100. No permitas que la pereza sea tu ruina

Por Xinche, China

En julio de 2024, era supervisora del trabajo relacionado con textos en la iglesia. Como habían arrestado a un líder, mi compañera y yo nos enfrentábamos a los riesgos del entorno, así que tuvimos que quedarnos en casa y hacer seguimiento del trabajo mediante cartas. Al principio, aún podía hacer un seguimiento activo del trabajo y escribir cartas para hablar de los problemas en el equipo. También era capaz de buscar palabras de Dios para resolver cualquier estado de los miembros del equipo y, cuando era necesario poner en marcha el trabajo, me apuraba a hacerlo. Aunque estaba un poco ocupada, no sentía el corazón tan cansado. A medida que aumentaba mi carga de trabajo y era necesario resolver los problemas de todos los grupos, pensé: “Si cada tarea implica un seguimiento y una comunicación detallada, ¿cuánto pensamiento y esfuerzo mental requerirá eso? Además, ¡sería demasiado hacer seguimiento de todos los detalles de tanto trabajo!”. Consideré que los hermanos y hermanas de un grupo llevaban muchos años haciendo deberes relacionados con textos, habían dominado algunos principios y logrado algunos resultados en su deber. No veía necesario preocuparme mucho por ese grupo, así que no le presté mucha atención a su trabajo después de eso. A veces me planteaba indagar en detalle sobre si tenían o no alguna dificultad para hacer su deber, pero luego pensaba: “Entender esos detalles requiere esforzarse y pensar mucho. Olvídalo. Cuentan con unas habilidades profesionales bastante buenas y algo de experiencia en el trabajo; que lo hagan ellos, pues”. Después de eso, no volví a indagar ni a hacer un seguimiento en detalle sobre el trabajo de ese grupo. Pasado un tiempo, vi que hacía días que no enviaban ningún sermón, así que les escribí enseguida para averiguar qué estaba pasando. La líder del grupo me informó que la calidad de los sermones que habían recibido últimamente era escasa y no muchos se podían enviar. Se hallaba en un estado un tanto abatido en vista de los malos resultados del trabajo. Compartí brevemente con ella, le pedí que asumiera la carga y guiara a todos a sintetizar las desviaciones. Después de eso, mi intención era indagar sobre el trabajo de este grupo en mayor detalle, pero luego pensé: “Todavía tengo algo de trabajo que hacer. Supondrá pensar mucho y un gran esfuerzo entender y resolver estos problemas. La líder del grupo conoce algunos principios y los líderes también sintetizaron los problemas en los sermones que les enviamos. La senda que debatieron era bastante clara, así que puedo dejar que estudien y se impliquen por su cuenta”. De esta manera, reenviaba sin más las cartas de los líderes al grupo y no sintetizaba los problemas y las desviaciones con ellos. No les pregunté detalles sobre el trabajo, tales como su manera de estudiar y si podían aplicar lo que habían aprendido.

No mucho después, llegó una carta de los líderes en la que decían que el trabajo del equipo de sermones progresaba con lentitud y los que enviaban eran de poca calidad. Me pidieron que averiguara el motivo con urgencia. Cuando leí esta carta, sentí remordimiento por dentro y solo entonces comencé a reflexionar sobre mí misma. Vi estas palabras de Dios: “La principal característica del trabajo de los falsos líderes es parlotear sobre doctrina y repetir consignas. Tras dictar sus órdenes, sencillamente se lavan las manos del asunto. No preguntan por el desarrollo posterior del trabajo; no preguntan si han surgido problemas, anomalías o dificultades. Consideran que han terminado su cometido en el momento en el que asignan el trabajo. […] No hacer seguimiento del trabajo, no hacer nada más después de haberlo asignado, lavarse las manos: así es como hacen las cosas los falsos líderes. También son manifestaciones de los falsos líderes no hacer un seguimiento del trabajo ni dar indicaciones respecto a este ni pedir información sobre los problemas que surgen ni resolverlos ni captar el progreso o la eficacia del trabajo(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (4)). “Los falsos líderes son incapaces de hacer trabajo real; hagan lo que hagan, empieza con fuerza, pero al final se queda en nada. El papel que desempeñan es el de maestro de ceremonias: entonan consignas, predican doctrinas y, una vez que les han asignado el trabajo a otros y han dispuesto quiénes serán responsables de él, se acabó. Se parecen a los altavoces a toda potencia que se encuentran en las zonas rurales de China, hasta ese punto llega su papel. Lo único que hacen es algo de trabajo preliminar; en lo que respecta al resto del trabajo, no se les ve por ninguna parte. En cuanto a cuestiones concretas, como la marcha de cada aspecto del trabajo, si se ajusta a los principios y si es eficaz, no conocen las respuestas. Nunca se relacionan a fondo con las bases ni visitan el lugar de trabajo para entender y captar el progreso y las particularidades de cada aspecto del trabajo. Por tanto, es posible que los falsos líderes no se propongan provocar trastornos y perturbaciones ni cometer maldades varias en el cargo de líder, pero, de hecho, paralizan el trabajo, retrasan el progreso de cada aspecto del trabajo de la iglesia e imposibilitan que el pueblo escogido de Dios haga bien el deber y obtenga la entrada en la vida. Al trabajar de esta manera, ¿cómo es posible que guíen al pueblo escogido de Dios hacia la senda correcta de fe en Él? Esto demuestra que los falsos líderes no hacen ningún trabajo real. No hacen seguimiento del trabajo del que deben responsabilizarse ni facilitan orientación ni supervisión del mismo para garantizar que la labor de la iglesia progrese con normalidad; no logran cumplir las pretendidas funciones de los líderes y obreros ni cumplir su lealtad o sus responsabilidades. Esto confirma que los falsos líderes no son leales en su forma de realizar su deber, que simplemente son negligentes; engañan tanto al pueblo escogido de Dios como a Él mismo, y afectan e impiden que se lleve a cabo Su voluntad. Este hecho es evidente para todos(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (4)). Cuando leí estas palabras de Dios que dejaban en evidencia a los falsos líderes, me sentí muy juzgada. Los falsos líderes disfrutan de la comodidad carnal y son superficiales en su deber. Cuando ponen en marcha el trabajo, les basta con transmitir órdenes y dictar instrucciones para sentirse satisfechos; no supervisan ni hacen seguimiento de verdad sobre los detalles del trabajo ni entienden ni captan los problemas en este. Aunque descubran problemas, no los resuelven con rapidez, con lo que demoran gravemente el progreso del trabajo. ¿No era mi conducta exactamente esta? Siempre temía dedicar esfuerzo y acabar agotada, y no tenía ningún sentido de la responsabilidad en mi deber. Cuando vi que el trabajo de sermones no estaba dando resultados en un grupo, me limité a actuar por inercia al preguntar por el trabajo y le pedí a la líder del grupo que guiara a sus miembros a que sintetizaran las desviaciones y los problemas. Incluso cuando luego descubrí que los miembros del grupo aún vivían con dificultades, no quise dedicar más esfuerzo ni pagar más precio para resolver esto. Me limité a reenviarles las cartas de los líderes y les pedí que estudiaran y se involucraran por su cuenta, sin resolver en realidad los problemas del trabajo. Comprendí que yo era igual que un falso líder: era irresponsable en mi deber y solo actuaba por inercia sin hacer trabajo real. No resolví las dificultades reales en mi deber, así que nadie obtuvo una senda a seguir en su deber y el trabajo se paró. Todo ello fue consecuencia de no haber hecho trabajo real. La intención de Dios al encargarme el deber de supervisora era que hiciera seguimiento, supervisara y me implicara en los detalles del trabajo del equipo, así como que indagara y captara el estado de sus miembros, descubriera las desviaciones y problemas en su deber y fuera capaz de compartir la verdad con prontitud para resolver estas cosas, con lo que permitiría que el trabajo progresara con normalidad. Sin embargo, no cumplí con mis responsabilidades. En mi deber, me contentaba con simplemente transmitir órdenes y pensaba que, mientras que el trabajo se pusiera en marcha, todo estaba bien. También pensaba que, como todos los miembros de ese grupo habían estado haciendo deberes relacionados con textos durante muchos años y habían dominado algunos principios, no hacía falta que pensara más en ello ni le dedicara más esfuerzo. Les cargué con todo el trabajo como si fuera lo normal y me convertí en una jefa que no intervenía. Al pensarlo bien, aunque tenían algo de experiencia en su deber, todo el mundo tiene desviaciones y deficiencias y a veces puede vivir con actitudes corruptas, así que debería haber indagado todo el tiempo sobre sus actitudes hacia el deber, haber conocido los problemas y dificultades del trabajo y haberlos solventado con celeridad. Eran mi responsabilidad. Sin embargo, en lo único que pensaba era en cómo reducir el sufrimiento de mi carne. ¡No mostraba consideración alguna hacia la intención de Dios! Aunque dedicaba menos esfuerzo mental y mi carne no estaba tan cansada, demoraba el progreso del trabajo al mostrar consideración por la carne y ser superficial al hacer mi deber y había cometido una transgresión ante Dios. Al pensarlo, tuve profundos remordimientos y me sentí en deuda con Él.

Más adelante, reflexioné. ¿Por qué no estaba dispuesta a dedicar más esfuerzo a mi deber y todo el tiempo era superficial e irresponsable? Leí las palabras de Dios: “Existe otro tipo del que hemos hablado a menudo mientras hablábamos sobre el tema de ‘las responsabilidades de los líderes y obreros’. Este tipo tiene algo de calibre, no anda falto de inteligencia, en su trabajo cuenta con formas, métodos y planes para resolver los problemas y, cuando le encargan un trabajo, puede ponerlo en marcha de un modo cercano a los estándares esperados. Es capaz de descubrir cualquier problema que surja en el trabajo y puede además resolver algunos; cuando oye los problemas de los que informan algunas personas u observa el comportamiento, las manifestaciones, el discurso y las acciones de otras, reacciona en su fuero interno y tiene su propia opinión y actitud. Por supuesto, si estas personas persiguen la verdad y tienen un sentido de la carga, entonces todos estos problemas se pueden resolver. Sin embargo, de manera inesperada, se quedan problemas sin resolver en el trabajo que recae bajo la responsabilidad del tipo de persona sobre el que estamos hablando hoy. ¿Por qué pasa esto? Porque estas personas no hacen trabajo real. Aman la comodidad y odian el trabajo arduo, solo hacen esfuerzos superficiales y aparentes, les gusta permanecer ociosos y disfrutar de los beneficios del estatus, les gusta dar órdenes a la gente y hablan por hablar y hacen algunas sugerencias y con eso dan el trabajo por concluido. No se toman en serio ningún elemento del trabajo real de la iglesia ni del trabajo crucial que Dios les encomienda; no tienen este sentido de la carga e, incluso si la casa de Dios enfatiza estas cosas en repetidas ocasiones, ellos siguen sin tomárselas en serio. Por ejemplo, no quieren