Puesta al descubierto de la corrupción de la especie humana I
Palabras diarias de Dios Fragmento 300
A lo largo de varios miles de años de corrupción, todas las personas se han vuelto insensibles y torpes; todas se han convertido en demonios malvados que se oponen a Dios, hasta el punto de que su rebeldía contra Dios ha quedado documentada en los registros históricos, y ni siquiera ellas mismas son capaces de relatar por completo su conducta rebelde, porque han sido tan profundamente corrompidas por Satanás y descarriadas por él, que no saben adónde ir. Incluso hoy, la gente sigue traicionando a Dios. Cuando ven a Dios, lo traicionan, y cuando no pueden verlo, también lo traicionan. Hay incluso quienes, aun habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y de Su ira, lo traicionan. Y por eso digo que la razón del hombre ha perdido su función original y también sucede lo mismo con la conciencia del hombre. A Mis ojos, las personas son bestias con ropaje humano y serpientes venenosas. Por muy lastimosas que intenten parecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con ellas, pues son incapaces de distinguir el blanco del negro, y ninguno de ellos comprende la diferencia entre la verdad y lo que no es verdad. Su razón está muy insensibilizada y, aun así, desean obtener bendiciones; su humanidad es tan innoble y, aun así, desean ostentar el poder como reyes. ¿De quién podrían ser reyes, con una razón como esa? ¿Cómo podrían, con semejante humanidad, sentarse en tronos? ¡Las personas son verdaderamente desvergonzadas! ¡Son unos miserables que se sobreestiman! Sugiero que vosotros, los que deseáis obtener bendiciones, primero encontréis un espejo y miréis vuestro propio feo reflejo. ¿Tienes lo que hace falta para ser rey? ¿Tienes los rasgos faciales de quien podría recibir bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en tu carácter y no has sido capaz de poner en práctica nada de la verdad, y aun así deseas un mañana maravilloso. ¡No es más que una vana ilusión! El hombre, que nació en una tierra tan inmunda, ha sido infectado de extrema gravedad por la sociedad, condicionado por la ética feudal y ha recibido la educación de los “institutos de educación superior”. Un pensamiento retrógrado, una moral corrupta, una perspectiva inmoral de la vida, una filosofía despreciable para los asuntos mundanos, una existencia completamente inútil y costumbres y una vida cotidiana vulgares, todas estas cosas han estado penetrando fuertemente en el corazón del hombre y han estado dañando y atacando gravemente su conciencia. Como resultado, el hombre se distancia cada vez más de Dios y se opone cada vez más a Él. El carácter del hombre se vuelve más implacable día tras día, y no hay ni una persona que esté dispuesta a renunciar a algo por Dios; ni una persona que voluntariamente se someta a Dios y, menos aún, que busque Su aparición por propia voluntad. En vez de ello, el hombre busca el placer a su antojo bajo el poder de Satanás y corrompe su carne con desenfreno en el lodazal. Incluso cuando oyen la verdad, aquellos que viven en la oscuridad no desean practicarla ni tampoco muestran interés en buscar ni siquiera cuando ven que Dios ya ha aparecido. ¿Cómo podría una especie humana tan depravada como esta tener alguna posibilidad de salvación? ¿Cómo podría semejante especie humana decadente vivir en la luz?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 301
La causa profunda de que surjan actitudes corruptas en el hombre es la desorientación, la corrupción y el envenenamiento por parte de Satanás. El hombre ha sido atado y controlado por Satanás y su pensamiento, su moral, su percepción y su razón han sido todos gravemente dañados por Satanás. Es precisamente debido a que las cosas fundamentales del hombre han sido corrompidas por Satanás y son diametralmente distintas a cómo Dios las creó originalmente, que el hombre se opone a Dios y no puede aceptar la verdad. Por ende, los cambios en el carácter del hombre deben comenzar con cambios en su pensamiento, su percepción y su razón que transformen su conocimiento de Dios y su conocimiento de la verdad. Los que nacieron en la tierra más profundamente corrompida de todas son aún más ignorantes sobre lo que Dios es o sobre lo que significa creer en Dios. Mientras más corruptas sean las personas, menos saben sobre la existencia de Dios, y más pobres son su razón y su percepción. La causa fundamental de la oposición y rebeldía del hombre contra Dios es que ha sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado; se ha corrompido moralmente, sus pensamientos son degenerados, y ha desarrollado una perspectiva mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre se sometía de manera natural a Dios y a Sus palabras después de escucharlas. Originalmente tenía una razón y una conciencia cabales y una humanidad normal. Después de que el hombre fuera corrompido por Satanás, su razón, su conciencia y su humanidad originales se fueron insensibilizando y Satanás las arruinó. Debido a ello, el hombre ha perdido su sumisión y amor a Dios. La razón del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de una bestia y su rebeldía contra Dios es cada vez mayor y más grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni entiende esto, y meramente se opone y se rebela con persistencia. Las revelaciones del carácter del hombre son las expresiones de su razón, su percepción y su conciencia. Debido a que su razón y su percepción son defectuosas y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter es rebelde contra Dios. Si la razón y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es estar de acuerdo con las intenciones de Dios. Si la razón del hombre es defectuosa, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él. Una “razón normal” se refiere a someterse a Dios y serle leal, anhelar a Dios, serle incondicional y tener una conciencia hacia Él. Se refiere a ser de un mismo sentir que Dios y a no oponerse a Él deliberadamente. Si se tiene una razón anormal eso no sucede. Después de haber sido corrompido por Satanás, el hombre se ha formado nociones acerca de Dios y no es leal hacia Dios ni lo anhela, por no hablar de que no tiene una conciencia hacia Dios. El hombre se opone deliberadamente a Dios y lo juzga; es más, le lanza improperios a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas sabiendo perfectamente que es Dios; el hombre no tiene ninguna intención de someterse a Dios, sino que se limita a seguir haciéndole exigencias y requerimientos. Tales personas —la gente que tiene una razón anormal— siguen siendo incapaces de conocer su propio despreciable comportamiento o de lamentar sus actos de rebelión. Si la gente es capaz de conocerse a sí misma, entonces han recuperado un poco de su razón; cuanto más rebeldes contra Dios son las personas y, pese a ello, no se conocen a sí mismas, menos cabal es su razón.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 302
El origen de la revelación del carácter corrupto del hombre no es otro que su conciencia insensible, su naturaleza malévola y su razón defectuosa. Si la conciencia y la razón del hombre pueden volver a ser normales, entonces él se volverá apto para ser usado ante Dios. Se debe simplemente a que la conciencia del hombre siempre ha estado entumecida y a que su razón nunca ha sido cabal, sino que está cada vez más entumecida, que los actos de rebeldía del hombre hacia Dios se están multiplicando hasta el punto, incluso, de haber clavado a Jesús en la cruz y cerrarle la puerta a Dios encarnado en los últimos días, y de condenar la carne de Dios y verla como humilde. Si el hombre tuviese al menos un poquito de humanidad, no sería tan cruel en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese al menos un poco de razón, no sería tan despiadado en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese un poco de conciencia, no “le daría las gracias” a Dios encarnado de esta manera. El hombre vive en la era de Dios hecho carne; sin embargo, no le da las gracias a Dios por haberle dado una oportunidad tan buena, y, en vez de ello, maldice la venida de Dios o ignora por completo el hecho de la encarnación de Dios y parece que está en contra de ella y siente aversión por ella. Independientemente de cómo trate el hombre la venida de Dios, Él siempre ha ido realizando Su obra sin cansarse nunca de ella, a pesar de que el hombre no le ha dado la más mínima bienvenida y sigue haciéndole exigencias. El carácter del hombre se ha vuelto extremadamente malévolo, su razón se ha vuelto sumamente insensible, su conciencia ha sido pisoteada por completo por el maligno y hace ya tiempo que dejó de ser la conciencia original del hombre. El hombre no solo no es agradecido con Dios encarnado por otorgarle tanta vida y gracia a la especie humana, sino que incluso siente aborrecimiento hacia Dios debido a la verdad que Él le concede; como el hombre no tiene interés en la verdad, siente aborrecimiento hacia Dios. El hombre no solo es incapaz de dar su vida por Dios encarnado, sino que en su lugar trata de obtener favores de Él y reclama interés decenas de veces mayor que lo que él le ha dado a Dios. Así son la conciencia y la razón de las personas, pese a ello estas siguen sin ver nada malo en esto y todavía creen que se han esforzado muchísimo por Dios y que Él les ha concedido muy poco. Hay personas que, tras haberme dado un cuenco de agua, extienden las manos y me piden que les pague el precio de dos cuencos de leche; o que, tras haberme dado alojamiento por una noche, me exigen que les pague el precio de esa estancia multiplicado por varias veces. Con tal humanidad y tal conciencia, ¿cómo podríais seguir aspirando a ganar la vida? ¡Qué desgraciados y despreciables sois! Este tipo de humanidad y conciencia en el hombre es lo que hace que Dios encarnado deambule por la tierra, sin un lugar donde encontrar refugio. Ya no digamos nada del hecho de que Dios encarnado ha hecho muchísima obra, aun si Él no hubiese realizado obra alguna, aquellos que en verdad poseen conciencia y humanidad deberían adorarlo y servirlo de todo corazón a Él. Esto es lo que deberían hacer quienes tienen una razón cabal y es el deber del hombre. La mayoría de las personas hablan, incluso, de poner condiciones para su servicio a Dios. No les importa si Él es Dios o un hombre, y solo hablan de sus propias condiciones y solo buscan satisfacer sus propios deseos. Cuando cocináis para Mí, exigís una cuota por concepto de servicio; cuando hacéis recados para Mí, pedís gastos de desplazamiento; cuando trabajáis para Mí, demandáis honorarios de trabajo; cuando laváis Mi ropa, exigís tarifas de lavandería; cuando proveéis para la iglesia, demandáis gastos de nutrición; cuando habláis, exigís pagos de orador; cuando distribuís libros, demandáis cuotas de distribución y, cuando escribís, demandáis honorarios de escritor. Aquellos a quienes he podado incluso me han exigido una recompensa, mientras que aquellos que han sido enviados a su casa exigen reparaciones por los daños a su nombre; aquellos que no están casados exigen una dote o una compensación por su juventud perdida; los que matan un pollo piden honorarios de carnicero; los que fríen alimentos demandan honorarios por el freído; los que hacen la sopa también exigen un pago por ello… Esta es vuestra noble y poderosa humanidad, y estas son las acciones que dicta vuestra cálida conciencia. ¿Dónde está vuestra razón? ¿Dónde está vuestra humanidad? ¡Os lo diré! Si seguís así, dejaré de realizar obra entre vosotros. No voy a obrar entre una manada de bestias vestidas de humanos; no voy a sufrir así por un grupo de personas cuyo hermoso rostro esconde un corazón salvaje; no voy a soportar tal manada de animales que no tiene la más mínima posibilidad de salvación. El día en que os dé la espalda será el día en que moriréis; será el día en que la oscuridad venga sobre vosotros y el día en que os abandonará la luz. ¡Os digo una cosa! Nunca seré benevolente con un grupo como el vuestro, ¡un grupo que está incluso por debajo de los animales! Hay límites a Mis palabras y acciones, y tal y como están vuestra humanidad y vuestra conciencia, no llevaré a cabo más obra, porque carecéis demasiado de conciencia, me habéis causado demasiado dolor y vuestro despreciable comportamiento me asquea demasiado. Tales personas que carecen de humanidad y conciencia nunca tendrán oportunidad de salvarse; nunca salvaría a personas tan desalmadas e ingratas como estas. Cuando llegue Mi día, haré llover Mis abrasadoras llamas por toda la eternidad sobre los hijos de la rebelión que una vez provocaron Mi feroz ira; impondré Mi castigo eterno sobre aquellos animales que una vez lanzaron improperios contra Mí y me abandonaron; quemaré con el fuego de Mi ira por toda la eternidad a los hijos de la rebelión que una vez comieron y vivieron conmigo, pero que no creyeron en Mí, y me insultaron y traicionaron. Someteré a Mi castigo a todos aquellos que provocaron Mi ira; desataré toda Mi ira sobre esas bestias que una vez desearon estar junto a Mí como iguales, pero que nunca me han adorado ni se han sometido a Mí; la vara con la que golpeo al hombre caerá sobre aquellos animales que una vez disfrutaron de Mi cuidado y de los misterios que pronuncié, y una vez que intentaron arrebatarme Mi disfrute material. No seré indulgente con ninguna persona que trate de arrebatarme Mi lugar; no perdonaré a ninguno de los que traten de arrebatarme la comida y la ropa. Por ahora, vosotros continuáis sanos y salvos y seguís excediéndoos en las exigencias que me hacéis. Cuando llegue el día de la cólera, no me haréis más exigencias; en ese momento, os dejaré “disfrutar” todo lo que os plazca, haré que mordáis el polvo ¡y nunca más seréis capaces de levantaros de nuevo! Tarde o temprano, Yo voy a “saldar” esta deuda, y Mi esperanza es que aguardéis pacientemente la llegada de este día.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 303
El hombre no logra ganar a Dios, no porque Dios tenga sentimientos carnales o porque Dios no esté dispuesto a ser ganado por el hombre, sino porque el hombre no desea ganar a Dios y no tiene un corazón que lo busque con urgencia. ¿Cómo podría alguien que en verdad busque a Dios ser maldecido por Él? ¿Cómo podría alguien que posea una razón cabal y una conciencia sensible ser maldecido por Dios? ¿Cómo podría alguien que realmente adora y sirve a Dios ser consumido por el fuego de Su ira? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a someterse a Dios ser expulsado de Su casa? ¿Cómo podría vivir castigado por Dios alguien que siente que nunca puede amarlo lo suficiente? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a renunciar a todo por Dios ser dejado sin nada? El hombre no está dispuesto a buscar a Dios, no está dispuesto a gastar sus posesiones por Dios ni a dedicarle el esfuerzo de toda una vida, sino que dice que Él ha ido demasiado lejos, que hay demasiado respecto a Dios que contradice las nociones del hombre. Con una humanidad como esta, aunque no escatimarais en vuestros esfuerzos, seríais incapaces de ganaros la aprobación de Dios, por no decir nada del hecho de que vosotros no buscáis a Dios. ¿No sabéis que sois los productos defectuosos de la humanidad? ¿No sabéis que no existe una humanidad más baja a la vuestra? ¿No sabéis cómo os llaman los demás para “honraros”? Los que verdaderamente aman a Dios os llaman el padre del lobo, la madre del lobo, el hijo del lobo y el nieto del lobo; sois los descendientes del lobo, el pueblo del lobo, y vosotros debéis conocer vuestra propia identidad y nunca olvidarla. No penséis que sois alguna figura superior: vosotros sois el grupo más cruel de no humanos dentro de la humanidad. ¿Acaso no sabéis nada de esto? ¿Sabéis cuánto me he arriesgado al obrar entre vosotros? Si vuestra razón no puede ser de nuevo normal y vuestra conciencia no puede funcionar normalmente, entonces nunca os liberaréis del apelativo “lobo”, nunca escaparéis al día de la maldición y al día de vuestro castigo. Vosotros habéis nacido inferiores, una cosa sin ningún valor. Vosotros sois, por naturaleza, una manada de lobos hambrientos, un montón de escombros y basura, y, a diferencia de vosotros, Yo no obro sobre vosotros para obtener beneficios personales, sino por la necesidad de la obra. Si continuáis siendo rebeldes de esta manera, entonces detendré Mi obra y no obraré nunca más en vosotros; por el contrario, transferiré Mi obra a un grupo que me gusta; de esta manera os dejaré para siempre, porque Yo no estoy dispuesto a ver a los que están enemistados conmigo. Así pues, ¿queréis ser compatibles conmigo o estar enemistados conmigo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 304
Todo el mundo desea ver el verdadero rostro de Jesús y su anhelo es estar con Él. No creo que ningún hermano o hermana diría que no desea ver a Jesús o estar con Él. Antes de que hayáis visto a Jesús, antes de que hayáis visto al Dios encarnado, tenéis todo tipo de ideas, como por ejemplo sobre la apariencia de Jesús, Su forma de hablar, Su forma de vida, etcétera. Sin embargo, una vez que realmente lo hayáis visto, vuestras ideas cambiarán rápidamente. ¿Por qué ocurre esto? ¿Deseáis saberlo? El pensamiento del hombre no puede pasarse por alto, eso es cierto; pero aún más la esencia de Cristo no tolera alteración alguna por parte del hombre. Consideráis que Cristo es un inmortal o un sabio, pero nadie lo considera una persona normal con esencia divina. Por tanto, muchos de los que día y noche anhelan ver a Dios están en realidad enemistados con Dios y son incompatibles con Él. ¿Acaso no es esto un error por parte del hombre? Incluso en estos momentos seguís pensando que vuestra fe y lealtad son suficientes para haceros dignos de ver el rostro de Cristo, ¡pero os exhorto a que os equipéis con más cosas prácticas! Esto se debe a que, en el pasado, en el presente y en el futuro, muchos de los que entran en contacto con Cristo han fracasado o fracasarán; todos ellos juegan el papel de los fariseos. ¿Cuál es la razón de vuestro fracaso? Se debe, precisamente, a que cada uno de vosotros tiene en vuestras nociones a un dios que es elevado y merecedor de admiración. Sin embargo, la verdad no es como el hombre desea. Cristo no solo no es elevado, sino que es particularmente pequeño; no solo es una persona, sino que es una persona común; no solo no puede ascender al cielo, sino que ni siquiera puede transitar libremente por la tierra. Y siendo así las cosas, las personas lo tratan como una persona común; Lo tratan con desconsideración cuando están con Él y le hablan da la ligera; al mismo tiempo, siguen esperando la venida del “verdadero Cristo”. Tomáis al Cristo que ya ha venido por una persona común y a Sus palabras como las de una persona común. Por esta razón no habéis recibido nada de Cristo y, en cambio, habéis expuesto plenamente vuestra propia fealdad a la luz.
Antes del contacto con Cristo, tal vez creas que tu carácter se ha transformado por completo, que eres un leal seguidor de Cristo y nadie es más digno que tú de recibir las bendiciones de Cristo; como has recorrido muchos caminos, realizado mucha obra y dado mucho fruto, por lo que piensas que indudablemente serás uno de los que al final reciba la corona. Sin embargo, ¿acaso conoces el siguiente hecho: que el carácter corrupto del hombre y su rebeldía y resistencia quedan al descubierto cuando este ve a Cristo, y que este es el momento en el que su rebeldía y resistencia se desenmascaran absoluta y completamente, más que en cualquier otro momento? Esto se debe a que Cristo es el Hijo del hombre —un Hijo del hombre que posee una humanidad normal—, a quien el hombre ni honra ni respeta. Es porque Dios vive en la carne que la rebeldía del hombre sale a la luz de una forma tan completa y con tan vívido detalle. Así pues, Yo digo que la venida de Cristo ha sacado a la luz toda la rebeldía de la humanidad y ha puesto en claro relieve su naturaleza. A esto se le llama “tentar a un tigre a que baje de la montaña” y “tentar a un lobo a que salga de su cueva”. ¿Te atreves a decir que eres leal a Dios? ¿Te atreves a decir que manifiestas una sumisión total a Dios? ¿Te atreves a decir que no eres rebelde? Algunos dirán: “Cada vez que Dios orquesta un entorno para mí, nunca me quejo y siempre soy capaz de someterme y, además, no albergo ningún concepto acerca de Dios”. Otros dirán: “Cualquier cosa que Dios me encomiende, yo la completo lo mejor posible y nunca soy superficial”. En ese caso, os pregunto lo siguiente: ¿Podéis ser compatibles con Cristo cuando vivís junto a Él? Y ¿por cuánto tiempo seréis compatibles con Él? ¿Un día? ¿Dos días? ¿Una hora? ¿Dos horas? Vuestra fe puede muy bien ser encomiable, pero no tenéis mucho en lo relativo a la constancia. Una vez que estés viviendo realmente con Cristo, tu sentenciosidad y prepotencia se revelarán poco a poco mediante tus palabras y acciones, y también tus deseos extravagantes y tu mentalidad desobediente y descontenta se revelarán de forma natural. Finalmente, tu arrogancia se volverá aún más grande, hasta que estés tan en conflicto con Cristo como el agua lo está con el fuego, y luego tu naturaleza quedará completamente expuesta. En ese momento tus nociones ya no podrán permanecer ocultas, tus quejas también saldrán de manera natural y tu humanidad despreciable saldrá completamente a la luz. Sin embargo, aun entonces continúas negándote a reconocer tu propia rebeldía, creyendo, en cambio, que un Cristo como este no es fácil de aceptar para el hombre, que es demasiado estricto con él y que te someterías plenamente si Él fuera un Cristo mejor. Creéis que vuestra rebeldía está justificada, que solo os rebeláis contra Él cuando os empuja demasiado. Ni una sola vez habéis pensado que no consideráis a Cristo como Dios y que no tenéis intención de someteros a Él. Más bien, insistes tercamente en que Cristo actúe de acuerdo con tus deseos y, tan pronto como Él hace una sola cosa que no esté de acuerdo con tus ideas, tú crees que Él no es Dios, sino una persona. ¿No hay acaso muchos entre vosotros que habéis luchado contra Él de esta manera? Después de todo, ¿en quién creéis y de qué manera buscáis?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 305
Siempre deseáis ver a Cristo, pero Yo os exhorto a que no os tengáis en tan alta estima; todo el mundo puede ver a Cristo, pero Yo digo que nadie es apto para ver a Cristo. Debido a que la naturaleza del hombre está llena de maldad, arrogancia y rebeldía, en el momento en el que veas a Cristo, tu naturaleza te destruirá y te condenará a muerte. Tal vez tu relación con un hermano (o una hermana) no muestre mucho sobre ti, pero no es tan simple cuando te relacionas con Cristo. En cualquier momento, tus conceptos pueden echar raíces, tu arrogancia puede comenzar a germinar y tu rebeldía puede comenzar a dar frutos. ¿Cómo puedes tú, con esa clase de humanidad, ser apto para relacionarte con Cristo? ¿Eres verdaderamente capaz de tratarlo como Dios en cada momento de cada día? ¿Tienes verdaderamente la realidad de la sumisión a Dios? Todos adoráis al dios excelso dentro de vuestro corazón como Jehová, al tiempo que consideráis al Cristo visible como una persona. ¡Vuestra razón es demasiado pobre y vuestra humanidad es demasiado vulgar! Sois incapaces de considerar a Cristo siempre como Dios; solo ocasionalmente, cuando estáis de buen humor, os aferráis a Él y lo adoráis como Dios. Es por eso que os digo que no sois creyentes de Dios, sino una pandilla de cómplices que se opone a Cristo. Hasta aquellos que son bondadosos con otros son recompensados; sin embargo, Cristo, que ha hecho tal obra entre vosotros, no ha recibido ni el amor del hombre ni su recompensa y sumisión. ¿Acaso no es eso algo desgarrador?
Tal vez en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu relación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar honestamente ni someterte a la palabra de Cristo. En ese caso, Yo digo que tú eres la persona más insidiosa y malévola del mundo. Quizás eres excepcionalmente amable y devoto con tus parientes, tus amigos, tu esposa (o esposo), tus hijos e hijas y tus padres, y nunca te aprovechas de nadie, pero si eres incapaz de ser compatible con Cristo, si eres incapaz de relacionarte en armonía con Él, entonces, aun si gastas todo lo que tienes ayudando a tus vecinos, o si les brindas a tu padre, a tu madre y a los miembros de tu casa un cuidado meticuloso, te diría que sigues siendo una persona malvada y, más aún, llena de trucos astutos. No pienses que solo porque te llevas bien con los demás o haces algunas cosas buenas eres compatible con Cristo. ¿Tú crees que tus intenciones caritativas pueden conseguir para ti las bendiciones del Cielo? ¿Piensas que llevar a cabo unas cuantas cosas buenas sustituye tu sumisión? Ninguno de vosotros es capaz de aceptar la poda, a todos os resulta difícil abrazar la humanidad normal de Cristo y, por si fuera poco, estáis proclamando constantemente vuestra sumisión a Dios. Una fe como la vuestra acarreará una retribución adecuada. Dejad de entregaros a ilusiones fantasiosas y de desear ver a Cristo, porque sois de estatura muy baja, tanto así que ni siquiera sois dignos de verlo. Cuando hayas desechado por completo tu rebeldía y puedas interactuar armoniosamente con Cristo, en ese momento Dios naturalmente se te aparecerá. Si vas a ver a Dios sin haber pasado por la poda o el juicio, indudablemente te convertirás en un adversario de Dios y seguro que serás alguien que perezca. La naturaleza del hombre es inherentemente hostil hacia Dios, porque todo el mundo ha sido sometido a la corrupción más profunda de Satanás. Si el hombre trata de interactuar con Dios en medio de su propia corrupción, ciertamente nada bueno puede salir de eso; sus acciones y palabras indudablemente revelarán su corrupción a cada paso y, al relacionarse con Dios, su rebeldía se revelará en todo momento. Inconscientemente, el hombre llega a oponerse a Cristo, a engañar a Cristo y a rechazar a Cristo; cuando eso ocurre, el hombre se encontrará en una situación aún más precaria y, si esto continúa, se convertirá en objeto de castigo.
Tal vez algunos crean que, si relacionarse con Dios es tan peligroso, entonces sería más sabio mantener a Dios a distancia. ¿Qué pueden obtener las personas como estas? ¿Pueden ser leales a Dios? Ciertamente, la relación con Dios es muy difícil, pero eso se debe a que el hombre está corrompido y no a que Dios no pueda relacionarse con él. Sería mejor que dedicarais algo de esfuerzo a la verdad de conocerse a uno mismo. ¿Por qué Dios no os aprecia? ¿Por qué vuestro carácter es detestable para Él? ¿Por qué vuestro discurso despierta Su odio? Cuando demostráis un poco de lealtad, os elogiáis a vosotros mismos; cuando realizáis una pequeña contribución, exigís una recompensa; despreciáis a los demás cuando habéis mostrado una pizca de sumisión y desdeñáis a Dios cuando lleváis a cabo alguna tarea insignificante. Por acoger a Dios, pedís dinero, cosas materiales y halagos. Os duele el corazón cuando dais un par de monedas; cuando dais diez, pedís bendiciones y que se os distinga de los demás. Resulta extremadamente ofensivo hablar u oír hablar de vuestra clase de humanidad. ¿Hay algo digno de alabanza en vuestras palabras y acciones? Quienes hacen su deber y quienes no; quienes lideran y quienes siguen; quienes acogen a Dios y quienes no; quienes dan ofrendas y quienes no; quienes predican el camino y quienes reciben el camino, etcétera: todos esos se alaban a sí mismos. ¿Acaso no os parece esto risible? Aunque sabéis perfectamente que creéis en Dios, no podéis ser compatibles con Él. Aunque sois plenamente conscientes de que no tenéis ningún mérito, de cualquier modo persistís en alardear. ¿Acaso no sentís que vuestra razón ha llegado a un punto en el que ha escapado al control? Con una razón como esa, ¿cómo podéis ser aptos para entrar en contacto con Dios? ¿Acaso no os preocupáis por vosotros mismos en este momento? Vuestro carácter ya se ha deteriorado hasta el punto en que sois incapaces de ser compatibles con Dios. Siendo esto así, ¿no es risible vuestra fe? ¿No es absurda vuestra fe? ¿Cómo vas a abordar tu futuro? ¿Cómo vas a elegir la senda que tomes?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 306
He expresado tantas palabras y también he expresado Mis intenciones y Mi carácter, pero aun así, las personas todavía son incapaces de conocerme y de creer en Mí. O se podría decir que las personas todavía son incapaces de someterse a Mí. Los que viven en la Biblia, los que viven en la ley, los que viven en la cruz, los que viven en los preceptos, los que viven en medio de la obra que Yo hago en la actualidad, ¿cuál de ellos es compatible conmigo? Solo pensáis en recibir ciertas bendiciones y recompensas, pero nunca habéis pensado en cómo ser realmente compatibles conmigo, o cómo evitar estar en contra de Mí. Estoy tan decepcionado de vosotros porque os he concedido muchísimo, pero he obtenido tan poco de vosotros. Vuestro engaño, vuestra arrogancia, vuestra codicia, vuestros deseos extravagantes, vuestra traición, vuestra desobediencia, ¿cuál de estos podría escapar a Mi mirada? Me tratáis de manera superficial, intentáis embaucarme, me deshonráis, me aduláis y me extorsionáis y exigís Mis ofrendas de Mí; ¿cómo podrían tales acciones malvadas eludir Mi castigo? Todas estas acciones malvadas son prueba de vuestra enemistad contra Mí y de vuestra incompatibilidad conmigo. Cada uno de vosotros creéis ser tan compatibles conmigo, pero, si fuese así, ¿a quién se aplicaría esa evidencia irrefutable? Creéis que poseéis la máxima sinceridad y lealtad hacia Mí. Pensáis que sois tan bondadosos, tan compasivos y que me habéis dedicado tanto. Pensáis que habéis hecho más que suficiente por Mí, ¿pero alguna vez habéis comparado esto con vuestras acciones? Digo que sois bastante arrogantes, bastante codiciosos, bastante negligentes; los trucos con los que intentáis engañarme son bastante ingeniosos y tenéis bastantes intenciones despreciables y métodos despreciables. En cambio, vuestra lealtad es demasiado pobre, vuestra sinceridad es demasiado miserable y, mucho más aún, estáis desprovistos de conciencia. Sois demasiado malévolos de corazón y no perdonáis a nadie, ni siquiera a Mí. Me cerráis la puerta por el bien de vuestros hijos, de vuestros maridos o de vuestra propia protección. No soy Yo por lo que os preocupáis, sino por vuestra familia, vuestros hijos, vuestro estatus, vuestro futuro y vuestro propio placer. ¿Cuándo habéis pensado en Mí mientras hablabais o actuabais? En los días helados, vuestros pensamientos están ocupados por vuestros hijos, vuestros maridos, vuestras esposas o vuestros padres. En los días de calor sofocante, tampoco tengo lugar en vuestros pensamientos. Cuando realizas tu deber, estás pensando en tus propios intereses, en tu propia seguridad personal y en los miembros de tu familia. ¿Qué has hecho que fuera para Mí? ¿Cuándo has pensado en Mí? ¿Cuándo has hecho todo lo que sea necesario por Mí y por Mi obra? ¿Dónde está la evidencia de tu compatibilidad conmigo? ¿Dónde está la realidad de tu lealtad hacia Mí? ¿Dónde está la realidad de tu sumisión a Mí? ¿Cuándo no han sido tus intenciones las de obtener Mis bendiciones? Todos tratáis de embaucarme. Todos me estáis engañando. Estáis jugando con la verdad, escondiendo la existencia de la verdad y traicionando la esencia de la verdad. Dado que vais en contra de Mí de esta manera, ¿qué os espera en el futuro? Solo buscáis la compatibilidad con un dios difuso y solo buscáis una creencia difusa, pero no sois compatibles con Cristo. Con tales acciones malvadas, ¿acaso no sufriréis una merecida retribución junto a las personas malvadas? En aquel momento, os daréis cuenta de que nadie que no sea compatible con Cristo puede escapar del día de la cólera, y descubriréis qué clase de retribución vendrá sobre los que están en contra de Cristo. Cuando ese día llegue, vuestros sueños de ser bendecidos por vuestra creencia en Dios y de poder entrar en el cielo se harán añicos. Sin embargo, no será así para los que son compatibles con Cristo. Aunque han perdido mucho, aunque han sufrido muchas penalidades, recibirán toda la herencia que Yo concedo a la humanidad. Finalmente, entenderéis que solo Yo soy el Dios justo y que solo Yo soy capaz de llevar a la humanidad a su hermoso destino.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberías buscar el camino de la compatibilidad con Cristo
Palabras diarias de Dios Fragmento 307
Dios les ha confiado mucho a los humanos y también ha hablado de incontables maneras sobre la entrada humana. Sin embargo, por ser el calibre de las personas tan pobre, muchas de las palabras de Dios dejan de arraigarse. Existen diversas razones para este pobre calibre, como la corrupción del pensamiento y la moralidad humanas, la falta de una educación adecuada; las supersticiones feudales que ocupan gravemente el corazón del hombre; los estilos de vida depravados y decadentes que han alojado muchas enfermedades en los rincones más profundos del corazón humano; una comprensión superficial de la alfabetización cultural, con casi el noventa y ocho por ciento de las personas que carecen de educación en ella. Lo que es más, hay muy pocos que reciben niveles más altos de educación cultural. Por lo tanto, básicamente no tienen ni idea de lo que significan el Espíritu o Dios. Solo poseen una imagen imprecisa y poco clara de dios según les proveen las supersticiones feudales. Las influencias perniciosas y el pensamiento feudal que quedan en lo profundo del corazón humano a través de miles de años de “espíritu nacional” han atado y encadenado a las personas y las han dejado sin una pizca de libertad, sin ambición ni perseverancia ni deseo de progresar; en cambio, han hecho que permanezcan negativas y retrógradas, con una mentalidad de esclavos particularmente fuerte, y así sucesivamente. Estos factores objetivos les han impartido una marca indeleble, sucia y fea a la perspectiva ideológica, las aspiraciones, la moralidad y el carácter de la humanidad. Al parecer, los seres humanos están viviendo en un mundo oscuro de terrorismo y nadie piensa en trascenderlo ni en avanzar hacia un mundo ideal. En cambio, pasan los días con una sensación de contento respecto de su suerte en la vida: tienen hijos y los crían, se esfuerzan, sudan, atienden sus labores y sueñan con tener una familia agradable y feliz, el afecto conyugal, buenos hijos, unos últimos años gozosos y vivir una vida apacible… Durante decenas, millares, decenas de millares de años hasta ahora, las personas han malgastado así su tiempo, sin nadie que haya creado la vida humana más espléndida de todas; se han entregado únicamente a masacrarse unos a otros, luchando por fama y provecho, confabulando los unos contra los otros en este mundo oscuro. ¿Quién ha buscado alguna vez las intenciones de Dios? ¿Alguna vez le ha prestado alguien atención a la obra de Dios? Todas las partes de las personas ocupadas por la influencia de la oscuridad hace mucho que se convirtieron en naturaleza humana, de manera que es bastante difícil llevar a cabo la obra de Dios y hoy las personas tienen aún menos ánimo de prestar atención a lo que Dios les ha encomendado. En cualquier caso, creo que a nadie le importará que Yo pronuncie estas palabras, ya que de lo que estoy hablando es de la historia de miles de años. Referirse a la historia significa hechos y, además, escándalos obvios para todos; ¿de qué sirve, pues, hablar en contra de los hechos? Pero Yo también creo que las personas que poseen razón, al ver estas palabras, se despertarán y se esforzarán por progresar. Dios también espera que los seres humanos puedan vivir y trabajar en paz y contentamiento. Sin embargo, es la intención de Dios que los humanos sean capaces de amar a Dios y que toda la humanidad pueda entrar en el reposo. Más que esto, el llenar toda la tierra con la gloria de Dios es Su gran deseo. Es simplemente una lástima que los seres humanos sigan hundidos en el olvido y permanezcan dormidos, tan fuertemente corrompidos por Satanás que hoy no tienen ya la semejanza de los humanos. Así pues el pensamiento, la moralidad y la educación humanos forman un vínculo importante, con la preparación en la alfabetización cultural formando un segundo vínculo, para elevar mejor el calibre de los seres humanos y cambiar su perspectiva mental.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (3)
Palabras diarias de Dios Fragmento 308
En las experiencias vitales de las personas, piensan a menudo: “He abandonado a mi familia y mi carrera por Dios, ¿y qué me ha dado Él? Debo sumarlo todo y confirmarlo: ¿He recibido bendiciones recientemente? Me he esforzado mucho durante este tiempo, he corrido y corrido, y he sufrido mucho; ¿me ha dado Dios alguna promesa a cambio de mi desempeño durante este tiempo? ¿Ha recordado mis buenas obras? ¿Cuál será mi resultado? ¿Puedo recibir bendiciones?…”. En su corazón, toda persona hace esos cálculos en forma frecuente y continua, albergando motivaciones, ambiciones y una mentalidad transaccional al solicitarle cosas a Dios. Es decir, el hombre incesantemente está examinando a Dios en su corazón, ideando planes sobre Él, “defendiendo” ante Él su propio resultado, tratando de arrancarle una declaración y ver si Él le dará o no lo que quiere. Al mismo tiempo que busca a Dios, el hombre no lo trata como tal. Este siempre ha intentado hacer tratos con Él, solicitándole cosas sin cesar, y hasta presionándolo a cada paso, tratando de tomar el brazo cuando le dan la mano. A la vez que intenta hacer tratos con Dios, también discute con Él, e incluso hay personas que, cuando les llegan las pruebas o se encuentran en ciertas situaciones, con frecuencia se vuelven débiles, negativas y holgazanas en su trabajo, y están llenas de quejas hacia Él. Desde el momento en que empezó a creer en Él por primera vez, el hombre lo ha considerado una cornucopia, una navaja suiza, y se ha considerado Su mayor acreedor, como si solicitar bendiciones y promesas de Dios fuera su derecho y obligación inherentes, y las responsabilidades a cargo de Dios fueran protegerlo, cuidar de él y proveer para él. Tal es la comprensión básica de las tres palabras “fe en Dios” de todos aquellos que creen en Él, y su comprensión más profunda del concepto de creer en Él. Desde la esencia-naturaleza del hombre a su búsqueda subjetiva, nada tiene relación con el temor de Dios. No es posible que el objetivo del hombre al creer en Dios tenga nada que ver con la adoración a Dios. Es decir, el hombre nunca ha tenido la intención de temer a Dios y adorarlo al creer en Él, y nunca ha entendido que tales cosas son necesarias en la fe en Dios. A la luz de este estado, la esencia del hombre es obvia. ¿Cuál es esta esencia? El corazón del hombre es malévolo, siniestro y falso, no ama la ecuanimidad, la justicia ni las cosas positivas; además, es despreciable y codicioso. El corazón del hombre no podría estar más cerrado a Dios; no se lo entrega en absoluto. Él nunca ha visto el verdadero corazón del hombre ni este lo ha adorado jamás. No importa cuán grande sea el precio que Dios pague, cuánta obra Él lleve a cabo o cuánto le provea al hombre, este sigue estando ciego e indiferente a todo. El ser humano no le ha dado nunca su corazón a Dios, solo quiere ocuparse de su corazón por sí mismo, tomar sus propias decisiones; el trasfondo de esto es que no quiere recorrer el camino de temer a Dios y apartarse del mal, ni someterse a Su soberanía ni a Sus disposiciones, ni adorar a Dios como tal. Este es el estado del hombre en la actualidad.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
Palabras diarias de Dios Fragmento 309
¿Acaso no hay muchas personas que se resisten a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo porque no conocen la variada y diversa obra de Dios y, además, porque usan el poco conocimiento y doctrina que poseen para evaluar la obra del Espíritu Santo? Aunque estas personas solo han tenido experiencias superficiales, son altivas, obstinadas y desenfrenadas por naturaleza, contemplan la obra del Espíritu Santo con desdén, ignoran la disciplina que Él impone y, además, usan sus insignificantes y viejas doctrinas para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También son farsantes y están totalmente convencidas de su propia erudición, creyendo que deambulan libremente por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desdeña y la nueva era descarta? ¿No son aquellos que vienen ante Dios y se resisten abiertamente a Él individuos despreciables con un conocimiento superficial y limitado que alardean de su propia “brillantez”? Tienen solo un poquito de conocimiento de la Biblia, y sin embargo desean tener vía libre por todos los “círculos académicos” del mundo; tienen solo un poquito de doctrina superficial para enseñar a la gente, y sin embargo quieren revertir el curso de la obra del Espíritu Santo e intentar hacer que gire en torno a sus propios procesos de pensamiento. Miopes como son, desean contemplar la magnificencia de los 6000 años de obra de Dios. ¡Estas personas no poseen ninguna razón que valga la pena mencionar! De hecho, cuanto más conocimiento tienen las personas de Dios, menos juzgan Su obra a la ligera; solo hablan un poco de su conocimiento de la obra presente de Dios, pero no emiten juicios sobre ella de manera despreocupada. Cuanto menos conocen las personas a Dios, más descaradas son, más se sobrestiman a sí mismas y más proclaman descaradamente lo que Dios es y, sin embargo, lo que proclaman es solo doctrina y no tiene ninguna base fáctica. Estas son las personas más inútiles. ¡Aquellos que tratan la obra del Espíritu Santo como un juego son personas frívolas! Al encontrarse con la nueva obra del Espíritu Santo, no la abordan con cautela, sino que se van de la lengua y se apresuran a juzgar, dan rienda suelta a su propia voluntad para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, e incluso la insultan o blasfeman contra ella; ¿acaso estos individuos irrespetuosos no ignoran la obra del Espíritu Santo y, además, son personas de gran arrogancia que son inherentemente altivas y desenfrenadas? Incluso si llega el día en que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, seguirán sin obtener el perdón de Dios. No solo menosprecian a aquellos que trabajan para Él, sino que también blasfeman contra Dios mismo. ¡Tales forajidos no serán perdonados, ni en esta vida ni en el mundo venidero, y perecerán para siempre en el infierno! Tales personas irrespetuosas y autoindulgentes simplemente llevan la etiqueta de creyentes, y cuanto más son así las personas, más propensas son a vulnerar los decretos administrativos de Dios. ¿Acaso no caminan por esta senda todos esos individuos arrogantes que son innatamente desenfrenados y que nunca han obedecido a nadie? ¿No se resisten de esta manera, día tras día, a Dios, que siempre es nuevo y nunca viejo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 310
La historia cultural y el conocimiento antiguos que abarcan varios miles de años han cerrado los pensamientos del hombre, las nociones y su perspectiva mental, de un modo tan hermético que los hace impermeables y no biodegradables[1]. La gente vive en el decimoctavo círculo del infierno, donde, como si hubiera sido desterrado por Dios a las mazmorras, la luz nunca se ve. El pensamiento feudal ha oprimido a la gente de tal manera que apenas pueden respirar y se están asfixiando. No tienen ni un ápice de fuerza para resistir; todo lo que hacen es soportar y soportar en silencio… Ninguno ha osado nunca luchar por la rectitud y la equidad ni defenderlas; sencillamente viven una vida peor que la de un animal, bajo el abuso y los golpes de la ética feudal, día tras día y año tras año. No han pensado nunca en buscar a Dios para disfrutar de la felicidad en el mundo humano. Es como si hubieran molido a palos a la gente hasta ser como las hojas caídas del otoño, marchitas, descoloridas y finas. La gente ha perdido la memoria hace mucho tiempo; vive indefensa en el infierno conocido como el mundo humano, en espera de que llegue el último día para poder perecer junto con este infierno, como si ese último día que anhela fuera el día en que el hombre “disfrutará de una tranquila paz”. La ética feudal ha llevado la vida del hombre al “Hades”, debilitando aún más el poder del hombre para resistir. Todo tipo de opresión empuja al ser humano, paso a paso, hasta que cae en el Hades y empuja al hombre cada vez más lejos de Dios, de modo que hoy siente que Dios es un completo extraño para este y se apresura a evitarlo cuando se encuentran. El hombre no le hace caso y lo aísla al margen, como si nunca lo hubiera conocido o visto antes. Sin embargo, Dios ha estado esperando al hombre a lo largo del extenso viaje de la vida humana, sin lanzar nunca Su rabia irrefrenable contra él, meramente aguardando en silencio, sin una palabra, a que el hombre se arrepintiera y empezara de nuevo. Hace mucho que Dios vino al mundo humano para compartir los sufrimientos de este con el hombre. En todos los años que ha vivido con el hombre, nadie ha descubierto Su existencia. Dios solo soporta en silencio la miseria de la mezquindad en el mundo humano, mientras lleva a cabo la obra que ha traído en persona. Él soporta por la voluntad de Dios Padre y por las necesidades de la especie humana, padeciendo sufrimientos que nunca antes experimentó el hombre. Ante la presencia del hombre, Él lo ha servido en silencio, y se ha humillado por amor a la voluntad de Dios Padre y por las necesidades de la humanidad. El conocimiento de la cultura de la antigüedad ha robado al hombre, a escondidas, de la presencia de Dios y lo ha entregado al rey de los diablos y sus vástagos. Los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos[a] han llevado los pensamientos y las nociones del hombre a otra era de rebelión y han hecho que ofrezca aún más adoración que antes a aquellos que recopilaron estos Cuatro Libros y los Cinco Clásicos, y como consecuencia de ello intensifican sus nociones sobre Dios. Sin que el hombre lo supiese, el rey de los diablos expulsó a Dios de su corazón sin piedad y después lo ocupó él mismo con regodeo triunfante. Desde ese momento, el hombre ha pasado a poseer un alma fea y el rostro del rey de los diablos. Su pecho se ha llenado de odio hacia Dios y la malevolencia del rey de los diablos se ha extendido dentro del hombre día tras día, hasta que este ha quedado consumido por completo. El hombre ya no tiene la más mínima libertad ni manera de liberarse de los enredos del rey de los diablos. No le ha quedado otro remedio que ser tomado cautivo en el acto, rendirse y someterse en su presencia. Hace mucho, cuando el corazón del hombre estaba todavía en ciernes, el rey de los diablos plantó en él la semilla del tumor del ateísmo, le enseñó falacias tales como “estudia ciencia y tecnología, realiza las Cuatro Modernizaciones y no hay Dios en el mundo”. Y no solo eso, sino que grita en toda ocasión: “Construyamos una hermosa patria apoyándonos en nuestro laborioso esfuerzo”; pidiendo a todas las personas que estén preparadas desde la infancia para rendir servicio a su país. El hombre ha sido llevado ante su presencia inconscientemente y, sin dudarlo, se atribuye todo el mérito a sí mismo (es decir, el mérito que le pertenece a Dios por sostener a toda la humanidad en Sus manos). Nunca ha tenido ningún sentido de vergüenza. Además, se apodera descaradamente del pueblo de Dios y lo arrastra de vuelta a su casa, donde salta como un ratón sobre la mesa y hace que el hombre lo adore como a “Dios”. ¡Qué forajido! Grita cosas impactantes y escandalosas como: “No hay Dios en el mundo. El viento se genera por cambios que están gobernados por las leyes naturales; la lluvia se crea cuando el vapor de agua, al encontrarse con temperaturas bajas, se condensa en gotas que caen sobre la tierra; un terremoto es el temblor de la superficie de la tierra por los cambios geológicos; la sequía se debe a la sequedad del aire causada por la fisión de partículas nucleares en la superficie del sol. Son fenómenos naturales. ¿Dónde hay un acto de Dios en todo esto?”. Hay incluso aquellos que gritan indecibles afirmaciones como las siguientes: “El hombre evolucionó de los simios en la antigüedad y el mundo hoy viene de una sociedad primitiva que empezó hace aproximadamente un eón. El que un país prospere o decaiga está completamente en manos de su pueblo”. En segundo plano, hace que el hombre lo cuelgue en la pared o lo ponga en la mesa para adorarlo y hacerle ofrendas. Al tiempo en que grita: “No hay Dios”, se erige a sí mismo como dios y empuja a Dios sin contemplaciones fuera de los límites de la tierra mientras se pone en el lugar de Dios y actúa como rey de los diablos. ¡Qué falta de razón tan absoluta! Hace que uno lo odie hasta la médula. Parece que Dios sea su enemigo acérrimo y que los dos no puedan coexistir. Conspira para ahuyentar a Dios, mientras que se pasea a sus anchas, fuera del alcance de la ley[2]. ¡Vaya un rey de los diablos! ¿Cómo puede tolerarse su existencia? No descansará hasta que haya arruinado la obra de Dios y la haya dejado en completo desorden[3], como si quisiera oponerse a Dios hasta las últimas consecuencias, hasta que uno o el otro perezca, oponiéndose a Dios deliberadamente y acercándose cada vez más. Hace tiempo que su espantoso rostro ha sido desenmascarado completamente y ahora está completamente abrumado y acosado por los problemas[4], pero todavía no cede en su odio a Dios, como si solo al devorarlo de un bocado pudiera aplacar el aborrecimiento acumulado en su corazón. ¿Cómo podemos tolerarlo? ¡Es un enemigo de Dios! Solo su erradicación y completa exterminación llevará a cabo el deseo de nuestra vida. ¿Cómo puede permitírsele que siga campando a sus anchas? Ha corrompido al hombre hasta tal punto que este no conoce el sol celestial y se ha vuelto insensible e idiota. El hombre ha perdido la razón humana normal. ¿Por qué no ofrecer todo nuestro ser para destruirlo y quemarlo, para eliminar todas las preocupaciones futuras y permitir que la obra de Dios alcance con mayor prontitud un esplendor sin precedentes? Esta banda de sinvergüenzas ha venido al mundo del hombre y lo ha dejado patas arriba. Ha llevado a todos los seres humanos al borde de un precipicio y ha planeado en secreto empujarlos para que caigan, se hagan pedazos y así poder devorar sus cadáveres. Espera en vano destruir el plan de Dios y competir con Él apostándolo todo a una sola carta[5]. ¡Esto no es en modo alguno fácil! La cruz ha sido preparada, después de todo, para el rey de los diablos, que es culpable del más atroz de los crímenes. Dios no pertenece a la cruz. Él ya se la ha arrojado al diablo. Hace mucho que Dios emergió victorioso, y ya no siente tristeza por los pecados de la humanidad, sino que traerá salvación a toda ella.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (7)
Notas al pie:
1. “No biodegradable” tiene la intención de fungir como una sátira aquí, y significa que las personas son rígidas en su conocimiento, cultura y perspectiva mental.
