La encarnación
Palabras diarias de Dios Fragmento 99
La “encarnación” es la aparición de Dios en la carne; Él obra en medio de la especie humana creada bajo una forma carnal. Por tanto, dado que es Dios encarnado, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, es el requisito previo más básico. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; la esencia misma de Dios se hace carne, se hace persona. Su vida y Su obra encarnadas pueden dividirse en dos etapas. La primera es la vida que vive antes de desempeñar Su ministerio. Dios vive en una familia humana corriente, en una humanidad totalmente normal, observando la ética normal de la vida humana y obedeciendo las leyes normales de la vida humana, con necesidades humanas normales (comida, vestido, descanso, refugio), debilidades humanas normales y emociones humanas normales. En otras palabras, durante esta primera etapa Él vive en una humanidad no divina y completamente normal, y se involucra en todas las actividades humanas normales. La segunda etapa es la vida que vive después de empezar a desarrollar Su ministerio. Sigue morando en la humanidad corriente con un caparazón humano normal, sin mostrar señal externa alguna de lo sobrenatural. No obstante, vive puramente por el bien de Su ministerio y durante este tiempo Su humanidad normal existe enteramente a fin de mantener la obra normal de Su divinidad; y es que, para entonces, Su humanidad normal ha madurado hasta el punto de ser capaz de desempeñar Su ministerio. Por tanto, la segunda etapa de Su vida consiste en llevar a cabo Su ministerio en Su humanidad normal, es decir, una vida tanto de humanidad normal como de divinidad completa. La razón por la que durante la primera etapa de Su vida Él vive en una humanidad completamente corriente es que Su humanidad no puede mantener aún la totalidad de la obra divina, todavía no está madura; solo después de que Su humanidad madure —es decir, cuando pueda asumir Su ministerio—, Él puede ponerse a realizar el ministerio que debe llevar a cabo. Como Él es carne, necesita crecer y madurar. Por tanto, la primera etapa de Su vida es la de una humanidad normal, mientras que, en la segunda, Su humanidad es capaz de asumir Su obra y llevar a cabo Su ministerio, y por tanto la vida que el Dios encarnado vive durante ese ministerio es tanto de humanidad como de divinidad completa. Si, desde el momento de Su nacimiento, la encarnación de Dios comenzara formalmente Su ministerio y todo lo que hiciera se tratara de realizar señales y maravillas sobrenaturales, entonces no tendría una esencia corpórea. Por tanto, Su humanidad existe por el bien de Su esencia corpórea; no puede haber carne sin humanidad y una persona sin humanidad no es un ser humano. De esta forma, la humanidad de la carne de Dios es una propiedad intrínseca de la encarnación de Dios. Decir que “cuando Dios se hace carne Él solo tiene divinidad y no humanidad” es una blasfemia, pues esta afirmación simplemente no se sostiene y vulnera el principio de la encarnación. Incluso después de empezar a llevar a cabo Su ministerio, cuando realiza Su obra, sigue viviendo en Su divinidad con un caparazón externo humano; solo que en ese momento, Su humanidad tiene el único propósito de permitirle a Su divinidad desempeñar la obra en la carne normal. Así pues, el agente de la obra es la divinidad que habita en Su humanidad. Es Su divinidad, no Su humanidad, la que obra, pero esta divinidad está escondida dentro de Su humanidad; en esencia, Su divinidad completa, no Su humanidad, es la que todavía lleva a cabo Su obra. Pero la que hace la obra es Su carne. Se podría decir que Él es un ser humano y también Dios, porque Dios se convierte en un Dios que vive en la carne; tiene un caparazón y una esencia humanos, y más aún, tiene la esencia de Dios. Al ser un ser humano con la esencia de Dios, Él está por encima de todos los humanos creados y de cualquier persona que pueda desempeñar la obra de Dios. Por tanto, entre todos los que tienen un caparazón humano como el suyo, entre todos los que poseen humanidad, solo Él es el Dios mismo encarnado, todos los demás son humanos creados. Aunque todos poseen humanidad, los humanos creados no tienen más que humanidad, mientras que Dios encarnado es diferente. En Su carne, no solo tiene humanidad sino que, lo que es más importante, también tiene divinidad. Su humanidad puede verse en la apariencia externa de Su carne y en Su vida cotidiana, pero Su divinidad es difícil de percibir. Como Su divinidad se expresa únicamente cuando Él tiene humanidad y no es tan sobrenatural como las personas lo imaginan, descubrirla es extremadamente difícil para las personas. Incluso hoy es de suma dificultad que la gente pueda comprender exactamente cuál es la esencia del Dios encarnado. Incluso después de haber pronunciado tantas palabras, supongo que sigue siendo un misterio para la mayoría de vosotros. De hecho, este asunto es muy simple: dado que Dios se hace carne, Su esencia es una combinación de humanidad y divinidad. Esta combinación se llama Dios mismo, Dios mismo en la tierra.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 100
La vida que Jesús vivió en la tierra fue una vida normal de la carne. Vivió en la humanidad normal de Su carne. Su autoridad —para llevar a cabo Su obra y pronunciar Su palabra, o para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios, para hacer tales cosas extraordinarias— fundamentalmente no se manifestó hasta que Él comenzó Su ministerio. Su vida antes de los veintinueve años de edad, antes de llevar a cabo Su ministerio, fue prueba suficiente de que Él era solo un cuerpo carnal normal. Dado que era un cuerpo carnal normal y que aún no había comenzado a realizar Su ministerio, las personas no vieron nada divino en Él, no vieron más que un ser humano normal, una persona corriente; igual que en ese momento algunos creyeron que Él era el hijo de José. Las personas creían que Él era el hijo de un hombre corriente, no tenían forma de saber que Él era la carne encarnada de Dios; incluso cuando en el transcurso de la realización de Su ministerio Él hizo muchas señales, la mayoría de las personas seguía diciendo que era el hijo de José, porque Él era Cristo con el caparazón corporal de una humanidad normal. Su humanidad normal y Su obra existieron con el fin de cumplir el significado de la primera encarnación, para demostrar que Dios había venido enteramente en la carne, que se había hecho una persona totalmente corriente. Que poseyera humanidad normal antes de empezar Su obra fue una prueba de que Él era una carne corriente; y que obrase después también demostró que Él era una carne corriente, porque fue en la carne con una humanidad normal que Él llevó a cabo señales y maravillas, sanó a los enfermos y echó fuera a los demonios. La razón por la que podía obrar señales era que Su carne tenía la autoridad de Dios, era la carne de la que estaba vestido el Espíritu de Dios. Él poseía esta autoridad por el Espíritu de Dios, lo que no significaba que Él no fuese carne. Sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios era la obra que Él debía realizar en Su ministerio, una expresión de Su divinidad escondida dentro de Su humanidad, e independientemente de las señales que mostrara o de cómo demostrara Su autoridad, seguía viviendo en una humanidad normal y seguía siendo una carne normal. Hasta el momento en que resucitó después de morir en la cruz, Él habitó dentro de una carne normal. Conceder gracia, sanar a los enfermos y expulsar a los demonios era parte de Su ministerio, todo era parte de la obra que Él llevó a cabo en Su carne normal. Antes de ir a la cruz, Él nunca se separó de Su carne humana normal, independientemente de lo que estuviera haciendo. Él era Dios mismo llevando a cabo la obra propia de Dios, pero como Él era Su carne encarnada, comía alimentos y vestía ropa, tenía necesidades humanas normales, una razón y una mente humanas normales. Todo esto era prueba de que Él era una persona normal, que a su vez demostraba que la carne encarnada de Dios era una carne con una humanidad normal y no sobrenatural. Su tarea consistía en completar la obra de la primera encarnación de Dios, en cumplir con el ministerio que Dios en Su primera encarnación debía hacer. El significado de la encarnación es que una persona normal y corriente lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que la carne realiza es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que solo la encarnación de Dios, este ser humano normal, puede expresar la obra divina. Ningún ser humano puede reemplazarlo en esto. Si, durante Su primera venida, Dios no hubiera poseído una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad —si, apenas nacido, hubiera podido realizar señales y maravillas, si tan pronto como hubiera aprendido a hablar hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si desde Su nacimiento hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, ver los pensamientos y lo que yace dentro del corazón de cada persona—, a esa persona no se la podría haber llamado un ser humano normal y tal carne no podría haberse llamado carne humana. Si este fuera el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se perderían. Que posea una humanidad normal demuestra que Él es Dios encarnado en la carne; que pase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él es una carne normal; además, si a esto se le suma Su obra, con todo esto basta para demostrar que Él es la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de Su obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, es decir, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que “el Camino se haga carne”, para “La Palabra manifestada en carne”, y es la historia real de las dos encarnaciones de Dios. Las personas pueden creer que Jesús realizó señales durante toda Su vida y que, hasta que Su obra en la tierra terminó, no mostró ningún signo de humanidad normal, no tuvo necesidades, debilidades ni emociones humanas normales, no requirió necesidades básicas de la vida y no tuvo pensamientos humanos normales. Imaginan que Él solo tuvo una mente sobrehumana, una humanidad trascendente. Creen que, como es Dios, no debería pensar ni vivir como lo hacen los seres humanos y que solo una persona normal, un ser humano auténtico, puede tener pensamientos humanos normales y vivir una vida humana normal. Todas estas son ideas y nociones humanas, las cuales son contrarias a los propósitos originales de la obra de Dios. El pensamiento humano normal sustenta la razón humana normal y la humanidad normal; solo la humanidad normal puede sustentar las funciones normales de la carne; y solo las funciones normales de la carne pueden asegurar que todas las partes de la vida de la carne sean normales. Solo obrando en dicha carne puede Dios cumplir el propósito de Su encarnación. Si el Dios encarnado solo poseyera un caparazón externo de la carne, pero no tuviera pensamientos humanos normales, entonces esta carne no poseería una razón humana, mucho menos una humanidad auténtica. ¿Cómo podría una carne como esta, sin humanidad, cumplir con el ministerio que el Dios encarnado debería desempeñar? Una mente normal sustenta todos los aspectos de la vida humana; sin una mente normal, uno no sería humano. En otras palabras, una persona que no tiene pensamientos normales está mentalmente enferma, y no se puede decir que un Cristo que no tiene humanidad, sino solo divinidad, sea la carne encarnada de Dios. Así pues, ¿cómo podría la carne encarnada de Dios no tener una humanidad normal? ¿No es una blasfemia decir que Cristo no tiene humanidad? Todas las actividades en las que se involucran las personas normales se apoyan en el funcionamiento de una mente humana normal. Sin ella, los humanos irían en contra del orden natural; serían incluso incapaces de distinguir las diferencias entre negro y blanco, bueno y malo; y no tendrían ética humana ni principios morales. Similarmente, si el Dios encarnado no pensara como un ser humano normal, entonces Él no sería una carne auténtica, una carne normal. Esa carne no pensante no podría asumir la obra divina en absoluto. Él no podría normalmente involucrarse en las actividades de la carne normal y, mucho menos, vivir con los seres humanos en la tierra. Y así, el sentido de la encarnación de Dios y la propia esencia de Su venida en la carne se habrían perdido. La humanidad de Dios encarnado existe para mantener la obra normal divina en la carne; Su pensamiento humano normal sustenta Su humanidad normal y sostiene todas Sus actividades corporales normales. Se podría decir que Su pensamiento humano normal existe con el fin de mantener toda la obra de Dios en la carne. Si esta carne no poseyera una mente humana normal, entonces Dios no podría obrar en la carne y lo que Él debe hacer en la carne no se cumpliría jamás. Aunque el Dios encarnado posee una mente humana normal, Su obra no está adulterada por el pensamiento humano; Él emprende la obra en la humanidad con una mente normal, bajo la condición previa de que Él posee la humanidad con una mente propia, no por el ejercicio del pensamiento humano normal. No importa cuán elevados sean los pensamientos de Su carne, Su obra no está manchada con la lógica o el pensamiento. En otras palabras, Su obra no es concebida por la mente de Su carne, sino que es una expresión directa de la obra divina en Su humanidad. Toda Su obra es el ministerio que debe cumplir y nada de ella es concebida por Su cerebro. Por ejemplo, sanar a los enfermos, echar fuera a los demonios y la crucifixión no fueron productos de Su mente humana y ningún hombre con una mente humana podría haber logrado estas cosas. De igual forma, la obra de conquista actual es un ministerio que debe llevar a cabo el Dios encarnado, pero no es la voluntad de la persona, es la obra que Su divinidad debe llevar a cabo y que ningún humano de carne y hueso es capaz de realizar. Así pues, el Dios encarnado debe poseer una mente humana normal, debe poseer una humanidad normal, porque Él debe desempeñar Su obra en la humanidad con una mente normal. Esta es la esencia de la obra del Dios encarnado, la propia esencia del Dios encarnado.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 101
Antes de que Jesús llevara a cabo la obra, simplemente vivió en Su humanidad normal. Nadie podía darse cuenta de que Él era Dios, nadie descubrió que Él era el Dios encarnado; las personas solo lo conocían como una persona de lo más corriente. Su humanidad normal, que era de lo más corriente, era una prueba de que Dios estaba encarnado en la carne y de que la Era de la Gracia fue la era de la obra del Dios encarnado y no la de la obra del Espíritu. Fue una prueba de que el Espíritu de Dios se materializó completamente en la carne, de que en la era de la encarnación de Dios Su carne llevaría a cabo toda la obra del Espíritu. El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa y posee una humanidad normal, una razón normal y un pensamiento humano. “Materializarse” significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho de manera más clara, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ella. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse. Durante Su primera encarnación, fue necesario que Dios sanara a los enfermos y echara fuera a los demonios, porque Su obra era redimir. Con el fin de redimir a toda la raza humana, necesitaba ser misericordioso e indulgente. La obra que Él llevó a cabo antes de ser crucificado fue sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios, lo que presagió Su salvación del hombre del pecado y la inmundicia. Al tratarse de la Era de la Gracia, era necesario que Él sanase a los enfermos, mostrando de esta forma señales y maravillas representativas de la gracia en aquella era; y es que la Era de la Gracia se centraba en la concesión de esta; la paz, el gozo y las bendiciones materiales eran muestras de la Era de la Gracia y de la fe de las personas en Jesús en aquella época. Es decir, sanar a los enfermos, expulsar a los demonios y conceder gracia eran capacidades instintivas de la carne de Jesús en la Era de la Gracia; eran la obra que el Espíritu materializó en la carne. Pero mientras llevaba a cabo tal obra, Él vivía en la carne y no la trascendió. Independientemente de qué actos de sanación llevara a cabo, seguía poseyendo una humanidad normal y seguía viviendo una vida humana normal. La razón por la que digo que, durante la era de la encarnación de Dios, la carne llevó a cabo toda la obra del Espíritu es que, independientemente de la obra que Él realizara, la realizaba en la carne. Pero debido a Su obra, las personas no consideraron que Su carne tuviera una esencia completamente corpórea, porque esta carne podía realizar señales y, en ciertos momentos especiales, podía hacer cosas que trascendían la carne. Por supuesto, todos estos acontecimientos tuvieron lugar después de que Él comenzase Su ministerio, como ser tentado durante cuarenta días o transfigurado en la montaña. Por tanto, el sentido de la encarnación de Dios no se completó en Jesús, sino que solo se cumplió parcialmente. La vida que Él vivió en la carne antes de empezar Su obra fue totalmente normal en todos los aspectos. Después de empezar la obra, solo retuvo el caparazón externo de Su carne. Como Su obra era una expresión de divinidad, excedía las funciones normales de la carne. Después de todo, la encarnación de Dios era diferente a los humanos de carne y hueso. Por supuesto, en Su vida diaria, Él necesitaba comida, ropa, descanso y refugio. Sus necesidades diarias eran normales en todos los sentidos, y Él tenía la razón de un ser humano normal y pensaba como un ser humano normal. Las personas seguían considerándolo una persona normal, excepto que la obra que realizaba era profundamente sobrenatural. Realmente, hiciera lo que hiciera, Él vivía en una humanidad corriente y normal, y cuanto más era el momento de que Él realizara la obra, más normal era Su razón y más lúcidos eran Sus pensamientos; Su razón y Sus pensamientos superaban a los de cualquier persona normal. Era necesario que el Dios encarnado tuviera precisamente esta forma de pensar y esta razón, porque la obra divina debía expresarse por una carne cuya razón fuera lo más normal posible y cuyos pensamientos fueran sumamente lúcidos; solo así podía expresar Su carne la obra divina. Jesús vivió en la tierra treinta y tres años y medio, a lo largo de los cuales mantuvo Su humanidad normal; sin embargo, debido a Su obra durante Su ministerio de tres años y medio, las personas creían que Él era muy trascendente, que era mucho más sobrenatural que antes. En realidad, la humanidad normal de Jesús se mantuvo inmutable antes y después de comenzar Su ministerio; Su humanidad fue la misma durante todo ese tiempo, pero debido a la diferencia antes y después de empezar Su ministerio, surgieron dos opiniones diferentes en relación a Su carne. Independientemente de lo que las personas pensaran, la encarnación retuvo Su humanidad original y normal todo el tiempo, dado que Él se encarnó, vivió en la carne, la carne que tenía una humanidad normal. Independientemente de si estaba o no llevando a cabo Su ministerio, la humanidad normal de Su carne no podía eliminarse, porque la humanidad es la esencia básica de la carne. Antes de que Jesús llevara a cabo Su ministerio, Su carne se mantuvo completamente normal, involucrándose en todas las actividades humanas normales; Él no parecía sobrenatural en lo más mínimo ni mostraba ninguna señal. En ese momento, Él era simplemente una persona muy común que adoraba a Dios, aunque Su búsqueda era más honesta, más sincera que la de cualquiera. Así fue cómo se manifestó Su humanidad, que era de lo más normal. Debido a que Él no realizó obra alguna antes de asumir Su ministerio, nadie era consciente de Su identidad, nadie podía decir que Su carne fuera diferente a la de los demás, porque no mostró ni una sola señal y no realizó ni una pizca de la propia obra de Dios. Sin embargo, después de empezar a desarrollar Su ministerio, Él retuvo el caparazón externo de humanidad normal y siguió viviendo con un razonamiento humano normal; pero, como había empezado a realizar la obra de Dios mismo, a asumir el ministerio de Cristo y a llevar a cabo la obra que los seres mortales, los seres de carne y hueso, eran incapaces de realizar, las personas supusieron que Él no tenía una humanidad normal y que no era una carne del todo normal, sino incompleta. A causa de la obra que realizaba, las personas decían que Él era un Dios en la carne que no tenía una humanidad normal. Este entendimiento es falaz, porque las personas no comprendían el sentido de la encarnación de Dios. Este entendimiento falaz surgió del hecho de que la obra expresada por Dios en la carne era la obra divina, expresada en una carne que tenía una humanidad normal. Dios estaba vestido de carne, moraba en la carne y Su obra en Su humanidad ocultaba la normalidad de Su humanidad. Por esta razón las personas creían que Dios no tenía humanidad, sino solo divinidad.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 102
Dios, en Su primera encarnación, no completó la obra de la encarnación, sino solo el primer paso de la obra que Dios hecho carne debía realizar. Así pues, con el fin de completar la obra de la encarnación, Dios ha regresado a la carne una vez más y vive toda la normalidad y la practicidad de la carne; es decir, hace manifiesta la Palabra de Dios en una carne que es de lo más normal y corriente, y concluye de esta forma la obra que Él aún tiene que completar en la carne. La segunda encarnación tiene la misma esencia que la primera, pero Él es incluso más práctico, incluso más normal que la primera. Como consecuencia, el sufrimiento que la segunda encarnación soporta es mayor que el de la primera, pero este sufrimiento es una consecuencia de Su ministerio en la carne, el cual es diferente del sufrimiento del hombre corrupto. También brota de la normalidad y de la practicidad de Su carne. Como Él realiza Su ministerio en una carne que tiene suma normalidad y practicidad, esta debe soportar una gran cantidad de sufrimiento. Cuanto más normal y práctica sea esta carne, más sufrirá Él en la realización de Su ministerio. La obra de Dios se expresa en una carne muy común, sin ninguna sobrenaturalidad en absoluto. Como Su carne es normal y también debe cargar con la obra de salvar al hombre, Él sufre en mayor medida de lo que lo haría una carne sobrenatural; y todo este sufrimiento brota de la practicidad y de la normalidad de Su carne. De los sufrimientos que han padecido las dos encarnaciones durante la realización de Sus ministerios, se puede ver la esencia de la encarnación. Cuanto más normal es la carne, mayor es el sufrimiento que Él debe soportar al emprender la obra; cuanto más práctica es la carne que emprende la obra, más fuertes se tornan las nociones de las personas y mayor es el riesgo que Él asume. Y sin embargo, cuanto más práctica es la carne y cuanto más posee las necesidades y la razón completa de un ser humano normal, más capaz es Él de asumir la obra de Dios en la carne. Jesús fue clavado en la cruz por medio de la carne, y Él sirvió como ofrenda por el pecado por medio de la carne, es decir, fue a través de una carne con humanidad normal que Él derrotó a Satanás y salvó totalmente al hombre desde la cruz. Es por medio de una carne completa que el segundo Dios encarnado lleva a cabo la obra de conquista y derrota a Satanás. Solo una carne completamente normal y práctica puede realizar la obra de conquista en el sentido más pleno y dar un testimonio potente. Es decir, la conquista del hombre logra su efecto por medio de la practicidad y la normalidad de Dios en la carne, no a través de milagros y revelaciones sobrenaturales. El ministerio desempeñado por este Dios encarnado consiste en hablar, y es hablando como Él conquista y perfecciona al hombre; en otras palabras, la obra del Espíritu materializada en la carne es hablar y el trabajo de la carne es hablar y, de este modo, lograr el propósito de por completo conquistar, revelar, perfeccionar y descartar a la gente. Por tanto, la obra de Dios en la carne se cumplirá en su totalidad en la obra de conquista. La obra de expiar los pecados del hombre que se llevó a cabo la primera vez solo era el comienzo de la obra de la encarnación; solo la carne que realiza la obra de conquista completa toda la obra de la encarnación. En cuanto al género, uno es varón y el otro es mujer; de esta manera se ha completado la relevancia de la encarnación de Dios y se han disipado las nociones del hombre sobre Él: Dios puede convertirse tanto en varón como en mujer y, en esencia, el Dios encarnado no tiene género. Él creó tanto al hombre como a la mujer y para Él no hay división de géneros. En esta etapa de la obra, Dios no lleva a cabo señales y maravillas para que la obra logre sus resultados por medio de las palabras. Además, esto se debe a que esta vez la obra del Dios encarnado no consiste en sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios, sino en conquistar al hombre hablando; esto quiere decir que las habilidades instintivas que posee esta encarnación de Dios son pronunciar palabras y conquistar al hombre, no sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios. Su obra en una humanidad normal no es realizar señales, ni sanar a los enfermos ni echar fuera a los demonios, sino hablar; y por eso la segunda encarnación les parece a las personas mucho más normal que la primera. Según lo ven las personas, Dios ciertamente se ha hecho carne. Sin embargo, este Dios encarnado es diferente a Jesús encarnado y, aunque ambos son Dios encarnado, no son completamente iguales. Jesús poseía una humanidad normal y corriente, pero Él estuvo acompañado por muchas señales y maravillas. En este Dios encarnado, los ojos humanos no verán señales o maravillas, ni sanación de enfermos ni expulsión de demonios, ni lo verán caminar sobre el mar ni ayunar durante cuarenta días… Él no realiza la misma obra que Jesús llevó a cabo, no porque Su carne sea en esencia diferente a la de Jesús, sino porque no es Su ministerio sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios. Él no echa abajo Su propia obra ni la perturba. Como conquista al hombre a través de Sus palabras prácticas, no hay necesidad de subyugarlo con señales y, por tanto, esta etapa consiste en completar la obra de la encarnación. El Dios encarnado que ves hoy es completamente una carne y no hay nada sobrenatural en Él. Se enferma como los demás, necesita comida y ropa como los demás; Él es completamente una carne. Si, en esta ocasión, Dios encarnado llevara a cabo señales y maravillas sobrenaturales, si sanara a los enfermos, echara fuera a los demonios o pudiera matar con una palabra, ¿cómo se realizaría la obra de conquista? ¿Cómo se difundiría la obra entre las naciones gentiles? Sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios fue la obra de la Era de la Gracia, era el primer paso en la obra de redención y, ahora que Dios ha salvado al hombre de la cruz, Él ya no realiza esa obra. Si, durante los últimos días, apareciera un “Dios” igual a Jesús, uno que sanara a los enfermos, echara fuera a los demonios y fuera crucificado por el hombre, aunque ese “Dios” fuera idéntico a la descripción de Dios en la Biblia y fácil de aceptar para el hombre, no sería, en su esencia, la carne vestida por el Espíritu de Dios, sino por un espíritu maligno. Y es que el principio de la obra de Dios es no repetir nunca lo que Él ya ha completado. Así pues, la obra de la segunda encarnación de Dios es diferente a la de la primera. En los últimos días, Dios materializa la obra de conquista en una carne corriente, normal; Él no sana a los enfermos ni será crucificado por el hombre, sino que simplemente dice palabras en la carne y conquista al hombre en la carne. Solo una carne como esta es la carne de Dios encarnado; solo una carne como esta puede completar la obra de Dios en la carne.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 103
Tanto si en esta etapa Dios encarnado está soportando sufrimiento o desempeñando Su ministerio, lo hace para completar el sentido de la encarnación, porque esta es la última encarnación de Dios. Él solo puede encarnarse dos veces. No puede haber una tercera ocasión. El primer Dios encarnado fue masculino, el segundo femenino, y así la imagen de la carne de Dios se completa en la mente del hombre; además, las dos encarnaciones ya han terminado la obra de Dios en la carne. La primera vez, Dios encarnado poseyó una humanidad normal con el fin de completar el sentido de la encarnación. En esta ocasión también posee una humanidad normal, pero el significado de esta encarnación es diferente: es más profundo y Su obra tiene un sentido más profundo. La razón por la que Dios se ha hecho carne de nuevo es para completar el sentido de la encarnación. Cuando Dios haya terminado por completo esta etapa de Su obra, el sentido completo de la encarnación, es decir, la obra de Dios en la carne, estará completa, y ya no quedará más obra que realizar en la carne. Es decir, de ahora en adelante, Dios ya no vendrá nunca más en la carne a realizar Su obra. Él solo realiza la obra de la encarnación para salvar y perfeccionar a la humanidad. Dicho de otro modo, si no fuera por el bien de la obra, Dios de ninguna manera vendría en la carne a la ligera. Al venir a obrar en la carne, Él muestra a Satanás que Dios es una carne, una persona normal, una persona corriente, ¡y aun así puede derrotar al mundo, puede vencer a Satanás, redimir y conquistar a la humanidad! El objetivo de la obra de Satanás es corromper a la humanidad, mientras que el objetivo de Dios es salvarla. Satanás atrapa al hombre en un abismo sin fondo, mientras que Dios lo salva de él. Satanás hace que todas las personas lo adoren, mientras que Dios las somete a Su dominio, porque Él es el Creador. Es por medio de las dos encarnaciones de Dios que se cumplen los resultados de toda esta obra. Su carne es, en esencia, la unión de la humanidad y la divinidad, y posee una humanidad normal. Por tanto, sin la carne encarnada de Dios, Su obra para salvar a la especie humana no podría lograr resultados, y sin la humanidad normal de Su carne, Su obra en la carne no podría lograr estos resultados. La esencia de Dios encarnado es que Él debe poseer una humanidad normal; si fuera de otro modo, eso iría en contra del propósito original de Dios al encarnarse.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 104
