¡Adiós a los complacientes!

Por Lin Fan, España

Hablando de complacientes, antes de creer en Dios, yo pensaba que eran geniales. Tenían un carácter amable, nunca se enfadaban con nadie, le agradaban a todos y jamás ofendían a nadie. Aspiraba a ser alguien así. Porque, desde joven, mi educación y la sociedad me inundaron con cosas como “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”, “Aunque veas el mal, es mejor no decir mucho” y “Guarda silencio para protegerte y sólo procura escapar de la culpa”, “Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena”. Adopté estas ideas como propias para mi vida. No importaba si eran familiares y amigos o solo conocidos, yo no ofendía a nadie y siempre hacía caso a lo que querían los demás. Todos me felicitaban por ser buena con la gente y de trato fácil. También sentía que para sobrevivir en esta sociedad oscura y malvada hay que forjar buenas relaciones con los demás, porque es la única forma de establecer un lugar para ti mismo. Fue más tarde, tras aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, de experimentar el juicio y castigo de las palabras de Dios y entender algo de la verdad que finalmente vi que estos principios de supervivencia son filosofías satánicas, venenos satánicos, y no principios que la gente deba respetar. Vi que, viviendo así, me volvía cada vez más malvada, mentirosa, egoísta y despreciable, que sólo vivía tipos de carácter satánico y no tenía una semejanza humana normal. Finalmente comencé a detestarme y me arrepentí ante Dios.

En 2018, fui electa como líder del distrito. Al principio, no sabía mucho sobre toda la obra de la iglesia. Mi compañera, la hermana Liu, llevaba más de un año en este trabajo y entendía las distintas facetas de la obra de la iglesia, así que le consultaba los problemas o dificultades que tenía y ella me ayudaba mucho. Más tarde, varias veces escuché a la hermana Liu mencionar que la líder de una iglesia que tenía a su cargo, la hermana Zhang, hacía un tiempo que sólo cumplía con sus tareas por inercia, no hacía un trabajo práctico, predicaba lugares comunes y doctrinas en las reuniones y era arrogante, santurrona y se negaba a aceptar sugerencias y ayuda de los demás. En ese momento, pensé que podrían ser signos de una falsa líder que no realiza una obra práctica, y como la hermana Liu estaba al tanto, me preguntaba por qué no hacía cambios y despedía a la hermana Zhang. Quería decirle algo, pero hacía poco que cumplía esa tarea y no conocía bien a la hermana Zhang. Si decía algo directamente, la hermana Liu podría criticarme por ser dura y no tratar a los demás con amor. Por eso, hablé del tema con la hermana Liu indirectamente, pero ella no le dio mucha importancia y me pidió que ayudara a la hermana Zhang desde el amor. Pensé que la hermana Liu debía conocer los principios para reemplazar líderes, y que si volvía a mencionar esto, quizás pensaría que le estoy diciendo que no hace un trabajo práctico. Y sin duda pensará que causo demasiados problemas y que soy difícil de tratar. Si esto causa conflicto entre nosotras, ¿cómo cumpliremos con nuestros deberes como compañeras en el futuro? Así que decidí no decir nada más.

Conversé con la hermana Zhang varias veces para exponer y analizar sus problemas. No sólo se negó a aceptarlos, sino que discutió conmigo. Al poco tiempo, algunos hermanos y hermanas comenzaron a informar que la hermana Zhang no estaba haciendo un trabajo práctico. Ahí me di cuenta de que su problema era serio, y si no me ocupaba de eso a tiempo, retrasaría la obra de la iglesia y la entrada en la vida de nuestros hermanos y hermanas. Así que volví a hablar con la hermana Liu sobre despedir a la hermana Zhang. Pero la hermana Liu me dijo que esos informes ya habían pasado a nuestros superiores, y que debíamos esperar a ver qué decidían ellos antes de despedirla. Pensé que por los informes y al analizar la situación, se ve que la hermana Zhang no ha hecho trabajo práctico; ha actuado por inercia y lleva tiempo hablando de lugares comunes y doctrinas. Ya sabemos que es una falsa líder, así que, según los principios, debería ser despedida lo antes posible. “Somos líderes de distrito, y en la iglesia ha aparecido una falsa líder, pero en vez de ocuparnos de eso de inmediato, trasladamos el asunto a nuestros superiores. ¿Eso no implica inacción y permitir que una falsa líder siga perjudicando a nuestros hermanos y hermanas? ¡Eso no es más que apoyar a Satanás e ir contra Dios!” ¡Es un problema muy grave! Quise hablar de eso de nuevo con la hermana Liu, pero recordé que la última vez que mencioné el tema, ella no quiso reemplazar a la hermana Zhang y me dijo que la tratara con amor. Vi que ellas se llevaban muy bien, así que si volvía a hablar de despedir a la hermana Zhang, la hermana Liu podría decir que yo era demasiado arrogante. Cuando uno es nuevo debe demostrar su valor, así que ella podría pensar que yo estaba alardeando. Decidí no decir nada. Al menos nuestros superiores estaban investigando y verificando los hechos. Unos días más no causarían daño. Así que me contuve, con las palabras en la punta de la lengua. Unos días después, tras investigar el asunto, nuestros superiores trataron con nosotros por no manejar de inmediato la cuestión de la falsa líder, y por interrumpir y perturbar la obra de la iglesia y retrasar la entrada en la vida de nuestros hermanos y hermanas. Dijeron que era actuar como cómplices de Satanás y perjudicar a nuestros hermanos y hermanas. Al oír eso, me sentí muy mal. Me di cuenta de que no había practicado la verdad que claramente conocía y no había respetado los principios. En realidad había protegido a una falsa líder. La estaba encubriendo. Así que me apresuré a despedirla. Pero después, solo sentí un leve remordimiento e incomodidad; no aproveché la oportunidad para reflexionar más sobre mí misma. Más tarde descubrí que la hermana Liu siempre hablaba de lugares comunes y doctrinas en las reuniones, y que no podía resolver los problemas y las dificultades de los hermanos y hermanas. Al señalar algunos de sus problemas y deficiencias, ella se negó a aceptarlos e intentó discutir y debatir conmigo. No se logró nada en el trabajo que ella tenía a su cargo, y cuando nuestros superiores la podaron y trataron, ella se negó a aceptarlo. Se volvió negativa y holgazana en el trabajo, envuelta en quejas y malentendidos. En ese momento, quise exponer su situación, pero me di cuenta de que, al ser su compañera, yo también era responsable si no hacíamos bien el trabajo, y si analizaba sus problemas, ella iba a decir que no era comprensiva, así que no me atreví. En cambio, sólo traté de consolarla y de animarla a que no fuera negativa. Pero, después de eso, me di cuenta de que la hermana Liu no había cambiado para nada. ¡No era consciente para nada! Si las cosas seguían así, se retrasaría la obra de la iglesia y perjudicaría a nuestros hermanos y hermanas. Supe que debía informar estas cosas a nuestros superiores lo antes posible. La iglesia justo estaba haciendo una encuesta de opinión, y nuestros superiores me pidieron una evaluación de la hermana Liu. Cuando me disponía a hacerla, recordé que la mayoría de los hermanos y hermanas carecían de discernimiento sobre ella y que en verdad la apoyaban. Así que, si alzaba la voz para informar acerca de los problemas de la hermana Liu, ¿ellos no dirían que yo estaba complotando y que quería que la echaran para poder decidir sobre todos los asuntos? Además, éramos compañeras de trabajo y ella me había ayudado mucho. Si realmente la despedían, ¿no me odiaría? Repasé todo esto en mi mente, y finalmente decidí pasar por alto los detalles como que ella no hacía un trabajo práctico y no aceptaba la verdad. Pero, después de presentar la evaluación, no podía calmar la inquietud en mi corazón. Sabía que estaba ocultando los hechos y engañando a Dios, y sentí una oscuridad espiritual aun mayor. Me quedaba dormida al leer las palabras de Dios y no conseguía ningún esclarecimiento ni iluminación de la comunión en las reuniones. No lograba descubrir los problemas que tenían mis hermanos y hermanas. Salía del paso cada día sin la menor energía, y sentía que Dios me había abandonado.

Nuestros superiores más tarde analizaron las cosas, y la hermana Liu fue despedida por ser una falsa líder que no hacía un trabajo práctico. Sentí muchísima vergüenza y remordimiento en ese momento, en especial al pensar en las palabras de Dios: “Aquellas que se apegan a un término medio son las más siniestras. Intentan no ofender a nadie, son aduladoras, están de acuerdo con las cosas y nadie puede averiguar sus intenciones. ¡Una persona así es un Satanás viviente!” (‘Sólo poniendo en práctica la verdad puedes deshacerte de las ataduras de un carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios revelan que los complacientes son los más siniestros y astutos, son la personificación de Satanás. Me di cuenta de que eso era yo. Hacía un tiempo sabía que la hermana Liu era una falsa líder, pero para proteger mi relación con ella y a mí misma, opté por ofender a Dios y no practiqué la verdad. Otra vez, había encubierto a una falsa líder; había ofendido el carácter de Dios y cometido una transgresión. Sentí que ese era el fin, que Dios no salvaría a alguien como yo. Viví afligida y negativa algunos días. Perdí todo interés en las cosas. Pero, más tarde, recordé las palabras de Dios: “No importa qué errores hayas cometido, no importa lo lejos que te hayas desviado o lo gravemente que hayas transgredido, no dejes que se conviertan en cargas o en un exceso de equipaje que tengas que llevar contigo en tu búsqueda de entender a Dios. Continúa marchando hacia adelante. En todo momento, Dios tiene la salvación del hombre en Su corazón; eso nunca cambia. Esta es la parte más preciosa de la esencia de Dios” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”). Contemplé estas palabras de Dios una y otra vez, y sentí que cada palabra y cada frase me traía misericordia y esperanza. Aunque mi maldad había ofendido el carácter de Dios, Él de todos modos usaba Sus palabras para consolarme, animarme y decirme que debía seguir adelante. Me sentí enormemente agradecida, y me dije que ya no podía ser negativa. Cada vez que fracasaba, debía levantarme del suelo. Debía ser capaz de reflexionar, comprender mis problemas y buscar la verdad para resolverlos.

Más tarde leí otro pasaje de las palabras de Dios: “Todos han dicho que considerarían la carga de Dios y defenderían el testimonio de la Iglesia. Sin embargo, ¿quién ha considerado realmente la carga de Dios? Hazte esta pregunta: ¿Eres alguien que ha mostrado consideración por la carga de Dios? ¿Puedes tú practicar la justicia por Dios? ¿Puedes levantarte y hablar por Mí? ¿Puedes poner firmemente en práctica la verdad? ¿Eres lo bastante valiente para luchar contra todos los hechos de Satanás? ¿Serías capaz de arrinconar tus emociones y dejar a Satanás al descubierto por causa de Mi verdad? ¿Puedes permitir que Mi voluntad se cumpla en ti? ¿Has ofrecido tu corazón cuando llega el momento crucial? ¿Eres alguien que hace Mi voluntad? Pregúntate a ti mismo y piensa a menudo en ello” (‘Capítulo 13’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer las palabras de Dios y el sermón, una agonía me laceró el corazón. Vi que no era más que una persona complaciente, evasiva y astuta. Ante un problema, hacía lo posible por protegerme a mí misma y no consideraba los intereses de la casa de Dios, y no tenía ningún sentido de la responsabilidad o la carga en mis deberes. Cuando aparecieron falsas líderes, debí haberme ocupado del tema de inmediato, pero para protegerme y por temor a ofender a la hermana Liu, tuve mucho miedo de practicar la verdad y de exponer e informar la situación. Intencionalmente oculté la verdad y la encubrí para protegerla. A causa de eso, cada aspecto de la obra de la iglesia se vio afectado, y mis hermanos y hermanas no tuvieron una vida de iglesia adecuada. Pensé: la casa de Dios me confió un deber muy importante, pero cuando aparecieron falsas líderes en la iglesia, yo traicioné los principios de la verdad para proteger mis propios intereses, apoyando a Satanás y protegiéndolas una y otra vez. Sabía que eso perjudicaría la obra de la iglesia, pero no practiqué la verdad ni defendí la justicia. Cuando podía llegar a ofender a alguien, abandonaba los principios de la verdad. Actuaba de manera egoísta, por mi propio interés. ¿Hacer las cosas así, no era interrumpir y perturbar la obra de la casa de Dios y ser cómplice de Satanás? No me atreví a practicar la verdad ni a defender los principios. No fui para nada justa. ¿Cómo podía ser líder de la iglesia? ¡Fui egoísta, despreciable, evasiva, mentirosa y mezquina! Me dolió especialmente cuando pensé en que las palabras de Dios dicen que Dios aborrece y detesta a los complacientes y no los salva, y los sermones una y otra vez dicen que la casa de Dios se niega con firmeza a aceptar a los complacientes como líderes, porque tienen un corazón malvado y sólo pueden dañar la casa de Dios y a sus hermanos y hermanas. Al proteger y encubrir a las falsas líderes, yo ya había ofendido a Dios y había ofendido Su carácter; así que me presenté ante Él y oré: “Dios, una y otra vez he violado Tu voluntad. Conocía la verdad claramente pero no la practiqué, y así perjudiqué la obra de la iglesia. Estoy dispuesta a aceptar Tus maldiciones y Tu castigo. Sin importar cómo me trates en el futuro, estoy dispuesta a obedecerte y arrepentirme ante Ti”.

Empecé a preguntarme por qué trataba de agradar a las personas y no podía practicar la verdad cuando me pasaban cosas. ¿Qué era lo que me estaba controlando? Más tarde leí un pasaje de las palabras de Dios: “Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de los gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Su sinsentido se ha convertido en la vida y la naturaleza del hombre. ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’ es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que se ha convertido en la vida de las personas. Otras palabras de la filosofía de vida también son así. Satanás utiliza la cultura tradicional refinada de cada nación para educar a las personas, provocando que la humanidad caiga y sea envuelta en un abismo infinito de destrucción, al final, Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios. […] Sigue habiendo muchos venenos satánicos en la vida de las personas, en su conducta y sus relaciones con los demás; prácticamente ni siquiera poseen ni una pizca de la verdad. Por ejemplo, sus filosofías para vivir, sus formas de hacer las cosas y todas sus máximas están llenas de los venenos del gran dragón rojo, y todas proceden de Satanás. Así pues, todas las cosas que fluyen a través de los huesos y la sangre de las personas son cosas de Satanás. Todos esos funcionarios, aquellos que están en el poder y quienes logran el éxito tienen sus propias sendas y secretos para el éxito. ¿No son esos secretos perfectamente representativos de su naturaleza? […] Satanás ha corrompido profundamente a la humanidad. El veneno de Satanás fluye por la sangre de todas las personas, y se puede ver que la naturaleza del hombre es corrupta, malvada y reaccionaria, llena de las filosofías de Satanás e inmersa en ellas; es por entero una naturaleza que traiciona a Dios. Por este motivo la gente se resiste y se opone a Dios” (‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer la palabra de Dios, descubrí por qué actuaba de manera complaciente. Era porque, desde joven, me había educado el PCCh, y estaba llena de filosofías, lógica y reglas mundanas, como: “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”, “Los hombres no son santos; ¿cómo pueden estar libres de culpa?” “Aunque veas el mal, es mejor no decir mucho”, y también: “Guarda silencio para protegerte y sólo procura escapar de la culpa”, “Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena”, etc. Esas cosas estaban implantadas en lo profundo de mi corazón, y yo las creía. Me volví más arrogante, santurrona, egoísta, despreciable, evasiva y mentirosa todo el tiempo. Tomé estas frases como lemas para mi vida. Para llevarme bien con la gente, observaba con atención sus palabras y gestos, y manejaba todas mis relaciones con cautela. Era complaciente, iba por la senda de la mediocridad, no ofendía a nadie, no me atrevía a decir la verdad ni a defender la justicia, y vivía sin una pizca de dignidad. Cuando aparecieron falsas líderes en la iglesia, por temor a ofender a la hermana Liu, abandoné mis principios, elegí ser cobarde, y permití que perjudicaran a mis hermanos y hermanas y obstruyeran la obra de la casa de Dios. ¿Cómo podía considerarme una buena persona? Tenía el corazón ennegrecido, era “agradable”, una detestable esclava de Satanás. No tenía sentido del valor ni de la justicia. Si hubiera analizado y ayudado a la hermana Liu antes, quizás ella no habría cometido tantas transgresiones, la obra de la casa de Dios y la entrada en la vida de los hermanos y hermanas tal vez no se habrían perjudicado, y yo no habría ofendido el carácter de Dios. Así que, finalmente vi que vivir con estas filosofías mundanas satánicas y ser complaciente sólo podía dañar o arruinar a las personas, y también a mí. A partir de los hechos, finalmente pude ver que estas filosofías, lógica y reglas mundanas satánicas sólo engañan y corrompen. Son enemigas de las palabras de Dios y de la verdad. Cuando vivimos según estas filosofías satánicas, sin importar cuán amables, gentiles o agradables parezcamos, seguimos siendo evasivos, mentirosos, despreciables y patéticos. Si no practicamos la verdad, nos arrepentimos y cambiamos, sin duda Dios nos abandonará y eliminará.

Más tarde leí otro pasaje de la palabra de Dios: “Dios posee la esencia de la fidelidad, y por lo tanto siempre se puede confiar en Su palabra. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables. Es por esto por lo que a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él” (‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Que Dios les pida a las personas que sean honestas demuestra que verdaderamente aborrece a los astutos, y que no le gustan las personas astutas. El hecho de que no le gusten las personas astutas significa que le desagradan sus acciones, su carácter y sus motivaciones; es decir, a Él no le gusta la forma en la que hacen las cosas. Por tanto, si queremos agradarle a Dios, primero debemos cambiar nuestras acciones y el modo de nuestra existencia” (‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “Cuando tienes fe, cuando vienes ante Dios, pero sigues viviendo de esa misma vieja manera, ¿es tu creencia en Dios significativa? ¿Tiene algún valor? Los objetivos y principios de tu vida y la forma en la que vives no han cambiado, y lo único que te sitúa por encima de los incrédulos es en que reconoces a Dios. Pareces estar siguiendo a Dios, pero tu carácter de vida todavía no ha cambiado ni un poco. Al final, no serás salvado. Si esto es así, ¿no es esto una creencia vacía y una alegría vacía?” (‘Sólo poniendo en práctica la verdad puedes deshacerte de las ataduras de un carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer la palabra de Dios, vi que Dios es fiel en esencia. A Dios le gusta la gente honesta y odia a los mentirosos. Cuando vivía según esas filosofías satánicas, mis opiniones sobre las cosas y mi forma de actuar no cambiaron para nada. Era como los incrédulos. Sin importar cuántos años creyera en Dios así, jamás alcanzaría la verdad ni la salvación plena. Solo los que practican la verdad, los que son honestos, los que no engañan de corazón, los que tienen el valor de defender los principios de la verdad, tienen sentido de la justicia y están del lado de Dios en todas las cosas y son considerados con Su voluntad son las personas que Él ama y que pueden ser plenamente salvadas por Él. Después de entender lo que Dios requiere, le oré y le prometí que me arrepentiría, practicaría la verdad y sería una persona honesta.

Unos meses después, descubrí que mi nuevo compañero, el hermano Li, siempre hablaba de lugares comunes y doctrinas y que alardeaba en las reuniones. Hablé de eso con él varias veces, pero no vi que mejorara, así que lo informé a nuestros superiores. Pero entonces, ellos me pidieron que individualizara y expusiera sus conductas, y empecé a sentirme algo tímida. Me costaba hablar de esas cosas, porque el hermano Li llevaba más tiempo que nadie en sus deberes. Se lo veía como un líder, y anteriormente me había ayudado en mi trabajo. Si exponía su situación, ¿qué pensaría de mí? ¿Se ofendería? Entonces, leí este pasaje de las palabras de Dios: “Si tienes las motivaciones y la perspectiva de una ‘persona agradable’, siempre caerás y fracasarás en estos asuntos. Así pues, ¿qué deberías hacer en tales situaciones? Cuando te enfrentes con esas cosas, debes orar a Dios. Pídele que te conceda fuerzas, y te permita actuar de acuerdo con los principios, que hagas lo que debas hacer, manejes las cosas de acuerdo con los principios, te mantengas firme y evites que entre algo perjudicial en la obra de la casa de Dios. Si puedes abandonar tus propios intereses, tu reputación y tu punto de vista de una ‘persona agradable’ y si haces lo que debes hacer con un corazón honesto e íntegro, entonces habrás derrotado a Satanás y habrás ganado este aspecto de la verdad” (‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Leer este pasaje de la palabra de Dios me dio claridad y entendí que Dios estaba poniéndome a prueba y dándome la oportunidad de arrepentirme. Dios quería ver cómo manejaba este tema. No podía permitirme proteger mi relación con los demás, como antes. Debía priorizar la obra de la iglesia, practicar la verdad y defender la justicia. Si el hermano Li era alguien que buscaba la verdad, podía aprovechar la charla y el análisis para reflexionar y entenderse a sí mismo, lo que lo ayudaría a entrar en la vida, y así evitar cometer más transgresiones. Así que fui a ver al hermano Li, y expuse su situación e individualicé cada una de sus conductas usando las palabras de Dios. Lo que me sorprendió fue que él no solo no lo tomó a mal, sino que me dijo arrepentido: “Si no me hubieras expuesto y analizado de esta manera, jamás habría sido consciente de mis problemas. De verdad necesito reflexionar y lograr la entrada”. Al oír al hermano Li decir esas palabras me emocioné mucho. Me preocupaba que, al exponerlo, él lo tomara a mal; pero fue solo mi imaginación. En ese momento, realmente experimenté que practicar la verdad y ser una persona honesta trae calma y paz a la mente, y nos acerca cada vez más a Dios. También experimenté realmente que la única forma de proteger la obra de la casa de Dios es practicar la verdad y manejar todo según los principios. Esta es la única forma de ayudar en serio a nuestros hermanos y hermanas.

A través del juicio y castigo de Dios, cambiaron algunas de mis ideas erróneas, y también parte de mi carácter satánico evasivo, astuto, egoísta y despreciable. Ahora, cuando mis hermanos y hermanas muestran corrupción, o se traicionan los principios de la verdad, ya no los encubro ni protejo ni trato de resguardar mi relación con la gente. Puedo practicar la verdad a conciencia, comunicar, ayudar, señalar las cosas y exponerlas. Aunque todavía a veces dudo y temo ofender a los demás, puedo orar a Dios, renunciar a mí misma, practicar según los principios de la verdad y dejar de guiarme por filosofías satánicas. Con este tipo de práctica, me siento mucho más tranquila y estable. Es muy liberador. Lograr estos cambios y conseguir todo esto fue totalmente resultado del juicio y castigo de las palabras de Dios.

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