Al desprenderme del egoísmo, me libero

Por Jingwei, China

Dios Todopoderoso dice: “En el carácter de las personas normales no hay deshonestidad ni engaño, las personas tienen una relación normal entre ellas, no están solas y sus vidas no son ni mediocres ni decadentes. Así, también, Dios es exaltado entre todos, Sus palabras se propagan entre los hombres, las personas viven en paz unas con otras y bajo el cuidado y protección de Dios, la tierra está llena de armonía, sin la interferencia de Satanás, y la gloria de Dios tiene la máxima importancia entre los hombres. Tales personas son como ángeles; puros, animados, sin quejarse nunca de Dios y dedicando todos sus esfuerzos solamente a la gloria de Dios en la tierra” (‘Capítulo 16’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios nos muestran que el carácter de una persona normal no contiene deshonestidad, engaño, egoísmo ni desprecio. Asumir la tarea encomendada por Dios con sinceridad, trabajar en armonía con los hermanos y las hermanas, y hacer todo lo posible por su deber son las cosas más básicas que una persona debería poder hacer. Solía vivir con filosofías satánicas como “Todo individuo para sí mismo y que el diablo se lleve al último” y “Una vez que el alumno sabe todo lo que sabe el maestro, este perderá su sustento”. Era egoísta, despreciable, deshonesto y astuto, sin ningún parecido humano. No fue hasta que experimenté el juicio y el castigo de las palabras de Dios que estas actitudes satánicas mías comenzaron a cambiar.

En junio de 2018 el hermano Zhang se sumó a nuestro equipo para unírseme en mi deber. En ese momento pensé: “He estado cumpliendo con este deber desde hace tiempo, así que tengo cierta idea de los principios y he visto algunos resultados. Tal vez en algún momento dejaré este equipo para asumir una mayor responsabilidad. Necesito ayudar al hermano Zhang a ponerse al día lo más rápido posible para que pueda asumir el trabajo dentro de nuestro equipo”. Procedí a enseñarle las habilidades básicas que había aprendido en mi deber. Tres meses más tarde vi que el hermano Zhang tenía una idea básica de todo y estaba progresando muy rápido. En ese momento empecé a sentirme amenazado y pensé: “El hermano Zhang ha estado mejorando muy rápidamente en su deber. Si esto continúa, ¿no me superará pronto? Si el líder descubre lo rápido que progresa, ¿no le dará una posición importante?”. Cuando se me ocurrió esto, pensé para mis adentros: “No, necesito guardarme cosas. Ya no puedo compartir con él todo lo que sé”. Desde entonces en nuestro trabajo, cuando veía que las habilidades del hermano Zhang eran insuficientes, le decía algunas cosas superficiales sin compartir del todo mi conocimiento. Era consciente de que no era lo correcto, pero luego pensé en el viejo dicho: “Una vez que el alumno sabe todo lo que sabe el maestro, este perderá su sustento”. Con él en el centro de atención, ¿cómo podría lucirme bien yo? No podía dejar que me sobrepasara. Mientras seguíamos trabajando juntos, ante cualquier cosa que el hermano Zhang me preguntaba, le daba una respuesta parcial y me callaba el resto.

No mucho después de eso, el líder buscó al hermano Zhang para hablar de una tarea importante. Mi corazón se aceleró cuando me enteré de eso. Pensé: “He estado en el equipo más tiempo que el hermano Zhang. ¿Por qué el líder no querría hablar conmigo? ¿No soy tan bueno como él? Yo he sido el que lo ha capacitado, pero ahora él es el niño estrella y a mí me han hecho a un lado. Él recibe la atención y a mí me olvidan. Si sigo enseñándole, ¿no aprenderá aún más rápido? Si consigue un puesto importante, ¿quién me admirará entonces?”. Así que en nuestro trabajo juntos desde entonces, cuando veía al hermano Zhang en dificultades, no quería ayudarlo. Nuestro progreso sufrió como resultado de que estas cosas no se resolvieran a tiempo, y esto terminó retrasando la obra de la iglesia. Me sentí un poco culpable e incómodo, pero no reflexioné sobre mí mismo. Un día me empezó a picar la axila de repente, y no podía lograr que parara. Ni siquiera sirvió que me aplicase una pomada. Al día siguiente me empezó a doler tanto el brazo que no podía moverlo. Me di cuenta de que esta afección no era una casualidad, así que me presenté ante Dios en oración y búsqueda. Dije: “Oh Dios, este problema ha comenzado tan de repente. Sé que Tu buena voluntad está detrás de ello. Pero soy demasiado insensible y no sé cuál es Tu voluntad. Por favor, esclaréceme y guíame”.