¿Por qué digo que el sentido de la encarnación no se completó en la obra de Jesús? Porque el Verbo no se hizo enteramente carne. Lo que Jesús realizó fue solo una parte de la obra de Dios en la carne; Él solo llevó a cabo la obra de redención y no la de ganar completamente al hombre. Por esta razón, Dios se ha hecho carne una vez más en los últimos días. Esta etapa de la obra también se lleva a cabo en una carne corriente; la realiza un ser humano completamente normal, uno cuya humanidad no es en absoluto trascendente. En otras palabras, Dios se ha hecho un ser humano completo; es una persona cuya identidad es la de Dios, un ser humano completo, una carne completa, que está llevando a cabo la obra. Los ojos humanos ven un cuerpo carnal que no es en absoluto trascendente, una persona muy corriente que puede hablar el lenguaje del cielo, que no muestra señales, que no obra milagros y que mucho menos deja en evidencia la historia real detrás de la religión en grandes salas de asamblea. Para las personas, la obra de la segunda encarnación es totalmente diferente a la de la primera, y ambas incluso parecen no tener nada en común; nada de la obra de la primera puede verse en esta ocasión. Aunque la obra de la segunda encarnación es diferente de la obra de la primera, eso no prueba que Su fuente no sea la misma. Que Su fuente sea o no la misma depende de la naturaleza de la obra realizada por las carnes y no de Su caparazón corporal. Durante las tres etapas de Su obra, Dios se ha encarnado dos veces y, en ambas ocasiones, la obra de Dios encarnado inaugura una nueva era, realiza una nueva obra. Las encarnaciones se complementan entre sí. Es imposible para el ojo humano percibir que ambas carnes provienen realmente de la misma fuente. Desde luego, esto escapa a la capacidad del ojo humano o a la de la mente del hombre. Pero, en Su esencia, son lo mismo, porque Su obra se origina en el mismo Espíritu. Si ambas encarnaciones surgen o no de la misma fuente, no se las puede juzgar por la era y el lugar en los que nacieron, o por otros factores similares, sino por la obra divina expresada por Ellas. La segunda encarnación no lleva a cabo nada de la obra que Jesús realizó, porque la obra de Dios no se ciñe a convenciones, sino que cada vez abre una nueva senda. La segunda encarnación no pretende profundizar ni consolidar la impresión de la primera carne en la mente de las personas, sino complementar y mejorar la imagen de la primera carne en su mente, profundizar el conocimiento de Dios por parte del hombre, romper todos los preceptos existentes en los corazones de las personas y erradicar las imágenes falaces de dios en sus corazones. Puede decirse que ninguna etapa individual de la propia obra de Dios puede darle al hombre un conocimiento completo de Él; cada una da solo una parte, no el todo. Aunque Dios ha expresado Su carácter por completo, debido a la limitada capacidad de comprensión del hombre, su conocimiento de Dios sigue siendo incompleto. Mediante el lenguaje humano, es imposible explicar de forma plena la totalidad del carácter de Dios. Así pues, ¿cuánto menos puede una sola etapa de Su obra expresar plenamente a Dios? Él obra en la carne bajo la cubierta de Su humanidad normal y uno solamente puede conocerlo por las expresiones de Su divinidad, no por Su caparazón corporal. Dios viene en la carne para permitir al hombre conocerlo por medio de Su diversa obra, y no hay dos etapas de Su obra que sean iguales. Solo de esta forma puede el hombre tener un conocimiento pleno de la obra de Dios en la carne y no delimitarla a cierto ámbito. Aunque la obra de las dos encarnaciones es diferente, la esencia de estas y la fuente de Su obra son idénticas; es solo que existen para llevar a cabo dos etapas diferentes de la obra, además de surgir en dos eras distintas. Sea como sea, las carnes encarnadas de Dios comparten la misma esencia y el mismo origen; esto es algo que nadie puede negar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 105
El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne ataviada con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. Esta diferencia se debe a que Cristo es la encarnación del Espíritu, en lugar de ser de la carne. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal es sustentar todas Sus actividades normales en la carne, mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no trastornará Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad. Así pues, el Dios encarnado no haría absolutamente ninguna obra que trastornara Su propia gestión. Esto es lo que todas las personas deben entender. La esencia de la obra del Espíritu Santo es salvar al hombre y es por el bien de la propia gestión de Dios. De manera similar, la obra de Cristo también es para salvar a los hombres y lo es en aras de la voluntad de Dios. Dado que Dios se hace carne, Él hace realidad Su esencia dentro de Su carne de tal manera que Su carne es suficiente para asumir Su obra. Por lo tanto, toda la obra del Espíritu de Dios la reemplaza la obra de Cristo durante el tiempo de la encarnación, y la obra de Cristo está en el corazón de toda la obra, a través del tiempo de la encarnación. No se puede mezclar con la obra de ninguna otra era. Y ya que Dios se hace carne, obra en la identidad de Su carne; ya que viene en la carne, entonces termina en la carne la obra que debe hacer. Ya sea el Espíritu de Dios o Cristo, ambos son Dios mismo y Él hace la obra que debe hacer y desempeña el ministerio que debe desempeñar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la sumisión a la voluntad del Padre celestial
Palabras diarias de Dios Fragmento 106
La esencia de Dios en sí misma acarrea autoridad, pero Dios es capaz de someterse a toda la autoridad que proviene de Él. Sea la obra del Espíritu o la obra de la carne, ninguna entra en conflicto con la otra. El Espíritu de Dios es la autoridad sobre todas las cosas. La carne con la esencia de Dios también posee autoridad, pero Dios en la carne puede hacer toda la obra que se somete a la voluntad del Padre celestial. Esto nadie lo puede alcanzar ni concebir. Dios mismo es autoridad, pero Su carne puede someterse a Su autoridad. Este es el significado subyacente de “Cristo se somete a la voluntad de Dios Padre”. Dios es un Espíritu y puede hacer la obra de salvación y también puede hacerla el Dios que se ha hecho humano. De cualquier manera, Dios mismo hace Su propia obra; Él no trastorna ni perturba, ni, mucho menos, lleva a cabo una obra que se contradiga a sí misma, porque la esencia de la obra que hacen el Espíritu y la carne es la misma. Sea el Espíritu o la carne, ambos obran para cumplir una voluntad y gestionar la misma obra. Aunque el Espíritu y la carne tienen dos atributos dispares, sus esencias son las mismas; ambos poseen la esencia de Dios mismo y la identidad de Dios mismo. Dios mismo no tiene elementos de rebeldía; Su esencia es buena. Él es la expresión de toda la belleza y bondad, así como de todo el amor. Incluso en la carne, Dios no hace nada que se rebele contra Dios Padre. Incluso a costa de sacrificar Su vida, estaría dispuesto de todo corazón a hacerlo y no elegiría otra cosa. Dios no posee elementos de sentenciosidad ni prepotencia, arrogancia o vanidad; no posee elementos de tortuosidad. Todo lo que se rebela contra Dios proviene de Satanás; Satanás es el origen de toda maldad y fealdad. La razón por la que el hombre tiene los mismos atributos que Satanás es que el hombre ha sido corrompido y procesado por Satanás. Cristo no ha sido corrompido por Satanás; por lo tanto, Él solo posee los atributos de Dios y ninguno de los de Satanás. No importa qué tan ardua sea la obra o débil la carne, Dios, mientras vive en la carne, nunca hará nada que trastorne la obra de Dios mismo y, mucho menos, abandonará la voluntad de Dios Padre y se rebelará. Él preferiría sufrir dolores en la carne que ir en contra de la voluntad de Dios Padre; así como Jesús lo dijo en la oración: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras”. La gente toma sus propias decisiones, pero Cristo no. Aunque tiene la identidad de Dios mismo, aun así busca la voluntad de Dios Padre y cumple lo que Dios Padre le encargó, desde la perspectiva de la carne. Esto es algo inalcanzable para el hombre. Lo que proviene de Satanás no puede tener la esencia de Dios, solo puede tener una que se rebela contra Dios y se resiste a Él. No puede someterse por completo a Dios, mucho menos someterse de buen grado a la voluntad de Dios. Todas las personas excepto Cristo pueden hacer lo que resiste a Dios y ni una sola persona puede llevar a cabo directamente la obra que Dios le encargó; ninguno es capaz de ver la gestión de Dios como el propio deber que debe desempeñar. Someterse a la voluntad de Dios Padre es la esencia de Cristo; la rebeldía contra Dios es el atributo de Satanás. Estos dos atributos son incompatibles y cualquiera que tenga los atributos de Satanás no se puede llamar Cristo. La razón por la que el hombre no puede hacer la obra de Dios en Su lugar es que el hombre no tiene nada de la esencia de Dios. El hombre obra para Dios por el bien de sus intereses personales y perspectivas futuras, pero Cristo obra para seguir la voluntad de Dios Padre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la sumisión a la voluntad del Padre celestial
Palabras diarias de Dios Fragmento 107
La humanidad de Cristo está gobernada por Su divinidad. Aunque Él está en la carne, Su humanidad no es del todo parecida a la de un hombre de la carne. Él tiene Su propia personalidad única a la que también gobierna Su divinidad. Su divinidad no tiene debilidades; la debilidad de Cristo se refiere a la debilidad de Su humanidad. Hasta cierto punto, esta debilidad constriñe Su divinidad, pero esos límites están dentro de un cierto ámbito y tiempo y no son ilimitados. Cuando llega el tiempo de ejecutar la obra de Su divinidad, se hace independientemente de Su humanidad. La humanidad de Cristo está completamente dirigida por Su divinidad. Con excepción de la vida normal de Su humanidad, Su divinidad influye en todas las demás acciones de Su humanidad, las afecta y las dirige. Aunque Cristo tiene una humanidad, esta no perturba la obra de Su divinidad y esto es precisamente porque la humanidad de Cristo está dirigida por Su divinidad; aunque Su humanidad no es madura cuando se trata de asuntos mundanos, esto no afecta la obra normal de Su divinidad. Cuando digo que Su humanidad no se ha corrompido, quiero decir que la humanidad de Cristo puede estar inmediatamente dirigida por Su divinidad y posee una razón más elevada que la del hombre común. Su humanidad es la más adecuada para ser dirigida por la divinidad en Su obra; Su humanidad es la más capaz de expresar la obra de la divinidad y es la más capaz de someterse a tal obra. Mientras Dios obra en la carne, nunca incumple el deber que una persona en la carne debe desempeñar; Él es capaz de adorar al Dios en el cielo con un corazón sincero. Tiene la esencia de Dios y Su identidad es la de Dios mismo. Es solo que ha venido a la tierra y se ha vuelto un ser creado, con el caparazón exterior de un ser creado y en posesión de una humanidad que antes no tenía; es capaz de adorar al Dios en el cielo. Este es el ser de Dios mismo y el hombre no lo puede imitar. Su identidad es Dios mismo. Es desde la perspectiva de la carne que Él adora a Dios; por lo tanto, las palabras “Cristo adora al Dios en el cielo” no son incorrectas. Lo que Él pide de las personas es precisamente Su propio ser; Él ya ha logrado todo lo que pide a las personas antes de demandárselo a ellas. Nunca exigiría cosas a los demás mientras Él está libre de exigencias, porque todo esto constituye Su ser. Independientemente de cómo lleve a cabo Su obra, no actuaría de una manera en la que se rebelara contra Dios. No importa qué pida Él del hombre, ninguna exigencia excede lo que el hombre puede lograr. Todo lo que Él hace es seguir la voluntad de Dios y es en aras de Su gestión. La divinidad de Cristo está por encima de todas las personas; por lo tanto, Él es la autoridad suprema de todos los seres creados. Esta autoridad es Su divinidad, es decir, el carácter y el ser de Dios mismo, los cuales determinan Su identidad. Por lo tanto, no importa qué tan normal sea Su humanidad, es innegable que tiene la identidad de Dios mismo; no importa desde qué punto de vista hable y cualquiera que sea la manera en la que Él se someta a la voluntad de Dios, no puede decirse que no sea Dios mismo. Las personas necias e ignorantes muchas veces ven la humanidad normal de Cristo como un defecto. No importa cómo Él exprese y revele el ser de Su divinidad, las personas son incapaces de reconocer que Él es Cristo. Y mientras más demuestra Cristo Su sumisión y humildad, más a la ligera considerarán los necios a Cristo. Incluso están los que adoptan hacia Él una actitud de exclusión y desprecio; sin embargo, colocan sobre la mesa a esas “grandes figuras” de imágenes elevadas para adorarlas. La resistencia del hombre a Dios y su rebelión contra Él vienen del hecho de que la esencia del Dios encarnado es sumisión a la voluntad de Dios y también de la humanidad normal de Cristo; este es el origen de la resistencia del hombre a Dios y la rebelión contra Él. Si Cristo no hubiera tenido la apariencia de Su humanidad y tampoco hubiera buscado la voluntad de Dios Padre desde la perspectiva de un ser creado, sino que en su lugar hubiera poseído una superhumanidad, entonces probablemente no habría ninguna rebelión entre los hombres. La razón por la que el hombre siempre está dispuesto a creer en un Dios invisible que está en el cielo es que el Dios en el cielo no tiene una humanidad y no posee ni un solo atributo de un ser creado. Por tanto, el hombre siempre le tiene la mayor de las estimas, pero tiene una actitud de desprecio hacia Cristo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la sumisión a la voluntad del Padre celestial
Palabras diarias de Dios Fragmento 108
Aunque Cristo en la tierra es capaz de obrar en nombre de Dios mismo, no viene con la intención de mostrarles a todas las personas Su imagen en la carne. No viene para que todas las personas puedan contemplarlo; viene para permitirle al hombre que Su mano lo guíe y así el hombre entra en una nueva era. La función de la carne de Cristo es para la obra de Dios mismo; es decir, para la obra de Dios en la carne y no para permitirle al hombre entender por completo la esencia de Su carne. No importa cómo Él obre, nada de lo que hace excede lo que puede alcanzar la carne. No importa cómo obre, lo hace en la carne con una humanidad normal y no le revela por completo al hombre el verdadero rostro de Dios. Además, Su obra en la carne nunca es tan sobrenatural o inestimable como la concibe el hombre. Aunque Cristo representa a Dios mismo en la carne y ejecuta en persona la obra que Dios mismo debe hacer, no niega la existencia del Dios del cielo y tampoco proclama Sus propias acciones con gran pompa. Más bien, humildemente permanece escondido dentro de Su carne. Excepto por Cristo, los que falsamente afirman ser cristo no poseen Sus atributos. Cuando se yuxtapone al carácter arrogante y de autoexaltación de esos falsos cristos, se hace evidente qué clase de carne es verdaderamente Cristo. Mientras más es alguien un falso cristo, más alardeará y más capaz es de obrar señales y maravillas para desorientar a los hombres. Los falsos cristos no tienen los atributos de Dios; Cristo no está contaminado con ningún elemento que pertenezca a los falsos cristos. Dios se hace carne solo para completar la obra de la carne y no simplemente para permitir que el hombre lo vea. Más bien, deja que Su obra afirme Su identidad y permite que lo que Él revela atestigüe Su esencia. Su esencia no es infundada; no se apoderó de Su identidad por Su mano; Su identidad está determinada por Su obra y Su esencia. Aunque tiene la esencia de Dios mismo y es capaz de hacer la obra de Dios mismo, después de todo, sigue siendo carne, que es algo distinto al Espíritu. Él no es Dios con los atributos del Espíritu; es Dios con un caparazón de carne. Por lo tanto, no importa qué tan normal y qué tan débil sea y de qué manera busque la voluntad de Dios Padre, Su divinidad es innegable. En el Dios encarnado existe no solo una humanidad normal y sus debilidades; más aún existe lo maravilloso e insondable de Su divinidad, así como todas Sus acciones en la carne. Por esto, tanto la humanidad como la divinidad existen auténticamente en Cristo y no están vacías ni son sobrenaturales en lo más mínimo. Él viene a la tierra con el objetivo primordial de llevar a cabo la obra; es imperativo que posea una humanidad normal para llevar a cabo la obra en la tierra; de otro modo, por más grande que fuera el poder de Su divinidad, no se podría aprovechar su función original. Aunque Su humanidad es de gran importancia, no es Su esencia. Su esencia es la divinidad; por lo tanto, el momento en el que Él comienza a desempeñar Su ministerio en la tierra es el momento en el que comienza a expresar el ser de Su divinidad. Su humanidad existe solo para sustentar la vida normal de Su carne, de modo que Su divinidad pueda llevar a cabo la obra normalmente en la carne; es la divinidad la que dirige Su obra por completo. Cuando Él complete Su obra, habrá cumplido Su ministerio. Lo que el hombre debe conocer es la totalidad de Su obra, y es por medio de Su obra que Él le permite al hombre conocerlo. En el transcurso de Su obra, Él expresa el ser de Su divinidad con absoluta plenitud; sin la adulteración de un carácter de humanidad ni la adulteración de pensamiento y el ser hecho por el hombre. Cuando llegue el momento en que todo Su ministerio haya llegado a su fin, ya habrá expresado de una manera perfecta y plena el carácter que debió expresar. Su obra no está guiada por las instrucciones de ningún hombre; la expresión de Su carácter también es bastante libre y no está controlada por la mente ni procesada por el pensamiento, sino que se revela de manera natural. Esto no es algo que pueda lograr ningún hombre. Incluso si el entorno es adverso o las condiciones no son favorables, es capaz de expresar Su carácter en el momento apropiado. Alguien que es Cristo expresa el ser de Cristo, mientras que los que no lo son no poseen el carácter de Cristo. Por tanto, aunque todos lo resisten o tienen nociones acerca de Él, ninguno puede negar sobre la base de las nociones del hombre que el carácter que Cristo expresa es el de Dios. Todos los que van tras Cristo con un corazón sincero o buscan a Dios intencionalmente, admitirán que Él es Cristo, basándose en la expresión de Su divinidad. Nunca negarían a Cristo sobre la base de ningún aspecto de Él que no se ajuste a las nociones del hombre. Aunque el hombre sea muy necio, todos saben exactamente lo que se origina de la voluntad del hombre y lo que emana de Dios. Es solo que muchas personas se resisten deliberadamente a Cristo, como resultado de sus intenciones. Si no fuera por esto, entonces ni un solo hombre tendría razón para negar la existencia de Cristo, porque la divinidad que Cristo expresa realmente existe y Su obra se puede ver a simple vista.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la sumisión a la voluntad del Padre celestial
Palabras diarias de Dios Fragmento 109
La obra y la expresión de Cristo determinan Su esencia. Es capaz de completar con un corazón sincero lo que se le ha encargado. Es capaz de adorar al Dios en el cielo con un corazón sincero y con un corazón sincero buscar la voluntad de Dios Padre. Todo esto lo determina Su esencia. Y también Su esencia determina Su revelación natural; la razón por la que la llamo Su “revelación natural” es que Su expresión no es una imitación o el resultado de la educación impartida por el hombre o el resultado de muchos años de cultivo por parte del hombre. Él no la aprendió ni se adornó con ella; más bien, es inherente a Él. El hombre puede negar Su obra, Su expresión, Su humanidad y toda la vida de Su humanidad normal, pero nadie puede negar que Él adora al Dios en el cielo con un corazón sincero; Nadie puede negar que ha venido a cumplir la voluntad del Padre celestial y nadie puede negar el fervor con el que busca a Dios Padre. Aunque Su imagen no sea agradable a los sentidos, Su discurso no posea un aire extraordinario y Su obra no impacte la tierra ni estremezca el cielo como el hombre lo imagina, Él es, en realidad, Cristo, Aquel que cumple la voluntad del Padre celestial con un corazón sincero, que se somete por completo al Padre celestial y que es sumiso hasta la muerte. Esto se debe a que Su esencia es la esencia de Cristo. Esta verdad es difícil de creer para el hombre, pero es un hecho. Cuando el ministerio de Cristo se haya cumplido por completo, el hombre podrá ver a partir de Su obra que Su carácter y Su ser representan el carácter y el ser del Dios en el cielo. En ese momento, al resumir toda Su obra, el hombre puede confirmar que Él es en realidad la carne en la que se convierte el Camino, no una carne igual a la de un hombre de carne y hueso. Cada paso de la obra de Cristo en la tierra tiene su relevancia representativa, pero el hombre que experimenta la obra actual de cada paso no es capaz de ver claramente la relevancia de Su obra. Esto ocurre así sobre todo en lo que se refiere a los varios pasos de la obra que Dios lleva a cabo en Su segunda encarnación. La mayoría de los que solo han escuchado o visto las palabras de Cristo pero que nunca lo han visto a Él, no tienen nociones de Su obra; a los que han visto a Cristo y escuchado Sus palabras, y que también han experimentado Su obra, se les hace difícil aceptar Su obra. ¿No es acaso porque la apariencia y la humanidad normal de Cristo no son del gusto del hombre? Los que acepten Su obra después de que Cristo se haya ido no van a tener esas dificultades porque solo aceptan Su obra y no entran en contacto con la humanidad normal de Cristo. El hombre es incapaz de desprenderse de sus nociones de Dios y en cambio lo escruta intensamente; esto se debe al hecho de que el hombre solo se enfoca en Su apariencia y no es capaz de reconocer Su esencia basándose en Su obra y en Sus palabras. Si el hombre cerrara los ojos a la apariencia de Cristo o evitara debatir la humanidad de Cristo y hablara solo de Su divinidad, cuya obra y palabras ningún hombre puede alcanzar, entonces las nociones del hombre disminuirían a la mitad, incluso al punto de que todas las dificultades del hombre se resolverían.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de Cristo es la sumisión a la voluntad del Padre celestial
Palabras diarias de Dios Fragmento 110
Aquel que es Dios encarnado posee la esencia de Dios y Aquel que es Dios encarnado posee la expresión de Dios. Puesto que Dios se ha hecho carne, Él trae consigo la obra que pretende llevar a cabo y, puesto que Él es Dios encarnado, expresa lo que Él es y es capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no posee la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende examinar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para determinar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y así, la clave de si es o no la carne de Dios encarnado radica en Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de en Su apariencia externa. Si el hombre solo examina Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es necio e ignorante. La apariencia externa no puede determinar la esencia; es más, la obra de Dios jamás puede ajustarse a las nociones del hombre. ¿No contradecía la apariencia exterior de Jesús las nociones del hombre? ¿No eran Su rostro y Sus vestiduras incapaces de demostrar Su verdadera identidad? ¿Acaso los fariseos de ese tiempo no se opusieron a Jesús precisamente porque solo miraron Su aspecto exterior y no aceptaron concienzudamente las palabras de Su boca? Tengo la esperanza de que todos y cada uno de los hermanos y hermanas que buscan la aparición de Dios no repitan la tragedia histórica y no se conviertan en los fariseos de los tiempos modernos ni claven a Dios de nuevo en la cruz. Deberíais considerar cuidadosamente cómo darle la bienvenida al retorno de Dios y tener claridad acerca de cómo ser alguien que se somete a la verdad. Esta es la responsabilidad de todo aquel que está esperando que Jesús vuelva montado sobre una nube. Deberíamos aclarar nuestros ojos espirituales y no empantanarnos en palabras de fantasía. Deberíamos pensar en la obra realista de Dios y echar un vistazo al aspecto práctico de Dios. No os dejéis llevar demasiado ni os perdáis en fantasías, siempre con la esperanza de que el Señor Jesús descienda repentinamente entre vosotros sobre una nube y os lleve a vosotros, que nunca lo habéis conocido ni lo habéis visto y que no sabéis cómo seguir Su voluntad. ¡Es mejor pensar en asuntos más realistas!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
Palabras diarias de Dios Fragmento 111
Dios hecho carne únicamente se manifiesta a una parte de las personas que lo siguen durante este período en el que Él lleva a cabo Su obra personalmente y no a todos los seres creados. Se hizo carne solo para completar una fase de Su obra y no con el fin de mostrar Su imagen al hombre. Sin embargo, Su obra debe llevarla a cabo Él mismo, por lo tanto es necesario que lo haga en la carne. Cuando esta obra concluya, partirá del mundo humano; no puede permanecer a largo plazo entre la humanidad para no interferir en la obra futura. Lo que le muestra a la miríada de personas es únicamente Su justo carácter y todas Sus acciones, y no las imágenes de Sus dos encarnaciones, pues la imagen de Dios únicamente se puede revelar a través de Su carácter y no se puede reemplazar con Su imagen hecha carne. La imagen de Su carne únicamente se muestra a una cantidad limitada de personas, únicamente a quienes lo siguen mientras obra en la carne. Por esta razón, la obra actual se realiza en secreto. De la misma manera, Jesús se mostró únicamente a los judíos cuando hizo Su obra y no se mostró públicamente a ninguna otra nación. Por lo tanto, una vez hubo completado Su obra, rápidamente partió del mundo humano y no se quedó; más adelante no fue Él, esta imagen humana, quien se mostró a las personas, sino el Espíritu Santo quien llevó a cabo la obra directamente. Una vez que la obra de Dios hecho carne se finaliza por completo, partirá del mundo mortal y nunca más volverá a hacer ninguna obra similar a como lo hizo cuando estaba en la carne. Después de esto, la obra la hace toda directamente el Espíritu Santo. Durante este período, el hombre apenas puede ver la imagen de Su cuerpo carnal; Él no se muestra en absoluto al hombre, sino que permanece oculto para siempre. El tiempo de la obra de Dios hecho carne es limitado. Se lleva a cabo en una era, un período, una nación específicos y entre personas concretas. Esta obra representa únicamente la obra del período de la encarnación de Dios; representa una era y la obra del Espíritu de Dios en una era específica y no la totalidad de Su obra. Por lo tanto, la imagen de Dios hecho carne no se mostrará a la miríada de pueblos. Lo que se muestra a la miríada de pueblos es la justicia de Dios y Su carácter en su totalidad, en vez de Su imagen de las dos veces que se hizo carne. No se muestra a las personas una imagen única ni las dos imágenes combinadas. Por lo tanto, es imperativo que la carne encarnada de Dios parta de la tierra tras completar la obra que necesita hacer, pues viene únicamente a hacer el trabajo que ha de hacer y no a mostrar Su imagen a las personas. Aunque Dios ya cumplió la relevancia de la encarnación al convertirse en carne dos veces, todavía no se manifestará abiertamente a ninguna nación que no lo haya visto antes. Jesús nunca más se mostrará a los judíos como el Sol de la justicia ni se levantará sobre el monte de los Olivos para aparecer ante la miríada de pueblos; lo único que vieron los judíos fue la imagen de Jesús durante Su tiempo en Judea. Esto es porque la obra de Jesús en Su encarnación finalizó hace dos mil años; no regresará a Judea con la imagen de un judío, y menos aún se mostrará Él con esa imagen a ninguna de las naciones gentiles, ya que la imagen de Jesús hecho carne es apenas la imagen de un judío y no la del Hijo del hombre que vio Juan. Aunque Jesús les prometió a Sus seguidores que regresaría, no se mostrará simplemente con la imagen de un judío a todos los que están en naciones gentiles. Habéis de saber que la obra de Dios hecho carne consiste en inaugurar una era. Esta obra está limitada a unos pocos años y Él no puede completar toda la obra del Espíritu de Dios, de la misma manera en que la imagen de Jesús como judío podía representar únicamente la imagen de Dios según obró en Judea, y únicamente pudo hacer la obra de la crucifixión. Durante el período en que Jesús estuvo en la carne, no pudo realizar la obra de finalizar la era o destruir a la humanidad. Por lo tanto, cuando hubo terminado la crucifixión y concluido Su obra, ascendió a lo más alto y para siempre se ocultó del hombre. Desde entonces, los creyentes leales de las naciones gentiles no pudieron ver la manifestación del Señor Jesús, sino únicamente una imagen de Él que tenían en la pared. Esta imagen es apenas un dibujo del hombre y no la imagen de Dios cuando se muestra a Sí mismo al hombre. Dios no se mostrará abiertamente a la miríada de personas en las imágenes de Sus dos encarnaciones. La obra que realiza entre los seres humanos es permitirles entender Su carácter. Todo esto se revela al hombre mediante la obra de las diferentes eras; se consigue mediante el carácter que Él ha dado a conocer y la obra que Él ha realizado, y no a través de la manifestación de Jesús. Es decir, la imagen de Dios se da a conocer al hombre no mediante la imagen encarnada, sino mediante la obra realizada por el Dios encarnado que tiene tanto imagen como forma y, a través de Su obra, Su imagen se revela y Su carácter se da a conocer. Este es el significado de la obra que Él desea realizar en la carne.
Una vez finalice la obra de las dos encarnaciones de Dios, Él empezará a revelar Su justo carácter por todas las naciones de los gentiles y le permitirá a la miríada de personas ver Su imagen. Revelará Su carácter y de esta manera revelará el desenlace de las diferentes categorías del hombre, dando fin por completo a la era antigua. La razón por la que Su obra en la carne no se extiende a un gran alcance (como Jesús únicamente obró en Judea y actualmente Yo obro únicamente entre vosotros) es que Su obra en la carne tiene límites. Únicamente lleva a cabo una obra durante un período reducido en la imagen de carne normal y corriente; no usa esta encarnación para la obra de la eternidad o la de aparecer ante los pueblos de las naciones de los gentiles. La obra en la carne únicamente puede tener un alcance limitado (como trabajar únicamente en Judea o entre vosotros) y, entonces, mediante la obra realizada dentro de estos límites, su alcance se puede expandir posteriormente. Por supuesto, la obra de expansión la debe realizar directamente Su Espíritu y ya no será tarea de Su carne encarnada, pues la obra en la carne tiene limitaciones y no se extiende a todos los rincones del universo; esto es algo que no puede lograr. Mediante la obra en la carne, Su Espíritu lleva a cabo la obra que viene a continuación. Por lo tanto, la obra realizada en la carne es de una naturaleza inaugural que se lleva a cabo dentro de ciertos límites; después de esto, es Su Espíritu quien continúa con esta obra y además lo hace con un mayor alcance.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (2)
Palabras diarias de Dios Fragmento 112
Dios viene a obrar en la tierra únicamente con el fin de guiar la era; Su intención es únicamente inaugurar una era nueva y poner fin a la anterior. No vino a vivir el curso de la vida de un humano en la tierra, a experimentar por Sí mismo las alegrías y los pesares del mundo humano ni a perfeccionar a una persona concreta por Su mano ni a observar el crecimiento de una persona determinada. Esta no es Su obra: Su obra es únicamente comenzar la era nueva y poner fin a la antigua. Es decir, Él mismo abrirá una era, Él mismo pondrá fin a la anterior y derrotará a Satanás al llevar a cabo Su obra en persona. Cada vez que realiza Su obra en persona, es como si estuviera poniendo pie en el campo de batalla. Primero, vence al mundo y prevalece sobre Satanás mientras está en la carne; toma posesión de toda la gloria y levanta la cortina que cubre la totalidad de la obra de los dos mil años, y lo hace para que todas las personas de la tierra tengan la senda correcta para andar y una vida de paz y alegría por vivir. Sin embargo, Dios no puede vivir mucho tiempo en la tierra con el hombre, puesto que Dios es Dios y, después de todo, distinto del hombre. No puede vivir la vida de una persona normal, es decir, no puede residir en la tierra como una persona que no es nada extraordinaria, puesto que tiene únicamente una parte diminuta de la humanidad normal de una persona normal para mantener Su vida humana. En otras palabras, ¿cómo podría Dios fundar una familia, tener una carrera y criar hijos en la tierra? ¿No sería esto una deshonra para Él? El que esté provisto de humanidad normal tiene la única finalidad de llevar a cabo la obra de una manera normal, no de permitirle tener una familia y una carrera como una persona normal. Su razón normal, Su mente normal y la alimentación y la vestimenta normales para Su carne son suficientes para demostrar que tiene una humanidad normal; no es necesario que tenga familia ni carrera para demostrar que está provisto de una humanidad normal. ¡Esto sería completamente innecesario! La venida de Dios a la tierra es la Palabra hecha carne; simplemente le está permitiendo al hombre entender y ver Su Palabra, es decir, le permite al hombre ver la obra realizada por la carne. Su intención no es que las personas traten Su carne de una manera concreta, sino únicamente que sean sumisas hasta el final, es decir, que se sometan a todas las palabras que salgan de Su boca y que se sometan a toda la obra que Él haga. Únicamente está obrando en la carne; Él no está pidiendo intencionadamente que el hombre exalte la grandeza y la santidad de Su carne, sino que está mostrando al hombre la sabiduría de Su obra y toda la autoridad que ejerce. Por lo tanto, aunque tiene una humanidad extraordinaria, no hace anuncios y se centra únicamente en la obra que tiene que hacer. Vosotros debéis saber por qué Dios se hizo carne y aún así no lo publica ni testifica de Su humanidad normal, sino que simplemente lleva a cabo la obra que desea realizar. Por lo tanto, todo lo que podéis ver del Dios encarnado es lo que es Él divinamente; esto se debe a que nunca proclama lo que es humanamente para que lo emule el hombre. Únicamente el hombre, cuando lidera a las personas, habla de lo que es humanamente con el fin de ganarse su admiración y convicción y, de esa manera, lograr el liderazgo sobre otros. Dios, en cambio, conquista al hombre únicamente mediante Su obra (es decir, obra inalcanzable para el hombre); es irrelevante que el hombre lo admire o que Él haga que el hombre lo adore. Lo único que hace es inculcar en el hombre un sentimiento de temor hacia Él, una sensación de lo insondable que es Él. Dios no tiene necesidad de impresionar al hombre; lo único que necesita es que lo temas cuando hayas sido testigo de Su carácter. La obra que realiza Dios es suya; no la puede hacer el hombre en su lugar ni la puede alcanzar el hombre. Solo Dios mismo puede realizar Su propia obra y marcar el inicio de una nueva era para llevar al hombre a una vida nueva. La obra que realiza es la de permitir que el hombre adquiera una vida nueva y entre en una era nueva. El resto de la obra se entrega a aquellos con una humanidad normal que son admirados por otros. Por lo tanto, en la Era de la Gracia, completó la obra de dos mil años en solo tres años y medio de Sus treinta y tres en la carne. Cuando Dios viene a la tierra para llevar a cabo Su obra, siempre completa la obra de dos mil años o de toda una era en un plazo muy breve de unos pocos años. No aplaza y no demora; simplemente condensa la obra de muchos años para que se complete en apenas unos pocos. Esto es porque la obra que realiza en persona es enteramente para la apertura de un camino nuevo y para dar entrada a una nueva era.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (2)
Palabras diarias de Dios Fragmento 113
Cuando Dios lleva a cabo Su obra, Él no viene a participar en ninguna construcción o movimiento, sino a cumplir Su ministerio. Cada vez que se hace carne, es sólo para lograr una etapa de la obra e inaugurar una nueva era. Ahora ha llegado la Era del Reino y el entrenamiento del reino. Esta etapa de la obra no es la obra del hombre, y no es para obrar al hombre hasta un grado determinado, pero es sólo para terminar una porción de la obra de Dios. Lo que Él hace no es la obra del hombre, no es para lograr un cierto resultado al obrar al hombre antes de partir de la tierra; es para cumplir Su ministerio y para terminar la obra que debe hacer, que es hacer los arreglos apropiados para Su obra en la tierra y así obtener gloria. La obra del Dios encarnado es diferente a la de las personas usadas por el Espíritu Santo. Cuando Dios viene a hacer Su obra en la tierra, sólo se preocupa por el cumplimiento de Su ministerio. En cuanto a todos los demás asuntos que no se relacionan con Su ministerio, Él casi no toma parte en ellos, incluso hasta el punto de hacerse de la vista gorda. Él simplemente lleva a cabo la obra que debe realizar y, menos aún, está preocupado por la obra que el hombre debe llevar a cabo. La obra que Él hace es únicamente la que pertenece a la era en la que se encuentra y al ministerio que Él debe cumplir, como si todos los demás asuntos estuvieran fuera de Su alcance. Él no se proporciona más conocimiento básico acerca de vivir como parte de la humanidad, ni aprende más habilidades sociales, ni se equipa con alguna otra cosa que el hombre entienda. Todo lo que el hombre debe poseer no le concierne en absoluto y Él simplemente hace la obra que es Su deber realizar. Y así, como el hombre lo ve, el Dios encarnado es deficiente en tanto que ni siquiera presta atención a muchas de las cosas que el hombre debe poseer y, no tiene entendimiento alguno de tales asuntos. Cosas como el conocimiento común sobre la vida, así como los principios de comportarse y lidiar con el mundo, parecen no tener ninguna relación con Él. Pero tú simplemente no puedes detectar del Dios encarnado el más mínimo indicio de anormalidad. Es decir, Su humanidad sólo mantiene Su vida como una persona normal y el razonamiento normal de Su cerebro, que le da la habilidad para discernir entre el bien y el mal. Sin embargo, Él no está provisto con nada más, todo lo cual es lo que el hombre (los seres creados) sólo debe poseer. Dios se hace carne sólo para cumplir Su propio ministerio. Su obra está dirigida a una era completa, no a una persona o lugar en particular, sino a todo el universo. Esta es la dirección de Su obra y el principio por el cual Él obra. Nadie puede alterar esto y el hombre no tiene forma de involucrarse en ello. Cada vez que Dios se hace carne, trae consigo la obra de esa era y no tiene intención alguna de vivir junto a los hombres por veinte, treinta, cuarenta o hasta setenta u ochenta años, con el fin de que ellos lo puedan entender mejor y obtener una profunda percepción de Él. ¡No hay necesidad de eso! Hacerlo así de ninguna manera profundizaría el conocimiento que el hombre tiene del carácter inherente de Dios; en cambio, sólo aumentaría sus nociones y haría que sus nociones y pensamientos se fosilizaran. Por lo que les corresponde a todos vosotros entender exactamente cuál es la obra del Dios encarnado. ¿Seguramente no podéis fallar en haber entendido las palabras que os hablé: “No ha sido para experimentar la vida de un hombre normal que Yo he venido”? ¿Habéis olvidado las palabras: “Dios no viene a la tierra a vivir la vida de un ser humano normal”? No entendéis el propósito de Dios en hacerse carne, ni conocéis el significado de: “¿Cómo podría Dios venir a la tierra con la intención de experimentar la vida de un ser creado?”. Dios viene a la tierra únicamente para terminar Su obra, por lo que Su obra en la tierra es de corta duración. Él no viene a la tierra con la intención de hacer que el Espíritu de Dios cultive Su cuerpo carnal en un ser humano superior que guiará la iglesia. Cuando Dios viene a la tierra, es la Palabra haciéndose carne; el hombre, sin embargo, no sabe de Su obra y le atribuye cosas por la fuerza. Pero todos vosotros os debéis daros cuenta de que Dios es la Palabra hecha carne, no un cuerpo carnal que ha sido cultivado por el Espíritu de Dios para asumir el papel de Dios por el momento. Dios mismo no es el producto de ser cultivado, sino que es la Palabra hecha carne y hoy Él oficialmente lleva a cabo Su obra entre todos vosotros. Todos vosotros sabéis y reconocéis que la encarnación de Dios es una verdad fáctica, sin embargo, hacéis como si la entendierais. Desde la obra del Dios encarnado hasta el significado y la esencia de Su encarnación, sois incapaces de captar estas cosas en lo más mínimo y sólo seguís a otros en recitar sin pensar palabras de memoria. ¿Crees que el Dios encarnado es como lo imaginas?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (3)
Palabras diarias de Dios Fragmento 114
Dios se hace carne únicamente para guiar la era y poner en marcha una nueva obra. Es necesario que entendáis este punto. Esto es muy diferente de la función del hombre y las dos cosas no pueden mencionarse en conjunto. El hombre necesita ser cultivado y perfeccionado por un largo período de tiempo antes de que pueda ser usado para llevar a cabo la obra, y el tipo de humanidad que se necesita es de un orden especialmente elevado. El hombre no solo debe ser capaz de mantener la razón de humanidad normal, sino que además debe entender muchos de los principios y de las reglas que rigen su conducta en relación con los demás y, además, se debe comprometer a estudiar aún más sobre la sabiduría y el conocimiento ético del hombre. Esto es lo que se le debe proveer al hombre. Sin embargo, esto no es así para que Dios se haga carne porque Su obra ni representa al hombre ni es la obra del hombre; es, más bien, una expresión directa de Su ser y una implementación directa de la obra que Él debe hacer. (Naturalmente, Su obra se lleva a cabo en el momento apropiado, no casualmente ni al azar, y se inicia cuando sea el momento de cumplir con Su ministerio). Él no participa en la vida del hombre o en la obra del hombre, es decir, Su humanidad no está provista de ninguno de estos (aunque esto no afecta Su obra). Él sólo cumple Su ministerio cuando es hora de que lo haga; cualquiera que sea Su estatus, Él simplemente sigue adelante con la obra que debe hacer. Cualquier cosa que el hombre sepa de Él y cualquiera sea la opinión que el hombre tenga de Él, Su obra no se ve afectada en su totalidad. Por ejemplo, cuando Jesús llevó a cabo Su obra, nadie sabía con exactitud quién era Él, sino que Él simplemente siguió adelante en Su obra. Nada de esto le impidió llevar a cabo la obra que debía realizar. Por lo tanto, al principio Él no confesó ni proclamó Su propia identidad y simplemente hizo que el hombre lo siguiera. Naturalmente, esto no fue sólo la humildad de Dios, sino también fue la manera en la que Dios obró en la carne. Él sólo podía obrar de esta manera porque el hombre no tenía manera de reconocerlo a simple vista. Y aunque el hombre lo hubiera reconocido, no habría sido capaz de ayudarlo en Su obra. Además, Él no se hizo carne para que el hombre llegara a conocer Su carne; lo hizo para llevar a cabo la obra y cumplir Su ministerio. Por esta razón, no le dio importancia a hacer pública Su identidad. Cuando Él hubo completado toda la obra que debía hacer, toda Su identidad y estatus de manera natural se volvieron claros para el hombre. Dios hecho carne guarda silencio y nunca hace ninguna proclamación. No le hace caso ni al hombre ni a cómo el hombre se las está arreglando para seguirlo, sino que simplemente sigue adelante con el cumplimiento de Su ministerio y en llevar a cabo la obra que debe realizar. Nadie puede interponerse en Su obra. Cuando llegue el momento de que Él concluya Su obra, sin falta esta será concluida y llevada a su fin, y nadie podrá dictar lo contrario. Sólo después de que Él se aparte del hombre al terminar Su obra, el hombre entenderá la obra que Él realiza, aunque todavía no con entera claridad. Y pasará mucho tiempo antes de que el hombre entienda completamente las intenciones con las cuales Él primero llevó a cabo Su obra. En otras palabras, la obra de la era del Dios encarnado se divide en dos partes: una parte consiste en la obra que realiza la carne encarnada de Dios mismo y en las palabras que habla la carne encarnada de Dios mismo. Una vez que el ministerio de Su carne se haya cumplido totalmente, la otra parte de la obra queda pendiente de ser llevada a cabo por aquellos usados por el Espíritu Santo. Es en este momento que el hombre debe cumplir con su función porque Dios ya ha abierto el camino y necesita ser transitado por el hombre mismo. Es decir, Dios hecho carne lleva a cabo una parte de la obra y luego el Espíritu Santo y aquellos usados por el Espíritu Santo lo sucederán para completarla. Por lo tanto, el hombre debe saber en qué consiste la obra que se lleva a cabo principalmente por Dios hecho carne en esta etapa, y debe entender exactamente cuál es el significado de que Dios se haga carne y cuál es la obra que Él debe hacer, y no hacer exigencias a Dios de acuerdo a las exigencias hechas al hombre. Aquí es donde radica el error del hombre, su noción y, aún más, su rebeldía.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 115
Dios se hace carne, no con la intención de permitir que el hombre conozca Su carne o para permitir que el hombre distinga las diferencias entre la carne de Dios encarnado y la del hombre; tampoco se hace carne para entrenar el poder de discernimiento del hombre y, menos aún, lo hace con la intención de permitir que el hombre adore la carne encarnada de Dios y, así, obtener gran gloria. Ninguna de estas cosas es la intención de Dios al hacerse carne. Tampoco Dios se hace carne con el fin de condenar al hombre ni para exponerlo deliberadamente ni para hacerle las cosas difíciles. Ninguna de estas cosas es la intención de Dios. Cada vez que Dios se hace carne, es una forma de obra que resulta inevitable. Es por el bien de Su obra más importante y de Su gestión más importante que Él actúa como lo hace y no por las razones que el hombre imagina. Dios viene a la tierra sólo según lo requiere Su obra y sólo cuando es necesario. Él no viene a la tierra simplemente con la intención de echar un vistazo, sino para llevar a cabo la obra que debe realizar. ¿Por qué más asumiría una carga tan pesada y correría riesgos tan grandes para llevar a cabo esta obra? Dios se hace carne sólo cuando tiene que hacerlo y siempre con un sentido único. Si sólo fuera en aras de permitir que la gente lo viera y para ampliar los horizontes de las personas, entonces Él, con absoluta certeza, nunca vendría tan a la ligera entre las personas. Él viene a la tierra por el bien de Su gestión y de Su obra más importante, y con el fin de obtener más seres humanos. Él viene a representar la era, a derrotar a Satanás y, con el fin de derrotarlo, Él mismo se reviste de carne. Aún más, Él viene para guiar a toda la raza humana sobre cómo vivir su vida. Todo esto concierne a Su gestión y a la obra de todo el universo. Si Dios se hiciera carne simplemente para permitir que el hombre llegue a conocer Su carne y para abrir los ojos de las personas, entonces ¿por qué no habría de viajar a todas las naciones? ¿No sería esto un asunto excesivamente fácil? Pero Él no lo hizo así; más bien eligió un lugar adecuado en el cual establecerse y comenzar la obra que debía realizar. Sólo esta carne es de importancia considerable. Él representa toda una era y también lleva a cabo la obra de toda una era; Él lleva la era anterior a su fin y marca el comienzo de la nueva. Todo esto es un asunto importante que concierne a la gestión de Dios y es la importancia de una etapa de la obra que Dios viene a la tierra a llevar a cabo.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 116
La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente por medio del Espíritu y con la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente como el Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su gracia salvadora. Si Dios no se hubiera vestido con el caparazón exterior de un ser humano creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta gracia salvadora, pues el hombre de ninguna manera tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Solo volviéndose un ser humano creado, es decir, solo poniendo Su Camino en la carne en la que está a punto de convertirse, puede Él obrar personalmente el Camino en todos los que lo siguen. Solo entonces puede el hombre oír y ver personalmente Su Camino y también ganar Su Camino y, por este medio, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una gracia salvadora tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería derribada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás la tomaría totalmente cautiva. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre de la cruz, pero las actitudes corruptas satánicas todavía permanecían en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que aquellos cuyos pecados han sido perdonados puedan ser liberados del pecado y purificados completamente, y logren un cambio de carácter, y así sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Solo así puede el hombre ser plenamente santificado. Después de que la Era de la Ley llegó a su fin y al comenzar la Era de la Gracia, Dios comenzó la obra de salvación, la cual continúa en los últimos días, cuando Dios realiza la obra de juzgar y castigar a la raza humana por su rebeldía, de modo que purifica completamente a la especie humana. Solo después de esto Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios solo se ha hecho carne dos veces para llevar a cabo Él mismo Su obra entre los hombres. Esto se debe a que solo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar a las personas sobre cómo debe llevar su vida, mientras que, las otras dos, consisten en la obra de salvación. Solo haciéndose carne puede Dios vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en un cuerpo normal de carne. Solo de esta forma puede proveer a las personas del Camino práctico que necesitan como seres creados. El hombre recibe la plena gracia salvadora de Dios a través de la encarnación de Dios, no directamente del cielo por medio de su propia súplica. El hombre es de carne y hueso, no tiene forma de ver al Espíritu de Dios y, mucho menos, de acercarse a Su Espíritu, así que lo único con lo que puede entrar en contacto es con la carne encarnada de Dios. Solo a través de esto es el hombre capaz de entender todo el Camino y todas las verdades y recibir la plena gracia salvadora. La segunda encarnación es suficiente para librar al hombre de sus pecados y purificarlo plenamente. Por tanto, con la segunda encarnación se pondrá fin a la totalidad de la obra de Dios en la carne y se completará el sentido de la encarnación de Dios. A partir de ahí, la obra de Dios en la carne habrá llegado plenamente a su fin. Después de la segunda encarnación, Él no se hará carne una tercera vez para Su obra. Ya que toda Su gestión habrá llegado a su fin, la encarnación de los últimos días habrá ganado totalmente a las personas que ha seleccionado y, en los últimos días, la especie humana habrá sido ordenada según su tipo. Él ya no hará más la obra de salvación ni regresará a la carne para llevar a cabo obra alguna.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
Palabras diarias de Dios Fragmento 117
Lo que el hombre ha conseguido ahora —su estatura actual, su conocimiento, su amor, su lealtad, su sumisión y su perspicacia— es el resultado alcanzado a través del juicio de la palabra. Que seas capaz de tener lealtad y permanecer firme hasta este día se consigue a través de la palabra. Ahora el hombre ve que la obra de Dios encarnado es, ciertamente, extraordinaria, y que hay muchas cosas en ella que el hombre no puede lograr y que son misterios y maravillas. Por tanto, muchos se han sometido. Algunos nunca se han sometido a ningún hombre desde el día de su nacimiento, pero cuando ven las palabras de Dios hoy, se someten totalmente sin darse cuenta de que lo han hecho y no se atreven a examinar o a decir nada más. La humanidad ha caído bajo la palabra y yace postrada bajo el juicio de la misma. Si el Espíritu de Dios le hablara directamente al hombre, la especie humana entera se sometería a la voz, postrándose sin que Dios necesitara dejar en evidencia al hombre con Sus palabras, como cuando Pablo cayó al suelo en medio de la luz de camino a Damasco. Si Dios continuara obrando de esta forma, el hombre nunca sería capaz de llegar a conocer su propia corrupción a través del juicio de la palabra y, así, alcanzar la salvación. Solo haciéndose carne puede Dios transmitir personalmente Sus palabras a los oídos de todos los seres humanos, de forma que todos los que tengan oídos puedan oír Sus palabras y aceptar Su obra de juicio por la palabra. Este es el resultado verdadero logrado mediante Su palabra, no que el Espíritu se manifieste para abrumar al hombre con miedo. Solo a través de esta obra práctica, pero extraordinaria, pueden las antiguas actitudes del hombre, escondidas profundamente en su interior durante muchos años, ser dejadas en evidencia plenamente de forma que el hombre pueda reconocerlas y experimentar un cambio. Todas estas cosas constituyen la obra práctica de Dios encarnado, en la que Él habla y ejecuta el juicio de una manera totalmente práctica, y entonces consigue los resultados del juicio sobre el hombre por la palabra. Esta es la autoridad de Dios encarnado y el sentido de Su encarnación. Se lleva a cabo para revelar la autoridad de Dios encarnado, los resultados obtenidos por la obra de la palabra y que el Espíritu ha venido en la carne; además, demuestra Su autoridad a través de juzgar al hombre por medio de la palabra. Aunque Su carne es el caparazón exterior de una humanidad común y normal, los resultados conseguidos por Sus palabras muestran al hombre que Él está lleno de autoridad, que es Dios mismo y que Sus palabras son la expresión de Dios mismo. Por medio de esto, se muestra a toda la humanidad que Él es Dios mismo, que es Dios mismo hecho carne, que nadie puede cometer una ofensa contra Él ni superar Su juicio por medio de la palabra, así como que ninguna fuerza de la oscuridad puede prevalecer sobre Su autoridad. La sumisión del hombre a Él se debe por entero a la carne en la cual Él está encarnado, todo se debe a Su autoridad y a Su juicio por medio de la palabra. La obra traída por Su encarnación es la autoridad que Él posee. La razón por la que Él se hace carne es que la carne también puede poseer autoridad, y Él es capaz de llevar a cabo la obra entre los hombres de una manera práctica, de modo que sea visible y tangible para el hombre. Esta obra es mucho más práctica que la realizada directamente por el Espíritu de Dios, quien posee toda la autoridad, y sus resultados también son evidentes. Esto se debe a que la carne encarnada de Dios puede hablar y obrar de una forma práctica. El caparazón exterior de Su carne no tiene autoridad y los hombres pueden acercarse a ella, mientras que Su esencia conlleva autoridad, pero esta no es visible para nadie. Cuando Él habla y obra, el hombre es incapaz de detectar la existencia de Su autoridad; esto le facilita llevar a cabo Su obra práctica. Toda esta obra práctica puede producir resultados. Aunque ningún hombre es consciente de que Él tiene autoridad ni ve que ninguna ofensa puede ser cometida contra Él ni ve Su ira, Él alcanza los resultados deseados de Sus palabras a través de Su autoridad velada, de Su ira oculta y de las palabras que Él pronuncia abiertamente. Dicho de otra forma, el hombre se convence plenamente por medio de Su tono de voz, de la severidad de Su discurso y de toda la sabiduría de Sus palabras. De esta forma, el hombre se somete a la palabra de Dios encarnado, quien, aparentemente, no tiene autoridad, con lo cual se cumple el objetivo de Dios de salvar al hombre. Este es otro aspecto del sentido de Su encarnación: para hablar de forma más práctica para permitir que la realidad de Sus palabras logre sus resultados en el hombre y permitir al hombre presenciar el poder de la palabra de Dios. Así pues, si esta obra no se hubiera hecho por medio de la encarnación, no habría obtenido los más mínimos resultados y no habría sido capaz de salvar por completo a las personas pecadoras. Si Dios no se hiciera carne, se quedaría como el Espíritu invisible e inaccesible para el hombre. El hombre es una criatura de carne, y él y Dios pertenecen a dos mundos diferentes y poseen distinta naturaleza. El Espíritu de Dios es incompatible con el hombre, quien es de carne, y sencillamente no hay forma de establecer relaciones entre ellos; el hombre, entretanto, es incapaz de volverse espíritu. Así pues, el Espíritu de Dios debe convertirse en un ser creado para llevar a cabo Su obra original. Dios puede tanto ascender al lugar más elevado como humillarse para convertirse en un ser humano creado, obrando y viviendo entre la humanidad, pero el hombre no puede ascender hasta el lugar más elevado y volverse un espíritu, y, mucho menos, descender hasta el lugar más bajo. Por esta razón Dios debe hacerse carne para llevar a cabo Su obra. Al igual que, durante la primera encarnación, solo la carne de Dios encarnado podía redimir al hombre a través de Su crucifixión, mientras que no habría habido forma de que el Espíritu de Dios fuera crucificado como una ofrenda por el pecado para el hombre. Dios podía hacerse carne directamente para servir como una ofrenda por el pecado para el hombre, pero este no podía ascender directamente al cielo para tomar la ofrenda por el pecado que Dios había preparado para él. Así pues, lo único posible sería pedirle a Dios que fuera y viniera unas cuantas veces entre el cielo y la tierra, y no hacer que el hombre ascendiera al cielo para tomar esta gracia salvadora, porque el hombre había caído y, además, simplemente no podía ascender al cielo, y, mucho menos, obtener la ofrenda por el pecado. Por tanto, era necesario que Jesús viniera entre la humanidad y realizara personalmente la obra que el hombre simplemente no podía llevar a cabo. Cada vez que Dios se hace carne, es por absoluta necesidad. Si el Espíritu de Dios hubiera podido llevar a cabo directamente cualquiera de las etapas, no se habría sometido a las quejas y la indignidad que vinieron con estar encarnado.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 118
