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69. Veo la verdad de la corrupción de las personas

Li Heng    Ciudad de Suqian, provincia de Jiangsu

Entre las palabras por las que Dios revela al hombre, encontré este pasaje: “Anteriormente se dijo que estas personas son la progenie del gran dragón rojo. En realidad, para ser claros, son la personificación del gran dragón rojo” (‘Interpretación de la trigésima sexta declaración’ en “La Palabra manifestada en carne”). Pensé que esto no se aplicaba a mí. Me parecía que Dios revelaba estas palabras a aquellos que tenían poder porque son el gran dragón rojo transformado; hacen maldades, cometen actos rebeldes, se resisten a Dios, interrumpen y arruinan Su obra y persiguen cruelmente a Sus elegidos. Yo, por otra parte, soy una creyente en Dios que cumple con sus deberes en la iglesia y, a pesar de que soy corrupta, de ninguna forma soy tan mala como ellos, ni estoy tan profundamente corrompida. ¿Cómo podría yo ser el gran dragón rojo transformado? No fue sino hasta que una experiencia me hizo darme cuenta de que la esencia de mi naturaleza era la misma que la del gran dragón rojo y de que yo era, sin ninguna duda, el gran dragón rojo transformado.

En nuestra iglesia había una diaconisa que no se esmeraba en cumplir con sus deberes y a menudo se olvidaba de asistir a las reuniones de grupos pequeños. Me acerqué a ella y le dije: “No deberías ser tan irresponsable con tus deberes y no puedes evadir tus responsabilidades con engaños. No puedes estar tan enfocada en tu familia, porque si esto continúa así, si incluso te olvidas de nuestras reuniones de grupos pequeños, ¿sabes cuán serias serían las consecuencias…?”. Después de decirle eso, no sólo no lo aceptó, sino que dio excusas y razones para refutarme. En mi corazón pensé: “¿Puede ser ella el objeto de salvación de Dios? ¿Es acaso inapropiada para ser usada por Dios, o es esta una persona malvada que me está siendo revelada?”. Comencé a buscar detenidamente un reemplazo en mis reuniones de grupos pequeños. Tan pronto encontré a la persona correcta para la tarea, planeé deshacerme de aquella. Pero no encontré a la persona correcta, así que después de un tiempo, mi única opción fue volver a hablar con ella y, después de un tiempo, logró entender que no había cumplido con su deber y que había sido irresponsable y negligente, y quería expiar sus errores pasados. Pero, aun así, yo siempre sentía como si aquello no fuese suficiente y nunca sentí mucho afecto por ella. Cierta vez, le pedí que se reuniera con una familia anfitriona que estaba un poco fuera del camino, pero ella se negó y me dijo que no quería hacerlo. Mi corazón se llenó de enojo cuando dijo eso. Quería despedirla en ese momento, devolverla a su pequeño grupo y olvidarme de ella, porque personas como ella realmente son un problema, pensé, son quisquillosas para cumplir con sus deberes, hacen lo que les gusta hacer e ignoran lo que no les gusta. Ella se me opone en todo lo que digo y no acata los planes de la iglesia para ella, entonces, ¿qué bien le hace a la iglesia que ella se quede? ¡Simplemente deberían despedirla, y merece cada una de las lágrimas que derrame por ello! Ella tenía que atenerse a las consecuencias y aunque yo sabía que despedir a las personas de forma caprichosa va en contra de los principios, la idea me venía a la mente una y otra vez, no podía controlarla y mi corazón se angustiaba constantemente, lo que convertía mi condición en un caos total. Lo único que podía hacer era orar a Dios: “Dios, esta hermana no me obedece y quiero despedirla y verla sufrir dolor y tormento. Siento como que voy a explotar si no la expulso. Tampoco quiero proceder de forma caprichosa ni de manera imprudente o arrogante, no quiero ofender Tu carácter a sabiendas. ¡Dios, te ruego que me salves!”. Después de orar, mi deseo de despedirla no era tan fuerte como antes y me sentí mucho más calmada. Y luego, un pasaje de la palabra de Dios emergió en mi cabeza: “Las manifestaciones del gran dragón rojo son: la resistencia a Mí, la falta de entendimiento y comprensión de los significados de Mis palabras, la persecución frecuente de Mí y la búsqueda del uso de maquinaciones para interrumpir Mi gestión. Satanás se manifiesta de la siguiente manera: lucha conmigo por poder, quiere poseer a Mi pueblo escogido y lanza palabras negativas para engañar a Mi pueblo” (“Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Las palabras de Dios me impactaron. ¿Acaso mi comportamiento no era precisamente como el del gran dragón rojo? El gran dragón rojo se resiste a Dios, lo persigue e interrumpe Su obra. ¿No era exactamente eso lo que yo estaba haciendo? Despedir a alguien caprichosamente sería volverme un diablo, un Satanás, que interrumpe y destruye la obra de salvación de Dios en la humanidad. Dios, yo era en verdad el gran dragón rojo transformado. En la comunicación del hombre entendí: “Observa cómo el gran dragón rojo persigue a Dios y es cruel con Su pueblo elegido, luego mira la resistencia y la rebelión de Dios en ti mismo. Mira las relaciones difíciles que tienes con el pueblo elegido de Dios. En ti hay demasiado rencor y egoísmo. ¿En qué te diferencias del gran dragón rojo?