Cómo perseguir la verdad (25)
El contenido de nuestra última enseñanza trató sobre el tema de “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él” y se abordaron de manera específica aspectos relativos a la encarnación de Dios. Hablamos sobre cómo se debería conocer y tratar la encarnación de Dios. El primer principio es no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. ¿Cuál es el segundo? (El segundo es no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Ahora que hemos terminado de compartir el tema de no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo, ¿tenéis algún nuevo entendimiento relativo a cómo tratar al Dios encarnado? ¿Os habéis desprendido de algunas de vuestras nociones e imaginaciones previas sobre Dios encarnado y habéis sido capaces de conocer al Dios en la tierra de manera más práctica? ¿Habéis sido conscientes de que algunos de vuestros pensamientos, entendimientos o actitudes previos respecto a Dios eran resultado de nociones e imaginaciones humanas? Ahora, al hablar de esta manera, ante todo, en lo que se refiere al conocimiento, habéis corregido muchas de vuestras nociones e imaginaciones respecto a la encarnación; de ahora en adelante, la actitud y el enfoque con que tratáis a Dios también se pueden tornar un poco más prácticos y precisos. ¿Poseéis todos algo de conocimiento vivencial respecto a esto? (Sí. Con anterioridad, tenía algunas nociones e imaginaciones ilusorias sobre la encarnación de Dios; sentía que Dios lo entendía todo y era omnisciente. Gracias a las dos últimas enseñanzas de Dios, he llegado a entender que Dios encarnado es particularmente normal y práctico. Por ejemplo, cuando visita un país, Él también busca las leyes locales y asume como una máxima comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. Esta parte me afectó un poco, ya que yo no me comporto de una manera que se atenga a las reglas ni hago las cosas con sentido del deber; a veces soy indisciplinado e incluso quiero aprovecharme de las lagunas. Tras escuchar la enseñanza de Dios, sentí que la imagen de Dios en mi corazón se tornaba de repente práctica y concreta). Ahora, al compartir este contenido, la gente ha obtenido un conocimiento y unos sentimientos más objetivos y prácticos sobre Dios. ¿Estos sentimientos te hacen sentir aún más la existencia práctica de Dios? ¿O acaso ver a Dios encarnado hablar y actuar de manera tan normal y práctica te hace sentir que Dios es tan corriente —incluso inconcebible— que, en cambio, te entran dudas y te alejas todavía más de Él? Estas manifestaciones de la normalidad y la practicidad de Dios no concuerdan en absoluto con las nociones e imaginaciones sobre Dios que la mayoría de la gente tiene en su interior; son enormemente distintas y constituyen, además, algo en lo que nunca se había pensado. Por consiguiente, después de oír este contenido, ¿sientes una gran decepción respecto a la encarnación de Dios? (No. Después de escuchar, siento que la imagen de Cristo se ha vuelto más concreta en mi corazón y Él da la sensación de ser muy accesible. Al principio, pensaba que Cristo era el Dios en el cielo venido a la tierra y que debía ser muy imponente y grandioso. Sin embargo, ahora veo que Cristo es muy corriente y práctico; Él se atiene igualmente a las leyes del mundo humano y, al mismo tiempo, expresa la verdad con practicidad para proveernos. Esto hace que Él me resulte sumamente práctico y concreto. Me parece que mi relación con Dios ya no es tan distante y que, en cambio, me he acercado más a Dios). ¿Sentís todos lo mismo? ¿Todos habéis obtenido ganancias parecidas? (Sí). En tal caso, sigue siendo necesario compartir este contenido. Este es un aspecto de la verdad que la gente necesita y debería poseer: es indispensable. En el proceso de perseguir la verdad, este aspecto de la verdad es algo que la gente debe entender. Una vez que las personas entiendan este aspecto de la verdad, la relación entre ellas y Dios se volverá más normal. ¿No es cierto? (Sí). Este contenido consiste principalmente en compartir algunas manifestaciones de la normalidad y la practicidad de la encarnación de Dios, al tiempo que permite a las personas conocer la esencia de la encarnación de Dios, así como algunos de Sus puntos de partida y principios para comportarse y hacer las cosas. Al conocer estos puntos de partida, principios y puntos de vista específicos relativos a cómo hacer las cosas, la gente puede entender a Dios de manera más objetiva y práctica, así como entender Su normalidad y Su practicidad.
Por medio de entender la normalidad y la practicidad del Dios encarnado, ¿acaso no deberías poder reconocer algunas de tus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo? Cuando Dios encarnado viene entre las personas, al comportarse y hacer las cosas, Él se atiene al principio de comportarse de manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. ¿Qué hay del Dios en el cielo entonces? Aunque Él no muestra comportamientos concretos de conducta propia y no está implicado en los diversos aspectos de la conducta propia, a tenor de cómo hace Dios las cosas —ya sea a partir de los registros bíblicos o de lo que las personas entienden, perciben y experimentan de las acciones de Dios— ¿existe algún conflicto con la esencia y los principios de cómo se comporta y hace las cosas Dios encarnado? (No). En teoría, deberíamos poder estar seguros de que no hay ningún conflicto. Aunque las personas no pueden ver ni tocar al Dios en el cielo, Él también hace las cosas con sentido del deber y de manera práctica. La encarnación de Dios tiene un lado normal y práctico que las personas pueden ver y conocer; igualmente, el Dios en el cielo tiene un lado normal y práctico. No vamos a entrar en el poder, la autoridad, la sabiduría, la omnipotencia de Dios y demás; ese es un aspecto de conocer a Dios, conocer la esencia de Dios y conocer la identidad de Dios, lo cual podría estar fuera de vuestro alcance. Sin embargo, en cuanto a algunas de las cosas que Dios hace y que las personas pueden ver y experimentar, el Dios en el cielo todavía manifiesta este lado normal y práctico. Por ejemplo, en la Biblia se registra que Dios creó a Adán y a Eva, sopló en ellos Su aliento para que se convirtieran en personas vivas con espíritu y luego los colocó en el jardín del Edén. Antes de que Dios creara a los ancestros de la especie humana, Adán y Eva, hizo una serie de cosas y lo dispuso todo para estas dos personas que Él creó. Para el hombre, Dios creó los cielos y la tierra, los ríos y los lagos, diversos seres vivos en la tierra, las cuatro estaciones y todo lo demás que necesita el hombre. Antes de crear a estas dos personas, Dios ya había completado paso a paso esta obra. Con cada paso que Él daba, todas estas cosas creadas por Dios surgían de manera práctica poco a poco en este mundo material; todo esto lo puede ver el ojo humano. Cuando empezaron a existir estas dos personas, todo esto estaba preparado. En la Biblia también está registrado lo que Dios hizo por estas dos personas después de crearlas. Primero, Dios las colocó en el jardín del Edén y luego les dijo algo de una manera muy práctica. ¿Qué fue lo que dijo? (“De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” [Génesis 2:16-17]). Dios le dio esta instrucción a la especie humana y luego sucedieron una serie de cosas. Después de eso, ¿qué hizo Dios por Adán y Eva? (Les hizo túnicas de piel). Dios hizo túnicas de piel para vestirlos; esta historia debería resultaros muy familiar. ¿Acaso esta serie de cosas que Dios dijo, hizo e instruyó no ofrece una imagen muy nítida? (Desde luego). A través de estas escenas, las personas pueden apreciar en profundidad o de verdad que lo que se revela o encierra en cada movimiento de Dios no es algo hueco; es más, las escenas que Dios muestra a las personas con cada cosa que hace tampoco son huecas. ¿Verdad? (Sí). Ni una sola cosa que hace Dios es hueca, ni una sola es una mera teoría o consigna; Él hace todo de manera práctica. Hay quien dice: “A veces Dios logra las cosas con un pensamiento y a veces las logra con solo una palabra”. Da igual cómo logre Dios este asunto, en cualquier caso, lo está haciendo de manera práctica; está haciendo las cosas de manera sensata y con sentido del deber. Él no grita consignas ni esgrime doctrinas, así como tampoco engaña a la gente. ¿Qué conlleva hacer las cosas de manera práctica? Dios planea y piensa; cuando hace algo, puede usar Sus pensamientos o usar Sus palabras, o bien hacerlo personalmente con Sus manos. ¿Cómo expresamos “hacer algo personalmente” en lenguaje humano? Significa acudir en persona a ocuparse del asunto, encargarse personalmente de ello y hacerlo en persona con Sus manos. Al observar todos estos casos de “personalmente”, ¿acaso no es Dios muy sensato y tiene sentido del deber en Su manera de hacer las cosas? (Sí). Por supuesto, usar estas palabras que describen cómo hacen las cosas los humanos no es muy apropiado para describir cómo hace las cosas el Dios en el cielo, pero el lenguaje humano es limitado. Mientras las personas puedan entender que Dios hace las cosas de una manera tan sensata y práctica, que es metódico, que nunca se comporta por mera formalidad ni grita nunca consignas, con eso basta. De todas las cosas que ha hecho Dios y que han registrado las manos humanas, ¿cuál no fue planeada personalmente por Dios mismo, puesta en marcha paso a paso y seguida, inspeccionada y verificada en persona por Él? Aunque estas cosas quedaron registradas por manos humanas y se presentaron por escrito, han dejado a la especie humana la mejor prueba concreta para conocer y entender a Dios.
