sus perspectivas y sus experiencias individuales, expresándolas sobre la base de la obra de Dios. Su responsabilidad consiste en averiguar, después de que Dios obra o habla, lo que se debe practicar y en lo que se debe entrar, así como después proveérselo a los seguidores. Por lo tanto, la obra del hombre representa su entrada y su práctica. Por supuesto, esa obra se mezcla con las lecciones y las experiencias humanas o con algunos pensamientos humanos. Sea cual sea el modo en que obre el Espíritu Santo, ya sea que obre en el hombre o en el Dios encarnado, los obreros siempre expresan lo que son. Aunque es el Espíritu Santo el que obra, la obra se basa en lo que el hombre inherentemente es, pues el Espíritu Santo no obra sin fundamento. En otras palabras, el Espíritu Santo no obra basándose en nada; siempre obra de acuerdo con las circunstancias y condiciones reales. Solo de esta manera el carácter del hombre se puede transformar y sus viejas nociones y sus antiguos pensamientos se pueden cambiar. Lo que el hombre expresa es lo que ve, experimenta y puede imaginar; incluso si es una doctrina o una noción, es algo al alcance de su mente. La obra del hombre no puede superar el alcance de la experiencia del hombre ni lo que este ve o puede imaginar o concebir, independientemente del tamaño de la obra. Lo que Dios expresa es lo que Él mismo es y esto está fuera del alcance del hombre; es decir, está fuera del alcance de su pensamiento. Él expresa Su obra de liderar a toda la humanidad, y esto no tiene relación con los detalles de la experiencia humana, pero sí tiene que ver con Su propia gestión. Lo que el hombre expresa es su experiencia, mientras que Dios expresa Su ser, que es Su carácter inherente, fuera del alcance del hombre. La experiencia del hombre es la perspectiva y el conocimiento que adquiere basándose en la expresión que Dios hace de Su ser. A tal perspectiva y conocimiento se le llama el ser del hombre y se expresa sobre la base del carácter inherente del hombre y su calibre; por este motivo se le llama el ser del hombre. El hombre es capaz de compartir lo que experimenta y ve. Nadie puede compartir lo que no ha experimentado o visto, o lo que su mente no puede alcanzar, esas son cosas que no tiene dentro. Si lo que el hombre expresa es algo que no ha experimentado, es su imaginación o una doctrina. En pocas palabras, no existe realidad de ningún tipo en tales palabras. Si nunca tuvieras contacto con las cosas de la sociedad, no serías capaz de compartir con claridad las relaciones complejas de la sociedad. Si no tuvieras familia, cuando los demás hablaran de temas familiares, no entenderías la mayor parte de lo que dijeran. Así, lo que el hombre comparte y la obra que hace representan su ser interno.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

Mi habla representa Mi ser, pero lo que Yo digo está más allá del alcance del hombre. Lo que digo no es lo que el hombre experimenta, ni es algo que el hombre pueda ver; tampoco es algo con lo que el hombre pueda entrar en contacto, sino que es lo que Yo soy. Algunas personas solo reconocen que lo que comparto es lo que he experimentado, pero no reconocen que es la expresión directa del Espíritu. Por supuesto, lo que digo es lo que he experimentado. Soy Yo el que ha hecho la obra de gestión de 6 000 años. He experimentado todo desde el principio de la creación de la humanidad hasta ahora; ¿cómo no podría hablar de ello? En cuanto a la naturaleza del hombre, la he visto con claridad; la observé hace mucho tiempo; ¿cómo no iba a poder hablar de ella con claridad? Ya que he visto la sustancia del hombre con claridad, estoy calificado para castigar al hombre y juzgarlo porque el hombre en su totalidad procede de Mí, pero Satanás lo ha corrompido. Por supuesto, también estoy calificado para evaluar la obra que he hecho. Aunque Mi carne no hace esta obra, es la expresión directa del Espíritu y esto es lo que tengo y lo que soy. Por lo tanto, estoy calificado para expresarlo y para hacer la obra que debo hacer. Lo que dicen las personas es lo que han experimentado. Es lo que han visto, lo que su mente puede alcanzar, y lo que sus sentidos pueden detectar. Eso es lo que pueden compartir. Las palabras pronunciadas por la encarnación de Dios son expresión directa del Espíritu y expresan la obra que ha hecho el Espíritu, que la carne no ha experimentado ni visto, pero aun así expresa Su ser, porque la esencia de la carne es el Espíritu, y Él expresa la obra del Espíritu. Es obra que ya ha hecho el