Dios se hizo carne porque el objeto de Su obra no es el espíritu de Satanás ni ninguna cosa que no sea de la carne, sino el hombre, que es de la carne y a quien Satanás ha corrompido. Precisamente porque la carne del hombre ha sido corrompida es que Dios ha hecho al hombre carnal el objeto de Su obra; aún más, ya que el hombre es objeto de la corrupción, Dios lo ha escogido como el único objeto de Su obra a través de todas las etapas de Su obra de salvación. El hombre es un ser mortal, es de carne y hueso, y Dios es el Único que puede salvar al hombre. Así, Dios debe hacerse carne que posea los mismos atributos que el hombre con el fin de hacer Su obra, para que esta pueda lograr mejores efectos. Dios debe hacerse carne para hacer Su obra justamente porque el hombre es de la carne y es incapaz de vencer el pecado o de despojarse de la carne. Aunque la esencia y la identidad de Dios encarnado difieren grandemente de la esencia e identidad del hombre, con todo, Su apariencia es idéntica a la del hombre; tiene la apariencia de una persona normal y lleva la vida de una persona normal, y los que lo ven no pueden discernir ninguna diferencia entre Él y una persona normal. Esta apariencia y humanidad normales son suficientes para que haga Su obra divina en la humanidad normal. Su carne le ayuda a realizar Su obra en la humanidad normal y Su obra entre los hombres, así como Su humanidad normal, más aun, le ayuda a llevar a cabo la obra de salvación entre los hombres. Aunque Su humanidad normal ha causado mucho alboroto entre los hombres, tal alboroto no ha impactado los efectos normales de Su obra. En resumen, la obra de Su carne normal es de un beneficio supremo para el hombre. Aunque la mayoría de la gente no puede aceptar Su humanidad normal, Su obra aún puede surtir efectos y estos se logran gracias a Su humanidad normal. De esto no hay duda. Por Su obra en la carne, el hombre gana diez veces o docenas de veces más cosas que las nociones que existen entre los hombres acerca de Su humanidad normal y, al final, todas esas nociones se las tragará Su obra, y el efecto que esta ha logrado, es decir, el conocimiento que el hombre tiene de Él, supera por mucho las nociones que el hombre tiene de Él. No hay manera de imaginar o medir la obra que hace en la carne, porque Su carne es diferente a la de cualquier ser humano carnal; aunque el caparazón exterior es idéntico, la esencia no es la misma. Su carne engendra entre los hombres muchas nociones acerca de Dios, sin embargo, Su carne también le puede permitir al hombre adquirir mucho conocimiento y puede, incluso, conquistar a cualquier persona que posea un caparazón exterior similar. Porque no es solamente humano, sino que es Dios con el caparazón exterior de un ser humano y nadie puede desentrañarlo o entenderlo por completo. Todos aman y acogen favorablemente a un Dios invisible e intangible. Si Dios es solo un Espíritu que es invisible al hombre, a este le es muy fácil creer en Dios. La gente puede dar rienda suelta a su imaginación, puede escoger cualquier imagen que le guste como la imagen de Dios para sentirse complacidos y felices. De esta manera, la gente puede hacer lo que sea más agradable para su propio “Dios” y lo que este desee que hagan, sin escrúpulos. Es más, la gente cree que nadie es más leal y devoto que ellos con “Dios” y que todos los demás son perros gentiles y desleales a Él. Se puede decir que así es como buscan aquellos cuya creencia en Dios es difusa y se basa en doctrina; viene a ser lo mismo, con poca variación. Lo que sucede es que las imágenes que tienen de los dioses en sus imaginaciones son diferentes, pero su esencia es de hecho la misma.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La especie humana corrupta tiene una necesidad más grande de la salvación del Dios encarnado
Palabras diarias de Dios Fragmento 119
El Dios encarnado ha venido en la carne debido enteramente a las necesidades del hombre corrupto. Es por causa de las necesidades del hombre, no por las de Dios, y todos los precios que ha pagado y todo Su sufrimiento son por el bien de la humanidad y no por el bien de Dios mismo. No hay ganancias y pérdidas ni recompensas para Dios; lo que Él obtiene no es algo que coseche, sino lo que desde el principio se le debía. El propósito detrás de todo lo que hace por la humanidad y todos los precios que ha pagado por ella no es que Él pueda ganar más recompensas, sino solo por el bien de la humanidad. Aunque la obra de Dios en la carne implica muchas dificultades inimaginables, los resultados que esta logra al final exceden por mucho los de la obra hecha directamente por el Espíritu. La obra de la carne conlleva una gran cantidad de dificultades y la carne no puede poseer la misma identidad grandiosa que el Espíritu, no puede llevar a cabo hechos sobrenaturales como el Espíritu, mucho menos puede poseer la misma autoridad que Este. Aun así, la esencia de la obra hecha por esta carne común y corriente es muy superior a la de la obra hecha directamente por el Espíritu, y esta misma carne es lo que todas las personas necesitan. Para los que van a ser salvados, el valor de uso del Espíritu es muy inferior al de la carne: la obra del Espíritu es capaz de cubrir todo el universo, a través de todas las montañas, ríos, lagos y océanos; sin embargo, la obra de la carne se relaciona de un modo más efectivo con cada persona con quien tiene contacto. Es más, el hombre puede entender mejor y confiar más en la carne de Dios que tiene una forma tangible, Su carne puede profundizar más el conocimiento que el hombre tiene de Dios y puede dejar en él una impresión más profunda de los hechos prácticos de Dios. La obra del Espíritu está envuelta en misterio; es difícil de predecir para los seres mortales y es aún más difícil que la vean y, por eso, solo pueden imaginar cosas al respecto sin ninguna base. La obra de la carne, sin embargo, es normal y práctica, y posee una rica sabiduría y es un hecho que los ojos del hombre mortal pueden ver personalmente; el hombre puede apreciar de forma personal la sabiduría de la obra de Dios y no tiene necesidad de emplear su profusa imaginación. Esta es la exactitud y el valor práctico de la obra de Dios en la carne. El Espíritu solo puede hacer cosas que son invisibles para el hombre y difíciles de imaginar para este, por ejemplo, lo que el Espíritu esclarece, conmueve y guía, pero para el hombre que es capaz de pensar, estas no pueden aportar ningún significado claro. Solo pueden conmoverlo o proporcionarle un significado más o menos similar, pero no le pueden dar una instrucción con palabras. La obra de Dios en la carne, sin embargo, es muy diferente: implica la orientación exacta de las palabras, y tiene intenciones claras y objetivos claros requeridos. Y así el hombre no tiene que dar palos de ciego o emplear su imaginación, mucho menos hacer conjeturas. Esta es la claridad de la obra en la carne y Su obra es ampliamente diferente a la del Espíritu. La obra del Espíritu solo es adecuada para una esfera limitada y no puede reemplazar la obra de la carne. Las metas precisas requeridas del hombre a través de la obra de la carne, así como el valor práctico del conocimiento que el hombre obtiene a partir de dicha obra, superan por mucho la precisión y el valor práctico de la obra del Espíritu. Para el hombre corrupto, solo la obra que proporciona palabras exactas y metas claras que perseguir, y que es visible y tangible, es la clase de obra más valiosa. Solo la obra realista y la guía oportuna son idóneas para los gustos del hombre y solo la obra práctica puede salvar al hombre de su carácter corrupto y depravado. Esto solo lo puede lograr el Dios encarnado; solo el Dios encarnado puede salvar al hombre de su viejo carácter corrupto y depravado. Aunque el Espíritu es la esencia inherente de Dios, una obra como esta solo la puede hacer Su carne. Si el Espíritu obrara completamente solo, no sería posible que Su obra fuera efectiva, esta es la pura verdad. La mayoría de las personas se han vuelto enemigas de Dios por causa de esta carne. Sin embargo, cuando esta concluya Su obra, los que están en Su contra no solo dejarán de ser Sus enemigos, sino que, por el contrario, se convertirán en Sus testigos. Se convertirán en testigos a los que ha conquistado, los testigos que son compatibles con Él e inseparables de Él. Hará que el hombre sepa la importancia de la obra de la carne para este y el hombre sabrá la importancia de esta carne para el significado de su existencia, conocerá Su valor práctico en lo concerniente al crecimiento de su vida y, más aún, sabrá que esta carne se convertirá inesperadamente en una fuente viva de vida de la que no soportará apartarse. Aunque la carne encarnada de Dios está lejos de ser igual a la identidad y estatus de Dios, y al hombre le parece que es incompatible con Su valor real, esta carne, que no posee la imagen o identidad inherentes de Dios, puede hacer la obra que el Espíritu de Dios no puede hacer directamente. Tal es el significado y valor inherentes de la encarnación de Dios y es esta relevancia y valor lo que el hombre no puede comprender ni reconocer. Aunque toda la humanidad admira al Espíritu de Dios y menosprecia la carne de Dios, más allá de cómo vea o piense, el significado y el valor prácticos de la carne superan con creces a los del Espíritu. Por supuesto, esto solo se refiere a la humanidad corrupta. Para cualquiera que busca la verdad y anhela la aparición de Dios, la obra del Espíritu puede solo proporcionar una moción o una inspiración, y una sensación de asombro por ser dicha obra maravillosa, insondable e inimaginable, una sensación de que es grandiosa, trascendente y admirable aunque también inasequible e inalcanzable para todos. El hombre y el Espíritu de Dios solo se pueden ver el uno al otro desde lejos, como si hubiera una gran distancia entre ellos, y nunca pueden ser iguales, como si el hombre y Dios estuvieran separados por una división invisible. De hecho, esta es una ilusión que el Espíritu le da al hombre, la cual se debe a que el Espíritu y el hombre no son de la misma especie, nunca van a coexistir en el mismo mundo, además de que el Espíritu no posee nada del hombre. Así que el hombre no necesita al Espíritu, ya que Este no puede hacer directamente la obra que el hombre más necesita. La obra de la carne le ofrece al hombre objetivos prácticos que perseguir, palabras explícitas y una sensación de que Él es práctico y normal, humilde y corriente. Aunque el hombre pueda tenerle miedo, para la mayoría de la gente Él es bastante accesible. El hombre puede contemplar Su rostro y oír Su voz y no tiene que contemplarlo desde lejos. Esta carne se siente cercana para el hombre, no resulta distante ni insondable, sino visible y accesible, porque esta carne está en el mismo mundo que el hombre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La especie humana corrupta tiene una necesidad más grande de la salvación del Dios encarnado
Palabras diarias de Dios Fragmento 120
Para todos aquellos que viven en la carne, buscar un cambio de carácter requiere metas y buscar el conocimiento de Dios exige ser testigos de los hechos prácticos y del rostro real de Dios. Ambas cosas solo las puede lograr la carne encarnada de Dios, la carne normal y práctica. Por esta razón, la encarnación es necesaria; toda la humanidad corrupta la necesita. Ya que a las personas se les pide que conozcan a Dios, las imágenes de dioses difusos y sobrenaturales deben ser disipadas de sus corazones, y ya que se les pide que desechen sus actitudes corruptas, primero deben conocerlas. Si solo el hombre realiza la obra para disipar las imágenes de los dioses difusos de los corazones de las personas, entonces fracasará en conseguir el efecto deseado. Las imágenes de los dioses difusos que están en los corazones de las personas no se pueden exponer, desechar o expulsar por completo solo con palabras. Al hacerlo así, a la larga seguiría sin ser posible disipar estas cosas que están profundamente arraigadas en las personas. Solo al sustituir estas cosas difusas y sobrenaturales por el Dios práctico y la imagen inherente de Dios y hacer que las personas los conozcan poco a poco, se puede lograr el efecto debido. El hombre reconoce que el dios al que buscó en tiempos pasados es difuso y sobrenatural. Lo que puede lograr este efecto no es la guía directa del Espíritu, mucho menos las enseñanzas de un cierto individuo, sino el Dios encarnado. Precisamente porque la normalidad y la practicidad del Dios encarnado es la antítesis de los dioses difusos y sobrenaturales en las imaginaciones del hombre, las nociones del hombre son todas expuestas cuando el Dios encarnado hace oficialmente Su obra. Las nociones originales del hombre solo se pueden revelar cuando se contrastan con el Dios encarnado. Sin la comparación con el Dios encarnado, no se podrían revelar las nociones del hombre; en otras palabras, sin la practicidad como contraste, las cosas difusas no se podrían revelar. Nadie es capaz de usar palabras para hacer esta obra y nadie es capaz de articular plenamente esta obra usando palabras. Dios mismo puede hacer Su propia obra y nadie más puede hacerla en Su lugar. No importa lo rico que sea el lenguaje del hombre, es incapaz de articular plenamente la practicidad y la normalidad de Dios. El hombre solo puede conocer a Dios de una manera más práctica y solo lo puede ver con mayor claridad si Dios personalmente obra entre los hombres y muestra por completo Su imagen y Su ser. Este efecto no lo puede lograr ningún ser humano de la carne. Por supuesto, el Espíritu de Dios también es incapaz de lograr este efecto. Dios puede salvar a los hombres corruptos de la influencia de Satanás, pero esta obra no la puede conseguir directamente el Espíritu de Dios; más bien, solo la puede hacer la carne que se pone el Espíritu de Dios, la carne encarnada de Dios. Esta carne es un ser humano y también es Dios; esta carne es una persona que posee una humanidad normal y también es Dios que posee una divinidad completa. Y entonces, aunque esta carne no es el Espíritu de Dios, y difiere grandemente del Espíritu, todavía es Dios mismo encarnado que salva a los hombres, que es el Espíritu y también la carne. No importa cómo se le llame, en última instancia sigue siendo Dios mismo el que salva a la humanidad. Porque el Espíritu de Dios es indivisible de la carne y la obra de la carne también es la obra del Espíritu de Dios; es solo que esta obra no se hace usando la identidad del Espíritu sino la identidad de la carne. La obra que el Espíritu ha de hacer de manera directa no necesita encarnación, y la obra que la carne tiene que hacer no la puede hacer directamente el Espíritu y solo la puede hacer el Dios encarnado. Esto es lo que se necesita para esta obra y lo que necesita la humanidad corrupta. En las tres etapas de la obra de Dios, solo una etapa fue llevada a cabo directamente por el Espíritu, y las dos etapas restantes son llevadas a cabo por el Dios encarnado y no directamente por el Espíritu. La obra de la Era de la Ley que el Espíritu hizo no implicó cambiar el carácter corrupto del hombre y tampoco tuvo relación con el conocimiento que el hombre tenía de Dios. La obra de la carne de Dios en la Era de la Gracia y la Era del Reino, sin embargo, involucra al carácter corrupto del hombre y su conocimiento de Dios y es una parte importante y crucial de la obra de salvación. Por lo tanto, la humanidad corrupta tiene mayor necesidad de la salvación del Dios encarnado y de Su obra directa. La humanidad necesita al Dios encarnado para que la pastoree, la apoye, la riegue, la alimente, la juzgue y la castigue, así como necesita más gracia y una mayor redención del Dios encarnado. Solo Dios en la carne puede ser el confidente, el pastor y el pronto auxilio del hombre, y todo ello es la necesidad de la encarnación tanto hoy como en tiempos pasados.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 121
Satanás ha corrompido al hombre y este es la más elevada de todas las criaturas de Dios, así que el hombre necesita la salvación de Dios. El objeto de la salvación de Dios es el hombre, no Satanás, y lo que será salvado es la carne y el alma del hombre, no los diablos. Satanás es el objeto de la aniquilación de Dios, el hombre es el objeto de Su salvación, y Satanás ha corrompido la carne del hombre, por lo que esta es lo primero que debe ser salvado. La carne del hombre ha sido la más profundamente corrompida y se ha convertido en algo que se opone a Dios, tanto que incluso se opone y niega abiertamente Su existencia. Esta carne corrupta es simplemente demasiado obstinada y no hay nada más difícil con lo que lidiar o que cambiar que el carácter corrupto de la carne. Satanás viene a la carne del hombre para provocar perturbaciones y la usa para perturbar la obra de Dios y perjudicar Su plan, de tal manera que el hombre se ha convertido en Satanás y en enemigo de Dios. Para que el hombre sea salvado primero debe ser conquistado. Por eso Dios acepta el reto y viene en la carne para hacer la obra que pretende y librar la batalla contra Satanás. Su meta es la salvación del hombre, que se ha corrompido, y la derrota y aniquilación de Satanás, que se rebela contra Él. Derrota a Satanás por medio de Su obra de conquistar al hombre, mientras que al mismo tiempo salva a la especie humana corrupta. Es una obra que consigue dos objetivos a la vez. Obra y habla en la carne y emprende toda la obra en la carne con el fin de tener un mejor contacto con el hombre y conquistarlo de mejor manera. La última vez que Dios se haga carne, concluirá en la carne Su obra de los últimos días. Va a ordenar a todas las personas según su tipo, concluirá toda Su gestión y también toda Su obra en la carne. Después de que toda Su obra en la tierra llegue a su fin, resultará completamente victorioso. Al obrar en la carne, Dios habrá conquistado y ganado por completo a la humanidad. ¿No quiere decir esto que toda Su gestión habrá llegado a un fin? Cuando Dios concluya Su obra en la carne, cuando haya derrotado por completo a Satanás y haya salido victorioso, Satanás ya no tendrá oportunidad de corromper al hombre. La obra de la primera encarnación de Dios fue redención y el perdón de los pecados del hombre. Ahora es la obra de conquistar y ganar por completo a la humanidad para que Satanás ya no tenga manera de hacer su obra, haya perdido completamente y Dios haya salido del todo victorioso. Esta es la obra de la carne y es la obra que Dios mismo hace.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 122
La obra inicial de las tres etapas de la obra de Dios la hizo directamente el Espíritu y no la carne. La obra final de las tres etapas de la obra de Dios, sin embargo, la hace el Dios encarnado y no el Espíritu directamente. La obra de redención de la etapa intermedia también la hizo Dios en la carne. A lo largo de toda la obra de gestión, la obra más importante es salvar al hombre de la influencia de Satanás. La obra clave es conquistar completamente a las personas corruptas para así poder restaurar el corazón temeroso de Dios original de aquellos que han sido conquistados y que puedan lograr una vida humana normal, es decir, la vida normal de un ser creado. Esta obra es crucial y es el núcleo de la obra de gestión. En las tres etapas de la obra de salvación, la primera etapa de la obra de la Era de la Ley estaba lejos del núcleo de la obra de gestión; solo tenía la ligera apariencia de la obra de salvación y no era el inicio de la obra de Dios de salvar al hombre del poder de Satanás. La primera etapa de la obra la hizo directamente el Espíritu porque, bajo la ley, el hombre solo sabía acatarla y no tenía más verdad, y porque la obra en la Era de la Ley apenas involucraba cambios en el carácter del hombre, y mucho menos tenía que ver con la obra de cómo salvarlo del poder de Satanás. Así, el Espíritu de Dios completó esta etapa supremamente simple de la obra que no tenía que ver con el carácter corrupto del hombre. Esa etapa de la obra tuvo poca relación con el núcleo de la gestión y no tuvo gran correlación con la obra oficial de la salvación del hombre y, por lo tanto, no requería que Dios se hiciera carne para hacer personalmente Su obra. La obra que el Espíritu hace es implícita y es insondable, y para el hombre es profundamente aterradora e inaccesible; el Espíritu no es el adecuado para hacer directamente la obra de salvación ni para proporcionar directamente vida al hombre. Lo más adecuado para el hombre es transformar la obra del Espíritu en un enfoque que esté cerca del hombre, es decir, lo que es más adecuado para el hombre es que Dios se convierta en una persona normal y corriente para hacer Su obra. Esto requiere que Dios se encarne para reemplazar al Espíritu en Su obra, y para el hombre no hay una forma más apropiada de obrar por parte de Dios. De entre estas tres etapas de la obra, dos las lleva a cabo la carne y son las fases claves de la obra de gestión. Las dos encarnaciones son mutuamente complementarias y se complementan perfectamente entre sí. La primera etapa de la encarnación de Dios puso el fundamento para la segunda etapa y se puede decir que las dos encarnaciones de Dios forman un todo y no son incompatibles entre sí. Estas dos etapas de la obra de Dios las lleva a cabo Dios en Su identidad encarnada porque son de crucial importancia para toda la obra de gestión. Casi se podría decir que, sin la obra de las dos encarnaciones de Dios, toda la obra de gestión se detendría por completo y la obra de salvar a la humanidad no sería nada más que palabras vacías. Que esta obra sea o no importante se basa en la necesidad de la humanidad, en la realidad de la depravación de esta, y en la gravedad de la rebeldía de Satanás y la perturbación que causa en la obra. El adecuado que está a la altura de la tarea se basa en la naturaleza de la obra realizada por el obrero y en la importancia de la obra. Cuando se trata de la importancia de esta obra, en términos de qué método adoptar para obrar —la obra hecha directamente por el Espíritu de Dios o la realizada por Dios encarnado o por el hombre— la primera que se debe eliminar es la obra hecha a través del hombre y, basándose en la naturaleza de la obra y la naturaleza de la obra del Espíritu en comparación con la de la carne, en última instancia se decide que la obra hecha por la carne es más beneficiosa para el hombre que la realizada directamente por el Espíritu, y ofrece más ventajas. Este es el pensamiento que Dios tuvo cuando decidió si la obra la debía hacer el Espíritu o la carne. Hay una relevancia y una base para cada etapa de la obra. Ninguna de estas etapas de la obra está basada en imaginaciones sin fundamento ni tampoco se lleva a cabo de un modo arbitrario; hay cierta sabiduría en ellas. Esta es la historia real detrás de toda la obra de Dios. En particular, en esa obra grandiosa como Dios encarnado obrando personalmente entre los hombres más si cabe contiene el plan de Dios. Por lo tanto, la sabiduría de Dios y la totalidad de Su ser se reflejan en cada una de Sus acciones, pensamientos e ideas en Su obra; este es el ser de Dios que es más concreto y sistemático. Es difícil que el hombre imagine estos pensamientos e ideas sutiles, es difícil que el hombre los crea y, además, que los conozca. La obra hecha por el hombre está de acuerdo con los principios generales, lo cual es altamente satisfactoria para el hombre. Pero comparada con la obra de Dios, hay simplemente una disparidad excesiva. Aunque los hechos de Dios son grandiosos y la obra de Dios es de una magnífica escala, detrás de ellos hay muchos planes y arreglos minuciosos y precisos que son inconcebibles para el hombre. Cada etapa de Su obra no solo se realiza conforme a principios, sino que también contiene numerosas cosas que el lenguaje humano no puede articular plenamente, y estas son las que al hombre le son invisibles. Independientemente de si es la obra del Espíritu o la obra de Dios encarnado, cada una contiene los planes de Su obra. Él no obra infundadamente y no hace una obra sin sentido. Cuando el Espíritu obra directamente, lo hace con Sus metas, y cuando se hace hombre (es decir, cuando transforma Su caparazón exterior) para obrar, esto tiene más aun su importancia. ¿Por qué otro motivo cambiaría Su identidad a la ligera? ¿Por qué se convertiría casualmente en una persona despreciada y que es perseguida?