Un día, durante mis devocionales, de golpe me vinieron a la mente estas palabras de Dios: “Si no estás dispuesto a ofrecer todo cuanto tienes, si lo mantienes oculto y en secreto, si actúas de manera escurridiza […]” (‘Sólo se puede ser verdaderamente feliz siendo una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Esto fue una llamada de atención para mí. Había estado compitiendo por reputación y ganancia, temiendo que este hermano me superara, por eso nunca fui totalmente abierto con nuestro trabajo y no quería compartir mi conocimiento con él. Vi que, con esta afección, Dios me advertía para que reflexionara sobre mí mismo. Más tarde leí este pasaje de las palabras de Dios: “Los incrédulos tienen un cierto tipo de carácter corrupto. Cuando enseñan a otras personas algún conocimiento o habilidad profesional, creen en la idea de que ‘una vez que el alumno sabe todo lo que sabe el maestro, este perderá su sustento’. Creen que, si enseñan todo lo que saben, ya nadie los admirará y habrán perdido su estatus. Por eso sienten la necesidad de reservarse parte de este conocimiento y solo enseñan el 80% de lo que saben y se aseguran de guardarse algunos ases en la manga; esta es, a su parecer, la única manera de demostrar su categoría como maestros. Siempre se reservan información y se guardan ases en la manga: ¿qué tipo de carácter es este? Se llama falsedad. […] No penséis que lo estáis haciendo bien o que no os habéis reservado ningún conocimiento simplemente por haberles explicado a todos las cosas más superficiales o fundamentales; esto no servirá. En ocasiones, quizá solamente enseñes algunas teorías o cosas que la gente puede entender literalmente, pero los principiantes no son capaces de comprender absolutamente nada de la esencia o de los puntos importantes. Tú no das sino una visión general, sin profundizar ni entrar en detalles, al tiempo que piensas: ‘Bueno, de todas formas, ya te lo he explicado y no me he guardado nada a propósito. Si no lo entiendes, es porque tienes muy poco calibre, así que no me culpes. Tendremos que ver cómo te guía Dios ahora’. Dicha reflexión entraña falsedad, ¿no es así? ¿No es egoísta y vil? ¿Por qué no podéis enseñar a la gente todo lo que tenéis en vuestro corazón y todo lo que entendéis? ¿Por qué, en cambio, os reserváis conocimientos? Hay un problema con vuestras intenciones y vuestro carácter” (“Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios revelaron precisamente mi situación. No quería enseñarle las habilidades que había aprendido por proteger mi propia reputación y mi posición. Temía que le tomara la mano y me sacara ventaja, porque pensaba que el alumno superaría al maestro. Al guardarme cosas siempre, ¿no me estaba controlando mi naturaleza satánica egoísta, despreciable y deshonesta? También pensé en cuando el hermano Zhang se había unido a nuestro equipo. Mi motivación al instruirlo había sido que él pudiera asumir el trabajo del equipo lo antes posible. Entonces tendría a quién trasladarle mi deber porque esperaba ocupar una posición más importante. Pero cuando vi lo rápido que captó las cosas, y que el líder realmente lo valoraba, me preocupé mucho. Me preocupaba que si seguía haciéndolo bien, tarde o temprano me superaría, me suplantaría. Como resultado, no quería compartir lo que sabía con él. A veces, cuando sabía que había encontrado dificultades en su deber, no quería ayudarlo, lo cual terminó por retrasar la obra de la iglesia. Vi que siempre estaba trabajando para proteger mi propia reputación y posición sin tener en cuenta la obra de la casa de Dios. Realmente fui muy egoísta y engañoso. Sin la oportuna disciplina de Dios, que me hizo desarrollar esa afección, aún no habría reflexionado sobre mí mismo. Entonces leí estas palabras de Dios: “Desde que obtuvisteis la fe, habéis comido y bebido de las palabras de Dios; queréis aceptar Su juicio y castigo y Su salvación. Sin embargo, si no han cambiado los principios según los cuales actúas y la orientación con la que haces las cosas y te comportas como persona, si eres igual que los incrédulos, ¿te reconocerá Dios como persona de fe? No lo hará. Dirá que todavía vas por la senda de los incrédulos. Entonces, tanto si estáis cumpliendo con vuestro deber como si estáis adquiriendo conocimientos profesionales, debéis apegaros a los principios en todo lo que hagáis. Debéis abordar todo lo que hagáis de conformidad con la verdad y practicar de acuerdo con ella. Debéis utilizar la verdad para resolver problemas, para corregir los caracteres corruptos que se han revelado en vosotros y para corregir vuestras conductas e ideas equivocadas. Debéis sobreponeros a ellas continuamente. Para empezar, debéis examinaros a vosotros mismos. Una vez que lo hayáis hecho, si descubrís un carácter corrupto, debéis corregirlo, dominarlo y abandonarlo. Una vez que hayas resuelto estos problemas, cuando ya no hagas las cosas en función de tus caracteres corruptos y puedas renunciar a tus motivaciones e intereses y practiques según los principios de la verdad, será entonces cuando estarás haciendo lo que se supone que debe hacer todo aquel que sigue sinceramente a Dios” (“Registros de las pláticas de Cristo”). “Debes tomar la esencia y los puntos principales de ese conocimiento profesional —las cosas que otros no han desentrañado o comprendido— y explicárselos a la gente para que todos puedan aportar sus puntos fuertes y así descubran cosas todavía más numerosas, profundas y maduras. Si contribuyes con todo ello, será provechoso para quienes estén cumpliendo con este deber y para el trabajo de la casa de Dios. […] La mayor parte de la gente, cuando se le introduce por primera vez a algún aspecto específico del conocimiento profesional, solo comprende su significado literal, mientras que la parte relativa a los puntos principales y la esencia requiere un tiempo de práctica para que puedan comprenderla. Si tú ya has comprendido estos puntos más sutiles, debes explicárselos directamente; no los hagas dar tantas vueltas durante tanto tiempo para llegar hasta ahí. Esta es tu responsabilidad; es lo que debes hacer. Explicarles los que consideras son los puntos principales y la esencia es la única forma de no reservarte nada y no ser egoísta” (“Registros de las pláticas de Cristo”). Por las palabras de Dios, vi que necesitaba centrarme en la autorreflexión en mi deber y buscar la verdad para resolver mi naturaleza satánica egoísta y despreciable. Necesitaba abandonar mis pensamientos e ideas incorrectas y ser capaz de trabajar en conjunto con los hermanos y hermanas en mi deber. Me di cuenta de que a todos nos falta tanto, ya sea en la verdad o en nuestro trabajo, así que todos los hermanos y hermanas necesitan ayudarse y apoyarse en sus deberes, y comunicar lo que entienden sin guardarse nada. Al compensar los defectos de los demás de esta manera, es mucho menos probable que nos desviemos. De hecho, que yo fuera un poco más hábil que el hermano Zhang se debió enteramente a la bondad de Dios. Debí haber sido considerado con la voluntad de Dios, abandonar mi egoísmo, y enseñarle todo lo que sabía para que pudiera cumplir bien con su deber lo antes posible. Solo eso habría estado acorde a la voluntad de Dios. Apenas me di cuenta de eso, me presenté rápido ante Dios en oración, dispuesto a abandonar mi propio pensamiento incorrecto y ya no vivir según mis actitudes satánicas egoístas y despreciables. Más tarde busqué al hermano Zhang para tener una charla honesta con él sobre el estado en que me encontraba, y para analizar mis actitudes satánicas. También compartí con él los puntos clave de las habilidades que poseía. Cuando empecé a practicar de este modo, me sentí mucho más a gusto, y ese problema de salud se resolvió antes de que me diera cuenta.

Pensé que, después de pasar por eso, ya había cambiado, pero estas actitudes satánicas estaban muy arraigadas. Apenas se dieron las condiciones adecuadas, no pude evitar que esos venenos volvieran a aparecer.

En marzo de 2019, el hermano Zhang y yo fuimos elegidos al mismo tiempo para ser líderes de la iglesia. Al principio, trabajamos muy bien juntos. Cada vez que encontrábamos un problema dentro de la iglesia o alguna dificultad, éramos capaces de buscar la verdad juntos para resolverla. Pero un día, escuché que alguien en la iglesia dijo: “La comunicación del hermano Zhang sobre la verdad es bastante práctica, y es muy responsable en su deber”. Escuchar esto me generó una confusión interna de nuevo y pensé: “¡Si el hermano Zhang me supera, muy pronto ya no tendré nada de dignidad!”. En todas nuestras charlas de trabajo después de eso solo señalé errores y defectos y callé los caminos de la práctica para resolverlos solo. A veces, cuando acudía a mí en búsqueda, apretaba los dientes y lo ayudaba un poquito, temiendo que si entendía demasiado, él resolvería los problemas sin que yo pudiera presumir. Recuerdo que, una vez, él estaba a punto de ir a ofrecer apoyo a unos hermanos y hermanas que experimentaban debilidad. Él temía que sin el tipo adecuado de comunicación, sería infructuoso, así que vino a consultarme sobre en qué verdades sería mejor enfocarse. Pero mi idea en ese momento era que si le decía todo lo que sabía, y él iba y se ocupaba del problema, definitivamente, los hermanos y hermanas lo admirarían, y entonces, ¿qué compartiría yo en mi próxima comunicación? ¿No le haría eso parecer mejor que yo? Así que en ese momento pensé, “No, tengo que guardarme algo para comunicar la próxima vez para que vean que soy el más capaz de resolver los problemas”. Solo le di al hermano Zhang un breve resumen pero no mencioné nada específico, ni nada realmente importante. Ya que estaba albergando mi propio egoísmo y no quería compartir todo lo que sabía con él, intencionalmente evité al hermano Zhang en nuestro trabajo juntos, y pasamos menos tiempo que antes hablando de las cosas entre nosotros. A veces me sentía realmente culpable y pensaba: “Si cumplo mi deber de esta manera, no estoy trabajando en armonía con mi hermano, y no es algo en lo que Dios se deleitaría”. Pero luego pensé: “Si me supera, todos lo admirarán”. Así que no quise practicar más la verdad. Estuve constantemente en un estado muy inflexible durante ese tiempo, y el carácter justo de Dios recayó sobre mí. Tenía la mente en un torbellino constante. Mi comunicación en las reuniones carecía de luz y no lograba nada en mi deber, y me daba somnolencia y me dormía muy temprano todas las noches. También me sentía cada vez más intranquilo. En ese momento me di cuenta de que Dios se había alejado de mí, y entonces me asusté. Me apresuré a presentarme ante Dios y orar. “Oh Dios, he estado viviendo dentro de mis actitudes satánicas de egoísmo y desprecio. Sé que esto te repugna, pero no puedo evitarlo. No puedo librarme de ellas. Dios, por favor esclaréceme para que pueda llegar a un entendimiento más verdadero de mi propia naturaleza y esencia”.

Después de mi oración leí este pasaje de las palabras de Dios: “Mientras las personas no hayan experimentado la obra de Dios y hayan obtenido la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propia posición? ¿Por qué son tan fuertes tus emociones? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas? ¿Por qué te gustan esas maldades? ¿Cuál es la base para que te gusten estas cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué las aceptas tan de buen grado? Para este momento, todos han llegado a comprender que esto se debe, principalmente, al veneno de Satanás contenido en ellas. En cuanto a qué es el veneno de Satanás, se puede expresar por completo con palabras. Por ejemplo, si les preguntas a algunos malvados por qué actúan de esa manera, te responderán: ‘Cada hombre para sí mismo y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa la raíz del problema. La lógica de Satanás se ha convertido en la vida de las personas. Puede que hagan las cosas con un propósito u otro, pero sólo lo hacen para sí mismas. Todas las personas piensan que ya que el plan es cada hombre para sí mismo y sálvese quien pueda, deben vivir para ellos mismos, hacer todo lo que esté en su mano para asegurarse una buena posición y la comida y la vestimenta que necesiten. ‘Cada hombre para sí mismo y sálvese quien pueda’: esta es la vida y la filosofía del hombre y también representa la naturaleza humana. Esta declaración es precisamente el veneno de Satanás, y cuando la gente la internaliza, se convierte en su naturaleza. La naturaleza de Satanás queda expuesta a través de estas palabras; lo representan por completo. Este veneno se convierte en la vida de las personas y en el fundamento de su existencia, y la humanidad corrompida ha sido sistemáticamente dominada por este veneno durante miles de años” (‘Cómo tomar la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Leer las palabras de Dios me mostró que no podía evitar vivir con mis actitudes satánicas egoístas y despreciables porque los venenos de Satanás como “Todo individuo para sí mismo y que el diablo se lleve al último” y “Una vez que el alumno sabe todo lo que sabe el maestro, este perderá su sustento” se habían convertido en mi propia vida. Los había tomado como cosas positivos, como reglas por las que vivir, pensando que la gente debería vivir así, que era la única manera de protegernos. Como resultado, me volví cada vez más egoísta y despreciable, solo pensando en mí mismo. Temía constantemente que el hermano Zhang fuera mejor que yo en la tarea que realizábamos juntos, así que siempre que hablamos de trabajo, yo solo trababa las cosas por encima, haciendo lo mínimo, sin compartir todo lo que sabía. Cuando el hermano Zhang tuvo problemas en su deber y vino a mí en búsqueda, no era el trabajo de la casa de Dios lo que me preocupaba, sino que si le enseñaba todo, yo ya no tendría la oportunidad de brillar en la iglesia. Incluso cuando sabía muy bien que no era el enfoque correcto, no quería ayudarlo. Notaba que no cumplía con mi deber por consideración a la voluntad de Dios o para sostener el trabajo de la casa de Dios, sino que lo hacía en busca de un nombre personal y un estatus. Fue increíblemente egoísta y artero de mi parte. Al confiar en esas actitudes satánicas en mi deber, ¿cómo podía obtener la guía y las bendiciones de Dios? Pensé que al no enseñar lo que sabía a nadie más podría ser el mejor de la iglesia y ser estimado por todos, pero en realidad resultó que cuanto más me guardaba cosas, más oscuro se volvía mi espíritu, y más estaba sin la guía de Dios. Llegó al punto en el que ni siquiera podía hacer lo que sí podía hacer antes. Entonces me vinieron a la mente estas palabras del Señor Jesús: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 13:12). Pasar por eso me hizo apreciar verdaderamente el carácter justo de Dios. Cuando lo pensé más, vi que ser capaz de ver algunos problemas en mi deber era totalmente la guía y la iluminación de Dios, y sin la guía de las palabras de Dios, estaba ciego… …incapaz de entender nada, e incapaz de resolver ningún problema. Pero carecía totalmente de conciencia de mí mismo, y confundí descaradamente la iluminación del Espíritu Santo con mi propia capacidad. ¿No había estado tratando de robar la gloria de Dios? Dios puede ver dentro del corazón y la mente de la gente. Sabía que si seguía cumpliendo mi deber confiando en esas actitudes satánicas, ciertamente sería rechazado y eliminado por Dios. Con ese pensamiento, rápido me presenté ante Dios para orar, diciendo: “Dios, ya no seré tan egoísta y despreciable en mi deber. de verdad quiero trabajar bien con el hermano Zhang y cumplir con mi deber”.

Después de eso, leí estas palabras de Dios: “No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio, no siempre consideres tus propios intereses y no consideres tu propio estatus, imagen o reputación. No tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ello tu principal prioridad; debes ser considerado con la voluntad de Dios. Comienza por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, completas tus responsabilidades y lo das todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Tienes que meditar sobre estas cosas. Considéralas con frecuencia y te será fácil cumplir bien con tu deber” (‘Puedes obtener la verdad después de entregarle tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “Cuando te revelas como alguien egoísta y vil y te haces consciente de ello, debes buscar la verdad: ¿qué debo hacer para estar en consonancia con la voluntad de Dios? ¿Cómo debo actuar en beneficio de todos? Es decir, debéis empezar por dejar de lado vuestros intereses, renunciando a ellos paulatinamente en función de vuestra estatura, un poco cada vez. Tras haber experimentado esto unas cuantas veces, los habréis dejado de lado completamente, y, a medida que lo hagáis, os sentiréis cada vez más firmes. Cuanto más dejéis de lado vuestros intereses, más sentiréis que, como ser humano, debéis tener conciencia y razón. Sentiréis que, cuando no tenéis motivaciones egoístas, sois una persona directa y recta y hacéis las cosas exclusivamente para satisfacer a Dios. Sentiréis que dicha conducta os hace digno de ser llamado ‘humano’ y que, al vivir así en la tierra, estáis siendo abierto y honesto, que estáis siendo una persona auténtica, que tenéis la conciencia tranquila y sois digno de todas las cosas que Dios os ha otorgado. Cuanto más vivas de esta manera, más firme y alegre te sentirás. Así pues, ¿no habréis emprendido el camino correcto?” (‘Puedes obtener la verdad después de entregarle tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer esto, entendí que si quería cumplir bien con mi deber, primero tenía que pensar cómo mantener la obra de la casa de Dios, cómo poner todo en mi deber, y cómo hacerlo con la mayor responsabilidad. Dios hace foco en nuestra actitud sobre nuestro deber. Su esperanza es que lo enfrentemos con un corazón genuino, que pongamos todo para cumplir bien nuestro deber, y que nos convirtamos en personas de conciencia y humanidad. Una vez que entendí Su voluntad, le dije una oración a Dios en mi corazón, para decirle que estaba listo para dejar mi egoísmo y ya no considerar mis intereses personales, y que haría cualquier cosa que beneficiara a la iglesia y a la vida de mis hermanos y hermanas. Después de eso, fui a hablar con el hermano Zhang, y le conté sobre mis actitudes satánicas egoístas y despreciables y mis propósitos engañosos. También buscamos juntos la verdad sobre los problemas y defectos en nuestro trabajo para resolverlos, y compartí mi comunicación sobre todo lo que sabía, sin reservas. Cuando practiqué de esa manera, experimenté una gran sensación de paz. Sentí lo maravilloso que es ser ese tipo de persona, ser abierto y honesto. Mi estado mejoró gradualmente y empecé a ver algunos resultados en mi deber. Aunque a veces todavía mostraba mis actitudes satánicas egoístas y despreciables, en el momento en que pensé cómo eso asqueaba a Dios, me presenté ante Él en oración, abandoné mi pensamiento incorrecto, y deseé practicar de acuerdo a Sus palabras.

Habiendo pasado por ese tipo de experiencia, sentí realmente que cumplir nuestro deber confiando en las actitudes y los venenos de Satanás solo puede hacernos cada vez más egoístas, despreciables y ventajeros. Perderemos toda semejanza humana, y no solo nos causaremos dolor, sino que también nos volveremos incapaces de trabajar bien con otros. Además, no hace más que dañar el trabajo de la casa de Dios. Cuando practiqué la verdad como una persona honesta de acuerdo a las palabras de Dios, y ya no conspiré para mis propios intereses, tuve la iluminación y guía del Espíritu Santo en mi deber, y sentí paz interior. El juicio y el castigo de las palabras de Dios me dieron un poco de comprensión de mis actitudes satánicas de egoísmo y engaño, y finalmente fui capaz de practicar un poco de la verdad y vivir cierta semejanza humana.

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