La decencia santa que los creyentes de Dios deberían poseer

Las palabras relevantes de Dios:

La humanidad normal incluye estos aspectos: discernimiento, sentido, conciencia y personalidad. Si puedes lograr la normalidad en cada uno de estos aspectos, tu humanidad estará a la altura del estándar. Debes tener la semejanza de un ser humano normal y comportarte como un creyente en Dios. No tienes que alcanzar las grandes alturas o participar en la diplomacia. Sólo tienes que ser un ser humano normal, con el sentido de una persona normal, poder ver a través de las cosas y, por lo menos, verte como un ser humano normal. Eso será suficiente. Todo lo que se requiere de ti hoy está dentro de tus capacidades y esto de ninguna manera es empujarte a hacer algo que vaya más allá de tu habilidad. No se realizarán palabras inútiles ni obra inútil en ti. Se debe descartar toda la fealdad expresada o revelada en tu vida. Vosotros habéis sido corrompidos por Satanás y tenéis demasiadas de sus toxinas. Todo lo que se te pide es que te deshagas de este corrupto carácter satánico, no que te conviertas en una figura de alto rango ni una persona famosa o grande. Esto es inútil. La obra que se lleva a cabo en vosotros está de acuerdo con lo que es inherente en vosotros. Hay límites en lo que Yo necesito de las personas. Si se les pidiera a las personas de hoy que se comporten como funcionarios del gobierno —que practiquen hablar en el tono de voz de los funcionarios gubernamentales, que se entrenen en la manera de hablar de los altos funcionarios del gobierno o en la manera y tono de hablar de ensayistas y novelistas— entonces esto tampoco sería suficiente. No sería alcanzable. De acuerdo con el calibre de estas personas, ellas deberían por lo menos ser capaces de hablar con sabiduría y tacto y explicar las cosas con claridad. Es entonces cuando cumplen con los requisitos. Por lo menos se debe alcanzar la comprensión y el sentido. En la actualidad lo principal es deshacerse del corrupto carácter satánico. Debes rechazar la fealdad que expresas. Si no te has deshecho de esto, ¿cómo puedes aludir brevemente al sentido y la percepción supremas? Muchas personas ven que la época ha cambiado. No practican ni la humildad ni la paciencia ni tampoco tienen ningún amor ni decencia santa. ¡Estas personas son muy absurdas! ¿Tienen una onza de humanidad normal? ¿Tienen algún testimonio del que puedan hablar? No tienen ningún discernimiento ni sentido en lo absoluto. Por supuesto, se tienen que corregir algunos aspectos de lo que practica la gente que están desviados y equivocados. Como la rígida vida espiritual o la apariencia de aturdimiento e imbecilidad del pasado de la gente, todo esto tiene que cambiar. El cambio no quiere decir dejarte ser disoluto o que complazcas a la carne o que digas lo que quieras. ¡Hablar sin cuidado no servirá! Comportarse como un ser humano normal es hablar con coherencia. Sí significa sí, no significa no. Sé fiel a los hechos y habla apropiadamente. No hagas trampa, no mientas. Se debe saber qué límites puede alcanzar una persona normal con respecto al cambio de carácter. Si no sabes eso, no podrás entrar en la realidad.

Extracto de ‘Elevar el calibre es en aras de recibir la salvación de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

En el carácter de las personas normales no hay deshonestidad ni engaño, las personas tienen una relación normal entre ellas, no están solas y sus vidas no son ni mediocres ni decadentes. Así, también, Dios es exaltado entre todos, Sus palabras se propagan entre los hombres, las personas viven en paz unas con otras y bajo el cuidado y protección de Dios, la tierra está llena de armonía, sin la interferencia de Satanás, y la gloria de Dios tiene la máxima importancia entre los hombres. Tales personas son como ángeles; puros, animados, sin quejarse nunca de Dios y dedicando todos sus esfuerzos solamente a la gloria de Dios en la tierra.

