Cómo perseguir la verdad (23)

Hace ya tiempo que estamos compartiendo el tema de cómo perseguir la verdad. Todavía no hemos terminado de hablar sobre ello; es un asunto muy amplio y perseguir la verdad realmente implica muchas cosas, ¿no es cierto? (Sí). En cuanto al tema de cómo perseguir la verdad, hemos compartido dos aspectos de práctica: un aspecto de práctica es desprenderse y el otro es dedicarse. Con anterioridad hemos compartido mucho el tema de “desprenderse”. El que hemos compartido recientemente es el de “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”, que está dividido en varios aspectos: las nociones e imaginaciones, las exigencias irracionales, la cautela y la sospecha, además de escrutar y entrometerse. ¿Acaso no hemos compartido bastante el primer aspecto, el de las nociones e imaginaciones? Dentro del aspecto de las nociones e imaginaciones, el contenido que implican las nociones e imaginaciones de las personas consiste en sus nociones sobre la obra de Dios, la esencia-carácter de Dios y el Dios encarnado. Antes, compartimos principalmente las nociones de las personas sobre la obra de Dios. Aunque no hemos hablado sobre las nociones de las personas acerca de la esencia-carácter de Dios de manera explícita y concreta, hemos compartido algunos problemas que atañen a diversos aspectos de la especie humana. Después de compartir estas cosas, ¿no debería entender ya la gente la actitud de Dios respecto a los diversos problemas de la especie humana? ¿Acaso la gente no debería entender entonces cómo trata Dios las condiciones innatas, las actitudes corruptas y la humanidad de las personas? (Sí). Después de entender estas cosas, se deberían resolver las nociones de las personas sobre la obra de Dios y la esencia-carácter de Dios. Hace poco hemos compartido la catalogación de toda clase de personas. Decidme, ¿por qué pensáis que hemos compartido este tema? (Compartir la catalogación de toda clase de personas sirve, por una parte, para ayudarnos a discernir a todas las clases de personas: quién se ha reencarnado de humanos, quién se ha reencarnado de animales y quién se ha reencarnado de diablos. Una vez que tengamos discernimiento, tendremos principios respecto a cómo tratar a las personas. En otro aspecto, nos permite tener algo de entendimiento de la verdad en lo relativo a qué clase de personas salva Dios exactamente, de tal modo que no trataremos la obra de Dios según nuestras nociones e imaginaciones). En resumen, compartir estas cosas permite a las personas entender cómo contempla Dios a todas las clases de personas, además de cómo trata y cómo maneja a todas las clases de personas. Al entender la esencia de todas las clases de personas o entender los diversos problemas de la especie humana —tanto los que tienen de manera innata como los que desarrollan más tarde—, básicamente, la gente puede tener un conocimiento preciso de lo que son los principios de Dios para tratar los diversos problemas de la especie humana. Una vez que saben estas cosas, se resuelven ampliamente sus nociones e imaginaciones que atañen a la obra de Dios y a Su esencia-carácter. Hemos terminado de compartir los problemas relativos a la obra de Dios y a Su esencia-carácter dentro del tema de las nociones e imaginaciones de las personas. Deberíais experimentar y apreciar lentamente lo que se os ha compartido y, con el tiempo, ganaréis algo de conocimiento de Dios. Cuando os encontréis con esta clase de asuntos en la vida, deberíais tomar estas palabras y compararlas con ellos, buscar y orar-leer más, así como resolver los problemas con los que os habéis topado en la vida real a partir de los principios o el contenido que se ha compartido.

Respecto a las nociones e imaginaciones de las personas, aún queda un último punto sobre el que no hemos hablado: las nociones e imaginaciones de las personas sobre el Dios encarnado. ¿Es necesario hablar sobre este problema? (Sí). ¿Qué nociones e imaginaciones tenéis acerca del Dios encarnado, esta identidad especial? ¿Sabéis cuál es exactamente vuestro mayor problema o dificultad respecto al Dios encarnado? Para la mayoría de las personas, el contacto directo con el Dios encarnado no es más que escuchar sermones y la charla durante las reuniones. Solo un grupo reducido de personas tiene contacto real y cara a cara con el Dios encarnado o incluso llega a interactuar de manera limitada con Él en la vida. Entonces, al escuchar las charlas durante las reuniones o al entrar en contacto e interactuar con Él en la obra o en la vida, ¿cuáles son vuestras nociones e imaginaciones respecto al Dios encarnado? ¿Cuáles son vuestros problemas y dificultades reales? No hay duda de que las personas tienen nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado; es imposible que no las tengan. Las personas no viven en un vacío ni son robots incapaces de pensar. Si puedes pensar, tienes una mente activa. Si tienes una mente activa, sin duda tendrás pensamientos cuando entres en contacto con el Dios encarnado. Estos pensamientos suelen ser las nociones e imaginaciones de las personas; no guardan relación con la verdad ni concuerdan con ella. Básicamente, lo que sucede es que la mayoría de las personas, tras creer en Dios durante cuatro o cinco años, llegan a cierto grado de reconocimiento y aceptación del Dios encarnado. Por tanto, aunque tengan algunas nociones, como han oído mucha verdad, cuando se topan con estas cosas pueden resolverlas por sí mismas mediante un principio básico o con sus propios métodos particulares —tal vez leyendo las palabras de Dios, podándose a sí mismas u orando— y, la mayor parte del tiempo, logran resolver sus nociones e imaginaciones sobre Dios. Entonces, ¿acaso se resuelven porque las personas han entendido la verdad o es que las han desactivado temporalmente mediante métodos y medios humanos? (Se han desactivado temporalmente). Es decir, este problema sigue sin resolverse. En apariencia, todo parece calmado y tranquilo en ellas; durante un tiempo no tienen nociones, pero la raíz de este problema sigue oculta en su interior y no se ha erradicado. Decidme, ¿acaso es bueno que este problema no se haya erradicado? (No). ¿Por qué no es bueno? ¿Qué impacto tendrá en las personas? (Las personas tienen nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado que estallarán en cuanto se den las circunstancias. Por ejemplo, al toparse con cosas que no les salen como esperan, malinterpretarán a Dios y se quejarán de Él, o bien se rebelarán contra Dios y se opondrán a Él). Este es un problema real. Si las nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado no pueden resolverse de raíz, siempre serán un problema que existe dentro de ti y tendrán cierto impacto en ti. Cuando no te has topado con ninguna circunstancia particular, simplemente lees las palabras de Dios y en tu corazón crees en la identidad y la esencia de Dios, así como en Su carácter, entonces este problema aún no ha tenido ningún impacto en ti. Si cuando el Dios encarnado interactúa contigo, habla contigo o te asigna un trabajo te enfrentas a la poda o a cosas que no salen según tus expectativas, tus nociones e imaginaciones pueden provocar en ti ciertos efectos negativos. Si se resuelven tus nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado, puede que sigas sintiendo dolor y malestar al encontrarte con estas cosas; en los casos más graves, podrías incluso desarrollar rebeldía, pero acudirás proactivamente ante Dios a fin de buscar la verdad para resolver estos problemas, en lugar de tratar al Dios encarnado como a una persona corriente o rebelarte contra Él, oponerte a Él y estar en Su contra.

Vamos a hablar sobre cómo deberían las personas resolver sus nociones e imaginaciones acerca del Dios encarnado. En realidad, este problema es más fácil de resolver que las nociones e imaginaciones de las personas relacionadas con la obra de Dios y Su esencia-carácter, sobre las cuales ya hemos hablado antes. La obra de Dios tiene un ámbito muy amplio e incluye gran cantidad de contenido, además de muchas verdades que las personas necesitan conocer y comprender. Asimismo, incluso más, la esencia-carácter de Dios es la verdad más profunda de entre todas las verdades que los creyentes en Dios deberían comprender y también la más difícil de conocer para la gente. Sin embargo, comparada con esos dos aspectos de la verdad, la verdad respecto al Dios encarnado es más directa para las personas, por lo que las nociones e imaginaciones relacionadas con el Dios encarnado también resultan más fáciles de resolver. Esto se debe a que, en comparación con la obra de Dios y Su esencia-carácter, el Dios encarnado es, después de todo, completamente real: las personas lo pueden ver y tocar. Él no es abstracto; más bien, posee una voz específica, puede expresarse verbalmente y tiene una apariencia externa, una imagen, un carácter y una personalidad específicos con los que las personas pueden entrar en contacto, además de los diversos aspectos de la verdad que Él expresa. Por tanto, en comparación con las nociones e imaginaciones de las personas sobre la obra de Dios y Su esencia-carácter, sus nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado son más concretas. Cuanto más concreto es algo, más fácil es para la gente conocerlo, más fácil le es compararse con ello y más fácil le resulta resolverlo. En teoría funciona así, pero ¿cómo se deberían resolver de manera específica las nociones e imaginaciones de las personas sobre el Dios encarnado? Hay dos sendas de práctica; es decir, hay dos principios de práctica relativos a la actitud correcta que las personas deberían adoptar hacia el Dios encarnado. El primero consiste en no compararlo con el Dios en el cielo. El segundo, también muy importante, es no equipararlo con la especie humana corrupta. Si puedes hacer estas dos cosas, básicamente se considerará que se han resuelto de raíz tus nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado. Fijaos, acorde a estos dos principios, ¿es correcta esta senda de práctica? (Sí). ¿Por qué estas dos sendas son el camino para resolver las nociones e imaginaciones de las personas sobre el Dios encarnado? (Porque la gente es más propensa a cometer estos dos errores. Cuando Dios se hace carne, la gente imagina que el Dios encarnado es muy nebuloso, pues piensa que puede realizar señales y prodigios como el Dios en el cielo y demás. Las personas también tienden a equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta, lo cual ofende fácilmente el carácter de Dios). Veis claramente este asunto, ¿verdad? (Sí). El motivo por el que estos dos puntos forman las sendas y los principios para resolver las nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado es que las nociones e imaginaciones que las personas desarrollan sobre el Dios encarnado consisten principalmente en estos dos aspectos. Por un lado, en lo que respecta al Dios encarnado, si las personas determinan que Él es el Dios que viene del cielo, que el Espíritu de Dios mora en Él como Su vida y que Él es el Espíritu de Dios materializado en la carne; si además determinan que Su identidad es especial y que Él es la expresión del Dios en el cielo, entonces lo compararán con el Dios en el cielo. Por otro lado, ya que el aspecto externo del Dios encarnado no es diferente al de los seres humanos y solo es una persona corriente, la gente no puede evitar tratarlo como a un miembro de la especie humana corrupta. A las personas les gusta mucho compararlo o equipararlo a la especie humana corrupta; incluso consideran al Dios encarnado como un miembro de la especie humana que no se diferencia en nada del hombre corrupto. Estos dos aspectos son el origen de las nociones e imaginaciones que las personas desarrollan sobre el Dios encarnado. Estos dos aspectos son también la causa principal de los errores que la gente comete a menudo cuando trata al Dios encarnado; de igual modo, son el origen de los diversos problemas de rebeldía, resistencia y oposición que surgen en su trato hacia el Dios encarnado. Por tanto, si se resuelven estos dos problemas, las nociones e imaginaciones, así como la rebeldía y la oposición que desarrolles respecto al Dios encarnado también se resolverán poco a poco. Dado que estas dos sendas de práctica son tan importantes, compartamos los detalles uno a uno.

Para resolver las nociones e imaginaciones de las personas acerca del Dios encarnado, el primer principio de práctica es no compararlo con el Dios en el cielo. El Dios en el cielo es un cuerpo espiritual y el Dios en la tierra es carne. Desde luego, no compararlo con el Dios en el cielo significa no intentar equiparar al Dios en el cielo con el Dios encarnado. Dado que tanto la identidad y la esencia del Dios encarnado como la obra que realiza representan todas al Dios en el cielo, resulta natural que la gente suela equiparar al Dios encarnado y al Dios en el cielo para compararlos. Entonces, ¿qué hay de malo en compararlos? ¿Por qué no se pueden comparar? Fijaos primero en qué suele comparar la gente y así sabréis si es correcto que los comparen de este modo. Así pues, ¿qué comparan las personas cuando comparan al Dios encarnado con el Dios en el cielo? Comparan Su poder, Su autoridad y Sus actitudes; son incluso más específicos y comparan si realizan o no señales y prodigios, el poder de Sus palabras o el resultado que estas consiguen. ¿Qué más comparan? (El Dios en el cielo habla como el trueno, provoca el temor de todos, mientras que el Dios encarnado habla de una forma corriente, normal y muy real. Las personas también hacen comparaciones de esta índole). Es decir, comparan muchas capacidades sobrenaturales. El Dios en el cielo creó todas las cosas; el Dios en el cielo habla como el trueno; el Dios en el cielo puede devolver la vida a los muertos; el Dios en el cielo ve desde el comienzo hasta el presente; el Dios en el cielo habla y eso se hace realidad; lo que Él ordena, queda establecido; el Dios en el cielo puede convertir algo en la nada o la nada en algo; el Dios en el cielo puede llevar a cabo diversas señales y prodigios, etcétera. Las personas comparan todas estas cosas: lo que el Dios en el cielo hace y dice, el poder, la autoridad, la omnipotencia y el carácter que exhibe, así como Su supremacía y omnipotencia. ¿Qué más? El Dios en el cielo tiene soberanía sobre todas las cosas y las orquesta todas; asimismo, gobierna y dispone el sino de las personas. El Dios en el cielo dispone todo tipo de entornos para la gente; escruta todas las cosas, escruta toda la tierra, además de escrutar cada movimiento, cada palabra y cada acto de las personas, conociendo lo que cada uno piensa y siente. Ya sean todas estas cosas imaginadas en las nociones de las personas o sean cosas de las que las personas ya han percibido una profunda sensación, al final, todas forman parte de la esencia que posee el Dios en el cielo y de algunos fenómenos reales que Él puede exhibir, los cuales las personas pueden imaginar dentro del ámbito de su capacidad de comprensión. Estas son las manifestaciones de cómo actúa el Dios en el cielo; en concreto, es lo que el Espíritu de Dios puede hacer. Algunos de estos aspectos coinciden con el Espíritu de Dios y están relacionados con Él, mientras que otros vienen adulterados por las nociones e imaginaciones de las personas. Pero ya se trate o no de las nociones e imaginaciones de las personas o de lo que es real respecto al Espíritu de Dios, al final todo esto forma parte del vivir o forma parte de la esencia y las revelaciones que el Dios en el cielo posee y ostenta, así como de aquellas que Él puede alcanzar. Precisamente por ser la esencia, el carácter o el poder que posee y ostenta el Dios en el cielo, estas manifestaciones y revelaciones solo tienen que ver con el Espíritu de Dios; es decir, tienen que ver con la identidad y la esencia inherentes de Dios. La esencia, el carácter o el poder que posee y tiene el Dios en el cielo, los cuales las personas pueden imaginar, sentir o conocer, resultan extraordinarios y grandes en comparación con la especie humana creada y quedan todavía más lejos del alcance de cualquier ser humano con los atributos de un ser creado; Él trasciende a todos los seres creados y no creados. La esencia y el poder que Dios mismo encarnado posee, ostenta o revela son todos inherentes a Dios; forman parte de Su carácter o de Su esencia, los cuales van más allá de lo que todos los seres creados y no creados pueden imaginar, conocer o captar. En cuanto a lo grande que es exactamente el poder de Dios, cuánto poder exacto tiene o cuánto trasciende exactamente todas las cosas, esto siempre será un misterio sin resolver para la especie humana creada. Las personas no tienen manera de conocer por completo a Dios; lo que ven es simplemente demasiado limitado. Dejando a un lado lo relativo a las nociones e imaginaciones poco realistas de las personas sobre Dios y hablando solo del verdadero poder, la autoridad y la esencia que posee Dios, lo que el Dios encarnado puede hacer, vivir y revelar es simplemente demasiado limitado. Usando una metáfora humana poco acertada para describirlo, tal vez lo que el Dios encarnado vive, revela y es capaz de hacer es apenas una gota en el océano o la punta del iceberg de la identidad y la esencia inherentes de Dios, no más. Es decir, lo que el Dios encarnado puede vivir y revelar de la identidad de Dios, Su esencia-carácter y Su poder son muy limitados. Ya que el Dios encarnado es Dios viviendo entre las personas con la forma de un ser humano creado, lo que puede hacer, así como los instintos y la naturaleza innata que puede vivir, es muy limitado. A pesar de ser el Espíritu de Dios materializado en la carne y tener al Espíritu de Dios morando en Él, como esta carne posee la forma de un miembro de la especie humana creada, la esencia de Dios y Su carácter que Él puede vivir, revelar y expresar son muy limitados. Esta es una razón. Por otra parte, cada vez que Dios se encarna, esto es el resultado inevitable de las necesidades de la obra de Dios; es decir, una necesidad inevitable de una etapa de Su obra, lo que significa que esta etapa de la obra de Dios requiere que Dios se haga carne, por lo que Dios debe hacerse carne para realizar esta etapa de la obra. Como Dios necesita hacerse carne, realiza esta etapa de la obra mediante Su encarnación; además, están los diversos aspectos de Su carácter, esencia y poder que Él ha de expresar, los cuales se necesitan para esta etapa de la obra. Sean los que sean los aspectos del carácter, la esencia y el poder que Dios necesite en esta etapa de la obra, al hacerse carne, materializa en esa carne el carácter, la esencia y el poder de Dios relativos a las necesidades de dicha etapa de obra. Expresado de manera sencilla, esta carne puede llevar a cabo cualquier obra que requiera esta etapa de la obra de la encarnación de Dios. Por ejemplo, esta etapa de la obra en los últimos días requiere realizar la obra de castigo y juicio. El Dios encarnado puede entonces expresar la ira y la majestad de Dios, así como Su carácter justo; puede manifestar esta clase de carácter, además de hacer este tipo de obra. Durante esta encarnación de Dios, entre lo que las personas ven y experimentan está el castigo y el juicio de Dios, Su ira, Su majestad y Su carácter justo. Cuando la obra que realiza el Dios encarnado es la obra de redención, la cual concede gracia y bendiciones a la especie humana y perdona los pecados de las personas, entonces la imagen de Dios que representa el Dios encarnado se muestra llena de misericordia y benevolencia, llena de paciencia e indulgencia, llena de amor, al tiempo que concede también una abundante gracia a la gente; tales son las características evidentes del carácter y la esencia de Dios en esa etapa de la obra. Por tanto, sin importar de cuál de las encarnaciones de Dios se trate, resulta imposible que las personas vean o conozcan por completo el carácter y la esencia del Dios en el cielo. Por ejemplo, una de las características del Señor Jesús que observaron los creyentes durante la Era de la Gracia fue que poseía una inmensa indulgencia, paciencia y perdón hacia las personas, así como una abundante misericordia y benevolencia. Por consiguiente, algunos creyentes en el Señor pudieron experimentar la paciencia, la indulgencia y el amor infinito e inconmensurable que provenían de Dios; es decir, la misericordia y la benevolencia procedentes de Él. En la Era de la Gracia, la característica principal del Dios encarnado al realizar la obra de redención fue la misericordia y la benevolencia. Sin embargo, en esta etapa de la obra en los últimos días, dado que el Dios encarnado pretende resolver las actitudes corruptas de las personas en lugar de perdonar sus pecados, lo que experimentan las personas por parte del Dios encarnado en esta fase de la obra es la majestad, la ira, el juicio y el castigo de Dios. La gente llega incluso a ver el lado inflexible de Dios, a observar cómo juzga y expone a las personas de forma inflexible; prácticamente cada vez que habla, el contenido básico consiste en el desenmascaramiento incesante, continuo e incansable de las diversas actitudes corruptas, de las revelaciones de corrupción y de los estados corruptos de la gente. Lo que las personas contemplan esta vez en el Dios encarnado es la majestad y la ira de Dios, Su intolerancia a la ofensa y Su carácter justo; lo que experimentan es el castigo y el juicio de Dios, unido a las pruebas y el refinamiento. En todo lo que dice Dios, las personas experimentan Su justicia, majestad e intolerancia a la ofensa; de igual modo, perciben con frecuencia la ira, el odio, el aborrecimiento y el rechazo de Dios hacia la especie humana e incluso Sus maldiciones y Su condenación. Aunque el Dios encarnado es completamente capaz de representar a Dios mismo, de representar Su identidad, Su carácter y Su esencia, como esta forma de encarnación de Dios es distinta a la forma de Su identidad inherente, se halla limitada por esa forma de la carne y por los instintos de esta. Lo que las personas pueden observar de la esencia de Dios, de Su carácter y Su poder en el Dios encarnado resulta limitado en comparación con la identidad y la esencia inherentes de Dios. Esto es muy normal. Las personas deberían comprenderlo y no comparar a ciegas al Dios encarnado con el Dios en el cielo para luego, al ver que no se corresponden, sentirse profundamente decepcionadas, juzgar a Dios, condenarlo, rechazarlo y negar la identidad de Dios, Su obra o Su esencia. Hay quienes incluso desarrollan nociones a raíz de un único asunto, tratan de equiparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo y, cuando no logran que coincidan, se vuelven negativos y débiles y algunos llegan hasta a considerar la idea de abandonar su fe. Esta manifestación es muy necia, además de muy ignorante.

