66. Discriminar a los desconocidos es demasiado malicioso

Xiaojin Región de Pan’an, provincia de Zhejiang

En febrero de 2007, la iglesia recibió un arreglo de la obra titulado “Riega y abastece a los nuevos creyentes para ayudarlos a arraigarse tan pronto como sea posible”. Enfatizaba que: “Se debe reasignar a todos los que son efectivos y experimentados en regar a los nuevos creyentes con el fin de completar estas tareas. Las personas no aptas para regar a los nuevos creyentes no deben utilizarse en absoluto para esta labor y deben ser transferidas para evitar retrasar la obra” (La comunicación desde lo alto). Después de ver este arreglo, en vez de usar los principios para medir si la hermana de nuestro distrito que regaba a los nuevos creyentes era adecuada, tuve ideas prejuiciadas contra ella: “Esta persona cumplía su deber de manera superficial y no se enfocaba en comer y beber las palabras de Dios. Además, se preocupaba por la carne, así que no era apta para regar a los nuevos creyentes. Aún más importante, ella pensaba que tenía cierto calibre y, por lo tanto, se volvió arrogante y menospreciaba a los demás. La última vez, ella fue con los líderes de rango superior y habló mal de mí. Si no hubiese sido por las exigencias de mi obra, no le habría prestado más atención”. Al pensar en eso, elaboré un plan: ¿Por qué no sacar ventaja de esta oportunidad y reemplazarla y así no tener que verla más? ¿No es ella arrogante? ¡Simplemente la reemplazaré y entonces veré cuán orgullosa es!

Por consiguiente, no sopesé la efectividad de su trabajo y no estaba pensando en el bien de la iglesia. Sólo tenía prisa en reemplazarla. Luego, negligentemente transferí a una líder de la iglesia al distrito para cumplir el deber de regar. En mi opinión, esta persona podía soportar dificultades, hablaba con amabilidad y era una trabajadora veloz. Tenía compasión por las personas y era muy adecuada para la obra de riego. No me di cuenta de que los líderes de rango superior pensaban que esta persona era inadecuada y que la hermana original era bastante adecuada. Hice todo lo posible por hablar muy bien de esta líder de la iglesia, incluso hasta el punto de decir que no había nadie mejor que ella. Justo cuando no estaba dispuesta a aceptar sus sugerencias, recibí noticias que decían que el gran dragón rojo estaba observando a esta líder de la iglesia. Sin ninguna otra opción, me hice a un lado y a regañadientes reincorporé a la hermana original. Mi corazón estaba extremadamente consternado y deprimido y sentí que no tenía dónde desahogar mis frustraciones.

Esto continuó hasta un día en que leí un pasaje de la predicación del hombre: “La forma como tratan aquellos que sirven como líderes a los hermanos y hermanas a quienes encuentran desagradables, que se les oponen y que tienen puntos de vista completamente diferentes a ellos es un problema muy serio y se debe manejar con precaución. Si ellos no entran en la verdad de este asunto, ciertamente discriminarán y censurarán a las personas cuando se encuentren con este tipo de problema. Este tipo de acción es precisamente una expresión de la naturaleza del gran dragón rojo que se resiste a Dios y lo traiciona. Si quienes sirven como líderes van tras la verdad y poseen conciencia y un sentido, buscarán la verdad y manejarán este asunto correctamente” (La comunicación desde lo alto). En ese momento no pude evitar recordar la reciente transferencia del personal del distrito que realizaba la labor de riego. En ese momento, Dios me impidió hacer algo malvado, con el fin de defender Su propia obra, lo que impidió que mi plan tuviera éxito. Sin embargo, la naturaleza satánica y el veneno del gran dragón rojo dentro de mí salieron completamente a la luz. El arreglo de la obra claramente enfatizaba que se hiciera todo lo posible por regar a los nuevos creyentes y que se transfiriera al personal adecuado para el riego. Pero a pesar de la urgencia de Dios por salvar a las personas y sin pensar en llevar a cabo la obra correctamente, aproveché la oportunidad para discriminar y atacar a la persona que me ofendió. Al hacerlo, ¿no estaba yo usando el mismo método despreciable que usaba el gran dragón rojo para eliminar a los desconocidos? ¿Cómo era esto servir a Dios? Era simplemente reprimir a las personas y discriminarlas; estaba interrumpiendo y perturbando la obra de la iglesia. Realmente Satanás me había corrompido profundamente. Mis acciones no eran diferentes a las del gran dragón rojo. El gran dragón rojo usa medios deplorables para eliminar a los desconocidos. Yo también estaba reemplazando a la persona que me ofendió en nombre de poner el arreglo de la obra en práctica. El gran dragón rojo promueve a aquellos en los que confía y yo estaba promoviendo a alguien que yo personalmente pensaba era buena y que se ajustaba a mi opinión. El gran dragón rojo sigue el código satánico de “Quienes se sometan a mí, que prosperen; y quienes me nieguen, que perezcan”. También usé mi “autoridad” para vengarme de la persona que me ofendió y que tenía una opinión acerca de mí. El gran dragón rojo tergiversa los hechos; es injusto y parcial. Fui emocional cuando a ciegas critiqué a la persona que no se ajustó a mi voluntad. Persistentemente hablé en favor de la persona que me gustaba hasta el punto de exagerar, hablando contrario a los hechos… Ahora veo que el veneno del gran dragón rojo está profundamente arraigado en mí. Ya se ha vuelto una parte de mi vida, a tal grado que afecta cada aspecto de mi comportamiento. El veneno del gran dragón rojo me hace siniestra y maliciosa; hace mi alma sucia, deplorable y fea, lo que me hace inconscientemente resistir a Dios. Si no fuera por el esclarecimiento de Dios, todavía estaría viviendo en mi propia corrupción y seguiría rumiando mis motivos fallidos. Seguramente no hubiera sabido que había perdido por completo mi razón y mi conciencia y que mi conducta había ofendido el carácter de Dios.

Dios Todopoderoso, Tus revelaciones me han hecho ver que mi naturaleza es demasiado malvada y deplorable. Soy completamente la personificación del gran dragón rojo; mi conducta no es diferente a la del gran dragón rojo. De ahora en adelante, estoy dispuesta a buscar activamente la verdad. Me analizaré contrastando mis pensamientos, palabras y acciones con la palabra de Dios y reconoceré la naturaleza del gran dragón rojo dentro de mí. ¡Veré claramente su esencia y verdaderamente la odiaré, me apartaré de ella y seré una persona real con humanidad para consolar Tu corazón!

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