Extracto de ‘Capítulo 16’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

Deseo muchas cosas. Desearía que os condujerais de una manera correcta y bien educada, que fuerais fieles en cumplir vuestro deber, que tuvierais la verdad y la humanidad, que fuerais alguien que puede renunciar a todo y rendir su vida a Dios, etc. Todas estas esperanzas provienen de vuestras insuficiencias y de vuestra corrupción y desobediencia.

Extracto de ‘Las transgresiones llevarán al hombre al infierno’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que Dios usa desde afuera parecen irracionales, y parece que no tienen una relación adecuada con los demás, aunque hablan con propiedad, no hablan con sin pensar y siempre pueden mantener el corazón tranquilo ante Dios. Pero, precisamente esta persona es suficiente para que el Espíritu Santo la use. Esta persona “irracional” de la que Dios habla parece como si no tuviera relaciones adecuadas con los demás y como si no tuviera un amor exterior ni prácticas superficiales, pero cuando está comunicando cosas espirituales puede abrir su corazón y desinteresadamente darles a los demás la iluminación y el esclarecimiento que ha adquirido de su experiencia real ante Dios. Así es como estas personas expresan su amor por Dios y satisfacen la voluntad de Dios. Cuando todos los demás las calumnian y ridiculizan, ellas pueden lograr que las personas, situaciones o cosas externas no las controlen, y pueden seguir estando apacibles ante Dios. Esa persona aparentemente tiene sus propios discernimientos. Independientemente de los demás, su corazón nunca deja a Dios. Cuando los demás están conversando con alegría y con humor, su corazón sigue estando ante Dios, contemplando la palabra de Dios y orando en silencio a Dios en su corazón, buscando los designios de Dios. Nunca tienen como prioridad el mantener sus relaciones adecuadas con otras personas. Esa persona aparentemente no tiene ninguna filosofía de vida. En lo exterior, esta persona es animada, adorable e inocente pero también posee una sensación de tranquilidad. Esta es la semejanza de una persona a la que Dios usa. Cosas como la filosofía de la vida o el “razonamiento normal” no llegarán a este tipo de persona, que ha entregado todo su corazón a la palabra de Dios y parece tenerlo tan sólo a Él en su corazón. Este es el tipo de persona a quien Dios se refiere como una persona “sin razón”, y es justamente la persona usada por Dios. La marca de una persona que está siendo usada por Dios es: no importa cuándo o dónde, su corazón siempre está delante de Dios, y por muy licenciosos que sean los demás, por mucho que satisfagan la lujuria o la carne, su corazón nunca abandona a Dios y ella tampoco sigue a la multitud. Sólo este tipo de persona es adecuada para que Dios use, y es exactamente aquella a la que el Espíritu Santo perfecciona. Si eres incapaz de alcanzar este punto, no estás cualificado para ser ganado por Dios, para ser perfeccionado por el Espíritu Santo.

Extracto de ‘Es muy importante establecer una relación adecuada con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que tienen la verdad son aquellas que, en sus experiencias reales, pueden mantenerse firmes en su testimonio, en su posición, permanecer en el lado de Dios, sin retirarse nunca, y pueden tener una relación normal con las personas que aman a Dios, que, cuando les acontecen cosas, son capaces de obedecer totalmente a Dios y pueden hacerlo hasta la muerte. Tu práctica y tus revelaciones en la vida real son el testimonio de Dios, forman parte del vivir del hombre y del testimonio de Dios, y esto es disfrutar verdaderamente de Su amor; cuando hayas experimentado hasta este punto, el efecto esperado sería alcanzado. Estarás poseído de vivir realmente y cada una de tus acciones será vista por otros con admiración. Tu apariencia es ordinaria, pero vives una vida de piedad total, y cuando comunicas las palabras de Dios, eres guiado y esclarecido por Él. Eres capaz de transmitir la voluntad de Dios a través de tus palabras, de comunicar la realidad, y entiendes mucho sobre servir en espíritu. Hablas con sinceridad, eres decente y recto; no buscas confrontaciones y eres decoroso; eres capaz de obedecer los arreglos de Dios y de mantenerte firme en tu testimonio cuando te ocurren cosas, y te sientes tranquilo y sereno, independientemente de aquello con lo que estés lidiando. Este tipo de persona en verdad ha visto el amor de Dios. Algunas personas aún son jóvenes, pero actúan como si fueran de mediana edad; son maduras, poseen la verdad y otros las admiran. Estas son las personas que tienen testimonio, y que son la manifestación de Dios.

