20. Ser honesto me ha dado paz y alegría
La situación económica de mi familia era bastante modesta: mis padres no tenían ningún oficio, así que solo podían vivir de la agricultura. Al lado del pueblo había una fábrica donde mi padre también podía ganar algo de dinero. Aunque sus ingresos eran bajos, bastaban para mantener a nuestra familia de cinco personas. Sin embargo, cuando cumplí doce años, dejé de conformarme con eso y envidiaba, sobre todo, la vida que tenían los ricos. Tenía un muy buen amigo cuya familia tenía un camión grande. Su nivel de vida era de los mejores de todas las familias de nuestro pueblo, y todo el mundo los envidiaba. La gente de su familia extendida también solía hablar con esta familia cuando tenían algún problema. Al ver estas cosas, decidí que cuando creciera, tenía que ganar más dinero y vivir una vida como la de su familia. Ese deseo se grabó profundamente en mi corazón. No saqué muy buenas notas en la escuela, así que, después de terminar la escuela primaria, me fui a trabajar a una obra para ganar dinero. Empecé a aprender carpintería cuando tenía diecisiete años. De a poco, bajo la influencia condicionante del entorno social, “El dinero es lo primero” y “El dinero mueve el mundo” se convirtieron en mis lemas y reforzaron aún más mi deseo de hacer dinero.
Trabajé durante varios años para un carpintero, pero no gané mucho dinero. Pensé: “Si sigo así, ¿cuándo podré tener una vida que los demás admiren?”. Así que encontré otra senda y creé mi propia empresa que hacía reformas de interiores. Al principio, para conseguir más trabajo, mantenía mis precios muy bajos, compraba los materiales junto con los clientes y me esforzaba mucho para hacer bien el trabajo. Cuando los materiales que me enviaba el dueño de una tienda de materiales de construcción eran de mala calidad, le pedía que los cambiara por unos buenos. Mis clientes estaban muy agradecidos de que tuviera tanta consideración con ellos. La calidad de nuestro trabajo era buena y mis precios eran bajos, lo que nos permitió ganarnos el elogio de los clientes y, de a poco, empezamos a tener más encargos. Más adelante, el dueño de una tienda de materiales de construcción me invitó a cenar expresamente para asegurar más clientes habituales. Me preguntó: “¿Cuánto te dan de coima los otros jefes cuando les compras materiales?”. Le pregunté confundido: “¿Qué coimas? Nadie me da nada”. El dueño se sorprendió y me dijo: “Eres demasiado honesto. ¿Cómo vas a ganar dinero trabajando así? ¿En qué época crees que estamos? ¡Tienes que adaptarte a los tiempos! Como dice el refrán: ‘Donde hay un rico hay un ladrón’. Las coimas son comunes en cualquier sector en el que trabajes. Por lo general, los clientes se gastan entre 10 000 y 20 000 yuanes en materiales para reformar su casa. Puedes llevarte una coima de mil o dos mil de eso. ¿Por qué no lo haces, si puedes conseguirlo sin esfuerzo y solo con mover la boca? ¿Qué te parece si me traes los clientes a mí? Y yo prometo que te ayudaré a ganar decenas de miles más al año”. Cuando oí eso, al principio pensé que sí sería una buena forma de ganar dinero, pero luego pensé: “¿No sería esto estafar a los clientes?”. Sentí que mi conciencia no me lo permitiría, así que dije: “No, no creo que pueda. La mayoría de mis clientes vienen recomendados por conocidos. Si se enteran de que los he estafado, ¡se acabará el negocio!”. El jefe me respondió con seguridad: “Llevo décadas en esto y nunca ha venido ningún cliente a reclamarme nada, ¡así que no te preocupes! Tienes que cambiar de estrategia, si no, no vas a ganar nada de dinero. La gente suele decir: ‘Solo los tontos son honrados’. Piénsalo. ¿No es verdad?”. Pensé que lo que decía tenía sentido y que podría ganar mucho más dinero si trabajaba con él. Además, si seguía trabajando de forma honesta, ¿cuándo conseguiría tener esa vida envidiable de lujo que tanto anhelaba? Además, todas las otras personas que trabajaban en mi rubro iban al trabajo en coche, lo que daba una muy buena impresión y sus clientes también los admiraban. En cambio, yo aún era jefe, por pequeña que fuera mi empresa, pero andaba en moto. ¡Era demasiado degradante! Al pensar en esto, acepté. A los pocos días, un familiar de un amigo vino a verme porque necesitaba reformar su oficina y me pidió que le ayudara a comprar los materiales. El dueño de la tienda de materiales de construcción me dijo: “Esta es una oportunidad de oro. Si le subes un poco más el precio, tu coima será mayor”. Sentí que mi conciencia no me lo permitiría, pero, al ver que yo no soportaba la idea de hacerlo, me dijo: “Eres demasiado ingenuo; ¿quién se guía por la conciencia hoy en día? Aunque le ahorres dinero al cliente, no va a ir por ahí diciendo lo bueno que eres. No te preocupes, no notará nada raro en el pedido”. Aun así, me sentía algo renuente, así que solo acepté una coima más pequeña. Después, el dueño de la tienda de materiales vino a la empresa y le entregó el pedido al familiar de mi amigo. Me preocupaba que se diera cuenta y el corazón me latía a mil, como un conejo atrapado. Pensé: “El familiar de mi amigo es una persona lista. Si se da cuenta de que hay gato encerrado, ¿no quedaré terriblemente mal?”. Como estaba nervioso, no me atrevía a mirarlo a la cara. Justo cuando me sentía ansioso, me preguntó: “¿Has revisado todos los materiales?”. Pensé: “¿Habrá notado algo raro?”. Sentí un poco de miedo y le respondí sintiéndome culpable: “Sí, ya lo he hecho”. De forma inesperada, él solo miró el precio, firmó y le pidió directamente al dueño que había vendido los materiales que fuera al departamento de finanzas a cobrar. En ese momento, empecé a relajarme un poco. Pensé: “Es mejor que en el futuro no haga tantas cosas como esta que van en contra de mi conciencia. Si las hago, ¡no voy a tener la conciencia tranquila!”.
Después, el dueño de la tienda de materiales de construcción me dio una coima de 2 800 yuanes y también me invitó a comer. Miré el dinero fácil que había ganado y pensé: “He ganado todo este dinero solo con hablar y sin hacer ningún esfuerzo. Es realmente cierto que el dicho ‘Donde hay un rico hay un ladrón’ tiene mucho sentido. Este era solo un proyecto pequeño. Si consiguiera unos cuantos proyectos grandes, ¿cuánto más podría ganar? Si sigo así, seguro que mis ingresos serán bastante considerables. En unos años, podré llevar la vida de alguien adinerado”. Sin embargo, cuando pensé en que ese dinero lo había ganado vendiendo mi reputación, no paraba de sentirme intranquilo. Por otro lado, si me limitaba a seguir trabajando con honestidad, como antes, no ganaría mucho dinero en absoluto. Pasé varios días con el corazón dividido y, al final, al ver ese dinero que gané con tan solo hablar, acabé eligiendo el beneficio. Desde entonces, “Donde hay un rico hay un ladrón” se convirtió en mi lema. Para ganar más dinero y vivir una vida superior a la de los demás, empecé a estafar sin cesar a mis clientes y a hacer cosas que iban en contra de mi conciencia. Una vez, compré un lote de tableros de mala calidad y dije a los obreros: “Si viene el cliente, no empiecen a trabajar. No lo dejen ver los materiales que estamos usando”. Pero justo cuando la obra estaba en marcha, el cliente entró de repente. El corazón se me subió a la garganta y me empezaron a sudar las palmas de las manos; estaba aterrorizado de que el cliente notara los defectos. Si lo hubiera descubierto, no solo habría perdido la paga, sino también el dinero que había gastado en los materiales. Por suerte, el cliente no se percató en ese momento. Cuando llegué a casa después del trabajo, aún estaba preocupado: “¿Irá el cliente a la obra por la noche? ¿Y si descubre que hay un problema con los materiales?”. Estaba constantemente intranquilo, y no me sentí relajado hasta que el trabajo terminó y pagaron la factura. De a poco, empecé a ganar cada vez más dinero y no solo compré una casa y ahorré algo de dinero, sino que también me empezaron a envidiar y a elogiar mis familiares y amigos. Antes, cuando no tenía dinero, cada vez que me encontraba con gente que conocía y les hablaba, no me respondían. Ahora, cuando se encuentran conmigo, siempre son ellos los que me saludan primero y me reciben con una sonrisa. A veces les pedía ayuda y la mayoría aceptaba sin reparos. Sentía que los dichos “El dinero no es omnipotente, pero sin él no se puede hacer absolutamente nada” y “El dinero mueve el mundo” eran muy ciertos. Pero a veces me detenía a pensar que, aunque en los últimos años había ganado dinero y me había comprado una casa y un coche yendo en contra de mi conciencia, no me sentía realmente feliz. En lugar de eso, vivía entre preocupaciones y recelos todo el día. Si los clientes descubrieran que había hecho esas cosas poco éticas, seguro que me señalarían y me reprenderían. No podía ni imaginarme cómo sería esa escena. Mis clientes y yo éramos del mismo pueblo, así que nos veíamos todo el tiempo, pero, a veces, cuando me los cruzaba, ni siquiera me atrevía a levantar la cabeza y mirarlos a los ojos. No lograba quitarme de encima la condena y las acusaciones que sentía en el corazón y, a veces, incluso soñaba que los clientes venían a mi puerta, lo que me hacía despertar sobresaltado. A veces también pensaba: “Deja de engañar a la gente. Sería mejor volver a trabajar como antes y hacer el trabajo bien y con honradez. Estaré bien, aunque gane poco dinero”. Pero luego pensaba en que mis hijos necesitarían dinero para todo tipo de cosas cuando crecieran y, además, sin dinero, mi nivel de vida material también bajaría. No estaba del todo dispuesto y me sentía atrapado en un dilema. A menudo suspiraba: “¿Por qué la vida es tan dolorosa?”.
En octubre de 2013, acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y empecé a vivir la vida de iglesia. En las reuniones, vi que mis hermanos y hermanas hablaban abiertamente de lo que llevaban en el corazón y compartían sobre la corrupción que revelaban en su vida. Esto es algo que jamás se ve en la sociedad. Una vez, en una reunión, una hermana habló sobre su experiencia de ser una persona honesta. Cuando habló de cómo ella y su marido mentían y engañaban a la gente para vender cosas, dije, sintiendo lo mismo: “La gente en este mundo está cada vez peor. Todo se trata de que tú me engañes a mí y yo te engañe a ti. Al igual que yo, que no ganaría nada de dinero si trabajara en la construcción de forma honrada. Uno tiene que engañar y estafar para ganar más dinero”. La hermana entonces dijo: “Todo esto se debe a que Satanás corrompe a la gente. Hace que vivamos en el pecado, perdamos los límites más básicos de nuestra conducta y nos deja casi sin poder sentir nuestra conciencia”. En ese momento, leímos un pasaje de las palabras de Dios: “¿Qué aspectos del hombre corrompe Satanás con cada una de estas tendencias? Satanás corrompe principalmente la conciencia, la razón, la humanidad, la moral y la perspectiva sobre la existencia del hombre. ¿Y no degradan gradualmente a las personas estas tendencias sociales y las hacen cada vez más corruptas? Satanás utiliza estas tendencias sociales para atraer a la gente paso a paso a una guarida de diablos, de modo que esta, sin saberlo, reverencie el dinero, los deseos materiales, el mal y la violencia en medio de las tendencias sociales. Una vez que la gente reverencia estas cosas negativas, ¿en qué se convierte? ¡Se convierte en diablos y satanases! Esto se debe a que el corazón de las personas se ocupa de aquello que reverencian; cuando la gente reverencia las cosas negativas, empieza a amar el mal y la violencia, y ya no le gusta la belleza, la bondad y la paz. Se vuelven reacios a vivir vidas sencillas en una humanidad normal, y en su lugar desean disfrutar de un estatus elevado y una gran riqueza, deleitarse en la carne, sin escatimar esfuerzos para satisfacer su propia carne, sin restricciones ni ataduras; en otras palabras, hacer lo que les plazca. […] Ya no hay afecto y lealtad entre las personas, ya no hay amor entre los miembros de la familia, ya no hay entendimiento entre parientes y amigos; las relaciones humanas están llenas de violencia. Todas y cada una de las personas buscan vivir entre los demás con medios y métodos violentos, asegurar su sustento usando la violencia, ganarse sus posiciones y obtener sus ganancias mediante la violencia, y emplear formas violentas y perversas para hacer cualquiera de las cosas que quieren. ¿No es horrorosa esta humanidad?” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Las palabras de Dios me permitieron entender que Satanás usa la fama, el provecho y el dinero para tentarnos y nos hace valorar el dinero por encima de todo lo demás. Con tal de conseguir dinero y que los demás nos admiren, no tenemos escrúpulos y engañamos a los demás, en contra de lo que nos dicta nuestra conciencia. Ni siquiera le hacemos caso al afecto familiar o a la amistad, y toda conciencia y razón desaparecen. Recordé cómo, cuando empecé a trabajar por mi cuenta, aún era capaz de ganar dinero de forma honrada. Sin embargo, cuando vi que los demás estafaban para ganar grandes sumas de dinero, disfrutaban de una buena vida material y eran admirados, empecé a dejarme llevar por la corriente y traicioné mi conciencia, usando varios métodos para estafar a mis clientes. No solo aceptaba coimas, sino que también manipulaba los materiales de construcción. Aunque gané algo de dinero, conseguí todo ese dinero mediante estafas y engaños, y estaba con el alma en vilo todo el día. Todo esto resultó ser consecuencia de que Satanás corrompiera a la humanidad.
Después, leí más de las palabras de Dios y llegué a entender qué tipo de personas le agradan a Dios. Dios Todopoderoso dice: “Debéis saber que a Dios le gustan los que son honestos. Dios tiene una esencia de fidelidad y, por lo tanto, siempre se puede confiar en Sus palabras. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables. Es por eso que a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él. Honestidad significa dar tu corazón a Dios, no ser falso con Dios en nada y ser abierto con Él en todas las cosas, nunca esconder los hechos, no tratar de engañar a aquellos que están por encima de ti ni ocultar cosas a los que están por debajo, y no hacer cosas que son meros intentos para ganarte el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tres advertencias). Las palabras de Dios me permitieron entender que Dios es fiel y santo. Dios habla con total honestidad y Sus palabras son puras. Además, a Él le agradan las personas honestas. Dios espera que siempre hablemos y actuemos conforme a Sus palabras, que seamos francos y sinceros, y que no tratemos de engañarlo, ni a Él ni a las personas. Solo así podemos vivir conforme a una verdadera semejanza humana y recibir la aprobación de Dios. Al entender la intención de Dios, supe que debía aceptar Su escrutinio cuando hiciera trabajos de construcción y ser honesto con todos mis clientes. Pensé en cómo, durante los últimos años, había estado mintiendo y engañando todo el día para ganar dinero, y me estaba comportando de una forma que traicionaba mi conciencia. Eso había hecho que Dios me odiara y aborreciera. Por lo tanto, empecé a practicar ser una persona honesta, y dejé de cobrar de más a los clientes y de escatimar en el trabajo. Trabajar así me hacía sentir mucho más relajado y me sentía un poco más tranquilo y en paz. Sin embargo, pasado un tiempo, me di cuenta de que, haciendo los proyectos de esa manera, simplemente no podía ganar mucho dinero. Pensé en que, aunque Dios nos exige que seamos personas honestas, hoy en día, la gente en todos los sectores solo puede ganar dinero usando artimañas y engañando, y tenía el corazón dividido. No sabía cómo practicar. Tras cierta vacilación, volví a elegir mis propios intereses. Pensé: “Ser una persona honesta lleva tiempo. Nunca es tarde para empezar a practicarlo en el futuro”. Una vez, sustituí materiales de buena calidad por otros peores y usé materiales comunes e imitaciones de alta gama cuando estaba haciendo una reforma para un cliente. Poco tiempo después, por accidente, el cliente empapó de agua la zona reformada y, como consecuencia, los problemas de calidad se hicieron evidentes. El cliente se dio cuenta de que los materiales que había utilizado no eran de buena calidad, así que insistió en descontar 10 000 yuanes de la factura final. Aun así, yo seguía sin despertar. Un tiempo después, la propietaria de una tienda de ropa me pidió que le decorara la vidriera. Por mi experiencia, sabía que las vidrieras de las tiendas de ropa se cambian bastante a menudo. Pensé: “Aunque no le ponga materiales de buena calidad, no se va a dar cuenta y podré sacar más dinero del encargo. También puedo usar este proyecto para recuperar los diez mil yuanes que perdí antes”. Por lo tanto, usé materiales comunes y corrientes para su tienda. Durante el trabajo, un obrero dijo: “Jefe, usted sí que sabe hacer negocios. Los paneles que está usando no solo son paneles compuestos de aluminio y plástico, ¡sino que también son materiales de baja calidad! Debe estar ganando mucho con este proyecto, ¿verdad?”. Yo respondí enojado: “Si no hago esto, ¿vas a compensarme por las pérdidas de la otra vez?”. Terminamos el proyecto con rapidez, pero, antes de pagar la factura, la clienta llamó y dijo que se había caído un panel, y que por poco golpea y hiere a alguien. Cuando llegué a la tienda de ropa, la propietaria dijo enfadada: “Has usado materiales de mala calidad en mi obra, así que, ¿cómo me vas a compensar?”. No tuve más remedio que asumir la culpa y disculparme: “Se lo arreglaré ahora mismo y solo le cobraré los materiales, no la mano de obra”. La clienta aceptó. Después, no podía sino preguntarme, confundido: “¿Por qué todo está saliendo mal últimamente? Quería aprovechar esta oportunidad para recuperar parte de mis pérdidas, pero ahora las pérdidas son cada vez mayores. Por suerte, nadie se hizo daño esta vez, de lo contrario, estaría en un gran lío”. Durante esa época, empecé a reflexionar: “Soy perfectamente consciente de que Dios ama a las personas honestas, pero, cuando hago reformas, sigo insistiendo en engañar a la gente. ¿A qué se debe esto?”.
Más adelante, leí las palabras de Dios y mi corazón se iluminó un poco. Dios Todopoderoso dice: “Antes de que las personas experimenten la obra de Dios y comprendan la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y las domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propio estatus? ¿Por qué estás tan influenciado por tus sentimientos? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas y esas cosas malvadas? ¿En qué se basa tu gusto por tales cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué te gustan y las aceptas? Para este momento, todos habéis llegado a comprenderlo: la razón principal es que los venenos de Satanás están dentro del hombre. Por tanto, ¿qué son los venenos de Satanás? ¿Cómo se pueden expresar? Por ejemplo, si preguntas: ‘¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?’, todo el mundo responderá: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa justamente la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persiga la gente, en realidad lo hace para sí misma, por tanto, toda ella vive para sí misma. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta y son el auténtico retrato de su naturaleza satánica. Dicha naturaleza satánica se ha convertido por completo en la base de la existencia de la especie humana corrupta. La especie humana corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). A partir de la exposición de las palabras de Dios, entendí que Satanás usa venenos satánicos como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “El dinero es lo primero” y “Donde hay un rico hay un ladrón” para tentar y corromper a las personas. Cuando las personas viven según estas cosas, se vuelven cada vez más egoístas y despreciables, y sienten que el beneficio es lo primero. Desde los países y las naciones hasta las familias y los individuos, todos están dispuestos a usar artimañas y a engañar por sus propios intereses. Incluso están dispuestos a dañar los intereses de los demás para satisfacer sus propios deseos. Se les consume la conciencia y pierden la humanidad. Al principio, yo todavía podía hacer reformas haciendo caso a mi conciencia y estaba dispuesto a esforzarme más para hacer un buen trabajo para mis clientes. Aunque era un poco agotador, mi corazón estaba tranquilo y en paz. Más adelante, vi que toda la gente de mi sector conducía buenos coches y ganaba más de cien mil yuanes al año, lo que me dio mucha envidia. Para ganarme la admiración de los demás y llevar una vida de lujo, hice estafas y acepté coimas, en contra de lo que me decía la conciencia. Usé materiales de imitación de alta calidad para hacer pasar productos de mala calidad por buenos y no me detuve ni siquiera después de que mis clientes se dieran cuenta; prefería ir en contra de mi conciencia antes que renunciar a mi búsqueda de dinero. Vi que la marea del mal me había tragado por completo. Abandoné los límites básicos de mi conducta por mi propio beneficio, engañé sin escrúpulos a mis clientes, me volví cada vez más egoísta y codicioso y perdí la integridad y la dignidad. Durante todos esos años, aunque había ganado algo de dinero engañando, mis días no transcurrían felizmente. En cuanto pensaba en cómo estaba engañando a la gente, mi corazón se sentía atormentado y no me atrevía a dar la cara a mis amigos y clientes. Mi corazón estaba constantemente intranquilo y mi conciencia me remordía. Ni siquiera podía dormir tranquilo por las noches y a veces me despertaba sobresaltado por una pesadilla. Después de empezar a creer en Dios, sabía muy bien que Él ama a las personas honestas y que solo ellas pueden ser salvas y entrar en el reino de Dios. Sin embargo, me impulsaba la avaricia y era falso por afán de lucro, viviendo en medio del pecado e incapaz de liberarme. Si no hubiera sido por el desenmascaramiento de las palabras de Dios, no habría entendido la gravedad de mentir y engañar. Habría seguido hundiéndome cada vez más en lo profundo de la marea del mal y habría obtenido ganancias mal habidas, en contra de mi conciencia. Al final, solo habría sido devorado por Satanás, y habría descendido al infierno junto con él para ser castigado. Agradecí a Dios desde el fondo de mi corazón por Su salvación y tomé la determinación en secreto de no volver a engañar ni a estafar a mis clientes. Tenía que hablar con honestidad, trabajar con honradez y ser una persona con integridad y dignidad.
Al poco tiempo, me sobrevino una tentación. Por medio de un contacto, acepté un proyecto por valor de 70 000 yuanes. El cliente tenía unos veintitantos años y no sabía nada de decoración. Acordé con el cliente que no me pagaría según el presupuesto del proyecto, sino que se le cobraría en función de la cantidad de materiales utilizados en el proyecto. Una vez que llegamos a ese acuerdo, comenzamos a trabajar. El cliente casi nunca venía a la obra y pensé: “Esta es una gran oportunidad. Si escatimara en el trabajo, podría ahorrarme miles de yuanes y forrarme de dinero”. Pero luego pensé: “Tengo que ser una persona honesta y dejar de mentir y engañar”. Sin embargo, en mi corazón todavía no podía dejar pasar esta buena oportunidad de ganar dinero. “Si practico ser una persona honesta, perderé este dinero regalado que tengo al alcance de la mano. Además, estas oportunidades son poco comunes. Si dejo pasar esta, no sé cuándo vendrá la próxima”. Justo cuando no sabía qué elegir, leí las palabras de Dios y mi corazón se fortaleció. Dios dice: “Que Dios exija a las personas que sean honestas demuestra que realmente aborrece a los falsos y le desagradan. La aversión de Dios a las personas falsas es una aversión a su manera de hacer las cosas, a su carácter y también a sus intenciones y a sus medios de engaño; a Dios le disgustan todas estas cosas. Si las personas falsas son capaces de aceptar la verdad, admiten su carácter falso, están dispuestas a aceptar la salvación de Dios y practican la verdad para convertirse en personas honestas, entonces también tienen la esperanza de ser salvadas, porque Dios no tiene prejuicios respecto de nadie, y tampoco los tiene la verdad. Por eso, si queremos llegar a ser personas que sean del agrado de Dios, primero debemos cambiar de principios de conducta propia, dejar de vivir de acuerdo con las filosofías satánicas, dejar de basarnos en la mentira y el engaño para vivir la vida y desechar todas las mentiras e intentar ser honestos. De este modo cambiará la visión que Dios tiene de nosotros” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La práctica más fundamental de ser una persona honesta). Lo que Dios más aborrece es que las personas sean falsas y engañen. Dios exige que las personas sean honestas, que sean francas y directas en todo lo que dicen y hacen, y que no sean falsas ni engañen a los demás. Tenía que practicar ser una persona honesta, y tenía que dejar de ser falso y de engañar a los demás. Así que calculé cuidadosamente los materiales utilizados. Cuando el proyecto estaba casi terminado, calculé que solo había costado 57 000 yuanes y sobraban más de 10 000. Esto equivalía al sueldo de dos empleados durante un mes. Me puse a pensar en si debía quedarme el dinero sobrante, decirle la verdad al cliente o quizás dividirlo en dos, quedándonos la mitad cada uno; eso habría sido razonable, porque los materiales que compré eran baratos, no hubo desperdicio en el proyecto, y ayudé al cliente a ahorrar dinero. Pero cuando estaba a punto de hacer la factura, sentí intranquilidad en mi corazón. Me di cuenta de que estaba intentando engañar a la gente de nuevo, y pensé en las palabras de Dios: “Dios está justo a tu lado, observando cada una de tus palabras y acciones, y observando todo lo que haces y los cambios que ocurren en tus pensamientos; esta es la obra de Dios” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra). Mientras reflexionaba sobre las palabras de Dios, sentí un poco de miedo, como si Dios estuviera a mi lado observándome. Las palabras de Dios me volvieron a recordar que debía ser una persona honesta y no mentir ni engañar por dinero. Por eso, de inmediato, cobré al cliente el importe real. El cliente me dijo con gratitud: “¡Muchísimas gracias! Me has ahorrado dinero. Esta vez le pedí a la persona adecuada. Si hubiera contratado a alguien deshonesto, habría tenido que gastar más dinero”. Al oírlo decir esto, mi corazón se llenó de alegría y tranquilidad.
A partir de entonces, a veces, cuando los proyectos de construcción implicaban grandes beneficios, todavía tenía pensamientos de ser falso y de engañar, pero oraba a Dios y practicaba de acuerdo con Sus palabras, practicando ser una persona honesta. Al practicar de esta manera, mi corazón se sentía muy tranquilo. Además, recibía más proyectos que antes. El 80 % de estos fueron el resultado de recomendaciones mutuas de otros clientes. Todos nuestros clientes nos elogiaban por nuestra honestidad, por hacer un buen trabajo y usar buenos materiales. No tenían que vigilarnos constantemente cuando trabajábamos y tenían mucha confianza en nuestro trabajo. Haber logrado este cambio se debe enteramente a practicar de acuerdo con las palabras de Dios. Le agradezco a Dios por extenderme Su mano de salvación y rescatarme del lodazal del pecado. ¡Le doy gracias a Dios desde el fondo de mi corazón!