34. Qué es la sumisión a Dios
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
El hombre fue creado por Dios y debe adorarlo, pero en realidad le dio la espalda y, en cambio, adoró a Satanás. Satanás se convirtió en el ídolo de su corazón. De esta manera, Dios perdió Su lugar en el corazón del hombre, lo que quiere decir que se perdió el significado de Su creación del hombre. Por tanto, para restaurar el significado que hay detrás de Su creación del hombre, Él debe restaurar su semejanza original y librarlo de sus actitudes corruptas. Para rescatar al hombre de Satanás, debe salvarlo del pecado. Solo de esta manera puede Dios restaurar poco a poco su semejanza y función originales, y al final restaurar Su reino. La destrucción total de esos hijos de la rebelión al final también será en aras de permitir al hombre adorar mejor a Dios y vivir mejor sobre la tierra. Puesto que Dios creó a los humanos, Él hará que lo adoren; como desea restaurar la función original del hombre, la va a restaurar por completo y sin ninguna adulteración. Restaurar Su autoridad quiere decir hacer que el hombre lo adore y se someta a Él; quiere decir que va a hacer que el hombre viva por Él y que Sus enemigos sean destruidos debido a Su autoridad. Quiere decir que Dios hará que todo lo Suyo continúe entre los humanos sin resistencia por parte de nadie. El reino que Dios anhela establecer es Su propio reino. La especie humana que Él desea es una que lo adore, que se someta a Él por completo y que posea Su gloria. Si Dios no salvara a la especie humana corrupta, el significado de Su creación del hombre se perdería; no tendría más autoridad entre los humanos y Su reino ya no sería capaz de existir en la tierra. Si Dios no destruyera a esos enemigos que son rebeldes contra Él, no podría obtener Su gloria plena ni tampoco podría establecer Su reino sobre la tierra. Destruir completamente a aquellos entre la especie humana que son rebeldes contra Él y llevar al reposo a los que han sido hechos completos: estas serán las señales de la terminación de Su obra y de Su gran logro. Cuando los humanos hayan sido restaurados a su semejanza original y cuando puedan cumplir sus deberes respectivos, permanecer en su sitio adecuado y someterse a todos los arreglos de Dios, Él habrá ganado un grupo de personas sobre la tierra que lo adoren y también habrá establecido un reino sobre la tierra que lo adore.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo
Creer en Dios requiere la sumisión a Él. ¿No es esto crucial? ¿Por qué es tan importante la verdad de someterse a Dios? La sumisión a Dios es la responsabilidad, el instinto y la tarea principal de un ser creado. Si careces de este instinto, de este concepto, de esta comprensión y ni siquiera captas la verdad de someterse a Dios, que es lo mínimo que una persona debería poseer en su fe en Él, cuando afirmas entender muchas verdades, ¿no se trata solo de palabras huecas? Todo es charla vacía. Si no sabes cómo hablar ante Dios ni cómo actuar de manera que satisfaga al Creador ni sabes qué acciones se corresponden con temer a Dios y evitar el mal, no son grandes problemas; pero si no sabes que deberías someterte a Dios, ¿acaso no has perdido el instinto de un ser humano? De hecho, esto significa perder el instinto de un ser humano y el valor que debería tener una persona. Ni siquiera conoces lo que es más relevante para la vida del ser humano, su tarea principal; ¡eso es lamentable! Habéis creído en Dios durante al menos tres a cinco años, y aún no entendéis la manera en la que debéis someteros a Él como creyentes en Dios. Es sumamente peligroso. Hace que sea muy fácil resistirse a Dios y traicionarlo. Adán y Eva no sabían someterse a Dios. Cuando Dios les dijo que no comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, ¿qué pensaron?: “Dios ordenó no comerlo, pero ¿por qué no? Dios no explicó la razón. Bien, si Él dice que no se coma, entonces no me lo comeré y ya está”. No se lo tomaron en serio, trataron las palabras de Dios con una actitud de desprecio, descartándolas como si fueran insignificantes. ¿Qué dijo Satanás cuando los desorientó? (“¿Conque Dios os ha dicho: ‘No comeréis de ningún árbol del huerto?’” [Génesis 3:1]). (“No es que necesariamente moriréis, porque dios sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos se abrirán y seréis como dios, y conoceréis lo bueno y lo malo” [Génesis 3:4-5]).* ¿Qué quiso decir Satanás con estas palabras? “Dios ordenó no comer ese fruto. Sin embargo, ¿qué pasará si lo haces? No es seguro que vayas a morir”. Si Adán y Eva hubieran estado seguros de las palabras de Dios y se hubieran sometido a ellas por completo, ¿podrían haber caído en la trampa de Satanás? (No). Pero en sus corazones carecían del concepto de someterse a Dios. No entendían que los seres humanos debían someterse a Dios. En su interior no poseían el siguiente entendimiento: “Dios ordenó no comerlo, así que, sin importar quién me diga que lo haga, no lo haré. Debo atenerme a las palabras de Dios. No sé la razón exacta de por qué Dios lo prohibió y, dado que no lo he probado, no sé si comerlo realmente causa la muerte. Sin embargo, con independencia de que comer pueda causar la muerte o no, debo cumplir lo que Dios requiere de mí”. Adán y Eva no acataron las palabras de Dios, así que sucumbieron a la tentación de la serpiente, traicionaron a Dios y cayeron en la depravación. ¿Es importante la sumisión a Dios? (Sí). Para lograrla, en realidad no es necesario que entiendas muchas verdades ni necesitas entender la verdad muy profundamente. Siempre y cuando tengas un corazón temeroso de Dios y sepas cómo someterte a Él, puedes someterte a Él. Aunque no entiendas del todo cómo ni hasta qué punto ciertos comportamientos pueden afectar tu desenlace, no tiene importancia. Pero al menos debes poseer razón y un corazón y una actitud de sumisión. Esto es lo que tu humanidad debería tener. Es decir, debes saber quién eres y quién es Dios, has de saber que eres un ser creado y que Dios es el Creador, así como cuál es la diferencia entre tu identidad y estatus y la identidad y el estatus de Dios. También deberías saber qué deberías hacer y cuál es tu tarea principal. Si afirmas: “Mi tarea principal es obedecer las palabras de Dios; las ovejas de Dios escuchan Su voz y todo lo que Dios me pida, lo haré”, esto es una actitud de sumisión. Si dices: “Mi tarea principal es obedecer las palabras de Dios”, pero tras escucharlas comienzas a reflexionar: “¿Qué quiere decir Dios con esto? ¿Qué beneficios me traerá?”; si siempre tienes en cuenta tus propios intereses, esto está mal. ¿Dónde está el error? (En escrutar y dudar de las palabras de Dios). Esto significa que estás asumiendo la posición equivocada. El escrutinio de las palabras de Dios surge debido a las actitudes corruptas de las personas y su falta de comprensión acerca de la verdad. Ahora bien, ¿qué hace que uno asuma la posición equivocada? (Una falta de sumisión en la persona). Si no entiendes qué significa someterse, no entiendes la verdad y careces de razón, tenderás a asumir la posición equivocada, desearás siempre estar de igual a igual con Dios y no querrás asumir la posición de un ser creado ni asentarte para hacer tu propio deber. Por eso la sumisión es crucial; es fundamental la manera en que la percibes y la comprendes. Dios ha expresado muchas verdades, pero la gente debe entender cuál es la verdad más elevada, que consiste en que, como seres creados, deben someterse absolutamente a las orquestaciones y los arreglos del Creador. Es perfectamente natural y justificado que los seres creados se sometan al Creador y es precisamente lo que deberían hacer. Esta verdad permanecerá inmutable por toda la eternidad, sin importar el tiempo, el lugar, el año ni el mes, ni cualquier espacio o entorno geográfico. Incluso si este mundo y esta especie humana perecieran y con ellos todas las cosas, el enunciado “los seres creados deben someterse al Creador” no puede cambiar jamás. Esto es algo que tu racionalidad debería poseer; es la primera verdad que deberías poseer como creyente en Dios.
La enseñanza de Dios
Ya que crees en Dios, debes poner tu fe en todas Sus palabras y en toda Su obra. Es decir, dado que crees en Dios, debes someterte a Él. Si no puedes hacerlo, entonces da igual si crees o no. Si has creído en Él muchos años, pero nunca te has sometido a Él y no aceptas todas Sus palabras y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así someterse a la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente se niegan a doblegarse ante Dios y se le resisten. Ellos son Sus enemigos, los anticristos. Siempre albergan una actitud de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima tendencia a someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ante los demás, son los más engreídos y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, se consideran los mejores para predicar “sermones” y los más hábiles para hacer obra en los demás. Nunca se desprenden de los “tesoros” que poseen; en cambio, los tratan como herencias familiares que se adoran y sobre los que se predica a los demás, y los usan para sermonear a esos tontos que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de este tipo en la iglesia. Se puede decir que son “una dinastía de héroes indómitos”, que residen temporalmente en la casa de Dios generación tras generación. Consideran que predicar “sermones” (doctrinas) es su deber supremo. Año tras año y generación tras generación, llevan a cabo con rigor su deber “sagrado e inviolable”. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y campan a sus anchas mientras tiranizan a los demás, era tras era. Este hatajo de demonios malvados busca unirse para derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes se someten a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de sumisión en su corazón! El hombre no obtiene fácilmente la obra de Dios. Aun si usa toda la fuerza que tiene, el hombre solo puede obtener una porción, lo que, al final, le permite ser hecho perfecto. ¿Qué sucede, entonces, con los descendientes del arcángel que buscan destruir la obra de Dios? ¿No tienen acaso menos esperanza de ser ganados por Dios? Mi propósito al llevar a cabo la obra de conquista no es exclusivamente conquistar por el simple hecho de conquistar, sino conquistar para revelar la justicia y la injusticia, para obtener pruebas para el castigo del hombre, para condenar al malvado y, tanto más, conquistar para perfeccionar a aquellos que se someten intencionadamente. Al final, todos serán ordenados según su clase y los pensamientos e ideas de aquellos que serán perfeccionados estarán llenos de sumisión. Esta es la obra que, al final, se llevará a cabo. Mientras tanto, aquellos repletos de actos de rebeldía serán castigados y arrojados al fuego ardiente y serán objeto de eterna maldición. Cuando llegue ese momento, esa “dinastía de héroes grandes e indómitos” que ha existido a lo largo de las eras se transformará en “la dinastía de cobardes débiles e impotentes” más ruin y más rechazada. Solo esto puede revelar toda la justicia de Dios y Su carácter que no tolera ofensa por parte del hombre y solo esto puede aplacar el odio de Mi corazón. ¿Acaso no coincidís en que esto es completamente razonable?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que se someten a Dios con un corazón sincero serán sin duda ganados por Él
Mientras Dios está en la carne, la sumisión que Él exige de las personas no implica abstenerse de emitir juicios ni resistirse, como ellas imaginan, sino que Él exige que las personas usen Sus palabras como principio según el que vivir y el fundamento de su existencia, que pongan absolutamente en práctica la esencia de Sus palabras, y que satisfagan absolutamente Sus intenciones. Un aspecto de exigir que las personas se sometan al Dios encarnado se refiere a poner en práctica Sus palabras, mientras que el otro se refiere a ser capaces de someterse a Su normalidad y Su practicidad. Ambos deben ser absolutos. Los que pueden lograr ambos aspectos son todos aquellos que tienen un auténtico corazón amante de Dios. Todas ellas son personas que Dios ha ganado y que lo aman como a su propia vida. El Dios encarnado lleva una humanidad normal y práctica en Su obra. Así pues, Su caparazón exterior de humanidad normal y práctica se convierte en una prueba enorme para las personas, en su mayor dificultad. Sin embargo, la normalidad y la practicidad de Dios no pueden evitarse. Él lo intentó todo para encontrar una solución, pero al final no se pudo librar del caparazón exterior de Su humanidad normal. Esto era porque, después de todo, Él es Dios hecho carne, no el Dios del Espíritu en el cielo. Él no es el Dios que las personas no pueden ver, sino el Dios que lleva el revestimiento de un ser creado. Así, librarse del revestimiento de Su humanidad normal no sería fácil en modo alguno. Por tanto, pase lo que pase, Él sigue haciendo la obra que quiere hacer desde la perspectiva de la carne. Esta obra es la expresión del Dios normal y práctico; ¿cómo podría estar bien, pues, que las personas no se sometieran? ¿Qué pueden hacer acaso las personas respecto a las obras de Dios? Él hace lo que quiere hacer; aquello con lo que Él esté contento es como tiene que ser. Si las personas no se someten, ¿qué otro plan sensato pueden tener? Hasta ahora, solo la sumisión ha podido salvar a las personas; no hay ninguna otra estrategia brillante. Si Dios quiere poner a prueba a las personas, ¿qué pueden hacer ellas al respecto? Sin embargo, nada de esto es el deseo de Dios en el cielo; es el deseo de Dios encarnado. Él quiere hacer esto, por lo que ninguna persona puede cambiarlo. El Dios en el cielo no interfiere con lo que hace Dios encarnado; ¿no debería la gente someterse a Él más incluso? Aunque Él es tanto práctico como normal, es precisamente Dios hecho carne. Él sigue Sus deseos de hacer lo que quiere. El Dios en el cielo le ha asignado todas las tareas a Él; debes someterte a cualquier cosa que Él haga. Aunque Él tiene humanidad y es muy normal, Él ha dispuesto todo esto deliberadamente. Entonces, ¿cómo pueden mirarlo las personas con ojos llenos de desaprobación? Él quiere ser normal, así que es normal. Él quiere vivir en la humanidad, así que vive en la humanidad. Él quiere vivir en la divinidad, así que vive en la divinidad. Las personas pueden verlo como ellas quieran, pero Dios siempre será Dios, y los seres humanos siempre serán seres humanos. Su esencia no puede negarse por algún detalle menor ni se le puede empujar fuera de la “persona” de Dios por una pequeñez. Las personas tienen la libertad de los seres humanos, y Dios posee la dignidad de Dios; estos no interfieren mutuamente. ¿No pueden darle un poco de libertad a Dios las personas? ¿No pueden tolerar que Dios sea un poco más distendido? ¡No seas tan estricto con Dios! Todos deberían ser tolerantes los unos con los otros; ¿no estaría todo solucionado? ¿Seguiría habiendo algún distanciamiento? Si no se puede tolerar una cosa tan trivial, entonces ¿cómo pueden decir algo como: “El corazón de un primer ministro es lo suficientemente grande como para que navegue un barco en él”? ¿Cómo puede ser un hombre verdadero? No es Dios el que les pone las cosas difíciles a las personas, sino que son ellas quienes se las ponen difíciles a Dios. Las personas siempre hacen una montaña de un grano de arena al ocuparse de las cosas. En realidad, ¡crean algo de la nada y eso es algo que no deberían hacer en absoluto! Cuando Dios obra en la humanidad normal y práctica, lo que hace no es la obra del hombre, sino la obra de Dios. Sin embargo, los seres humanos no ven la esencia de Su obra; siempre ven únicamente el caparazón exterior de Su humanidad. No han visto una obra tan grande, pero en su lugar han visto la humanidad normal y corriente de Dios y no se desprenden de ella para nada. ¿Cómo puede denominarse esto someterse a Dios? El Dios en el cielo se ha “convertido” ahora en el Dios en la tierra, y el Dios en la tierra es ahora el Dios en el cielo. No importa si Sus apariencias externas son iguales ni importa cómo sea Su obra exactamente. Al fin y al cabo, quien hace la propia obra de Dios es Dios mismo. Debes someterte quieras o no; ¡esto no es un asunto en el que puedas elegir! A Dios deben someterse los humanos y los humanos deben someterse absolutamente a Dios sin la más mínima pizca de fingimiento.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Aquellos que pueden someterse absolutamente a la practicidad de Dios son quienes lo aman con sinceridad
¿Cuál debería ser la actitud de las personas hacia Dios, el Dios encarnado y la verdad? (Deberíamos escuchar, aceptar y someternos). Exactamente. Debes escuchar, aceptar y someterte. No hay nada más simple que eso. Después de escuchar, debes aceptar en tu corazón. Si eres incapaz de aceptar algo, debes continuar buscando hasta que seas capaz de aceptarlo completamente; luego, apenas lo aceptes, debes someterte. ¿Qué significa someterse? Significa practicar e implementar. No desestimes las cosas después de escucharlas, prometiendo cumplirlas en apariencia, anotándolas, registrándolas por escrito y oyéndolas con tus propios oídos, pero sin tomártelas en serio, sino comportándote como de costumbre, haciendo lo que te viene en gana cuando llega el momento de actuar, dejando lo que escribiste en el olvido y tratándolo como si no tuviera importancia. Eso no es someterse. La verdadera sumisión a las palabras de Dios significa escucharlas y comprenderlas con el corazón y aceptarlas sinceramente, acogiéndolas como una responsabilidad ineludible. No se trata solo de decir que aceptas Sus palabras; más bien, significa aceptarlas desde el corazón, convertir tu aceptación de estas en acciones prácticas e implementarlas sin divergencia alguna. Si todo lo que piensas, lo que haces y el precio que pagas están destinados a satisfacer las exigencias de Dios, eso es implementar Sus palabras. ¿Qué implica la “sumisión”? Implica la práctica y la implementación, para convertir las palabras de Dios en realidad. Si escribes las palabras y las exigencias de Dios en un cuaderno y dejas constancia de ellas sobre el papel, pero no las grabas en tu corazón, y cuando llega el momento de actuar haces lo que quieres, y desde fuera parece que cumpliste lo que Dios pidió, pero lo hiciste según tu propia voluntad, eso no es escuchar, aceptar y someterse a las palabras de Dios. Eso es despreciar la verdad, desacatar con descaro los principios e ignorar los arreglos de la casa de Dios. Es rebelión.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión tres: Cómo obedecieron Noé y Abraham las palabras de Dios y se sometieron a Él (II)
La sumisión a Dios y la sumisión a Su obra son la misma cosa. Los que solo se someten a Dios, pero no a Su obra, no pueden considerarse personas sumisas, mucho menos, aquellos que no se someten sinceramente, sino que son aduladores por fuera. Todos aquellos que se someten verdaderamente a Dios pueden sacar provecho de la obra y alcanzar una comprensión del carácter y la obra de Dios. Solo esas personas se someten con sinceridad a Dios. Tales personas pueden obtener un nuevo conocimiento a través de la nueva obra y experimentar nuevos cambios a través de la nueva obra. Dios solo aprueba a estas personas; solo ellas son perfeccionadas y son aquellas cuyas actitudes han cambiado. Dios aprueba a los que se someten de buen grado a Él, así como a Su palabra y Su obra. Solo tales personas son correctas; solo tales personas desean sinceramente a Dios y lo buscan sinceramente.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que se someten a Dios con un corazón sincero serán sin duda ganados por Él
El elemento clave para someterse a Dios es aceptar la luz más nueva y ser capaz de aceptarla y ponerla en práctica. Solo esto es la verdadera sumisión. Los que no tienen la determinación de anhelar a Dios son incapaces de someterse intencionadamente a Él, y solo se pueden oponer a Dios como resultado de su satisfacción con el estado actual de las cosas. El hombre no puede someterse a Dios porque lo posee lo que vino antes. Las cosas que vinieron antes han producido todo tipo de nociones y diversas imaginaciones acerca de Dios en el hombre, y estas se han convertido en la imagen de dios que tiene en su mente. Por lo tanto, en lo que cree es en sus propias nociones y en los estándares de su propia imaginación. Si mides al Dios que hace una obra práctica a día de hoy con el dios de tu propia imaginación, entonces tu fe proviene de Satanás y se basa en tus propias preferencias; Dios no quiere esta clase de fe. Independientemente de lo elevadas que sean sus cualificaciones e independientemente de su gasto, incluso si han gastado toda una vida de esfuerzo trabajando por Él y han llegado al extremo de martirizarse, Dios no aprueba a nadie que tenga una fe como esta. Él solo les concede un poco de gracia y les permite disfrutarla por un tiempo. Personas como estas no pueden poner en práctica la verdad. El Espíritu Santo no obra en ellas y Dios las descartará una por una. Sean viejos o jóvenes, los que no se someten a Dios en su fe y tienen las intenciones equivocadas son los que se oponen y trastornan; Dios descartará indiscutiblemente a esas personas. Los que no tienen la más mínima sumisión a Dios, que solo reconocen Su nombre y tienen cierta idea de Su cercanía y hermosura, pero que no mantienen el ritmo de los pasos del Espíritu Santo, y no se someten a la obra y las palabras presentes del Espíritu Santo; esas personas viven en medio de la gracia de Dios y Dios no puede ganarlas ni hacerlas perfectas. Dios perfecciona a las personas por medio de su sumisión, por medio de su comer, beber y disfrutar las palabras de Dios y por medio del sufrimiento y refinamiento en sus vidas. Solo por medio de una fe como esta el carácter de las personas puede cambiar, y solo entonces pueden poseer el conocimiento verdadero de Dios. No conformarse con vivir en medio de la gracia de Dios, sino anhelar y buscar activamente la verdad y buscar ser ganados por Dios: esto es lo que quiere decir someterse conscientemente a Dios y esta es precisamente la clase de fe que Él quiere. Las personas que no hacen nada más que disfrutar la gracia de Dios no pueden ser hechas perfectas o cambiadas; solo pueden poseer sumisión, piedad, amor y paciencia superficiales. Las que solo disfrutan la gracia de Dios no pueden conocer a Dios realmente, e incluso cuando conocen a Dios, su conocimiento es superficial, y dicen cosas como “Dios ama al hombre” o “Dios tiene misericordia del hombre”. Esto no representa la vida del hombre y no significa que las personas conozcan verdaderamente a Dios. Si, cuando las palabras de Dios las refinan, o cuando Sus pruebas vienen sobre ellas, las personas no pueden someterse a Dios —si, en cambio, tienen dudas e incluso caen— entonces no son sumisas en lo más mínimo. Dentro de ellas hay muchas reglas y restricciones acerca de la fe en Dios, así como incluso experiencia acumulada que han extraído de muchos años de fe o varios preceptos basados en la Biblia. ¿Podrían personas como estas someterse a Dios? Estas personas están llenas de cosas humanas, ¿cómo podrían someterse a Dios? Su “sumisión” está basada en sus preferencias personales; ¿querría Dios una sumisión como esa? Esto es atenerse a los preceptos, no sumisión a Dios; es satisfacerse y consolarse a uno mismo. Si dices que esto es someterse a Dios, ¿acaso no blasfemas contra Él?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes someterte a Dios al creer en Dios
Si la gente puede desprenderse de las nociones religiosas, entonces no usará su mente para medir las palabras y la obra de Dios del presente, sino que se someterá directamente. A pesar de que hoy en día la obra de Dios es manifiestamente diferente a la del pasado, todavía puedes desprenderte de los puntos de vista del pasado y someterte directamente a la obra de Dios en la actualidad. Si eres capaz de entender que debes asignarle el lugar más destacado a la obra actual de Dios sin importar cómo fue Su obra en el pasado, entonces eres alguien que se ha desprendido de sus nociones, alguien que se somete a Dios, que puede someterse a la obra y las palabras de Dios y seguir Sus huellas. Así, serás una persona que realmente se somete a Dios. No analizas ni examinas Su obra; es como si Dios hubiera olvidado Su obra anterior, y como si tú también la hubieras olvidado. El presente es el presente y el pasado es el pasado, y ya que hoy Dios ha puesto a un lado lo que Él hizo en el pasado, tú no deberías aferrarte a ello. Solo una persona así se somete a Dios completamente y se ha desprendido por completo de sus nociones religiosas.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra presente
La obra que Dios lleva a cabo difiere de una era a otra. Si te sometes bien a la obra de Dios en una fase, pero en la siguiente tu sumisión a Su obra es deficiente o eres incapaz de ser sumiso, entonces Dios te abandonará. Sigues el ritmo de Dios cuando Él da este paso y debes seguir haciéndolo también cuando dé el siguiente. Solo entonces serás alguien sumiso al Espíritu Santo. Ya que crees en Dios, debes permanecer constante en tu sumisión. No puedes simplemente someterte cuando te agrada y negarte a hacerlo cuando no. Dios no aprueba esta clase de sumisión. Si no puedes seguirle el paso a Mi enseñanza de la nueva obra y sigues aferrándote a los viejos dichos, entonces ¿cómo puede haber progreso en tu vida? La obra de Dios consiste en proveerte a través de Sus palabras. Cuando te sometes a Sus palabras y las aceptas, el Espíritu Santo sin duda obrará en ti. El Espíritu Santo obra exactamente como Yo digo. Haced lo que he dicho, y el Espíritu Santo obrará prontamente en ti. Emito nueva luz para que la contempléis, con lo que os conduzco a la luz del presente y, cuando entres en ella, el Espíritu Santo obrará de inmediato en ti. Algunos pueden mostrarse desafiantes y decir: “Sencillamente, no practicaré lo que Tú dices”. En ese caso, te digo que has llegado al final del camino; estás seco y ya no tienes vida. Así pues, al experimentar el cambio de tu carácter, nada es más crucial que seguirle el paso a la luz del presente. El Espíritu Santo no solo obra en ciertas personas a las que Dios usa, sino que, más aún, lo hace en la iglesia. Podría estar obrando en cualquier persona. Él puede obrar en ti en el presente y tú experimentarás esta obra. Durante el siguiente periodo, puede obrar en otra persona, en cuyo caso, debes darte prisa en seguirlo; cuanto más de cerca sigas la luz del presente, más podrá crecer tu vida. No importa qué clase de persona sea alguien, si el Espíritu Santo obra en ella, debes seguirla. En el transcurso de tus propias experiencias, experimenta realmente lo que esa persona experimentó y recibirás cosas incluso más elevadas. Por medio de este tipo de práctica, progresarás con mayor rapidez. Esta es la senda de la perfección para el hombre y una manera mediante la cual la vida crece.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que se someten a Dios con un corazón sincero serán sin duda ganados por Él
A la hora de determinar si las personas pueden someterse a Dios o no, el aspecto clave es si tienen deseos extravagantes o motivaciones ocultas hacia Él. Si las personas siempre están haciéndole exigencias a Dios, eso demuestra que no le son sumisas. Sin importar lo que te suceda, si no lo aceptas de parte de Dios y no buscas la verdad, y si siempre razonas a tu favor y sientes que solo tú tienes la razón, y si incluso eres capaz de dudar de que Dios es la verdad y la justicia, entonces tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y más rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios no puede someterse de veras a Él. Si le haces exigencias a Dios, esto prueba que estás intentando hacer un trato con Él, que estás eligiendo tu propia voluntad y actuando conforme a ella. Esto es traicionar a Dios y estar desprovisto de sumisión. Ponerle exigencias a Dios es, en sí mismo, estar desprovisto de razón; si creyeras de verdad que Él es Dios, no te atreverías a ponerle exigencias —algo para lo cual de todos modos no estás cualificado—, ya sean razonables o no. Si de verdad crees en Dios y crees que Él es Dios, únicamente lo adorarás y te someterás a Él: no hay otra opción. La gente de hoy no se limita a tomar sus propias decisiones, sino que incluso le pide a Dios que actúe según su propia voluntad. No solo eligen no someterse a Dios, sino que incluso le piden a Dios que se someta a ellos. ¿No es esto totalmente carente de razón? Por lo tanto, si no hay verdadera fe dentro de una persona ni convicción sustancial, nunca podrá obtener la aprobación de Dios. Cuando la gente es capaz de ponerle menos exigencias a Dios, tiene más fe y sumisión verdaderas y su razón es relativamente normal.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
Cuando hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios solo le había dado un mandato y le había dado instrucciones sobre lo que debía hacer, sin brindar mucha explicación, y Noé siguió adelante y lo hizo. No intentó especular secretamente cuáles eran los deseos de Dios, no se resistió a Él y se entregó de todo corazón en su devoción. Solo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le hizo hacer; someterse a Él y escuchar Su palabra fue la creencia que sostuvo sus acciones. Así fue como trató la comisión de Dios de forma directa y simple. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la sumisión, no tener dudas, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, Noé no preguntó cuándo lo haría ni intentó indagar con mayor profundidad, y mucho menos le preguntó a Dios cómo iba a destruir el mundo exactamente. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Como fuera que Dios le ordenara construir el arca —y con qué materiales—, así es como lo hizo, y se puso a actuar en cuanto Dios se lo ordenó. Actuó de acuerdo con las instrucciones de Dios con la actitud de querer satisfacerlo. ¿Lo hacía para ayudarse a sí mismo a evitar el desastre? No. ¿Le preguntó a Dios cuánto faltaba para que el mundo fuese destruido? No. ¿Le preguntó a Dios o acaso sabía cuánto tardaría en construir el arca? Tampoco lo sabía. Simplemente se sometió, escuchó y actuó en consecuencia.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I
Cuando Dios desea instrumentar a alguien, a menudo esta instrumentación no concuerda con las nociones del hombre y le resulta incomprensible; sin embargo, son precisamente esta falta de concordancia y esta incomprensibilidad las que son la prueba y el examen de Dios para el hombre. Abraham, por su parte, fue capaz de demostrar sumisión a Dios, lo cual era la condición más fundamental para que él pudiera satisfacer Su requerimiento. Solo entonces, cuando Abraham fue capaz de someterse al requerimiento de Dios al ofrendar a Isaac, Él se sintió verdaderamente tranquilo con la humanidad y la reconoció de verdad, es decir, a Abraham, a quien Él había elegido. Solo entonces estuvo Dios seguro de que esta persona a la que había elegido era un líder indispensable que podía cargar con Su promesa y Su posterior plan de gestión. Aunque no fue más que una prueba y un examen, Dios se sintió complacido, sintió el amor del hombre por Él y se sintió consolado por este como nunca antes. En el momento en que Abraham levantó su cuchillo para matar a Isaac, ¿lo detuvo Dios? Dios no dejó que Abraham sacrificara a Isaac, pues simplemente no tenía intención de quitarle la vida. Por tanto, Dios detuvo a Abraham justo a tiempo. Para Dios, la sumisión de Abraham ya había aprobado el examen, lo que hizo fue suficiente, y Dios ya había visto el desenlace de lo que pretendía hacer. ¿Fue satisfactorio este desenlace para Dios? Se puede decir que este desenlace fue satisfactorio para Dios, que era lo que Él quería y lo que había anhelado ver. ¿Es cierto esto? Aunque, en diferentes contextos, Dios usa distintas maneras de examinar a cada persona, en Abraham Dios vio lo que quería; vio que el corazón de Abraham era verdadero y que su sumisión era incondicional. Era precisamente este “incondicional” lo que Dios deseaba.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
Entonces, ¿hasta qué punto Dios obró en Pedro para hacer que se diera cuenta de que las personas deben practicar la sumisión? Antes mencionamos algo que dijo Pedro. ¿Sabéis qué era? (“Si Dios me tratara como a un juguete, ¿cómo no iba a estar listo y dispuesto?”). Correcto, eso mismo. En el proceso de experimentar la obra y la guía de Dios, sin darse cuenta, Pedro desarrolló este sentimiento: “¿No trata Dios a las personas como si fueran juguetes?”. Pero el motivo detrás de las acciones de Dios de ninguna manera es tratarlas como si fueran juguetes. Cuando evalúa este tema, la gente confía en su perspectiva, razonamiento y conocimiento humanos, y siente que Dios juega con las personas de manera casual, como si fuesen juguetes. Un día dice que hacer las cosas de esta manera es correcto, y al siguiente le dice a la gente que las haga de otra manera. Sin darte cuenta, empiezas a sentir: “Vaya, Dios ha dicho muchas cosas. ¿Pero qué se supone que intenta hacer?”. La gente se siente confundida y un poco perdida, y no sabe qué decisiones tomar. Os digo que este es exactamente el método que Dios empleó para poner a prueba a Pedro. ¿Cuál fue el resultado final de esa prueba? (Pedro alcanzó la sumisión hasta la muerte). Alcanzó la sumisión. Ese era el resultado que Dios quería, y Dios lo vio. ¿Qué palabras de Pedro nos demuestran que se había vuelto sumiso y que había aumentado su estatura? ¿Qué dijo? ¿Cómo aceptó y abordó todo lo que Dios había hecho y Su actitud de tratar al hombre como si fuese un juguete? ¿Cuál fue la actitud de Pedro? (Dijo: “¿Cómo no iba a estar listo y dispuesto?”). Así es, esa fue la actitud de Pedro. Esas fueron sus palabras exactas. Las personas que no han experimentado las pruebas de Dios y Su refinamiento no podrían jamás decir esas palabras porque no comprenden la narrativa de la historia y nunca la han vivido. Al no tener la experiencia, sin duda no tienen claro el tema. Y si no lo tienen claro, ¿cómo podrían decir algo así con tanta facilidad? Esas son palabras que a un humano jamás se le podrían ocurrir. Pedro pudo pronunciarlas gracias a la cantidad de pruebas y refinamientos que había vivido. Dios lo privó de muchas cosas, pero al mismo tiempo también le concedió mucho. Después de darle, le volvió a quitar. Tras quitarle cosas, Dios hizo que Pedro aprendiera a someterse, y entonces volvió a concederle. Desde el punto de vista del hombre, muchas de las cosas que Dios hace parecen un capricho, y eso le da a la gente la impresión de que Él trata a las personas como si fueran juguetes, de que no las respeta y no las trata como seres humanos. La gente cree que vive sin dignidad, como si fueran juguetes: piensan que Dios no les da derecho a elegir con libertad y que Él puede decir lo que sea que quiera. Cuando Él te da algo, dice: “Mereces esta recompensa por lo que has hecho. Esta es la bendición de Dios”. Y cuando te quita cosas, dice algo diferente. En este proceso, ¿qué deberían hacer las personas? Deberían buscar entender las intenciones de Dios. Dios no pretende que juzgues si lo que Él hace es correcto o incorrecto, ni pretende que intentes identificar la naturaleza de Sus acciones; mucho menos pretende que vivas con una mayor dignidad en este proceso. Él no pretende que elijas esto. Ese no es tu papel. Entonces, ¿cuál es tu papel? En el proceso de experimentar las cosas, deberías aprender a entender las intenciones de Dios. Si no puedes entenderlas y no puedes cumplir con los requisitos de Dios, tu única opción es someterte. En esas circunstancias, ¿te resultaría fácil someterte? (No). No es fácil hacerlo. Esa es una lección que debes aprender. Si te resultara fácil someterte, no sería necesario que aprendieras lecciones ni que fueras podado y sometido a pruebas y refinamientos. Dios te somete a pruebas constantemente porque te resulta difícil someterte, y juega contigo de manera deliberada como si fueses un juguete. El día que te resulte fácil someterte a Él, cuando tu sumisión se dé sin dificultad ni obstáculos, cuando puedas someterte de manera voluntaria y alegre, dejando de lado tus elecciones, intenciones o preferencias, entonces Dios no te tratará como un juguete y harás exactamente lo que debes. Y si un día dices: “Dios me trata como si fuese un juguete y vivo sin dignidad. No estoy de acuerdo con esto y no me someteré”, ese podría ser el día en que Él te abandone. Por otro lado, supongamos que dijeras: “Aunque las intenciones de Dios no sean fáciles de captar y Él siempre se esconda de mí, todo lo que hace está bien. Sin importar lo que Él haga, me someteré por propia voluntad. Incluso si no puedo hacerlo, igualmente debo adoptar esta actitud y no me quejaré ni tomaré decisiones propias. Eso es porque soy un ser creado; mi deber es someterme sin intentar trasladar la responsabilidad. Dios es el Creador y lo que sea que Él haga es correcto. No debería albergar nociones ni figuraciones sobre lo que Él hace. Eso no es lo que corresponde a un ser creado. Si Dios me da, yo le doy gracias. Si no me da o si me quita lo que me dio, también le doy gracias. Todas las acciones de Dios son para mi beneficio; aunque no vea ningún beneficio, de todas formas debo someterme”. Cuando tu estatura alcanza este nivel, ¿no has logrado lo que transmitió Pedro cuando dijo: “Cómo no iba a estar listo y dispuesto”? Solo quienes poseen una estatura así pueden comprender realmente la verdad.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Comprender la verdad es lo más importante para desempeñar el deber bien
La gente debe entender que hay un principio fundamental sobre la forma en la que el Creador trata a los seres creados, que también es el principio más alto. La forma como el Creador trata a los seres creados se basa completamente en Su plan de gestión y en las necesidades de Su obra; Él no necesita consultar a nadie y tampoco necesita obtener la aprobación de ninguna persona. Él hace lo que tiene que hacer y trata a las personas como tiene que tratarlas y, haga lo que haga o trate como trate a las personas, todo concuerda con los principios-verdad, y los principios por los cuales actúa el Creador. Como ser creado, lo único que se debe hacer es someterse al Creador; uno no debería elegir nada por sí mismo. Esta es la razón que los seres creados deberían poseer, y si una persona no la posee, entonces no es digna de ser llamada un ser humano. La gente debe entender esto: el Creador siempre será el Creador; Él tiene el poder y está cualificado para instrumentar a cualquier ser creado y tener soberanía sobre él como le plazca, y no necesita ninguna razón para hacerlo. Esta es Su autoridad. Los seres creados no tienen el derecho ni están cualificados para emitir juicio sobre si cualquier cosa que haga el Creador está bien o mal, ni sobre cómo debe actuar. Ningún ser creado tiene el derecho de elegir si aceptar la soberanía y los arreglos del Creador; y ningún ser creado tiene el derecho a exigir cómo el Creador tiene soberanía sobre su porvenir y lo dispone. Esta es la verdad suprema. Sin importar lo que el Creador haya hecho a Sus seres creados ni tampoco cómo lo haya hecho, las únicas cosas que los humanos creados deberían hacer son: buscar, someterse, llegar a conocer y aceptar todo lo hecho por el Creador. El resultado final será que el Creador habrá llevado a cabo Su plan de gestión y habrá completado Su obra, y que Su plan de gestión habrá avanzado sin obstrucciones; entretanto, puesto que los seres creados han aceptado la soberanía y los arreglos del Creador, así como se han sometido a Su soberanía y a Sus arreglos, ellos habrán obtenido la verdad, habrán entendido las intenciones del Creador y habrán llegado a conocer Su carácter. Además, hay otro principio que debo contaros: haga lo que haga el Creador, sin importar la clase de manifestaciones que Él exhiba y sea grande o pequeña la obra que lleve a cabo, continúa siendo el Creador, mientras que toda la humanidad, creada por Él, sigue estando integrada por seres creados, independientemente de lo que hayan hecho y de cuántos talentos o dones tengan. En lo que respecta a la humanidad creada, por más gracia, bendiciones, misericordia, benevolencia o tratamiento con gracia que haya recibido del Creador, no debería creerse distinta de las masas ni pensar que puede estar en pie de igualdad con Dios y que ocupa un rango superior entre los seres creados. Con independencia de cuántos dones te haya otorgado Dios, de cuánta gracia te haya concedido, con cuánta amabilidad te haya tratado o qué talentos especiales te haya dado, ninguna de estas cosas es tu capital. Eres un ser creado y, por tanto, siempre lo serás. Nunca debes pensar: “Soy un pequeño tesoro en las manos de Dios. Él no me abandonará nunca; la actitud de Dios hacia mí siempre será de amor, cuidado y suaves caricias con cálidos susurros de consuelo y exhortación”. Por el contrario, a ojos del Creador, eres igual a todos los demás seres creados; Dios puede utilizarte como desee y orquestarte como lo desee, así como disponer a voluntad que desempeñes cualquier función entre toda clase de personas, acontecimientos y cosas. Este es el conocimiento que la gente debería tener y la razón que debería poseer. Si las personas pueden entender y aceptar estas palabras que dice Dios, su relación con Dios se volverá normal y entre ellas y Dios se establecerá la clase de relación más normal; si las personas pueden entender y aceptar estas palabras que dice Dios, realinearán naturalmente su posición, asumirán el lugar que les corresponde, se atendrán a su deber y se someterán a todas las disposiciones de Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo al entender la verdad se pueden conocer los hechos de Dios
Himnos relacionados
Las personas que siempre le hacen exigencias a Dios no pueden someterse a Él de verdad