Extracto de ‘Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Una persona que verdaderamente cree en Dios diariamente pondrá en práctica, como mínimo, estos cinco aspectos de la vida espiritual: leer la palabra de Dios, orar a Dios, comunicar acerca de la verdad, cantar himnos y alabanzas y buscar la verdad en todo. Si también tienes una vida de reuniones, tendrás un disfrute mayor. Si una persona posee una capacidad general de recibir —lo cual significa que puede desentrañar las intenciones de Dios después de leer las palabras de Dios por su cuenta, puede entender la verdad y sabe cómo actuar de acuerdo con la verdad—, entonces puede decirse que esa persona tendrá éxito en su fe. Si una persona no tiene este tipo de vida espiritual o si su vida espiritual es extremadamente inapropiada y muy de vez en cuando, entonces esa persona es un creyente confundido. Los creyentes confundidos no pueden tener buenos resultados de la realización de su deber. Creer en Dios sin vivir una vida espiritual es, simplemente, tener fe de dientes para afuera; las personas que son así no tienen a Dios en su corazón y, mucho menos, temor de Dios. ¿Cómo podrían semejantes personas tener la semejanza de un ser humano adecuado?

[…]

En lo que se refiere a la forma como debería ser una persona adecuada, hay diez puntos a tomar en cuenta para la práctica y la entrada:

1. Sigue las convenciones sociales, conoce las reglas, respeta a las personas mayores y cuida a los jóvenes.

2. Lleva un estilo de vida apropiado que sea beneficioso para ti y para los demás.

3. Vístete de una manera digna y recta; está prohibida la ropa extraña o extravagante.

4. Bajo ningún motivo pidas dinero prestado a los hermanos o hermanas y no utilices las pertenencias de otras personas sin su permiso.

5. El contacto con el sexo opuesto debe tener límites; las acciones han de ser dignas y rectas.

6. No pelees con las personas; aprende a escuchar a otros pacientemente.

7. Mantén una buena higiene, pero a la luz de las condiciones del momento.

8. Ten interacciones y relaciones apropiadas con los demás; aprende a respetar a las personas y a ser considerado con ellas, y ámalas.

9. Haz lo que esté a tu alcance para ayudar a los que lo necesitan; no pidas ni aceptes cosas de los demás.

10. No permitas que otros te sirvan; no hagas que otros lleven a cabo el trabajo que deberías hacer tú.

Las diez reglas que se mencionan arriba deberían ser lo mínimo que todos los creyentes sigan en su vida; cualquier persona que infrinja estas reglas tiene un carácter deficiente. Podría llamárseles “las reglas de la casa de Dios” y aquellos que las violen con frecuencia, ciertamente serán hechos a un lado.

Todos aquellos que buscan la verdad también necesitan moldearse a sí mismos según los diez rasgos de carácter positivos de los santos de la antigüedad. Aquellos que practiquen y enarbolen con regularidad estos rasgos cosecharán, con toda seguridad, una gran recompensa personal. Son extremadamente beneficiosos para la humanidad.

Los diez principios para amoldarse a la decencia santa:

1. Haz devocionales espirituales todas las mañanas al orar-leer la palabra de Dios durante aproximadamente media hora.

2. Busca cuáles son las intenciones de Dios en todas las cosas, todos los días, de modo que puedas poner en práctica la verdad de una manera más precisa.

3. Habla de la verdad con todas aquellas personas con las que entres en contacto y aprende de las fortalezas de cada uno y compensa las debilidades de cada uno de modo que todos puedan progresar.

4. Ten una actitud optimista frente a la vida y canta frecuentemente himnos y alabanzas y da gracias por la gracia de Dios.

5. No te dejes enredar por el mundo secular; acércate a Dios en tu corazón de manera regular y no te metas en los asuntos de los demás.

