b. El significado de cada una de las tres etapas de la obra de Dios

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Durante la Era de la Ley, la obra de guiar a la especie humana se realizó bajo el nombre de Jehová y la primera etapa de la obra se inició en la tierra. La obra de esta etapa fue edificar el templo y el altar, así como usar la ley para guiar al pueblo de Israel y obrar entre este. Guiando al pueblo de Israel, Él dispuso una base para Su obra en la tierra. Desde allí difundió Su obra más allá de Israel, es decir que, comenzando desde Israel la difundió hacia fuera, de forma que generaciones posteriores llegaron gradualmente a saber que Jehová era Dios, y que Él había creado los cielos, la tierra y todas las cosas, que había hecho a todos los seres creados. Él difundió Su obra por medio del pueblo de Israel hacia afuera de ese pueblo. La tierra de Israel fue el primer lugar santo de la obra de Jehová en la tierra; fue en toda la tierra de Israel donde Dios llevó a cabo al principio Su obra en la tierra. Esa fue la obra de la Era de la Ley.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)

La obra que llevó a cabo Jehová en los israelitas estableció entre la humanidad el lugar de origen terrenal de Dios, que también era el lugar santo donde Él se encontraba presente. Limitó Su obra al pueblo de Israel. Al principio, no obró fuera de Israel, sino que escogió a personas que Él consideró apropiadas para limitar el alcance de Su obra. Israel es el lugar donde Dios creó a Adán y Eva, y del polvo de aquel lugar Jehová hizo al hombre; este lugar se convirtió en la base de Su obra en la tierra. Los israelitas, descendientes de Noé y también de Adán, fueron la base humana de la obra de Jehová en la tierra.

La importancia, el propósito y los pasos de la obra de Jehová en Israel en esta época fueron llevar a cabo Su obra en la tierra entera; dicha obra tomó a Israel como su centro y paulatinamente se fue difundiendo entre las naciones gentiles. Este es el principio según el cual Él obra en el universo: empezar desde cierto punto para luego alcanzar la totalidad y, posteriormente, ampliar Su obra hasta que toda la gente en el universo haya recibido Su evangelio. Los primeros israelitas fueron los descendientes de Noé. A estas personas se les dotó solamente con el aliento de Jehová y sabían cómo ocuparse de las necesidades básicas de la vida, pero no sabían qué clase de Dios era Jehová ni cuáles eran Sus intenciones para el hombre, y, mucho menos, cómo debían temer al Creador. En cuanto a si había preceptos y leyes que debían ser obedecidos[a], o si había algún deber que los seres creados debían hacer para el Creador, los descendientes de Adán no sabían nada de tales cosas. Lo único que sabían era que el marido debía sudar y trabajar para mantener a su familia, y que la esposa debía someterse a su marido y perpetuar la raza humana que Jehová había creado. En otras palabras, este pueblo, que tenía solamente el aliento y la vida de Jehová, no sabía nada de cómo seguir las leyes de Dios o cómo satisfacer al Creador. Entendía muy poco. Así pues, aunque no había nada torcido ni falso en su corazón y pocas veces surgían los celos o los conflictos entre ellos, carecían del conocimiento o el entendimiento de Jehová, el Creador. Estos antepasados del hombre solo sabían comer y disfrutar las cosas de Jehová, pero no sabían temerlo; no sabían que Jehová era Aquel a quien debían adorar arrodillados. ¿Cómo, entonces, podían ser llamados Sus seres creados? De ser esto así, ¿acaso las palabras: “Jehová es el Creador” y “Él creó a la especie humana para que esta lo manifestara, lo glorificara y lo representara” no se habrían pronunciado en vano? ¿Cómo podrían las personas que carecían de un corazón temeroso de Jehová convertirse en un testimonio de Su gloria? ¿Cómo podrían convertirse en una manifestación de Su gloria? ¿No se apoderaría entonces Satanás, el maligno, de las palabras de Jehová “Yo creé a la especie humana a Mi imagen”? ¿Acaso no se convertirían estas palabras en una señal de vergüenza para la creación que hizo Jehová de la especie humana? Para poder completar esa etapa de la obra, después de crear a los hombres, Jehová no los instruyó ni los guio, desde Adán hasta Noé. Más bien, no fue sino hasta que el diluvio destruyó al mundo que Él comenzó a guiar formalmente a los israelitas, quienes eran los descendientes de Noé, así como de Adán. Su obra y Sus declaraciones en Israel brindaron guía a todo el pueblo israelita mientras vivía su vida en la tierra de Israel y, de esta manera, Jehová mostró al hombre que no solo podía insuflar aliento en este para que recibiera vida de Él y se levantara del polvo para convertirse en un ser humano creado, sino que también podía incinerar a la humanidad, maldecirla y utilizar Su vara para gobernarla. Así, también vieron que Jehová podía guiar la vida del hombre en la tierra, y hablar y obrar entre los hombres conforme a las horas del día y la noche. Llevó a cabo esta obra solamente para que Sus seres creados pudieran conocer que el hombre vino del polvo, recogido por Él, y que, además, había sido hecho por Él. No solo eso, sino que primero llevó a cabo Su obra en Israel para que otros pueblos y naciones (que, de hecho, no eran independientes de Israel, sino que se habían separado de los israelitas y que seguían siendo descendientes de Adán y Eva) pudieran recibir el evangelio de Jehová desde Israel, para que todos los seres creados en el universo pudiesen temer a Jehová y honrar Su grandeza. Si Jehová no hubiera comenzado Su obra en Israel, sino que, habiendo creado a la especie humana, solo le hubiese permitido llevar una vida despreocupada en la tierra, en ese caso, considerando la naturaleza física del hombre (“naturaleza” significa que el hombre jamás podrá conocer lo que no puede ver; es decir, que no sabría que fue Jehová quien creó a la humanidad y, aún menos, por qué lo hizo), jamás sabría que fue Jehová quien creó a la humanidad y que Él es el Señor de todas las cosas. Si Jehová hubiera creado a la especie humana y la hubiera colocado en la tierra, y simplemente se hubiera sacudido el polvo de las manos y se hubiese ido, en lugar de quedarse entre los hombres para proveerles de guía durante un tiempo, entonces la humanidad entera hubiese sido reducida a la nada; incluso los cielos y la tierra y todas las cosas, que Él creó, así como toda la humanidad, habrían sido reducidos a la nada y, además, habrían sido pisoteados por Satanás. En ese caso, el deseo de Jehová de que “Sobre la tierra —es decir, en medio de Su creación— Él pudiera tener un lugar donde poner Sus pies, un lugar santo” habría sido destrozado. Así, después de crear a la especie humana, Él guio a las personas en su vida mientras estaba entre la especie humana y les habló a las personas mientras estaba entre la especie humana, todo esto para materializar Su deseo y Su plan. La obra que Él llevó a cabo en Israel tenía únicamente como objetivo materializar el plan que había establecido antes de crear todas las cosas, de manera que la obra que llevó a cabo primero entre los israelitas y Su obra de creación de todas las cosas no estaban en conflicto, sino que ambas se realizaron por el bien de Su gestión, de Su obra y de Su gloria, y para profundizar el significado de Su creación de la humanidad. Él guio la vida del hombre en la tierra durante dos mil años después de Noé, ayudó a las personas a entender cómo temer a Jehová, el Señor de todas las cosas, cómo llevar su vida y cómo vivir y, ante todo, cómo dar testimonio de Jehová, cómo someterse a Él y cómo temerlo, incluso alabándolo con música como hicieron David y sus sacerdotes.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra en la Era de la Ley

