19. Cómo abordar el matrimonio
Palabras de la Biblia
“Y Jehová Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea para él” (Génesis 2:18).*
“Y Jehová Dios causó que cayera un sueño profundo sobre Adán, y este se durmió; y Él tomó una de sus costillas, y le cerró la carne en su lugar. Y con la costilla que Jehová Dios había sacado del hombre, le hizo una mujer la cual trajo al hombre. Y Adán dijo: Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; se llamará Mujer porque salió del hombre. Por lo tanto, el hombre habrá de dejar a su padre y a su madre y se enlazará con su mujer; se convertirán así en una sola carne” (Génesis 2:21-24).*
“A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti. Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él’, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:16-19).
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
El matrimonio tiene su origen y raíz en la creación de Dios. Él creó al primer ser humano, que necesitaba una compañera para ayudarlo y acompañarlo, para vivir juntos, y entonces Dios creó una compañera para él, y así surgió el matrimonio humano. Eso es todo. Es así de simple. Ese es el entendimiento rudimentario que debes tener del matrimonio. Este proviene de Dios; Él lo arregla y lo ordena. Al menos, puedes decir que no es algo negativo, sino positivo. También se podría decir sin temor a equivocarse que el matrimonio es apropiado, que es una etapa adecuada en el curso de la existencia humana, que no es perverso, sino que es apropiado y positivo, porque proviene de la creación de Dios, de Su ordenación y, por supuesto, del arreglo de Dios. El origen del matrimonio humano está en la creación de Dios, y es algo que Él arregló y ordenó personalmente, así que, visto desde este ángulo, la única perspectiva que uno debería tener respecto al matrimonio es que proviene de Dios, que es algo apropiado y positivo, que no es negativo, perverso, egoísta ni oscuro. No proviene de la especie humana ni de Satanás, y ni mucho menos se desarrolló orgánicamente en el seno de la naturaleza, sino que Dios lo creó con Sus propias manos y lo arregló y lo ordenó personalmente. Esto es absolutamente cierto. Se trata de la definición y el concepto más originales y precisos del matrimonio.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (9)
El verdadero significado del matrimonio no es solo la continuación de la especie humana, sino, lo que es más importante, que Dios ha dispuesto una pareja para cada hombre y mujer para que se acompañen en cada etapa de la vida. Ya sea en tiempos de dificultad y dolor, o de tranquilidad, dicha y felicidad, tienen a alguien con quien pueden compartir sus pensamientos más íntimos, alguien que compartirá de todo corazón su pena, dolor, alegría y felicidad, para caminar a su lado en todo momento. Este es el significado de que Dios haya dispuesto el matrimonio para la humanidad, y es también una necesidad subjetiva dentro de cada persona. Cuando Dios creó a la humanidad, no quería que las personas estuvieran solas, así que dispuso el matrimonio para ellas. En este, los hombres y las mujeres asumen diferentes roles y, lo que es más importante, se acompañan y apoyan mutuamente, viven bien cada día y avanzan bien por el camino de la vida. Por un lado, se acompañan mutuamente, y por otro, se apoyan; ese es el sentido del matrimonio y la necesidad de su existencia. Por supuesto, se trata también del entendimiento y la actitud que los seres humanos han de adoptar hacia el matrimonio, así como de la responsabilidad y obligación que deben cumplir respecto a este.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (9)
El matrimonio es un acontecimiento importante en la vida de toda persona; es el momento en que uno empieza a asumir verdaderamente diversas responsabilidades y, poco a poco, a completar diversas misiones. Las personas albergan muchas fantasías sobre el matrimonio antes de experimentarlo por sí mismas, y todas ellas pintan un cuadro muy hermoso. Las mujeres imaginan que su media naranja será un príncipe azul, y los hombres imaginan que se casarán con una princesa de cuento de hadas. Estas fantasías demuestran que cada persona tiene su propio conjunto de estándares requeridos en lo que respecta al matrimonio. Aunque en esta era malvada toda clase de información inculca constantemente en la gente diversos puntos de vista distorsionados sobre el matrimonio, lo que hace que las personas tengan aún más exigencias hacia este y desarrollen toda clase de lastres y actitudes extrañas al respecto, cualquiera que se haya casado sabe que, no importa cómo se entienda el matrimonio ni cuál sea la actitud de uno hacia él, el matrimonio no es una cuestión de elección individual.
Una persona encontrará a mucha gente en la vida, pero nadie sabe quién acabará siendo su pareja matrimonial. Aunque todos tienen sus propios puntos de vista e ideas sobre el tema del matrimonio, nadie puede prever quién precisamente se convertirá verdaderamente en su media naranja al final, y las personas mismas no tienen voz ni voto al respecto. Después de conocer a alguien que te gusta, puedes pretender a esa persona; pero si está interesada en ti y si se convertirá en tu pareja no es algo que tú puedas decidir. Quien te gusta no es necesariamente aquel con quien compartirás la vida. Más bien, puede ser que, sin que siquiera te des cuenta, alguien que nunca esperabas entre en tu vida y se convierta en tu pareja, en la parte más importante de tu sino, en tu media naranja cuyo sino está indisolublemente unido al tuyo. Y así, aunque hay innumerables matrimonios en el mundo, cada uno es diferente: algunos son decepcionantes, otros son encantadores; algunos abarcan oriente y occidente, otros el norte y el sur; algunos son parejas ideales, otros son de igual posición social; algunos están llenos de felicidad, otros llenos de tragedia; algunos despiertan la admiración y la envidia de los demás, otros dejan a las personas perplejas e incitan al desdén; algunos están llenos de gozo, otros traen un sinfín de lágrimas y desesperación… En esta infinidad de tipos de matrimonio, los seres humanos muestran lealtad y un compromiso eterno e inquebrantable hacia dicha unión; muestran gran cuidado, un apego firme y el compromiso de permanecer junto a su pareja; muestran impotencia e incomprensión; muestran traición e incluso hostilidad. Ya sea que el matrimonio en sí mismo traiga felicidad o dolor, la misión de cada persona en él, la cual está preordinada por el Creador, no cambia; esta misión es algo que todos deben completar. Y el sino de cada persona que subyace a cada matrimonio tampoco cambia; está preordinado con mucha antelación por el Creador.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III
El matrimonio es una importante coyuntura en la vida de una persona. Se produce como resultado de su sino en la vida y es una parte importante de él. No se fundamenta en la voluntad o las preferencias individuales de nadie, y no está influenciado por ningún factor externo, sino que está determinado totalmente por la suerte de las dos personas, por las preordinaciones y los arreglos del Creador respecto de los sinos de ambos esposos. A simple vista, el matrimonio existe para que los seres humanos puedan procrear, pero, de hecho, no es más que una ceremonia para completar la misión de uno. En el matrimonio, el papel que desempeñan las personas no es meramente el de criar a la siguiente generación; asumen todos los papeles que sirven para mantener el matrimonio, así como las misiones que deben completar. Puesto que el nacimiento de uno influye en los cambios que experimentan las personas, acontecimientos y cosas a su alrededor, su matrimonio también influye inevitablemente en estas cosas e, incluso más aún, provocará en ellas toda clase de transformaciones.
Cuando una persona se vuelve independiente, empieza a recorrer su propia senda en la vida, la cual la conduce, paso a paso, hacia las personas, acontecimientos y cosas que tienen conexión con su matrimonio. Al mismo tiempo, su futura pareja matrimonial se está acercando, paso a paso, a esas mismas personas, acontecimientos y cosas. Bajo la soberanía del Creador, dos personas sin relación entre sí, poco a poco —debido a sus sinos relacionados— contraen un único matrimonio, convirtiéndose milagrosamente en una familia: “dos pasajeros del mismo barco”. Por tanto, cuando una persona contrae matrimonio, su senda en la vida influirá en su media naranja y la involucrará, mientras que la senda en la vida de su media naranja influirá en su propio sino en la vida y lo involucrará. En otras palabras, los sinos de las personas están interconectados, y nadie puede completar su misión en la vida ni desempeñar su papel de forma verdaderamente independiente de los demás. El nacimiento de uno repercute en una inmensa red de relaciones; el crecimiento también implica una compleja red de relaciones; y, de manera similar, un matrimonio existe y se mantiene inevitablemente dentro de una vasta y compleja red de relaciones, e involucra a cada miembro de esa red a la vez que influye en el sino de todos los que forman parte de ella. Un matrimonio no es el producto de la familia de uno, el marco en el cual creció, su aspecto, su edad, su calibre, sus talentos ni ningún otro factor; más bien, es el producto de una misión compartida y un sino relacionado. Este es el origen del matrimonio, producido dentro del sino humano orquestado y dispuesto por el Creador.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III
No debes tener fantasías subjetivas o irreales sobre el matrimonio, sobre quién es tu pareja o qué tipo de persona es; debes tener una actitud de sumisión a Dios, someterte a Sus arreglos y ordenación, y confiar en que Él dispondrá a la persona más adecuada para ti. ¿No es necesario tener una actitud sumisa? (Sí). Segundo, debes desprenderte de esos criterios para elegir pareja que las tendencias malvadas de la sociedad te han inculcado, y luego establecer criterios correctos para hacerlo. Es decir, tu pareja debería ser, como mínimo, alguien que también crea en Dios y que camine por la misma senda que tú; este es el principio general. Además, debe ser capaz de cumplir con las responsabilidades propias de un hombre o una mujer dentro del matrimonio; debe ser capaz de cumplir con las responsabilidades de una pareja. ¿Cómo deberías valorar este aspecto? Debes fijarte en su calidad humana, si tiene sentido de la responsabilidad y si tiene conciencia. ¿Y cómo juzgas si alguien tiene conciencia y humanidad? Sin pasar tiempo con esa persona, no tendrás forma de saber cómo es su humanidad. E incluso si pasas tiempo con ella, si es solo por un corto tiempo, es posible que aun así no puedas ver con claridad qué tipo de persona es. Entonces, ¿cómo juzgas si tiene humanidad? Te fijas en si asume la responsabilidad de su deber, de la comisión de Dios y del trabajo de la iglesia, y te fijas en si puede salvaguardar los intereses de la casa de Dios y si es devota en el desempeño de su deber; esta es la mejor manera de juzgar la calidad humana de alguien. Si esta persona tiene humanidad, es de calidad humana íntegra, y es especialmente dedicada y responsable, especialmente seria y formal, muy meticulosa, y nunca negligente en lo que respecta al trabajo de la iglesia, y si además persigue la verdad, escucha cuidadosa y atentamente todo lo que Dios dice, así como pone en práctica Sus palabras tan pronto como las entiende, entonces, aunque tal persona no tenga un gran calibre, como mínimo es alguien que no es superficial con su deber y el trabajo de la iglesia y que aborda estas cosas de manera concienzuda y responsable. Si aborda su deber de manera concienzuda y responsable, ciertamente vivirá su vida contigo de todo corazón y asumirá la responsabilidad por ti hasta el final; la calidad humana de tal persona puede soportar las pruebas. Incluso si te enfermas, envejeces y te pones feo, o tienes alguna deficiencia o defecto, esta persona siempre te tratará correctamente y será tolerante contigo. Hará todo lo posible por salvaguardar a la familia, y también será capaz de protegerte y darte una vida estable, lo que te permitirá sentirte muy a gusto. Esta es la mayor felicidad que un hombre o una mujer pueden encontrar en la vida matrimonial. Puede que no necesariamente sea capaz de darte una vida de riqueza, lujosa o romántica, ni necesariamente darte nada diferente de los demás en términos de afecto u otros aspectos, pero, como mínimo, tener a esa persona en tu vida te tranquilizará y sin ella te sentirás intranquilo. Cuando ves que es digna de confianza y fiable en la actualidad, es como si pudieras ver que te sentirás a gusto y contento durante los próximos treinta o cuarenta años de vida. Ese tipo de persona debería ser tu criterio para la elección de una pareja. Por supuesto, ese criterio es un poco elevado y no es fácil encontrar a alguien así entre la humanidad moderna, ¿verdad? Para juzgar cómo es la calidad humana de alguien y si podrá cumplir con sus responsabilidades en el matrimonio, por un lado, debes fijarte en su actitud con respecto a su deber. Por otro lado, debes observar si tiene un corazón temeroso de Dios. Si lo tiene, al menos no hará nada inhumano o que resulte inmoral o antiético, y por lo tanto sin duda no te tratará mal. Si no tiene un corazón temeroso de Dios y es audaz, obstinado o su humanidad es cruel, falsa y sumamente arrogante; si no tiene a Dios en su corazón ni tiene ningún respeto por nadie; si gestiona el trabajo, los deberes e incluso la comisión de Dios y cualquier asunto importante de la casa de Dios de manera imprudente y según su propia voluntad, actúa caprichosamente, sin ser nunca cauteloso ni buscar los principios, y en especial cuando se encarga de gestionar ofrendas, las toma y malversa imprudentemente, sin miedo a nada, de ningún modo es el tipo de persona que debes buscar. Sin un corazón temeroso de Dios, es capaz de cualquier cosa. Alguien así podría estar endulzándote el oído y haciendo promesas grandilocuentes ahora, pero cuando llegue el día en que pierda el interés en ti y ya no puedas satisfacer sus necesidades, dirá que ya no te ama ni siente nada por ti, simplemente te echará a un lado, e incluso si no se divorcia de ti, estará tonteando fuera de casa; cualquiera de estas cosas podría suceder. Puede abandonarte en cualquier momento y en cualquier circunstancia, y es capaz de hacer cualquier cosa. Tal persona es muy peligrosa; no vale la pena que le confíes tu vida entera. Si eliges a un hombre así como tu pareja matrimonial, estarás en problemas. Incluso si es alto, rico y guapo, increíblemente capaz, y es muy cariñoso y atento contigo —en apariencia, parece un marido particularmente cualificado—, si no tiene en absoluto un corazón temeroso de Dios, no es una pareja adecuada para ti. Si te encaprichas de él, empiezas a salir con él y luego te casas, será una pesadilla y un desastre para ti toda la vida. Algunas personas no creen esto, e insisten en casarse con alguien así, mientras piensan que ellas mismas son gente que persigue la verdad y que, en consecuencia, no se verán afectadas. Has caído en manos de un diablo malvado que odia a Dios, se opone a Él y se sirve de todo tipo de maneras para perturbar tu fe en Dios. ¿Eres capaz de superar eso? Con tu poca estatura y escasa fe no puedes soportar su tormento, y después de unos días estás tan atormentada que pides misericordia y eres incapaz de continuar creyendo en Dios. Pierdes la fe y tu mente se sume en esta compleja mezcla de enredos emocionales. Es como si te arrojaran a una trituradora de carne y te desgarraran hasta hacerte pedazos y perder toda semejanza humana, completamente atrapada en ella, y al final perecerás junto con el diablo con el que te has casado y tu vida habrá concluido.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (10)
¿Es la felicidad conyugal una meta en la vida que la gente debe perseguir? ¿Tiene esto algo que ver con el matrimonio que Dios ha ordenado? (No). Dios te ha dado el matrimonio; te ha concedido un entorno en el que puedes desempeñar las responsabilidades y obligaciones de un hombre o una mujer en el marco de este. Dios te ha dado el matrimonio, lo que significa que te ha concedido una pareja. Esta te acompañará hasta el fin de tus días y a lo largo de todas las etapas de tu vida. ¿Qué quiero decir con “acompañar”? Me refiero a que tu pareja te ayudará, te cuidará y compartirá contigo todo aquello que experimentes en la vida. Es decir, independientemente de cuántas cosas afrontes, ya no lo harás solo, sino que ambos las afrontaréis juntos. Al vivir de esta manera, la existencia es en cierto modo más fácil y relajada, ya que ambas personas hacen lo que se supone que les corresponde, cada una aporta sus puntos fuertes y fortalezas e impulsa su vida. Es así de simple. Pero Dios no te ha exigido que ames a tu pareja hasta el final ni que la complazcas constantemente; Él no te ha dado esta misión. Dios te ha dado un matrimonio, te ha dado una pareja y te ha dado un nuevo entorno de vida. Dentro de ese entorno y contexto de vida, Él pretende que tu pareja comparta y afronte todas las cosas contigo, para que puedas vivir más fácil y libremente, al tiempo que te permite experimentar una etapa diferente de la vida. Sin embargo, Dios no te ha vendido al matrimonio. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que Dios no ha tomado tu vida, tu porvenir, tu misión, la senda que sigues en la vida, la dirección que eliges en la vida y el tipo de fe que tienes y se lo ha dado todo a tu pareja para que lo determine por ti. Verás, cuando Dios estableció el matrimonio para la humanidad al principio, Él no dijo: “El tipo de porvenir, búsqueda, perspectiva de la vida y senda de vida que una mujer (o un hombre) tiene debe ser decidido por su marido (o mujer)”. Dios no dijo esto ni lo ordenó de esta manera. Dios tampoco dijo: “La búsqueda de la felicidad conyugal es la misión de por vida de hombres y mujeres. Solo si mantienes la felicidad de tu matrimonio habrás completado la misión de tu vida y te habrás comportado adecuadamente como un ser creado”. Dios nunca ha dicho nada semejante. Tampoco dijo Dios: “Debes elegir tu senda de vida dentro del marco del matrimonio, y debe ser tu pareja la que decida si alcanzas la salvación”. ¿Ha dicho Dios tal cosa alguna vez? (No). Dios te ha ordenado el matrimonio y te ha dado una pareja. Aunque te cases, tu identidad y estatus ante Él no cambian. Sin importar si eres hombre o mujer, hay una cosa que ambos compartís, y es que ambos sois seres creados ante el Creador. En el marco del matrimonio, os toleráis y os valoráis y protegéis el uno al otro, os ayudáis y apoyáis, y en eso consiste el cumplimiento de vuestras responsabilidades. No obstante, las responsabilidades y la misión que debes cumplir ante Dios no se pueden sustituir por aquellas que debes cumplir con respecto a tu pareja. Por lo tanto, cuando exista un conflicto entre tus responsabilidades hacia tu pareja y el deber que un ser creado debe hacer ante Dios, debes elegir el desempeño de este último, en lugar del cumplimiento de tus responsabilidades hacia tu cónyuge. Esta es la dirección y el objetivo que debes elegir y, por supuesto, también es la misión que debes cumplir. Sin embargo, hay quienes erróneamente convierten en su misión en la vida perseguir la felicidad conyugal o cumplir con las responsabilidades hacia su pareja, así como cuidarla, atenderla, valorarla y protegerla, y la consideran su mundo entero, su vida; eso es una equivocación. Tu porvenir reside bajo la soberanía de Dios y no lo rige tu pareja. El matrimonio no puede cambiar tu sino ni el hecho de que es Dios quien tiene soberanía sobre él. En cuanto a la perspectiva de vida que debes tener y la senda que has de seguir, debes buscarlas en las palabras de las enseñanzas y requisitos de Dios, no depender de tu pareja respecto de ellas y dejar que las decida. Aparte de cumplir con sus responsabilidades hacia ti, no debe tener control sobre tu porvenir, exigirte que cambies de rumbo en la vida, ni decidir qué senda debes seguir o qué perspectiva de vida has de tener, y mucho menos debe limitarte u obstaculizar tu búsqueda de la salvación. En lo que respecta al matrimonio, lo único que puede hacer la gente es aceptarlo de parte de Dios y atenerse a la definición de este que Él ha ordenado para el hombre, en la que tanto el marido como la mujer cumplen con sus responsabilidades y obligaciones el uno con el otro. Lo que no pueden hacer es decidir el porvenir ni la vida anterior, actual o futura de su pareja, y mucho menos la eternidad. Tu destino, tu porvenir y la senda que sigues solo los puede decidir el Creador. Por lo tanto, como ser creado, ya tengas el rol de mujer o de marido, la felicidad que debes perseguir en esta vida proviene de que hagas el deber de un ser creado y logres la misión que le corresponde a un ser creado. No proviene del propio matrimonio y ni mucho menos del cumplimiento de las responsabilidades de una mujer o un marido en el marco de este. Por supuesto, algo que debes entender es que la senda que escoges seguir y la perspectiva de vida que adoptas no deben basarse en la felicidad conyugal, y menos aún las debe determinar ninguno de los cónyuges. Así pues, la gente que se casa y solo persigue la felicidad conyugal y solo considera esta búsqueda como su misión, debería desprenderse de tales pensamientos y puntos de vista, cambiar el modo en el que practica y variar el rumbo de su vida. Te estás adentrando en el matrimonio y viviendo junto a tu pareja según lo ordenado por Dios, eso es todo, y basta con llevar a cabo las responsabilidades de una esposa o un marido mientras ambos compartáis vuestra vida juntos. Respecto a qué senda sigas y qué perspectiva de vida adoptes, tu pareja no tiene obligación alguna ni derecho a decidir esas cosas. Aunque ya estés casado y tengas pareja, si esta pretendida pareja es ordenada por Dios, lo único que puede hacer es cumplir con sus responsabilidades de tal; todo lo demás que no le concierne te corresponde elegirlo y decidirlo a ti. Por supuesto, y lo que es aún más importante, tus elecciones y decisiones no se deben basar en tus propias preferencias ni en tu entendimiento, sino más bien en las palabras de Dios. ¿Se ha compartido con claridad sobre este tema? (Sí). Por consiguiente, cuando cualquier miembro de la pareja en el marco del matrimonio hace el máximo esfuerzo o realiza cualquier sacrificio en busca de la felicidad conyugal, eso Dios no lo recuerda. Da igual lo bien o perfectamente que cumplas con tus obligaciones y responsabilidades hacia tu pareja, o hasta qué punto lo hagas bien por ella. En otras palabras, no importa lo bien o lo perfectamente que mantengas tu felicidad conyugal, o lo envidiable que esta sea; eso no significa que hayas cumplido con la misión de un ser creado ni demuestra que seas un ser creado que cumple con el estándar. Tal vez seas la mujer o el marido perfectos, pero eso queda limitado al marco del matrimonio. El Creador mide la clase de persona que eres en función de cómo hagas el deber de un ser creado ante Él, el tipo de senda que sigas, tu perspectiva de vida, lo que persigas en esta y qué tan bien cumplas con la misión de un ser creado. Es a partir de eso que Dios valora la senda que sigues como ser creado y tu destino futuro, no a partir de lo bien que cumplas con tus responsabilidades y obligaciones como esposa o marido, ni de si tu amor hacia tu pareja resulta de su agrado.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)
Estamos compartiendo sobre “desprenderse de la búsqueda de la felicidad conyugal” no para que renuncies al matrimonio o para animarte a que te divorcies, sino para que puedas entender la verdad, tener una visión correcta del matrimonio y ser capaz de renunciar a la búsqueda de la felicidad conyugal. Primero, despréndete de esas opiniones erróneas sobre la búsqueda de la felicidad conyugal, y luego despréndete de las prácticas erróneas de perseguir la felicidad conyugal y dedica la mayor parte de tu tiempo, años y energía a perseguir la verdad y a hacer el deber de un ser creado. En cuanto al matrimonio, siempre que no choque ni entre en conflicto con tu búsqueda de la verdad, no cambiarán las obligaciones que debes cumplir, la misión que debes lograr y el papel que debes desempeñar dentro del marco del matrimonio. Por tanto, pedir que te desprendas de la búsqueda de la felicidad conyugal no significa pedirte que renuncies al matrimonio o te divorcies, sino que trates el matrimonio correctamente y, entonces, sobre esta base, completes tu misión como ser creado y cumplas con el deber que te corresponde. Por supuesto, si tu búsqueda de la felicidad conyugal afecta u obstaculiza la realización de tu deber como ser creado, o incluso te lleva a renunciar a este deber que te corresponde, entonces eres una persona inmensamente rebelde. Si buscas la verdad sobre este asunto, deberías ser capaz de ver con claridad a qué deben aferrarse las personas y a qué deben renunciar. Lo que deberías abandonar no es meramente tu búsqueda de la felicidad conyugal, sino tu matrimonio por completo. De esta manera, lograrás una conformidad total con los principios-verdad. ¿Cuáles son el propósito y el significado últimos de compartir sobre estas cuestiones? Se trata de decirte: la felicidad conyugal no debe frenarte, cegarte, perturbarte ni siquiera preocuparte, y no debes permitir que la búsqueda de la felicidad conyugal invada la senda de tu vida y tu vida; en cambio, debes tratar correctamente las responsabilidades y obligaciones que deberías cumplir en el matrimonio e identificar correctamente las responsabilidades y obligaciones que te corresponden. Una mejor manera de practicar es dedicar más tiempo y energía a tu deber, hacer el deber que te corresponde y completar la misión que Dios te ha encomendado. No debes olvidar nunca que eres un ser creado, que Dios te ha conducido por la vida hasta este momento, que Él es quien te ha concedido el matrimonio, te ha dado una familia y te ha conferido las responsabilidades que debes cumplir en el marco de este, y que no fuiste tú quien eligió el matrimonio, que no es que te acabaras casando como por arte de magia o que puedas mantener tu felicidad conyugal gracias a tus propias habilidades o fortaleza. ¿Lo he explicado ahora con claridad? (Sí). ¿Entiendes lo que se supone que debes hacer? ¿Tienes clara ahora la senda? (Sí). Si no existe ningún conflicto ni contradicción entre las responsabilidades y obligaciones que debes cumplir en el matrimonio y tu deber y misión como ser creado, entonces, bajo tales circunstancias, debes cumplir con tus responsabilidades en el marco del matrimonio como corresponda, y debes hacerlo bien, asumir aquellas que te competan y no tratar de eludirlas. Debes hacerte cargo de tu pareja: de su vida, de sus sentimientos y de todo lo relacionado con ella. Sin embargo, cuando exista conflicto entre las responsabilidades y obligaciones que asumes en el marco del matrimonio y tu misión y deber como ser creado, de lo que debes desprenderte no es de tu deber ni de tu misión, sino de las responsabilidades en el marco del matrimonio. Eso es lo que Dios espera de ti, es la comisión que Él te encarga y, por supuesto, lo que le exige a cualquier hombre o mujer. Solo cuando seas capaz de ello estarás persiguiendo la verdad y siguiendo a Dios. Si no eres capaz y no puedes practicar de esa manera, solo eres creyente de palabra, no sigues a Dios con un corazón sincero y no persigues la verdad. Algunos miembros del pueblo escogido de Dios en China continental están saliendo ahora al extranjero uno tras otro para hacer sus deberes y propagar el evangelio del reino. Algunas personas dicen: “Si voy al extranjero a hacer mi deber, entonces tendré que renunciar a mi familia. ¿No podré volver a ver a mi marido (o mujer) jamás? ¿No tendremos que vivir separados en lugares diferentes? ¿Se desmoronará nuestro matrimonio? ¿Cómo viviré entonces sin mi marido (o mujer)?”. ¿Deberías pensar en cómo será tu futuro? ¿En qué cosa deberías pensar más que nada? Si quieres ser alguien que persiga la verdad, en lo que deberías pensar más que nada es en cómo desprenderte de lo que Dios te pide que te desprendas y en cómo lograr lo que Él te pide que logres. Incluso si en el futuro te quedas sin matrimonio y sin una pareja a tu lado, podrás seguir viviendo para ver tus últimos años y te irá bien. Sin embargo, si renuncias a esa oportunidad de hacer tu deber, será como abandonar el deber que te corresponde y la misión que Dios te ha encomendado. Para Él no serás alguien que persigue la verdad, que realmente quiere a Dios o que busca la salvación. Si renuncias activamente a tu oportunidad y tu derecho de alcanzar la salvación, abandonas tu misión, y en lugar de eso eliges el matrimonio, escoges vivir junto con tu cónyuge, acompañarlo y satisfacerlo, y mantener la integridad de tu matrimonio, al final sin duda perderás algo a la vez que ganas algo. Entiendes lo que perderás, ¿verdad? El matrimonio no lo es todo para ti, ni tampoco lo es la felicidad conyugal; no pueden decidir tu suerte, tu futuro y mucho menos tu destino. Por lo tanto, qué elecciones deberían hacer las personas y si deberían o no desprenderse de la búsqueda de la felicidad conyugal y hacer el deber de un ser creado es decisión suya.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (10)
Dios ha ordenado para ti el matrimonio con el único fin de que aprendas a cumplir con tus responsabilidades, a vivir apaciblemente junto a otra persona y a compartir tu vida con esta, experimentes cómo es compartir tu vida con tu pareja y aprendas de primera mano cómo deberías lidiar como un equipo con todo aquello que os encontréis, de modo que tu vida crezca en riqueza y sea más diferente. Sin embargo, Él no te ha vendido en matrimonio y, por supuesto, no te ha vendido a tu pareja como si fueras su esclavo. No eres su esclavo, del mismo modo que tu pareja tampoco es tu amo. Sois iguales. Solo tienes las responsabilidades de una mujer (o un marido) hacia tu pareja, y una vez que cumples con ellas, Dios considera que eres un cónyuge acorde al estándar. Si crees en Dios, persigues la verdad, eres capaz de hacer tu deber y a menudo asistes a las reuniones, oras-lees las palabras de Dios y acudes ante Él, estas son cosas que Dios acepta; son las que un ser creado debe llevar a cabo y este es el estado habitual en el que debería vivir un ser creado. No hay nada vergonzoso en ello ni tienes que sentirte en deuda con tu pareja porque vivas ese tipo de vida; no le debes nada. Si tu pareja reconoce que Dios existe, tienes la obligación de darle testimonio de la obra de Dios. Sin embargo, si no cree en Dios y no comparte los mismos valores y la misma senda que tú, no necesitas ni estás obligado a darle ninguna información sobre tu fe o la senda que recorres, ni tu pareja tiene ningún derecho a saber sobre estas cosas. Tú crees en Dios, y si ella te apoya, te anima y te defiende, entonces está cumpliendo con su responsabilidad y obligación. Si no puede hacerlo, no es una persona con humanidad. ¿Por qué digo esto? Porque la senda que recorres es la correcta y, como recorres la senda correcta, tu familia y tu pareja están bendecidas y disfrutan de la gracia de Dios junto contigo. Lo justo es que te esté agradecida por esto, en lugar de discriminarte o intimidarte, o creer que deberías hacer más tareas domésticas y otras cosas o que le debes algo, porque crees en Dios y sufres persecución. No le debes nada emocional, espiritual ni de ninguna otra manera. Al contrario, como tú crees en Dios, tu pareja disfruta de aún más gracia y bendiciones adicionales de Dios; ha salido ganando bastante. ¿Qué quiero decir con que ha “salido ganando bastante”? Quiero decir que alguien así no merece recibir esas cosas y no debería recibirlas. ¿Por qué no debería recibirlas? Porque no reconoce a Dios y no lo sigue. La razón por la que disfruta de toda esta gracia se debe exclusivamente a que tú crees en Dios. Se está aprovechando de tu éxito, disfrutando de bendiciones junto a ti y lo justo es que te esté agradecida. En otras palabras, como disfruta de estas bendiciones y esta gracia adicionales, debería asumir más responsabilidad y apoyar aún más tu fe en Dios. Algunas personas disfrutan de la gracia de Dios porque una persona en su hogar cree en Dios: el negocio familiar crece cada vez más, ganan más dinero, su vida material se enriquece y su calidad de vida mejora. ¿Cómo suceden estas cosas? Algunas personas dicen: “Dios ordenó que fueran ricos”. Es cierto que Dios lo ordenó, pero si nadie en su familia creyera en Dios, su negocio no habría recibido tanta gracia y tantas bendiciones de Él. Es porque alguien en la familia cree sinceramente en Dios, persigue la verdad y se ofrece y se entrega voluntariamente, que los miembros no creyentes de la familia reciben esta gracia y estas bendiciones de manera indebida. Para Dios, hacer esto es demasiado fácil. Aquellos que no creen siguen sin estar satisfechos, e incluso reprimen y acosan a los creyentes. La persecución a la que el país y la sociedad someten a los creyentes ya supone un desastre para estos, y sin embargo sus familiares van aún más lejos y ejercen mayor presión. Si, en tales circunstancias, sigues sintiendo que les debes algo y estás dispuesto a convertirte en un esclavo de tu matrimonio, entonces realmente es algo que de ninguna manera deberías hacer. Que no apoya tu creencia en Dios, de acuerdo; que no defiende tu creencia, de acuerdo también. Es libre de no hacerlo. Sin embargo, no debería tratarte como a un esclavo por creer en Dios. No eres un esclavo, eres un ser humano, una persona digna y recta. Cuanto menos, eres un ser creado ante Dios, no el esclavo de nadie. Si has de ser esclavo de algo, que solo sea de la verdad, de Dios, no de una persona cualquiera, y ni mucho menos permitas que tu cónyuge sea tu amo. En lo que a las relaciones carnales se refiere, aparte de tus padres, tu cónyuge es lo más cercano que tienes en este mundo. No obstante, solo porque crees en Dios, te ataca y te hostiga, como si fueras su enemigo. Se muestra contrario a que acudas a las reuniones; en cuanto oye algún chisme, vuelve a casa y de inmediato te regaña y te golpea. Incluso cuando estás orando o leyendo las palabras de Dios en casa sin que ello afecte para nada a su vida normal, te reprende y se enfrenta a ti, e incluso llega a golpearte. Dime, ¿qué clase de criatura es esa? ¿Acaso no es un demonio? ¿Es esa la persona más cercana a ti? ¿Merece alguien semejante que cumplas cualquier responsabilidad hacia ella? (No). Algunas personas que permanecen en esa clase de matrimonio hacen cualquier cosa que diga su pareja y están dispuestas a sacrificarlo todo por esta, sacrifican el tiempo que deberían pasar haciendo su deber, la oportunidad de hacerlo e incluso la de obtener la salvación. Nada de esto es apropiado y, como poco, deberían renunciar a tales ideas. Aparte de a Dios, la gente no le debe nada a nadie. No les debes a tus padres, ni a tu marido (o mujer), ni a tus hijos, y mucho menos a ninguno de tus amigos; no le debes nada a nadie. Todo lo que la gente posee proviene de Dios, y sus matrimonios también son ordenados por Él. Si tenemos que hablar de estar en deuda, la gente solo está en deuda con Dios. Por supuesto, Dios no exige que le retribuyas; Él solo pide que camines por la senda correcta en la vida. En lo que respecta al matrimonio, la mayor intención de Dios es que seas capaz de tratarlo correctamente; en especial cuando se trata del asunto de la fe en Dios, no debes estar constreñido por tu marido (o mujer) y no debes, a causa de tu matrimonio, perder tu dignidad e integridad, renunciar a tu perspectiva correcta de la vida y al rumbo de tu búsqueda o incluso renunciar a perseguir la verdad, a tu oportunidad de salvación o a cualquier comisión o misión que Dios te haya encomendado, convirtiéndote en cambio en un esclavo voluntario de tu matrimonio. Si es así como manejas tu relación, hubiera sido mejor que no te casaras, y te habría ido mejor en la vida de soltero. Si no puedes deshacerte de esa clase de situación o estructura marital por mucho que hagas, lo mejor para ti sería desvincularte del matrimonio por completo y vivir como una persona libre. Como he dicho, el propósito de Dios al ordenar el matrimonio es que puedas tener una pareja que atraviese los altibajos de la vida y pase por todas las fases de la vida contigo, a fin de no estar ni sentirte solo en ninguna de ellas y de tener a alguien a tu lado, alguien a quien confíes tus pensamientos más profundos, que te consuele y te cuide. Sin embargo, Dios no usa el matrimonio para encadenarte; Él no lo usa para atarte de pies y manos, de modo que no tengas derecho a elegir tu propia senda y te conviertas en esclavo del matrimonio. Dios te ha ordenado el matrimonio y lo que ha dispuesto para ti es una pareja; no te ha encontrado un amo ni quiere que estés confinado en tu matrimonio, sin tus propias búsquedas y metas en la vida, sin un rumbo correcto en tus búsquedas y sin derecho a buscar la salvación. Por el contrario, estés casado o no, el mayor derecho que Dios te ha concedido es el de perseguir tus propias metas en la vida, establecer una perspectiva de vida correcta y buscar la salvación. Nadie puede arrebatarte ese derecho ni interferir en él, ni siquiera tu cónyuge. Así que aquellos de vosotros que desempeñáis el papel de esclavos en vuestras vidas matrimoniales deberíais renunciar a la forma de vida del esclavo, abandonar las ideas y prácticas de vivir para vuestro matrimonio y para vuestros hijos, y dejar atrás ese estado. No os dejéis constreñir por vuestra pareja, y no os dejéis influenciar, limitar, constreñir o atar por las emociones, opiniones, palabras, actitudes o incluso las acciones de vuestra pareja. Dejad todo eso atrás y confiad en Dios con valentía y coraje. Cuando queráis leer las palabras de Dios, leedlas; cuando sea hora de reuniros, hacedlo. La razón es que eres un ser humano, no un animal, y no necesitas que nadie regule tus acciones ni constriña y controle tu vida, tienes el derecho de elegir cómo vives y de perseguir tus propias metas en la vida, y este es un derecho que te ha concedido Dios; en particular, como estás recorriendo la senda correcta al creer en Dios, con mayor razón no deberías dejarte constreñir por nadie. Lo más importante es que, cuando la casa de Dios te dé un deber, deberías —asumiéndolo como tu deber ineludible, sin considerar ninguna otra opción y sin reservas— dejar todo a un lado y hacer el deber que te corresponde, con lo cual completarás la misión que Dios te ha dado para satisfacer Su corazón. Esta es la actitud, la determinación y el deseo que deberían poseer aquellos que persiguen la verdad. Independientemente de si el trabajo requiere que dejes tu hogar durante varios meses, medio año, un año o incluso más, deberías asumir como tu deber ineludible renunciar a tu familia y a todo lo que tienes para completar la misión que Dios te ha dado. La razón de esto es que ahora es el momento crítico de la obra de Dios para salvar al hombre; la difusión del evangelio del reino requiere que más personas aporten su fuerza; este es tu deber y tu responsabilidad. Por tanto, no pienses que estar casado significa que debes ser esclavo de tu matrimonio o que la ruptura de un matrimonio es una deshonra. En realidad, no es una deshonra; depende de las circunstancias en las que termine tu matrimonio y de cuáles sean los arreglos de Dios. Si Dios lo ordena y tiene soberanía sobre ello, y tiene una comisión para ti, y renuncias y terminas tu matrimonio por una empresa justa, para buscar satisfacer a Dios y completar tu misión como ser creado, entonces esto es algo que Dios recuerda y acepta. No es una deshonra, es algo glorioso. Incluso si tu matrimonio se rompe porque tu pareja te abandona y te traiciona —en términos coloquiales, te deja y te da la patada—, esto no es nada vergonzoso. Deberías decir: “Es un honor para mí, porque es debido a la ordenación y soberanía de Dios que mi matrimonio llegó a este punto y terminó de esta manera. La guía de Dios me llevó a dar este paso. Si Dios no hubiera hecho esto y no hubiera permitido que mi pareja me echara, yo no habría tenido ni la fe ni el coraje para dar este paso. ¡Gracias a la soberanía y la guía de Dios! ¡Toda la gloria sea para Dios!”. Es un honor. Puedes tener esa clase de experiencia en todo tipo de matrimonios: bajo la guía de Dios, puedes elegir seguir la senda correcta y cumplir la misión que Él te ha encomendado, y puedes dejar a tu cónyuge y poner fin a tu matrimonio partiendo de tal premisa y motivación. Eso es algo que merece una felicitación. Hay al menos una cosa que vale la pena celebrar, y es que ya no eres esclavo de tu matrimonio. Has escapado de la esclavitud de este y ya no tienes que preocuparte, sentir dolor ni luchar porque eres esclavo de tu matrimonio y quieres liberarte de él pero no eres capaz de hacerlo. A partir de ese momento, has escapado, eres libre, y eso es algo bueno. Dicho esto, espero que aquellos de vosotros cuyos matrimonios hayan terminado de manera dolorosa en el pasado y aún estéis sumidos en las tinieblas de este asunto podáis de verdad desprenderos de vuestro matrimonio, de las sombras que este te ha dejado, del odio, de la rabia e incluso de la angustia que te ha producido, y ya no sientas dolor ni rabia por todos los sacrificios y esfuerzos que hiciste por tu pareja y que esta te pagó con su infidelidad, su traición y su burla. Espero que dejes todo eso atrás, que te sientas afortunado de no ser ya un esclavo de tu matrimonio, de no tener que hacer nada ni realizar sacrificios innecesarios por el amo que te esclavizaba en tu matrimonio, y en lugar de eso, bajo la guía y la soberanía de Dios, siguiendo la senda correcta en la vida y haciendo el deber que le corresponde a un ser creado, ya no estés contrariado ni tengas nada más de qué preocuparte. Por supuesto, no hay ya ninguna necesidad de preocuparse, inquietarse o angustiarse por tu cónyuge ni de ocupar la mente pensando en él. Ya no necesitas discutir tus asuntos personales con tu cónyuge, ya no hace falta que te limite. Tan solo necesitas buscar la verdad y los principios en las palabras de Dios como fundamento. Ya eres libre y no eres esclavo de tu matrimonio. Te sientes afortunado de haber dejado atrás esa pesadilla del matrimonio, de haberte presentado genuinamente ante Dios, de no estar ya limitado por el matrimonio y de disponer de más tiempo para leer las palabras de Dios, asistir a las reuniones y hacer tus devociones espirituales. Eres completamente libre, sin tener que actuar de una determinada manera en función del estado de ánimo de nadie más, sin tener que escuchar ya las burlas de nadie ni que preocuparte por el estado de ánimo ni los sentimientos de nadie. ¡Es genial llevar vida de soltero! Ya no eres esclavo de tu matrimonio, puedes salir de ese entorno en el que estabas esclavizado por los demás y tenías diversas responsabilidades que cumplir hacia ellos, puedes ser un auténtico ser creado, uno bajo el dominio del Creador, y realizar el deber que te corresponde como tal, hacer esta única cosa. ¡Qué maravilloso es esto! Nunca más tienes que discutir, inquietarte, alborotarte, soportar, sufrir agravios o enfadarte por asuntos matrimoniales; ya no tienes que vivir en ese entorno terrible y en esas situaciones complicadas. Mira qué genial es esto; son todas cosas buenas, y todo lo demás se acomoda una vez que esto se arregla. Cuando uno se presenta ante el Creador, habla y actúa según las palabras de Dios y de acuerdo con los principios-verdad. Ya no hay más de esas disputas y enredos desordenados, y puede estar tranquilo de corazón. Son todas cosas buenas. Pero es una lástima que algunas personas todavía estén dispuestas a ser esclavas en un entorno matrimonial tan terrible y no se hayan liberado. De todos modos, incluso si estas personas no terminan sus matrimonios, todavía espero que al menos no sean esclavas de ellos. No importa quién sea tu cónyuge, no importa qué tipo de humanidad posea, cuán alto sea su estatus o cuán capaz sea, aun así no es tu amo; es tu pareja, tu par. No es más noble que tú, y tú no vales menos que él. Si no es capaz de cumplir con sus responsabilidades matrimoniales, entonces estás en tu derecho de reprenderlo, y estás obligado a frenarlo. No pienses que es demasiado formidable ni temas que se canse de ti y te abandone, y en consecuencia te rebajes, permitas que te pisotee y cedas voluntariamente convirtiéndote en un esclavo de él y de tu matrimonio para poder sostener la unión. Esto no es apropiado. No es así como uno debe comportarse ni son estas las responsabilidades que uno debe cumplir dentro del marco del matrimonio. Dios no te pide que seas un esclavo ni tampoco que seas un amo. Lo único que te pide es que cumplas con tus responsabilidades, y es por ello que has de entender de manera correcta cuáles son las que debes cumplir en el matrimonio, y también se te requiere que entiendas correctamente y observes con claridad el rol que desempeñas en este. Si ese rol está distorsionado y no se ajusta a la humanidad o a lo que Dios ha ordenado, debes reflexionar sobre ti mismo y examinarte, a la vez que buscar la manera de salir de ese estado. Si tu pareja no cumple con sus responsabilidades matrimoniales y te trata como a un esclavo, puedes reprenderla; si reprender a tu cónyuge conllevaría consecuencias desagradables, debes tomar una decisión más prudente y adecuada.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)
Cuando las personas se casan, todas se sienten afortunadas y felices. Al mismo tiempo, la mayoría de la gente cree que el matrimonio es un símbolo de la felicidad que les deparará su vida futura y, por supuesto, también ven el matrimonio como el destino que persiguen en esta vida. ¿Qué significa esto? Significa que la mayoría de las personas, después de casarse, creen que su matrimonio es su destino, su lugar de descanso. Atan sus perspectivas, su futuro y su felicidad a su matrimonio y a su cónyuge. Por tanto, después de casarse, piensan que no tienen nada más que buscar y nada más de qué preocuparse. Esto se debe a que consideran que ya han encontrado su destino, y este lo conforman tanto su pareja como el hogar que construyen junto a esa persona. Al haber encontrado su destino, ya no necesitan perseguir ni esperar nada. […] cuando alguien contrae matrimonio y toma ese matrimonio como su destino, mientras que considera el establecimiento de una perspectiva correcta sobre la vida, el caminar por la senda correcta en la vida y el cumplimiento de su deber para satisfacer los requerimientos de Dios como algo extra e incidental, entonces la opinión de que “el matrimonio es tu destino” se convierte sin querer en un escollo y una traba para su búsqueda de la salvación, así como en un obstáculo para que camine por la senda correcta en la vida. Esto se debe a que cuando las personas consideran a su pareja como su destino y su porvenir en esta vida, creen que las alegrías y las penas de su pareja, su fortuna y su infortunio, están relacionados con ellas mismas, y toman su propia fortuna e infortunio, sus propias alegrías y penas, como si estuvieran ligados a su pareja, con lo cual llegan a creer que su vida y su muerte, su felicidad y su alegría, están todas unidas. Por lo tanto, para estas personas, la idea en la que creen de que “el matrimonio es tu destino” las hace muy lentas y pasivas en su búsqueda de la senda correcta de la vida, de las cosas positivas y de ser salvadas. Es decir, aunque algunas personas han llegado a creer en Dios y a seguirlo, si su pareja persigue el mundo, entonces inevitablemente se verán influenciadas por ella, y no les será fácil embarcarse en la senda de perseguir la verdad. […] Esto se debe a que, en su corazón, su marido es su alma, su vida; más aún, es su mundo entero, su todo. El marido que ella lleva en su corazón es quien más la ama, y ella es quien más ama a su marido. Le preocupa que su marido se oponga a su fe en Dios y a menudo se inquieta por ello. Aunque también desea hacer su deber en la casa de Dios, cuando se la necesita para ir a hacer su deber lejos de casa, siente dolor al pensar en estar fuera de casa durante mucho tiempo. Le preocupa que, si se va, su marido no tendrá a nadie que lo cuide, y ella estará pensando en él y echándolo de menos. Incluso siente que no puede vivir sin él a su lado, que perderá la esperanza y la dirección en la vida, y que no podrá hacer su deber de todo corazón. De solo pensar en ello ahora le duele el corazón, por no hablar de si realmente sucediera. Por eso, nunca se atreve a proponer la idea de ir a otro lugar a hacer su deber, y nunca se atreve a aceptar cuando el trabajo de la iglesia requiere que viaje. Solo hace cosas como entregar mensajes para los hermanos y hermanas o acogerlos ocasionalmente para las reuniones, pero nunca se atreve a separarse de su marido ni siquiera por unos días. […] Estas personas siempre sienten en su corazón que, mientras puedan ver a su pareja, tomar su mano y vivir juntos, tendrán a alguien en quien confiar durante toda su vida, como si hubieran tomado una píldora que les tranquiliza la mente. Piensan que nunca tendrán que preocuparse por la comida o la ropa y que vivirán sin preocupaciones toda su vida; sienten que su pareja es su destino. Los no creyentes tienen un dicho que reza: “Si te tengo en esta vida, ¿qué más podría pedir?”. Así es como estas personas se sienten hacia su matrimonio y su pareja en lo más íntimo de su corazón; se sienten felices cuando su pareja está feliz, tristes cuando su pareja está triste, y sufren cuando su pareja sufre. Si su pareja muere, ellas tampoco quieren seguir viviendo. Y si su pareja se enamora de otra persona, ¿qué hacen? (No pueden seguir viviendo). Algunas se suicidan y otras se trastornan, pierden la cabeza. Algunas mujeres creen que su marido es su destino en esta vida y que, una vez que han encontrado a un hombre así, nunca más amarán a nadie: “Si lo tengo a él en esta vida, ¿qué más podría pedir?”. Pero el afecto de su marido cambia y la abandona, y ella entonces empieza a odiar a todos los hombres. Cuando ve a un hombre, lo escupe, lo insulta e incluso quiere pegarle. Desarrolla tendencias violentas y muestra una razón anormal. Y hay algunas personas así que se trastornan. Estas son las consecuencias cuando la gente no entiende correctamente el matrimonio.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)
¿Cómo debes afrontar el hecho de que tu cónyuge te haya sido infiel? No deberías gritar ni montar una escena, ni tampoco deberías ponerte histérico y revolcarte por el suelo. Deberías entender que cuando esto sucede, no significa que el cielo se haya caído ni que tu sueño de conseguir el destino que querías se haya destruido, y por supuesto no significa que tu matrimonio haya fracasado o vaya a romperse y terminar. Es solo que, como todos tienen actitudes corruptas, y como las personas están influenciadas por las tendencias malvadas y el clima social del mundo y no están en absoluto preparadas para defenderse de estas tendencias, inevitablemente cometen errores, engañan y son infieles en sus matrimonios. Si miras el problema desde esta perspectiva, no es para tanto, porque cada familia matrimonial está influenciada por el entorno más amplio del mundo y por las tendencias malvadas y el clima de la sociedad; problemas como este son difíciles de evitar. Además, dado que las personas tienen deseos sexuales de la carne —y especialmente porque la influencia de las tendencias pornográficas de la sociedad malvada les dificulta aferrarse a los principios y al límite moral que deberían mantener—, su satisfacción del deseo sexual está fuera de su control. El deseo sexual en sí mismo no es corrupto, pero como las personas tienen actitudes corruptas, además del hecho de que son tentadas por su entorno, cometen errores fácilmente en los asuntos entre hombres y mujeres; esto es algo que la gente debería entender con claridad. Nadie con actitudes corruptas puede resistir la tentación o la seducción en el entorno más amplio de una sociedad llena de perversidad y pornografía. El deseo sexual de las personas puede encenderse en cualquier momento y en cualquier lugar, y las personas pueden cometer infidelidades en cualquier momento y en cualquier lugar. Esto no se debe a que haya un problema con el deseo sexual en sí, sino a que, al tener actitudes corruptas, las personas no pueden superar la tentación e incluso pueden usar sus deseos sexuales para hacer cosas que vulneran la moral y la ética y les hacen perder su integridad, como cometer infidelidades, tener aventuras extramatrimoniales, tener amantes y otras cosas vergonzosas por el estilo. Por tanto, como alguien que cree en Dios, si puedes considerar estas cosas correctamente, entonces deberías manejarlas con racionalidad. Tú eres un ser humano corrupto, y tu marido (o mujer) también lo es, así que no debes exigir que, solo porque tú puedas permanecer fiel a tu matrimonio, él también deba permanecer fiel y nunca pueda ser de otra manera. Cuando sucede algo así, debes afrontarlo de la manera correcta. ¿Por qué? Porque tales circunstancias y tentaciones pueden llegarle a todo el mundo. No importa cuán de cerca vigiles a tu cónyuge, no puedes evitar que tales cosas sucedan, porque todos tienen actitudes corruptas y, al vivir en un entorno social tan malvado, muy pocas personas no cometen actos licenciosos. Incluso si algunas personas no lo han hecho, es solo porque su situación o sus condiciones no se lo han permitido. Los humanos no son mucho mejores que las bestias; las reacciones de las bestias se reducen a un mero instinto físico, pero los humanos no son así: pueden cometer actos licenciosos y hacer cosas depravadas voluntariamente. Por tanto, la humanidad corrupta es de lo más propensa a cometer actos licenciosos. Así, en el entorno más amplio de esta sociedad malvada, casi todo el mundo es capaz de hacer cosas feas y transgresoras. Este es un hecho indiscutible, y es una cuestión que no se puede evitar. Entonces, dado que este tipo de cosas puede sucederle a cualquiera, ¿por qué no permites que le suceda a tu marido (o mujer)? En realidad, es algo muy normal. Es solo porque estás emocionalmente enredada con él que, cuando te abandonan, no puedes superarlo y no puedes soportarlo. Si algo así le sucediera a otra persona, podrías pensar que es normal, y que la sociedad es así de malvada hoy en día. ¿Cómo dice ese dicho de los no creyentes? (Tener un hogar estable mientras tienes aventuras fuera). Este es un dicho popular, y un tipo de situación común, nacido de las tendencias malvadas del mundo. La gente piensa que esto es algo de lo que un hombre puede presumir y que, si no tiene una amante fuera de casa, significa que no tiene éxito ni capacidad, y la gente lo menospreciará. Este es el estado actual de la sociedad. Cuando algunas mujeres descubren que su marido tiene una aventura, les da un ataque de histeria, se revuelcan por el suelo, lloran y montan una escena, o incluso intentan ahorcarse; algunas incluso se enfadan tanto que se trastornan. Esto está relacionado con la actitud de tal mujer hacia el matrimonio, y por supuesto también está directamente ligado a su opinión de que “su cónyuge es su destino”. Piensa que el hecho de que su marido destroce su matrimonio equivale a destruir sus esperanzas y hermosos deseos para su destino en esta vida. Debido a que él la abandonó y rompió sus votos matrimoniales, su hermoso sueño se ha convertido en una pesadilla, lo que la lleva a estos comportamientos extremos. Si aceptas el entendimiento correcto del matrimonio de parte de Dios, entonces te comportarás de manera algo más racional. Cualquier persona que se enfrente a algo así se sentirá herida, llorará y sufrirá. Sin embargo, cuando te calmes y reflexiones sobre el entorno social más amplio, y luego leas las palabras de Dios y busques la verdad, verás que todos tienen actitudes corruptas y son propensos a cometer errores en asuntos entre hombres y mujeres. Entonces manejarás la cuestión con calma, racionalidad y corrección. No te aferrarás a ello implacablemente, sino que serás capaz de aquietar tu corazón ante Dios y ya no serás exigente en lo que respecta a tu matrimonio; serás capaz de desprenderte de él. ¿Qué significa “desprenderte de él”? Significa que, dado que él ya ha sido infiel a tu matrimonio, debes aceptar este hecho; siéntate con él y habla, pregúntale cuáles son sus planes y cómo viviréis vuestras vidas en adelante, si continuaréis manteniendo el matrimonio intacto o lo terminaréis y viviréis vidas separadas. Comunicaos con calma; no hay necesidad de pelear o montar una escena. Si tu marido insiste en terminar el matrimonio, no pasa nada. Los no creyentes a menudo dicen: “Hay muchos peces en el mar” y “Los unicornios son difíciles de encontrar, pero la gente abunda”. ¿Y cuál es ese otro dicho? “No renuncies a un bosque entero por un solo árbol”. ¿Son correctos estos dichos? Estos son algunos de los dichos que los no creyentes usan para consolarse. ¿Tienen algo que ver con la verdad? (No). Entonces, ¿cuáles son los pensamientos y puntos de vista correctos con respecto a este asunto? Cuando te encuentres con algo así, en primer lugar, no debes ser impulsiva, e incluso si te enfadas, debes soportarlo. Cálmate y habla con él; pregúntale qué planea hacer. Si tiene la intención de seguir intentándolo contigo, entonces di: “Ya que quieres seguir intentándolo, basta de coquetear; cumple tus responsabilidades como marido, y daremos este asunto por zanjado aquí. Si no eres capaz de eso, romperemos y separaremos nuestros caminos. Puede que Dios haya ordenado que nuestro matrimonio acabe aquí. Si es así, estoy dispuesta a someterme a lo que Él ha dispuesto. Puedes seguir el camino ancho; yo seguiré la senda de la fe en Dios y no nos afectaremos el uno al otro. Yo no te obstaculizaré y tú no deberías limitarme. Mi suerte no depende de ti y tú no eres mi destino. Dios decide por mí ambas cosas. Cualquiera que sea la parada que finalmente se convierta en mi última en esta vida —la llegada de mi destino—, Dios lo sabe; todo está dentro de la soberanía de Dios, y estoy dispuesta a someterme a Sus orquestaciones y arreglos. En cualquier caso, si no quieres seguir casado conmigo, separémonos en paz. Puedo seguir viviendo sin ti, y viviré bien. Las aves del cielo no siembran ni siegan, pero Dios no las deja morir de hambre; mucho menos a mí, una persona viva. Tengo dos brazos y dos piernas, y puedo mantenerme, así que no necesitas preocuparte. Si Dios ha ordenado que esté sola el resto de mis días sin ti a mi lado, estoy dispuesta a someterme y a aceptar ese hecho sin quejarme”. ¿Acaso no es bueno afrontar así la situación? (Sí). Es estupendo, ¿verdad? No hace falta discutir ni pelearse, y mucho menos hacer alboroto al respecto y que todo el mundo se acabe enterando; no es necesario hacer nada de eso. Tu matrimonio es entre tú y tu marido. Si surge algún conflicto entre vosotros, los dos debéis resolverlo y afrontar las consecuencias. Como alguien que cree en Dios, debes someterte a Sus instrumentaciones y arreglos sin que importe el desenlace. Por supuesto, en lo que respecta al matrimonio, no importan las fisuras que aparezcan o qué consecuencias se produzcan, tanto si este continúa como si no, y ya te embarques en una nueva vida en tu unión conyugal o esta termine en ese preciso instante, tu matrimonio no es tu destino, como tampoco lo es tu cónyuge. Apareció en tu vida y tu existencia simplemente porque Dios lo ordenó y para desempeñar el rol de compañero en tu camino por la vida. Si te puede acompañar hasta el final del camino y llegar hasta allí contigo, entonces no existe nada mejor que eso, y deberías agradecerle a Dios por Su gracia. Si aparece un problema durante el matrimonio, si surgen fisuras o algo que no te guste y al final la relación llega a su fin, no significa que ya no tengas un destino, que tu vida se haya sumido en la oscuridad o que no haya luz ni tengas futuro. Puede que el fin del matrimonio suponga el comienzo de una vida más maravillosa. Todo está en manos de Dios, y Él se encarga de instrumentarlo y arreglarlo. Es posible que el fin de tu matrimonio te aporte una mayor comprensión y apreciación de este, un entendimiento más profundo. Desde luego, podría convertirse en un importante punto de inflexión para tus objetivos vitales, el rumbo de tu vida y la senda por la que caminas. En lugar de dejarte recuerdos sombríos y dolorosos o experiencias y resultados negativos, puede aportarte experiencias positivas que no podrías haber tenido si siguieras casado. Si tu matrimonio continuara, tal vez vivirías para siempre esa vida insípida, mediocre y deslucida hasta el fin de tus días. El hecho de que la relación se rompa y termine no es necesariamente algo malo para ti. Antes te limitaban la felicidad y las responsabilidades de tu matrimonio, así como estar pendiente de tu cónyuge, de atenderlo, tenerlo en consideración, cuidarlo y preocuparte por él, entre otras emociones o formas de vivir. Sin embargo, a partir del día en que termina tu matrimonio, todas las condiciones presentes en tu vida, tus objetivos de vida y tus búsquedas vitales experimentan una transformación profunda y completa, y hay que precisar que esta se produce a raíz del fin de tu relación. Es posible que Dios quiera que obtengas ese resultado, ese cambio y esa transición mediante el matrimonio que ha ordenado para ti, y tal es la intención de Dios al guiarte a poner fin a este. Aunque te hayan herido y hayas tomado algunos desvíos, y a pesar de que hayas tenido que hacer algunos sacrificios y concesiones innecesarios dentro del marco del matrimonio, lo que al final recibes no se puede obtener en la vida conyugal. Por lo tanto, sea cual sea el caso, el pensamiento y la opinión de que “el matrimonio es tu destino” es algo de lo que la gente debería desprenderse. Ya sea que tu matrimonio continúe o se enfrente a una crisis, esté a punto de disolverse o ya haya terminado —sea cual sea la situación—, el matrimonio no es el destino de una persona. Esto es algo que la gente debería entender.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)
Dios solo te ha otorgado una vida estable y una pareja para que puedas vivir mejor y tener a alguien que te cuide y esté a tu lado, no para que te olvides de Él y de Sus palabras o abandones tu obligación de hacer tu deber y tu objetivo de vida de perseguir la salvación una vez que tengas cónyuge, y luego vivas para este. Si de veras obras de ese modo, si realmente vives así, espero que cambies de rumbo lo antes posible. Da igual lo importante que sea alguien para ti o lo importante que sea esa persona en tu vida, tu existencia o incluso tu senda de vida; no es tu destino, porque solo es una persona corrupta. Dios ha dispuesto para ti a tu cónyuge actual, y puedes vivir junto a él. Si Dios dispusiera para ti a otro, podrías vivir igual de bien. Por lo tanto, tu cónyuge actual no es único ni inigualable, y tampoco es tu destino. Dios es el Único al que se puede encomendar tu destino y también el de la humanidad. Aún puedes sobrevivir y vivir si dejas a tus padres y, por supuesto, vivir igual de bien si dejas a tu pareja. Tus padres no son tu destino, ni tampoco lo es tu pareja. No olvides lo más importante de la vida, el asunto de que Dios te encargue que hagas tu deber, solo porque tienes un matrimonio, una pareja: un lugar donde descansen tu corazón y tu carne. Si olvidas a Dios, si olvidas lo que Él te ha encomendado hacer, el deber que debe realizar un ser creado y cuál es tu identidad, habrás perdido toda conciencia y razón. Con independencia de cómo sea ahora tu vida, hayas contraído matrimonio o no, tu identidad ante el Creador nunca cambiará. Nadie puede ser tu destino y no hay nadie a quien puedas encomendarte. Solo Dios puede proporcionarte un destino apropiado. Él es el Único al que se le encomienda la supervivencia de la humanidad, y esto siempre será así.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (11)
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