58. Desenmascarar a una falsa líder: un dilema personal

Por Zheng Yi, Corea del Sur

El año pasado, estaba cumpliendo con mi deber en una iglesia fuera de la ciudad, pero volví a casa después de que me reemplazaran por no hacer la obra práctica. Después de eso, descubrí que nuestra líder, la hermana Li, no decía nada esclarecedor acerca de las palabras de Dios, sino que solo predicaba la doctrina de manera literal. Nunca hablaba de conocerse a sí misma ni compartía sus propias experiencias. Era arrogante cuando ayudaba a otros con sus problemas, como una maestra que educa a su aprendiz, y no podía resolver los problemas prácticos de nadie. Se la pasaba hablando de cómo había trabajado y sufrido para cumplir su deber para que la admiraran y la adoraran. Ella dictaba sus propias leyes. Había una hermana, nueva en la fe, que estaba aterrada porque veía al Partido Comunista arrestar a cristianos. La hermana Li no la apoyó enseñándole la verdad, solo la relevó de su deber. Algunos diáconos y yo le hicimos sugerencias varias veces, pero ella solo ponía excusas y discutía con nosotros. Según los principios, un líder que no hace las cosas de acuerdo con los principios de la verdad y que no acepta la supervisión y poda de sus hermanos y hermanas, es alguien que no acepta ni obedece la verdad. La hermana Li no se conocía a sí misma, carecía de entrada en la vida, y no podía resolver los problemas reales de los demás. Una líder de iglesia como esa solo perjudica la obra de la iglesia y la vida de los hermanos y hermanas. Yo tenía la certeza de que la hermana Li era una falsa líder y que no era apta para la obra de la iglesia y quería denunciarla. Pero, cuando estaba escribiendo una carta para denunciarla, sentí miedo. Acababan de relevarme. No estaba cumpliendo con mi deber. Si yo denunciaba a la hermana Li y los demás no podían ver lo que yo vi, podrían volverse en mi contra: “Oh, miren a Zheng Yi. Acaba de ser relevada, pero no puede mantener la cabeza gacha. Debería estar mirándose a sí misma, no a los demás. Parece que no se conoce a sí misma ni muestra arrepentimiento”. Si dijeran eso, yo no podría mantener mi cabeza en alto delante de ellos. Como una falsa líder que había sido relevada, yo no me sentía en condiciones de hablar. En especial, pensaba en cómo esa denuncia probablemente enojaría a la hermana Li y que, al estar en la misma iglesia, nos veríamos todo el tiempo. ¿Cómo podríamos llevarnos bien después de eso? ¿Y si ella mantenía su posición y me dificultaba las cosas? Cuanto más lo pensaba, más acorralada me sentía. Entendí que la denuncia podría ofenderla y que yo no debería exponerme de esa manera. A la luz de las circunstancias, yo no podía permitirme eso, y que hubiera un falso líder en la iglesia no era solo mi responsabilidad. Deja que alguien más la denuncie. Yo solo quería continuar yendo a las reuniones y mantener la paz.

Decidí olvidar ese asunto, pero aún me sentía perturbada. Por la noche, acostada en mi cama, daba vueltas en mi cabeza la hermana Li jactándose en las reuniones y predicando de memoria. Si eso continuaba, perjudicaría a los hermanos y hermanas. Me sentía mal por no hablar. Luego leí estas palabras de Dios: “Supongamos que hubiera, por ejemplo, un grupo de personas con una que las liderara; si a esta persona se le denomina ‘líder’ u ‘obrero’, ¿cuál sería su función dentro del grupo? (La función del liderazgo). ¿Qué efecto tiene el liderazgo de esa persona en aquellas a las que lidera y en el grupo en su conjunto? Afecta a la dirección del grupo y su senda. Esto quiere decir que, si esa persona que ocupa una posición de liderazgo toma una senda equivocada, entonces, como mínimo, provocará que aquellos a su cargo y todo el equipo se desvíen de la senda correcta y, además, podría interrumpir o destruir la dirección de todo el equipo a medida que avanza, así como su velocidad y su ritmo. Así pues, en el caso de este grupo de personas, la senda que siguen y la dirección de la senda que eligen, la medida en la que entienden la verdad, así como su fe en Dios, no solo les afecta a ellos mismos, sino a todos los hermanos y hermanas bajo su liderazgo. Si un líder es recto, si camina por la senda correcta y busca y practica la verdad, entonces las personas a las que guía comerán y beberán adecuadamente y buscarán apropiadamente y, al mismo tiempo, el progreso personal del líder será continuamente visible a los demás. Entonces, ¿cuál es la senda correcta por la que un líder debería caminar? Es ser capaz de llevar a otros a comprender la verdad y entrar en ella, es llevar a otros ante Dios. ¿Qué es una senda incorrecta? A menudo, es ensalzarse y dar testimonio de uno mismo, buscar el estatus, la fama y el beneficio propio, y nunca dar testimonio de Dios. ¿Qué efecto tiene esto en quienes están a su cargo? (Esas personas acuden a ellos). Esas personas se alejarán de Dios y quedarán bajo el control de ese líder. ¿No es obvio que las personas que acuden a su líder serían controladas por él? Y, por descontado, esto las aleja de Dios. Si guías a la gente para que acuda a ti, entonces la estás guiando para que acuda a la humanidad corrupta y la estás guiando para que acuda a Satanás, no a Dios. Solo cuando guías a las personas hacia la verdad las estás guiando para que se acerquen a Dios. Este es el efecto que tienen estos dos tipos de personas, los que caminan por la senda correcta y aquellos que siguen una senda equivocada, en aquellos a los que lideran” (‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (1)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). En las palabras de Dios descubrí que la senda que toman los líderes no solo los afecta personalmente, sino que también impacta directamente en la entrada en la vida de los demás y en la obra de toda la iglesia. La hermana Li solo predicaba palabras vacías y no podía resolver las dificultades reales de los hermanos y de las hermanas. Se la pasaba presumiendo y engañando a la gente, y los hermanos y las hermanas la admiraban. Además, ella era arrogante y autoritaria, y tenía la última palabra en gran parte de la obra de la iglesia. Ella no buscaba los principios de la verdad ni aceptaba las sugerencias de los demás, solo se manejaba basándose en sus propias nociones. Ella no colaboraba para nada con la obra de la iglesia, definitivamente la estaba obstaculizando. Con una falsa líder como esa en la iglesia, los hermanos y las hermanas serían arrastrados con ella. Ver a tantos creyentes engañados y sufriendo por causa de un falso líder es muy triste para Dios. Yo ya había percibido que la hermana Li era una falsa líder, y había visto el daño ocasionado a los hermanos y hermanas y a la vida de la iglesia por tener un falso líder a cargo. Pero, como yo temía ofenderla, observaba cómo se perjudicaba la obra de la iglesia y la entrada en la vida de otros, con mis propios ojos. Tomé la decisión de no exponerla y de no denunciarla. No estaba siendo para nada justa, y no estaba tomando en cuenta la voluntad de Dios. ¡Fui tan insensible! Ya había perjudicado la obra de la iglesia por no cumplir con mi verdadero deber anteriormente. Ahora, al ver a una falsa líder engañar a los escogidos de Dios, pero no tomar coraje para denunciarla o defender los intereses de la iglesia, ¡me resultaba inconcebible! Cada vez más, me sentía en deuda con Dios y, como ser creado, yo debía ponerme firme, considerar la voluntad de Dios y defender la obra de la iglesia. ¡Ese era mi deber y mi responsabilidad y debía cumplirlos! Este pensamiento me dio fuerza y me dije: “Por los intereses de la iglesia y para que el pueblo escogido de Dios pueda vivir una auténtica vida de iglesia, tengo que practicar la verdad y denunciar los problemas con la hermana Li. ¡Ya no puedo permitir que un falso líder lleve a los hermanos y hermanas por mal camino!”. Justo cuando me estaba preparando para redactar un informe, me enteré de que hacía poco, después de que una hermana mayor le señalara a la hermana Li algunos de sus problemas, Li dejó de reunirse con ella. Me enojé mucho cuando escuché eso. Sentí que ella se rehusaba a aceptar la verdad. Pero, al mismo tiempo, mis preocupaciones resurgieron. Ella había excluido a esa hermana solo por expresar su punto de vista. Si se enteraba de que yo la había denunciado, ¿me guardaría rencor y se vengaría de mí? Si ella empezaba a juzgarme y me acusaba de agredir a los líderes y a los trabajadores, ¿qué pensarían los demás? Si ella me reprimía, yo no podría cumplir con mi deber y eso sería aún más difícil de soportar. Pero, si no la denunciaba, me iba a sentir realmente culpable. Sentía una lucha interna, estaba confundida.

Así que me presenté ante Dios en oración y búsqueda. Entonces, leí lo siguiente en las palabras de Dios: “Todos vosotros decís que tenéis consideración por la carga de Dios y defenderéis el testimonio de la Iglesia, pero ¿quién de vosotros ha considerado realmente la carga de Dios? Hazte esta pregunta: ¿Eres alguien que ha mostrado consideración por Su carga? ¿Puedes tú practicar la justicia por Él? ¿Puedes levantarte y hablar por Mí? ¿Puedes poner firmemente en práctica la verdad? ¿Eres lo bastante valiente para luchar contra todos los hechos de Satanás? ¿Serías capaz de dejar de lado tus emociones y dejar a Satanás al descubierto por causa de Mi verdad? ¿Puedes permitir que Mis intenciones se cumplan en ti? ¿Has ofrecido tu corazón en el momento más crucial? ¿Eres alguien que hace Mi voluntad? Hazte estas preguntas y piensa a menudo en ellas” (‘Capítulo 13’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Sentí cómo cada palabra golpeaba la puerta de mi conciencia, en especial “Todos vosotros decís que tenéis consideración por la carga de Dios y defenderéis el testimonio de la Iglesia, pero ¿quién de vosotros ha considerado realmente la carga de Dios?”. Sentí como si Dios estuviera a mi lado, haciéndome esa pregunta. Sabía que la hermana Li era una falsa líder, y sabía que perjudicaría la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios si este asunto no era resuelto a tiempo, pero tenía miedo de que se sintiera ofendida y me guardara rencor, o que me aislara y me expulsara de la Iglesia. Si no defendía los principios y no la denunciaba, estaría defendiendo mis propios intereses. Esta batalla espiritual me obligaba a mantenerme firme en el testimonio en un momento clave, pero yo protegía mis propios intereses y complacía a los demás, y eso ofendía a Dios. Me odiaba a mí misma de verdad. Ya no quería complacer a los demás. Después de eso, me calmé y reflexioné. Yo era consciente de que ella era una falsa líder y estaba dispuesta a denunciarla, de acuerdo con los principios. Pero cuando me enteré de que había excluido a alguien por darle un consejo, ¿por qué elegí protegerme en lugar de defender la obra de la iglesia? ¿Por qué seguía protegiendo mis propios intereses? Comencé a orar y a buscar sobre este tema en particular.

Yo había leído unas palabras de Dios en un devocional, una vez. “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; no poseen la vida de la verdad en su interior. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocan que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañe a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tenéis coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estáis siendo controlados por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Pensáis primero en vosotros mismos y pensáis: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. Estas actitudes corruptas controlan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan tu boca. Cuando quieres decir algo de corazón, las palabras llegan a tus labios, pero no las dices o, si hablas, lo haces con rodeos, con un margen de maniobra: no hablas claro en absoluto. Los demás no sienten nada cuando te oyen y lo que has dicho no ha resuelto el problema. Piensas para tus adentros: ‘Bueno, he hablado. Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi responsabilidad’. En realidad, dentro de ti sabes que no has dicho todo lo que debías, que lo que has dicho no ha hecho efecto y que se mantiene el perjuicio a la obra de la casa de Dios. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices abiertamente que has cumplido con ella o que no tenías claro lo que estaba sucediendo. ¿No estás, entonces, completamente controlado por tus corruptas actitudes satánicas?” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). A través de las palabras de Dios, me di cuenta de que, frente a un problema, solo pensaba en mí misma. Era egoísta y deshonesta. Que seguía lógicas satánicas como: “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”, “Guarda silencio para protegerte y sólo procura escapar de la culpa”, “Cuando sepas que algo está mal, más te vale callar”, y “Nunca te levantes temprano, a menos que haya un beneficio asociado”. Estaban arraigadas en mi naturaleza, y me dominaban con firmeza para que practicar la verdad fuera terriblemente difícil. Sabía que, de acuerdo con los principios, yo debía denunciarla por el bien de la obra de la iglesia, pero, cuando estaba a punto de hacerlo, tenía miedo de ofenderla y que me juzgara y maltratara. Ante ese pensamiento, mi sentido de la obligación, la responsabilidad y el deber desapareció y sentí que, si había un falso líder en la iglesia, no era mi problema. No quería agitar las aguas, para evitar ofenderla y protegerme. Me opuse a la iluminación del Espíritu Santo una y otra vez, hasta que ya no me sentí culpable. Estaba completamente dominada por mi corrupción satánica. Había cometido una transgresión similar en mi deber anterior, al vivir según las lógicas satánicas de la vida. Descubrí a una líder arrogante, con un entendimiento sesgado de la verdad, que debía ser relevada. Pero luego noté que tenía algo de aptitud y que era buena predicando la doctrina en forma literal y engañando a la gente. Al ver que muchos hermanos y hermanas no tenían opinión formada sobre ella, tuve miedo de que, si la reemplazaba, me juzgarían y dirían que yo era una desalmada. Así que me contuve durante más de dos meses, hasta que la relevé. Esto afectó terriblemente la obra de la iglesia. Vi una falsa líder en la iglesia, pero cometí el mismo error de siempre. Quise mantenerme al margen. Mi forma de actuar me demostró que yo era muy egoísta y deshonesta, y no podía practicar la verdad cuando mis propios intereses se veían afectados. En repetidas ocasiones falté a la verdad y perdí mi testimonio. Era una marca de deshonra. Al darme cuenta de esto, me postré ante Dios y oré: “¡Oh, Dios! Ahora entiendo lo mucho que Satanás me ha corrompido. Soy una persona egoísta, despreciable y complaciente. Soy vil e indecente. Por favor, Dios, sálvame de las ataduras de mi carácter corrupto”.

Después leí en una enseñanza que Satanás reina en el mundo, pero Dios y la verdad reinan en la iglesia, que son dos mundos diferentes y que, en la casa de Dios, incluso si se elige a una persona malvada o poco humana como líder, no durará mucho sin la realidad de la verdad. Esto prueba que la verdad reina en la casa de Dios. Satanás mantiene al mundo en las tinieblas y las personas tienen que hablar y actuar basándose en sus ideologías. La adulación es la única forma de avanzar. Ser honesto y ofender a alguien conduce al castigo. Ya sea entre personas comunes o poderosas, por ser honesto eres intimidado y excluido, y muchas personas incluso pierden la vida por eso. Pero la verdad y la justicia reinan en la casa de Dios. Dios bendice y ama a aquellos que buscan la verdad y a los honestos que tienen sentido de la justicia. Aquellos que protegen los intereses de la iglesia y al pueblo escogido de Dios, que se atreven a denunciar a los falsos líderes y anticristos, puede ser aceptados, salvos y perfeccionados por Dios. También obtienen la aprobación y el apoyo de otros. Aquellos que no se someten a la verdad, sino que van contra ella, sin importar la altura de su nombre o posición, acabarán siendo abandonados y eliminados por el Espíritu Santo, al igual que el anticristo Yang, que fue expulsada de la iglesia el año pasado. Ella reprimía y excluía a los disidentes cuando era líder, y colocó a su familia y amigos en puestos importantes. Intentó construir su propio imperio en oposición a Dios e incluso robó ofrendas. Pensaba que, si se rodeaba de familiares y amigos, sus malas acciones no serían expuestas. Pero Dios lo ve todo y, en Su sabiduría, utiliza los trucos de Satanás en beneficio propio. Él creó un ambiente para que aquellos que tuvieran sentido de la justicia denunciaran y expusieran su maldad. Después de la investigación y confirmación de la iglesia, no solo tuvo que devolver todo lo que había robado, sino que fue expulsada de la Iglesia para siempre. Esto demuestra que no importa la posición o el deber que alguien tenga, ¡nadie que haga el mal o no persiga la verdad puede escapar del juicio justo de Dios! La casa de Dios no es como el mundo. Nada que vaya en contra de la verdad puede prosperar en la casa de Dios. Cualquiera que descubra algo contrario a la verdad puede levantarse para exponerlo y detenerlo. Esto demuestra que la verdad reina en la casa de Dios. En cuanto a denunciar a la hermana Li, yo no entendía la justicia de Dios ni me daba cuenta de que Él ve y reina sobre todo. Los falsos líderes y los anticristos no tienen lugar en la casa de Dios. Si tuviese un deber que cumplir, y cuál sería mi destino y el resultado, todo eso estaba en manos de Dios, no de ningún líder. Ella ya no podía reprimirme. Entonces, redacté un informe basada en los problemas con la hermana Li. Poco después, un líder vino a nuestra iglesia para investigar la situación. Se determinó que la hermana Li era una falsa líder con base en los principios y fue relevada. Después de eso, la hermana Li alcanzó cierto autoconocimiento a través de devocionales y de la reflexión, y quiso arrepentirse y cambiar. La siguiente líder elegida fue una hermana que buscaba la verdad, y toda la obra de la iglesia se recuperó gradualmente. Descubrí la justicia de Dios y que la verdad reina en Su casa. Dios expuso mi egoísmo y mis engaños, y purificó mi corrupción cuando denuncié al falso líder. ¡Ese es Dios salvándome y perfeccionándome!

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