6. Abraza la sabiduría en tu corazón y aléjate de los lugares malos y peligrosos.

7. No pelees con las personas, habla acerca de la verdad y llévate bien con los demás.

8. Haz con gusto todo lo que esté a tu alcance para ayudar a otras personas, mitigar sus preocupaciones y ayudarlas a resolver sus dificultades en la entrada a la creencia en Dios.

9. Aprende a obedecer a los demás; no controles o fuerces a las personas; deja que estas obtengan algún beneficio en todos los asuntos.

10. Adora frecuentemente a Dios en tu corazón; deja que Él gobierne sobre todas las cosas y satisfácelo en todo.

Los diez principios para la vida y las diez formas de moldearse a la decencia santa son, todas ellas, cosas que las personas son capaces de hacer. Pueden ponerse en práctica siempre que se entiendan y la transgresión ocasional no es difícil de resolver. Por supuesto, ciertas personas que tienen muy poca humanidad son la excepción.

Extracto de La comunicación desde lo alto

La humanidad adecuada se refiere, principalmente, a tener conciencia, razón, carácter y dignidad. La conciencia y la razón incluyen tener tolerancia, tener paciencia con los demás, ser honesto, tener sabiduría en tus interacciones y tener un amor auténtico por los hermanos y hermanas. Estas son las cinco características que debería poseer la humanidad adecuada.

La primera característica es tener un corazón tolerante. Sin importar cuáles sean las faltas que veamos en los hermanos y hermanas, debemos tratarlos correctamente, expresando tolerancia y comprensión. No debemos excluirlos o atacarlos. Cuando vemos defectos o corrupción que se revela en otras personas, debemos tener en cuenta que este es el periodo de la obra de salvación de Dios, así que es normal que el pueblo escogido de Dios revele corrupción y debemos ser comprensivos. Además de eso, necesitamos ver nuestra propia corrupción; no necesariamente estamos revelando menos corrupción que los demás. Debemos tratar las revelaciones que otros hacen de su corrupción exactamente como tratamos las nuestras. Así es como podemos tener tolerancia hacia los demás. Si no puedes ser tolerante con los demás, eso significa que hay un problema con tu razonamiento; también muestra que no entiendes la verdad y que no conoces la obra de Dios. ¿Qué significa no conocer la obra de Dios? Significa no reconocer que la obra de Dios aún no ha finalizado y que el hombre sigue viviendo dentro del periodo de la obra de salvación de Dios: todavía no hemos sido hechos completos. Por tanto, todas las personas inevitablemente revelarán corrupción. Todos están ahora buscando apropiadamente la verdad, entendiendo su propia corrupción y experimentando la palabra de Dios. Todos están dentro del periodo de entrada en la verdad y no han obtenido plenamente la verdad. Es sólo cuando las personas adquieran la verdad que su carácter de vida comenzará a cambiar. Cuando las personas comprendan este punto, tendrán el razonamiento de una persona adecuada y, entonces, también tratarán a los demás de una forma razonable. Si las personas carecen de razonamiento, no tratarán a nadie de forma razonable.