Después de crear a Adán y a Eva, Dios hizo otra cosa: les dijo cómo vivir su vida, qué responsabilidades debería asumir el hombre y qué debería hacer la mujer. ¡Mira lo detalladas y específicas que son las palabras de Dios! Los seres humanos no plantearían así su trabajo, ¿verdad? (Sí). Cada paso de la obra que hace Dios es así de específico, sensato y práctico; Él busca resultados. ¿Y qué muestra esto? Dejemos a un lado un tema tan grande como es la creación de los cielos y la tierra y todas las cosas; si nos atenemos tan solo a lo que Dios ha dicho a la especie humana y a Sus exhortaciones hacia ella, así como a Su preocupación, incluidas Sus exhortaciones, instrucciones y advertencias específicas para cada asunto, ¿qué revela todo esto? Por una parte, ves que Dios es muy riguroso y pone empeño en cómo hace las cosas. Por otra parte —y esto es algo que también debería saber la especie humana— Dios creó a la especie humana y, aparte de Su preocupación por ella, siempre ha cumplido Su responsabilidad hacia ella. Este cumplimiento de responsabilidad no es palabrería vacía; Dios siempre ha sido consecuente con ello. Desde el momento en que Dios creó a la especie humana hasta ahora, Dios siempre ha estado proveyéndola, guiándola, así como centrándose en la vida de las personas. Las acciones de Dios hacia la especie humana no han sido otra cosa que cumplir con Su responsabilidad. La frase “cumplir con Su responsabilidad” es fácil de escribir y de decir, pero la cantidad de cosas que Dios ha hecho escapa a la imaginación humana. En general, esto incluye cosas como que Dios disponga la reencarnación de cada alma —en qué clase de familia vivirá, qué aspecto tendrá, cuándo empezará a creer en Dios, qué clase de sino tendrá en esta vida y una serie de otros aspectos similares. Estas son las disposiciones que Dios hace para la gente a nivel macro. En cuanto a los detalles más pequeños, Dios provee a tus necesidades diarias, garantiza que puedas despreocuparte de la comida y la ropa, así como que tu vida material esté asegurada. En cuanto a detalles todavía más pequeños, cada día Dios dispone que diferentes personas, acontecimientos y cosas te acompañen en tu crecimiento y estén contigo al atravesar cada día, cada período distinto e incluso cada período especial, lo que te permite obtener constantemente un nuevo entendimiento y nuevos sentimientos sobre el Creador, la especie humana, sobre ti mismo y la vida. Dios ha expresado muchísimas verdades y ha hecho muchísimas cosas —¿cuál de Sus palabras es una mera consigna o una doctrina? ¿Qué hace Él que sea hueco e impráctico? Ni una sola cosa que hace es hueca y ni una sola palabra que dice es una mera consigna o una doctrina. Al contrario, Dios siempre había hecho estas cosas, incluso antes de dárselas a conocer a la especie humana. Aunque la especie humana no conoce, entiende, cree ni reconoce estos hechos, Dios los ha seguido haciendo con determinación. Dejemos a un lado cuántas cosas ha hecho Dios por la especie humana, cuánto esfuerzo ha empleado en la especie humana y cuánta gracia le ha concedido a la especie humana. Solo si nos referimos a los actos de Dios en sí mismos, ¿cuál de ellos no se hace de manera sensata y paso a paso? (Hace de manera sensata todas y cada una de las cosas). Fíjate en cómo crían los humanos a sus hijos: son negligentes e intentan salir del paso; a veces se dejan llevar por las emociones, otras veces caen en extremos y a veces incluso siguen sus preferencias personales, sin valorar mucho a sus hijas, pero mimando, consintiendo y malcriando a sus hijos; se comportan de manera irresponsable y sin considerar las consecuencias. Es responsabilidad de las personas criar y educar a los hijos, pero ¿acaso han cumplido con esta responsabilidad? (No). Fíjate, cada cosa que hace Dios se ejecuta perfectamente; eso permite que la especie humana recorra la senda correcta bajo la soberanía y las disposiciones de Dios y viva bajo Su guía. Ni un solo paso de la obra de Dios ni nada de lo que Él hace es hueco; todo es práctico. Desde que se creó el mundo hasta ahora, sin importar cuánta obra haya hecho Dios ni que la especie humana sea consciente de todo esto o lo reconozca, las acciones de Dios hacia las personas y la responsabilidad que cumple respecto a ellas son, en cualquier caso, exhaustivas y completas, sin que falte nada en absoluto. Él nunca es negligente ni descuidado en absoluto. ¿Qué significa “nunca es descuidado”? Significa que trata a todos con seriedad, con particular empeño y rigor, siempre de manera que se atenga a las reglas y nunca según preferencia personal, sin nada en absoluto de la obstinación o negligencia del hombre. Dejemos todo lo demás a un lado; toma solo el asunto de proteger la seguridad de las personas; ¿cómo de bien hace esto Dios? La vida, la muerte y la seguridad personal de todos están en Sus manos. Este es el asunto más importante para Dios. Incluso si a veces te topas con algún peligro y te enfrentas cara a cara con la muerte, si no es el día en que estás destinado a morir, Dios no dejará que mueras. Si Dios no ha ordenado que mueras, Dios garantizará tu seguridad. Esto es infalible; Dios lo maneja de una manera particularmente meticulosa y precisa. En resumen, todo lo que he dicho es cierto y la gente puede verlo. La gente no puede ver cómo hace las cosas el Dios en el cielo, pero tarde o temprano, podrá ver la realidad de lo que Dios ha hecho y los resultados que logra. En los varios miles de años que la especie humana lleva viviendo en la tierra, ¿quién ha podido prescindir de la soberanía y las disposiciones de Dios? ¿Quién ha podido prescindir de la provisión y la guía de Dios? (Nadie puede prescindir de ellas). Dios mismo ha ejercido en persona y de manera práctica Su soberanía y ha realizado Sus disposiciones, Su provisión y Su guía. Si Dios no hiciera las cosas de una manera tan sensata y con sentido del deber, la especie humana llevaría mucho tiempo sumida en el caos; como poco, nadie sería capaz de mantener el orden para la especie humana. De este modo, ya sea en cosas grandes o pequeñas, las personas que han seguido a Dios hasta ahora deberían ser capaces de apreciar que Dios no solo habla, hace cosas y obra en Su encarnación al proveer a la especie humana de la verdad, el camino y la vida, sino que el Espíritu de Dios también ejerce sin cesar soberanía sobre la especie humana, guiándola y proveyéndola; todo esto se hace de manera práctica. Es solo que las personas pueden ver, oír y apreciar de manera práctica a Dios encarnado hablando y obrando, mientras que el alcance de lo que hace el Dios en el cielo es mucho más amplio y algo más distante de las personas, así que las personas no pueden sentirlo ni apreciarlo de cerca como cuando el Dios encarnado habla y obra. Por tanto, cuando se trata de conocer tanto al Dios en el cielo como al Dios en la tierra, las personas deberían deshacerse de las nociones e imaginaciones humanas, liberarse de las teorías huecas y las consignas, así como apreciar de manera práctica la normalidad y la practicidad de Dios y Su sabiduría y omnipotencia, mediante la obra que hace y las palabras que dice. De esta manera, por un lado, puedes tratar correctamente a la encarnación de Dios; por otro, puedes deshacerte mejor de tus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo; y por otro más, puedes saber mejor que el Dios en la tierra y el Dios en el cielo son uno, en vez de imponerle a la encarnación de Dios tus nociones e imaginaciones ilusorias sobre el Dios en el cielo; hacer esto sería un enorme error. Es decir, por una parte, estarías evaluando al Dios en el cielo usando nociones e imaginaciones ilusorias, mientras que, al mismo tiempo, no serías capaz de aceptar ni de recibir mejor al Dios en la tierra. Hacer estas dos cosas no solo no lograría acercarte más a Dios, sino que en cambio haría que te alejaras todavía más de Él y te haría vivir en tus propias nociones e imaginaciones huecas, incapaz de entender todas las cosas que Dios hace.
Por medio de hablar sobre “no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo”, ¿son las personas capaces de practicar con precisión en lo que a esto respecta? (Sí). En resumen, al tratar al Dios encarnado, si eres capaz de aceptarlo y luego llegas a conocer Su normalidad y Su practicidad, así como aceptas y te sometes a Sus palabras y Su obra y Sus exigencias para las personas, con eso basta. En cuanto a los instintos y las condiciones intrínsecas de la carne dentro de la normalidad y la practicidad del Dios encarnado, las personas solo necesitan tener un entendimiento correcto de ellos y ser capaces de tratarlos correctamente. Dios encarnado es un Hijo del hombre corriente; desde luego, Él posee las condiciones intrínsecas, así como los instintos y las funciones normales de la carne que debería poseer una persona. Por ejemplo, una persona corriente sentirá el calor cuando su mano toque el fuego y Dios encarnado no es una excepción. Una persona normal estornudará después de pasar frío y, si es grave, contraerá un resfriado. ¿También es así el Dios encarnado? (Sí). A los seres humanos les entrará sed si su comida está demasiado salada y les dolerá el estómago si toman comida indigesta. ¿Tiene la encarnación de Dios estas sensaciones? (Sí). Cuando hace mucho calor, los seres humanos sentirán calor y querrán encontrar un sitio fresco; el Dios encarnado también es así. ¿Qué pensabais antes? ¿Pensabais esto para vuestros adentros?: “Esta carne mortal nuestra, la de los humanos, no soporta el calor cuando la temperatura llega a los treinta o cuarenta grados centígrados, pero la encarnación de Dios no teme al calor; Él trasciende la carne y no tiene estas sensaciones”. ¿Qué implica esto? ¿Piensa la gente que Dios encarnado es como un robot o una figura de madera que ni come ni duerme ni enferma? Eso no es correcto. Dios encarnado tiene una vida de la carne, la cual es igual a la de una persona normal. Él no es extraordinario ni poco convencional. Esta carne tiene un lado normal y práctico, que consiste en que las funciones y los instintos de Su carne son iguales a los de la especie humana. Con anterioridad, hemos hablado de cómo las funciones y los instintos de la carne son todas cosas que Dios otorgó a la especie humana cuando la creó; la especie humana las posee de manera innata, no son cosas negativas. Entonces, ¿por qué siempre evitáis el hecho de que Dios encarnado posee las funciones y los instintos normales de la carne? ¿Es la razón por la que las personas evitan esto que piensan que estas cosas son anormales, albergan prejuicio en su corazón contra estas manifestaciones de las funciones normales de la carne y se oponen a que Dios encarnado posea estas manifestaciones? (Ciertamente, menosprecio estas cosas prácticas en mi corazón). Aunque las personas puedan menospreciar estas cosas o, a nivel consciente, no tengan la certeza de si son correctas o incorrectas, las condenarán subconscientemente. Esto prueba que las personas carecen de un entendimiento exhaustivo de los instintos, las funciones y algunas de las condiciones intrínsecas de la carne humana, todos ellos creados por Dios; esta es la razón por la que pueden tener muchos pensamientos distorsionados o muchas nociones e imaginaciones que no son prácticas. Decidme, ¿necesita dormir Dios encarnado? (Sí). Cuando duerme, ¿sigue Él pensando en el trabajo? (No, está dormido). Esa es una respuesta honesta; en realidad, está dormido. De lo contrario, ¿cómo podría tener un momento de descanso? Su cerebro también necesita descanso; esta es una función normal de la carne y también un instinto de la carne. Cuando hace frío, lleva ropa más gruesa; cuando hace calor, lleva ropa más fina. Puede sentir el frío, el calor, la lluvia y la nieve. Esto es humanidad normal; no es hueco en absoluto. Si no eres capaz de sentir nada, ¿no eres un poco tonto? ¿Acaso no eres medio idiota? (Sí). Todos los sentidos y las funciones corporales de la encarnación de Dios son reales, existen de verdad y funcionan con normalidad; no son huecos en absoluto. Sin embargo, vosotros los imagináis como huecos y sobrenaturales. Una vez conocí a un chino con una fe un poco extraña. Creía que la fe debería implicar algunas cosas extrañas y espeluznantes, que solo esto es fe. Por ejemplo, cuando llovía, entonaba una especie de conjuro y la lluvia no le caía encima; cuando entonaba otro conjuro, la lluvia se detenía. Incluso presumía de ello, pensaba que tenía habilidades reales. Creía que la fe era esto y que era superior a la fe corriente. ¿Diríais que esta persona es bastante absurda? (Sí). Esto es un espíritu malvado. Sin embargo, los pensamientos y los puntos de vista de esta clase de persona representan los de una parte de las personas. Muchas personas están llenas siempre de nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado y dicen en su corazón: “La encarnación de Dios debe ser una persona extraordinaria o alguien que ha alcanzado el ‘camino’. Él es capaz de hacer cosas que las personas corrientes no pueden hacer, decir palabras que las personas corrientes no pueden decir, ver cosas que las personas corrientes no pueden ver y oír sonidos que las personas corrientes no pueden oír. Sabe lo que dicen y hacen las personas a Sus espaldas. Es capaz de sentir y saber si hay algún fenómeno paranormal o una entidad desconocida a Su alrededor; incluso sabe qué está haciendo el Dios en el cielo. ¡Solo esto es el Dios encarnado!”. Esta clase de pensamiento es como las nociones e imaginaciones que tienen los no creyentes sobre Dios. Todo el mundo espera encontrarse con un Dios así y, si algún día pudieran ver a este Dios y entrar en contacto con Él, sería la bendición de toda una vida. Sin embargo, que Dios encarnado haya venido entre las personas y viva junto con ellas supone una enorme decepción para las personas. Nadie puede ver ninguna manifestación sobrenatural en Dios encarnado ni sentir cosas sobrenaturales procedentes de Él. Sin embargo, las imaginaciones de las personas siguen siendo muy fértiles; siguen teniendo muchas nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado y todavía viven en sus imaginaciones. Dado que las personas tienen tantas nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado, ¿acaso no tendrán todavía más nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo? (Sí). Esas nociones e imaginaciones son aún más extrañas, aún más incoherentes con los hechos y aún menos objetivas; las personas tienen incluso muchos pensamientos muy espeluznantes e inconcebibles. En cualquier caso, gracias al contenido que hemos compartido, en lo básico, la gente podrá entender, conocer y tratar correctamente la humanidad normal de Dios encarnado o la normalidad, objetividad y practicidad de la carne. Además, mediante la carne —visible, tangible, que habla y comparte de manera práctica con las personas, interactúa con ellas y realiza diversos aspectos de la obra en ellas—, la gente puede llegar a conocer cómo Dios hace las cosas y obra de una manera mejor, más práctica y más objetiva. Al conocer al Dios encarnado, también pueden entender mejor al Dios en el cielo.
En cuanto a este contenido sobre la normalidad y la practicidad de la encarnación de Dios, primero hablamos sobre cómo se comporta y hace las cosas Dios encarnado, qué cosas hace y cuáles son Sus principios para hacerlas. Hemos compartido bastante a fondo estos aspectos. ¿Hay algo que todavía no entendáis? ¿He de añadir algo más? ¿Entendéis un poco más sobre la normalidad y la practicidad de Dios encarnado? (Sí). ¿Qué podéis ver en estas manifestaciones prácticas? (Veo que Dios encarnado es normal y práctico). Dios encarnado es normal y práctico; Él también tiene que pensar antes de hablar y Su habla y Su comportamiento son ambos normales, sin la menor manifestación sobrenatural. Esto es algo que no esperabais, ¿verdad? (Sí). Dios encarnado no tiene un tercer ojo, no tiene un oído sobrehumano, mucho menos ninguna habilidad sobrenatural extraordinaria que trascienda los instintos de la carne. Si hay cableado eléctrico expuesto en algún sitio, Yo tampoco lo tocaría. ¿Por qué no lo tocaría? (Te electrocutarías y te harías daño). De acuerdo con vuestra imaginación, incluso si lo tocara directamente, no me electrocutaría ni me haría daño. Sin embargo, no tengo esa capacidad en realidad y tampoco lo tocaría. Por una parte, sé que recibir una descarga eléctrica provoca lesiones; tengo sentido común a este respecto y tengo una racionalidad normal. Por otra, bajo ningún concepto diría: “Está bien. Soy una figura especial con una identidad y un estatus especiales. La electricidad no me hará daño. Lo tocaré sin más para ver si muero”. No haría algo tan irracional. De acuerdo con vuestras nociones, cualquier cosa peligrosa que la gente no se atreva a tocar, Yo me atrevería a tocarla; vosotros tendríais miedo de tales cosas, pero Yo no, ya que Mi identidad es especial, soy distinto de vosotros, vine del cielo y soy Dios encarnado, así que no tengo miedo y puedo actuar de esa manera. Decidme, ¿actuaría así? (No). No actuaría así. ¿En qué se basa esto? En la racionalidad de la humanidad normal. La conciencia y la racionalidad pertenecientes a la humanidad de Dios encarnado también son normales. Si Dios encarnado no tuviera sentido de la conciencia y si Su racionalidad no fuera normal, ¿cómo podría hacer Él la obra en humanidad normal? Si no tuviera sentido de la conciencia y Su racionalidad no fuera normal, ¿qué clase de humano es este? ¿No sería un ser no humano? (Sí). Por tanto, las nociones y las imaginaciones que tienen las personas sobre el pensamiento y el estilo de vida de la humanidad normal de Dios encarnado son todas imprácticas; son todas extraordinarias, extrañas, espeluznantes y raras; todas están desconectadas de la conciencia y la racionalidad pertenecientes a la humanidad de Dios encarnado. Decidme, si estamos sentados juntos y hay mosquitos alrededor, ¿me picarán? (Sí). ¿Era esto lo que pensabais antes?: “Da igual a quién más piquen, los mosquitos no van a picar a Cristo. Dios creó a los mosquitos; no pueden picar al Creador”. ¿Es incorrecto pensar así? ¿Está desconectado de la realidad? (Sí). Los mosquitos tampoco me muestran ninguna cortesía. No tienen sentimientos; siempre que alguien sea de carne mortal y tenga sangre en el cuerpo, le picarán y, después de que le piquen, aparecerá una roncha. ¿Qué deberías hacer cuando te salga una roncha? Yo corto enseguida una rodaja de ajo y la froto en ella. El ajo puede reducir la inflamación, matar bacterias y detener el picor. Después de aplicarlo un rato, la picadura deja de picar y la roncha desaparece poco a poco. Es sentido común. Podrías pensar que no tiene nada de especial, pero es muy práctico. Fíjate, al toparos con problemas en la vida, buscáis algunos remedios caseros y trucos ingeniosos; Yo soy igual. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero deciros que la conciencia y la razón que posee la humanidad de Dios encarnado, Su pensamiento y Sus ideas, así como los pensamientos, puntos de vista y actitudes que forma y las soluciones que se le ocurren al contemplar a las personas y las cosas y al afrontar diversos problemas en la vida real, son todos normales y prácticos; no son raros, extraños, sobrenaturales, distorsionados ni extremos. ¿Entendido? (Entendido). Doy estos ejemplos para que podáis obtener un entendimiento más práctico de la vida y las manifestaciones de la humanidad normal de Dios encarnado. Estas manifestaciones no son huecas en absoluto, no son extrañas ni mucho menos extraordinarias; más bien, son muy normales y prácticas. Esta normalidad y practicidad son la verdadera normalidad y practicidad. Aparte de los puntos de vista y los principios que posee para comportarse y actuar, los instintos y las funciones de Su carne también son normales. Por ejemplo, cuando os resfriáis, estornudáis, toséis y tardáis una o dos semanas en mejorar. Si Yo me resfrío, tendré también estos síntomas y a Mí también me llevará una o dos semanas ponerme mejor. Vosotros sois así; Dios encarnado es exactamente igual. Estos aspectos no están en absoluto desconectados de la realidad, ni interfieren en Su labor concreta ni en la realización de la obra que Se propone llevar a cabo entre la gente. Es decir, este lado normal y práctico de Dios encarnado no afectará de ningún modo al ministerio que desempeña Dios encarnado, ni tampoco demorará las cosas ni afectará a los resultados de la obra de Dios; mucho menos afectará al progreso de la obra de Dios. El ministerio que desempeña Dios encarnado consiste precisamente en expresar palabras, obrar y caminar entre las personas mediante una carne normal y práctica.
Todo sobre lo que hemos hablado anteriormente trata sobre la normalidad y la practicidad de la encarnación de Dios. El propósito de hablar sobre este contenido es resolver el problema de que las personas siempre comparen al Dios encarnado con el Dios en el cielo. El contenido sobre el que hemos hablado cubre básicamente un aspecto de las manifestaciones de la normalidad y la practicidad de los instintos de la humanidad normal de Dios encarnado; otro aspecto cubre principalmente cómo se comporta y actúa la encarnación de Dios. Por supuesto, esto no quiere decir que, solo porque las personas sepan lo normal y práctico que es Dios encarnado al hablar y actuar, sean capaces de tratar al Dios encarnado de una manera completamente correcta; esto todavía dista de ser suficiente. Ahora que sabemos cómo habla y obra Dios encarnado y cómo se comporta y actúa, hablemos sobre qué cosas no hace el Dios encarnado o en qué aspectos difiere de la especie humana.
Algunas manifestaciones de la normalidad y la practicidad de la encarnación de Dios son, en muchos aspectos, iguales a los instintos de la especie humana —es decir, a los instintos, las funciones y las condiciones innatas de la carne humana. Se puede decir que Dios encarnado y la especie humana corriente son iguales en cuanto a instintos. Sin embargo, aparte de esta similitud, Su esencia-vida, identidad, carácter y demás son completamente diferentes a los de la especie humana corrupta. Esto abarca las formas en las que las manifestaciones de Su vivir y Su esencia-carácter difieren de las de la especie humana corrupta. Hablar de esto nos conduce al siguiente tema sobre el que vamos a compartir, que es el segundo tema relativo a desprenderse de las nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado: no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta. Para resolver este problema, todavía tenemos que basar nuestra enseñanza en las diversas revelaciones y los diversos aspectos del vivir que manifiesta el Dios encarnado. En teoría, ¿estáis de acuerdo con la afirmación: “No equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta”? (Sí). También queréis practicar de acuerdo con esta afirmación y estáis dispuestos a resolver este problema, ¿pero tenéis una senda de práctica para evitar equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta? Encontrar una senda de práctica dista de ser fácil, ¿verdad? No equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta es un requerimiento que se os impone, ¿pero por qué se hace tal requerimiento? Esto es digno de reflexión. Cuando las personas entran en contacto con el Dios encarnado, debido a la forma de Su encarnación y Su apariencia externa, a menudo lo tratan de manera natural como un miembro de la especie humana corrupta. Esto equivale a tratar a Dios encarnado como una persona que no tiene absolutamente nada que ver con la esencia, la identidad y el carácter de Dios, para luego adoptar la manera de pensar de la especie humana corrupta al interactuar con Él y usar las maneras en que interactúan con otros para tratar al Dios encarnado. Por tanto, la manera en que las personas tratan a Dios revela, por un lado, su actitud equivocada hacia Él y, por otro, un problema enorme que existe dentro de ellas: no conocen al Dios encarnado. Aunque las personas reconocen verbalmente al Dios encarnado y lo siguen en forma, no han llegado sustancialmente a conocer o aceptar a esta persona corriente. No aceptar a esta persona corriente significa no tratar a esta persona corriente como al Dios encarnado; la implicación es que las personas tratan a esta persona corriente como un miembro de la especie humana corrupta. Para evitar este problema, así como para resolverlo, hoy compartiremos de nuevo las manifestaciones de la humanidad normal del Dios encarnado en Su vida diaria, además de cómo deberían conocer y entender las personas las diversas manifestaciones que Él revela en Sus interacciones y tratos con ellas. Veamos primero algunos asuntos relativos a Dios encarnado que la gente no puede entender o algunos asuntos que ve fácilmente a través del prisma de la especie humana corrupta. Primero, determinemos qué cosas no hace este Hijo del hombre corriente, Dios encarnado, o algunas cosas reveladas en Él que la gente no reconoce. ¿A qué se refieren exactamente estas cosas? En primer lugar, Él no engaña ni tampoco hace cosas como rivalizar, pelear, intrigar, atacar, tomar represalias, seducir y demás. ¿Por qué debería la gente entender estas cosas? Una vez que entiendas estas cosas, tendrás un entendimiento verdadero del carácter y la esencia de Dios encarnado. Solo con un entendimiento verdadero puedes lograr no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta. Solo cuando logres no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta puedes alcanzar una relación normal con el Dios encarnado, colocarte en la posición apropiada de un ser creado y tratar al Dios encarnado con la actitud que un ser creado debería tener.
En lo que respecta a las cosas que Dios encarnado no hace, compartamos primero el aspecto de no engañar. ¿Cuáles son las manifestaciones específicas del engaño? Decir mentiras, recurrir a falsedades, aparentar, hacerse pasar por lo que uno no es, fardar, fanfarronear y cosas así. ¿Se ven comúnmente estas manifestaciones que acabo de mencionar en la especie humana corrupta? (Sí). El engaño y la mentira son una característica importante y evidente de la especie humana corrupta; son un rasgo común de toda la especie humana corrupta y nadie, sin excepción, puede escapar de esto. Todo el mundo miente, todo el mundo finge y todo el mundo se hace pasar por lo que no es, hace teatro y aparenta. Asimismo, les sale de manera natural; no necesitan que sus padres se lo enseñen, ni tampoco necesitan que nadie influya en ellos, los instigue o los incite. Son mentirosos natos. ¿Decir esto es ir demasiado lejos? (No). ¿Qué hay de la encarnación de Dios? No hablemos de cosas muy lejanas; en cuanto a cómo hablo, en palabras humanas, llamo al pan, pan y al vino, vino. Por ejemplo, cuando os guío en algún trabajo profesional, si hay algo que no sé hacer, diré: “No tengo muy claro este asunto. No sé hacerlo. Deberíais consultar algunos materiales de referencia”. Si sé algo sobre el asunto, diré tanto como sepa. Después de terminar de decir lo que sé y entiendo, diré: “Si hay cualquier cosa que se me haya pasado y vosotros lo sabéis, podéis añadirlo”. Fíjate, ¿son objetivas y honestas estas palabras que digo? (Sí). Me habéis escuchado hablar todos estos años, ¿veis entonces algún engaño en Mis palabras? ¿Alguna apariencia? ¿Alguna falsedad? (No). Cuando comparto en reuniones o guío normalmente algún trabajo profesional, doy ejemplos a menudo y cito algunas cosas menores y nada destacables de la vida diaria. Aunque algunos detalles del proceso podrían omitirse en ciertos asuntos, el asunto en sí es un hecho. Además, hay testigos de cómo lidié con aquellos asuntos y los abordé. ¿He mentido alguna vez? (No). Yo no miento ni tampoco hago teatro ni aparento. Fíjate, llevo la misma ropa cuando salgo que cuando estoy en casa. A veces, si está sucia, me pongo ropa limpia cuando salgo. Se trata simplemente de vestir un poco más limpio; no me cambio a un conjunto de ropa de marca de gama alta solo para salir. Llevar ropa corriente en casa y ponerse algo más limpio para salir no es hacer teatro: esto es humanidad normal.
Engañar, hacer teatro y aparentar son cosas que la especie humana corrupta hace a menudo. Fíjate, la mayor parte de lo que dicen los seres humanos contiene falsedades; en especial, cuando atañe a sus propios intereses, su privacidad, su orgullo, su estatus o su reputación, las personas mienten. Por ejemplo, algunas son especialmente disolutas; a menudo ríen y bromean, son muy negligentes al hacer su deber y no se toman en serio nada de lo que hacen. Cuando el líder no está cerca, charlan ociosas, beben té, van al baño en un momento y al siguiente se pasean por el patio; viven una vida particularmente relajada. Cuando llega el líder, se dan prisa en ocuparse del trabajo y fingen ser muy responsables. ¿Acaso no están recurriendo a falsedades? ¿Acaso no es esto aparentar? (Sí). La especie humana corrupta tiene otro defecto: le gusta describirse a sí misma como particularmente noble y elevada, como especialmente perspicaz y acomodada, como alguien con un estatus y unos antecedentes especiales. Nunca menciona las cosas sórdidas o necias que ha hecho en secreto, los errores que ha cometido ni las carencias y los defectos que tiene; nunca menciona ni una pizca de estas cosas, no revela nada de ellas, profundamente temerosa de que otros desentrañen la verdad y la miren con desdén. ¿Acaso no es esto recurrir a falsedades? ¿Acaso no es esto mentir y engañar? (Sí). Incluso afirma que puede hacer cosas que no puede hacer. Si alguien sirvió en el pasado como líder de cierto nivel, hizo algún trabajo importante o hizo alguna contribución, tiene que publicitarlo a lo grande, con el profundo temor de que otros lo miren con desdén. Cuando se trata de fanfarronear y fardar, es “capaz de cualquier cosa”, pero nunca menciona sus propias carencias ni los defectos de su humanidad. Todas las personas se comportan y actúan de esta manera. Contemplan estas manifestaciones como un rasgo común de la especie humana y piensan que comportarse así es muy normal y corriente, que pertenece a la humanidad normal; así pues, muchas personas atribuyen de manera natural este punto de vista al Dios encarnado, piensan: “¿Acaso el Dios encarnado también miente y engaña?”. Por ejemplo, cuando digo que sé hacer empanadillas, hay quienes no lo creen y dicen: “Vaya, además de expresar la verdad, ¿también sabes cocinar? ¡Eso es imposible!”. Piensan: “¿Quién no ha contado nunca una mentira? ¿Quién no ha hablado nunca con grandilocuencia?”. El Dios encarnado está incluido en ese “quién”. ¿Tienen razón al decir esto? (No). ¿En qué se equivocaban? (Equiparaban al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Dado que toda la especie humana es capaz de mentir, piensas que Dios encarnado también puede mentir, al imaginar que Dios encarnado es igual que la especie humana corrupta e incluso dices en tu interior: “Mientras Dios encarnado pueda expresar la verdad, con eso basta. Aunque mientas de vez en cuando, no nos importa; eso no afecta a Tu identidad como Dios encarnado”. No es cuestión de si a ti te importa o no; tienes que reflexionar sobre si estos pensamientos que tienes sobre Dios encarnado son correctos. Aunque sabes en teoría que esto está mal y que no deberías pensar así, tienes que reflexionar sobre por qué puedes pensar así. Es porque eres demasiado falso y deshonesto, por eso piensas que todo el mundo puede decir mentiras y hacer teatro, así como que Dios encarnado no es una excepción. ¿No estás cometiendo un error al pensar así? Aunque cometer este error no es para tanto ni afecta a que obtengas la verdad, de veras hemos de ser meticulosos respecto a este asunto y explicarlo con claridad. Si tratas las palabras corrientes que dice Dios encarnado con una actitud tan dubitativa e incrédula, entonces, ¿cómo lo tratarás cuando Él comparta sobre la verdad, exprese la verdad, exprese las intenciones de Dios y cuando te juzgue, te deje en evidencia, te condene y te pode? ¿Cambiarás tu actitud? No; lo tratarás con la misma actitud y pensarás que las palabras que dice el Dios encarnado no son necesariamente todas correctas. En teoría, reconoces que lo que Él dice es correcto y que todo ello es la verdad, pero cuando haces cosas que vulneran los principios y Él te poda y te deja en evidencia, en tu corazón piensas: “Las palabras de Dios no son la verdad en este asunto porque yo no lo veo así. Mi excusa y mi razón para esto son muy buenas, así que puedo elegir no aceptarlo. Puedo rechazarlo y oponerme a Él con una actitud de ignorarlo, evitar el tema y no aceptarlo, así como tratar al Dios encarnado con la misma actitud que uso al razonar con una persona”. Si tratas al Dios encarnado con tal actitud, ¿cuál es la esencia del problema? ¿Es tu actitud hacia el Dios encarnado rebelde o es apropiada? (Es rebelde, no es apropiada). Si piensas que el Dios encarnado puede engañar, mentir, fardar, soltar ideas grandilocuentes y gritar consignas, entonces, cuando Él te pode y te deje en evidencia, pensarás que tienes una razón para no aceptarlo y para rechazarlo: “Simplemente no lo aceptaré y me opondré a Él. ¿Acaso no es más que una persona corriente? ¿Por qué debería aceptar lo que dice? Aceptaré lo que dice si es correcto y no aceptaré lo que creo que es incorrecto; lo aceptaré si estoy contento y no lo aceptaré si no estoy contento; lo aceptaré si lo que dice concuerda con mis intereses, mis gustos y mi estado de ánimo; no lo aceptaré si no concuerda con mis intereses y mi estado de ánimo. ¿Acaso no es esto perfectamente natural y justificado? Es muy apropiado, es mi derecho y no siento el más mínimo reproche en el corazón”. Si esta es tu actitud hacia Dios, entonces, ¿tu relación con Dios es realmente la relación entre un ser creado y el Creador? ¿Es la relación entre el hombre y Dios? (No). A juzgar por tu actitud o tus manifestaciones, la relación entre el Dios encarnado y tú es meramente la relación entre una persona corriente y un humano corrupto corriente; se queda meramente al nivel de una relación entre personas. ¿Acaso no hay aquí un problema? (Sí). Por tanto, primero debes estar seguro de que, dado que el Dios encarnado requiere que la especie humana sea gente honesta, Él mismo es honesto primero. Su humanidad posee la esencia de la honestidad; esto queda fuera de toda duda. Deberías reconocer este punto y también aceptarlo desde tu corazón. No solo debes reconocerlo en tu corazón, sino que también debes tener esa actitud de aceptación en la vida real. La especie humana corrupta puede mentir y recurrir a falsedades en cualquier circunstancia y cualquiera puede aparentar, fanfarronear y fardar. La especie humana corrupta puede hacer esto porque el carácter corrupto de Satanás se ha convertido en la vida y la naturaleza del hombre, por eso tiene estas revelaciones naturales. Sin embargo, el Dios encarnado tiene el aspecto de la honestidad en Su humanidad. Precisamente porque Su vida es divina, el elemento de la honestidad es más si cabe un aspecto de Su esencia. Esto queda fuera de toda duda y las personas no deberían ser escépticas.
En una ocasión, estaba charlando con una persona y esta me dijo que sufría del estómago, que le habían dado mucha medicina en el hospital y llevaba varios años tomándola. Más tarde, su problema de estómago mejoró un poco. Le pregunté: “¿Qué tipo de problema de estómago tienes? ¿Es un enfriamiento estomacal, una úlcera o exceso de acidez?”. Al oírme pedirle detalles, no me daba una respuesta clara, sino que no paraba de decir: “Sufro del estómago y he tomado mucha medicina”. ¿Por qué le pregunté esto? Era solo una charla normal, con el fin de averiguar qué clase de problema de estómago tenía. A Mí también me duele el estómago a veces, así que, si tenía un problema de este tipo, tal vez pudiera ofrecerme algo de ayuda. Charlar no es como compartir la verdad o hacer trabajo de manera formal, donde hay objetivos claros, procedimientos rigurosos y una actitud seria. Charlar es más informal, no implica ningún propósito ni intriga en concreto. Sin embargo, cuando le pregunté qué clase de problema de estómago tenía exactamente, no Me daba una respuesta clara. ¿Estaba mintiendo? ¿Estaba diciendo la verdad? (No). Entonces, ¿por qué no decía la verdad? Porque quería ocultar el asunto y su motivo para hacerlo era que le preocupaba cómo la trataría Yo después de saber de su enfermedad. Ya fuera que le preocupara que la mirase con desdén, o que la destituyera o modificara su deber asignado, lo cual afectaría a su salvación, el caso es que estaba preocupada, así que quería ocultarlo. Decidme, ¿había alguna necesidad de ello? ¿Acaso no fue muy necio por su parte hacer esto? (Sí). Entonces, ¿qué clase de carácter revelan tales personas? (Un carácter malvado). ¿Dónde reside la maldad? (Especulan sobre Dios, imaginan cosas constantemente en su corazón, tratan esas imaginaciones como si fueran hechos, especulan sobre las intenciones tras las palabras de Dios y se guardan de Él en todos los aspectos del mismo modo que se guardan de las personas). Si el objetivo de tu especulación y tu cautela fuera un miembro de la especie humana corrupta, sería un poco necesario, porque la sociedad actual es demasiado complicada, las personas son complicadas y los corazones humanos son siniestros. No sabes quién podría actuar con malevolencia a tus espaldas después de averiguar tu situación real, así que no quieres que los de fuera sepan demasiado sobre tu situación real; esto es comprensible. Tienes que ser cauteloso y precavido en todos los aspectos al interactuar con las personas y no puedes contar a los de fuera nada sobre tu situación real. Esta es una táctica filosófica o un principio para los asuntos mundanos al interactuar con la gente. Sin embargo, ¿dónde aplicó esa persona este principio y esta táctica? Lo aplicó al interactuar conmigo. Yo nunca había interactuado con ella antes, pero solo con aquella charla, la calé por completo: dice demasiadas mentiras. Decidme, ¿soy Yo alguien que te tendería una trampa o te haría daño? ¿Soy Yo alguien de quien tengas que protegerte? (No). Si incluso Yo soy alguien de quien te proteges, ¿qué sentido o valor tiene entonces tu fe en Dios? No atreverse a decir la verdad ni siquiera sobre un asunto tan menor, carecer incluso del valor para decir la verdad: ¿cómo llamarías a esa clase de persona? ¿Acaso no es muy falsa una persona así? (Sí). ¿Acaso no es totalmente innecesario aplicarme a Mí métodos para los asuntos mundanos y principios para tratar a los no creyentes? ¿De veras quiero averiguar cosas sobre ti? ¿Acaso no es esto solo charlar? Incluso si quisiera averiguar cosas sobre ti, no te tendería una trampa ni te haría daño, ni tampoco lo convertiría en un problema a tus espaldas. Así pues, en cuanto a cada uno de vosotros, a veces charlo con vosotros, pregunto cómo es la vida donde estáis, cómo es el clima, si el entorno para hacer vuestro deber es adecuado ahora, si habéis tenido alguna dificultad al hacer recientemente vuestro deber. O, a algunos que acaban de llegar de la China continental, les pregunto cómo es el entorno allí y cómo le va a la mayoría de la gente al hacer su deber. Esto es solo una charla normal. Por un lado, surge de las necesidades de la humanidad normal; por otro, ya que creéis en Dios, todas las cosas sobre las que charlamos son asuntos relativos a la fe en Dios; no charlamos sobre temas del mundo no creyente como estrellas, famosos, tendencias sociales o política. Si tenéis que estar en guardia incluso durante una charla normal, no charlaré más con vosotros. Hay quienes siempre piensan: “¿Tienes un propósito específico al charlar con nosotros? Siempre que interactúas con nosotros nos haces algunas preguntas; ¿quieres averiguar algo? Desde luego no puedo contarte la situación real”. Si piensas así, deberías decir de antemano: “No charles con nosotros. Temo que te enteres de alguna información. No quiero contártelo, ¡así que no preguntes más!”. En cuanto oiga que no estás dispuesto a charlar, lo dejaré estar. ¿Crees que tengo que charlar contigo? La mayoría de las personas no tiene humanidad normal; no estoy dispuesto a charlar con tales personas.
Acabamos de hablar sobre cómo no engaña el Dios encarnado. Esta afirmación no permanece al nivel de una teoría ni tampoco es un dicho mecánico. En primer lugar, no engañar es un aspecto del vivir y la revelación de la esencia que posee el Dios encarnado, el cual tiene la identidad de Dios. No es una teoría, mucho menos una consigna, sino un vivir verdadero, un vivir práctico. Ya sea en la vida diaria o al compartir sobre la verdad y hablar del trabajo, las palabras que digo no contienen absolutamente ningún engaño, absolutamente ninguna mentira; mucho menos me invento cosas. Por ejemplo, cuando estoy compartiendo un tema y no logro recordar una palabra, os preguntaré si recordáis esa palabra. A veces podéis recordarla, otras veces no, así que usaré otra palabra para expresarlo o diré que Yo tampoco consigo recordarla. Por un lado, tengo una actitud honesta y no me invento cosas: si lo he olvidado, digo que lo he olvidado y, si no logro recordarlo, digo que no logro recordarlo. Por otro lado, a veces no encuentro la palabra correcta o pierdo el hilo de Mi pensamiento; en ese caso, no fingiré toser ni diré: “Está sonando el timbre, voy a abrir la puerta”, o: “Está sonando el teléfono, voy a contestar”. No voy a recurrir a falsedades. Como soy al interactuar con vosotros y compartir sobre el trabajo cara a cara es como soy en Mi vida diaria fuera de vuestra vista. Soy simplemente esta clase de persona; soy igual delante de vosotros que a vuestras espaldas. Si me gusta comer algo, digo que me gusta comerlo; no miento. Por ejemplo, digo: “Me gusta comer tofu mezclado con cebolleta y patatas en juliana con vinagre”. Algunos dicen: “No me lo creo. ¿Acaso podría faltarte algo ahora? ¡Probablemente comes cerdo estofado y empanadillas todos los días!”. Yo digo: “Aunque el cerdo estofado está delicioso, lo cierto es que no me gusta comer cosas demasiado grasientas. Para desayunar, solo tomo un cuenco de gachas y algo de guarnición; es así de sencillo”. Todo esto es real; ni una sola frase es mentira. Las palabras que os digo, los ejemplos que doy o estas cosas de la vida real que menciono —ya las contempléis como bastante humanas, corrientes y normales o como un poco toscas—, en cualquier caso, todo lo que digo es la pura verdad, todo basado en hechos. No es para mostraros: “Fijaos en lo corriente que soy, cuánto me integro en la vida humana, lo sencillo y sin adornos que soy”. De veras, no tengo estos pensamientos. A veces, para compartir sobre un aspecto de la verdad, menciono algunas cosas menores de la vida y hay quienes piensan que esto es la humildad y la ocultación de Dios. En realidad, eso no es para nada lo que quiero decir. Cuando menciono esas cosas, simplemente me atengo a los hechos; no digo nada elevado ni grandioso. El propósito es permitir que las personas comprendan mejor la verdad y no tengo otras intenciones. En Mi habla y Mis acciones, nunca jamás haré cosas como hacer pasar lo blanco por negro, servirme de alguien para dar ejemplo e intimidar a los demás ni castigar con severidad a nadie para que valga como advertencia. Antes, cuando íbamos a los lugares donde vivían hermanos y hermanas, estos se afanaban en preparar empanadillas, saltear carne y cocinar platos. En realidad, no hay necesidad de acogernos así. Digo que no suelo ser tan quisquilloso con Mis comidas; Mis comidas son particularmente sencillas y no me interesa la ostentación. Hay quienes nunca creen lo que digo; siempre creen que estoy mintiendo. Diga lo que diga, no se lo creen. Las personas así son un fastidio; son totalmente irrazonables. No es que Yo no sea de fiar, ni que las palabras que digo contengan falsedades, sino que tú eres muy malvado. Diga lo que diga, eres incapaz de tomarlo de la manera correcta; la actitud que tienes hacia cualquier cosa que diga es de duda; piensas en ello de manera distorsionada, lo consideras todo un engaño e incluso te pones en guardia. Nunca crees que todas las palabras que digo sean la pura verdad. ¿Qué tipo de problema es este? Puedes creer las palabras de los diablos y los satanases, ¿por qué entonces no puedes creer Mis palabras? Entonces, ¿aún puedes obtener la verdad creyendo en Dios de esta manera? La verdad ciertamente no son palabras huecas, sino la realidad-vida que viven las personas. Todas las palabras que os digo son palabras prácticas. Si no las creéis, ¿cómo podéis entonces creer en Dios? Las palabras de Dios son todas honestas y verdaderas; Él nunca miente ni recurre a falsedades, ni aparenta ni se hace pasar por lo que no es. Si podéis apreciar estas formas de conducta, tendréis un entendimiento de Dios y solo así podréis, por medio de Dios encarnado, apreciar poco a poco y llegar a conocer que Dios es práctico en Sus acciones y Su habla, así como comprender de verdad las palabras que dice y las verdades que comparte. Hemos terminado de hablar sobre el aspecto de no engañar.
Sigamos compartiendo el aspecto de no rivalizar. ¿Qué significa no rivalizar? Significa no discutir, no rivalizar por estatus, no ser competitivo y no discutir contigo sobre tal o cual afirmación. Si reconoces lo que te digo, lo aceptas; si no lo reconoces, no voy a forzarte a ello. Si tu comprensión está distorsionada, te dejaré en evidencia y te corregiré. Si puedes comprenderlo de forma pura, mejor; si no puedes comprenderlo de forma pura, no te haré aceptarlo por la fuerza. Simplemente, puedes dejar que las cosas sigan su curso natural y llegar a conocerlo poco a poco. Asimismo, ya sea en interacciones o conversaciones entre personas, al hablar, las personas siempre rivalizan por reputación, rivalizan por superioridad, rivalizan por presumir y rivalizan por la alta consideración de otros. Las personas también suelen actuar así al entrar en contacto con el Dios encarnado. No deberíais tratar al Dios encarnado con los puntos de vista con los que tratáis a la especie humana ni contemplar al Dios encarnado como si fuera igual que la especie humana corrupta. Fíjate, cuando hablo con vosotros, intento que sea una conversación para permitiros a todos hablar libremente sobre lo que hay en vuestro corazón y charlar sobre lo que sabéis y entendéis. Puede ser que lo que digas no concuerde con los hechos o no sea muy objetivo, pero aun así te doy la oportunidad de hablar. Nuestra charla habitual no es una reunión formal; todos tienen derecho a hablar. No os haré a todos escucharme solo a Mí; más bien, intento dejar que hable todo el mundo. A veces, por medio de la charla informal, se descubren algunos problemas en el trabajo, así que seguimos adelante y los resolvemos. Si no hay problemas, todos pueden abrir su corazón y charlar, sentirse a gusto y tratarlo simplemente como entretenimiento. Sea cual sea la ocasión en la que esté o el grupo de personas en el que me encuentre, no diré: “A nadie se le permite hablar más alto que Yo. Debo ser superior a todos vosotros. Sobre todo, cuando se discute un asunto, debo hablar más que nadie y Mis percepciones deben ser las más profundas. Nadie más puede superarme. Si tú me superas, entonces rivalizaré contigo por la superioridad”. No haré tal cosa. Aunque deba hablar, sea cual sea la ocasión, sigue sin interesarme demasiado hablar mucho; me gusta dejar que todos hablen. A veces les pregunto a todos: “¿Habéis estado aprendiendo algún baile últimamente? ¿Qué bailes habéis aprendido?”. Si alguien dice algo incorrecto o lo que dice no es objetivo ni preciso, no hay necesidad de discutir. Hay quien dice: “¿Y si alguien te ofende?”. ¿Qué significa ofenderme? En realidad, no me he encontrado con nadie que me juzgue públicamente, me maldiga o me contradiga. Si de veras existiera una persona así, tendría que preguntarle: “¿Por qué haces esto? ¿Concuerda lo que dices con los hechos?”. Si lo que dijo era correcto, me disculparía con esa persona. Si estaba equivocada, tendría que compartir la verdad con ella, a fin de que pudiera reconocer su propio problema; con eso bastaría. No rivalizaría con ella por la superioridad, insistiendo en que cediera ante Mí y reconociera que soy el jefe. Por tanto, cuando todos están charlando juntos, a veces la voz de algunas personas suena cada vez más alta y la discusión se acalora mucho; simplemente los escucho hablar con paciencia. La especie humana corrupta es distinta. Fíjate, cuando algunas personas hablan entre sí, acaban discutiendo. En el fondo, se menosprecian mutuamente y discuten sin parar, insisten en rivalizar sobre quién tiene razón y quién está equivocado, piden que todos juzguen y no permiten que nadie las ofenda. A veces, cuando algunas personas conversan conmigo, interrumpen, se adelantan o hacen algunos comentarios de principiante e incluso me ofenden. Siento que no es gran cosa; no lo hacen a propósito. Todas las personas tienen actitudes corruptas, así que es muy normal tener esta clase de conducta. Incluso hay personas que, al ocuparse conmigo de los asuntos, toman decisiones directamente sin esperar a que Yo hable. Pienso para Mí: “Tomaste la decisión directamente sin discutir este asunto con todos, pero tu manera de lidiar con ello es razonable, así que está bien”. Entonces no digo nada. No discuto contigo; soy capaz de hacer esto y de veras lo hago. Si los líderes y obreros me preguntan por los diversos puntos del trabajo profesional en la iglesia, comparto y doy indicaciones según lo que se me ocurra en ese momento; luego, los líderes y obreros van a la iglesia a trasmitirlo y ponerlo en marcha. Después, cuando voy a la iglesia y veo a algunas personas, simplemente escucho al margen cuando comparten el trabajo. En realidad, conozco todas estas cosas, pero algunas personas piensan que no. Piensan: “Esto es asunto de nosotros los humanos; no tiene nada que ver contigo. Eres un espectador, así que deberías simplemente escucharnos hablar”. En esa situación, no digo mucho; no discuto con las personas. Sin embargo, la especie humana corrupta es incapaz de hacer esto. Cualquiera con un poco de estatus o que tiene alguna responsabilidad quiere tener la última palabra entre las personas, proteger su estatus y proteger su puesto de funcionario. Si alguien no lo toma en serio, se siente particularmente molesto, con la sensación de que su dignidad, orgullo y carácter se han visto gravemente heridos. No siento nada respecto a este tipo de cosas; en Mi corazón y mente, no me interesan cosas como el estatus, la reputación y el prestigio entre las personas. Si, vaya donde vaya, siempre hay gente que me sigue, me rodea y se agolpa a Mi alrededor como si fuera el centro de atención, o si la gente siempre se dirige a Mí con títulos honoríficos, es muy cortés conmigo, me adula y me trata como a alguien extraordinario o a un anciano con estatus, me siento realmente incómodo. Si te pones a la misma altura que Yo y charlamos con calma, me siento bastante a gusto; si actúas de manera servil y especialmente artificial delante de Mí, desde luego, me siento bastante incómodo. Sin embargo, casi el cien por cien de la especie humana corrupta no puede superar el obstáculo del estatus, la reputación y el orgullo; todos buscan y disfrutan estas cosas.
Estaba charlando con una persona y esta sacó algo a colación y, para seguir con su tema, yo también saqué otro asunto. En su interior pensaba que quería rivalizar con ella por la superioridad, así que inmediatamente sacó dos temas más para ver si Yo podía sacar otros dos. He dicho que charlar no es tan serio y riguroso como hacer trabajo; es solo informal. Mientras todo el mundo esté contento, está bien; no implica tantas complicaciones. Soy una persona sencilla. Con independencia de qué hable alguien, Yo intervengo sin más y charlo un poco según eso, pero acabó causando problemas. ¿Qué quería decir con eso? Con independencia del tema del que charlara, Yo ya no podía hablar de ello. Si seguía hablando, ella no parecería superior y se quejaría por dentro: “¿Por qué no te enteras de nada? ¿Por qué no entiendes lo que quiero decir? ¿Quién te crees que eres? ¡Incluso quieres interactuar conmigo en calidad de iguales!”. Al ver que no le gustaba charlar así, capté la idea. Interactúo con las personas según las formas de la humanidad normal. Si no funciona, cederé de manera racional; no voy a discutir con la gente. Es imposible llevarse bien con los no creyentes y algunas personas en la iglesia también son irrazonables. Cuando compartes con ellas, su orgullo les impide decir algo directamente, pero tienen actitudes corruptas en su interior y seguirán rivalizando contigo. Son incapaces de abstenerse de rivalizar. ¿Por qué? Esa es su vida. En cuanto a los asuntos que no implican principios-verdad, no hay necesidad de empezar una discusión. Por ejemplo, los orientales dicen que beber té es saludable, mientras que los occidentales dicen que beber café es saludable. ¿Cuál es saludable en realidad? No hay necesidad de discutir sobre tales cosas. Este asunto no atañe a los principios-verdad; simplemente elige según tus propias preferencias, condiciones de vida y hábitos de estilo de vida. Si te puedes permitir beber té, entonces bebe té; si no, bebe agua corriente. Bebas lo que bebas, esto no afecta en absoluto a cómo te comportas. A veces, nuestros pensamientos y puntos de vista son distintos y, sin embargo, no me pongo quisquilloso contigo; sigo ateniéndome a Mis principios. No discutiré contigo sobre cosas que no impliquen principios. Nunca jamás discutiré contigo hasta perder los estribos por una afirmación que en ningún caso implique principios, o una doctrina o teoría, solo para hacerme parecer alguien que se atiene con firmeza a los principios. ¡Nunca jamás haré eso! A veces, cuando algunas personas me hacen preguntas, comparto los principios con ellas y, en circunstancias especiales, les digo directamente qué han de hacer. Después, proponen otra manera de hacerlo y me preguntan si funciona. Cuando oigo que el efecto de la manera que han propuesto es más o menos el mismo que el de la Mía, digo: “Si te viene bien hacerlo y las condiciones locales son las apropiadas, puedes hacerlo conforme a tu propia idea; no tienes que hacerlo como dije Yo”. Nunca jamás diré: “Mi palabra es ley; lo que Yo digo se tiene que cumplir y vosotros debéis escucharme”. Si no escuchas, eso también está bien. Si lo que dices es razonable, no es muy diferente del enfoque que Yo sugerí, tiene el mismo objetivo y más o menos el mismo efecto, entonces puedes elegir no escuchar Mi sugerencia. Nunca jamás te forzaré.
Hace algunos años, algunas personas realizaron una danza para un programa. Al ver que había algunos problemas con algunos de sus movimientos, se lo señalé. Algunas de ellas se disgustaron al oírlo y no estaban dispuestas a aceptarlo. No discutí con ellas; simplemente les pedí que la vieran con atención varias veces para comprobar si había problemas con esos movimientos. Dije: “Si todavía no podéis percibir los problemas que he mencionado, entonces voy a daros otra alternativa. Probad esta alternativa y comparadla con la anterior para ver cuál es mejor”. Resultó que intentaron hacerlo según la alternativa que les sugerí y sintieron que, de hecho, Mi alternativa era mejor; solo entonces admitieron que había algunos problemas con los pasos de danza anteriores. En su momento no fueron capaces de darse cuenta. Simplemente podría ser que los espectadores ven con más claridad que los implicados. Ya dominaban esos movimientos porque los realizaban constantemente, así que al oírme decir de repente que algunos movimientos no estaban bien, tal vez se sintieron heridas en su orgullo y fueron momentáneamente incapaces de aceptarlo. Digo que es normal que los jóvenes sean así. ¿Qué propósito tengo al deciros esto? Solo quiero deciros que, en circunstancias normales, nunca jamás discutiré con vosotros por asuntos que no implican principios. Si implica un asunto de principio, me limitaré a señalaros una solución. No usaré el estatus por la fuerza para reprimiros y hacer que me escuchéis. En la mayoría de los casos, voy aclarando las cosas poco a poco, las hablo con detenimiento y las resuelvo. Si todos estos métodos no funcionan, tal vez haya que podar a algunas personas. Por supuesto, se poda a algunas personas, no porque me hayan ofendido, sino porque vulneraron los decretos administrativos, vulneraron principios y causaron perturbaciones al trabajo de la iglesia. Por tanto, cuando cualquiera comete un error o se rebela y se le disciplina o castiga, no es porque haya ofendido la identidad o el estatus de Dios ni porque haya ofendido a Dios, sino porque vulneró principios y vulneró decretos administrativos. Fijaos en el mundo entero: ¿alguna vez se ha castigado o se han tomado represalias contra alguien por ofender a Dios? No. Hay demasiadas personas en este mundo que no creen en Dios, que maldicen a Dios, que dicen palabras absurdas y presuntuosas. Cuando al final se las castiga, ¿a cuál se castiga por ofender a Dios? A ninguna; todo se debe a que han cometido numerosas maldades y se las debería castigar según estas acciones malvadas. Al encontrarme con asuntos que pueden causar discusiones, intento hablarlos contigo para que entiendas cuáles son los principios para lidiar con el asunto. Por supuesto, si tienes un plan mejor, también puedes ceñirte a él. No rivalizaré contigo por superioridad, ni tampoco diré: “Como lo he dicho Yo, debe ponerse en marcha según Mi plan. Aunque tu plan sea bueno, no se puede poner en marcha. ¡Yo debo tener la última palabra en este asunto!”. Esto no lo haré. Intentaré obtener vuestra opinión y hacer entrar en juego las fortalezas de todos. Si ninguno de vosotros cuenta con opiniones o ideas, entonces Yo tendré la última palabra; esto no hace falta ni decirlo. Pero nunca jamás rivalizaré con ninguno de vosotros por orgullo, por estatus o por quién tiene la última palabra. A lo largo de estos años de tratar y relacionarme con vosotros, es posible que también hayáis apreciado esto: muchas veces os he dicho cosas y, al terminar de hablar, teníais vuestras propias ideas y no practicasteis ni pusisteis en marcha lo que Yo dije. Entonces, intentaba encontrar una manera de explicarlo con más claridad. Si podéis aceptarlo, eso es todavía mejor. Si no lo aceptáis y eso afecta al trabajo de la iglesia, entonces la iglesia tiene decretos administrativos: si se te debe destituir, se te destituirá; si hay que podarte, se te podará; la iglesia te tratará como corresponda. En cuanto al asunto en sí, nunca jamás discutiré contigo sobre nada para recuperar Mi orgullo ni para proteger Mi estatus y prestigio. Solo me centro en explicar con claridad toda la historia del asunto y los principios que las personas deberían entender. Explico las cosas de manera paciente una y otra vez para que puedas entender mejor la verdad y entrar en la realidad-verdad. El propósito de compartir este contenido es permitiros entender mejor al Dios encarnado. Además de tener un entendimiento del vivir normal y práctico de Dios encarnado en su aspecto exterior, también podéis tener un entendimiento más profundo de la esencia, el carácter, los pensamientos y los puntos de vista del Dios encarnado. Acabamos de compartir el tema de no rivalizar. Cuando atañe al estatus y el orgullo, el principio que sigue el Dios encarnado es el de no discutir con las personas y no rivalizar con ellas por estatus, orgullo o reputación. La propensión a rivalizar con otros por estas cosas es precisamente una manifestación destacada de la especie humana corrupta que revela actitudes corruptas. Por tanto, el no rivalizar es también un aspecto en el que la esencia de la humanidad del Dios encarnado difiere de la de la especie humana; además, es un contenido que las personas deberían entender.
Ahora que hemos terminado de compartir el aspecto de no rivalizar, hablemos sobre el aspecto de no pelear. No pelear es en cierto modo similar a no rivalizar, pero también existen algunas diferencias. Aparte de tener esas manifestaciones de no rivalizar, el Dios encarnado también tiene un vivir práctico y algunas revelaciones en el aspecto de no pelear. Mediante este vivir y estas revelaciones, la gente también puede entender mejor un aspecto de la esencia-humanidad del Dios encarnado. ¿A qué atañe en general este aspecto de no pelear? Sigue implicando interactuar y relacionarse con las personas. El principio del Dios encarnado para interactuar y relacionarse con las personas es tratarlas con equidad, hacer las cosas de acuerdo con los principios y no participar en juegos mentales ni usar artimañas con las personas en Su corazón o en secreto. Al interactuar con las personas y discutir ciertos temas, nunca jamás reflexionará en Su corazón: “¿Qué quieres decir con eso? ¿Me estás atacando deliberadamente? ¿Existe un significado oculto en tus palabras? ¿Está pasando algo más en secreto? Tengo que pensar sobre cómo hablarte, cómo mostrarte de lo que soy capaz o cómo pelear contigo”. Cuando interactúo y hablo con vosotros, no tengo estos pensamientos. Incluso si la otra parte quiere pelear deliberadamente, nunca jamás pelearé con ella. Incluso si la otra parte es un no creyente que quiere averiguar la situación real o aferrarse a algo para usarlo en Mi contra, sigo haciendo las cosas de acuerdo con los principios. No peleo con ella; hago lo que debo hacer y digo lo que debo decir. Actúo y hablo de acuerdo con Mis principios y con los límites de Mi conducta propia. En resumen, sea quien sea, no peleo con tal persona. Por ejemplo, le pregunto a alguien: “¿Qué resultados se están dando este mes en la predicación del evangelio?”. Piensa para sus adentros: “¿Por qué me pregunta de repente sobre la situación de la predicación del evangelio de este mes? ¿Qué significa esto? ¿Acaso ha informado alguien de algún problema mío a mis espaldas? ¿Es un intento por averiguar la verdad sobre mi situación y destituirme?”. ¿Por qué pensaría de esta manera? ¿Tengo segundas intenciones al preguntar esto? ¿Hay un significado oculto? (No). Quiere pelear, así que siente que Mis palabras tienen un significado oculto; o, dado que ha hecho cosas malas a espaldas de los demás y no tiene la conciencia tranquila, le parece que debo de tener segundas intenciones cuando hablo. En realidad, cuando pregunto cómo va este mes la predicación del evangelio, la frase significa exactamente lo que dice literalmente; no tiene otro significado. No tengo intención de pelear, ni tampoco estoy intentando hacerte quedar en evidencia, hacerte admitir que los resultados de este mes no son buenos ni hacerte confesar cómo ha ido últimamente la predicación del evangelio, a fin de poder usar esto como excusa para aferrarme a algún pretexto y así podarte y destituirte. Más bien, intento averiguar de manera práctica la situación del trabajo de la iglesia y ayudarte a resolver los problemas que existen al hacer tu deber. Sin embargo, si siempre quieres interpretar Mis palabras y siempre quieres pelear conmigo, entonces no te lo preguntaré. Puedo preguntarles a otros. Acudiré a quienquiera que pueda contarme la situación real, a quien pueda conversar con normalidad, hablar como un ser humano normal y decir la verdad. Lo conviertes todo en un problema y das demasiadas dificultades. Eres demasiado suspicaz y tu mente es demasiado complicada, así que no voy a conversar contigo. Este es Mi principio para interactuar y hablar con la gente. ¿Diríais que es sencillo? (Sí, es sencillo). Por ejemplo, alguien presumió ante Mí de haber estado en un crucero de lujo. Dije: “En realidad, Yo no he estado en un crucero de lujo. Sois personas ricas; habéis visto mundo”. No son unas palabras dichas con enfado ni tampoco por impetuosidad. No he estado en un crucero, así que digo la verdad sin rodeos; no aparento. Al encontrarme con una persona así, me hago a un lado y para nada peleo con ella. Algunos chinos siempre me hablan en inglés y usan algunas palabras que nunca he oído. Al notar que no las he oído antes, presumen todavía con más vigor: “Diré en concreto cosas que Tú no sabes. Me aseguraré de que no puedas entenderme, te haré sentir envidia y celos y te enfadaré”. ¿No es esto pelear? (Sí). Digo: “No he oído antes las palabras que has usado. Tu inglés es bastante bueno”. A algunas personas les encanta presumir y menospreciar a los demás, siempre se comportan con superioridad; piensan que son algo especial y sienten que son competentes y superiores a los demás. Al toparme con tales personas, también puedo tratarlas correctamente. Si te encanta presumir, entonces te dejaré presumir en la mayor medida posible. No te interrumpiré y mucho menos pelearé contigo.
Puedes ver por todas partes a personas a las que les gusta pelear; dondequiera que haya grupos de personas, habrá a quienes les guste pelear. A menudo rivalizan y pelean con otros; pelean por una sola palabra, un solo objeto o un solo asunto. He visto a demasiadas personas así. Sin embargo, Yo no peleo con la gente. ¿Por qué no? Sencillamente, porque pelear nunca Me ha salido de manera natural. En la iglesia, también hay muchas personas que siempre participan en juegos mentales al interactuar y hablar conmigo. Siempre especulan: “¿A qué te refieres? ¿Has descubierto algún mal comportamiento mío a mis espaldas? ¿Vas a destituirme?”. “¿Por qué lo dices? ¿Estás lanzando una indirecta? ¿Hay algún significado oculto en lo que dices? ¿Pretendes que haga algo?”. Por ejemplo, alguien llevaba una camiseta y dije: “Es muy bonito el color de tu camiseta. ¿Es fresca? ¿Es de algodón?”. ¿Acaso no es muy normal y corriente decir esto? (Sí). Esa persona entonces pensó para sus adentros: “¿Lo preguntas porque tú también quieres una? ¿No es así como suelen pedir cosas los funcionarios a la gente corriente? No lo piden abiertamente, sino que hablan de manera indirecta y dejan que la gente capte la indirecta y lleve voluntariamente los artículos a su puerta. De esa manera, si después sale el tema, pueden decir que nunca lo pidieron y que no fue extorsión. ¿A esto se refería Dios? Si eso es lo que quería decir, entonces debo comprar enseguida unas cuantas camisetas y enviárselas”. Después de pensar esto, compró unas cuantas camisetas y me las envió. Pensó que, como dije que la camiseta era bonita, quería una. En realidad, no quería una para nada; solo estaba charlando. Si de verdad hubiera querido una, lo habría dicho directamente; de ningún modo haría nunca que la gente leyera entre líneas. Así que no pude aceptar las camisetas e hice que se las llevaran de vuelta de inmediato. No me hace falta ropa. Tengo Mis propias preferencias para lo que me pongo y nadie puede adivinarlas. ¿Está claro? (Sí). Cuando hablo con la gente, incluso en una conversación informal, hablo de manera muy específica y seria. A menudo, algunas personas de mente complicada interpretarán lo que digo de manera distorsionada y especularán sobre si hay algún significado oculto en Mis palabras, con lo que se vuelven beligerantes. Permitidme que os aclare algo: no tengo absolutamente ninguna intención de pelear con nadie. Cuando hablo, transmito exactamente el significado literal de Mis palabras; para nada hay ningún significado oculto en lo que digo. Así que cuando charlas conmigo, lo que me oigas decir es exactamente lo que significa. No lo interpretes en exceso, no le des demasiadas vueltas y no participes en juegos mentales, mucho menos uses ninguna artimaña para ponerme a prueba o especular sobre Mí. Las palabras que digo son las más sencillas y claras; cualquiera con un poco de pensamiento normal puede entender lo que digo. Si no peleas, nos resultará fácil llevarnos bien y tratar los asuntos. Cuando te instruyo para que hagas algo, no complico las cosas; simplemente has de hacer exactamente lo que digo. En cambio, si peleas, eso retrasará las cosas y tendré una sensación de aversión hacia ti. Diré: “Te gusta pelear, tienes una mente demasiado complicada y no eres directo. No me gusta interactuar ni conversar con personas como tú. Preferiría jugar con Mi perro que charlar o interactuar contigo. Peleas con este y con aquel todo el día; eso no es algo que me guste hacer. Por naturaleza, llamo a las cosas como son cuando digo y hago cosas; no peleo con las personas”. No debes pelear en absoluto. Si siempre estás peleando, perderás tu integridad y no tendrás ningún peso en Mi corazón. Cuando te pregunten sobre algo, di simplemente la verdad. Di lo que se te ocurra en el momento y todo lo que puedas recordar. No reflexiones siempre sobre por qué quiero averiguar algo, cuáles serían los inconvenientes si dijeras la verdad sobre ello o si afectaría a tu estatus o a cómo te ve lo Alto. Si siempre reflexionas sobre estas cosas, te verás en problemas. Habla con honestidad, te digo, no participes en juegos mentales ni urdas artimañas. Incluso si has hecho algo mal, deberías decir la verdad y no ocultarlo. Incluso si no estás capacitado para tu deber, la casa de Dios solo te destituirá de acuerdo con los principios y no albergará odio hacia ti. Sin embargo, si siempre ocultas la situación real y siempre participas en juegos mentales al hablar conmigo, entonces incluso si no te destituyen, sentiré repulsión hacia ti en mi interior. Sentiré asco cada vez que piense en ti y no me alegrará nada tener que usarte. Entonces, ¿qué senda elegís? (Hablaremos con sinceridad). Correcto. Nunca participéis en juegos mentales. Sea cuando sea, hablar con palabras honestas, hacer cosas honestas y decir la verdad debería ser el límite de tu conducta propia y también el principio más fundamental al que deberías atenerte al comportarte. No andes siempre participando en juegos mentales. En especial, al hablar u ocuparte de los asuntos conmigo, de ningún modo debes participar en juegos mentales. No des rodeos ni mantengas a la gente en vilo al hablar y no participes en juegos mentales al ocuparte de los asuntos. Si intentas ser listo y piensas para tus adentros: “Me encargaré de este asunto delante de Ti para que veas lo ocupado que estoy, lo riguroso y ajustado que está organizado mi trabajo, pero a Tus espaldas no haré nada”; si reflexionas así, vas a tener problemas. Lidio contigo según las normas y trato los asuntos de acuerdo con los principios. No pelearé contigo; no pelearé contigo usando tus métodos o las artimañas de las que te sirves para pelear. La iglesia tiene decretos administrativos y la casa de Dios tiene principios para tratar a las personas. Tarde o temprano, se te pedirán cuentas y pagarás el precio por estos comportamientos indebidos e incluso por estas acciones malvadas tuyas. ¿Está claro? (Sí).
A veces vamos a visitar algunas iglesias chinas en Estados Unidos. En cuanto llegamos y vemos a los hermanos y hermanas, hay quienes avisan a los demás, gritando: “¡Dios ha llegado! ¡El Hermano ha llegado!”. Habían estado holgazaneando, pero al oír esto, de repente cambia el ambiente. Algunos arrancan las máquinas para cortar el césped y otros limpian y se ponen manos a la obra. Yo digo: “¿Por qué empezaste a limpiar cuando me viste llegar? ¿Lo haces solo para darme una buena impresión? ¿Es razonable que hagas esto?”. Las personas son capaces de participar en juegos mentales con otras personas e intentar engañarlas y hacen lo mismo con Dios; es la naturaleza humana. ¿Qué aspecto de la naturaleza humana revela esto? ¿Acaso los que actúan así no tienen una calidad humana inferior? (Sí). Las personas son demasiado falsas y gravemente ruines. Se han acostumbrado a pelear con la gente e incluso quieren pelear con Dios. Siempre estás en guardia contra Mí y siempre eres reacio en tu corazón; ¿por quién me tomas? En realidad, no tengo ningún deseo de ver qué haces cuando no estoy cerca. Solo comparto la verdad para llevarte a la senda correcta en la vida y hacer que actúes de acuerdo con los principios en todas las cosas. Si puedes recorrer la senda correcta de manera consciente, entonces eres un ser humano. Si no recorres la senda correcta, sino que te dedicas a artimañas mezquinas a Mis espaldas y te peleas conmigo, entonces no eres un ser humano; eres un diablo, un animal. En ese caso, diga lo que diga, es inútil; Dios no salva a las personas como tú. Quieres pelear, pero de ninguna manera voy a pelear contigo; me mantendré lejos de ti. No solo intentaré no ir a los lugares donde vives y trabajas, sino que también deberías intentar no entrar en los lugares donde vivo y trabajo en persona. ¿Por qué? Porque no me gusta pelear contigo. Te gusta tanto pelear que, si siempre estás cerca de Mí, ¿no me resultaría agotador? Hay quien dice: “Si no peleas, ¿por qué estás agotado?”. Si siempre peleas conmigo, tendré que compartir la verdad contigo constantemente. Incluso por un asunto menor, tendré que compartirla contigo durante mucho tiempo. ¿No crees que me sentiría agotado? Si no hablara las cosas contigo en profundidad y no te hiciera entender, siempre tendrías una sensación de resentimiento en tu corazón, siempre serías negativo, tendrías malentendidos y te quejarías, así como tu mente estaría llena de cosas negativas. La esencia-naturaleza del hombre es propia de Satanás y el carácter de Satanás se ha convertido en su vida. La especie humana corrupta es propensa a pelear y es muy difícil para el hombre abstenerse de pelear. Por consiguiente, cuando ya no participéis en juegos mentales al interactuar y hablar conmigo, cuando podáis tratar en serio y entender de forma pura todo lo que digo, así como cuando podamos ser abiertos y honestos el uno con el otro y hablar de cualquier cosa, entonces habrá buena sintonía entre nosotros. Incluso sin hablar, seremos compatibles en espíritu, no habrá barreras ni malentendidos entre nosotros y seremos capaces de comunicarnos por completo en nuestro corazón. Entonces podremos vivir juntos y llevarnos bien. Ahora mismo, Yo no peleo unilateralmente con vosotros, pero vosotros no podéis dejar de pelear. Por tanto, incluso si no os levantáis abiertamente a oponeros a Mis palabras, a rechazarlas, juzgarlas y condenarlas, seguiréis siendo reacios en vuestro corazón y todavía pelearéis conmigo de manera oculta. Esto demuestra que el hombre no puede tener verdadera sumisión sin resolver sus actitudes corruptas. En la mayoría de los asuntos, no solo no podéis alcanzar la unidad conmigo, sino que ni siquiera tenéis la buena sintonía más básica conmigo ni entendimiento sobre Mí; para nada podéis lograr esto. Así pues, sería muy difícil para nosotros vivir juntos de un modo en el que todos estuvieran felices y se sintieran contentos. Si estuviera con vosotros, siempre querría llevaros por la senda correcta, a fin de que pudierais tener una comprensión pura y hacer elecciones correctas en todos los asuntos, para que pudierais recorrer la senda correcta ya sea en la vida, al comportaros o en la senda de creer en Dios, así como para que, hablara o no, tuvierais una confianza más básica en Mí, así como obediencia y sumisión hacia Mí en vuestro corazón. Ahora mismo, sin embargo, las personas ni siquiera pueden lograr esta confianza, obediencia y sumisión más básicas; la mente de las personas es demasiado complicada. Si soy un poco amable contigo, te creerás que nadie puede compararse contigo y que estás por encima de todos y te volverás mandón por tu relación conmigo y usarás Mi nombre para imponerte a los demás. Si te trato con normalidad o con algo de frialdad, sentirás que no tengo amor. Si me muestro un poco estricto contigo o siempre te podo y te sermoneo, te sentirás agraviado y tratado injustamente, pensarás que no tengo amor ni tolerancia hacia ti. Haga lo que haga, tendréis vuestras propias opiniones al respecto, porque vuestros problemas son demasiado graves y vuestra mente es demasiado complicada. Por tanto, incluso si viviera con vosotros, surgirían problemas constantemente a medida que nos comunicamos e interactuamos. Al final, estos problemas conducirían constantemente al conflicto y una vez que el conflicto se intensificara, sería difícil decir si podríais seguir recorriendo esta senda de creer en Dios. ¿Pensabais que teníais gran fe? ¡Vuestra estatura es demasiado pequeña! Incluso ahora que me he encarnado como una persona muy corriente y he hablado con vosotros y he hecho obra en vosotros durante tanto tiempo, interactuar con vosotros presenta grandes dificultades. ¿Cuál es la raíz de estas dificultades? (Somos demasiado falsos y propensos a pelear). Las mentes de las personas no son puras y las personas no son honestas; están llenas de actitudes corruptas. Si, cuando descubro que revelas actitudes corruptas o tienes algunos defectos en tu humanidad, no te los señalo, eso parecería irresponsable por Mi parte. Si te señalara tales cosas y pudieras aceptarlas, por supuesto, eso sería mejor. Sin embargo, si no lo aceptas, ¿debería consentirte o debería podarte y disciplinarte estrictamente? Si te consintiera, no podría estar en paz con Mi conciencia. Si te podara, no podrías aceptarlo y te sentirías agraviado. Si siempre compartiera la verdad contigo y siguieras sin aceptarla en tu corazón, entonces dime, ¿me valdría la pena hacer esto? ¿No me sentiría agotado? (Sí). Si le predicara a cada uno de vosotros a diario, ¿no me convertiría en un robot? ¿Acaso no me convertiría en una herramienta? Ese no es el trabajo que se supone que debo hacer. Le hablo a toda la especie humana; este es Mi ministerio. Mis palabras no van dirigidas a ningún individuo en concreto. Yo le hablo a toda la especie humana; tú eres un miembro de la especie humana, así que estas palabras se aplican a ti. Come y bebe de ellas tú mismo, despacio, compárate despacio con ellas y experimenta y cambia despacio. Pero ¿cuánto tiempo llevará este cambio lento? ¿Cuatro o cinco años o entre diez y veinte años? ¿Hasta qué punto cambiarás? Eso depende de tu resolución personal y tu capacidad de comprensión. Durante este período, cuando interactuamos juntos, mentís y engañáis, rivalizáis y peleáis, así como urdís artimañas. Por tanto, en realidad no nos resulta fácil lograr armonía, sintonía y unidad ni sentirnos felices y contentos en nuestras interacciones. En cualquier caso, ya sean personas con las que tengo contacto de cerca o de lejos, hasta ahora no he sentido sinceridad ni cambio en nadie; tampoco un sentimiento de felicidad o consuelo por parte de nadie. Es más, habiendo vivido tanto tiempo como lo he hecho, ¿cuál es ahora Mi comprensión más profunda? Se puede decir a ciencia cierta que aquello que menos estoy dispuesto a hacer es entablar contacto cercano con la gente e interactuar estrechamente con ella. No engaño, rivalizo ni peleo con nadie, pero las personas siempre quieren rivalizar, pelear y engañar. ¿Qué debería hacer? ¿Debería ceder ante el engaño, la rivalidad y la pelea de las personas, o debería cambiar el engaño, la rivalidad y la pelea de las personas? No puedo ceder ante las personas. De verdad tengo alguna capacidad y algunas sendas para cambiar a las personas, pero este proceso de cambio es demasiado largo y demasiado difícil. Al final, me conformo con la segunda mejor opción: al entrar en contacto con las personas, hago todo lo posible por ayudar a quienes se puede ayudar. En cuanto a los que no aceptan ayuda en ningún caso, intento evitar el contacto y la interacción con ellos y me paso el tiempo esperando.
Aceptar la verdad y someterse a la verdad para desechar las actitudes corruptas y lograr la purificación es un proceso; esto no es algo fácil. En estos años interactuando con las personas, sea cual sea el grupo de personas en el que me encuentre y por mucho que difieran las personas en edad, apariencia, color de piel, personalidad y en el trasfondo de su vida, siempre siento que me resulta muy familiar su esencia-naturaleza, como si ya lo hubiera visto todo antes. Siento que la esencia-carácter de toda clase de personas es la misma y, después de interactuar con ellas, todas resultan ser exactamente tal cual esperaba. En estas circunstancias, ¿en qué estado de ánimo me encuentro? ¿Es un buen estado de ánimo? (No). Nadie sabe por qué estoy de mal humor. ¿Tienen las personas esta consciencia cuando interactúan conmigo? (No). Al vivir en la corrupción, la especie humana depende de medios de supervivencia como el engaño, la rivalidad y la pelea para vivir. Así está completamente en su elemento, vive despreocupada y a gusto. Vive en el pecado y disfruta de los placeres del pecado sin preocupaciones y no siente que sea algo doloroso. Precisamente porque todas las personas tienen una naturaleza pecaminosa, el pecado es su vida y la esencia de la vida de las personas es el pecado, no sienten que vivir en el pecado sea doloroso. Es como un cerdo; un cerdo es algo sucio, algo inmundo. Come y duerme en ciénagas de barro y vertederos de basura sin sentirse sucio o inmundo. También están los gusanos; viven en montones de estiércol y zanjas fétidas sin sentir jamás la menor inmundicia; incluso se sienten bastante cómodos y a gusto. Las personas viven dentro de sus actitudes corruptas y en medio de la rivalidad y la pelea; tampoco lo encuentran doloroso o difícil. Algunas personas incluso sienten que, si pasaran un solo día sin rivalizar, pelear o urdir artimañas, su vida sería demasiado aburrida y poco interesante, así que tienen que encontrar algo por lo que pelear o alguien con quien urdir artimañas. A sus ojos, al vivir en la carne y vestir piel humana, las personas deben rivalizar y pelear; si no lo hacen, su existencia pierde su valor. Para Mí, el sentimiento es completamente distinto. Siento que rivalizar y pelear con la gente es muy agotador y también molesto; es aquello de lo que más quiero escapar en esta vida. No sé cómo rivalizar o pelear, ni tampoco estoy dispuesto a rivalizar o pelear. Cuando de verdad me encuentro con asuntos que implican rivalizar y pelear, solo quiero dar un paso atrás, eludirlos y evitarlos, así que tales cosas me parecen particularmente molestas. Después de muchos años de sentirme molesto, estas emociones se han acumulado y han llegado a un límite; al final he llegado a sentir que interactuar con los seres humanos es lo más doloroso del mundo. Cada vez que me encuentro con alguien que rivaliza y pelea conmigo es como si me metieran en una picadora de carne, como si estuvieran jugando conmigo; ese es el sentimiento. Después de tener estos sentimientos, reflexiono: “¿Cómo se revela este aspecto de su carácter corrupto? ¿Cuál es la esencia de esta clase de persona? Si se da la oportunidad, compartiré esto con ella. Lo mejor sería que pudiera aceptar la verdad; realmente merece la pena ayudarla. Si no acepta la verdad, entonces dejaré sin más que las cosas sigan su curso natural y que el sino haga con ella lo que quiera”. Las personas que no aceptan la verdad no tienen humanidad y también son personas sin bendiciones; son las más necias, las que más carecen de valor. Al haber interactuado con mucha gente, he desarrollado este pensamiento y punto de vista sobre las personas y los asuntos mundanos: interactuar con las personas se ha convertido en algo agotador. No es agotamiento físico, sino agotamiento espiritual. Dentro de este agotamiento, también hay una sensación de hastío, opresión y dolor. Si no interactúo con las personas, encuentro menos casos de personas que rivalizan y pelean conmigo y Mi espíritu se siente bastante liberado y relajado.
En los últimos años, al interactuar con algunos hermanos y hermanas, a menudo oigo a alguna gente decir: “Me he equivocado al hablar; deja que me corrija”, o: “Hay una pequeña discrepancia en la situación de la que me enteré antes; déjame rectificarla”. Además, algunas personas tienen una actitud más apropiada que antes al lidiar con los asuntos y son un poco más serias y responsables. Es más, pueden soportar dificultades y pagar un precio, además de quejarse menos. La mayoría de las personas pueden hablar las cosas entre sí y cooperar armoniosamente al hacer juntas su deber. En comparación con hace unos años, están mucho mejor y han cambiado un poco. Me siento bastante bien cada vez que noto que esto ocurre. Me parece que todos estos años repasando estas cosas una y otra vez no han sido en vano; al final, parte de la gente se ha tomado en serio estas palabras. Después de oírlas, pueden entender la verdad y saben practicar de acuerdo con las palabras de Dios. Con independencia de cuánto puedan poner en práctica, como mínimo, tienen entrada en la vida y han cambiado un poco. En resumen, sus actitudes y puntos de vista hacia la verdad se han vuelto relativamente apropiados y correctos. Aunque algunas personas han cambiado un poco, no han cambiado lo suficiente. A veces, al encontrarse con distintos asuntos, todavía hay casos de personas que rivalizan y pelean; el problema no se ha resuelto de raíz. Solo habéis cambiado un poco y todavía no habéis llegado al punto de poder someteros por completo. Tenéis que continuar persiguiendo la verdad y experimentando poda, pruebas y refinamiento. Cambiar no es algo exterior; entonces, ¿qué es exactamente lo que cambia? He hablado durante muchos años y habéis llegado a reconocer que tenéis bastantes actitudes corruptas, así como que en realidad también tenéis bastantes defectos en vuestra humanidad. Deberíais tener claro cómo desechar vuestras actitudes corruptas y hacer bien vuestro deber y cómo practicar la verdad para hacer vuestro deber acorde al estándar, ¿verdad? Como mínimo, todos deberíais tener claro cómo ser personas honestas y también saber cómo practicarlo. Si, en lo que se refiere a los problemas que entendéis y que están dentro de vuestras capacidades, podéis esforzaros por buscar la verdad para resolverlos uno a uno, soportar algo de sufrimiento para superar vuestras diversas dificultades y ser capaces de practicar la verdad, entonces podría llegar a considerar que básicamente tenéis un poco de semejanza humana. Incluso si a veces muestras una ligera tendencia a pelear cuando interactúo contigo, si siento que no es evidente, Mi opinión de ti será muy distinta de antes y nos resultará mucho menos difícil llevarnos bien. Debéis compartir y hacer planes sobre esto, sobre cómo buscar para lograr el cambio. No podéis simplemente conformaros en el desempeño de vuestro deber con esforzaros un poco, trabajar un poco, salir del paso, no hacer cosas malas, no causar trastornos y perturbaciones o simplemente con que no os destituyan ni os echen. Más bien, debéis esforzaros por la verdad, por practicar la verdad y por aceptarla y someteros a ella. En este sentido, tengo que elogiar a la mayoría de las hermanas; la mayoría de ellas lo están haciendo bien, mientras que la mayoría de los hermanos lo están haciendo mal. A partir de los vídeos de testimonio vivencial, veo que la mayoría de quienes desempeñan roles importantes y son supervisoras en los diversos puntos del trabajo de la iglesia son hermanas; hay muy pocos hermanos. La mayoría de los hermanos no se toman en serio las cosas en lo que respecta a los diversos puntos del trabajo profesional, ni tampoco se toman en serio las cosas cuando se trata de los principios-verdad y la entrada en la vida o las diversas verdades relativas a someterse a Dios y alcanzar la salvación. Es más, muchos hermanos simplemente no tienen ninguna vida espiritual en absoluto; no leen las palabras de Dios, no escuchan sermones ni enseñanzas, no ven las películas y los vídeos de la casa de Dios y, cuando se topan con problemas, no buscan la verdad ni comparten con los hermanos y hermanas. Las hermanas lo hacen mejor que los hermanos a este respecto. En particular, algunas hermanas que actualmente sirven como supervisoras de trabajo importante en la casa de Dios son más obedientes y sumisas que antes. Pueden soportar dificultades, están dispuestas a pagar un precio, hacen las cosas con meticulosidad y son muy serias, rigurosas y aplicadas. Cuando se las poda, no abandonan su deber ni se quejan; siguen siendo capaces de orar y someterse y pueden buscar la verdad para conocer y resolver sus actitudes corruptas. Hermanos, fijaos en cómo hacen las cosas las hermanas a vuestro alrededor. Son más meticulosas que vosotros y más serias, responsables y se aplican más en sus acciones que vosotros; es más, son obedientes y sumisas y se centran en buscar los principios-verdad al hacer las cosas. Por supuesto, también hay una parte de los hermanos que son relativamente obedientes y pueden ser meticulosos y aplicados en las cosas que hacen, pero la mayoría de los hermanos siempre son algo descuidados. Los no creyentes llaman a esto ser tosco y desinhibido. La casa de Dios no aprueba “ser tosco”; la casa de Dios enfatiza compartir la verdad y tratar los asuntos de acuerdo con los principios, así como hacer las cosas con aplicación y rigor. Ser desatento y chapucero es absolutamente inaceptable. La mayoría de los hermanos tratan los asuntos con descuido y nunca se aplican; siempre piensan: “‘Más o menos’ o ‘casi’ bastará; con esto ya basta”. Cuando ven a algunas hermanas esforzándose por la verdad, abordándola con aplicación y siendo serias y rigurosas con su deber, incluso las menosprecian, diciendo: “Somos hombres de verdad. ¿Es necesario hacer esas cosas con un detalle tan minucioso y trivial? Toda esta enseñanza de la verdad, toda esta oración y búsqueda; mientras básicamente nos movamos en la dirección correcta, está bien. ¿De qué sirve ser tan quisquilloso? ¿Se nos podría seguir llamando hombres si fuéramos tan exigentes con todo? ¡La gente se reiría de nosotros!”. Tu actitud es incorrecta. ¿Quién se reiría de ti por hacer las cosas en serio? Que se rían si quieren. Un hombre de verdad debe hacer las cosas en serio; no es motivo de vergüenza. Hacer las cosas en serio es la actitud hacia la verdad, hacia las responsabilidades y hacia el deber que todos los humanos —los seres creados— deberían tener, sea cual sea su género. Cuando se trata de hacer trabajo físico extenuante o manejar maquinaria o cosas por el estilo, hay una distinción entre hombres y mujeres, pero no hay tal distinción en la búsqueda de la verdad. La verdad no va dirigida únicamente ni a hombres ni a mujeres, sino a la especie humana, en la que se incluye tanto a hombres como a mujeres. Entre todas las verdades sobre las que hemos compartido, solo hay una distinción entre hombres y mujeres en asuntos que atañen al matrimonio, el cual exige que los hombres cumplan con las responsabilidades masculinas y las mujeres con las responsabilidades femeninas. No hay distinción entre hombres y mujeres en otros aspectos de la verdad; todas son cosas que las personas deberían practicar. En especial en asuntos que implican principios-verdad, no debéis equivocaros y vuestra dirección y objetivo tampoco deben ser los equivocados. Al perseguir la verdad, cuando atañe a tus actitudes corruptas, a los estados que revelas y a tus pensamientos e ideas, debes examinarlos y discernirlos en detalle. Si no los examinas, nunca hallarás el problema principal. Si no eres capaz de encontrarlo, no puedes resolverlo y siempre vivirás dentro de tus actitudes corruptas, atribulado y manipulado por ellas; no podrás lograr el cambio ni desechar tus actitudes corruptas.
Hoy hemos compartido diversos aspectos implicados en el tema de “no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta”. Esto ha sido sobre todo para hablaros sobre los principios según los que me comporto e interactúo con las personas, así como sobre Mi carácter y esencia interiores cuando interactúo con las personas. Desde fuera no podéis ver, entender ni apreciar estas cosas, así que he compartido con vosotros Mis sentimientos y Mis principios para hacer las cosas. No estoy dando testimonio de Mí mismo; simplemente estoy compartiendo estas cosas con vosotros para que podáis conocer y entender los principios según los que me comporto y hago las cosas, así como la vida, el carácter y la esencia que vivo. Estos no son secretos ni tampoco son misterios. Una vez que los entendáis y los tengáis claros, seréis capaces de conocer a Dios y de conocer la encarnación de Dios con mayor precisión. De lo contrario, la afirmación “la encarnación de Dios puede representar al Dios en el cielo y posee la identidad y la esencia de Dios” podría resultaros siempre una frase vacía o podría permanecer para siempre dentro de vuestras nociones e imaginaciones, o bien podría resultaros para siempre un misterio. En realidad, este es un asunto con solución; no es una teoría ni tampoco es una fórmula estereotipada. Aunque la forma en la que existe la vida del Dios encarnado es algo distinta de la forma en la que existe el Dios en el cielo —es el Espíritu de Dios presente en la carne—, no hay ninguna diferencia en Su vida ni hay ninguna diferencia en Su esencia-vida. Entonces, ¿de dónde provienen estas cosas de las que hablamos, que la encarnación de Dios no engaña, rivaliza ni pelea con las personas? Provienen de la propia vida de Dios; para ser exactos, provienen de la expresión del propio carácter de Dios. Por tanto, deciros “no engaño, rivalizo ni peleo con nadie” no es una frase burocrática ni tampoco es un misterio. Simplemente, Él es esta clase de persona, simplemente vive dentro de esta clase de vida y Sus principios para comportarse, así como la vida, el carácter y la esencia que vive, contienen todos ellos los elementos de no engañar, no rivalizar y no pelear con la gente. ¿Está claro? (Sí). Vamos a terminar nuestra enseñanza aquí por hoy. ¡Adiós!
17 de agosto de 2024