I. Acerca de cumplir el deber propio adecuadamente

529. Como miembros de la raza humana y cristianos devotos, es responsabilidad y obligación de todos nosotros ofrecer nuestra mente y nuestro cuerpo para el cumplimiento de la comisión de Dios, porque todo nuestro ser vino de Él y existe gracias a Su soberanía. Si nuestras mentes y nuestros cuerpos no son para la comisión de Dios ni para la causa justa de la humanidad, nuestras almas serán indignas de aquellos que fueron martirizados por causa de aquella, y aún más, indignos de Dios, que nos ha provisto todo.

Extracto de ‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

530. ¡Cómo consideras las comisiones de Dios es un asunto muy serio! Si no puedes llevar a cabo lo que Dios te ha confiado, no eres apto para vivir en Su presencia y deberías ser castigado. Es la ley del Cielo y el principio de la tierra para que los seres humanos completen cualquier comisión que Dios les confíe; esta es su responsabilidad más elevada, tan importante como sus propias vidas. Si no te tomas en serio las comisiones de Dios, lo estás traicionando de la forma más grave; en esto eres más lamentable que Judas y debe ser maldecido. La gente debe entender bien cómo ver lo que Dios les confía y, al menos, debe comprender que las comisiones que Él confía a la humanidad son exaltaciones y favores especiales de Dios, son cosas muy gloriosas. Todo lo demás puede abandonarse; aunque uno tenga que sacrificar la propia vida, debe seguir cumpliendo la comisión de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

531. No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es su vocación enviada por el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Sólo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes llevar a cabo tu deber sólo para ser bendecido y no debes negarte a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es llevar a cabo su deber, y si es incapaz de llevar a cabo su deber, esto se debe a su rebeldía.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

532. Cuando una persona acepta lo que Dios le encarga, Él tiene un estándar para juzgar si las acciones de las personas son buenas o malas, si ha obedecido, si ha satisfecho la voluntad de Dios y si lo que hacen cumple con Su estándar. Lo que le importa a Dios es el corazón humano, no sus acciones superficiales. No es que Dios deba bendecir a alguien por hacer algo, independientemente de cómo lo haga. Este es un malentendido que las personas tienen respecto a Dios. Él no sólo mira el resultado final de las cosas, sino que hace mayor hincapié en cómo es el corazón de una persona y cuál es su actitud durante el desarrollo de las cosas; y Dios mira, asimismo, si hay obediencia, consideración, y el deseo de satisfacerle en el corazón.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

533. Sin importar lo que hagas, primero debes entender por qué lo estás haciendo, qué intención es la que te dirige a hacer esto, cuál es el significado de que lo hagas, cuál es la naturaleza del asunto, y si lo que estás haciendo es algo positivo o negativo. Debes tener un entendimiento claro de todos estos asuntos; esto es muy necesario para poder actuar con principios. Si estás haciendo algo para cumplir con tu deber, entonces debes ponderar: ¿cómo debo hacer esto? ¿Cómo debo cumplir bien con mi deber para que no sólo lo esté haciendo superficialmente? Debes acercarte a Dios en este asunto. Acercarte a Dios significa buscar la verdad en este asunto, buscar la forma de practicar, buscar Su voluntad y buscar cómo satisfacer a Él. Así es como te acercas a Dios en todo lo que haces. No implica realizar una ceremonia religiosa o una acción externa; se hace con el propósito de practicar de acuerdo con la verdad después de buscar la voluntad de Dios. Si siempre dices “Gracias a Dios” cuando no has hecho nada, pero entonces cuando estás haciendo algo, continúas haciéndolo de la manera que quieres, entonces este tipo de agradecimiento es sólo una acción externa. Al cumplir con tu deber o trabajar en algo, siempre debes pensar: ¿cómo debo cumplir con este deber? ¿Cuál es la intención de Dios? Te corresponde a ti acercarte a Dios a través de lo que haces; y, al hacerlo, buscar los principios y la verdad detrás de tus acciones, así como la intención de Dios, y no apartarte de Dios en nada de lo que hagas. Sólo esa persona realmente cree en Dios.