En cuanto a Su identidad y esencia, el Dios encarnado guarda relación con Dios; posee la identidad y la esencia de Dios. Sin embargo, como su forma carnal y los atributos de la propia carne guardan relación con los instintos de la especie humana creada y se hallan limitados al alcance de estos instintos, sea cual sea la obra que el Dios encarnado haga en esta ocasión, lo que pueda hacer, lo que pueda lograr y la identidad y la esencia de Dios que pueda representar solo guardan relación con Su obra y ministerio en esta encarnación. Puede representar cualquiera que sea la identidad y la esencia de Dios que esta vez se correspondan con Su ministerio y Su obra. La obra que se ha de realizar esta vez representa la identidad y la esencia de Dios, así como Su carácter. Sea cual sea el carácter de Dios que Él vaya a representar, el carácter de Dios que vaya a expresar y la obra de Dios que vaya a hacer, Él representará el carácter pertinente de Dios; será capaz de representar el carácter pertinente de Dios y de llevar a cabo la obra pertinente que Dios pretenda hacer, pero le resulta imposible representar todo eso. La obra realizada en cualquiera de las encarnaciones de Dios basta para representar el carácter que Él pretende expresar en esa encarnación y también es suficiente para manifestar la obra que Dios intenta hacer en esa encarnación. Además, el carácter que Dios expresa y la esencia que revela no se contradicen en absoluto con la identidad y la esencia inherentes de Dios, ni Él comete error alguno en este sentido. Debido a que la identidad y la esencia del Dios encarnado son completamente una con la esencia inherente de Dios o con la esencia del Dios en el cielo, ya sea en términos de Sus palabras, de la vida que vive o de Su obra, o bien en lo que respecta al carácter de Dios, Su esencia y otros aspectos que las personas pueden ver, el Dios encarnado es idéntico al Dios en el cielo; son lo mismo. Al margen de si puede representar a Dios en Su totalidad y de si las personas pueden ver a Dios por completo, en resumen, Su identidad y esencia provienen del Dios en el cielo. Incluso si, según tu punto de vista, el Dios encarnado no puede representar al Dios en el cielo en Su totalidad, Su identidad y esencia siguen siendo las de Dios mismo. Incluso si, tras compararlos durante muchos años, sigues sin descubrir relación alguna entre el Dios encarnado y el Dios en el cielo que conoces, la identidad y la esencia del Dios encarnado no cambian por eso, dado que esto es un hecho. ¿Y cuál es este hecho? La esencia del Dios encarnado es la esencia del Dios en el cielo y Su identidad nunca cambia debido a Su esencia: es la identidad de Dios. Quizá hace treinta años la mayoría de la gente no me habría creído al decir esto, pero considero que estoy capacitado para decirlo después de estos treinta años. ¿Por qué lo digo? Si no se hubieran realizado estos treinta años de obra ni se hubieran expresado estas verdades, resultaría un poco precipitado decir que “el Dios encarnado representa a Dios mismo”. Esto es debido a que, sin la expresión de las palabras de Dios, la expresión de Su carácter y la expresión de Su identidad y esencia, si dijeras que “el Dios encarnado representa a Dios mismo”, la gente pensaría que no eres normal o que eres escandalosamente rebelde. Pero con tanta expresión de las palabras de Dios, tanta expresión de Su esencia-carácter y de Su identidad inherente, ¿creéis que es ir demasiado lejos decir que “el Dios encarnado representa a Dios mismo”? (No). ¿Es una exageración? ¿Resulta inapropiado? (No). No es por alardear. Por tanto, determinar si el Dios encarnado puede representar al Dios en el cielo, si posee el carácter y la esencia del Dios en el cielo o si posee la identidad del Dios en el cielo, esas son cosas que no se pueden juzgar a partir de Su apariencia externa. Puede que Su apariencia externa sea muy insignificante, su aspecto sea muy normal y corriente e incluso algunas personas lo descarten; quizá no posea rasgos sobresalientes ni manifestaciones sobrenaturales, incluso menos aún algún rasgo supuestamente único a ojos de la especie humana corrupta, o algo que la especie humana corrupta admire, respete o de lo que se maraville. Sin embargo, debido a que la obra que realiza, Su esencia y Su carácter son capaces de expresar el carácter y la esencia del Dios en el cielo, se puede determinar que Su identidad es la del Dios encarnado, la de Dios mismo.

Vamos a continuar compartiendo el tema de no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. Acabamos de mencionar que, cuando la mayoría de las personas entran en contacto con el Dios encarnado, les gusta compararlo con el Dios en el cielo. Ya que hemos compartido hasta este punto, decidme, ¿es apropiado compararlos de esa manera? (No). ¿Acaso no es cometer un enorme error? (Sí). ¿Es una necedad cometer este error? ¿Hay algunas consecuencias adversas? (Sí). ¿Cuáles son? (Cuando la gente delimita a Dios basándose en sus nociones e imaginaciones, es probable que se rebele contra Dios y se resista a Él, así como es probable que no acepte la obra de Dios ni Su salvación; las consecuencias son muy graves). Debes tratar al Dios encarnado racionalmente. Por tanto, ¿qué deberías hacer para ser racional? Debes reflexionar: ¿Qué significa que el Dios en el cielo se haya convertido ahora en carne para hacer Su obra? Ahora mismo es el Dios encarnado el que tiene la última palabra. Puede representar al Dios en el cielo con plena autoridad para hacer la obra de juicio en los últimos días. Por tanto, si tienes alguna dificultad o problema, debes buscar del Dios encarnado. Dado que Él puede representar al Dios en el cielo, Él puede resolver tus problemas; Él puede representar al Dios en el cielo a la hora de resolver los problemas en tu vida, los problemas relativos a tu fe en Dios, los relativos a tu salvación y los relativos a tu futuro destino y porvenir. Por otra parte, si oras y buscas de Dios en el cielo, pero ignoras a este Dios en la tierra e ignoras al Dios encarnado, entonces adelante, a ver si puedes aún recibir instrucciones claras, un claro esclarecimiento y luz, así como una senda clara de práctica. Si puedes obtener estas cosas al orar y admirar a Dios en el cielo, entonces eso es realmente bastante bueno y no necesitarás buscar de Dios encarnado. Pero si, después de orar, buscar y admirar a Dios en el cielo durante mucho tiempo, todavía no has recibido una luz clara, una senda de práctica o una solución clara, ¿qué deberías hacer? (Busca los principios-verdad en las palabras de Dios). Entonces no hay otro modo; solo puedes buscar las palabras que ha dicho y la obra que ha hecho el Dios encarnado. No te creas tan importante, tu prepotencia no puede salvarte, solo puede hacerte daño. El Dios en el cielo es todopoderoso, elevado, grande, extraordinario y trascendente, pero la especie humana no puede alcanzarlo. Cuando habla, no puedes entenderlo ni oírlo. Si Dios realmente te habla, tu carne mortal simplemente no sería capaz de soportarlo ni aguantarlo. Por tanto, ¿qué deberías hacer? Debes buscar al Dios encarnado y ver qué palabras ha dicho el Dios encarnado y qué obra ha hecho en la tierra y cuáles son Sus varias exigencias hacia ti. Entender estas cosas es lo más importante. No le ores ni recurras siempre al Dios en el cielo, siempre esperando que te dé revelaciones. Si haces esto, el Dios en el cielo te ignorará. El Dios en el cielo ha dicho: “Ahora estoy obrando en la tierra, haciendo declaraciones y hablando. Puedes oír y entender las palabras que hablo y estas palabras pueden resolver los problemas en tu práctica y resolver tus actitudes corruptas”. Entonces, ¿qué deberías hacer? No puedes esperar siempre que el Dios en el cielo te hable en persona. Debes “condescender” a acudir ante el Dios encarnado y acudir ante Sus palabras para buscar la verdad a fin de obtener provisión y ayuda. A esto se le llama tener racionalidad; esto es tratar al Dios encarnado con racionalidad. Por un lado, cuando veas el aspecto exterior y la apariencia del Dios encarnado o lo oigas hablar, no lo compares con el Dios en el cielo; simplemente trátalo como a una persona corriente, normal y real que puede representar a Dios. Por otro lado, no hace falta que tomes las palabras que Él dice, las exigencias que te hace ni Sus instrucciones hacia ti para escrutarlas, desconcertarte por ellas, verificarlas, debatirlas o someterlas a un procesamiento. Limítate a practicarlas e implementarlas directamente y sométete de forma directa; no hay necesidad de orarle al Dios en el cielo, de buscar de Él ni de verificar estas cosas con Él a espaldas del Dios encarnado. Si te empeñas en obtener una verificación para que sientas el espíritu tranquilo y estés dispuesto de corazón antes de practicar, implementar y someterte, ¿no resulta esto muy problemático? (Sí). ¿Hay gente que haga esto? La mayoría de las personas que llevan creyendo en Dios desde hace nueve o diez años y han adquirido una certeza absoluta sobre Dios en su corazón no hacen esto; les parece demasiado problemático. Las personas que hacen esto suelen ser siempre las que llevan creyendo menos de tres años. ¿Cómo le oran al Dios en el cielo? Dicen: “Dios, por favor, permite que me someta a Tu encarnación. Por favor, Dios, permite que me someta a las palabras que dices en la tierra. Por favor, Dios, permite que me someta a lo que expresas en la tierra. Por favor, Dios, ayúdame a abandonar las nociones que tengo sobre Tu encarnación”. Cuando oran así, ¿a quién le están orando? (Al Dios en el cielo). Decidme, ¿conmueve el Espíritu Santo a las personas que suelen orar así? ¿Tienen la presencia de Dios? (No). No la tienen ni les resulta fácil obtenerla. ¿Les presta Dios atención alguna a esas personas? (No).