Espíritu, aunque la carne no es capaz de alcanzarla. Después de la encarnación, por medio de la expresión de la carne, Él permite a las personas conocer el ser de Dios y les permite ver el carácter de Dios y la obra que Él ha hecho. La obra del hombre otorga a las personas una mayor claridad en cuanto a en qué deberían entrar y qué deberían entender; implica guiar a las personas a entender y experimentar la verdad. La obra del hombre es sustentar a las personas; la obra de Dios es abrir nuevas sendas y nuevas eras para la especie humana y dar a conocer a las personas lo que los mortales no conocen, permitiéndoles conocer Su carácter. La obra de Dios consiste en guiar a toda la especie humana.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

La obra del hombre se mantiene dentro de un alcance y es limitada. Una persona solo puede hacer la obra de una cierta fase y no puede hacer la obra de toda la era; de otro modo, llevaría a las personas a los preceptos. La obra del hombre solo se puede aplicar a un tiempo o fase en particular. Esto es porque la experiencia del hombre tiene su alcance. No se puede comparar la obra del hombre con la obra de Dios. Los caminos de práctica del hombre y su conocimiento de la verdad son aplicables a un ámbito en particular. No puedes decir que la senda que el hombre pisa es completamente la intención del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo solo puede esclarecer al hombre, y el hombre no puede estar completamente lleno del Espíritu Santo. Todas las cosas que el hombre puede experimentar están dentro del límite de la humanidad normal y no pueden rebasar el límite de los pensamientos en la mente humana normal. Todos los que pueden vivir la realidad-verdad experimentan dentro de este rango. Cuando experimentan la verdad, siempre es una experiencia de la vida humana normal bajo el esclarecimiento del Espíritu Santo; no es una manera de experimentar que vaya más allá de los límites de la vida humana normal. Experimentan la verdad esclarecidos por el Espíritu Santo sobre el fundamento de vivir sus vidas humanas. Además, esta verdad varía de persona a persona y su profundidad se relaciona con el estado de la persona. Solo se puede decir que la senda que recorren es la vida humana normal de alguien que persigue la verdad y se le puede llamar la senda que recorre una persona normal esclarecida por el Espíritu Santo. Uno no puede decir que la senda que recorren sea la que toma el Espíritu Santo. En la experiencia humana normal, debido a que las personas que buscan no son iguales, la obra del Espíritu Santo tampoco es la misma. Además, ya que los ambientes que las personas experimentan y los límites de su experiencia no son iguales, y a causa de la mezcla que hay en su mente y sus pensamientos, su experiencia se mezcla en diferentes grados. Cada persona entiende una verdad de acuerdo con sus condiciones individuales diferentes. Su entendimiento del significado real de la verdad no está completo y es solo uno o unos cuantos aspectos del mismo. El rango de verdad que experimenta el hombre difiere entre persona y persona, según las condiciones de cada una. De esta manera, el conocimiento que expresan diferentes personas de la misma verdad no es el mismo. Es decir, la experiencia del hombre es siempre limitada; no puede representar por completo las intenciones del Espíritu Santo. La obra del hombre no se puede considerar como la obra de Dios, incluso si lo que el hombre expresa se corresponde muy de cerca con las intenciones de Dios, e incluso si la experiencia del hombre está muy cerca de la obra de perfeccionamiento que el Espíritu Santo pretende hacer. Lo único que puede ser el hombre es ser siervo de Dios y hacer la obra que Dios le encomienda. El hombre solo puede expresar conocimiento esclarecido por el Espíritu Santo y verdades obtenidas de sus experiencias personales. El hombre no tiene las cualificaciones ni cumple las condiciones para ser el canal del Espíritu Santo. No está autorizado para decir que su obra es la obra de Dios. Las personas tienen sus propios principios para trabajar y todo el mundo tiene experiencias diferentes y posee condiciones variables. La obra del hombre incluye todas sus experiencias bajo el esclarecimiento del Espíritu Santo. Estas experiencias solo pueden representar el ser del hombre, y no representan el ser de Dios o las intenciones del Espíritu Santo. Por lo tanto, no se puede decir que el camino que el hombre recorre sea el camino que el Espíritu Santo recorre, porque la obra del hombre no puede representar la obra de Dios, así como la obra del hombre y la experiencia del hombre no son por completo las intenciones del Espíritu Santo. La obra del hombre es susceptible de caer en preceptos, y el método de su obra fácilmente se confina a un alcance limitado y no es capaz de liderar a las personas a un camino libre. La mayoría de los seguidores viven dentro de un alcance limitado y su forma de experimentar también está limitada en su alcance. La experiencia del hombre siempre está limitada; el método de su obra también está limitado a unos cuantos tipos y no se puede comparar con la obra del Espíritu Santo o la obra de Dios mismo. Esto se debe a que la experiencia del hombre, después de todo, es limitada. Como sea que Dios haga Su obra, no está sujeta a preceptos, como quiera que se haga, no se limita a un solo método. No hay preceptos de ninguna clase en la obra de Dios; toda Su obra se libera y no tiene trabas. No importa cuánto tiempo invierta el hombre siguiéndolo a Él, no puede destilar las leyes que gobiernan las maneras de obrar de Dios. Aunque Su obra se basa hasta el extremo en principios, siempre se hace de nuevas maneras y siempre tiene nuevos progresos y está más allá del alcance del hombre. Durante un mismo periodo, Dios puede tener varios tipos diferentes de obras y diferentes maneras de guiar a las personas, haciéndolo de tal manera que las personas tengan siempre nuevas entradas y cambios. No puedes captar las leyes de Su obra porque Él siempre está obrando de nuevas maneras y solo así los seguidores de Dios no quedan atados a los preceptos. La obra de Dios mismo siempre evita las nociones de las personas y las contrarresta. Solo los que lo siguen y lo buscan con un corazón sincero pueden tener transformado su carácter y ser capaces de vivir sin restricciones, sin estar constreñidos por ningún precepto ni limitados por ninguna noción religiosa. La obra del hombre tiene exigencias para las personas basadas en su propia experiencia y lo que él mismo puede lograr. Estos estándares requeridos están limitados a un cierto alcance y los métodos de la práctica también están muy limitados. Los seguidores de manera inconsciente viven dentro de este alcance limitado; conforme el tiempo pasa, estas cosas se convierten en preceptos y rituales. Si alguien que no ha sufrido el perfeccionamiento personal de Dios ni ha recibido el juicio guía la obra de un periodo, todos sus seguidores se volverán personas religiosas y expertas en resistir a Dios. Por lo tanto, si alguien es un líder acorde al estándar, esa persona debe haber sufrido el juicio y aceptado ser perfeccionada. Los que no han sufrido el juicio, aunque puedan tener la obra del Espíritu Santo, solo expresan cosas difusas y poco prácticas. Si guían a las personas durante mucho tiempo, las desviarán hacia los preceptos difusos y sobrenaturales. La obra que Dios lleva a cabo no está de acuerdo con la carne del hombre. No está de acuerdo con los pensamientos del hombre, sino que contraataca las nociones del hombre; no está manchada de un difuso tinte religioso. Los resultados de la obra de Dios no los poseen aquellos a los que Él no ha perfeccionado, pues están más allá del alcance del pensamiento del hombre.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

Algunas personas preguntarán: “¿Cuál es la diferencia entre la obra llevada a cabo por Dios encarnado y la de los profetas y apóstoles del pasado? A David lo llamaban el señor y a Jesús lo llamaban el Señor; aunque las obras que ellos realizaron fueron diferentes, los llamaron igual. Dime, ¿por qué sus identidades no eran las mismas? Lo que Juan presenció fue una visión, una que también vino del Espíritu Santo, y él fue capaz de decir las palabras que el Espíritu Santo pretendía decir; ¿por qué era la identidad de Juan diferente de la de Jesús?”. Las palabras habladas por Jesús eran capaces de representar totalmente a Dios y representaban totalmente la obra de Dios. Lo que Juan vio era una visión y él fue incapaz de representar completamente la obra de Dios. ¿Por qué es que Juan, Pedro y Pablo hablaron muchas palabras —tal como lo hizo Jesús— pero no tenían la misma identidad que Jesús? Esto se debe principalmente a que la obra que realizaron era diferente. Jesús representaba al Espíritu de Dios y era el Espíritu de Dios obrando directamente. Él llevó a cabo la obra de la nueva era, la que nadie había realizado antes. Él abrió un nuevo camino, representó a Jehová y representó a Dios mismo, mientras que Pedro, Pablo y David, independientemente de cómo se les llamara, solo representaban la identidad de un ser creado y fueron enviados por Jesús o Jehová. Así pues, no importa cuánta obra ellos llevaran a cabo ni cuán grandes los milagros que hicieran, seguían siendo solo seres creados, incapaces de representar al Espíritu de Dios. Obraban en el nombre de Dios o después de que Él los enviase; además, obraban en las eras iniciadas por Jesús o Jehová y no hicieron ninguna otra obra. Después de todo, ellos eran simplemente seres creados.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de los apelativos y la identidad

En la Era de la Gracia, Jesús también dijo muchas palabras y llevó a cabo mucha obra. ¿Cómo fue Él diferente de Isaías? ¿Cómo fue Él diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos ellos fueron hombres; todos dijeron palabras que, además, al hombre le parecían más o menos iguales. Todos dijeron palabras y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron profecías y, de manera similar, también Jesús pudo hacerlo. ¿Por qué es esto así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Para discernir este asunto, no debes considerar la naturaleza de la carne ni la profundidad de sus palabras. Sea como sea, debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías que hablaron los profetas en ese tiempo no suministraban la vida del hombre, y las inspiraciones que recibieron personas como Isaías y Daniel eran, simplemente, profecías y no el camino de la vida. Si no hubiera sido por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera realizado esa obra, la cual es imposible para los mortales. Jesús también dijo muchas palabras, pero esas palabras eran el camino de la vida a partir del cual el hombre podía encontrar una senda de práctica. Es decir, en primer lugar, Él podía suministrar la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir los aspectos distorsionados del hombre; en tercer lugar, Él podía asumir la obra de Jehová, dando paso a la nueva era; en cuarto lugar, Él podía comprender cuáles eran las necesidades internas del hombre y sus carencias; en quinto lugar, Él podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que es Dios y Cristo; no solo es Él diferente de Isaías, sino también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, él no podía suministrar la vida del hombre. En segundo lugar, no podía marcar el comienzo de una nueva era. Él obraba bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva era. En tercer lugar, las palabras que él pronunció lo superaban. Eran revelaciones directas del Espíritu de Dios y otras personas no entendían estas palabras cuando las oían. Tan solo estas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, él no podía representar completamente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Solo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del alcance de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el alcance de la obra de Jehová; obró como Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la especie humana. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que había hecho Jehová. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Además, pudo hablar de lo que el hombre no podía alcanzar. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la especie humana. No involucraba simplemente a unas cuantas personas ni tenía como intención guiar a un número limitado de personas. En cuanto a cómo Dios se encarnó como humano, a cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento y el Espíritu descendió sobre un humano para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver ni tocar. Es completamente imposible que estos hechos sirvan como una prueba de que Él es Dios encarnado. Así pues, solo se puede hacer una distinción a partir de las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Solo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y solo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; solo puedes determinar que Él es Dios por la obra que Él ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; en segundo lugar, puede suministrar la vida del hombre y mostrarle el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Como mínimo, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que llevó a cabo el Dios encarnado fue, principalmente, para marcar el comienzo de una nueva era, dirigir una nueva obra y abrir una nueva esfera, estas cosas son por sí solas suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre

Aunque Juan también dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, y predicó también el evangelio del reino de los cielos, su obra no se desarrolló más y constituyó, simplemente, un comienzo. En contraste, Jesús dio paso a una nueva era y finalizó la antigua, pero también cumplió la ley del Antiguo Testamento. La obra que llevó a cabo fue mayor que la de Juan; es más, Él vino a redimir a toda la especie humana; Él realizó esta etapa de la obra. Juan simplemente allanó el camino. Aunque su obra fue grande, muchas sus palabras y numerosos los discípulos que lo siguieron, su obra solo trajo al hombre un nuevo comienzo. Este nunca recibió de él vida, el camino o verdades más profundas, y tampoco obtuvo a través de él un entendimiento de las intenciones de Dios. Juan fue un gran profeta (Elías) que abrió el lugar para la obra de Jesús y preparó a los candidatos; fue el precursor de la Era de la Gracia. Esos asuntos no pueden en absoluto discernirse observando su apariencia humana normal. Esto es todavía más acertado, pues Juan también llevó a cabo una obra bastante considerable y, además, fue prometido por el Espíritu Santo y el Espíritu Santo sostuvo su obra. Por tanto, la distinción entre sus respectivas identidades solo puede hacerse por medio de la obra que llevaron a cabo, porque no hay manera de distinguir la esencia de una persona por su apariencia externa ni hay manera de que el hombre determine cuál es el testimonio del Espíritu Santo. La obra realizada por Juan y la llevada a cabo por Jesús eran distintas y su naturaleza era diferente. Basándose en esto, uno debería determinar si Juan era, o no, Dios. La obra de Jesús consistió en comenzar, continuar, concluir y dar fruto. Jesús llevó a cabo cada uno de estos pasos, mientras que la obra de Juan no fue más que crear un comienzo. Al principio, Jesús predicó el evangelio y predicó el camino del arrepentimiento; después, prosiguió a bautizar al hombre, curar enfermos y expulsar demonios. Al final, redimió a la humanidad del pecado y completó Su obra para toda la era. También fue de un lugar a otro y predicó a los hombres y predicó el evangelio del reino de los cielos. En este sentido, Él y Juan eran parecidos, con la diferencia de que Jesús dio paso a una nueva era y trajo la Era de la Gracia al hombre. De Su boca salió la palabra de lo que debía practicar el hombre y el camino que este debía seguir en la Era de la Gracia y, al final, concluyó la obra de redención. Juan no podría haber realizado esa obra. Y, así, Jesús fue quien llevó a cabo la obra de Dios mismo, y Él es Dios mismo y quien lo representa directamente.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (1)

La apariencia de Dios encarnado era, básicamente, la misma que la de los profetas y la de los hijos del hombre. Y Dios encarnado era incluso más normal y práctico que los profetas. Por consiguiente, el hombre es incapaz de distinguir entre ellos. Solo se enfoca en las apariencias y no es consciente en absoluto de que, a pesar de que obran y hablan, existe una diferencia esencial entre ellos. Como la habilidad de discernir del hombre es muy pobre, es incapaz de distinguir entre asuntos sencillos y mucho menos capaz de discernir algo tan complejo. Cuando los profetas y las personas usadas por el Espíritu Santo hablaban y obraban, era para desempeñar los deberes del hombre; era para cumplir la función de un ser creado y era algo que el hombre debía hacer. Sin embargo, las palabras y la obra de Dios encarnado tenían como propósito llevar a cabo Su ministerio. Aunque Su caparazón exterior era el de un ser creado, Su obra no consistía en llevar a cabo Su función, sino Su ministerio. El término “deber” se usa en relación con los seres creados, mientras que “ministerio” se usa en relación con la carne de Dios encarnado. Existe una diferencia sustancial entre ambos; no son intercambiables. La obra del hombre solo consiste en hacer su deber, mientras que la obra de Dios consiste en gestionar y llevar a cabo Su ministerio. Por lo tanto, aunque el Espíritu Santo usó a muchos apóstoles y muchos profetas estaban llenos de Él, su obra y sus palabras fueron, simplemente, para hacer su deber como seres creados. Aunque sus profecías hayan excedido el camino de vida del que habló Dios encarnado y su humanidad haya incluso trascendido la de Dios encarnado, ellos seguían haciendo su deber, no cumpliendo con un ministerio. El deber del hombre se refiere a la función del hombre; es lo que el hombre puede alcanzar. Sin embargo, el ministerio que lleva a cabo Dios encarnado se relaciona con Su gestión y eso es inalcanzable para el hombre. Ya sea que Dios encarnado hable, obre o manifieste maravillas, Él está llevando a cabo una gran obra en medio de Su gestión y tal obra no la puede hacer el hombre en Su lugar. La obra del hombre consiste únicamente en llevar a cabo su deber como ser creado en una etapa dada de la obra de gestión de Dios. Sin la gestión de Dios —es decir, si el ministerio de Dios encarnado se perdiera— el deber de un ser creado se perdería. La obra de Dios al llevar a cabo Su ministerio es gestionar al hombre, mientras que el desempeño de su deber por parte del hombre es el cumplimiento de su obligación de satisfacer las demandas del Creador y, de ninguna manera, se puede considerar que esté cumpliendo con su ministerio. Para la sustancia inherente de Dios, para Su Espíritu, Su obra es Su gestión, pero para Dios encarnado, que está vestido con el caparazón exterior de un ser creado, Su obra consiste en llevar a cabo Su ministerio. Cualquiera que sea la obra que Él realice, es para llevar a cabo Su ministerio; lo único que el hombre puede hacer es hacer su mejor esfuerzo en el ámbito de la gestión de Dios y bajo Su guía.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre

Después de todo, la obra de Dios es diferente de la obra del hombre, así que, ¿cómo es posible que puedan ser Sus expresiones iguales a las del hombre? Dios tiene Su propio carácter particular, mientras que el hombre tiene deberes que debe realizar. El carácter de Dios se expresa en Su obra, mientras que el deber del hombre está encarnado en las experiencias del hombre y manifestado en las búsquedas del hombre. Por tanto, se hace evidente a través de la obra que se hace si algo es expresión de Dios o expresión del hombre. No tiene que ser explicado por Dios mismo, ni requiere que el hombre se empeñe en dar testimonio, menos aún necesita que Dios mismo reprima a ninguna persona. Todo esto viene como una revelación natural; no es forzado ni es algo en lo que el hombre pueda interferir. El deber del hombre puede conocerse a través de sus experiencias, y no requiere que haga ninguna obra vivencial adicional. Toda la esencia del hombre puede revelarse a medida que hace su deber, mientras que Dios puede expresar Su carácter inherente mientras hace Su obra. Si es la obra del hombre, entonces no puede esconderse. Si es la obra de Dios, entonces el carácter de Dios es aún más imposible de esconder por nadie, y mucho más imposible de ser controlado por el hombre. No se puede decir que ningún hombre sea Dios, menos aún se puede considerar su obra y sus palabras como santas o inmutables. Se puede decir que Dios es humano porque Él se vistió a Sí mismo en la carne, pero Su obra no puede considerarse la obra del hombre ni el deber del hombre. Más incluso, las declaraciones de Dios y las cartas de Pablo no pueden equipararse, así como el juicio y castigo de Dios no pueden ponerse al mismo nivel que las palabras de instrucción del hombre. Por tanto, hay principios que distinguen la obra de Dios de la obra del hombre. Estos se diferencian según sus esencias, no por el alcance de la obra o su eficacia temporal. En este tema, la mayoría de las personas cometen errores de principio. Esto se debe a que el hombre mira el exterior, algo que puede lograr, mientras que Dios mira la esencia, que no se puede observar con los ojos físicos del hombre. Si consideras las palabras y la obra de Dios como el deber de un hombre promedio y contemplas la obra a gran escala del hombre como la obra de Dios vestido en la carne, en vez del deber que hace el hombre, entonces ¿no estás equivocado en principio? Las cartas y biografías del hombre se pueden escribir fácilmente, pero solo sobre los cimientos de la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, las declaraciones y la obra de Dios no pueden ser cumplidas fácilmente por el hombre, ni alcanzadas por la sabiduría y el pensamiento humanos, menos aún la gente puede explicarlas completamente después de explorarlas. Si estos asuntos de principio no evocan ninguna reacción en vosotros, esto prueba que vuestra fe no es muy verdadera ni meticulosa. Solo se puede decir que vuestra fe está llena de vaguedad y que es tan atolondrada como carente de principios. Sin ni siquiera entender las cuestiones esenciales más básicas de Dios y del hombre, ¿no es este tipo de fe el más carente de percepción?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cuál es tu postura respecto a las trece epístolas?