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Palabras diarias de Dios Fragmento 123
Su obra en la carne es de la máxima importancia, lo cual se habla con respecto a la obra y Aquel que en última instancia concluye la obra es el Dios encarnado y no el Espíritu. Algunos creen que Dios puede en algún momento desconocido venir a la tierra y aparecerse al hombre, tras lo cual juzgará personalmente a todos los seres humanos, probándolos uno por uno sin omitir a nadie. Los que piensan de esta manera no conocen esta etapa de la obra de encarnación. Dios no juzga a las personas una tras otra ni se les hace pasar un examen una por una; hacerlo así no sería la obra de juicio. ¿Acaso no es la corrupción de toda la especie humana la misma? ¿No es la esencia de toda la especie humana la misma? Lo que se juzga es la esencia corrupta de la humanidad, la esencia del hombre que Satanás corrompió y todos los pecados del hombre. Dios no juzga los defectos frívolos e insignificantes del hombre. La obra de juicio es representativa y no se lleva a cabo especialmente para una cierta persona, más bien, es la obra en la que un grupo de personas es juzgado con el fin de representar el juicio de toda la especie humana. La obra hecha por Dios en la carne consiste en usar Su obra realizada en persona en un grupo de gente para representar la obra de toda la especie humana, después de lo cual se difunde gradualmente. La obra de juicio también es así. Dios no juzga a una cierta clase de personas o a un cierto grupo de ellas, sino que juzga la injusticia de toda la especie humana, como la oposición del hombre a Dios, la falta de temor de Dios en el hombre o la perturbación de la obra de Dios por parte del hombre. Lo que se juzga es la esencia de oposición a Dios de la especie humana y esta obra de juicio es la obra de conquista de los últimos días. La obra y la palabra del Dios encarnado de las que el hombre es testigo son la obra de juicio ante el gran trono blanco durante los últimos días, la cual el hombre albergó en sus nociones durante tiempos pasados. La obra que actualmente está haciendo el Dios encarnado es exactamente el juicio ante el gran trono blanco. El Dios encarnado de hoy es el Dios que juzga a toda la humanidad durante los últimos días. Esta carne y la obra, la palabra y el carácter completo de la misma son la totalidad de Él. Aunque la esfera de la obra de esta carne es limitada y no involucra de manera directa todo el universo, la esencia de la obra de juicio es el juicio directo de toda la especie humana; esta obra no es solo en aras del pueblo escogido de China ni se lleva a cabo para un reducido número de personas. Durante la obra de Dios en la carne, aunque la esfera de esta obra no involucra a todo el universo, representa la obra del universo al completo, y después de que Él concluya la obra dentro de la esfera de la obra de Su carne, de inmediato difundirá esta obra a todos los lugares en el universo, de la misma manera que el evangelio de Jesús se difundió después de Su resurrección y ascensión. Independientemente de si es la obra del Espíritu o la obra de la carne, es la que se lleva a cabo dentro de una esfera limitada pero que representa la obra de todo el universo. Durante los últimos días, Dios hace Su obra al aparecer en Su identidad encarnada y Dios en la carne es el Dios que juzga al hombre ante el gran trono blanco. Independientemente de si Él es el Espíritu o la carne, el que hace la obra de juicio es el Dios que juzga a la humanidad durante los últimos días. Esto se determina mediante la obra que Él hace, no por Su apariencia externa u otros diversos factores. Aunque el hombre alberga nociones de estas palabras, nadie puede negar el hecho del juicio del Dios encarnado y Su conquista de toda la humanidad. Independientemente de lo que piense el hombre, los hechos son, después de todo, hechos. Nadie puede decir: “Dios hace la obra pero la carne no es Dios”. Esto es una falacia, porque esta obra nadie la puede hacer excepto Dios en la carne. Puesto que esta obra ya se ha terminado, después de ella la del juicio de Dios para el hombre no aparecerá por segunda vez; Dios en Su segunda encarnación ya ha terminado por completo toda la obra de gestión y no habrá una cuarta etapa de la obra de Dios. Porque el que es juzgado es el hombre, el hombre que es de la carne y se ha corrompido, y no es el espíritu de Satanás el que es juzgado directamente, por tanto, la obra de juicio no se lleva a cabo en el reino espiritual sino entre los hombres.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 124
Nadie es más adecuado y está más calificado que Dios en la carne para hacer la obra de juzgar la corrupción de la carne del hombre. Si el juicio lo llevara a cabo directamente el Espíritu de Dios, entonces no lo abarcaría todo y, además, sería difícil que el hombre aceptara esto, porque el Espíritu no puede enfrentarse cara a cara con el hombre. A la luz de este punto, los efectos no serían inmediatos, y mucho menos el hombre sería capaz de contemplar con mayor claridad el carácter de Dios que no se debe ofender. Satanás solo puede ser completamente derrotado si Dios en la carne juzga la corrupción de la especie humana. Dios en la carne es también una persona con humanidad normal, pero Él puede juzgar directamente la injusticia del hombre; este es el signo de Su santidad innata y Su singularidad. Solo Dios está calificado y se halla en posición de juzgar al hombre, y es capaz de hacerlo porque posee la verdad y la justicia. Los que no tienen la verdad y la justicia no son aptos para juzgar a los demás. Si esta obra la hiciera el Espíritu de Dios, entonces no significaría una victoria sobre Satanás. Por naturaleza, el Espíritu es más elevado que los seres mortales y, por naturaleza, el Espíritu de Dios es santo y victorioso sobre la carne. Si el Espíritu hiciera esta obra directamente, no sería capaz de juzgar toda la rebeldía del hombre y no podría revelar toda su injusticia. Porque la obra de juicio también se lleva a cabo por medio de las nociones que el hombre tiene de Dios y el hombre nunca ha tenido ninguna noción del Espíritu, y por eso el Espíritu es incapaz de revelar mejor la injusticia del hombre, mucho menos de exponer minuciosamente tal injusticia. El Dios encarnado es el enemigo de todos aquellos que no lo conocen. Por medio de juzgar las nociones del hombre sobre Él y su oposición a Él, expone toda la rebeldía de la humanidad. Los efectos de Su obra en la carne son más obvios que los de la obra del Espíritu. Y así, el juicio de toda la humanidad no lo lleva a cabo directamente el Espíritu, sino que es la obra del Dios encarnado. El hombre puede ver y tocar al Dios en la carne y el Dios en la carne puede conquistar por completo al hombre. El hombre avanza de la oposición a Dios a la sumisión a Él, de la persecución a la aceptación de Dios, de tener nociones sobre Él a conocerlo, así como de rechazarlo a amarlo. Estos son los efectos de la obra del Dios encarnado. El hombre solo es salvo a través de la aceptación de Su juicio, solo llega a conocerlo poco a poco a través de las palabras de Su boca, es conquistado por Él durante su oposición a Él, y recibe la provisión de Su vida durante la aceptación de Su castigo. Toda esta obra es la obra de Dios en la carne y no la obra de Dios en Su identidad como el Espíritu. La obra que hace el Dios encarnado es la más grande y más profunda, y la parte crucial de las tres etapas de la obra de Dios son las dos etapas de la obra de encarnación. Los obstáculos que afronta la obra de Dios encarnado son demasiado grandes, porque el hombre está muy profundamente corrupto. En particular, la obra llevada a cabo en los últimos días sobre estas personas está más aún plagada de dificultades; el ambiente es hostil y el calibre de cada clase de persona es bastante pobre. Sin embargo, al final de esta obra, aun así logrará el resultado debido, sin quedarse corto en lo más mínimo; este es el efecto de la obra de la carne y este efecto es más convincente que el de la obra del Espíritu. Las tres etapas de la obra de Dios las concluirá en la carne y las debe concluir el Dios encarnado. La obra más importante y crucial la hace en la carne, y la salvación del hombre la debe llevar a cabo personalmente Dios en la carne. Aunque toda la humanidad sienta que Dios en la carne parece no tener relación con el hombre, de hecho, esta carne tiene que ver con el porvenir y la existencia de toda la humanidad.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 125
Cada etapa de la obra de Dios se implementa por el bien de toda la humanidad y se dirige a toda ella. Aunque es Su obra en la carne, aun así se dirige a toda la humanidad; Él es el Dios de toda la humanidad y de todos los seres creados y no creados. Aunque Su obra en la carne está dentro de una esfera limitada, y el objeto de esta obra también es limitado, cada vez que se hace carne para hacer Su obra, escoge un objeto de Su obra que es supremamente representativo. No selecciona a un grupo de gente simple y ordinario en el cual obrar, sino que escoge como el objeto de Su obra a un grupo de personas capaces de ser representativas de Su obra en la carne. Este grupo de personas se escoge porque la esfera de Su obra en la carne es limitada y está preparado especialmente para Su carne encarnada y se escoge especialmente para Su obra en la carne. La selección que Dios hace de los objetos de Su obra no es infundada, sino que se hace de acuerdo al principio: el objeto de la obra debe ser beneficioso para la obra de Dios en la carne y debe ser capaz de representar a toda la humanidad. Por ejemplo, los judíos pudieron representar a toda la humanidad al aceptar la redención personal de Jesús y los chinos pueden representar a toda la humanidad al aceptar la conquista personal del Dios encarnado. Existe una base para que los judíos representen a toda la humanidad y también la hay para que las personas chinas representen a toda la humanidad al aceptar la conquista personal de Dios. Nada demuestra más la relevancia de la redención que la obra de redención que se hizo entre los judíos y nada demuestra más la exhaustividad y el éxito de la obra de conquista que la obra de conquista llevada a cabo entre las personas chinas. La obra y la palabra del Dios encarnado parece que solo se dirigen a un pequeño grupo de personas, pero de hecho hace la obra de todo el universo y le habla a toda la especie humana, dentro de este pequeño grupo. Después de que Su obra en la carne llegue a su fin, los que lo sigan van a comenzar a difundir la obra que Él ha hecho entre ellos. La mayor fortaleza de Su obra en la carne es que Él puede dejar palabras y exhortaciones exactas y Sus intenciones precisas para la humanidad a los que lo siguen, para que después Sus seguidores puedan, de una manera más exacta y en términos más prácticos, transmitir toda Su obra en la carne y Sus intenciones respecto de toda la humanidad a los que aceptan este camino. Solo Dios en la carne obrando entre los hombres verdaderamente hace realidad que Dios esté y viva junto con el hombre y cumple el deseo del hombre de contemplar el rostro de Dios, de presenciar Su obra y de escuchar la palabra personal de Dios. El Dios encarnado da fin a la era en la que solo la espalda de Jehová se aparecía a la especie humana, concluye también la era de la creencia de la especie humana en los dioses difusos. En particular, la obra de la última encarnación de Dios trae a toda la especie humana a una era más realista, más práctica y más bella. Esta obra no solo concluye la era de la ley y los preceptos, sino que, lo que es más importante, da a conocer a la especie humana el Dios que es práctico y normal, que es justo y santo, que abre la obra del plan de gestión y demuestra los misterios y el destino de la humanidad, que creó a la humanidad y da fin a la obra de gestión y que ha permanecido oculto por miles de años. Esta obra da fin por completo a la era de vaguedad, concluye la era en la que toda la humanidad deseaba buscar el rostro de Dios pero no era capaz de hacerlo, termina la era en la que toda la humanidad servía a Satanás y guía a toda la humanidad hasta llegar a una era completamente nueva. Todo esto es el resultado de la obra de Dios en la carne en vez de la del Espíritu de Dios. Solo cuando Dios obra en Su carne, los que lo siguen ya no buscan ni andan a tientas por esas cosas que parecen existir y no existir a la vez, y dejan de tratar de adivinar las intenciones de los dioses difusos. Cuando Dios difunde Su obra en la carne, los que lo siguen transmitirán la obra que ha hecho en la carne a todas las religiones y denominaciones, y van a diseminar todas Sus palabras a oídos de toda la humanidad. Todo lo que escuchen los que reciban Su evangelio va a ser los hechos de Su obra y va a ser las cosas que el hombre personalmente haya visto y escuchado; va a ser hechos y no rumores. Estos hechos son la evidencia con la cual Él difunde la obra y también son las herramientas que usa para difundir la obra. Sin la existencia de los hechos, Su evangelio no se difundiría a todos los países y a todos los lugares; sin los hechos, solo con las imaginaciones del hombre, Él nunca podría hacer la obra de conquistar todo el universo. El Espíritu no es palpable para el hombre, le es invisible y la obra del Espíritu es incapaz de dejarle al hombre más pruebas o más hechos de la obra de Dios. El hombre nunca contemplaría el verdadero rostro de Dios, siempre creería en un dios difuso que no existe. El hombre nunca contemplaría el rostro de Dios ni nunca escucharía las palabras pronunciadas por Dios personalmente. Las imaginaciones del hombre son huecas, después de todo, y no pueden reemplazar el verdadero rostro de Dios; el hombre no puede imitar el carácter inherente de Dios y la obra de Dios mismo. El Dios invisible en el cielo y Su obra solo pueden ser traídos a la tierra por el Dios que se hace carne y viene entre los hombres para hacer en persona Su obra. Esta es la manera más ideal para que Dios se aparezca al hombre, y para que el hombre vea a Dios y llegue a conocer Su verdadero rostro, y esto no lo puede lograr un Dios no encarnado. Habiendo Dios llevado a cabo Su obra hasta esta etapa, Su obra ya ha logrado el efecto óptimo y ha sido un éxito total. La obra personal de Dios en la carne ya ha completado el noventa por ciento de toda Su obra de gestión. Esta carne ha guiado toda Su obra a un mejor comienzo y esta carne ha traído toda Su obra a una conclusión, ha promulgado toda Su obra y ha hecho la última reposición a fondo de toda esta obra. De ahora en adelante, no habrá otro Dios encarnado para hacer la cuarta etapa de la obra de Dios y ya no habrá ninguna maravillosa obra de una tercera encarnación de Dios.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 126
Cada etapa de la obra de Dios en la carne representa Su obra de toda la era y no un cierto periodo, como lo hace la obra del hombre. Y de esta manera el fin de la obra de Su última encarnación no quiere decir que Su obra haya llegado a un final completo, porque Su obra en la carne representa toda la era y no solo el periodo en el que hace Su obra en la carne. De lo que se trata es de que termina Su obra de la era al completo durante el tiempo que está en la carne, después de lo cual se esparce a todos los lugares. Cuando el Dios encarnado cumpla Su ministerio, encomendará Su obra futura a los que lo siguen. De esta manera, Su obra de toda la era continuará de un modo continuo. La obra de toda la era de la encarnación solo se va a considerar completa una vez que se haya difundido a todo lugar en el universo. La obra de Dios encarnado da inicio a una nueva era y los que continúan Su obra son los que Él usa. Toda la obra hecha por el hombre está dentro del ministerio de Dios en la carne y no puede ir más allá de esta esfera. Si Dios encarnado no hubiese venido a hacer Su obra, el hombre no sería capaz de dar fin a la era antigua ni de dar inicio a la nueva era. La obra que hace el hombre es solamente dentro del rango de su deber, que es humanamente posible y no representa la obra de Dios. Solo el Dios encarnado puede venir y completar la obra que Él debe hacer y, excepto por Él, nadie puede hacer esta obra en Su lugar. Por supuesto, de lo que hablo es en relación con la obra de encarnación. Este Dios encarnado lleva primero a cabo una etapa de la obra que no se conforma a las nociones del hombre, después de lo cual hace más obra que no se conforma a las nociones del hombre. La meta de la obra es la conquista del hombre. En un aspecto, la encarnación de Dios no se conforma a las nociones del hombre, además, Él hace más obra que no se conforma a las nociones del hombre y, así, este desarrolla puntos de vista incluso más críticos acerca de Él. Hace precisamente la obra de conquista entre las personas que tienen múltiples nociones acerca de Él. Independientemente de cómo lo traten, una vez que haya cumplido Su ministerio, todos los hombres se habrán sometido a Su dominio. El hecho de esta obra no solo se refleja entre las personas chinas, sino que también representa cómo va a ser conquistada toda la humanidad. Los efectos que se logran en estas personas son un anticipo de los efectos que se van a lograr en toda la humanidad y los efectos de la obra que Él hace en el futuro incluso excederán cada vez más los efectos en estas personas. La obra de Dios en la carne no involucra grandes fanfarrias ni tampoco está envuelta en la niebla. Es real y actual y es una obra en la cual las cosas son como son. No está escondida de nadie ni tampoco engaña a nadie. Lo que las personas ven son cosas reales y genuinas y lo que el hombre gana es conocimiento práctico y verdad. Cuando la obra termine, el hombre tendrá un nuevo conocimiento de Él y los que verdaderamente estén en la búsqueda ya no tendrán ninguna noción acerca de Él. Este no es solo el resultado de Su obra en las personas chinas, sino que también representa el resultado de Su obra de conquistar a toda la humanidad, porque nada es más beneficioso para la obra de conquistar a toda la humanidad que esta carne, su obra y todo lo de esta carne. Resultan beneficiosos para Su obra actual y para Su obra en el futuro. Esta carne conquistará y ganará a toda la humanidad. No hay mejor obra para toda la especie humana que contemplar a Dios, someterse a Él y conocerlo. La obra que el hombre hace solo representa una esfera limitada, y cuando Dios hace Su obra no le habla a cierta persona, sino que le habla a toda la humanidad y a todos los que aceptan Sus palabras. Al proclamar desenlaces, los desenlaces que proclama son los de todas las personas, no solo el desenlace de una concreta. No le da un trato especial a nadie ni tampoco le pone difíciles las cosas a nadie; Él obra en toda la especie humana, le habla a toda la especie humana. Por lo tanto, este Dios encarnado ya ha ordenado a toda la humanidad según su clase, ya la ha juzgado, ha dispuesto destinos adecuados para toda la humanidad. Aunque Dios solo haga Su obra en China, en realidad Él ya ha resuelto la obra de todo el universo. No puede esperar a que Su obra se haya esparcido entre toda la humanidad para hacer Sus declaraciones y arreglos paso a paso. ¿No sería eso demasiado tarde? Ahora es totalmente capaz de completar la obra futura por adelantado. Esto es porque el que está obrando es Dios en la carne; Él está haciendo una obra ilimitada dentro de una esfera limitada y después va a hacer que el hombre realice el deber que debería desempeñar; este es el principio de Su obra. Solo puede vivir con el hombre por un tiempo y no puede acompañarlo hasta que la obra de toda la era haya concluido. Dado que Él es Dios, predice Su obra futura por adelantado. Después, ordenará a toda la especie humana según su tipo de acuerdo con Sus palabras y la especie humana entrará en Su obra paso a paso de acuerdo con ellas. Nadie escapará y todos deben practicar de acuerdo a esto. Así que, en el futuro Sus palabras guiarán la era y no el Espíritu.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 127
La carne del hombre ha sido corrompida por Satanás, ha sido cegada de la manera más profunda, dañada profundamente. La razón más fundamental por la que Dios obra personalmente en la carne es que el objeto de Su salvación es el hombre, que es de la carne, y que Satanás también usa la carne del hombre para perturbar la obra de Dios. La batalla contra Satanás es en realidad la obra de conquistar al hombre y, al mismo tiempo, el hombre también es el objeto de la salvación de Dios. Así pues, que Dios se haga carne para hacer Su obra es sumamente necesario. Satanás corrompió la carne del hombre y el hombre se convirtió en la personificación de Satanás y se volvió el objeto que Dios debe derrotar. Por tanto, la obra de librar la batalla contra Satanás y salvar a la humanidad ocurre en la tierra y Dios se debe hacer humano con el fin de librar la batalla contra Satanás. Esta es una obra de lo más práctica. Cuando Dios está obrando en la carne, en realidad está librando la batalla contra Satanás en la carne. Cuando obra en la carne, está haciendo Su obra del reino espiritual y hace que toda Su obra en el reino espiritual se materialice en la tierra. El que es conquistado es el hombre, que es rebelde contra Él, el que es derrotado es la personificación de Satanás (por supuesto, este también es el hombre), que está en enemistad con Él, y el que es salvado a fin de cuentas también es el hombre. Así pues, es incluso más necesario que Dios se convierta en un humano que tenga el caparazón exterior de un ser creado, para que pueda mantener una batalla real con Satanás, conquistar al hombre, que es rebelde contra Él y posee el mismo caparazón exterior que Él, y salvar al hombre, que tiene el mismo caparazón exterior que Él y a quien Satanás ha dañado. Su enemigo es el hombre, el objeto de Su conquista es el hombre, el objeto de Su salvación es el hombre, al que Él creó. Así que Él debe hacerse humano, y, de esta manera, Su obra se hace mucho más fácil; es capaz de derrotar a Satanás, de conquistar a la especie humana e incluso más capaz de salvarla. Aunque esta carne es normal y práctica, Él no es una carne común: Él no es carne que solo tiene humanidad, sino carne que tiene tanto humanidad como divinidad. Esta es la diferencia entre Él y el hombre y es la marca de la identidad de Dios. Solo carne como esta puede hacer la obra que Él tiene la intención de hacer, y cumplir el ministerio de Dios en la carne y terminar por completo Su obra entre los hombres. Si no fuera así, Su obra entre los hombres siempre estaría vacía, siempre sería una laguna. Aunque Dios puede librar la batalla contra el espíritu de Satanás y salir victorioso, la antigua naturaleza del hombre corrupto nunca se puede resolver y los que son rebeldes contra Dios y se le oponen nunca pueden verdaderamente estar sujetos a Su dominio, es decir, Él nunca puede conquistar a la especie humana ni ganarla a toda ella. Si Su obra en la tierra no se puede resolver, entonces Su gestión nunca llegará a un fin y toda la humanidad no podrá entrar en el reposo. Si Dios no puede entrar en el reposo con todos Sus seres creados, entonces nunca habrá un desenlace de tal obra de gestión y la gloria de Dios por consiguiente desaparecerá. Aunque Su carne no tiene autoridad, la obra que Él hace habrá logrado su efecto. Esta es la dirección inevitable de Su obra. Independientemente de si Su carne posee o no autoridad, siempre y cuando Él sea capaz de hacer la obra de Dios mismo, entonces es Dios mismo. Independientemente de lo normal y lo corriente que sea esta carne, Él puede hacer la obra que debe hacer porque esta carne es Dios y no solo un humano. La razón por la que esta carne puede hacer la obra que el hombre no puede es que Su esencia interna es diferente a la de cualquier ser humano, así como la razón por la que Él puede salvar al hombre es que Su identidad es diferente a la de cualquier ser humano. Esta carne es tan importante para la humanidad porque es humano y, más aún, es Dios, porque puede hacer la obra que ningún hombre de carne común y corriente puede hacer, y porque puede salvar al hombre corrupto que vive junto con Él en la tierra. Aunque también es humano, el Dios encarnado es más importante para la humanidad que cualquier persona de valor porque puede hacer la obra que el Espíritu de Dios no puede, es más capaz que el Espíritu de Dios de dar testimonio de Dios mismo, es más capaz que el Espíritu de Dios de ganar por completo a la humanidad. Como resultado, aunque esta carne es normal y corriente, en cuanto a Su contribución a la especie humana y Su significado para la existencia de esta, Él es sumamente precioso y el valor y el significado reales de esta carne son inmensurables para cualquier ser humano. Aunque esta carne no puede destruir directamente a Satanás, puede usar Su obra para conquistar a la humanidad, derrotar a Satanás y hacer que este se doblegue por completo a Su dominio. Debido a que Dios está encarnado, puede derrotar a Satanás y es capaz de salvar a la humanidad. No destruye directamente a Satanás, sino que se hace carne para hacer la obra de conquistar a la humanidad, a quien Satanás ha corrompido. De esta manera, puede dar testimonio mejor de Él mismo entre Sus seres creados y puede salvar mejor al hombre corrompido. Que el Dios encarnado derrote a Satanás da un mayor testimonio y es más convincente que si el Espíritu de Dios destruyera directamente a Satanás. Dios en la carne es más beneficioso para que el hombre conozca al Creador y es más capaz de dar mejor testimonio de Él mismo entre Sus seres creados.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La especie humana corrupta tiene una necesidad más grande de la salvación del Dios encarnado
Palabras diarias de Dios Fragmento 128
Dios ha venido a la tierra para llevar a cabo Su obra en medio del hombre, aparecerse de forma personal a este y permitir que le contemple; ¿es este un asunto menor? ¡No es nada simple! Dios no ha venido, como el hombre imagina, para que los seres humanos puedan mirarle, entender que Dios es práctico y no vago ni vano, y que Dios es noble pero también humilde. ¿Podría ser tan sencillo? Precisamente porque Satanás ha corrompido la carne del hombre y al ser este a quien Dios pretende salvar, Él tiene que hacerse carne para librar batalla contra Satanás, así como para pastorear personalmente al ser humano. Solo esto es beneficioso para Su obra. Las dos encarnaciones de Dios han existido con el fin de derrotar a Satanás, y también para salvar mejor al hombre. Esto se debe a que quien le libra batalla a Satanás solo puede ser Dios, ya sea Su Espíritu o la carne de Dios encarnado. En resumen, los ángeles no pueden ser quienes luchen contra Satanás y mucho menos el hombre, que ha sido corrompido por Satanás. Los ángeles son incapaces de librar esta batalla y el hombre tiene incluso menos esperanza de involucrarse. Por ello, si Dios quiere obrar en la vida del hombre, si quiere venir personalmente a la tierra para salvar al hombre, entonces Él mismo debe encarnarse, es decir, debe adoptar personalmente la carne y, con Su identidad inherente y la obra que debe hacer, venir en medio del hombre y salvarlo de forma personal. De no ser así, si fuera el Espíritu de Dios o el hombre quien llevara a cabo esta obra, no se obtendría nunca nada de esta batalla y jamás terminaría. Solo cuando Dios se hace carne y va Él mismo a librar batalla contra Satanás, en medio de los hombres, el ser humano tiene una oportunidad de salvación. Además, Satanás se avergüenza en consecuencia y queda sin oportunidades que explotar o tramas que llevar a cabo. La obra realizada por el Dios encarnado es inalcanzable para el Espíritu de Dios, y sería aún más imposible que cualquier hombre de carne y hueso la llevara a cabo en Su lugar, porque la obra que Él hace es toda en beneficio de la vida del hombre y para cambiar el carácter corrupto del hombre. Si el hombre participara en esta batalla, solo soltaría sus armas y huiría en total deshonra y en desbandada; simplemente sería incapaz de cambiar su carácter corrupto. Sería incapaz de salvar al hombre de la cruz o de conquistar a toda la humanidad rebelde; solo podría realizar un poco de la vieja obra que no va más allá de los principios o una obra que no está relacionada con la derrota de Satanás. ¿Para qué molestarse, pues? No sería capaz de ganar al hombre y mucho menos podría cumplir la obra de derrotar a Satanás, ¿qué sentido tendría entonces? Y así, la batalla contra este solo puede ser llevada a cabo por Dios mismo, y sería sencillamente imposible que el hombre la hiciese. El deber del hombre consiste en someterse y seguir, porque es por completo incapaz de realizar una obra semejante a la de crear los cielos y la tierra y menos aún puede hacer la obra de pelear contra Satanás. El hombre solo puede satisfacer al Creador bajo el liderazgo de Dios mismo, por medio de lo cual es derrotado Satanás; esto es lo único que el hombre puede hacer. Por eso, cada vez que empieza una nueva batalla, es decir, cada vez que empieza la obra de una nueva era, es Dios mismo quien la realiza personalmente; a través de ella, dirige toda la era y abre una senda más nueva para toda la especie humana. El alba de cada nueva era es un nuevo inicio en la batalla con Satanás, por medio de la cual el hombre entra a un ámbito más nuevo y más hermoso y en una nueva era que Dios dirige personalmente. El hombre es el amo de todas las cosas, pero los que han sido ganados se convertirán en los frutos de todas las batallas con Satanás. Él es el corruptor de todas las cosas; es quien sale derrotado al final de todas las batallas, y también es aquel que será castigado después de ellas. Entre Dios, el hombre y Satanás, solo este último es quien será desdeñado. Los que fueron ganados por Satanás, y no son recuperados por Dios, se convierten mientras tanto en aquellos que reciben el castigo en nombre de Satanás. De estos tres, solo Dios debería ser adorado por todas las cosas. Los que fueron corrompidos por Satanás, pero son retomados por Dios y siguen Su camino, se convertirán en aquellos que recibirán la promesa divina y juzgarán a los malvados para Dios. Con toda seguridad, Él será victorioso y Satanás será derrotado; sin embargo, entre los hombres existen aquellos que ganarán y los que perderán. Los que ganen formarán parte de los vencedores y los que pierdan formarán parte de los perdedores, esto es ordenar a cada uno según su clase, es el desenlace final de toda la obra de Dios. Es también el propósito de toda Su obra y nunca cambiará. El núcleo central del plan de gestión de Dios se centra principalmente en la salvación del hombre, y Él se hace carne principalmente por el bien de este asunto central, por el bien de esta obra y para derrotar a Satanás. La primera vez que Dios se hizo carne también fue para vencer a Satanás. Se hizo carne personalmente y fue clavado en persona en la cruz para completar la obra de la primera batalla, que era la de la redención de la humanidad. Del mismo modo, esta etapa de obra también la realiza Dios mismo; se ha hecho carne para realizar Su obra entre los hombres, para pronunciar personalmente Su palabra y permitir que el hombre vea estas cosas. Es, por supuesto, inevitable que haga alguna otra obra por el camino, pero la razón principal por la que lleva a cabo Su obra de forma personal es para derrotar a Satanás, conquistar a toda la humanidad y ganar a esas personas. Por tanto, la obra de la encarnación de Dios no es simple. Si Su propósito solo fuera mostrarle al hombre que Dios es humilde y está escondido, y que Dios es práctico, si solo fuera por hacer esta obra, no tendría necesidad de hacerse carne. Aunque Dios no se encarnara, podría hacer una revelación directa al hombre de Su humildad y de que está escondido, de Su grandeza y Su santidad, pero tales cosas no tienen nada que ver con la obra de gestionar a la humanidad. Son incapaces de salvar al hombre o hacerlo completo, y mucho menos pueden derrotar a Satanás. Si la derrota de este solo implicara que el Espíritu librara batalla contra un espíritu, dicha obra tendría incluso menos valor práctico; sería incapaz de ganar al hombre y arruinaría su sino y sus perspectivas. Como tal, la obra de Dios tiene hoy profunda relevancia. No solo es para que el hombre pueda verle ni para que se expandan sus horizontes o le proporcione aliento y la sensación de estar un poco conmovido; una obra así no tiene relevancia. Si solo puedes hablar de esta clase de conocimiento, esto demuestra que todavía no has llegado a conocer la verdadera relevancia de la encarnación de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso
Palabras diarias de Dios Fragmento 129
Cada etapa de la obra realizada por Dios tiene su propia importancia práctica. En aquel entonces, cuando Jesús vino, lo hizo en forma de varón, y cuando Dios viene esta vez, toma la forma de mujer. A partir de esto se puede ver que la creación por parte de Dios tanto del hombre como de la mujer puede servir a Su obra, y que con Él no hay distinción de género. Cuando Su Espíritu viene, Él puede adoptar cualquier carne que desee y esa carne puede representarlo; sea varón o mujer, puede representar a Dios mientras sea Su carne encarnada. Si Jesús hubiera aparecido como mujer cuando vino —en otras palabras, si el Espíritu Santo hubiera concebido una niña y no un niño—, esa etapa de la obra se habría completado de todas formas. Si eso hubiera ocurrido, la etapa presente de la obra la habría tenido que hacer en su lugar un varón, pero de todas maneras la obra se habría completado. La obra que se lleva a cabo en cada etapa tiene su significado; ninguna de sus dos etapas repite a la otra, pero además no entran en conflicto entre sí. En aquel momento, cuando Jesús llevaba a cabo Su obra, se le llamó el Hijo unigénito, e “Hijo” indica el género masculino. ¿Por qué no se menciona al Hijo unigénito en la etapa actual? Porque los requisitos de la obra han necesitado un género diferente al de Jesús. Con Dios no hay distinción de géneros. Él realiza Su obra como lo desea y, al llevarla a cabo, no está sujeto a ninguna limitación, sino que es particularmente libre. Sin embargo, cada etapa de la obra tiene su propia importancia práctica. Dios se hizo carne dos veces, y es obvio que Su encarnación durante los últimos días es la última vez. Él ha venido a revelar todas Sus acciones. Si no se hubiera hecho carne en esta etapa ni hubiera hecho personalmente una obra que el hombre presenciara, este se aferraría siempre a la noción de que Dios es solo varón y no mujer. Antes de esto, toda la humanidad creía que Dios solo podía ser varón y que a una mujer no se la podía llamar Dios, porque todos consideraban que el hombre tenía autoridad sobre la mujer. Creían que ninguna mujer podía asumir la autoridad; solo los hombres. Aún más, incluso decían que el hombre era la cabeza de la mujer y que la mujer debía obedecer al hombre y no podía sobrepasarlo. Cuando se afirmó en el pasado que el hombre era la cabeza de la mujer, se dijo con respecto a Adán y a Eva, a quienes la serpiente había engañado, y no al hombre y a la mujer creados por Jehová en el principio. Por supuesto, una mujer debe obedecer y amar a su marido, y un marido debe aprender a proveer de alimento y sustento a su familia. Son las leyes y estatutos establecidos por Jehová que la humanidad debe cumplir durante su vida en la tierra. Jehová dijo a la mujer: “Tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti”. Esto solo se dijo para que la humanidad (es decir, tanto el hombre como la mujer) pudiera vivir una vida normal bajo el dominio de Jehová, y para que la vida de la humanidad tuviera una estructura y no perdiera el orden que le correspondía. Por ello, Jehová elaboró normas apropiadas en cuanto a cómo debían actuar el hombre y la mujer, aunque esto solo se refería a todos los seres creados que vivían sobre la tierra y no tenía relación con la carne encarnada de Dios. ¿Cómo podría ser Dios lo mismo que Sus seres creados? Sus palabras solo iban dirigidas a la humanidad de Su creación; Él estableció reglas para el hombre y la mujer con el fin de que la humanidad pudiera vivir una vida normal. En el principio, cuando Jehová creó a la humanidad, hizo dos clases de seres humanos, tanto al varón como a la mujer; y, por eso, hay una división entre el varón y la mujer en Sus carnes encarnadas. Él no determinó Su obra con base en las palabras que pronunció a Adán y Eva. Las dos veces que se ha hecho carne se han determinado totalmente de acuerdo con Su pensamiento cuando creó por primera vez a la humanidad. Es decir, Él ha completado la obra de Sus dos encarnaciones con base en el varón y la mujer antes de ser corrompidos. Si la humanidad tomara las palabras que Jehová pronunció a Adán y Eva, quienes habían sido engañados por la serpiente, y las aplicara a la obra de la encarnación de Dios, ¿acaso Jesús no tendría también que amar a Su esposa tal como le corresponde? ¿Seguiría Dios siendo Dios, entonces? Siendo esto así, ¿seguiría siendo capaz de completar Su obra? Si es incorrecto que la carne encarnada de Dios sea mujer, entonces ¿no habría sido también un error de la mayor magnitud que Dios creara a la mujer? Si la gente sigue creyendo que sería un error que Dios se encarnara como mujer, entonces ¿no estaría Jesús —quien no se casó ni amó a Su esposa— igual de errado que la presente encarnación? Ya que usas las palabras que Jehová dijo a Eva para evaluar la verdad de la encarnación de Dios en el presente, debes usar las palabras de Jehová a Adán para juzgar al Señor Jesús, quien se hizo carne en la Era de la Gracia. ¿No es exactamente lo mismo? Ya que evalúas al Señor Jesús conforme al varón a quien la serpiente no había engañado, no puedes juzgar la verdad de la encarnación actual de acuerdo con la mujer a quien la serpiente engañó. ¡Eso sería injusto! Evaluar a Dios de esta manera demuestra que no posees razón. Cuando Jehová se hizo carne dos veces, el género de Su carne estaba relacionado con el varón y la mujer que no habían sido engañados por la serpiente; en dos ocasiones Él se hizo carne conforme al varón y la mujer que no habían sido seducidos por la serpiente. No pienses que la masculinidad de Jesús era la misma que la de Adán, quien fue engañado por la serpiente. No tienen ninguna relación; son dos varones de diferente naturaleza. ¿Acaso puede ser que la masculinidad de Jesús demuestre que Él es la cabeza de todas las mujeres, pero no de todos los hombres? ¿No es Él el Rey de todos los judíos (incluidos hombres y mujeres)? Él es Dios mismo, no solo la cabeza de la mujer, sino del hombre también. Él es el Señor de todos los seres creados y la cabeza de todos ellos. ¿Cómo podrías determinar que la masculinidad de Jesús es el símbolo de la cabeza de la mujer? ¿No sería una blasfemia? Jesús es un varón que no ha sido corrompido. Él es Dios; Él es Cristo; Él es el Señor. ¿Cómo podría ser un varón como Adán, que fue corrompido? Jesús es la carne con la que se viste el santísimo Espíritu de Dios. ¿Cómo podrías decir que Él es un Dios que posee la masculinidad de Adán? En ese caso, ¿no estaría errada toda la obra de Dios? ¿Habría incorporado Jehová dentro de Jesús la masculinidad de Adán, quien fue engañado por la serpiente? ¿No es la encarnación actual otro ejemplo de la obra de Dios encarnado, que tiene un género diferente al de Jesús, pero igual que Él en Su naturaleza? ¿Todavía te atreves a decir que Dios encarnado no podría ser una mujer, ya que fue una mujer la primera que fue engañada por la serpiente? ¿Todavía te atreves a decir que, al ser la mujer la más inmunda y el origen de la corrupción de la especie humana, Dios no podría en absoluto encarnarse como una mujer? ¿Todavía te atreves a insistir en que “la mujer siempre obedecerá al hombre y nunca podrá manifestar o representar directamente a Dios”? Antes no lo entendías, pero ¿puedes seguir blasfemando ahora contra la obra de Dios, especialmente contra la carne encarnada de Dios? Si no tienes esto claro, mejor cuida tu lengua, para que no se revelen tu insensatez y tu ignorancia, y tu fealdad no quede expuesta. No pienses que lo entiendes todo. Yo te digo que todo lo que has visto y experimentado es insuficiente para que entiendas siquiera una milésima parte de Mi plan de gestión. ¿Por qué actúas, pues, con tanta altanería? ¡Esa pequeña pizca de talento y el conocimiento exiguo que tienes son insuficientes para que Jesús los use siquiera en un solo segundo de Su obra! ¿Cuánta experiencia posees realmente? ¡Lo que has visto y todo lo que has oído durante tu vida, y lo que has imaginado, es menos que la obra que Yo hago en un momento! Será mejor que no seas quisquilloso ni critiques. Por muy arrogante que seas, ¡no eres más que un ser creado que no puede compararse siquiera con una hormiga! ¡Todo lo que hay en ti es menos que lo que hay en una hormiga! No pienses que, porque hayas experimentado muchas cosas y tengas antigüedad, eso te da derecho a gesticular como loco y hablar con grandilocuencia. ¿Acaso no tienes esta experiencia y antigüedad debido a las palabras que Yo he pronunciado? ¿Crees que se ganaron por medio de tu propio trabajo y esfuerzo? Hoy, ves que me he hecho carne y, solo como consecuencia de ello, en ti hay una sobreabundancia de conceptos y nociones sin fin. De no ser por Mi encarnación, por muy extraordinarios que fueran tus talentos, no tendrías tantos conceptos. ¿No es de aquí de donde surgen tus nociones? De no ser por la primera vez que Jesús se hizo carne, ¿sabrías algo de la encarnación? ¿No tienes el descaro de intentar juzgar la segunda encarnación solo porque supiste por la primera que Dios se hizo carne? ¿Por qué la sometes a escrutinio en lugar de ser un seguidor sumiso? Cuando entres en esta corriente y vengas delante del Dios encarnado, ¿acaso te permitiría Él escrutarlo? Puedes escrutar tu propia historia familiar, pero si intentas escrutar la “historia familiar” de Dios, ¿acaso el Dios actual te permitiría hacerlo? ¿Acaso no estás ciego? ¿Acaso no haces el ridículo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación
Palabras diarias de Dios Fragmento 130
Jesús y Yo venimos de un solo Espíritu. Aunque Nuestra carne no tiene relación, Nuestro Espíritu es uno; aunque el contenido de lo que hacemos y la obra que asumimos no son los mismos, Nuestra esencia es la misma; Nuestra carne adopta distintas formas, pero esto se debe al cambio de era y a los diferentes requisitos de Nuestra obra; Nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que revelamos al hombre también son diferentes. Por eso, lo que el hombre ve y entiende hoy es diferente a lo del pasado, lo cual se debe al cambio de era. A pesar de que son diferentes en cuanto al género y la forma de Su carne y de que no nacieron de la misma familia y, mucho menos, en la misma época, Su Espíritu de todos modos es uno. A pesar de que Su carne no comparte ni sangre ni parentesco físico de ningún tipo, no puede negarse que Ellos son la carne encarnada de Dios en dos períodos diferentes. Es una verdad irrefutable que son la carne encarnada de Dios. Sin embargo, no son del mismo linaje ni comparten un idioma humano común. (Uno fue un varón que hablaba el idioma de los judíos y la otra es una mujer que solo habla chino). Es por estas razones que Ellos han vivido en diferentes países para llevar a cabo la obra que le corresponde hacer a cada uno, y en distintos períodos también. A pesar del hecho de que son el mismo Espíritu —es decir, poseen la misma esencia—, no existen similitudes absolutas entre el caparazón externo de Su carne. Lo único que comparten es la misma humanidad, pero en lo que se refiere a la apariencia externa de Su carne y a las circunstancias de Su nacimiento, no se parecen. Estas cosas no tienen ningún impacto sobre Su respectiva obra ni sobre el conocimiento que el hombre tiene respecto a Ellos, porque, a fin de cuentas, son del mismo Espíritu y nadie puede separarlos. Aunque no tienen relación de sangre, la totalidad de Su ser está a cargo de Su Espíritu, lo cual les permite asumir una obra diferente en distintos períodos y Su carne es de diferentes linajes. Por ejemplo, el Espíritu de Jehová no es el padre del Espíritu de Jesús, y el Espíritu de Jesús no es el hijo del Espíritu de Jehová: ambos son exactamente de un único y mismo Espíritu. De igual manera, el Dios encarnado de hoy y Jesús no tienen relación de sangre, pero son uno; esto se debe a que Su Espíritu es uno. Dios puede llevar a cabo la obra de misericordia y benevolencia, así como la del juicio justo y el castigo del hombre y la de lanzar maldiciones sobre este; al final, Él puede realizar la obra de destruir el mundo y castigar a los malvados. ¿Acaso no hace todo esto Él mismo? ¿No es esto la omnipotencia de Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación
Palabras diarias de Dios Fragmento 131
Dios es lo más grande en todo el universo y en el reino de lo alto; ¿podría explicarse plenamente a sí mismo usando la imagen de la carne? Dios se reviste de ella con el fin de llevar a cabo una etapa de Su obra. No hay significado en la imagen de la carne, y no guarda relación con el paso de las eras; tampoco tiene nada que ver con el carácter de Dios. ¿Por qué no permitió Jesús que Su imagen permaneciera? ¿Por qué no consintió que el hombre pintara Su imagen, y que esta pudiera transmitirse a generaciones posteriores? ¿Por qué no permitió que las personas reconocieran que Su imagen era la de Dios? Aunque la imagen del hombre fue creada a semejanza de la de Dios, ¿cómo podría el aspecto del ser humano representar Su imagen elevada? Cuando Dios se hizo carne, descendió meramente desde el cielo a una carne particular. Su Espíritu desciende a la carne, a través de la cual realiza la obra del Espíritu. Este se expresa en la carne y hace Su obra en ella. La obra realizada en la carne representa por completo al Espíritu, y la carne es por el bien de la obra, pero esto no hace de la imagen de la carne una sustituta de la verdadera imagen de Dios mismo; este no es el propósito ni la importancia de que Dios se haga carne. Él solo se encarna para que el Espíritu pueda tener algún lugar adecuado donde residir cuando lleva a cabo Su obra, para que Él pueda lograr Su obra en la carne y para que las personas puedan ver Sus acciones, entender Su carácter, oír Sus palabras y conocer el prodigio de Su obra. Su nombre representa Su carácter, Su obra representa Su identidad, pero Él nunca ha dicho que Su aspecto en la carne representara Su imagen. Esto es una mera noción del hombre. Por tanto, los puntos clave de la encarnación de Dios son Su nombre, Su obra, Su carácter y Su género. Él usa estas cosas para representar Su gestión en esta era. Su aspecto en la carne no tiene consecuencias en Su gestión, y es meramente por el bien de Su obra en aquel tiempo. A pesar de todo, es imposible que el Dios encarnado no tenga un aspecto particular y, por ello, escoge la familia adecuada que determine Su apariencia. Si el aspecto de Dios tuviera un significado representativo, todos los que poseen rasgos faciales normales similares a los de Él también representarían a Dios. ¿No sería este un enorme error? El retrato de Jesús fue pintado por el hombre para que este pudiera adorarle. En aquel tiempo, el Espíritu Santo no proporcionó instrucciones especiales, de modo que el hombre transmitió el retrato hasta el día de hoy. En realidad, según la intención original de Dios, el hombre no debería haber hecho esto. El celo del hombre es el causante de que el retrato de Jesús permanezca hasta hoy. Dios es Espíritu y el ser humano nunca será capaz de resumir su imagen exacta. Su imagen solo puede ser representada por Su carácter. No puedes resumir cosas como la imagen de Su nariz, Su boca, Sus ojos y Su pelo. Cuando Juan recibió la revelación, contempló la imagen del Hijo del hombre: de Su boca salía una espada afilada de dos lados, Sus ojos eran como llamas de fuego, Su cabeza y Su pelo eran blancos como la lana, Sus pies como bronce pulido, y un cinto de oro cruzaba Su pecho. Aunque sus palabras eran muy gráficas, la imagen de Dios que describió no era la imagen de una criatura. Lo que él vio era una mera visión, y no la imagen de una persona del mundo material. Juan había visto una visión, pero no había visto el aspecto real de Dios. La imagen del Dios encarnado es la imagen de un ser creado y es incapaz de representar el carácter de Dios en su totalidad. Cuando Jehová creó a la humanidad, afirmó que lo había hecho a Su imagen y que los creó varón y hembra. En ese momento, dijo que había hecho hombre y mujer a la imagen de Dios. Aunque la imagen del hombre se parece a la de Dios, no significa que la apariencia del hombre sea la imagen de Dios. No puedes usar el lenguaje de la especie humana para encapsular por completo la imagen de Dios, ¡pues Él es tan elevado, tan grande, tan maravilloso e inimaginable!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
Palabras diarias de Dios Fragmento 132
Esta vez, Dios viene a hacer la obra, no en un cuerpo espiritual, sino en uno muy corriente. Además, es el cuerpo de la segunda encarnación de Dios y también el cuerpo a través del cual Él regresa a la carne. Es una carne muy corriente. Al observarlo, no puedes ver nada en Él que lo haga resaltar entre los demás, pero puedes recibir de Él verdades que nunca antes se han oído. Tan solo esta carne insignificante es la personificación de todas las palabras de la verdad de Dios, la portadora de Su obra en los últimos días y la expresión por la cual el hombre entiende todo el carácter de Dios. ¿No deseas enormemente ver al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente entender al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente ver el destino de la especie humana? Él te contará todos estos secretos, secretos que ningún hombre ha sido nunca capaz de contarte, y Él te contará también las verdades que no entiendes. Él es tu puerta al reino y tu guía a la nueva era. Esta carne corriente contiene muchos misterios que son insondables para el hombre. Sus hechos son inescrutables para ti, pero la totalidad del objetivo de la obra que Él realiza es bastante para que puedas ver que Él no es simple carne como la gente cree, porque Él representa las intenciones de Dios en los últimos días, así como el cuidado de Dios hacia la especie humana en los últimos días. Aunque no puedes oír Sus palabras, que parecen sacudir los cielos y la tierra, aunque no puedes ver Sus ojos como llamas de fuego y aunque no puedes recibir la disciplina de Su vara de hierro, sí puedes oír en Sus palabras que Dios está colérico y saber que Dios está mostrando misericordia hacia la especie humana, así como ver Su carácter justo y Su sabiduría y, lo que es más, apreciar la preocupación que Él tiene por toda la especie humana. La obra de Dios en los últimos días consiste en permitir al hombre ver en la tierra al Dios en el cielo vivir entre las personas y permitirle que lo conozca, se someta a Él, le tema y le ame. Por esta razón, Él ha regresado a la carne por segunda vez. Aunque lo que el hombre ve hoy es un Dios igual a él, un Dios con una nariz y dos ojos, un Dios para nada especial, al final Él os mostrará que, sin la existencia de esta persona, el cielo y la tierra pasarían por un cambio tremendo; sin la existencia de esta persona, el cielo se volvería sombrío, la tierra se convertiría en caos y toda la humanidad viviría entre hambruna y plagas. Él os mostrará que, si Dios encarnado de los últimos días no hubiera venido a salvaros, entonces Dios habría destruido a toda la humanidad hace mucho tiempo en el infierno; sin la existencia de esta carne, seríais para siempre archipecadores, seríais cadáveres eternamente. Deberíais saber que, sin la existencia de esta carne, sería imposible para toda la especie humana escapar de una gran calamidad, y sería imposible que escapase del castigo más severo que Dios le impone en los últimos días. Sin el nacimiento de esta carne corriente, todos vosotros estaríais en un estado en el que rogaríais por la vida sin poder vivir y rogaríais por la muerte sin poder morir; sin la existencia de esta carne no podríais recibir hoy la verdad y venir ante el trono de Dios. Más bien, Él os castigaría por vuestros graves pecados. ¿Sabéis que si no hubiera sido por el retorno de Dios a la carne, nadie tendría oportunidad de salvarse, y que si no fuera por la venida de esta carne, Dios habría acabado hace mucho la era antigua? Así las cosas, ¿rechazaréis todavía la segunda encarnación de Dios? Ya que os podéis beneficiar tanto de esta persona corriente, ¿por qué no la aceptáis con alegría?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Lo sabías? Dios ha hecho algo grande entre los hombres
Palabras diarias de Dios Fragmento 133
La obra de Dios es algo que no puedes comprender. Si no puedes comprender del todo si tu decisión es correcta ni saber si la obra de Dios puede tener éxito, ¿entonces por qué no probar tu suerte y ver si esta persona corriente puede ser de gran ayuda para ti y si Dios ha llevado a cabo una gran obra? Sin embargo, debo decirte que en la época de Noé las personas habían estado comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio hasta un punto que a Dios le resultó insoportable de presenciar, por lo que envió un gran diluvio para destruir a la humanidad y solo perdonó la vida de la familia de ocho miembros de Noé y a toda especie de aves y bestias. En los últimos días, sin embargo, aquellos a los que Dios perdona la vida son todos los que le han sido leales hasta el final. Aunque ambas son épocas de gran corrupción, insoportable de presenciar para Dios, y la especie humana es tan corrupta en ambas eras y niega a Dios como su Señor, Dios solamente destruyó a todos los hombres del tiempo de Noé. En ambas épocas, la especie humana aflige a Dios en gran manera, pero Él ha seguido siendo paciente con las personas de los últimos días hasta ahora. ¿Por qué? ¿Nunca habéis pensado en ello? Si de verdad no lo sabéis, permitidme decíroslo. La razón por la que Dios puede tratar a los hombres con gracia en los últimos días no es porque sean menos corruptos que los de la época de Noé ni porque tengan la intención de arrepentirse ante Dios, mucho menos se debe a que la tecnología de los últimos días sea tan avanzada que Dios no tenga el corazón para destruirlos. Más bien, la razón es que a Dios le queda obra por realizar sobre un grupo de personas en los últimos días y que Dios pretende realizarla Él mismo en Su encarnación. Además, Dios se propone escoger a una parte de este grupo como Sus objetos de salvación y el fruto de Su plan de gestión y llevar a estas personas a la siguiente era. Por tanto, pase lo que pase, este precio pagado por Dios es totalmente una preparación para la obra que hace Su encarnación en los últimos días. El hecho de que hayáis llegado hasta hoy es gracias a esta carne. Tenéis la oportunidad de sobrevivir porque Dios vive en la carne. Todas estas bendiciones se han obtenido gracias a esta persona corriente. Y no solo esto, sino que, al final, la miríada de naciones adorará a esta persona corriente y dará gracias y se someterá a esta persona insignificante porque es la verdad, la vida y el camino que Él trajo lo que ha salvado a toda la especie humana, lo que ha mitigado el conflicto entre el hombre y Dios, lo que ha acortado la distancia entre ellos y lo que ha abierto una conexión entre los pensamientos de Dios y los del hombre. Él es también quien ha obtenido una gloria aún mayor para Dios. ¿Acaso no es tal persona corriente digna de tu confianza y adoración? ¿No es apta esta carne corriente para ser llamada Cristo? ¿No puede convertirse esta persona corriente en la expresión de Dios entre las personas? ¿No es tal persona, que ha librado a la especie humana del desastre, digna de vuestro amor y de vuestro deseo de aferraros a Él? Si rechazáis las verdades expresadas por Su boca y detestáis Su existencia entre vosotros, ¿qué será de vosotros entonces?
Toda la obra de Dios en los últimos días se lleva a cabo a través de esta persona corriente. Él te lo concederá todo y, además, puede decidirlo todo sobre ti. ¿Puede una persona así ser como vosotros creéis: una persona tan simple como para no ser digna de mención? ¿No es suficiente Su verdad para convenceros totalmente? ¿Acaso ver Sus hechos con vuestros propios ojos no os convence? ¿O es que la senda por la cual conduce a las personas no es digna de que vosotros la transitéis? Después de todo, ¿qué es lo que os provoca que sintáis antipatía hacia Él y que lo rechacéis y lo eludáis? Es esta persona quien expresa la verdad, es ella quien la provee y os da una senda a seguir. ¿Podría ser que vosotros aún no podáis encontrar las huellas de la obra de Dios en estas verdades? Sin la obra de Jesús, la humanidad no podría haber bajado de la cruz, pero sin el Dios encarnado de hoy, aquellos que han bajado de la cruz no podrían nunca recibir la aprobación de Dios ni entrar en la nueva era. Sin la venida de esta persona corriente, nunca tendríais la oportunidad de ver el verdadero rostro de Dios ni seríais aptos para verlo, porque todos vosotros sois objetos que deberían haber perecido hace mucho tiempo. Debido a la venida de la segunda encarnación de Dios, Él os ha perdonado y os ha mostrado misericordia. Independientemente de ello, las palabras con las que os debo dejar al final siguen siendo estas: esta persona corriente, que es Dios encarnado, es de una importancia vital para vosotros. Esta es la gran cosa que Dios ya ha llevado a cabo entre los hombres.
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Palabras diarias de Dios Fragmento 134
¿Qué deberías saber acerca del Dios práctico? El Espíritu, la Persona y la Palabra forman el Dios mismo práctico, y este es el verdadero significado del Dios mismo práctico. Si solo conoces a la Persona, si conoces Sus hábitos cotidianos y Su personalidad, pero no conoces la obra del Espíritu, lo que hace en la carne, y solo prestas atención al Espíritu, a la Palabra, limitándote a orar delante de Él, pero no conoces la obra del Espíritu de Dios en el Dios práctico, eso demuestra que todavía no conoces al Dios práctico. Conocer al Dios práctico implica conocer y experimentar Sus palabras, así como comprender las reglas y los principios de la obra del Espíritu Santo, y cómo obra el Espíritu de Dios en la carne. También implica saber que el Espíritu dirige toda acción de Dios en la carne, y que las palabras que pronuncia son la expresión directa del Espíritu. Por tanto, para conocer al Dios práctico, es crucial saber cómo obra Él en la humanidad y en la divinidad; esto, a su vez, concierne a las expresiones del Espíritu, con las que todas las personas tienen contacto.
¿Cuáles son los aspectos de las expresiones del Espíritu? En unas ocasiones, Dios obra en la humanidad, y otras veces lo hace en la divinidad; pero, en ambos casos, el Espíritu está al mando. La expresión externa de la Persona depende del Espíritu dentro de Él. El Espíritu obra de un modo normal, pero existen dos partes en Su dirección por parte del Espíritu: una parte es Su obra en la humanidad y la otra es Su obra a través de la divinidad. Deberías saber esto claramente. La obra del Espíritu varía de acuerdo con las circunstancias: cuando se requiere que obre Su humanidad, el Espíritu dirige a esta humanidad para hacer esta obra y, cuando se necesita que obre Su divinidad, la divinidad se presenta directamente para llevarla a cabo. Como Dios obra y aparece en la carne, lo hace tanto en la humanidad como en la divinidad. Su obra en la humanidad está dirigida por el Espíritu y se realiza con el fin de satisfacer las necesidades físicas de las personas, para facilitar su contacto con Él, permitirles contemplar la practicidad y la normalidad de Dios, y ver que Su Espíritu ha venido hecho carne, se encuentra entre los hombres, vive con ellos y tiene contacto con ellos. Su obra desde lo divino tiene lugar con el fin de proveer para la vida de las personas, y guiarlas en todo desde el lado positivo, cambiando su carácter y permitiéndoles contemplar realmente la aparición del Espíritu en la carne. En general, el crecimiento en la vida del hombre se consigue directamente por medio de la obra y las palabras de Dios en la divinidad. Solo si las personas aceptan la obra de Dios desde lo divino pueden conseguir cambios en su carácter; solo entonces pueden ser saciados en su espíritu. Solo si se añade a esto la obra en la humanidad —el pastoreo, el apoyo y la provisión de Dios en la humanidad— se podrán lograr plenamente los resultados de la obra de Dios. El Dios mismo práctico del que se habla hoy obra tanto en la humanidad como en la divinidad. Mediante Su aparición se logran Su obra y Su vida humanas normales, así como Su obra de completa divinidad. Su humanidad y Su divinidad se combinan en una sola cosa y la obra de ambas se logra por medio de las palabras; tanto en la humanidad como en la divinidad, Él hace declaraciones. Cuando Dios obra en la humanidad, habla el lenguaje de la humanidad, de forma que las personas puedan tener contacto con Él y entenderlo más fácilmente. Habla claramente y Sus palabras son fáciles de entender, de forma que pueden proveerse a todas las personas; independientemente de si estas poseen ciertos conocimientos o tienen una educación deficiente, todas pueden recibir las palabras de Dios. La obra de Dios en la divinidad también se lleva a cabo por medio de palabras, pero está llena de provisión, de vida, no está contaminada por ideas humanas, no implica preferencias humanas, no está sujeta a las limitaciones de la humanidad, está libre de cualquier limitación de la humanidad normal; también se lleva a cabo en la carne, pero es la expresión directa del Espíritu. Si las personas solo aceptan la obra de Dios en la humanidad, se confinarán dentro de cierto ámbito, y necesitarán una poda y una disciplina permanentes a fin de que se produzca un mínimo cambio en ellas. Sin la obra o la presencia del Espíritu Santo, sin embargo, siempre recurrirán a sus viejas costumbres. A través de la obra de la divinidad se compensa esta desventaja y deficiencia y las personas son hechas perfectas. En lugar de una poda sostenida, lo que se requiere es una provisión positiva, usando palabras para compensar todas las deficiencias, para poner al descubierto cada estado de las personas, para dirigir sus vidas, todos sus dichos, todos sus actos, y dejar al descubierto sus propósitos y motivaciones. Esta es la obra práctica del Dios práctico. Así, en tu actitud hacia el Dios práctico, deberías someterte ante Su humanidad, admitiéndolo y reconociéndolo a la vez, con mayor razón aún deberías aceptar Su obra y Sus palabras en la divinidad y someterte a ellas. La aparición de Dios en la carne significa que toda la obra y las palabras del Espíritu de Dios se llevan a cabo a través de Su humanidad normal y de Su carne encarnada. En otras palabras, el Espíritu de Dios dirige Su humanidad para llevar a cabo obra y lleva a cabo la obra de la divinidad en la carne a la vez, así como en Dios encarnado puedes ver Su obra en la humanidad y Su obra en completa divinidad. Este es el significado real de la aparición del Dios práctico en la carne. Si puedes ver esto claramente, serás capaz de conectar todas las diferentes partes de Dios; dejarás de dar importancia indebida a Su obra en la divinidad y dejarás de ver Su obra en la humanidad con desdén indebido; no te irás a los extremos, ni tomarás ningún desvío. En general, el sentido del Dios práctico es que la obra de Su humanidad y Su divinidad, dirigida por el Espíritu, se expresa por medio de Su carne, de forma que las personas puedan ver que Él es vital y está vivo, que es verdadero y real.
La obra del Espíritu de Dios en la humanidad tiene una fase de transición. Al perfeccionar a la humanidad, permite que Su humanidad reciba la dirección del Espíritu, después de lo cual esta puede proveer a las iglesias y pastorearlas. Es una expresión de la obra normal de Dios. Por tanto, si puedes ver claramente los principios de la obra de Dios en la humanidad, será improbable que albergues nociones sobre ella. Independientemente de cualquier otra cosa, el Espíritu de Dios no puede estar equivocado. Está en lo correcto y libre de error; no hace nada de manera incorrecta. Obrar en la divinidad es la expresión directa de las intenciones de Dios, sin la perturbación de la humanidad. No pasa por la perfección, sino que viene directamente del Espíritu. Sin embargo, incluso cuando obra en la divinidad, la obra se realiza también a través de Su humanidad normal; no es sobrenatural en lo más mínimo y parece que una persona normal lo lleva a cabo. Dios vino del cielo a la tierra principalmente con el fin de expresar Sus palabras a través de la carne: para completar la obra del Espíritu de Dios mediante la carne.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo
Palabras diarias de Dios Fragmento 135
Hoy, el conocimiento de las personas del Dios práctico sigue siendo demasiado parcial, y su entendimiento del sentido de la encarnación demasiado escaso. En cuanto a la carne de Dios, las personas ven a través de Su obra y Sus palabras que el Espíritu de Dios incluye muchas cosas y es muy abundante. Pero, de todas formas, el testimonio de Dios viene en última instancia de Su Espíritu: lo que Dios hace en la carne, por medio de qué principios obra, qué hace desde lo humano y qué hace en la divinidad. La gente debe tener conocimiento de esto. Hoy puedes adorar a esta Persona, pero en esencia estás adorando al Espíritu y esto es lo mínimo que debería conseguir la gente en su conocimiento del Dios encarnado. Por medio de la carne, las personas llegan a conocer la esencia del Espíritu, conocer la obra divina del Espíritu en la carne y Su obra humana en la carne, aceptar todas las palabras y declaraciones del Espíritu en la carne, ver cómo el Espíritu de Dios dirige la carne y revela Su gran poder en ella. Es decir, el hombre llega a conocer al Espíritu del cielo a través de la carne; la aparición del Dios mismo práctico entre los hombres ha disipado al dios difuso de las nociones de la gente. La adoración del Dios mismo práctico por parte de las personas ha incrementado su sumisión a Dios; y a través de la obra divina del Espíritu de Dios en la carne y Su obra humana en la carne, el hombre recibe la revelación y es pastoreado, y en su carácter-vida se producen cambios. Este es el significado real de la llegada del Espíritu en la carne, cuyo objetivo principal es que las personas puedan tener contacto con Dios, confiar en Él y llegar a conocerlo.
En general, ¿qué actitud adoptan las personas hacia el Dios práctico? ¿Qué sabes de la encarnación, de la aparición de la Palabra en la carne, de la aparición de Dios en la carne, de los hechos del Dios práctico? ¿Cuáles son hoy los temas principales de discusión? La encarnación, la llegada de la Palabra en la carne y la aparición de Dios en la carne: todos estos asuntos deben entenderse. En vuestra experiencia vital, según vuestra estatura y según la era, debéis llegar gradualmente a entender estos asuntos y tener un conocimiento claro de ellos. El proceso de que las personas experimenten las palabras de Dios es aquel por el que llegan a conocer la aparición de estas en la carne. Cuanto más experimentan las personas las palabras de Dios, más conocen a Su Espíritu; por medio de la experiencia de las palabras de Dios, las personas captan los principios de la obra del Espíritu y llegan a conocer al Dios práctico mismo. En realidad, cuando Dios hace perfectas a las personas y las gana, está haciendo que conozcan los hechos del Dios práctico; está usando la obra del Dios práctico para mostrar a las personas el sentido real de la encarnación y que el Espíritu de Dios ha aparecido realmente ante el hombre. Cuando Dios ha ganado a las personas y las ha perfeccionado, esto significa que las expresiones del Dios práctico las han conquistado y que por medio de las palabras del Dios práctico se han transformado y Su vida se ha forjado en ellas, llenándolas con lo que Él es (ya sea lo que Él es en Su humanidad o lo que Él es en Su divinidad), llenándolas con la esencia de Sus palabras y haciendo que las personas vivan Sus palabras. Cuando Dios gana a las personas, lo hace principalmente usando las palabras y las declaraciones del Dios práctico como un modo de podar las deficiencias de la gente, así como de juzgar y exponer su carácter rebelde, haciendo que obtengan lo que necesitan y mostrándoles que Dios ha venido entre los hombres. Lo más importante de todo es que la obra que realiza el Dios práctico consiste en salvar a cada persona de la influencia de Satanás, sacarla de la tierra de la inmundicia y erradicar sus actitudes corruptas. El sentido más profundo de ser ganado por el Dios práctico es ser capaz de vivir una humanidad normal con el Dios práctico como un ejemplo, como un modelo y ser capaz de practicar según Sus palabras y Sus exigencias sin la más mínima desviación o distanciamiento, practicando de acuerdo con lo que sea que Él diga y siendo capaz de alcanzar lo que sea que Él pida. Así, Dios te habrá ganado. Cuando Dios te gana, no solo posees la obra del Espíritu Santo; principalmente, eres capaz de vivir las exigencias del Dios práctico. Tener simplemente la obra del Espíritu Santo no significa que tengas vida. Lo fundamental es si eres capaz de actuar según los requisitos del Dios práctico para ti, y esto guarda relación con que puedas ser ganado por Dios. Este es el mayor significado de la obra del Dios práctico en la carne. Es decir, Dios aparece verdadera y realmente en la carne —real y viviente—, permitiendo que la gente lo vea, y realiza de manera práctica la obra del Espíritu en la carne y actúa en la carne como un ejemplo para las personas, mediante lo cual gana a un grupo de personas. La llegada de Dios en la carne tiene el objetivo principal de permitir a las personas ver Sus hechos prácticos y materializar al Espíritu sin forma en la carne, de modo que las personas puedan verlo y tocarlo. Solo de esta manera, aquellos a los que Él haga completos vivirán lo que Él vive, serán ganados por Él y estarán de acuerdo con Sus intenciones. Si Dios solo hablara en el cielo y no hubiese venido realmente a la tierra, las personas seguirían siendo incapaces de conocerle; solo podrían predicar Sus hechos usando teoría vacía y no tendrían Sus palabras como la realidad. El propósito de Dios al venir a la tierra es principalmente establecerse a Sí mismo como un ejemplo y un modelo para aquellos a quienes Él ha de ganar; solo así las personas pueden realmente conocer, tocar y ver a Dios, y solo entonces pueden ser ganadas por Dios de verdad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo
Palabras diarias de Dios Fragmento 136
La obra de Dios encarnado incluye dos partes. La primera vez que Él se hizo carne, la gente no creyó en Él, ni lo conoció, y clavaron a Jesús en la cruz. Luego, cuando se encarnó por segunda vez, la gente siguió sin creer en Él, y ni qué hablar de conocerlo, y una vez más clavaron a Cristo en la cruz. ¿No es acaso el hombre el enemigo de Dios? Si el hombre no lo conoce, ¿cómo podría el hombre ser íntimo de Dios? ¿Cómo podría estar calificado para ser un testigo de Dios? ¿Acaso no son mentiras engañosas las declaraciones del hombre de amar a Dios, servir a Dios y glorificar a Dios? Si das tu vida para buscar estas cosas poco prácticas e irreales, ¿acaso no estás trabajando en vano? ¿Cómo podrías ser un íntimo de Dios cuando ni siquiera sabes quién es Dios? ¿Acaso no es tal búsqueda difusa? ¿Acaso no es falso? ¿Cómo debería proceder alguien para ser un íntimo de Dios? ¿Cuál es el significado práctico de ser un íntimo de Dios? ¿Puedes ser un íntimo del Espíritu de Dios? ¿Puedes ver lo grande y lo alto que es el Espíritu? Ser el íntimo de un Dios invisible e intangible, ¿no es eso algo difuso? ¿Cuál es el significado práctico de dicha búsqueda? ¿No es todo una mentira falsa? Lo que tú persigues es convertirte en un íntimo de Dios, más, de hecho, eres el perro faldero de Satanás ya que no conoces a Dios, y buscas a un inexistente “Dios entre todas las cosas”, que es invisible, intangible y contenido en tus propias nociones. Dicho en términos difusos, un “Dios” como este es Satanás, y en términos prácticos, eres tú mismo. Buscas ser tu propio íntimo y aun así dices que buscas ser el íntimo de Dios, ¿acaso no es esto blasfemia? ¿Cuál es el valor de dicha búsqueda? Si el Espíritu de Dios no se hace carne, entonces la esencia de Dios no es más que un Espíritu de vida invisible e intangible, sin forma, sin imagen, de clase no material, inaccesible e incomprensible para el hombre. ¿Cómo podría ser el hombre íntimo de un espíritu incorpóreo, asombroso, insondable como este? ¿Acaso no es esto un chiste? Es un razonamiento absurdo que es inválido e, incluso más, no es realista. El hombre creado es de una especie inherentemente diferente a la del Espíritu de Dios, entonces ¿cómo podrían ambos ser íntimos? Si el Espíritu de Dios no se hubiese manifestado en la carne, es decir, si Dios no se hubiese encarnado, no se hubiese humillado ni se hubiese convertido en un ser creado, el hombre creado no estaría cualificado ni capacitado para ser Su íntimo y, aparte de esos devotos creyentes que podrían tener la oportunidad de ser íntimos de Dios después de que sus almas hayan entrado al cielo, la mayoría de la gente sería incapaz de convertirse en íntimos del Espíritu de Dios. Y si la gente desea convertirse en íntima de Dios en el cielo bajo la guía de Dios encarnado, ¿acaso no son no humanos asombrosamente necios? La gente simplemente busca “ser devoto” a un Dios invisible, y no presta la más mínima atención al Dios que se puede ver, debido a que es muy fácil buscar a un Dios invisible. La gente puede hacerlo de la forma que quiera, pero la búsqueda del Dios visible no es tan fácil. La persona que busca un dios difuso es absolutamente incapaz de ganar a Dios, porque las cosas que son difusas son todas imaginadas por el hombre, e incapaces de ser adquiridas por el hombre. Si el Dios que vino entre vosotros fuese un Dios grande y elevado que fuese inaccesible para vosotros, entonces, ¿cómo podríais captar Sus intenciones? ¿Y cómo podríais conocerlo y comprenderlo? Si Él solo realizara Su obra, y no tuviera ningún contacto normal con el hombre, o no poseyera una humanidad normal y fuera inaccesible para los mortales, entonces aun cuando Él hiciera mucha obra en vosotros, si vosotros no tuvieseis contacto con Él, y no lo pudierais ver, ¿cómo podríais conocerlo? Si no fuera por esta carne que posee humanidad normal, el hombre no tendría manera de conocer a Dios; es solo gracias a la encarnación de Dios que el hombre está cualificado para ser el íntimo de Dios en la carne. Las personas se convierten en íntimas de Dios, porque entran en contacto con Él y porque poco a poco llegan a conocerlo por medio de vivir junto con Él e interactuar con Él. Si no fuera así, ¿no sería la búsqueda del hombre en vano? Es decir, no es enteramente a causa de la obra de Dios que el hombre es capaz de convertirse en íntimo de Dios, sino por la practicidad y la normalidad de Dios encarnado. Es solo porque Dios se hace carne que la gente tiene oportunidad de hacer su deber, y de adorar al Dios verdadero. ¿Acaso no es esta la verdad más realista y práctica? Ahora bien, ¿todavía deseas ser un íntimo de Dios en el cielo? Solo cuando Dios se humilla hasta cierto punto, es decir, solo cuando Dios se hace carne, puede el hombre ser Su íntimo y confidente. Dios es el Espíritu, Él es muy grande y elevado y muy insondable: ¿Cómo están las personas cualificadas para ser Sus íntimas? Solo cuando el Espíritu de Dios desciende en la carne y se convierte en un ser creado con el mismo caparazón exterior del hombre, la gente puede entender Sus intenciones y ser ganada por Él de manera práctica. Él habla y obra en la carne, comparte las alegrías, penurias y tribulaciones de la especie humana, vive en el mismo mundo que la especie humana, protege a la especie humana, la guía y le permite ser purificada y obtener Su salvación y Su bendición. La gente solo puede ser íntima de Dios cuando ha obtenido estas cosas y en verdad ha comprendido Sus intenciones. Solo esto es práctico. Si Dios fuera invisible e intangible para la gente, ¿cómo podría entonces ser Su íntima? ¿No es esto acaso doctrina vacía?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los que conocen a Dios y Su obra son los que satisfacen a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 137
Cuando Dios viene a la tierra, solo hace Su obra dentro de la divinidad, que es lo que el Espíritu celestial le ha encomendado al Dios encarnado. Cuando Él viene, únicamente habla a lo largo de la tierra, para darles voz a Sus declaraciones por medios diferentes y desde perspectivas diferentes. Sus principales objetivos y el principio de obra son proveer al hombre y enseñarle, y no se preocupa por cosas como las relaciones interpersonales o los detalles de las vidas de las personas. Su ministerio principal es hablar en nombre del Espíritu. Es decir, cuando el Espíritu de Dios aparece de manera tangible en la carne, Él solo provee para la vida del hombre y libera la verdad. No se involucra Él mismo en la obra del hombre; es decir, no participa en la obra de la humanidad. Los seres humanos no pueden hacer la obra divina, y Dios no participa en la obra humana. En todos los años desde que Dios vino a esta tierra a hacer Su obra, siempre la ha hecho a través de las personas. Estas personas, sin embargo, no pueden considerarse el Dios encarnado, sino solo personas a las que Él usa. Entretanto, el Dios de nuestros días puede hablar directamente desde la perspectiva de la divinidad, expresando la voz del Espíritu y obrando en nombre del Espíritu. Todos aquellos a los que Dios ha usado a través de las eras y las generaciones son, asimismo, casos de la obra del Espíritu de Dios dentro de un cuerpo carnal, entonces ¿por qué no pueden ser llamados Dios? No obstante, el Dios de nuestros días es también el Espíritu de Dios que obra directamente en la carne, y Jesús también fue el Espíritu de Dios obrando en la carne; ambos son llamados Dios. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Las personas que ha usado Dios a través de las eras han tenido la capacidad del pensamiento y la razón normales. Todas han entendido los principios de comportarse y lidiar con los asuntos. Han tenido nociones humanas normales y han poseído todas las cosas que las personas normales deben poseer. La mayoría de ellas han tenido un talento excepcional e inteligencia innata. Al obrar sobre estas personas, el Espíritu de Dios aprovecha sus talentos, que son sus dones. El Espíritu de Dios pone sus talentos en funcionamiento, y usa sus fortalezas al servicio de Dios. Sin embargo, la esencia de Dios está libre de nociones o pensamientos, no está adulterada con ideas humanas, e incluso carece de aquello que los humanos normales poseen. Es decir, Él ni siquiera es versado en los principios de comportarse y lidiar con los asuntos. Así es cuando el Dios de nuestros días viene a la tierra. Su obra y Sus palabras no están adulteradas por ideas ni pensamientos humanos, sino que son una manifestación directa de las ideas del Espíritu y Él obra directamente en nombre de Dios. Esto significa que el Espíritu habla directamente, es decir, la divinidad directamente hace la obra, sin incorporar en lo más mínimo las ideas del hombre. En otras palabras, el Dios encarnado contiene la divinidad directamente, no tiene pensamientos ni nociones humanos, y no tiene comprensión de los principios de las personas para lidiar con el mundo. Si solo la divinidad obrara (es decir, si solo Dios mismo obrara), no habría ninguna manera de que la obra de Dios se llevara a cabo en la tierra. Entonces, cuando Dios viene a la tierra, debe tener un pequeño número de personas a las cuales Él usa para obrar dentro de la humanidad en cooperación con la obra que Dios hace en la divinidad. En otras palabras, usa la obra humana para sostener Su obra divina. Si no, no habría ninguna manera de que el hombre contactara directamente con la obra divina. Así es como sucedió con Jesús y Sus discípulos. Durante Su tiempo en el mundo, Jesús abolió las antiguas leyes y estableció nuevos mandamientos. También pronunció muchas palabras. Toda esta obra se realizó en la divinidad. Los otros, como Pedro, Pablo y Juan, basaron su obra posterior en las palabras de Jesús. Es decir, Dios hizo Su obra inicial en esa era, guiando el comienzo de la Era de la Gracia; esto es, guio una nueva era aboliendo la antigua, y también cumpliendo las palabras “Dios es el Principio y el Fin”. En otras palabras, el hombre debe hacer la obra humana sobre la base de la obra divina. Una vez que Jesús dijo todo lo que debía decir y terminó Su obra en la tierra, dejó al hombre. Después de esto, todas las personas obraron conforme a los principios expresados en Sus palabras y practicaron conforme a las verdades de las que Él habló. Todas estas personas obraron para Jesús. Si solo Jesús hubiera hecho la obra, sin importar cuántas palabras hubiera pronunciado, las personas no habrían podido tener contacto con Sus palabras, porque estaba obrando en la divinidad y solo podía pronunciar palabras de divinidad y no podría haber explicado las cosas a las personas ni haber hecho que las personas normales pudieran entender Sus palabras. Y por eso Él tuvo que tener a los apóstoles y profetas que vinieron después de Él para complementar Su obra. Este es el principio de cómo el Dios encarnado hace Su obra: utilizando la carne encarnada para hablar y obrar de manera tal que pueda completar la obra de la divinidad, y luego usando a unas pocas personas, o quizás más, que sean conformes a las intenciones de Dios para complementar Su obra. Es decir, Dios utiliza a las personas que son conformes a Sus intenciones para llevar a cabo en la humanidad la obra de pastoreo y riego de modo que el pueblo escogido de Dios pueda entrar en la realidad-verdad.
Si cuando se hace carne Dios hiciera únicamente la obra de la divinidad y no hubiera personas conformes a Sus intenciones que cooperaran con Él, entonces el hombre sería incapaz de entender las intenciones de Dios o de tener contacto con Él. Dios debe usar a personas normales que sean conformes a Sus intenciones para completar esta obra, para cuidar y pastorear a las iglesias, para que el nivel que los procesos cognitivos del hombre, su cerebro, son incapaces de imaginar se pueda conseguir. En otras palabras, Dios usa a un pequeño número de personas que son conformes a Sus intenciones para “traducir” la obra que Él hace dentro de Su divinidad, de manera tal que pueda desentrañarse, transformar el lenguaje divino en lenguaje humano, para que todas las personas puedan comprenderlo y entenderlo. Si Él no lo hiciera así, nadie entendería el lenguaje divino de Dios, porque las personas que son conformes a las intenciones de Dios son, después de todo, una pequeña minoría, y la capacidad de comprensión del hombre es débil. Es por eso que Dios elige este método cuando obra en la carne encarnada. Si solo hubiera obra divina, no habría manera de que el hombre conociera a Dios o tuviera contacto con Él, porque el hombre no entiende el lenguaje de Dios. El hombre puede comprender este lenguaje solo a través de la acción de las personas conformes a las intenciones de Dios, las cuales aclaran Sus palabras. Sin embargo, si solamente tales personas trabajaran dentro de la humanidad, eso solo podría mantener la vida normal del hombre; no podría transformar el carácter de este. La obra de Dios no podría tener un nuevo punto de partida; solo estarían las mismas antiguas canciones, los mismos antiguos lugares comunes. Solo a través de la acción del Dios encarnado, que dice todo lo que se debe decir y hace todo lo que se debe hacer durante el período de Su encarnación, después de lo cual las personas obran y experimentan según Sus palabras, solo de este modo su carácter-vida podrá cambiar y podrán ir con la era. Aquel que obra dentro de la divinidad representa a Dios, mientras que aquellos que obran dentro de la humanidad son personas usadas por Dios. Es decir, el Dios encarnado es esencialmente diferente de las personas usadas por Dios. El Dios encarnado puede hacer la obra de la divinidad, mientras que las personas usadas por Dios no pueden. Al principio de cada era, el Espíritu de Dios habla personalmente e inicia la nueva era para llevar al hombre a un nuevo comienzo. Cuando Él ha terminado de hablar, esto significa que la obra de Dios dentro de Su divinidad está completa. A partir de entonces, todas las personas siguen la guía de aquellos usados por Dios para entrar en su experiencia de vida. Del mismo modo, esta es también la etapa en la que Dios trae al hombre a la nueva era y les da a las personas un nuevo punto de partida, momento en el cual concluye la obra de Dios en la carne.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 138
Dios no viene a la tierra para perfeccionar Su humanidad normal. No viene a hacer la obra de la humanidad normal. Él viene solo para llevar a cabo la obra de la divinidad dentro de la humanidad normal. Lo que Dios considera humanidad normal no es lo que el hombre se imagina. El hombre define la “humanidad normal” como tener una esposa o un esposo, hijos e hijas, que son prueba de que alguien es una persona normal. Sin embargo, Dios no lo ve de esta manera. Él concibe la humanidad normal como tener pensamientos humanos y vidas normales y haber nacido de gente normal. Pero Su normalidad no incluye tener una esposa o un marido, e hijos, tal y como el hombre habla sobre la normalidad. Es decir, para el hombre, la humanidad normal de la que Dios habla se refiere a lo que el hombre podría considerar ausencia de humanidad, casi carente de sentimientos y supuestamente libre de necesidades carnales, al igual que Jesús, quien solo tenía el caparazón exterior de una persona normal y que asumió la apariencia de una persona corriente, pero en esencia no poseía enteramente lo que una persona normal debe poseer. De aquí se puede ver que la esencia del Dios encarnado no abarca la totalidad de la humanidad normal, sino solo una parte de las cosas que las personas deberían poseer para mantener las rutinas de la vida humana normal y las facultades humanas normales de la razón. Pero estas cosas no tienen nada que ver con lo que el hombre considera humanidad normal. Ellas son lo que el Dios encarnado debe poseer. Algunas personas dicen, sin embargo, que puede decirse que Dios encarnado posee una humanidad normal solo si tiene una esposa, hijos e hijas, una familia. Sin estas cosas, dicen ellos, Él no es una persona normal. Entonces te pregunto, ¿tiene Dios una esposa? ¿Es posible que Dios tenga un marido? ¿Puede Dios tener hijos? ¿Acaso no son estas falacias? Sin embargo, el Dios encarnado no puede surgir de grietas entre las rocas o caer desde el cielo. Él solo puede nacer en una familia humana normal. Es por eso que Él tiene padres y hermanas. Estas son las cosas que la humanidad normal del Dios encarnado debe tener. Este fue el caso con Jesús. Jesús tuvo un padre, una madre, hermanas y hermanos, y todo esto fue normal. Pero si Él hubiese tenido una esposa, hijos e hijas, entonces Su humanidad normal no hubiese sido la que Dios quería en el Dios encarnado. De haber sido así, Él no habría sido capaz de representar la divinidad en Su obra. Fue precisamente porque no tuvo una esposa o hijos, aunque sí nació de gente normal en una familia normal, que Él pudo llevar a cabo la obra de la divinidad. Para aclarar, lo que Dios considera una persona normal es una persona nacida en una familia normal. Solo una persona como esta está calificada para realizar una obra divina. Si, por otra parte, una persona tiene una esposa, hijos, o un marido, esta persona no sería capaz de hacer la obra divina porque poseería solamente la humanidad normal que los seres humanos requieren, pero no la humanidad normal que Dios requiere. Lo que Dios considera y lo que las personas entienden, a menudo son enormemente diferentes y se encuentran a leguas de distancia. En esta etapa de la obra de Dios, hay muchas cosas que van en contra y que difieren enormemente de las nociones de la gente. Se puede decir que esta etapa de la obra de Dios consiste por completo de que la divinidad obre directamente, con la humanidad desempeñando un papel de apoyo. Debido a que Dios viene a la tierra para llevar a cabo Su obra por sí mismo, en vez de permitir al hombre que le ponga la mano encima, Él se hace carne (se encarna en una persona normal incompleta) para llevar a cabo Su obra. Él usa la oportunidad que le presenta esta encarnación para llevarla ante la especie humana a una era nueva, para hablarle a la humanidad sobre el siguiente paso de Su obra, a fin de que las personas practiquen de acuerdo al camino descrito por Su palabra. Así Dios concluye Su obra en la carne. Él necesita dejar al hombre y separarse de este, así como ya no seguir habitando en la carne de la humanidad normal, sino más bien alejándose del hombre para realizar otra parte de Su obra. Luego Él utiliza a personas que son conformes a Sus intenciones para continuar Su obra en la tierra entre este grupo de personas, pero en su humanidad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 139
El Dios encarnado no puede permanecer con el hombre para siempre, porque Dios tiene mucha más obra por hacer. Él no puede estar sujeto a la carne; tiene que despojarse de la carne para hacer la obra que debe hacer, si bien Él hace esa obra en la imagen de la carne. Cuando Dios viene a la tierra, Él no espera hasta haber alcanzado la forma que una persona normal debe alcanzar antes de morir y dejar la humanidad. No importa cuán vieja sea Su carne, cuando Su obra ha terminado, Él se va y deja al hombre. No existe tal cosa como la edad para Él, Él no cuenta Sus días según el tiempo de vida del hombre; en vez de ello, termina Su vida en la carne de acuerdo con los pasos en Su obra. Algunas personas pueden sentir que Dios, que viene y entra en la carne, debe envejecer hasta cierto punto, debe llegar a ser adulto, alcanzar la vejez, e irse solo cuando ese cuerpo falle. Esto es lo que el hombre imagina; Dios no obra así. Él entra en la carne solo para hacer la obra que se supone que debe hacer, y no para vivir la vida normal de una persona de nacer de unos padres, crecer, formar una familia y comenzar una carrera, tener y criar hijos, o capear los temporales de la vida; todas las actividades de una persona normal. La venida de Dios a la tierra es el Espíritu de Dios vistiéndose de la carne, viniendo en la carne, pero Dios no vive la vida de una persona normal. Él solo viene a lograr una parte de Su plan de gestión. Después de eso, dejará la humanidad. Cuando Él entra en la carne, el Espíritu de Dios no perfecciona la humanidad normal de la carne. Más bien, en un momento predestinado por Dios, la divinidad hace el trabajo directamente. Luego, después de hacer todo lo que Él tiene que hacer y completar plenamente Su ministerio, la obra del Espíritu de Dios en esta etapa estará completada, punto en el cual la vida del Dios encarnado también terminará, independientemente de si Su cuerpo carnal ya ha vivido su tiempo de longevidad. Es decir, la etapa de la vida a la cual llegue el cuerpo carnal y el tiempo que este viva en la tierra son dos cosas que se deciden por la obra del Espíritu y no tienen nada que ver con lo que el hombre considera que es la humanidad normal. Toma a Jesús como ejemplo. Él vivió en la carne durante treinta y tres años y medio. En términos de la duración de la vida de un cuerpo humano, no debió haber muerto a esa edad, y no debió partir. Pero eso no le importaba al Espíritu de Dios. Cuando Su obra fue terminada, el cuerpo fue arrebatado, desapareciendo con el Espíritu. Este es el principio por medio del cual Dios obra en la carne. Así que, en sentido estricto, la humanidad de Dios encarnado carece de importancia primordial. Regresa de nuevo al mismo punto: Él no viene a la tierra para vivir la vida de un ser humano normal. Él no establece primero una vida humana normal para luego comenzar a obrar. Más bien, en la medida en que Él nazca dentro de una familia humana normal, puede llevar a cabo la obra divina, obra que no está manchada por las ideas del hombre, que no es carnal, que con toda certeza no adopta las formas de la sociedad ni involucra los pensamientos o las nociones del hombre y, además, que no involucra las filosofías del hombre para los asuntos mundanos. Esta es la obra que el Dios encarnado quiere llevar a cabo y el significado práctico de Su encarnación. Dios entra en la carne primordialmente para cumplir con una etapa de la obra que hay que hacer en la carne. Él no lleva a cabo ningún otro proceso trivial y, en cuanto a las experiencias del hombre normal, Él no las tiene. La obra que la carne de Dios encarnado necesita hacer no incluye las experiencias humanas normales. Así que Dios entra en la carne solo para llevar a cabo la obra que Él necesita cumplir en ella. El resto no tiene nada que ver con Él. Él no pasa por tantos procesos triviales. Una vez que Su obra esté hecha, el significado de Su encarnación termina. Terminar esta etapa significa que la obra que tiene que hacer en la carne ha concluido, el ministerio de Su carne se ha completado. Pero Él no puede seguir obrando indefinidamente en la carne; tiene que ir a obrar en otro lugar y dejar la carne. Solo así puede su obra realizarse por completo y avanzar con mayor efectividad. Dios obra de acuerdo a Su plan original. Él conoce como la palma de Su mano lo que tiene que hacer y lo que ha concluido. Dios guía a cada individuo por un camino que Él ya ha predestinado. Nadie puede escapar de esto. Solo aquellos que siguen las instrucciones del Espíritu de Dios serán capaces de entrar en el reposo. Puede ser que, en la obra posterior, Dios no guíe al hombre hablando en la carne, sino que sea un Espíritu tangible el que guíe la vida del hombre. Solo de esta manera podrá este tocar concretamente a Dios, ver a Dios y entrar mejor en la realidad que Dios requiere, con el fin de ser perfeccionado por el Dios práctico. Esta es la obra que Dios quiere lograr, y lo que planeó hace mucho tiempo. A partir de esto, ¡todos vosotros debéis ver el camino que debéis seguir!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 140
El Dios que se hizo carne se llama Cristo, así que llamar Dios al Cristo que puede conceder la verdad a las personas no es para nada excesivo. Esto es porque Él posee la esencia de Dios, así como Su carácter y la sabiduría de Su obra, que son inalcanzables para el hombre. Los que a sí mismos se llaman cristos, pero que no pueden hacer la obra de Dios, son fraudes. Cristo no es solo la manifestación de Dios en la tierra, sino que también es la carne particular asumida por Dios a medida que lleva a cabo Su obra en la tierra y completa Su obra entre los hombres. Esta carne no puede ser suplantada por cualquier hombre, sino que es una carne que tiene bastante capacidad para asumir la obra de Dios en la tierra, que puede expresar el carácter de Dios, que puede representarlo adecuadamente y que puede proveer de vida al hombre. Tarde o temprano, todos aquellos que suplantan a Cristo caerán porque, aunque afirman ser cristo, no poseen nada de Su esencia. Y así digo que la autenticidad de Cristo, el hombre no la puede determinar, sino que es Dios mismo quien da la respuesta y la decide. De esta manera, si realmente quieres buscar el camino de la vida, primero debes reconocer que es entre los hombres que Dios viene para llevar a cabo la obra de otorgarles el camino de la vida y que es durante los últimos días que Él viene entre los hombres para otorgarles ese camino; no es en el pasado, sino hoy.
El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los preceptos, las palabras y las cadenas de la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque lo único que obtienen es agua turbia a la que se han aferrado miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. A los que no se les provee del agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Solo buscas aferrarte al pasado, quedarte quieto y mantener las cosas como están y no buscas cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no serás siempre antagónico a Dios? Los pasos de la obra de Dios son abrumadores y poderosos, como las olas agitadas y el retumbar de los truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a aquello que es viejo y esperando a que las cosas caigan sobre tu regazo. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue las huellas del Cordero? ¿Cómo puedes demostrar que el Dios al que te aferras es el Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos son meras palabras que solo pueden darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las palabras de las Escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua; no son palabras de sabiduría que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún son la senda que te puede llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te da una percepción respecto a los misterios que contiene? ¿Eres capaz de transportarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Te exhorto entonces a que dejes de soñar y a que observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida.
Los que quieren obtener la vida sin confiar en la verdad de la que Cristo habló son las personas más absurdas de la tierra, y los que no aceptan el camino de la vida que Cristo trajo están perdidos en la fantasía. Y así digo que Dios detestará para siempre a aquellos que no aceptan al Cristo de los últimos días. Cristo es la puerta para que el hombre entre al reino en los últimos días y no hay nadie que pueda eludirlo. Nadie puede ser perfeccionado por Dios excepto por medio de Cristo. Tú crees en Dios y por tanto debes aceptar Sus palabras y someterte a Su camino. No pienses simplemente en obtener bendiciones sin ser capaz de aceptar la verdad y la provisión de vida. Cristo viene en los últimos días para poder proveer de vida a todos los que creen sinceramente en Él. Esta obra existe en aras de concluir la era antigua y entrar en la nueva, y esta obra es el camino que deben tomar todos los que entrarán en la nueva era. Si no reconoces a Cristo y encima lo condenas, blasfemas o lo persigues, entonces estás destinado a arder por toda la eternidad y nunca entrarás en el reino de Dios. El motivo de ello es que este Cristo es Él mismo la expresión del Espíritu Santo, la expresión de Dios, Aquel a quien Dios le ha encomendado hacer Su obra en la tierra, y por eso digo que, si no puedes aceptar todo lo que el Cristo de los últimos días hace, entonces blasfemas contra el Espíritu Santo. La debida retribución para los que blasfeman contra el Espíritu Santo es obvia para todos. También te digo esto: si te resistes al Cristo de los últimos días y si lo rechazas, entonces nadie podrá soportar las consecuencias de esto en tu lugar. Es más, a partir de ese punto, nunca tendrás la oportunidad de obtener la aprobación de Dios; incluso si deseas redimirte, no serás capaz de volver a contemplar el rostro de Dios. La razón de ello es que al que tú te estás resistiendo no es un ser humano, al que tú estás rechazando no es cualquier persona insignificante, sino Cristo. ¿Sabes cuáles son las consecuencias de esto? No estás cometiendo un pequeño error, sino un pecado atroz. Y así les aconsejo a todas las personas que no saquen sus dientes ni sus garras ni hagan comentarios arbitrarios ante la verdad, porque solo la verdad te puede dar la vida, y nada excepto la verdad te puede permitir volver a nacer y volver a contemplar el rostro de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna