B. Acerca del carácter justo de Dios
554. En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, en el que revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a la miríada de pueblos y perfecciona a aquellos que le aman sinceramente. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se ordenan según su tipo y se dividen en diferentes categorías sobre la base de sus distintas cualidades. Este es precisamente el momento en el que Dios revela los finales y los destinos de las personas. Si estas no experimentan el castigo y el juicio, su rebeldía y su injusticia no se pueden dejar en evidencia. Solo mediante el juicio y castigo se pueden revelar los finales de todas las cosas. Las personas solo muestran lo que son realmente cuando las castigan y juzgan. El mal se clasificará en el mal, el bien en el bien, y toda la gente será ordenada según su tipo. A través del castigo y del juicio se revelarán los finales de todas las cosas, de forma que los malos sean castigados y los buenos recompensados, y la miríada de personas se rinda ante el dominio de Dios. Toda esta obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción de las personas ha alcanzado su punto culminante y su rebeldía es extremadamente grave, solo el carácter justo de Dios, que se compone principalmente de castigo y juicio y se revela durante los últimos días, puede totalmente transformar y hacer completas a las personas y revelar el mal, y de esta forma todos los injustos serán castigados con severidad. Por tanto, un carácter como este está impregnado del significado de la era. El carácter de Dios es revelado y desvelado en aras de la obra de cada nueva era. Dios no revela Su carácter de manera arbitraria y sin sentido. Suponed que, durante los últimos días de la revelación de los finales de las personas, Dios siguiera amándolas con misericordia y benevolencia infinitas y continuara siendo amoroso hacia ellas, sin someterlas a un juicio justo, sino demostrándoles indulgencia, paciencia y perdón, y las absolviera por muy graves que fueran sus pecados, sin un atisbo de juicio justo. ¿Cuándo concluiría entonces toda la gestión de Dios? ¿Cuándo podría un carácter así guiar a la gente al destino apropiado de la especie humana? Esto se puede asemejar a un juez que siempre es amoroso hacia las personas, un juez amoroso con una cara amable y un corazón benévolo, que ama a las personas sin importar qué crímenes hayan cometido y les muestra amor y tolerancia sin importar quiénes sean, ¿cuándo podría un juez tal alcanzar un veredicto justo? Durante los últimos días, solo el juicio justo puede ordenar a las personas según su tipo y llevarlas a una nueva esfera. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
555. Mi nombre se proclamará de casa en casa por todas las naciones y en todos los lugares, y lo gritará la boca de adultos y niños por igual en el mundo-universo; esto es una verdad absoluta. Yo soy el único Dios mismo; y más aún, Yo soy la única y exclusiva persona de Dios. Incluso más, Yo, la totalidad de la carne, soy la manifestación completa de Dios. Cualquiera que se atreva a no temerme, cualquiera que ose oponerse a Mí con sus ojos y cualquiera que se atreva a oponerse a Mí con sus labios morirá ciertamente por Mis maldiciones y Mi ira. (Habrá maldiciones debido a Mi ira). Además, cualquiera que se atreva a no ser leal o filial hacia Mí, y cualquiera que ose intentar engañarme, morirá sin duda por Mi odio. Mi justicia, Mi majestad y Mi juicio perdurarán eternamente y para siempre. Al principio fui amoroso y misericordioso, pero este no es el carácter de Mi divinidad completa; solo la justicia, la majestad y el juicio son Mi carácter: el carácter del Dios mismo completo. Durante la Era de la Gracia fui amoroso y misericordioso. Dada la obra que tenía que terminar, poseía benevolencia y misericordia; después, sin embargo, ya no hubo necesidad de tales cosas (y no ha habido ninguna desde entonces). Todo es justicia, majestad y juicio, y este es el carácter completo de Mi humanidad normal junto con Mi divinidad completa.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 79
556. Para entender el carácter justo de Dios, se debe entender primero Su alegría, ira, pena y felicidad: lo que Él odia, lo que aborrece, lo que ama, con quién es tolerante y misericordioso, así como a qué tipo de persona concede misericordia. Este es un punto principal. Además, se debe entender que no importa cuánto ame Dios al hombre, no importa cuánta misericordia y cuánta benevolencia les conceda a las personas, la identidad y el estatus de Dios no toleran la ofensa de ninguna persona, como tampoco lo hace Su dignidad. Aunque Él ama a las personas, no las consiente. Les da Su amor, Su misericordia y Su tolerancia, pero nunca las mima. Dios tiene Sus principios y Sus límites. Con independencia de cuánto amor sientas que Dios te ha dado, de lo profundo que te parezca ese amor, no debes tratar nunca a Dios como si fuera un ser humano. Si bien es cierto que Él trata a las personas como Sus más amados, si ves a Dios como humano, como un ser humano que equivale a un ser creado, o como un amigo o un objeto de idolatría, Él ocultará Su rostro de ti y te abandonará. Ese es Su carácter, y no se permite que ninguna persona tome este asunto a la ligera. Así pues, a menudo vemos palabras como estas pronunciadas por Dios acerca de Su carácter: no importa cuánto hayáis viajado, cuánto hayáis trabajado ni cuánto sufrimiento hayáis soportado, si ofendéis el carácter de Dios, se impondrá a cada uno de vosotros Su retribución con base en lo que hayáis hecho. Esto significa que Dios trata a las personas como Sus más amados, pero tú no debes tratarlo como un amigo o un pariente. No trates a Dios como tu colega. Por mucho que sientas que Dios te ama y tiene tolerancia contigo, nunca debes tratarlo como tu amigo. Este es el carácter justo de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VII
557. La intolerancia de Dios a la ofensa es Su esencia única; la ira de Dios es Su carácter único; la majestad de Dios es Su esencia única. El principio detrás del enfado de Dios es la representación de Su identidad y estatus, los cuales solo Él posee. Huelga decir que este principio es también un símbolo de la esencia del único Dios mismo. El carácter de Dios es Su propia esencia inherente, la cual no cambia en absoluto con el paso del tiempo ni se altera con los cambios de ubicación geográfica. Su carácter inherente es Su esencia intrínseca. Independientemente de en quién lleve a cabo Su obra, Su esencia no cambia y tampoco lo hace Su carácter justo. Cuando uno enfurece a Dios, lo que Dios manifiesta es Su carácter inherente; en este momento el principio detrás de Su enfado no cambia, ni tampoco lo hacen Su identidad y estatus únicos. Él no se enfada debido a un cambio en Su esencia o porque surjan elementos diferentes en Su carácter, sino porque la oposición del hombre contra Él ofende Su carácter. La flagrante provocación del hombre a Dios es un grave desafío a la propia identidad y estatus de Dios. A ojos de Dios, cuando el hombre lo desafía, el hombre está enfrentándose a Él y tentando Su cólera. Cuando el hombre se opone a Dios, cuando el hombre se enfrenta a Dios, cuando el hombre tienta continuamente la cólera de Dios, es precisamente entonces cuando el pecado campa a sus anchas; en tales momentos, la ira de Dios se revelará y presentará de forma natural. Por tanto, el desencadenamiento de la ira de Dios es un símbolo de que todas las fuerzas malvadas dejarán de existir y es un símbolo de que todas las fuerzas hostiles serán destruidas. Esta es la unicidad del carácter justo de Dios y de la ira de Dios. Cuando se desafían la dignidad y la santidad de Dios, cuando se obstruyen las fuerzas de la rectitud y el hombre no las ve, este es precisamente el momento en el que Dios desatará Su ira. Debido a la esencia de Dios, todas esas fuerzas en la tierra que se enfrentan a Dios, son antagónicas a Él y tratan de competir con Él son malvadas, corruptas e injustas; provienen de Satanás y son propias de Satanás. Debido a que Dios es recto, de la luz, santo e inmaculado, todas las cosas malvadas, corruptas y propias de Satanás se desvanecerán cuando se desate la ira de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
558. Cuando Dios desata Su cólera, las fuerzas malvadas se ven frenadas y las cosas malvadas son destruidas, mientras que las cosas rectas y positivas reciben el cuidado y la protección de Dios y se les permite continuar. Dios desata Su ira porque las cosas injustas, negativas y malvadas obstruyen, perturban o destruyen la actividad y el desarrollo normales de las cosas rectas y positivas. El propósito del enfado de Dios no es salvaguardar Su propio estatus e identidad, sino salvaguardar la existencia de las cosas rectas, positivas, hermosas y buenas, salvaguardar las leyes y reglas de la existencia normal de la humanidad. Esta es la causa principal de la ira de Dios. La cólera de Dios es una revelación muy apropiada, natural y verdadera de Su carácter. No hay motivos ocultos en Su cólera ni hay astucia ni conspiración y mucho menos los deseos, el engaño, la malicia, la violencia, la perversidad o cualquier otro de los rasgos que comparte la humanidad corrupta. Antes de que Dios desate Su ira, Él ya ha percibido la esencia de cada asunto con bastante claridad y ya ha formulado definiciones y conclusiones precisas y claras respecto a cada asunto. Por tanto, el objetivo de Dios en todo lo que hace es sumamente claro, al igual que Su actitud. Él no es atolondrado, ciego, impulsivo ni arbitrario y ciertamente no carece de principios. Este es el aspecto práctico de la ira de Dios y, debido a este, la humanidad puede vivir con normalidad. Sin la ira de Dios, la humanidad descendería a unas condiciones de vida precarias y todas las cosas rectas, hermosas y buenas serían destruidas y dejarían de existir. Sin la ira de Dios, las leyes y reglas de existencia para los seres creados se romperían o incluso se subvertirían por completo. Desde la creación del hombre, Dios ha usado continuamente Su carácter justo para salvaguardar y sustentar la existencia normal de la humanidad. Debido a que Su carácter justo contiene ira y majestad, todas las personas, cosas y acontecimientos malvados, así como todas las cosas que perturban y dañan la existencia normal de la humanidad, son castigados, controlados y destruidos como resultado de Su ira. Durante los últimos milenios, Dios ha usado continuamente Su carácter justo para derribar y destruir a toda clase de espíritus inmundos y espíritus malignos que se oponen a Dios y actúan como cómplices y sirvientes de Satanás en la obra de Dios de gestionar a la humanidad. Por tanto, la obra de Dios de la salvación del hombre siempre ha avanzado de acuerdo con Su plan. Es decir, debido a la existencia de la ira de Dios, la causa más recta entre la especie humana nunca ha sido destruida.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
559. El trato de Dios hacia toda la humanidad, por necia e ignorante que esta sea, es principalmente de misericordia e indulgencia. Su ira, por otro lado, se mantiene oculta y es desconocida para el hombre la inmensa mayoría del tiempo y en la inmensa mayoría de los acontecimientos. Como resultado, es difícil para el hombre ver la expresión de la ira de Dios y también le resulta difícil entender Su ira. Por tanto, el hombre toma a la ligera la ira de Dios. Cuando las personas se enfrentan a la obra y el paso finales de Dios de mostrar indulgencia y eximir al hombre —es decir, cuando la última instancia de misericordia de Dios y Su última advertencia llegan a las personas—, si estas siguen usando los mismos métodos para oponerse a Dios y no se arrepienten, no cambian de rumbo ni aceptan Su misericordia en absoluto, entonces Dios ya no les concederá Su indulgencia y paciencia. Por el contrario, Dios retirará Su misericordia en este momento. Después de esto, Él solo desatará Su ira. Él puede expresar Su ira de diferentes maneras, al igual que puede usar diferentes métodos para castigar y destruir a las personas.
Dios usó el fuego para destruir la ciudad de Sodoma. A ojos de Dios, este es el método más rápido para aniquilar por completo a una humanidad o a cualquier otra cosa. Quemar a las personas de Sodoma no fue solo para destruir sus cuerpos físicos, sino aún más para destruir la totalidad de sus espíritus, sus almas y sus cuerpos, asegurando que las personas dentro de la ciudad dejaran de existir tanto en el mundo material como en el mundo que es invisible para el hombre. Esta es una manera en la que Dios revela y expresa Su ira. Esta manera de revelación y expresión es un aspecto de la esencia de la ira de Dios, al igual que, naturalmente, es también una revelación de la esencia del carácter justo de Dios. Cuando Dios desata Su ira, deja de revelar cualquier misericordia o benevolencia y tampoco muestra ya más de Su tolerancia o paciencia; no hay persona, cosa o razón que pueda persuadirlo para que siga siendo paciente, para que extienda Su misericordia de nuevo, para que conceda Su tolerancia una vez más. En lugar de estas cosas, sin un momento de demora, Dios expresa Su ira y majestad y hace lo que se propone; lo hace de una manera rápida y limpia, asegurándose de lograr el resultado que Él desea. Esta es la manera en la que Dios expresa Su ira y majestad, las cuales el hombre no debe ofender, y es también una manifestación de Su carácter justo. Cuando las personas ven a Dios mostrando preocupación y amor hacia el hombre, son incapaces de detectar Su ira, ver Su majestad o sentir Su intolerancia a la ofensa. Estas cosas han llevado a las personas a creer siempre erróneamente que el carácter justo de Dios es únicamente de misericordia, tolerancia y amor. Sin embargo, cuando uno ve a Dios destruir una ciudad o ve Su odio hacia una humanidad, Su cólera al destruir al hombre y Su majestad permiten a las personas ver el otro lado de Su carácter justo, que es la intolerancia de Dios a la ofensa. El carácter de Dios que no tolera ofensa sobrepasa la imaginación de cualquier ser creado y, entre los seres no creados, ninguno es capaz de interferir con él ni de afectarlo; menos aún se puede fingir o imitar. Por tanto, este aspecto del carácter de Dios es el que la humanidad más debería conocer. Solo Dios mismo tiene esta clase de carácter, solo Él la posee. Dios posee esta clase de carácter justo porque odia la perversidad, la oscuridad, la rebeldía y las diversas acciones malvadas que Satanás ha cometido al corromper y devorar a la especie humana, porque odia todos los actos de pecado que se oponen a Él y por Su esencia santa e inmaculada. Debido a esto, Él no tolerará que ninguno de los seres creados o no creados se oponga o se enfrente a Él abiertamente. Incluso en el caso de un individuo al que Él hubiera mostrado misericordia una vez o al que hubiera escogido, basta con que provoque Su carácter y cometa una ofensa contra Sus principios de paciencia y tolerancia para que Dios desate y revele Su carácter justo que no tolera ofensa, sin la menor misericordia o vacilación.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
560. Aunque el derramamiento de la ira de Dios es un aspecto de la expresión de Su carácter justo, la ira de Dios no es en absoluto indiscriminada en cuanto a su objetivo y tampoco carece de principios. Al contrario, Dios no se enfurece rápido en absoluto, ni revela Su ira y Su majestad a la ligera. Además, la ira de Dios se controla y mide bastante; no es en absoluto comparable a cómo acostumbra el hombre a estallar de furia o dar rienda suelta a su ira. La Biblia registra muchas conversaciones entre el hombre y Dios. Las palabras de algunos de estos individuos involucrados en la conversación eran superficiales, ignorantes e infantiles, pero Dios no los mató ni los condenó. En particular, durante la prueba de Job, ¿cómo trató Jehová Dios a los tres amigos de Job y a los demás después de oír las palabras que hablaron a Job? ¿Los condenó? ¿Se enfureció con ellos? ¡No hizo nada semejante! En su lugar, Él le dijo a Job que rogase y orase por ellos, y Dios mismo no se tomó a pecho sus errores. Todos estos ejemplos representan la actitud principal con la que Dios trata a la humanidad, a pesar de lo corrupta e ignorante que esta es. Por tanto, la liberación de la ira de Dios no es en absoluto una expresión de Su ánimo ni es una forma de dar rienda suelta a Sus sentimientos. Contrariamente a la mala interpretación del hombre, la ira de Dios no es una erupción de furia completa. Dios no desata Su ira porque sea incapaz de controlar Su propio estado de ánimo o porque Su enojo haya alcanzado su punto de ebullición y deba ser descargado. Al contrario, Su ira es una muestra y una expresión genuina de Su carácter justo y es una revelación simbólica de Su esencia santa. Dios es ira, y Él no tolera que lo ofendan. Esto no quiere decir que el enfado de Dios no distinga entre causas o no tenga principios; la humanidad corrupta es la que tiene un derecho exclusivo de los estallidos de furia aleatorios y sin principios, una furia que no distingue entre causas. Una vez que una persona tiene estatus, a menudo le resulta difícil controlar sus emociones y, por eso, le gusta aprovecharse de oportunidades para descargar su insatisfacción y dar rienda suelta a sus emociones; a menudo se enfada sin motivo para alardear de su capacidad y hacer que otros sepan que su estatus e identidad son diferentes de los de los demás. Por supuesto, las personas corruptas, sin estatus alguno, también pierden a menudo el control de sus emociones. Su enojo con frecuencia es provocado por un daño a sus propios intereses. Con el fin de proteger su propio estatus y dignidad, frecuentemente dan rienda suelta a sus emociones y revelan su naturaleza arrogante. El hombre estalla de ira y descarga sus emociones a fin de defender la existencia del pecado, y estas acciones son las formas en las que el hombre expresa su insatisfacción; rebosan de impurezas; de conspiraciones e intrigas, de la corrupción y la perversidad del hombre y, más que otra cosa, rebosan de las ambiciones y los deseos del hombre. Cuando la rectitud choca con la perversidad, la furia del hombre no estalla en defensa de la existencia de la rectitud; al contrario, cuando las fuerzas de la rectitud son amenazadas, perseguidas y atacadas, la actitud del hombre es la de pasar por alto, evadirse o encogerse. Sin embargo, cuando se enfrenta a las fuerzas de la perversidad, la actitud del hombre es la del acomodo, la reverencia y la sumisión. Por tanto, el desahogo del hombre es un escape para las fuerzas perversas, una expresión de la conducta perversa descontrolada e imparable del hombre carnal. Cuando Dios envíe Su ira, sin embargo, todas las fuerzas perversas serán detenidas, todos los pecados que hacen daño al hombre serán refrenados, todas las fuerzas hostiles que obstruyen la obra de Dios serán reveladas, separadas y malditas, mientras que todos los cómplices de Satanás que se oponen a Dios serán castigados y erradicados. En su lugar, la obra de Dios continuará libre de cualquier obstáculo, el plan de gestión de Dios continuará desarrollándose paso a paso según lo planeado, y Satanás ya no perturbará ni desorientará al pueblo escogido de Dios, mientras que aquellos que siguen a Dios disfrutarán de Su liderazgo y Su provisión en entornos tranquilos y apacibles. La ira de Dios es la salvaguarda que impide que todas las fuerzas malvadas se multipliquen y actúen sin freno, y es también lo que garantiza que todas las cosas que son rectas y positivas puedan existir, propagarse y nunca ser erradicadas ni derrocadas.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
561. Al abordar cada uno de los actos de Dios, primero debes estar seguro de que el carácter justo de Dios está libre de cualquier adulteración, de que es santo e impecable. Estos actos incluyen el derribo, el castigo y la destrucción de la humanidad por parte de Dios. Sin excepción, cada uno de los actos de Dios se expresa exactamente de acuerdo con Su carácter inherente y Su plan. No incluyen ninguna parte del conocimiento, la tradición y la filosofía de la humanidad y, en su lugar, son expresiones íntegras del carácter y la esencia de Dios, sin relación con nada que pertenezca a la humanidad corrupta. La especie humana tiene la noción de que solo el amor, la misericordia y la indulgencia de Dios hacia la humanidad son impecables, no están adulterados y son santos; nadie sabe que la cólera de Dios y Su ira igualmente no están adulterados; es más, nadie ha contemplado cuestiones tales como por qué Dios no tolera ofensa o por qué Su cólera es tan grande. Por el contrario, algunos confunden la ira de Dios con un mal genio, como el de la humanidad corrupta, y malinterpretan el enfado de Dios como si fuera el mismo enfado que el de la humanidad corrupta. Incluso asumen erróneamente que el enfado de Dios es igual que la revelación natural de las actitudes corruptas de la humanidad. Creen erróneamente que el desencadenamiento de la ira de Dios es igual que el enfado de las personas corruptas cuando se enfrentan a alguna situación infeliz, hasta el punto de creer equivocadamente que el desencadenamiento de la ira de Dios es también una expresión de Su estado de ánimo. Después de esta enseñanza, espero que cada uno de vosotros deje de tener conceptos erróneos, figuraciones o especulaciones respecto al carácter justo de Dios. Espero que, después de oír Mis palabras, podáis tener un verdadero reconocimiento en vuestro corazón de la ira del carácter justo de Dios, que podáis dejar de lado cualquier entendimiento falaz previo de la ira de Dios, así como que podáis cambiar vuestras propias creencias y opiniones equivocadas sobre la esencia de la ira de Dios. Es más, espero que podáis tener una definición precisa del carácter de Dios en vuestro corazón, que ya no tengáis ninguna duda en cuanto al carácter justo de Dios y que no impongáis ningún razonamiento o figuración humana al verdadero carácter de Dios. El carácter justo de Dios es la propia esencia verdadera de Dios. No es algo creado o escrito por el hombre. Su carácter justo es Su carácter justo y no tiene relación ni conexión con los seres creados. Dios mismo es Dios mismo y nunca se convertirá en un ser creado. Incluso si se convierte en un miembro de los seres creados, Su carácter inherente y Su esencia no cambiarán. Por tanto, conocer a Dios no es lo mismo que conocer un objeto; conocer a Dios no es diseccionar algo, ni es lo mismo que entender a una persona. Si usas tu concepto o método de conocer un objeto o entender a una persona para conocer a Dios, entonces nunca serás capaz de alcanzar el conocimiento de Dios. Conocer a Dios no puede depender de la experiencia o las figuraciones y, por tanto, nunca debes imponer tu experiencia o tus figuraciones a Dios. Por muy ricas que sean tu experiencia y tus figuraciones, siguen siendo limitadas. Es más, tus imaginaciones no se ajustan a los hechos y mucho menos a la verdad; son incompatibles con el verdadero carácter y la esencia de Dios. Nunca tendrás éxito si dependes de tus figuraciones para entender la esencia de Dios. La única senda es esta: acepta todo lo que proviene de Dios, y luego experiméntalo y conócelo gradualmente. Habrá un día en el que Dios te esclarecerá para que lo entiendas y lo conozcas de verdad debido a tu cooperación y debido a tu hambre y sed de la verdad.
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562. Dios nunca está indeciso o inseguro en Sus acciones; los principios y propósitos detrás de Sus actos son todos claros y transparentes, puros y perfectos, sin contener ninguna estratagema o artimaña entretejida en su interior. En otras palabras, la esencia de Dios no contiene tinieblas ni perversidad. Dios se enojó con los ninivitas debido a que sus acciones malvadas habían llegado ante Sus ojos; en ese momento Su ira derivaba de Su esencia. Sin embargo, cuando la ira de Dios se disipó y Él concedió Su tolerancia sobre el pueblo de Nínive una vez más, todo lo que Él reveló era aún Su propia esencia. La totalidad de este cambio se debía a un cambio en la actitud del hombre hacia Dios. Durante todo este período de tiempo, el carácter de Dios que no se puede ofender no cambió, la esencia tolerante de Dios no cambió, y la esencia amorosa y misericordiosa de Dios no cambió. Cuando las personas cometen actos malvados y ofenden a Dios, Él trae Su ira sobre ellas. Cuando las personas se arrepienten verdaderamente, el corazón de Dios cambia, y Su ira cesa. Cuando las personas continúan oponiéndose tozudamente a Dios, Su furia no cesa y Su ira los presionará poco a poco hasta que sean destruidos. Esta es la esencia del carácter de Dios. Sea lo que sea lo que Dios exprese y revele de Su carácter —ya se trate de Su ira o Su misericordia y cariño—, está supeditado a la conducta y el comportamiento de las personas, así como a su actitud hacia Dios en el fondo de su corazón. Si Dios somete continuamente a una persona a Su ira, el corazón de esta persona se opone indudablemente a Dios. Como esta persona nunca se ha arrepentido verdaderamente, no ha inclinado su cabeza delante de Dios ni ha poseído una verdadera creencia en Dios, nunca ha obtenido la misericordia y tolerancia de Dios. Si alguien recibe a menudo el cuidado de Dios y Su misericordia y tolerancia, entonces sin duda esta persona tiene una verdadera creencia en Dios en su corazón y este no se opone a Dios. Esta persona se arrepiente a menudo verdaderamente delante de Dios; por tanto, aunque la disciplina de Dios desciende frecuentemente sobre esta persona, Su ira no lo hará.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
563. Independientemente de cuán airado había estado Dios con los ninivitas, en cuanto declararon un ayuno y vistieron de cilicio y cenizas, Su corazón comenzó a ablandarse poco a poco y Su opinión a cambiar. El momento previo a que Él les proclamara que destruiría su ciudad —el momento anterior a su confesión y arrepentimiento de sus pecados— Dios seguía airado con ellos. Una vez que hubieron llevado a cabo una serie de actos de arrepentimiento, el enojo de Dios hacia los habitantes de Nínive se convirtió gradualmente en misericordia y perdón hacia ellos. No hay nada contradictorio acerca de la revelación de estos dos aspectos del carácter de Dios en el mismo acontecimiento. Entonces, ¿cómo debería uno entender y conocer esta ausencia de contradicción? Dios manifestó y reveló sucesivamente cada una de estas dos esencias enormemente diferentes antes y después de que el pueblo de Nínive se arrepintiera, con lo que la gente pudo ver que la esencia de Dios es real y no tolera ofensa. Dios utilizó Su actitud para decirle a la gente: no es que Dios no tolere a las personas o que no quiera mostrarles misericordia; más bien es que las personas raramente se arrepienten verdaderamente ante Dios, y es raro que las personas se vuelvan verdaderamente de sus malos caminos y abandonen la violencia de sus manos. En otras palabras, cuando Dios está airado con el hombre, espera que este pueda arrepentirse sinceramente y espera ver el arrepentimiento verdadero del hombre, en cuyo caso continuará concediendo con liberalidad Su misericordia y tolerancia al hombre. Es decir, las acciones malvadas del hombre provocan la ira de Dios, mientras que la misericordia y tolerancia de Dios se conceden a aquellos que lo escuchan y se arrepienten sinceramente delante de Él, a aquellos que pueden volverse de sus caminos malvados y abandonar la violencia de sus manos. La actitud de Dios se reveló muy claramente en Su trato con los ninivitas: la misericordia y la tolerancia de Dios no son difíciles de conseguir, y lo que Él exige es el arrepentimiento sincero de uno. Siempre y cuando las personas se vuelvan de sus caminos malvados y abandonen su violencia, Dios cambiará Su opinión y Su actitud hacia ellas.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
564. Cuando Dios tuvo un cambio de parecer hacia las personas de Nínive, ¿fueron Su misericordia y Su indulgencia una fachada falsa? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿qué ha demostrado la transición entre estos dos aspectos del carácter de Dios en el transcurso de que Dios lidiara con esta única situación? El carácter de Dios es un todo; no está dividido en absoluto. Independientemente de si Él está expresando enfado o misericordia e indulgencia hacia las personas, todas estas son expresiones de Su carácter justo. El carácter de Dios es vital y vivo; Él cambia Sus pensamientos y actitudes de acuerdo con la manera en que se desarrollan las cosas. La transformación de Su actitud hacia los ninivitas le dice a la humanidad que Él tiene Sus propios pensamientos e ideas, que no es un robot ni una figura de barro, sino el Dios mismo viviente: Él podía enfadarse con las personas de Nínive, al igual que podía perdonar su pasado debido a su actitud; podía decidir traer calamidad sobre los ninivitas y también podía cambiar Su decisión debido a su arrepentimiento. A las personas les gusta aplicar preceptos con rigidez y usar preceptos para delimitar y definir a Dios, al igual que les gusta usar fórmulas para intentar entender el carácter de Dios. Por tanto, en lo que respecta al dominio del pensamiento humano, Dios no piensa ni tiene ninguna idea sustancial. Pero en realidad, los pensamientos de Dios están en un estado de transformación constante de acuerdo con los cambios en las cosas y en los entornos. Mientras Sus pensamientos se transforman, se revelan diferentes aspectos de la esencia de Dios. Durante este proceso de transformación, en el momento preciso en que Dios tiene un cambio de parecer, lo que Él le muestra a la especie humana es la existencia real de Su vida y que Su carácter justo es vital y vivo. Al mismo tiempo, Dios usa Sus propias revelaciones verdaderas para probarle a la especie humana la verdad de la existencia de Su ira, Su misericordia, Su benevolencia y Su indulgencia. Su esencia se revelará en cualquier momento y en cualquier lugar de acuerdo con cómo se desarrollen las cosas. Él posee la ira de un león y la misericordia y la indulgencia de una madre. Su carácter justo no permite ningún cuestionamiento, vulneración, cambio o distorsión por parte de ninguna persona. Entre todos los acontecimientos y cosas, el carácter justo de Dios —es decir, la ira de Dios y la misericordia de Dios— puede revelarse en cualquier momento y en cualquier lugar. Él da una expresión viva a estos aspectos en cada rincón de toda la creación y los implementa con vitalidad en cada momento que pasa. El carácter justo de Dios no está limitado por el tiempo o el espacio; en otras palabras, el carácter justo de Dios no se expresa o revela mecánicamente de acuerdo con las restricciones de tiempo o espacio, sino más bien con total naturalidad y en cualquier momento y lugar. Cuando ves que Dios tiene un cambio de parecer, deja de expresar Su ira y se abstiene de destruir la ciudad de Nínive, ¿puedes decir que Dios es solo misericordioso y amoroso? ¿Puedes decir que la ira de Dios consiste en palabras vacías? Cuando Dios desata Su ira feroz y retira Su misericordia, ¿puedes decir que Él no tiene verdadero amor hacia la humanidad? Esta ira feroz es expresada por Dios en respuesta a las acciones malvadas de las personas; Su ira no es defectuosa. El corazón de Dios se conmueve en respuesta al arrepentimiento de las personas y Él tiene un cambio de parecer debido a ello. Cuando Él se siente conmovido, cuando tiene un cambio de parecer y cuando muestra Su misericordia e indulgencia hacia el hombre, todas estas cosas son completamente impecables; son limpias, puras, inmaculadas y sin adulterar. La indulgencia de Dios es simplemente indulgencia; Su misericordia es simplemente misericordia. Su carácter revela ira o expresa misericordia e indulgencia de acuerdo con las diversas manifestaciones del hombre y su arrepentimiento. No importa lo que Él revele y exprese, todo es puro y directo; es distinto de la esencia de cualquier ser creado. Dentro de los principios de acción que Dios expresa, Sus pensamientos e ideas, así como cada decisión que toma y cada acción que realiza, no hay defectos ni manchas en absoluto. Puesto que Dios lo ha decidido así y puesto que ha actuado así, eso es lo que Él logra y este resultado es correcto e intachable, ya que su fuente es impecable e inmaculada. La ira de Dios es impecable. Del mismo modo, la misericordia e indulgencia de Dios —santas, impecables y capaces de resistir la deliberación reflexiva y la experiencia— no las posee ninguno de los seres creados.
Después de haber aprendido sobre la historia de Nínive, ¿veis ahora el otro lado de la esencia del carácter justo de Dios? ¿Veis el otro lado del carácter justo y único de Dios? ¿Posee alguien entre la humanidad esta clase de carácter? ¿Posee alguien esta clase de ira, la ira de Dios? ¿Posee alguien misericordia y tolerancia como las que posee Dios? ¿Quién entre los seres creados puede desatar una ira tan grande y decidir destruir o traer calamidad sobre la especie humana? ¿Y quién está cualificado para conceder misericordia al hombre, para tolerar y perdonar, así como cambiar así su decisión previa de destruir al hombre? El Creador expresa Su carácter justo a través de Sus propios métodos y principios únicos y no está sujeto al control o las restricciones impuestas por ninguna persona, acontecimiento o cosa. Dentro de Su carácter único, nadie es capaz de cambiar Sus pensamientos e ideas, ni nadie es capaz de persuadirlo y cambiar ninguna de Sus decisiones. Todos los comportamientos y pensamientos de los seres creados existen bajo la adjudicación de Su carácter justo. Nadie puede controlar si Él desata la ira o concede misericordia; solo la esencia del Creador —o en otras palabras, el carácter justo del Creador— puede decidir esto. ¡Tal es la naturaleza única del carácter justo del Creador!
Al interpretar la transformación de la actitud de Dios hacia las personas de Nínive, ¿sois capaces de usar la palabra “única” para describir la misericordia que se halla dentro del carácter justo de Dios? Anteriormente dijimos que la ira de Dios es un aspecto de la esencia de Su único carácter justo. Ahora definiré dos aspectos —la ira de Dios y la misericordia de Dios— como Su carácter justo. El carácter justo de Dios es santo; no tolera ofensa, ni tolera ser cuestionado por nadie; es algo que no posee ninguno de los seres creados o no creados. Es a la vez único y exclusivo de Dios. Es decir, la ira de Dios es santa y no tolera ofensa. De la misma manera, el otro aspecto del carácter justo de Dios —la misericordia de Dios— también es santo y no puede ser ofendido. Ninguno de los seres creados o no creados puede reemplazar o representar a Dios al hacer lo que Él se propone hacer, ni nadie podría haberlo reemplazado o representado en la destrucción de Sodoma o la salvación de Nínive. Esta es la verdadera expresión del único carácter justo de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
565. Aunque las personas que colmaban la ciudad de Nínive eran tan corruptas, perversas y violentas como las de Sodoma, su arrepentimiento causó que Dios cambiase de opinión y decidiese no destruirlas. Debido a que la manera en que trataron las palabras e instrucciones de Dios demostró una actitud en marcado contraste con la de los ciudadanos de Sodoma, y debido a su auténtica sumisión a Dios y auténtico arrepentimiento, así como su comportamiento verdadero y sincero en todos los sentidos, el aprecio que sentía Dios hacia ellas nació una vez más de Su corazón y Él se lo concedió. Nadie puede otorgar cosas a la humanidad y apreciarla como lo hace Dios, y ninguna persona posee la misericordia de Dios, Su tolerancia ni Su verdadero afecto hacia la humanidad. ¿Hay alguien que tú consideras una gran persona o incluso un superhumano que, desde un punto elevado, hablando como una gran persona o sobre el punto más alto, haría esta clase de declaración a la humanidad o a los seres creados? ¿Quién entre la humanidad puede conocer el estado de la vida humana como la palma de su mano? ¿Quién puede llevar la carga y la responsabilidad por la existencia de la humanidad? ¿Quién está calificado para proclamar la destrucción de una ciudad? Y ¿quién está calificado para perdonar a una ciudad? ¿Quién puede decir que aprecia a su propia creación? ¡Solo el Creador! Solo el Creador siente amor tierno hacia esta humanidad. Solo el Creador muestra afecto tierno a esta humanidad. Solo el Creador tiene un afecto verdadero por esta humanidad que es difícil de quebrar. Solo el Creador es también quien puede conceder misericordia a esta especie humana y solo Él aprecia a todos Sus seres creados. Su corazón se ve arrastrado con cada una de las acciones del hombre: Él se enoja, angustia y apena por la perversidad y la corrupción del hombre; se siente complacido y alegre y experimenta un cambio en Su corazón y se regocija ante el arrepentimiento, la creencia y la sumisión del hombre; cada uno de Sus pensamientos e ideas existe por la humanidad y gira alrededor de esta; lo que Él es y tiene se expresa totalmente por el bien de la humanidad; la totalidad de Sus emociones están entretejidas con la existencia de la humanidad. Por el bien de la humanidad, Él va sin parar y a toda prisa de un lado a otro; da en silencio cada pedazo de Su vida; dedica cada minuto y cada segundo de Su vida… Nunca ha sabido cómo atesorar Su propia vida, pero siempre ha apreciado a la humanidad que Él mismo creó. … Él da todo lo que tiene a esta humanidad. … Otorga Su misericordia y tolerancia incondicionalmente y sin esperar recompensa. Lo hace sólo para que la humanidad pueda seguir sobreviviendo delante de Sus ojos y bajo Su provisión de vida. Lo hace sólo para que la humanidad pueda rendirse a Él un día y reconocer que Él es Aquel que nutre la existencia del hombre y provee la vida de toda la creación.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
566. La misericordia y la tolerancia de Dios existen de hecho, pero la santidad y la justicia de Dios cuando desata Su cólera también le muestran al hombre el lado de Dios que no tolera ofensa. Cuando el hombre es plenamente capaz de obedecer los mandatos de Dios y actúa de acuerdo con Sus requerimientos, Dios es abundante en Su misericordia hacia el hombre; sin embargo, cuando el hombre está lleno de corrupción y rebosa de hostilidad y enemistad hacia Él, Dios se enoja profundamente. ¿Hasta qué punto se enoja? Su ira durará hasta que Dios ya no vea la resistencia y las acciones malvadas del hombre, hasta que ya no estén ante Sus ojos. Solo entonces desaparecerá la cólera de Dios. En otras palabras, no importa quién sea la persona, si su corazón se ha distanciado de Dios, lo ha abandonado y no puede recuperarse, entonces, independientemente de cuánto desee en apariencia o por sus deseos subjetivos adorar, seguir y someterse a Dios en su cuerpo o en su pensamiento, mientras su corazón haya abandonado a Dios, Su cólera se desatará sin cesar. Será tal que cuando Dios desate una cólera profunda, tras haberle dado amplias oportunidades, no habrá forma de retirarla y Él nunca más será misericordioso y tolerante con esa persona. Este es un lado del carácter de Dios que no tolera ofensa. […] Él es tolerante y misericordioso hacia las cosas que son bondadosas, hermosas y buenas; con las cosas que son malvadas, pecaminosas y perversas, se enoja profundamente, de tal modo que es incesante en Su cólera. Estos son dos aspectos principales del carácter de Dios que son los más importantes, los más prominentes y, aún más, han sido revelados por Dios de principio a fin: misericordia abundante y cólera profunda.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
567. Las personas dicen: “Dios es un Dios justo. En tanto que el hombre lo siga hasta el final, Él seguramente será imparcial con este porque Él es el más justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar?”. Soy imparcial con todas las personas y las juzgo con Mi carácter justo, sin embargo, todas las exigencias que les hago a las personas incluyen condiciones apropiadas y lo que Yo exijo, todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa lo veterano que seas o lo experimentado que seas; solo me importa si sigues Mi camino y si tienes o no amor por la verdad y sed de ella. Si careces de la verdad y más bien causas vergüenza a Mi nombre y no actúas de acuerdo con Mi camino y solo sigues sin cuidado ni preocupación, entonces en ese momento te derribaré y te castigaré por tu maldad; ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrías decir que Dios no es justo? Si te has atenido a todas las palabras que he expresado hoy, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido durante las tormentas y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; solo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Él todos los días y nunca has pensado en vivir una vida que tenga sentido. También dices: “En cualquier caso, creo que Dios es justo. Sufro por Él, voy de un lado a otro por Él y me dedico a Él y, aunque no haya conseguido ningún logro, he soportado la adversidad; seguro que me recuerda”. Es verdad que Dios es justo, pero esta justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no se atienen a Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto! Algunas personas dicen: “Hoy voy de aquí para allá por Ti; al final, ¿me puedes dar una pequeña bendición?”. Así que te pregunto: “¿Te has atenido a Mis palabras?”. La justicia de la que hablas se basa en una transacción. Tú solo piensas que Yo soy justo, que soy imparcial con todas las personas y que todos los que me siguen hasta el final tienen asegurada la salvación y ganarán Mis bendiciones. Hay un significado interno en Mis palabras cuando digo “todos los que me siguen hasta el final tienen la salvación asegurada”: los que me siguen hasta el final son los que Yo ganaré íntegramente; son los que, después de que los haya conquistado, buscan la verdad y son hechos perfectos. ¿Cuántos requisitos has satisfecho? Solo has satisfecho el requisito de seguirme hasta el final, pero ¿qué más? ¿Te has atenido a Mis palabras? Has satisfecho uno de Mis cinco requisitos, pero no tienes la intención de satisfacer los cuatro restantes. Sencillamente has encontrado la senda más sencilla y fácil y la has buscado solo con la actitud de esperar tener suerte. Con una persona como tú, Mi carácter justo solo significa castigo y juicio, una retribución justa; significa el castigo justo para todos los malhechores. Todos los que no siguen Mi camino van a ser castigados con toda seguridad, incluso si siguen hasta el final. Esta es la justicia de Dios. Cuando este carácter justo se exprese en el castigo del hombre, el hombre se quedará boquiabierto y lamentará que, mientras seguía a Dios, no siguió Su camino. “En aquel momento solo sufrí un poco mientras seguía a Dios, pero no seguí el camino de Dios. ¿Qué excusas hay? ¡No hay opción sino la de ser castigado!”. Pero en su mente está pensando: “De todos modos, te he seguido hasta el final, por lo que incluso si me castigas, no puede ser un castigo demasiado severo y me seguirás queriendo después de que haya sido castigado. Sé que Tú eres justo y que no me vas a tratar de esa manera para siempre. Después de todo, no soy como los que perecerán; los que perecerán recibirán un fuerte castigo, mientras que mi castigo será más leve”. El carácter justo no es como dices. No es que los que confiesan sus pecados adecuadamente sean tratados con indulgencia. La justicia es santidad y es un carácter que no tolera que el hombre ofenda, y todo lo que es inmundo y que no ha cambiado es blanco del aborrecimiento de Dios. El carácter justo de Dios no es una ley, sino un decreto administrativo: es un decreto administrativo dentro del reino y este decreto administrativo es el castigo justo para cualquiera que no posea la verdad y no haya cambiado; no hay margen para la salvación. Porque cuando cada persona se ordene según su tipo, los buenos serán recompensados y los malos serán castigados. Es cuando el destino del hombre se revelará; es el momento en que la obra de salvación llegará a su fin, después de lo cual, la obra de salvar al hombre ya no se hará y la retribución vendrá sobre todos los que hagan el mal.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio
568. Expreso Mi misericordia hacia los que me aman y renuncian a sí mismos. Mientras tanto, el castigo traído sobre los malvados es precisamente una prueba de Mi justo carácter y, más aún, testimonio de Mi ira. Cuando llegue el desastre, todos aquellos que se oponen a Mí llorarán cuando el hambre y la peste caigan sobre ellos. Quienes me hayan seguido durante muchos años, pero hayan cometido toda clase de acciones malvadas, no se librarán de pagar por sus pecados; ellos también caerán en la catástrofe, que apenas se ha visto durante millones de años, y vivirán en un constante estado de pánico y miedo. Y aquellos de Mis seguidores que han demostrado completa lealtad a Mí se regocijarán y aplaudirán, alabando Mi gran poder. Ellos experimentarán un estado inefable de despreocupada felicidad y vivirán en un júbilo que Yo nunca antes he otorgado a la humanidad. Porque Yo atesoro las buenas obras del hombre y aborrezco sus acciones malvadas. Desde que comencé a liderar a la humanidad, he estado esperando ansiosamente obtener un grupo de personas que piense igual que Yo. Pero nunca olvido a los que no piensan igual que Yo; los odio siempre en Mi corazón, a la espera de la oportunidad de hacerles responder por sus acciones malvadas, algo que disfrutaré cuando lo vea. ¡Ahora, Mi día finalmente ha llegado y ya no necesito esperar!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prepara suficientes buenas obras para tu destino