2. “Pasea a sus anchas, fuera del alcance de la ley” indica que el diablo es desenfrenado en su salvajismo y corre desbocado por la tierra.
3. “Un completo desorden” se refiere a lo insoportable de ver que es la violenta conducta del diablo para las personas.
4. “Completamente abrumado y acosado por los problemas” alude al horrible rostro del rey de los diablos.
5. “Apostándolo todo a una sola carta” significa poner todo el dinero en una sola apuesta con la esperanza de ganar al final. Es una metáfora de la argucias siniestras y malévolas del diablo. La expresión se utiliza en tono de burla.
a. Los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos son los libros autorizados del Confucionismo en China.
Palabras diarias de Dios Fragmento 311
De arriba abajo, y de principio a fin, Satanás ha estado perturbando la obra de Dios y actuando en oposición a Él. Toda esta “herencia cultural antigua”, el valioso “conocimiento de la antigua cultura”, “las enseñanzas del taoísmo y confucionismo” y “los clásicos confucianos y ritos feudales” ha llevado al hombre al infierno. La ciencia y la tecnología modernas y avanzadas, así como la industria, la agricultura y los negocios altamente desarrollados no se ven por ningún sitio. Más bien, todo lo que hace es enfatizar los ritos feudales traídos por los “simios” de la antigüedad para trastornar la obra de Dios, oponerse a ella y destruirla deliberadamente. No solo ha seguido afligiendo al hombre hasta hoy, sino que además quiere tragárselo[1] por completo. La transmisión de las enseñanzas de la ética feudal y el legado del conocimiento de la antigua cultura han infectado a la humanidad desde hace mucho, y la han convertido en diablos grandes y pequeños. Solo hay unos cuantos que recibirían de buena gana a Dios, y que recibirían con júbilo Su venida. El rostro de toda la humanidad está lleno de intenciones asesinas y, en todas partes, se respira un aliento mortal. Buscan expulsar a Dios de esta tierra; cuchillos y espadas en mano, se disponen en formación de batalla para “aniquilarlo”. Los ídolos están esparcidos por toda esta tierra de los diablos, donde constantemente se le enseña al hombre que no hay Dios, y el aire de encima está impregnado de un olor nauseabundo a papel e incienso quemados, tan espeso que asfixia. Parece ser el hedor del lodo que flota en el aire cuando la serpiente venenosa se retuerce, tanto que no se puede evitar vomitar. Además de esto, se puede oír levemente el sonido de los demonios malignos que salmodian las escrituras, un sonido que parece provenir del infierno remoto, tanto que uno no puede evitar sentir un escalofrío. En todas partes de esta tierra se colocan ídolos de todos los colores del arcoíris, que convierten la tierra en un mundo llamativo y estridente, mientras el rey de los diablos no para de reír con malicia, como si su plan hubiera tenido éxito. Mientras tanto, el hombre ignora todo esto por completo, sin tener ni idea de que el diablo ya lo ha corrompido hasta tal extremo que pierde el sentido y agacha la cabeza. Desea borrar de un plumazo todo lo que tiene que ver con Dios, y mancillarlo y asesinarlo de nuevo. Su intención es derribar y perturbar Su obra. ¿Cómo puede permitir que Dios tenga el mismo estatus? ¿Cómo puede tolerar que Dios “interfiera” con su obra en el mundo humano? ¿Cómo puede dejar que Dios deje en evidencia su espantoso rostro? ¿Cómo puede permitir que Dios haga caer su obra en el desorden? ¿Cómo puede este diablo, apoplético de ira, permitir que Dios tenga control sobre su corte imperial en la tierra? ¿Cómo puede inclinarse voluntariamente ante Su poder superior? Su espantoso rostro se ha revelado tal como es, de manera que uno no sabe si reír o llorar y resulta verdaderamente difícil hablar de ello. ¿Acaso no es esta su sustancia? Con almas feas, siguen creyéndose increíblemente hermosos, ¡vaya banda de cómplices criminales[2]! Descienden al reino de los mortales para complacerse en los placeres y causar una conmoción, agitando tanto las cosas que el mundo se convierte en un lugar voluble e inconstante y el corazón del hombre se llena de pánico e inquietud, y han jugado tanto con el hombre que su apariencia se ha convertido en la de una bestia inhumana del campo, sumamente fea, y de la cual se ha perdido hasta el último rastro del hombre puro original. Además, incluso desean asumir el poder soberano en la tierra. Obstaculizan tanto la obra de Dios que esta apenas puede avanzar, y encierran al hombre tan firmemente como los muros de cobre y acero. Habiendo cometido tantos pecados graves y causado tantos desastres, ¿todavía están esperando otra cosa que el castigo? Los diablos y demonios han estado causando estragos en la tierra durante un tiempo, han bloqueado las intenciones y la sangre del corazón de Dios hasta el punto en que nada puede salir. ¡Qué pecado mortal! ¿Cómo puede Dios no sentirse angustiado? ¿Cómo no enfadarse? Se han opuesto a la obra de Dios y la han obstaculizado severamente: ¡Qué rebeldes! Hasta esos demonios, grandes y pequeños, se crecen al amparo de su amo y se dejan llevar por la corriente malvada para causar disturbios. ¡Se oponen deliberadamente a la verdad a pesar de conocerla, estos hijos de la rebeldía! Es como si, ahora que su rey del infierno ha ascendido al trono real, ellos se hubieran vuelto cómodos y engreídos y trataran a los demás con desdén. ¿Cuántos de ellos buscan la verdad y siguen la rectitud? Todos son bestias como cerdos y perros, que dirigen a una banda de moscas apestosas, meneando la cabeza con autocomplacencia e incitando todo tipo de problemas[3] en medio de un montón de estiércol. Creen que su rey del infierno es el mayor de los reyes, sin darse cuenta de que ellos mismos no son más que moscas apestosas. Y sin embargo, se aprovechan del poder de los perros y cerdos que tienen como padres para calumniar la existencia de Dios. Como moscas diminutas, creen que sus progenitores son tan grandes como las ballenas azules[4]. ¿No se dan cuenta de que, si bien ellos mismos son diminutos, sus padres son cerdos y perros inmundos cientos de millones de veces más grandes que ellos? Inconscientes de su propia bajeza, se apoyan en el hedor de la putrefacción que rezuma de esos perros y cerdos para desbocarse, pensando en vano que procrearán generaciones futuras, ¡sin ninguna vergüenza! Con alas verdes en su espalda (esto se refiere a su afirmación de creer en Dios), son presuntuosos y se jactan en todas partes de su propia belleza y atractivo, mientras que echan en secreto la inmundicia de sus propios cuerpos sobre el hombre. Además, están extremadamente satisfechos de sí mismos, como si pudieran usar un par de alas con los colores del arcoíris para esconder su propia inmundicia; y por estos medios dirigen su persecución contra la existencia del Dios verdadero (esto se refiere a lo que sucede entre bambalinas en el mundo religioso). ¿Cómo iba a saber el hombre que, aunque las alas de la mosca sean hermosas y encantadoras, la mosca en sí después de todo no es más que una criatura minúscula con la barriga llena de suciedad y el cuerpo cubierto de gérmenes? Valiéndose de la fortaleza de sus padres, unos cerdos y perros, hacen estragos por la tierra (esto se refiere a la manera en que los oficiales religiosos que persiguen a Dios se basan en el firme apoyo del gobierno de la nación para traicionar al Dios verdadero y la verdad) con su salvajismo descontrolado. Es como si los fantasmas de los fariseos judíos hubieran regresado con Dios al país del gran dragón rojo, de vuelta a su viejo nido. Han iniciado otra ronda de persecución, retomando su obra de hace varios miles de años. ¡Sin lugar a duda, este grupo de degenerados perecerá en la tierra al final! Al parecer, tras varios milenios, los espíritus inmundos se han vuelto incluso más astutos y taimados. Quieren constantemente socavar en secreto la obra de Dios. Tienen infinidad de trucos y artimañas y desean recrear en su tierra natal la tragedia de hace varios miles de años, incitando a Dios hasta que casi da un grito. Apenas puede contenerse de regresar al tercer cielo para aniquilarlos. Para que el hombre ame a Dios, debe entender Sus intenciones, Sus gozos y Sus tristezas, y comprender qué es lo que aborrece. Esto impulsará aún mejor la entrada del hombre. Cuanto más rápido se produzca la entrada del hombre, más estarán satisfechas las intenciones de Dios, más claro será el discernimiento del hombre respecto al rey de los demonios y más cerca estará de Dios, para que Su deseo pueda hacerse realidad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (7)
Notas al pie:
1. “Tragarlo” se refiere a la violenta conducta del rey de los demonios, que saquea al pueblo en su totalidad.
2. Los “cómplices criminales” son de la misma calaña que “una banda de villanos”.
3. “Incitar todo tipo de problemas” se refiere a cómo las personas propias de los diablos se desmandan, obstruyen la obra de Dios y se oponen a ella.
4. “Las ballenas azules” se usa en tono burlón. Es una metáfora de cómo las moscas son tan pequeñas que los cerdos y los perros les parecen grandes como ballenas.
Palabras diarias de Dios Fragmento 312
Esta tierra, que ha sido inmunda durante miles de años, es insoportablemente sucia, la miseria abunda, los fantasmas campan a su antojo por todas partes; timan, engañan y hacen acusaciones sin razón[1]; emplean medios crueles sin piedad, pisotean esta ciudad fantasma y la dejan plagada de cadáveres; el hedor de la putrefacción cubre la tierra e impregna el aire; está fuertemente custodiada[2]. ¿Quién puede ver el mundo más allá de los cielos? El diablo ata firmemente todo el cuerpo del hombre, pone un velo ante sus ojos y sella con fuerza sus labios. El rey de los demonios se ha desbocado durante varios miles de años, hasta el día de hoy, cuando sigue custodiando de cerca la ciudad fantasma, como si fuera un “palacio de demonios” impenetrable. Esta manada de perros guardianes, mientras tanto, mira fijamente con mirada penetrante, profundamente temerosa de que Dios la pille desprevenida, los aniquile a todos, y los deje sin un lugar de paz y felicidad. ¿Cómo podría la gente de una ciudad fantasma como esta haber visto alguna vez a Dios? ¿Podrían haber disfrutado alguna vez de la amabilidad y del encanto de Dios? ¿Podrían entender alguna vez los asuntos del mundo humano? ¿Quién de ellos puede entender las anhelantes intenciones de Dios? Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los demonios, que mata a las personas sin pestañear, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, empezaron a tratar a Dios como un enemigo hace mucho tiempo, lo maltratan, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, atacan y saquean, han perdido toda conciencia, van contra toda conciencia y tientan a la humanidad inocente hasta dejarla en un estado de estupor. ¿Qué sucesores de los antiguos sabios? ¿Qué amados líderes? ¡Todos ellos son unos desgraciados que se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Qué libertad religiosa? ¿Qué derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar la maldad! ¿Quién ha apoyado la obra de Dios? ¿Quién ha dado su vida o derramado su sangre por la obra de Dios? Los humanos, quienes durante generaciones han estado esclavizados, en una línea inquebrantable de padres a hijos, han esclavizado sin miramientos a Dios, ¿cómo no incitaría esto a la furia? Miles de años de odio están concentrados en el corazón, milenios de pecaminosidad están grabados en el corazón; ¿cómo no podría esto infundir odio? ¡Venga a Dios, extingue por completo a Su enemigo, no permitas que siga más tiempo fuera de control, que reine como un tirano! Ahora es el momento: el hombre lleva mucho tiempo reuniendo todas sus fuerzas y ha de dedicar toda la sangre de su corazón y ha de pagar todo precio por esto, para arrancarle la cara odiosa a este diablo y permitir a las personas, que han sido cegadas y han soportado todo tipo de sufrimiento y dificultad, que se levanten de su dolor y se rebelen contra este viejo diablo maligno. ¿Por qué obstruir la obra de Dios con tanta minuciosidad? ¿Por qué emplear diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para embaucar a la gente de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para reprimir la venida de Dios? ¿Por qué no permitir que Dios vague libremente por la tierra que creó? ¿Por qué acosar a Dios hasta que no tenga donde reposar Su cabeza? ¿Dónde está la calidez entre los hombres? ¿Dónde está el recibimiento que la gente le hace a Dios? ¿Por qué causar un ansia tan desesperada en Él? ¿Por qué hacer que Dios llame una y otra vez? ¿Por qué forzar a Dios hasta el punto de que debe preocuparse por Su amado Hijo? Esta sociedad es muy oscura, ¿por qué sus despreciables perros guardianes no permiten que Dios venga y vaya libremente en el mundo que Él creó? ¿Por qué no entiende el hombre, que vive en medio de dolor y sufrimiento? Por vuestro propio bien, Dios ha padecido gran tormento, con enorme dolor os ha dado a Su amado Hijo, Su carne y Su sangre, ¿por qué seguís haciendo la vista gorda? A plena vista de todos, rechazáis la venida de Dios y negáis Su amistad. ¿Por qué sois tan carentes de conciencia? ¿Estáis dispuestos a soportar las injusticias en una sociedad oscura como esta? ¿Por qué, en vez de llenaros la barriga con milenios de odio, os atiborráis con la “porquería” del rey de los demonios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (8)
Notas al pie:
1. “Hacen acusaciones sin razón” alude a los métodos por los cuales el diablo daña a las personas.
2. “Fuertemente custodiada” indica que los métodos por los cuales el diablo aflige a las personas son especialmente crueles, y las controla tanto que no tienen espacio para moverse.
Palabras diarias de Dios Fragmento 313
Si las personas pueden ver realmente con claridad la senda correcta de la vida humana, así como el propósito de la gestión de Dios de la humanidad, no atesorarían en su corazón su futuro y sino individuales. Ya no tendrían interés en servir a sus padres, que son peores que cerdos y perros. ¿El futuro y sino del hombre no son exactamente los “padres” de Pedro, así llamados en el presente? Son como la carne y sangre del hombre. ¿Cuál será el destino y el futuro de la carne? ¿Será ver a Dios mientras siga viva o que el alma se encuentre con Dios después de la muerte? ¿La carne acabará mañana en un gran horno de tribulaciones o en conflagración? ¿Acaso estas preguntas no tratan sobre si la carne del hombre soportará la desgracia o sufrirá la gran noticia que más preocupa a cualquiera que se encuentre en esta corriente y posea cerebro y razón? (Aquí, soportar el sufrimiento se refiere a recibir bendiciones; quiere decir que las pruebas futuras son beneficiosas para el destino del hombre. Desgracia se refiere a ser incapaz de permanecer firme o ser desorientado; o quiere decir que uno se va a encontrar con situaciones desafortunadas y va a perder la vida en medio de desastres, y que no hay ningún destino adecuado para el alma de uno). Aunque los humanos tienen buena razón, tal vez lo que piensan no se corresponde totalmente con lo que su razón debería estar equipada. Esto se debe a que todos están bastante confundidos y siguen las cosas a ciegas. Todos deberían comprender profundamente en qué deberían entrar y, en especial, deberían dilucidar en qué se debería entrar durante la tribulación (es decir, durante el refinamiento en el horno) además de aquello con lo que deberían estar equipados durante la prueba de fuego. No siempre sirvas a tus padres (que significa la carne) que son como cerdos y perros y son peores que las hormigas y los insectos. ¿Qué sentido tiene atormentarse por esto, pensar tanto y devanarse los sesos? La carne no te pertenece, pues está en manos de Dios, que no solo te controla sino que también controla a Satanás. (Esto significa que la carne pertenece originalmente a Satanás. Ya que Satanás también está en manos de Dios, solo se puede decir de esa manera. Esto es porque es más persuasivo decirlo de esa manera; sugiere que los hombres no están completamente bajo el poder de Satanás sino que están en manos de Dios). Vives bajo el tormento de la carne, pero ¿la carne te pertenece? ¿Está bajo tu control? ¿Por qué devanarte los sesos por ella? ¿Por qué molestarte suplicando a Dios obsesivamente por tu pútrida carne, condenada, maldita y profanada hace tanto por espíritus inmundos? ¿Qué necesidad hay de mantener siempre a los cómplices de Satanás cerca de tu corazón? ¿No te preocupa que la carne pueda arruinar tu futuro real, tu maravillosa esperanza y el verdadero destino para tu vida?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El propósito de gestionar al hombre
Palabras diarias de Dios Fragmento 314
Hoy, habéis llegado a entender más que cualquier persona en la historia que nunca fue perfeccionada. Sea vuestro conocimiento de las pruebas o la creencia en Dios, ambos son más altos que los de cualquier creyente en Dios. Las cosas que entendéis son lo que llegáis a conocer antes de que experimentéis las pruebas de ciertos entornos, pero no coinciden para nada con vuestra estatura real. Lo que sabéis es más alto que lo que ponéis en práctica. Aunque decís que las personas que creen en Dios deben amarlo y no deberían buscar bendiciones sino solo para satisfacer las intenciones de Dios, lo que se manifiesta en vuestras vidas dista mucho de esto y ha sido enormemente contaminado. La mayoría de las personas creen en Dios en aras de buscar la paz y otros beneficios. A menos que sea para tu beneficio, no crees en Dios, y si no puedes recibir la gracia de Dios, te pones de mal humor. ¿Cómo puede ser tu verdadera estatura lo que has dicho? Cuando se trata de incidentes familiares inevitables, tales como niños que se enferman, seres queridos hospitalizados, bajos rendimientos de los cultivos, persecución por parte de familiares, hasta estos frecuentes asuntos de la vida cotidiana son demasiado para ti. Cuando tales cosas suceden, siempre entras en pánico, sin saber qué hacer, y la mayor parte del tiempo te quejas de Dios. Te quejas de que las palabras de Dios te engañaron, de que la obra de Dios jugó contigo. ¿No tenéis tales pensamientos? ¿Piensas que tales cosas suceden entre vosotros solo pocas veces? Pasáis todos los días viviendo en medio de tales acontecimientos. No le prestáis atención alguna a cómo podríais tener éxito en vuestra fe en Dios ni en cómo podríais satisfacer las intenciones de Dios. Vuestra verdadera estatura es demasiado pequeña, incluso más pequeña que la de un pollito. Cuando el negocio familiar pierde dinero os quejáis de Dios, cuando os encontráis en un entorno sin la protección de Dios todavía os quejáis de Dios, y os quejáis incluso cuando uno de vuestros pollos muere o una vieja vaca en el corral enferma. Os quejáis cuando es tiempo de que vuestro hijo se case, pero vuestra familia no tiene suficiente dinero; queréis hacer el deber de acogida, pero no os lo podéis permitir y entonces también os quejáis. Rebosas de quejas y a veces no vas a las reuniones ni comes ni bebes las palabras de Dios a causa de esto y permaneces negativo por quién sabe cuánto tiempo. Nada de lo que te pasa hoy tiene ninguna relación con tus perspectivas o sino; estas cosas sucederían aunque no creyeras en Dios, pero hoy le pasas la responsabilidad de ellas a Dios e insistes en decir que Dios te ha descartado. ¿Y cómo es tu fe en Dios? ¿Realmente has ofrecido tu vida? Si se os sometiera a las mismas pruebas que Job, ninguno de vosotros que seguís a Dios hoy podríais permanecer firmes, todos vosotros caeríais. Y es que hay, sencillamente, una diferencia abismal entre vosotros y Job. Hoy en día, si os confiscaran la mitad de vuestros bienes, os atreveríais a negar la existencia de Dios; si os arrebataran a vuestro hijo o hija, saldríais a las calles maldiciendo; si vuestra única forma de ganaros la vida se viera frustrada, intentaríais ajustar cuentas con Dios y preguntaríais por qué pronuncié tantas palabras al principio para asustaros. No hay nada que no os atrevierais a hacer en esos momentos. A partir de esto, está claro que no tenéis en absoluto ninguna perspectiva ni estatura verdadera. Por tanto, las pruebas que se ciernen sobre vosotros son demasiado grandes, porque sabéis demasiado, pero lo que verdaderamente entendéis no es ni una milésima parte de aquello de lo que sois conscientes. No deberíais limitaros al mero conocimiento y comprensión. Más bien, sería mejor que vierais cuántas verdades habéis puesto realmente en práctica; cuáles de las verdades que conocéis aún no habéis puesto en práctica, qué porciones del esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo habéis obtenido a través del sudor de vuestro propio trabajo duro, si tu determinación de perseguir la verdad se ha cumplido, hasta dónde has llegado en tu búsqueda de ser hecho perfecto, y si tienes la verdadera estatura espiritual para vencer las tentaciones de Satanás. Deberías ser meticuloso y pagar un precio en lo que respecta a tu verdadera estatura y al testimonio que deberías dar. Al creer en Dios, no pienses en qué bendiciones puedes obtener o de qué puedes disfrutar en el futuro. En última instancia, si puedes obtener la verdad y obtener la vida depende por completo de tu búsqueda personal.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (3)
Palabras diarias de Dios Fragmento 315
Algunas se acicalan de forma vistosa pero superficial: las hermanas se adornan como bellas flores y los hermanos se visten como príncipes o jóvenes señoritos ricos. Solo se preocupan por las cosas externas, como las que comen y visten; por dentro están en la indigencia y no tienen el menor conocimiento de Dios. ¿Qué puede significar esto? Luego hay quienes se visten como pobres mendigos; ¡realmente parecen esclavos asiáticos! ¿De verdad no entendéis lo que os pido? Compartid entre vosotros: ¿Qué habéis ganado en realidad? Lleváis creyendo en Dios todos estos años y, sin embargo, esto es todo lo que habéis cosechado; ¿no os da vergüenza? ¿No estáis abochornados? Habéis buscado por el camino verdadero todos estos años, ¡pero vuestra estatura actual es incluso más pequeña que la de un gorrión! Las jóvenes, tan bonitas con vuestra ropa y vuestro maquillaje, comparándoos entre vosotras, ¿qué comparáis? ¿Vuestro placer? ¿Vuestras exigencias? ¿Pensáis que he venido a contratar a modelos? ¡No tenéis vergüenza! ¿Dónde está vuestra vida? Lo que buscáis, ¿no es simplemente vuestro extravagante deseo? Te crees muy hermosa, pero aunque te vistas con todo tipo de galas, ¿no eres, de hecho, un retorcido gusano nacido en un montón de estiércol? Actualmente tienes la suerte de disfrutar de estas bendiciones celestiales, no por tu cara bonita, sino porque Dios está haciendo una excepción al encumbrarte. ¿Todavía no tienes claro de dónde vienes? Cuando te mencionan la vida, callas y no dices nada, muda como una estatua, ¡pese a lo cual tienes el descaro de engalanarte! ¡Todavía tiendes a ponerte colorete y maquillaje en la cara! Y vosotros, señoritos, hombres incorregibles que os pasáis el día por ahí, díscolos y con gesto despreocupado. ¿Así debe comportarse una persona? ¿A qué dedica su atención todo el día cada uno de vosotros, sea hombre o mujer? ¿Sabéis de quién dependéis para alimentaros? Mira tu ropa, mira lo que has cosechado en tus manos, frótate el vientre; ¿qué resultados has obtenido de la sangre del corazón que has entregado en todos estos años de fe? Todavía piensas en hacer turismo, en embellecer tu carne apestosa, ¡en ocupaciones inútiles! Te pido que seas una persona normal, pero ahora no eres simplemente anormal: eres aberrante. ¿Cómo puede tener una persona así la osadía de presentarse ante Mí? Con esta calidad humana, alardeando de tus encantos y de tu carne, siempre inmerso en los deseos carnales, ¿no eres descendiente de demonios inmundos y malos espíritus? ¡No permitiré que siga existiendo un demonio tan inmundo durante mucho tiempo! Y no creas que no sé lo que piensas dentro de tu corazón. Podrías mantener tu lujuria y tu carne bajo un férreo control, pero ¿cómo no habría de conocer Yo los pensamientos que alberga tu corazón? ¿Cómo no habría de saber qué desean tus ojos? Las jóvenes, ¿no os ponéis tan bonitas para alardear de vuestra carne? ¿En qué os benefician los hombres? ¿Realmente pueden salvaros del océano de aflicción? Y vosotros, señoritos, os vestís para parecer caballerosos y distinguidos, pero ¿no es esta una artimaña ideada para llamar la atención hacia vuestro elegante estilo? ¿Para quiénes lo hacéis? ¿En qué os benefician las mujeres? ¿No son el origen de vuestro pecado? Hombres y mujeres, os he dicho muchas palabras, pero solamente habéis acatado algunas. Sois duros de oído, se os han empañado los ojos y tenéis un corazón tan duro que no hay más que lujuria en vuestro cuerpo, de manera que estáis atrapados en él sin escapatoria. ¿Quién quiere acercarse a vosotros, gusanos que os retorcéis en la inmundicia y la mugre? No olvidéis que no sois sino aquellos a quienes he levantado del montón de estiércol y que al principio no poseíais una humanidad normal. Lo que os pido es la humanidad normal que no poseíais al principio, no que alardeéis de lujuria ni que deis rienda suelta a vuestra carne rancia, adiestrada por los diablos durante tantos años. Al vestiros así, ¿no teméis quedaros atrapados más a fondo? ¿No sabéis que al principio erais del pecado? ¿No sabéis que vuestro cuerpo rebosa tanta lujuria que incluso traspasa vuestra ropa para revelar vuestro estado de demonios insoportablemente feos e inmundos? ¿Acaso no lo tenéis más claro que nadie? Vuestro corazón, vuestros ojos, vuestros labios, ¿no han sido profanados por demonios inmundos? ¿No son inmundas estas partes vuestras? ¿Crees que, mientras no actúes, tú eres el más santo? ¿Crees que ataviarse con ropa bonita puede ocultar vuestras almas sórdidas? ¡Eso no funciona! Os aconsejo más realismo: no seáis engañosos y falsos ni alardeéis de vosotros mismos. Hacéis alarde de vuestra lujuria entre vosotros, pero lo único que recibiréis a cambio será el sufrimiento eterno ¡y una reprensión despiadada! ¿Qué necesidad tenéis de poneros ojitos y andaros con amoríos? ¿Es esta la medida de vuestra integridad, la dimensión de vuestra rectitud? Odio a los que os interesáis por la medicina maligna y la brujería; odio a los jóvenes que amáis vuestra propia carne. Más os vale que os contengáis, pues ahora os exijo una humanidad normal, y no se os permite que alardeéis de lujuria, aunque aprovecháis cualquier oportunidad que tenéis, ya que ¡vuestra carne es demasiado desbordante y vuestra lujuria, demasiado grande!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (7)
Palabras diarias de Dios Fragmento 316
En este momento, la eficacia de vuestra búsqueda se mide por lo que poseéis actualmente. Esto es lo que determina vuestro resultado; es decir, vuestro resultado se revela según los sacrificios y cosas que habéis hecho. Vuestra búsqueda, vuestra fe y lo que habéis hecho revelarán vuestro resultado. Entre todos vosotros hay muchos que ya son imposibles de salvar, pues hoy es el día en que se revelan los resultados de las personas y no seré atolondrado en Mi obra; no llevaré a la próxima era a aquellos totalmente imposibles de salvar. Llegará un momento en que Mi obra esté terminada. No obraré en esos cadáveres malolientes y sin espíritu que no se pueden salvar en absoluto; estos son los últimos días de la salvación del hombre y no haré obra inútil. No os quejéis contra el cielo y la tierra: está llegando el fin del mundo, es inevitable. Las cosas han llegado hasta este punto y no hay nada que tú, como ser humano, puedas hacer para detenerlas; no puedes cambiar las cosas como desees. Ayer no pagaste un precio para perseguir la verdad y no fuiste devoto. Hoy ha llegado la hora, ya no hay salvación para ti y mañana serás descartado y no habrá margen para que te salves. Aunque soy amable y de buen corazón y estoy haciendo todo lo posible por salvarte, si no te esfuerzas por tu propio bien ni piensas en ti mismo, ¿qué tengo que ver Yo en esto? Aquellos que solo piensan en su carne y disfrutan de la comodidad; aquellos que parecen creer, pero realmente no creen; aquellos que se dedican a la medicina maligna y la brujería; los promiscuos y arruinados; aquellos que roban sacrificios y posesiones a Jehová; los amantes de los sobornos; aquellos que sueñan ociosamente con ascender al cielo; los altivos y vanidosos, que únicamente compiten por su fama y provecho; aquellos que difunden impertinencias; aquellos que blasfeman contra Dios mismo; aquellos que no hacen sino juzgarlo y difamarlo; aquellos que forman corrillos y buscan la independencia; aquellos que se enaltecen a sí mismos más que a Dios; esos hombres y mujeres jóvenes, maduros y ancianos, frívolos y atrapados en el libertinaje; los hombres y mujeres que disfrutan de su fama y provecho y persiguen su estatus personal en medio de los demás; los impenitentes atrapados en el pecado, ¿no son todos ellos imposibles de salvar? El libertinaje, la pecaminosidad, la medicina maligna, la brujería, las palabras blasfemas y las impertinencias se desbocan todos entre vosotros, entre quienes quedan pisoteadas la verdad y las palabras de vida y profanadas las palabras santas. ¡Vosotros, gentiles, repletos de inmundicia y rebeldía! ¿Cuál será vuestro desenlace? ¡Cómo pueden tener el descaro de seguir viviendo aquellos que aman la carne, los que cometen brujería carnal y los que están atrapados en pecados libertinos! ¿No sabes que las personas como vosotros son unos gusanos imposibles de salvar? ¿Qué te da derecho a exigir esto y aquello? Hasta la fecha no se ha producido la menor transformación en aquellos que no aman la verdad y solo aman la carne; ¿cómo van a poder salvarse esas personas? Aquellos que no aman el camino de la vida, que no enaltecen a Dios ni dan testimonio de Él, que maquinan por su propio estatus, que se ensalzan, ¿no siguen siendo los mismos, incluso hoy en día? ¿Qué valor tiene salvarlos? Que puedas salvarte no depende de cuán grande sea tu antigüedad ni de cuántos años lleves trabajando, y ni mucho menos de cuántas credenciales hayas acumulado. Más bien depende de si tu búsqueda ha dado fruto. Debes saber que quienes se salvan son los “árboles” que dan fruto, no los árboles con follaje exuberante y abundantes flores que pese a ello no dan fruto. Aunque hayas pasado muchos años vagando por las calles, ¿qué importa eso? ¿Dónde está tu testimonio? El corazón que tienes es mucho menos temeroso de Dios que amante de ti mismo y embelesado con tus deseos lujuriosos; ¿acaso no es degenerada ese tipo de persona? ¿Cómo podría ser un espécimen y modelo de salvación? Tu naturaleza es incorregible, posees demasiada rebeldía, ¡eres imposible de redimir! ¿No serán esas personas las descartadas? ¿Acaso cuando termine Mi obra no será el momento en que llegará tu último día? He llevado a cabo tanta obra y pronunciado tantas palabras entre vosotros; ¿cuánto de esto os ha entrado de veras en los oídos? ¿A cuánto de ello os habéis sometido? Cuando termine Mi obra será el momento en que dejarás de oponerte a Mí, de estar en contra de Mí. A medida que obro, actuáis constantemente contra Mí; jamás acatáis Mis palabras. Yo llevo a cabo Mi obra y tú realizas tu propia “obra” creando tu pequeño reino. ¡Sois una manada de zorros y perros que no hacen más que actuar en Mi contra! Siempre procuráis atraer a vuestros brazos a aquellos que os ofrecen su amor incondicional; ¿dónde están vuestros corazones temerosos? ¡Todo lo que hacéis es engañoso! ¡No tenéis sumisión ni temor y todo lo que hacéis es engañoso y blasfemo! ¿Se pueden salvar unas personas así? Los hombres sexualmente inmorales y lascivos siempre quieren atraer a rameras coquetas para su propio disfrute. De ningún modo salvaré a esos demonios sexualmente inmorales. Demonios obscenos, os odio totalmente y vuestra lascivia y coquetería os sumirán en el infierno. ¿Qué tenéis que decir? ¡Vosotros, demonios obscenos y espíritus malignos, sois aborrecibles! ¡Sois repugnantes! ¿Cómo podría salvarse semejante basura? ¿Todavía pueden salvarse aquellos que están atrapados en el pecado? Hoy en día, vuestros corazones no se sienten atraídos por esta verdad, este camino y esta vida. Por el contrario, les atrae la pecaminosidad y el dinero, el estatus, la fama, el provecho, el disfrute de la carne y la belleza de los hombres y la coquetería de las mujeres. ¿Cómo os cualifica esto para entrar en Mi reino? Vuestra imagen es aún más grande que la de Dios y vuestro estatus es incluso superior al Suyo, por no hablar de vuestro prestigio entre las personas: en realidad, os habéis convertido en ídolos que la gente venera. ¿Acaso no os habéis convertido cada uno de vosotros en el arcángel? Cuando se revelen los resultados de las personas, que también será cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de vosotros seréis cadáveres imposibles de salvar y deberéis ser descartados. Durante la obra de salvación soy amable y bueno con todas las personas. Cuando la obra concluya, se revelarán los resultados de los distintos tipos de personas y en ese momento ya no seré amable y bueno, pues los resultados de las personas se habrán revelado, cada una habrá sido ordenada según su especie y ya no servirá de nada realizar más obra de salvación, simplemente porque la era de la salvación habrá pasado y, siendo así, no volverá.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (7)
Palabras diarias de Dios Fragmento 317
El hombre siempre ha vivido bajo la cubierta de la influencia de las tinieblas, encadenado sin libertad por la influencia de Satanás, incapaz de escapar, y su carácter, después de que Satanás lo haya procesado, se vuelve cada vez más corrupto. Puede decirse que el hombre siempre ha vivido con su carácter satánico corrupto y es incapaz de amar sinceramente a Dios. Así pues, si quiere amar a Dios, debe despojarse de su sentenciosidad, prepotencia, arrogancia, vanidad y de todas esas cosas que pertenecen al carácter de Satanás. Si no, su amor está adulterado, un amor satánico que no puede recibir en absoluto la aprobación de Dios. Sin ser directamente perfeccionado, quebrantado, podado, disciplinado, reprendido y refinado por el Espíritu Santo, nadie puede amar sinceramente a Dios. Si dices que una parte de tu carácter representa a Dios y, por lo tanto, puedes amarlo sinceramente, entonces eres alguien cuyas palabras son arrogantes y eres ridículo. ¡Tales personas son arcángeles! La naturaleza innata del hombre es incapaz de representar directamente a Dios; debe despojarse de su naturaleza innata por medio de la perfección de Dios y solo entonces, cuando es considerado con las intenciones de Dios, satisface Sus intenciones y además experimenta la obra del Espíritu Santo, lo que vive puede ser reconocido por Dios. Nadie que viva en la carne puede representar directamente a Dios, salvo que sea alguien usado por el Espíritu Santo. Sin embargo, ni siquiera de una persona así puede decirse que su carácter y lo que vive representen por completo a Dios; solo puede decirse que el Espíritu Santo gobierna lo que vive. El carácter de una persona así no puede representar a Dios.
Aunque Dios preordina el carácter del hombre, esto es incuestionable y puede considerarse positivo, Satanás lo ha procesado y, por tanto, todo el carácter del hombre es el de Satanás. Algunas personas afirman que el carácter de Dios consiste en hacer cosas de una manera cristalina, “uno más uno es dos”, que esto también se manifiesta en ellas y su personalidad también es así y, por tanto, dicen que su carácter representa a Dios. ¿Qué tipo de persona es esta? ¿Puede el carácter satánico corrupto representar a Dios? ¡Cualquiera que diga que su carácter representa a Dios blasfema a Dios e insulta al Espíritu Santo! El método mediante el cual obra el Espíritu Santo muestra que la obra de Dios en la tierra es únicamente la obra de conquista. Así pues, las muchas actitudes satánicas corruptas del hombre aún tienen que ser purificadas, lo que el hombre vive sigue siendo la imagen de Satanás, es lo que el hombre cree que es bueno, y representa los hechos de su carne; para ser más precisos, representa a Satanás y no puede representar a Dios en absoluto. Aunque alguien ame ya a Dios hasta el extremo de ser capaz de disfrutar una vida del cielo en la tierra, puede hacer declaraciones como: “¡Dios! No puedo amarte lo suficiente”, y ha alcanzado la esfera más alta, todavía no puede decirse que viva o represente a Dios, porque la esencia del hombre es diferente a la de Dios y el hombre nunca puede vivir a Dios y mucho menos volverse Dios. Lo que el hombre vive bajo la dirección del Espíritu Santo solo está de acuerdo con lo que Dios exige del hombre.