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la frase “ser obedecidos”.


Al principio, guiar al hombre durante la Era de la Ley del Antiguo Testamento era como guiar la vida de un niño. La especie humana de los inicios fue aquella que acababa de surgir de Jehová, es decir, los israelitas, quienes no comprendían cómo temer a Dios ni cómo vivir en la tierra. Es decir, Jehová creó a la humanidad, esto es, creó a Adán y Eva, pero no les dio la facultad para entender cómo temer a Jehová o seguir los estatutos de Jehová sobre la tierra. Sin la guía directa de Jehová, nadie podría saber esto directamente, porque en el principio el hombre no poseía esta facultad. El hombre solo sabía que Jehová era Dios, pero en cuanto a cómo temerlo, qué conducta se podría considerar temerlo, con qué mentalidad hacerlo y qué ofrecer en Su temor, el hombre no tenía ninguna idea en absoluto. El hombre solo sabía disfrutar de lo que podía disfrutarse entre todas las cosas creadas por Jehová, pero el hombre era totalmente ignorante de, exactamente, cómo se debería vivir en la tierra para ser digno del título de “ser creado”. Sin nadie que los instruyera, sin alguien que los guiara personalmente, esa especie humana nunca habría llevado una vida humana adecuada, sino que solo podría haber sido capturada furtivamente por Satanás. Jehová creó a la humanidad, es decir, creó a los ancestros de la misma: Eva y Adán. Pero no les concedió ningún intelecto ni sabiduría adicionales. Aunque ya estaban viviendo en la tierra, no entendían casi nada. Así pues, la obra de Jehová de crear a la especie humana solo estaba a medias, no totalmente completa. Él solo había formado un modelo de hombre a partir del barro y le había dado Su aliento, pero no le había concedido al hombre suficiente determinación para temerlo. Al principio, el hombre no poseía un corazón temeroso de Él o que le tuviera miedo. El hombre solo sabía escuchar Sus palabras, pero ignoraba el conocimiento básico para la vida sobre la tierra y las reglas normales para la vida humana. Y así, aunque Jehová creó al hombre y a la mujer y terminó el proyecto de los siete días, de ninguna manera completó la creación del hombre, porque el hombre era solo un caparazón exterior y le faltaba la realidad de ser un humano. El hombre solo sabía que fue Jehová quien había creado a la especie humana, pero no tenía idea de cómo cumplir Sus palabras y Sus estatutos. Por ello, después de que llegó a existir la especie humana, la obra de Jehová no estaba completa. Él aún tenía que guiar por completo a la especie humana para que viniera ante Él, con el fin de que pudiese vivir junta en la tierra y temerlo, así como para que la especie humana pudiera, con Su guía, entrar en la vía correcta de una vida humana normal en la tierra. Solo de esta forma se completó del todo la obra que se había llevado a cabo principalmente bajo el nombre de Jehová; esto es, solo de esta forma concluyó la obra de Jehová de crear el mundo por completo. Y así, como creó a la especie humana, tenía que guiar su vida en la tierra durante varios miles de años, de forma que el hombre fuera capaz de guardar Sus decretos y estatutos, así como de forma que la especie humana pudiera participar en todas las actividades humanas normales sobre la tierra. Solo entonces se completó del todo la obra de Jehová.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)

Durante la Era de la Ley, Jehová estableció muchos mandamientos para que Moisés se los transmitiera a los israelitas que lo seguían al salir de Egipto. Estos mandamientos fueron concedidos por Jehová a los israelitas y no guardaban ninguna relación con los egipcios; tenían el propósito de frenar a los israelitas y Él usó los mandamientos para plantearles exigencias. Si guardaban el día de reposo, si honraban a sus padres, si adoraban ídolos y demás; estos eran los principios por los que se les juzgaba como pecadores o como justos. Entre ellos, hubo algunos que fueron consumidos por el fuego de Jehová, otros que fueron apedreados a muerte, y otros más que recibieron la bendición de Jehová; todo esto se determinó conforme a si obedecían o no estos mandamientos. Quienes no guardaban el día de reposo eran apedreados a muerte. Los sacerdotes que no guardaban el día de reposo eran consumidos por el fuego de Jehová. Quienes no honraban a sus padres también eran apedreados a muerte. Todo esto fue aprobado por Jehová. Él estableció Sus mandamientos y Sus leyes para que, mientras los guiaba durante su vida, el pueblo escuchara y se sometiera a Su palabra y no se rebelara contra Él. Empleó estas leyes para mantener bajo control a la raza humana recién nacida con el fin de sentar la base para Su obra futura. Así, con base en la obra que llevó a cabo Jehová, la primera era fue llamada la Era de la Ley. Aunque Jehová hizo muchas declaraciones y llevó a cabo mucha obra, Él solo guio al pueblo de manera positiva, y le enseñó a esta gente ignorante cómo comportarse, cómo vivir y cómo entender el camino de Jehová. En su mayor parte, la obra que Él llevó a cabo tuvo como propósito causar que el pueblo observara Su camino y siguiera Sus leyes. Esta obra se llevó a cabo en personas superficialmente corrompidas; no se extendió al punto de transformar su carácter o de lograr su progreso en la vida. Simplemente frenó y controló a las personas por medio de hacerles cumplir las leyes. Para los israelitas de aquel tiempo, Jehová era solamente un Dios en el templo, un Dios en los cielos. Era una columna de nube, una columna de fuego. Lo único que les exigía Jehová era obedecer lo que la gente hoy en día conoce como leyes y mandamientos —que incluso se podrían llamar preceptos— porque lo que Jehová hizo no tenía el propósito de transformar a los israelitas, sino de concederles más cosas que el hombre debería tener e impartirles personalmente estas cosas, pues después de haber sido creados, los hombres no tenían nada de lo que debían poseer. Así pues, Jehová le concedió al pueblo lo que debía poseer para su vida en la tierra e hizo que la especie humana que Él había guiado sobrepasara a sus antepasados, Adán y Eva, porque lo que Jehová le concedió superaba lo que Él les había concedido a Adán y Eva en el principio. A pesar de eso, la obra que realizó Jehová en Israel fue solo para guiar al hombre y hacer que este reconociera al Creador. No lo conquistó ni lo transformó; simplemente lo guio. Esta es la totalidad de la obra de Jehová en la Era de la Ley. Es el trasfondo, la historia real, la esencia de Su obra en la tierra entera de Israel y el comienzo de Su obra de seis mil años: mantener al hombre bajo el control de la mano de Jehová. A partir de esto nació más obra en Su plan de gestión de seis mil años.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra en la Era de la Ley

Jesús representa toda la obra de la Era de la Gracia, se hizo carne, fue crucificado y también comenzó la Era de la Gracia. Vino a ser crucificado y a completar la obra de redención y vino a poner fin a la Era de la Ley y a dar inicio a la Era de la Gracia, por lo que fue llamado el “Comandante Supremo”, la “Ofrenda por el Pecado” y el “Redentor”. Por consiguiente, la obra de Jesús difirió en contenido de la obra de Jehová, aunque ambas tenían el mismo principio. Jehová inició la Era de la Ley, estableció las bases —el punto de origen— de la obra de Dios en la tierra y promulgó las leyes y los mandamientos. Llevó a cabo estas dos obras, que representan la Era de la Ley. La obra que Jesús hizo en la Era de la Gracia no fue promulgar leyes, sino cumplirlas, marcando así el inicio de la Era de la Gracia y dando por concluida la Era de la Ley que había durado dos mil años. Él fue el pionero que vino para iniciar la Era de la Gracia y, sin embargo, la parte principal de Su obra radicaba en la redención. Así, Su obra también tuvo dos partes: iniciar una nueva era y completar la obra de redención a través de Su crucifixión, luego de la cual Él partió. A partir de ahí concluyó la Era de la Ley y comenzó la Era de la Gracia.

La obra de Jesús fue de acuerdo con las necesidades del hombre en esa era. Su tarea fue redimir a la humanidad, perdonar sus pecados y así, Su carácter fue completamente de humildad, paciencia, amor, piedad, indulgencia, misericordia y bondad. Él brindó a las personas abundante gracia y bendiciones, y todas las cosas que estas podían disfrutar. Lo que las personas disfrutaban era enteramente de paz y felicidad, Su tolerancia y Su amor y Su misericordia y Su benevolencia. La abundancia de cosas para gozar a las que la gente tenía acceso en ese tiempo —la sensación de paz y de seguridad en su corazón, la sensación de consuelo en su espíritu y su confianza en el Salvador Jesús— era consecuencia de la era en la que vivía. En la Era de la Gracia, el hombre ya había sido corrompido por Satanás; por eso, hacer la obra de redimir a toda la humanidad requería una abundancia de gracia, una indulgencia y una paciencia infinitas y, aún más que eso, una ofrenda suficiente para expiar los pecados del hombre para tener un efecto. Lo que las personas vieron en la Era de la Gracia fue únicamente Mi ofrenda de expiación de los pecados del hombre: Jesús. Todo lo que sabían era que Dios podía ser misericordioso e indulgente, y todo lo que vieron fue la misericordia y la bondad de Jesús. Esto fue exclusivamente porque nacieron en la Era de la Gracia. Y así, antes de que la humanidad fuera redimida, tenía que disfrutar de abundante gracia que Jesús le concedió. Solo podían beneficiarse de esa manera, permitiéndoles ser perdonados de sus pecados a través del gozo de la gracia y dándoles la oportunidad de expiar sus pecados por medio de su goce de la indulgencia y la paciencia de Jesús. Solo por medio de la indulgencia y la paciencia de Jesús, la humanidad se convirtió en digna de recibir el perdón y de gozar la abundancia de la gracia conferida por Jesús. Como Él dijo: “Yo no he venido a redimir a los justos, sino a los pecadores para permitir que sus pecados sean perdonados”. Si cuando Jesús se encarnó hubiera traído el carácter de juicio, maldición e intolerancia hacia las ofensas del hombre, este jamás habría tenido la oportunidad de ser redimido y habría seguido siendo pecador por siempre. De haber sido así, el plan de gestión de seis mil años se habría detenido en la Era de la Ley y esta se habría prolongado por seis mil años. Los pecados del hombre solo habrían sido más numerosos y más graves, y la creación de la humanidad habría sido en vano. Las personas solo habrían podido servir a Jehová bajo la ley, pero los pecados de la especie humana habrían superado a los de los primeros humanos creados. Cuanto más amó Jesús a la especie humana, perdonándole al hombre sus pecados y brindándole suficiente misericordia y benevolencia, este tenía más derecho a que Él lo salvara y fue así llamado el cordero perdido que Jesús volvió a comprar a un alto precio. Satanás no podía entrometerse en esta obra porque Jesús trataba a Sus seguidores como una madre amorosa trata al niño que tiene en su seno. No se enojó con ellos ni los aborreció, sino que estaba lleno de consuelo hacia ellos. Él jamás expresó gran ira entre ellos, sino que toleró sus pecados y pasó por alto su insensatez y su ignorancia, al punto de decir: “Perdonad a otros setenta veces siete”. Así, Su corazón conmovió y reformó el corazón de otros y solo de esta forma las personas recibieron el perdón de sus pecados a través de Su indulgencia.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La verdadera historia de la obra de la Era de la Redención

Cuando el Señor Jesús empezó Su obra, ya había dejado atrás los “grilletes” de la Era de la Ley y había roto las normas y los principios estipulados de esa era. En Él no había rastro de nada relacionado con la ley; la había desechado por completo y ya no la observaba; ya no requería que la gente la acatara. De modo que aquí ves que el Señor Jesús atravesó los maizales en el día de reposo y que el Señor no descansó; estaba trabajando fuera, no descansando. Este acto Suyo contradijo las nociones de las personas y les comunicó que Él ya no vivía bajo la ley; que Él había ido más allá del Sabbat y apareció ante las personas y en medio de ellas con una imagen completamente nueva, con una nueva forma de obrar. Este acto Suyo les dijo a las personas que Él había traído consigo una nueva obra que dio inicio cuando emergió de estar bajo la ley y cuando se apartó del día de reposo. Cuando Dios llevó a cabo Su nueva obra, dejó de aferrarse al pasado y ya no se preocupó más por la normativa de la Era de la Ley. Tampoco le afectó Su obra en la era anterior, sino que, en cambio, obró durante el día de reposo, tal como lo hacía en los demás días, y cuando Sus discípulos tuvieron hambre en el Sabbat, pudieron arrancar espigas para comer. Todo esto era muy normal a los ojos de Dios. Para Dios, gran parte de la obra que Él quiere realizar y de las palabras que quiere decir pueden tener todas un nuevo comienzo. Cuando Él comienza algo nuevo, no menciona Su obra previa ni la continúa. Como Dios tiene Sus principios en Su obra, cuando quiere empezar una nueva obra es cuando quiere llevar a las personas a una nueva etapa de Su obra y cuando Su obra entrará en una fase superior. Si las personas siguen actuando según los antiguos dichos o normas, o siguen aferrándose a ellos, Él no lo recordará ni lo aprobará. Esto se debe a que ya ha traído una nueva obra y ha entrado en una nueva fase de Su obra. Cuando trae una nueva obra, se aparece a la gente con una imagen completamente nueva, desde un ángulo totalmente nuevo y de un modo plenamente nuevo para que las personas puedan ver distintos aspectos de Su carácter y lo que Él tiene y es. Esta es una de Sus metas en Su nueva obra.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III

Sin la redención de Jesús, el hombre habría vivido por siempre en el pecado y se habría vuelto la progenie del pecado, el descendiente de los demonios. De continuar así, toda la tierra se habría convertido en el sitio donde habita Satanás, el lugar de su morada. Sin embargo, la obra de redención requería mostrar misericordia y benevolencia hacia el hombre. Solo así este podía recibir el perdón y, al final, convertirse en digno de que Dios lo hiciera completo y lo obtuviera plenamente. Sin esta etapa de la obra, el plan de gestión de seis mil años no habría podido avanzar. Si Jesús no hubiera sido crucificado, si solamente hubiera sanado a los enfermos y exorcizado a los demonios, entonces las personas todavía no habrían recibido un perdón completo para sus pecados. En los tres años y medio que Jesús pasó haciendo Su obra en la tierra, completó solo la mitad de Su obra de redención. Luego, al ser clavado en la cruz y al convertirse en la semejanza de carne pecaminosa, al ser entregado al malvado, Él completó la obra de la crucifixión y dominó el porvenir de la especie humana. Solo después de ser entregado en las manos de Satanás, redimió a la especie humana. Durante treinta y tres años y medio sufrió en la tierra, lo ridiculizaron, lo difamaron y lo abandonaron, incluso al punto en el que no tenía un lugar donde posar Su cabeza, ningún lugar para descansar; luego fue crucificado y todo Su ser, un cuerpo santo e inocente, fue clavado en la cruz y padeció todo tipo de sufrimientos. Quienes estaban en el poder se burlaron de Él y lo flagelaron e incluso los soldados escupieron en Su rostro; sin embargo, Él permaneció en silencio y soportó hasta el final, sometiéndose incondicionalmente hasta la muerte, con lo cual redimió a toda la humanidad. Solo entonces llegó a disfrutar del descanso. La obra que Jesús llevó a cabo representa únicamente la Era de la Gracia, no representa la Era de la Ley ni sustituye a la obra de los últimos días. Esta es la esencia de la obra de Jesús en la Era de la Gracia, la segunda era por la que la humanidad ha pasado: la Era de la Redención.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La verdadera historia de la obra de la Era de la Redención

Cuando Jesús vino al mundo del hombre, inició la Era de la Gracia y terminó la Era de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, con esta encarnación, finalizó la Era de la Gracia e inauguró la Era del Reino. Todos aquellos que sean capaces de aceptar la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino y, además, serán capaces de recibir personalmente la guía de Dios. Aunque Jesús vino entre los hombres e hizo mucha obra, solo completó la obra de redimir a toda la especie humana y sirvió como ofrenda por el pecado del hombre; no lo despojó de la totalidad de sus actitudes corruptas. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no solo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para despojar completamente al hombre de sus actitudes corrompidas por Satanás. Y así, una vez que el hombre fue perdonado por sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar a este a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado a la especie humana a un reino más elevado. Todos los que se someten a Su dominio disfrutarán de una verdad superior y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz y obtendrán la verdad, el camino y la vida.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que se resiste a Dios. Por tanto, cuando se redimió al hombre, no se trataba más que de un caso de redención; es decir, se compró al hombre a un alto precio, pero la naturaleza venenosa en su interior no se eliminó. El hombre que es tan inmundo debe pasar por un cambio antes de volverse cualificado para servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo así, el hombre puede volverse cualificado para regresar delante del trono de Dios. Toda la obra actual se realiza con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; es para que el hombre deseche su corrupción y sea purificado por medio del juicio y el castigo de la palabra, así como del refinamiento. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es también la obra de conquista, así como la segunda etapa en la obra de salvación. Es por medio del juicio y el castigo por la palabra como el hombre llega a ser ganado por Dios, y es por medio del refinamiento, el juicio y el desenmascaramiento por la palabra que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las esperanzas personales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Aunque el hombre haya sido redimido y perdonado de sus pecados, esto solo puede considerarse como que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, el hombre vive en la carne sin liberarse del pecado y solo puede continuar pecando, revelando sin cesar sus actitudes corruptas satánicas. Esta es la vida que lleva el hombre, un ciclo sin fin de pecar y ser perdonado. La mayor parte de las personas peca de día y confiesa de noche. Y por tanto, aunque la ofrenda por el pecado siempre es efectiva para el hombre, no puede salvarlo del pecado. Solo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo actitudes corruptas. Por ejemplo, cuando las personas se enteraron de que descendían de Moab, se quejaron, dejaron de buscar la vida, y se volvieron totalmente negativas. ¿No muestra esto que el hombre sigue siendo incapaz de someterse plenamente al dominio de Dios? ¿Acaso no son estas precisamente las actitudes satánicas corruptas del hombre? Cuando no estabas siendo sometido al castigo, levantabas tu mano más alto que todas las demás, incluidas las de Jesús. Y clamabas en voz alta: “¡Seamos un hijo amado de Dios! ¡Seamos un íntimo de Dios! ¡Mejor sería morir antes que inclinarnos ante Satanás! ¡Nos rebelamos contra el viejo Satanás! ¡Nos rebelamos contra el gran dragón rojo! ¡Que el gran dragón rojo caiga del poder de una vez! ¡Que Dios nos haga completos!”. Gritaste más fuerte que todos los demás. Pero entonces llegó el tiempo del castigo y, una vez más, se revelaron tus actitudes corruptas. Tus gritos cesaron y perdiste la determinación. Esta es la corrupción del hombre; es algo más profundo que el pecado; algo plantado por Satanás y profundamente arraigado dentro del hombre. No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados y no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Solo se puede lograr este resultado por medio del juicio de la palabra. Solo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para dejar la sustancia del hombre en evidencia y para diseccionar sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe someterse a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a sus actitudes corruptas. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre rechaza a Dios están incluso más dirigidas a que el hombre es esencialmente una personificación de Satanás y a que el hombre es esencialmente una fuerza hostil contra Dios. Al realizar Su obra de juicio, Dios no explica completamente la naturaleza del hombre en unas pocas palabras; desenmascara y poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de desenmascaramiento y poda no pueden ser sustituidos por palabras corrientes; en cambio, la verdad que el hombre no posee en absoluto se usa para llevar a cabo esta obra de dejar en evidencia y podar. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo el juicio de este tipo puede doblegar al hombre y convencerlo por completo respecto a Dios y, además, el hombre puede así obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le ha permitido al hombre obtener mucho entendimiento de las intenciones de Dios, mucho entendimiento del propósito de la obra de Dios y mucha comprensión de los misterios que es incapaz de entender. También le ha permitido al hombre entender y conocer su esencia corrupta y la raíz de su corrupción, así como descubrir su feo rostro. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tienen fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cristo hace la obra del juicio con la verdad

Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por el bien de Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del hombre, este no podría conocer Su carácter justo, que no debe ofenderse, ni podría transformar su viejo conocimiento de Dios en uno nuevo. Por el bien de Su testimonio y de Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para, por medio de Su aparición pública, lograr el conocimiento de Dios, ser transformado en su carácter y dar un resonante testimonio por Dios. El cambio en el carácter del hombre se logra a través de muchos tipos distintos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Sus intenciones. El cambio en el carácter del hombre significa que se ha liberado de la atadura de Satanás y de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y un espécimen de la obra de Dios, que ha llegado a ser un testigo Suyo y alguien que es conforme a Sus intenciones. Hoy, el Dios encarnado ha venido a la tierra a hacer Su obra y exige que el hombre logre conocerle, someterse a Él y dar testimonio de Él; el hombre debe conocer la obra práctica y normal de Dios, debe someterse a todas Sus palabras y Su obra que no concuerdan con los conceptos del hombre, y debe dar testimonio de toda Su obra de salvación del hombre y de todos Sus hechos de conquista del hombre. Los que dan testimonio de Dios tienen que poseer un conocimiento de Él; solo este tipo de testimonio es preciso, práctico y el único que puede avergonzar a Satanás. Dios usa a aquellos que han llegado a conocerle pasando por Su juicio, Su castigo y Su poda, para que den testimonio de Él; Él usa a los que han sido corrompidos por Satanás para que den testimonio de Él; usa a aquellos cuyo carácter ha cambiado y que han obtenido así Sus bendiciones, para que den testimonio de Él. No necesita que el hombre lo alabe de palabra, ni necesita la alabanza y el testimonio de quienes son de la clase de Satanás, que no han sido salvados por Él. Solo aquellos que conocen a Dios están cualificados para dar testimonio de Él y solo aquellos cuyo carácter ha sido transformado también lo están. Dios no permitirá que el hombre cause vergüenza a Su nombre deliberadamente.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio por Él

Las palabras que pronuncio hoy son para juzgar los pecados del hombre, para juzgar la injusticia del hombre, así como para maldecir su rebeldía y su tortuosidad y falsedad. Todo lo que no está de acuerdo con las intenciones de Dios en las palabras y actos del hombre debe ser sometido a juicio, y toda su rebeldía se califica de pecado. Sus palabras giran en torno a los principios del juicio; Él utiliza el juicio de la injusticia del hombre, la maldición de su rebeldía y el desenmascaramiento de todos los rostros feos del hombre para manifestar Su carácter justo. La santidad es una representación de Su carácter justo y, de hecho, Su santidad es Su carácter justo. Vuestras actitudes corruptas son el contexto de las palabras actuales; hablo y juzgo y llevo a cabo la obra de conquista de acuerdo con ellas. Solo esto es la obra práctica y solo de esta manera se puede hacer evidente por completo la santidad de Dios. Si no hay rastro de carácter corrupto en ti, entonces Dios no te juzgará ni te mostrará Su justo carácter. Dado que tienes actitudes corruptas, Dios no te pasará por alto y es así como demuestra Su santidad. Si Dios viera que la inmundicia y rebeldía del hombre son demasiado grandes y sin embargo no te hablara, juzgara ni castigara por tu injusticia, entonces eso probaría que Él no es Dios, porque no odiaría el pecado; sería tan inmundo como el hombre. Hoy, te juzgo por tu inmundicia y te castigo por tu corrupción y rebeldía. No estoy alardeando de Mi poder sobre vosotros ni oprimiéndoos deliberadamente; hago estas cosas porque vosotros, que habéis nacido en esta tierra de inmundicia, habéis sido muy gravemente contaminados por ella. Simplemente habéis perdido vuestra integridad y humanidad, como cerdos que viven en lugares sucios. A causa de vuestra suciedad y corrupción sois juzgados y desato Mi ira sobre vosotros. Precisamente debido al juicio de estas palabras, habéis podido ver que Dios es el Dios justo, que Dios es el Dios santo. Precisamente por Su santidad y justicia, os juzga y desata Su ira sobre vosotros; es precisamente porque ve la rebeldía de la especie humana por lo que Su carácter justo se revela de Él. La suciedad y corrupción de la humanidad revelan Su santidad. Eso basta para demostrar que es Dios mismo, que es santo e inmaculado, y sin embargo vive en la tierra de la inmundicia.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo se logran los efectos del segundo paso de la obra de conquista

De hecho, la obra que se está haciendo ahora es para hacer que las personas se rebelen contra Satanás y su antiguo antepasado. Todos los juicios por la palabra tienen como meta desenmascarar las actitudes corruptas de las personas y permitirles entender la esencia de la vida. Estos juicios repetidos les traspasan el corazón. Cada juicio está relacionado de manera directa con su porvenir y tiene la intención de herir sus corazones para que puedan desprenderse de todas esas cosas y de esa manera llegar a conocer la vida, conocer este mundo inmundo, conocer la sabiduría y omnipotencia de Dios y también conocer a la humanidad que Satanás ha corrompido. Cuanto más son así el castigo y el juicio, más se puede herir el corazón del hombre y más se puede despertar su espíritu. El objetivo de tal juicio es despertar los espíritus de las personas extremadamente corruptas y las más profundamente engañadas. El hombre no tiene espíritu, es decir, su espíritu murió hace mucho y no sabe que hay un cielo, no sabe que hay un Dios y ciertamente no sabe que está luchando en el abismo de la muerte; ¿cómo podría saber el hombre que está viviendo en este malvado infierno humano? ¿Cómo podría saber que este cadáver podrido suyo ha caído en el Hades de la muerte después de que fuera corrompido por Satanás? ¿Cómo podría saber que todas las cosas en la tierra ya hace mucho que han sido arruinadas por la humanidad y no pueden repararse? ¿Y cómo podría saber que el Creador ha venido a la tierra hoy y está buscando un grupo de personas corruptas a quienes Él pueda salvar? Aunque el hombre haya experimentado cada refinamiento y juicio posibles, su conciencia entumecida ha seguido sin conmoverse en absoluto y es virtualmente insensible. ¡Qué degenerado es el hombre! Aunque esta clase de juicio es como el cruel granizo que cae del cielo, este es el mayor beneficio para el hombre. Sin juzgar a las personas de esta manera, no se podría lograr el resultado y sería absolutamente imposible salvarlas del abismo de la miseria. Sin obrar de esta manera, sería muy difícil que las personas salieran del Hades porque sus corazones murieron hace mucho y sus espíritus hace mucho que fueron pisoteados por Satanás. Salvaros a vosotros, que os habéis hundido en lo más hondo de las profundidades de la degeneración, requiere llamaros denodadamente, juzgaros denodadamente y solo entonces se pueden despertar vuestros corazones congelados.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los perfeccionados pueden vivir una vida significativa

En la Era del Reino, Dios usa las palabras para dar paso a la nueva era, para cambiar los medios por los cuales Él obra y para llevar a cabo la obra de toda la era. Este es el principio por el cual Dios obra en la Era de la Palabra. Él se hizo carne y habla desde diferentes perspectivas, posibilitando que el hombre vea realmente a Dios, quien es la Palabra manifestada en la carne, y que contemple Su sabiduría y Su maravilla. Dios obra de esta manera para lograr mejor los objetivos de conquistar a la gente, perfeccionarla y descartarla. Este es el verdadero significado del uso de las palabras para obrar en la Era de la Palabra. A través de las palabras, las personas llegan a conocer la obra de Dios, Su carácter, la sustancia del hombre y aquello en lo que el hombre debe entrar. A través de las palabras, se logra toda la obra que Dios desea llevar a cabo en la Era de la Palabra. A través de las palabras, las personas son reveladas, descartadas y probadas. Las personas han visto estas palabras, han oído estas palabras y han reconocido su existencia. Como resultado, han llegado a creer en la existencia de Dios, en Su omnipotencia y sabiduría, así como en el corazón de Dios dispuesto a amar y salvar al hombre. El término “palabras” puede ser corriente y sencillo, pero las palabras procedentes de la boca del Dios encarnado sacuden el universo: transforman el corazón de las personas, sus nociones y su antiguo carácter, así como la apariencia que el mundo entero solía tener. A lo largo de las eras, solo el Dios de la actualidad obra de esta manera, y solo Él habla así y salva al hombre de ese modo. A partir de este momento, el hombre vive bajo la guía de las palabras de Dios, entre el pastoreo y la provisión de Sus palabras; toda la gente vive en el mundo de las palabras de Dios, entre las maldiciones y bendiciones de Sus palabras, y la mayoría vive bajo el juicio y el castigo de estas. Todas estas palabras y esta obra son en aras de la salvación del hombre, en aras del cumplimiento de la voluntad de Dios y en aras de cambiar el aspecto original del mundo de la antigua creación. Dios creó el mundo utilizando palabras, guía a todas las personas en el universo utilizando palabras, las conquista y las salva utilizando palabras, y al final Él utilizará palabras para llevar a la totalidad del mundo antiguo a su fin, completando así todo Su plan de gestión.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La Era del Reino es la Era de la Palabra

En los últimos días, Dios usa, principalmente, la palabra para perfeccionar al hombre. No usa señales ni prodigios para forzar al hombre a convencerlo. Esto no puede revelar el gran poder de Dios. Si Él solo mostrara señales y prodigios, esto no revelaría Su practicidad ni haría perfecto al hombre. Dios no hace al hombre perfecto con señales y prodigios, sino que usa la palabra para regarlo y pastorearlo, tras lo cual el ser humano puede someterse por completo a Dios y obtener conocimiento de Dios. Este es el objetivo de la obra que Él lleva a cabo y de las palabras que pronuncia. Dios no usa el método de la demostración de señales y prodigios para perfeccionar al hombre, sino que usa palabras y muchos métodos en Su obra para tal menester. Ya sea el refinamiento, la poda o la provisión de las palabras, Dios habla desde muchas perspectivas diferentes para hacer al hombre perfecto y permitirle obtener más conocimiento de la obra, la sabiduría y la maravilla de Dios. […] Antes dije que un grupo de vencedores sería ganado de Oriente: vencedores que saldrían de la gran tribulación. ¿Qué significan estas palabras? Significa que estas personas que son ganadas solo se someten de verdad después de pasar por el juicio, el castigo y la poda, y tras todo tipo de refinamiento. La fe de estas personas no es ilusoria, sino práctica. No han visto señales ni prodigios ni milagros; no pueden pronunciar palabras y doctrinas elevadas ni expresar percepciones profundas, sino que tienen realidad y las palabras de Dios, y un conocimiento práctico y verdadero de Él. ¿Acaso un grupo así no es más capaz de revelar el gran poder de Dios?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, en el que revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a la miríada de pueblos y perfecciona a aquellos que le aman sinceramente. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se ordenan según su tipo y se dividen en diferentes categorías sobre la base de sus distintas cualidades. Este es precisamente el momento en el que Dios revela los finales y los destinos de las personas. Si estas no experimentan el castigo y el juicio, su rebeldía y su injusticia no se pueden dejar en evidencia. Solo mediante el juicio y castigo se pueden revelar los finales de todas las cosas. Las personas solo muestran lo que son realmente cuando las castigan y juzgan. El mal se clasificará en el mal, el bien en el bien, y toda la gente será ordenada según su tipo. A través del castigo y del juicio se revelarán los finales de todas las cosas, de forma que los malos sean castigados y los buenos recompensados, y la miríada de personas se rinda ante el dominio de Dios. Toda esta obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción de las personas ha alcanzado su punto culminante y su rebeldía es extremadamente grave, solo el carácter justo de Dios, que se compone principalmente de castigo y juicio y se pone de manifiesto durante los últimos días, puede totalmente transformar y hacer completas a las personas y revelar el mal, y de esta forma todos los injustos serán castigados con severidad. Por tanto, un carácter como este está impregnado del significado de la era. El carácter de Dios es puesto de manifiesto y desvelado en aras de la obra de cada nueva era. Dios no pone de manifiesto Su carácter de manera arbitraria y sin sentido. Suponed que, durante los últimos días de la revelación de los finales de las personas, Dios siguiera amándolas con misericordia y benevolencia infinitas y continuara siendo amoroso hacia ellas, sin someterlas a un juicio justo, sino demostrándoles indulgencia, paciencia y perdón, y las absolviera por muy graves que fueran sus pecados, sin un atisbo de juicio justo. ¿Cuándo concluiría entonces toda la gestión de Dios? ¿Cuándo podría un carácter así guiar a la gente al destino apropiado de la especie humana? Esto se puede asemejar a un juez que siempre es amoroso hacia las personas, un juez amoroso con una cara amable y un corazón benévolo, que ama a las personas sin importar qué crímenes hayan cometido y les muestra amor y tolerancia sin importar quiénes sean, ¿cuándo podría un juez tal alcanzar un veredicto justo? Durante los últimos días, solo el juicio justo puede ordenar a los seres humanos según su tipo y llevar a las personas a una nueva esfera. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)

Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios en los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, todos los que entren en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá ganado solo después de que hayan pasado por Su obra final de purificación. Estos humanos a los que Dios finalmente haya ganado entrarán en el reposo final. La esencia de la obra de castigo y juicio es que es en aras de purificar a la humanidad y en aras del día de reposo definitivo. De lo contrario, ningún miembro de la humanidad podrá ordenarse según su clase ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Solo la obra de purificación de Dios purificará a los humanos de su injusticia y solo Su obra de castigo y juicio dejará en evidencia a aquellos elementos rebeldes entre la humanidad, distinguiendo de ese modo a los que pueden ser salvados de los que no y a aquellos que podrán permanecer de los que no. Cuando esta obra termine, todas aquellas personas que puedan permanecer serán purificadas y entrarán en un ámbito superior de humanidad en el que disfrutarán de una segunda vida humana más maravillosa sobre la tierra; en otras palabras, entrarán en el día del reposo de la humanidad y vivirán junto con Dios. Después de que aquellos que no puedan permanecer hayan sido castigados y juzgados, su verdadera forma de ser se expondrá por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no incluirá ya a ninguna persona de ese tipo; tales personas no son aptas para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco para entrar en el día del reposo que Dios y los humanos compartirán, porque son blanco del castigo, y son malvadas, no justas. Fueron redimidas una vez y también juzgadas y castigadas; una vez también fueron mano de obra para Dios. No obstante, cuando el día final venga, igualmente serán descartadas y destruidas debido a su maldad y debido a su rebeldía e incapacidad de curarse; nunca volverán a vivir en el mundo del futuro y tampoco vivirán entre la raza humana del futuro. Ya sean los espíritus de los muertos o personas que todavía viven en la carne, todos los malhechores y todos los que no han sido salvados serán destruidos cuando los santificados entre la humanidad entren en el reposo. En cuanto a estos espíritus y humanos malhechores o los espíritus de las personas justas y los que hagan justicia, sin importar en qué era estén, todos los que sean malvados serán destruidos y todos los que sean justos sobrevivirán. Que una persona o un espíritu reciba la salvación no se decide únicamente basándose en la obra de la era final, sino que se determina basándose en si ha resistido a Dios o se ha rebelado en Su contra. Las personas de la época anterior, que hicieron mal y no pudieron salvarse, sin duda serán blanco del castigo; las de la era actual que hagan el mal y no puedan salvarse, seguramente también serán blanco del castigo. Se categoriza a los humanos basándose en el bien y el mal, no por la era en la que vivan. Una vez así categorizados, no serán castigados ni recompensados de inmediato; más bien, Dios solo llevará a cabo Su obra de castigar el mal y recompensar el bien después de haber finalizado Su obra de conquista en los últimos días. De hecho, Él ha estado separando a los humanos según el bien y el mal desde que empezó a llevar a cabo Su obra de salvación de la humanidad. Es simplemente que Él recompensará a los justos y castigará a los malvados solo después de que Su obra se haya completado; no es que los vaya a separar en categorías una vez que se haya completado Su obra y después inmediatamente vaya a llevar a cabo Su tarea de castigar el mal y recompensar el bien. Más bien, esta tarea se realizará solo cuando Su obra haya finalizado por completo. Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien tiene el solo propósito de purificar por completo a todos los humanos para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santificada al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es la más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión. Si Dios no destruyera a los malvados y los dejara permanecer, entonces toda la humanidad todavía no podría entrar en el reposo y Dios no podría llevarla a un reino más maravilloso. Esta obra no estaría completamente terminada. Cuando Él termine Su obra, toda la humanidad estará completamente santificada; solo de esta manera Dios podrá vivir en paz en el reposo.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo

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