… Muchas personas no entienden el veneno del gran dragón rojo que se oculta en ellas. Piensan que el gran dragón rojo es demasiado malo y se dicen a sí mismas que cuando tengan el poder, van a ser mucho mejores que el gran dragón rojo, ¿pero realmente es así? Si tomáis el poder en este instante, ¿de qué manera seríais mucho mejor que el gran dragón rojo? ¿Podríais hacer las cosas mucho mejor que el gran dragón rojo? La verdad es que el gran dragón rojo con poder no se diferencia en nada de ningún ser humano corrupto con poder. Si el gran dragón rojo puede matar a ochenta millones, ¿cuántos puedes matar tú cuando tengas el poder? Algunos dicen: ‘Si yo tuviese el poder, no mataría a nadie’. Justo cuando lo digas, alguien se va a poner de pie y te va a maldecir, y te pondrás furioso y dirás: ‘Entonces sólo voy a matar a una persona, voy a hacer una excepción’. Cuando un grupo se levante y se te oponga, dirás: ‘Matar a un grupo no es gran cosa, el gran dragón rojo mató a ochenta millones. Sólo estoy matando a un grupo pequeño, es mucho menos de los que mató el gran dragón rojo’. Cuando diez millones se levanten para oponerse, dirás: ‘Puedo matar a estos diez millones también, porque si no lo hago, ¿cómo voy a mantenerme en el poder?’. ¿No ves un problema aquí? Incluso aunque no hagas cosas malas sin tener poder, no hay garantía de que no las hagas cuando tengas poder, porque toda la naturaleza del hombre es la misma”. (‘Cómo debería cooperar la gente con la obra de Dios de perfeccionar al hombre’ en “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida (III)”). A través del esclarecimiento y la iluminación de las palabras de Dios y del análisis de la comunicación del hombre, finalmente vi con claridad mi verdadero rostro, que yo era el gran dragón rojo transformado y que mi esencia corrupta no era diferente a la naturaleza del gran dragón rojo. Malo por naturaleza, el gran dragón rojo se resiste a Dios y persigue a Su pueblo elegido, de forma arrogante quiere prohibir la obra de salvación de Dios en la humanidad y hacer que todo el mundo sea ateo. Quiere dominar todo lo que Dios ha creado y hacer que la humanidad se arrodille ante su poder. ¿No es esa la manera en que me comporté hoy? Esta hermana no comprendía la verdad con claridad y era irresponsable con sus deberes, pero en lugar de ayudarla con un espíritu de amor, simplemente le exigí que cumpliera con todas mis expectativas. Vi que era irresponsable con su tarea, así que comencé a menospreciarla y a sentir desagrado hacia ella, y hasta decidí que era una persona malvada que Dios me había revelado, lo que hacía que mi mentalidad no fuera diferente a la del gran dragón rojo en mi capacidad de “escalar sin límites” y “masacrar al inocente”. Cuando esta hermana enfrentaba problemas familiares y era pasiva, en lugar de comunicarle la palabra de Dios para ayudarla a entender el amor, los requisitos y la esperanza de Dios hacia las personas, utilicé letras y doctrinas para limitarla y tenerla por completo bajo mi control. ¿Acaso mi comportamiento no mostraba las mismas señales que el gran dragón rojo —auto-engrandecimiento, ninguna muestra de temor a Dios, y arrogancia—? Cuando esta hermana me desobedeció, la odié desde mis entrañas. Quería deshacerme de ella y sacarla de la iglesia. ¿Pero no son esos los actos viciosos del gran dragón rojo —‘rebeldía’ y ‘Quienes se sometan, prosperarán; quienes se resistan, perecerán’—? Dios, veo que soy un diablo que se resiste a Ti, que soy peor que una bestia, que soy una persona indigna que debería haber sido derribada tiempo atrás. El gran dragón rojo puede matar a ochenta millones, pero si yo tuviera el poder, sería igual de mala, viciosa y rebelde. De no ser por los arreglos de la obra y los principios definidos por la iglesia, y por la supervisión de los hermanos y hermanas, ¿no habría llevado a esta hermana bajo el ‘hacha del verdugo’ hace mucho tiempo? La naturaleza del gran dragón rojo es mala y viciosa, mata sin pestañear, destruye a cualquiera que lo ignora o que se ponga en su contra, con acusaciones delictivas inventadas y una palabra o hecho erróneo delante de él es invitar a la muerte, ¿pero acaso yo no soy igual? Esta hermana me desobedeció y no hizo lo que le pedí y, por ese motivo, me puse tan furiosa que me puse en su contra y quise atacarla; de hecho, nada que no fuera expulsarla de la iglesia podía quitarme el enojo.

Esta experiencia me hizo comprender verdaderamente mi esencia corrupta. Vi que yo era realmente alguien sin razón ni conciencia, sin duda una descendiente del gran dragón rojo. Pero también me dio una creencia más firme en las palabras de Dios. No importa cuán punzantes sean las palabras de Dios o si encajan con las nociones de la gente, cada declaración es la verdad eterna e inmutable y tarde o temprano la humanidad corrupta se convencerá por completo. ¡Dios! Quiero llevar a cabo mis deberes de forma correcta para recompensarte por la salvación; quiero hacer las paces con los hermanos y hermanas en la iglesia, compensar por mis errores pasados y convertirme en alguien nuevo que te reconforte.

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