1. Aprendí a cooperar armoniosamente con los demás
En agosto de 2021, la supervisora me dijo que planeaba que el hermano Wang Jin y yo cooperáramos en el deber relacionado con textos y que, en cuanto encontrara una familia de acogida adecuada, dispondría que fuéramos allí. En cuanto oí esto, me sentí reacio de inmediato y mi mente se llenó de todos los recuerdos desagradables que tenía con Wang Jin.
Antes, cuando hacía el deber relacionado con textos, al principio era yo quien llevaba la voz cantante en nuestro grupo. Los hermanos y hermanas con los que cooperaba casi nunca me planteaban objeciones ni señalaban problemas en las cartas de comunicación que yo escribía, y la supervisora siempre discutía las cosas conmigo. Pero después de que Wang Jin se unió al grupo, él solía tener opiniones distintas sobre las cartas que yo escribía y señalaba problemas. Aunque tenía razón, yo no estaba dispuesto a aceptarlo. Llevaba mucho tiempo en el grupo y nunca nadie había señalado mis defectos tan abiertamente. Sus comentarios hacían parecer que yo no era tan bueno como él. Hubo dos ocasiones en las que señaló problemas en mis artículos justo delante de la supervisora, y eso me resultó especialmente difícil de aceptar. Pensé: “¿Pensará la supervisora que, después de hacer tanto tiempo el deber relacionado con textos, todavía no capto los principios tan bien como alguien que acaba de empezar a formarse? ¿Cómo podré asomar la cara?”. Al pensar así, sentí que Wang Jin se estaba metiendo conmigo deliberadamente, que intentaba avergonzarme en público, y no pude evitar tener prejuicios contra él. Me generaba una sensación de crisis, sobre todo, cuando lo veía compartir con gran claridad y razón delante de la supervisora. Sentí que me había robado el protagonismo y me había quitado mi lugar en el corazón de la supervisora. Más tarde, cuando aprendíamos informática juntos, Wang Jin tuvo un problema y me pidió ayuda. Pensé: “¿No eres muy capaz? ¿No andas diciendo siempre que no soy bueno en esto o que no puedo hacer aquello? Puesto que soy peor que tú en todo, ¿para qué me preguntas?”. En verdad no quería enseñarle y le hablé con un tono impaciente. Después de un tiempo, Wang Jin me dijo: “Hermano, en este tiempo de tratar contigo, me he dado cuenta de que no solo tienes un carácter arrogante y te niegas a aceptar la verdad, sino que también tienes un fuerte deseo de estatus. Si sigues así, me temo que acabarás convirtiéndote en un anticristo”. Al oírle decir eso, me ardió la cara de vergüenza, como si me hubieran dado una bofetada. Me sentí fatal: “Una cosa es que me llame arrogante, pero ¿cómo pudo decir que me convertiré en un anticristo? ¿No me está poniendo una etiqueta a la ligera? ¿Qué clase de persona es un anticristo? Son las personas a las que Dios odia y descarta, y a las que los hermanos y hermanas rechazan. Si mis hermanos y hermanas se enteraran de esto, ¿qué pensarían de mí?”. Cada vez que recordaba estas cosas, sentía una fuerte aversión hacia Wang Jin y no quería volver a cooperar con él en ningún deber.
Nunca imaginé que la iglesia dispondría que cooperáramos de nuevo. Pensé: “No puede ser. Tengo que encontrar una forma de convencer a la supervisora. No puedo dejar que se sume al grupo de ninguna manera”. Pero me preocupaba que, si decía la verdad, la supervisora pensara que yo era un quisquilloso entrometido y que yo no me conocía a mí mismo en absoluto. Así que me anduve con rodeos y le dije: “Aunque Wang Jin ya ha hecho el deber relacionado con textos, nunca ha editado sermones. Además, su asma y su espondilosis cervical son bastante graves, y se está haciendo mayor. No es realmente adecuado para este deber”. Pero la supervisora respondió: “Cuando Wang Jin hacía el deber relacionado con textos, sus habilidades profesionales eran las mejores del grupo y captaba algo de los principios. Pueden cooperar por ahora”. Al oír eso, me sentí un poco decepcionado. La idea de tener que enfrentarme cada día a alguien que estaba siempre señalando mis problemas me producía una sofocación que ni siquiera podría describir. Unos días después, la líder vino a una reunión y, delante de ella, volví a fingir que me preocupaba por Wang Jin, diciendo que se estaba haciendo mayor y su salud no era buena, y que temía que no pudiera soportar la presión de hacer el deber relacionado con textos. Después de decir esto, tuve un ligero remordimiento, pues sabía que no estaba diciendo lo que realmente sentía. Pero cuando pensé que mis palabras podrían convencer a la líder de no dejar que Wang Jin se uniera al grupo, esa pequeña inquietud desapareció. Para mi sorpresa, la opinión de la líder era exactamente la misma que la de la supervisora. Me sentí increíblemente dolido. Cuando llegué a casa, dije a mi esposa algunas críticas sentenciosas sobre Wang Jin. Después de escucharme, me recordó: “No importa con quién cooperemos, siempre hay una lección que debemos aprender. Estás constantemente fijándote en los demás, ¡y eso no es una manifestación de perseguir la verdad!”. Sabía que tenía razón, pero aun así no quería cooperar con Wang Jin, ni reflexionaba adecuadamente sobre mí mismo. Seguía esperando que la líder no pudiera encontrar una familia de acogida adecuada para no tener que cooperar con él.
Una noche, pasadas las once, de repente me dio una fiebre alta de 42 grados centígrados. Me sentía como un trapo, débil y mareado en la cama, acurrucado y temblando bajo las sábanas. Mi esposa rápidamente empezó a frotarme el cuerpo con alcohol para bajar la fiebre. Mientras lo hacía, me dijo: “Si de repente te da una fiebre tan alta, ¿no crees que deberías reflexionar sobre ti mismo? Estos últimos días, no has hecho más que criticar a Wang Jin, pero ¿tú no tienes tus propias lecciones que aprender? ¿Podría ser esta enfermedad tan grave la disciplina de Dios?”. Me di cuenta de que en verdad necesitaba reflexionar. En silencio, oré a Dios, pidiéndole que me guiara para entender mis propios problemas.
Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y logré entender un poco mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Al enfrentarse a un problema, algunas personas sí buscan una respuesta de los demás, pero cuando el otro habla conforme a la verdad, no lo aceptan, no son capaces de obedecer y, en su fuero interno, piensan: ‘Normalmente soy mejor que él. Si escucho sus sugerencias esta vez, ¿no parecerá que él es superior a mí? No, no puedo escucharlo en lo que se refiere a este asunto. Simplemente, lo haré a mi manera’. Luego encuentran una razón y una excusa para rebatir el punto de vista del otro. Cuando ven a alguien que es mejor que ellas, tratan de derribarlo, inventan rumores infundados sobre tal persona o emplean medios despreciables para denigrarla y socavar su reputación —incluso pisoteándola— con el fin de proteger su propio lugar en la opinión de la gente. ¿Qué tipo de carácter es este? Esto no es solo arrogancia y vanidad, es el carácter de Satanás, es un carácter malévolo. Que esta persona ataque y excluya a personas que son mejores que ella y superiores a ella es insidioso y perverso. Y que no se detengan ante nada para derribar a la gente muestra que hay una considerable naturaleza demoníaca en ellos. Viviendo según el carácter de Satanás, menosprecian a las personas, intentan incriminarlas y las atormentan. ¿No es esto hacer el mal? Y a pesar de vivir así, siguen pensando que están bien, que son buenas personas. Sin embargo, cuando ven a alguien que es superior a ellas, las atormentan y las pisotean. ¿Qué problema es este? Las personas que cometen semejantes acciones malvadas, ¿acaso no son inescrupulosas y arbitrarias? Esas personas solo piensan en sus intereses, solo consideran sus sentimientos, y lo único que quieren es alcanzar sus deseos, ambiciones y objetivos. No les importa el daño que se causa a la obra de la iglesia y prefieren sacrificar los intereses de la casa de Dios para proteger su estatus en la opinión de la gente y su propia reputación. ¿Acaso no son las personas así arrogantes y sentenciosas, egoístas y viles? Estas personas no solo son arrogantes y sentenciosas, sino que también son extremadamente egoístas y viles. No son consideradas con las intenciones de Dios en absoluto. ¿Tienen estas personas un corazón temeroso de Dios? No tienen un corazón temeroso de Dios en absoluto. Esa es la razón por la que actúan arbitrariamente y hacen lo que les place, sin ningún sentido de culpa, sin ningún miedo, sin ninguna aprensión o preocupación y sin considerar las consecuencias. Esto es lo que suelen hacer y el modo en que se han comportado siempre. ¿Cuál es la naturaleza de tal comportamiento? Por decirlo suavemente, esas personas son demasiado envidiosas y tienen un deseo excesivo de reputación y estatus personales; son demasiado falsas e insidiosas. Dicho con mayor dureza, la esencia del problema es que esas personas no tienen un corazón temeroso de Dios en absoluto. No temen a Dios, creen que son sumamente importantes y consideran que todo respecto a sí mismas es superior a Dios y a la verdad. En su corazón, Dios no merece mención y es insignificante y Dios no tiene absolutamente ningún estatus en su corazón. ¿Acaso pueden poner la verdad en práctica aquellos que no tienen lugar para Dios en su corazón y no tienen un corazón temeroso de Dios? Por supuesto que no. Entonces, cuando acostumbran a ir por ahí con energía, manteniéndose ocupadas y empleando muchos esfuerzos, ¿qué están haciendo? Esa gente incluso asegura que ha renunciado a todo para esforzarse por Dios y que ha sufrido mucho, pero, en realidad, la motivación, el principio y el objetivo de todos sus actos son en aras de su propio estatus y prestigio, de proteger todos sus intereses. ¿Diríais o no que esa clase de gente es terrible? ¿Qué clase de personas han creído en Dios durante muchos años y sin embargo no tienen un corazón temeroso de Él? ¿Acaso no son arrogantes? ¿No son satanases? ¿Y cuáles son los seres que más carecen de un corazón temeroso de Dios? Además de las bestias, son las personas malvadas y los anticristos, la calaña de los demonios y Satanás. No aceptan para nada la verdad; carecen totalmente de un corazón temeroso de Dios. Son capaces de cualquier maldad; son los enemigos de Dios y los enemigos de Su pueblo escogido” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios). Lo que este pasaje de las palabras de Dios deja en evidencia era exactamente mi estado. Después de leerlo, sentí el corazón atravesado y tuve miedo. Recordé cómo, cuando discutíamos asuntos en el pasado, los hermanos y hermanas del grupo solían estar de acuerdo con mis puntos de vista. La supervisora también me consultaba sobre los asuntos que no podía calar. Esto me había dado un sentimiento de superioridad. Pero desde que empecé a cooperar con Wang Jin y vi cómo compartía con tanta claridad y razón delante de la supervisora, al tiempo que, además, parecía captar los principios mejor que yo, me generó una senación de crisis. Encima, siempre era capaz de detectar mis problemas, y decía que fragmentos de mis cartas estaban mal o eran inapropiados, e incluso señaló los problemas de mis artículos delante de la supervisora. Esto hirió mi orgullo y amenazó mi estatus. Por eso, cuando la líder dispuso que cooperáramos esta vez, me sentí especialmente reacio, y pensaba: “Si coopero con él esta vez y sigue señalando mis problemas como antes, ¿no volveré a quedar mal?”. Para mantenerlo fuera del grupo, dije que él nunca había editado sermones y, con el pretexto de preocuparme por su salud, intenté persuadir a la líder y a la supervisora para que no lo dejaran formarse en el grupo. Cuando mis intentos fracasaron, critiqué a Wang Jin frente a mi esposa para desahogar mi descontento. Incluso esperé desesperadamente que la líder no pudiera encontrar una familia de acogida adecuada para nosotros, solo para no tener que cooperar con él. Para proteger mi propio orgullo y estatus, estaba ignorando por completo el trabajo de la iglesia. ¡Fui tan egoísta y despreciable, tan carente de humanidad! Solo a través de la revelación de los hechos vi que tenía un profundo deseo de reputación y estatus, una naturaleza extremadamente malévola y un corazón para nada temeroso de Dios. La verdad es que nadie es perfecto y ningún deber puede ser completado por una sola persona. La líder dispuso que Wang Jin y yo cooperáramos debido a las necesidades del trabajo de la iglesia. Si yo escribiera los sermones solo, seguramente habría muchas desviaciones y carencias. Con dos personas complementándose, los resultados de nuestro trabajo serían mejores. Pero no logré entender las intenciones de Dios e incluso intenté por todos los medios impedir que Wang Jin se uniera al grupo. Realmente, no sabía lo que me convenía. Al darme cuenta de esto, sentí un profundo arrepentimiento y me culpé a mí mismo, y resolví no volver a cometer una maldad semejante.