La segunda característica consiste en practicar la paciencia hacia los demás. El solo hecho de ser tolerante no es suficiente; también debes ser paciente. Algunas veces simplemente puedes ser tolerante y comprensivo, pero, inevitablemente, un hermano o hermana en particular hará algo que podría lastimarte u ofenderte. Bajo estas circunstancias, el carácter corrupto del hombre es propenso a brotar, porque a todos nos gusta pelear y defender nuestro orgullo y todos somos egoístas y vanidosos. Así pues, si alguien dice algo que te lastima o hace algo que sientes que es ofensivo, debes ser paciente. La paciencia también se incluye en el ámbito del razonamiento. Las personas sólo desarrollarán paciencia si tienen razonamiento. Sin embargo ¿cómo podemos ser pacientes? Si quieres tener paciencia hacia otras personas, primero necesitas entenderlas, lo cual significa que, sin importar quién diga algo que te lastima, primero debes reconocer esto: “Sus palabras me lastimaron. Lo que dijo parecía exponer mis defectos y parecía ir dirigido a mí. Si sus palabras van dirigidas a mí, ¿qué quiere decir con ellas? ¿Está tratando de hacerme daño? ¿Me ve como su enemigo? ¿Me odia? ¿Se está vengando de mí? Yo no lo he ofendido, así que la respuesta a estas preguntas no puede ser afirmativa”. Ya que ese es el caso, entonces, sin importar lo que este hermano o hermana haya dicho, él o ella no tuvo intención de lastimarte o tratarte como su enemigo. Eso es seguro. Cuando dijo esas palabras simplemente estaba expresando lo que una persona normal piensa, estaba hablando sobre la verdad, dialogando sobre el conocimiento, exponiendo la corrupción de las personas o reconociendo su propio estado corrupto; ciertamente, no se dirigía intencionadamente a ningún individuo en específico. Primero, ofreces entendimiento; después, tu enojo puede disiparse y, luego, puedes lograr la paciencia. Algunos preguntarán: “Si alguien me ataca y se dirige a mí conscientemente y dice estas cosas intencionadamente para lograr algún propósito, ¿cómo puedo ser paciente?”. Así es como debes ser paciente: “Aun si alguien me ataca intencionadamente, debo ser paciente. Esto es porque se trata de mi hermano o hermana y no de mi enemigo, y, ciertamente, no se trata del diablo, Satanás. Es inevitable que los hermanos y hermanas revelen cierta corrupción y tengan ciertos motivos en su corazón. Esto es normal. Debo comprender, ser empático y paciente”. Debes pensar de esta manera y luego orar a Dios y decir: “Dios, alguien acaba de herir mi orgullo. No puedo aceptar que dañen mi imagen; siempre quiero perder los estribos y atacarlo. Esta es, verdaderamente, una revelación de corrupción. Solía pensar que tenía amor por los demás, pero ahora que las palabras de alguien me han acuchillado el corazón no puedo soportarlo. Quiero vengarme. Quiero venganza. ¿Dónde está mi amor? ¿Acaso no es todo esto simplemente odio? ¡Todavía tengo odio en mi corazón! Dios, así como Tú tienes misericordia de nosotros y nos perdonas por nuestras transgresiones, así nosotros debemos tener misericordia hacia los demás. No debemos guardar rencor a los demás. Dios, por favor, protégeme; no permitas que mi naturaleza brote. Deseo obedecerte y vivir en Tu amor. En todo lo que hacemos, desobedecemos y nos oponemos demasiado a Cristo y a Dios, pero Cristo sigue siendo paciente con nosotros. Dios está implementando esta etapa de Su obra con extrema paciencia y amor. ¿Cuánto sufrimiento, humillación y calumnia tuvo que soportar Cristo? Si Cristo pudo ser paciente, ¡entonces la pequeña cantidad de paciencia que necesitamos tener no es nada! Nuestra paciencia es increíblemente deficiente comparada con la de Cristo […]”. Una vez que ores de esta manera sentirás que eres demasiado corrupto, demasiado insignificante, demasiado carente de estatura, y ahí es cuando tu furia se extinguirá. Así es como puedes alcanzar la paciencia.

