1. Las profecías de la Biblia acerca del regreso del Señor se han cumplido casi por completo en la actualidad, y es muy posible que el Señor ya esté aquí. Vemos que la Iglesia de Dios Todopoderoso está dando testimonio abiertamente en internet de que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús, y muchas personas de toda religión y denominación que verdaderamente creen en el Señor y anhelan la aparición de Dios han regresado a Dios Todopoderoso. Nos gustaría saber si Dios Todopoderoso es la aparición de Dios o no.
Versículos bíblicos como referencia:
“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Las palabras relevantes de Dios:
La aparición de Dios se refiere a Su llegada a la tierra en persona para obrar, en la que desciende entre la humanidad para llevar a cabo la obra de comenzar una era y terminar otra con Su propia identidad y carácter, de la manera que para Él es innata. Esta clase de aparición no es una especie de ceremonia. No es una señal, una imagen, un milagro ni una especie de visión grandiosa y mucho menos una clase de proceso religioso. En cambio, es un hecho real y verdadero que cualquiera puede tocar y contemplar. Esta clase de aparición no es en aras de cumplir un trámite o en aras de una especie de trabajo a corto plazo. En su lugar, es en aras de una etapa de la obra del plan de gestión de Dios. La aparición de Dios siempre es significativa y siempre tiene algo de relación con Su plan de gestión. A lo que se le llama “aparición” aquí es completamente diferente a la clase de “aparición” en la que Dios guía, lidera y esclarece al hombre. Cada vez que Él aparece, lleva a cabo una etapa de Su gran obra. Esta obra es diferente de la de cualquier otra era. El hombre no la puede imaginar y nunca antes la ha experimentado. Es una obra que da inicio a una nueva era y termina con la antigua, y es una etapa más nueva y más alta de obra para la salvación de la especie humana; más si cabe, es una obra que conduce a la especie humana a la nueva era. Este es el significado de la aparición de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice I: La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era
Ya que estamos buscando las huellas de Dios, nos corresponde a nosotros buscar las intenciones de Dios, Sus palabras y declaraciones. Esto se debe a que dondequiera que haya nuevas palabras dichas por Dios, allí está la voz de Dios, y donde están las huellas de Dios, ahí están Sus hechos; donde está la expresión de Dios, ahí aparece, y donde aparece, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Al buscar las huellas de Dios, habéis pasado por alto las palabras “Dios es la verdad, el camino y la vida”. Y así, muchas personas, incluso cuando reciben la verdad, no creen que hayan encontrado las huellas de Dios y mucho menos reconocen la aparición de Dios. ¡Qué error tan grave! La aparición de Dios no se ajusta a las nociones del hombre; todavía menos puede Dios aparecer de la manera que el hombre se lo demanda. Dios toma Sus propias decisiones y tiene Sus propios planes cuando hace Su obra; más aún, Él tiene Sus propios objetivos y Sus propios métodos. Sea cual sea la obra que Él haga, no es necesario que la consulte con el hombre o busque su consejo, ni mucho menos que notifique de Su obra a cada persona. Este es el carácter de Dios y debería, además, ser reconocido por todo el mundo. Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes exigir que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis exigiros cómo debéis buscar las huellas de Dios, cómo debéis aceptar la aparición de Dios, y cómo debéis someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad y no está dotado de la verdad, debe buscar, aceptar y someterse.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice I: La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era
