41. Reemplazar los celos por magnanimidad

Por Fu Dan, China

Hace algunos años, transfirieron a la hermana Xiaojie a nuestra iglesia para que me ayudara en labores de liderazgo. Con el tiempo, vi que, a pesar de su juventud, tenía buen calibre y era muy capaz. Practicaba la verdad cuando surgía algún problema y se centraba en buscar los principios de la verdad. Yo no estaba a su altura en cuanto a calibre o capacidad de trabajo. La admiraba mucho y consideraba que tenía mucho talento. Una vez, en una reunión de compañeros de trabajo, una líder me preguntó si había alguien en la iglesia que buscara la verdad y tuviera un gran calibre para ascenderlo y formarlo. Le hablé sin dudar de las cualidades de la hermana Xiaojie. En poco tiempo, la líder la invitó a una reunión de compañeros de trabajo y le pidió que acudiera también a las siguientes. Poco a poco empecé a sentirme un poco incómoda al pensar: “Antes siempre iba yo a las reuniones y la líder comentaba conmigo el trabajo en la iglesia. Ahora le pide a Xiaojie que vaya. Parece que quiere centrar su esfuerzo en formarla a ella. Si lo hubiera sabido, no hubiera mencionado sus puntos fuertes”. Sentí que por su culpa me habían olvidado y dejado de lado. Cada vez me sentía más irritada y empecé a barajar la idea de que lo mejor sería que la líder la transfiriese a otro sitio. Si no estábamos juntas, no me haría quedar mal y quizá la líder volviese a comentar las cosas conmigo. Pero yo sabía que no iban a transferir a Xiaojie tan pronto. Sentía que había un tremendo peso en mi corazón. No solo eso, sino que no estaba dispuesta a ceder. En secreto, me entregué a la palabra de Dios, a leer, memorizar y reflexionar más sobre ella para así superarla al compartir la verdad y probar mi valía. Pero mis razones estaban desencaminadas. Solo competía con ella por el prestigio, así que no contaba con la obra del Espíritu Santo en mi deber. No podía comprender ningún problema ni solucionarlo.

Una vez, dos hermanas fueron elegidas como diaconisas de la iglesia. Les preocupaba no tener una comprensión suficiente de la verdad como para dar solución a los problemas de otros para entrar en la vida. No querían aceptar el puesto. Al oír esto, pensé: “¿Qué palabras de Dios puedo compartir para ayudar a su situación y que todos vean que la hermana Xiaojie no es mejor que yo?”. En cuanto las hermanas hubieron terminado de hablar, me apresuré a leer un par de pasajes de la palabra de Dios y a tener comunión. Pero solo buscaba presumir y ser admirada, no acallar mi propia voz ante Dios y buscar la verdad para encontrar la raíz del problema. Mi enseñanza fue un fracaso. Verlas ahí sentadas sin decir nada era muy incómodo. No sabía qué decir. Entonces, la hermana Xiaojie intervino con unas enseñanzas sobre el significado de cumplir con el deber y habló sobre su propia experiencia y comprensión y sobre la voluntad de Dios. Las hermanas lloraron conmovidas y decidieron aceptar ese deber. Verlas lanzar miradas de admiración a Xiaojie me dejó un mal sabor de boca. Todos me apreciaban antes de su llegada, pero me había superado en todo al poco tiempo de unirse a la iglesia. La líder la valoraba y los hermanos y hermanas la admiraban y yo no estaba a su altura aunque llevara más tiempo siendo una líder. Me preocupaba lo que los demás pensaran de mí. ¿Dirían que no conocía la realidad de la verdad y que, en comparación, la hacía quedar bien? Esto consumió mis pensamientos durante aquella época. Sentía que la hermana Xiaojie me estaba robando protagonismo y estaba celosa de ella. A veces, deseaba poder sacarla de nuestra iglesia de un modo beneficioso para las dos. Lo medité y lo medité, pero no se me ocurría ninguna solución. También sentía que me alejaba de Dios y que mi espíritu se hundía en la oscuridad. Mis enseñanzas de la palabra de Dios no tenían luz y no podía ayudar a otros con sus problemas. Seguía cumpliendo cada día con mi deber, pero me sentía atormentada y afligida. Al orar, expuse mi situación ante Dios y le pedí que me guiara para comprender Su voluntad y conocer mi propia corrupción.

Luego leí estas palabras de Dios: “Como líderes de la iglesia, debéis saber cómo descubrir y cultivar a las personas con talento y no tenerles celos. De esta manera, llevaréis a cabo satisfactoriamente vuestro deber y habréis cumplido con vuestra responsabilidad; también habréis hecho vuestro máximo esfuerzo para ser dedicados. Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios me sacudieron. Revelaban precisamente mi situación. Al ver el gran calibre de mi hermana y lo prácticas que eran sus enseñanzas, que la líder la valoraba y otros la admiraban, me sentí celosa y la excluí. Estaba deseosa de que abandonara la iglesia. No me planteé cómo afectaría esto a la obra de la iglesia y a los intereses de la casa de Dios. No demostraba más que crueldad y era particularmente egoísta y mezquino. ¡Carecía por completo de una humanidad normal! Cumpliendo con mis deberes de este modo, ¿cómo no iba a desagradar a Dios? Perdí la guía del Espíritu Santo en mis deberes y me hundí en la oscuridad. Ese era el carácter justo de Dios. Así pues, oré a Dios y le supliqué que me guiara para no aferrarme a mi posición, poder vivir una humanidad normal y trabajar bien junto a mi hermana.

Entonces, leí estas palabras de Dios: “Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a alguien y esa persona se desarrolla en alguien con talento, y la casa de Dios gana una persona talentosa más, entonces ¿no habrás hecho bien tu trabajo? ¿No habrás sido leal al desempeñar tu deber? Esta es una buena obra ante Dios, y es el tipo de conciencia y razón que el hombre debe poseer” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Me sentí aún más arrepentida y culpable. Dios desea que más personas que buscan la verdad para levantarse y cooperar con Dios. Yo era una líder de la iglesia, pero mi corazón no albergaba lo que Dios deseaba. Cuando vi a una persona así trabajando en la iglesia, no solo no me alegré de ello, sino que sentí celos y me preocupé por mi posición. No tenía ni la conciencia ni la razón más básicas de una persona. Vi que no era apta en absoluto para ser una líder y odié mi egoísmo. Que la hermana Xiaojie tuviera buen calibre y resolviese problemas en comunión era bueno para la obra de la iglesia y para las vidas de los hermanos y hermanas. Debería haberla apoyado y haber aprendido de sus puntos fuertes. Trabajar bien con ella en nuestros deberes era la única manera de respetar la voluntad de Dios. Cuando hube comprendido la voluntad de Dios, todavía sentía ciertos celos al ver que otros aprobaban a la hermana Xiaojie, pero oraba a Dios y renunciaba a mí misma. Me concentré en vivir ante Dios para cumplir con mi deber y dejé de preocuparme tanto por quién era más admirada y me sentí mucho menos celosa. Llegué a ser capaz de buscar y comentar con ella soluciones a un problema y de recurrir a sus fortalezas para compensar mis debilidades, buscando juntas los principios de la verdad. Me sentí mucho más cómoda y más libre. Después de experimentar cierto cambio, creía que había mejorado mi naturaleza celosa, pero me sorprendió encontrarme con otra situación que demostraba cuán profundamente arraigada estaba mi naturaleza satánica. Necesitaba someterme al juicio y el castigo de Dios para purificarme.

Una vez, Xiaojie y yo fuimos a una reunión de compañeros de trabajo en la que la líder me saludó brevemente antes de empezar a comentar con Xiaojie la obra de la iglesia. Me quedé sentada aparte sintiendo que ahí no pintaba nada y, rápidamente, mi humor se agrió. Lancé a Xiaojie una mirada de disgusto y no pude evitar sentir recelo y pensar: “Así que la líder te valora más que a mí. Eres la hija predilecta de la iglesia y a ojos de la líder y, en comparación, yo solo te hago quedar mejor”. Más tarde oí que la líder había dispuesto que Xiaojie asistiera a unos sermones en otra zona y que recibiera formación. Oír esto no me hizo muy feliz. Pensé: “Por qué quiere que vaya Xiaojie y no yo? ¿Tan mala soy? ¿No merezco ni una pequeña formación?”. Me sentí avergonzada y como si me hubiera caído un jarro de agua fría. Era incapaz de aceptarlo, porque consideraba que había puesto tanto empeño en mi deber como ella. Pero a mí se me dejaba atrás mientras ella se iba a escuchar sermones. Me sentía totalmente ignorada y, que hiciera lo que hiciera, nunca estaría a su altura. Me sentía peor cuanto más me comparaba de esta manera y volví a vivir en un estado de celos y resentimiento. Me moría porque la líder nos pusiera a trabajar separadas y así yo tuviera ocasión de destacar.

Poco tiempo después de esto, el marido de Xiaojie cayó gravemente enfermo. Fue muy duro para ella. Yo la consolé y la animé a orar y buscar la voluntad de Dios a través de esta prueba, pero no podía evitar pensar: “Ella estaba realmente en su mejor momento. Ahora está siendo refinada y pasa por un mal trago. Es mi oportunidad para demostrar lo que valgo. Si su situación mejora, nunca tendré esta oportunidad. Espero que este refinamiento le dure una temporada. Entonces, todos verán que, aunque comparte bien las enseñanzas en circunstancias normales, no sabe vivir la realidad de la palabra de Dios. Así ya no la admirarán tanto. La líder verá que no conoce la realidad de la verdad y ya no la querrá formar y entonces, naturalmente, los demás pensarán mucho mejor de mí”. No medité mucho sobre mi estado de ánimo, sino que simplemente deje correr estos pensamientos. Un día, dos hermanas preguntaron preocupadas por Xiaojie y yo les conté que estaba en un estado deplorable y que, aunque ella solía comunicar muy bien las enseñanzas, ahora se había vuelto muy negativa tras la prueba y ya no tenía estatura. En cuanto dije esto, me sentí muy incómoda. Estaba exagerando para juzgarla y rebajarla. Pero cuando vi que aquellas hermanas se creían lo que les contaba, me alegré en secreto. Pensé que ya no admirarían tanto a Xiaojie. Pero cuando la vi más tarde, aunque estaba sufriendo mucho y lloraba al orar, no dejaba que esto interfiriese de ningún modo en su deber. No pude evitar sentirme un poco culpable. Ante semejante prueba, sería difícil no sufrir y sentir cierta debilidad. Habría orado por ella si de verdad hubiera tenido humanidad, y habría hecho todo lo posible por ayudarla y apoyarla. Pero ¿qué había hecho? Me sentía muy culpable. Oré ante Dios y le dije: “¡Ay, Dios! Soy demasiado celosa. He juzgado y rebajado a la hermana Xiaojie para parecer mejor que ella. Incluso me he deleitado con su dolor y deseaba que ella se volviera negativa y tropezase. Carezco de toda humanidad. Dios, por favor, guíame y esclaréceme para que reconozca mi corrupción y me libere de mi carácter satánico”

Tras mi oración, leí esto en la palabra de Dios: “Si alguien ve que una persona es mejor que ella, la reprime, inicia un rumor sobre ella o emplea algún medio inescrupuloso para que otras personas no piensen bien de ella y vean que nadie es mejor que nadie, entonces, este es el carácter corrupto de la arrogancia y la santurronería, así como de la deshonestidad, el engaño y la perfidia, y estas personas no se detienen ante nada para alcanzar sus objetivos. Viven de esta forma y, aun así, piensan que son personas maravillosas y buenas. Sin embargo, ¿acaso tienen un corazón temeroso de Dios? En primer lugar y hablando desde la perspectiva de la naturaleza de estos asuntos, ¿acaso las personas que actúan de esta manera no hacen simplemente lo que les place? ¿Acaso toman en consideración los intereses de la casa de Dios? Únicamente piensan en sus propios sentimientos y solo quieren alcanzar sus propias metas, independientemente de la pérdida que sufra la obra de la casa de Dios. Las personas como estas no solo son arrogantes y santurronas; también son egoístas y despreciables; muestran total desconsideración hacia la intención de Dios, y las personas que son así, sin duda alguna, no poseen un corazón temeroso de Dios. Esa es la razón por la que hacen lo que les place y actúan con displicencia, sin ningún sentido de culpa, sin ninguna inquietud, sin ninguna aprensión o preocupación y sin considerar las consecuencias. Esto es lo que suelen hacer y el modo en que se han comportado siempre. ¿A qué consecuencias se enfrentan estas personas? Tendrán problemas, ¿no? Por decirlo suavemente, esas personas son demasiado envidiosas y tienen un deseo excesivo de reputación y estatus personales; son demasiado mentirosas y traicioneras. Dicho con mayor dureza, el problema fundamental es que en el corazón de esas personas no hay el más mínimo temor de Dios. No temen a Dios, creen que son sumamente importantes y consideran que cada aspecto de sí mismas es superior a Dios y a la verdad. En su corazón, Dios es lo menos digno de mención y lo más insignificante y Dios no tiene absolutamente ningún estatus en su corazón. […] ¿Dirías o no que esa clase de gente es terrible? ¿Qué clase de persona es la que no venera a Dios? ¿No es arrogante? ¿No es Satanás? ¿Qué tipos de cosas no veneran a Dios? Además de los animales, entre los que no veneran a Dios se encuentran los demonios, Satanás, el arcángel, y los que se enfrentan a Dios” (‘Las cinco condiciones que tienen las personas antes de entrar en la vía correcta de creer en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Leer esto fue como un golpe en el alma. Yo era exactamente esa clase de persona. Yo sabía que la hermana Xiaojie tenía buen calibre, buscaba la verdad y merecía ser formada, pero cuando vi que la líder la valoraba y quería mandarla a reuniones, me sentí desconcertada. Lo sentí como una ofensa y no podía aceptarlo. Desarrollé celos y resentimiento hacia ella y ansiaba que la líder la transfiriese a otro sitio. Cuando ella estaba débil y sufriendo debido a su prueba, fingí ayudarla, pero me deleitaba con su sufrimiento. Quería que ella se volviera negativa para poder ganar yo protagonismo. Incluso llegué a juzgarla y rebajarla delante de otros para ensalzarme y poder destacar. Llevaba muchos años creyendo en Dios, pero no mostraba reverencia hacia Él. Era celosa y hacía cosas inadmisibles solo para proteger mi posición. Era demasiado despreciable y malicioso. ¡Era intolerante, vanidosa, perversa, despreciable y mezquina! ¿En qué me diferenciaba de Satanás? Satanás es el único incapaz de soportar que las cosas vayan bien y quiere que seamos negativos, que nos alejemos de Dios y lo traicionemos. Claramente, me comportaba como un lacayo de Satanás, perturbando la obra de la iglesia. ¡Estaba menoscabando la casa de Dios y haciendo el mal, poniéndome con Satanás en contra de Dios! Aun así, tenía un alto concepto de mí misma. Obviamente, no conocía la realidad de la verdad y mi calibre no estaba a la altura del de la hermana Xiaojie. Siempre estaba compitiendo por el reconocimiento, queriendo superarla. ¡Era muy arrogante y no tenía una verdadera conciencia de mí misma! A esas alturas, ya me odiaba de verdad y deseaba ser liberada con urgencia de mi carácter satánico.

