D. Acerca de la diferencia entre la obra de Dios y del hombre

451. La obra de Dios mismo involucra la obra de toda la humanidad y también representa la obra de toda la era, lo que significa que la propia obra de Dios representa toda la dinámica y la tendencia de la obra del Espíritu Santo, mientras que la obra de los apóstoles viene después de la propia obra de Dios y la continúa, y esta no lidera la era y tampoco representa las tendencias de la obra del Espíritu Santo en una era completa. Ellos sólo hacen la obra que el hombre debe hacer, que nada tiene que ver con la obra de gestión. La obra que hace Dios mismo es un proyecto dentro de la obra de gestión. La obra del hombre es sólo el deber que cumplen las personas que están siendo usadas y no tiene relación con la obra de gestión. A pesar del hecho de que ambas son la obra del Espíritu Santo, debido a las diferentes identidades y representaciones de la obra hay diferencias claras y sustanciales entre la propia obra de Dios y la obra del hombre. Además, el alcance de la obra que hace el Espíritu Santo varía en los objetos con diferentes identidades. Estos son los principios y el alcance de la obra del Espíritu Santo.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

452. Las palabras del Dios encarnado abren una nueva era, guían a toda la humanidad, revelan misterios y le muestran al ser humano la dirección que ha de tomar en la nueva era. La iluminación obtenida por el hombre no es otra cosa que simples instrucciones para la práctica o el conocimiento. No puede guiar a toda la humanidad a una nueva era ni revelar el misterio de Dios mismo. A final de cuentas, Dios es Dios, y el hombre es hombre. Dios tiene la esencia de Dios y el hombre la del hombre.

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

453. El Dios encarnado es sustancialmente diferente de las personas usadas por Dios. El Dios encarnado puede hacer la obra de la divinidad, mientras que las personas usadas por Dios no pueden. Al principio de cada era, el Espíritu de Dios habla personalmente e inicia la nueva era para llevar al hombre a un nuevo comienzo. Cuando Él ha terminado de hablar, esto significa que la obra de Dios dentro de Su divinidad está completa. A partir de entonces, todas las personas siguen la guía de aquellos usados por Dios para entrar en su experiencia de vida.

Extracto de ‘La diferencia esencial entre el Dios encarnado y las personas usadas por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

454. La obra de Dios encarnado da inicio a una nueva era y los que continúan Su obra son los que Él usa. Toda la obra hecha por el hombre está dentro del ministerio de Dios en la carne y no puede ir más allá de esta esfera. Si Dios encarnado no hubiese venido a hacer Su obra, el hombre no sería capaz de dar fin a la era antigua y no sería capaz de dar inicio a la nueva era. La obra que el hombre hace es solamente dentro del rango de su deber que es humanamente posible y no representa la obra de Dios. Sólo el Dios encarnado puede venir y completar la obra que Él debe hacer y, excepto por Él, nadie puede hacer esta obra en Su nombre. Por supuesto, de lo que hablo es en relación con la obra de encarnación.

Extracto de ‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”

455. La obra que lleva a cabo aquel a quien Dios usa es con el fin de cooperar con la obra de Cristo o del Espíritu Santo. Dios levanta a este hombre entre los hombres, está ahí para liderar a todos los escogidos de Dios y Dios también lo levanta para hacer la obra de la cooperación humana. Con alguien así, que sea capaz de hacer la obra de la cooperación humana, se puede lograr a través de él más de las exigencias que Dios le hace al hombre y de la obra que el Espíritu Santo debe hacer entre los hombres. Otra manera de decirlo es esta: La meta de Dios al usar a este hombre es para que todos los que siguen a Dios puedan entender mejor la voluntad de Dios y puedan alcanzar más de las exigencias de Dios. Como las personas no pueden entender directamente las palabras de Dios o la voluntad de Dios, Dios ha levantado a alguien que es usado para que lleve a cabo esa obra. Esta persona que Dios usa también se puede describir como un medio a través del cual Dios guía a las personas, como el “traductor” que se comunica entre Dios y el hombre. Así, tal hombre es diferente a cualquiera de aquellos que obran en la casa de Dios o que son Sus apóstoles. Como aquellos, se puede decir que es alguien que sirve a Dios, pero en la esencia de su obra y en el trasfondo de cómo Dios lo usa, difiere grandemente de los otros obreros y apóstoles. En términos de la esencia de su obra y del trasfondo de su uso, al hombre que Dios usa Él lo levanta; Dios lo prepara para la obra de Dios y él coopera en la obra de Dios mismo. Ninguna persona podría hacer su obra en su lugar, esta es la cooperación humana la que es indispensable junto a la obra divina. La obra que llevan a cabo otros obreros o apóstoles, mientras tanto, no es sino el medio de transporte y la implementación de los muchos aspectos de los arreglos para las iglesias durante cada periodo, o bien la obra de alguna simple provisión de vida con el fin de mantener la vida de la iglesia. A estos obreros y apóstoles Dios no los designa, mucho menos se les puede calificar como los que son usados por el Espíritu Santo. Son seleccionados de entre las iglesias y, después de que han sido entrenados y trabajados por un periodo de tiempo, los que son aptos quedan, mientras que los que no son aptos son enviados de regreso al lugar de donde vinieron. Como estas personas son seleccionadas de entre las iglesias, algunos muestran quiénes realmente son después de volverse líderes y otros incluso hacen muchas cosas malas y terminan siendo eliminados. El hombre que Dios usa, por otro lado, es alguien que Dios ha preparado y que posee un cierto calibre y que tiene humanidad. El Espíritu Santo lo ha preparado y lo ha perfeccionado de antemano, y el Espíritu Santo lo guía por completo y, sobre todo cuando se trata de su obra, el Espíritu Santo lo dirige y le gobierna, como resultado de esto no hay desviación en la senda de guiar a los escogidos de Dios porque Dios seguramente se hace responsable de Su propia obra y Dios hace Su propia obra en todo momento.

Extracto de ‘Acerca del uso que Dios hace del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

456. Ni siquiera un hombre usado por el Espíritu Santo puede representar a Dios mismo. Esto no sólo quiere decir que tal hombre no puede representar a Dios, sino, también, que la obra que realiza no puede representar directamente a Dios. En otras palabras, la experiencia humana no puede colocarse directamente dentro de la gestión de Dios ni puede representar Su gestión. La obra que Dios mismo lleva a cabo es, en su totalidad, la obra que Él pretende realizar en Su propio plan de gestión y pertenece a la gran gestión. La obra realizada por el hombre consiste en proveer su experiencia personal. Consiste en encontrar una nueva senda de experiencia más allá de la que caminaron los que han ido delante y en guiar a los hermanos y hermanas bajo la guía del Espíritu Santo. Lo que estas personas proporcionan es su experiencia individual o los escritos espirituales de personas espirituales. Aunque el Espíritu Santo las usa, lo que ellas hacen no tiene relación con la gran obra de gestión en el plan de seis mil años. Simplemente son aquellos a quienes el Espíritu Santo ha elevado en diferentes períodos para guiar a las personas en Su corriente hasta que hayan cumplido su función o su vida finalice. La obra que realizan consiste, únicamente, en preparar una senda apropiada para Dios mismo o continuar un cierto aspecto de la gestión de Dios mismo en la tierra. Esas personas son incapaces de llevar a cabo la obra más importante de Su gestión, y tampoco pueden abrir nuevas salidas, y, mucho menos, concluir la totalidad de la obra de Dios desde la era anterior. Por tanto, la obra que realizan representa sólo a un ser creado que cumple su función y no puede representar a Dios mismo llevando a cabo Su ministerio. Esto se debe a que la obra que llevan a cabo es diferente a la realizada por Dios mismo. El hombre no puede realizar la obra de abrir paso a una nueva era en lugar de Dios. Nadie, aparte de Él mismo, puede hacerlo. Toda la obra que realiza el hombre consiste en cumplir su deber como ser creado, y se realiza cuando es movido o iluminado por el Espíritu Santo. La guía que estas personas proveen consiste completamente en enseñar al hombre la senda de práctica en la vida diaria y cómo debe actuar en armonía con la voluntad de Dios. La obra del hombre no implica la gestión de Dios ni representa la obra del Espíritu. […] como la obra de las personas usadas por el Espíritu Santo es diferente de la llevada a cabo por Dios mismo, sus identidades y en nombre de quien actúan son igualmente distintos. Esto se debe a que la obra que el Espíritu Santo pretende hacer es diferente, y, por este motivo, a aquellos que igualmente llevan a cabo obra, se les confiere identidades y estatus diferentes. Las personas usadas por el Espíritu Santo también pueden realizar alguna obra nueva y también eliminar alguna otra llevada a cabo en la era anterior, pero lo que hacen no puede expresar el carácter y la voluntad de Dios en la nueva era. Trabajan sólo para eliminar la obra de la era anterior y no para llevar a cabo la nueva con el objetivo de representar directamente el carácter de Dios mismo. Así pues, independientemente de cuántas prácticas obsoletas abolan o cuántas nuevas introduzcan, siguen representando al hombre y a los seres creados. Sin embargo, cuando el propio Dios lleva a cabo la obra, no declara abiertamente la abolición de las prácticas de la era antigua ni declara directamente el comienzo de una nueva. Él es directo y claro en Su obra. Es franco a la hora de llevar a cabo la obra que pretende realizar; es decir, expresa directamente la obra que produjo, la lleva a cabo directamente como pretendió en un principio, expresando Su ser y Su carácter. Tal como el hombre lo ve, Su carácter, y, también, Su obra, son diferentes a los de eras pasadas. No obstante, desde la perspectiva de Dios mismo, esto es simplemente una continuación y un mayor desarrollo de Su obra. Cuando Dios mismo obra, expresa Su palabra y trae directamente la nueva obra. En contraste, cuando el hombre obra, lo hace por medio de la deliberación y el estudio o es una extensión del conocimiento y la sistematización de la práctica que se basa en la obra de otros. Es decir, la esencia de la obra hecha por el hombre es seguir el orden establecido y “caminar por sendas antiguas con zapatos nuevos”. Esto significa que, incluso la senda por la que transitan las personas usadas por el Espíritu Santo, se construye sobre la que Dios mismo creó. Después de todo, el hombre es hombre, y Dios es Dios.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

457. Cando los profetas y las personas usadas por el Espíritu Santo hablaban y obraban, fue para llevar a cabo los deberes del hombre; fue para cumplir la función de un ser creado y fue algo que el hombre debería hacer. Sin embargo, las palabras y la obra de Dios encarnado tenían como propósito llevar a cabo Su ministerio. Aunque Su forma externa era la de un ser creado, Su obra no consistía en llevar a cabo Su función sino Su ministerio. El término “deber” se usa en relación con los seres creados, mientras que “ministerio” se usa en relación con la carne de Dios encarnado. Existe una diferencia esencial entre ambos; no son intercambiables. La obra del hombre sólo consiste en llevar a cabo su deber, mientras que la obra de Dios consiste en gestionar y llevar a cabo Su ministerio. Por lo tanto, aunque el Espíritu Santo usó a muchos apóstoles y muchos profetas estaban llenos de Él, su obra y sus palabras fueron, simplemente, para llevar a cabo su deber como seres creados. Tal vez sus profecías pueden haber excedido el camino de vida del que habló Dios encarnado, pero ellos seguían llevando a cabo su deber, pero no cumpliendo un ministerio. El deber del hombre se refiere a la función del hombre; es lo que el hombre puede alcanzar. Sin embargo, el ministerio que lleva a cabo Dios encarnado se relaciona con Su gestión y esto es inalcanzable para el hombre. Ya sea que Dios encarnado hable, obre o manifieste maravillas, Él está llevando a cabo una gran obra en medio de Su gestión y tal obra no la puede hacer el hombre en Su lugar. La obra del hombre consiste únicamente en llevar a cabo su deber como ser creado en una etapa dada de la obra de gestión de Dios. Sin la gestión de Dios —es decir, si el ministerio de Dios encarnado se perdiera— el deber de un ser creado se perdería. La obra de Dios al llevar a cabo Su ministerio es gestionar al hombre, mientras que el desempeño de su deber por parte del hombre es el cumplimiento de su obligación de satisfacer las demandas del Creador y, de ninguna manera, se puede considerar que esté cumpliendo con su ministerio. Para la esencia inherente de Dios, —para Su Espíritu— Su obra es Su gestión, pero para Dios encarnado, que está vestido con la forma externa de un ser creado, Su obra consiste en llevar a cabo Su ministerio. Cualquiera que sea la obra que Él realice, es para llevar a cabo Su ministerio; todo lo que el hombre puede hacer es dar su mejor esfuerzo en el ámbito de la gestión de Dios y bajo Su guía.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

458. Mi habla representa Mi ser, pero lo que Yo digo está más allá del alcance del hombre. Lo que digo no es lo que el hombre experimenta, ni es algo que el hombre pueda ver; tampoco es algo que el hombre pueda tocar, sino que es lo que Yo soy. Algunas personas sólo reconocen que lo que comparto es lo que he experimentado, pero no reconocen que es la expresión directa del Espíritu. Por supuesto, lo que digo es lo que he experimentado. Soy Yo el que ha hecho la obra de gestión durante seis mil años. He experimentado todo desde el principio de la creación de la humanidad hasta ahora; ¿cómo no podría discutir acerca de eso? Cuando se trata de la naturaleza del hombre, la he visto con claridad; la observé hace mucho tiempo; ¿cómo no iba a poder hablar de ella con claridad? Ya que he visto la esencia del hombre con claridad, estoy calificado para castigar al hombre y juzgarlo porque todo el hombre procede de Mí, pero Satanás lo ha corrompido. Por supuesto, también estoy calificado para evaluar la obra que he hecho. Aunque Mi carne no hace esta obra, es la expresión directa del Espíritu y esto es lo que tengo y lo que soy. Por lo tanto, estoy calificado para expresarlo y para hacer la obra que debo hacer. Lo que dicen las personas es lo que han experimentado. Es lo que han visto, lo que su mente puede alcanzar, y lo que sus sentidos pueden detectar. Eso es lo que pueden compartir. Las palabras que habló Dios encarnado son la expresión directa del Espíritu, y expresan la obra que ha hecho el Espíritu, que la carne no ha experimentado ni visto, pero aun así expresa Su ser, porque la esencia de la carne es el Espíritu, y Él expresa la obra del Espíritu. Es obra que ya ha hecho el Espíritu, aunque la carne no es capaz de alcanzarla. Después de la encarnación, por medio de la expresión de la carne, Él permite a las personas conocer el ser de Dios y les permite ver el carácter de Dios y la obra que Él ha hecho. La obra del hombre otorga a las personas una mayor claridad en cuanto a qué deben entrar y qué deben entender; implica liderar a las personas para que entiendan y experimenten la verdad. La obra del hombre es sustentar a las personas; la obra de Dios es abrir nuevos caminos y nuevas eras para la humanidad y revelarles a las personas lo que los mortales no conocen, permitiéndoles conocer Su carácter. La obra de Dios consiste en guiar a toda la humanidad.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

459. La obra del hombre representa su experiencia y su humanidad. Lo que el hombre ofrece y la obra que hace lo representan a él. La perspectiva del hombre, el razonamiento del hombre, su lógica y su rica imaginación, todo se incluye en su obra. En particular, la experiencia del hombre puede representar su obra, y las experiencias de una persona se convierten en los componentes de su obra. La obra del hombre puede expresar su experiencia. Cuando algunas personas experimentan negativamente, la mayor parte del lenguaje de su comunicación consistirá de elementos negativos. Si durante un período de tiempo su experiencia es positiva y poseen especialmente un camino en el aspecto positivo, lo que ellos comparten es muy alentador y las personas obtienen de ellos una provisión positiva. Si durante un período de tiempo un obrero se vuelve negativo, su comunicación siempre llevará elementos negativos. Esta clase de comunicación es deprimente y los demás, de una forma inconsciente, se deprimirán después de la comunicación. El estado de los seguidores cambia dependiendo del estado del líder. Lo que un obrero es por dentro es lo que expresa, y la obra del Espíritu Santo muchas veces cambia con el estado del hombre. Él obra de acuerdo con la experiencia de las personas y no las fuerza, sino que les hace demandas que van de acuerdo con el curso normal de su experiencia. Esto quiere decir que la comunicación de las personas difiere de la palabra de Dios. Lo que el hombre comparte transmite sus perspectivas y sus experiencias individuales, expresándolas sobre la base de la obra de Dios. Su responsabilidad consiste en averiguar, a partir de lo que Dios obra o habla, lo que se debe practicar o en lo que se debe entrar, y después transmitírselo a los seguidores. Por lo tanto, la obra del hombre representa su entrada y su práctica. Por supuesto, esa obra se mezcla con las lecciones y las experiencias humanas o con algunos pensamientos humanos. Sea cual sea el modo en que obre el Espíritu Santo, ya sea que obre en el hombre o como Dios encarnado, los obreros siempre expresan lo que son. Aunque es el Espíritu Santo el que obra, la obra se basa en lo que el hombre es por naturaleza, pues el Espíritu Santo no obra sin fundamento. En otras palabras, la obra no sale de la nada sino que siempre es acorde a las actuales circunstancias y las condiciones reales. Sólo de esta manera el carácter del hombre se puede transformar y sus viejas nociones y sus antiguos pensamientos se pueden cambiar. Lo que el hombre expresa es lo que ve, experimenta y puede imaginar, y es alcanzable por el pensamiento del hombre, incluso si son doctrinas o nociones, todas ellas las puede alcanzar el pensamiento del hombre. La obra del hombre no puede superar el alcance de la experiencia del hombre ni lo que este ve o puede imaginar o concebir, independientemente del tamaño de la obra. Todo lo que Dios expresa es lo que Él mismo es, y esto está fuera del alcance del hombre; es decir, está fuera del alcance de su pensamiento. Él expresa Su obra de liderar a toda la humanidad, y esto no tiene relación con los detalles de la experiencia humana, pero sí tiene que ver con Su propia gestión. Lo que el hombre expresa es su experiencia, mientras que Dios expresa Su ser, que es Su carácter inherente fuera del alcance del hombre. La experiencia del hombre es su perspectiva y el conocimiento que adquiere basándose en la expresión que Dios hace de Su ser. Tal perspectiva y conocimiento se llaman el ser del hombre, y la base de su expresión es el carácter inherente del hombre y su calibre; por este motivo también se le llama el ser del hombre. El hombre es capaz de comunicar lo que experimenta y ve. Nadie puede comunicar lo que no ha experimentado o visto, o lo que su mente no puede alcanzar, esas son cosas que no tienen dentro. Si lo que el hombre expresa no es su experiencia, es entonces su imaginación o su doctrina. En palabras sencillas, no existe ninguna realidad en sus palabras. Si nunca has tenido contacto con las cosas de la sociedad, no serás capaz de compartir con claridad las relaciones complejas de la sociedad. Si no tienes familia, cuando los demás hablen de temas familiares, no entenderás la mayor parte de lo que digan. Así, lo que el hombre comparte y la obra que hace representan su ser interno.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

460. La obra del hombre se mantiene dentro de un alcance y es limitada. Una persona sólo puede hacer la obra de una cierta fase y no puede hacer la obra de toda la era, de otro modo, llevaría a las personas a la mitad de las reglas. La obra del hombre sólo se puede aplicar a un tiempo o fase en particular. Esto es porque la experiencia del hombre tiene su límite. Nadie puede comparar la obra del hombre con la obra de Dios. La práctica del hombre y su conocimiento de la verdad son aplicables a un límite en particular. No puedes decir que el camino que el hombre pisa es completamente la voluntad del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo sólo puede esclarecer al hombre, y el hombre no puede estar completamente lleno del Espíritu Santo. Todas las cosas que el hombre puede experimentar están dentro del límite de la humanidad normal y no pueden rebasar el límite de los pensamientos en la mente humana normal. Todos los que pueden vivir la realidad de la verdad experimentan dentro de este rango. Cuando experimentan la verdad, siempre es una experiencia de la vida humana normal esclarecida por el Espíritu Santo; no es una vía de experimentación que se desvíe de la vida humana normal. Experimentan la verdad esclarecidos por el Espíritu Santo sobre el fundamento de vivir sus vidas humanas. Además, esta verdad varía de persona a persona y su profundidad se relaciona con el estado de la persona. Sólo se puede decir que el camino que camina es la vida humana normal de alguien que busca la verdad y se le puede llamar el camino que camina una persona normal esclarecida por el Espíritu Santo. Uno no puede decir que la senda que camina sea la que tome el Espíritu Santo. En la experiencia humana normal, debido a que las personas que buscan no son iguales, la obra del Espíritu Santo tampoco es la misma. Además, ya que los ambientes que las personas experimentan y los límites de su experiencia no son iguales, y a causa de la mezcla que hay en su mente y sus pensamientos, su experiencia se mezcla en diferentes grados. Cada persona entiende una verdad de acuerdo con sus condiciones individuales diferentes. Su entendimiento del significado real de la verdad no está completo y es sólo uno o unos cuantos aspectos del mismo. El rango de verdad que experimenta el hombre difiere entre persona y persona, según las condiciones de cada una. De esta manera, el conocimiento que expresan diferentes personas de la misma verdad no es el mismo. Es decir, la experiencia del hombre siempre tiene limitaciones y no puede representar por completo la voluntad del Espíritu Santo, y la obra del hombre tampoco puede percibirse como la obra de Dios, incluso si lo que el hombre expresa se corresponde muy de cerca a la voluntad de Dios, e incluso si la experiencia del hombre está muy cerca de la perfecta obra que el Espíritu Santo lleva a cabo. El hombre sólo puede ser el siervo de Dios, haciendo la obra que Dios le confía. El hombre sólo puede expresar el conocimiento esclarecido por el Espíritu Santo y las verdades que obtenga de sus experiencias personales. El hombre no está calificado y no cumple las condiciones para ser el canal del Espíritu Santo. No está autorizado para decir que su obra es la obra de Dios. El hombre tiene los principios del hombre para obrar y todos los hombres tienen experiencias diferentes y poseen condiciones variables. La obra del hombre incluye todas sus experiencias bajo el esclarecimiento del Espíritu Santo. Estas experiencias sólo pueden representar el ser del hombre, y no representan el ser de Dios o la voluntad del Espíritu Santo. Por lo tanto, el camino que el hombre camina no se puede decir que sea el camino que el Espíritu Santo camina porque la obra del hombre no puede representar la obra de Dios, y la obra del hombre y la experiencia del hombre no son la completa voluntad del Espíritu Santo.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

461. Hay mucho menos desviación en la obra de quienes han pasado por la poda, han sido tratados y han sufrido el juicio y el castigo, y la expresión de su obra es mucho más exacta. Los que confían en su naturalidad para obrar comenten errores muy importantes. La obra de las personas sin perfeccionar expresa demasiado de su propia naturalidad, lo que plantea un gran obstáculo para la obra del Espíritu Santo. Por muy bueno que sea el calibre de una persona, también debe experimentar la poda, el trato y el juicio antes de poder llevar a cabo la obra encomendada por Dios. Si no han sufrido tal juicio, su obra, por muy bien que la hagan, no puede estar de acuerdo con los principios de la verdad y es siempre un producto de su propia naturalidad y bondad humana. La obra de los que han pasado por la poda, han sido tratados y han sufrido el juicio es mucho más exacta que la obra de los que no han sido podados, tratados y juzgados. Los que no han sufrido el juicio no expresan nada sino la carne y los pensamientos humanos, mezclados con mucha inteligencia humana y talento innato. Esta no es la expresión exacta que el hombre hace de la obra de Dios. Esos que siguen a tales personas son llevados ante ellos por su calibre innato. Ya que expresan demasiado la perspectiva y la experiencia del hombre, que casi están desconectadas de la intención original de Dios y se desvían demasiado del mismo, la obra de este tipo de persona no puede llevar a la gente delante de Dios sino más bien delante del hombre. Así que los que no han sufrido el juicio y el castigo no están calificados para llevar a cabo la obra de la comisión de Dios. […] Si un hombre no ha sido perfeccionado y su carácter corrupto no ha sido podado o tratado, habrá una gran brecha entre lo que expresa y la verdad: lo que expresa estará mezclado con cosas vagas tales como su imaginación y la experiencia unilateral. Además, independientemente de cómo obre, las personas sienten que no hay un objetivo general y ninguna verdad adecuada para la entrada de todas las personas. La mayoría de lo que se le demanda las personas supera sus habilidades, es como pedir peras al olmo. Esta es la obra de la voluntad humana. El carácter corrupto del hombre, sus pensamientos y nociones impregnan todas las partes de su cuerpo. El hombre no nace con el instinto de practicar la verdad ni tampoco tiene el instinto de entender directamente la verdad. Añadiendo a eso el carácter corrupto del hombre, cuando esta clase de persona natural obra, ¿no causa esto interrupciones? Pero un hombre que ha sido perfeccionado tiene la experiencia de la verdad que las personas deben entender, y el conocimiento de su carácter corrupto, para que las cosas vagas e irreales en su obra disminuyan poco a poco, las adulteraciones humanas se reducen y su obra y servicio se acercan cada vez más a los estándares requeridos por Dios. Así, su obra ha entrado en la realidad de la verdad y también se ha vuelto realista. Los pensamientos en la mente del hombre en particular bloquean la obra del Espíritu Santo. El hombre tiene una imaginación rica, una lógica razonable y ha tenido una larga experiencia manejando asuntos. Si estos aspectos del hombre no sufren la poda y la corrección, todos son obstáculos para la obra. Por lo tanto, la obra del hombre no puede lograr el mayor grado de precisión, sobre todo la obra de las personas no perfeccionadas.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

462. La obra del hombre es susceptible de caer en reglas, y el método de su obra fácilmente se confina a un alcance limitado y no es capaz de liderar a las personas a un camino libre. La mayoría de los seguidores viven dentro de un alcance limitado y su forma de experimentar también está limitada en su alcance. La experiencia del hombre siempre está limitada; el método de su obra también está limitado a unos cuantos tipos y no se puede comparar con la obra del Espíritu Santo o la obra de Dios mismo. Esto se debe a que la experiencia del hombre, a la postre, no está limitada a un único método. No hay reglas para la manera en la que Dios hace Su obra; como quiera que se haga, no se limita a una forma. No hay reglas de ninguna clase en la obra de Dios; toda Su obra se realiza y es libre. No importa cuánto tiempo invierta el hombre siguiéndolo a Él, no puede destilar las leyes que gobiernan las maneras de obrar de Dios. Aunque Su obra se basa en principios, siempre se hace de nuevas maneras y siempre tiene nuevos progresos y está más allá del alcance del hombre. Durante un mismo periodo, Dios puede tener varios tipos diferentes de obras y diferentes maneras de guiar a las personas, haciéndolo de tal manera que las personas tengan siempre nuevas entradas y cambios. No puedes discernir las leyes de Su obra porque Él siempre está obrando de nuevas maneras, y sólo así los seguidores de Dios no quedan atados a las reglas. La obra de Dios mismo siempre evita las nociones de las personas y contrarresta sus nociones. Sólo los que lo siguen y lo buscan con un corazón sincero pueden haber transformado su carácter y ser capaces de vivir sin restricciones, sin estar sujetos a reglas o reprimidos por ningunas nociones religiosas. La obra del hombre hace demandas de las personas que se basan en su propia experiencia y lo que él mismo puede lograr. El estándar de estos requisitos se limita a un cierto alcance y los métodos de la práctica también están muy limitados. Los seguidores de manera inconsciente viven dentro de este alcance limitado; conforme el tiempo pasa, estas cosas se convierten en reglas y rituales. Si alguien que no ha sufrido el perfeccionamiento personal de Dios y no ha recibido el juicio guía la obra de un periodo, todos sus seguidores se volverán religiosos y expertos en resistir a Dios. Por lo tanto, si alguien es un líder calificado, la persona debe haber sufrido el juicio y aceptado ser perfeccionado. Los que no han sufrido el juicio, aunque puedan tener la obra del Espíritu Santo, sólo expresan cosas vagas e irreales. Con el tiempo, guiarán a las personas a reglas vagas y sobrenaturales. La obra que Dios lleva a cabo no está de acuerdo con la carne del hombre. No está de acuerdo con los pensamientos del hombre, sino que contraataca las nociones del hombre; no está manchada de un vago tinte religioso. Los resultados de la obra de Dios no los puede lograr un hombre que Él no haya perfeccionado, pues están más allá del alcance del pensamiento del hombre.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

463. La obra de la mente del hombre es demasiado fácil para que este la logre. Los pastores y los líderes en el mundo religioso, por ejemplo, confían en sus dones y posiciones para hacer su obra. Las personas que los siguen por un largo tiempo se van a infectar con sus dones y van a ser influidas por algo de su ser. Se enfocan en los dones, habilidades y conocimiento de las personas, y prestan atención a cosas sobrenaturales y a muchas doctrinas profundas pero poco realistas (por supuesto, estas doctrinas profundas son inalcanzables). No se enfocan en los cambios en el carácter de las personas, sino en entrenar a las personas para predicad y obrar, mejorando el conocimiento y sus abundantes doctrinas religiosas. No se enfocan en qué tanto cambia el carácter de las personas ni tampoco en qué tanto las personas entienden la verdad. No se interesan en la esencia de las personas, y mucho menos tratan de conocer los estados normales y anormales de estas. No contraatacan las nociones de las personas ni tampoco ponen de manifiesto sus nociones, y mucho menos podan sus deficiencias o corrupciones. La mayoría de los que los siguen sirven con sus dones, y lo único que publican son nociones religiosas y teorías teológicas que están alejadas de la realidad y son completamente inútiles para darles vida a las personas. De hecho, la esencia de su obra es alimentar el talento, alimentar a una persona sin nada en un talentoso graduado del seminario que después va a hacer la obra y liderar. ¿Puedes discernir algunas leyes en la obra de seis mil años de Dios? Hay muchas reglas y restricciones en la obra que el hombre hace, y el cerebro humano es muy dogmático. Lo que el hombre expresa es, por tanto, conocimiento y comprensión dentro del alcance de todas sus experiencias. El hombre no es capaz de expresar nada aparte de esto. Las experiencias o el conocimiento del hombre no surgen de sus dones innatos o de su instinto; surgen por la guía y el pastoreo directo de Dios. El hombre sólo tiene la facultad de aceptar este pastoreo y ninguna facultad que pueda expresar directamente lo que es la divinidad. El hombre no puede ser la fuente; sólo puede ser una vasija que acepta el agua de la fuente. Este es el instinto humano, la facultad que el ser humano debe tener. Si una persona pierde la facultad para aceptar la palabra de Dios y pierde el instinto humano, esa persona también pierde lo que es más precioso y pierde el deber del hombre creado. Si una persona no tiene el conocimiento o la experiencia de la palabra de Dios o Su obra, esa persona pierde su deber, el deber con el que debe cumplir como un ser creado, y pierde la dignidad de un ser creado. Es el instinto de Dios expresar lo que la divinidad es, ya sea que se exprese en la carne o directamente por el Espíritu; este es el ministerio de Dios. El hombre expresa sus propias experiencias o conocimiento (es decir, expresa lo que es) durante la obra de Dios o después; este es el instinto y el deber del hombre, y es lo que el hombre debe alcanzar. Aunque la expresión del hombre se queda muy por debajo de lo que Dios expresa, y aunque está limitada por muchas reglas, el hombre debe cumplir el deber que debe cumplir y hacer lo que debe hacer. El hombre debe hacer todo lo humanamente posible para cumplir su deber y no debe tener ni siquiera la menor reserva.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

464. Algunas personas preguntarán: “¿Cuál es la diferencia entre la obra llevada a cabo por Dios encarnado y la de los profetas y apóstoles del pasado? A David también lo llamaban el Señor, como también a Jesús; aunque las obras que ellos realizaron fueron diferentes, los llamaron igual. Dime, ¿por qué sus identidades no eran la misma? Lo que Juan presenció fue una visión, una que también vino del Espíritu Santo, y él fue capaz de decir las palabras que el Espíritu Santo pretendía decir; ¿por qué era la identidad de Juan diferente de la de Jesús?”. Las palabras habladas por Jesús eran capaces de representar totalmente a Dios y representaban totalmente la obra de Dios. Lo que Juan vio era una visión y él fue incapaz de representar completamente la obra de Dios. ¿Por qué es que Juan, Pedro y Pablo hablaron muchas palabras —tal como lo hizo Jesús— pero no tienen la misma identidad que Jesús? Esto se debe principalmente a que la obra que realizaron era diferente. Jesús representaba al Espíritu de Dios y era el Espíritu de Dios obrando directamente. Él llevó a cabo la obra de la nueva era, la que nadie había realizado antes. Él abrió un nuevo camino, representó a Jehová y representó a Dios mismo, mientras que Pedro, Pablo y David, independientemente de cómo se les llamara, sólo representaban la identidad de una criatura de Dios y fueron enviados por Jesús o Jehová. Así pues, no importa cuánta obra ellos llevaran a cabo ni cuán grandes los milagros que hicieran, seguían siendo sólo criaturas de Dios, incapaces de representar al Espíritu de Dios. Obraban en el nombre de Dios o después de que Él los enviase; además, obraban en las eras comenzadas por Jesús o Jehová y no hicieron ninguna otra obra. Después de todo, ellos eran simplemente criaturas de Dios.

Extracto de ‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

465. En la Era de la Gracia, Jesús también dijo muchas palabras y llevó a cabo mucha obra. ¿Cómo fue Él diferente de Isaías? ¿Cómo fue Él diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos ellos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos dijeron palabras y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron profecías y, de manera similar, también Jesús pudo hacerlo. ¿Por qué es esto así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Para discernir este asunto, no debéis considerar la naturaleza de la carne ni la profundidad o la superficialidad de sus palabras. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías que hablaron los profetas en ese tiempo no suministraban la vida del hombre, y las inspiraciones que recibieron personas como Isaías y Daniel eran, simplemente, profecías y no el camino de la vida. Si no hubiera sido por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera realizado esa obra, la cual es imposible para los mortales. Jesús también dijo muchas palabras, pero esas palabras eran el camino de la vida a partir del cual el hombre podía encontrar una senda para practicar. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, Él podía comprender cuáles eran las necesidades internas del hombre y de qué carece; en quinto lugar, Él podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no sólo es Él diferente de Isaías, sino también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, él no podía suplir la vida del hombre; en segundo, no podía marcar el comienzo de una nueva era. Él obraba bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva era. En tercer lugar, las palabras que él pronunció lo superaban. Él recibía revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entendían, incluso después de haberlas escuchado. Tan sólo estas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, él no podía representar completamente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Sólo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del alcance de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el alcance de la obra de Jehová; obró como Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que Jehová había hecho. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Además, pudo hablar de lo que el hombre no podía alcanzar. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en sólo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es Dios encarnado. Así pues, sólo se puede hacer una distinción entre las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Sólo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; sólo puedes verificar si Él es Dios por la obra que Él ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; en segundo, puede suplir la vida del hombre y mostrarle el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Como mínimo, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que llevó a cabo el Dios encarnado fue, principalmente, para marcar el comienzo de una nueva era, dirigir una nueva obra y abrir un nuevo reino, estas condiciones son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

466. En la Era de la Gracia, Juan allanó el camino para Jesús. Juan no podía llevar a cabo la obra de Dios mismo y simplemente cumplió con el deber del hombre. Aunque Juan fue el precursor del Señor, no podía representar a Dios; sólo era un hombre usado por el Espíritu Santo. Después de que Jesús fuese bautizado, descendió el Espíritu Santo sobre Él, como paloma. Fue entonces cuando empezó Su obra; es decir, comenzó a desempeñar el ministerio de Cristo. Por esta razón asumió la identidad de Dios: porque vino de Él. No importa cómo fue Su fe antes de esto —quizás haya sido débil en ocasiones o fuerte en otras— todo eso perteneció a la vida humana normal que Él llevó antes de desempeñar Su ministerio. Tras ser bautizado (es decir, ungido), tuvo inmediatamente el poder y la gloria de Dios con Él, y, así, comenzó a desempeñar Su ministerio. Podía obrar señales y maravillas, realizar milagros, y tenía poder y autoridad, pues obraba directamente en el nombre de Dios mismo, llevaba a cabo la obra del Espíritu en Su lugar y expresaba Su voz; así pues, Él era Dios mismo. Esto es indiscutible. Juan era una persona que fue utilizada por El Espíritu Santo. Él no podía representar a Dios ni le era posible hacerlo. Si hubiera deseado hacerlo, el Espíritu Santo no lo habría permitido, porque él no podía llevar a cabo la obra que Dios mismo pretendía realizar. Quizás había mucho en él de la voluntad del hombre o algo desviado; bajo ninguna circunstancia podía representar directamente a Dios. Sus equivocaciones y errores lo representaban sólo a él, pero su obra era representativa del Espíritu Santo. Sin embargo, no se puede afirmar que todo él representaba a Dios. ¿Podían su desviación y sus errores representar también a Dios? Equivocarse al representar al hombre es normal, pero si alguien se desvía en la representación de Dios, ¿no sería eso deshonrar a Dios? ¿No sería una blasfemia contra el Espíritu Santo? El Espíritu Santo no permite al hombre ocupar el lugar de Dios a la ligera, aunque otros lo exalten. Si él no es Dios, sería incapaz de mantenerse firme al final. ¡El Espíritu Santo no le permite al hombre representar a Dios como a él le plazca! Por ejemplo, el Espíritu Santo dio testimonio de Juan y también reveló que era Él quien allanaría el camino para Jesús, pero la obra realizada en él por el Espíritu Santo estaba bien dimensionada. Todo lo que se le pidió a Juan fue que allanase el camino para Jesús, que preparara el camino para Él. Es decir, el Espíritu Santo únicamente sostuvo su obra de abrir el camino y sólo le permitió llevar a cabo dicha obra; no se le permitió realizar ninguna otra. Juan representaba a Elías y representaba al profeta que allanó el camino. El Espíritu Santo lo sostuvo en esto; durante el tiempo en el que su trabajo consistió en allanar el camino, el Espíritu Santo lo sostuvo. Sin embargo, si hubiera afirmado ser Dios mismo y si hubiera dicho que había venido a finalizar la obra de redención, el Espíritu Santo habría tenido que disciplinarlo. Por muy grande que fuera la obra de Juan, y aunque el Espíritu Santo la sostuviera, su obra estaba dentro de sus límites. Dado que el Espíritu Santo ciertamente sostuvo su obra, el poder que se le dio en ese momento se limitó a allanar el camino. No podía realizar otra obra en absoluto, porque sólo fue Juan quien allanó el camino, no Jesús. Por tanto, el testimonio del Espíritu Santo es fundamental, pero la obra que Él le permite hacer al hombre es aún más crucial. ¿No se dio un gran testimonio de Juan en aquella época? ¿No fue grande su obra también? Pero la obra que él realizó no podía superar la de Jesús, porque él no era más que un hombre usado por el Espíritu Santo y no podía representar directamente a Dios; por lo tanto, la obra que llevó a cabo fue limitada. Después de que él terminó la obra de allanar el camino, el Espíritu Santo ya no sostuvo su testimonio, ninguna obra nueva siguió después de él y partió cuando la obra de Dios mismo comenzó.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

467. ¿Cuál era exactamente la diferencia entre la obra realizada por Jesús y la realizada por Juan? ¿Acaso la única razón fue que Juan fue quien allanó el camino para Jesús? ¿O porque Dios lo había predestinado? Aunque Juan también dijo: “Arrepentíos: porque el reino de los cielos se ha acercado”, y predicó también el evangelio del reino de los cielos, su obra no se desarrolló más y constituyó, simplemente, un comienzo. En contraste, Jesús dio paso a una nueva era y finalizó la antigua, pero también cumplió la ley del Antiguo Testamento. La obra que llevó a cabo fue mayor que la de Juan; es más, Él vino a redimir a toda la humanidad; Él llevó a cabo esta etapa de la obra. Juan simplemente preparó el camino. Aunque su obra fue grande; sus palabras, muchas, y los discípulos que lo siguieron, numerosos, su obra sólo trajo al hombre un nuevo comienzo. Este nunca recibió de él vida, el camino o verdades más profundas, y tampoco obtuvo a través de él un entendimiento de la voluntad de Dios. Juan fue un gran profeta (Elías) que abrió un nuevo terreno para la obra de Jesús y preparó a los escogidos; fue el precursor de la Era de la Gracia. Esos asuntos no pueden discernirse simplemente observando su apariencia humana normal. Esto es todavía más acertado, pues Juan también llevó a cabo una obra bastante considerable, y, además, fue una promesa del Espíritu Santo, y Él sostuvo su obra. Por tanto, la distinción entre sus respectivas identidades sólo puede hacerse por medio de la obra que llevan a cabo, porque no hay manera de distinguir entre la esencia de un hombre y su apariencia externa, ni hay manera de que el hombre determine cuál es el testimonio del Espíritu Santo. La obra realizada por Juan y la llevada a cabo por Jesús eran distintas y su naturaleza era diferente. Es a partir de esto que se puede determinar si Juan es, o no, Dios. La obra de Jesús consistió en comenzar, continuar, concluir y dar fruto. Jesús llevó a cabo cada uno de estos pasos, mientras que la obra de Juan no fue más que crear un comienzo. Al principio, Jesús difundió el evangelio y predicó el camino del arrepentimiento; después, prosiguió a bautizar al hombre, curar enfermos y expulsar demonios. Al final, redimió a la humanidad del pecado y completó Su obra para toda la era. También fue de un lugar a otro y predicó a los hombres y difundió el evangelio del reino de los cielos. En este sentido, Él y Juan eran parecidos, con la diferencia de que Jesús dio paso a una nueva era y trajo la Era de la Gracia al hombre. De Su boca salió la palabra de lo que debía practicar el hombre y el camino que este debía seguir en la Era de la Gracia y, al final, concluyó la obra de la redención. Juan nunca podría haber realizado esa obra. Y, así, Jesús fue quien llevó a cabo la obra de Dios mismo, y Él es Dios mismo y quien lo representa directamente.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

468. Tenéis que saber cómo diferenciar la obra de Dios de la obra del hombre. ¿Qué podéis ver en la obra del hombre? Hay muchos elementos de la experiencia del hombre en su obra, lo que el hombre expresa es lo que es. La obra propia de Dios también expresa lo que Él es, pero Su ser difiere del ser del hombre. El ser del hombre es representativo de su experiencia y de su vida (lo que el hombre experimenta o encuentra en su vida, o las filosofías de vivir que tiene), y las personas que viven en ambientes diferentes expresan seres diferentes. Tengas o no experiencias de sociedad, y cómo realmente vivas en tu familia y experimentes en ella, se puede ver en lo que expresas; mientras tanto, no puedes ver la obra de Dios encarnado, tenga Él experiencias sociales o no. Él es muy consciente de la esencia del hombre; puede poner de manifiesto todas las clases de prácticas que pertenecen a todas las clases de personas. Se le da incluso mejor poner de manifiesto el carácter corrupto y el comportamiento rebelde de los humanos. No vive entre las personas mundanas, pero es consciente de la naturaleza de los mortales y de todas las corrupciones de las personas mundanas. Este es Su ser. Aunque no trata con el mundo, conoce las reglas para tratar con el mundo porque entiende completamente la naturaleza humana. Conoce acerca de la obra del Espíritu que los ojos del hombre no pueden ver y los oídos del hombre no pueden escuchar, tanto del día de hoy como del pasado. Esto incluye una sabiduría que no es una filosofía de vivir y prodigios que son difíciles de comprender por el hombre. Eso es Su ser, abierto a las personas pero también escondido de las personas. Lo que Él expresa no es el ser de una persona extraordinaria, sino los atributos y el ser inherentes del Espíritu. No viaja por el mundo pero sabe todo del mismo. Él se pone en contacto con los “antropoides” que no tienen ningún conocimiento o discernimiento, pero expresa palabras que son más elevadas que el conocimiento y que están por encima de los grandes hombres. Vive entre un grupo de personas torpes e insensibles que no tienen humanidad y que no entienden las convenciones y las vidas humanas, pero le puede pedir a la humanidad que viva una humanidad normal al mismo tiempo que pone de manifiesto la humanidad vil y baja del ser humano. Todo esto es Su ser, más elevado que el ser de cualquier persona de carne y sangre. A Él no le es necesario experimentar una vida social complicada, engorrosa y sórdida para hacer la obra que tiene que hacer y revelar a fondo la esencia de la humanidad corrupta. Una vida social sórdida no edifica Su carne. Su obra y palabras sólo revelan la desobediencia del hombre y no le proporcionan al hombre la experiencia y las lecciones para tratar con el mundo. No tiene que investigar la sociedad o la familia del hombre cuando le da al hombre la vida. Exponer y juzgar al hombre no es una expresión de las experiencias de Su carne; es Su revelación de la injusticia del hombre después de conocer por mucho tiempo la desobediencia del hombre y aborrecer la corrupción de la humanidad. Toda la obra que Él hace es para revelar Su carácter al hombre y expresar Su ser. Sólo Él puede hacer esta obra; no es algo que una persona de carne y sangre pueda lograr.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

469. El hombre necesita ser cultivado y perfeccionado por un largo período de tiempo antes de que pueda ser usado para llevar a cabo la obra, y el tipo de humanidad que se necesita es de un orden especialmente elevado. El hombre no solo debe ser capaz de mantener el sentido de humanidad normal, sino que además debe entender muchos de los principios y de las reglas que rigen su conducta en relación con los demás y, además, se debe comprometer a estudiar aún más sobre la sabiduría y el conocimiento ético del hombre. Esto es lo que se le debe proveer al hombre. Sin embargo, esto no es así para que Dios se haga carne porque Su obra ni representa al hombre ni es la obra del hombre; es, más bien, una expresión directa de Su ser y una implementación directa de la obra que Él debe hacer. (Naturalmente, Su obra se lleva a cabo en el momento apropiado, no casualmente ni al azar, y se inicia cuando sea el momento de cumplir con Su ministerio). Él no participa en la vida del hombre o en la obra del hombre, es decir, Su humanidad no está provista de ninguno de estos (aunque esto no afecta Su obra). Él sólo cumple Su ministerio cuando es hora de que lo haga; cualquiera que sea Su estatus, Él simplemente sigue adelante con la obra que debe hacer. Cualquier cosa que el hombre sepa de Él y cualquiera sea la opinión que el hombre tenga de Él, Su obra no se ve afectada en su totalidad.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

470. La obra que hace Dios no es representativa de la experiencia de Su carne; la obra que el hombre hace es representativa de la experiencia del hombre. Todos hablan de su experiencia personal. Dios puede expresar directamente la verdad mientras que el hombre sólo puede expresar la experiencia que corresponde a tener experiencia de la verdad. La obra de Dios no tiene reglas y no está limitada por el tiempo o los límites geográficos. Puede expresar lo que Él es en cualquier momento, en cualquier lugar. Obra como le place. La obra del hombre tiene condiciones y contexto; sin ella, sería incapaz de obrar y es incapaz de expresar su conocimiento de Dios o su experiencia de la verdad. Sólo tienes que comparar las diferencias que hay entre ellas para saber si es la propia obra de Dios o la obra del hombre. Si no hay obra que Dios mismo haga y sólo hay la obra del hombre, simplemente sabrás que las enseñanzas del hombre son elevadas, más allá de la capacidad de cualquier otro; sus tonos de voz, sus principios para manejar las cosas, y su manera experimentada y estable de obrar, están más allá del alcance de los demás. Todos vosotros admiráis a estas personas de buen calibre y conocimiento elevado, pero no podéis ver por la obra y las palabras de Dios qué elevada es Su humanidad. En cambio, Él es común y corriente, y cuando obra, es normal y real pero también inmensurable para los mortales, lo que hace que las personas sientan una clase de reverencia por Él. Tal vez la experiencia de una persona en su obra es particularmente avanzada, o su imaginación y razonamiento y su humanidad son particularmente buenas; estos atributos sólo pueden ganar la admiración de las personas, pero no despertar su sobrecogimiento y temor. Todas las personas admiran a los que pueden hacer la obra y tienen una experiencia particularmente profunda y pueden practicar la verdad, pero nunca pueden provocar temor sino sólo admiración y envidia. Pero las personas que han experimentado la obra de Dios no admiran a Dios, sino que sienten que Su obra está más allá del alcance humano y que es insondable para el hombre, que es fresca y maravillosa. Cuando las personas experimentan la obra de Dios, el primer conocimiento que tienen de Él es que es insondable, sabio y maravilloso, e inconscientemente lo reverencian y sienten el misterio de la obra que hace, que está más allá del conocimiento de la mente del hombre. Las personas sólo quieren poder cumplir Sus requisitos y satisfacer Sus deseos; no quieren superarlo porque la obra que Él hace va más allá del pensamiento y la imaginación del hombre y este no la podría hacer en Su lugar. Incluso el mismo hombre no conoce sus propias insuficiencias, mientras que Dios ha forjado un nuevo camino, y ha venido a traer al hombre a un mundo nuevo y más hermoso, y así la humanidad ha hecho un nuevo progreso y ha tenido un nuevo inicio. Lo que la gente siente por Dios no es admiración, o más bien, no es sólo admiración. Su experiencia más profunda es un temor reverente y amor; su sentimiento es que Dios es, en efecto, maravilloso. Él hace la obra que el hombre no puede hacer, y dice cosas que el hombre no puede decir. Las personas que han experimentado la obra de Dios siempre tienen un sentimiento indescriptible. Las personas con una experiencia lo bastante profunda pueden entender el amor de Dios, sentir Su hermosura, sentir que Su obra es muy sabia, muy maravillosa, y a partir de entonces se genera un poder infinito entre ellos. No es un temor o un amor y respeto ocasionales, sino un sentimiento profundo de la compasión y la tolerancia por el hombre. Sin embargo, las personas que han experimentado Su castigo y juicio sienten Su majestuosidad y que no tolera ofensa. Hasta las personas que han experimentado mucho de Su obra tampoco pueden entenderlo; todos los que verdaderamente lo reverencian saben que Su obra no concuerda con las nociones de las personas, sino que siempre va contra estas. No necesita que las personas lo admiren o aparenten que se someten a Él, en su lugar, deberían alcanzar una genuina reverencia y una verdadera sumisión. En mucho de Su obra, cualquiera que tenga una experiencia verdadera siente reverencia por Él, que es más que admiración. Las personas han visto Su carácter por Su obra de castigo y juicio y, por lo tanto, lo reverencian en su corazón. Dios está destinado a ser reverenciado y obedecido porque Su ser y Su carácter no son los mismos que los de un ser creado y están por encima de los de un ser creado. Dios existe por sí mismo, Él es eterno, no es un ser creado y sólo Dios es digno de reverencia y obediencia; el hombre no está calificado para esto.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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