Todas las acciones y los hechos de Satanás se manifiestan en el hombre. Hoy, todas las acciones y los hechos del hombre son una expresión de Satanás y, por tanto, no pueden representar a Dios. El hombre es la personificación de Satanás y su carácter no puede representar el carácter de Dios. Algunas personas tienen una buena personalidad; Dios puede hacer algunas cosas por medio de la personalidad de estas personas; las cosas que hacen las dirige el Espíritu Santo; sin embargo, su carácter no puede representar a Dios. Al obrar en ellas, Dios apenas está haciendo uso de aquello que ya existe y sacando del “material” que hay entre manos. Ya sean profetas de eras pasadas o aquellos usados por Dios, nadie puede representarlo directamente. Todas las personas solo llegan a amar a Dios bajo la presión de las circunstancias y ninguna se esfuerza en cooperar por voluntad propia. ¿Cuáles son las cosas positivas? Todo lo que viene directamente de Dios es positivo; el carácter del hombre, sin embargo, ha sido procesado por Satanás y no puede representar a Dios. Solo el amor, la determinación de sufrir, la justicia, la sumisión, la humildad y la ocultación del Dios encarnado representan directamente a Dios. Esto se debe a que cuando Él vino, lo hizo sin una naturaleza pecaminosa y vino directamente de Dios; Satanás no lo había procesado. Jesús solo posee la semejanza de carne pecaminosa y no representa el pecado; por lo tanto, Sus acciones, Sus hechos y Sus palabras, hasta ese tiempo anterior a Su cumplimiento de la obra por medio de la crucifixión (incluyendo el momento de Su crucifixión), son todos directamente representativos de Dios. El ejemplo de Jesús es suficiente para demostrar que nadie con una naturaleza pecaminosa puede representar a Dios, y que el pecado del hombre representa a Satanás. Es decir, el pecado no representa a Dios y Él no tiene pecado. Incluso la obra realizada en el hombre por el Espíritu Santo solo puede considerarse gobernada por este y no puede decirse que el hombre la haya hecho en nombre de Dios. Pero, en lo que respecta al hombre, ni su pecado ni su carácter lo representan. Al observar la obra realizada por el Espíritu Santo en el hombre desde el pasado hasta hoy en día, el hombre tiene aquello que vive solo porque el Espíritu Santo ha realizado Su obra en él. Muy pocos son capaces de vivir la verdad después de que el Espíritu Santo los haya podado y disciplinado. Es decir, solo la obra del Espíritu Santo está presente; la cooperación por parte del hombre es nula. ¿Ves esto claro ahora? Siendo así, ¿cómo harás todo lo posible para cooperar con Él y cumplir con tu deber cuando obre el Espíritu Santo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El hombre corrupto no es capaz de representar a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 318
Tu creencia en Dios, tu búsqueda de la verdad, e incluso la forma en que te comportas, todo ello debe basarse en la realidad: todo debe ser práctico, y no debes buscar cosas ilusorias y fantasiosas. No hay ningún valor en comportarse de esta manera y, además, una vida así no tiene significado alguno. Debido a que tu búsqueda y tu vida las pasas en nada más que la falsedad y el engaño, y como no buscas las cosas que tienen valor e importancia, lo único que obtienes es un razonamiento absurdo y una doctrina que no provienen de la verdad. Este tipo de cosas no guardan relación con la importancia y el valor de tu existencia, y solo pueden llevarte a un mundo hueco. De esta manera, toda tu vida no tendrá ningún valor o significado, y si no buscas una vida con significado, entonces podrías vivir cien años y no te serviría para nada. ¿Cómo podría eso llamarse una vida humana? ¿Acaso no es esa en realidad la vida de un animal? Del mismo modo, si buscáis caminar por la senda de la creencia en Dios, pero no intentáis buscar al Dios que puede ser visto, y en su lugar adoráis a un Dios invisible e intangible, entonces ¿no sería tal búsqueda aún más inútil? Al final, tu búsqueda se volvería un montón de ruinas. ¿Qué provecho te brindaría tal búsqueda? El mayor problema del hombre es que a él solo le gustan las cosas que no puede ver ni tocar, las cosas que son supremamente misteriosas y asombrosas, que son inimaginables para el hombre y que son inalcanzables para los mortales. Cuanto menos realistas sean estas cosas, más las analiza la gente, e incluso las persigue haciendo caso omiso de todo lo demás, con la vana esperanza de obtenerlas. Cuanto menos realistas sean estas, más profundamente las somete a escrutinio y las analiza la gente, incluso yendo tan lejos como para crear sus propias ideas exhaustivas sobre ellas. Por el contrario, mientras más realistas sean las cosas, más las desdeña la gente; simplemente las mira con altivez, y hasta las desprecia. ¿No es esta precisamente vuestra actitud hacia la obra realista que Yo realizo hoy? Mientras más realistas sean las cosas, más prejuiciosos sois contra ellas. Vosotros no permitís siquiera el menor espacio para examinarlas, sino que, sencillamente, las ignoráis; miráis con altivez estos requisitos realistas y poco exigentes e incluso albergáis numerosas nociones acerca de este Dios que es práctico en sobremanera y, simplemente, sois incapaces de aceptar Su practicidad y normalidad. De esta manera, ¿no tenéis una creencia difusa? Vosotros mantenéis una creencia inquebrantable en el Dios difuso de los tiempos pasados y no tenéis interés en el Dios práctico de hoy. ¿No se debe esto a que el Dios de ayer y el Dios de hoy corresponden a dos épocas diferentes? ¿No es también debido a que el Dios de ayer es el Dios grande y elevado de los cielos, mientras que el Dios de hoy es un ser humano pequeño en la tierra? ¿No es, además, porque el dios adorado por el hombre es producto de sus nociones, mientras que el Dios de hoy es carne tangible hecha sobre la tierra? A fin de cuentas, ¿el hombre no busca al Dios de hoy simplemente porque Él es demasiado realista? Porque lo que el Dios de hoy pide a la gente es precisamente lo que la gente está menos dispuesta a hacer, y que le produce vergüenza. ¿No es esto ponerles las cosas difíciles a las personas? ¿No pone esto en evidencia sus cicatrices? En consecuencia, muchas personas no buscan al Dios realista, al Dios práctico, y se vuelven enemigas de Dios encarnado, es decir, se convierten en anticristos. ¿No es esto un hecho evidente? En el pasado, cuando Dios aún no se había hecho carne, quizá tú eras una figura religiosa, o un creyente devoto. Después de que Dios se hizo carne, muchos de estos devotos creyentes, sin saberlo, se convirtieron en anticristos. ¿Sabes tú lo que está pasando aquí? En tu creencia en Dios, no te concentras en la realidad o en la búsqueda de la verdad, sino que en cambio te concentras en cosas irreales. ¿No es esto la fuente más clara de tu enemistad con Dios encarnado? Dios encarnado es llamado Cristo, así que ¿no son anticristos todos los que no creen en Dios encarnado? Entonces, ¿ese en el cual crees y al cual amas realmente es el Dios hecho carne? ¿Es en verdad este el Dios vivo que respira y que es realista al máximo y extraordinariamente normal? ¿Cuál es exactamente el objetivo de tu búsqueda? ¿Está en el cielo o en la tierra? ¿Es una noción o es la verdad? ¿Es Dios o es un ser sobrenatural? De hecho, la verdad es la máxima de vida más práctica y la máxima de vida más alta para la especie humana. Debido a que es el requisito que Dios exige al hombre y a que es la obra realizada personalmente por Dios, se llama una “máxima de vida”. No es una máxima que resuma algo ni tampoco es una famosa cita de una gran figura. En cambio, es la declaración a la humanidad del Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas; no son algunas palabras resumidas por el hombre, sino la vida inherente de Dios. Y por ello es que se le llama “la máxima de vida más alta”. La búsqueda de la gente por practicar la verdad es el desempeño de su deber, es decir, la búsqueda de la satisfacción del requisito de Dios. La esencia de este requisito es la verdad más realista, en lugar de una doctrina vacía que no es alcanzable por ningún hombre. Si tu búsqueda no es más que doctrina y no contiene realidad, ¿no eres acaso alguien que se rebela contra la verdad? ¿No eres alguien que ataca la verdad? ¿Cómo podría una persona así ser alguien que busca amar a Dios? ¡Las personas que no tienen realidad son las que traicionan la verdad, y son todas inherentemente rebeldes!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los que conocen a Dios y Su obra son los que satisfacen a Dios
Palabras diarias de Dios Fragmento 319
Todos vosotros deseáis recibir recompensas ante Dios y que Él os muestre favor. Este es el deseo de toda persona cuando comienza a creer en Dios, porque todos se preocupan por alcanzar cosas más excelsas y nadie desea quedarse por detrás de los demás. Así son las personas. Precisamente por esta razón, muchos entre vosotros estáis constantemente intentando ganaros el favor del Dios de los cielos; sin embargo, en realidad, vuestra lealtad y sinceridad hacia Dios son mucho menores que vuestra lealtad y sinceridad hacia vosotros mismos. ¿Por qué digo esto? Porque no reconozco en absoluto vuestra lealtad hacia Dios, y además, porque niego la existencia del dios que existe en vuestros corazones. Me refiero a que el dios a quien adoráis, el dios difuso al cual admiráis, no existe en absoluto. La razón por la cual puedo afirmar esto de manera tan categórica es porque vosotros estáis demasiado lejos del Dios verdadero. La razón por la cual sois leales es el ídolo en vuestros corazones. En cuanto a Mí, el Dios que no consideráis ni grande ni pequeño, lo único que hacéis es reconocerme con palabras. Cuando digo que estáis lejos de Dios, me refiero a que estáis lejos del Dios verdadero, mientras que el dios difuso parece estar cerca y a mano. Cuando digo que “no es grande”, me refiero a cómo el Dios en el cual creéis actualmente parece ser apenas un hombre sin grandes habilidades; un hombre que no es demasiado elevado. Y cuando digo que “no es pequeño”, me refiero a que, aunque este hombre no puede invocar el viento ni mandar la lluvia, Él puede, sin embargo, invocar al Espíritu de Dios para realizar obras que sacuden los cielos y la tierra, dejando al hombre completamente perplejo. Externamente, todos vosotros parecéis ser sumamente obedientes a este Cristo en la tierra, pero en esencia, no tenéis fe en Él ni lo amáis. Es decir que aquel en quien creéis de verdad es ese dios difuso de vuestros sentimientos y al que verdaderamente amáis es el dios al que anheláis día y noche, pero que nunca habéis visto en persona. En cuanto a este Cristo, vuestra fe es mínima y vuestro amor por Él no es nada. La fe implica creencia y confianza; el amor supone adoración y admiración en el corazón, sin separarse jamás. No obstante, vuestra fe y vuestro amor hacia el Cristo de hoy están muy por debajo de esto. En cuanto a la fe, ¿cómo tenéis fe en Él? En cuanto al amor, ¿de qué manera lo amáis? Sencillamente, no tenéis ningún entendimiento de Su carácter, mucho menos conocéis Su esencia, entonces ¿cómo tenéis fe en Él? ¿Dónde está la realidad de vuestra fe en Él? ¿Cómo lo amáis? ¿Dónde está la realidad de vuestro amor por Él?
Muchos me han seguido sin dudar hasta hoy. Y también habéis sufrido gran fatiga durante los últimos años. He captado con toda claridad el temperamento innato y los hábitos de cada uno de vosotros, y ha sido supremamente arduo interactuar con vosotros. Es una lástima que, aunque Yo he captado mucha información sobre vosotros, vosotros no tenéis el más mínimo entendimiento de Mí. Con razón las personas dicen que una persona os estafó en un momento de confusión. En verdad, no entendéis Mi carácter en absoluto, mucho menos podéis desentrañar lo que hay en Mi mente. Actualmente, vuestros malentendidos de Mí crecen como una bola de nieve y vuestra fe en Mí sigue siendo una fe confundida. En lugar de afirmar que tenéis fe en Mí, sería más adecuado afirmar que todos vosotros estáis intentando ganaros Mi favor y adularme. Vuestras motivaciones son muy sencillas: seguiré a cualquiera que me pueda recompensar y creeré en cualquiera que pueda permitirme escapar de los grandes desastres, ya sea Dios o cualquier otro dios. Ninguna de estas cosas me preocupa. Hay muchos hombres así entre vosotros y este estado es muy grave. Si, algún día, se llevara a cabo una prueba para ver cuántos entre vosotros tenéis fe en Cristo porque tenéis comprensión de Su esencia, entonces me temo que ninguno de vosotros cumpliría Mis deseos. Así que no estaría mal que cada uno de vosotros considerara esta pregunta: el dios en el cual tenéis fe es infinitamente distinto de Mí, y siendo esto así, ¿cuál es entonces la esencia de vuestra fe en Dios? Cuanto más creáis en vuestro supuesto dios, más os alejáis de Mí. Entonces, ¿cuál es la esencia de este asunto? Existe la certeza de que ninguno de vosotros ha considerado jamás esta cuestión, pero ¿se os ha pasado por la mente la gravedad del asunto? ¿Habéis considerado las consecuencias de seguir creyendo de esta forma?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer realmente al Dios en la tierra
Palabras diarias de Dios Fragmento 320
Realmente aprecio a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan mucho los que están dispuestos a aceptar la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas honestas. Si eres muy falso, estarás a la defensiva y sospecharás de todas las personas y asuntos y tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha por esta razón. Yo jamás podría reconocer esta clase de fe. Al faltarte la fe verdadera, estás incluso más desprovisto del verdadero amor. Y si puedes incluso dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más falsa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, mezquino, carente de imparcialidad y racionalidad, falto de un sentido de la rectitud, que usa tácticas despiadadas, insidiosas y arteras, que se deleita en la maldad y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no es otra cosa que pecado! Hay incluso quienes creen que los que me agradan son aquellos que saben cómo adular y lisonjear y que aquellos que no saben cómo hacer eso no serán bienvenidos en la casa de Dios y perderán su lugar en ella. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la difamación del Cielo. Por eso afirmo que una fe como la vuestra solo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que tengáis cada vez más hostilidad hacia Mí. A lo largo de muchos años de obra, habéis visto muchas verdades, pero ¿sabéis lo que han oído Mis oídos? ¿Cuántos entre vosotros estáis dispuestos a aceptar la verdad? Todos vosotros creéis que estáis dispuestos a pagar el precio por la verdad, pero ¿cuántos habéis sufrido verdaderamente por la verdad? Lo único que hay en vuestros corazones es iniquidad y, por lo tanto, creéis que cualquiera, no importa quién sea, es tan falso y torcido como vosotros, hasta el punto en que creéis que el Dios encarnado podría, como cualquier persona normal, carecer de un corazón bondadoso o de amor benevolente. Más aún, creéis que la virtud noble y la naturaleza misericordiosa y benevolente solo existen en el Dios del cielo. Creéis que una persona santa así no existe y que solo la oscuridad y la maldad reinan sobre la tierra, mientras que Dios es algo donde se alberga el anhelo humano de lo bueno y lo hermoso, una figura legendaria inventada por el hombre. En vuestra mente, el Dios del cielo es sumamente recto, justo y grandioso, digno de adoración y admiración, pero este Dios en la tierra no es más que un sustituto y un instrumento del Dios del cielo. Creéis que este Dios no puede ser equivalente al Dios del cielo, mucho menos mencionarse junto con Él. En lo que respecta a la grandeza y el honor de Dios, estos son la gloria del Dios en el cielo, pero en cuanto a la naturaleza y la corrupción del hombre, estas son cosas en las que tiene una participación el Dios en la tierra. El Dios del cielo es eternamente sublime, mientras que el Dios en la tierra es para siempre insignificante, débil e incompetente. El Dios del cielo no tiene sentimientos carnales, sino solo justicia, mientras que el Dios en la tierra tan solo tiene motivos egoístas y carece de equidad y razonabilidad alguna. El Dios en el cielo no tiene ni la más mínima tortuosidad y es siempre fiel, mientras que el Dios en la tierra tiene siempre un lado deshonesto. El Dios en el cielo ama profundamente al hombre, mientras que el Dios en la tierra le ofrece al hombre un cuidado deficiente, incluso lo ignora por completo. Hace mucho tiempo que este conocimiento falaz está guardado en vuestros corazones; es erróneo y puede que continuéis persistiendo en él más adelante. Consideráis todas las acciones de Cristo desde el punto de vista de los injustos y evaluáis toda Su obra, así como Su identidad y Su esencia, desde la perspectiva de los malvados. Habéis cometido un grave error y hecho lo que los que vinieron antes que vosotros jamás hicieron. Es decir, solo habéis servido alguna vez al dios sublime en el cielo con una corona sobre su cabeza, sin “atender” jamás al Dios al cual consideráis tan insignificante, al punto de que simplemente os resulta invisible. ¿No es acaso este vuestro pecado? ¿No es este un ejemplo clásico de vuestra ofensa contra el carácter de Dios? Vosotros veneráis fervientemente al dios del cielo. Reverenciáis profundamente las imágenes sublimes y admiráis encarecidamente a las personas de elocuencia extraordinaria. Estáis muy dispuestos a que os mande el dios que llena vuestras manos de riquezas, y anheláis muchísimo al dios que puede satisfacer todos vuestros deseos. El Único al que no veneras es a este Dios que no es sublime; lo único que detestas es asociarte con este Dios a quien ningún hombre puede tener en alta estima. Lo único que no estás dispuesto a hacer es trabajar para este Dios que nunca te ha dado ni un centavo y el Único que no puede hacer que lo anheles es este Dios sin encanto. Este Dios no puede permitirte que amplíes tus horizontes, que te sientas como si hubieses encontrado un tesoro, mucho menos satisfacer tus deseos. Entonces, ¿por qué lo sigues? ¿Has considerado preguntas como estas? Lo que haces no ofende solo a este Cristo; lo más importante es que ofende al Dios del cielo. ¡Creo que este no es el propósito de vuestra fe en Dios!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer realmente al Dios en la tierra
Palabras diarias de Dios Fragmento 321
Anheláis que Dios se deleite en vosotros, pero estáis lejos de Él. ¿Qué sucede aquí? Aceptáis solo Sus palabras, pero no Su poda; mucho menos podéis aceptar cada uno de Sus arreglos ni tener una fe cabal en Él. Entonces, ¿qué sucede aquí? En el análisis final, vuestra fe es una cáscara de huevo vacía que nunca podrá generar un polluelo. Porque vuestra fe no os ha traído la verdad ni os ha dado vida, sino que os ha dado una sensación ilusoria de sustento y esperanza. Vuestro propósito al creer en Dios es en aras de esta esperanza y sensación de sustento, en lugar de la verdad y la vida. Por lo tanto, Yo digo que el transcurso de vuestra fe en Dios no ha sido más que un intento de ganaros el favor de Dios de una manera que es servil y desvergonzada y de ninguna manera puede considerarse una fe verdadera. ¿Cómo puede nacer un polluelo de una fe semejante? En otras palabras, ¿qué fruto puede dar esta clase de fe? El propósito de vuestra fe en Dios es usar a Dios para satisfacer vuestros objetivos. ¿Acaso no es este otro hecho más de vuestra ofensa contra el carácter de Dios? Creéis en la existencia del Dios en el cielo, pero negáis la del Dios en la tierra. Sin embargo, Yo no reconozco vuestras opiniones. Apruebo solo a aquellos que sirven al Dios en la tierra con los pies firmes sobre el suelo, pero nunca a aquellos que jamás reconocen al Cristo que está en la tierra. No importa cuán leales sean estas personas al Dios en el cielo; al final, no escaparán de Mi mano que castiga a los malvados. Estas personas son malvadas; son las malvadas que se oponen a Dios y que nunca se sometieron a Cristo de buena gana. Por supuesto, entre ellos se encuentran todos los que no conocen a Cristo ni mucho menos lo reconocen. ¿Crees que puedes actuar como te parezca hacia Cristo, siempre y cuando seas leal al Dios del cielo? ¡Estás equivocado! Tu ignorancia de Cristo es la ignorancia del Dios del cielo. No importa cuán leal seas al Dios del cielo, esto son meramente palabras vacías y fingimiento, porque el Dios de la tierra no solo es instrumental para que el hombre obtenga la verdad y tenga un conocimiento más profundo, sino incluso aún más instrumental para la condenación del hombre y para luego recabar los hechos para castigar a los malvados. ¿Has comprendido los resultados beneficiosos y dañinos aquí? ¿Los has experimentado? Deseo que algún día, pronto, entendáis esta verdad: para conocer a Dios, no solo debéis conocer al Dios del cielo, sino, más importante aún, al Dios en la tierra. No confundas tus prioridades ni permitas que lo secundario reemplace lo principal. Es la única manera en que puedes construir verdaderamente una buena relación con Dios, acercarte más a Él y llevar tu corazón más cerca de Él. Si hace muchos años que estás en la fe y hace mucho tiempo que te relacionas conmigo, pero permaneces distante de Mí, entonces Yo afirmo que debe ser que a menudo ofendes el carácter de Dios y que tu final será muy difícil de estimar. Si los muchos años de relacionarte conmigo no solo no han podido transformarte en una persona con humanidad y con la verdad, sino que además han arraigado tus costumbres malvadas en tu naturaleza, y no solo tienes el doble de arrogancia que antes, sino que también se han multiplicado tus malentendidos sobre Mí, de manera que has llegado a considerarme tu compañero de juegos; entonces Yo digo que tu aflicción ya no es superficial, sino que ha calado hasta los huesos. Lo único que te queda es esperar tus arreglos funerarios. Entonces, no debes suplicarme que sea tu Dios, porque has cometido un pecado digno de muerte, un pecado imperdonable. Aun si pudiera perdonarte la vida, el Dios del cielo insistirá en quitarte la vida, porque tu ofensa contra el carácter de Dios no es un problema ordinario, sino uno de una naturaleza muy grave. Cuando llegue el momento, no me culpes por no habértelo dicho de antemano. Todo se reduce a lo siguiente: cuando te relacionas con Cristo —el Dios en la tierra— como con un hombre común y corriente; es decir, cuando crees que este Dios no es más que una persona, entonces ahí es cuando perecerás. Esta es Mi única amonestación para todos vosotros.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer realmente al Dios en la tierra
Palabras diarias de Dios Fragmento 322
En el hombre solo existe la aparentemente presente y aparentemente ausente palabra “fe”, sin embargo, el hombre no sabe qué constituye realmente la fe, mucho menos por qué él debería tenerla. El hombre entiende muy poco y al hombre le falta demasiado; su fe en Mí es meramente trasnochado e ignorante. Aunque no sabe lo que es la fe ni por qué tiene fe en Mí, sigue creyendo en Mí de un modo obsesivo. Lo que Yo pido al hombre no es solamente que recurra a Mí obsesivamente de esta manera o que crea en Mí de un modo esporádico, porque la obra que hago es para que el hombre pueda verme y conocerme, no para que el hombre me vea con otros ojos. Una vez manifesté muchas señales y maravillas y realicé muchos milagros, y los israelitas de esos tiempos me mostraron gran admiración y veneraron grandemente Mi excepcional poder para sanar a los enfermos y expulsar a los demonios. En ese tiempo los judíos pensaban que Mis poderes de sanación eran magistrales, extraordinarios y, como hacía tanta obra, todos me admiraban y tenían mucha envidia de todos Mis poderes. Así, todos los que me vieron realizar milagros me seguían de cerca, de tal manera que miles me rodeaban para verme sanar a los enfermos. Manifesté muchas señales y maravillas, sin embargo, las personas solo me veían como un médico magistral; así que también les hablé muchas palabras de enseñanza a las personas en ese tiempo, sin embargo, solo me veían como un maestro superior a sus aprendices. Incluso hoy día, después de que las personas han visto los registros históricos de Mi obra, su interpretación continúa siendo que Yo soy un gran médico que sana a los enfermos y un maestro para los ignorantes y me han delimitado como el misericordioso Señor Jesucristo. Aquellos que interpretan las Escrituras pueden haber superado Mis “habilidades” para sanar o incluso pueden ser aprendices que ya han superado a su maestro; sin embargo, tales personas de gran renombre, cuyos nombres son conocidos alrededor del mundo, me consideran tan bajo como a un simple médico. Mis acciones son muy numerosas, son mayores en número que los granos de arena de la playa y Mi sabiduría es tan grande que sobrepasa la de todos los hijos de Salomón, pero las personas simplemente creen en Mí como si Yo fuera un médico de poca monta y un desconocido maestro del hombre. Muchos creen en Mí solo para que pueda sanarlos. Muchos creen en Mí solo para que use Mi poder para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos y muchos creen en Mí simplemente para poder recibir de Mí paz y gozo. Muchos creen en Mí solo para exigir de Mí una mayor riqueza material. Muchos creen en Mí solo para pasar esta vida en paz y estar sanos y salvos en la venidera. Muchos creen en Mí para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo. Muchos creen en Mí solo por una comodidad temporal; sin embargo, no buscan obtener nada en la vida por venir. Cuando descargo Mi ira sobre las personas y les arrebato todo el gozo y la paz que antes poseían, tienen dudas. Cuando les descargo el sufrimiento del infierno y recupero las bendiciones del cielo, se enfurecen. Cuando las personas me piden que las sane y Yo no les presto atención y siento aborrecimiento hacia ellas, se alejan de Mí para, en su lugar, buscar el camino de la medicina maligna y la hechicería. Cuando les quito todo lo que me han exigido, todas desaparecen sin dejar rastro. Así, digo que la gente tiene fe en Mí porque Mi gracia es demasiado abundante y porque hay demasiados beneficios que ganar. El pueblo de la casa de los judíos creyeron en Mí por Mi gracia y me siguieron a dondequiera que iba. Estas personas ignorantes, de conocimiento y experiencia limitados, solo buscaron contemplar las señales y maravillas que manifesté. Me consideraron como la cabeza de la casa de los judíos que podía realizar los más grandes milagros. Y así, cuando Yo expulsaba demonios de las personas, eso provocaba mucho debate entre ellos: decían que Yo era Elías, que era Moisés, que era el más antiguo de todos los profetas, que Yo era el más grande de todos los médicos. Aparte de que Yo mismo dijera que soy la vida, el camino y la verdad, nadie podía conocer Mi ser o Mi identidad. Aparte de que Yo mismo dijera que el cielo es el lugar donde Mi Padre vive, nadie sabía que Yo soy el Hijo de Dios y también Dios mismo. Aparte de que Yo mismo dijera que traería la redención a toda la humanidad y rescataría a la humanidad, nadie sabía que Yo soy el Redentor de la humanidad; y las personas solo me conocían como una persona benévola y misericordiosa. Y aparte de que Yo mismo fuera capaz de explicar todo lo que hay de Mí, nadie me conocía y nadie creía que Yo soy el Hijo del Dios viviente. Así es la fe de las personas en Mí, y la manera en la que tratan de embaucarme. ¿Cómo podrían dar testimonio de Mí cuando tienen tales opiniones de Mí?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Qué sabes de la fe?