Extracto de ‘Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

534. Sin importar el deber que cumplas, siempre debes buscar comprender la voluntad de Dios y entender cuáles son Sus requisitos relacionados con tu deber; sólo entonces podrás manejar los asuntos con base en los principios. Al desempeñar tu deber, definitivamente no puedes guiarte por tus preferencias personales y hacer únicamente lo que te gustaría hacer, aquello con lo que te sentirías feliz y cómodo haciendo o cualquier cosa que te haría ver bien. Si impones a Dios tus preferencias personales por la fuerza o si las practicas como si fueran la verdad, acatándolas como si fueran los principios de la verdad, entonces eso no es cumplir con tu deber y cumplir con tu deber de esta forma no será recordado por Dios. Algunas personas no entienden la verdad y no saben lo que significa cumplir bien con su deber. Sienten que, como han puesto su corazón y su esfuerzo en ello, han renunciado a su carne y sufrido, entonces el cumplimiento de sus deberes debería estar a la altura de las normas, pero ¿por qué entonces Dios siempre está insatisfecho? ¿En dónde se han equivocado estas personas? Su error fue no buscar los requisitos de Dios y, en lugar de ello, actuar de acuerdo con sus propias ideas; trataron sus propios deseos, preferencias y motivos egoístas como la verdad y los trataron como si fueran lo que Dios amaba, como si fueran Sus estándares y requisitos. Veían como la verdad lo que creían que era correcto, bueno y hermoso; esto está mal. De hecho, aunque las personas puedan pensar a veces que algo es correcto y que va acorde con la verdad, eso no significa necesariamente que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Mientras más personas piensen que algo es correcto, más cautas deben ser y más deben buscar la verdad para ver si lo que están pensando cumple con los requisitos de Dios. Si resulta que eso va en contra de Sus requisitos, entonces estás equivocado al pensar que es correcto, no es más que un pensamiento humano y no necesariamente estará de acuerdo con la verdad, no importa lo correcto que pienses que sea. Tu determinación del bien y el mal debe basarse únicamente en las palabras de Dios, y no importa cuán correcto creas que es algo, a menos que haya una base para las palabras de Dios, debes descartarlo. ¿Qué es el deber? Es un encargo que Dios les ha hecho a las personas. Así pues, ¿cómo debes cumplir con tu deber? Actuando de acuerdo con los requisitos y estándares de Dios y basando tu conducta en los principios de la verdad y no en los deseos humanos subjetivos. De esta manera, el cumplimiento de tus deberes estará a la altura de los estándares.

Extracto de ‘Solo buscando los principios de la verdad puede uno desempeñar bien su deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

535. Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. Esta es una diferente clase de naturaleza, ¿verdad? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios de la verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios de la verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento: sin embargo, si no están de acuerdo con el deber. Si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

536. Es por medio del proceso de llevar a cabo su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que él demuestra su lealtad. Así pues, cuanto más puedas llevar a cabo tu deber, más verdad recibirás y más real será tu expresión. Los que sólo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, pues esas personas no llevan a cabo su deber en la práctica de la verdad y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Ellos son los que permanecen sin cambios y serán maldecidos. No sólo sus expresiones son impuras, sino que todo lo que expresan es malvado.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

537. Para cada uno de vosotros que cumplís con vuestro deber, no importa cuán profundamente entendáis la verdad, si queréis entrar en la realidad de la verdad, entonces la manera más sencilla de practicar es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo lo que hagáis y dejar ir vuestros deseos egoístas, vuestras intenciones, motivos, prestigio y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, los propios intereses de Dios y considerar Su obra y poner estas consideraciones antes que nada; sólo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y haces algunos compromisos? Si haces esto por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de Dios y de Su casa, entonces, después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de vivir: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser de mente estrecha y perverso. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

538. Al cumplir con el deber, debes analizarte siempre para ver si haces las cosas según los principios, si das la talla en su cumplimiento, si simplemente lo haces de manera superficial, si has tratado de eludir tus responsabilidades y si tienes algún problema en cuanto a tu actitud y forma de pensar. Una vez que hayas hecho introspección y te hayan quedado claras estas cosas, te será más fácil cumplir con el deber. Con independencia de lo que te encuentres al cumplir con el deber ─negatividad y debilidad, o mal humor tras haber sido tratado─, debes tratarlo de forma adecuada, buscar la verdad y entender la voluntad de Dios. Al hacer estas cosas tendrás una senda de práctica. Si deseas cumplir bien con el deber, no debe afectarte tu estado de ánimo. Por más negativo o débil que estés, debes practicar la verdad en todo lo que hagas, con absoluto rigor y ateniéndote a los principios. Si lo haces, no solo otras personas te darán su aprobación, sino que también agradarás a Dios. Así serás una persona responsable que asume una carga; una persona buena de verdad, que realmente da la talla en el cumplimiento del deber y vive íntegramente a semejanza de una persona auténtica. Esas personas se purifican y logran la verdadera transformación cuando cumplen con el deber y se puede decir que son honestas a los ojos de Dios. Solamente los honestos son capaces de perseverar en la práctica de la verdad, de actuar con principios y dar la talla en el cumplimiento del deber.

Extracto de ‘La entrada en la vida debe comenzar con la experiencia de desempeñar el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

539. Debéis cumplir cada uno con vuestro deber al máximo de vuestra capacidad, con un corazón franco y honesto, y estar dispuestos a pagar el precio que sea necesario. Como habéis dicho, cuando llegue el día, Dios no va a ser negligente con nadie que haya sufrido o pagado un precio por Él. Merece la pena aferrarse a este tipo de convicción, y lo adecuado es que no deberíais olvidaros nunca de ella. Sólo así puedo dar tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros. De otro modo, seréis siempre personas con las que nunca podré tener la mente calmada, y seréis para siempre objetos de Mi aversión. Si todos vosotros podéis seguir vuestra conciencia y entregarlo todo por Mí, sin escatimar esfuerzos por Mi obra y dedicando el esfuerzo de una vida entera a la obra de Mi evangelio, ¿no saltará Mi corazón a menudo de gozo por vosotros? De este modo, seré capaz de dar completa tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros, ¿verdad?

Extracto de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

540. No importa lo que Dios te pida, sólo necesitas trabajar con todas tus fuerzas para lograrlo, y espero que seas capaz de ir delante de Dios y mostrarle, al final, toda tu lealtad. Siempre que puedas ver la sonrisa de satisfacción de Dios mientras está sentado en Su trono, aun si esta es la hora señalada de tu muerte, debes poder ser capaz de reír y sonreír mientras cierras los ojos. Durante tu tiempo en la tierra debes llevar a cabo tu deber final por Dios. En el pasado, Pedro fue crucificado boca abajo por Dios, pero tú debes satisfacer a Dios al final y agotar toda tu energía por Él. ¿Qué puede hacer por Dios una ser creado? Por tanto, debes entregarte a Dios más temprano que tarde para que Él disponga de ti como lo desee. Mientras Él esté feliz y complacido, permítele hacer lo que quiera contigo. ¿Qué derecho tienen los hombres de quejarse?

Extracto de ‘Capítulo 41’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

541. Que el hombre lleve a cabo su deber es, de hecho, el cumplimiento de todo lo que es inherente a él; es decir, lo que es posible para él. Es entonces cuando su deber se cumple. Los defectos del hombre durante su servicio se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de pasar por el juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a que puedan existir inconvenientes en su servicio son los más cobardes de todos. Si las personas no pueden expresar lo que deben expresar durante el servicio o lograr lo que por naturaleza es posible para ellas y, en cambio, pierden el tiempo y actúan mecánicamente, han perdido la función que un ser creado debe tener. A esta clase de personas se les conoce como “mediocres”; son desechos inútiles. ¿Cómo pueden esas personas ser llamadas apropiadamente seres creados? ¿Acaso no seres corruptos que brillan por fuera, pero que están podridos por dentro?

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

542. Hoy, lo que a vosotros se os exige lograr no son demandas extras sino el deber del hombre y lo que todas las personas deben hacer. Si no sois capaces ni siquiera de hacer vuestro deber, o de hacerlo bien, entonces, ¿no os estáis acarreando problemas? ¿No estáis cortejando a la muerte? ¿Cómo podéis todavía esperar tener un futuro y perspectivas? La obra de Dios se hace por el bien de la humanidad y la cooperación del hombre se entrega por el bien de la gestión de Dios. Después de que Dios haya hecho todo lo que le corresponde hacer, al hombre se le exige ser pródigo en su práctica y cooperar con Dios. En la obra de Dios, el hombre no debe escatimar esfuerzos, debe ofrecer su lealtad y no debe darse el gusto de tener numerosas nociones o sentarse pasivamente y esperar la muerte. Dios se puede sacrificar por el hombre, así que, ¿por qué el hombre no le puede ofrecer a Dios su lealtad? Dios es de un corazón y de una mente con el hombre, así que, ¿por qué el hombre no puede ofrecer un poco de cooperación? Dios obra para la humanidad, así que, ¿por qué el hombre no puede llevar a cabo algo de su deber por el bien de la gestión de Dios? La obra de Dios ha llegado hasta aquí, pero vosotros veis pero no actuáis, escucháis pero no os movéis. ¿No son tales personas los objetos de perdición? Dios ya le ha dedicado Su todo al hombre, así que, ¿por qué hoy el hombre es incapaz de llevar a cabo su deber con ahínco? Para Dios, Su obra es Su prioridad y la obra de Su gestión es de suprema importancia. Para el hombre, poner en práctica las palabras de Dios y cumplir las exigencias de Dios son su primera prioridad. Todos vosotros deberíais entender esto.

Extracto de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

543. Quienes no llevan a cabo su deber se portan muy rebeldes con Dios, y le deben mucho, pero se dan la vuelta y arremeten contra Él diciendo que está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿Acaso no es esto el precursor para que sean eliminados y castigados? Las personas que no llevan a cabo su deber delante de Dios ya son culpables de los crímenes más atroces, para los cuales hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero tienen el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a semejantes personas? Cuando las personas fracasan en cumplir con su deber, deben sentirse culpables y en deuda; deben aborrecer su debilidad e inutilidad, su rebeldía y su corrupción y, aún más, deben entregarle su vida a Dios. Sólo entonces son seres creados que aman verdaderamente a Dios, y sólo ese tipo de personas son dignas de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él las perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis llevado a cabo vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿Acaso no habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis discernir? ¿Qué tan leales sois a Mí? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué hay de todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿De quién podrían ser dignas vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro sea digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero vosotros albergáis intenciones malvadas y sois tibios conmigo. Ese es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que habéis fracasado rotundamente en llevar a cabo el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados seres creados? ¿No os queda claro qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la tolerancia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Las personas como vosotros, semejantes mediocres, sois totalmente indignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Sólo dificultades y un castigo interminable acompañarán vuestros días! Si no podéis ser fieles a Mí, vuestro destino será el sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestro destino será el castigo. Ni la gracia, ni las bendiciones ni la vida maravillosa del reino tendrán algo que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis tener y es una consecuencia de vuestras propias acciones!

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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