La tercera característica consiste en tratar a las personas con honestidad. Ser honesto con las personas significa que, sin importar lo que hagamos —ya sea ayudar a los demás o servir a los hermanos y hermanas o comunicar acerca de la verdad— tenemos que hablar desde el corazón. Además, si no lo has hecho, no prediques al respecto. Cuandoquiera que los hermanos y hermanas necesiten nuestra ayuda, debemos ayudarlos. Sea cual sea el deber que tengamos que cumplir, debemos cumplirlo. Sé auténtico; no seas falso o pretencioso. […] Por supuesto, ser una persona honesta requiere un poco de sabiduría a la hora de tratar con ciertos individuos. Si ves que una persona no es confiable debido a que su corrupción es demasiado profunda, si no puedes ver sus intenciones y no sabes lo que podría hacer, entonces tienes que emplear la sabiduría y abstenerte de contárselo todo. Ser una persona honesta requiere principios. No hables a ciegas de cosas de las que no deberías hablar. Además, ser una persona honesta requiere hablar con razonamiento y propiedad. Algunas personas insisten en practicar la honestidad y en abrir su corazón a alguien, independientemente de lo ocupadas que puedan estar. ¿Cómo puede ser esa la práctica de ser una persona honesta? ¿No es esto ser tonto? Ser una persona honesta no es ser tonto. Tiene que ver con ser inteligente, sencillo y abierto y con no engañar. Tienes que ser apropiado y sensato. La honestidad se construye sobre la base del razonamiento. Esto es lo que significa ser honesto cuando tratas con las personas y ser una persona honesta. Por supuesto, lo más importante de ser una persona honesta es ser honesto con Dios. ¿No sería un gran problema si fueras una persona honesta únicamente frente a otras personas, pero no fueras honesta delante de Dios y lo engañaras? Si buscas ser una persona honesta delante de Dios, entonces serás una persona honesta delante de otras personas de forma natural. Si no puedes hacerlo delante de Dios, entonces no puedes hacerlo realmente delante de los demás. Sin importar en qué aspecto de la verdad o en qué aspecto positivo estés entrando, primero debes hacerlo delante de Dios. Una vez que hayas tenido resultados delante de Dios, de forma natural podrás manifestarlo delante de los demás. No te esfuerces por hacer esto o aquello delante de los demás, pero luego haces libremente lo que quieres delante de Dios. Eso no funciona. Lo más importante es hacerlo delante de Dios, quien pone a prueba a la humanidad y escudriña su corazón. Si puedes pasar esta prueba delante de Dios, verdaderamente posees la realidad. Si no puedes pasar esta prueba delante de Dios, no posees la realidad: este es un principio de la práctica de la verdad.

La cuarta característica consiste en tener sabiduría en tus interacciones. Algunas personas dicen: “¿Acaso llevarse bien con los hermanos y las hermanas requiere sabiduría?”. Sí, así es, porque emplear sabiduría es todavía más beneficioso para los hermanos y hermanas. Algunos preguntarán: “¿Acaso emplear la sabiduría con los hermanos y hermanas no es engañoso?”. La sabiduría no es engañosa. Más bien, es totalmente lo opuesto a lo engañoso. Emplear la sabiduría significa prestar atención a la forma en la que les hablas a los hermanos y hermanas cuando su estatura es pequeña, en caso de que no sean capaces de aceptar lo que digas. De igual modo, en el caso de aquellos que tienen una estatura pequeña, particularmente aquellos que no poseen la verdad, que revelan cierta corrupción y tienen un cierto carácter corrupto, si eres demasiado sencillo y abierto y les dices todo, puede ser fácil que se aprovechen de ti o te exploten. Así pues, debes tomar, de algún modo, ciertas precauciones y tener cierta técnica a la hora de hablar. Sin embargo, ser cuidadoso con las personas no significa que no las ayudes o que no tengas amor por ellas; sencillamente significa que no les dices de inmediato algunas cosas importantes acerca de la casa de Dios y, simplemente, les hablas acerca de la verdad. Si necesitan asistencia espiritual en la vida, si requieren el sustento de la verdad, tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para satisfacerlas en este sentido. No obstante, si preguntan acerca de esto y aquello relacionado con la casa de Dios o esto o aquello sobre los líderes y colaboradores, entonces no hay necesidad de decirles nada. Si les dices algo, probablemente filtrarán esta información y esto tendrá un impacto sobre la obra de la casa de Dios. En otras palabras, si se trata de algo que no deberían saber o algo que no tienen necesidad de saber, entonces no se lo digas. Si es algo que deberían saber, entonces haz todo lo posible por informar de ello, de una manera concreta y sin reservas. Así pues ¿cuáles son las cosas que deberían conocer? La búsqueda de la verdad es lo que las personas deberían conocer: las verdades con las que deberían estar equipadas, los aspectos de la verdad que deberían entender, los deberes que deben cumplir, los deberes que son aptos para cumplir, la forma como deben cumplir esos deberes, cómo manifestar una humanidad adecuada, cómo vivir la vida de la iglesia, todas estas son cosas que las personas deberían conocer. Por otra parte, las reglas y principios de la casa de Dios, la obra de la iglesia y las circunstancias de los hermanos y hermanas no pueden revelarse de una manera fortuita a personas externas o a personas no creyentes de tu familia. Este es el principio por el cual hay que regirse cuando se emplea la sabiduría. Por ejemplo, no debes hablar nunca del nombre de tus líderes o de dónde viven. Si hablas sobre estas cosas, nunca sabes si esta información podría llegar a los oídos de los no creyentes y podría convertirse en un problema importante si luego se transmite a algunos espías o agentes secretos malignos. Esto requiere sabiduría y esa es la razón por la que digo que tener sabiduría es fundamental. Además, cuando eres sencillo y abierto, hay ciertas cosas privadas que no puedes contar a nadie. Tienes que juzgar la estatura de los hermanos y hermanas para ver si, después de que se lo cuentes, podrían ser impíos y burlarse de lo que digas, creando problemas para ti después de que se sepa, lo cual dañará tu integridad. Es por eso que ser sencillo y abierto también requiere sabiduría. Esta es la cuarta norma obligatoria para una humanidad adecuada: tener sabiduría en tus interacciones.

La quinta característica consiste en tener un amor auténtico por los hermanos y hermanas que verdaderamente creen en Dios. Esto implica un poco de cuidado, apoyo real y un espíritu de servicio. En particular, debemos hablar más de la verdad con aquellos hermanos y hermanas que la buscan y brindarles mayor sustento. No importa si son nuevos creyentes o si han creído por varios años. Existe un principio particular de la vida eclesiástica: cuida, en especial, a aquellos que buscan la verdad. Habla más con ellos, dales más sustento y riégalos más, de modo que puedan recibir ayuda tan pronto como sea posible, lo cual les permite crecer en su vida tan pronto como les sea posible. En el caso de aquellos que no buscan la verdad, si se vuelve evidente que no aman la verdad después de un periodo de riego, entonces no hay necesidad de invertir demasiado esfuerzo en ellos. No es necesario porque ya has hecho todo lo humanamente posible. Es suficiente con que hayas cumplido con tu responsabilidad. […] Necesitas ver hacia quién deberías enfocar tu trabajo. ¿Acaso Dios perfeccionará a aquellos que no buscan la verdad? Si el Espíritu Santo no lo hará, ¿por qué deberían las personas seguir empeñándose en ello ciegamente? Tú no entiendes la obra del Espíritu Santo, pero siempre te sientes muy seguro de ti mismo. ¿No es eso estupidez e ignorancia humanas? Así pues, brinda más asistencia a los hermanos y hermanas que auténticamente buscan la verdad, porque ellos son los objetos de la salvación de Dios y Sus elegidos predestinados. Si a menudo comunicamos la verdad a estas personas con un solo corazón y una sola mente y nos apoyamos y nos sostenemos unos a otros, al final todos lograremos la salvación. Si no te unes a estas personas, estás traicionando la voluntad de Dios. […] Aquellos que están dentro de la iglesia y poseen una humanidad adecuada deberían posicionarse entre los que buscan la verdad, interactuar armónicamente con ellos y, a través de la búsqueda de la verdad, entregarse gradualmente a Dios con un solo corazón y una sola mente. De esa manera, aquellos que buscan la verdad serán salvos y tú también serás salvo, porque el Espíritu Santo obra entre aquellos que buscan la verdad. […]

La enseñanza que acabamos de abordar trata sobre los cinco aspectos con los que debe estar equipada una humanidad adecuada. Si tienes estas cinco características, podrás interactuar armónicamente con los hermanos y hermanas, encontrarás tu lugar dentro de la iglesia y cumplirás tu deber de la mejor manera posible.

Extracto de ‘Cómo construir la vida de la iglesia y el significado de construir la vida de la iglesia’ en “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida I”

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