3. Dais testimonio de que el Señor Jesús ha regresado en la carne. Entonces, ¿dónde está ahora el Señor? ¿Por qué no lo hemos visto? Ver es creer, así que, como no lo hemos visto, queda demostrado que el Señor no ha regresado todavía. Me lo creeré cuando lo vea.

Versículos bíblicos como referencia:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me hubierais conocido, también hubierais conocido a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí; y si no, creed por las obras mismas” (Juan 14:6-11).

“Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron” (Juan 20:26-29).

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27).

“Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17).

Las palabras relevantes de Dios:

Jesús proclamó que el Espíritu de la verdad se concedería al hombre en los últimos días. Los últimos días ya están aquí ahora; ¿entiendes cómo el Espíritu de la verdad expresa palabras? ¿Dónde aparece y obra el Espíritu de la verdad? En el libro de profecías del profeta Isaías no se hacía mención alguna a que un niño llamado Jesús fuera a nacer en la era del Nuevo Testamento; simplemente estaba escrito que nacería un niño varón llamado Emanuel. ¿Por qué no se mencionó el nombre de Jesús? En ninguna parte del Antiguo Testamento aparece este nombre, así que ¿por qué sigues, entonces, creyendo en Jesús? Seguro que no empezaste a creer en Jesús sólo al verlo con tus propios ojos, ¿verdad? ¿O empezaste a creer tras recibir una revelación? ¿Te mostraría realmente Dios tal gracia? ¿Te concedería tales grandes bendiciones? ¿Cuál es la base de tu creencia en Jesús? ¿Por qué no crees que Dios se ha hecho carne hoy? ¿Por qué dices que la ausencia de una revelación de Dios hacia ti demuestra que Él no se ha encarnado? ¿Debe informar Dios a las personas antes de comenzar Su obra? ¿Debe Él recibir primero su aprobación? Isaías sólo proclamó que un niño varón nacería en un pesebre, nunca profetizó que María daría a luz a Jesús. ¿En qué basas tu creencia en Jesús, a quien María dio a luz? ¡Desde luego, tu creencia no es confundida!

Extracto de ‘¿Cómo puede el hombre que ha delimitado a Dios con sus nociones recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Desde el principio hasta el final, ha estado llevando a cabo Su obra de gestión del hombre y Su obra de salvación del hombre en medio de la humanidad. Desde el principio hasta el final, sólo hay un Dios que obra, que habla, que enseña y que guía a la humanidad. Este Dios existe, y ahora ya lo hemos visto cara a cara, lo hemos oído hablar, hemos experimentado Su obra, hemos comido y bebido Sus palabras, y hemos aceptado Sus palabras en nosotros para que se vuelvan vida. Y ahora estas palabras también nos están cambiando. Este Dios existe de verdad y, por tanto, tenemos razones para creer —y deberíamos creer— que todo lo que Dios afirma es verdad y deberíamos reconocer, como dijo Dios, la realidad de que “Él creó a la humanidad”, y de que creó inicialmente a Adán y Eva. Como crees que este Dios existe y has venido ahora delante de Él, ¿sigues necesitando confirmar que la obra de Jehová es la obra de este Dios? Si nadie puede confirmarlo y nadie lo vio, ¿no lo creerás? O respecto a la obra de la Era de la Gracia, ¿no crees que Jesús fue la encarnación de Dios porque nunca lo viste? Si no oíste hablar personalmente a este Dios presente ni lo viste obrar o encarnarse en la carne, ¿no lo creerás? Si no vieras estas cosas o si no hubiera testigos que las confirmen, ¿no creerías tampoco en Él? Esto se debe al falso punto de vista que las personas tienen en su interior. Es un error que muchas personas cometen. Tienen que verlo todo personalmente, y si no lo hacen, no lo creerán, pero para el momento en que lo ves, todo es demasiado tarde. Ahora que hemos visto estas palabras de Dios y oído Su voz, es suficiente para que sigamos creyendo y caminando, y para que nos hagan creerlo todo, cada palabra y toda la obra que procede de Dios. No hay necesidad de que sigamos examinando cosas. ¿No es esa la clase de racionalidad que las personas deberían tener? Nadie estaba allí para presenciar cuando Dios creó a la humanidad, pero ahora Él se ha hecho carne para hablar, salvarnos, y llevar a cabo concretamente Su obra, caminar entre las iglesias y obrar en medio de la humanidad. ¿No han visto esto muchas personas? Nadie es capaz de verlo, pero seguimos convirtiéndonos en Sus creyentes. ¿Por qué crees, pues, en Él? ¿No crees solamente en Él, porque sientes que este es el camino verdadero y la obra de Dios? Entonces puedes seguir diciendo: “En esta etapa de la obra de Dios, lo oímos hablar, y también sentimos y vimos las palabras de Dios. Es cierto que estas palabras vinieron de Dios. Pero con respecto a la obra de Jesús al ser clavado en la cruz, no tocamos Sus marcas de los clavos; ¿acaso creo entonces que Él fue crucificado?”. O puedes decir: “Con respecto a la obra de Jehová Dios y a las leyes que Él promulgó durante la Era de la Ley, no las oí. Sólo Moisés las oyó y escribió los Cinco Libros de Moisés, pero no sé cómo los escribió”. ¿Cuál es el error cometido por esta clase de persona? Es la misma equivocación que cometieron los israelitas cuando dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?”, o “No escucharemos si Dios habla por medio de Moisés, debemos oírlo personalmente de Jehová Dios”. O es como cuando las personas dijeron durante la Era de la Gracia que no creyeron, porque no vieron personalmente con sus propios ojos a Jesús crucificado ni resucitado de los muertos. Un apóstol llamado Tomás insistió en tocar las marcas de los clavos de Jesús. ¿Qué le dijo el Señor Jesús? (“Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”). ¿Por qué “bienaventurados”? ¿Realmente no vio nada? Cuando las personas vieron muchos hechos que ya demostraban que Jesús es Dios, deberían de haber creído entonces. Jesús no necesitó realizar más señales y maravillas ni hablar más palabras, y las personas no necesitaron sentir Sus marcas de los clavos para confirmar que fue clavado a la cruz antes de creer que Él era Dios. El error cometido por estas personas fue el mismo que el de Tomás.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

El Señor Jesús dijo: “Tomás, crees porque me has visto; benditos los que no han visto pero aun así creen”.* Estas palabras implican que ya ha sido condenado por el Señor Jesús. Esto no tiene nada que ver con ser bendecido o no. Significa que si no crees, no recibirás nada; sólo recibirás si crees. ¿Únicamente puedes creer en algo si Dios te lo muestra personalmente, te permite verlo y te convence? Como ser humano, ¿qué cualificaciones tienes para pedirle a Dios que se te aparezca de manera personal? ¿Qué cualificaciones tienes para hacer que Dios le hable personalmente a un ser humano corrupto como tú? ¿Y qué cualificaciones tienes para necesitar que Dios te explique todo con claridad antes de que creas? Si eres racional, creerás después de ver estas palabras que dijo Dios. Si de verdad tienes fe, no importa lo que Dios haga o diga. En su lugar, creerás al cien por cien que Dios lo dijo o lo hizo, al ver que estas palabras son la verdad, e indudablemente ya estarás preparado para seguir a Dios hasta el final. No tienes que dudarlo. Las personas que están llenas de dudas son demasiado astutas. Sencillamente no pueden creer. Siempre están intentando entender estos misterios y sólo creerán después de entenderlos por completo. Su condición previa para creer en Dios es: ¿Cómo se hizo carne Dios? ¿Cuándo vino Él? ¿Cuánto tiempo se queda Él antes de tener que marcharse? ¿Dónde va después de marcharse? ¿Cuál es el proceso de Su marcha? ¿Cómo obra el Espíritu de Dios en la carne y cómo se marcha el Espíritu?… Quieren entender algunos misterios. Están aquí para investigar misterios, no para buscar la verdad. Piensan que no serán capaces de creer en Dios si no entienden estos misterios. Es como si se les impidiera creer en Dios y, simplemente, no pueden hacerlo. El punto de vista de una persona así es un problema. Una vez que quieren investigar misterios, no les molesta prestar atención a la verdad ni atender a las palabras de Dios. ¿Piensas que esas personas se conocen a sí mismas? No es fácil para ellas conocerse a sí mismas.

Extracto de ‘Sólo conociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Antes de que el Señor Jesús fuera crucificado, Tomás siempre dudó de que fuera Cristo y no podía creerlo. Su fe en Dios sólo se cimentaba en aquello que él podía ver con sus propios ojos, en lo que podía tocar con sus propias manos. El Señor Jesús entendía muy bien cómo era la fe de este tipo de persona. Ellos sólo creían en el Dios del cielo, y no creían en absoluto en el enviado por el Dios ni en el Cristo encarnado y no lo aceptaban. Con el fin de que Tomás reconociera y creyera en la existencia del Señor Jesús, y que de verdad era Dios encarnado, Él permitió que Tomás le tocara el costado. ¿Dudó Tomás de forma distinta antes y después de la resurrección del Señor Jesús? Siempre estaba dudando y, excepto el cuerpo espiritual del Señor Jesús que se le apareció personalmente y le permitió a Tomás que tocara las marcas de los clavos en Su cuerpo, nadie pudo resolver sus dudas ni consiguió que se deshiciera de ellas. Por tanto, desde el momento en que el Señor Jesús le permitió tocar Su costado y le dejó palpar la existencia de las marcas de los clavos, la duda de este desapareció; supo realmente que el Señor Jesús había resucitado y reconoció y creyó que Él era el verdadero Cristo y Dios encarnado. Aunque en ese momento Tomás ya no dudó, había perdido para siempre la oportunidad de encontrarse con Cristo, de estar con Él, de seguirle, de conocerle; había perdido la oportunidad de que Cristo lo perfeccionara. La aparición del Señor Jesús y Sus palabras proveyeron una conclusión, y un veredicto sobre la fe de quienes estaban llenos de dudas. Usó Sus palabras y Sus actos prácticos para decirles a los que dudaban, a los que sólo creían en el Dios del cielo, pero no en Cristo: Dios no elogió la creencia de ellos ni que le siguieran llenos de dudas. El día que creyeran por completo en Dios y en Cristo sólo podría ser el día en que Dios completara Su gran obra. Por supuesto, también sería el día en que su duda recibiría un veredicto. Su actitud hacia Cristo determinó su destino, y su obstinada duda significaba que su fe no había producido resultados, y su dureza indicaba que sus esperanzas eran en vano. Debido a que su creencia en el Dios del cielo se alimentaba de ilusiones, y a que su duda hacia Cristo era en realidad su verdadera actitud hacia Dios, aunque tocaran las marcas de los clavos en el cuerpo del Señor Jesús, su fe seguía siendo inútil y su resultado sólo podía describirse como coger agua con una cesta de bambú: todo en vano. Lo que el Señor Jesús le dijo a Tomás también fue Su manera de indicarles claramente a todas las personas: el Señor Jesús resucitado es el Señor Jesús que pasó obrando con anterioridad treinta y tres años y medio entre la humanidad. Aunque había sido clavado en la cruz y experimentado el valle de sombra de la muerte y la resurrección, nada en su aspecto había sufrido cambio alguno. Aunque ahora tenía marcas de clavos en Su cuerpo y había resucitado y salido de la tumba, Su carácter, Su comprensión de la humanidad y Sus intenciones hacia esta no se habían modificado en lo más mínimo. Asimismo, les estaba diciendo a todos que Él había bajado de la cruz, triunfado sobre el pecado, superado las dificultades y triunfado sobre la muerte. Las marcas de los clavos precisamente eran la prueba de Su victoria sobre Satanás, de haber sido la ofrenda por el pecado para redimir con éxito a toda la humanidad. Estaba proclamando que ya había cargado con los pecados de esta y que había completado Su obra de redención. Cuando regresó para ver a Sus discípulos, les transmitió este mensaje por medio de Su aparición: “Sigo vivo, sigo existiendo; hoy estoy verdaderamente delante de vosotros para que podáis verme y tocarme. Siempre estaré con vosotros”. El Señor Jesús también quería usar el ejemplo de Tomás como advertencia para la gente futura: aunque no puedes ver ni tocar al Señor Jesús en tu fe en Él, eres bendecido por tu fe verdadera y puedes verle por ella y este tipo de persona es bendecida.

Estas palabras, registradas en la Biblia, que el Señor Jesús habló cuando se le apareció a Tomás son de gran ayuda para todas las personas de la Era de la Gracia. Su aparición ante Tomás y las palabras que le dijo han tenido un profundo impacto en las generaciones siguientes; tienen una relevancia eterna. Tomás representa a un tipo de persona que cree en Dios, aunque duda de Él. Esta clase de persona tiene una naturaleza sospechosa, un corazón siniestro, son traicioneros y no creen en las cosas que Dios puede lograr. No creen en la omnipotencia divina ni en Su soberanía, ni tampoco en Dios encarnado. Sin embargo, la resurrección del Señor Jesús fue un golpe para estas características que ellos tienen, y les proporcionó así la oportunidad de descubrir y reconocer su propia duda, de aceptar su propia traición, llegando así a creer de verdad en Su existencia y Su resurrección. Lo que ocurrió con Tomás fue una advertencia y un aviso para las generaciones posteriores, para que más personas pudieran tener cuidado de no dudar como Tomás, y que si se llenaban de dudas se hundirían en la oscuridad. Si sigues a Dios, pero sólo como Tomás, siempre quieres tocar el costado del Señor y sentir Sus marcas de los clavos para confirmar, verificar, especular si Dios existe o no, Dios te abandonará. Por tanto, el Señor Jesús requiere que las personas no sean como Tomás, que sólo creen lo que ven con sus propios ojos, sino que sean una persona pura, honesta que no albergue dudas hacia Dios, y que sólo crean en Él y le sigan. Este tipo de persona es bendecida. Este es un requisito muy pequeño que el Señor Jesús tiene para las personas y una advertencia para Sus seguidores.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, sólo creían que Él vendría, pero no buscaban la verdad de la vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es la senda de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de aferrarse en vano al nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios posibles. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios era: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No son estas opiniones absurdas y ridículas? Os pregunto de nuevo: ¿No es extremadamente fácil para vosotros cometer los errores de los antiguos fariseos, dado que no tenéis el más mínimo entendimiento de Jesús? ¿Eres capaz de discernir el camino de la verdad? ¿Puedes garantizar realmente que no te opondrás a Cristo? ¿Eres capaz de seguir la obra del Espíritu Santo? Si no sabes si te opondrás o no a Cristo, entonces Yo digo que ya estás viviendo al filo de la muerte. Los que no conocían al Mesías fueron todos capaces de oponerse a Jesús, de rechazarlo, de difamarlo. Las personas que no entienden a Jesús son capaces de rechazarlo y vilipendiarlo. Además, son capaces de ver el regreso de Jesús como el engaño de Satanás, y más personas condenarán el retorno de Jesús a la carne. ¿No os asusta todo esto? Lo que afrontáis será blasfemia contra el Espíritu Santo, la ruina de Sus palabras a las iglesias y el rechazo de todo lo expresado por Jesús. ¿Qué podéis obtener de Él si estáis tan confundidos?

Extracto de ‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Mediante su capacidad auditiva, Job escucha hablar de Dios

Job 9:11 Si Él pasara junto a mí, no le vería; si me pasara adelante, no le percibiría.

Job 23:8-9 He aquí, me adelanto, y Él no está allí, retrocedo, pero no le puedo percibir; cuando se manifiesta a la izquierda, no le distingo, se vuelve a la derecha, y no le veo.

Job 42:2-6 Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado. “¿Quién es este que oculta el consejo sin entendimiento?”. Por tanto, he declarado lo que no comprendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no sabía. “Escucha ahora, y hablaré; te preguntaré y tú me instruirás”. He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza.

Aunque Dios no se ha revelado a Job, él cree en Su soberanía

¿Cuál es la idea central de estas palabras? ¿Os habéis dado cuenta de que aquí hay una realidad? En primer lugar, ¿cómo supo Job que había un Dios? ¿Entonces cómo sabía que los cielos y la tierra, y todas las cosas, son gobernados por Dios? Hay un pasaje que responde estas dos preguntas: “He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6). De estas palabras aprendemos que, en lugar de haber visto a Dios con sus propios ojos, Job había sabido de Él a partir de la leyenda. Bajo estas circunstancias comenzó a andar por el camino de seguir a Dios, tras lo cual confirmó Su existencia en su vida, y entre todas las cosas. Aquí encontramos un hecho innegable; ¿cuál es? A pesar de ser capaz de seguir el camino de temer a Dios y apartarse del mal, Job nunca lo había visto. ¿Acaso no era igual, en esto, a las personas actuales? Job nunca había visto a Dios, lo que implica que aunque había oído de Él, no sabía dónde estaba, cómo era ni qué estaba haciendo. Todos estos son factores subjetivos; objetivamente hablando, aunque seguía a Dios, Él nunca se le apareció ni le habló. ¿No es esto una realidad? Aunque Él no le había hablado a Job ni le había dado ningún mandamiento, este había visto Su existencia, observaba Su soberanía entre todas las cosas y en leyendas en las que había oído de Dios mediante el sentido auditivo, tras lo cual comenzó a vivir temiendo a Dios y apartándose del mal. Estos eran los orígenes y el proceso por los cuales Job seguía a Dios. […]

La fe de Job en Dios no se tambalea por el hecho de que Dios esté escondido de él

En el siguiente pasaje de las escrituras, Job dice: “He aquí, me adelanto, y Él no está allí, retrocedo, pero no le puedo percibir; cuando se manifiesta a la izquierda, no le distingo, se vuelve a la derecha, y no le veo” (Job 23:8-9). En este relato, aprendemos que en las experiencias de Job, Dios se había escondido totalmente de él; no se le había aparecido ni le había hablado abiertamente palabra alguna, pero en su corazón, Job confiaba en la existencia de Dios. Siempre había creído que Él podía estar caminando delante de él, o actuando a su lado, y que aunque no podía verlo, estaba junto a él gobernando su todo sobre él. Job nunca había visto a Dios, pero podía mantenerse fiel a su fe, algo que ninguna otra persona podía hacer. ¿Por qué no podían otras personas hacer esto? Porque Dios no habló a Job ni se le apareció, y si no hubiera creído de verdad, no habría podido seguir adelante ni haberse aferrado al camino de temer a Dios y apartarse del mal. ¿No es esto cierto? ¿Cómo te sientes cuando lees sobre Job pronunciando estas palabras? ¿Sientes que la perfección y la rectitud de Job, y su justicia delante de Dios, son reales y no una exageración por parte de Dios? Aunque Él tratara a Job igual que a otras personas, y no se le apareciera ni le hablara, él seguía firme en su integridad, continuaba creyendo en Su soberanía y, además, ofrecía con frecuencia holocaustos y oraba delante de Dios como consecuencia de su miedo a ofenderle. En su capacidad de temerle sin haberlo visto, percibimos cuánto amaba las cosas positivas, y cuán firme y real era su fe. No negaba la existencia de Dios porque estuviera escondido de él ni perdía su fe, abandonándolo por no haberle visto nunca. En su lugar, en medio de la obra oculta de Dios de gobernar todas las cosas, había sido consciente de Su existencia, y sentía Su soberanía y Su poder. No dejó de ser recto porque Dios estuviera escondido ni abandonó el camino de temerle y apartarse del mal porque Él nunca se le apareciera. Job nunca había pedido que Dios se le manifestara abiertamente para demostrar Su existencia, porque ya había observado Su soberanía en medio de todas las cosas, y creía haber obtenido las bendiciones y las gracias que otros no habían recibido. Aunque Dios seguía escondido para él, su fe en Él nunca se tambaleó. Así pues, cosechó lo que nadie más tenía: la aprobación y la bendición de Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ya que estamos buscando las huellas de Dios, nos corresponde a nosotros buscar la voluntad de Dios, por Sus palabras y declaraciones; porque dondequiera que haya nuevas palabras dichas por Dios, allí está la voz de Dios, y donde están las huellas de Dios, ahí están los hechos de Dios. Donde está la expresión de Dios, ahí aparece, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Al buscar las huellas de Dios, has ignorado las palabras “Dios es la verdad, el camino y la vida”. Y así, muchas personas, incluso cuando reciben la verdad, no creen que han encontrado las huellas de Dios y mucho menos reconocen la aparición de Dios. ¡Qué error tan grave! La aparición de Dios no se puede reconciliar con las nociones del hombre; todavía menos puede Dios aparecer por órdenes del hombre. Dios hace Sus propias elecciones y tiene Sus propios planes cuando hace Su obra; más aún, Él tiene Sus propios objetivos y Sus propios métodos. Sea cual sea la obra que Él hace, no es necesario que la discuta con el hombre o busque su consejo, ni mucho menos que notifique de Su obra a cada persona. Este es el carácter de Dios, que debería además ser reconocido por todo el mundo. Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes demandar que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis preguntar cómo vais a buscar las huellas de Dios, cómo vais a aceptar la aparición de Dios, y cómo vais a someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad y no posee la verdad, debe buscar, aceptar y obedecer.

Extracto de ‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”

Investigar algo así no es difícil, pero requiere que cada uno de nosotros conozca esta única verdad: Aquel que es Dios encarnado poseerá la esencia de Dios, y Aquel que es Dios encarnado tendrá la expresión de Dios. Haciéndose carne, Dios traerá la obra que pretende hacer, y haciéndose carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende investigar si es la encarnación de Dios, entonces debe corroborarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para corroborar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y, así, a la hora de determinar si se trata de la carne de Dios encarnado, la clave yace en Su esencia (Su obra, Sus declaraciones, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de fijarse en Su apariencia exterior. Si el hombre sólo analiza Su apariencia exterior, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto demuestra que el hombre es ignorante. La apariencia externa no puede determinar la esencia; es más, la obra de Dios jamás puede ajustarse a las nociones del hombre. ¿No contradecía la apariencia exterior de Jesús las nociones del hombre? ¿No eran Su rostro y Sus vestiduras incapaces de proporcionar pista alguna sobre Su verdadera identidad? ¿Acaso los antiguos fariseos no se opusieron a Jesús precisamente porque simplemente miraban Su aspecto exterior, y no se tomaron en serio las palabras de Su boca?

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

La cita bíblica marcada (*) ha sido traducida de AKJV.

Anterior: 2. La Biblia dice claramente lo siguiente acerca del regreso del Señor: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mateo 24:36). Nadie sabe cuándo vendrá el Señor, pero la Iglesia de Dios Todopoderoso da testimonio de que el Señor Jesús ya ha regresado. ¿Cómo lo sabéis?

Siguiente: 4. Llevamos muchos años creyendo en el Señor y siempre hemos trabajado duro por Él mientras esperamos atentos Su regreso. Creemos que deberíamos ser los primeros en recibir la revelación acerca del regreso del Señor. Vosotros ahora dais testimonio de que el Señor Jesús ha regresado, ¿por qué, entonces, no hemos recibido revelación acerca de esto? El que no la hayamos recibido demuestra que el Señor no ha regresado. ¿Está mal que pensemos esto?

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