Después, reflexioné: “¿Qué carácter corrupto me hacía tan reacio a cooperar con Wang Jin?”. Leí las palabras de Dios y obtuve una mayor comprensión de mi problema. Dios Todopoderoso dice: “¿Cuál es el objetivo principal de un anticristo al atacar y excluir a un disidente? Buscan crear una situación en la iglesia donde no haya voces contrarias a las de ellos, en la que su poder, su estatus como líder y sus palabras sean todos absolutos. Todo el mundo debe hacerles caso, e incluso si tienen una discrepancia de opinión, no deben expresarla, sino dejarla enconarse en su corazón. Cualquiera que se atreva a disentir abiertamente de ellos se convierte en un enemigo del anticristo, y buscarán cualquier manera de atormentarlos, y estarán impacientes por hacerlos desaparecer. Esta es una de las formas en que los anticristos atacan y excluyen al disidente para afianzar su estatus y proteger su poder. Piensan: ‘Está bien que tengas opiniones diferentes, pero no puedes ir por ahí hablando sobre ellas como te dé la gana, y mucho menos poner en peligro mi poder y estatus. Si tienes algo que decir, puedes decírmelo en privado. Si lo dices delante de todos y me haces quedar mal, te buscarás un problema, ¡y tendré que ocuparme de ti!’. ¿Qué clase de carácter es ese? Los anticristos no permiten que otros hablen libremente. Si tienen una opinión, ya sea sobre el anticristo o sobre cualquier otra cosa, no pueden sacarla a relucir sin más. Deben tener en cuenta la imagen del anticristo. Si no, este los tratará como enemigos y los atacará y excluirá. ¿Qué clase de naturaleza es esta? Es la de un anticristo. ¿Y por qué hacen esto? No permiten que en la iglesia haya voces alternativas, no permiten que haya disidentes en ella, no permiten que los escogidos de Dios comuniquen abiertamente la verdad y distingan a la gente. Lo que más temen es que los demás los expongan y los distingan; tratan constantemente de consolidar su poder y el estatus que tienen en el corazón de la gente, que según ellos nunca deben tambalearse. Nunca podrían tolerar nada que amenace o afecte a su orgullo, reputación o estatus y valor como líder. ¿Acaso no es eso una manifestación de la naturaleza maliciosa de los anticristos? No contentos con el poder que ya poseen, lo consolidan y afianzan y buscan el dominio eterno. No solo quieren controlar el comportamiento de los demás, sino también sus corazones. Esos métodos que utilizan los anticristos no buscan otra cosa más que proteger su poder y su estatus y son, exclusivamente, el resultado de su deseo de aferrarse al poder. […] Esto es especialmente cierto en presencia de un disidente, si el anticristo oye que el disidente ha dicho algo sobre él o lo ha criticado por detrás. En ese caso, resolverá el asunto en poco tiempo, aunque signifique perder una noche de sueño y no comer un día entero. ¿Cómo les es posible ejercer tal esfuerzo? Es porque sienten que su estatus está en peligro, que ha sido desafiado. Les parece que si no toman esa medida, su poder y su estatus estarán en peligro; que una vez que se expongan sus malas acciones y su conducta escandalosa, no solo serán incapaces de mantener su estatus y su poder, sino que también serán echados o expulsados de la iglesia. Por eso están sumamente impacientes por pensar en formas de ocultar el asunto y de disipar todos los peligros ocultos. Esta es la única manera en que pueden mantener su estatus” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 2: Atacan y excluyen a los disidentes). Dios dice que los anticristos excluyen a los disidentes. No permiten que existan voces diferentes en la iglesia, deben tener la última palabra en todo y todos deben escucharlos. En cuanto alguien ofrece una sugerencia o señala sus carencias, haciéndoles quedar mal y perder su estatus en el corazón de los demás, inmediatamente tratan a esa persona como un disidente y un enemigo. Incluso recurren a cualquier medio para excluirla y reprimirla a fin de consolidar su propio poder y estatus. Esta es una manifestación de la naturaleza malévola de los anticristos. Reflexioné sobre lo que yo había revelado, ¿no era igual que un anticristo? Cuando Wang Jin descubrió problemas en mi deber y me los señaló sin rodeos, no solo no lo acepté desde una perspectiva positiva, sino que sentí que estaba hiriendo mi orgullo. No importaba cuán acertado estuviera o cuánto se ajustaran sus palabras a los hechos, no lo aceptaba, e incluso llegué a tener prejuicios y a guardarle rencor. Más tarde, cuando él estaba aprendiendo informática y tuvo dificultades, me pidió ayuda de manera amable y gentil, pero le di la espalda para desanimarlo. Peor aún, era muy consciente de que Wang Jin había hecho el deber relacionado con textos antes y tenía cierta comprensión de los principios, y que su mala salud no afectaba su capacidad para hacer su deber. Sin embargo, solo porque siempre señalaba mis problemas, lo que menoscababa mi orgullo y mi estatus, lo vi como un disidente y un enemigo. Usé su mala salud y su falta de experiencia en la edición de sermones como excusas para tratar de persuadir a la líder y a la supervisora de que no lo dejaran formarse en el grupo. A fin de proteger mi propio orgullo y estatus, había hecho muchas cosas para atacar y excluir a un disidente. ¡Mi naturaleza era tan malévola! La causa principal de que yo fuera capaz de hacer todas estas acciones malvadas viles y despreciables eran los venenos satánicos por los que vivía, tales como: “Yo soy el único soberano del universo”, “Solo puede haber un macho alfa” y “Un hombre de verdad debe ser despiadado”. Estas cosas se habían convertido en mi naturaleza, y me hacían querer tener la última palabra en cualquier grupo de personas en el que estuviera. Cada vez que veía a alguien mejor que yo, no podía tratarlo con justicia. Especialmente cuando sus palabras o acciones herían mi orgullo o amenazaban mi estatus, lo trataba como una espina clavada en el costado, lo reprimía y excluía, e incluso lo consideraba como a un enemigo. Pensé en los anticristos y en las personas malvadas que habían sido expulsadas de la casa de Dios. Sentían una aversión total por la verdad y la odiaban, y no aceptaban nunca las sugerencias correctas de los demás. Tan pronto como alguien menoscababa su orgullo y estatus, lo reprimían y atormentaban, fantaseando con deshacerse de cualquiera que no los siguiera y convertir la iglesia en su propio dominio. Fueron expulsados por todas las acciones malvadas que habían cometido y la grave perturbación que trajeron a la obra de la iglesia. Si no me arrepintiera y continuara actuando según mis actitudes corruptas, atacando y excluyendo a los disidentes para proteger mi propia reputación y estatus, entonces, al final, definitivamente sería desdeñado y descartado por Dios. Al darme cuenta de esto, me sentí arrepentido y asustado, y rápidamente oré a Dios: “Oh, Dios, me equivoqué. He sido corrompido muy profundamente por Satanás. Para proteger mi propio orgullo y estatus, no estaba dispuesto a cooperar con mi hermano, e incluso lo juzgué y lo excluí. Dios, estoy dispuesto a arrepentirme. Por favor, guíame para encontrar una senda de práctica”.
Más tarde, leí las palabras de Dios y supe cómo practicar. Dios Todopoderoso dice: “Debes acercarte a personas capaces de hablar con sinceridad; tener a gente así a tu lado te supone una gran ventaja. En particular, contar a tu alrededor con personas tan buenas como aquellas que al descubrir un problema en ti tienen el coraje de hacerte reproches y de desenmascararte, puede prevenir que te desvíes. No les importa cuál sea tu estatus y, en el momento que descubren que has hecho algo en contra de los principios-verdad, te hacen reproches y te desenmascaran si es necesario. Solo tales personas son rectas, gente con sentido de la rectitud, y da igual de qué manera te desenmascaren y te reprochen, todo ello te sirve de ayuda y tiene como cometido supervisarte y sacarte adelante. Has de acercarte a esas personas; mantenerlas a tu lado y que te ayuden, te vuelve relativamente más seguro; a esto se le llama tener la protección de Dios. El hecho de contar con gente a tu lado que entiende la verdad y defiende los principios para supervisarte a diario resulta muy beneficioso a la hora de cumplir con tu deber y tu trabajo de manera adecuada” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 4: Se enaltecen y dan testimonio de sí mismos). Después de leer las palabras de Dios, entendí que tener a alguien a mi lado que se atreva a hablar con sinceridad y a desenmascarar y señalar mis problemas es increíblemente beneficioso para mi deber y mi entrada en la vida. Recordé cuando había cooperado con Wang Jin. Cada vez que encontraba un problema en un artículo que yo escribía, lo señalaba directamente. Aunque en ese momento fue duro para mi orgullo, los resultados fueron sin duda mucho mejores después de hacer las revisiones según sus sugerencias. Me di cuenta de que debía aceptar las indicaciones y la ayuda de los demás; incluso cuando me podaran, primero debía aceptarlo de parte de Dios y someterme. Sin alguien como él para señalar mis problemas y ayudarme, mi deber seguramente estaría lleno de desviaciones y defectos, lo cual sería perjudicial para la obra de la iglesia. Además, no sería fácil para mí entender mis propias actitudes corruptas. Pensé en cómo antes yo tenía la última palabra en todo en el grupo, y ninguno de los hermanos y hermanas me había dado nunca ninguna sugerencia. Llegué a creer que era bueno en todo y que lo entendía todo. Esto solo alimentó mi carácter arrogante y me hizo verme por encima de todos los demás. Después de que Wang Jin comenzó a cooperar conmigo, él decía lo que pensaba tan pronto como veía un problema. Esto me permitió tomar conciencia de mis propios problemas y de la corrupción que estaba revelando, y así poder frenarme y evitar hacer cosas que ofendieran el carácter de Dios. Wang Jin no me señalaba mis problemas y carencias a la cara para atacarme o reprimirme, y ciertamente no pretendía condenarme. Su propósito era salvaguardar la obra de la iglesia; realmente estaba tratando de ayudarme. Sin embargo, frente a una persona tan buena y con sentido de la rectitud, no solo no agradecí sus indicaciones y ayuda, sino que además confundí sus buenas intenciones con malicia, y utilicé medios despreciables y malévolos para reprimirlo y excluirlo. Esto no solo lo hirió a él, sino que también trajo trastorno y perturbación a la obra. ¡Realmente no podía distinguir el bien del mal o lo correcto de lo incorrecto! Decidí que cuando volviera a cooperar con Wang Jin, me aseguraría de aceptar sus sugerencias adecuadamente.
Poco después, los hermanos y hermanas encontraron una casa adecuada, y Wang Jin y yo comenzamos a cooperar juntos en nuestro deber. Al principio, cuando Wang Jin señalaba mis problemas, todavía me costaba dejar a un lado mi orgullo. Pensé: “Él nunca ha editado sermones antes. Si puede encontrar problemas en los sermones que yo he editado, ¿no demuestra eso que no soy tan bueno como él? ¿Qué pensará de mí?”. Al tener este pensamiento, me di cuenta de que estaba viviendo de nuevo para el orgullo y el estatus, así que conscientemente busqué las palabras de Dios para leer. Leí las palabras de Dios: “Primero debes practicar la rebelión contra tu carne, desprenderte de tu propia vanidad y orgullo, desprenderte de tus propios intereses, entregarte tanto en cuerpo como en mente a tu deber, realizar tu deber con un corazón sumiso y creer que está bien que sufras cualquier dificultad mientras satisfagas a Dios. Si te encuentras con dificultades y oras a Dios y buscas la verdad, observa cómo te guía Dios, y si posees o no paz y alegría en tu corazón, si tienes o no tal confirmación” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Al entregar el corazón a Dios, se puede obtener la verdad). Las palabras de Dios me mostraron la senda a seguir. Tenía que desprenderme de mi orgullo, poner mi corazón y mi mente en mi deber y hacerlo bien; solo entonces estaría atendiendo a mi deber propio. En realidad, cada uno tiene diferentes fortalezas. Solo lograremos buenos resultados al hacer nuestro deber aprovechando nuestras fortalezas y aprendiendo de las de los demás para compensar nuestras debilidades. La reputación y el estatus son solo cosas vacías. Aunque todos me admiren, eso no significa que yo posea la realidad-verdad, y mucho menos puede permitirme alcanzar la salvación. Si no entiendo la verdad y no me he despojado de mis actitudes corruptas, al final, de todos modos seré enviado al infierno para ser castigado. Después de darme cuenta de esto, cuando Wang Jin volvió a señalarme mis problemas, ya no me mostré tan reacio En lugar de eso, buscaba los principios relevantes basados en los problemas que él señalaba y los estudiaba. Al practicar de esta manera, no solo los problemas se resolvían rápidamente, sino que también tenía una sensación de paz y tranquilidad en mi corazón. Nuestra relación también se volvió cada vez más armoniosa. ¡Le doy gracias a Dios desde el fondo de mi corazón!