Después de esto, leí lo siguiente en la palabra de Dios: “La fuente de oposición y rebeldía del hombre contra Dios es el haber sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado; se ha vuelto inmoral, sus pensamientos son degenerados, y ha desarrollado una actitud mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre de manera natural seguía a Dios y obedecía Sus palabras después de escucharlas. Por naturaleza tenía un razonamiento y una conciencia sólidos y una humanidad normal. Después de haber sido corrompido por Satanás, el razonamiento, la conciencia y la humanidad originales del hombre se fueron insensibilizando y fueron mermados por Satanás. Debido a ello, el hombre ha perdido su obediencia y amor a Dios. El razonamiento del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de un animal y su rebeldía hacia Dios es cada vez más frecuente y grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni reconoce esto, y meramente se opone y se rebela a ciegas. El carácter del hombre se revela en las expresiones de su razonamiento, su percepción y su conciencia; debido a que su razonamiento y su percepción son endebles, y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter se rebela contra Dios. Si el razonamiento y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es ajustarse a la voluntad de Dios. Si el razonamiento del hombre es endeble, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él” (‘Tener un carácter inalterado es estar enemistado con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me ayudó a entender que siempre estaba rebelándome y resistiéndome a Dios, viviendo en la corrupción porque había sido corrompida por Satanás. Estaba impregnada de lógica y principios satánicos como “sálvese quien pueda y que el diablo se lleve a los últimos”, “de todo el universo, yo soy el soberano”, “solo puede haber un macho alfa”, “el legado de un hombre es el eco de su vida”, etc. Había aceptado estos dichos de Satanás y esto había tergiversado mis puntos de vista, reglas de supervivencia y razón, lo que me hacía ser más arrogante, malvada y carente de humanidad. Bajo la influencia de la ponzoña de Satanás, solo buscaba renombre, posición y ser admirada. Quería destacar en cualquier grupo y que nadie me superase, y cuando alguien lo hacía, me volvía muy competitiva. Si no conseguía superar a los demás, me ponía celosa y amargada e incluso recurría a métodos deshonestos para conseguir lo que quería. No demostraba nada más que el carácter satánico de la arrogancia, el engaño y la perversidad. Afirmaba estar cumpliendo con mi deber, cuando en realidad trabajaba para mí misma, haciendo el mal y resistiéndome a Dios. Pensé en los anticristos que habían sido expulsados. Sentían celos y amargura hacia cualquiera que buscara la verdad o le importara la voluntad de Dios y a cualquiera que amenazase su posición lo trataban como a una molestia que eliminar. Eran sofocantes y rencorosos e incluso querían que se expulsase a otros de la iglesia para poder gobernar ellos solos. Todos acabaron siendo expulsados de la iglesia por hacer tanto mal. Yo no era tan rencorosa ni hacía tanto mal como los anticristos, pero era celosa y estaba bajo el control de mi naturaleza arrogante y perversa. Incluso excluí a otros y los juzgué para conservar mi posición. Seguía el camino de un anticristo en contra de Dios. El carácter justo de Dios no tolera la ofensa. Sabía que, si no me arrepentía, Dios terminaría por rechazarme y eliminarme. Esa perspectiva me era aterradora. Sabía que Dios me protegía con Su severo juicio. De otro modo, no reflexionaría sobre mí misma, y luego el arrepentimiento llegaría demasiado tarde cuando hiciera algo verdaderamente malvado. Me conmoví al meditar sobre la voluntad de Dios. Oré a Dios, dispuesta a arrepentirme y cambiar.