Tenéis que saber cómo diferenciar la obra de Dios de la obra del hombre. ¿Qué puedes ver en la obra del hombre? Hay muchos elementos de la experiencia del hombre en su obra, lo que el hombre expresa es lo que es. Al hacer Su obra, Dios también expresa lo que Él es, pero Su ser difiere del ser del hombre. El ser del hombre es representativo de su experiencia y de su vida (lo que el hombre experimenta o encuentra en su vida, o las filosofías que tiene para los asuntos mundanos), y las personas que viven en ambientes diferentes expresan seres diferentes. El que tengas o no experiencias de sociedad, cómo vivas realmente en tu familia y experimentes en ella se puede ver en lo que expresas; mientras que en la obra de Dios encarnado no puedes ver si Él tiene experiencias sociales o no. Él conoce muy bien la sustancia del hombre y puede dejar en evidencia las diversas prácticas de todas las clases de personas. Más aún, Él puede dejar en evidencia las actitudes corruptas y el comportamiento rebelde del hombre. No vive entre las personas del mundo, pero es consciente de la naturaleza de los mortales y de todas las corrupciones de las personas del mundo. Este es Su ser. Aunque no trata con el mundo, conoce todas las reglas para tratar con el mundo porque entiende completamente la naturaleza humana. Conoce acerca de la obra del Espíritu que los ojos del hombre no pueden ver y los oídos del hombre no pueden escuchar, tanto del presente como del pasado. Esto incluye una sabiduría que no es una filosofía para los asuntos mundanos y prodigios que son difíciles de comprender por parte del hombre. Eso es Su ser, abierto al hombre pero también escondido de este. Lo que Él expresa no es el ser de una persona extraordinaria, sino los atributos y el ser inherentes del Espíritu. No viaja por el mundo, pero lo sabe todo sobre él. Él se pone en contacto con los “antropoides” que no tienen ningún conocimiento ni perspicacia, pero expresa palabras que son más elevadas que el conocimiento y que están por encima de las de las grandes figuras. Vive entre un grupo de personas obtusas e insensibles que no tienen humanidad y que no entienden la vida humana ni las normas de la humanidad, pero le puede pedir a la especie humana que viva una humanidad normal al mismo tiempo que deja al descubierto la humanidad vil y baja del ser humano. Todo esto es Su ser, más elevado que el ser de cualquier persona de carne y hueso. No hace falta que Él pase por el paso adicional de experimentar una vida social complicada, engorrosa y sórdida para hacer la obra que tiene que hacer y dejar en evidencia a fondo la sustancia de la especie humana corrupta. Una vida social sórdida no “edifica” Su carne. Su obra y Sus palabras solo dejan en evidencia la rebeldía del hombre y no le proporcionan al hombre la experiencia y las lecciones para tratar con el mundo. No necesita investigar la sociedad o la familia del hombre cuando le da al hombre la vida. Dejar en evidencia y juzgar al hombre no es una expresión de las experiencias de Su carne; es Su desenmascaramiento de la injusticia del hombre tras haber conocido desde hace mucho la rebeldía del hombre y odiar la corrupción de la especie humana. Toda la obra que Él hace da a conocer Su carácter al hombre y expresa Su ser. Solo Él puede hacer esta obra; no es algo que una persona de carne y hueso pueda lograr.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

La obra que hace Dios no es representativa de la experiencia de Su carne; la obra que el hombre hace es representativa de la experiencia del hombre. Todos hablan de su experiencia personal. Dios puede expresar directamente la verdad, mientras que el hombre solo puede expresar experiencias relevantes después de haber experimentado ciertas verdades. La obra de Dios no tiene preceptos y no está limitada por el tiempo o los límites geográficos. Puede expresar lo que Él es en cualquier momento y lugar. Obra como le place. La obra del hombre tiene condiciones y contexto; sin ellos, el hombre sería incapaz de obrar y de expresar su conocimiento de Dios o su experiencia de la verdad. Ya sea la obra de Dios mismo o la obra del hombre, sabrás la diferencia siempre y cuando compares ambas. Si no hay obra hecha por Dios mismo sino solo la obra del hombre, simplemente sabrás que las enseñanzas de estas personas son elevadas, más allá de la capacidad de cualquier otro, así como que sus tonos de voz, sus principios para manejar las cosas y su manera experimentada y estable de obrar están más allá del alcance de los demás. Todos vosotros admiráis a estas personas de buen calibre y conocimiento elevado, pero no puedes ver a partir de la obra y las palabras de Dios cuán elevada es Su humanidad. En cambio, Él es común y corriente y es normal y práctico cuando obra, pero también inmensurable para los mortales, lo que hace que las personas desarrollen una clase de corazón temeroso de Él. En la obra de una persona, su experiencia podría ser particularmente avanzada o su imaginación y razonamiento podrían ser particularmente avanzados, así como su humanidad podría ser particularmente buena; estas cosas solo pueden obtener la admiración de las personas, pero no despertar su temor ni su miedo. Todas las personas admiran a los que tienen capacidad de trabajo, tienen una experiencia particularmente profunda y pueden practicar la verdad, pero estas personas nunca pueden provocar temor, sino solo admiración y envidia. Pero las personas que han experimentado la obra de Dios no admiran a Dios, sino que sienten que Su obra está más allá del alcance humano y que es insondable para el hombre, que es fresca y maravillosa. Cuando las personas experimentan la obra de Dios, lo que primero llegan a conocer de Él es que es insondable, sabio y maravilloso; empiezan naturalmente a temerlo, sienten que la obra que Él hace es misteriosa y que está más allá del conocimiento de la mente del hombre. Las personas solo quieren poder cumplir Sus requisitos y satisfacer Sus intenciones; no quieren superarlo, porque la obra que Él hace va más allá del pensamiento y la imaginación del hombre y este no la podría hacer en Su lugar. Incluso el mismo hombre no conoce sus propias insuficiencias, sin embargo Dios ha forjado una nueva senda y ha venido entre las personas a llevarlas a un mundo más nuevo y hermoso, y así la humanidad ha progresado nuevamente y ha tenido un nuevo inicio. Lo que la gente siente por Dios no es admiración, o más bien, no es solo admiración. Su experiencia más profunda es el temor y el amor; su sentimiento es que Dios es, en efecto, maravilloso. Él hace la obra que el hombre no puede hacer, y dice cosas que el hombre no puede decir. Las personas que han experimentado la obra de Dios siempre tienen un sentimiento indescriptible. Las personas con una experiencia lo bastante profunda pueden entender el amor de Dios, sentir Su hermosura, sentir que Su obra es muy sabia, muy maravillosa, y de ese modo se genera entonces un poder infinito entre ellos. No se trata de miedo o de un amor y respeto ocasionales, sino de una profunda sensación de misericordia y tolerancia de Dios hacia el hombre. Sin embargo, las personas que han experimentado Su castigo y juicio sienten Su majestad y que no tolera ofensa. Hasta las personas que han experimentado mucho de Su obra no pueden desentrañarlo; todos los que verdaderamente lo temen saben que Su obra no concuerda con las nociones de las personas, sino que siempre va en contra de estas. No necesita que las personas lo admiren completamente o aparenten someterse a Él, en su lugar, deberían alcanzar un auténtico temor y una verdadera sumisión. En mucha de Su obra, cualquiera que tenga una experiencia verdadera desarrolla un corazón temeroso de Él, que es más que admiración. Las personas han visto Su carácter por Su obra de castigo y juicio y, por lo tanto, tienen corazones temerosos de Él. Hay que temer a Dios y someterse a Él, porque Su ser y Su carácter no son los mismos que los de un ser creado y están por encima de los de un ser creado. Dios existe por sí mismo, Él es eterno, no es un ser creado y solo Dios es digno de temor y sumisión; el hombre no está calificado para esto.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la obra del hombre

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