a. Cómo discernir a los fariseos hipócritas

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

¿Sabéis qué es en realidad un fariseo? ¿Hay algún fariseo a vuestro alrededor? ¿Por qué se llama a estas personas “fariseos”? ¿Cómo se describe a los fariseos? Son hipócritas y fingen y actúan en todo lo que hacen. ¿De qué modo actúan? Fingen ser buenos, amables y positivos. ¿Son así en realidad? En absoluto. Hablando de fingir, todo lo que se manifiesta y se revela en ellos es falso; todo es simulación: no es su verdadero rostro. ¿Dónde se oculta su verdadero rostro? Está escondido en el fondo de su corazón, para que nadie lo vea jamás. Todo lo que hay en el exterior es una actuación, es todo falso. Sin embargo, por muy bien que se le dé a la gente fingir, solo puede engañar a las personas; no puede engañar a Dios. Si las personas no persiguen la verdad, si no practican y experimentan las palabras de Dios, entonces no pueden entender realmente la verdad, y por muy bien que suenen sus palabras, no son la realidad-verdad, sino meras palabras y doctrinas. Algunas personas solo se centran en decir palabras y doctrinas, imitan a quien predica sermones profundos, y así, en pocos años, su discurso de palabras y doctrinas se vuelve cada vez más avanzado, así como son admiradas y veneradas por mucha gente. Después de esto, empiezan a levantar una fachada y prestan gran atención a lo que dicen y hacen, mostrándose especialmente piadosas y espirituales. Utilizan estas llamadas teorías espirituales para levantar una fachada. Solo hablan de esto dondequiera que van, cosas engañosas que encajan con las nociones de la gente, pero que carecen de la realidad-verdad. Y al predicar estas cosas, que concuerdan con las nociones y gustos de la gente, desorientan a muchas personas. Ante los demás, estas personas parecen devotas y humildes, pero en realidad es una falsedad; parecen tolerantes, pacientes y cariñosas, pero en realidad es una simulación; dicen amar a Dios, pero en realidad es una actuación. Otros creen que estas personas son santas, pero en verdad es falso. ¿Dónde puede encontrarse una persona que sea verdaderamente santa? La santidad humana es totalmente falsa. No es más que una actuación, una fachada. Por fuera, parecen devotos a Dios, pero en realidad solo están actuando para que otros los vean. Cuando nadie mira, no tienen ni pizca de devoción y todo lo que hacen es superficial. En apariencia, se esfuerzan por Dios y han abandonado a su familia y su carrera, pero ¿qué hacen en secreto? Llevan a cabo sus propias operaciones y sus propios proyectos en la iglesia, viven a costa de la iglesia y roban las ofrendas con el pretexto de trabajar para Dios… Estas personas son los fariseos hipócritas modernos. ¿De dónde vienen los fariseos? ¿Surgen entre los no creyentes? No, todos ellos surgen entre los creyentes. ¿Por qué estas personas se transforman en fariseos? ¿Las ha hecho alguien así? Obviamente, esto no es así. ¿Cuál es la razón? Se debe a que esta es su esencia-naturaleza, y a que esta es la senda que han tomado. Usan las palabras de Dios solo como una herramienta para predicar y vivir a costa de la iglesia. Arman su mente y su boca con las palabras de Dios y predican teorías espirituales falsas, levantan una fachada de ser santos y, posteriormente, utilizan esto como capital para lograr el objetivo de vivir a costa de la iglesia. No hacen más que predicar doctrinas, pero nunca han puesto en práctica la verdad. ¿Qué clase de personas son las que nunca siguen el camino de Dios y pese a ello predican palabras y doctrinas? Son fariseos hipócritas. Sus escasos y supuestos buenos comportamientos y buenas manifestaciones, así como esa pequeñez que abandonan y entregan, se consiguen mediante la contención de su propia voluntad y por medio de ello levantar una fachada. Esas acciones son totalmente fingidas y son todas una actuación. En el corazón de estas personas no existe el más mínimo temor de Dios y no creen de verdad en Dios para nada. Más que eso, son incrédulos. Si las personas no persiguen la verdad, caminarán por este tipo de senda y se convertirán en fariseos. ¿No es eso aterrador? El lugar religioso en el que se reúnen los fariseos se convierte en un mercado. A ojos de Dios, esto es la religión; no se trata de la iglesia de Dios ni de un lugar donde se le rinda culto. Así pues, si la gente no persigue la verdad, por más palabras y doctrinas que puedan decir, no sirve de nada.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Seis indicadores de crecimiento vital

La razón por la que los fariseos son hipócritas, por la que son perversos, es que sienten aversión por la verdad, pero aman el conocimiento, así que solo estudian las Escrituras y persiguen el conocimiento de estas, si bien nunca aceptan la verdad ni las palabras de Dios. No oran a Dios cuando leen Sus palabras ni buscan o comparten la verdad. En su lugar, estudian las palabras de Dios, lo que Él ha dicho y hecho, con lo que tornan Sus palabras en una teoría, en una doctrina que enseñar a los demás, en lo que se llama estudio erudito. ¿Por qué se dedican al estudio erudito? ¿Qué estudian? A sus ojos, estas no son las palabras ni la expresión de Dios, y menos aún la verdad. En cambio, es un tipo de erudición, o se podría decir incluso que es un conocimiento teológico. Desde su punto de vista, propagar este conocimiento, esta erudición, equivale a propagar el camino de Dios, a propagar el evangelio. Es a esto a lo que llaman predicación, pero lo único que predican es conocimiento teológico.

[…] Los fariseos consideraban conocimiento a las teorías teológicas que comprendían y eran para ellos una herramienta con la que valorar y condenar a la gente, incluso las aplicaron al Señor Jesús. De esta forma condenaron al Señor Jesús. La manera en la que valoraban o trataban a una persona nunca dependía de la esencia de esta, ni de si lo que predicaba era la verdad, y menos aún del origen de las palabras que decía. La manera en la que los fariseos valoraban y condenaban a una persona solo dependía de los preceptos, palabras y doctrina que captaban en el Antiguo Testamento de la Biblia. Aunque los fariseos sabían en su corazón que lo que decía y hacía el Señor Jesús no era pecado ni vulneraba la ley, lo condenaron igualmente, porque las verdades que Él expresó y las señales y prodigios que realizó provocaron que mucha gente lo siguiera y lo alabara. Los fariseos lo odiaban cada vez más, e incluso querían borrarlo del mapa. No reconocieron que el Señor Jesús fuera el Mesías que iba a venir, ni tampoco que Sus palabras contuvieran la verdad y menos todavía que Su obra concordara con la verdad. A su juicio, el Señor Jesús decía palabras presuntuosas y expulsaba demonios a través de Belcebú, el príncipe de los demonios. El hecho de que le adjudicaran estos pecados al Señor Jesús muestra cuánto odio le tenían. Por tanto, se esforzaban con fervor en negar que Dios hubiera enviado al Señor Jesús, que fuera el Hijo de Dios y fuera el Mesías. Lo que querían decir era: “¿Haría dios las cosas de esta manera? Si dios se encarnara, lo haría en una familia de extraordinario estatus. Y tendría que aceptar el tutelaje de los escribas y fariseos. Debería estudiar las Escrituras de manera sistemática, poseer conocimiento sobre ellas y estar dotado de todo el conocimiento al respecto antes de poder llevar el nombre de ‘dios encarnado’”. Sin embargo, el Señor Jesús no estaba dotado de este conocimiento, así que lo condenaron y dijeron: “Para empezar, no cuentas con esa cualificación, así que no puedes ser dios; en segundo lugar, sin este conocimiento bíblico, no puedes realizar la obra de dios, y mucho menos serlo; en tercer lugar, no debes obrar fuera del templo, ahora no obras dentro de este, sino que siempre andas entre los pecadores, así que la obra que haces queda fuera del ámbito de las Escrituras, por lo que es incluso menos posible que seas dios”. ¿De dónde provino la base de su condena? De las Escrituras, de la mente del hombre y de la educación teológica que habían recibido. Como de los fariseos rebosaban nociones, figuraciones y conocimiento, creían que tal conocimiento era cierto, era la verdad, que suponía una base válida, y en ningún momento Dios podría contravenir estas cosas. ¿Buscaban la verdad? No. ¿Qué buscaban? Un dios sobrenatural que apareciera en la forma de un cuerpo espiritual. Por tanto, determinaron los parámetros para la obra de Dios, negaron Su obra y juzgaron si Dios estaba equivocado o en lo cierto según las nociones, las figuraciones y el conocimiento del hombre. ¿Y cuál fue el resultado final de esto? No solo condenaron la obra de Dios, sino que clavaron a Dios encarnado en la cruz. Esto es lo que resultó de que se sirvieran de sus nociones y figuraciones y de su conocimiento para evaluar a Dios, y es lo que tienen de perversos.

La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 7: Son perversos, insidiosos y falsos (III)

Los fariseos eran los mejores predicando doctrinas y gritando consignas. A menudo se paraban en las esquinas de las calles y clamaban: “¡Oh, dios poderoso!” u “¡Oh, dios exaltado!”. Les parecían particularmente piadosos a los demás y no hacían nada que vulnerara la ley. Sin embargo, ¿los aprobaba Dios? No. ¿Cómo los condenó? Dios les dio un título: los fariseos hipócritas. En tiempos pasados, los fariseos eran una clase respetada en Israel, entonces, ¿por qué este nombre se ha convertido ahora en una etiqueta? Esto se debe a que los fariseos se han convertido en representantes de un tipo de persona. ¿Cuáles son las características de este tipo de persona? Son buenos fingiendo cosas, montando una fachada y aparentando; fingen ser particularmente nobles, santos, rectos, francos y sinceros; las consignas que gritan suenan bien, pero resulta que no practican la verdad en lo más mínimo. ¿Qué buenas conductas tenían los fariseos? Leían las Escrituras y predicaban; enseñaban a otros a seguir la ley y los preceptos, así como a no resistirse a Dios. Todas estas eran buenas conductas. Todo lo que decían sonaba bien, pero robaban ofrendas en secreto. El Señor Jesús les dijo: “¡[…] coláis el mosquito y os tragáis el camello!” (Mateo 23:24). Esto significa que las cosas que hacían eran todas buenas conductas externas; gritaban consignas grandilocuentes y expresaban teorías grandiosas y elevadas, sus palabras sonaban particularmente agradables, pero no podían poner la verdad en práctica en absoluto. Todo lo que decían y hacían no tenía nada que ver con la verdad; todo era solo comportamiento hipócrita, engañar y desorientar a las personas. En su corazón, no amaban la verdad ni las cosas positivas en lo más mínimo e incluso sentían aversión por la verdad y las cosas positivas, así como aversión por todo lo que proviene de Dios. ¿Qué amaban? ¿Amaban la justicia y la equidad? (No). ¿Cómo puedes saber que no amaban estas cosas? (Cuando el Señor Jesús predicó el evangelio del reino de los cielos, no solo se negaron a aceptarlo, sino que en su lugar condenaron al Señor Jesús). Si no hubieran condenado ni se hubieran resistido al Señor Jesús, ¿habría sido posible saber que no amaban la verdad y que no amaban la justicia y la equidad? No. La aparición y obra del Señor Jesús revelaron por completo a los fariseos; fue debido a su condena y resistencia al Señor Jesús que otros vieron su hipocresía. Si no hubiera sido por la aparición y obra del Señor Jesús, nadie habría sido capaz de discernir a los fariseos; si la gente solo mirara el comportamiento externo de los fariseos, incluso los habrían envidiado mucho en su interior y los habrían admirado. Los fariseos usaban estas falsas buenas conductas para obtener de manera fraudulenta la confianza de la gente; ¿no era esto insincero y falso? ¿Podían estas personas falsas amar la verdad? Para nada. ¿Cuál era el propósito detrás de que mostraran estas buenas conductas? Por un lado, era engañar a la gente. Por otro lado, era desorientar a las personas y ganárselas, para que tuvieran una elevada opinión de ellos y los adoraran; en última instancia, también querían ser recompensados. ¡Vaya enorme estafa! ¿No era esta una táctica sofisticada? ¿Amaban estas personas la equidad y la justicia? Desde luego que no. Lo que amaban era el estatus, la fama y el provecho y lo que querían era una recompensa y una corona. Nunca practicaron las palabras que Dios enseñó a las personas ni vivieron nunca las realidades-verdad en lo más mínimo. Lo único que hacían era usar buenas conductas para montar una fachada, así como engañar a los demás y ganárselos con sus formas hipócritas para asegurar su propio estatus y reputación, que luego usaban para obtener capital para sí mismos y ganarse la vida. ¿Acaso no es despreciable? De todas estas conductas suyas, se puede ver que, en su esencia, no amaban la verdad, ya que nunca la practicaron. ¿Qué es algo que demuestra que no practicaron la verdad? Aquí está lo más obvio de todo: el Señor Jesús vino a hacer la obra de redención y todas las palabras que pronunció el Señor Jesús eran la verdad y tenían autoridad; ¿cómo trataron esto los fariseos? Aunque reconocían que las palabras del Señor Jesús tenían autoridad y poder, no solo no lo aceptaron, sino que incluso lo condenaron y blasfemaron contra Él. ¿Por qué hicieron esto? Fue porque no amaban la verdad e incluso sentían aversión en su corazón por la verdad y la odiaban. Reconocían que todo lo que el Señor Jesús decía era correcto, tenía autoridad y poder y en ningún caso estaba equivocado; no tenían nada que pudieran usar en Su contra. Pero insistieron en condenar al Señor Jesús e incluso conspiraron contra Él, diciendo: “Crucifícalo. Es Él o nosotros”. Así es como ese grupo de fariseos actuó como los enemigos del Señor Jesús. En ese tiempo nadie entendía la verdad ni era capaz de reconocer que el Señor Jesús era Dios encarnado. Pero desde un punto de vista humano, el Señor Jesús expresó muchas verdades, también expulsó demonios de las personas y sanó a los enfermos, realizó muchos milagros y alimentó a los 5 000 con cinco panes y dos peces; hizo muchas cosas buenas, otorgó mucha gracia a las personas y hay muy pocas personas así de buenas y rectas. Entonces, ¿por qué los fariseos aún condenaron al Señor Jesús? ¿Por qué estaban tan decididos a crucificarlo? Prefirieron liberar a un criminal en lugar de al Señor Jesús; esto muestra lo perversos y malévolos que eran los fariseos del mundo religioso. ¡Eran tan malvados! Había una gran diferencia entre los rostros perversos de los fariseos que fueron dejados en evidencia y su fingida amabilidad externa; muchas personas no podían discernir qué era real y qué era falso. La aparición y obra del Señor Jesús revelaron por completo a estos fariseos. Fingían muy bien y externamente parecían tan piadosos en circunstancias normales, tanto que nadie habría imaginado que pudieran oponerse al Señor Jesús ni perseguirlo de una manera tan cruel. Si los hechos no hubieran revelado a los fariseos, nadie habría sido capaz de desentrañarlos. ¡Al expresar la verdad, Dios encarnado deja muy en evidencia al hombre!

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

También hay algunos que son capaces de aceptar nueva luz, pero sus métodos de práctica no cambian. Traen sus nociones religiosas previas con ellos mientras buscan entender las palabras actuales de Dios, así que lo que entienden sigue siendo doctrina pintada con nociones religiosas; no están aceptando la luz actual de manera pura y simple. Como resultado, sus prácticas están contaminadas, le están dando un nombre nuevo al mismo viejo producto. Por muy bien que practiquen, son hipócritas. Cada día, Dios guía al hombre a hacer cosas nuevas, le exige que obtenga una comprensión y entendimiento nuevos, que no sea anticuado y repetitivo. Si has creído en Dios durante muchos años, pero tus métodos de práctica no han cambiado en absoluto, y si todavía sientes fervor y te entretienes con asuntos externos, pero no te pones ante Dios para disfrutar de Sus palabras con un corazón tranquilo, entonces no obtendrás nada. Cuando se trata de aceptar la nueva obra de Dios, si no haces planes diferentes, no practicas de una manera nueva y no buscas entendimientos más nuevos, sino que te aferras a lo antiguo y solo aceptas cierta nueva luz limitada, sin cambiar la manera en la que practicas, entonces las personas como tú están en esta corriente solo de manera nominal; en realidad, son fariseos religiosos ajenos a la corriente del Espíritu Santo.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de una vida espiritual normal

A algunas personas les gusta presumir. Puede que digan en presencia de los hermanos y hermanas que están en deuda con Dios, pero a espaldas de ellos no practican la verdad y actúan de manera totalmente diferente. ¿Acaso no son estos los fariseos de la religión? Una persona que verdaderamente ama a Dios y posee la verdad es una que es leal a Dios, pero no alardea de esto públicamente. Una persona así está dispuesta a practicar la verdad cuando surgen situaciones y no habla o actúa de una forma que vaya en contra de su conciencia. Esta clase de persona demuestra sabiduría cuando surgen los problemas y se rige por principios en todo lo que hace, sin importar las circunstancias. Esta también es una clase de persona que puede proveer un verdadero servicio. Hay algunos que a menudo hablan de boquilla sobre su deuda con Dios, pasan sus días con el ceño fruncido por la preocupación, adoptan un aire afectado y aparentan ser dignos de lástima. ¡Qué asco! Si les preguntaras: “¿Puedes decirme de qué manera estás en deuda con Dios?”, se quedarían sin palabras. Si eres leal a Dios, no hablarás de esto externamente, sino que demostrarás tu amor por Dios por medio de la práctica real y le orarás con un corazón sincero. ¡Todos los que solo cumplen con Dios de boquilla son unos hipócritas! Algunos, cada vez que oran, hablan de su deuda con Dios y comienzan a llorar, sea cuando sea, aunque no les conmueva el Espíritu Santo. Las personas como estas están poseídas por rituales religiosos y nociones; viven según tales rituales y nociones, siempre creyendo que esas acciones agradan a Dios y que Él favorece la piedad superficial o las lágrimas de tristeza. ¿Acaso pueden los que son así de absurdos llegar a algo? Con el fin de demostrar humildad, algunos fingen gentileza cuando hablan en presencia de los demás. Algunos son deliberadamente serviles en la presencia de otras personas y actúan como corderos sin una pizca de fuerza. ¿Es esta una forma de actuar propia del pueblo del reino? El pueblo del reino debe ser vivaz y libre, puro y abierto, honesto y adorable, así como vivir en un estado de libertad. Debe tener integridad y dignidad, así como ser capaz de mantenerse firme en su testimonio dondequiera que vaya; tales personas son amadas tanto por Dios como por el hombre. Los novatos en la fe tienen demasiadas prácticas externas; primero deben someterse a un período de ser podados y quebrantados. Tener fe interna en Dios no es algo que otros puedan ver, pero lo que hacen quienes la tienen cuenta con la aprobación de todos. Solo de tales personas se puede considerar que están viviendo la palabra de Dios. Si predicas el evangelio todos los días a varias personas con el fin de llevarlas a la salvación, pero al final sigues viviendo conforme a preceptos y doctrinas, no puedes traerle gloria a Dios. Tales personas son figuras religiosas, además de unos hipócritas. Cada vez que esas personas religiosas se juntan, puede que pregunten: “Hermana, ¿cómo has estado estos días?”. Ella contestaría: “Me siento en deuda con Dios y no soy capaz de satisfacer Sus intenciones”. Otro podría decir: “Yo también siento que estoy en deuda con Dios y que soy incapaz de satisfacerlo”. Estas pocas frases y palabras por sí solas expresan las cosas viles que hay en lo más profundo de ellos. Tales palabras son sumamente detestables y en extremo repugnantes. La naturaleza de tales personas se encuentra en oposición a Dios. Aquellos que se enfocan en la realidad comparten lo que tienen en mente, sea lo que sea, y lo hacen con el corazón abierto. No participan en ni una sola demostración de falsedad, sin mostrar tales cortesías ni cumplidos vacíos. Siempre son francos y no observan reglas seculares. Algunas personas tienen inclinación por las demostraciones externas, incluso hasta el punto de carecer por completo de razón. Cuando alguien canta, comienzan a bailar sin siquiera darse cuenta de que se les quema el arroz en la cazuela. Tales personas no son piadosas ni nobles y son demasiado frívolas. Todas estas son manifestaciones de la falta de realidad. Cuando algunas personas comparten sobre asuntos de la vida espiritual, aunque no hablan de deberle nada a Dios, en el fondo tienen un amor verdadero por Él. Tu sentimiento de deuda con Dios no tiene nada que ver con otras personas; estás en deuda con Dios, no con las personas. ¿De qué te sirve hablar constantemente de esto con los demás? Debes darle importancia a entrar en la realidad, no al fervor externo ni a las apariencias. ¿Qué representa el buen comportamiento externo del hombre? Representa la carne; ni siquiera las mejores prácticas externas representan la vida y solo pueden mostrar tu propio temperamento individual. Las prácticas externas del hombre no pueden satisfacer las intenciones de Dios. Hablas constantemente de tu deuda con Dios; sin embargo, no puedes proveer de vida a los demás ni estimular su corazón amante de Dios. ¿Crees que estas acciones tuyas van a satisfacer a Dios? Sientes que la intención de Dios es que actúes de esta manera y que tus acciones son espirituales, ¡pero en realidad son todas absurdas! Crees que lo que te gusta a ti y lo que estás dispuesto a hacer son precisamente esas cosas en las que Dios se deleita. ¿Pueden representar a Dios tus gustos? ¿Puede representar a Dios la personalidad de una persona? Lo que te gusta a ti es precisamente lo que Dios detesta y tus hábitos son los que Dios desdeña. Si te sientes en deuda, entonces ve y ora ante Dios; no hay necesidad de hablar de esto con los demás. Si no oras ante Dios y en lugar de eso te exhibes constantemente en presencia de los demás, ¿puede esto satisfacer las intenciones de Dios? Si siempre haces las cosas de cara al exterior, esto quiere decir que eres vanidoso hasta el extremo. ¿Qué clase de personas son aquellas que solo tienen buenos comportamientos externos y están desprovistas de realidad? ¡Son fariseos hipócritas y figuras religiosas! Si no os desprendéis de vuestras prácticas externas y sois incapaces de hacer cambios, entonces los elementos de hipocresía en vosotros crecerán aún más. Cuantos más elementos de hipocresía tengáis, mayor será la resistencia hacia Dios. Al final, con toda seguridad, ¡tales personas serán descartadas!

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En la fe, uno debe centrarse en la realidad; participar en rituales religiosos no es fe

Algunas personas se dotan de verdades solo para trabajar y predicar, para proveer a otros, no para resolver sus propios problemas ni mucho menos para ponerlas en práctica. Lo que dicen suena bien y acorde con la verdad, pero simplemente no lo relacionan con ellas mismas ni reflexionan sobre su propio estado ni lo diseccionan, menos aún se abren a los demás de una manera ingenua. ¿Cuál es aquí el problema? ¿Son personas que persiguen la verdad? (No). ¿Han aceptado realmente la verdad como su vida? No. Aunque la doctrina que uno predique sea totalmente pura, eso no significa que posea la realidad-verdad. Para equiparse de la verdad, uno debe entrar primero en ella por sí mismo y debe ponerla en práctica una vez que la entienda. Si uno no se concentra en su propia entrada, sino que pretende alardear predicando la verdad a los demás, su intención es equivocada. Hay muchos falsos líderes que trabajan así, comparten sin cesar con otros las verdades que entienden, proveen a los nuevos creyentes, le enseñan a la gente a practicar la verdad, a hacer bien sus deberes, a no ser negativa. Estas palabras son muy apropiadas, son buenas y estos falsos líderes se pueden considerar amorosos, pero ¿por qué ellos mismos no practican la verdad ni tienen entrada en la vida? ¿Qué está pasando aquí en realidad? ¿Ama con sinceridad la verdad una persona así? Es difícil decirlo. Así era como los fariseos de Israel exponían las Escrituras a los demás, aunque ellos mismos no acataban lo más mínimo los mandamientos de Dios. Cuando el Señor Jesús apareció y obró, oyeron la voz de Dios, pero se resistieron al Señor. Crucificaron al Señor Jesús y fueron maldecidos por Dios. Por lo tanto, todas las personas que no aceptan ni practican la verdad serán condenadas por Dios. ¡Qué miserables son! Dado que las palabras y doctrinas que predican pueden ayudar a otros, ¿por qué no pueden ayudarlas a ellas mismas? Deberíamos llamar a tales personas hipócritas que no tienen realidad. Proporcionan a otros las palabras de la verdad y hacen que los demás la practiquen, pero ellas mismas no la practican lo más mínimo. ¿Acaso una persona así no es una desvergonzada? No tiene la realidad-verdad, sin embargo, todavía predica las palabras y doctrinas a otros a fin de fingir ser una persona que posee la realidad-verdad. ¿No es esto desorientar y provocar un daño a las personas de manera deliberada? Si se revela y descarta a una persona así, solo podrá culparse a sí misma. No merecerá ninguna lástima.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

Extractos de películas relacionadas

¿Por qué ha caído la maldición sobre los fariseos hipócritas?

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