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190 La carne de Dios y el Espíritu son idénticos en esencia

La carne vestida por el Espíritu de Dios

es la de Dios mismo, es Su propia carne.

Él es todopoderoso, supremo, santo y justo,

igual que Su Espíritu, igual que Su carne.

Tal carne sólo puede hacer cosas buenas y justas,

cosas que son santas y grandes, cosas gloriosas.

I

La carne de Dios no puede ir contra la verdad o apartarse de la justicia.

Al Espíritu de Dios nunca traicionará,

y está libre de la corrupción de Satanás.

Esta carne es distinta de la del hombre mortal.

Esta carne es distinta de la del hombre mortal.

La carne vestida por el Espíritu de Dios

es la de Dios mismo, es Su propia carne.

Él es todopoderoso, supremo, santo y justo,

igual que Su Espíritu, igual que Su carne.

Tal carne sólo puede hacer cosas buenas y justas,

cosas que son santas y grandes, cosas gloriosas.

II

Aunque Cristo vive con el hombre en la tierra,

sólo el hombre puede ser atrapado y poseído por Satanás.

Esto nunca le pasará a Cristo.

Satanás no puede alcanzar ni acercarse a Dios.

Sólo el hombre traiciona a Dios;

esto no tiene que ver con Cristo.

La carne vestida por el Espíritu de Dios

es la de Dios mismo, es Su propia carne.

Él es todopoderoso, supremo, santo y justo,

igual que Su Espíritu, igual que Su carne.

La carne vestida por el Espíritu de Dios

es la de Dios mismo, es Su propia carne.

Él es todopoderoso, supremo, santo y justo,

igual que Su Espíritu, igual que Su carne.

Tal carne sólo puede hacer cosas buenas y justas,

cosas que son santas y grandes, cosas gloriosas.

Adaptado de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

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