Ya que el Dios encarnado es carne, Él es un Hijo del hombre normal y corriente. Al hablar de un Hijo del hombre normal y corriente, esto significa que posee los instintos y las condiciones innatas de una persona normal y corriente, así como la personalidad, el rango de emociones, la manera de expresarse y el estilo de habla de la humanidad normal. ¿Qué más? Una forma de pensar, un estilo de vida y hábitos de vida, además de las diversas elecciones de la humanidad normal respecto a todos los aspectos de la vida. ¿Qué incluyen estas elecciones? Por ejemplo, un entorno de vida de su preferencia, sus colores favoritos y algunas preferencias y elecciones sobre necesidades básicas. Con este aspecto exterior, estos instintos y estas condiciones innatas de la humanidad normal, así como las diversas manifestaciones dentro del alcance de la vida humana normal, se puede decir con certeza que el Dios encarnado es una persona absolutamente estándar y normal, un miembro corriente de la especie humana creada. En cuanto a Sus atributos y Su forma de existir, el Dios encarnado es completamente diferente al Dios en el cielo, es decir, al Espíritu de Dios; Su aspecto exterior es totalmente distinto al del Espíritu de Dios. Durante el periodo de la obra del Dios encarnado, lo que Él revela y es capaz de hacer es algo que los ojos humanos pueden ver y la mente humana puede comprender. Sin embargo, el conocimiento que las personas tienen sobre el carácter de Dios, Su esencia y Su identidad inherente es muy limitado. Sumado al hecho de que las personas mismas albergan muchas nociones e imaginaciones sobre Dios, las diversas manifestaciones de la humanidad del Dios encarnado les plantean algunas dificultades. Por ejemplo, cuando hablo uso palabras del lenguaje cotidiano y también acostumbro a usar algunos coloquialismos y expresiones vernáculas. La gente me comparará entonces con el Dios en el cielo, diciendo: “El Dios en el cielo debería hablar con elocuencia y usar palabras elegantes. ¿Por qué no son elegantes las palabras que usa esta persona? Incluso utiliza algunos coloquialismos, lenguaje vernáculo y a veces usa palabras y expresiones relativas a las necesidades básicas”. Por ejemplo, me gusta cierto color y alguien dice: “¿Cómo te puede gustar este color? ¡Este color no se ve puro ni santo! ¿Acaso a Dios no debería gustarle el blanco? ¿Es que a Dios no debería gustarle el azul celeste o el verde? ¿Cómo puede gustarte este color? ¡Este color no representa la identidad ni la esencia de Dios!”. Entonces desarrollan nociones en su corazón. Sin embargo, Yo digo que este color me gusta de verdad, ¿cómo debes abordar esto? (Debemos abordarlo correctamente). El Dios encarnado tiene una humanidad normal. Al vivir dentro de la humanidad normal, Él tiene que entrar en contacto con todo tipo de cosas dentro del ámbito de una vida humana normal. Así pues, respecto a las necesidades básicas, Él tiene Sus preferencias personales. Estas preferencias podrían ajustarse a las del Dios de tus nociones e imaginaciones o tal vez no. ¿Y qué si no se ajustan a ellas? ¿Te equivocas tú o me equivoco yo? Yo creo que no me equivoco, porque tengo derecho a elegir las cosas que me gustan. No te las he impuesto ni he dicho que sean la verdad y que debas aceptarlas. Tú tienes también tus derechos y yo nunca interfiero en ellos. Nunca te condeno por gustarte el blanco o el azul, así que tú tampoco deberías condenarme a Mí por gustarme otros colores, ¿verdad? Hay quien dice: “Eso no vale. Lo que Tú representas es diferente de lo que yo represento. Yo represento a los humanos corruptos y Tú representas al Dios en el cielo. ¿Cómo puede ser lo mismo?”. Yo sí represento al Dios en el cielo, pero el Dios en el cielo no condena los colores que me gustan a Mí. Tú piensas que el blanco es santo, pero fíjate en todas las cosas creadas por el Dios en el cielo: las hay de todos los colores. Las flores que Dios creó vienen en variedad de colores. A veces hay en el cielo incluso nubes oscuras entre las demás y estas son grises. En verano, cuando hace demasiado calor, en cuanto las nubes oscuras cubren el sol, te sientes fresco y cómodo y le agradeces Su gracia a Dios. ¿Acaso eso no es bueno? (Sí). Hay otros que dicen: “El verde es bueno; el verde creado por Dios representa la vida”. Esto es incorrecto. Mira las semillas que creó Dios. Por ejemplo, ¿acaso el maíz no viene en muchos colores? Hay maíz amarillo, blanco, morado y negro. ¿Puedes asegurar que el maíz no representa la vida? Dios creó el maíz. Puede echar raíces, brotar, florecer y dar fruto. Es orgánico y también representa la vida. Además, ¿es que son verdes todas las hojas de los árboles? (No, hay también hojas moradas, amarillas y rojas). Hay hojas de todos esos colores; ¿acaso no representan la vida? (Sí). Por tanto, cuando algunas personas dicen “el verde representa la vida”, ¿acaso no se equivocan? (Sí). Entonces, ¿es apropiado que algunas personas digan “el blanco representa la pureza”? ¿No es una tontería? El blanco solo tiene un aspecto un poco más limpio y brillante; no representa la pureza. Aunque lleves ropa blanca toda la vida, eso no significa que seas puro; no dejas de ser un ser humano corrupto. Por consiguiente, no existen preceptos a la hora de elegir colores. Simplemente se basa en tu tono de piel, preferencia personal y personalidad, así como, por supuesto, en la estación, el clima y la temperatura. El blanco es solo un color; no representa nada. ¿Qué hay del negro? Hay gente que dice: “El negro representa la oscuridad, la muerte y al diablo, ¡así que el negro es malo!”. Decidme, ¿es bueno condenar el negro? (No). A veces Yo también me pongo ropa negra, como un abrigo de lana, un cortavientos, un suéter o unos pantalones y, en invierno, a veces me pongo una bufanda negra y guantes negros. Los hay que dicen: “¿Es que el negro no representa la oscuridad y a Satanás? ¿Cómo puedes ponerte ropa negra? ¿Acaso no representas a Dios? Si usas el negro mientras representas a Dios, ¿no es eso una mala representación? No cabe duda de que al Dios en el cielo no le gusta el negro”. Yo digo que te equivocas. ¿Cómo sabes que al Dios en el cielo no le gusta el negro? ¿Cuándo has oído que a Dios no le gusta el negro? ¿Está registrado en la Biblia o te lo contó un mensajero? Fíjate en los alimentos negros entre las semillas y las legumbres, como las alubias, el arroz y las semillas de sésamo negros, ¿acaso no los creó Dios? (Sí). A la gente le gusta comer estos alimentos negros y supuestamente nutren el cuerpo. Además, las gallinas sedosas son completamente negras y su valor nutricional es mayor que el de las gallinas corrientes. También están los peces cabeza de serpiente, mamíferos como los osos negros y aves como los cuervos, ¿acaso no son negros? (Sí). Hay piedras negras, personas de cabello negro y personas de piel negra. Hay quienes tienen el cabello negro y brillante y siempre presumen ante los demás, dicen: “¡Fíjate lo negro que es mi cabello, es muy bonito!”. Cuando les salen canas, les preocupa y sienten que están envejeciendo. ¿Qué representa el blanco entonces? (El envejecimiento). Representa el envejecimiento, un deterioro de las funciones corporales e incluso la marcha hacia la muerte. La gente se vuelve más sombría, abatida y angustiada cuanta más canas tiene y rememora lo bueno que era tener el cabello negro cuando eran jóvenes. En ese momento, se dan cuenta de lo necias que fueron al decir “el blanco representa la santidad” y dejan de decir que el negro representa la oscuridad, al diablo y a Satanás; ya no hablan a ciegas según sus nociones. Las personas entenderán estas cosas tras pasar por algunas experiencias, pero las hay que jamás las entienden, ni siquiera cuando alcanzan la vejez. Las personas albergan nociones sobre muchas cosas en su interior. Cuando oyen lo que digo o ven lo que voy a hacer o las elecciones que hago, no pueden evitar intentar compararme con el Dios en el cielo y desarrollan algunas nociones. Con frecuencia desarrollan nociones, en especial respecto a cosas de la vida con las que pueden entrar en contacto y que pueden ver. Fíjate, la gente no puede evitar desarrollar nociones respecto a elegir los colores y ni siquiera pueden abordar con racionalidad este asunto menor ni realizar un juicio correcto. Por ejemplo, observas que el atuendo de las monjas y los monjes budistas es gris, así que piensas que el gris representa a las monjas y los monjes budistas. Por consiguiente, si escojo para ti una camisa gris, piensas: “¿Acaso no somos cristianos? ¿Es que no eres Tú el Dios encarnado? ¿Cómo puedes seguir eligiendo ropa gris? ¡Solo las monjas y los monjes budistas usan el gris! ¿Cómo van los creyentes en Dios a usar el color que llevan las monjas y los monjes budistas? ¿No supone eso igualarnos con el budismo? ¡Ni siquiera evitas este tabú!”. Yo respondo, ¿qué hay que evitar? Dios creó todos los colores. Tengo Mis razones respecto a cualquier color que me guste y, asimismo, sin duda es bueno y beneficioso para ti. Creas siempre correlaciones entre los monjes y las monjas con el color gris, o bien con los creyentes en Dios o contigo mismo: eso es tu problema. Yo no lo considero de una manera tan complicada. Pensar de esa forma implica que eres irracional. Contemplas este color desde la perspectiva de tus nociones e imaginaciones, le has adjudicado tu propio significado a este color y lo has interpretado de manera distorsionada. Al final, te limitas a que solo te guste el blanco y a vestir solo de blanco. No obstante, cuando te ves la cabeza llena de canas, la piel y el rostro pálidos o contraes vitíligo, te pones triste y dejas de decir que te gusta el blanco y que el blanco representa la pureza. La gente incluso rebosa de nociones sobre los colores que le gustan al Dios encarnado y cuáles elige. Decidme, ¿acaso no es esto muy problemático? Me pregunto si estas personas han comprendido en realidad las muchas verdades de las que he hablado. Si ni siquiera son capaces de entender este asunto menor, ¿pueden entender algo tan complejo como la verdad? Dudo que entiendan realmente la verdad. Es difícil saberlo, ¿no? (Sí). Solo entienden algunas doctrinas, pero no entienden la verdad; sin embargo, siguen aplicando preceptos a ciegas y emitiendo juicios sobre algunas cosas en la vida real. ¿Acaso no es esta la distorsión de las personas? (Sí).

Decidme, ¿cómo deberían las personas contemplar y entender los diversos colores? Fijaos en este mundo humano: los objetos y los seres vivos que se pueden ver a simple vista —ya se muevan o sean inertes— vienen en todo tipo de colores y Dios los creó todos. Los peces, las aves, los animales feroces, los herbívoros, las aves de corral y el ganado vienen en todo tipo de colores; los frutos que dan los árboles y la tierra vienen en todo tipo de colores. ¿Qué has entendido de estos abundantes colores? Dios creó los colores de diversos objetos inertes para proporcionar un entorno vital adecuado para la humanidad creada; estos colores resultan beneficiosos para los ojos y los sentidos de las personas, así como para la supervivencia de todo su cuerpo. Dios ha considerado todo esto. Dios cuenta con una razón concreta al utilizar un determinado color o al diseñar la forma y el tamaño de algo, así como sus hábitos y patrones de vida; con Dios no hay preceptos. Dios no solo no se rige por preceptos al crear todas las cosas, sino que también existe un principio de lo más fundamental: a juzgar por sus colores, formas, hábitos de vida y funciones, así como por el papel que cada uno desempeña entre todas las cosas, todos hacen a las personas aptas para sobrevivir en ese entorno y les permiten absorber los diferentes nutrientes que necesitan de diversos alimentos; Dios los creó basándose en estas cosas. Como las personas son demasiado insignificantes y lo que pueden ver con sus propios ojos es limitado, dentro del alcance de lo que pueden ver a simple vista, delimitan a Dios como si fuera de esta o de aquella manera y piensan que Dios debería comportarse de tal o cual manera. Por ejemplo, en las imaginaciones de las personas, Satanás suele surgir de la oscuridad, así que la gente piensa: “El negro es malo. A Dios no le gusta el negro; Dios no crea nada negro”. ¡Te equivocas al pensar de esta manera! Hay muchas cosas negras beneficiosas para las personas. Por ejemplo, algunos alimentos como las alubias negras y las semillas de sésamo negro son negros, pero son beneficiosos para el cuerpo humano. Además, los colores de algunas aves y animales son negros e incluso constituyen algunas especies protegidas. Por consiguiente, te equivocas al determinar si algo es bueno o malo según su color. La elección del negro por parte de Satanás no demuestra que el negro sea malo ni que el negro sea algo que a Dios no le agrada o que condena. Entonces, ¿por qué Satanás elige el negro? Satanás es perverso y cruel, así que no puede soportar la luz y le gusta ocultarse en la oscuridad. Solo oculto en la oscuridad puede evitar que la gente lo descubra. Elige el negro para que le sea más fácil ocultarse, engañar, hacer cosas malas y cometer maldades. Sin embargo, tú no puedes condenar el negro solo porque sea la elección de Satanás. Comparado con el blanco, como mucho el negro facilita que Satanás se oculte y por eso lo usa y lo prefiere. Como Dios es luz, por eso a menudo camina en la luz, habla a las personas en la luz y se les aparece en la luz. Dios vive en la luz y Dios siempre elige la luz blanca. Así que la gente piensa: “A Dios no le gustan otros colores, a Dios solo le gusta el blanco”. ¿Acaso no es este un punto de vista erróneo? (Sí). Fíjate en todas las cosas creadas por Dios: vienen en todo tipo de colores. Entonces, ¿de dónde provienen todos estos colores diferentes? Todos tienen su origen en los pensamientos de Dios. Si condenas los diversos colores que surgen de los pensamientos de Dios, ¿qué tipo de problema es este? ¿Acaso no es rebeldía? (Sí). ¡Es demasiado estúpido! Si eres capaz de entrar en contacto con las manifestaciones de la humanidad normal del Dios encarnado, así como verlas y oírlas, deberías tratarlas correctamente. Mientras no afecten ni sean un obstáculo para que aceptes la verdad, no deberías convertirlas en un gran problema ni investigarlas ni analizarlas, para luego exagerarlas desproporcionadamente y, al final, desarrollar nociones y juzgar, condenar, resistirte y rechazar al Dios encarnado. ¡Eso sería una gran equivocación! Tales personas carecen de conciencia y razón.

