C. Acerca de la santidad de Dios

272. “La santidad de Dios” significa que la esencia de Dios no tiene mácula, que el amor de Dios es desinteresado, que todo lo que le proporciona al hombre es desinteresado, y la santidad de Dios es intachable e irreprochable. Estos aspectos de la esencia de Dios no son sólo palabras que Él usa para hacer alarde de Su estatus, sino que Dios utiliza Su esencia para tratar a todos y cada uno de los individuos con una serena sinceridad. En otras palabras, la esencia de Dios no está vacía ni es teórica o doctrinal, y desde luego no es una especie de conocimiento. No es una especie de educación para el hombre; en su lugar es la verdadera revelación de las propias acciones de Dios y la esencia revelada de lo que Dios tiene y es.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

273. ¿A qué se refiere la santidad de Dios de la que hablo? Pensad en ello un segundo. ¿Es la santidad de Dios Su autenticidad? ¿Es la santidad de Dios Su fidelidad? ¿Es la santidad de Dios Su abnegación? ¿Es Su humildad? ¿Su amor por el hombre? Dios otorga libremente la verdad y la vida al hombre, ¿es esta Su santidad? (Sí). Todo lo que Dios revela es único y no existe dentro de la humanidad corrupta y tampoco puede ser visto en ella. Ni durante el proceso de la corrupción del hombre por parte de Satanás ni en el carácter corrupto de Satanás, ni en su esencia o en su naturaleza se puede ver el menor rastro de ello. Todo lo que Dios tiene y es, es único; sólo Dios mismo tiene y posee este tipo de esencia. […] La esencia de la santidad es el verdadero amor, pero más aún, es la esencia de la verdad, la justicia y la luz. La palabra “santo” sólo es adecuada cuando se aplica a Dios; nada en la creación es merecedor de ser llamado “santo”. El hombre debe entender esto.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

274. “Y Jehová Dios le ordenó y le dijo: De cada árbol del jardín puedes comer libremente, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y el mal porque el día que comas de él, definitivamente morirás”.* ¿Qué importancia tiene el mandamiento que Dios le dio al hombre en este pasaje? Primeramente, Dios le indica al hombre lo que puede comer, es decir, los frutos de muchos tipos de árboles. No existe peligro ni veneno; se puede comer de todo con libertad, como el hombre desee, libre de preocupaciones y dudas. Esta es una parte del mandamiento de Dios. La otra parte es una advertencia. Esta advertencia le dice al hombre que él no debe comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Qué ocurrirá si come de este árbol? Dios le dijo al hombre: Si comes de él, ciertamente morirás. ¿Acaso no son directas estas palabras? Si Dios te dijera esto, pero no entendieras por qué, ¿tratarías Sus palabras como una norma o un mandato que se ha de seguir? Tales palabras deben obedecerse, ¿verdad? Pero pueda o no obedecer el hombre, las palabras de Dios son inequívocas. Dios le dijo al hombre con toda claridad lo que podía comer y lo que no, y qué sucedería si comía lo que no podía comer. En estas breves palabras que pronunció Dios, ¿puedes ver algo del carácter de Dios? ¿Son ciertas estas palabras de Dios? ¿Hay algún engaño? ¿Hay alguna falsedad? ¿Hay intimidación? (No). Dios le dijo al hombre con honestidad, veracidad y sinceridad lo que podía comer y lo que no, Dios habló clara y directamente. ¿Existe algún significado oculto en estas palabras? ¿Acaso no son directas? ¿Hay alguna necesidad de conjeturas? (No). No hay necesidad de adivinanzas. Su sentido es obvio a primera vista. Al leerlas, uno tiene totalmente claro su significado. Es decir, lo que Dios quiere decir y expresar sale de Su corazón. Las cosas que Dios expresa son limpias, directas y claras. No hay motivos encubiertos ni significados ocultos. Él le habla al hombre directamente, le dice qué puede comer y qué no. Es decir, por medio de estas palabras de Dios el hombre puede ver que Su corazón es transparente y verdadero. No hay aquí rastro de falsedad; no es que te diga que no puedas comer lo que es comestible ni te proponga “Hazlo a ver qué ocurre” con cosas que no puedes comer. No es esto lo que Él quiere decir. Lo que Dios piensa en Su corazón, eso es lo que Él dice.

Extracto de ‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”

275. Dios creó al hombre y, desde entonces, siempre ha guiado la vida de la humanidad. Ya sea concediéndole bendiciones a la humanidad, creando leyes y mandamientos para el hombre o estipulando las diversas normas para la vida, ¿sabéis cuál es el objetivo deseado de Dios al hacer estas cosas? En primer lugar, ¿podéis decir con certeza que todo lo que Él hace es por el bien de la humanidad? Estas palabras pueden pareceros grandilocuentes y huecas, pero examinando los detalles internos ¿acaso lo único que pretende Dios no es dirigir y guiar al hombre hacia vivir una vida normal? Ya sea causando que el hombre observe Sus normas o guarde Sus leyes, el objetivo de Dios es que el hombre no caiga en la adoración a Satanás y no sea dañado por este. Es lo más fundamental y fue lo que se hizo en el principio mismo. En ese momento, cuando el hombre no entendió la voluntad divina, Él creó algunas leyes y normas sencillas y formuló reglas que cubrieran todo asunto concebible. Estas reglas son sencillas, pero en ellas se contiene la voluntad de Dios. Él aprecia, valora y ama tiernamente a la humanidad. ¿No es este el caso? (Sí). ¿Podemos decir, pues, que Su corazón es santo? ¿Podemos decir que Su corazón es limpio? (Sí). ¿Tiene Dios intenciones adicionales? (No). ¿Es, pues, Su objetivo correcto y positivo? (Sí). En el transcurso de la obra de Dios, todas las normas que ha creado tienen un efecto positivo en el hombre y dirigen el camino de este. ¿Existen entonces algunos pensamientos egoístas en la mente de Dios? ¿Tiene Dios algunos objetivos adicionales en lo que al hombre respecta? ¿Quiere usar al hombre de alguna manera? (No). En absoluto. Dios hace lo que dice, y Sus palabras y acciones se corresponden con los pensamientos en Su corazón. No hay propósito mancillado ni pensamientos egoístas. Nada de lo que hace es para sí mismo; todo lo que hace es para el hombre, sin objetivos privados. Aunque tiene planes e intenciones, que deposita sobre el hombre, nada de ello es para Él mismo. Todo lo que lleva a cabo es puramente para la humanidad, para protegerla, para impedir que se desvíe. ¿Acaso no es precioso Su corazón? ¿Puedes ver el más diminuto indicio de tan precioso corazón en Satanás? No puedes ver el menor rastro de esto en Satanás. Todo lo que Dios hace se revela de forma natural. Ahora, observemos la forma en que Dios obra, ¿cómo hace Su obra? ¿Toma Dios estas leyes y Sus palabras y las anuda firmemente en la cabeza de cada persona como el hechizo de la cinta apretada,[a] imponiéndoselas a todos y cada uno de los hombres? ¿Obra Él de ese modo? (No). ¿De qué forma realiza Dios, pues, Su obra? (Él nos guía. Él nos aconseja y alienta). ¿Acaso amenaza? ¿Se anda con rodeos cuando os habla? (No). Cuando tú no entiendes la verdad, ¿cómo te guía Dios? (Hace brillar una luz). Hace brillar una luz sobre ti, te dice con claridad que esto no está en armonía con la verdad y entonces Él te dice lo que deberías hacer. A partir de estas maneras en las que Dios obra, ¿qué tipo de relación sientes que tienes con Él? ¿Sientes que Dios está fuera de tu alcance? (No). Entonces, ¿cómo te sientes cuando ves la manera en la que obra Dios? Dios está excepcionalmente cerca de ti, no hay distancia entre Dios y tú. Cuando Dios te guía, cuando Él provee para ti, te ayuda y te apoya, sientes la amabilidad de Dios, la reverencia que inspira; sientes lo hermoso que es, sientes Su calidez. Pero cuando Dios te reprocha tu corrupción o cuando Él te juzga y te disciplina por rebelarte contra Él, ¿qué método usa Dios? ¿Te hace reproches con palabras? ¿Te disciplina a través de tu entorno, de personas, asuntos y cosas? (Sí). ¿Hasta qué punto te disciplina Dios? ¿Disciplina Dios al hombre en el mismo grado que Satanás lo daña? (No, Dios disciplina al hombre solo hasta un punto que el hombre puede soportar). Dios obra de un modo amable, delicado, amoroso y afectuoso, de una manera extraordinariamente medida y adecuada. Sus formas no te causan intensas reacciones emocionales como: “Dios debe dejarme hacer esto” o “Dios debe dejarme hacer aquello”. Dios nunca te da esa clase de intensidad mental o emocional que vuelve las cosas insoportables. ¿No es así? Incluso cuando aceptas las palabras de juicio y castigo de Dios, ¿cómo te sientes entonces? Cuando sientes la autoridad y el poder de Dios, ¿cómo te sientes? ¿Sientes que Dios es divino e inviolable? (Sí). ¿Sientes la distancia entre Dios y tú en esos momentos? ¿Sientes el temor de Dios? No, en su lugar, sientes temerosa reverencia hacia Dios. ¿Acaso no sienten las personas todas estas cosas debido a la obra de Dios? ¿Tendrían estos sentimientos si fuera Satanás el que obrara en el hombre? (No). Dios usa Sus palabras, Su verdad y Su vida para proveer continuamente para el hombre, para sostener al hombre. Cuando el ser humano es débil, cuando se siente desanimado, ciertamente Dios no habla con aspereza, no dice: “No te sientas desanimado. ¿Qué razón hay para el desánimo? ¿Por qué eres débil? ¿Qué motivo hay para serlo? ¡Eres siempre tan débil y negativo! ¿De qué te vale vivir? ¡Muérete ya y acaba con todo!”. ¿Obra Dios de esta forma? (No). ¿Tiene Dios la autoridad de actuar de esta forma? (Sí). Pero Dios no actúa de este modo. La razón por la que Dios no actúa así es por Su esencia, la esencia de la santidad de Dios. Su amor por el hombre, Su aprecio y Su valoración del hombre no pueden expresarse con claridad en sólo una o dos frases. No es algo producido por la jactancia del hombre, sino algo que Dios produce en la práctica real; es la revelación de la esencia de Dios. ¿Pueden provocar todas estas formas de obrar de Dios que el hombre vea Su santidad? En todas estas maneras de obrar de Dios, incluidas Sus buenas intenciones, los efectos que Dios desea obrar en el hombre, los distintos modos que Dios adopta para obrar en el hombre, el tipo de obra que hace, lo que quiere que el hombre entienda, ¿has visto alguna maldad o astucia en las buenas intenciones de Dios? (No). Por tanto, en todo lo que Dios hace, todo lo que dice, todo lo que piensa en Su corazón, así como toda Su esencia que Él revela, ¿podemos llamar a Dios santo? (Sí). ¿Ha visto el hombre alguna vez esta santidad en el mundo o en sí mismo? Aparte de Dios, ¿la has visto alguna vez en algún ser humano o en Satanás? (No). Según lo que hemos hablado hasta este momento, ¿podemos denominar a Dios como el único y santo Dios mismo? (Sí). Todo lo que Dios le da al hombre, incluidas las palabras de Dios, las distintas formas en las que Dios obra en el hombre, lo que Dios le dice al hombre, lo que Él le recuerda, lo que Él aconseja y alienta, todo se origina en una esencia: en la santidad de Dios. Si no hubiera Dios tan santo, ningún hombre podría ocupar Su lugar para realizar la obra que Él hace.

Extracto de ‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”

276. En el estado actual de la obra de Dios en estos, los últimos días, Él ya no otorga gracia más y bendiciones al hombre como hacía antes, y tampoco persuade al hombre para que siga adelante. Durante esta etapa de la obra, ¿qué ha visto el hombre de todos los aspectos de la obra de Dios que ha experimentado? El hombre ha contemplado el amor de Dios y Su juicio y Su castigo. Durante ese periodo de tiempo, Dios provee, respalda, esclarece y guía al hombre, para que poco a poco llegue a conocer Sus intenciones, las palabras que pronuncia y la verdad que Él le confiere. Cuando el hombre es débil, cuando está desanimado y no tiene dónde acudir, Dios usará Sus palabras para consolarlo, aconsejarlo y alentarlo, de manera que la pequeña estatura del hombre pueda fortalecerse progresivamente, ascender en positividad y que esté dispuesto a colaborar con Dios. Sin embargo, cuando el hombre le desobedece o se resiste a Él, o cuando revela su propia corrupción, Dios no mostrará misericordia alguna al castigar y disciplinar al hombre. No obstante, Dios mostrará tolerancia y paciencia hacia la necedad, la ignorancia, la debilidad y la inmadurez del hombre. De esta forma, a través de toda la obra que Dios hace por el hombre, este madura y crece poco a poco, y llega a conocer las intenciones de Dios, llega a conocer ciertas verdades, llega a saber qué cosas son las positivas y cuáles las negativas, a saber qué es el mal y la oscuridad. Dios no toma el único camino de siempre castigar y disciplinar al hombre, pero tampoco muestra siempre tolerancia y paciencia. Más bien provee para cada persona de formas distintas en sus etapas diferentes, y según su estatura y su calibre diferentes. Hace muchas cosas por el hombre y a un precio elevado; el hombre no percibe nada de estas cosas ni de ese precio, pero, en la práctica, todo lo que Él lleva a cabo se realiza realmente en cada persona individual. El amor de Dios es práctico: por medio de la gracia de Dios, el hombre evita un desastre tras otro, y mientras tanto Dios muestra tolerancia una y otra vez por las debilidades del hombre. El juicio y el castigo divinos permiten que las personas lleguen a conocer gradualmente la corrupción y la esencia satánica de la humanidad. Lo que Dios provee, Su esclarecimiento y Su guía del hombre, todo permite que el ser humano conozca más y más la esencia de la verdad y que sepa cada vez más lo que el hombre necesita, qué camino debería tomar, para qué debería vivir, el valor y el significado de su vida y cómo recorrer la senda que tiene por delante. Todas estas cosas que Dios hace son inseparables de Su único propósito original. ¿Cuál es, pues, este propósito? ¿Por qué usa Dios estos métodos de llevar a cabo Su obra sobre el hombre? ¿Qué resultado quiere Él lograr? En otras palabras, ¿qué quiere Él ver en el ser humano? ¿Qué quiere conseguir de él? Lo que Dios quiere ver es que el corazón del hombre pueda revivir. Estos métodos que Él usa para obrar sobre el ser humano son un continuo esfuerzo para despertar el corazón del hombre, su espíritu, para permitirle al hombre entender de dónde viene, quién lo está guiando, respaldando, proveyendo para él, y quién le ha permitido vivir hasta el momento presente; son un medio para hacer entender al hombre quién es el Creador, a quién debería adorar, por qué tipo de senda debería caminar y de qué manera debería venir delante de Dios. Son un medio para revivir poco a poco el corazón del hombre, para que este conozca el corazón de Dios, lo entienda y comprenda el gran cuidado y pensamiento que hay detrás de Su obra para salvarle. Cuando el corazón del hombre ha revivido, ya no desea vivir con un carácter degenerado y corrupto, en lugar de eso desea buscar la verdad para satisfacer a Dios. Cuando el corazón del hombre ha despertado, entonces es capaz de arrancarse por completo del lado de Satanás. Ya no volverá a ser perjudicado por este ni controlado, ni engañado. En su lugar, el hombre puede colaborar proactivamente en la obra de Dios y en Sus palabras para satisfacer el corazón de Dios, alcanzando así el temer a Dios y apartarse del mal. Este es el propósito original de Su obra.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

277. En el largo transcurrir de la vida humana, casi todos los individuos se han encontrado en muchas situaciones peligrosas y se han enfrentado a muchas tentaciones. Esto se debe a que Satanás está a tu lado, con sus ojos constantemente fijos en ti. Cuando la catástrofe te golpea, Satanás se deleita en ello; cuando las calamidades caen sobre ti, cuando nada te va bien, cuando te enredas en su telaraña, Satanás disfruta mucho de tales cosas. En cuanto a lo que Dios está haciendo, Él está protegiéndote a cada momento que pasa, alejándote de una desgracia tras otra y de un desastre tras otro. Por esto afirmo que todo lo que el hombre tiene —paz, gozo, bendiciones y seguridad personal— está, en realidad, bajo el control de Dios; Él guía y decide el destino de cada individuo. ¿Pero tiene Dios una noción inflada de Su posición, como dicen muchos? ¿Te declara Dios “Yo soy el mayor de todos. Soy Yo quien me ocupo de vosotros. Todos vosotros tenéis que suplicarme misericordia, y la desobediencia se castigará con la muerte”? ¿Ha amenazado Dios alguna vez así a la humanidad? (No). ¿Ha afirmado alguna vez, “La humanidad está corrompida, por ello no importa cómo la trate, se la puede tratar de cualquier manera; no necesito hacer ningún arreglo resonante para ellos”? ¿Piensa Dios así? ¿Ha actuado Dios de este modo? (No). Por el contrario, el trato que Dios da a todas y cada una de las personas es sincero y responsable. Te trata de manera más responsable de lo que tú te tratas a ti mismo. ¿No es así? Dios no habla en vano ni alardea de Su elevada posición, tampoco engaña a la gente a la ligera. En cambio, hace con honestidad y en silencio las cosas que Él mismo ha de hacer. Esas cosas producen bendiciones, paz y gozo al hombre. Lo conducen de un modo apacible y feliz ante la vista de Dios y a Su familia; después viven delante de Dios y aceptan Su salvación con el razonamiento y el pensamiento normales. ¿Ha sido, pues, Dios un hipócrita con el hombre en Su obra? ¿Ha hecho Él alguna vez una falsa demostración de bondad, engañando primero al hombre con unos cuantos cumplidos para luego darle la espalda? (No). ¿Ha afirmado Dios alguna vez una cosa y después ha hecho otra? ¿Ha hecho Dios alguna vez promesas vacías y se ha jactado, diciéndole a la gente que puede hacer esto por ellos o ayudarles con aquello para luego desaparecer? (No). No existe el engaño en Dios ni tampoco la falsedad. Dios es fiel, y Él es sincero en todo lo que hace. Él es el único con el que la gente puede contar; Él es el Dios al que la gente puede confiar sus vidas y todo lo que tiene. Ya que no hay engaño en Dios, ¿podríamos decir que Dios es el más sincero? (Sí). ¡Claro que sí! Aunque la palabra “sincero” es demasiado escasa, demasiado humana cuando se aplica a Dios, ¿qué otra palabra podemos usar? Estos son los límites del lenguaje humano. Aunque no es apropiado llamar a Dios “sincero”, usaremos esta palabra por el momento. Dios es fiel y sincero. Así que cuando hablamos de estos aspectos, ¿a qué nos referimos? ¿Nos referimos a las diferencias entre Dios y el hombre y a las diferencias entre Dios y Satanás? Sí, podríamos decir eso. Esto se debe a que el hombre no encuentra ni rastro del carácter corrupto de Satanás en Dios. ¿Estoy en lo cierto al decir esto? ¿Amén? (¡Amén!). No vemos nada de la maldad de Satanás revelada en Dios. Todo lo que Dios hace y revela es totalmente beneficioso y ayuda al hombre, se hace enteramente para proveerlo, está lleno de vida y le da al hombre un camino a seguir y una dirección a tomar. Dios no es corrupto y, además, al mirar ahora todo lo que hace Dios, ¿podemos afirmar que Él es santo? (Sí). Puesto que Dios no tiene nada de la corrupción de la humanidad ni de ese mismo carácter corrupto, y tampoco tiene nada de la esencia de Satanás, y en Dios nada alberga semejanza alguna con estas cosas, desde este punto de vista podemos decir que Dios es santo. Dios no muestra ninguna corrupción, y la revelación de Su propia esencia en Su obra es la evidente confirmación de que Dios mismo es santo. ¿Lo veis? Para conocer la esencia santa de Dios, veamos de momento estos dos aspectos: 1) No hay ni un ápice de carácter corrupto en Dios; 2) la esencia de la obra de Dios en el hombre le permite a este ver la propia esencia de Dios, y esta es enteramente positiva. Porque las cosas que cada parte de obra de Dios trae al hombre son positivas. En primer lugar, Dios le exige al hombre que sea honesto; ¿no es esto una cosa positiva? Dios le da sabiduría al hombre; ¿no es esto positivo? Dios capacita al hombre para discernir entre el bien y el mal; ¿no es esto positivo? Permite que el hombre entienda el significado y el valor de la vida humana; ¿no es esto positivo? Le permite al hombre ver a través de la esencia de las personas, de los eventos y de las cosas de acuerdo con la verdad; ¿no es esto positivo? (Sí, lo es). Y el resultado de todo esto es que el hombre deja de ser engañado por Satanás, ya no volverá a ser dañado ni controlado por Satanás. En otras palabras, estas cosas permiten que las personas se liberen por completo de la corrupción de Satanás y que, por tanto, caminen poco a poco por la senda del temor de Dios y de apartarse del mal.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

278. Nunca veréis que Dios tenga opiniones sobre las cosas parecidas a las de los seres humanos, ni tampoco le veréis usar los puntos de vista de la humanidad, su conocimiento, su ciencia, su filosofía o la imaginación del hombre para encargarse de las cosas. En su lugar, todo lo que Dios hace y todo lo que Él revela está relacionado con la verdad. Es decir, cada palabra que Él ha dicho y cada acción que ha llevado a cabo están atadas a la verdad. Esta verdad no es el producto de una fantasía sin base; esta verdad y estas palabras son expresadas por Dios debido a Su esencia y Su vida. Como estas palabras y la esencia de todo lo que Dios ha hecho son la verdad, podemos afirmar que la esencia de Dios es santa. En otras palabras, todo lo que Dios dice y hace aporta vitalidad y luz a las personas; les permite ver cosas positivas y la realidad de las mismas, y le señala el camino a la humanidad para que pueda andar por la senda correcta. Todas estas cosas se determinan por la esencia de Dios y la esencia de Su santidad.

Extracto de ‘Dios mismo, el único V’ en “La Palabra manifestada en carne”

279. Cuando llegas a entender la santidad de Dios, entonces puedes creer realmente en Él, cuando llegas a entender la santidad de Dios, puedes comprender de verdad el verdadero significado de las palabras “Dios Mismo, el Único”. Ya no fantasearás pensando que existen otras sendas diferentes a esta por las que podrías escoger caminar, ni estarás dispuesto a traicionar todo lo que Dios ha dispuesto para ti. Al ser santa la esencia de Dios, esto significa que sólo por medio de Dios puedes recorrer la senda justa de la luz; sólo por medio de Dios puedes conocer el significado de la vida, sólo por medio de Dios puedes vivir la humanidad real y tanto poseer como conocer la verdad. Sólo por medio de Dios puedes obtener vida de la verdad. Sólo Dios mismo puede ayudar al hombre a apartarse del mal y librarse del daño y del control de Satanás. Aparte de Dios, nadie ni nada puede salvarte del mar de sufrimiento, para que dejes de sufrir. Esto queda determinado por la esencia de Dios. Sólo Él mismo te salva tan desinteresadamente; sólo Él es responsable en última instancia por tu futuro, tu destino y tu vida, y Él lo dispone todo para ti. Esto es algo que nada creado o no creado puede conseguir. Porque nada creado o no creado posee una esencia igual a la esencia de Dios, ninguna persona o cosa tiene la capacidad de salvarte o dirigirte. Esta es la importancia de la esencia de Dios para el hombre.

Extracto de ‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”

Nota al pie:

a. El “hechizo de la cinta apretada” lo utilizaba el monje Tang Sanzang en la novela china Viaje a Occidente. Utiliza este hechizo para controlar a Sun Wukong presionando una cinta metálica alrededor de la cabeza de este último, lo que le provocaba fuertes dolores de cabeza y así podía controlarlo. Se ha convertido en una metáfora para describir algo que constriñe a una persona.

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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