8. Una experiencia especial de riego de nuevos fieles
En agosto de 2021, regaba a los nuevos fieles en la iglesia. Durante un tiempo, regué a tres nuevos fieles por Internet. Estos tres nuevos fieles tenían muchas ganas de asistir a las reuniones, pero en su aldea no había Internet, así que tenían que subir muy alto en las montañas para tener señal. Aun así, asistían a cada reunión. Hablando con ellos, me enteré de que, en cada una de las dos aldeas vecinas, había más de cien personas que aún no habían oído el evangelio de Dios de los últimos días. Sentí que tenía la responsabilidad de dar testimonio de la obra de Dios de los últimos días a estas personas y de llevarlas ante Dios. Durante una reunión, compartí con estos tres nuevos fieles la intención de Dios de salvar a la humanidad y les leí un pasaje de las palabras de Dios: “Todo tipo de desastres sucederán, uno tras otro; todos los países y todos los lugares experimentarán desastres: la plaga, el hambre, las inundaciones, la sequía y los terremotos están por todas partes. Estos desastres no ocurren solo en uno o dos lugares, ni terminarán dentro de un día o dos, sino que se extenderán sobre un área cada vez mayor y serán cada vez más severos. Durante este tiempo, surgirán, sucesivamente, toda clase de plagas de insectos, y el fenómeno del canibalismo ocurrirá en todos los lugares. Este es Mi juicio sobre los innumerables países y pueblos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 65). Después de leer las palabras de Dios, compartí: “Las palabras de Dios se están cumpliendo de a poco y los desastres empeoran día tras día. No solo otros países están sufriendo desastres, sino que nuestro estado de Wa también está pasando por una grave pandemia. Ahora, las ciudades y aldeas están en confinamiento y muchas personas están en cuarentena. Hay quienes, al no tener comida ni agua durante la cuarentena, se han tirado al vacío, y algunos, al no poder pagar el costo de la cuarentena después de contraer la plaga, se han ahorcado. Hay quienes salieron a trabajar y no pudieron regresar a casa por el confinamiento; sus familiares murieron y ni siquiera pudieron despedirse de ellos. Cada día, innumerables personas se contagian, y el número de muertos es incalculable. Puede que hoy estemos bien, pero nadie sabe lo que ocurrirá mañana. Tenemos la suerte de haber aceptado la obra de Dios y de haber oído Sus palabras. Debemos predicar sin demora el evangelio de Dios a nuestros familiares, vecinos y amigos para que también ellos puedan oír la voz de Dios, acudan a Él, obtengan la verdad y reciban Su salvación. Si no compartimos el evangelio con ellos ahora y un día se contagian y mueren, ¿no nos arrepentiremos? Para entonces, por mucho que lloremos desconsolados, no servirá de nada. ¿Están dispuestos a predicar el evangelio en su aldea?”. Al oír esto, todos acordaron hacerlo. A la noche siguiente, trajeron a varios destinatarios potenciales del evangelio. Entre ellos estaban el hijo del jefe de la aldea y un contable con bastante prestigio en el pueblo. El predicador del evangelio les habló sobre la verdad de cómo discernir entre el Dios verdadero y los dioses falsos, sobre cómo solo al creer en el Dios verdadero puede uno obtener protección durante los desastres, y sobre cómo aquellos que creen en dioses falsos solo caerán en desastres y, al final, en el lago de fuego y azufre. Algunos de ellos, tras oír las palabras de Dios, entendieron que solo Dios Todopoderoso es el único Dios verdadero que puede salvar a toda la humanidad. Se alegraron de oír las palabras de Dios y se emocionaron hasta las lágrimas. Más tarde, trajeron a sus familiares y amigos con una humanidad relativamente buena para oír las palabras de Dios. En poco más de veinte días, más de cien personas de estas dos aldeas vinieron a investigar la obra de Dios de los últimos días, y yo estaba a cargo de regar a más de sesenta de ellas. Jamás imaginé que habría tantas personas que aceptarían de golpe la obra de Dios de los últimos días.
Más tarde, había cada vez más personas de las dos aldeas que venían a investigar el camino verdadero. Un funcionario de distrito de una aldea vecina se enteró de que los aldeanos estaban escuchando nuestros sermones y movilizó a la milicia del pueblo para que patrullara e hiciera inspecciones. Detuvieron a dieciséis nuevos fieles que acababan de empezar a investigar el camino verdadero y también los multaron. Mientras la milicia patrullaba día y noche, los aldeanos no se atrevían a escuchar los sermones en la aldea, y algunos de ellos hasta dejaron de subir a la montaña para venir a las reuniones. Como en la aldea no había Internet, si los nuevos fieles no encontraban alguna forma de conectarse a Internet para contactar conmigo, era realmente difícil comunicarse con ellos. En ese momento, sentí que todo se había acabado. Ni qué decir de predicar el evangelio a los demás. Ni siquiera los nuevos fieles que acababan de aceptar la obra de Dios de los últimos dos días serían capaces de mantenerse firmes. Justo entonces, un líder del grupo de reunión subió a la montaña para buscar señal de Internet y logró contactar conmigo. Me dijo: “La situación está muy mal ahora mismo. Todos los días, la policía y la milicia patrullan por todas partes. ¿Podemos reunirnos solo una vez al mes?”. Pensé: “Eso no bastará. Los nuevos fieles tienen poca estatura; no entienden muchas verdades y necesitan riego y apoyo continuos. No importa lo que pase, debemos asegurarnos de que los nuevos fieles puedan asistir a las reuniones”. El líder del grupo y yo vimos el documental: “Aquel que tiene la soberanía sobre todas las cosas”. Dije: “Cuando Moisés guio a los israelitas fuera de Egipto, tenían el Mar Rojo delante y el ejército perseguidor detrás. No había salida, pero se sosegaron, oraron a Dios y confiaron en Él, y Dios les abrió una senda. Fueron testigos de la autoridad de Dios. Dios separó las aguas del Mar Rojo y dejó tierra seca al descubierto en el medio. Los israelitas cruzaron el Mar Rojo, mientras que el ejército perseguidor se ahogó en sus aguas. Esto demuestra que Dios seguramente guiará a quienes ha determinado salvar”. Entonces, le leí un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “Cada paso de la obra que Dios hace en las personas externamente parecen ser interacciones que se producen entre ellas, como si hubieran nacido de disposiciones humanas o de la perturbación humana. Sin embargo, detrás de cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la perturbación de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de ello hay una batalla” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él). Luego compartí: “A simple vista, parece que el funcionario está obstaculizando nuestra fe en Dios, pero la perturbación de Satanás se encuentra detrás de esto. Satanás no quiere que oigamos las palabras de Dios, así que está usando al funcionario para perseguirnos y arrestarnos para obligarnos a renunciar a nuestra fe. Al igual que cuando Job fue puesto a prueba y perdió todas sus riquezas, a simple vista parecía obra de ladrones, pero en realidad era Satanás que estaba tentando y atacando a Job. Cuando Job afrontó todas estas pruebas, no se quejó de Dios, sino que alabó el nombre de Jehová Dios. Por mucho que Satanás perturbara a Job, él no abandonaría a Dios, y, al final, Satanás quedó en vergüenza y se retiró. Ahora, frente a la perturbación y persecución del funcionario, si nos limitáramos a oír las palabras de Dios solo una vez al mes, ¿no significaría eso que la trama de Satanás ha tenido éxito? Si persistimos en reunirnos en una situación así, Satanás quedará en vergüenza”. Tras oírme compartir, el líder del grupo dijo que estaba dispuesto a volver para invitar a los nuevos fieles a las reuniones. Gracias a la plática del líder del grupo, los nuevos fieles dijeron, uno tras otro: “Nada puede ocurrir si Dios no lo permite”. “Que nos arresten o no está en manos de Dios”. “Satanás quiere usar la perturbación del gobierno para hacernos abandonar nuestra fe y arrastrarnos al infierno. No importa cómo nos persigan, no cabe duda de que seguiremos a Dios y jamás abandonaremos nuestra fe”. Aunque la situación era muy hostil, algunos de los nuevos fieles con mayor entusiasmo aún encontraban maneras de conseguir señal de Internet para asistir a las reuniones. Sin embargo, como sus lugares de reunión habían quedado al descubierto, ya no podían reunirse en grupos de sesenta o setenta como lo habían hecho antes, y cada lugar solo podía acoger a unas veinte personas como máximo. Justo cuando nos preparábamos para organizar reuniones más pequeñas, surgió otra dificultad. Como los nuevos fieles solo tenían dos tarjetas SIM con acceso a internet, si se dividían para las reuniones, no habría suficientes tarjetas SIM para todos, así que algunos aldeanos seguirían sin poder oír las palabras de Dios. Además, con veinte personas usando un solo teléfono en las reuniones, cuando la conexión era mala, algunas personas no podían oír la plática con claridad, y las reuniones no lograban buenos resultados. Empecé a desanimarme porque las cosas parecían muy difíciles. En ese momento pensé: “Si al menos pudiera ir yo misma, entonces podría regarlos en persona”. Luego compartí mis pensamientos con la supervisora y la supervisora accedió a dejarme ir a la zona.
Esa noche, llegué a la casa de acogida local. Justo entonces, los líderes de grupo de los nuevos fieles me enviaron un mensaje, así que les pedí que invitaran a los hermanos y hermanas a una reunión al mediodía del día siguiente y les dije que invitaran a todos los que pudieran y que buscaran un lugar escondido. Al día siguiente, llegamos al lugar acordado y me quedé atónita. Para mi sorpresa, apareció el grupo de más de sesenta nuevos fieles y, uno a uno, vinieron a darme la mano, a abrazarme y a presentarse con impaciencia. Parecían una bandada de pájaros alegres. Nunca antes había visto algo así. Después de la reunión de ese día, invitaron a nuevos fieles de otra aldea a venir y oír el evangelio. Al tercer día, el líder del grupo nos llevó por un largo sendero de montaña, y encontramos un lugar tranquilo y recóndito. Vinieron unos cincuenta nuevos fieles, pero, mientras nos reuníamos, un no creyente que estaba arreando vacas nos vio. Pensé: “¿Me denunciará? ¿Vendrá el funcionario o la policía a arrestarme?”. Pensé en huir. Pero, en ese momento, recordé un pasaje de las palabras de Dios que había leído antes: “Los anticristos hacen todo lo posible para proteger su seguridad. Piensan para sí: ‘Debo garantizar mi seguridad a toda costa. Da igual a quién cojan, pero no debe ser a mí’. […] Si un lugar es seguro, entonces los anticristos lo elegirán para obrar y, desde luego, darán una impresión muy proactiva y positiva, aparentando tener un gran ‘sentido de la responsabilidad’ y ‘lealtad’. Si hacer algo de trabajo significa que tienen que tomar riesgos y es probable que se vean en peligro, que sean descubiertos por el gran dragón rojo, entonces se excusan y se niegan a hacerlo, y buscan una oportunidad para huir de él. En cuanto hay peligro, o en cuanto hay un asomo de este, piensan en todas las maneras posibles de librarse y abandonan su deber, sin preocuparse por los hermanos y hermanas, sino solo de escapar del peligro. Es posible que ya se hayan preparado mentalmente: en cuanto aparezca el peligro, abandonarán de inmediato todo el trabajo que están haciendo, sin preocuparse de cómo va el trabajo de la iglesia, del daño que pueda causar a los intereses de la casa de Dios o de la seguridad de los hermanos y hermanas; lo que les importa es huir. Incluso tienen un ‘as bajo la manga’, un plan para protegerse: en cuanto el peligro se cierne sobre ellos o son detenidos, dicen todo lo que saben, exculpándose y eximiéndose de toda responsabilidad para preservar su propia seguridad. Este es el plan que tienen preparado” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (II)). Los anticristos pueden realizar sus deberes y trabajar con normalidad cuando no hay peligro, pero cuando surge el peligro, lo primero en lo que piensan es en su propia seguridad. Consideran que su propia seguridad es lo más importante y no muestran ninguna consideración por los intereses de la iglesia. Los anticristos son excepcionalmente egoístas y despreciables, y no tienen conciencia ni razón alguna. Mi propio comportamiento era igual que el de un anticristo. Al principio, pude subir a la montaña para reunirme con los nuevos fieles, y parecía que estaba haciendo algo de trabajo y sufriendo algunas dificultades, pero en cuanto mi propia seguridad se vio afectada, quise abandonar mi deber y huir. Estaba poniendo mi seguridad por encima de todo, y nunca consideré hacer arreglos para estos nuevos fieles primero. Muchos nuevos fieles, si los arrestaban, probablemente se alejarían porque tenían una estatura pequeña, y, sin embargo, a mí solo me preocupaba ponerme a salvo. ¡Era realmente egoísta! Al pensar en esto, llevé de inmediato a los nuevos fieles a un lugar seguro. Algunos se escondieron en zanjas, otros en la hierba y otros en el bosque. Después de que el resero se fuera, continuamos la reunión y organizamos que algunos hermanos hicieran guardia. Después de la reunión, fijamos una hora para la siguiente.
Más adelante, más de cien personas aceptaron la obra de Dios de los últimos días. Por ese entonces, el número de nuevos fieles de las dos aldeas era de casi doscientos. Que tanta gente viniera a oír las palabras de Dios llamó aún más la atención del funcionario, que ordenó a los no creyentes del pueblo, e incluso a alumnos de primaria, que patrullaran la montaña. El funcionario también dijo que, si encontraban nuestro lugar de reunión, se les recompensaría con cien yuanes a cada uno. En ese momento, había patrullas no solo en la aldea sino también en la montaña. Así que la situación no paraba de empeorar, pero cada día, los nuevos fieles seguían trayendo a sus familiares y amigos a oír las palabras de Dios, e incluso el jefe y el subjefe de ambas aldeas vinieron a oír Sus palabras. Debido a la persecución del funcionario, teníamos que cambiar nuestro lugar de reunión constantemente. A veces nos reuníamos en campos, a veces, en zonas arenosas, a veces, en bosques, y otras veces teníamos que adentrarnos mucho en las montañas para reunirnos. Cuando iba a regar a los nuevos fieles, pasaba frente a la casa del funcionario todos los días. No podía evitarlo en mi ruta y a menudo me preocupaba que el funcionario y la policía me vieran y, de repente, me interceptaran y arrestaran justo delante de su puerta. ¿Qué haría si me arrestaran y mi familia se enterara? Ellos ya se oponían a mi fe; ¿no me perseguirían aún más si se enteraban de que me habían arrestado? Todos los días me rondaba la cabeza la idea de que eso ocurriera y me aterraba de solo pensarlo. Cada día que iba a regar a los nuevos fieles, tenía el alma en vilo. Al pasar por la casa del funcionario, apenas me atrevía a respirar y pasaba a toda velocidad con la moto, sin atreverme siquiera a mirar atrás. Cuando tenía miedo, clamaba en silencio a Dios en mi corazón. Pensé en un himno de las palabras de Dios: “Lo que Dios perfecciona es la fe”. “En la obra de los últimos días se nos exige la mayor fe y el amor más grande y podemos tropezar por el más ligero descuido, pues esta etapa de la obra es diferente de todas las anteriores: -Lo que Dios está perfeccionando es la fe de las personas, que es tanto invisible como intangible. -Lo que Dios hace es convertir las palabras en fe, amor y vida. Las personas deben llegar a un punto en el que hayan soportado centenares de refinamientos y posean una fe mayor que la de Job, lo que requiere que soporten un sufrimiento increíble y todo tipo de torturas sin dejar jamás a Dios. Cuando sean sumisas hasta la muerte y tengan una gran fe en Dios, entonces esta etapa de la obra de Dios está completa” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La senda… (8)). Cuando canté este himno, sentí que algo se fortalecía dentro de mí. Entendí que Dios permitía que esta situación se presentara para que yo pudiera experimentar Sus palabras y fortalecer mi fe en Él. Antes de venir a este pueblo, sentía que tenía una gran fe en Dios, pero los hechos que me sobrevinieron revelaron mi verdadera estatura. Vi que mi fe en Dios era demasiado pequeña. Dios estaba usando este ambiente de persecución para perfeccionar mi fe. Estuve dispuesta a confiar en Dios para experimentarlo. Más tarde, la persecución del funcionario se volvió más severa. Les dijo a los aldeanos que cualquiera que fuera visto reuniéndose debía ser denunciado, y que recibirían una recompensa de 500 yuanes por denunciar a un creyente, y de 1000 por dos. Pensé que eran totalmente perversos. No habíamos cometido ningún delito por creer en Dios y, aun así, hacían lo imposible por capturarnos. Realmente los odiaba con el corazón. Para evitar que nos descubrieran, cambiamos la reunión de las 10 a las 6 de la mañana. Era diciembre y hacía mucho frío, pero los nuevos fieles seguían viniendo con entusiasmo a las reuniones. Algunos tenían más de 60 años y aun así persistían en reunirse, algunos venían con toda su familia, y algunos subían a la montaña con bebés de apenas un mes en brazos para asistir a las reuniones. Al ver que participaban activamente en las reuniones, me sentí profundamente conmovida y avergonzada al pensar que mi fe no era tan firme como la de ellos. También odié a este régimen satánico, que, con tal de impedir que la gente oyera las palabras de Dios, incluso movilizó a todos en las aldeas para que patrullaran y denunciaran a los creyentes. A pesar de todo esto, el trabajo evangélico no se vio afectado en absoluto y el evangelio de los últimos días de Dios Todopoderoso continuó difundiéndose en esta zona. Además, las patrullas ni siquiera llegaron a encontrarnos ni una sola vez. ¡Estábamos realmente agradecidos a Dios por Su protección!
Un día, mi esposo no creyente regresó a casa de repente desde el ejército. Se suponía que iba a volver para el Año Nuevo, pero inesperadamente, esta vez volvió antes. Vio que no estaba en casa, me llamó para preguntarme adónde había ido y me dijo que volviera a casa de inmediato a la mañana del día siguiente. Al día siguiente, cuando vio que yo no había regresado, me envió un mensaje. En ese momento, no tenía internet y no le respondí, y se enojó muchísimo. Más tarde, mi esposo siguió llamando, instándome a volver a casa, y hasta amenazaba con divorciarse si no volvía pronto. Me sentía débil. Mi familia ya se oponía a mi fe en Dios, y mi suegra a menudo había instado a mi esposo a que se divorciara de mí. Si no volvía a casa, ¿realmente se divorciaría mi marido de mí? Tenía el corazón lleno de dolor y me pregunté: “¿Debería volver a casa por unos días?”. Pero sabía que, si volvía, luego me costaría mucho volver a salir. ¿Quién regaría a estos nuevos fieles? Tenía el corazón muy atormentado, y no pude evitar que las quejas surgieran en él: “¿Por qué Dios ha permitido que me pase esto? Mi esposo sigue obligándome a volver a casa y dice que, si no lo hago, se divorciará de mí. Pero si vuelvo a casa, ¿cómo podré seguir realizando mi deber?”. En mi corazón, seguía reflexionando sobre cuál era la intención de Dios. Mientras lo meditaba, recordé de repente unas palabras de Dios: “A la hora de determinar si las personas pueden someterse a Dios o no, el aspecto clave es si tienen deseos extravagantes o motivaciones ocultas hacia Él. Si las personas siempre están haciéndole peticiones a Dios, eso demuestra que no le son sumisas. Sin importar lo que te suceda, si no lo aceptas de Dios y no buscas la verdad, y si siempre razonas a tu favor y sientes que solo tú tienes la razón, y si incluso eres capaz de dudar de que Dios es la verdad y la justicia, entonces tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios no puede someterse de veras a Él. Si le haces peticiones a Dios, esto prueba que estás intentando hacer un trato con Él, que estás eligiendo tu propia voluntad y actuando conforme a ella. En este sentido, estás traicionando a Dios y careces de sumisión. Ponerle exigencias a Dios es, en sí mismo, carecer de razón; si creyeras de verdad que Él es Dios, no te atreverías a ponerle exigencias ni te creerías cualificado para hacerlo, ya sea que las creyeras razonables o no. Si de verdad crees en Dios y crees que Él es Dios, únicamente lo adorarás y te someterás a Él, no hay otra opción” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios). Me di cuenta de que yo era tal y como Dios había dejado en evidencia. Cuando Dios disponía situaciones que se alineaban con mis deseos, yo estaba dispuesta a someterme, pero, cuando no encajaban con mis deseos, no estaba dispuesta a someterme y seguía haciendo exigencias inaceptables a Dios. Pensé que, como estaba realizando mi deber y predicando el evangelio, pensaba que Dios debía cuidar de mí y protegerme de la persecución y las perturbaciones de mi marido, y no permitir que él volviera a casa antes de tiempo, ya que, si lo hacía, yo ya no podría predicar el evangelio. Quería que Dios siguiera mis exigencias, y, cuando no lo hacía, me quejaba de que Sus arreglos eran inapropiados y discutía obstinadamente con Él. ¡Era realmente irrazonable! Antes, cuando podía salir de casa para predicar el evangelio, sentía que había crecido en estatura y que ya era capaz de someterme a Dios. Ahora, finalmente veía con claridad mi verdadera estatura. Aunque este asunto que me sobrevino no se alineaba con mis nociones, era una buena oportunidad para conocerme a mí misma.
Pensé en cómo estos nuevos fieles anhelaban con ansias las palabras de Dios. Por mucho frío que hiciera, por muy lejos que tuvieran que viajar o por terrible que fuera la situación, no cejaban de asistir a las reuniones. Si yo volvía a casa, ¿quién los iba a regar? Pero si no volvía, podría enfrentarme al divorcio. Justo cuando me resultaba difícil elegir, recordé un pasaje de las palabras de Dios que la supervisora había compartido antes: “¿Eres consciente de la carga que llevas a cuestas, de tu comisión y tu responsabilidad? ¿Dónde está tu sentido de misión histórica? ¿Cómo servirás correctamente como amo de la próxima era? ¿Tienes un fuerte sentido de ser amo? ¿Cómo debería explicarse el amo de todas las cosas? ¿Es realmente el amo de todas las criaturas vivientes y todas las cosas físicas del mundo? ¿Qué planes tienes para el progreso de la siguiente fase de la obra? ¿Cuántas personas están esperando a que las pastorees? ¿Es pesada tu tarea? Son pobres, lastimosos, ciegos, están confundidos y se lamentan en las tinieblas; ¿dónde está el camino? ¡Cómo anhelan que la luz, como una estrella fugaz, descienda repentinamente y disperse a las fuerzas de la oscuridad que han oprimido a los hombres durante tantos años! Esperan esto con ansiedad y lo anhelan día y noche; ¿quién puede conocer esto por completo? Incluso el día en que la luz les pasa por delante, estas personas que sufren profundamente permanecen encarceladas en una mazmorra oscura, sin esperanza de liberación; ¿cuándo dejarán de llorar? Es terrible la desgracia de estos espíritus frágiles que nunca han tenido reposo y han estado mucho tiempo atrapados en este estado por ataduras despiadadas e historia congelada. Y ¿quién ha oído los sonidos de sus gemidos? ¿Quién ha visto su estado miserable? ¿Has pensado alguna vez cuán afligido e inquieto está el corazón de Dios? ¿Cómo puede soportar Él ver a la humanidad inocente, que creó con Sus propias manos, sufriendo tal tormento? Después de todo, los seres humanos son las víctimas que han sido envenenadas. Y, aunque el hombre ha sobrevivido hasta hoy, ¿quién habría sabido que el maligno envenenó a la humanidad hace mucho tiempo? ¿Has olvidado que eres una de las víctimas? ¿No estás dispuesto a esforzarte por salvar a todos estos sobrevivientes por tu amor a Dios? ¿No estás dispuesto a dedicar toda tu fortaleza para retribuir a Dios, que ama a la humanidad como a Su propia carne y sangre? ¿Cómo exactamente comprenderías el ser usado por Dios para vivir tu extraordinaria vida? ¿Tienes realmente la determinación y la fe para vivir la vida llena de sentido de una persona piadosa y que sirve a Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cómo deberías ocuparte de tu misión futura?). Dios ha aparecido y ha estado obrando durante muchos años, pero muchas personas aún no lo saben, adoran a dioses falsos y viven bajo el engaño de Satanás. Nosotros, que hemos recibido primero el evangelio de Dios, tenemos la responsabilidad de darles testimonio de Su obra para que puedan oír Su voz y acudir a Dios lo antes posible. Al recordar las reuniones con estos nuevos fieles, cuando les leíamos las palabras de Dios, independientemente de su edad o género, todos tenían una mirada anhelante. Era como si acabaran de ver la luz que irrumpía en un mundo oscuro, como si hubieran estado esperando esa luz durante mucho tiempo y por fin hubieran encontrado una esperanza. Incluso al enfrentar la persecución del gobierno y el riesgo de ser arrestados y multados, incluso si tenían que emprender un largo viaje, y aunque algunos de ellos tuvieran un hijo de apenas un mes, no estaban dispuestos a perderse ni una sola reunión, y deseaban pasar el día entero reunidos para oír las palabras de Dios. No temían que el gobierno los persiguiera, sino que no pudieran oír las palabras de Dios ni reunirse. Algunos de los nuevos fieles decían: “Hermana, no tengas miedo. Vamos a luchar una guerra de guerrillas contra Satanás. Si ellos suben a la montaña, nosotros bajaremos. Encontraremos la manera de reunirnos”. Oír esto era realmente conmovedor. Si me limitaba a abandonarlos sin más, lo que les impediría oír las palabras de Dios, me quedaría con un cargo de conciencia. Pensé en cómo Dios había expresado muchas verdades para purificar y salvar a la humanidad, y en cómo yo había disfrutado del riego y la provisión de Sus palabras, había entendido muchos misterios de la verdad y había recibido la senda para despojarme de mi carácter corrupto. ¡Dios me había dado tanto, y Su amor era tan grande! Seguía diciendo que cumpliría bien con mi deber para retribuir Su amor y que no lo decepcionaría ni defraudaría Su amor. Sin embargo, por miedo a que mi esposo se divorciara de mí, quise abandonar mi deber y dejar atrás a los nuevos fieles. Ni siquiera había pensado en lo que pasaría si me iba: el funcionario seguiría persiguiéndolos, amenazando con que, si los atrapaban, serían multados o encarcelados. ¿Se volverían débiles y tímidos, y no se atreverían a asistir a las reuniones? Sin nadie que los regara, ¿acabarían por volverse negativos y abandonarían? Anhelaban tanto la verdad que, para oír las palabras de Dios, llegaban al lugar de reunión antes del amanecer, y me esperaban. Si no podían oír las palabras de Dios, ¿no estarían atormentados y sufrirían? Si me marchaba sin más, ¿estaría haciendo lo correcto por Dios y por ellos? Si dejaba a estos nuevos fieles por miedo al divorcio y hacía que se debilitaran y se apartaran, ¡no sería capaz de asomar la cara ante Dios! Cuanto más lo pensaba, más me sentía en deuda con Dios.
Más tarde, recordé un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “Cuando Dios obra, cuando Dios se preocupa por la persona y la escruta y cuando la encuentra digna y la aprueba, Satanás la sigue de cerca, intenta desorientarla y dañarla gravemente. Dado que Dios desea ganar a esta persona, Satanás hace todo lo que pueda para interponerse en Su camino, usando diversos métodos despreciables para perturbar y dañar la obra de Dios, todo ello con el fin de lograr su objetivo indecible. ¿Cuál es este objetivo? No quiere que Dios gane a nadie; él quiere hacerse con aquellos a los que Dios pretende ganar, de modo que puede ocuparlos, controlarlos y hacerse cargo de ellos para que lo adoren y se le unan para hacer el mal para oponerse a Dios. ¿Acaso no es esta su siniestra motivación? […] Al hacer la guerra contra Dios, y al ir detrás de Él, el objetivo de Satanás es demoler toda la obra que Dios quiere hacer, así como ocupar y controlar a aquellos a los que Dios quiere ganar. Quiere destruirlos por completo o poseerlos y usarlos si no se les destruye. Esta es su meta” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único IV). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, me di cuenta de que, a dondequiera que va la obra de Dios, la perturbación de Satanás la sigue. Dios quería ganar a aquellas personas que realmente creyeran en Él, pero Satanás estaba usando al gobierno para perseguirlos, sin escatimar esfuerzos para impedir que creyeran en Dios. Cuando vio que esa persecución no lograba su objetivo, cambió de táctica e hizo que mi esposo me amenazara con el divorcio para tratar de obligarme a abandonar la aldea, ya que de esta manera, no habría nadie para regar a estos nuevos fieles. El objetivo de Satanás era impedir que oyeran las palabras de Dios y hacer que se apartaran gradualmente. ¡Eso es realmente despreciable y desvergonzado! Si volvía a casa, ¿no estaría cayendo en las trampas de Satanás? Al ver claramente la siniestra intención de Satanás, tomé la decisión de regar a estos nuevos fieles como debía. Entonces, oré a Dios: “Oh, Dios, no voy a volver a casa. Confiaré en Ti para regar bien a los nuevos fieles de estas dos aldeas. Aunque mi esposo se divorcie de mí, no volveré”. Una vez que estuve lista para afrontar el divorcio, lo que nunca me esperé fue que, justo al día siguiente, mi esposo me envió un mensaje diciéndome que me cuidara mucho. Dijo que, como hacía frío, debía abrigarme más y tener más cuidado al predicar el evangelio. También me dijo que podía volver cuando quisiera y hasta me envió cuatro mil yuanes para comprar ropa de invierno. ¡Estaba realmente agradecida con Dios!
En los días que siguieron, aunque ya no estaba tan limitada por mi esposo, la persecución del funcionario se hizo cada vez más grave en lugar de disminuir. Más tarde, escuché un himno llamado “Al seguir a Cristo, nunca retrocederé, ni siquiera ante la muerte”:
El Hijo del hombre de los últimos días expresa la verdad, con lo que despierta incontables corazones. Veo que todas las palabras de Dios son la verdad y por eso lo sigo. Satanás, el gran dragón rojo, reprime y arresta salvajemente al pueblo escogido de Dios. Los que siguen a Cristo y realizan sus deberes lo hacen poniendo en riesgo su vida. Puede que algún día me arresten y me persigan por dar testimonio de Dios. En mi fuero interno, comprendo claramente que se trata de una persecución por la justicia. Quizás algún día me arresten y me encarcelen por predicar el evangelio. Este es el sufrimiento que Dios ha ordenado para quienes lo siguen. No sé por cuánto tiempo más podré caminar por esta senda de predicar el evangelio, pero mientras viva, propagaré las palabras de Dios y daré testimonio de Cristo. Me entrego solo para perseguir la verdad y completar la comisión de Dios. En esta vida, seguir y dar testimonio de Cristo llena de orgullo mi corazón. Aunque no llegue a ver el día en el que el reino se haga realidad, me basta con poder dar testimonio y humillar a Satanás hoy. Dios está conmigo en la persecución y la tribulación; Él es mi apoyo. Tal vez mi vida desaparezca como un efímero fuego artificial, pero morir como mártir por Dios es dar un testimonio rotundo. He ofrecido mi humilde fuerza a la difusión del evangelio del reino. No tengo quejas ni remordimientos; al dar testimonio de Dios, mi vida no ha sido en vano. Este es el designio de Dios, y le ofrezco alabanza y gratitud.
Las palabras de Dios se difunden por el mundo; el reino de Cristo ha aparecido entre los hombres. En medio de los desastres, Dios ha creado un grupo de vencedores, y todos dan testimonio de Él. La oscuridad se desvanece, y el amanecer de la justicia ha aparecido. Dios ha derrotado a Satanás, el gran dragón rojo. ¡Alabado sea Dios que ha ganado la gloria!
Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos
Me sentí realmente conmovida e inspirada después de escuchar este himno. Aunque podría ser arrestada y perseguida por regar a los nuevos fieles de estas dos aldeas, incluso hasta el punto de morir antes de ver el día de la gloria de Dios, no me arrepentiría. Qué honor es poder aceptar la obra de Dios de los últimos días y propagar el evangelio de Su reino. Al darme cuenta de esto, gané aún más fe para experimentar lo que viniera.
El funcionario se enteró de que nos reuníamos todos los días a las seis de la mañana, así que encendía una hoguera en su patio a las cinco y se ponía a esperarnos. Cuando pasaba con mi moto frente a su casa, apagaba las luces o el motor y la empujaba, por miedo a que me viera. No nos atrevíamos a encender una linterna cuando subíamos la montaña y, a veces, cuando llovía, nos reuníamos en las casas más apartadas de los hermanos y hermanas del pueblo. Para evitar que nos descubrieran, cuando terminaban las reuniones, algunos hermanos y hermanas llevaban leña a casa, otros regresaban con ganado, y otros recogían verduras silvestres para llevar a casa. Aunque el funcionario encendía una hoguera en su patio y se ponía a esperarnos, nunca nos descubrió, ni una sola vez. Sabía que todo esto estaba en manos de Dios y que Él había velado los ojos del funcionario. Al experimentar una situación así, logré entender un poco la omnipotencia y la soberanía de Dios. Más adelante, todas las personas de estas dos aldeas, excepto el funcionario, su esposa y unas pocas personas de mala humanidad, aceptaron la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Hasta el hermano, la hermana, la cuñada y el suegro del funcionario la aceptaron. Al final, a través de ellos, fuimos a predicar el evangelio a otra aldea y, en ese entonces, unas setenta u ochenta personas aceptaron la obra de Dios. Sin importar cómo nos persiguiera el funcionario, estos nuevos fieles siguieron acudiendo activamente a las reuniones y el número de nuevos fieles siguió aumentando. Esto fue realmente el resultado de la obra del Espíritu Santo. Vi que, independientemente de los métodos que use Satanás, no puede obstaculizar la difusión del trabajo evangélico.
Durante ese tiempo, aunque sufrí algunas dificultades físicas, y también experimenté la persecución del gobierno y la perturbación de mi esposo, lo que me dolió bastante en su momento, gané mucho. ¡Gracias a Dios!