35. Fortuna y desgracia

Por Dujuan, Japón

Nací en el seno de una familia pobre en un pueblo de la China rural. Debido a las dificultades económicas de mi familia, algunas veces no tenía nada que comer, por no hablar de que no comía nada de golosinas ni tenía juguetes. Es más, toda mi ropa era heredada de mi hermana mayor. Como su ropa me quedaba normalmente demasiado grande, mis compañeros de clase se reían de mí y no querían jugar conmigo. Sufrí muchísimo en mi infancia. Desde ese momento, decidí que, cuando creciera, debía ganar mucho dinero y estar por encima de mis compañeros. No iba a dejar que me despreciaran otra vez. Puesto que mi familia no tenía dinero, me vi obligada a dejar el colegio antes de graduarme en la escuela secundaria y a trabajar en una fábrica de medicamentos en la capital del condado. Para ganar todavía más dinero, a menudo hacía horas extras, hasta las nueve o las diez de la noche, pero, a pesar de mis esfuerzos, mi salario era una miseria. En algún momento oí que, en cinco días vendiendo verduras, mi hermana ganaba lo mismo que yo en un mes, así que dejé mi trabajo en la fábrica de medicamentos y me fui a vender verduras. Algún tiempo después, descubrí que podría hacer incluso más dinero vendiendo frutas, así que decidí montar una frutería. Tras casarme con mi esposo, abrimos nuestro propio restaurante, y pensé que ahora que era dueña de un restaurante podría ganar incluso más dinero. Cuando pudiera ganar una cantidad de dinero considerable, me ganaría naturalmente la admiración y el aprecio de mis compañeros y también podría llevar el estilo de vida propio de la élite. Sin embargo, tras llevar un tiempo con el negocio, vi que no podíamos ganar tanto dinero. Empecé a sentirme nerviosa y preocupada. ¿Cuándo podría tener una vida que los demás admiraran?

En 2008 surgió una oportunidad fortuita. Me enteré por un amigo de que, en Japón, el salario de un día equivalía aproximadamente al salario de diez días en China. Cuando escuché esto, me alegré muchísimo. Pensé que había encontrado finalmente una buena oportunidad para hacer dinero. Aunque los honorarios del intermediario para ir a Japón eran caros, yo pensé: “Quien no arriesga no gana. No importa cuánto sean los honorarios del intermediario; mientras encontremos trabajo en Japón, podremos recuperar el dinero rápidamente”. Para hacer realidad nuestros sueños de tener una vida mejor, mi esposo y yo decidimos irnos a Japón inmediatamente. Tras llegar, pudimos encontrar trabajo muy rápido. Mi esposo y yo trabajábamos más de diez horas todos los días. El estrés del trabajo era bastante considerable y me sentía totalmente agotada todo el día. Después del trabajo, lo único que quería hacer era acostarme y descansar; incluso comer me parecía una tarea de lo más difícil. Tenía dificultad para soportar un estilo de vida tan acelerado. Sin embargo, cuando pensaba en todo el dinero que tendría tras algunos años de esfuerzo, me animaba y pensaba: “Puede que ahora sea trabajo duro, pero en el futuro tendrás una vida maravillosa. Así que sigue adelante y no te rindas”. Por lo tanto, todos los días me mataba trabajando ardua e incansablemente como una máquina de hacer dinero. En 2015, al final exploté con tanto trabajo. Fui al hospital para que me hicieran un estudio y el médico me dijo que tenía una hernia de disco que me estaba presionando un nervio. Si continuaba trabajando como lo estaba haciendo, al final acabaría postrada en una cama y sin poder valerme por mí misma. Esta noticia me cayó como un jarro de agua fría. Me sentí extremadamente débil de repente. Mi vida apenas estaba empezando a mejorar y cada vez estaba más cerca de mi sueño. Nunca pensé que enfermaría. Me negué a rendirme y pensé: “Todavía soy joven. Puedo apretar los dientes y salir adelante. Si no hago dinero ahora y regreso a China con tan pocos ahorros, ¿acaso no quedaría incluso peor?”. Así que seguí arrastrando mi cuerpo enfermo para ir a trabajar todos los días y ganar más dinero. Sin embargo, algunos días después, estaba tan enferma que literalmente no podía salir de la cama.

Al quedar postrada a una cama de hospital sin nadie que cuidara de mí, me sentí absolutamente miserable. “¿Cómo había acabado en esta situación? ¿De verdad voy a quedar postrada a una cama?”. ¡Cuánto deseaba en ese momento que hubiera alguien sentado a mi lado! Por desgracia, mi esposo estaba en el trabajo y, mi hijo, en la escuela. A mi jefa y a mis compañeros solo les preocupaba su beneficio personal; nadie me dedicaba ni la más mínima atención. Cuando miré alrededor del pabellón de enfermos y vi a los distintos pacientes, cada uno absorto en su sufrimiento, experimenté un tipo de tristeza inexplicable y no pude evitar pensar: “¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Cómo se puede vivir una vida significativa? ¿De verdad puede el dinero comprar la felicidad? Pensé en qué podía mostrar tras los treinta años que llevaba esforzándome. Había trabajado en una fábrica de medicamentos, había vendido fruta, había regentado un restaurante y había venido a Japón a trabajar. Aunque en realidad había ganado algo de dinero en todos esos años, había sido a costa de mi felicidad y no tenía a nadie a quien poder contar mi sufrimiento. Había pensado que cuando llegara a Japón podría cumplir mis sueños muy rápido. Cuando regresara a China después de algunos años en Japón, podría empezar una nueva vida de riquezas y esplendor y ser la envidia de mis compañeros. Sin embargo, ahí estaba yo ahora, postrada en una cama de hospital y haciendo frente a la posibilidad de pasar la segunda mitad de mi vida confinada a una silla de ruedas y con constantes dolores…”. Al pensar esto, empecé a arrepentirme de haber arriesgado mi vida solo para ganar dinero y salir adelante. Cuanto más lo pensaba, más amargas eran las lágrimas que me caían por la cara. En mi agonía, no pude evitar clamar en mi corazón: “¡Oh, Dios mío! ¡Sálvame! ¿Por qué la vida es tan cruel?”.

Precisamente cuando estaba hundida en el dolor y en la desesperanza más profundos, la salvación de Dios Todopoderoso vino a mí y mi enfermedad se convirtió en mi bendición. Conocí por casualidad a tres hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Al leer las palabras de Dios junto a ellas, entendí que todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra no se originan por procesos naturales, sino que son creadas por Dios; que Dios es el Señor de todo el universo; que el destino del hombre también está en las manos de Dios; que Dios ha guiado y ha provisto a la humanidad todo el tiempo y que Él cuida y protege constantemente a la humanidad. Sentí lo muchísimo que Dios ama al hombre. Pero había algo que seguía sin entender: Dios gobierna y preside sobre nuestro destino, y nosotros debemos ser felices y estar gozosos, así que ¿por qué seguimos padeciendo enfermedades y dolores? ¿Por qué es tan dura la vida? ¿De dónde procede exactamente el dolor de la vida? Un día, hablé a las hermanas de mi confusión y una de ellas me leyó un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “¿De dónde procede el dolor del nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez presentes a lo largo de la vida de los humanos? ¿Qué causó que comenzaran las personas a tener estas cosas? Los humanos no las tenían cuando fueron creados en el principio, ¿verdad? Entonces, ¿de dónde vinieron? Estas cosas llegaron después de que los humanos fueran tentados por Satanás y su carne se volviera degenerada. El dolor de la carne, sus aflicciones y su vacío, así como las extremadamente miserables desdichas del mundo humano; todo sobrevino después de que el hombre fuera corrompido por Satanás, cuando Satanás empezó a atormentar a la gente. El resultado fue que se volvieron cada vez más degenerados. Las enfermedades de la humanidad se volvieron más y más profundas, y el sufrimiento se fue agravando. Cada vez más gente sentía el vacío y la tragedia del mundo humano, así como la incapacidad de seguir viviendo en él, y sentían cada vez menos esperanza para el mundo. Todo esto vino después de la corrupción de Satanás. Así, este sufrimiento recayó sobre los humanos por parte de Satanás, y solo llegó después de que hubieran sido corrompidos por Satanás y se hubieran vuelto unos degenerados” (‘Lo que significa que Dios experimente el dolor del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). La hermana me dijo: “En el principio, cuando Dios creó a los hombres, Él estaba con ellos y los cuidaba y protegía. En ese momento no existía el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad ni la muerte, tampoco había preocupaciones ni molestias. El hombre vivía sin angustias ni preocupaciones en el huerto del Edén, y se deleitaba con todas las cosas que Dios le había dado. La humanidad vivía con felicidad y gozo bajo la guía de Dios. Pero, cuando la humanidad fue engañada y corrompida por Satanás, esta traicionó a Dios y tuvo las palabras de Satanás más en cuenta que las de Dios. Por esta razón el hombre perdió el cuidado, la protección y la bendición de Dios, y cayó en el campo de acción de Satanás. Durante miles de años, Satanás ha usado sistemáticamente herejías y sofisterías como, por ejemplo, el materialismo, el ateísmo y el evolucionismo, así como las absurdidades y mentiras divulgadas por grandes hombres y celebridades para engañar y dañar a las personas: ‘No hay Dios en el mundo’, ‘Nunca hubo Salvador alguno’, ‘El destino de una persona está en sus propias manos’, ‘Distinguirse y honrar a los antepasados’, ‘Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda’, ‘El hombre hará lo que sea para hacerse rico’, ‘El dinero hace girar el mundo’ y ‘El dinero es lo primero’, etc. Cuando la humanidad aceptó estas absurdidades y herejías, esta negó la existencia de Dios, negó Su soberanía y lo traicionó. La humanidad estaba deseosa de confiar en sus propias manos para labrarse una vida feliz. El carácter del hombre también se hizo cada vez más arrogante y engreído. La humanidad se hizo más santurrona, más egoísta, más astuta y más malvada que nunca. Entre los hombres surgió todo tipo de intrigas, tramas y rivalidades en su lucha por estatus, riquezas y beneficio personal. Pelearon entre sí y se engañaron y, en el proceso, se fueron angustiando y agotando cada vez más. Al final, esto hizo que enfermaran, que experimentaran dolor y sufrimiento y que quedaran vacíos espiritualmente. Estos dolores y estas angustias nos hacen sentir que la vida del hombre en este mundo es demasiado difícil, que es demasiado agotadora y que está plagada de sufrimientos. Todo esto surgió después de que Satanás corrompiera al hombre; era Satanás quien nos dañaba, y también era la amarga consecuencia de que la humanidad hubiera negado a Dios, se hubiera distanciado de Él y lo hubiera traicionado”.

La hermana siguió hablándome: “Dios no puede soportar ver que Satanás sigue corrompiendo y dañando a la humanidad, así que se encarnó dos veces entre los hombres para redimirnos y salvarnos a los humanos corruptos. Especialmente en los últimos días, el Cristo encarnado ha expresado millones de palabras; estas son la verdad que permite a las personas escapar de la corrupción de Satanás, ser purificadas y ser plenamente salvadas. Siempre que escuchemos la palabra de Dios y entendamos la verdad contenida en la Su palabra, podremos distinguir y ver claramente todos los métodos y todas las formas en que Satanás corrompe a la humanidad. Veremos la esencia malvada de Satanás y tendremos la fuerza para abandonarlo, liberarnos de sus daños, regresar a Dios, obtener Su Salvación y, al final, ser llevados por Dios hasta un destino final maravilloso”. Cuando oí que Dios había venido personalmente para salvar a la humanidad, me emocioné mucho. Realmente no quería que Satanás siguiera dañándome, así que le conté a mis hermanas mi dolor y mi confusión: “Hay una cuestión que no entiendo muy bien. Hay un proverbio que dice: ‘El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo’. He trabajado mucho para destacar y tener una vida cómoda y, según las normas sociales, esto sería ser idealista y ambicioso. ¿Podría ser esta forma de vida otra forma en que nos daña Satanás?”

La hermana me leyó otros dos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso: “Durante el proceso en que el hombre adquiere el conocimiento, Satanás empleará cualquier método, ya sea explicando historias, dándole simplemente un poco de conocimiento o permitiéndole satisfacer sus propios deseos o ideales. ¿Por qué camino Satanás quiere conducirte? Las personas creen que no hay nada malo en aprender conocimiento, que es el curso natural. Para decirlo suavemente, fomentar nobles ideales o tener ambiciones es tener aspiraciones, y esta debería ser la senda correcta en la vida. Si estas pueden realizar sus propios ideales, tener éxito en una profesión en su vida, ¿no es más glorioso vivir de esa forma? El no sólo honrar a los antepasados de esa forma, sino también dejar la propia marca en la historia, ¿no es una buena cosa? Esto es algo bueno a los ojos de las personas mundanas y para ellas esto debe ser apropiado y positivo. Sin embargo, ¿acaso Satanás, con sus motivos siniestros, no lleva sólo a las personas a este tipo de camino y después decide que ya está hecho? Ciertamente no. En realidad, independientemente de lo nobles que sean los ideales del hombre, de lo realistas que sean sus deseos o de lo adecuadas que puedan ser, todo lo que el hombre quiere lograr, todo lo que busca está inextricablemente vinculado a dos palabras. Ambas son de vital importancia para la vida de cada persona y son cosas que Satanás pretende infundir en el hombre. ¿Qué dos palabras son? Son ‘fama’ y ‘ganancia’. Satanás usa un tipo de forma muy sutil, muy de acuerdo con las nociones de las personas; no es una clase de forma radical cualquiera. En medio de la inconsciencia, los seres humanos llegan a aceptar la forma de vivir de Satanás, sus normas de vida, y establecen metas y una dirección en la vida, y al actuar así, también llegan sin saberlo a tener ideales en la vida. Independientemente de lo altisonantes que estos ideales parezcan en la vida, sólo son un pretexto inextricablemente vinculado a la fama y la ganancia. Cualquier persona importante o famosa y, en realidad, todas las personas, todo lo que siguen en la vida sólo se relaciona con estas dos palabras: ‘fama’ y ‘ganancia’. Las personas piensan que una vez que han obtenido la fama y la ganancia, pueden sacar provecho de ellas para disfrutar de un alto estatus y de una gran riqueza, y disfrutar de la vida. Una vez que tienen fama y ganancia, pueden sacar partido de ellas en su búsqueda del placer y su disfrute sin escrúpulos de la carne. De buena gana, aunque sin saberlo, las personas toman su cuerpo, su mente, todo lo que tienen, su futuro y su destino y se los entregan a Satanás para obtener la fama y la ganancia que desean. Los seres humanos realmente hacen esto sin un momento siquiera de vacilación, ignorando siempre la necesidad de recuperarlo todo. ¿Pueden las personas seguir teniendo algún control sobre sí mismas una vez que se refugian en Satanás y se vuelven leales a él de esta forma? Desde luego que no. Están total y completamente controlados por Satanás. También se han hundido de un modo completo y total en un cenagal y son incapaces de liberarse a sí mismos. Una vez que alguien está atascado en la fama y la ganancia, dejan de buscar lo que es brillante, lo justo o esas cosas que son hermosas y buenas. Esto se debe a que el poder seductor que la fama y la ganancia tienen sobre las personas es demasiado grande, y se convierten en cosas que las personas persiguen durante toda su vida, y hasta por toda la eternidad sin final. ¿No es esto verdad?” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”). “De modo que Satanás usa fama y ganancia para controlar los pensamientos del hombre hasta que sólo puedan pensar en ellas. Por la fama y la ganancia luchan, sufren dificultades, soportan humillación, y sacrifican todo lo que tienen, y harán cualquier juicio o decisión por la fama y la ganancia. De esta forma, Satanás ata al hombre con cadenas invisibles. Las personas las llevan y no tienen la fuerza ni el valor de deshacerse de ellas. Por tanto, sin saberlo, las personas llevan estas cadenas y siempre avanzan con gran dificultad” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras terminar de leer las palabras de Dios, la hermana habló conmigo sobre los hechos y sobre la realidad de que Satanás usa la fama y el lucro para corromper al hombre. Recién entonces comprendí que todas esas personas que tienen poder en este mundo y que controlan a la humanidad son las fuerzas malvadas de Satanás; que las personas famosas y veneradas son reyes del demonio que corrompen a la humanidad, y que el ateísmo de Marx y la teoría de la evolución desarrollada por Darwin han engañado y han corrompido a la humanidad al extremo, y la han llevado a rechazar y traicionar a Dios. Fue entonces que me di cuenta de que los libros que había leído en el pasado estaban todos llenos del veneno, de la filosofía y de la lógica de Satanás. De no haber sido por la palabra de Dios, que me reveló cómo corrompió a la humanidad el diablo Satanás, él seguiría engañándome y controlándome, y yo seguiría luchando fatigosamente en las tinieblas. No hay nada de malo en que el hombre tenga ideales y aspiraciones en sí, pero, en la búsqueda del hombre de sus ideales, Satanás usa todo tipo de métodos para impregnar al hombre con sus métodos y principios de supervivencia, y lo engaña para que solo viva por la fama y el lucro. Cuando los hombres se entregan y se esfuerzan por la fama y por el lucro, ya no buscan la luz ni cómo vivir una vida significativa porque, para nosotros, el atractivo de la fama y del lucro es muy grande, y nos obsesionamos tanto que no hay ninguna forma de liberarnos. Esos son los grilletes con los que Satanás ata nuestro cuerpo, los intrigantes planes mediante los que Satanás corrompe a los hombres. Al reflexionar, en mi búsqueda por destacarme de mis compañeros y hacer dinero para ganarme la admiración de los demás, había perdido mi sentido de la identidad, me había convertido en una máquina sin alma de hacer dinero y había sacrificado incluso mi salud por la fama y el lucro sin el más mínimo recelo. Me había convertido realmente en una esclava del dinero, de la fama y del lucro. Como estaba bajo el control de una visión equivocada de la vida expresada en el dicho “Distinguirse y honrar a los antepasados”, me esforzaba muchísimo por seguir adelante y siempre quería mejorar. Nunca estaba satisfecha y solo me detuve porque mi cuerpo estuvo a punto de colapsar a causa del trabajo y no me quedaba otra opción. ¡La búsqueda de fama y de lucro hicieron mi vida realmente difícil y agotadora! Si no hubiera sido por las revelaciones de las palabras de Dios Todopoderoso, nunca hubiera sabido que mi búsqueda de riquezas, fama y lucro era errónea y que ese es un método mediante el que Satanás daña gravemente a las personas; y mucho menos hubiera visto las siniestras motivaciones y las intrigantes maquinaciones mediante las que Satanás corrompe al hombre. Seguidamente, la hermana me leyó varios pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso y, gracias a sus enseñanzas sobre la palabra de Dios y los diferentes métodos y formas en que Satanás corrompe a la humanidad, entendí que al buscar constantemente la fama y el lucro todos esos años, el dolor me había superado y, al final, había caído enferma. Todo este dolor era el resultado de no creer en Dios ni conocer la verdad; ¡Satanás me había dañado y corrompido!

Posteriormente, las hermanas venían a menudo a compartir conmigo enseñanzas sobre las palabras de Dios. Gradualmente, me fui convenciendo cada vez más de la obra de Dios de los últimos días, desarrollé algo de discernimiento con respecto a las formas en que Satanás daña a los hombres y entendí que lo más importante era creer en Dios, leer Sus palabras, buscar la verdad y someterse al gobierno y a los arreglos de Dios. ¡Solo viviendo de esta forma recibiría el elogio de Dios y viviría la vida más significativa y más gozosa posible! Poco después, me enteré de que una de mis compañeras también había venido a Japón con su esposo para encontrar trabajo y ganar dinero; pero, a pesar de haber logrado hacer un poco de dinero, su esposo empezó a experimentar algunas molestias físicas y, más tarde, no le quedó otra opción que regresar a casa para recibir tratamiento. A su regreso, las pruebas revelaron que tenía un cáncer en estado muy avanzado. Tras el diagnóstico, ya no querían volver a Japón para ganar dinero. Toda la familia vivía con pena y con dolor. La desgracia de mi compañera hizo que sintiera profundamente la fragilidad y el gran valor de la vida del hombre. Si somos despojados de la vida, ¿para qué sirve tener más dinero? ¿Puede el dinero comprar la vida? Un día, leí las palabras de Dios Todopoderoso que dicen: “Las personas gastan su vida persiguiendo el dinero y la fama; se agarran a un clavo ardiendo, pensando que son sus únicos apoyos, como si teniéndolos pudiesen seguir viviendo, eximirse de la muerte. Pero sólo cuando están cerca de morir se dan cuenta de cuán lejos están estas cosas de ellas, cuán débiles son frente a la muerte, cuán fácilmente se hacen añicos, cuán solas y desamparadas están, sin ningún lugar adónde ir. Son conscientes de que la vida no puede comprarse con dinero ni fama, que no importa cuán rica sea una persona, no importa cuán elevada sea su posición, todas las personas son igualmente pobres e intrascendentes frente a la muerte. Se dan cuenta de que el dinero no puede comprar la vida, que la fama no puede borrar la muerte, que ni el dinero ni la fama pueden alargar un solo minuto, un solo segundo, la vida de una persona” (‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me permitieron ver incluso con más claridad que Satanás usa el dinero y la fama para restringir y dañar al hombre, así como para destruir la vida de muchas personas. Pero, como no podemos ver la intención de las maquinaciones de Satanás y no nos damos cuenta de que el dinero y la fama son las herramientas que Satanás emplea para atormentar a la humanidad, somos arrastrados inextricablemente hacia el interior de un torbellino y, muy a nuestro pesar, somos engañados y dañados por Satanás. En ese momento, reparé en lo afortunada que era por haber podido recibir la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Si no hubiera leído las palabras de Dios Todopoderoso, nunca hubiera podido ver la verdad de que Satanás usa el dinero y la fama para dañar a las personas y, tarde o temprano, Satanás también me hubiera tragado a mí.

Mientras estuve indispuesta, las hermanas de la iglesia me visitaban a menudo. Como yo no podía mover la espalda, las hermanas me daban masajes y me aplicaban ventosas. Una de las hermanas que tenía formación en medicina me dijo qué puntos de acupuntura presionar para aliviar mi afección. También me ayudaban activamente con mis tareas domésticas y me cuidaban como si fueran de mi familia. Como expatriada en un país extranjero, yo no tenía cerca a nadie en quien poder confiar de verdad, así que me emocionó mucho que estas hermanas me cuidaran mejor de lo que lo harían mis propios familiares. Yo no paraba de darles las gracias. Sin embargo, mis hermanas me dijeron: “Hace miles de años, Dios nos predestinó y nos seleccionó. Ahora, Él ha dispuesto que nazcamos en los últimos días y, en la medida en que hayamos aceptado la obra de Dios de los últimos días, que recorramos juntos este camino. Este es el mandato de Dios. En realidad, ya éramos todos una familia hace mucho tiempo. Lo que pasó es que nos separamos y no volvimos a reencontrarnos hasta ahora”. Cuando mis hermanas dijeron esto, no pude controlar más mis emociones y me abracé a ellas con la cara llena de lágrimas. En ese momento, sentí una cercanía con mis hermanas que no puedo describir. Mi corazón estaba incluso más agradecido que nunca a Dios Todopoderoso.

Poco a poco y sin darme cuenta, mi dolencia empezó a mejorar. Tras experimentar el tormento de esta enfermedad, reflexioné sobre cómo había estado bajo el control de la filosofía de vida de Satanás. Todo el tiempo había intentado destacarme de mis compañeros con la firme creencia de que, al hacerlo, podría tener una vida de felicidad y suscitaría la admiración y la envidia de quienes me rodeaban. Sin embargo, nunca pensé que, en vez de eso, obtendría dolor y tristeza sin apenas un ápice de paz y felicidad. Ahora que he leído las palabras de Dios y he entendido Su voluntad, ya no estoy dispuesta a luchar contra mi destino ni tampoco estoy dispuesta a buscar fama y lucro. Esta no es la vida que quiero. Actualmente, aparte de ir a trabajar, asisto con frecuencia a las reuniones, leo la palabra de Dios y comparto mis experiencias y mi entendimiento con mis hermanos y hermanas. También he aprendido a cantar himnos. Tengo una vida feliz y he ganado un tipo de seguridad y de paz que no había sentido nunca antes.

Un día, durante mis devociones, me encontré con estas palabras de Dios: “Cuando uno mira atrás el camino que ha recorrido, cuando uno rememora cada fase de su viaje, ve que, en cada paso, ya fuera el camino arduo o liso, Dios estaba dirigiendo su senda y planificándola. Fueron los arreglos meticulosos de Dios, Su planificación cuidadosa, los que llevaron a uno, inconscientemente, hasta hoy. Poder aceptar la soberanía del Creador, recibir Su salvación, ¡qué gran suerte! […] Si la actitud de uno hacia la soberanía de Dios sobre el destino humano es activa, cuando uno mira atrás a su viaje, cuando llega a comprender verdaderamente la soberanía de Dios, deseará con más empeño someterse a todo lo que Dios ha organizado, tendrá más determinación y confianza para dejar que Dios orqueste su destino, para dejar de rebelarse contra Dios. Porque uno ve que cuando no comprende el destino, cuando no entiende la soberanía de Dios, cuando anda a tientas voluntariamente, tambaleándose y cayendo, a través de la niebla, el viaje es demasiado difícil, demasiado descorazonador. Por tanto, cuando las personas reconocen la soberanía de Dios sobre el destino humano, los inteligentes escogen conocerla y aceptarla, decir adiós a los dolorosos días en los que intentaban construir una buena vida con sus propias manos, en lugar de seguir luchando contra el destino y perseguir a su manera los así llamados objetivos de la vida. Cuando uno no tiene a Dios, cuando no puede verlo, cuando no puede reconocer claramente la soberanía de Dios, cada día carece de sentido, es vano, miserable. Allí donde uno esté, cualquiera que sea su trabajo, sus medios de vida y la persecución de sus objetivos no le traen otra cosa que una angustia infinita y un sufrimiento que no se pueden aliviar, de forma que uno no puede soportar mirar atrás. Sólo cuando uno acepta la soberanía del Creador, se somete a Sus orquestaciones y arreglos, y busca la verdadera vida humana, se librará gradualmente de toda angustia y sufrimiento, se deshará de todo el vacío de la vida” (‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Dios es el creador y los hombres somos Sus seres creados. La vida de todas las personas está en las manos de Dios, bajo Su orquestación y Su arreglo. Todo lo que el hombre obtiene en la vida está bajo el control de Dios y es predeterminado por Él. Las prisas del hombre, yendo de aquí para allá no son definitivamente un factor decisivo. Podemos obtener todo lo que Dios concede al hombre. Si Él no hace tales concesiones, independientemente de lo mucho que el hombre trabaje, los esfuerzos del hombre serán en vano. Es simplemente como dice el dicho: “El hombre planta la semilla, pero Dios decide la cosecha” y “El hombre propone y Dios dispone”. Por lo tanto, en nuestra vida, debemos someternos a la soberanía y a los arreglos del Creador. ¡Este es el secreto de una vida feliz y en lo que consiste una vida real! Al mismo tiempo, también entendí que, independientemente de cuántas riquezas tenga una persona o lo alta que sea su posición, estas no son más que meras posesiones mundanas. Esa persona no trajo esas cosas consigo cuando nació ni tampoco podrá llevárselas cuando muera. Al entregarse a la búsqueda de la fama y el lucro, lo que esa persona obtiene al final es vacío y sufrimiento, y el resultado final es que es consumida por Satanás. Tras alcanzar este entendimiento, decidí tomar un nuevo camino de vida y empezar de nuevo. Solo deseaba obedecer las orquestaciones y los arreglos de Dios y dejar la segunda mitad de mi vida en Sus manos conforme a Sus arreglos. Ya no perseguiría las riquezas y el estatus para ganarme la admiración de los demás, sino que, en cambio, buscaría ser una persona que obedece a Dios; viviría verdaderamente para Dios y para retribuir Su amor. Actualmente, trabajo de tres a cuatro horas todos los días. Mi jefa es japonesa y, aunque tenemos dificultades con el idioma, me cuida mucho. Siempre que me dice que haga algo, lo hace usando palabras simples que puedo entender y nunca me presiona. Sé que esta es la misericordia de Dios en mi vida, y Su bendición. Me siento muy agradecida. Al mismo tiempo, he entendido incluso mejor que el hombre solo podrá tener una vida relajada y gozosa si escucha las palabras de Dios y se somete a Sus orquestaciones y arreglos.

Cuando estoy sola, suelo pensar en el camino que tomé al presentarme ante Dios. Si no hubiera sido por mi enfermedad, nunca hubiera cesado en mi búsqueda de dinero y de fama, y hubiera sido una auténtica máquina de hacer dinero en el mundo hasta ser cruelmente asesinada por Satanás; sin la más mínima intención de arrepentirme o de cambiar. Satanás usó la fama y el lucro para dañarme e hizo que cayera enferma, pero Dios Todopoderoso usó mi enfermedad para llevarme ante Él, y me permitió ver claramente las palabras de Dios que dicen que Satanás es el principal culpable de la corrupción del hombre, así como reconocer la verdadera naturaleza del plan de Satanás de usar el dinero y la fama para corromper y devorar al hombre, lo que me hizo ver algunos aspectos del mundo mundano. Supe de dónde venía y adónde iba el hombre. También conocí la fuente del pecado y la depravación del hombre, y entendí cómo debía tener el hombre una vida significativa. Las palabras de Dios dicen: “Cuando algunas personas han comenzado a creer en Dios, es por la enfermedad. Esta enfermedad es la gracia de Dios para ti; sin ella, no creerías en Dios, y si no creyeras en Dios entonces no habrías llegado hasta aquí, y por eso incluso esta gracia es el amor de Dios” (‘Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios son realmente prácticas. ¡Solo por medio de desastres he adquirido bendiciones! Hoy en día, bajo la provisión y la guía de las palabras de Dios, me he despojado de las cadenas de Satanás y tengo una perspectiva correcta de la vida. He andado por el camino correcto de la vida y mi espíritu se ha liberado enormemente. ¡Dios es ciertamente muy sabio y muy omnipotente! ¡Doy gracias a Dios Todopoderoso por haberme amado y salvado!

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“Úsame, soy Tu creación. Si Tú me haces perfecto, todavía soy Tu creación; si Tú no me haces perfecto, todavía te seguiré amando porque soy Tu creación” (‘Sólo soy Tu pequeña creación’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

65. Estoy dispuesta a aceptar la supervisión de todos

Prometo, aún más, aceptar la inspección y supervisión de los otros colaboradores y líderes. Aceptaré el trato y poda de todos. Me colocaré bajo la inspección de toda la congregación para que pueda cumplir mis deberes conscientemente para consolar Tu corazón.

45. Todas las palabras de Dios representan el juicio mismo sobre el hombre

Tras leer las palabras de Dios, la admonición “cuando tu relación con tus hermanos y hermanas es normal, entonces tus condiciones delante de Dios también son normales” quedó grabada en mi mente de una manera especialmente clara. En mi búsqueda, reflexionaba en profundidad sobre esta afirmación. A través del esclarecimiento del Espíritu Santo, sentí que esta declaración aparentemente sencilla encarnaba en realidad una majestuosidad y un juicio que me atravesó el corazón como una espada.

24. Las palabras de Dios me despertaron

Después de contemplar estas palabras, finalmente me di cuenta: resulta ser que los títeres y los traidores que huyen del gran trono blanco no sólo se refiere a los que se apartan de esta senda. Más importante aún, se está refiriendo a los que siguen a Dios pero no valoran estas verdades, a las personas que siempre las evaden, que buscan una nueva salida fuera de estas verdades, que no están dispuestas a someterse al castigo y juicio de Dios y a buscar que Dios las purifique.

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