77. Lo que le exigía a mi hija y esperaba de ella resultó ser egoísta
Cuando era joven, a mi abuelo le encantaba escuchar ópera y solía llevarme a ver actuaciones. Yo veía lo elegantes que eran los actores en el escenario, cómo sus canciones llegaban al corazón y el público los colmaba de aplausos y vítores. Realmente los admiraba y no podía sino pensar: “¡Si algún día pudiera subir al escenario y recibir aplausos y elogios, viviría una vida llena de fama y fulgor!”. Deseaba con todas mis fuerzas unirme a una compañía de teatro y convertirme en cantante de ópera. Pero mi familia era pobre y nuestras condiciones económicas no lo permitían, así que mis sueños de actuar sobre el escenario se desvanecieron como un espejismo.
Después de casarme, tuve una hija. Cuando ella empezó a ir al jardín de infancia, vi que algunos niños de su edad asistían a clases de danza y, otros, a clases de música. En especial, durante las actuaciones del Día del Niño, esos niños llamaban la atención de muchos profesores y padres y recibían sonoros aplausos. Decidí que mi hija aprendiera a bailar, pues no solo la ayudaría a tener una buena figura y más elegancia, sino que también le daría la oportunidad de actuar sobre el escenario. Pero tenía miedo de hacer el espagat y los puentes, y se negaba a aprender por más que yo le insistiera. Pensé: “No puedo limitarme a hacer lo que quieras. Tienes que aprender una habilidad para que en el futuro puedas captar la atención del público en el escenario”. En 2012, acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y me di cuenta de que el porvenir de todo el mundo está en las manos de Dios, y que todo lo que hace la gente a lo largo de su vida ha sido predestinado y dispuesto por Él. Sin embargo, no renuncié a mis expectativas de ver a mi hija actuar en el escenario. Más adelante, pensé que aprender un instrumento también le permitiría subirse al escenario, así que la llevé a una tienda de música a elegir uno. Pero a ella no le interesaba. Enfadada, le dije a mi hija: “Tienes que elegir uno. Solo si aprendes una habilidad tendrás la oportunidad de subirte al escenario, y solo entonces podrás vivir una vida glamurosa. ¡Piensa en cuánta gente te admirará entonces!”. Al ver que estaba muy enfadada, mi hija eligió a regañadientes la cítara china. Al principio, mi hija no quería aprender a tocarla, así que busqué una profesora con experiencia y la obligué a aprender. Solía animarla para despertar su interés por la cítara china, y la profesora también la elogiaba por tener un talento natural. De a poco, mi hija empezó a interesarse por ese instrumento y aprendió con rapidez algunas composiciones. Un día, me dijo feliz: “Mamá, ¡en el futuro podré tocar la cítara china para alabar a Dios!”. Al ver lo sensata que era mi hija, me sentí especialmente satisfecha.
Después, para que ella ganara más experiencia en el escenario, cada vez que oía hablar de una actuación, me aseguraba de inscribirla. Aunque yo tenía una hernia de disco y no podía estar mucho tiempo de pie, igual insistía en acompañarla a los ensayos. Ella mejoró mucho, se destacaba en las actuaciones y siempre tenía una ubicación central en el escenario. También recibía elogios de profesores y jueces, y yo me sentía inmensamente feliz. Para acompañarla a sus actuaciones, tenía que despertarme alrededor de las tres de la mañana para prepararme. Estaba siempre tan ocupada yendo de aquí para allá por ella que ni siquiera tenía tiempo para comer. Después de un día entero de ajetreo, me sentía mareada y agotada mental y físicamente. Pero cuando veía a mi hija brillar en el escenario, pensaba: “Aunque yo no haya podido cumplir mi sueño de actuar en el escenario, que mi hija haya conseguido ser el centro de atención ha hecho que todo el dolor y agotamiento valgan la pena”. El agotamiento por las actuaciones y la presión de los estudios fue demasiado para su cuerpo, por lo que mi hija quiso dejar de practicar la cítara china. Intenté convencerla y persuadirla de que continuara y, al final, accedió a regañadientes. Cada día, cuando mi hija volvía del colegio, no dejaba que perdiera nada de tiempo en practicar la cítara china. Cuando mi hija quería salir los fines de semana, yo le exigía que terminara de practicar su instrumento antes de salir. Si no me hacía caso, la regañaba: “¿Por qué crees que tu padre y yo trabajamos duro y ahorramos para pagar tus clases y hacerte practicar? ¿No es para ayudarte a subir al escenario y triunfar en el futuro? ¿No puedes honrarnos un poco?”. Al ver lo nerviosa y enfadada que me ponía, mi hija no tenía más remedio que ponerse a llorar e ir a practicar la cítara china. En la escuela secundaria, tenía mucha presión en sus estudios y también tenía que ensayar a menudo para varias actuaciones, así que, otra vez, quiso dejar de practicar su instrumento. La regañé: “Por muy ocupada que estés, debes seguir practicando la cítara china. ¡Si practicas bien, podrás subir al escenario y ganarte una vida de fama!”. Pero ella seguía sin practicar. Furibunda, tiré sus libros y el porta púas al suelo y dije: “De acuerdo, no practiques. ¡Ojalá que disfrutes recogiendo basura cuando seas mayor!”. Al verme tan enfadada, mi hija se fue de inmediato a practicar. A veces, ella sentía que yo la trataba injustamente y lloraba y decía: “¿Por qué sigues intentando controlar mi porvenir?”. Yo le decía enfadada: “¿Acaso todo lo que hago no es por ti? ¿Por qué no entiendes que es por tu propio bien?”. Mi hija respondía enfadada: “¡Es que ni siquiera me gusta tocar la cítara china! ¡Eres tú la que me ha obligado a aprender a tocarla!”. Nuestras discusiones siempre terminaban mal. Cuando las actuaciones y reuniones coincidían, yo hacía que mi hija asistiera primero a la actuación. Si mi hija quería ir a la reunión, yo decía sin demora: “Hay mucho tiempo para ir a las reuniones, pero las oportunidades para actuar no se deben desaprovechar. Si te pierdes estas oportunidades, perderás ocasiones de brillar sobre el escenario”. Como consecuencia, mi hija se perdió muchas reuniones.