Palabras diarias de Dios Fragmento 323
La gente ha creído en Dios desde hace mucho, pero la mayoría no tiene entendimiento de lo que significa la palabra “Dios” y simplemente sigue en el desconcierto. No tiene la menor idea acerca de por qué exactamente el hombre debe creer en Dios o qué es Dios. Si las personas solo saben creer en Dios y seguirlo pero no saben qué es, y si además no conocen a Dios, entonces ¿acaso no es esto una enorme broma? Aunque, habiendo llegado tan lejos, las personas han presenciado muchos misterios celestiales y han oído mucho conocimiento profundo nunca comprendido por el hombre, ignoran muchas de las verdades más superficiales nunca antes contempladas por el hombre. Algunos podrían decir: “Hemos creído en Dios durante muchos años. ¿Cómo no íbamos a saber lo que Dios es? ¿Acaso no nos denigras al decir esto?”. Pero en la realidad, aunque las personas me siguen hoy, no saben nada de ninguna obra de hoy y no comprenden siquiera las preguntas más someras y fáciles, por no hablar de las más complejas, como las relativas a Dios. Has de saber que esas preguntas que no te importan, que no has identificado, son las más importantes de entender, pues solo sabes seguir a la multitud, sin prestar ninguna atención a aquello con lo que debes equiparte ni preocuparte por ello. ¿Sabes realmente por qué debes tener fe en Dios? ¿Sabes realmente qué es Dios? ¿Sabes realmente qué es el hombre? Como una persona que tiene fe en Dios, si eres incapaz de entender estas cosas, ¿acaso no pierdes la dignidad como creyente en Dios? Mi obra hoy es esta: hacer que las personas entiendan su esencia, que entiendan todo lo que Yo hago y que conozcan el verdadero rostro de Dios. Este es el acto final de Mi plan de gestión, la última etapa de Mi obra. Esa es la razón por la que os estoy comunicando todos los misterios de la vida de antemano, de forma que todos vosotros podáis comprenderlos a partir de Mí. Como esta es la obra de la era final, debo deciros todas las verdades-vida que nunca antes habéis aceptado —aunque seáis incapaces de comprenderlas o soportarlas—, debido a que simplemente sois demasiado deficientes y estáis demasiado mal preparados. Yo concluiré Mi obra, terminaré la obra que se supone que debo hacer, y os diré todo lo que os he encargado a vosotros, para que no os desviéis de nuevo y caigáis en las intrigas del maligno cuando descienda la oscuridad. Hay muchos caminos que no entendéis, muchos asuntos sobre los que no tenéis conocimiento. Sois muy ignorantes; conozco sumamente bien vuestra estatura y vuestras deficiencias. Por tanto, aunque hay muchas palabras que sois incapaces de comprender, Yo aún estoy dispuesto a deciros todas estas verdades que antes nunca habéis aceptado; porque me sigue preocupando si vosotros, con vuestra estatura actual, sois capaces de manteneros firmes en vuestro testimonio por Mí. No es que os ningunee, sois todos bestias que todavía tienen que pasar por Mi entrenamiento formal y no puedo ver en absoluto cuánta gloria hay en vosotros. Aunque he gastado mucha energía obrando en vosotros, al parecer tenéis pocos aspectos positivos, y los negativos no se ven por ningún lado; simplemente es un testimonio que avergüenza a Satanás. Casi todo lo demás en vosotros es veneno de Satanás. A Mis ojos parecéis estar más allá de la salvación. Estando las cosas donde están ahora, miro vuestros diversos comportamientos y expresiones, y finalmente conozco vuestra verdadera estatura. Esa es la razón por la que siempre sigo preocupándome por vosotros: abandonados a vivir por vuestra cuenta, ¿realmente estaríais mejor que como estáis hoy o de una manera similar? ¿No os inquieta vuestra estatura infantil? ¿De verdad podéis ser como el pueblo escogido de Israel, leales a Mí y solo a Mí todo el tiempo? Lo que se revela en vosotros no son las travesuras de los niños que están lejos de sus padres, sino la bestialidad que estalla de los animales que están fuera del alcance del látigo de sus amos. Deberíais conocer vuestra naturaleza, que es también la debilidad que todos compartís, es una enfermedad común a todos vosotros. Así pues, Mi única exhortación para vosotros hoy es que os mantengáis firmes en vuestro testimonio de Mí. No permitáis, bajo ninguna circunstancia, que la vieja enfermedad brote de nuevo. Lo más importante es dar testimonio, ese es el núcleo de Mi obra. Deberíais aceptar Mis palabras del mismo modo que María aceptó la revelación de Jehová que le llegó en un sueño, creyendo y luego sometiéndose. Solo esto cumple los requisitos de ser casto. Porque vosotros sois los que más oís Mis palabras, los que Yo más bendigo. Os he dado todas Mis posesiones valiosas, os lo he concedido todo, sin embargo, vuestro valor es enormemente diferente al del pueblo de Israel; sencillamente hay un mundo de diferencia. Pero en comparación con ellos habéis recibido mucho más; mientras ellos aguardan desesperadamente Mi aparición, vosotros pasáis días agradables conmigo, compartiendo Mi riqueza. Con esta diferencia, ¿qué os da el derecho de graznar y reñir conmigo y exigir vuestra parte de Mis posesiones? ¿Acaso no habéis recibido mucho? Os doy tanto, pero lo que me dais vosotros a cambio es solo tristeza desgarradora y ansiedad, resentimiento incontenible y descontento. Sois tan repugnantes, pero también sois dignos de compasión, así que no tengo otra opción que tragarme todo Mi resentimiento y expresaros Mis objeciones una y otra vez. A lo largo de varios miles de años de obra, nunca le he protestado a la especie humana porque he descubierto que, a lo largo del desarrollo de la especie humana, solo los engaños entre vosotros se han convertido en lo más renombrado, como herencias valiosas que los famosos antepasados de la antigüedad os dejaron. Cómo aborrezco a esos cerdos y perros subhumanos. ¡Os falta mucha conciencia! ¡Vuestra calidad humana es demasiado vulgar! ¡Vuestros corazones son demasiado intransigentes! Si hubiera llevado estas palabras y esta obra Mías a los israelitas, hace mucho que ya habría obtenido la gloria. Pero entre vosotros es inalcanzable, entre vosotros solo hay negligencia cruel, vuestro trato frío y vuestras excusas. ¡Vuestros sentidos son demasiado insensibles y sois completamente inútiles!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cuál es tu entendimiento de Dios?
Palabras diarias de Dios Fragmento 324
Todos debéis comprender ahora el verdadero significado de la fe en Dios. El significado de la fe en Dios del que he hablado previamente se relacionaba con vuestra entrada positiva. Hoy es diferente. Hoy diseccionaré la esencia de vuestra fe en Dios. Por supuesto, esto es guiaros a partir del aspecto negativo; si no lo hiciera así, nunca conoceríais vuestro verdadero rostro y por siempre haríais alarde de vuestra piedad y vuestra lealtad. Es justo decir que, si no desvelara la fealdad que existe en lo profundo de vuestro corazón, cada uno de vosotros se colocaría una corona sobre la cabeza y se atribuiría toda la gloria. Vuestra naturaleza arrogante y vanidosa os impulsa a traicionar vuestra propia conciencia, a rebelaros contra Cristo, resistiros a Él y revelar vuestro feo rostro, sacando a la luz así vuestras intenciones, nociones, deseos extravagantes y ojos llenos de codicia. Y, sin embargo, continuáis declarando vuestra pasión de toda la vida por la obra de Cristo y no paráis de decir y repetir las verdades dichas por Cristo hace mucho tiempo. Esta es vuestra “fe”. Esta es vuestra “fe sin impurezas”. He impuesto al hombre un estándar muy estricto todo este tiempo. Si tu lealtad viene acompañada de intenciones y condiciones, entonces preferiría no tener tu supuesta lealtad, porque Yo aborrezco que las personas me engañen por medio de sus intenciones y me chantajeen con condiciones. Solo deseo que el hombre me tenga una lealtad incondicional y que lo haga todo por y para demostrar una sola palabra: fe. Detesto vuestro uso de halagos para tratar de alegrarme, porque Yo siempre os he tratado con sinceridad, por lo que deseo que vosotros también actuéis con una fe verdadera hacia Mí. Cuando se trata de la fe, muchos quizá piensen que siguen a Dios porque tienen fe y, de no ser así, no soportarían tal sufrimiento. Entonces, te pregunto esto: si crees en la existencia de Dios, ¿por qué nunca lo temes? Si crees en Su existencia, ¿por qué no sientes ningún miedo de Dios en tu corazón? Si reconoces que Cristo es la encarnación de Dios, ¿por qué lo desprecias entonces? ¿Por qué actúas de manera irreverente hacia Él? ¿Por qué lo juzgas abiertamente? ¿Por qué siempre espías Sus movimientos? ¿Por qué no te sometes a Sus disposiciones? ¿Por qué no tomas Su palabra como criterio en tus acciones? ¿Por qué lo extorsionas y le robas Sus ofrendas? ¿Por qué intentas hablar desde la posición de Cristo? ¿Por qué evalúas si Su obra y Su palabra son correctas? ¿Por qué te atreves a blasfemar contra Él a Sus espaldas? ¿Son estas y otras cosas las que constituyen vuestra fe?
Vuestras palabras y vuestro comportamiento revelan los elementos de vuestra incredulidad en Cristo. Vuestros motivos y objetivos en todo lo que hacéis están impregnados de incredulidad. Incluso la naturaleza de vuestra mirada contiene incredulidad en Cristo. Puede decirse que cada uno de vosotros, minuto a minuto, albergáis elementos de incredulidad. Esto significa que a cada momento estáis en peligro de traicionar a Cristo, ya que la sangre que corre por vuestro cuerpo está impregnada de incredulidad en el Dios encarnado. Por ello digo que las huellas que dejáis en la senda de la fe en Dios no son reales; a medida que recorréis la senda de la fe en Dios, no tenéis los pies firmemente plantados en la tierra; simplemente hacéis las cosas por inercia. Nunca creéis del todo en la palabra de Cristo y no podéis llevarla inmediatamente a la práctica. Esta es la razón por la que no tenéis fe en Cristo. El hecho de que siempre tengáis nociones sobre Él es otra razón por la que no creéis en Cristo. Ser siempre escéptico en relación con la obra de Cristo, dejar que la palabra de Cristo caiga en oídos sordos, tener una opinión y no ser capaz de entender apropiadamente todo lo que hace Cristo, tener dificultades para desprenderse de vuestras nociones sin importar la explicación que recibáis y así sucesivamente; todos estos son elementos de incredulidad mezclados en vuestro corazón. Aunque seguís la obra de Cristo y nunca os quedáis atrás, hay demasiada rebeldía mezclada en vuestro corazón. Esta rebeldía es una impureza en vuestra fe en Dios. Tal vez pensáis que no es así, pero si no puedes reconocer tus intenciones a partir de esto, entonces estás destinado a estar entre los que perecerán, porque Dios solo perfecciona a quienes en verdad creen en Él, no a quienes creen a medias en Él y, menos aún, a los que lo siguen a regañadientes a pesar de nunca haber creído que Él es Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?
Palabras diarias de Dios Fragmento 325
Algunas personas no aman la verdad y, mucho menos, el juicio. En cambio, aman el poder y las riquezas; a tales personas se les llama buscadores de poder. Buscan exclusivamente aquellas denominaciones que tienen poder en el mundo y solo buscan a pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, son, en parte, escépticos e incapaces de entregar todo su cuerpo y toda su mente; de su boca salen palabras de gastarse para Dios, pero sus ojos se enfocan en los grandes pastores y maestros, y ni siquiera miran dos veces a Cristo. Su mente está llena de pensamientos de fama, provecho y gloria. Piensan que no es posible que una persona tan insignificante pueda ser capaz de conquistar a tantos, que alguien tan común y corriente sea capaz de perfeccionar al hombre. Ellos no creen en absoluto que estos “don nadie” que están entre el polvo y el estiércol sean el pueblo escogido por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, el cielo y la tierra estarían de cabeza y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios eligiera a tales personas para ser perfeccionadas, entonces esas grandes figuras se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; más que no creer, son simplemente bestias irracionales. Y es que solo valoran el estatus, el prestigio y el poder, y tienen en alta estima a los grandes grupos y denominaciones y no tienen la menor consideración hacia quienes son dirigidos por Cristo. Simplemente son traidores que le han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.
No admiras la humildad de Cristo, sino que veneras a esos falsos pastores de destacado estatus. No adoras la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino que te agradan esos licenciosos que transigen con la inmundicia del mundo. Solo te burlas del dolor de Cristo por no tener ningún lugar para reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que se apropian de las ofrendas y viven en el libertinaje. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, pero te lanzas con gusto a los brazos de esos anticristos temerarios y obstinados a pesar de que solo te suministran carne, palabras y control. Incluso ahora, tu corazón sigue volviéndose a ellos, a su reputación, su estatus, sus fuerzas. Y, sin embargo, continúas adoptando una actitud de encontrar la obra de Cristo difícil de aceptar y de no estar dispuesto a aceptarla. Es solo por esto que digo que careces de la fe de reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es solo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se erigen una serie de imágenes elevadas; no puedes olvidar cada una de sus palabras y obras ni sus influyentes palabras y manos. En vuestro corazón, ellos son supremos por siempre y eternamente héroes. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. En tu corazón, Él siempre es insignificante, Él siempre es una persona indigna de temor. Porque Él es demasiado común, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.
En cualquier caso, Yo digo que todos los que no valoran la verdad son incrédulos y traidores de la verdad. Tales personas nunca recibirán la aprobación de Cristo. ¿Has identificado ahora cuánta incredulidad hay dentro de ti y cuánta traición a Cristo tienes? Te exhorto: puesto que has elegido el camino de la verdad, deberías poner todo el corazón en tu devoción; no seas ambivalente ni vaciles. Debes entender que Dios no es Dios del mundo ni de ninguna persona, sino Dios de todos aquellos que creen verdaderamente en Él, de todos los que lo adoran y de todos aquellos que le muestran devoción y le son fieles.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?
Palabras diarias de Dios Fragmento 326
En su fe, las personas buscan hacer que Dios les dé un destino adecuado y toda la gracia que podrían querer, buscan hacer que Dios sea su sirviente, que Él mantenga con ellas una relación pacífica y amigable para que, sin importar cuándo, nunca haya ningún conflicto entre ellos. Es decir, su creencia en Dios exige que Él prometa cumplir todas sus exigencias y que les otorgue cualquier cosa que pidan, de acuerdo con las palabras que han leído en la Biblia: “Escucharé todo lo que pidáis”. Esperan que Dios no juzgue ni pode a nadie, ya que Él siempre ha sido el misericordioso Salvador Jesús que mantiene una buena relación con las personas en todo momento y en todo lugar. La forma en la que las personas creen en Dios es como sigue: simplemente, le exigen con descaro y creen que, independientemente de si son rebeldes u obedientes, Él simplemente tiene que seguir concediéndoles todo. Simplemente, le “cobran deudas” a Dios continuamente, pues creen que Él tiene que “reembolsarles” sin resistirse de ninguna manera y, además, debe pagar doble. Piensan que, independientemente de que Dios haya obtenido algo de ellas o no, solo lo pueden manipular y que Él no puede orquestar a las personas a su antojo ni mucho menos revelarles Su sabiduría y Su carácter justo —ocultos durante muchos años— cuando Él quiera y sin su permiso. Simplemente le confiesan a Dios sus pecados, pues creen que Él solo tiene que absolverlas, sin sentir ninguna aversión hacia ello y que esto continuará para siempre. Simplemente le dan órdenes a Dios y creen que Él se limitará a obedecerlas, porque está registrado en la Biblia que Dios no vino para ser servido por el hombre, sino para servirle a él, así como que Él vino para ser su siervo. Incluso ahora, ¿no seguís creyendo de esta manera? Cuando no podéis obtener algo de Dios, queréis huir; cuando no entendéis algo, os volvéis demasiado resentidos e incluso llegáis tan lejos como para lanzarle toda clase de insultos. Simplemente no le permitiréis a Dios mismo expresar completamente Su sabiduría y maravilla, en lugar de eso solo queréis disfrutar de la comodidad y el confort temporales. Hasta ahora, vuestra actitud en vuestra creencia en Dios ha consistido meramente en los mismos viejos puntos de vista. Si Dios os muestra una mínima majestad, os ponéis tristes. ¿Veis ahora exactamente lo grande que es vuestra estatura? No asumáis que todos vosotros sois leales a Dios cuando, de hecho, vuestras antiguas opiniones no han cambiado. Cuando nada te sucede, crees que todo va bien y tu amor por Dios alcanza las cotas más altas. Cuando algo pequeño te sucede, caes al Hades. ¿Es eso ser leal a Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes desprenderte de las bendiciones del estatus y entender la intención de Dios de traer la salvación al hombre
Palabras diarias de Dios Fragmento 327
En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y perspectivas personales. La obra se realiza de esta manera ahora para lidiar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Estas esperanzas, este deseo de estatus y estas nociones son todos epítomes de las actitudes satánicas. Estas cosas existen en el corazón de las personas debido por completo a que los venenos de Satanás siempre están corroyendo sus pensamientos. Las personas no son nunca capaces de librarse de esas tentaciones satánicas y viven en medio del pecado, sin embargo, no creen que sea pecado. Es más, piensan: “Creemos en Dios, así que Él debe concedernos bendiciones y disponerlo todo para nosotros de forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener un estatus más alto y mejores perspectivas que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios”. Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo no poseen fuerza de voluntad ni determinación, sino que también se han vuelto avariciosas, arrogantes y caprichosas. Carecen absolutamente de cualquier determinación para trascender el yo y, más aún, de la menor pizca de valor para librarse de las limitaciones de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que las perspectivas tras su creencia en Dios siguen siendo insoportablemente abominables, e incluso son francamente ofensivas al oído. Todas las personas son cobardes, ineptas, despreciables y frágiles. No aborrecen a las fuerzas de la oscuridad ni sienten amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas. ¿No son vuestros pensamientos y vuestras perspectivas actuales exactamente así? Es decir, como creéis en Dios, deberíais ganar bendiciones y se tendría que asegurar que vuestro estatus nunca disminuirá, que se va a mantener por encima del de los no creyentes: no habéis estado albergando ese tipo de perspectiva solo uno o dos años, sino durante muchos más. Vuestro modo transaccional de pensar está exageradamente desarrollado. Aunque habéis llegado hoy hasta esta etapa, no os podéis relajar aún en lo que se refiere al estatus: seguís complicándoos la vida por escudriñar y observarlo a diario, con el profundo temor de que un día vuestro estatus se pierda y se arruine vuestro nombre. Las personas nunca se han desprendido de su deseo de comodidad. Al juzgaros hoy, ¿qué grado de comprensión tendréis al final? Diréis que aunque vuestro estatus no es alto, sin embargo habéis disfrutado la exaltación de Dios. No tenéis estatus porque sois de baja cuna, pero ganáis estatus por la exaltación de Dios; esto es algo que Él os concede. Hoy sois capaces de recibir personalmente la formación de Dios, Su castigo y Su juicio. Esta es, más aún, Su exaltación. Sois capaces de recibir personalmente Su purificación y Su fuego. Esto es el gran amor de Dios. A lo largo de las eras y las generaciones no ha habido una sola persona que haya sido capaz de recibir Su purificación y Su fuego, ni una sola persona que haya sido capaz de recibir la perfección de Sus palabras. Dios os está hablando ahora cara a cara, purificándoos, dejando en evidencia vuestra rebeldía interna; esta es ciertamente Su exaltación. ¿Qué son capaces de hacer las personas? Sean hijos de David o descendientes de Moab, en resumen, las personas son seres creados que no tienen nada de lo que puedan jactarse. Como sois seres creados, debéis hacer el deber de un ser creado. No hay más requisitos para vosotros. Así es como deberíais orar: “¡Dios! Tenga estatus o no, ahora me conozco a mí mismo. Si mi estatus es alto, se debe a Tu exaltación, y si es bajo, se debe a Tu preordinación. Todo está en Tus manos. No tengo ninguna elección ni ninguna queja. Tú preordinaste que yo naciera en este país y entre este pueblo, y lo único que puedo hacer es ser absolutamente sumiso bajo Tu dominio, porque todo es lo que Tú has preordinado. No pienso en el estatus; no soy más que un ser creado. Si Tú me colocas en el abismo sin fondo, en el lago de fuego y azufre, no soy más que un ser creado. Si Tú me usas, soy un ser creado. Si Tú me perfeccionas, sigo siendo un ser creado. Si Tú no me perfeccionas, te seguiré amando, pues no soy más que un ser creado. No soy más que un ser creado diminuto del Creador, tan solo uno de entre todos los seres humanos creados. Tú fuiste quien me creó y ahora me has colocado en Tus manos para hacer conmigo Tu voluntad. Estoy dispuesto a ser Tu herramienta y Tu contraste, porque todo es lo que Tú has preordinado y nadie puede cambiarlo. Todas las cosas y todos los acontecimientos están en Tus manos”. En ese momento en que ya no pienses en el estatus, entonces es cuando te liberarás de él. Solo en ese momento serás capaz de buscar con confianza y valor, y solo entonces, tu corazón podrá llegar a liberarse de cualquier limitación. Una vez que las personas hayan sido liberadas de estas cosas, entonces no tendrán más preocupaciones. ¿Cuáles son ahora las preocupaciones de la mayoría de vosotros? Siempre estáis limitados por el estatus y preocupados constantemente por vuestras propias perspectivas. Siempre estáis pasando las páginas de las palabras de Dios, deseando leer los dichos sobre el destino de la humanidad y queriendo saber cuáles son vuestras perspectivas y cuál será vuestro destino. Siempre os preguntáis, “¿Realmente tengo alguna perspectiva? ¿Me las ha quitado Dios? Dios sólo dice que soy un contraste; ¿cuáles son entonces mis perspectivas?”. Es difícil para vosotros desprenderse de vuestras perspectivas y vuestro sino. Ahora sois seguidores, y habéis obtenido cierto entendimiento de esta etapa de la obra. Sin embargo, todavía no os habéis desprendido de vuestro deseo de estatus. Cuando vuestro estatus es alto buscáis bien, pero cuando es bajo, dejáis de buscar. Los beneficios del estatus siempre están en vuestra mente. ¿Por qué la mayoría de las personas no pueden desprenderse de la negatividad? ¿Acaso la respuesta invariable no es que se debe a las perspectivas sombrías? En cuanto se pronuncian las palabras de Dios, os apresuráis a ver cuáles son en realidad vuestro estatus y vuestra identidad. Priorizáis el estatus y la identidad, y relegáis la visión al segundo lugar. En el tercero está algo a lo que debéis entrar, y en el cuarto las intenciones actuales de Dios. Primero consideráis si el título de Dios para vosotros como “contrastes” ha cambiado o no. Leéis y leéis, y cuando veis que se ha eliminado el título de “contraste”, os alegráis, dais las gracias a Dios sin parar y alabáis Su gran poder. Pero si veis que seguís siendo contrastes, os disgustáis y de inmediato se disipa el impulso en vuestro corazón. Cuanto más busques de esta forma, menos recogerás. Cuanto mayor sea el deseo de estatus en la persona, mayor será la seriedad con la que sea podada y mayor será el refinamiento que tendrá que experimentar. ¡La gente así no vale nada de nada! Tiene que experimentar mucha poda y juicio para desprenderse por completo de este deseo de estatus. Si buscáis de esa manera, nada recogeréis al final. Aquellos que no buscan la vida no pueden ser transformados, y aquellos que no tienen sed de la verdad no pueden ganar la verdad. No te centras en buscar la transformación ni la entrada personales, sino que en su lugar siempre te concentras en deseos extravagantes y en las cosas que te restringen de amar a Dios y acercarte a Él. ¿Pueden transformarte esas cosas? ¿Pueden introducirte en el reino? Si el objetivo de tu búsqueda no es buscar la verdad, entonces más te valdría aprovechar esta oportunidad y regresar al mundo para hacer grandes cosas. Perder el tiempo de esta forma no vale realmente la pena; ¿por qué torturarte? ¿No es verdad que podrías disfrutar de todo tipo de cosas en el hermoso mundo? Dinero, hermosas mujeres, estatus, vanidad, familia, hijos, etc.; ¿no son estos productos del mundo las mejores cosas de las que podrías disfrutar? ¿De qué vale vagar por aquí y buscar un lugar de comodidad? El Hijo del hombre no tiene donde recostar Su cabeza; ¿cómo podrías tener tú, pues, un lugar de comodidad? ¿Cómo podría Él crearte un hermoso lugar de comodidad? ¿Es esto posible? Al margen de Mi juicio, hoy solo puedes recibir enseñanzas de la verdad. No puedes obtener de Mí la comodidad ni tampoco el lecho de rosas que tanto anhelas día y noche. No te concederé las riquezas y la gloria del mundo. Si buscas de una forma genuina, entonces estoy dispuesto a concederte la totalidad del camino de la vida, para que seas como un pez que regresa al agua. Si tu búsqueda no es genuina, lo retiraré todo. ¡No estoy dispuesto a conceder las palabras de Mi boca a aquellos que codician la comodidad, que son como los perros y los cerdos!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?
Palabras diarias de Dios Fragmento 328
Examínate a ti mismo para ver si practicas la justicia en las cosas que haces y si tus acciones se resisten al escrutinio de Dios: estos son los principios por los que se conducen los que creen en Dios. Seréis llamados justos porque podéis satisfacer a Dios y porque aceptáis el cuidado y la protección de Dios. A los ojos de Dios, todas las que aceptan el cuidado, la protección y la perfección de Dios y a quienes Él gana son justas y Dios considera preciosas a todas las personas justas. Mientras más aceptéis las palabras actuales de Dios, más seréis capaces de entender y comprender las intenciones de Dios y por tanto más podréis vivir las palabras de Dios y satisfacer Sus exigencias. Esta es la comisión que Dios tiene para vosotros y lo que todos vosotros debéis ser capaces de lograr. Si usáis vuestras nociones para medir y delimitar a Dios, como si Dios fuera una estatua de barro inmutable, y si delimitando completamente a Dios a la Biblia y lo fijáis dentro de un limitado ámbito donde obrar, entonces esto prueba que habéis condenado a Dios. Porque los judíos de la era del Antiguo Testamento tomaron a Dios como un ídolo de forma fija que tenían en sus corazones, como si a Dios solo se le pudiera llamar Mesías y solo Aquel que fuera llamado el Mesías pudiera ser Dios, y porque la gente sirvió y adoró a Dios como si Él fuera una estatua de barro (sin vida), clavaron al Jesús de ese tiempo en la cruz, sentenciándolo a muerte; el Jesús inocente fue así condenado a muerte. Dios era inocente; sin embargo, el hombre rehusó perdonar a Dios y lo sentenció a muerte con insistencia y así Jesús fue crucificado. El hombre siempre cree que Dios es inmutable y lo delimita de acuerdo con un único libro, la Biblia, como si el hombre tuviera una comprensión total de la gestión de Dios, como si todo lo que Dios hace estuviera en la palma de la mano del hombre. Las personas son absurdas hasta el extremo, de una arrogancia extrema y todas tienen un don para jactarse. No importa lo elevado que sea el conocimiento que tienes de Dios, todavía digo que no conoces a Dios, que te opones a Dios al máximo y que lo has condenado porque eres totalmente incapaz de someterte a la obra de Dios y caminar la senda de ser hecho perfecto por Dios. ¿Por qué Dios nunca está satisfecho con las acciones del hombre? Es porque el hombre nunca conoce a Dios, tiene demasiadas nociones y su conocimiento de Dios no concuerda en absoluto con la realidad, sino que es estereotipado y repetitivo, así como copiado mecánicamente y aplicado con rigidez. Y entonces, habiendo venido a la tierra en la actualidad, una vez más el hombre ha clavado a Dios en la cruz. ¡Humanidad cruel! La intriga y maquinación, robarse y agarrarse entre ellos, la lucha por la fama y el provecho, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? A pesar de que Dios ha hablado cientos de miles de palabras, nadie ha entrado en razón. La gente actúa por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, perspectivas de futuro, estatus, vanidad y dinero, por comida, ropa y por la carne. Pero ¿existe alguien cuyas acciones sean verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos que actúan por el bien de Dios, casi nadie lo conoce. ¿Cuántas personas no actúan por sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen ni condenan al ostracismo a los demás con el propósito de proteger su propio estatus? Así, Dios ha sido condenado a muerte a la fuerza en innumerables ocasiones; innumerables jueces crueles han condenado a Dios y una vez más lo han clavado en la cruz. ¿Cuántas se pueden llamar personas justas porque en verdad actúan para Dios?
¿Es tan fácil ser perfeccionado ante Dios hasta ser un santo o una persona justa? Es una declaración verdadera que “no hay justos sobre esta tierra; los justos no están en este mundo”. Cuando venís delante de Dios, considerad lo que lleváis puesto, considerad cada una de vuestras palabras, acciones y movimientos, todos vuestros pensamientos e ideas e incluso los sueños que soñáis cada día, todo es por interés propio. ¿No es este el verdadero estado de cosas? “Justicia” no quiere decir dar limosna a los demás, no quiere decir amar a tu prójimo como a ti mismo ni quiere decir abstenerse de pelearse y tener disputas ni abstenerse de hurtar o robar. Justicia quiere decir tomar la comisión de Dios como tu deber y someterte a las instrumentaciones y los arreglos de Dios como tu vocación enviada del cielo, independientemente del tiempo o el lugar, igual que todo lo que hizo el Señor Jesús. Esta es la justicia de la que ha hablado Dios. Que a Lot se le pudiera llamar justo se debe a que salvó a dos ángeles que Dios envió sin importarle lo que ganara o perdiera; solo puede decirse que lo que hizo en ese momento se puede llamar justo, pero a él no se le puede llamar un hombre justo. Lot solo dio a sus dos hijas a cambio de los ángeles porque había visto a Dios, pero no todo su comportamiento en el pasado representa la justicia. Y por eso digo que “no hay justos sobre esta tierra”. Entre aquellas personas que están en la corriente de la recuperación, ninguna se puede llamar justa. No importa lo buenas que sean tus acciones, no importa cómo parezca que glorificas el nombre de Dios, si no pegas a los demás ni los maldices, o si no los saqueas ni les robas, todavía no puedes ser llamado justo porque eso es lo que una persona normal es capaz de tener. La clave ahora mismo es que no conoces a Dios. Solo se puede decir que en el momento presente tienes un poco de humanidad normal, pero careces de elementos de la justicia de la que Dios habla y por eso nada de lo que hagas sirve para probar que conoces a Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los malvados sin duda serán castigados
Palabras diarias de Dios Fragmento 329
Antes, cuando Dios estaba en el cielo, las personas trataban con Él de manera superficial en sus actos. Hoy, Dios ha venido entre los hombres —durante un número indecible de años— y esto nadie lo sabe. Sin embargo, las personas todavía tratan con Él de manera superficial en sus acciones. ¿Acaso no son las personas demasiado retrógradas en su pensamiento? Son exactamente igual que Judas: antes de que Jesús viniera, Judas contaba mentiras para engañar a los hermanos y hermanas, e incluso después de que Jesús viniera siguió sin cambiar; no conocía a Jesús en lo más mínimo y al final lo vendió. ¿No fue porque no conocía a Dios? Si hoy todavía no conocéis a Dios, entonces es posible que os convirtáis en otro Judas y, a consecuencia de esto, la tragedia de la crucifixión de Jesús en la Era de la Gracia, hace dos mil años, volvería a acontecer. ¿No lo creéis? ¡Es un hecho! Ahora, la mayoría de las personas están en una situación similar. Tal vez sea un poco pronto para decir esto, pero todas estas personas desempeñan el papel de Judas. No estoy diciendo tonterías, hablo de acuerdo con los hechos y no tienes por menos que convencerte. Aunque muchas personas pretenden ser humildes, en sus corazones no hay más que una charca de agua estancada, una acequia de agua hedionda. Ahora mismo hay demasiadas así en la iglesia y pensáis que lo ignoro por completo. En la actualidad, Mi Espíritu me defiende y da testimonio de Mí. ¿Crees que no sé nada? ¿Creéis que no entiendo nada de los pensamientos retorcidos que hay dentro de vuestros corazones ni de las cosas guardadas dentro de ellos? ¿Se mangonea tan fácilmente a Dios? ¿Creéis que lo podéis tratar como os dé la gana? En el pasado me preocupaba por miedo a que os vierais constreñidos, así que os seguí dando libertad, pero la humanidad no apreciaba la bondad que se les mostraba; cuando les daba la mano, me tomaban el codo. Preguntaos entre vosotros: casi nunca he podado a nadie ni he reprendido a nadie a la ligera, pero tengo claros los motivos y las nociones del hombre. ¿Crees que Dios mismo, de quien Dios da testimonio, es un necio? ¡En ese caso digo que estás muy ciego! No te voy a exponer, pero veamos cómo de corrupto te puedes volver. Veamos si tus pequeñas estratagemas ingeniosas pueden salvarte o si amar a Dios con todas tus fuerzas puede salvarte. No voy a condenarte hoy; esperemos hasta el tiempo de Dios para ver cómo te da la retribución. No tengo tiempo para tener una charla ociosa contigo ahora, ni estoy dispuesto a retrasar Mi mayor obra solo por ti. Un gusano como tú no es digno del tiempo que lleva a Dios podarte, así que veamos lo disoluto que puedes llegar a ser. Las personas que son así no buscan tener el menor conocimiento de Dios ni tienen el más mínimo corazón amante de Dios; y todavía quieren que Dios las llame personas justas, ¿no es esto un chiste? Ya que un pequeño número de personas son realmente honestas, me centraré únicamente en proveer continuamente de vida al hombre. Solo haré lo que debería hacer hoy, pero en el futuro traeré la retribución a cada persona de acuerdo con lo que haya hecho. He dicho todo lo que hay que decir porque esta es precisamente la obra que hago. Hago únicamente lo que debo hacer y no hago lo que no debo hacer. Sin embargo, espero que os examinéis más a vosotros mismos: ¿Cuánto de tu conocimiento de Dios es verdadero exactamente? ¿Eres alguien que ha clavado a Dios de nuevo en la cruz? Mis últimas palabras son estas: ay de aquellos que crucifican a Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los malvados sin duda serán castigados
Palabras diarias de Dios Fragmento 330
A medida que avanzas por la senda actual, ¿cuál es la modalidad de búsqueda más adecuada? En tu búsqueda, ¿qué clase de persona deberías considerarte? Te corresponde saber cómo abordar todo aquello que te encuentres hoy, sean pruebas o adversidades, maldiciones o un castigo despiadado. Al enfrentarte a todas estas cosas, deberías considerar cuidadosamente cada una de ellas. ¿Por qué lo digo? Lo digo porque las cosas que hoy te encuentras son, después de todo, pruebas de corta duración que suceden una y otra vez; quizá en lo que a ti respecta, no son especialmente estresantes y, entonces, dejas que las cosas sigan su curso natural y no las consideras un recurso valioso en la búsqueda del progreso. ¡Qué descuidado eres! Tanto que consideras este recurso valioso como si fuera una nube que flota ante tus ojos y no aprecias estos duros golpes que te llueven una y otra vez —golpes breves y que no te parecen muy pesados—, sino que los consideras con un frío distanciamiento, sin tomártelos a pecho, y los tratas meramente como chocarte contra un muro. ¡Eres muy arrogante! Respecto a estos feroces ataques, similares a tormentas, que recibes una y otra vez, solo muestras una indiferencia impertinente; a veces llegas hasta a sonreír con frialdad, revelando una expresión de total indiferencia, pues jamás has pensado para tus adentros por qué sigues padeciendo semejantes “desgracias”. ¿Es posible que Yo sea enormemente injusto con el hombre? ¿Acaso me dedico Yo a buscarte faltas? Aunque los problemas con lo que piensas puede que no sean tan graves como los he descrito, hace tiempo que has reflejado a la perfección tu mundo interior a través de tu compostura externa. No hace falta que te diga que lo único que ocultas en el fondo de tu corazón son palabras ofensivas e irracionales y leves rastros de tristeza apenas discernibles para los demás. Como te parece muy injusto haber padecido semejantes pruebas, maldices; y porque estas pruebas te hacen sentir la desolación del mundo, estás lleno de melancolía. No contemplas estos golpes y actos de disciplina reiterados como la mejor protección; los consideras problemas sin sentido que vienen del Cielo o una represalia adecuada para ti. ¡Eres muy ignorante! Confinas despiadadamente los buenos momentos a las tinieblas; contemplas un caso tras otro de maravillosas pruebas y disciplina como ataques de tus enemigos. No sabes cómo adaptarte al entorno, y menos aún estás dispuesto a intentarlo, pues no estás dispuesto a obtener nada de este castigo reiterado y, para ti, cruel. No haces ningún intento por buscar o explorar, y simplemente te resignas al porvenir, vas dondequiera que te lleve. Esos que a ti te pueden parecer salvajes actos de reprensión no han transformado tu corazón ni lo han conquistado; por el contrario, te lo apuñalan. Ves este “cruel castigo” solo como tu enemigo en esta vida, y entonces no has ganado nada. ¡Eres muy sentencioso! Rara vez crees que padeces tales pruebas porque eres demasiado despreciable; antes bien, te consideras muy desventurado y dices además que siempre te estoy buscando faltas. Y ahora que las cosas han llegado a este paso, ¿cuánto sabes realmente de lo que digo y hago? No te creas un prodigio nato, solo un poco por debajo del cielo pero infinitamente por encima de la tierra. No eres más listo que nadie y hasta podría decirse que es sencillamente adorable lo mucho más tonto que eres que cualquiera de las personas dotadas de razón en la tierra, pues te tienes en una posición demasiado elevada y jamás has tenido sensación de inferioridad; como si vieras Mis acciones claramente, hasta el más ínfimo detalle. En realidad, simplemente no eres una persona que posee razón, ya que no tienes ni idea de lo que pretendo hacer, y menos todavía de lo que estoy haciendo ahora. Y por eso digo que ni siquiera eres como un viejo agricultor, un agricultor sin la más mínima idea de la vida humana y que, sin embargo, pone toda su confianza en las bendiciones del Cielo cuando cultiva la tierra. No podría importarte menos tu propia vida, ni siquiera sabes nada de la fama y menos aún tienes autoconciencia. ¡Eres realmente “grande”!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?
Palabras diarias de Dios Fragmento 331
Respecto a las enseñanzas que os he dado una y otra vez, hace mucho que las habéis relegado al fondo de vuestra mente, incluso hasta el punto de tratarlas como juguetes para entreteneros en vuestros momentos de ocio. Todo esto lo consideráis siempre como vuestro propio “amuleto”. Cuando os acusa Satanás, oráis; cuando estáis negativos, caéis en un profundo aletargamiento; cuando estáis contentos, corréis de aquí para allá; cuando os reprendo, agacháis la cabeza con sumisión; luego, en cuanto os alejáis de Mi presencia, os reís con malévola alegría. Te sientes por encima de todos los demás, pero nunca te consideras el más orgulloso y no hay palabras para describir lo altivo, autocomplaciente y arrogante que eres siempre. ¿Cómo podrían considerar Mis palabras como un preciado tesoro estos “señoritos”, “señoritas”, “señores” y “señoras” que no aprenden y siguen siendo ignorantes? Te pregunto entonces: ¿qué has aprendido exactamente de Mis palabras y Mi obra a lo largo de tanto tiempo? ¿Es que has obtenido mayores habilidades para engañar? ¿O mayor sofisticación en tu carne? ¿O más falta de respeto en tu actitud hacia Mí? Te lo digo directamente: toda esta obra que he hecho ha causado que tú, que solías tener el coraje de un ratón, te vuelvas más audaz. El temor que sientes hacia Mí disminuye cada día que pasa, porque soy demasiado misericordioso, y nunca he impuesto sanciones a tu carne por medio de la violencia. Tal vez, como tú lo ves, me limito a decir palabras duras, pero es mucho más frecuente que te muestre un semblante sonriente y casi nunca te reprendo a la cara. Asimismo, siempre tolero tu debilidad y es enteramente por eso que hoy me tratas como la serpiente trató al amable granjero. ¡Cuánto admiro el extremo grado de destreza y perspicacia en la capacidad de observación de la raza humana! Deja que te diga una verdad: hoy importa muy poco si el tuyo es o no un corazón temeroso. No estoy angustiado ni preocupado por eso. No obstante, también debo decirte esto: tú, “persona con talento”, que no aprendes y sigues siendo ignorante, serás finalmente derribado por tu autocomplaciente y mezquina astucia, serás el que sufra y sea castigado. Yo no seré tan estúpido como para acompañarte mientras continúas sufriendo en el infierno, pues no soy de la misma especie que tú. No olvides que eres un ser creado que ha sido maldecido por Mí y, con todo, es además enseñado y salvado por Mí, y no hay nada en ti de lo que fuera reacio a desprenderme. Sea cual sea el momento en el que hago Mi obra, nunca estoy influenciado por ninguna persona, acontecimiento ni cosa. Mis actitudes y opiniones respecto a la humanidad han sido siempre las mismas. No tengo una buena disposición hacia ti porque eres un apéndice de Mi gestión y no eres más especial que cualquier otro ser. Este es Mi consejo: en todo momento, ¡debes recordar que no eres más que un ser creado! Aunque puedas compartir tu existencia conmigo, debes conocer tu propia identidad; no te tengas en tan alta consideración. Aunque no te reprenda ni pode, sino que te reciba con rostro sonriente, eso no es suficiente para acreditar que seas de la misma especie que Yo. Tú debes saber que eres alguien que persigue la verdad, ¡no eres la verdad en sí misma! Debes estar en todo momento listo para cambiar según Mis palabras. No puedes escapar de esto. Te insto a que trates de aprender algo en este preciado momento, en esta oportunidad excepcional. No me embauques; no me hace falta que intentes engañarme con halagos. Cuando me buscas, no lo haces solo por Mi bien, ¡sino por el tuyo propio!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?
Palabras diarias de Dios Fragmento 332
En este momento, cada día que vivís es crucial y de gran importancia para vuestro destino y vuestra suerte, así que debéis valorar todo lo que poseéis ahora y apreciar cada minuto que pasa. Debéis aprovechar cada momento para que podáis cosechar los mayores beneficios y de ese modo evitar haber vivido esta vida en vano. Tal vez os sintáis confundidos acerca de las razones por las que os digo estas palabras. Francamente, no me siento satisfecho con el comportamiento de ninguno de vosotros, ya que lo que esperaba de vosotros no es lo que sois actualmente. Por tanto, puedo decir esto: cada uno de vosotros está al borde del peligro y vuestros gritos de ayuda del pasado y vuestras antiguas aspiraciones de perseguir la verdad y buscar la luz están llegando a su fin. Así es vuestra muestra final de recompensa hacia Mí y es algo que Yo nunca esperé. No quiero hablar en contra de los hechos, pues me habéis decepcionado enormemente. Tal vez no queráis aceptar esto sin chistar y no queráis enfrentaros a la realidad; sin embargo, debo haceros estas preguntas con seriedad: En todos estos años, ¿de qué habéis llenado vuestro corazón exactamente? ¿A quién exactamente es leal? No digáis que estas preguntas son repentinas ni me preguntéis por qué os las hago. Sabed esto: es porque os conozco demasiado bien, me preocupo demasiado por vosotros y he invertido demasiado de Mi corazón en vuestra conducta y en vuestras acciones, por lo que os he llamado a cuentas sin cesar y he soportado grandes dificultades. Sin embargo, me lo pagáis solo con indiferencia y una resignación impotente. Habéis sido muy negligentes conmigo; ¿sería posible que Yo no supiese nada al respecto? Si esto es lo que creéis, eso corrobora aún más el hecho de que no me tratáis de verdad con amabilidad. Así pues, os digo que os estáis engañando a vosotros mismos. Sois todos demasiado inteligentes para saber siquiera lo que estáis haciendo; así pues, ¿qué vais a usar para rendir cuentas ante Mí?
La pregunta que más me preocupa es a quién es leal vuestro corazón exactamente. También espero que cada uno de vosotros intente ordenar sus pensamientos y se pregunte a quién es leal exactamente y para quién vive exactamente. Quizá nunca habéis considerado detenidamente estas preguntas, así pues ¿qué tal si me dejáis que os revele las respuestas?
Cualquiera que tenga memoria reconocerá este hecho: el hombre vive para sí mismo y es leal a sí mismo. No creo que vuestras respuestas sean del todo correctas, porque cada uno de vosotros vive su respectiva vida y lucha entre su propio sufrimiento personal. Por tanto, sois leales a las personas que amáis y a las cosas que os gustan; no sois del todo leales a vosotros mismos. Debido a que cada uno de vosotros está influenciado por la gente, los acontecimientos y las cosas que os rodean, no sois realmente leales a vosotros mismos. No digo estas palabras para respaldar que seáis leales a vosotros mismos, sino para exponer vuestra lealtad a cualquier cosa, porque a lo largo de todos estos años, nunca he recibido la lealtad de ninguno de vosotros. Me habéis seguido todos estos años; sin embargo, nunca me habéis dado ni un ápice de lealtad. Más bien, habéis estado girando en torno a las personas y las cosas que os gustan, hasta tal punto que, en todo momento y dondequiera que vais, las mantenéis cerca de vuestro corazón y nunca las habéis abandonado. Cada vez que sentís fervor o pasión respecto a cualquier cosa que amáis, lo hacéis al mismo tiempo que me seguís o, incluso, al mismo tiempo que escucháis Mis palabras. Por eso digo que estáis utilizando la lealtad que os pido, más bien, para ser leales a vuestras “mascotas” y para apreciarlas. Aunque quizá sacrifiquéis una o dos cosas por Mí, no representa la totalidad de lo que sois ni muestra que es a Mí a quien sois verdaderamente leales. Os involucráis en proyectos que os apasionan: algunos de vosotros sois leales a vuestros hijos e hijas; otros, a su marido, a su esposa, a las riquezas, al trabajo, a sus superiores, al estatus o a las mujeres. Nunca os sentís cansados o molestos por causa de esas cosas a las que sois leales; más bien, anheláis cada vez más poseerlas en mayor cantidad y de una manera mejor, y nunca os rendís. Mis palabras y Yo siempre quedamos relegados detrás de las cosas que os apasionan y no tenéis más remedio que situarnos en último lugar. Hay algunos que incluso dejan este último lugar para las cosas a las que son leales, pero que aún no han descubierto. Nunca han tenido ni una pizca de Mí en su corazón. Tal vez consideráis que os pido demasiado o que os estoy acusando injustamente, pero ¿acaso alguna vez habéis pensado en el hecho de que mientras estáis pasando felizmente tiempo con vuestra familia, nunca, ni una sola vez, habéis sido leales a Mí? En este momento, ¿no os causa eso dolor? Cuando vuestro corazón está lleno de alegría al haber sido retribuidos por vuestras labores, ¿acaso no os sentís abatidos por no haberos equipado con suficientes verdades? ¿Cuándo habéis llorado por no haber recibido Mi aprobación? Os devanáis los sesos y hacéis enormes esfuerzos por vuestros hijos e hijas, y, aun así, no estáis satisfechos; creéis que no habéis sido diligentes por ellos, que no habéis hecho todo lo posible por ellos. Sin embargo, conmigo siempre habéis sido negligentes y descuidados; solo estoy en vuestra memoria, pero nunca permanezco en vuestro corazón. Nunca intentáis entender Mis meticulosas intenciones ni mostrar consideración por ellas. Tan solo os involucráis en una breve reflexión y creéis que esto es suficiente. Esta “lealtad” no es lo que he anhelado desde hace mucho; más bien, lo que he odiado durante mucho tiempo. Sin embargo, independientemente de lo que Yo diga, seguís admitiendo solo una o dos cosas; no podéis aceptarlo completamente porque todos vosotros os sentís muy “confiados”, y siempre escogéis y elegís qué palabras aceptar de las que Yo he pronunciado. Si seguís siendo así hoy, Yo tengo reservados algunos métodos para tratar vuestra autoconfianza; es más, os haré reconocer que todas Mis palabras son verdaderas y que ninguna de ellas es una distorsión de la realidad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿A quién eres leal exactamente?
Palabras diarias de Dios Fragmento 333
Si en estos momentos colocase dinero frente a vosotros y os diera la libertad de escoger, si no os condenara por vuestra elección, la mayoría escogería el dinero y renunciaría a la verdad. Los mejores de entre vosotros renunciarían al dinero y de mala gana elegirían la verdad, mientras que aquellos que se encuentran en medio agarrarían el dinero con una mano y la verdad con la otra. ¿No se haría evidente de esta manera vuestra verdadera cara? Al elegir entre la verdad y cualquier cosa a la que sois leales, todos elegiríais de esta manera, y vuestra actitud seguiría siendo la misma. ¿No es así? Muchos de vosotros habéis vacilado entre lo correcto y lo incorrecto, ¿no es así? En todas las luchas entre lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro —entre la familia y Dios, los hijos y Dios, la armonía y la ruptura, la riqueza y la pobreza, el estatus y lo ordinario, ser apoyados y ser rechazados y así sucesivamente— ¡seguro que no ignoráis las elecciones que habéis hecho! Entre una familia armoniosa y una fracturada, elegisteis la primera, y sin ninguna vacilación; entre la riqueza y el deber, de nuevo elegisteis la primera, aun careciendo de la voluntad de regresar a la orilla[a]; entre el lujo y la pobreza, elegisteis lo primero; entre vuestros hijos, esposa o marido y Yo, elegisteis a los primeros; y entre las nociones y la verdad, seguisteis eligiendo lo primero. Al enfrentarme a toda forma de acciones malvadas de vuestra parte, simplemente he perdido la fe en vosotros, simplemente he estado asombrado. De manera inesperada, vuestro corazón es del todo incapaz de ablandarse. Sorprendentemente, la sangre del corazón que he gastado durante muchos años no me ha traído nada más que vuestro abandono y resignación, pero Mis esperanzas hacia vosotros crecen con cada día que pasa, porque Mi día ha sido completamente puesto de manifiesto ante todos. Sin embargo, ahora todavía estáis persiguiendo cosas oscuras y malvadas y os negáis a dejarlas ir. Entonces, ¿cuál será vuestro resultado? ¿Habéis considerado alguna vez esto con detenimiento? Si se os pidiera que eligierais de nuevo, ¿cuál sería, entonces, vuestra postura? ¿Seguiría siendo lo primero? ¿Seguiríais pagándome con decepciones y dolorosa tristeza? ¿Seguirían vuestros corazones solo teniendo un ápice de calidez? ¿Seguiríais sin ser conscientes de qué hacer para consolar a Mi corazón? En este momento, ¿qué escogéis? ¿Os someteréis a Mis palabras o sentiréis aversión por ellas? Mi día ha sido expuesto ante vuestros propios ojos, y lo que enfrentáis es una nueva vida y un nuevo punto de partida. Sin embargo, debo deciros que este punto de partida no es el comienzo de una nueva obra, como en el pasado, sino la conclusión de la obra antigua. Es decir, este es el acto final. Creo que todos podéis comprender lo que tiene de inusual este punto de partida. Pero un día, muy pronto, comprenderéis el verdadero significado de este punto de partida, ¡así que pasemos juntos y recibamos el final que está por llegar! Sin embargo, lo que me sigue preocupando sobre vosotros es que, cuando tenéis frente a vosotros la falta de rectitud y la rectitud, siempre elegís la primera. Pero todo eso está en vuestro pasado. Espero olvidar todo vuestro pasado, aunque esto es muy difícil de hacer. Sin embargo, tengo una manera muy buena de lograrlo: que el futuro reemplace al pasado y permita que las sombras de vuestro pasado se disipen a cambio de vuestro verdadero ser actual. Así pues, tendré que molestaros para que toméis la decisión una vez más: ¿a quién le sois leales exactamente?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿A quién eres leal exactamente?
Nota al pie:
a. Regresar a la orilla: un dicho chino, que significa “regresar de los malos caminos por los que se ha caminado”.
Palabras diarias de Dios Fragmento 334
Siempre que se menciona el destino, lo tratáis con especial seriedad; además, es algo acerca de lo que todos sois particularmente sensibles. Algunas personas no pueden esperar a golpearse las cabezas contra el suelo y a postrarse delante de Dios con el fin de conseguir un buen destino. Veo vuestra ansia, que no necesita expresarse en palabras. Es solo que no queréis que vuestra carne caiga en desastre y deseáis menos aún hundiros en el castigo eterno en el futuro. Solo esperáis permitiros vivir de un modo un poco más libre y fácil. Y, así, os sentís particularmente inquietos cuando se menciona el destino, pues tenéis un temor profundo de que, si no estáis lo bastante atentos, podéis ofender a Dios y, por consiguiente, estar sujetos a la retribución que merecéis. No habéis dudado en transigir en cosas por el bien de vuestro destino, e incluso muchos de vosotros, que una vez fuisteis taimados y frívolos, os habéis vuelto de repente especialmente dóciles y sinceros; vuestra aparente sinceridad es completamente escalofriante. Sin embargo, todos tenéis corazones “honestos” y me habéis abierto los secretos de vuestro corazón de manera consistente, sin guardaros nada, ya fuera la queja, el engaño o la lealtad. En general, me habéis “confesado” con gran franqueza las cosas esenciales que yacen en lo más profundo de vuestro ser. Por supuesto, nunca he eludido tales cosas, pues se han convertido en algo demasiado familiar para Mí. Preferiríais entrar en el mar de fuego por el bien de vuestro destino final que perder un solo cabello para obtener la aprobación de Dios. No es que esté siendo demasiado dogmático con vosotros; es que carecéis demasiado de un corazón de lealtad para afrontar cara a cara todo lo que Yo hago. Es posible que no entendáis lo que acabo de decir, así que dejadme proporcionaros una simple explicación: lo que necesitáis no es la verdad y la vida, ni los principios de cómo comportaros; mucho menos Mi esmerada obra. En vez de eso, lo que necesitáis es todo lo que poseéis en la carne: riqueza, estatus, familia, matrimonio y cosas así. Tenéis una actitud totalmente desdeñosa hacia Mis palabras y Mi obra, de manera que puedo resumir vuestra fe en una palabra: superficial. Haríais cualquier cosa por lograr las cosas a las que sois absolutamente leales, pero he descubierto que no haríais lo mismo por el bien de los asuntos concernientes a vuestra creencia en Dios. Más bien, sois relativamente leales y serios. Por esta razón, afirmo que quienes carecen de un corazón de absoluta sinceridad son un fracaso en su creencia en Dios. Pensad con cuidado: ¿Hay muchos fracasados entre vosotros?
Deberíais saber que el éxito en creer en Dios se logra como resultado de las propias acciones de las personas; cuando estas no tienen éxito, sino que fracasan, también se debe a sus propias acciones, y otros factores no desempeñan ningún papel. Creo que intentaríais todo lo posible para lograr algo más difícil y que entrañe más sufrimiento que creer en Dios, y que lo trataríais de modo muy serio, tanto que incluso no estaríais dispuestos a tolerar ningún error; estos son los tipos de esfuerzos incansables que todos vosotros ponéis en vuestra propia vida. Incluso sois capaces de engañar a Mi carne en circunstancias en las que no se lo haríais a ningún miembro de vuestra propia familia. Esta es vuestra conducta constante y el principio por el que lidíais con el mundo. ¿Acaso no seguís proyectando una falsa fachada para engañarme en aras de vuestro destino, para que vuestro destino pueda ser maravilloso y todo lo que deseáis? Soy consciente de que vuestra lealtad es temporal, como vuestra sinceridad. ¿Acaso no resulta que vuestras determinaciones y el precio que pagáis solo están presentes ahora y estarán ausentes en el futuro? Solo queréis hacer un esfuerzo final para luchar por procuraros un hermoso destino. Vuestro solo objetivo es hacer un trato, no evitar estar en deuda con la verdad, menos aún retribuirme por el precio que Yo he pagado. En pocas palabras, solo estáis dispuestos a emplear astutas estratagemas para conseguir lo que queréis, pero no para entablar una batalla por ello. ¿Acaso no son estos vuestros pensamientos más íntimos? No debéis disfrazaros ni menos aún romperos la cabeza respecto a vuestro destino hasta el punto de no tener apetito por la comida ni la bebida durante el día y ser incapaces de dormir en paz por la noche. ¿No es cierto que vuestro desenlace habrá sido ya determinado al final? Cada uno de vosotros debéis cumplir adecuadamente con vuestro deber, con un corazón franco y honesto y estar dispuestos a pagar el precio que sea necesario. Como habéis dicho, cuando llegue el día, Dios no va a maltratar a nadie que haya sufrido o pagado un precio por Él. Merece la pena aferrarse a este tipo de convicción y lo adecuado es que no os olvidéis nunca de ella. Solo así puedo dar tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros. De otro modo, siempre seréis personas por las que nunca podré estar tranquilo; y seréis para siempre objetos de Mi desagrado. Si todos vosotros podéis seguir vuestra conciencia y entregarlo todo por Mí, sin escatimar esfuerzos por Mi obra y dedicando las energías de una vida entera a Mi trabajo evangélico, ¿no saltará Mi corazón a menudo de gozo por vosotros? De este modo, seré capaz de dar completa tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros, ¿verdad? Es una pena que lo que podéis hacer no sea sino una miserablemente diminuta parte de lo que Yo espero. Ya que este es el caso, ¿cómo podéis tener las agallas de exigir las cosas que esperáis de Mí?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca del destino
Palabras diarias de Dios Fragmento 335
Vuestro destino y vuestro sino son muy importantes para vosotros: tienen gran repercusión en vosotros. Creéis que si no hacéis las cosas con gran cuidado, significará que dejáis de tener un destino, que habéis destruido vuestro propio sino. Pero ¿se os ha ocurrido alguna vez que los que dedican esfuerzos solo por el bien de su destino se están esforzando en vano? Semejantes esfuerzos no son genuinos; son falsedad y engaño. Si este es el caso, entonces, los que dedican esfuerzo solo en beneficio de su destino están en el umbral de su derrota definitiva, pues el fracaso en la propia creencia en Dios lo causa el engaño. Ya he dicho con anterioridad que no me gusta ser adulado, lisonjeado ni tratado con entusiasmo. Me gusta que las personas honestas hagan frente a Mi verdad y a Mis expectativas. Más aún, me gusta que las personas sean capaces de mostrar la máxima consideración hacia Mi corazón y que incluso sean capaces de entregarlo todo por Mí. Solo así puede Mi corazón ser consolado. Justo ahora, ¿cuántas cosas hay en vosotros que me desagradan? ¿Cuántas cosas hay en vosotros que me gustan? ¿Puede ser que ninguno de vosotros se haya percatado de todas las diferentes clases de fealdad que habéis exhibido al entregaros en beneficio de vuestro destino?
En Mi corazón, no deseo ser hiriente con ningún corazón que sea positivo y aspire a subir, y menos aún deseo disipar el impulso de cualquiera por hacer su deber con devoción. No obstante, debo recordaros a cada uno vuestras deficiencias y las almas sucias que yacen en lo más profundo de vuestro corazón. Lo hago así con la única esperanza de que seáis capaces de ofrecer vuestro verdadero corazón ante Mis palabras, porque lo que más detesto es el engaño de las personas hacia Mí. Solo espero que, en la última etapa de Mi obra, podáis ofrecer vuestro más destacado desempeño, y que os dediquéis de todo corazón, ya no a medias. Por supuesto, también espero que todos vosotros podáis tener un buen destino. No obstante, sigo teniendo Mi exigencia, que es que toméis la mejor decisión al ofrecerme vuestra única y final lealtad. Si alguien no tiene esa lealtad única, entonces esa persona es una preciada posesión de Satanás, y no me la quedaré para usarla, sino que la enviaré a casa para que la cuiden sus padres. Mi obra es de gran ayuda para vosotros; lo que espero conseguir de vosotros es un corazón sincero que aspira a subir; pero, hasta ahora, Mis manos siguen vacías. Pensad en ello: si un día me encuentro en una angustia tan indecible, ¿cuál será entonces Mi actitud hacia vosotros? ¿Seré así de amable con vosotros como ahora? ¿Estará Mi corazón tan sereno como lo está ahora? ¿Entendéis los sentimientos de una persona que, habiendo labrado el campo con esmero, no ha cosechado un solo grano? ¿Entendéis cuánto ha sido herido el corazón de una persona que ha recibido un gran golpe? ¿Podéis saborear la amargura de una persona una vez tan llena de esperanza que ha tenido que separarse de alguien en malos términos? ¿Habéis visto la ira de una persona que ha sido provocada? ¿Conocéis el ansia de venganza de una persona que ha sido tratada con hostilidad y engaño? Si entendéis la mentalidad de esas personas, entonces, ¡creo que no os debería resultar difícil imaginar la actitud que Dios tendrá en el momento de Su retribución! Finalmente, espero que todos vosotros hagáis un serio esfuerzo por el bien de vuestro propio destino; aunque más os valdría no emplear medios engañosos en vuestros esfuerzos, o seguiré decepcionado con vosotros en Mi corazón. ¿Y adónde conduce semejante decepción? ¿No os estáis engañando a vosotros mismos? Los que velan por su destino pero acaban destruyéndolo son las personas menos capaces de ser salvadas. Aunque se exasperara y enfureciera, ¿quién tendría misericordia de una persona así? En resumen, sigo deseando que tengáis un destino tan adecuado como bonito, y más aún, espero que ninguno de vosotros caiga en desastre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca del destino