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65. Estoy dispuesta a aceptar la supervisión de todos

Xianshang Ciudad de Jinzhong, provincia de Shanxi

Hace poco tiempo, cada vez que escuchaba que los líderes de mayor nivel venían a nuestra iglesia, me sentía un poco cohibida. Yo no revelé mis sentimientos externamente, pero mi corazón estaba lleno de secreta oposición. Pensé: “Sería mejor si todos vosotros no vinierais. Si venís, al menos no reguéis a la iglesia conmigo. De otro modo, estaré limitada y seré incapaz de compartir”. Después, la condición empeoró tanto que, de hecho, odiaba su venida. Incluso como tal, no pensé que hubiera algo malo conmigo y ciertamente no traté de conocerme a mí misma en el contexto de esta condición.

Un día, leí el siguiente pasaje en los arreglos de la obra: “Reglas sobre los deberes de los líderes y colaboradores de la iglesia en todos los niveles”: “Deben visitar a cada equipo regional de toma de decisiones y adquirir un buen conocimiento de su trabajo, resolver los errores y desviaciones laborales que ocurren para cada equipo regional de toma de decisiones de una manera oportuna y, especialmente, proporcionar guía y asistencia a esos equipos regionales de toma de decisiones más débiles, de modo que puedan desempeñar mejor el trabajo para sus regiones”. (Anales selectos de los arreglos de la obra de la Iglesia de Dios Todopoderoso). Pensé sobre el significado de este pasaje mientras reflexionaba sobre mi reciente condición: ¿Por qué me desagradaba tanto que los líderes de mayor nivel vinieran a nuestra iglesia? ¿Por qué no estaba dispuesta regar la iglesia conjuntamente conmigo? ¿Acaso no era porque yo estaba preocupada que si venían a la iglesia se darían cuenta de que yo no estaba trabajando de acuerdo al principio o a la voluntad de Dios y me tratarían con relación a este problema? Lo que es más, ¿no tenía yo miedo de que su venida echara por tierra mis planes de trabajo? ¿No tenía miedo de que se comunicaran mejor que yo y que causaran que perdiera mi estatus privilegiado en los corazones de los hermanos y hermanas? Si ellos no venían, yo podía manejar mis planes de trabajo tal como yo quisiera. Incluso si mis métodos no estaban de acuerdo con la verdad o con la voluntad de Dios, nadie lo sabría y ciertamente nadie me trataría o me criticaría. De esta manera, mi posición en los corazones de los hermanos y hermanas sólo se haría mayor y más estable. Todos los hermanos y hermanas de la iglesia me respetarían, me admirarían y obedecerían mis órdenes. Toda la iglesia giraría en torno a mí. ¿Acaso no era este mi verdadero propósito? ¿Acaso no estaba tramando sacar a Dios de los corazones de los hermanos y hermanas para que yo pudiera ganar estatus en sus corazones? ¿Acaso no era yo un ejemplo viviente y real de esos venenos del gran dragón rojo: “El emperador está tan lejos como el cielo”, “Egocéntrico”? Después, leí la palabra de Dios: “La enseñanza del código de ética feudal y la transmisión del conocimiento de la antigua cultura han infectado al ser humano desde hace mucho, y lo han convertido en diablos grandes y pequeños. […] El rostro del hombre está lleno de asesinato y, en todas partes, se respira un aire de muerte. Buscan expulsar a Dios de esta tierra; […] Desea borrar de un plumazo todo lo que es de Dios, insultarlo y asesinarlo de nuevo, e intenta derribar e interrumpir Su obra. ¿Cómo podría permitir que Dios fuera de un estatus igual? ¿Cómo puede tolerar que Dios ‘interfiera’ con la obra entre los hombres? ¿Cómo puede dejar que Dios desenmascare su odioso rostro? ¿Cómo puede consentir que Dios interrumpa su obra? ¿Cómo podría este diablo, que echa humo de rabia, acceder a que Dios gobierne su corte de poder en la tierra? ¿Cómo podría reconocer de buen grado la derrota? Su odioso rostro se ha revelado tal como es; de ahí que uno no sepa si reír o llorar, y resulta verdaderamente difícil hablar de ello. ¿Acaso no es esta su esencia? […] han bloqueado la voluntad y el meticuloso esfuerzo de Dios, y los hace impenetrables. ¡Qué pecado mortal! ¿Cómo podría Dios no sentirse angustiado? ¿Cómo no airarse? Causan un doloroso obstáculo y oposición a la obra de Dios. ¡Demasiado rebeldes!” (‘Obra y entrada (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Con el fin de controlar y reclamar dominio sobre la humanidad, el gran dragón rojo combatió la venida de Dios con toda fuerza, no permitiéndole a Dios intervenir en los asuntos de los hombres, exponer su cara macabra, interferir en sus planes o gobernar en su dominio. De esa manera, salvajemente se opuso, interrumpió, derribó y diezmó la obra de Dios. Fantaseaba que, algún día, podría arrancar a Dios de los corazones de la humanidad y cumplir su objetivo despreciable de convertirse en el árbitro eterno del hombre y de obligar a la humanidad a adorarlo. ¿Qué diferencia había entre mis propios pensamientos y las acciones del gran dragón rojo? Debido a que yo quería mantener mi propio estatus y asegurarme de que podía salirme con la mía y no ser limitada en mi trabajo, no quería dejar que otros líderes o colaboradores supervisaran o inspeccionaran mi trabajo. No quería que nadie más se entrometiera en el trabajo de mi iglesia o que regara a los hermanos y hermanas. ¿Por qué yo no quería esto? ¿Acaso no era sólo porque yo quería controlar y reclamar dominio sobre los demás? ¿Acaso no era mi propósito proclamarme reina y gobernante terrenal sobre los hermanos y hermanas? Vi que el veneno del gran dragón rojo —esa arrogancia sin control y megalomanía— ya había penetrado al centro de mi ser. En la superficie, estaba trabajando para cumplir mi deber, pero mi corazón tenía motivos ocultos. En la realidad, quería erigir mi propio imperio en oposición a Dios y en obstrucción a la ejecución de la voluntad de Dios. ¡Mi naturaleza era tan aterradora! Si no hubiera sido por la dura revelación y el juicio de la palabra de Dios, yo nunca hubiera sabido a qué grado había sido corrompida por Satanás y me había opuesto a Dios. Nunca hubiera llegado a darme cuenta de que, en lo profundo de mi alma, una conspiración satánica había nacido y que mi naturaleza y esencia se había vuelto tan corrupta.

Gracias Dios por Tus revelaciones y esclarecimiento que me permitieron darme cuenta de mi naturaleza satánica. Prometo buscar la verdad con diligencia y llegar a un entendimiento más profundo de cómo el veneno del gran dragón rojo aflige mi naturaleza. Prometo, aún más, aceptar la inspección y supervisión de otros colaboradores y líderes. Aceptaré el trato y poda de todos. Me colocaré bajo la inspección de toda la congregación para que pueda cumplir mis deberes concienzudamente para consolar Tu corazón.

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