intervenir ni indagar sobre el trabajo de producción de películas ni sobre el relacionado con textos de la casa de Dios, ni desean examinar cómo progresan estos tipos de trabajo y qué resultados están logrando. Solo hacen algunas indagaciones indirectas y, una vez que saben que las personas están ocupadas con este trabajo y lo están haciendo, no se preocupan más por ello. Incluso cuando saben perfectamente bien que hay problemas en el trabajo, siguen sin querer hablar sobre ellos ni resolverlos, así como tampoco indagan ni examinan cómo hacen sus deberes las personas. ¿Por qué no indagan ni investigan estas cosas? Piensan que, si las investigan, entonces habrá muchos problemas esperando a que los resuelvan y será demasiado preocupante. ¡La vida será demasiado agotadora si siempre tienen que estar resolviendo problemas! Si se preocupan demasiado, nunca más saborearán la comida ni podrán dormir bien, su carne estará cansada y la vida se tornará entonces miserable. Por eso, cuando perciben un problema, lo eluden y lo ignoran si pueden. ¿Qué problema hay con este tipo de persona? (Son demasiado vagos). Decidme, ¿quién tiene un problema grave: la gente perezosa o la de poco calibre? (La gente perezosa). ¿Por qué tiene un problema grave la gente perezosa? (Las personas con poco calibre no pueden ser líderes ni obreros, pero pueden ser en cierto modo eficaces cuando realizan un deber que se ajusta a sus capacidades. Sin embargo, las personas perezosas no pueden hacer nada; aunque tengan calibre, no tiene ningún efecto). Las personas perezosas no son capaces de hacer nada. Resumido en dos palabras, son personas inútiles; tienen una discapacidad de segunda clase. Por muy bueno que sea el calibre de los perezosos, no es más que una fachada; aunque tienen buen calibre, no sirve para nada. Son demasiado perezosos, saben lo que deben hacer, pero no lo hacen y, aunque tengan conocimiento de que algo supone un problema, no buscan la verdad para resolverlo, y si bien saben qué dificultades deben sufrir para que el trabajo sea efectivo, no están dispuestos a soportar ese sufrimiento aunque merezca la pena, así que no pueden obtener ninguna verdad ni realizar ningún trabajo real. No desean soportar las penurias que a las personas les toca soportar; solo saben disfrutar de la comodidad, de los momentos de alegría y ocio, y de una vida libre y relajada. ¿Acaso no son inútiles? Las personas que no pueden soportar la adversidad no merecen vivir. Aquellos que siempre desean vivir la vida de un parásito son personas sin conciencia ni razón, bestias, y tales personas no son aptas siquiera para ser mano de obra. Como no pueden soportar la adversidad, ni siquiera cuando son mano de obra son capaces de hacerlo bien y, si desean obtener la verdad, hay incluso menos esperanzas de ello. Alguien que no puede sufrir y no ama la verdad es una persona inútil, no está cualificada siquiera para ser mano de obra. Es una bestia sin pizca de humanidad. A tales personas se las debe descartar, solo esto concuerda con las intenciones de Dios(La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (8)). “La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persiga la gente, lo hace para sí misma, por tanto solo vive para sí misma. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta y son el auténtico retrato de su naturaleza satánica. Dicha naturaleza satánica se ha convertido ya en la base de la existencia de la humanidad corrupta. La humanidad corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). Dios dice: “Por muy bueno que sea el calibre de los perezosos, no es más que una fachada”, “Alguien que no puede sufrir y no ama la verdad es una persona inútil, no está cualificada siquiera para ser mano de obra. Es una bestia sin pizca de humanidad” y “se debe descartar”. Comprendí lo mucho que Dios odia a los falsos líderes. Por muy bueno que sea el calibre de un falso líder, como es demasiado perezoso, es irresponsable en su deber y no supervisa ni hace seguimiento de los detalles del trabajo, ni siquiera está cualificado para desempeñar mano de obra y provocará el odio y el aborrecimiento de Dios. Al leer estas palabras, sentí como si Dios estuviera juzgándome cara a cara y cada línea me atravesó el corazón. Pensando en ello, la razón por la cual no estaba dispuesta a dedicar más energía mental era que yo era demasiado perezosa y disfrutaba demasiado de la comodidad. Antes de haber encontrado a Dios, a menudo oía a las personas decir: “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “saborear el vino y disfrutar de la música; ¿cuánto tiempo ofrece realmente la vida?” y “aprovecha la vida sin prestar atención a lo que está bien y lo que está mal”. Estas ideas absurdas que me inculcó Satanás me habían condicionado y envenenado, así que me gustaba vivir en la comodidad de la carne y perseguía una vida libre y cómoda. Me parecía que una persona solo puede tener una vida libre y relajada con un buen disfrute carnal. Vivía según estos puntos de vista satánicos sobre la supervivencia y, cada vez que mi deber se volvía ajetreado y agotador, empezaba a considerar mi carne y a planificar para ella y ni siquiera hacía las cosas que estaban dentro de mis capacidades. Era bien consciente de que el progreso del trabajo era lento y que los miembros de ese grupo se habían topado con dificultades en su deber, pero no quería pagar un precio para resolver estas cuestiones. En lo único que pensaba era en cómo podía trabajar y sufrir menos. ¡Mi naturaleza era realmente egoísta y despreciable y no tenía humanidad alguna! Dios se hizo carne y llegó a la tierra para obrar y salvar a las personas. Nunca suelta consignas, sino que, en su lugar, expresa la verdad de manera práctica para proveer a las personas de acuerdo con lo que les falta. Sean cuales sean las dificultades y los problemas que tengamos los humanos, Cristo comparte al respecto con nosotros sin descanso y con paciencia, con lo cual resuelve de manera práctica diversos problemas y dificultades en nuestro deber. Comprendí que Cristo se comporta con gran diligencia y responsabilidad. Entonces me volví a mirar a mí misma. Siempre que podía era superficial en mi deber e intentaba sufrir lo menos posible. Era muy perezosa y decadente y vivía sin integridad ni dignidad de ninguna clase. Si no me arrepentía, al final Dios me desdeñaría y descartaría, y yo echaría a perder mi ocasión de salvarme y el momento en el que la obra de Dios llegara a su fin también sería el momento de mi castigo. Me sentí sumamente triste y culpable al pensarlo. Oré a Dios: “Dios, todo el tiempo muestro consideración por mi carne en mi deber y no quiero esforzarme más. Solo suelto consignas y no hago ningún trabajo real. He perjudicado mi deber y he provocado que me aborrezcas. Dios, estoy dispuesta a arrepentirme. De ahora en adelante, estoy dispuesta a rebelarme contra mi carne y a resolver los problemas reales en el equipo de manera pragmática, haciendo bien mi deber para satisfacerte”.

Más tarde, leí más palabras de Dios: “Dios te ha concedido suficiente calibre y unas condiciones superiores, lo que te permite ver algunas cosas con claridad y ser competente para este trabajo. Sin embargo, no tienes la actitud correcta, careces de devoción y sinceridad y no quieres esforzarte al máximo para hacerlo bien. Esto decepciona mucho a Dios. Por tanto, si eres holgazán y siempre piensas que el trabajo que se te ha asignado es molesto y no quieres hacerlo, y refunfuñas en tu fuero interno: ‘¿Por qué me piden a mí que lo haga y no a otra persona?’, entonces este es un pensamiento necio. Cuando un deber recae sobre ti, no es un suceso desgraciado, es un honor y deberías aceptarlo felizmente. Hacer el deber que te corresponde no te llevará al agotamiento. Al contrario, si haces bien tu deber, entiendes la verdad y resuelves los problemas, te sentirás en paz y asentado en tu corazón y no habrás decepcionado a Dios. Ante Dios, tendrás fe y podrás comportarte con la cabeza bien alta(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)). “No hablamos de completar una gran misión, deber o responsabilidad; pero como mínimo, debes cumplir con algo. Por ejemplo, en la iglesia, algunas personas ponen todo su empeño en el deber de predicar el evangelio, empleando la energía de toda su vida, pagando un precio enorme y ganando a mucha gente. Por eso, sienten que la vida no ha sido en vano y que tienen valor y consuelo. Cuando se enfrentan a la enfermedad o a la muerte, cuando hacen balance de toda su vida y recuerdan todo lo que han hecho, la senda que han recorrido, hallan consuelo en el corazón. No experimentan acusaciones ni remordimientos. Algunas personas no escatiman esfuerzos cuando son líderes en la iglesia o son responsables de un determinado aspecto del trabajo. Desatan su máximo potencial, empleando todas sus fuerzas, gastando toda la sangre de su corazón y pagando el precio del trabajo que realizan. Mediante su riego, liderazgo, asistencia y apoyo, ayudan a muchos sumidos en su propia negatividad y sus propias debilidades a hacerse fuertes y mantenerse firmes, a no retraerse, sino a volver en su lugar a la presencia de Dios e incluso a dar finalmente testimonio de Él. Además, durante el periodo de su liderazgo, llevan a cabo muchas tareas significativas, eliminando a no pocos malvados, protegiendo a muchos de los escogidos de Dios y recuperando varias pérdidas importantes. Todos estos logros tienen lugar durante su liderazgo. Al volver la vista atrás hacia la senda que recorrieron, recordando el trabajo que hicieron y el precio que pagaron a lo largo de los años, no sienten remordimientos ni acusaciones. No sienten arrepentimiento alguno por hacer esas cosas y creen que han vivido una vida valiosa y tienen firmeza y consuelo en el corazón. Eso es una maravilla. ¿Acaso no son esos los frutos que han obtenido? (Sí). Este sentido de estabilidad y consuelo, esta falta de remordimientos, son el resultado y los frutos de su búsqueda de cosas positivas y de la verdad. No sometamos a las personas a estándares altos. Consideremos una situación en la que alguien se enfrenta a una tarea que debe o está dispuesto a hacer en la vida. Tras encontrar su lugar, se mantiene con firmeza en su puesto, conserva su posición, invierte toda la sangre de su corazón y toda su energía, y cumple y termina aquello en lo que debe trabajar y ha de completar. Cuando se presenta finalmente ante Dios para rendir cuentas, se siente relativamente satisfecho, no alberga acusaciones ni remordimientos en el corazón. Se siente reconfortado y piensa que ha conseguido algo, que ha vivido una vida valiosa(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (6)). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, entendí Su intención. Dios me concedió dones y calibre y me dio la oportunidad de ser supervisora con la esperanza de que pagara un precio en mi deber, fuera seria y responsable en mis acciones y cumpliera bien el deber con todo mi corazón. Mi vida solo podía tener significado de esta manera. Si en mi deber soy siempre perezosa y disfruto de la comodidad, entonces, aunque mi carne no sufra demasiado, perjudicaré al trabajo. Esto es algo que provoca el aborrecimiento de Dios. Ahora la obra de Dios ha alcanzado su momento crítico final. Si continúo mostrando consideración hacia la carne y no dedico tiempo ni energía a mi deber, entonces, cuando la obra de Dios termine, me quedaré con eternos remordimientos. Tenía que dar un giro a mi actitud hacia el deber, ser seria y responsable y cumplir con mi deber con todo mi corazón y mi fuerza; cuando descubriera problemas, debía confiar en Dios y buscar la verdad para resolverlos, y debía hacer algo de trabajo real de manera pragmática. Después de eso, en efecto averigüé e investigué la razón de la poca calidad de los sermones. Sobre todo, se debía a que los hermanos y hermanas no captaban adecuadamente los principios de cribar sermones y no podían aplicar lo que habían aprendido. Cribamos algunos sermones y estudiamos principios juntos en respuesta a estos problemas, además de hablar sobre los problemas y desviaciones y corregirlos con prontitud cuando los descubríamos. Conseguimos algunos resultados en nuestro deber. Aunque me tomó más tiempo y energía y mi carne sufrió un poco más, sentí el corazón en paz y en calma. Al mismo tiempo, al estudiar los principios con los miembros del equipo, también los entendí mejor. Todos estos resultados se lograron mediante la participación real en el trabajo.

Más adelante, hice seguimiento del trabajo de los otros equipos mientras prestaba atención al trabajo del de sermones. Debatí en detalle y uno a uno junto a mis hermanos y hermanas los principios que los líderes pusieron en marcha y debatí y resolví a tiempo cualquier desviación que nos encontramos en el trabajo. En una ocasión, los líderes indicaron que, aunque el equipo de sermones enviaba muchos sermones, su calidad no era buena, y me pidieron que compartiera con ellos sin demora a fin de revertir la situación. Pensé: “En este momento aún me queda algo de trabajo que poner en marcha. Escribirle al equipo de sermones para comunicar esto me tomaría más tiempo y energía y mi carne sufriría más. ¿Por qué no comunico brevemente con ellos, incorporo la carta del líder y les pido que presten más atención en el futuro?”. Sin embargo, después leí las palabras de Dios: “Cuando quieras holgazanear y hacer las cosas por inercia, cuando quieras actuar de manera evasiva y ser un vago, y cada vez que te distraigas o prefieras estar pasándotelo bien, deberías plantearte: ‘Si me comporto de esta manera, ¿estoy siendo indigno de confianza? ¿Pongo el corazón en la realización de mi deber? ¿Estoy siendo desleal al hacer esto? Si hago esto, ¿estoy fracasando en estar a la altura de la comisión que me ha confiado Dios?’. Esa debe ser tu autorreflexión. Si llegas a descubrir que siempre eres superficial en tu deber, que eres desleal y que le has hecho daño a Dios, ¿qué deberías hacer? Deberías decir: ‘En ese momento percibí que algo andaba mal, pero no lo consideré un problema; lo pasé por alto despreocupadamente. Hasta ahora no me he dado cuenta de que en realidad había sido superficial, de que no había estado a la altura de mi responsabilidad. Ciertamente me falta conciencia y razón’. Has detectado el problema y has llegado a conocerte un poco a ti mismo, así que ahora debes dar un giro a tu vida. Tu actitud respecto al cumplimiento de tu deber fue equivocada. Fuiste descuidado con él, como si se tratara de un trabajo extra, y no te dedicaste a ello de corazón. Si vuelves a ser superficial, debes orar a Dios y permitir que te discipline y te reprenda. Debes tener una voluntad semejante en el cumplimiento de tu deber. Solo entonces puedes arrepentirte de verdad. Es posible que únicamente cambies cuando tu conciencia esté limpia y tu actitud hacia el cumplimiento de tu deber se transforme(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El único camino posible es la lectura frecuente de las palabras de Dios y la contemplación de la verdad). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, pensé que en el pasado había sido demasiado perezosa al hacer mi deber y no había estado dispuesta a sufrir ni a dedicar mucho esfuerzo mental, lo que había demorado el trabajo. Tenía que darle un giro a mi actitud hacia mi deber y no podía disfrutar constantemente de la comodidad como había hecho en el pasado. Tenía que rebelarme contra la carne y cumplir con las responsabilidades que me correspondían. Después de eso, escribí una carta para hablar sobre sus desviaciones y señalar en detalle la senda a seguir. Pasado un tiempo, la calidad de los sermones que enviaban mejoró. Ahora, aunque la carga de trabajo sigue siendo pesada y exigente, mi actitud hacia el deber ha cambiado, y priorizo mi trabajo adecuadamente, en efecto participo, superviso y hago seguimiento de los detalles del trabajo del equipo. Cuando nos sobrevienen dificultades, busco la verdad y las resuelvo con los hermanos y hermanas y, lentamente, el trabajo ha empezado a mejorar. Aunque pago un precio mayor y mi carne sufre un poco más, siento el corazón en paz y en calma. Doy gracias a Dios por guiarme hacia esta transformación.

Anterior: 99. Reflexiones después de que rechacé mi deber

Ahora ya han aparecido varios desastres inusuales, y según las profecías de la Biblia, habrá desastres aún mayores en el futuro. Entonces, ¿cómo obtener la protección de Dios en medio de los grandes desastres? Contáctanos, y te mostraremos el camino.

Contenido relacionado

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro