Cómo perseguir la verdad (24)

La vez anterior hablamos sobre el contenido de desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él, lo cual se encuadra en el tema más grande de “desprenderse” en “Cómo perseguir la verdad”. Este contenido implica nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado. ¿Cuáles fueron los aspectos que compartimos? (La vez anterior, Dios principalmente compartió y dejó en evidencia algunas de nuestras nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado y Dios también nos compartió dos principios de práctica. Uno era no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo y el otro era no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Para resolver nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado, estos dos principios mencionados en la última enseñanza son los que deben practicar las personas. ¿Cuál fue el primero? (No comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo). ¿Y cuál fue el segundo? (No equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Fueron primordialmente estos dos. La vez anterior, compartí el primer principio —no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo— y presenté brevemente temas relativos a la vida de Dios encarnado que las personas pueden ver y que aún no entienden. Hoy continuaré compartiendo el tema relativo al Dios encarnado. Mientras más lo comparta, más lo entenderán las personas y más completo será su entendimiento. Mientras más comparta la importancia de la humanidad normal o de la humildad y la ocultación de Dios encarnado, más entenderán las personas a Dios encarnado y más práctico será su entendimiento de Él. Serán capaces de entender más sobre el lado práctico de Dios encarnado o sobre los aspectos de Él que las personas pueden ver y con los que pueden entrar en contacto; su conocimiento será más preciso y práctico. De esta manera, las personas se desprenderán de algunas de sus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo que no concuerdan con la realidad. Mientras más personas se desprendan de sus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo y más sepan y entiendan de la practicidad y la normalidad del Dios encarnado, más normal se volverá la relación entre las personas y Dios. Un punto respecto a no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo es que debes tener un entendimiento de la practicidad y la normalidad del Dios encarnado. Cuanto más entiendas la practicidad y la normalidad de Dios encarnado, más entenderás al Dios en el cielo y no medirás al Dios en el cielo con tus nociones e imaginaciones. Por supuesto, desde una perspectiva objetiva, también pasará algo más: tendrás la actitud correcta hacia Dios, tendrás un punto de vista objetivo de las diversas manifestaciones reveladas por el Dios encarnado en Su humanidad y también conocerás al Dios en el cielo de manera más precisa y práctica. Esto te impide tener siempre nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado que no concuerdan con la realidad y también te impide siempre comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. Al discutir la encarnación de Dios —es decir, a Cristo—, hay cierto tema que surge a menudo: la normalidad y la practicidad, así como la humildad y la ocultación, de Dios encarnado. Las personas hablan a menudo de Su normalidad y practicidad y también de Su humildad y ocultación; sin embargo, en lo que respecta a los problemas prácticos implicados aquí, puede decirse que a todas las personas les falta claridad. ¿Qué es exactamente la normalidad y la practicidad de Dios? ¿Qué es Su humildad y ocultación? Es decir, en cuanto a qué es exactamente la normalidad, la practicidad, la humildad y la ocultación del Dios encarnado en el corazón de las personas, además de cómo entender y conocer estas cosas, las personas no tienen claras la verdad ni la esencia a este respecto y meramente predican sobre ellas como si se tratara de una especie de teoría o terminología espiritual. Por tanto, es muy necesario que compartamos este tema de la normalidad y practicidad de Dios encarnado, así como Su humildad y ocultación, de una manera detallada y sistemática. Por medio de tal enseñanza, las personas tendrán claro en qué consiste vivir la normalidad y practicidad del Dios encarnado, este Hijo del hombre que posee una identidad especial.

¿Qué podéis comprender de la normalidad y la practicidad del Dios encarnado con respecto a vuestra comprensión literal o en cuanto a vuestras nociones e imaginaciones? A lo largo de estos años de entrar en contacto, interactuar o hablar con el Dios encarnado, ¿qué habéis sentido exactamente y qué habéis llegado a conocer respecto a la normalidad y la practicidad del Dios encarnado? La mayoría de los temas sobre los que hemos compartido anteriormente trataban de los problemas de la especie humana corrupta. Es decir, compartimos los diversos problemas que tenéis, los cuales implican actitudes corruptas, servir a Dios y realizar los deberes, así como la humanidad, el calibre, las nociones e imaginaciones de la gente y las actitudes y puntos de vista hacia Dios; hemos hablado de todo esto. He predicado la verdad y he dado sermones durante muchos años y todo ello se ha referido a vuestros problemas. En esta ocasión, al fin no estamos hablando de vuestros problemas, sino de algunas cosas que implican al Dios encarnado, lo que nos permite observar las cosas desde un ángulo diferente. ¿No os parece este tema bastante relajado, libre de carga y no tan incómodo? (Sí). Entonces, ¿qué podéis ver, apreciar o comprender en lo que respecta a la normalidad y la practicidad o a la humildad y la ocultación del Dios encarnado? Podéis hablar sobre teorías o hechos; cualquier cosa está bien. No sois capaces de aportar una respuesta; en tal caso, ¿acaso no tenéis a menudo pensamientos en vuestra mente sobre la encarnación de Dios? ¿Ningún conocimiento en absoluto? ¿Y ningún sentimiento en absoluto? Debéis de tener algunos, ¿verdad? A veces podría tratarse de un pensamiento pasajero, a veces algo en lo que pensáis un poco y a veces podrían ser algunas impresiones profundas que tenéis en vuestro corazón. Si es un pensamiento pasajero, puede que no lo recuerdes; o a veces surge en tu subconsciente cierto pensamiento o punto de vista y puede que tampoco lo recuerdes necesariamente. Sin embargo, a veces tienes cierta impresión del Dios encarnado y esta impresión hace que a su vez desarrolles un punto de vista. Esta impresión perdurará mucho tiempo en tu mente. No hay duda de que serás capaz de recordarla. Tu mente no debería estar en blanco, ¿no? Por tanto, hablad de vuestro entendimiento de la normalidad y la practicidad, o de la humildad y la ocultación, del Dios encarnado. (Dios, mi entendimiento de la normalidad y la practicidad de Dios encarnado es que Él también tiene las necesidades normales de la carne. Por ejemplo, cuando Cristo habla durante mucho tiempo, le entra sed y necesita beber agua. Cuando habla con nosotros en las reuniones durante tres o cuatro horas, también se fatiga y necesita descansar. Cuando camina un rato largo, también necesita hacer paradas. Es decir, por fuera, Cristo es igual que una persona normal y tiene también todo el rango de emociones de la humanidad normal: se siente feliz al oír cosas alegres y se siente triste cuando oye cosas dolorosas. Estas también son manifestaciones de la normalidad y la practicidad de Dios encarnado). Habéis expuesto algunos hechos. Estas son cosas que habéis visto y con las que también podéis entrar en contacto y que podéis sentir. ¿Algo más? (Dios, voy a añadir un punto: antes he oído que, cuando vas a dirigir algún trabajo profesional, también tienes que aprender y entender algunos conocimientos especializados). ¿Es esto algo que habéis oído todos? ¿Que cuando dirijo algún trabajo profesional, también tengo que ponerme a aprender al respecto de manera práctica, entender y dominar algunos conocimientos profesionales relevantes? ¿Es esta la información que ha recibido la mayoría de la gente? ¿Pensáis todos lo mismo? (No. Por ejemplo, cuando diriges el trabajo del equipo de producción de películas, simplemente ves algunas películas y programas de televisión de vez en cuando para ponerte al día; no reservas un tiempo concreto para aprender al respecto ni para investigarlo). Esto es necesario aclararlo. En realidad, no dispongo de la energía para buscar recursos ni aprender ningún tipo de conocimiento profesional. Simplemente he visto algunas películas, así que tengo una pequeña impresión general de cómo deberían ser; además, en función de algunos conocimientos profesionales relevantes que proporcionan los hermanos y hermanas, deduzco y extraigo los principios relevantes y proporciono cierta guía para el trabajo profesional. El punto esencial aquí es captar los principios y guiar en función de ellos. Las dificultades de quienes realizan el trabajo son, por un lado, que sus conocimientos profesionales no son completos y, por otro lado, que no captan los principios-verdad, sumado a su escaso calibre. Por tanto, al darles Yo cierta medida de orientación sobre la base de entender los principios, los resultados son mejores que si lo hicieran ellos mismos. Hago esto basándome en el principio de propagar las palabras de Dios, dar testimonio de Dios, no deshonrar a Dios y permitir que la gente aprenda más sobre Su obra y entienda más de la verdad; esto ha dado ciertos resultados. En cuanto a habilidades profesionales reales, prácticamente no tengo ninguna. Para empezar, no cuento con esos conocimientos especializados ni he intentado jamás aprender al respecto de manera específica, como habéis dicho. Con independencia de qué tipo de trabajo profesional guíe, nunca he intentado aprender sobre ello ni he buscado materiales educativos, recursos o conocimientos profesionales relevantes. Como mucho, los hermanos y hermanas encuentran algunos materiales educativos o muestras relevantes y me los pasan para que Yo los mire; de ellos extraigo algunos principios relevantes y algunas formas de trabajar para esa profesión y me baso en ellos para dirigir el trabajo.

En cuanto a este aspecto, la normalidad y practicidad de Dios encarnado, las personas han visto algo de la normalidad y practicidad exhibida por los instintos de Su carne. Esto incluye los instintos humanos, así como algunas revelaciones y limitaciones de las diversas condiciones innatas de la carne; esto es normalidad y practicidad en el sentido verdadero de estos términos. Ya sea lo que Él revela de cara al exterior o bien sean Sus pensamientos y puntos de vista internos o los principios internos de conducta propia de Su humanidad; en resumen, el entendimiento más simple y básico de la normalidad y practicidad de Dios encarnado es que Él no es extraordinario, trascendente ni poco convencional. Es decir, a partir de la apariencia externa de Dios encarnado, no puedes ver ninguna manifestación especial que difiera de las de las personas corrientes. Si Él no habla ni hace nada, solo observando Sus rasgos faciales, Su forma física y Su persona al completo, no puedes ver nada inusual. Él no es extraordinario ni trascendente ni poco convencional; Él solo es una persona corriente. Dicho con precisión u objetividad, si esta persona está entre una multitud y no habla ni obra ni expresa la verdad, no puedes distinguir en qué es diferente de los demás. Por ejemplo, si Yo estoy sentado entre vosotros y entra un extraño, este vería que Mi apariencia es igual a la vuestra. No me siento en una silla de honor ni destaco. Tengo una apariencia corriente; no soy extraordinario, no soy imponente ni parezco una especie de gran figura; solo soy una persona normal. Por tanto, no podrían distinguir quién es el Dios encarnado. Si vivo junto a un grupo de personas, tampoco serías capaz de ver nada de diferente en Mí. Solo sabes que este Dios encarnado es femenino, pero simplemente no serías capaz de distinguir a simple vista quién es Dios encarnado, a menos que escucharas mucho Mis sermones, en cuyo caso podrías notarlo por Mi voz. Si la voz de alguien es similar a la Mía, algunas personas podrían incluso equivocarse y asumir que ella es el Dios encarnado. ¿Suceden tales cosas? Ha llegado a ocurrir, desde luego. Algunos individuos parecen trascendentes y destacables, poseen un aura y un estilo especial, así como una apariencia particularmente noble, la de alguien con estatus y cierta posición. Algunos hermanos y hermanas necios o algunas personas que especialmente quieren conocer al Dios encarnado, pensarán erróneamente que tal persona es el Dios encarnado e incluso le harán reverencias y se arrodillarán ante ella. Aquella a la que le hacen reverencias siente un gran deleite en su interior e incluso las acepta tácitamente. Cuando está a punto de irse, esas personas necias que le hicieron reverencias y se arrodillaron llegan incluso a derramar lágrimas y son reacias a separarse de ella; le tiran de la ropa y no dejan que se vaya, dicen: “¿Cuándo vendrás otra vez? ¡Te vamos a echar de menos!”. Con particular excitación, incluso dicen: “Al fin he conocido al Dios encarnado. No tengo remordimientos en esta vida. Aunque muera, ¡mi vida habrá merecido la pena!”. La persona a la que le han hecho la reverencia no aclara la situación en absoluto. ¿Habéis oído cosas así? (Sí). Una cosa así no podría pasar de ninguna manera en el extranjero. ¿Por qué sucedería en China continental? Porque Dios encarnado apareció y obró en China, Él tiene sin duda la imagen de una persona china, así que una cosa como esta ocurrió en China continental. No vamos a entrar en si las dos partes implicadas en este asunto tienen razón o no. En cuanto a este asunto en sí mismo, con independencia de cómo entiendan las personas la normalidad y practicidad de Dios encarnado, rigiéndose por sus nociones, las personas creen que Dios encarnado debería tener una imagen imponente, una apariencia noble y, más si cabe, una noble identidad. Debería tener también una apariencia y una manera de hablar únicas, hacer que todo el mundo que lo mire sienta que Él es como Dios, que Él es Dios, sin la menor duda. Si Él no tiene un aspecto destacable para las personas y no pueden ver el aura ni la imagen de Dios en Él, entonces es imposible que Él sea Dios. Las personas creen que Dios encarnado es, sin duda, especialmente imponente, noble y que posee un aura, el aspecto especial de alguien con una identidad regia; debería andar erguido, tener ojos brillantes y penetrantes y Su mirada debería ser particularmente afilada; debería ser capaz de saber al instante lo que cualquiera está pensando con solo mirarlo y debería ser capaz de distinguir de un vistazo quién alberga hostilidad o malos pensamientos. Estos pensamientos que tienen las personas reflejan cierto fenómeno: las personas tienen multitud de imaginaciones sobre el Dios encarnado. Pero, de hecho, el Dios encarnado no es el mismo que el Dios de las nociones e imaginaciones de las personas; hay una diferencia. La apariencia externa del Dios encarnado es particularmente corriente. No es para nada imponente, no es para nada trascendente y no es para nada sobrenatural; puede incluso decirse que no hay nada especial respecto a Él. Desde fuera, Él no difiere casi en nada de todos los humanos creados. Es decir, Él es casi exactamente igual que los humanos creados por Dios en cuanto a las diversas funciones que posee, así como a los instintos, el pensamiento normal y las diversas habilidades de los humanos. Estas son las cosas externas que las personas pueden ver directamente a simple vista y con las que entran en contacto, así como las que pueden comprender y entender. Estas cosas externas son fáciles de ver y entender, así que no serán el foco de nuestra enseñanza. El foco de nuestra enseñanza está en la normalidad y practicidad de Dios encarnado, así como en Su humildad y ocultación.

En cuanto a lo que las personas deberían entender sobre Dios encarnado, ya sea Su normalidad y practicidad o Su humildad y ocultación, consiste en pensamientos o maneras de conocer que las personas simplemente no tienen en su corazón; estos pensamientos no existen siquiera en sus nociones e imaginaciones. Esto atañe a cómo Dios encarnado vive entre las personas, cómo vive en el entorno de la vida real de la especie humana, cómo lleva Su vida y cómo habla y obra entre las personas. Esto atañe a los asuntos relativos a la esencia de Dios encarnado y merece la pena compartir estos problemas. Estos aspectos son además cosas que las personas no pueden ver o que les resulta muy difícil entender y, por supuesto, además son cosas que no existen dentro del conocimiento de las personas o en sus nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado. Es decir, el conocimiento, el entendimiento y las imaginaciones de las personas respecto a Dios encarnado están básicamente desconectados de la realidad de la vida y la existencia de Dios encarnado. Como resultado, mucho del conocimiento de las personas relativo a la esencia de Dios encarnado no es práctico ni objetivo e incluso consta de algunas nociones e imaginaciones que no se ajustan a la realidad. El Dios encarnado vive entre las personas y en este mundo material; Su normalidad y practicidad se reflejan en Su vida, así como en el proceso de Su existencia. En Su vida y en el proceso de Su existencia, por un lado, lo que implica es la vida de esta carne y, por otro, lo que implica es el ministerio que realiza Dios encarnado. A partir de estos dos aspectos, observemos cómo la normalidad y practicidad que vivió y poseyó Dios encarnado difiere de las nociones e imaginaciones de las personas; qué partes de esta normalidad y practicidad las personas no pueden entender ni desestimar después de verlas, sino que son realmente manifestaciones de la normalidad y practicidad poseídas por la encarnación de Dios. Dado que esto atañe a la vida y la existencia de Dios encarnado, esto conlleva muchos problemas reales, además de muchos pensamientos y puntos de vista relativos a estos problemas reales. Estos pensamientos y puntos de vista están, de hecho, práctica y objetivamente revelados y vividos en la vida de Dios encarnado y el ministerio que Él realiza. Sin embargo, como las personas albergan demasiadas nociones e imaginaciones —ya sea sobre el Dios en el cielo o sobre el Dios en la tierra— y porque estas son todas huecas y no concuerdan con la realidad, la mayoría de las personas desestiman la normalidad y practicidad, así como la humildad y ocultación que pueden ver que manifiesta Dios encarnado, esta identidad especial de Dios. En lo que se centran la mayoría de las personas es en las señales y prodigios, en los misterios, en las habilidades sobrenaturales y en las cosas que son profundas, grandes o relativamente trascendentes y extrañas, entre otras cosas. Sin embargo, las personas desestiman las cosas verdaderamente objetivas, prácticas y reales que vive y revela Dios mismo. Por muchos años que viva entre la especie humana la encarnación de Dios, dado que las personas desestiman estas cosas, su conocimiento de Dios siempre se mantiene estancado en sus imaginaciones huecas y difusas. Por consiguiente, el conocimiento que las personas tienen de Dios siempre es muy poco objetivo y práctico. Hoy, por medio de compartir este tema, empecemos a conocer la normalidad y practicidad reflejadas en la vida de Dios encarnado y el ministerio que Él realiza. Ya sea la vida de Dios encarnado o el ministerio que Él realiza, ambos aspectos implican vivir Su normalidad y practicidad. Esto atañe a los puntos de vista de Dios encarnado —este Hijo del hombre que posee una identidad especial— hacia todos los tipos de personas, acontecimientos y cosas, así como Sus principios y métodos para manejar toda clase de asuntos. En las enseñanzas a lo largo de los años habéis oído sobre los principios y métodos según los que el Dios encarnado trata y maneja toda clase de asuntos y ahora sabéis sobre estas cosas. Todas estas cosas, que en vuestra mente parecen bastante elevadas y grandes, implican la verdad. Por un lado, representan las intenciones del Dios en el cielo; representan lo que requiere de las personas el Dios que posee la identidad y esencia de Dios y lo que Él les enseña a estas. Por otro lado, es innegable que además representan los principios, los métodos y los pensamientos y los puntos de vista de Dios encarnado, este Hijo del hombre, en cómo Él contempla o maneja toda clase de asuntos. Ya he compartido con vosotros durante mucho tiempo esta cantidad enorme de contenido relativo a los principios-verdad; hay muchos temas y son bastante extensos. Este contenido es suficiente para representar los pensamientos y puntos de vista, las actitudes, así como los principios para manejar las cosas en todo tipo de asuntos del Dios encarnado, el Hijo del hombre. Hoy no hablaremos de este aspecto.

El tema principal que compartiremos es el de los principios de conducta propia de Dios encarnado y Sus maneras de hacer las cosas en Su vida y Su existencia. Por medio de Mi enseñanza sobre estos dos aspectos, llegaréis a entender mejor la normalidad y practicidad de Dios encarnado y a entender más a Dios encarnado. Por un lado, al vivir entre la especie humana, Dios encarnado tiene un principio para cómo se comporta y además tiene un principio para cómo hace las cosas. Estos principios son muy simples. Mi principio para Mi conducta propia es comportarme de una manera que se atenga a las reglas y Mi principio para hacer las cosas es hacerlas con sentido del deber. Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; estos son Mis principios y credos relativos a cómo me comporto y cómo hago las cosas. ¿Cuántas palabras son esas en total? (Dieciocho palabras). Estas dieciocho palabras son muy simples y su significado literal es bastante fácil de entender. No son en absoluto abstractas ni huecas, no son para nada profundas y no son para nada elevadas ni grandes. Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; estos son Mis principios y credos para cómo me comporto y cómo hago las cosas. Me atengo a estos principios cuando me comporto y hago las cosas; así es exactamente cómo lo hago. ¿Sois capaces de ver que esto es un hecho? ¿Podéis equiparar esto con los hechos? Por un lado, cuando predico y comparto, cuando entro en contacto e interactúo con las personas y cuando charlo con la gente, siempre les digo que se comporten de esta manera. Por otro lado, Yo también me comporto de esta manera; no grito consignas. Entonces, ¿qué les digo a las personas sobre estos principios? Es porque Yo mismo hago cosas y me comporto de esta manera; no sucede nada más que sea profundo. Hay quien dice: “Estos credos Tuyos para comportarte son bastante caseros; no son refinados en absoluto. ¡No pueden representar la identidad del Dios encarnado!”. ¿Es esto correcto? (No). Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con el sentido del deber; estos son principios y credos. Los practico en Mi vida diaria y además los practico cuando realizo Mi ministerio; es decir, al hacer obra. Así es como me comporto y así es como hago las cosas. Hablemos simplemente sobre estas cosas como si estuviéramos charlando y hablando de cosas sin importancia, de modo que podáis relajaros un poco y conocer un poco sobre Mi vida a través de Mí. ¿Está bien eso? (Sí). Si en algún momento de nuestra charla alguno de vosotros dice: “¡Me opongo! Lo que dices no se ajusta a Tus manifestaciones”, entonces, intentaré reformularlo y lo corregiré o rectificaré en el futuro. Si alguno de vosotros alza la mano y dice: “¡Estoy de acuerdo! Lo que dices se conforma perfectamente con lo que hemos visto y hemos oído que revelas en Tu vida; lo que dices es un hecho”, entonces lo seguiré haciendo. ¿Está bien eso? (Sí).

Comportarme de una manera que se atenga a los principios y hacer las cosas con sentido del deber; ya sea en la vida o en la obra, me mantengo fiel a estos credos. Es probable que hayáis podido apreciarlos bastante en la obra que hago, así que hablemos primero sobre cómo se aplican a Mi vida. Dios encarnado es una persona que posee una identidad especial entre la especie humana, pero no actúa para nada como si fuera especial a la hora de hacer las cosas. Él nunca se trata a sí mismo como una figura especial; solo es una persona corriente. Sea cual sea el país en el que esté, Él se atiene a las leyes y preceptos de ese país. Si necesita hacer algo, pero no lo entiende, Él lo consulta rápidamente y averigua lo que estipulan las leyes y políticas locales, qué es ilegal hacer y qué no; lo hace de la manera que considera apropiada, sin darse a sí mismo un trato privilegiado. ¿Hacer las cosas de esta manera es atenerse a las reglas y tener sentido del deber? (Sí). Esto es comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. En un país libre y democrático, si Él necesita entender las leyes relevantes para que se hagan las cosas, consulta a un abogado o mira las leyes y preceptos. No hace cosas ilegales ni explota las lagunas legales; se atiene estrictamente a las leyes y preceptos, porque las leyes y preceptos de la mayoría de los países protegen los derechos e intereses legítimos de los individuos y son a los que la gente debería atenerse. Por ejemplo, si estamos construyendo algo en el patio y necesitamos colocar algo allí, primero debemos averiguar cuáles son los preceptos del gobierno para esto, si esta cosa se puede colocar en el patio y, si es así, dónde es apropiado hacerlo. Después de tener claros los detalles, hacemos las cosas de acuerdo con los preceptos del gobierno. Si el gobierno no lo permite, entonces no lo haremos. No vamos a crear problemas de manera irracional y no vamos en absoluto a vulnerar la ley a sabiendas para hacerlo. Por ejemplo, si queremos construir alguna clase de estructura, necesitamos pedir la aprobación del gobierno. Una vez que el gobierno lo apruebe, la construcción puede empezar. Cuando se complete el proyecto, tiene que pasar aún una inspección del gobierno. Si pasa la inspección, lo podemos usar con tranquilidad. Este es el procedimiento para la construcción. Algunas personas podrían decir: “Para este tipo de proyecto pequeño, ¿estipula el gobierno que tenemos que obtener aprobación? Si es opcional, no hay necesidad de pasar por ello. Nos podemos ahorrar la molestia”. Yo digo: “Tenemos que averiguarlo, claro. Y si requiere aprobación del gobierno y no la obtenemos, ¿no sería eso vulnerar los preceptos? No debemos vulnerarlos. Ya que vamos a construir esta estructura, deberíamos intentar obtener la aprobación. Si el gobierno dice que no hay necesidad de obtenerla, nos quedaremos tranquilos al no pedirla. Si el gobierno dice que se debe aprobar, entonces nuestra petición de aprobación será razonable y se atendrá a la ley”. Para cualquier cosa que involucre la ley o los preceptos del gobierno, debemos consultarlo y averiguarlo con seguridad. De lo contrario, será muy problemático si algo va mal. Una regla básica de vivir en el extranjero es no hacer nada ilegal ni que vulnere los preceptos del gobierno. Por ejemplo, si estamos viviendo en el campo y queremos criar pollos u ovejas, tenemos que obtener la aprobación del gobierno. El gobierno tiene preceptos detalladas para estas cosas y no debemos en absoluto vulnerarlas ni intentar obtener privilegios especiales. Si vulneramos los preceptos del gobierno y nos pillan, será muy problemático. Por tanto, esto requiere que nos atengamos a la ley y también involucra los principios de cómo nos comportamos y cómo vivimos. Da igual dónde vivamos, deberíamos comportarnos de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. En Mi vida diaria, yo también interactúo con Mis vecinos de una manera que se atiene a las reglas. No hago ruido ni molesto a los demás. Da igual lo que estipule el gobierno, debemos atenernos a ello. Incluso si tenemos un perro, tienes que ocuparte bien de él para que no ladre constantemente ni perturbe el descanso de los vecinos. En especial los fines de semana, cuando todo el mundo está en casa, tienes que tener más cuidado de no molestarlos. Cuando nieva en invierno, tienes que esperar hasta las ocho de la mañana para empezar a retirar la nieve. Retirar la nieve demasiado pronto crea ruido que perturba el descanso de los vecinos y les molesta. Si el gobierno tiene preceptos explícitas, tienes que atenerte a ellas. No vulneres intencionadamente los preceptos del gobierno. A esto se le llama comportarse de una manera que se atiene a las reglas. Da igual donde me hospede, básicamente no hago ruido. Nunca pongo música en el exterior y no armo jaleo ni hablo alto. Cuando paseo al perro, no dejo que ladre constantemente. Me esfuerzo al máximo para no molestar a Mis vecinos, para no interferir con su vida ni molestarlos. ¿Acaso no es esto comportarse de una manera que se atiene a las reglas? (Sí). Por eso me llevo bien con Mis vecinos desde hace ya muchos años. Vivimos en paz mutua, nos saludamos al vernos y coexistimos de manera amistosa y amigable. Con independencia de dónde vivamos, debemos atenernos a las reglas al interactuar con nuestros vecinos. No debemos causarles problemas ni tampoco mostrarnos serviles; deberíamos tratar a los demás correctamente y hacer las cosas de manera justa y ecuánime. Si hacemos esto, no habrá conflictos en el tiempo.

En cuanto a la cuestión de que Dios encarnado se comporte de una manera que se atenga a las reglas, hay quien dice: “¿No es eso algo muy normal?”, a lo que yo respondo: “Tienes toda la razón; es de lo más normal”. ¿De dónde viene esta normalidad? Proviene de la conciencia y razón de la humanidad. Precisamente porque Dios encarnado posee la conciencia y razón optimizadas de la humanidad normal, en lo que se refiere a la conducta propia —algo que la gente considera una cuestión muy poco destacable—, el principio al que Él se atiene es también muy poco destacable: ser alguien que se atiene a las reglas. Después de oír esto, hay quienes podrían decir: “¿Qué es tan importante respecto a esto? ¿Merece siquiera la pena sacarlo a relucir? ¿Es esto ser normal y práctico? Estos son asuntos triviales”. Sea como sea, que el Dios encarnado se comporte de una manera que se atenga a las reglas es una manifestación de su normalidad y practicidad, así que merece la pena hablar de ello y merece la pena que la gente tenga conocimiento de ello. Las personas piensan que no es destacable que me comporte de una manera que se atenga a las reglas. Hay que preguntarse qué pasaría si me diera un trato preferente en todos los ámbitos de Mi vida y me vanagloriara a cada oportunidad diciendo: “Soy Cristo. Vengo del cielo. No me parezco a nadie. Entre la especie humana, soy único en mi especie. Toda la especie humana, todos los seres vivos y todas las criaturas deben ser pisoteados bajo mis pies. Todas las cosas son el estrado de mis pies. Sean creyentes en Dios o no, todos deben inclinarse y adorarme. Cuando se presenten ante mí, todos deben ser deferentes y respetuosos”. ¿Sería esto normal? (No). Eso sería anormal. ¿Te parece que actúo de esa manera? (No). No actúo de esa manera. Mantengo una relación amigable con cualquiera con quien puedo entrar en contacto, especialmente con los no creyentes. A estos los trato e interactúo con ellos de acuerdo con las reglas y la etiqueta. Cuando discuto o consulto sobre algo con las personas, soy particularmente respetuoso con ellas. Cuando hay algo que no entiendo, pregunto e indago más y algunas personas son muy pacientes al ayudarme a responder Mis preguntas. Por supuesto, no es que solo me comporte de una manera que se atenga a las reglas para retribuirles su trato; más bien es porque, al vivir en este entorno real, por naturaleza, Dios encarnado se atiene a tal principio cuando interactúa con las personas y hace las cosas. Por ejemplo, una biblioteca es un lugar para leer y estudiar. Cuando vas allí, deberías atenerte a sus reglas. No puedes ser ruidoso y, en la mayor medida posible, deberías intentar no hablar. Si quieres hablar, deberías bajar la voz o salir fuera y, sobre todo si te suena el teléfono, deberías salir rápido para responderlo, todo ello para no perturbar ni afectar la lectura de los demás. A esto se le llama atenerse a las reglas. En esta clase de entorno, si recibo una llamada, me saldré para responder. Hay quien dice: “¿Quién no sabe algo así?”. Realmente hay personas que no saben esto. En algunos restaurantes, supermercados y lugares donde las personas van a hacer trámites en occidente, puedes oír a menudo a algunas personas hablando muy alto; los camareros y los empleados presentes sienten una especial repulsión. Algunos asiáticos en particular no entienden las reglas en absoluto y parecen de una clase extremadamente baja. En algunos lugares hay reglas claramente escritas, pero se comportan como si no las vieran en absoluto. Aunque vean las reglas escritas en su lengua materna, no las cumplen e incluso las vulneran. Cuando los empleados les recuerdan las reglas, se ponen incluso a discutir con ellos. ¿Acaso no es eso hacer el ridículo? Algunas personas están habituadas a salirse con la suya en su país de origen. Cuando vienen a occidente, siguen pensando que es su terreno, se comportan con agresividad y se pavonean como gorilas, sin cumplir las reglas en absoluto. Como resultado de esto, hacen que la gente las aborrezca y sienta repulsión por ellas allá donde van. Algunas incluso causan problemas cuando hacen el examen de conducción. Después, cuando ven a sus paisanos llegan incluso a proclamar: “Nosotros los chinos somos libres allá donde vamos. Nunca somos propensos a cumplir las reglas. Mientras más casuales podamos ser, mejor. Si alguien intenta disciplinarme, ¡montaré un gran escándalo!”. ¿Acaso alguien así no es un diablo viviente? ¿Te crees que estás en tu país natal, donde puedes salirte con la tuya si tienes poder e influencia? Estás en el extranjero, en un país gobernado por el derecho. Si vulneras las leyes y preceptos, tienes que asumir responsabilidad legal. Atenerse a las leyes y los preceptos es lo mínimo que debería hacer una persona. Si alguien no entiende siquiera estas reglas básicas, carece por completo de semejanza humana.

En general soy muy cauto en lugares públicos. En especial, cuando voy a agencias del gobierno para ocuparme de asuntos, actúo con cautela y evito vulnerar sus reglas. Sea cual sea el formulario que rellene o sean cuales sean las preguntas que responda, siempre me comporto según las reglas. Después de haberme ocupado de los asuntos unas cuantas veces, he adquirido experiencia. Atenerse a las reglas es fácil; lo preocupante es no entenderlas. Ya no digamos hacer el ridículo; ¿podría eso afectar a que se hagan las cosas? Podría, así que uno debe comportarse de una manera que se atenga a las reglas. Los occidentales son básicamente capaces de lograr estas cosas. El Dios encarnado tiene racionalidad y conciencia normales, así que por supuesto que Él puede lograrlo también y lo hace proactivamente. No se cataloga a Sí mismo como único entre la especie humana creada ni jamás se salta las leyes y preceptos para buscar privilegios para Sí. Sea cual sea el asunto del que me ocupe en una agencia gubernamental, siempre sigo el procedimiento. Nunca hago exigencias, diciendo: “Tengo un estatus especial y una identidad especial. ¿Podéis darme un trato especial?”. Por un lado, no consulto a nadie para buscar este tipo de oportunidades. Por otro, nunca oro al Dios en el cielo, diciendo: “Dios, ¿puedes realizar señales y prodigios para Mí, arreglar este asunto al instante, de modo que no tenga que seguir estos procedimientos como hacen los humanos?”. Nunca oro así; en cambio, me ocupo de los asuntos según el procedimiento, de una manera que se atenga a las reglas. Por supuesto, cuando me ocupe de estos asuntos, también me encontraré con algunas circunstancias especiales. Las circunstancias especiales requieren ocuparse de ellas de manera especial. Si hay que pagar una tasa, la pago. Si tengo que esperar, espero. Si hace falta que solicite algo o vuelva a obtener confirmación del gobierno, entonces lo solicito y vuelvo a obtener confirmación. Sin duda, seguiré los procedimientos de manera estricta, de acuerdo con las leyes y preceptos, no pasaré por encima de nadie. Ya esté de compras en un supermercado o encargándome de asuntos en la agencia del gobierno, si la gente hace cola, yo hago cola también. Cuando es Mi turno, doy un paso al frente enseguida. Sea lo que sea lo que me pidan que haga, lo hago de una manera que se atenga a las reglas de acuerdo con sus requisitos. Así es como me comporto. Cuando me encuentro con cosas en la vida, así es como actúo y las experimento. Aunque haya algunos momentos especiales en los que sufra algunos agravios, nunca afecta a Mi credo de “comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber”. Sigo haciendo lo que debería. Yo, en particular, parezco asiático, soy de complexión pequeña y de apariencia promedio, no hablo alto y parezco corriente y promedio para las personas, no destaco entre la multitud y no llamo la atención en absoluto. Por tanto, cuando me encargo de los asuntos en algunos entornos especiales, afronto diversos grados de discriminación o recibo diversos grados de “tratamiento especial”. Si os encontrarais con estas cosas, ¿qué haríais? ¿Discutiríais con esas personas, presentaríais una denuncia contra ellas u oraríais a Dios para maldecirlas? ¿Qué método adoptaríais? (Si las circunstancias son correctas, podría discutir con ellas). ¿Y oraríais en vuestro corazón para maldecirlas? (No iría tan lejos, pero estaría bastante colérico en mi interior). Cuando os tratan de manera diferente u os discriminan, deberíais dejar que las cosas se enfríen. En cuanto a Mí, no oro para maldecirlos ni discuto o disputo las cosas con ellas. En su lugar, dejo que las cosas se enfríen y las abordo correctamente. Me sentiré un poco incómodo en Mi corazón, pero pasados unos pocos días estaré bien; lo habré aceptado. Aunque sufras un insulto a tu dignidad e integridad, no puedes exhibir impetuosidad; no puedes manejar las cosas de manera impetuosa. Entonces, ¿cómo deberías manejarlo? Si alguien te discrimina o te insulta, deberías ser paciente con él, mantenerte alejado de él y no exhibir impetuosidad; entonces no puede hacerte nada. Simplemente, considera esta pequeña pérdida como una lección. Si me encuentro con este tipo de cosa, debido a la racionalidad y la conciencia de Mi humanidad normal, me sentiré herido y también sentiré que mi integridad y dignidad han sufrido un golpe. En mi interior, me sentiré incómodo y dolorido. Pero no me sentiré agraviado porque tenga una identidad especial y un estatus especial, mucho menos odiaré o maldeciré a aquellos que me discriminen. A medida que me hago mayor, más me parece que estas cosas son perfectamente normales. Vivir en este mundo humano, entre tal especie humana corrupta, estas cosas son perfectamente normales. No me siento de esta manera porque esté habituado a tales cosas y me haya vuelto insensible a ellas, sino porque todas las personas son seres humanos corruptos. Su discriminación no va dirigida a ti personalmente; más bien, toda la raza humana es así. Fíjate, en los Estados Unidos, un país multirracial de inmigrantes donde la gente de todas las razas dirá que es discriminada; incluso los blancos lo asegurarán. La gente se enfrentará a la discriminación en diferentes ocasiones, en diferentes entornos y entre diferentes grupos de personas. A veces se trata de discriminación por parte de otras razas y otras veces también afrontas discriminación o un trato injusto por parte de tu propia raza. Lo que tú consideras discriminación podría ser la manera más común de ocuparse de las cosas en lo que respecta a cómo los humanos corruptos se tratan mutuamente. Esta especie humana es exactamente así, por tanto, no te tomes tales cosas demasiado en serio. Es normal enfadarse, pero deberías desentrañar rápidamente estos asuntos y luego dejarlos ir. No los abordes de manera impetuosa. No pienses en vengarte de nadie ni ores para maldecir a nadie. No sientas que no eres promedio. Eres una persona promedio y así es como te tratan los demás. Si ven que eres blando, te acosarán. ¿Acaso no es esto perfectamente normal? No te bases en nociones e imaginaciones para pensar: “No soy una persona promedio. Tengo un alto valor y un estatus elevado. Oraré para maldecir a quienquiera que me acose. Si te dijera quién me está respaldando, te morirías de miedo. Cuando tenga el poder en el futuro, haré que te arrodilles y supliques misericordia y haré que te postres como un pollo picoteando arroz”. Nunca he tenido tales pensamientos. Hay discriminación en todas partes del mundo. La discriminación de la gente no va dirigida solo a ti. Este mundo mismo está lleno de injusticia, discriminación, toda clase de perversidades y toda clase de maldades. Cuando me encuentro con tales cosas, como no me trato a Mí mismo como una figura especial de ningún tipo, me resulta muy fácil dejar pasar estas cosas. ¿No es esto también cumplir los credos de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber? (Sí).

En Su vida, es inevitable que el Dios encarnado interactúe y se relacione con las personas, incluyendo a algunos hermanos y hermanas que creen en Dios, además de a algunos no creyentes. Por supuesto, cuando interactúa con los hermanos y hermanas que creen en Dios, Él también tiene algunos principios para comportarse y lidiar con las cosas en lo que respecta a la humanidad. Aunque no se atiene estrictamente a las reglas de cortesía y reciprocidad y a los modos del mundo, en lo relativo a intercambiar favores, se esfuerza por no aprovecharse de los demás ni buscar privilegios para Él mismo. Cuando algunos hermanos y hermanas emplean algo de su energía y de su tiempo en encargarse de Mis asuntos personales, busco la oportunidad de darles un pequeño regalo, hacerles una visita, invitarlos a comer o hacer otra cosa. Esto no es un soborno; es cortesía y reciprocidad, así como no aprovecharse de los demás. En cuanto a los hermanos y hermanas con los que no me he relacionado en privado, nunca les he dado regalos porque tengan estatus o hayan realizado contribuciones a la casa de Dios; a ninguno de ellos les he dado nada ni les he dispensado un trato especial porque los valore o tenga una buena relación con ellos. Tales cosas nunca han sucedido. En resumen, cuando me relaciono con las personas e interactúo con ellas, me esfuerzo por no aprovecharme de ellas ni buscar privilegios para Mí mismo. Mi identidad especial no me llevará a pensar: “Da igual cómo te use, eso es lo adecuado y deberías aceptarlo; eso es una exaltación de ti”. Yo no pensaría así. Si te ocupas de algunos de Mis asuntos personales, ajenos al trabajo de la iglesia, entonces recordaré este favor y te lo devolveré. Sobre esta base, realizaré un intercambio de favores contigo. Hace falta decir incluso menos en lo que se refiere a los no creyentes; si un no creyente se ha encargado de algo para Mí y ha gastado cierta cantidad de dinero, por un lado, me aseguraré de que no le debo nada financieramente. No dejaré que pague de su propio bolsillo; le daré todo el dinero que sea necesario. Asimismo, al encargarse de este asunto para Mí se ha tomado grandes molestias, se ha esforzado muchísimo y ha corrido mucho de un lado a otro, así que debo hacerle un regalo por cortesía, ofrecerle alguna compensación por el favor y no aprovecharme de él. Hace este trabajo y vive de ello; no puedo permitir que sufra pérdidas o pague dinero de su propio bolsillo porque se ocupara de algo para Mí. Eso sería inapropiado. Por tanto, en tales cuestiones no busco privilegios para Mí. Por supuesto, esto no es seguir las reglas del juego; es solo que uno debe ceñirse a los métodos más básicos del mundo y a la cortesía y la reciprocidad; no se pueden hacer excepciones respecto a esto. Si le pides a alguien que se encargue de un asunto y no le pagas y siempre intentas aprovecharte de él, esta es una manifestación de no tener integridad. ¿Cuáles son Mis principios en estas cuestiones? Si quieres que se haga algo y el plan que ellos proveen es el apropiado y puedes permitirte su precio, entonces adelante. Si no te lo puedes permitir, entonces no lo hagas; encuentra a alguien más barato para hacerlo. Limítate a hacer aquello que puedas permitirte. El que mucho abarca, poco aprieta; no pienses en cómo aprovecharte de los demás. Si no tienes los medios financieros para encargarte de ello, entonces pide prestado el dinero, solicita un préstamo o espera a ganar el dinero suficiente para hacerlo. En resumen, arréglatelas por tu cuenta; no puedes aprovecharte de los demás. Si esta es su profesión, entonces cuando se encarguen de algo para ti, deberías mantener tu promesa y pagarles. Esto es perfectamente natural y justificado. No aprovecharse de los demás, no engañar a los demás, no deberles nada, no comportarse con desvergüenza y no tener deudas; a esto se le llama comportarse de una manera que se atiene a las reglas. Cuando te halles en dificultades, no cargues a los demás con tus problemas; cuando seas pobre, no te aproveches de los demás; cuando seas rico, no alardees de tu riqueza y no te des aires por tu identidad y estatus. Este es Mi credo a la hora de interactuar con las personas y ocuparme de los asuntos. Por ejemplo, algunas veces buscaré a alguien que se ocupe de un asunto para Mí. Digamos que esto normalmente solo costaría mil dólares, pero quiere cinco mil. Aunque me lo pueda permitir, no voy a aceptar que me timen de esa manera. Gasto lo que suele hacer falta para ese tema y no regateo con la gente. Si no me lo puedo permitir, buscaré a alguien más económico. De ninguna manera voy a comportarme con desvergüenza ni voy a hacerme el pobre para que me bajen el precio; nunca digo tales cosas. Doy el dinero que sea necesario para el asunto en cuestión, pago el precio de mercado y actúo de acuerdo con las reglas. Así de riguroso soy. Hay personas adineradas que destacan especialmente por su alto perfil y su altivez. Llevan ropa de marca, anillos de diamantes y collares, se adornan de pies a cabeza con joyas deslumbrantes. Asimismo, llevan tacón alto a todas partes y evitan en general caminar sobre moqueta, pues piensan que sin el sonido llaman demasiado poco la atención; caminan específicamente sobre suelos de mármol o madera para que la gente note su llegada. Cuando entran en una habitación, no se quitan siquiera sus gafas de sol de diseño y echan un vistazo a la sala desde la puerta para ver quién está allí, como si dijeran: “¿Has visto que la reina ha llegado?”. Vayan donde vayan, primero deben darse aires. Si Yo llevo gafas de sol cuando salgo en verano, las guardo enseguida en el bolso cuando llego a Mi destino, para que la gente no me vea con gafas de sol y crea que me doy aires, lo que podría causar malentendidos. La mayoría de los zapatos que llevo tienen suelas de goma o de espuma e intento no hacer ruido al caminar. Cuando voy a alguna parte para encargarme de asuntos, si necesito llamar al timbre, lo hago. Si no hace falta que llame al timbre, cuando estoy dentro, primero le digo al recepcionista que tengo una cita con este o aquel a cierta hora y entonces me siento allí y espero. Veo a algunas personas sentadas y mirando su teléfono cuando no tienen nada que hacer. Tienen las piernas cruzadas, se atusan el pelo con permanente y junto a ellas hay un bolso de diseño; son muy pomposas. Dondequiera que vaya, mi perfil es especialmente bajo. Busco un rincón para sentarme, aprieto el bolso contra Mi pecho para impedir que me lo arrebate la gente mala. Soy cauto y mantengo un perfil bajo. Cuando es Mi turno, enseguida voy a encargarme del asunto sin perder el tiempo, tratando de atraer tan poca atención como sea posible. Sigo las reglas al encargarme de los asuntos y no le debo nada a la gente. Dondequiera que voy, mantengo Mis movimientos bajo control; no quiero llamar la atención de nadie. Es decir, dondequiera que voy a encargarme de un asunto, me muevo en silencio, sin hacer nunca tanto ruido como para anunciar Mi presencia. Al interactuar con los no creyentes, si estos suelen tener ciertas reglas para encargarse de los asuntos, entonces las sigo. Por ejemplo, la regla en tal o cual sector es que, después de que alguien se encarga de un asunto por ti, tienes que invitarlo a una comida. Según el precio de nuestra transacción, la comida debería costar por lo general unos quince dólares, así que lo invito a una comida que cueste más o menos eso. Hay quien dice: “Ya que lo invitas a comer, gasta un poco más para jactarte”. No hace falta. Sean cuales sean sus reglas, las cumplimos. No te pases ni malgastes dinero solo para alardear. En occidente, cuando le pides a alguien que se ocupe de algo por ti, al contratar trabajadores por horas o mano de obra y cosas así, se suele dar propina. Algunos sectores cuentan con reglas sobre la cuantía de la propina, mientras que otros no. En el caso de los que no disponen de tales reglas, en la mayoría de los casos, por cortesía y respeto al trabajador, le doy una propina razonable acorde a su tarifa, la calidad de su trabajo y su actitud. Si hizo un buen trabajo, le doy cinco dólares extra; si hizo un trabajo promedio y no quiero volver a contar con él en el futuro, no le doy nada extra, pero tampoco le doy menos de lo que se ha ganado. En lo que respecta a dar propinas, no Me considero a Mí mismo un magnate ni presumo deliberadamente de Mi riqueza; no saco un puñado de billetes y se lo doy a alguien sin contarlo. Jamás hago semejantes cosas. En cambio, preparo el dinero acorde a su tarifa antes de que empiece a trabajar y se lo doy cuando se va. La mayoría se quedan bastante satisfechos con esto. Esto se puede considerar también una regla para manejar los asuntos en occidente. Al tratarse de una regla, debemos cumplirla y no romperla. Si eres nuevo en un sitio y no entiendes las reglas, lo mejor es que las aprendas. Una vez que las entiendas, no te hagas el tonto; esfuérzate al máximo por ocuparte de los asuntos según las reglas. Por supuesto, no es que tema que la gente Me juzgue a Mis espaldas o diga que no me comporto de una manera que se atiene a las reglas; no es por miedo a nada de esto. Más bien, siento que así es como se debería hacer; es lo que se supone que debo hacer. Hay quien dice: “Si les dieras diez dólares de menos, ¿acaso no tendrías para una comida más?”. No puedes considerarlo así. Es el dinero que se han ganado. Si les das diez dólares de menos, eso equivale a quitarles diez dólares. Usar el dinero que le has quitado a otro para tus propios gastos es una inmoralidad. Hacer las cosas en contra de tu conciencia no está en consonancia con la humanidad; carece de humanidad. Si intentas pagar de menos de esta manera, entonces tu comportamiento no se atiene a las reglas. Comportarse de una manera que se atenga a las reglas significa, como mínimo, actuar de manera imparcial y llamar a las cosas por su nombre. Supón que estás en el sector de los servicios y dependes de las propinas para ganarte la vida. Si alguien no te diera propina y se aprovechara de ti, ¿cómo te sentirías? La lógica es la misma. Tal vez no vaya contra la ley no dar propina en un determinado sector y nadie te va a acusar por ello, pero ¿puedes tener la conciencia tranquila? Si no puedes tener la conciencia tranquila, entonces tienes ese cargo en ella. Si tienes demasiadas deudas semejantes en esta vida, ¿cuándo vas a poder saldarlas? No puedes comportarte así. Tal vez te aproveches un poco de alguien al no darle propina, pero ¿acaso no sientes cargo de conciencia? Si en realidad no lo sientes, entonces no hay duda de que tienes un problema. Si intentas aprovecharte de alguien por algo tan insignificante, ¿acaso no serías capaz de cosas incluso peores? Con una mentalidad semejante, ¿puedes seguir practicando la verdad?

Cualquiera podría encontrarse con estos ejemplos que compartimos sobre comportarse de una manera que se atenga a las reglas a lo largo de su vida y supervivencia. En cuanto al Dios encarnado, que vive entre esta especie humana, estas cosas también son imposibles de evitar y son cuestiones a las que Él se debe enfrentar. Al hacer estas cosas, en general, el Dios encarnado cumple estrictamente los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y de hacer las cosas con sentido del deber. Yo mismo hago exactamente esto. Por supuesto, cuando Mis interacciones con vosotros impliquen el trabajo de la iglesia o vuestra vida personal, si me pedís que comparta con vosotros o me consultáis sobre cómo ocuparos de un determinado asunto, os lo compartiré estrictamente según Mis credos sobre la conducta propia. Tanto si los aceptáis como si no, Mis puntos de vista y la forma y los principios según los que me comporto permanecen inalterados. No os enseñaré en absoluto a aprovechar las lagunas legales para obtener una ventaja adicional; eso es totalmente inapropiado. Suceda lo que suceda, primero haré que averigüéis con claridad si el asunto atañe a las leyes, las políticas o los preceptos de un determinado sector. Si es así, os diré que se lo consultéis a un funcionario del gobierno o a un abogado o que busquéis en internet las reglas que correspondan. Si atañe a asuntos financieros, entonces deberíais consultarlo con un contable. Debéis practicar de esta manera, sea cual sea el país en el que os encontréis. Así es como Yo hago las cosas y de ninguna manera voy a alentarte a vulnerar estos credos. En lugar de eso, te exijo que te atengas estrictamente a las leyes y preceptos de cada país, incluidas las reglas y disposiciones de cualquier lugar público o de cualquier sector. Si no los conoces, debes tomar la iniciativa de informarte sobre ellos y consultar con gente al respecto. Si los conoces, debes esforzarte al máximo por atenerte a ellos. Debemos hacer las cosas según lo que digan las reglas. Aunque a veces las reglas o leyes del país afecten al tiempo que dedicas a hacer tu deber o afecten a algunos asuntos relacionados con tu deber, incluso así debes atenerte a ellas. Puedes buscar formas de ajustar el momento en el que haces tu deber o el entorno en el que lo realizas para evitar entrar en conflicto con las leyes y preceptos del país, al igual que para evitar incurrir en conductas o causar incidentes que vulneren las leyes y preceptos del país. ¿Es apropiado hacer las cosas de esta manera? (Sí). Esto es así por un lado. Por otro, sea cual sea el país al que pertenezcan las leyes y preceptos, sean estos razonables o no, mientras estén estipulados explícitamente por el gobierno y aparezcan en el ámbito de Mi vida y existencia, me atengo a ellos y los cumplo en la medida de lo posible. De ninguna manera haré comentarios ni criticaré ningún aspecto de las leyes y preceptos del gobierno que no sean razonables o no sean en interés de la gente; en cambio, me atengo a cualquier regla que disponga el gobierno. Por supuesto, cuando hablo de atenerse a las leyes y preceptos del gobierno, esto no incluye aquellas leyes que se oponen a la creencia religiosa o las leyes que niegan a Dios y se resisten a Él. Más bien se refiere a aquellas leyes y preceptos que protegen los derechos de los ciudadanos, mantienen el orden social y promueven la equidad; a estas es a las que la gente debería atenerse. Con independencia de los pensamientos que la gente tenga en la cabeza, atenerse a las leyes y preceptos es lo primero. Debes respetar las leyes del país, así como las reglas y disposiciones de cualquier sector. Si no puedes adaptarte a ellas o no te gustan, puedes evitar este sector o puedes abandonar el país. Sin embargo, siendo racionales, si vives en un determinado país o tratas con personas de un determinado sector, deberías atenerte a las leyes del país, a las disposiciones y directrices del sector o de determinadas ocasiones y entornos especiales e incluso a algunas normas morales. Yo me esfuerzo por atenerme estrictamente a las leyes, preceptos y disposiciones de la especie humana, a algunas reglas y directrices especiales en lugares públicos y a las normas morales y de comportamiento básicas de la humanidad. Jamás hago hincapié en Mi identidad y estatus especiales ni voy en contra de ninguna ley, precepto, directriz, disposición o cosa semejante. No los desafío ni los quebranto intencionadamente para seguir Mi propio camino; en su lugar, me atengo estrictamente a ellos. Detrás de Mi estricto cumplimiento hay un respeto por sus leyes, preceptos, disposiciones y reglas. Este es también el principio que practicas y el que en realidad cumples al comportarte de una manera que se atenga a las reglas y al hacer las cosas con sentido del deber. Tal vez algunas personas no entienden cuál es Mi actitud hacia estas cosas; puede que tengan en mente algunos pensamientos que no estén en consonancia con la realidad, o que tengan algunas nociones e imaginaciones vacías sobre Mis principios y credos para hacer semejantes cosas. Al compartir así, ¿encontráis que haya algo vacío aquí? (No). Decir que no hay nada vacío significa que Mi actitud hacia estas cosas consiste en tratarlas con racionalidad desde la perspectiva de la humanidad. No asumo una posición de superioridad, no me sitúo en la perspectiva del tercer cielo y no trato estas cosas desde el estatus especial de tener la identidad de Dios. En lugar de eso, las considero de una forma muy humana, desde una perspectiva racional. Jamás me jacto de Mi identidad como el Dios encarnado al considerar estas cosas ni me aprovecho jamás de esta identidad para contemplarlas con condescendencia. Jamás desafío estas cosas ni trastorno las leyes y preceptos del país ni las reglas de ningún sector. En vez de eso, me atengo estrictamente a estas leyes, preceptos, disposiciones y otras cosas semejantes con obediencia y sentido del deber. De manera todavía más práctica, en lo que se refiere a interactuar con la gente, también me atengo a un principio muy humano.

Hemos compartido algunas manifestaciones del Dios encarnado comportándose de una manera que se atiene a las reglas. Podrían ser cosas en las que nunca habéis pensado o que nunca os habéis tomado en serio; podríais tener una idea muy vacía de estas cosas; o cuando las veis, entráis en contacto con ellas u oís sobre estas cosas, puede que las descartéis sin más. Sin embargo, estas son un reflejo de la normalidad y practicidad, así como de la humildad y ocultación manifestadas por la encarnación de Dios. Además, también son las manifestaciones más normales y prácticas de Su conducta propia cuando el Espíritu de Dios se reviste de carne y viene entre las personas. Por medio de estas manifestaciones, las personas pueden entender mejor cómo el Dios en el cielo contempla, trata y se encarga de la cuestión de comportarse y convertirse en miembro de la especie humana. Estos credos y principios de conducta propia permiten a las personas ver y conocer que Dios no hace nada de una manera vacía, que lo hace todo de manera práctica y que practica de acuerdo con los principios de manera práctica, ateniéndose a las leyes y preceptos de la especie humana, así como a las reglas de las diferentes esferas de la sociedad humana. Mientras se atenga a estas leyes y preceptos, Dios encarnado también tiene que realizar Su ministerio y hacer la obra que pretende hacer. Ya se trate de que Él viva la humanidad normal o haga la obra de divinidad, ninguno de los dos entra en conflicto con el otro ni lo contradice. Los credos y principios de conducta propia que exhibe Dios en Su vida humana normal muestran la normalidad y practicidad de Dios encarnado; este es un aspecto. Otro aspecto es que Él vive la humanidad normal —la cual posee conciencia y razón— que el Espíritu de Dios debería tener al convertirse en una persona o revestirse de carne entre la gente. Aunque este vivir no parece relacionado con el ministerio que realiza Dios encarnado en Su divinidad gran parte del tiempo, los credos y principios a los que se atiene el vivir de Dios en la humanidad son los mismos que la esencia de la verdad, el carácter de Dios y Sus requerimientos para la especie humana expresados en Su trabajo divino. Los principios de conducta propia a los que Dios encarnado se atiene en Su vida humana son para comportarse de una manera que se atenga a las reglas y para hacer cosas con sentido del deber. Entonces, los principios de obra a los que Él se atiene cuando hace Su obra en divinidad son básicamente los mismos. Él se comporta de una manera que se atiene a las reglas y hace las cosas con sentido del deber; los principios no cambian. Por tanto, en lo que respecta a Dios encarnado, Su humanidad y divinidad nunca se separan; están completamente unidas. Su divinidad se puede expresar a través de Su humanidad y Su humanidad es la manifestación de una parte de Su divinidad. Por tanto, cuando Dios encarnado vive entre la especie humana, la gente puede ver que Su humanidad y Su divinidad durante este periodo no están desconectadas ni separadas; están unidas. El vivir de Su humanidad y los credos y principios de Su conducta propia son, hasta cierto punto, supervisados, influidos y dirigidos por el Espíritu de Dios. Por otro lado, también se puede decir que vive Su humanidad normal, la cual posee conciencia y razón. La encarnación de Dios solo puede asumir la totalidad de Su obra, la obra que a Él le corresponde, con tal humanidad; solo con tal humanidad puede la encarnación de Dios cumplir con el ministerio que va a realizar y realizarlo bien. Este es un entendimiento. Otro entendimiento es que el ministerio que realiza Dios encarnado se logra a través de semejante humanidad que posee normalidad y practicidad. En cualquier caso, tanto la esencia-humanidad como la divinidad de Dios encarnado constituyen al Dios encarnado, el cual tiene la identidad especial de Cristo. Por consiguiente, los credos y principios de conducta propia de la humanidad de Dios encarnado que ves, hasta Sus manifestaciones, actitudes y puntos de vista específicos en todo lo que hace, son una parte de Su humanidad y, por supuesto, también se puede decir que son una parte de Su divinidad. Estas dos cosas no se pueden separar. Es decir, cuando veas semejante humanidad en Dios encarnado, deberías tener la certeza de que Él es la carne de la que Dios se ha revestido. Por supuesto, cuando entras en contacto con la verdad expresada por Dios, mientras reconozcas que Dios encarnado tiene divinidad, también deberías reconocer que Su humanidad es una parte de Dios encarnado, el cual posee una identidad especial. En cualquier caso, en última instancia se permite que la gente vea este lado normal y práctico de Dios encarnado y los credos y principios de conducta propia que vive, porque estos implican muchas cuestiones a las que se enfrenta la carne de Dios en Su existencia y Su vida. Aunque estas manifestaciones prácticas en la vida humana de Dios encarnado no alcanzan el nivel del ministerio que realiza o Su provisión de la verdad, el camino y la vida a la gente, estos principios y credos de conducta propia no están desconectados de la divinidad dentro de Dios encarnado. Precisamente porque esta carne es la encarnación de Dios y la carne de la que se ha revestido el Espíritu de Dios, la humanidad normal de este Dios encarnado puede tener semejantes credos y principios de conducta propia. Lo que esto implica es que resulta muy difícil para cualquier miembro de la especie humana corrupta, o para cualquiera entre la especie humana corrupta que tenga un trasfondo ventajoso, identidad, valor social y una posición noble, comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; nadie es una excepción. Por tanto, este aspecto de normalidad y practicidad es lo que la humanidad del Dios encarnado tiene y es y, por supuesto, también es una parte de lo que la divinidad del Dios encarnado tiene y es; solo que Él lo expresa y revela a través de Su humanidad. Si Dios encarnado fuera alardeando por todas partes, siempre afirmara Su estatus, hablara con pomposidad, se sintiera noble, despreciara a todo el mundo, actuara con prepotencia y siempre quisiera pisotear a todo el mundo; si maldijera a cualquiera que no se postrara a adorarlo, si lo redujera a cenizas, lo matara al instante o lo derribara con Su mirada punzante, entonces sería difícil decir si realmente tenía una esencia-divinidad en Su interior. Por un lado, Dios encarnado tiene la conciencia y la razón de la humanidad normal para mantener toda la vida, todas las palabras y todos los hechos de Su carne. Por otro lado, Su divinidad también está obrando en Su interior porque, después de todo, la divinidad es Su vida verdadera. Si Su humanidad fuera tan arrogante y sentenciosa como la de la especie humana corrupta, ¿dirías que esta persona es Dios encarnado? (No). Supón que una persona siempre tuviera manifestaciones sobrenaturales, siempre pensara que es un ser celestial descendido a la tierra, siempre tuviera esta sensación y siempre hablara a la gente desde las alturas, haciendo a la gente admirar sus palabras y hechos. Supón que siempre tuviera pensamientos sobrenaturales y trascendentes en su corazón, siendo capaz de saber de un vistazo lo que ocurrió en la vida anterior de alguien, qué males había cometido, qué cosas había hecho o cuántas veces se había reencarnado como ser humano o animal. Además, supón que esta persona siempre sintiera que era particularmente noble, siempre tuviera manifestaciones sobrenaturales al hablar y estuviera acompañada de señales y prodigios, haciendo sentir a la gente que era especial. Semejante persona sería anormal. Por un lado, el carácter-vida en su interior sería anormal; por otro, la vida en su interior no sería la vida de divinidad. Esta es la única manera de expresarlo.

Ya sean Sus credos de conducta propia o Sus principios para ocuparse de los asuntos, todo lo que el Dios encarnado revela y vive es particularmente normal y práctico. Mira las cosas que he dicho y las cosas que hago en Mi vida; ¿es alguna de ellas anormal? ¿Es alguna de ellas sobrenatural o no convencional? (No). Da igual de qué me esté encargando, no encontrarás nada inusual respecto a Mí. No soy una persona inusual; solo soy una persona normal. Asimismo, Mis pensamientos, puntos de vista, formas de pensar y lógica al ocuparme de todos los asuntos no están distorsionados, no son extremos ni sobrenaturales. Estoy calmado y mantengo el temple cuando interactúo y me relaciono con la gente. Si la gente está dispuesta a interactuar conmigo, Yo interactúo con ellos; si no, no intento ganarme su simpatía. ¿Te parece normal Mi pensamiento en lo que respecta a interactuar con las personas, ocuparme de los asuntos, hacer todo tipo de cosas y comportarme? (Sí). Todo es normal. Jamás os he llamado ni os he incitado a oponeros al gobierno de ningún país, ni os he dicho nunca algo así: “Todos los creyentes en Dios provienen de Dios; todos vosotros venís del tercer cielo. ¡No temáis a este mundo; pisotead este mundo bajo vuestros pies! Todos vosotros sois hijos varones victoriosos; tomad la vara de hierro para gobernar este mundo y gobernar a esta especie humana. ¡Todas las cosas están bajo vuestros pies!”. ¿He dicho esto alguna vez? (No). ¿Qué he dicho? Que debéis comportaros de una manera que se atenga a las reglas en todo lo que hagáis. Da igual en qué país creáis en Dios y hagáis vuestro deber, debéis acatar la ley y hacer las cosas según los preceptos del gobierno. No debéis de ninguna manera actuar de manera temeraria y caprichosa; debéis ser cautos y no ser disolutos. Si vulneráis las leyes y preceptos del gobierno, una vez que os denuncien, eso afectará a la realización de vuestro deber. Insisto constantemente en esto. Aunque suene bastante mundano, es muy práctico, dado que tenéis muy poca experiencia de vida, carecéis de perspicacia y sois muy propensos a cometer errores. Sois creyentes en Dios. Vuestro propósito al ir a diferentes países a hacer vuestro deber es seguir la voluntad de Dios y dar testimonio de Él, no enfrentaros a ningún país ni a ningún partido gobernante. Solo sois seres creados que hacéis vuestro deber; deberíais someteros por completo al dominio del Creador y deberíais someteros a cualquiera que sea la forma en la que Dios orqueste y disponga las cosas. Sin importar a qué país vayáis, en qué tipo de entorno viváis o en qué casas de hermanos y hermanas os alojéis, debéis comportaros de una manera que se atenga a las reglas y echar una mano en todo lo que podáis. Además, debéis acatar las leyes y preceptos que tenga el país, sean cuales sean. Os exhorto una y otra vez a no romper las reglas y a evitar que nadie se queje de vosotros. Si se presenta una queja sobre vosotros, deberíais averiguar qué error cometisteis, qué precepto vulnerasteis y por qué se presentó la queja. Aprended la lección para que no vuelva a ocurrir. Si no aprendes la lección, se seguirán presentando quejas contra ti. Mis palabras al respecto son todas soluciones a problemas basados en circunstancias reales; te estoy diciendo cómo vivir, cómo sobrevivir y cómo atenerte a las reglas para no acarrearte problemas innecesarios en tu propia vida y supervivencia. Vayas al país que vayas, estás allí para hacer tu deber. Primero, debes integrarte en el país y acatar sus leyes y preceptos. No debes trastornar su orden existente ni causarles ningún problema. Solo entonces te aceptarán y te tratarán como a un miembro del país y solo de esta manera podrás establecerte para hacer tu deber. Si ni siquiera te atienes a las reglas locales y haces cosas que las vulneran, con lo que la gente se queja constantemente y te causa problemas, hasta el punto de que incluso te detestan y no quieren que sigas viviendo allí, ¿cómo vas a soñar siquiera con hacer tu deber? Vivas donde vivas, debes atenerte a las leyes y preceptos locales. Decidme, ¿es correcto practicar de esta manera? ¿Os resulta beneficioso al hacer vuestro deber? (Sí). Practicar de esta manera es muy práctico. Acatar las leyes y preceptos es sentido común básico en la vida real. No es hacer una montaña de un grano de arena ni mucho menos ser demasiado sensible; es un principio al que debes atenerte en la vida real. Si ocurre algo o surge un problema, debatimos la mejor manera de resolverlo y cómo aprender una lección de ello para que puedas esforzarte por cometer menos errores o evitarlos por completo en el futuro, así como para poder ser alguien que se comporte de una manera que se atenga a las reglas y tenga sentido del deber. Algunas personas no se atienen a las reglas, vayan donde vayan. Tiran basura por todas partes y de vez en cuando arman alboroto y perturban el descanso de sus vecinos. Son como animales salvajes que entran en una aldea, afectan al entorno comunitario y lo perturban, provocan el desdén y la antipatía de la gente allá donde van. Les digo a estas personas que deberían atenerse estrictamente a las leyes y preceptos locales, que deben seguir las reglas y que solo al comportarse de esta manera se tiene una humanidad normal. Decidme, ¿es correcta Mi forma de pensar y Mi punto de partida al lidiar con estos asuntos? (Sí). No hago cosas elevadas y grandiosas ni abstractas, trascendentes o poco convencionales. Simplemente corrijo y dirijo a la gente con respecto a estos asuntos menores de su vida y a los errores y fallos que aparecen en ella, señalando y rectificando sus problemas y dándoles consejos. En cuanto a Dios encarnado, ¿es práctico que se comporte de esta manera? (Sí). ¡Es de lo más práctico! Manejar estos asuntos no es en absoluto algo vacío ni se aparta en absoluto de la vida real. Por tanto, ya nos fijemos en los credos y principios de conducta propia y de hacer las cosas que se reflejan en la vida diaria de Dios encarnado, o bien en las verdades que Él comparte en el ministerio que realiza, ambos aspectos son muy normales y prácticos. Ambos aspectos son cosas que la gente con un pensamiento normal, que ama las cosas positivas y tiene conciencia y razón puede entender, comprender, aceptar y alcanzar. Ninguno de los dos aspectos se aparta en absoluto de la vida real; esto es ser normal y práctico.

¿Estas cuestiones triviales de la vida que acabo de mencionar atañen a los principios de conducta propia y de hacer cosas? ¿Os sirven de ayuda? (Sí). Entonces continuemos. Una vez se rompió una tubería de agua del sistema de riego por aspersores de nuestro patio y el agua inundó el patio del vecino. Hice que alguien fuera enseguida a decírselo al vecino, para ver si hacía falta que nos encargáramos nosotros de la limpieza. El vecino estaba un poco descontento al ver cuánta agua entraba, pero como tomamos la iniciativa de decírselo, tuvo la educación de no molestarse mucho. Después, en Navidad, le dimos una caja de bombones a modo de disculpa. Se quedó bastante sorprendido y feliz; nos dijo que si necesitábamos ayuda solo teníamos que decírselo o acudir a su puerta con total libertad. Al llegar la noche, incluso trajo a su hijo a nuestra casa para darnos una cesta de fruta y dijo: “¡Felices fiestas! ¡Gracias por vuestro regalo y bienvenidos a nuestra comunidad!”. Intercambiamos unas cuantas palabras agradables y luego se fueron. Pensé que lidiar con el asunto de esta manera estuvo bastante bien; si nos llevamos así con nuestros vecinos, la relación no debería ser demasiado mala. Esto es darle a la otra parte un regalo como disculpa, a fin de facilitar la relación o suavizar las cosas cuando surge un problema; es un simple intercambio de favores. Por supuesto, no recibe tu regalo gratis ni se está aprovechando de ti; da algo a cambio. Fíjate, los occidentales son bastante meticulosos. Cuando dan regalos, son increíblemente sinceros. No importa si los regalos son caros o no; la clave es que su corazón es excepcionalmente sincero. Esto es intercambiar favores y manejar el asunto de esta manera es bastante adecuado. Por supuesto, hay un contexto para lidiar con esta clase de cuestión. Cuando no ocurre nada, no hace falta buscarse la simpatía de nadie sin motivo, tomar la iniciativa de prepararles comida china ni hacerles regalos; no hay que molestarse en mantener una relación con ellos. No hay necesidad de hacer esto. En las interacciones normales, solo con saludarlos al verlos y coexistir de manera amigable es suficiente. Pero cuando surge un problema —por ejemplo, si haces algo mal y necesitas disculparte—, entonces discúlpate. Haces esto movido por la racionalidad de la humanidad normal; no es para nada exagerado ni pretencioso. Decidme, ¿es lo apropiado manejarlo de esta forma? ¿Está en consonancia con los principios? (Sí). No es ser servil ni ser arrogante y prepotente. No te comportas con superioridad, sino que además mantienes la dignidad. Algunas personas piensan: “A los occidentales les gusta la comida china. Para evitar que presenten quejas contra nosotros si vulneramos algunas reglas en el futuro, preparémosles unas bolas de masa hervida y démosles algunos aperitivos”. Decidme, ¿es apropiado buscar ganarse su favor sin razón alguna? (No). Por un lado, no hay forma de saber si la comida que haces sabe igual que la de un restaurante auténtico y si la otra parte estaría siquiera dispuesta a comérsela. Además, tampoco te conoce muy bien. ¿Confiará en ti si le das comida que has hecho tú mismo? Por otro lado, ¿por qué le das regalos sin que haya sucedido nada en particular? ¿Te conoce bien? ¿Tienes algún trato con esa gente o alguna amistad? No, por tanto, ¿acaso estar siempre intentando darle comida china no es algo que haría un loco? (Sí). ¿No le resultaría molesto a la gente? (Sí). Fíjate en mis principios para interactuar con los vecinos. ¿Es normal Mi pensamiento? ¿Aplico los principios con precisión y de manera apropiada? (Sí). ¿Tengo algunas manifestaciones de un pensamiento lógico desordenado? (No). Todas mis interacciones con las personas son normales. En circunstancias normales, nunca le hago regalos a la gente. Si alguien me ayuda de verdad, le daré algo para expresar Mi gratitud. Interactuar con las personas de esta manera es apropiado. Esto es ser normal y práctico y también es comportarse de una manera que se atiene a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. La mayoría de las personas no entienden estos principios; a esto se le llama ser necio e ignorante. ¿No estáis de acuerdo? (Sí). Algunas personas muestran su necedad en su manera de hacer las cosas. Siempre le están dando regalos a la gente, buscando ganarse su favor sin motivo y, cuando la gente ve esto, piensa que hay algo de malo en ellas. Yo no hago esto. No busco caerle simpático a los demás. Tengo dignidad y tengo Mis principios a la hora de hacer las cosas. Cuando de veras surge un problema, me comporto de acuerdo con los principios. Me atengo a las reglas, tengo un límite y Mi manera de pensar es lógica, en consonancia al pensamiento normal y a la racionalidad. Hay muchos detalles relativos a este aspecto, la normalidad y practicidad de Dios encarnado, pero no hay necesidad de entrar en detalle sobre muchas cosas. En resumen, Su pensamiento a este respecto es, desde luego, normal.

Nunca me presento a Mí mismo cuando interactúo con las personas; incluso cuando me encuentro con hermanos y hermanas, jamás me presento. En Mis interacciones con las personas, nunca me he dado aires de ser el Dios encarnado. ¿Te parecen estas manifestaciones normales y prácticas de comportarse de una manera que se atiene a las reglas y hacer cosas con sentido del deber? (Sí). Por ejemplo, algunos hermanos y hermanas dicen: “Eres Dios, eres el Creador. Hacer cosas por ti es un honor para cualquiera. Si no las hace bien, ¡se está buscando la muerte!”. Cuando me encuentro con tales personas, digo: “¡Alejaos de Mí! ¿De qué sirve decir estas cosas? Aunque los hermanos y hermanas hagan cosas por Mí, Yo no les hago tales exigencias”. Da igual con quién interactúe, nunca les digo Mi identidad. Decidme, ¿es esto una manifestación de pensamiento normal y humanidad normal? (Sí). Fíjate, un loco siempre se presentaría diciendo: “¡Soy el emperador de Jade! ¡Soy la Reina Madre de Occidente descendida a la tierra! Vengo del cielo. Si no me escucháis, pequeños secuaces, ¡os aniquilaré!”. ¿Qué sería alguien así? (Un Satanás y un diablo). Sería un Satanás y un diablo. En términos humanos, se le consideraría un enfermo mental, alguien sin racionalidad normal. ¿Alguien sin racionalidad normal se comportará de una manera que se atenga a las reglas y hará las cosas con sentido del deber? (No). Solo puedes comportarte de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido de deber si, al menos, posees una conciencia optimizada y una racionalidad estándar. Dado que el Dios encarnado tiene humanidad normal, Su conducta y acciones están reguladas por la conciencia y razón de la humanidad normal y Él vive naturalmente en tal humanidad normal que tiene conciencia y racionalidad; por tanto, al comportarse y hacer las cosas, Él se atiene estrictamente a los principios de comportarse de una manera que se atiene a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Si algunos no creyentes estropean un asunto personal Mío o me engañan de manera intencionada o dañan las cosas deliberadamente, extraigo una lección de esto y nunca vuelvo a usarlos. En cuanto a los no creyentes, por muy agradables que suenen sus palabras, debo estar en guardia; si no tengo cuidado, caeré en sus artimañas. Hay demasiada gente que engaña en este mundo. No les importa quién seas; mientras puedan engañarte, lo harán. En el reino espiritual, Satanás y los diablos ven claramente que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas y ven la omnipotencia y esencia de Dios, pero nunca respetan a Dios, no lo temen ni reconocen Su identidad y esencia. Ahora que Dios se ha hecho carne, decidme, ¿quién entre la raza humana corrompida por Satanás puede reconocer a Dios y someterse a Él? Incluso las personas que creen en Dios no lo reconocen por completo, menos aún se someten a Él. Hay personas que dicen que van a inclinarse ante Dios y adorarlo; les parece bien arrodillarse ante el cielo, arrodillarse ante la cruz, arrodillarse ante el nombre de Jehová o arrodillarse ante un retrato del Señor Jesús, pero en su corazón no son capaces de llegar a arrodillarse ante Mí, ante esta persona: “¿Es en ti en quien creo? ¡No te pareces a dios! Si me arrodillo ante ti, ¿no me estaría rebajando? Me puedo arrodillar ante el cielo, ante la tierra y ante mis padres; ¿cómo podría arrodillarme ante alguien tan insignificante como tú? Especialmente por el hecho de que seas una mujer, tu aspecto no destaca, no eres famosa, no tienes estatus ni prestigio en el mundo; ¿por qué debería arrodillarme ante ti?”. Se sienten incómodas en su interior. Cuando quieren arrodillarse, vacilan e, incluso antes siquiera de arrodillarse, se vuelven a levantar, nada dispuestas y reticentes. Yo digo: “No te arrodilles ante Mí. Si quieres arrodillarte, arrodíllate ante el Dios en el cielo. No necesito que te arrodilles ante Mí; no puedo aceptarlo. Mi poder no es tan grande como para levantarte en el aire y llevarte al tercer cielo. Solo soy una persona corriente. Te traigo a ti, un ser humano corrupto, ante Dios. Entonces te digo las verdades que sé y entiendo para que practiques, de modo que puedas lograr la salvación, transformarte por completo en un ser creado estándar y luego ser devuelto al Creador; esta es Mi responsabilidad y Mi ministerio. En lo que a vosotros respecta, esta es la única utilidad que tengo. No he logrado nada digno de crédito respecto a ti ni tampoco respecto al Dios en el cielo. Solo soy una persona corriente que ha hecho lo que me correspondía, he dicho las palabras que me correspondían y he hecho la obra que me correspondía. Con independencia de si estás dispuesto en tu corazón, desde la perspectiva de Mi humanidad, Yo no estoy dispuesto en absoluto a aceptar que te arrodilles y me adores. Es más, no estás dispuesto y eres reacio en tu corazón, así que menos aún puedo aceptarlo”. Fíjate, ¿es normal Mi pensamiento? Con independencia de qué aspecto de la humanidad provenga, esta es una manifestación de pensamiento normal. Como el Dios encarnado vive dentro de la humanidad normal y vive como una persona corriente en la vida real y no es extraordinario, Su manera de tratar y lidiar con diversos asuntos está gobernada grandemente por la conciencia y razón de Su humanidad. Esto causa que muchas personas desarrollen nociones y piensen: “¿Acaso no es Él solo una persona normal y corriente?”. Incluso si la gente reconoce la encarnación y acepta la obra de Dios, en su corazón no quiere arrodillarse ni adorar a esta persona ni someterse a Él. En realidad, hablando desde Mi corazón, no quiero aceptar que te arrodilles y me adores, ya que tengo dignidad y racionalidad. Ya no digamos cuando eres reticente; aunque estuvieras dispuesto a arrodillarte ante Mí y adorarme, Yo no estaría dispuesto a aceptarlo. ¿Qué significa esto? Significa que, dentro de la conciencia y la razón de la humanidad de este Dios encarnado, hay también un sentido de la vergüenza. ¿Qué significa tener sentido de la vergüenza? Significa que, si alguien dijera: “Soy reacio a arrodillarme y adorar a esta persona; en mi interior no estoy muy dispuesto”; o si alguien estuviera viviendo en un estado de atolondramiento; o si alguien se estuviera arrodillando y estuviera adorando mientras se llena de imaginaciones sobre Dios. Yo diría que estas maneras de arrodillarse y adorar son todas ilegítimas. No necesito rituales como este; no debéis en absoluto participar en tal ritualismo. Aunque te arrodillaras ante Mí, me avergonzaría aceptarlo. Si insistieras en arrodillarte ante Mí, ¿debería decir Yo “bendito seas” o “gracias”? Realmente no sabría qué decir. ¿Por qué? Ahora mismo ni siquiera tienes clara tu propia situación en diversos aspectos, sin embargo, sigues intentando arrodillarte ante Mí y adorarme; en realidad no puedo aceptarlo. No sé si estás adorando a Dios de manera auténtica. Si intentara aceptarte como una persona que teme a Dios y evita el mal, en realidad no estarías a la altura. Pues ahí es donde se atasca todo este asunto; es muy vergonzoso. Todavía no tengo claro en calidad de qué debería aceptarte o qué sería apropiado decirte, así que soy particularmente reacio a este asunto en mi interior. Ninguno de vosotros debe de ninguna manera arrodillarse ante Mí ni adorarme, no lo necesito y no me gusta. Si necesitáis entender cualquier aspecto de la verdad o necesitáis cualquier aspecto de los principios de conducta propia y hacer cosas, puedo hablar sobre ellos. Pero si queréis participar en esta formalidad, os aconsejo que no lo hagáis, al menos no ahora. No hagáis esto antes de tener verdadera sumisión a Dios en vuestro corazón y antes de haberos embarcado en la senda de temer a Dios y evitar el mal; no participéis en esta formalidad. No estaría bien hacerlo; enrarecería las cosas para ambos. Es mejor evitar hacer esto, participar en tales rituales no sirve de nada.

Al compartir la cuestión de las nociones e imaginaciones de las personas sobre Dios encarnado, he dado muchos ejemplos relacionados con la normalidad y practicidad de Dios encarnado. En estos ejemplos, podéis ver que Dios encarnado no es extraordinario, trascendente, sobrenatural ni poco convencional. Estas y otras cosas son las que las personas deberían entender respecto a la normalidad y practicidad y la humildad y ocultación de Dios encarnado. Su vivir y Sus credos y principios de conducta propia son todos particularmente prácticos y normales y, cuando se encuentra con cosas, Él puede ser también paciente y tolerante. No importa lo que haga, todo lo que vive y revela Dios encarnado en Su vida refleja que hay un lado práctico para cómo se comporta Dios encarnado. Es decir, cómo afronta diversas cosas y lidia con diversos problemas se basa por entero en Sus credos y principios de conducta propia, que son los de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido del deber. Hace unos cuantos años, el hijo de nuestro vecino se iba a la universidad y para celebrarlo montaron una fiesta en el patio en la que se cantaba y bailaba. A la una o las dos de la madrugada seguían cantando en el micrófono y muchos de los vecinos cercanos podían oírlos claramente. A los occidentales les gusta presentar quejas, pero en esta situación nadie se quejó, ya que a estas alturas hacía muchos años que éramos vecinos. Todo el mundo sintió: “Los chicos han estado en la escuela muchos años y para ellos es raro soltarse, así que dejemos que se diviertan a lo grande. Tener molestias como esta de vez en cuando y no dormir bien una noche no es un gran problema; nos lo tomaremos como si nos quedáramos despiertos hasta tarde”. ¿Es normal pensar así? ¿Debería uno tener esta clase de paciencia y tolerancia hacia los demás? (Sí). Hay quien dice: “Eres Dios, ¿cómo puedes ejercer la paciencia hacia los humanos corruptos que hacen ruido? No deberías ser paciente; ¡Tu descanso es muy importante!”. Yo digo: “¿Y el de quién no lo es? El descanso de todo el mundo es importante”. Pero los adultos necesitamos a veces tener algo de tolerancia y mostrar algo de entendimiento; especialmente hacia los niños; deberíamos mostrarles algo de tolerancia. Además, cuando vives en este mundo, muchas cosas no salen como quieres y gran parte del tiempo simplemente has de tener paciencia. Estas cosas no son nada; también tienes que soportar otras más serias que esto y que realmente te causan daño. Vivir en este mundo, en el transcurso de sobrevivir, todo el mundo afronta muchas situaciones donde no tiene elección. ¿Vas simplemente a quedarte atascado cuando afrontes tales situaciones? ¿Serás incapaz de seguir viviendo? El sol seguirá saliendo al día siguiente. La vida debe continuar. No hay necesidad de ser quisquilloso respecto a una cuestión trivial, obsesionarse con ella y actuar como si fuera el fin del mundo. No hay necesidad de montar alboroto o hacer una montaña de un grano de arena. En cosas como esta, debes ser tolerante y paciente. Cuando algún día hayas experimentado más, obtendrás perspicacia y sabrás cómo tratarlas. Dime, ¿es normal esta clase de pensamiento? (Sí). ¿Qué pensaría una persona con un pensamiento anormal? “Niñato, has crecido y ya has empezado a irte de fiesta. ¡Estos no creyentes son unos auténticos diablos! ¿Sabes quién soy Yo? Has perturbado mi descanso, así que haré que te arrepientas. ¡Te maldigo!”. ¿Son normales esos pensamientos? (No). Estos pensamientos son anormales, así que no debes pensar de esa manera. Yo mismo no pensaría de esa manera. Cuando suceden estas cosas, puedo ser paciente y tratarlas de la manera correcta; puedo tratar estas cosas y lidiar con ellas con los pensamientos y puntos de vista de un adulto. Por supuesto, estas son también manifestaciones específicas de comportarse de una manera que se atenga a los principios y hacer las cosas con sentido del deber. Algunas personas dicen: “La magnanimidad de Dios es tan vasta como el mar y el cielo, por tanto, tales personas insignificantes no son nada para Dios. Da igual lo ruidoso que sea, Él no lo oye; no siente nada. A esto se le llama estar a un nivel superior, a esto se le llama estar en un plano diferente, a esto se le llama tener ‘una mente abierta’”. ¿Es así? (No). En realidad, no me centro en tener “una mente abierta”, no estoy seguro de qué significa “una mente abierta” ni entiendo qué es “estar en un plano diferente” ni estoy en un nivel tan “superior”. Simplemente sé lo que es el pensamiento normal y racionalidad normal, cómo comportarme de una manera que esté en consonancia con la humanidad y la racionalidad, qué cosas deberían tomarse con paciencia y qué cosas deberían tomarse en serio y a qué principios y credos habría que atenerse estrictamente a la hora de interactuar con las personas, además de cómo pensar de una manera que no esté distorsionada, sea radical, sobrenatural o extrema en ciertas situaciones y cómo pensar con normalidad sin virar a un lado o a otro. Sé estas cosas, pero nunca he sabido qué significa “estar en un plano diferente”, tener “una mente abierta” y “mantener un perfil bajo al comportarse”. Solo me atengo a los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido del deber. ¿Acaso no es simple? (Sí). Da igual de qué cuestión me encargue, desde Mi perspectiva y posición contemplo cada asunto y cada persona de manera correcta, justa, razonable y racional, como una persona normal y corriente, esforzándome por lograr la justicia, la ecuanimidad, el raciocinio y la racionalidad en todo lo que hago, sin ser radical, vacío o nada convencional. Asimismo, no actúo como si fuera superior y nunca contemplo nada desde una posición tan vacía como el tercer cielo. Aunque la manera en que manejo muchas cosas en la vida real parece muy poco destacable para las personas, estos son algunos de los pensamientos, puntos de vista y maneras de comportarse que uno debe adoptar al vivir y sobrevivir como miembro de la especie humana. Vivir de esta manera es bastante estable y no cansa, así que muchas personas sienten que es fácil llevarse bien conmigo, sin toda clase de complicaciones innecesarias. Mi propósito al deciros estas cosas no es solo permitiros saber algunas de ellas, sino contaros que tengo principios cuando interactúo con cualquiera o me ocupo de los asuntos; nunca tomo las cosas por la fuerza o mediante engaños, nunca me sirvo de la labia, nunca quiero aprovecharme de nadie cuando lidio con las personas y ciertamente no vulnero la ley para lidiar con cualquier asunto. En resumen, los principios de Mi conducta propia consisten en atenerme a los credos de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido del deber, de modo que tenga paz en Mi conciencia y sea ecuánime al hacer las cosas, no dañe ni engañe a nadie ni perjudique los intereses de las personas. Incluso si me beneficio de alguna forma, eso no sucederá sobre la base de perjudicar los intereses de otras personas; más bien, me esfuerzo por ser equitativo y justo. Os he dicho estas cosas y os he dado estos ejemplos y también os he hablado, en teoría, de los principios de este aspecto, es decir, el de cómo comportarse. Esta es simplemente la clase de persona que soy. Si queréis saber más, para así verificar la normalidad y practicidad y la humildad y ocultación de las que hablé, así como para verificar que, ciertamente, actúo de acuerdo con estos principios de “comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber”, os invito a investigar y reunir pruebas respecto a si lo que digo es un hecho. En resumen, todos deberíais tener claras estas cosas. Estas son básicamente todas las cuestiones relativas a la vida y la existencia de Dios encarnado. Estas son las que deberíais entender y también lo que debéis entender.

No solo Dios encarnado se atiene estrictamente a los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber en Su vida humana, sino que Él también se atiene estrictamente a estos credos y principios en el ministerio que Él realiza. He obrado y predicado durante muchos años y siempre habéis estado leyendo las palabras que comparto. A lo largo de diversos temas, deberíais haber sido capaces de entender Mis puntos de vista, posturas y actitudes relativas a diversos problemas. En teoría sabéis esto, pero ¿sabéis cómo me comporto y hago las cosas en el ministerio que realizo? Tal vez algunos de vosotros solo sepáis que he hecho cosas y qué manifestaciones he exhibido, pero en lo que se refiere a asuntos específicos, podríais no saber todavía lo que pienso en Mi corazón o cuáles son Mis planes y designios. Por tanto, haré una breve introducción. En lo que respecta al asunto de realizar Mi ministerio, básicamente, con la obra que puedo y debería hacer —y que atañe a Mi ministerio— no ahorro ningún esfuerzo y no me someto a ninguna limitación. No exijo nada de vosotros ni reclamo crédito. Me limito a intentar por todos los medios posibles explicar claramente lo que puedo hacer, lo que entiendo y lo que sé. Para explicar las cosas claramente, aunque resulte prolijo o problemático, me esfuerzo al máximo por aclarar las cosas. Me esfuerzo por alcanzar un punto donde siento en Mi corazón que me habéis entendido y que he explicado las cosas con claridad, momento en el cual dejo de hablar y el tema termina ahí. Si siento que he dicho demasiado poco y podríais no haberlo entendido, entonces entraré en detalles, hablaré más e incluso lo diré una y otra vez, intentando por todos los medios posibles explicar claramente el tema. No me da miedo que os riais de Mí; no tengo miedo de que algunos intelectuales se rían y digan: “¡Eres realmente prolijo al hablar!”. Yo solo cumplo con Mi responsabilidad según los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido del deber, explicando clara y llanamente las palabras que pretendo decir. Si la gente no puede captar algunas de las palabras que comparto de la verdad y todavía no siente claridad después de oírlas, entonces daré un ejemplo y hablaré más específicamente. Aunque tenga que decir muchas palabras de esta manera, me sienta agotado, mentalmente exhausto y tenga la boca reseca, he de seguir intentando de todas las maneras posibles explicar las cosas con claridad. Si no entendéis después de que termine de hablar en ese momento, tendré otra reunión. ¿Y qué conlleva eso? Celebrar otra reunión y hablar hasta que se me reseque la boca conlleva que esté muy exhausto; conlleva sufrir de nuevo el agotamiento. Pero no puedo holgazanear. Simplemente porque hablé sobre este tema la última vez, no puedo contenerme a la hora de hablar sobre ello la próxima vez por miedo a agotarme, con independencia de que lo hayáis entendido o no. Debo intentar por todos los medios explicar claramente este tema. En cuanto a si podéis entender, aceptar y practicar la verdad después de oír estas palabras, eso depende de vuestra búsqueda personal; eso no me preocupa. Sin embargo, en cuanto a los temas de los que quiero hablar y de los que todavía no he hablado, así como a las responsabilidades que no he cumplido aún o las cargas de las que todavía no me he liberado, sin duda debo desentrañarlos y lidiar bien con ellos, hasta que sienta en mi interior: “Ahora se ha explicado claramente. He abarcado todo lo que se incluye en este tema. Como mínimo, sabéis sobre ello y lo entendéis”. Entonces siento calma en mi interior. Puede ser que celebrar un par de reuniones adicionales con vosotros me deje tan exhausto que no sea capaz de dormir durante varios días, pero la próxima vez que esto ocurra, seguiré adoptando este enfoque. No voy a holgazanear, diciendo: “Para evitar estar exhausto, no diré tanto y haré una reunión menos. Acabemos aquí con este tema; la mayoría de las personas no persiguen la verdad de todas formas”. No seré negligente con vosotros ni seré negligente hacia el ministerio que realizo. Cuando hago esto, nunca digo que deba actuar según Mi conciencia ni que deba actuar correctamente ante los hermanos y hermanas que llevan varias horas aquí sentados escuchando mi sermón. Más bien, de manera natural y en la medida de Mis capacidades, vuelco en vosotros todo lo que debería hacer, lo que quiero hacer y lo que quiero decir, permitiendo que lo oigáis y lo obtengáis. No holgazaneo y no me comporto con negligencia. Si no explico algo claramente la primera vez, lo repetiré dos o tres veces de maneras diferentes. Incluso si tenéis ciertas opiniones sobre Mí en vuestro corazón o decís que soy prolijo, no me importa. Mientras pueda explicarlo todo con claridad y logre el resultado, con eso es suficiente. Cuando hablo, actúo según el principio de “hacer las cosas bien y con meticulosidad, cumpliendo con Mi responsabilidad y volcando todo lo que hay dentro de Mí en vosotros”. No holgazaneo ni actúo de manera negligente. Esta es la actitud de Dios encarnado al realizar Su ministerio.

En cuanto a las cosas que no atañen a Mi ministerio, como guiaros a veces en cuestiones dentro del ámbito de vuestro deber, esto reside fuera de Mi ministerio. Podríais no ser conscientes de ello. En realidad, aparte de compartir la verdad y guiaros a entender los principios-verdad y a entrar en la realidad-verdad, nada más tiene nada que ver conmigo; no es lo que me corresponde hacer. Dejadme aclararos esto. Guiar vuestro trabajo no está dentro del ámbito de Mi ministerio y no tiene nada que ver conmigo. Ya haga este trabajo o no lo haga, está bien igualmente; es asunto vuestro, de los humanos. Esta es la primera vez que menciono esto; es asunto vuestro, de los humanos. Es decir, vuestros asuntos, los de los humanos, no tienen nada que ver conmigo. ¿Por qué digo esto? Lo que hacéis vosotros es vuestro deber y lo que hago Yo es Mi ministerio. Yo hago obra, mientras vosotros hacéis deber; hay una diferencia. En lo que respecta a guiaros en asuntos dentro del ámbito de vuestros deberes, aparte de compartir los principios-verdad, si me preguntáis a Mí sobre las habilidades profesionales o las tareas mundanas, me esforzaré al máximo por expresar claramente lo que entiendo, aquello de lo que tengo perspicacia y los principios que he captado, de modo que los conozcáis y entendáis. Me esforzaré al máximo para enseñaros y ayudaros a aprender. En cuanto a lo que no sé, os haré buscar recursos o, si hay alguien entre vosotros que sepa sobre ello, se lo consultaré: “Has estudiado esta profesión, por tanto, ¿qué dicen los materiales educativos en la industria sobre este asunto? ¿Cuáles son las reglas en este campo de conocimiento? Busquemos aquí los principios, de modo que nuestra obra pueda ajustarse mejor a los gustos y al ojo exigente de los profesionales, de modo que no se nos ridiculice o se nos convierta en el hazmerreír, para que no hagamos el ridículo ni hagamos quedar mal a la casa de Dios”. Fíjate, los himnos corales, los musicales, la producción de películas, los guiones, el arte, así como el baile, los trajes y todo eso que Yo guío; sea cual sea el aspecto del trabajo profesional o no profesional del que se trate, no se trata de trabajo que esté dentro del ámbito del ministerio que realizo. Es vuestro deber. Llamarlo “vuestro deber” significa que es asunto vuestro y que deberíais ocuparos por vuestra cuenta, dado que estos asuntos implican ciertos dominios de conocimiento y cuestiones técnicas y profesionales; estas son cosas que tenéis que aprender. Lo que deberíais estudiar es cosa vuestra, sobre lo que deberíais indagar es cosa vuestra y lo que deberíais practicar es cosa vuestra. De hecho, esto no tiene nada que ver conmigo. La obra que hago es para representar a la encarnación de Dios al expresar palabras y para representar a Dios al hablaros y al obrar sobre vosotros. En cuanto a la obra que no tiene nada que ver con Mi ministerio, esa es asunto vuestro, de los humanos. En cuanto a esta obra, Dios ha dispuesto a un líder y un pastor para que os guíe y Él también ha establecido diversos arreglos de obra y diversos decretos administrativos y preceptos. Deberíais ateneros estrictamente a los arreglos del líder que Dios ha dispuesto para vosotros —el hombre usado por el Espíritu Santo— y someteros a su liderazgo. Y en cuanto a cualquier trabajo que hago fuera de Mi ministerio, ¿de qué manera se cuenta eso? Todo esto se cuenta como obra adicional. No me hace falta hacer deber. Yo hago obra y realizo Mi ministerio y vosotros realizáis vuestro deber. Por tanto, puedo guiar vuestra obra, pero esto no es algo que recaiga sobre Mí. Si pensáis: “Debes hacer este trabajo; este es Tu trabajo. ¿Cómo va a estar bien que Tú no lo hagas? Si no lo haces, te endosaré a ti la responsabilidad y me negaré a dejar que te salgas con la tuya”, entonces diré que os equivocáis. No podéis hacerme responsable de esto a Mí. Este es vuestro deber, el de los humanos. Cuando no entendáis algo relativo a vuestro deber, deberíais compartirlo, discutirlo y buscarlo entre vosotros mismos. Si me lo pides y Mis condiciones en ese momento lo permiten, puedo ayudarte. Si no tengo tiempo y no puedo ayudarte, no es Mi culpa. Si algunos de vosotros empleáis un razonamiento retorcido, diciendo que esto es lo que me corresponde hacer, entonces te equivocas. Este es el deber que deberíais hacer y no tiene nada que ver conmigo. Si no haces bien tu deber, eso es que estás siendo irresponsable y desleal. Si no cumples con tu deber e intentas endosarme a Mí la responsabilidad, esta es una manifestación de no tener razón y esto a Dios le parece increíblemente detestable. Sin embargo, si veo que realmente no podéis hacer algo, que está fuera de vuestro alcance y que no conocéis los principios para hacer esta obra, entonces tengo que echar una mano, aportaros uno o dos ejemplos y poneros en el camino correcto. Si todavía sois incapaces de hacerlo y Mis condiciones no me permiten hacerlo o Yo también soy incapaz de hacerlo, entonces lo único que podemos hacer es detener este punto del trabajo. Es lo único que podemos hacer; ¿a quién se le echa la culpa de que vuestras capacidades sean tan limitadas y vuestro calibre sea tan pobre? Pero si realizo algún punto del trabajo, lo hago lo mejor que puedo. Si sé cómo hacer algo, os digo que es así y, lo que no sé hacer también os lo hago saber. Respecto a las partes que no sé, os las consultaré. Si vosotros tampoco sabéis, meditaré sobre ellas, pensaré y buscaré por Mi cuenta. Una vez que dé con una senda, con algunas ideas y algunos hilos que seguir, compartiré con vosotros, me esforzaré por hacer lo máximo posible para hacer este trabajo bien y meticulosamente. Por un lado, se trata de asumir la responsabilidad del trabajo. Por otro, esto os permite aprender algo en el transcurso de Mi guía. Lográis aprender los principios que se necesitan captar y las verdades que se necesitan entender para este aspecto del trabajo profesional. Hay algunas personas que, a pesar de tener entendimiento de algunos conocimientos profesionales, no pueden elaborar un producto terminado, así que Yo los guío. Una vez hecho esto, sigo teniendo dudas al respecto, así que les pido que consulten a un experto del sector y que este lo compruebe. Si el experto afirma que hacerlo de esta manera se ajusta a las normas del sector y no nos convierte en el hazmerreír de nadie, entonces seguimos adelante con este plan de acción. Si el experto dice que parece que lo ha hecho un aficionado, que da vergüenza, no está bien y no se ajusta a los estándares, entonces le diremos al experto que haga algunos cambios inmediatamente. No podemos ser sentenciosos, no podemos fingir entender algo que no entendemos y debemos tener autoconciencia. No deberíamos engañarnos a nosotros mismos; debemos tomarnos las cosas en serio, esforzarnos por obtener algo en lo relativo a las habilidades profesionales después de terminar un trabajo. Por tanto, al hacer algo de este tipo, aunque sea un aficionado en lo referente a las habilidades profesionales y no entienda mucho, seguiré haciendo lo máximo que pueda. Algunas personas dicen: “¿Por qué los sigues guiando, incluso cuando no entiendes?”. Porque estas personas tienen unas habilidades profesionales limitadas; realmente no tienen creatividad ni buenas ideas en lo que respecta a las producciones artísticas que involucran habilidades profesionales. Tengo cierta facilidad en este campo y tengo algunas ideas, así que se las proveo a esas personas que tienen algo de base o de sentido común en cierta profesión y a todas ellas les parece que estas ideas Mías son bastante buenas. Al ver que piensan que Mis ideas son bastante buenas, sigo adelante, las guío “sin pudor” y algunas de las obras que guío de esta manera son pasables. No estoy siendo desvergonzado al decir eso; este “pasable” tiene una base; solo digo esto porque los expertos de la industria las han visto y dicen que son pasables. Este “pasable” no significa que sean muy buenas o hayan alcanzado un estándar profesional, solo que los expertos han verificado que, como poco, se sostienen y, por tanto, me quedo tranquilo. De momento, la mayoría de las personas piensan que las pocas obras que he guiado son pasables y aparentemente algunas de ellas incluso han ganado premios en ciertas competencias, ¿no es así? (Sí). No importa qué aspecto de la obra o qué tipo de cosa esté haciendo, mientras tenga algunos pensamientos e ideas o sienta que tengo un buen concepto creativo, lo diré sin dudarlo. Intentaré por todos los medios que los hermanos y hermanas me ayuden a aplicar estas ideas a la producción, de modo que haya más personas dispuestas a fijarse en ella. El resultado es que la obra de Dios y Sus palabras se han propagado más, mejor y más ampliamente; así, nuestro objetivo se cumple. En cuanto a las maneras y métodos con los que hago las cosas, todavía se basan en los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Cuando estoy haciendo cosas, actúo en secreto y me esfuerzo todo lo necesario para terminar la tarea y hacerla bien. Una vez que el trabajo se completa y se sube a internet, esa fase concluye.

Las cosas que hace Dios encarnado dentro del ámbito del ministerio que realiza se basan en Sus principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Cuando hace cosas fuera de este ámbito, de igual modo no se separa de estos principios; además, se comporta de una manera que se atiene a las reglas y hace cosas con sentido del deber. En cuanto a los problemas que puedo ver y descubrir, bien hago que alguien los transmita o me implico Yo personalmente para aportar guía y corrección y para ayudar a resolverlos. En resumen, en cuanto a las cosas con las que os podéis poner en contacto o que hayáis oído en vuestra vida real, básicamente me encargo de todo, sea lo que sea, según tal principio. Asimismo, no distingo entre cuestiones grandes y pequeñas. Ya se trate de criar gatos, criar perros, construir pocilgas, construir rediles de ovejas o cocinar, hacer ropa o incluso limpiar, Yo me implico en cualquier cosa que veo. Cuando veo que lo hacéis mal, os dirijo y os corrijo. Aquellos que tienen corazón escucharán y lo asimilarán, mientras que aquellos que no lo tienen, no lo harán. Después, veo quién escucha y puede seguir Mis instrucciones y lo uso. Así es como he hecho cosas a lo largo de los años de interactuar con vosotros. Después de deciros qué hacer, mantengo un seguimiento hasta que el asunto está terminado y bien hecho. Aunque hay muchas cosas que no hago con Mis propias manos, Mi corazón siempre está enfocado en aquello que estoy siguiendo; mi corazón nunca se aleja de esas cosas. Si hay que encargarse de algo con urgencia y rapidez, trabajo desde el amanecer hasta el anochecer y hasta bien entrada la noche para hacerlo, haciendo un seguimiento constante, supervisando y dirigiendo. Sin embargo, dada Mi condición física, como podéis imaginar, hacer este trabajo es bastante cansado. Una vez que concluye, dejo de ir allí. En algún momento, alguien acaba por reparar en ello y dice: “Dios nos ha organizado muy bien las cosas aquí, pero Él no puede disfrutarlo; somos nosotros los que lo disfrutamos todo”. Yo digo que mientras podáis llegar a disfrutarlo vosotros, con eso es suficiente. Una vez que tengáis las cosas arregladas y para vosotros todo sea adecuado en cuanto a vuestra vida y a hacer vuestro deber, Yo ya no necesito encargarme de estas cosas. En realidad, la obra de Dios encarnado es compartir la verdad y proveer de la verdad; otra obra no tiene nada que ver conmigo. Pero a lo largo de estos años, aparte de hacer Mi trabajo, también he estado ocupado ayudándoos a resolver los problemas que tenéis al hacer vuestro deber, lo cual también me ha llevado a tomarme considerables molestias. Aunque hay mucha obra que no me corresponde a Mí y hay muchas cosas que nunca he hecho antes —al no haber nunca aprendido sistemáticamente cierta clase de conocimientos o habilidades ni lidiado con estas cosas en la vida—, no he estado ocioso mientras la casa de Dios se ha topado con diversas cosas. En su lugar, hago lo máximo posible para guiaros y ayudaros a todos y, en lo que respecta a los asuntos de la vida diaria, yo también hago lo que puedo para que todo os vaya bien. Actuando desde la perspectiva de la humanidad, hago lo que puedo. Si veo algo que hace falta hacer y no lo hago, me sentiré intranquilo en mi interior. Si descubro un problema y no lo corrijo, sentiré intranquilidad en mi interior. Si hay un trabajo que nadie sabe hacer y Yo tengo ideas y puedo hacerlo, me sentiré intranquilo en mi interior si no lo hago. Por tanto, simplemente tengo que actuar. Así pues, de cara al exterior parece que no he hecho nada más aparte de hablar y dar sermones. Sin embargo, me he tomado muchísimas molestias por vuestra vida diaria y por las necesidades básicas que tenéis para cumplir con vuestro deber. El calibre de la mayoría de la gente es tan bajo que ni siquiera puede hacer bien estas cosas, por lo que tengo que dedicar esfuerzo a guiarla. Aunque parezco alguien insignificante, no soy ninguna figura importante ni he recibido ningún tipo de formación en la sociedad, en lo que respecta a las necesidades básicas del personal que realiza su deber en la casa de Dios, desde que entré en contacto con vosotros por primera vez hasta ahora no ha habido ni un solo aspecto de vuestro entorno vital básico, condiciones de vida y necesidades cotidianas con el que no me haya tomado molestias. Pongamos como ejemplo el cultivo de verduras en la granja. Al principio, al ver que la mayoría de las personas de la granja había vivido en el campo y había realizado tareas de cultivo durante algunos años, seleccioné a algunas personas que sabían cultivar para que se encargaran de este trabajo. Les dije qué verduras cultivar en qué estación y cómo hacerlo, pensando que luego no tendría que preocuparme de ello. Sin embargo, pasado un tiempo fui a la granja y vi que todo era un caos absoluto. El supervisor no podía lidiar con la responsabilidad y los obreros tampoco podían hacer un buen trabajo. Al final, no me quedó más remedio que intervenir, hacer un seguimiento y dirigirlos poco a poco. Desde seleccionar y comprar semillas hasta decidir cuánto cultivar y cómo elegir la tierra, así como qué cultivar en cada estación, cuánto cultivar, cómo cultivarlo, quién debía responsabilizarse del cultivo, cómo aplicar el fertilizante y qué aspectos debían tener en cuenta, les expliqué todo claramente. Los dirigí personalmente de esta manera; menos cocinar para ellos y darles de comer, hice de todo. Hay quienes dicen: “¿Acaso no los tratabas como a niños de tres años?”. De hecho, realmente era así. Todas estas personas eran aparentemente adultas, pero en realidad no podían asumir estas responsabilidades. Simplemente tuve que llevarlas de la mano, dirigirlas personalmente y enseñarles de esta manera antes de que las cosas empezaran por fin a encauzarse. Más tarde, todos aquellos que realizaron su deber pudieron comer los cereales y las verduras que ellos mismos habían cultivado. Además, en verano podían comer algo de fruta y en invierno las verduras que habían almacenado. Si lo Alto no hubiera intervenido y supervisado este trabajo y se hubiera limitado a dejar a los de abajo hacerlo, se habría echado todo a perder. En cualquier caso, ¿cuál es el hecho que os estoy contando? He hecho muchas cosas sin hablar de ellas, pero las cosas que digo son estrictamente las que he hecho.

No comparto esto para contaros cuántas cosas he hecho, cuánto agotamiento he sufrido o la cantidad de penurias que he pasado por vosotros. No hay necesidad de hablar sobre estas cosas. Por tanto, ¿qué os estoy diciendo? Dios encarnado viene a este mundo humano para representar a Dios al hacer obra. Su obra es el ministerio que Él realiza. En esta etapa de los últimos días, Su obra es la de proveer a las personas con todas las verdades que necesitan para alcanzar la salvación. En el ministerio que Él realiza, Él se atiene estrictamente a los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Aparte de esto, en Su vida humana y en lo que respecta a Sus manifestaciones de humanidad, de igual modo no traspasa los límites de estos principios y credos. Ya sea guiaros al hacer vuestros deberes o ayudaros a lidiar con diversos asuntos relativos a las necesidades básicas en la vida, actúo según los principios de comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Nunca grito consignas ni hablo con grandiosidad y nunca doy órdenes a ciegas; solo hago las cosas de manera práctica. ¿Hasta qué punto hago esto? Por ejemplo, cuando dirigí el cultivo de la granja, les hice hacer un listado de todas las variedades de verduras que conocían, de sus nombres, de qué aspecto tenían, de cuál era su período de crecimiento y de qué variedad era la mejor y la más apropiada para el cultivo local. Con lo que sabía, seleccioné una o dos variedades de cada verdura, decidí quién sería responsable de plantarlas y, al final, logré que todo el mundo pudiera comer verduras frescas en cada estación. Yo nunca grito consignas ni digo: “Esta verdura es muy nutritiva. Las personas obtienen muchos beneficios al comerla. Esta o aquella es una manera científica de cultivarla”. Nunca he estudiado nutrición ni entiendo de agricultura. ¿Qué es lo que sé? Sé cómo seleccionar la variedad de verdura que es apropiada para plantar en cierta localización, de modo que una vez que crezca sepa bien, todo el mundo esté dispuesto a comerla y no se cultive en vano; mi enfoque es así de práctico. Todo esto es comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Estos son los principios y los credos a los que me atengo; así es cómo me he comportado a lo largo de los años. Nunca grito consignas y no necesito que me deis las gracias. Mientras vuestra comida y vuestro alojamiento sean adecuados y las cosas no estén completamente fuera de control, Yo me siento tranquilo. Cuando no hay nadie causando perturbaciones ni creando problemas, todo parece bastante limpio, los cereales y las verduras se han plantado adecuadamente, los cerdos, las ovejas y otros animales se crían de manera apropiada y el resto de aspectos van bastante bien, cuando las necesidades básicas de la mayoría de las personas que hacen su deber están adecuadamente organizadas, entonces puedo dejar de preocuparme. Mis requisitos respecto a esto no son estrictos. Fijaos, ¿alguna vez he gritado consignas cuando os guío en cualquier trabajo o en las cuestiones que atañen a vuestras necesidades básicas? Nunca he gritado consignas. Después de dejaros las cosas organizadas, busco a las personas apropiadas para poner en marcha el trabajo. Si las que encuentro no son aptas y el trabajo no se puede poner en marcha, son reemplazadas. Cuando se acaba poniendo en marcha el trabajo, la mayoría de las cosas se han manejado adecuadamente y las necesidades básicas del personal que hace su deber se han arreglado adecuadamente: solo entonces puedo detener Mi trabajo humano y ya no he de tomarme molestias a este respecto. Algunas personas siguen todavía preguntándome sobre asuntos triviales. Alguien dice: “¿Qué deberíamos hacer si el cordero recién nacido no puede tener leche?”. Otro dice: “¿Qué deberíamos hacer si siempre encoge la ropa que hacemos?”. Debéis averiguar cómo resolver estas cosas vosotros mismos; es asunto vuestro y no tiene nada que ver conmigo. Incluso cuando comparto la verdad, solo lo hago una vez. Existen grabaciones de audio de los sermones y enseñanzas. Si no los entendéis, podéis escucharlos varias veces más y tomaros tiempo para reflexionar, buscar y compartir. Si, con esta base, seguís un poco confusos respecto a unas cuantas cuestiones y no sabéis cómo lidiar con ellas, podemos hablar sobre ellas cuando nos encontremos. Pero en lo que respecta a qué pueden lograr las personas, lo mejor para vosotros es lidiar con tales cosas por vuestra cuenta. Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas para las personas: el sol, la luna, las estrellas, el agua, el aire, la luz solar, la comida, así como los diversos entornos y cosas vivientes que las personas necesitan, después de lo cual Él colocó a las personas en la tierra. Dios mantiene las leyes del crecimiento y operación de todas las cosas para las personas y mantiene los entornos vitales de las personas; depende de las personas vivir realmente la vida. En cuanto a qué cosas cultivar en qué estación, cuando recogerlas, cómo almacenarlas después de la cosecha, qué métodos usar para convertirlas en comida, qué comer más, qué comer menos, qué comer en cada estación, cuánto comer cada día; eso es asunto vuestro. Ahora que la verdad se ha compartido con tal claridad y los asuntos relativos a la vida se han resuelto apropiadamente para vosotros, si todavía me pedís ayuda para hacer esto y aquello, así como todavía me buscáis para compartir con vosotros sobre esto y aquello, entonces hay muchas carencias en vuestra razón. En cuanto a lo que ya he compartido, os digo que os ocupéis y resolváis estas cosas vosotros mismos. La iglesia tiene líderes de todos los niveles, así como al hombre usado por el Espíritu Santo para guiaros. Deberíais buscar y resolver las cosas vosotros mismos; no acudáis a Mí para todo. La razón es que ya he dicho todo lo que debería decirse, incluso he organizado vuestras necesidades básicas y, en lo que respecta a esos asuntos triviales, no son lo que Yo debería resolver, sino vuestros propios asuntos; deberíais lidiar con ellos por vuestra cuenta.

Da igual cuántas palabras diga Dios encarnado o cuántas cosas haga, la gente debe saber que este es el punto más importante relativo a la normalidad y la practicidad, así como a la humildad y la ocultación de Dios encarnado: si Dios encarnado vive entre las personas o realiza Su ministerio, los credos y principios de Su humanidad más básicos, que se viven según Su carne, consisten en comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Esto se refleja en la encarnación de Dios y también se refleja naturalmente en el Dios que posee la identidad y esencia de Dios, Dios en Su identidad inherente. Por supuesto, en el caso de Dios, no se le llama “comportarse de una manera que se atenga a las reglas”, pero cuanto menos, en la manera en la que Dios hace las cosas y en la manera en la que trata a las personas y las cosas, sin duda Él también se atiene estrictamente a estos principios. Esto es tanto lo que la humanidad de Dios encarnado tiene y es, así como lo que la divinidad de Dios en Su identidad inherente tiene y es. Lo que Su humanidad tiene y es conlleva comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber, mientras que la esencia de Dios en Su identidad inherente conlleva que Dios trate a las personas de una manera que se atenga a las reglas y haga las cosas con sentido del deber. No hablaremos mucho más sobre esto. Sea cual sea la perspectiva que adoptes —en cuanto a todas las cosas creadas por Dios, Su soberanía sobre la especie humana y Su guía sobre esta, desde las cuestiones mayores hasta las menores y desde las macroscópicas a las microscópicas—, Dios lo hace todo de una manera que se atiene a las reglas y con sentido del deber. Cuando Dios no estaba encarnado, permanecía oculto entre todas las cosas. Aunque la especie humana no veía la figura de Dios ni Su verdadero rostro, Dios siempre ha estado guiando a toda la especie humana. Él también ha estado siempre haciendo cada cosa, gestionando cada cosa y teniendo soberanía sobre cada cosa en el universo de manera práctica; nada de lo que Él hace es vacío. Por supuesto, ni una sola cosa hecha por la mano de Dios permanece al nivel de las teorías o consignas. En su lugar, cada cosa que Él hace —ya puedas apreciarla o no, ya puedas verla o no—, la está haciendo de una manera que se atiene a las reglas y con sentido del deber. Él hace la obra que pretende hacer de una manera sensata. Nunca hace declaraciones ni se justifica a Él mismo ante las personas, como tampoco grita ninguna consigna. En cambio, siempre ha estado haciendo declaraciones y hablando, guiando con practicidad y proveyendo para toda la especie humana. Esto es también lo que Dios tiene y es. Sin duda, lo que Dios encarnado tiene y es no estará desconectado ni entrará en conflicto con lo que Dios mismo tiene y es. Por tanto, después de que las personas sepan lo que Dios encarnado tiene y es o conozcan los credos y principios de conducta propia a los que se atiene Dios encarnado, llegarán ampliamente a conocer la esencia de Dios en Su identidad inherente y lo que Él tiene y es. Por consiguiente, las nociones e imaginaciones de las personas sobre el Dios en el cielo decrecerán hasta cierto punto y su conocimiento, entendimiento o puntos de vista sobre Dios se volverán más prácticos. En términos relativos, también serán capaces de tratar a Dios encarnado con más precisión, objetividad y racionalidad, en lugar de condenar lo que Su humanidad tiene y es, o desdeñar o restar importancia a lo que Su humanidad tiene y es. En su lugar, por un lado, serán capaces de tratarlo correctamente y, por otro, serán incluso más capaces —por medio de lo que Su humanidad tiene y es— de ver lo que Su divinidad tiene y es, pudiendo así conocer tanto al Dios en el cielo como al Dios en la tierra con más precisión.

Muy bien, hoy vamos a terminar aquí nuestra enseñanza sobre este tema. ¡Adiós!

10 de octubre de 2024

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