Dado que el Dios encarnado es una persona normal y corriente, cuenta con Su ámbito fijo y normal de vida, Sus hábitos de vida e incluso Sus patrones de vida, así como todas las diversas elecciones, concesiones y la variedad de emociones implicadas en la vida humana. En cuanto a la humanidad normal del Dios encarnado, por un lado, las personas deberían abordarla de manera correcta y desde una perspectiva racional; por otro lado, deberían tener una comprensión correcta de ella. Si desarrollas nociones porque ves y oyes lo que hace el Dios encarnado respecto a Su vida y Su humanidad normal o entras en contacto con ello, el método más simple para garantizar que esto no afecte tu entrada en la vida ni tu aceptación de las palabras de Dios es no intentar comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. El Dios encarnado vive en una humanidad normal; Él tiene Su libertad, tiene el ministerio que debe realizar y también tiene una vida humana normal. Debes abordar esto de la manera correcta. Fíjate, la tercera etapa de la obra de Dios para salvar a las personas requiere expresar muchas verdades. Al compartir diversos aspectos de la verdad, utiliza el lenguaje cotidiano, incorpora a menudo coloquialismos, lenguaje vernáculo y dialectos locales, así como emplea a veces formas especiales para expresarse. Mientras las palabras que diga sean todas la verdad y verdades que deberías comprender y en las que deberías entrar, entonces deberías someterte; así podrás alcanzar la salvación. Si siempre eres quisquilloso, escrutas y tienes dudas, no obtendrás la verdad y te perderás la preciosa oportunidad de la salvación de las personas por parte del Dios encarnado. Entonces, ¿cómo deberías abordar correctamente la obra del Dios encarnado? Primero, debes poseer razón, debes aprender a someterte a la obra de Dios, debes concentrarte en las tareas que te corresponden y recorrer la senda de la búsqueda de la verdad, así como enfocarte en resolver tus actitudes corruptas para alcanzar la salvación. Esto es lo más importante. No hay necesidad de escrutar todo el día a Dios. Por muchas nociones e imaginaciones que tengas, no son la verdad. Podrías aferrarte toda la vida a tus nociones y aun así no obtener la verdad y al final tener que ir al infierno. Una vez que desentrañes estos problemas, podrás entrar en el camino correcto de creer en Dios y podrás desprenderte de tus nociones e imaginaciones al leer las palabras de Dios. Primero, mira si en estas palabras hay verdad que buscar. Si estas palabras contienen la verdad y las intenciones de Dios y pueden permitirte entender un aspecto de los principios-verdad, entonces sé más abierto de mente; no montes un escándalo por cada detalle, no seas estrecho de mente ni te obsesiones con ello. ¿Qué deberías pensar en tu corazón? “Aunque el Dios encarnado es una persona corriente con una humanidad normal, Él puede expresar la verdad y puede representar a Dios. Aunque tengamos algo de educación y podamos hablar con elocuencia, no podemos expresar la verdad ni expresar el carácter de Dios y lo que Dios tiene y es, ni podemos compartir con claridad los principios-verdad. Por mucho conocimiento que tengamos y por muy alto que sea nuestro estatus, eso no significa que poseamos la verdad ni que podamos representar a Dios. Aunque el Dios encarnado habla en un lenguaje cotidiano simple y fácil de entender, todas las palabras que pronuncia son la verdad. También puede compartir en profundidad los principios-verdad y resolver los diversos problemas de las personas. Con esto basta. ¿Acaso las personas no creen en Dios para obtener la verdad? No debería ser siempre tan quisquilloso ni intentar encontrar defectos; eso es descuidar las tareas que me corresponden”. Si tienes esta actitud, serás capaz de entender la verdad cuando leas las palabras de Dios y podrás perseguir la verdad. Si no posees esta actitud, no buscas la verdad y siempre eres quisquilloso con las palabras al escuchar sermones, así como siempre tienes nociones sobre las palabras y la obra del Dios encarnado, afectará a tu comprensión de la verdad. Hay quienes siempre comparan al Dios encarnado con el Dios en el cielo, siempre preguntan: “¿Por qué el Dios encarnado no es un cuerpo espiritual? ¿Por qué la carne no habla con una voz de trueno como el Dios en el cielo?”. También creen que es imposible que el Dios encarnado sea el Dios verdadero que expresa declaraciones y habla. Creen que las acciones del Dios verdadero deben exceder las imaginaciones de las personas: si habla exactamente como una persona normal, ¿cómo podría ser eso la aparición y la obra de Dios? Simplemente no reflexionan: “¿Puede un humano expresar la verdad? El Dios encarnado puede expresar muchas verdades; ¿es esto algo que pueda lograr una persona? No muchas pueden ver esto con claridad. Que Dios exprese tantas verdades es lo más grande que Dios ha hecho entre la especie humana y es algo que ninguna persona puede lograr”. Para que las personas entiendan, cuando comparto la verdad, debo compartirla de una manera que sea llana y fácil de comprender; debo compartirla en detalle, repetir las cosas y también dar ejemplos. Esto provoca que muchas personas desarrollen nociones. Si realmente compartiera de manera generalizada, ¿cuántas personas serían capaces de captar lo que digo? Ni una sola sería capaz de captarlo, sobre todo porque vuestra estatura es demasiado pequeña. Explico las cosas con tanto detalle, tan pormenorizadamente, que se vuelve pesado e incluso yo mismo me harto del tema y no quiero seguir hablando; sin embargo, algunas personas todavía no entienden lo que estoy diciendo y piensan: “¿Por qué no dar un par de ejemplos más?”. He hablado hasta el punto de hartarme de ello y no querer continuar, por tanto, ¿cómo es que sigues sin entenderlo? Eso demuestra que no tienes un cerebro humano, no tienes la capacidad de comprender la verdad y, por mucho detalle en el que entre, seguirás sin entenderlo. Compartir así, esforzándome por asegurar que cualquiera con un poco de capacidad de comprensión pueda entender y tener una senda de práctica, es inevitable que resulte un poco pesado. Además de eso, la energía y otros aspectos de la humanidad normal son limitados. Especialmente al compartir la verdad, algunas cosas son muy difíciles de expresar con palabras y el lenguaje humano es demasiado deficiente. Por consiguiente, a veces es muy difícil encontrar en dos o tres segundos la palabra adecuada y solo puedo usar una palabra que sea más o menos equivalente para lograr un poco de efecto, lo cual es suficiente. Pero cada vez que comparto, me esfuerzo por asegurar que las palabras que comparto puedan girar en torno a un tema para que podáis tener un entendimiento de este aspecto de la verdad y, al final, tengáis una senda que seguir cuando os encontréis con todo tipo de cosas en vuestra experiencia real. Esto es extremadamente beneficioso para vuestra experiencia de vida. Aunque pueda hacerse pesado que hable con tanto detalle, cuando os encontréis con este tipo de problemas, no os sentiréis perdidos: tendréis una senda a seguir. Ya no viviréis entre palabras y doctrinas, sino que tendréis una senda práctica, una base práctica y principios-verdad prácticos que podréis equiparar con las situaciones con las que os encontréis para resolver vuestros problemas. Por tanto, hago todo lo posible por hacer lo que la humanidad normal del Dios encarnado puede lograr y me esfuerzo al máximo por decir todo lo que se me ocurre. Cuando hable hasta el punto en que vosotros digáis que lo entendéis todo y que ya no hay necesidad de que comparta más, entonces dejaré de hablar; en realidad no quiero seguir extendiéndome tanto cuando hablo.

Fíjate, el Dios en el cielo habla de manera sencilla. Por ejemplo, Jehová Dios le dijo a Moisés: “Moisés, ven, tengo algo que decirte”. Moisés se arrodilló enseguida, Dios le dijo unas pocas cosas que debía proclamar y Moisés las proclamó a partir de las instrucciones de Jehová Dios. Hoy, si el Dios encarnado te dice varias cosas y te pide que las hagas, revelarás todo tipo de actitudes corruptas durante tu práctica. En este momento, ¿podrás tener principios de práctica y una senda de práctica? (No). No los tendrás. Por tanto, verás que el Espíritu de Dios habla de manera sencilla. Sin embargo, cuando obra y pronuncia algunas palabras en ocasiones y contextos especiales para hacer cosas específicas, lo hace únicamente porque no le queda otra opción. No obstante, la obra que hace el Dios encarnado es concreta y exhaustiva. No es que el Espíritu de Dios diga unas cuantas cosas para hacerle revelaciones a la gente o las diga para dar una orden o hacer una profecía y ahí acabe todo, tras haber realizado esa tarea sencilla y única. La obra del Dios encarnado consiste en hablar durante un largo periodo de tiempo. Transformar las actitudes de las personas y desechar sus actitudes corruptas no son aspectos que se puedan conseguir diciendo simplemente un par de cosas. Como la especie humana se ha corrompido muy profundamente y los diversos venenos y actitudes de Satanás se han arraigado hondamente en las personas, el Dios encarnado debe realizar una obra concreta para purificar por completo la corrupción de estas, decir palabras concretas y expresar los diversos aspectos de la verdad necesarios para que las personas alcancen la salvación. Al obrar de este modo durante un periodo tan largo de tiempo, las palabras que expresa y la obra que realiza parecen ser muy concretas y, a ojos de la gente, tal vez hasta muy pesadas y extensas. A partir de sus nociones, piensan: “¡Oh, el Dios encarnado no es veloz como el rayo en Su obra ni resuelve las cosas rápidamente! Da demasiados detalles al hablar y cuenta demasiado; es un poco pesado. ¡Trata a la gente como a niños de tres años!”. Vista tu estatura, no creo que llegues siquiera al nivel de un niño de tres años; tal vez tu nivel sea el de un niño de uno o dos años o tal vez incluso el de un bebé. En realidad, tratarte como a un niño de tres años es enaltecerte. Cuando Dios habla como un trueno desde el cielo para decirle cosas a la gente, ¿a qué tipo de personas se está dirigiendo? Se dirige a Sus mensajeros y a las personas que Él usa. ¿Y a qué grupo de personas se enfrenta ahora el Dios encarnado? Se enfrenta a la especie humana corrupta, a la que Él pretende salvar, en lugar de hablarle a individuos concretos y obrar en ellos. La naturaleza de las obras que realizan el Espíritu de Dios y el Dios encarnado difiere por completo. El Espíritu de Dios nunca podría vivir con la especie humana corrupta. Solo el Dios encarnado puede vivir con las personas y continuar hablándole incansablemente a la especie humana corrupta y obrando en ella de este modo. El Dios encarnado viene entre las personas y vive con ellas. Como vive con ellas, Él lo supervisa todo. ¿Qué quiere decir que lo supervisa todo? Significa que se han de resolver los problemas relativos a cómo se comportan, viven, trabajan, realizan su deber y a qué senda recorren, así como los asuntos relativos a la salvación de las personas, cómo tratan estas a Dios y cómo lo conocen. La última vez que Dios se hizo carne fue para que lo clavaran en la cruz y así redimir a las personas del pecado. Esta vez, Dios se ha encarnado para resolver de raíz la naturaleza pecaminosa de las personas. Por tanto, esta etapa de la obra requiere que Dios diga muchas palabras y exprese muchas verdades; la duración de la obra de Dios también debe extenderse durante un lapso de tiempo mucho más largo. El Espíritu de Dios no puede vivir con la especie humana, porque los atributos de esta son diferentes de los del Espíritu de Dios y de la identidad inherente de Dios. No tienen manera de convivir. Por consiguiente, dicho de manera algo inadecuada, admiras al Dios del cielo, pero el Dios del cielo es un cuerpo espiritual y Él no puede acompañar siempre a la especie humana. Solo cuando Dios se hace carne y se convierte en una persona ordinaria puede acompañar a la especie humana de este modo. Se entiende con facilidad al decirlo de esta manera, ¿no? (Sí). El Dios encarnado convive con la especie humana, habla y obra incansablemente año tras año. El Dios encarnado convive con las personas y es probable que las que lo rodean y pueden entrar en contacto con Él hayan experimentado algunas cosas: Él ha resuelto todos los problemas relativos a las necesidades básicas que hacía falta resolver en las personas y también ha hecho mucha más obra de la que le correspondía, como hacer películas, revisar guiones, dirigir vídeos, escribir diálogos, escribir guiones de entrevistas y revisar artículos importantes. He hecho toda esta obra que se supone que en principio no me correspondía. Realizar esta obra adicional me deja exhausto física y mentalmente, ha impedido Mi descanso e incluso ha retrasado Mi predicación de sermones. Mucha gente ve estas cosas, pero no es consciente de ellas. Yo hablo y obro sin descanso, pero la mayoría de las personas aún se quedan cortas y no acaban de entenderlo. Veo que esta especie humana es realmente lamentable, insignificante e ignorante. Las personas no son nada, sea cual sea su género o su edad. Si hubiera dicho esto antes de hacer esta obra, podrías haber pensado: “¿Acaso no actúas de forma altiva? Nos estás menospreciando”. Sin embargo, después de interactuar con estas personas durante muchos años, me lamento desde el fondo de Mi corazón: “¡Me habéis hecho desvivirme por vosotros! Vuestro calibre es pobre y mucha es vuestra rebeldía. En realidad, no os estoy menospreciando”. Soy el más discreto y el que menos llama la atención entre vosotros y, tanto en lo que se refiere al discurso, la apariencia, la estatura o el aprendizaje, me veis inferior a vosotros, pero mediante Mi contacto e interacciones reales con vosotros a lo largo de estos años, ¿qué es lo único que puedo decir? Aparte del hecho de que la senda que habéis elegido recorrer al seguir al Dios encarnado es correcta, no poseéis nada más. Solo sois caparazones vacíos sin realidad-vida. Vuestra vida humana es sencillamente un desastre y un desorden absolutos. La mayoría de las personas no tiene habilidades reales ni auténtico conocimiento, no sabe vivir, no sabe gestionar el entorno o a los animales ni sabe cómo cuidar de su higiene personal. No siguen procedimientos en nada de lo que hacen, están desorganizadas y no saben cómo empezar ni cómo concluir las cosas. Su calidad humana también es deficiente. Carecen de una actitud seria, responsable, rigurosa y meticulosa al hacer las cosas. Se comportan simplemente de manera superficial para gorronear, salen del paso día tras día. Sin embargo, todas estas personas tienen deseos extravagantes, sienten que son mejores que los demás y quieren estar al mando y dar órdenes para que otros hagan las cosas, pero para su desgracia, ninguna de ellas tiene esa capacidad. A Mí no me gusta estar al mando dando órdenes ni me gusta sentarme en lo alto dando instrucciones y diciendo a la gente lo que tiene que hacer. Me gusta simplemente hacer obra real, llevar a cabo cada tarea de forma ordenada y eficiente, hacerla bien metódicamente y asumir la responsabilidad con suma seriedad hasta el mismísimo final. Sin embargo, la mayoría de las personas realmente no tienen lo que hace falta. No son capaces de asumir esta responsabilidad y no tienen la habilidad ni la capacidad para dar órdenes. He de decir que no podéis gestionar ni mantener el entorno. Tengo un esquema y un plan determinados en la cabeza, así que os cuento Mi plan. Os digo cómo trabajar, cómo organizar las cosas, dónde plantar árboles, dónde plantar hierba, qué construir y dónde, dónde es adecuado colocar ciertas cosas y cómo gestionarlas; luego vosotros vais y lo hacéis, eso es lo único que hace falta. Al terminar, todo el mundo ve que, ciertamente, lo que se ha hecho está bastante bien. He interactuado con estas personas durante cinco o seis años y todas sus habilidades y capacidades han quedado al descubierto. Ahora sé que es probable que los miembros de esta especie humana sean todos así. Aunque no he convivido con el pueblo escogido de todos los diferentes países, vuestra situación real debería ser más o menos la misma que la del pueblo escogido de Dios en las iglesias chinas de Estados Unidos. Interactúo con estas personas, por lo que acaban por obtener un poco de beneficio adicional y por disfrutar de un poco de Mi favor. Vosotros estáis lejos y no puedo ponerme en contacto con vosotros, así que solo podéis perseguir la verdad. El resultado es el mismo.

Al hacerse carne para hacer obra en esta ocasión, lo que hace Dios principalmente es compartir las diferentes verdades, permitir a las personas embarcarse en la senda de la salvación al entender, aceptar y practicar cada verdad y, al final, alcanzar la salvación, con lo que se cerraría la obra del plan de gestión de Dios de seis mil años; esta es la obra que ha de hacer Dios. Respecto a cuántas partes de esta obra no concuerdan con las nociones de las personas ni están de acuerdo del todo con el Dios en el cielo tal como lo ven ellas, deberían dejar de lado todo esto. Sean cuales sean las nociones que tengas, mientras las palabras que se digan y la obra que haga el Dios encarnado expresen la verdad y las intenciones de Dios, puedan representar a Dios mismo y representar el carácter y la identidad de Dios, entonces deberías aceptarlas y no ser quisquilloso. Asimismo, si eres quisquilloso constantemente y tienes esta o aquella noción sobre el Dios encarnado, algo que siempre te impide aceptar la verdad, entonces esto te resulta de lo más problemático; no te causará el menor beneficio, solo daño. Por consiguiente, no deberías tratar al Dios encarnado según tus nociones e imaginaciones ni deberías evaluar al Dios encarnado usando tus nociones e imaginaciones. En cambio, deberías desprenderte de tus nociones e imaginaciones iniciales acerca del Dios encarnado, así como de tus nociones e imaginaciones actuales sobre Él. Da igual qué nociones e imaginaciones tengas, deberías rechazarlas; deberías diseccionarlas y llegar a conocerlas y luego condenarlas y desprenderte de ellas. Solo después de desprenderte de ellas puedes tener un corazón transparente que puede aceptar las palabras de Dios y la obra de salvación que Él hace en ti; solo entonces puedes acudir ante Dios y tener esperanzas de alcanzar la salvación. Además de hablar y proveer a las personas con la verdad y hacer la obra de castigar, juzgar y salvar a las personas, en realidad el Dios encarnado también aporta a las personas un poco de guía útil respecto a algunos asuntos en su vida. Aunque esta obra no guarde relación con la verdad ni con la obra de salvar a las personas ni sea obra que se incluya en el ministerio del Dios encarnado, en Mi contacto e interacciones con las personas de las iglesias chinas en Estados Unidos he dado también mucha guía, críticas y correcciones relativas a los problemas en su vida. ¿No es cierto? (Sí). Esta es obra que hago simplemente de pasada. Desde fuera, la mayoría de las personas parecen algo capaces, pero no pueden asumir ni un solo punto del trabajo y hasta sus entornos de vida son un completo desastre. Visto que parecía que básicamente no existían esperanzas de lograr que estas personas mantuvieran sus entornos de vida ordenados y de que sus vidas fueran por el camino correcto siquiera en un plazo de diez años, Yo participé en algunas cosas y las guie en ellas, las ayudé a adecentar el patio y a arreglar el entorno. En algunos lugares, las mesas, las sillas, los sofás y las macetas con plantas de las habitaciones, los cuadros y los espejos que cuelgan de la pared y los objetos en los baños estaban todos desordenados. Descrito en dos frases, estaba “completamente desorganizado” y no tenías “ningún lugar para estar en pie”. Te preocupaba incluso el mero hecho de tratar de caminar por allí, pues podías tropezarte con algo. Cada vez que Yo iba, sentía un agobio insoportable allí dentro. Me incomodaba ver cómo se organizaban las cosas allí dentro. Había todo tipo de objetos apilados, muchos de ellos en el lugar incorrecto. Cubos y cubos de arroz y harina amontonados en el estudio, pero nada de espacio en los armarios de la cocina para guardar el grano. Había destornilladores en el escurridor de platos y cajas de herramientas en el frigorífico. Le dije a la gente de allí: “¿Es necesario congelar vuestras herramientas? ¿Os da miedo que fuera tengan demasiado calor?”. Me parecía sencillamente inconcebible. Tengo un hábito: nada más entrar a un sitio, me gusta ver primero si está organizado de manera ordenada y adecuada, si cada objeto está en el lugar que corresponde. Observé su casa varias veces y ya no podía soportar más lo que veía. Dije: “Hoy tengo algo de tiempo libre, así que voy a ordenar vuestra casa. Cuando termine, si os parece apropiado, dejadla así; si no os parece apropiado, podéis cambiarla”. Me fijé más o menos en los muebles básicos que había y luego, en función del tamaño y la estructura de la casa, les hice colocar los muebles, los utensilios de cocina y la ropa en su lugar respectivo, organizados adecuadamente. También les hice quitar telarañas y la arena y el polvo del suelo. Después de ordenar, todo el mundo se sintió muy bien. Luego mantuvieron esta organización básica; solo era necesario mantener la limpieza. También les he ayudado a diseñar el entorno de sus patios. Pusimos árboles florales en ciertos lugares y arces en otros, así como algunas flores en parterres. Este tipo de paisajismo es bastante bonito. Después de que se organiza todo, en algunos lugares lo mantienen muy bien, mientras que hay otros en los que nadie se toma nada en serio ni mantiene nada. Cuando las flores y las plantas están muy altas y les salen ramas, ni siquiera saben que deberían podarlas. Me he preguntado si esta gente es idiota o qué. Después de organizar el entorno, no saben si es bueno o no ni saben dónde colocar cada cosa. Pones una mesa en el salón, pones una lámpara encima y unas cuantas sillas alrededor. De noche, lees libros y escuchas himnos a la luz de la lámpara y es muy agradable hacer las devociones espirituales con esa tranquilidad. A la gente que no entiende esto le parece que no hay suficientes cosas en la habitación, así que mete otras dos mesas pequeñas y apilan algo de arroz, harina y comida de perro en las mesas. Donde haya un poco de espacio, acumulan cosas, hasta que la habitación parece un almacén. No les viene bien buscar las cosas cuando están guardadas y ordenadas y les parece que les viene mejor tenerlas siempre a mano, todas apiladas. Yo digo: “Este es un entorno para que vivan las personas. Si no sabes cómo ocuparte de ello o cómo mantenerlo, ¿cuál es la diferencia entre vivir de esta manera y vivir en una pocilga?”. Los hay que observan Mi manera de mantener las cosas ordenadas y aprenden de ello; son capaces de aprender algunas cosas y entenderlas un poco. Pero otras personas no intentan siquiera aprender; nunca mantienen su propio entorno de vida ni cuidan su higiene personal. Vaya donde vaya, si veo que el lugar está bastante limpio, no hay demasiadas cosas y no es lujoso, sino que está bastante ordenado, no es un caos absoluto y no hay nada de basura, me siento bastante dispuesto a quedarme allí. El lugar me parece bastante agradable; hay luz, está limpio y tranquilo. El lugar donde vivo Yo mismo no necesita artículos de lujo ni muebles fastuosos. Lámparas de araña, colchones de marca, muebles de estilo europeo; no necesito nada de eso. Solo una cama sencilla, un tocador, un escritorio y una silla. Puedo leer libros allí sentado, usar el ordenador y escuchar canciones. Es bastante agradable y sencillo. Tener cosas sencillas no es lo principal. ¿Qué es lo principal? Colocarlo todo de manera ordenada. Los libros están bien colocados allí. No tiro por ahí la ropa que no llevo puesta, sino que la doblo y la dejo ordenada; al mirarla, ves que está organizada. No hay polvo en la mesa ni en el tocador; si hay, lo limpio. Cuando voy a algunos sitios y veo que las habitaciones están bastante limpias, eso demuestra que el dueño de la casa se toma bastante en serio la limpieza. En algunos lugares, las habitaciones tienen un desorden absoluto, además de estar particularmente sucias, con pelos, polvo, telarañas, insectos y de todo; tienen un aspecto repugnante. No estaría dispuesto a ir a un lugar así. Los lugares en los que me gusta quedarme no tienen que ser especialmente cómodos, pero no hay duda de que estarán ordenados y limpios. En algunos hay un olor extraño nada más entrar y nadie ha ordenado la habitación; es un desastre absoluto. No estaría dispuesto a quedarme en un lugar así. Si he de ir allí para ocuparme de algún asunto, puedo intentar aguantarlo, pero cuando llego a un límite, les pido que lo arreglen. En el caso de las personas que no están dispuestas a limpiar, les digo sin rodeos: “¡Limpia esta pocilga que tienes!”. Decidme, ¿qué es capaz de lograr alguien que ni siquiera sabe mantener su propio entorno de vida? En ciertos lugares tienen la cocina bastante limpia. Casi no hay moscas ni polvo en la mesa, tapan las sobras con cubreplatos, no hay agua alrededor del fregadero, los trapos están limpios y ordenados y los tiradores de las puertas de los armarios no tienen manchas de grasa. ¡Está muy limpio! Esto es saber mantener un entorno de vida. Sin embargo, la mayoría no sabe mantener sus entornos de vida. Aunque les ayudes a ordenar las habitaciones, solo pueden mantenerlas así unos días. Si vuelves varios días después, ya no están como antes, las encuentras irreconocibles; piensas que no es la misma habitación. Sin embargo, en la mayoría de lugares no entro en el dormitorio de nadie, solo a las zonas comunes como la sala de estar, la cocina y el comedor. Si Me encuentro con zonas que no son higiénicas, ordeno una o dos de ellas. En lo que respecta a los lugares a los que no voy a menudo, pueden organizarlos como ellos quieran.

Algunas personas se arreglan muy bien cuando van a grabar películas o programas de canto y danza y su aspecto es bastante bueno. Sin embargo, algunas veces y en circunstancias especiales es necesario hacer una videollamada para hablar sobre asuntos de la obra y entran en ella sin prepararse, sin maquillarse ni adecentarse. En cuanto las veo, pienso: “¿Por qué están tan descuidadas estas personas? Ni siquiera se arreglan. ¿Tan ocupadas están?”. Algunas guardan muchos trastos en sus dormitorios. Acumulan mucha comida bajo las almohadas y las mantas, como galletas, pipas de girasol y cosas del estilo, así como ropa interior, calcetines o incluso ordenadores, móviles, tabletas y demás. Cuando se van a dormir por la noche, tienen que apartar estas cosas a un lado y hacer espacio para dormir. Estas personas no pueden siquiera tener ordenados los menos de cuatro metros cuadrados de su cama. Lo dejan todo en su cama y quién sabe cuántos días pueden pasar sin limpiarla. Cuando las mantas se humedecen y huelen a moho, no las airean al sol. En cuanto entras en la habitación, se nota el mal olor, que además es perjudicial para su salud. Con independencia de cómo sea la casa, hay que ventilar la habitación. Solo puede haber aire fresco si dejas que entre el sol. El colchón en el que duermes y las mantas con las que te tapas tienen que airearse al sol muy a menudo. Si empiezan a tener un olor extraño o se ensucian, hay que lavarlas. Esta es la única manera de mantener la higiene. Además, meter un montón de cosas bajo la almohada es totalmente inaceptable; no puedo dormir con eso ahí. Algunas personas tienen esta costumbre: meten todos sus objetos personales bajo la almohada y bajo las colchas. Si no encuentran algo, seguro que está ahí debajo. No solo son los hombres los que tienen malos hábitos; sorprendentemente, algunas mujeres jóvenes también. Son gente que parece limpia. Cuando graban vídeos y hacen programas, su aspecto es muy presentable y no se las ve nada mal. Parecen bastante vivaces y glamurosas. ¿Cómo es que no pueden siquiera mantener su entorno de vida ni tener una higiene básica? Decidme, ¿qué podrían conseguir personas semejantes? Se requiere autodisciplina para hacer cualquier cosa; deberías hacerlas de manera metódica y sistemática, así como ser riguroso, meticuloso, serio y responsable; debes poseer estos rasgos de humanidad. Si tienes una actitud perezosa, holgazana, informal e irresponsable respecto a tu propio espacio y entorno privados, ¿cómo podrías entonces desempeñar bien los diversos puntos del trabajo de la iglesia? Algunas personas dicen: “Estoy demasiado ocupado con el trabajo. No tengo tiempo para encargarme de estas cosas”. ¿Acaso no es una excusa? (Sí). Dicho sin rodeos, tales personas son simplemente unas perezosas.

Todas las personas de humanidad normal cuentan con requisitos en sus entornos de vida. Yo también tengo requisitos para Mi entorno de vida. Al menos debe ser higiénico y estar limpio y ordenado, además de ser agradable a la vista. No voy a demorarme más en esto. Tomemos simplemente la creación y gestión de todas las cosas por parte de Dios: ¿las gestiona bien? Dios gestiona los ríos y lagos con todo lo que hay en ellos, las montañas, cuencas y llanuras, así como todo tipo de animales y plantas; todas las cosas que ha creado. Decidme, ¿las gestiona bien Dios? (Sí). ¿Se gestionan bien todos los tipos de seres vivos? (Sí). ¿Hay algo caótico o turbio? (No, Dios los gestiona de una manera muy ordenada y sistemática). Dios los gestiona con regularidad, orden, organización y claridad, con un rigor y una precisión excepcionales. Dicho en términos humanos, Su gestión de estas cosas es particularmente limpia y ordenada, sin que nada interfiera con el resto y sin que nada esté patas arriba. Fíjate, los océanos tienen sus límites, los ríos tienen su recorrido y las montañas, la tierra y las llanuras tienen sus funciones respectivas. Qué clase de árboles crecen en qué lugares y en qué entornos y zonas crecen los animales, las aves y las bestias: todo esto está ordenado y tiene un ámbito. Dios lo gestiona con un orden perfecto. Los peces y el resto de cosas diversas que hay en el mar también viven con una regularidad excepcional. Dios ordena todo en su lugar para ellos. En función del ámbito de vida de cada tipo de ser vivo, Él estableció sus hábitos de vida, su rutina, la temperatura adecuada para ellos y también creó la comida que necesitan. Dios es especialmente meticuloso al considerar cada asunto y gestionar todas las cosas de una manera particularmente organizada. Ahora fíjate: ¿Cómo mantienen las personas su entorno? No hablemos ya de organizar una iglesia o una región; no puedes siquiera mantener tu propio dormitorio ni el lugar donde duermes. Algunas personas no pueden siquiera mantener ordenado un espacio tan pequeño como su propia cama. Dime, ¿de qué ibas a ser capaz tú? Este es un defecto de humanidad. Ya no digamos estar a la altura de los estándares requeridos por el Dios en el cielo. Si puedes estar a la altura de lo que requiere de ti el Dios encarnado —o sea, Yo—, eso no está mal. Todas estas son cosas que las personas con humanidad normal deberían lograr. Si no puedes estar a la altura de los estándares de la humanidad normal, entonces realmente será un poco difícil para ti lograr la salvación. Esto es lo que se requiere de las personas en lo que se refiere al mantenimiento del propio entorno. Si la gente dedica un poco de esfuerzo a esto, puede cumplir estos requisitos; no es algo difícil. Empieza tu entrada manteniendo tu propio entorno de vida; aprende entonces a gestionar tu obra y el deber que haces. Entra poco a poco en estas cosas, desarrolla algunos buenos hábitos en lo referente a la humanidad normal y cultiva algunas capacidades de trabajo o de vida que pueden lograr las personas con humanidad normal. A medida que intentas vivir dentro de tu humanidad normal, deberías adaptarte a algunos hábitos de vida buenos y positivos, así como poco a poco hacerlos formar parte de tu humanidad normal. Esto será beneficioso para tu realización del deber, tu trabajo y tu supervivencia. ¿No es cierto? (Sí). Estos son algunos asuntos relacionados con la vida cotidiana.

Dado que el Dios encarnado es carne, Él debe poseer humanidad normal y los instintos de la especie humana creada, así como vivir dentro del ámbito de la vida de la especie humana creada. De este modo, el Dios encarnado tiene también algunas de las necesidades y manifestaciones de la humanidad normal. Aunque desde fuera estas necesidades y manifestaciones no están relacionadas directamente con la identidad y la esencia de Dios ni con el carácter de Dios que Dios representa; al menos están en consonancia con la humanidad normal que el Dios en el cielo requiere de las personas; no la contradicen, estas cosas no chocan en ningún caso. Asimismo, las revelaciones y expresiones de la humanidad normal del Dios encarnado no causan ningún daño a la especie humana. No importa lo que requiera de ti el Dios encarnado dentro del ámbito de la humanidad normal y da igual lo que Él revele mientras interactúa contigo, no hay duda de que estas cosas no te harán daño y ciertamente no te perjudicarán. Dios no solo no hará cosas que te perjudiquen, sino que, dentro del ámbito de Su humanidad —la cual posee una humanidad normal—, además hará la obra que pretende hacer, dirá las palabras que pretende decir y expresará el carácter y la esencia que pretende expresar, llevando a las personas ante Dios y hacia la senda de alcanzar la salvación. No importa lo insignificante que sea ni lo normal y práctico que te pueda parecer el aspecto externo de tal Dios encarnado, por poco destacable y nada excepcional que sea entre la especie humana creada, la humanidad normal que Él vive todavía representa a Dios mismo y está relacionada con Dios mismo. Por tanto, solo porque revele humanidad normal o haga algunas cosas relacionadas con la humanidad normal —como ayudarte a ordenar tu entorno de vida o gestionar lo que te rodea—, no deberías pensar: “¿Cómo puede hacer Dios estas cosas? ¿Acaso no es Él el Dios en el cielo? ¿No debería estar haciendo la obra de Dios mismo? ¿Cómo podría estar Él gestionando estas cosas? ¿No es esto matar moscas a cañonazos?”. Si tienes estos pensamientos, entonces estás total y completamente equivocado. Podría también haber personas que piensen: “Dios es el Dios encarnado, ¿es altivo este Dios encarnado? ¿Es ajeno a las cosas mundanas? ¿Son el entorno en el que vive, el ámbito de Su vida o Sus requisitos para la vida diferentes a los nuestros, a los de las personas corrientes?”. Deja que te diga que las manifestaciones de cada aspecto de la vida de este Dios encarnado son todas demasiado corrientes y normales; no son elevadas en absoluto e incluso son simplemente insignificantes a ojos de muchos. No tiene requisitos estrictos ni deseos extravagantes para Su calidad de vida; simplemente le gusta vivir de la manera más simple y llana. Algunas personas dicen: “¿El Dios encarnado no sabe disfrutar un estándar de vida alto?”. No es que no sepa cómo o que no esté familiarizado con las cosas bonitas. Simplemente no me gustan. No tengo esta clase de requisitos. Mis requisitos y estándares para la vida son los mismos que los de las personas corrientes: en verano, comer algunos platos de fritura y ensaladas; en invierno, comer algunos guisos y tofu guisado, comer unas empanadillas cuando hace frío y nieva. Hay quien dice: “Entonces, ¿sabes cocinar?”. También sé cocinar y puedo hacer fideos manualmente. Hace años, solía hacer bollos al vapor y rollitos, fregaba los platos y limpiaba. Doblo las mantas de manera muy ordenada. Lavo la ropa en cuanto está un poco sucia y no me gustan los olores extraños. No tengo requisitos estrictos en lo que respecta a la vida. Me gusta la tranquilidad y no me gusta el ruido. No estoy dispuesto a quedarme en lugares donde haya mucha gente hablando muy alto y haya mucho ruido y no me gustan las ciudades. Decidme, ¿esto es tener estándares altos? (No). Cuando voy en coche, tiene que haber silencio dentro y con eso estoy bien. No me gusta el aire acondicionado demasiado alto y, en cuanto a la calefacción, mientras dé un poco de calor y no me haga falta ponerme una chaqueta, me basta. Al comprar muebles, me gustan los aparadores grandes con mucha capacidad, de modo que cualquier cosa que meta en ellos esté bien ordenada. Me gusta tener limpias las cosas que me pongo. Incluso cuando están gastadas por el uso prolongado, en ellas no hay manchas de sudor ni huelen raro, menos aún tienes restos de pelo o caspa. Sin duda, lavo la ropa que me he puesto antes de guardarla; nunca meto ropa sucia en el armario. No tengo requisitos estrictos a la hora de vivir. Cuando tengo un perro, no es de ninguna raza selecta; mientras sea obediente, bueno y sensato, no cause problemas ni quiera salir todo el tiempo a pasear o jugar, con eso basta. Algunas personas dicen: “¿Al Dios encarnado solo le gustan las cosas de lujo y sofisticadas?”. Esas cosas no me resultan ajenas, pero en realidad no me gustan. Me gustan las cosas prácticas; ya sea Mi ropa, las cosas que uso o Mi espacio de vida, mientras sea práctico, con eso basta. Si hay una prenda o un par de zapatos que pueda ponerme durante muchos años y es algo que necesite, lo compraré sin dudarlo. Si un artículo es sofisticado, precioso y valioso, pero es algo que apenas usaría en diez años, no lo querría ni aunque me lo dieran gratis. No me gustan tales cosas. Algunas personas dicen: “¿El ordenador que usas es el más caro, el más moderno, el más sofisticado y el más rápido?”. Mi ordenador es de una velocidad decente, pero no es el más moderno. Mientras pueda usarlo para mirar el tiempo, leer mensajes y hacer algunas tareas cotidianas, con eso basta. Los dispositivos que uso nunca son los más modernos; los corrientes y prácticos están bien. Aunque Mis objetos corrientes se desgasten, intento por todos los medios mantenerlos limpios y en buen estado, así como asegurar que se puedan usar con normalidad.

El Dios encarnado también es selectivo en lo que se refiere a interactuar con las personas. No le gusta socializar mucho ni le gusta tener conexiones demasiado profundas con las personas. Sin embargo, al interactuar con otros, Él también tiene algunas opiniones básicas sobre las personas y requisitos respecto a ellas; como poco, aquellos con los que Él interactúa deben tratar a los demás con sinceridad. Hay cierto tipo de persona que solo alardea y se jacta cuando habla. Nueve de cada diez cosas que dice no suenan ciertas ni son prácticas o sus palabras están teñidas de desprecio y menosprecio hacia los demás y albergan malas intenciones. Tales personas son así cada vez que hablas e interactúas con ellas; nunca puedes llegar a saber del todo cómo son en realidad y no puedes sentir su sinceridad. Tales personas no son dignas de confianza y son frívolas; son gorrones y no me gusta asociarme con ellos. Hay otro tipo de persona que miente todo el tiempo y a la que le gusta la charla ociosa y soltar tonterías, que nunca dice nada real. Si les preguntas algo e intentas obtener una respuesta seria, dan rodeos y no te dicen la verdad. Siempre les hablo de manera genuina, no los hago de menos y tampoco les hago daño, sin embargo, siguen sin decirme la verdad; no hay manera de conversar con tales personas. Un tipo es el gorrón que presume, se jacta y es frívolo; no estoy dispuesto a interactuar con tales personas. El otro tipo es el de aquellas que mienten todo el tiempo y nunca dicen nada real; tampoco me gusta interactuar con esta clase de personas; me dan asco y las detesto. Si tengo que lidiar con tales personas durante el transcurso de hacer trabajo de iglesia, puedo soportarlo; la relación es estrictamente profesional. Si no hay ninguna obra con la que lidiar, me esfuerzo por mantenerme alejado de tales personas y no interactúo con ellas. También hay otro tipo: antes siquiera de que trates realmente con ellas, empiezan a calcular cómo te van a usar, cómo podrían obtener algo de información útil de ti, cómo sacarte dinero o cómo engañarte o ganarse tu simpatía, confianza y alta consideración. Piensan en todos los medios posibles para intrigar contra ti. No estoy dispuesto a interactuar con tales personas; me dan asco y me mantengo lo más alejado posible de ellas. También hay otro tipo de personas; basta con tratar un poco con ellas para que intenten ver cómo se miden y se comparan contigo; incluso te tendrán celos. Por ejemplo, si te cortas el pelo, dirán que no te queda bien, pero un par de días después se harán exactamente el mismo corte de pelo. O verán que llevas ropa buena y preguntarán dónde la compraste, al tiempo que te dicen a la cara que es de un tono muy oscuro, que el estilo es anticuado, que no te queda bien y demás, pero unos días más tarde, compran la misma prenda exacta y se pasean constantemente a tu alrededor para presumir de ella. Todo lo que vean que tengas tú, ellas deben tenerlo también. Si compras coles a veinticinco céntimos el kilo, dicen: “¡Eso es muy caro!”. Sin embargo, se dan la vuelta y van a otra tienda donde pagan el doble e incluso dicen: “Las verduras que he comprado son más baratas que las tuyas”. ¿Acaso no mienten más que hablan? No estás familiarizado con ellas ni haces tratos cercanos con ellas, sin embargo, tratan de competir contigo y te envidian de esta forma, se comparan contigo en todos los aspectos; incluso tratan de superar cualquier cosa que dices. ¿No es esto como encontrarse un perro loco? Cuando me encuentro a tales personas, las evito e ignoro; es imposible llevarse bien con este tipo de persona que no tiene humanidad normal. Hay también otro tipo de personas que puede que os hayáis encontrado; es sumamente complicado lidiar con las de este tipo. Por ejemplo, se quejan de que hace calor en la habitación. Si les dices que abran la puerta para ventilarla, dicen: “No, si se abre la puerta entrarán moscas”. Si sugieres que instalen una mosquitera, dirán que eso será un lío para entrar y salir. Si les dices que pongan el ventilador, dirán que tienen miedo de pillar un resfriado por la corriente y que es malgastar electricidad. Si te encuentras con alguien así, que rechaza todas las sugerencias que haces cuando se quejan de que hace calor en la habitación, sabrás que esta persona es un caso perdido. ¿Qué clase de miserable es? ¿Puede aceptar las palabras que son correctas? (No. No tiene humanidad normal). Entonces, ¿seguirías hablando con ella? (No). Cuando me topo con este tipo de personas, me formo una impresión de ellas en Mi corazón: “Oh, así que este es el tipo de persona que eres. No tienes humanidad normal, no aceptas las palabras que son correctas, siempre eres quisquilloso y encuentras defectos y te gusta plantear problemas difíciles para complicarles las cosas a los demás de manera deliberada. No eres bueno”. ¿Cómo se debería calificar a este tipo de personas? En lenguaje llano, a tales personas se las llama “negativistas”; las que son así no atienden a razones. Se quejan de que hace calor en la habitación, pero cualquier solución que les plantees les parece mal o que no va a funcionar. Sin embargo, en cuanto sales de la habitación, enseguida abren la puerta y las ventanas y encienden el ventilador, no les preocupa que entren moscas ni resfriarse por la corriente. Las personas así no están en la misma sintonía que Yo. Es imposible comunicarse con ellas y no me gusta tratar con ellas. Hay quienes dicen: “No te agrada este tipo de persona ni ese otro; ¿no tratas con alguien solo porque no te agrada?”. No digo que no pueda tratar con ellas solo porque no me agraden. Si tengo que tratar con ellas por trabajo o en la vida cotidiana, puedo soportarlo. No me puedo negar a tratar con tales personas solo porque no me agraden, con lo que se retrasa el trabajo o afecta a ciertas cosas que deben hacerse. Sin embargo, cuando no haga falta, no interactuaré para nada con personas así.

Hay otro tipo de personas a las que simplemente les gusta comer, beber y divertirse, con lo que son negligentes en las tareas que les corresponden. Si no saben ocuparse ni centrarse en las tareas que les corresponden porque son jóvenes e inmaduras, no han asentado aún su calidad humana o los mimaban mucho en casa —y no tratan de aprender ninguna habilidad técnica ni de adquirir conocimiento y experiencia—, esto se puede excusar. Sin embargo, algunas personas ya están en la veintena, la treintena o la cuarentena y todavía son negligentes en las tareas que les corresponden y se pasan todo el día perdiendo el tiempo. Cuando no tienen nada que hacer, les gusta charlar, pasar el rato y deambular sin rumbo fijo, saliendo del paso en la vida. Nunca piensan en los asuntos que les corresponden ni se centran en las tareas que les corresponden ni intentan aprender ninguna habilidad técnica ni de adquirir ningún conocimiento y experiencia. No leen las palabras de Dios ni consideran los asuntos de la vida ni reflexionan sobre qué senda deberían recorrer las personas. Nunca reflexionan sobre cómo deberían evitar recorrer la senda incorrecta después de ver a otros ir por ella ni se fijan en aquellas que han tenido entrada en las palabras de Dios y la verdad y han obtenido algo de ellas, de modo que pueden aprender de estas personas. Nunca reflexionan sobre los asuntos que les corresponden. Cuando están libres, simplemente comen, beben y se divierten, leen noticias de entretenimiento y siguen el desarrollo de diferentes sectores. Inmersas en toda clase de fuentes de noticias, revistas y tendencias sociales, deambulan por la vida y vagan por ella, se toman cada día tal como viene. Incluso después de salir del paso durante una década o así, no tienen conciencia de ningún tipo y nunca se sienten angustiadas. No importa quién las pode o las deje en evidencia, no les importa, siguen estando insensibilizadas y siendo torpes y no saben cómo buscar la verdad. Tales personas solo salen del paso en la vida, solo gorronean y aguardan la muerte. Asimismo, a menudo son cínicas, les parece que todo es injusto y que, vayan donde vayan, su talento no encuentra salida. Sin embargo, no logran aprender nada debido a su falta de esfuerzo, nunca han tratado en serio ningún punto del trabajo, nunca se han tomado en serio ni una sola palabra que sea cierta y nunca piensan en lo que deberían hacer en el futuro. Se expresan con bastante claridad, tienen ideas, ideales y deseos, pero simplemente no los ponen en marcha. Las doctrinas que dicen son bastante buenas y elevadas y las personas las encuentran sensatas y razonables e incluso es bastante agradable oírlas, pero cuando se trata de hacer cosas prácticas en la vida real, no pueden reunir ninguna energía ni hacer acciones prácticas. No me gustan tales personas. Puede ser que tu calibre sea promedio o que seas bastante torpe, que tu aptitud natural cuente con carencias y no tengas dones ni talentos. Sin embargo, eres particularmente firme, pones mucho esfuerzo en las cosas y las haces con diligencia, estás dispuesto a soportar dificultades y puedes pagar un precio. Da igual quién te confíe una tarea, eres particularmente serio y responsable y puedes asumir la responsabilidad de ella hasta el mismísimo final. Además, te atienes estrictamente a los principios, hasta el punto que a veces incluso causas que otros estén constreñidos; las personas sienten que eres demasiado serio y te atienes demasiado estrictamente a los principios, pero eres capaz de insistir en hacerlo. Me gusta esta clase de personas. Importa poco que tu calibre sea algo pobre y seas un poco torpe; al menos no eres una persona con labia, astuta y falsa, ni alguien que va saliendo del paso por la vida. Aunque tu calibre no es alto y tu aptitud natural tiene carencias, te gusta aprender cosas y aprendes de una manera especialmente seria, con los pies en la tierra, sin ser superficial. Cuando otros han dejado de intentar aprender algo, continúas intentándolo hasta que lo has captado. Me gusta esta clase de personas. Se comportan y actúan con pasos firmes, medidos, nunca apuntan demasiado alto y son particularmente serias. Tratan a las personas y las cosas con sinceridad. Incluso cuando lavan a un perro, lo lavan entero y a conciencia; de lo contrario, sienten que están siendo superficiales; hacen las cosas bien hasta con un perro. Me gusta la gente así. Algunas personas pueden engañar a otros y también pueden engañar a Dios y ser superficiales con Él; hablan muy bien pero no hacen cosas prácticas. No estoy dispuesto a prestar atención ni a interactuar con tales personas. Puede ser que seas elocuente y sepas cómo adular y decir cosas que suenen bien, pero no estoy dispuesto a escuchar tales palabras; no caeré en tales cosas.

Digo estas palabras para que podáis entenderme. Solo soy una persona corriente que vive en la humanidad normal. Comparado con el Dios en el cielo, soy muy insignificante; soy una persona muy común, muy corriente. No tengo una imagen elevada y no tengo capacidades extraordinarias. No sobresalgo del resto ni mucho menos deseo destacar entre la multitud. Solo soy una persona muy común y también muy simple. Siento que una persona corriente como Yo que vive en la humanidad normal es totalmente capaz de asumir esta etapa de la obra de Dios en los últimos días y también es capaz de expresar todas las verdades que Dios pretende expresar en los últimos días, de modo que podáis obtener de Mí todos los aspectos de la verdad provenientes de Dios que se necesitan para lograr la salvación. Para vosotros, la encarnación de Dios es suficiente para permitiros alcanzar la salvación; cualquier aspecto o faceta de esta carne que podéis ver y con los que podéis entrar en contacto en realidad ya es suficiente para este propósito. Por tanto, como persona normal, si tienes conciencia y racionalidad, no deberías comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. Si haces esto, por un lado, no es beneficioso para ti y, por otro, al Dios en el cielo no le gustará que lo hagas. Asimismo, si comparas constantemente al Dios encarnado con el Dios en el cielo, afectará en gran medida a tu aceptación de las palabras que ha dicho y la obra que ha hecho el Dios encarnado, así como a la provisión de todos los aspectos de la verdad que necesitas que vengan de Él. También hay un aspecto incluso más importante, el de que, por muy insignificante, normal o corriente que sea el Dios encarnado, después de todo Él es la expresión de Dios en la tierra, es la manifestación de Dios en la tierra y es el representante de Dios en la tierra. Con independencia de cuánto de Dios pueda Él representar o de cuánto de Dios pueda manifestar, al menos, a ojos de Dios, Él representa a Dios y Él es un representante parcial de la identidad, la esencia y el carácter de Dios. Por tanto, al menos, Él representa la identidad de Dios y también representa la obra que Dios pretende hacer sobre la tierra; Él ocupa el lugar de Dios o se puede decir que Él ocupa el lugar de Dios para hacer la obra en la tierra. Da igual cuánto admires a Dios en el cielo o cuánto adores a Dios en el cielo. A Dios no le gusta que compares al Dios encarnado con el Dios en el cielo ni le gusta que separes al Dios encarnado del Dios en el cielo. Le gusta incluso menos si, cuando comparas al Dios encarnado con el Dios en el cielo, tienes en alta consideración al Dios en el cielo, pero menosprecias al Dios en la tierra, o si estás lleno de admiración y reverencia por el Dios en el cielo, pero lleno de hostilidad y discriminación hacia el Dios en la tierra, así como incluso lo juzgas, lo condenas y lo atacas. Por tanto, en lo que respecta a cómo tratan las personas al Dios encarnado, por un lado, deben tratarlo correctamente y aceptar Su humanidad normal, por otro, deben aceptar la verdad que Él expresa y el carácter que Él expresa de acuerdo con la identidad y el estatus de Dios. Cuando Él revela humanidad normal y expresa el carácter de Dios o manifiesta Su esencia, lo que ves y lo que puedes comprender es exactamente eso. Al final, con la perspectiva y la actitud de un ser creado, debes someterte y aceptar las palabras de Dios que Él expresa o el carácter y esencia de Dios que Él revela. Aunque no compares al Dios encarnado con el Dios en el cielo, tampoco deberías tratar al Dios encarnado y al Dios en el cielo de manera diferente. Dado que el Dios en el cielo y el Dios encarnado son, después de todo, esencialmente uno, pues simplemente hay una diferencia en la forma de Su apariencia cuando se les contempla directamente a simple vista, con independencia de si comparas o no al Dios encarnado con el Dios en el cielo, al final, cómo tratas al Dios encarnado debe reducirse al hecho de que Él tiene la identidad y la esencia de Dios. Con independencia de qué clase de humanidad normal o qué clase de revelaciones y manifestaciones veas que tenga el Dios encarnado a simple vista o lo normal, corriente y práctico que parezca, debes aceptar, abrazar y someterte a Él desde la perspectiva de un ser creado, en lugar de desafiarlo. Las personas siempre quieren comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. Lo peor respecto a esto es que las personas son muy propensas a usar nociones e imaginaciones humanas sobre Dios para juzgar, condenar o rechazar al Dios encarnado. Por tanto, comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo es una senda que conduce a tu muerte. ¿Qué significa una senda que conduce a la muerte? Se refiere a lo que he dicho antes; ¡te estás buscando la muerte! ¿Y qué es buscarse la muerte? No significa que la casa de Dios vaya a echarte o expulsarte; más bien, significa que la maldad que has cometido es tan grave que sufrirás castigo y se te destruirá; es tentar al porvenir. Cuando cometes tal maldad, la gente no puede hacerte nada, pero Dios te condenará según tus acciones malvadas. Entonces, ¿por qué digo que esto es buscarte la muerte? Hay una razón por la que uso la frase “te estás buscando la muerte”: este enfoque tuyo representa la senda por la que caminas. ¿Qué clase de senda estás recorriendo ahora? Este enfoque tuyo representa que estás caminando por la senda que lleva a la destrucción. ¿Qué significa esta senda que lleva a la destrucción? Significa que Dios claramente da testimonio de que este Dios encarnado en la tierra lo representa a Él y representa Sus intenciones en los últimos días y que el Dios encarnado es Su manifestación y el portador de Su obra en los últimos días, sin embargo, no aceptas estas palabras. Te niegas con terquedad a reconocer la identidad y la esencia de este Dios encarnado y no aceptas Sus palabras ni Su obra. No solo no las aceptas, sino que incluso las rechazas e incluso oras con frecuencia y buscas al Dios en el cielo, pues quieres pasar por alto al Dios encarnado para obtener la aprobación del Dios en el cielo y por tanto lograr la salvación. Es decir, solo crees en el Dios en el cielo, mientras que en lo que se refiere al Dios encarnado —Aquel al que se le encomienda la obra de Dios en la tierra—, no lo aceptas. En ese caso, estás rechazando la obra que hace y las palabras que dice el Dios en el cielo después de venir a la tierra; estás rechazando a la persona en la que se ha convertido Dios en la tierra y, por tanto, la senda que recorres es una senda de destrucción. Da igual cuánto adores y admires al Dios en el cielo, Dios no lo acepta ni lo reconoce. La senda que estás caminando es una senda de destrucción; a esto se le llama buscarse la muerte. ¿Qué significa buscarse la muerte? Significa que la maldad que has cometido es demasiado grande y puede provocar tu castigo; esto es tentar al porvenir. La senda que recorres y la senda de práctica que tomas son equivocadas. Te estás oponiendo a Dios, estás siendo hostil hacia Él. No pienses: “Confío en el Dios en el cielo. El Dios encarnado es solo una persona corriente. Acepto las palabras que Él dice, pero en cuanto a la persona en sí misma, no acepto que Él es Cristo, que Él es Dios. ¿Cómo puede representar la identidad de Dios? Simplemente no reconozco que Él es el Dios en la tierra. No hay otro Dios aparte del Dios en el cielo”. Si dices estas palabras, estás en problemas. Estás caminando por una senda de destrucción; esto es buscarse la muerte. ¿Ha habido gente en la historia que se “buscara la muerte”? ¿Se trataba de personas que obviamente caminaban por una senda de destrucción? ¿Era Pablo uno de ellos? (Sí). Pablo era una persona semejante y así eran esos escribas, fariseos y sumos sacerdotes. Solo creían en el nombre de Jehová y solo creían en el Dios en el cielo. Cuando Dios se hizo carne y llegó a la tierra, vieron que el Señor Jesús era solo una persona corriente y, por si fuera poco, el hijo de un pobre carpintero, así que rechazaron por completo aceptarlo: “Simplemente no te voy a aceptar. ¡Solo creo en el Dios en el cielo!”. ¿Y qué les dijo el Dios en el cielo? “¡Te estás buscando la muerte!”. La misma frase que acabo de usar ahora. ¿Cuál fue el resultado? Los hechos demuestran que se buscaron la muerte, ¿no? (Sí). ¿Queréis caminar por semejante senda? (No). Entonces no lo hagáis. Si habéis caminado por esta clase de senda antes, entonces daos prisa y dad media vuelta, arrepentíos y confesad vuestros pecados; aún no es demasiado tarde para dar media vuelta. Sin embargo, no deberíais usar la frase “buscarse la muerte” con descuido. Cada vez que la decís, hay impetuosidad en ello. Las personas en el mundo del crimen dicen a menudo: “¡Te estás buscando la muerte!”. Lo que quieren decir es que quieren matar a alguien. Pero cuando yo digo esto, es diferente de cuando lo dicen ellos. Cuando lo digo Yo, no hay impetuosidad en ello y no trato de mostrarme duro en mi discurso. Solo quiero recordarte que no camines por la senda de Pablo; eso significaría buscarte la muerte y es una senda de destrucción. Si caminas por esta senda, serás destruido y acabarás con el mismo desenlace que Pablo; eso sería terrible. Pablo no oyó muchas verdades entonces. El hecho de que buscase la muerte era culpa suya y lo dictó su naturaleza. Pero ahora tenéis la historia de Pablo como advertencia, así que no debéis buscaros la muerte: no caminéis por la senda de la destrucción. La verdad de la encarnación se ha explicado ahora con mucha claridad y las diversas verdades sobre alcanzar la salvación se han explicado muy claramente. Si aún sigues resistiéndote y te niegas tercamente a aceptar al Dios encarnado, ¿no es esto buscarse la muerte? Esto prueba que eres una persona de la calaña de Pablo. ¡No debéis caminar por esta senda en absoluto!

Ahora que he compartido tanto, ¿tenéis claro cómo deberíais tratar a Dios encarnado y cómo manejar adecuadamente la relación entre Dios encarnado y el Dios en el cielo? (Sí). Entonces, ¿cuáles son los principios a este respecto? ¿Cuántos principios hay? Hacedme un resumen. (Por medio de la charla de hoy, el primer principio que he llegado a entender es el de aceptar la humanidad normal de Dios encarnado y abordar correctamente la humanidad normal de la carne que viste Dios, incluyendo abordar correctamente Sus necesidades y elecciones básicas dentro de Su humanidad normal. Otro principio es que el Dios en la tierra tiene la esencia de Dios, así que, mientras Él pueda expresar la verdad y salvar a las personas, deberíamos aceptarlo y someternos a Él. Esto es clave). Permitidme enfatizar unas cuantas cosas más. En teoría, la humanidad normal de Dios encarnado no guarda relación con la verdad ni con la obra que pretende hacer Dios. Dicho de manera estricta, la humanidad normal se refiere a las cosas que están dentro del ámbito de la vida de Dios encarnado. En cuanto a esta persona —lo que le gusta a Él, Su personalidad, el rango de emociones que Él experimenta, además de Sus diversas opiniones, puntos de vista, entendimientos, elecciones y otros aspectos relativos a la vida y a la sociedad—, a juzgar por la perspectiva de la humanidad, ¿se ajustan Sus manifestaciones a la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal? (Sí). Aquellos que dicen “sí” deben rendir cuentas de esto. Debes explicarlo con claridad: ¿de dónde proviene este “sí” que dices? ¿Es doctrina, un eco o de veras tienes experiencia y conocimiento de ello? (Dios, mi punto de vista es ese, ya nos guíe Dios a vivir en la humanidad normal o nos haga discernir a algunas personas, acontecimientos y cosas con los que nos encontremos, todo nos dice cómo vivir la humanidad normal y cómo ser personas honestas; todo nos está llevando por la senda correcta. Por tanto, la guía de Dios de las personas en todos los aspectos es beneficiosa para ellas). Yo sería cauto a la hora de decir que todo es beneficioso para las personas, pero cuanto menos, Yo mismo creo que la palabra “normal” en “humanidad normal” merece una explicación. Por tanto, ¿cómo debería explicarse “normal”? Por un lado, significa que la perspectiva y la postura desde la que Dios encarnado contempla a las personas, los acontecimientos y las cosas son correctas. Ya he hablado en Mis charlas sobre cómo trato a toda clase de personas y a toda clase de cosas. Se puede decir que Mis diversos puntos de vista sobre el mundo, la especie humana y las diversas tendencias malvadas e ideológicas los poseo Yo como persona, pero también se puede decir que vienen de Dios. No es posible entrar en detalle aquí sobre estas cosas; reflexionad sobre ello por vuestra cuenta y despacio. La postura y la perspectiva desde las que Dios encarnado contempla a las personas, los acontecimientos y las cosas son normales; este es un aspecto. Otro es que los puntos de vista y los pensamientos que Él desarrolla a partir de Su entendimiento de diversas cosas son normales; no están distorsionados ni son extremos. No voy a aventurarme a decir cuánto podríais beneficiaros de las revelaciones de Mi humanidad normal mientras vivo e interactúo con vosotros o que pueden daros los mismos beneficios que la verdad, pero al menos no os perjudicaré. Existe también un punto de lo más básico, el de que, a partir de Mis pensamientos y deseos personales, nunca quiero perjudicar a nadie. Si veo que cometes errores en tu discurso o tienes algunas maneras de vivir, hábitos o actitudes hacia la vida erróneos —por ejemplo, un entendimiento distorsionado sobre tomar cierto tipo de comida— te hablaré y corregiré tus pensamientos y puntos de vista. Por un lado, a partir del entendimiento de la humanidad normal, te ayudo a corregir algunos hábitos de vida erróneos, de modo que tengas pensamientos y puntos de vista correctos y puedas abordar este asunto con racionalidad. Por otro lado, más profundo, hago esto para permitirte entender y entrar en algunas verdades. Esta es también una manifestación de la humanidad normal del Dios encarnado. Asimismo, las diversas necesidades en la vida de Dios en la humanidad normal y cómo interactúa Él con toda clase de personas son también normales. ¿A qué se refiere esto de “normal”? ¿Habéis oído alguna vez que Yo intimide, haga daño, reprima o engañe a alguien? (No). En realidad, nunca he hecho tales cosas. Con Mi identidad y estatus, ¿no sería demasiado fácil para Mí decir ciertas palabras crueles o reprimir a alguien? Estaría en Mi derecho de hacerlo, pero en realidad nunca he acosado a nadie, no he discutido con nadie ni he peleado con nadie ni le he montado un escándalo a nadie a sus espaldas; nunca he tenido ninguna de estas manifestaciones. Cuando estoy entre las personas, solo interactúo con ellas normalmente; me acerco un poco más a aquellos con buena humanidad y mantengo las distancias con aquellos de mala humanidad. Cuando puedo, los ayudo, cuando no, dejo que las cosas tomen su curso natural. En cuanto a estas manifestaciones de humanidad normal —ya sea Mi rango de emociones o de hábitos de vida o Mis maneras y principios de interactuar con las personas—, a partir de lo que podéis ver, de con qué entráis en contacto, qué comprendéis y qué aprendéis de primera mano, ¿veis cualquier aspecto que sea anormal? (No hay nada anormal; todo es realmente práctico). “Todo es realmente práctico”; algunas personas podrían no acabar de entender esto, así que déjame que te corrija: todas estas manifestaciones de la humanidad normal de Dios encarnado tienen principios; no hay nada hueco o pretencioso al respecto. Yo mismo creo que no me doy aires y me desagrada particularmente dar órdenes; en cambio, me gusta hacer obra real. Enseño todo lo que sé y todo lo que entiendo, no me guardo nada. Fíjate, cuando os instruyo en cierto punto del trabajo relacionado con las habilidades profesionales, digo todo lo que sé. ¿Alguna vez me he guardado algo? (No). No me guardo las cosas ni las escondo; hago todo lo posible para guiarte y enseñarte. Aprendes con mucha seriedad, dedicas mucho esfuerzo, puedes soportar muchas dificultades y, al final, dominas lo que te he enseñado y puedes actuar de manera independiente, ya no necesitas Mi guía. Esto me hace bastante feliz y no siento celos. Incluso te animo a hacer cosas de manera independiente y estoy dispuesto a dejarte conseguir logros. Cuando consigues logros y todo el mundo te admira, incluso te felicito. Cuando aprendes cosas de Mí y consigues logros y todo el mundo te tiene en alta consideración, esto demuestra que eres capaz y en realidad Yo no soy celoso; no trato de quitarte protagonismo ni de quitarte méritos. No diré: “¿Por qué no le dices a todo el mundo que esto lo aprendiste de Mí? ¿Por qué no me estás agradecido?”. Yo digo: “Solo compartí los principios y no es que te enseñara tanto; eres tú el que lo comprendió bien”. Hay muchas cosas prácticas dentro de la humanidad normal de Dios encarnado y, dentro de esta practicidad, hay muchas cosas concretas. Tal vez al presentarme así a Mí mismo, aquellos de vosotros que habéis interactuado conmigo lleguéis lentamente a entender. Soy muy sencillo en Mis interacciones con las personas; soy directo, no me ando con trucos. No intrigo contra las personas ni las uso, mucho menos hago valer Mi estatus sobre los demás al hacer obra ni uso las ventajas de Mi estatus para buscar cualquier beneficio personal. Si intentas ganarte Mi favor y adularme, me siento bastante incómodo e inquieto y tengo que mantenerme alejado de ti. Si interactúas conmigo con normalidad, sin intentar ganarte Mi favor ni adularme, me siento bastante cómodo y estoy muy dispuesto a interactuar contigo.

A lo largo de Mis años de interacción con las personas, al haber vivido tanto, he entrado en contacto con bastantes personas de toda condición en Mi humanidad normal. Las he visto a todas: personas de gran complejidad y personas de gran necedad; personas de gran arrogancia e irracionalidad y personas de gran maldad. Más tarde, poco a poco, descubrí que las personas son realmente diferentes unas de otras. Soy simple en Mis interacciones con ellas; soy muy llano y directo al hablar y también puedo abrirme. Sin embargo, al encontrarme a personas de toda condición, veo que la humanidad es demasiado compleja en su interior. Sin embargo, no importa lo complejas que sean las personas a las que me enfrento, cuando expreso algo o resuelvo algún asunto en Mi humanidad normal, Mi postura, Mis principios, Mis métodos y Mis preferencias personales nunca cambian. Da igual con qué clase de personas lidie, al final, la manera en la que las trato se basa en los principios que ya están en Mí. Si eres alguien que persigue la verdad y tiene humanidad, entonces puedes interactuar más, entrar más en contacto y compartir más, hablar de corazón. Si no eres alguien que persigue la verdad, no haces tu deber y tu humanidad es muy malvada, entonces me esforzaré al máximo para tener menos contacto e interacción contigo; hago lo suficiente para que las cosas se mantengan civilizadas. Si puedes buscar la verdad y buscar con sinceridad cuando tienes problemas, puedo compartir contigo, pero es asunto tuyo que puedas aceptarlo o no. En cuanto a aquellos que albergan intenciones maliciosas o mala voluntad, también tengo métodos y principios apropiados para lidiar con ellos y tratarlos. Desde fuera, la manera en la que los trato no cambia; todavía comparto esas palabras y sigo haciendo estas cosas y es todavía la revelación de Mi humanidad normal; pero esto no significa que no pueda ver qué clase de personas son. Desde fuera, ves que siempre soy así, sencillo en mi manera de tratar a las personas, tratando a todo el mundo con racionalidad en la humanidad normal. Esto es lo que ves desde fuera, pero ¿sabes lo que pienso de ellas en Mi corazón? Tengo principios y puntos de vista relativos a esta clase de personas. ¿Cuáles son estos principios y puntos de vista? Si las valoro desde la perspectiva de la conciencia y razón de Mi humanidad normal, su problema no es grande; pero si contemplo la senda que caminan y su futuro desenlace desde la perspectiva de Mi divinidad, entonces su problema es muy grave. Por tanto, a veces Mi humanidad normal y Mi divinidad se reconcilian entre Sí. Mientras las reconcilio, puede que sea indulgente contigo, que te dé una oportunidad, te observe y espere a que reviertas tu rumbo, así como también puede ser que el Dios en el cielo te esté dando una oportunidad. Conmigo, es un proceso de reconciliación entre Mi humanidad normal y Mi divinidad. No estoy dispuesto a ponerme en contacto contigo, pero como tal vez no hayas vulnerado los decretos administrativos ni los principios de la casa de Dios, todavía estás en la casa de Dios. Para Mí, desde la perspectiva de Mi humanidad, puedo ser paciente contigo y no convertir lo que hiciste en un problema, pero desde la perspectiva de Mi divinidad, ya te he condenado. Mientras condeno a las personas —al mismo tiempo que las perdono, las excuso y paso cosas por alto—, Dios revela a algunas, mientras que otras cometen gran maldad, traen consecuencias graves y son expulsadas. Mientras espero, algunas personas siguen haciendo su deber en la casa de Dios. En el transcurso de hacer su deber, poco a poco les dan la vuelta a las cosas, cambian y se esfuerzan hacia la verdad; revierten el rumbo en su corazón. Desde la perspectiva de Mi humanidad normal, puedo interactuar y conversar con aquellas que revierten su rumbo cuando sea apropiado y darles algo de enseñanza y ayuda. Sin embargo, durante este proceso, algunas personas siguen sin cambiar en absoluto. Todavía tienen las mismas manifestaciones que antes, no persiguen la verdad y todavía caminan por su senda original. Entonces, desde Mi perspectiva, da igual lo que me hayas hecho o cómo me contemples, te trato meramente como alguien que cree en Dios. Sin embargo, en el juicio de Mi humanidad normal, dado que todavía no has cambiado siquiera ahora, será muy difícil para ti hacerlo en el futuro. En realidad, en Mi divinidad, ya se ha determinado que alguien así es de la clase que perecerá y es objeto de destrucción y a la que le es fundamentalmente imposible cambiar. Sin embargo, esto es observarlo desde la perspectiva de Mi divinidad. La humanidad, después de todo, tiene sus limitaciones; a veces, bajo las limitaciones de Su conciencia o racionalidad, Dios encarnado tendrá algunas buenas intenciones humanas y esperará lo mejor para las personas; Él tendrá esperanzas de que las personas den un giro de 180 grados durante cierto periodo o en cierto asunto futuro o durante un acontecimiento importante; tal vez serán capaces de cambiar. Bajo tales circunstancias, Él les da a las personas algunas oportunidades en lo que se refiere a cómo las trata.

Por un lado, esta humanidad normal de Dios encarnado está cooperando con un poco de la obra de Su divinidad o expresando algunas opiniones y puntos de vista. Por otro lado, también está proveyendo asistencia o verificando constantemente algunas de las esencias, de las naturalezas o de las sendas de las personas, las cuales ve la divinidad de Dios. Por tanto, esta humanidad normal de Dios encarnado no es solo para asumir el ministerio de Cristo y del Hijo del hombre. Lo más importante para las personas es que les permite obtener un mayor entendimiento del Dios en el cielo. Es decir, les da a las personas más oportunidades para entender mejor al Dios en el cielo y ver, a través del Dios encarnado, más de Su esencia. Por otro lado, sirve mejor para reconciliar la relación entre la especie humana corrupta y el Dios en el cielo. Tal vez no entendáis del todo la palabra “reconciliar”. Si no la entendéis, no se puede hacer nada; no hay otra palabra más adecuada. Daré un ejemplo. Cuando desarrollas nociones sobre cierto aspecto de las intenciones o los requerimientos de Dios, no puedes aceptar estas intenciones o requerimientos. Empiezas por tener pensamientos y desarrollas rebeldía y entonces eres incapaz de someterte. En este momento, Dios encarnado entiende y muestra consideración por tus dificultades y debilidades. Él dice algunas palabras, hace algo de obra y da algunos ejemplos. Por medio de la enseñanza, Él te ayuda a ver cuáles son las intenciones de Dios, dónde radican los errores en tu actitud hacia Dios y cómo deberías revertir este estado rebelde para lograr la sumisión a Dios. Por medio de la charla humanizada o la ayuda humanizada y el apoyo de Dios encarnado, tus nociones y malinterpretaciones sobre Dios se disipan. Después, tu actitud hacia Dios experimenta algo así como un cambio; pasa de ser rebelde y desafiante a estar dispuesta a someterse. Entonces llegas a conocerte a ti mismo, te odias a ti mismo y entiendes que es apropiado que Dios actúe de esta manera y que Dios tiene intenciones meticulosas. Por medio de tal enseñanza, reconciliación, apoyo y ayuda por parte de Dios encarnado, Él te permite entender las intenciones de Dios al presentarte cuáles son el carácter, la esencia y las intenciones del Dios en el cielo, así como también te permite saber en qué te equivocaste y cómo arrepentirte. Una vez que estos dos aspectos se compartan claramente y al final alcances el punto en el que ya no te rebeles contra Dios ni lo desafíes, así como tengas la voluntad de someterte, la actitud del Dios en el cielo hacia ti cambiará un poco. Él ya no te condenará y ya no te odiará; Su enojo hacia ti dejará de existir. Una vez que deja de existir el enojo de Dios, sientes paz, comodidad y disfrute en tu corazón; cuando vienes ante Dios para orarle de nuevo, sientes que tienes cosas que decirle, sientes la presencia de Dios y tu corazón está calmado y en paz. Al rememorarlo, te das cuenta de que antes fuiste demasiado rebelde con Dios y de que tu propia voluntad fue demasiado fuerte, lo que causó que Dios te odiara. Entonces sientes remordimientos y, cuando te vuelvas a encontrar con tales cosas en el futuro, nunca te rebelarás de nuevo contra Dios. Por medio de la charla y el apoyo de Dios encarnado, tu actitud hacia Él se revierte por completo y tu relación con Dios da un giro de 180 grados y mejora, de modo que ya no está en su estado previo, sino que se desarrolla en una dirección positiva. Fíjate, si Dios encarnado no dijera estas palabras ni hiciera esta obra, debido a tu propia voluntad y tu naturaleza, siempre vivirías en un estado de desafío contra Dios. Entonces, tu relación con Dios permanecería en punto muerto y se quedaría en tal círculo vicioso. ¿Cambiaría el Dios en el cielo Su actitud hacia ti porque permaneces en punto muerto con Dios de esta forma? Eso sería imposible. Si permaneces en punto muerto con Dios de esta forma, Dios pasará de sentir aversión por ti y odiarte a desdeñarte. Una vez que llega a un punto en el que Él te desdeña, ¿tienes todavía oportunidad de lograr la salvación? (No). No tendrás opción y Dios te dejará ir. Una vez que Dios deje que te vayas, tu vida como creyente acaba ahí mismo. Ya no quiero salvarte y no habrá necesidad de que Yo me ponga en contacto contigo. Serás expulsado por completo de las filas de aquellos que Yo salvo. No querré volver a verte, porque nunca revertiste tu rumbo durante el tiempo que he esperado. Tu conciencia y razón no funcionaron y nadie podía hacerte revertir tu rumbo. Te di oportunidades durante mucho tiempo, pero no lo hiciste. Por tanto, en situaciones como esta, si no surgiera nadie para reconciliar la relación entre Dios y el hombre, entonces tu relación con Dios quedaría rota. El resultado final sería que Dios te desdeñaría, estarías apartado para siempre de la luz del semblante de Dios y ya no serías un ser creado a ojos de Dios, entonces perecerías por completo. Sin embargo, la presencia de Dios encarnado te da una oportunidad de reconciliar tu relación con Dios. Si Dios encarnado no apareciera ni obrara, una vez que la relación entre las personas y el Dios en el cielo se quedara en punto muerto, llevaría fácilmente a que Dios desdeñara a la especie humana. Sería imposible que las personas consiguieran una oportunidad o algún tipo de mensaje de un tercero o del mundo exterior para encauzar su relación con Dios. Solo Dios encarnado puede interpretar este papel y hacer esta obra; Él se vuelve un reconciliador entre el Dios en el cielo y la especie humana. Con tal reconciliación, toda la especie humana obtiene de manera imperceptible muchas más oportunidades durante el periodo de la encarnación de Dios. Estas oportunidades son necesarias para que las personas logren la salvación y nadie puede pasar sin ellas. Si estás persiguiendo la verdad actualmente o lo vas a hacer en el futuro, mientras quieras lograr la salvación, estas oportunidades son las cosas más importantes para ti. Por tanto, ¡este papel de Dios encarnado es muy importante para ti! La humanidad normal de Dios encarnado es una parte indispensable de Dios encarnado. Solo la humanidad normal de Dios encarnado puede ver tal oportunidad, captar una oportunidad así, saber que la especie humana necesita tal oportunidad y asegurar tal oportunidad para la especie humana, de modo que resuelve el problema de la relación en punto muerto entre las personas y Dios. Pero si Dios encarnado no tuviera humanidad normal y solo tuviera divinidad, entonces la relación entre el hombre y Dios sería la relación entre la especie humana y el Dios en el cielo. En ese caso, se podría decir que sería muy difícil para las personas obtener la oportunidad de lograr la salvación y encauzar su relación con Dios. Como Dios encarnado tiene humanidad normal y dado que Su humanidad normal posee la conciencia y razón de la humanidad, Él puede ver —dentro del ámbito de la conciencia y la razón de la humanidad normal— cuáles son los puntos de foco, las razones y las causas principales para los diversos conflictos que surgen entre las personas y Dios. En cuanto a cómo se resuelven estos conflictos y problemas principales, de modo que no haya ningún conflicto entre las personas y Dios y de que su relación ya no esté en punto muerto, esto solo puede verlo el Hijo del hombre que vive en el ámbito de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal, Dios encarnado; solo Él puede resolver realmente este problema y puede hacer esta obra. De este modo, en el proceso de rebelarse contra Dios y de lograr la salvación, las personas pueden resolver constantemente su rebeldía hacia Dios, su desafío contra Él y su oposición a Dios, ¿no? (Sí). A medida que resuelves estos problemas de rebeldía, oposición y desafío contra Dios, Dios te perdona todo el tiempo, te acepta y te concede Su reconocimiento. Pasas de la rebeldía, la oposición y el desafío a confesar constantemente tus pecados y arrepentirte, para luego tener la voluntad de aceptar la verdad, alcanzar una sumisión sincera y no rebelarte más contra Dios. Dios te perdona en este proceso y luego obtienes la verdad, gradualmente acudes ante Dios, mejoras tu relación con Dios y Él te acepta. Fíjate, ¿quién es aquí el beneficiario final? (Las personas). ¡Las personas se benefician mucho! Este proceso te permite ver la esperanza de vivir y la de sobrevivir. Sin embargo, antes de que Dios encarnado realizara Su obra, las personas tenían muchas nociones e imaginaciones sobre Dios, así como todo tipo de rebeldía; había muchos problemas en la relación entre el hombre y Dios. Durante el periodo en el que el Dios encarnado ha obrado y expresado tantas verdades, estos problemas de la especie humana se han resuelto poco a poco. Los puntos de vista, las actitudes, las posturas y las perspectivas de las personas hacia Dios han ido mejorando y, a medida que lo han hecho, las actitudes de las personas hacia Dios también han cambiado. Solo cuando las personas cambian, poco a poco Dios les concede reconocimiento, las acepta y las aprecia gradualmente y deja de lado Su odio, aborrecimiento, rechazo y maldiciones respecto a ellas. Si Dios no se hubiera hecho carne, por mucha energía que hayas gastado o mucho precio que hayas pagado en tu creencia en Dios a lo largo de estos años, ¿habrías podido obtener estos provechos? (No). Sin el Dios encarnado, la relación entre las personas y Dios nunca mejoraría. El punto más importante sobre el Dios encarnado es que posee una humanidad normal y vive en la humanidad normal. Solo al vivir en la humanidad normal, al poseer la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal y ser capaz de pensar, juzgar y tomar decisiones de manera correcta, así como de entender y conocer todo tipo de personas, acontecimientos y cosas, puede proveer con normalidad, poco a poco, las diversas verdades que necesitan las personas, para que estas puedan ser aceptadas y reconocidas poco a poco por Dios. Esta es la única manera de que puedan salir de sus diversas actitudes corruptas, no rebelarse más contra Dios ni vivir más bajo la atadura de Satanás para desafiar a Dios, sino que, en el proceso en el que Dios expresa la verdad —es decir, en el proceso en el que Dios realiza Su obra—, llegan de manera gradual a tener una verdadera sumisión hacia Dios y un verdadero temor de Él. Por tanto, se mire como se mire, ¡la importancia del Dios encarnado para la especie humana es simplemente demasiado grande!

La principal representación de Dios encarnado es la humanidad normal de Dios encarnado; esta humanidad normal es indispensable. Por tanto, si tienes muchas nociones sobre la humanidad normal de Dios encarnado de las que nunca puedes desprenderte y a menudo comparas a Dios encarnado con el Dios en el cielo, entonces digo que careces totalmente de humanidad. Has obtenido mucho de la humanidad normal de Dios, sin embargo, ni siquiera sabes cómo obtuviste estos diversos aspectos de la verdad. ¿Acaso no estás ciego? Careces de conciencia, ¿no? (Sí). Careces de conciencia y no sabes cómo funcionan las cosas. Hay quien dice: “Si Dios no se hubiera hecho carne para hablar y obrar, habríamos alcanzado la salvación y se nos habría arrebatado ante Dios hace mucho”. ¿Acaso no es decir cosas falaces? ¿No es demasiado absurdo decir tales cosas? (Sí). Sin las palabras y la obra de Dios encarnado a lo largo de estos años, ¿seguiríais vivos hoy? Por tanto, si después de seguir a Dios encarnado durante muchos años y escucharlo compartir la verdad durante muchos años, has sentido hondamente y has apreciado: “¡La obra que ha hecho Dios encarnado es muy beneficiosa para mí! ¡Realmente me he beneficiado inmensamente!”; si de veras puedes apreciar esto, ¿qué demuestra eso? Demuestra que tienes conciencia y que tu apreciación es correcta. Las personas sin conciencia ni razón todavía no pueden apreciar esto ni siquiera ahora, lo cual es peligroso. Si no lo han apreciado a estas alturas, ¿serán capaces de apreciarlo dentro de otros veinte años? Desde luego que no. Resulta obvio que alguien así carece de conciencia. No solo no puede apreciar que las palabras y la obra de Dios encarnado son la salvación para las personas, sino que también dirá: “¿Qué he obtenido de creer en Dios durante tantos años?”. Dios ha expresado muchas verdades, ¿es que no las has obtenido? ¿No sientes que la verdad es lo más preciado? Si no sientes que la verdad es lo más preciado, entonces no eres un auténtico creyente; solo eres un gorrón. Si no has sentido que has obtenido la verdad, entonces no tienes conciencia. ¿Es alguien sin conciencia un ser humano? (No). Una persona sin conciencia no es un ser humano. Fíjate, por muchos años que viva un animal, nunca sabrá que el Creador existe; da igual las decenas de miles o los cientos de millones de años que viva un diablo, nunca reconocerá la existencia de Dios. ¿Se condenará a los animales por no saber que Dios existe? (No). Los perros viven unos diez años, los caballos veinte o treinta y los elefantes pueden llegar incluso a los cien. No saben de la existencia del Creador, sin embargo, a ninguno de ellos se le condena por ello, dado que se les cataloga como animales. Dios no les hace requerimientos y Él tampoco los salva. Los humanos son diferentes. Dios tiene expectativas de las personas y ha depositado en ellos Sus esperanzas. Al haber experimentado la obra de Dios encarnado durante tantos años, deberías ser capaz de apreciar esto, ¿no es cierto? Entonces, ¿cómo deberían las personas tratar a Dios encarnado? Todo se reduce a lo que he dicho antes: no importa cuánto parezca que Dios encarnado no se ajusta a tus nociones e imaginaciones o a lo que tú quieres —tal vez Él no sea tan alto ni tan guapo como tú, no tenga tanto conocimiento y educación como tú ni tenga un estatus social tan alto como el tuyo—, si puedes apreciar que las verdades que Él ha compartido a lo largo de estos años te han permitido recoger una gran cosecha y obtener la verdad, entonces deberías aceptar el hecho de que Él es Dios y que tiene la identidad de Dios. Si realmente tienes racionalidad, no deberías comparar siempre al Dios encarnado con el Dios en el cielo. ¿Tiene algún sentido compararlo así? Al compararlo siempre así, solo te estarás poniendo en una posición difícil; además, Dios te detestará y al final no obtendrás nada. Compararse siempre así afectará a que obtengas la verdad y alcances la salvación. Por tanto, simplemente porque las verdades que expresa Dios encarnado pueden permitirte alcanzar la salvación, no deberías comparar a Dios encarnado con el Dios en el cielo y deberías aceptar a Dios encarnado; ahora aún no es demasiado tarde para aceptarlo. Algunas personas dicen: “Entonces, ¿qué significa la aceptación? He estado escuchando Tus sermones todo el tiempo, ¿no? ¿No es eso aceptación?”. Escuchar sermones no equivale a aceptación. Entonces, ¿qué es exactamente la aceptación? Reflexionad vosotros mismos sobre esto: ¿Cuáles son las manifestaciones de no haberlo aceptado y cuáles son las manifestaciones de haberlo hecho? Reflexionad y compartid entre vosotros. Acabemos aquí nuestra charla de hoy. ¡Adiós!

27 de julio de 2024

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