Más tarde, mi hija logró entrar sin problemas en una escuela superior de arte. Cada vez que hablaba de mi hija, mis compañeros y amigos me miraban con envidia y admiración. Tenía mi vanidad muy satisfecha. De a poco, mi hija empezó a centrarse únicamente en estudiar y tocar la cítara china. Para entrar en la academia de música de sus sueños y superar a sus compañeros, empezó a practicar su instrumento horas extra. Yo también gasté mucho dinero para contratarle a una profesora particular. Al ver que la habilidad de mi hija tocando la cítara china mejoraba, me sentía muy feliz. Cuando mi hija volvió de sus vacaciones, quería que asistiera a alguna reunión, pero ella ponía excusas, como “no he terminado los deberes” o “todavía no he practicado la cítara china”. Al ver que mi hija no había asistido a ninguna reunión en casi un año, me sentí un poco inquieta. Pero al ver que estaba tan ocupada con los deberes y practicando su instrumento, pensé: “¿Debería dejar que mi hija no vaya a las clases de cítara china los fines de semana para asistir a las reuniones?”. Pero luego pensé: “Se ha esforzado tanto en mejorar su habilidad con su instrumento que, si no practica los fines de semana, ¿no se quedará rezagada del resto? No puede permitirse practicar menos. Pero si pasa mucho tiempo sin asistir a las reuniones, su vida también se verá afectada”. Después de pensarlo un rato, decidí encontrar el tiempo para reunirme con ella. Un día, mi hija me dijo que ya no quería ir más a la escuela. Dijo que el ambiente en la escuela era malo, que había gente que fumaba, tenía pareja y estaba metida en pandillas. Dijo que era difícil centrarse en los estudios y que se sentía muy reprimida. Cuando oí a mi hija decir que ya no quería ir más al colegio, pensé: “Te esforzaste mucho para entrar en una escuela de arte y, si aguantas solo dos años más, podrás presentarte al examen de ingreso de una academia de arte. Cuando entres, tu sueño de subir a un escenario más grande se hará realidad y, entonces, tus familiares, amigos, profesores y compañeros te admirarán y envidiarán, y también podrás hacerme sentir orgullosa a mí”. Así que le dije enfadada: “Por fin conseguiste entrar en una escuela superior de arte. Si no vas, ¿no te perderás un futuro brillante?”. Al verme tan ansiosa y enfadada, mi hija simplemente se fue llorando a la escuela. Cuando vi que mi hija sentía que la estaba tratando injustamente, se me rompió el corazón, pero creía que no tenía más opción que hacer eso para que mi hija pudiera subir al escenario y destacarse.
Durante una reunión, le conté a la hermana Li Ling sobre mi estado, y ella encontró un pasaje de las palabras de Dios para que yo lo leyera. Dios dice: “Si los hijos están expuestos a algunos fenómenos de las tendencias malvadas o si escuchan ciertas razones o pensamientos y puntos de vista incorrectos durante sus primeros años, sin discernimiento, puede que los sigan o imiten. Los padres deben detectarlo en etapas tempranas y proporcionar una inmediata corrección y una guía acertada. Esta es además su responsabilidad. En resumen, el objetivo es asegurar que los hijos cuenten con pensamientos y puntos de vista positivos y correctos relativos a su conducta propia, a cómo tratan a las personas y cómo ven a diversas personas, acontecimientos y cosas, de modo que puedan desarrollarse en una dirección buena en lugar de una mala. Por ejemplo, deben enseñarles a sus hijos que el porvenir de una persona a lo largo de la vida está en manos de Dios. Los no creyentes suelen decir: ‘La vida y la muerte están preordinadas; la riqueza y el honor los decide el Cielo’. Dios preordina la cantidad de sufrimiento y de disfrute que debe experimentar una persona en su vida y los humanos no la pueden cambiar. Por una parte, los padres deberían comunicarles estos hechos objetivos a sus hijos, y por otra, enseñarles que la vida no se trata de las necesidades físicas, y mucho menos se reduce al placer. Hay cosas más importantes que hacer en esta vida que comer, beber y buscar entretenimiento; deberían creer en Dios, perseguir la verdad y la salvación de Dios. Si solo viven para el placer, para comer, beber y buscar entretenimiento en la carne, entonces son como cadáveres andantes y sus vidas no tienen absolutamente ningún valor. No crean valores positivos ni significativos, y no merecen vivir ni ser humanos. Aunque un hijo no crea en Dios, sus padres deberían al menos orientarlo para que sea una buena persona y que se ocupe de la tarea que le corresponde. Por supuesto, si se encuentra entre los escogidos de Dios y está dispuesto a participar en la vida de iglesia y a hacer su propio deber tras hacerse mayor, mejor todavía. Si sus hijos son así, los padres con mayor razón deberían cumplir con sus responsabilidades hacia ellos en función de los principios que Dios ha advertido a las personas que sigan. Si no sabes si van a creer en Dios o si están entre Sus escogidos, de todos modos deberías cumplir con las obligaciones y responsabilidades que te corresponden como padre en la mayor medida posible, y compartir con ellos los pensamientos y las cosas positivas que ya conoces. Como mínimo, asegúrate de que su crecimiento mental se desarrolle en una buena dirección y que sus mentes estén limpias y sanas. No les permitas ir tras las tendencias mundanas ni perseguir la fama, el provecho y el estatus. Algunos padres tienen la expectativa de que sus hijos se destaquen por encima de los demás y, así, los obligan a estudiar toda clase de habilidades y conocimientos desde pequeños. Incluso más grave, algunos padres llevan a sus hijos a participar en diversos concursos de talentos, concursos académicos o competiciones, o hacen que sigan toda clase de tendencias sociales y acudan a eventos como ruedas de prensa, firmas de autógrafos, etcétera. Como padres, al menos no deberían llevar a sus hijos a que sigan las tendencias sociales. Si los conducen a ir tras las tendencias mundanas, por una parte, está claro que no han cumplido con sus responsabilidades como padres y no han guiado a sus hijos a fijarse las metas correctas en la vida de modo que esta se desarrolle en una buena dirección. Por otra, obviamente están guiando a sus hijos por una senda de no retorno, los arrastran hacia la tendencia malvada de perseguir fama, provecho y estatus. En cuanto a la senda que van a tomar sus hijos en el futuro o las carreras profesionales que van a desarrollar, los padres no deberían inculcarles cosas como: ‘Mira a ese pianista, fulano de tal. Empezó a tocar el piano a los cuatro o cinco años. Nunca se dio el gusto de jugar, no tenía amigos, y solo practicaba e iba a clases de piano a diario. También consultó a varios maestros y se apuntó en diversas competiciones de piano. Mira lo famoso que es ahora, qué bien alimentado, qué bien vestido, rodeado por un aura de distinción y respetado allá donde va’. ¿Es esta la clase de educación que promueve el desarrollo saludable de la mente de un niño? (No). ¿De qué clase de educación se trata entonces? De una educación endiablada. Este tipo de educación resulta dañino para cualquier mente joven. Los anima a aspirar a la fama, a codiciar diversas auras de distinción y prestigio, estatus y placer. Los hace anhelar y perseguir todo esto desde pequeños, los lleva a la ansiedad, a un intenso temor y a la preocupación, e incluso provoca que paguen todo tipo de precios para conseguirlos, que se despierten temprano y se queden hasta tarde para hacer los deberes y perfeccionar diferentes destrezas, que pierdan su infancia, que cambien todos esos preciados años a cambio de cosas semejantes” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (19)). Después de leer las palabras de Dios, por fin entendí que la verdadera responsabilidad de los padres es asegurarse de que sus hijos crezcan sanos y felices mientras son menores, tanto física como mentalmente, orientar sus pensamientos de forma positiva y permitirles disfrutar de su niñez. No se trata de que los padres les impongan sus expectativas ni de llevarlos a perseguir la fama, la reputación, los honores, el estatus y los placeres. No pude sino reflexionar: “Desde pequeña, a mi hija no le ha gustado aprender instrumentos musicales, pero, para que se hiciera famosa y que todos la respetaran, la obligué a aprender la cítara china. Además, cuando ella recibía elogios de jueces y profesores, sentía que por fin estaba cumpliendo a través de mi hija los sueños que yo no había logrado, por lo que mi determinación de cultivarla aumentaba aún más. Siempre que oía hablar de alguna actuación, la inscribía sin pedirle permiso, por miedo a que se perdiera la oportunidad de brillar en el escenario. Siempre que mi hija quería jugar, la regañaba por temor a que ella retrasara su práctica. Para mejorar las habilidades musicales de mi hija, no escatimé en gastos y contraté a una profesora profesional que la guiara, todo con el objetivo de cultivarla para que se hiciera famosa y me trajera gloria. Nunca consideré cuánta presión y cuánto dolor estaba soportando el joven corazón de mi hija, y solo pensé en cumplir mis propios deseos. Educada por mí, mi hija también empezó a preocuparse mucho por la reputación y el estatus, y practicaba horas extra para superar a sus compañeros, lo que la hizo perder la vivacidad e inocencia que alguna vez tuvo. Se empezó a abrir una brecha entre nosotras. Además, mi hija también perdió el interés por comer y beber las palabras de Dios y asistir a las reuniones, y empezó a alejarse cada vez más de Dios. Todas estas consecuencias, yo las había desencadenado. Antes, mi hija estaba dispuesta a reunirse y comer y beber las palabras de Dios, pero yo no la guie a creer en Dios ni a recorrer la senda correcta, sino que la conduje hacia tendencias malvadas para perseguir sin descanso la reputación y el estatus. ¿Qué forma de cumplir con la verdadera responsabilidad de una madre es esa?”. Al pensar en esto, me arrepentí profundamente de que mi enfoque coactivo hacia la educación le hubiera causado un daño y un trauma tan grandes a mi niña.
Después, leí las palabras de Dios y llegué a comprender la razón por la que trataba a mi hija de esa forma. Dios Todopoderoso dice: “Ves a algunas personas que viven para sus hijos; sabes que esta forma de vivir no es correcta, pero ¿puedes evitar vivir para tus hijos? O ves a algunas personas que van de un lado a otro y se afanan en busca de dinero, fama y provecho; sabes en tu corazón que esta senda es incorrecta, pero ¿puedes evitar ir de un lado a otro y afanarte por estas mismas cosas? Si la senda por la que estás andando es precisamente la de perseguir la fama y el provecho, y sabes que es la senda incorrecta, pero, aunque quieras, no puedes recorrer la senda de perseguir la verdad, ¡esto significa que no tienes el control de cómo vives en este mundo! ¿Cuál es la raíz de esto? Es que la gente no ha aceptado la obra de Dios ni ha obtenido la verdad. ¿Cuál es el apoyo espiritual de la gente? ¿Dónde buscan apoyo espiritual? Lo buscan en la unión de la familia; la dicha matrimonial; el disfrute de las cosas materiales; la riqueza, la fama, el provecho; su estatus, sus relaciones y sus profesiones; así como la felicidad de la próxima generación. ¿Hay alguien que no busque estas cosas para encontrar apoyo espiritual? Quienes tienen hijos lo hallan en sus hijos; quienes no tienen hijos lo encuentran en sus profesiones, en el matrimonio, en su posición social y en la fama y el provecho. Las maneras de vivir que así se crean son, en consecuencia, las mismas; sujetas al control y al poder de Satanás y, a pesar de ellos mismos, todos van de un lado a otro y se esmeran por el estatus, la fama, el provecho, sus profesiones y sus perspectivas, sus matrimonios, sus familias y las perspectivas de sus hijos, y por los placeres carnales. ¿Es esta la senda correcta? Por mucho que se esfuercen las personas en el mundo, por mucho éxito que tengan en sus carreras, por muy felices que sean sus familias, sin importar lo grandes que sean sus familias, por muy prestigioso que sea su estatus, ¿pueden seguir la senda correcta de la vida humana? Al perseguir la fama, el provecho y el mundo o al dedicarse a sus profesiones, ¿pueden ver que Dios creó todas las cosas y tiene la soberanía sobre el sino del género humano? Esto no es posible. Con independencia de lo que la gente persiga o del tipo de senda que siga, si no reconoce el hecho de que Dios tiene soberanía sobre el porvenir de la especie humana, entonces la senda por la que camina es errónea. No es la senda correcta, sino la senda equivocada, la senda del mal” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). “Satanás usa la fama y el provecho para controlar los pensamientos de las personas, con lo que hace que no piensen en nada más que en estas dos cosas y que luchen por la fama y el provecho, sufran dificultades, soporten la humillación y lleven una pesada carga, sacrifiquen todo lo que tienen y emitan todo juicio o tomen toda decisión en aras de la fama y el provecho. De esta forma, Satanás coloca grilletes invisibles a las personas y, con estos grilletes sobre ellas, no tienen la capacidad ni el valor para liberarse. Sin saberlo, llevan estos grilletes mientras avanzan paso a paso con gran dificultad. En aras de esta fama y provecho, la humanidad se aparta de Dios y lo traiciona, y se vuelve más y más perversa. De esta forma, se destruye una generación tras otra en medio de la fama y el provecho de Satanás” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). Gracias al desenmascaramiento de las palabras de Dios, entendí que Satanás usa la fama y el provecho para corromper y perjudicar a las personas, y les inculca ideas y opiniones, como “Destácate del resto”, “Que tu posición siempre sea superior a la de los demás” y “Honra a tus antepasados”, lo que hace que las personas persigan sin descanso la fama y el provecho. Para obtener fama y provecho, las personas se vuelven cada vez más perversas y sufren cada vez más. Desde que yo era pequeña, siempre había soñado con convertirme en actriz de teatro, subirme a un escenario para que todos me admiraran y envidiaran, y tener estatus y reconocimiento. Pero cuando no pude cumplir mis sueños, me sumí en la decepción y el dolor. Más adelante, le impuse mis sueños a mi hija, obligándola a aprender la cítara china. Esperaba que algún día pudiera subirse al escenario y brillar. Cuando vi que mi hija no quería aprender su instrumento, me ponía ansiosa, me enojaba y perdía la paciencia con ella. Cuando mi hija quería asistir a reuniones, se lo impedía, porque temía que retrasara su práctica. ¿Qué forma de cumplir con mis responsabilidades como madre era aquella? ¡Lo que estaba haciendo era simplemente malvado! Llevaba años creyendo en Dios, pero las perspectivas detrás de mi búsqueda no habían cambiado en absoluto y seguía viviendo según las ideas y opiniones de Satanás, y perseguía la fama y el provecho como los no creyentes. Prefería que mi hija se alejara de Dios y lo traicionara, en vez de que dejara de perseguir la fama y el provecho para satisfacer mi vanidad. La fama y el provecho me habían cegado por completo y me habían sumido en la confusión, y yo me había hecho sufrir a mí misma y había perjudicado a mi hija. Me di cuenta de que la fama y el provecho eran grilletes invisibles que Satanás me había puesto y que nos traían una pena y un dolor interminables. Pensé en cómo algunas celebridades alcanzaban la fama y el provecho en la industria del entretenimiento, pero acababan deprimidas y hasta se suicidaban por el vacío espiritual y el dolor que tenían en su interior. Vi que, aunque una persona consiga estatus y fama, eso solo puede satisfacer su vanidad de forma temporal, pero no puede resolver el vacío ni el dolor que tiene en su interior. Al contrario, estas cosas alejan de a poco a las personas de Dios, las hacen negarlo y, como consecuencia, Satanás las devorará. Al darme cuenta de esto, oré a Dios y le dije que ya no perseguiría la fama y el provecho, y que estaba dispuesta a someterme a Su soberanía y Sus arreglos.
Después, leí más de las palabras de Dios y gané algo más de conocimiento sobre mí misma. Dios Todopoderoso dice: “Todo aquello que hacen los padres para materializar las expectativas que tienen hacia sus hijos antes de que se hagan mayores va en contra de la conciencia, la razón y las leyes naturales. Es, más aún, contrario a la ordenación y a la soberanía de Dios. Aunque aquellos que todavía no han alcanzado la edad adulta no tienen la capacidad de discernir entre el bien y el mal ni de pensar por sí mismos, su sino sigue estando bajo la soberanía de Dios; su suerte no depende de sus padres. Esos padres necios no alcanzan a ver esto. Además de tener expectativas en su mente con respecto a sus hijos, también pagan un precio aún mayor en su comportamiento, ya que hacen todo lo que quieren y están dispuestos a hacer por ellos y, sin importar si se trata de gastar dinero, tiempo, energía u otras cosas, lo hacen de buen grado y por voluntad propia. Aunque los padres hacen esas cosas voluntariamente, ¿qué consecuencias acarrean? Si acaban perjudicando a sus hijos, eso es inhumano, y este tipo de comportamiento no es en absoluto la responsabilidad que los padres deberían cumplir; ya han excedido el ámbito de los deberes que deberían cumplir como padres. ¿Por qué digo esto? Porque los padres empiezan a intentar planear y controlar el futuro de sus hijos, a tratar de determinarlo antes de que llegaran a adultos. ¿No es eso una estupidez? (Sí). Por ejemplo, digamos que Dios preordinó que alguien fuera un trabajador corriente, y que en esta vida solo pudiera ganar un sueldo básico para alimentarse y vestirse, pero sus padres insisten en que se convierta en una celebridad, en alguien rico, en un funcionario de alto nivel. Hacen planes y arreglos para su futuro antes de que este llegue a la edad adulta, pagan todo tipo de supuestos precios, tratan de controlar su vida y su futuro. ¿No es eso una estupidez? (Sí)” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (18)). Leí ese pasaje de las palabras de Dios, una y otra vez, y me sentí profundamente atravesada y angustiada. Me di cuenta de que mis expectativas sobre mi hija y los esfuerzos y sacrificios que había hecho por ella iban en contra de la humanidad y de las ordenaciones y la soberanía de Dios. El porvenir de un hijo no es algo sobre lo que los padres tengan soberanía, y yo debía respetar las decisiones de mi hija, someterme a las ordenaciones de Dios y no obligarla a hacer cosas que no le gustaban. Dios ya ha predeterminado lo que una persona hará en la vida y cómo se ganará el pan. Al igual que yo, que quería convertirme en actriz de ópera con todas mis fuerzas, pero las cosas no salieron como deseaba. Ni siquiera había podido cambiar mi propio porvenir, pero quería cambiar el de mi hija. ¡Qué estúpida fui!
Luego reflexioné: ¿Qué significa cumplir verdaderamente las responsabilidades como padres? Leí las palabras de Dios: “Al diseccionar la esencia de las expectativas de los padres hacia sus hijos, nos damos cuenta de que todas ellas son egoístas, que van en contra de la humanidad y que no tienen nada que ver con las responsabilidades propias de los padres. Cuando estos les imponen todo tipo de expectativas y exigencias a sus hijos, ejercen una gran cantidad de presión adicional sobre ellos; esto no es cumplir con sus responsabilidades. Entonces, ¿cuáles son las responsabilidades que los padres deberían cumplir? Como mínimo, deberían enseñar a sus hijos a ser personas honestas que dicen la verdad y hacen las cosas de manera honesta, y enseñarles a ser bondadosos y a no hacer cosas malas, guiándolos en una dirección positiva. Estas son sus responsabilidades más básicas. Además, deberían guiar a sus hijos para que estudien conocimientos y habilidades prácticos, etcétera, en función de su calibre y sus condiciones. Si los padres creen en Dios y entienden la verdad, deberían hacer que sus hijos lean las palabras de Dios y acepten la verdad, para que lleguen a conocer al Creador y entiendan que las personas son creadas por Dios y que Dios existe en este universo; deberían guiar a sus hijos para que oren a Dios y coman y beban Sus palabras a fin de que puedan entender algunas verdades, de modo que, después de que crezcan, sean capaces de creer en Dios, seguirlo y hacer el deber de un ser creado, en lugar de perseguir las tendencias mundanas, quedar atrapados en diversas relaciones interpersonales complicadas y ser seducidos, corrompidos y devastados por las diversas tendencias malvadas de este mundo. Estas son realmente las responsabilidades que los padres deberían cumplir. Las responsabilidades que deberían cumplir son, en su papel de padres, proporcionar a sus hijos una guía positiva y una ayuda apropiada antes de que alcancen la edad adulta, así como atenderlos con prontitud en su vida física en lo que respecta a las necesidades diarias. Si sus hijos se ponen enfermos, los padres deberían procurarles tratamiento siempre que sea necesario; no deberían, por miedo a retrasar los estudios de sus hijos, hacer que sigan yendo a la escuela y renuncien al tratamiento. Cuando sus hijos necesiten recuperarse, se les debe permitir que se recuperen y, cuando necesiten descansar, se les debe permitir que descansen. Garantizar la salud de sus hijos es imprescindible; si los hijos se quedan rezagados en sus estudios, los padres pueden encontrar después una manera de contrarrestarlo. Estas son las responsabilidades que los padres deberían cumplir. Por un lado, deben ayudar a sus hijos a adquirir un conocimiento sólido; por otro, deben guiarlos y educarlos para que recorran la senda correcta y garantizar su salud mental para que no se vean influenciados por las tendencias malsanas y las prácticas malvadas de la sociedad. Al mismo tiempo, también deben hacer que sus hijos se esfuercen por practicar ejercicio de forma apropiada para garantizar su salud física. Estas son las cosas que los padres deberían hacer, en lugar de imponer por la fuerza cualquier expectativa o requisito poco realista a sus hijos. Los padres deben cumplir con sus responsabilidades tanto en lo que respecta a las cosas que sus hijos necesitan para su espíritu como a las que necesitan en su vida física” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (18)). Después de leer las palabras de Dios, sentí una angustia indescriptible. Antes, pensaba que hacer que mi hija aprendiera distintas habilidades y llevarla a un escenario famoso para que se hiciera conocida y que todos la admiraran y elogiaran era cumplir con mi responsabilidad como madre. Pero la verdadera responsabilidad de los padres es garantizar el bienestar mental y la felicidad de sus hijos, y ayudarlos a tener pensamientos y opiniones positivos, guiarlos para que tengan metas correctas en la vida, cultivarlos según sus intereses y aficiones, y guiarlos para que se sometan a las ordenaciones y la soberanía de Dios. Además, en la vida cotidiana, los padres deben dar a sus hijos lo esencial, como la comida, la ropa, la vivienda y el transporte. Por ejemplo: deben decirles qué alimentos son saludables y cuáles son perjudiciales para el cuerpo; deben cuidar de ellos cuando están enfermos, darles medicamentos cuando los necesiten, ponerles inyecciones cuando haga falta y encargarse con esmero de sus necesidades diarias. Estas son cosas que los padres deben hacer. Aunque a primera vista parecía que yo iba de aquí para allá en beneficio de mi hija, la realidad es que solo quería que ella me trajera gloria y me hiciera sentir orgullosa, incluso a costa de privarla de disfrutar de la felicidad de su infancia y de asistir a reuniones y comer y beber las palabras de Dios. ¡Fui realmente egoísta! Debería haberla guiado según su aptitud, sus intereses y aficiones, en lugar de reprimirla e imponerle una educación a la fuerza. Además, debo guiar a mi hija para que acuda a Dios, hacer que ore, coma y beba Sus palabras, lo adore y se mantenga alejada de las tendencias malvadas del mundo. Tras entender la intención de Dios, dejé de llevar a mi hija a participar en actuaciones y, en su lugar, empecé a guiarla para que se sometiera a la soberanía y los arreglos de Dios y pasé más tiempo con ella comiendo y bebiendo las palabras de Dios y asistiendo a reuniones.
Más adelante, cuando mi hija y yo tuvimos una reunión, vimos una obra de teatro llamada “Adiós, mi inocente campus”. Después de verla, mi hija se conmovió profundamente y entendió que Satanás usa la fama y el provecho para perjudicar a las personas. Además, al comer y beber las palabras de Dios, mi hija entendió que solo puede transitar la senda correcta en la vida al cumplir sus deberes. Un día, cuando volvió de la escuela, mi hija me dijo con firmeza: “Mamá, me siento muy reprimida en el colegio y quiero vivir una vida libre y liberada, como los hermanos y hermanas. Quiero dejar los estudios y hacer mis deberes en la iglesia”. Me sorprendió mucho y pensé: “No ha sido fácil llegar donde estás ahora. Si dejas los estudios, renunciarás para siempre a tu sueño de subirte al escenario. ¿No significaría eso que todos tus esfuerzos habrían sido en vano?”. En ese momento, me di cuenta de que seguía queriendo perseguir la fama y el provecho, y oré a Dios en mi corazón: “Dios, mi hija está dispuesta a dejar los estudios, pero yo aún no soy capaz de soportarlo. Dios, te ruego que refuerces mi determinación y me ayudes a liberarme de los grilletes de la fama y el provecho”. Después de orar, recordé las palabras de Dios: “Al diseccionar la esencia de las expectativas de los padres hacia sus hijos, nos damos cuenta de que todas ellas son egoístas, que van en contra de la humanidad” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (18)). “Ninguno de vosotros está haciendo su deber en la casa de Dios ahora mismo por accidente; no importa de qué trasfondo provenga cada uno de vosotros para hacer su deber, no fue por casualidad. Ninguna de las personas que realizan deberes en la casa de Dios fue seleccionada al azar por alguien; no importa qué deber realice una persona, fue preordinado por Dios antes de los tiempos. ¿Qué significa que fue preordinado? ¿Qué en concreto? Significa que en Su plan de gestión total, hace mucho que Dios planeó cuántas veces llegarías al mundo, en qué linaje y familia nacerías en los últimos días, cuáles serían las circunstancias de esta familia, si serías hombre o mujer, cuáles serían tus puntos fuertes, qué nivel de educación tendrías, cómo de elocuente serías, cuál sería tu calibre, qué aspecto tendrías, a qué edad llegarías a la casa de Dios y empezarías a hacer tu deber y qué deber realizarías y en qué momento. Al principio, Dios preordinó cada uno de tus pasos. Cuando aún no habías nacido y cuando llegaste al mundo en tus diversas vidas pasadas, Dios ya había arreglado para ti qué deber harías en esta etapa final de la obra” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios me permitieron entender que Él ya ha dispuesto desde hace mucho tiempo el momento en que una persona llega a la casa de Dios y hace su deber. Dios ya había ordenado hacía tiempo cuándo mi hija vendría a hacer su deber, y yo no podía seguir como antes ni intentar controlar cada aspecto de su vida en aras de mi propia reputación y estatus. Como mi hija había elegido seguir a Dios y hacer su deber, eso formaba parte de las ordenaciones y los arreglos de Dios, y yo debía guiarla de forma positiva y permitirle transitar la senda correcta. Esa era mi responsabilidad. Con esto en mente, acepté de buen grado la petición de mi hija. Poco tiempo después, mi hija dejó los estudios y fue a la casa de Dios a hacer su deber. Ver a mi hija volver a ser la joven radiante y alegre que había sido antes me hizo muy feliz. Además, me di cuenta de que solo podemos vivir con tranquilidad, libertad y alegría al someternos a las ordenaciones y los arreglos del Creador. ¡Esto es algo que no puede comprarse con ninguna suma de dinero ni fama alguna!
Después, leí dos pasajes de las palabras de Dios y entendí mejor el valor y el sentido de la vida humana. Dios Todopoderoso dice: “Aparte de creer en Dios, perseguir la verdad y cumplir el deber de un ser creado, todo lo demás que uno hace en la vida es vacío y no vale la pena recordarlo. Aunque hayas logrado una hazaña trascendental, viajando al espacio y a la Luna, es inútil; aunque hayas hecho avances científicos que hayan sido de algún beneficio o ayuda para la humanidad, es inútil. Todo esto será pasajero. ¿Qué es lo único que no será pasajero? (La palabra de Dios). Solo perdurarán la palabra y los testimonios de Dios, así como todos los testimonios y obras que den testimonio del Creador y las buenas obras de las personas. Esas cosas durarán para siempre y poseen un valor excepcional. Así que dadlo todo y aprovechad al máximo vuestras capacidades. No os dejéis constreñir por ninguna persona, acontecimiento o cosa; entregaos sinceramente para Dios y verted toda vuestra energía y la sangre de vuestro corazón en el desempeño de vuestros deberes. ¡Eso es lo que Dios bendice por encima de todo y merece cualquier dosis de sufrimiento!” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La vida solo tiene valor si se cumple con el deber de un ser creado). “Ahora sigues a Dios, escuchas Su palabra y aceptas la comisión del Creador. A veces te resulta un tanto difícil y agotador, y por momentos experimentas cierta dosis de humillación y refinamiento, pero eso es algo bueno, no es malo en absoluto. ¿Qué conseguirás finalmente? Lo que conseguirás es la verdad y la vida, y en última instancia el reconocimiento y la afirmación del Creador hacia tu persona. Dios dirá: ‘Tú me sigues y te muestro favor, estoy complacido contigo’. Si Dios no dice otra cosa más que tú eres un ser creado ante Sus ojos, entonces no has vivido en vano y eres útil. Ser reconocido verbalmente por Dios es increíble; no es algo menor. Si las personas siguen a Satanás, ¿qué obtendrán? (La destrucción). Antes de ser destruidas, ¿en qué se convertirán? (Se convertirán en demonios). Se convertirán en demonios. No importa cuántas habilidades adquieran, cuánto dinero ganen, cuánta fama y provecho obtengan, de cuántos beneficios materiales gocen ni cuán elevado sea su estatus en el mundo secular; por dentro se volverán cada vez más corruptas, perversas y sucias, más rebeldes e hipócritas y, en última instancia, se convertirán en demonios vivientes: se volverán no humanas. Entonces, ¿cómo se ven esas personas ante los ojos del Creador? ¿Tan solo como ‘no humanas’ y ya está? ¿Cuál es la opinión y la actitud del Creador hacia tales personas? Siente repulsión por ellas, le repugnan, las detesta y renuncia a ellas y, en última instancia, las maldice, las castiga y las destruye. Las personas recorren sendas diferentes y, al final, se encontrarán con resultados distintos. ¿Vosotros qué senda elegís? (Creer en Dios y seguirlo). Optar por seguir a Dios es elegir la senda correcta: es aventurarse en la senda de la luz” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La vida solo tiene valor si se cumple con el deber de un ser creado). Después de leer las palabras de Dios, entendí que uno solo puede obtener la verdad y vivir a semejanza humana al creer en Dios, perseguir la verdad y cumplir el deber de un ser creado. Perseguir la reputación y el estatus es seguir a Satanás y, aunque uno consiga que los demás lo tengan en alta estima, eso es algo temporal, y sigue transitando la senda hacia la destrucción. Ahora, tanto mi hija como yo hacemos nuestros deberes y nos hemos alejado de las distintas tentaciones y la intrusión de las tendencias malvadas de la sociedad. Mi hija ya no se siente reprimida ni sufre, y yo también he conseguido sentirme tranquila y liberada en mi corazón. Cuando mi hija afronta dificultades en sus deberes, los hermanos y hermanas la ayudan con amor, y todos la tratan con sinceridad. Mi hija tenía malos hábitos y las hermanas se los señalaban con paciencia y la ayudaban; en menos de medio año, mi hija consiguió corregir muchos de ellos. A veces, mi hija percibe mis problemas y toma la iniciativa de compartir la verdad conmigo. Al ver que mi hija transita por la senda correcta y va progresando y cambiando, ¡doy gracias a Dios desde lo más profundo de mi corazón! Si no hubiera sido por la guía de las palabras de Dios, mi hija y yo aún estaríamos viviendo en el sufrimiento que Satanás nos causaba y habríamos seguido rebelándonos contra Dios y alejándonos cada vez más de Él, hasta que, al final, habríamos perecido junto con Satanás. ¡Gracias a Dios por salvarnos!