Estoy llevando a cabo Mi obra por todo el universo, y en el oriente surge una explosión interminable como de truenos que sacude todas las naciones y denominaciones. Son Mis declaraciones las que han guiado a todos los hombres al presente. Hago que todos los hombres sean conquistados por Mis declaraciones, que caigan en esta corriente y que se rindan ante Mí, porque desde hace mucho tiempo he retirado Mi gloria de toda la tierra y la he emitido nuevamente en el oriente. ¿Quién no anhela ver Mi gloria? ¿Quién no espera ansiosamente Mi regreso? ¿Quién no tiene sed de Mi reaparición? ¿Quién no anhela Mi hermosura? ¿Quién no vendría a la luz? ¿Quién no contemplaría la riqueza de Canaán? ¿Quién no anhela el regreso del Redentor? ¿Quién no lo admira a Él, que posee gran poder? Mis declaraciones se propagarán por toda la tierra; declararé y diré más palabras a Mi pueblo escogido, como un poderoso trueno que sacude las montañas y los ríos. Digo Mis palabras a todo el universo y a la especie humana. Por tanto, las palabras de Mi boca se han convertido en el tesoro del hombre, y todos los hombres aprecian Mis palabras. El relámpago destella desde el oriente hasta el occidente. Mis palabras son tales que el hombre se resiste a desprenderse de ellas, y también son insondables para el hombre, e incluso provocan que este sienta dicha. Igual que un recién nacido, todos los hombres se sienten alegres y dichosos y celebran Mi llegada. Por medio de Mis declaraciones, traeré a todos los hombres ante Mí. A partir de entonces, entraré formalmente entre los hombres y haré que me rindan homenaje. Con la gloria que emito y las palabras de Mi boca, todos los hombres se presentan ante Mí y ven que el relámpago destella desde el oriente, que Yo también he descendido al “monte de los Olivos” en el oriente, que hace mucho que he venido a la tierra y que ya no soy el Hijo de judíos, sino el Relámpago del Oriente. Porque he resucitado hace mucho tiempo, me he alejado del seno de la especie humana y he reaparecido luego con gloria entre los hombres. Soy Aquel que fue adorado hace innumerables eras, y también soy el infante que fue abandonado por los israelitas hace innumerables eras. Es más, ¡soy el todo glorioso Dios Todopoderoso de la era actual! Que todos se presenten ante Mi trono y vean Mi semblante glorioso, oigan Mis declaraciones y contemplen Mis obras. Esta es la totalidad de Mi intención; es el fin y el clímax de Mi plan, así como el propósito de Mi gestión: ¡que la multitud de naciones me rindan homenaje, que la multitud de bocas me reconozcan, que la multitud de personas depositen su confianza en Mí y que la multitud de miembros de Mi pueblo escogido se rindan ante Mí!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los siete truenos retumban: profetiza que el evangelio del reino se difundirá por todo el universo
Esta vez, Dios viene a hacer la obra, no en un cuerpo espiritual, sino en uno muy corriente. Además, es el cuerpo de la segunda encarnación de Dios y también el cuerpo a través del cual Él regresa a la carne. Es una carne muy corriente. Al observarlo, no puedes ver nada en Él que lo haga resaltar entre los demás, pero puedes recibir de Él verdades que nunca antes se han oído. Tan solo esta carne insignificante es la personificación de todas las palabras de la verdad de Dios, la portadora de Su obra en los últimos días y la expresión por la cual el hombre entiende todo el carácter de Dios. ¿No deseas enormemente ver al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente entender al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente ver el destino de la especie humana? Él te contará todos estos secretos, secretos que ningún hombre ha sido nunca capaz de contarte, y Él te hablará también de las verdades que no entiendes. Él es tu puerta al reino y tu guía a la nueva era. Esta carne corriente contiene muchos misterios que son insondables para el hombre. Sus hechos son inescrutables para ti, pero la totalidad del objetivo de la obra que Él realiza es bastante para que puedas ver que Él no es simple carne como la gente cree, porque Él representa las intenciones de Dios en los últimos días, así como el cuidado de Dios hacia la especie humana en los últimos días. Aunque no puedes oír Sus palabras, que parecen sacudir los cielos y la tierra, aunque no puedes ver Sus ojos como llamas de fuego y aunque no puedes recibir la disciplina de Su vara de hierro, sí puedes oír en Sus palabras que Dios está siendo iracundo y saber que Dios está mostrando misericordia hacia la especie humana, así como ver Su carácter justo y Su sabiduría y, lo que es más, apreciar la preocupación que Él tiene por toda la especie humana. La obra de Dios en los últimos días consiste en permitir al hombre ver en la tierra al Dios del cielo vivir entre los hombres, y permitirle que lo conozca, se someta a Él, le tema y le ame. Por esta razón, Él ha regresado a la carne por segunda vez. Aunque lo que el hombre ve hoy es un Dios igual a él, un Dios con una nariz