Un día, leí estas palabas de Dios en mis devocionaleso: “Para cada uno de vosotros que cumplís con vuestro deber, no importa cuán profundamente entendáis la verdad, si queréis entrar en la realidad-verdad, entonces la manera más sencilla de practicar es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo lo que hagáis y dejar ir vuestros deseos egoístas, vuestras intenciones, motivos, prestigio y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, los propios intereses de Dios y considerar Su obra y poner estas consideraciones antes que nada; sólo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. […] Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de Dios y de Su casa, entonces, después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de vivir: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser de mente estrecha y perverso. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “Las funciones no son las mismas. Hay un cuerpo. Cada cual cumple con su obligación, cada uno en su lugar y haciendo su mejor esfuerzo, por cada chispa hay un destello de luz, y buscando la madurez en la vida. Así estaré satisfecho” (‘Capítulo 21’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Entendí gracias a las palabras de Dios que Él establece el calibre de cada uno y qué papeles podemos cumplir. No puedes rivalizar o pelearte por cosas así. Cuando alguien tiene mejor calibre, cuando Dios establece que debo ser la hierba y no el árbol, debería limitarme a ser la hierba y cumplir feliz con mi papel. Ya no deseaba rivalizar con otros por la posición, sino liberarme de mis deseos egoístas y no seguir mi carácter satánico, priorizar los intereses de la casa de Dios… y cumplir debidamente con mi deber de forma disciplinada. Esta es la única manera de vivir en la luz. Me sinceré con mis hermanas respecto a mi corrupción y le pedí disculpas a la hermana Xiaojie. Cuando se enteró de mis acciones malintencionadas, no me culpó ni lo más mínimo, y, en cambio, me habló sobre la verdad para ayudarme. Me conmovió enormemente. Yo detestaba no haber tenido humanidad y haberle hecho daño. Después, oré a Dios para dejar de intrigar en busca de protagonismo y simplemente cumplir bien con mi deber.

Xiaojie volvió de su viaje un mes y poco después y compartió lo que había aprendido en las reuniones. Sus enseñanzas eran realmente edificantes y beneficiosas, pero, cuando vi a los demás escucharla con semejante atención, volvió a mí ese sentimiento incómodo. Fui consciente de que otra vez estaba preocupándome por la posición y poniéndome celosa, así que rápidamente me puse a orarle a Dios para dejar mi ego a un lado. Recordé que había oído en un sermón que una persona razonable que sirve a Dios no siente celos, sino que ansía que otros sean mejores que ella para que así más personas puedan compartir la carga de Dios. Una persona así es capaz de sentir gozo cuando Dios gana a alguien. Me di cuenta de que ella había crecido y aprendido cosas durante su viaje escuchando sermones y de que podía regar a otros y ayudarles. Esto era bueno para nuestra comprensión de la verdad y traería consuelo a Dios. Tenía que aprender de ella y aprovecharme de sus fortalezas en el cumplimiento de mi deber. Eso era fundamental. Cuando oraba y me abandonaba de esta manera, me sentía mucho más a gusto. Lo que pensaran los hermanos y hermanas y cuál fuera mi puesto en la iglesia ya no era importante para mí. Simplemente me apacigüé y escuché sus enseñanzas e interioricé la iluminación. Trabajé con ella buscando los principios de la verdad en nuestra obra. Después de aquello, en nuestro trabajo juntas, cuando veía que la líder comentaba algo con ella, me parecía bien y ya no sentía celos. Fue un gran alivio para mí. Experimenté personalmente que me sentía mejor y más honrada cuando me liberé de mis celos y, con el tiempo, pude vivir una semejanza humana. He cambiado un poco gracias al juicio y al castigo de las palabras de Dios. ¡Doy gracias a Dios por mi salvación!

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