y dos ojos, un Dios para nada especial, al final Él os mostrará que, sin la existencia de esta persona, el cielo y la tierra pasarían por un cambio tremendo; sin la existencia de esta persona, el cielo se volvería sombrío, la tierra se convertiría en caos y toda la humanidad viviría entre hambruna y plagas. Él os mostrará que, si Dios encarnado de los últimos días no hubiera venido a salvaros, entonces Dios habría destruido a toda la humanidad hace mucho tiempo en el infierno; sin la existencia de esta carne, seríais para siempre archipecadores, seríais cadáveres eternamente. Deberíais saber que, sin la existencia de esta carne, sería imposible para toda la especie humana escapar de una gran calamidad, y sería imposible que escapase del castigo más severo que Dios le impone en los últimos días. Sin el nacimiento de esta carne corriente, todos vosotros estaríais en un estado en el que rogaríais por la vida sin poder vivir y rogaríais por la muerte sin poder morir; sin la existencia de esta carne no podríais recibir hoy la verdad y venir ante el trono de Dios. Más bien, Él os castigaría por vuestros graves pecados. ¿Sabéis que si no hubiera sido por el retorno de Dios a la carne, nadie tendría oportunidad de salvarse, y que si no fuera por la venida de esta carne, Dios habría acabado hace mucho la era antigua? Así las cosas, ¿rechazaréis todavía la segunda encarnación de Dios? Ya que os podéis beneficiar tanto de esta persona corriente, ¿por qué no la aceptáis con alegría?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Sabías que Dios ha hecho algo grande entre los hombres?
Dios continúa con Sus declaraciones, y Él emplea diversos métodos y muchas perspectivas para advertirnos sobre qué debemos hacer, mientras que al mismo tiempo expresa la voz de Su corazón. Sus palabras llevan el poder de la vida, nos proveen del camino que debemos recorrer y nos permiten comprender cuál es exactamente la verdad. Nos empiezan a atraer Sus palabras, comenzamos a prestar atención al tono y la manera en la que habla, y subconscientemente comenzamos a tomar nota de la voz del corazón de esta persona desapercibida. Él pone todo Su corazón por nosotros, pierde el sueño y el apetito por nosotros, llora por nosotros, suspira por nosotros y gime en la enfermedad por nosotros; padece humillación por el bien de nuestro destino y salvación; y nuestra insensibilidad y rebeldía provocan lágrimas y sangre en Su corazón. Ninguna persona corriente tiene este ser y estas posesiones, y ningún ser humano corrupto los puede tener ni conseguir. Tiene una tolerancia y paciencia que no posee ninguna persona ordinaria, y Su amor no es algo que tenga ningún ser creado. Nadie excepto Él puede saber todos nuestros pensamientos, conocer nuestra naturaleza y esencia como la palma de la mano, juzgar la rebeldía y corrupción de la especie humana o hablarnos y obrar en nosotros así en nombre del Dios del cielo. Nadie aparte de Él posee la autoridad, la sabiduría y la dignidad de Dios; el carácter de Dios y Sus posesiones y Su ser se expresan en su totalidad en Él. Nadie salvo Él nos puede mostrar el camino y traernos la luz. Nadie salvo Él puede desvelar los misterios que Dios no ha dado a conocer desde la creación hasta el día de hoy. Nadie salvo Él nos puede salvar de la esclavitud de Satanás y de nuestro carácter corrupto. Él representa a Dios; expresa la voz del corazón de Dios, las exhortaciones de Dios y Sus palabras de juicio hacia toda la especie humana. Él ha abierto una nueva época, una nueva era, ha iniciado un nuevo cielo y una nueva tierra, una nueva obra, nos ha traído esperanza y ha puesto fin a la vida que llevábamos en un estado vago, permitiendo así a todo nuestro ser contemplar completamente la senda a la salvación. Él ha conquistado todo nuestro ser y ha ganado nuestro corazón. Desde ese momento en adelante, nuestro corazón ha tomado conciencia y nuestro espíritu parece haber sido revivido: esta persona común e insignificante, esta persona que vive entre nosotros y a la que hemos rechazado desde hace tanto tiempo, ¿no es este el Señor Jesús, que siempre está en nuestros pensamientos, despiertos o soñando, y a quien anhelamos noche y día? ¡Es Él! ¡Realmente es Él! ¡Él es nuestro Dios! ¡Él es la verdad, el camino y la vida! Él nos ha permitido vivir otra vez y ver la luz, y ha evitado que nuestro corazón se encuentre a la deriva. Hemos regresado a la casa de Dios, hemos regresado ante Su trono, estamos cara a cara con Él, hemos sido testigos de Su rostro, y hemos visto el camino que está por delante. Ahora, Él ha conquistado nuestros corazones por completo; ya no dudamos de quién es Él, ni nos oponemos a Su obra y Su palabra y nos postramos completamente ante Él. No queremos otra cosa que seguir las huellas de Dios por el resto de nuestras vidas, y ser hechos perfectos por Él, y recompensarle por Su gracia, y recompensar Su amor por nosotros, y obedecer Sus instrumentaciones y disposiciones, y cooperar con Su obra, y hacer todo lo que podamos para completar lo que Él nos confíe.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice IV: Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo
Si las personas permanecen ancladas en la Era de la Gracia, nunca se liberarán de su carácter corrupto, y, mucho menos, conocerán el carácter inherente de Dios. Si las personas viven siempre en medio de una gracia abundante pero no tienen el camino de vida que les permita conocer o satisfacer a Dios, entonces nunca lo obtendrán verdaderamente en su creencia en Él. Este tipo de creencia es, sin duda, lastimosa. Cuando hayas terminado de leer este libro, cuando hayas experimentado cada paso de la obra de Dios encarnado en la Era del Reino, sentirás que los deseos que has tenido durante muchos años se han realizado finalmente. Sentirás que es hasta ahora que has visto realmente a Dios cara a cara, que hasta ahora has contemplado Su rostro, oído Sus declaraciones personales, apreciado la sabiduría de Su obra y percibido, verdaderamente, cuán práctico y todopoderoso es Él. Sentirás que has obtenido muchas cosas que las personas en tiempos pasados nunca han visto ni poseído. En este momento, sabrás claramente qué es creer en Dios y qué es conforme a Sus intenciones. Por supuesto, si te aferras a los puntos de vista del pasado y rechazas o niegas la realidad de la segunda encarnación de Dios, entonces te quedarás con las manos vacías y no obtendrás nada, y, en última instancia, serás declarado culpable de oponerte a Dios. Los que son capaces de someterse a la verdad y someterse a la obra de Dios serán reclamados bajo el nombre del segundo Dios encarnado: el Todopoderoso. Serán capaces de aceptar la guía personal de Dios, obtendrán verdades mayores y más elevadas, así como la vida real. Contemplarán la visión que las personas del pasado nunca han visto: “Y me volví para ver de quién era la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro; y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza” (Apocalipsis 1:12-16). Esta visión es la expresión de la totalidad del carácter de Dios, y la expresión de la totalidad de Su carácter es también la expresión de la obra de Dios en Su presente encarnación. En los torrentes de castigos y juicios, el Hijo del hombre expresa Su carácter inherente por medio de declaraciones, permitiendo que todos aquellos que acepten Su castigo y juicio vean el verdadero rostro del Hijo del hombre, que es un fiel retrato del rostro del Hijo del hombre visto por Juan. (Por supuesto, todo esto será invisible para aquellos que no acepten la obra de Dios en la Era del Reino). El verdadero rostro de Dios no puede articularse plenamente usando el lenguaje humano, y, por tanto, Dios usa el método de expresión de Su carácter inherente para mostrar Su verdadero rostro al hombre. Es decir, todos los que han apreciado el carácter inherente del Hijo del hombre han visto Su verdadero rostro, porque Dios es demasiado grande y no puede ser articulado plenamente usando el lenguaje humano. Una vez que el hombre haya experimentado cada paso de la obra de Dios en la Era del Reino, sabrá el verdadero sentido de las palabras de Juan cuando hablaba del Hijo del hombre entre los candeleros: “Su cabeza y Sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; Sus ojos eran como llama de fuego; Sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y Su voz como el ruido de muchas aguas. En Su mano derecha tenía siete estrellas, y de Su boca salía una aguda espada de dos filos; Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza”. En ese momento, sabrás sin duda que esta carne ordinaria que ha dicho tanto es innegablemente el segundo Dios encarnado. Además, sentirás verdaderamente cuán bendecido eres, y te sentirás el más afortunado. ¿Acaso no estás dispuesto a aceptar esta bendición?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio