37. Qué es temer a Dios y evitar el mal

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Un auténtico ser creado debe saber quién es el Creador, cuál es el propósito de la creación del hombre, cómo llevar a cabo las responsabilidades de un ser creado y cómo adorar al Creador; debe entender, captar, conocer y mostrar consideración por las intenciones, los deseos y los requerimientos del Creador, así como seguir Su camino: temer a Dios y apartarse del mal.

¿Qué es temer a Dios? ¿Y cómo puede alguien apartarse del mal?

“Temer a Dios” no significa sentir un miedo o un terror inexplicables, tampoco ser evasivo ni mantener las distancias; no es idolatría ni superstición. Más bien significa admiración, reverencia, confianza, comprensión, consideración, sumisión, dedicación, amor, así como adoración, retribución y rendición incondicionales y sin queja. Sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no tendrán una admiración genuina, una confianza genuina, una comprensión genuina, una consideración o una sumisión genuinas, solo terror e inquietud; solo duda, malinterpretaciones, una actitud evasiva y de mantener las distancias. Sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no tendrán una dedicación y una retribución auténticas; sin un conocimiento genuino de Dios, no tendrán una adoración y una rendición auténticas, solo idolatría y superstición ciegas; sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no pueden de ninguna manera seguir Su camino ni temerlo ni apartarse del mal. Por el contrario, toda actividad y conducta en las que participan estará llena de rebeldía y resistencia contra Dios, de calumnias y juicios sobre Él, de acciones malvadas contrarias a la verdad y al verdadero significado de las palabras de Dios.

Una vez que las personas tengan verdadera confianza en Dios, de veras lo seguirán y dependerán de Él; solo con auténtica dependencia de Dios pueden las personas entenderlo y comprenderlo de manera genuina; junto con la comprensión genuina de Dios viene la consideración genuina por Él; solo con auténtica consideración hacia Dios pueden las personas tener auténtica sumisión; solo con auténtica sumisión a Dios pueden tener las personas auténtica dedicación; solo cuando se dedican de manera genuina a Dios pueden corresponderle de manera incondicional y sin queja; solo con auténtica dependencia, una comprensión, una consideración, una sumisión, una dedicación y una retribución genuinas, las personas pueden llegar a conocer de verdad el carácter y la esencia de Dios, así como la identidad del Creador. Solo cuando han llegado a conocer verdaderamente al Creador, puede surgir en ellas la adoración y la rendición genuinas. Solo cuando tengan una adoración y una rendición reales hacia el Creador, podrán librarse de veras de las acciones malvadas, es decir, apartarse del mal.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Prefacio

Ahora bien, todo el mundo quiere ser una persona que tema a Dios y evite el mal. Así pues, ¿qué significa el camino de temer a Dios y evitar el mal? Se puede decir que implica buscar someterse a Él de forma completa y absoluta. Implica tener auténtico miedo y temor de Dios, sin ningún elemento de engaño, oposición ni rebelión y con un corazón que es completamente puro. Significa ser absolutamente leal y sumiso a Dios —absolutamente, no de manera relativa—, sin la menor consideración al tiempo o el lugar ni a la propia edad. Este es el camino de temer a Dios y evitar el mal. En el proceso de este tipo de búsqueda, poco a poco lograrás conocer a Dios y experimentar Sus actos; sentirás Su cuidado y protección, percibirás Su existencia real y sentirás Su soberanía. Finalmente notarás de verdad que Dios está en todas las cosas y que se encuentra justo a tu lado. Tendrás esta experiencia de primera mano. Si no recorres el camino de temer a Dios y evitar el mal, nunca conocerás estas cosas.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre es el mayor beneficiario del plan de gestión de Dios

Job era una persona perfecta, temía a Dios y se apartaba del mal y poseía una gran riqueza y un estatus honorable. Para una persona normal que viviera en tal entorno y bajo tales condiciones, su dieta, su calidad de vida y los diversos aspectos de su vida personal serían el centro de atención de la mayoría de la gente; por tanto, debemos continuar leyendo las Escrituras: “Sus hijos solían ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre” (Job 1:4-5). […] Tal como está registrado en las Escrituras, cuando los hijos e hijas de Job celebraban banquetes, el propio Job no estaba entre ellos; más bien, solo sus hijos e hijas comían y bebían juntos a menudo. En otras palabras, él no celebraba banquetes ni se unía a sus hijos e hijas en sus festines y comidas extravagantes. Aunque Job era rico y poseía toda clase de bienes y muchos sirvientes, su vida no era lujosa. Su riqueza no lo llevó a disfrutar de su entorno de vida superior, ni a codiciar los placeres carnales, ni a olvidar ofrecer holocaustos, y mucho menos hizo que se distanciara gradualmente de Dios en su corazón. Así pues, resulta evidente que Job era disciplinado en su estilo de vida; no se volvió codicioso ni buscador de placeres ni empezó a preocuparse por su calidad de vida como consecuencia de las bendiciones que Dios le concedió. Además, era humilde en sus acciones, no era dado a la ostentación en su conducta propia, y era cauteloso y cuidadoso ante Dios. A menudo pensaba en la gracia y las bendiciones de Dios y continuamente albergaba un corazón temeroso de Dios. En su vida diaria, Job a menudo se levantaba temprano para ofrecer holocaustos por sus hijos e hijas. En otras palabras, no solo el propio Job temía a Dios, sino que asimismo esperaba que sus hijos también lo hicieran y que no hicieran cosas que ofendieran a Dios. Es decir, la amplia riqueza material de Job no ocupaba ningún lugar en su corazón ni ocupaba el lugar que Dios tenía en él; ya fuera por su propio bien o por el de sus hijos, todas las acciones diarias de Job se relacionaban con temer a Dios y apartarse del mal. Su temor de Jehová Dios no era solo de boquilla, sino que era algo que ponía en práctica y manifestaba en todos y cada uno de los aspectos de su vida diaria. Esta manifestación real de Job nos muestra que era honesto y poseía una esencia que amaba la rectitud y las cosas positivas. Que Job a menudo enviara a buscar y santificara a sus hijos e hijas significa que no autorizaba ni aprobaba el comportamiento de estos; en cambio, en su corazón sentía aversión por su comportamiento y los condenaba. Creía firmemente que el comportamiento de sus hijos e hijas no agradaba a Jehová Dios, y por tanto a menudo les decía que fueran ante Jehová Dios y confesaran sus pecados. Las acciones de Job en este sentido nos muestran otro aspecto de su humanidad, aquel en el que nunca caminó con quienes a menudo pecaban y ofendían a Dios, sino que los evitaba y se apartaba de ellos. Aunque estas personas eran sus hijos e hijas, no renunció a sus propios principios de conducta propia porque fueran sus propios parientes ni consintió sus pecados por su afecto hacia ellos. Más bien, los exhortó a confesarse y obtener la indulgencia de Jehová Dios, y también les advirtió que no renunciaran a Dios debido a su propia obsesión por el placer. Los principios de cómo Job trataba a los demás son inseparables de los relativos a su temor de Dios y a apartarse del mal. Amaba lo que Dios aceptaba y odiaba aquello por lo que Dios sentía aversión; amaba a los que temían a Dios en su corazón y odiaba a los que cometían maldad o hacían cosas que ofendían a Dios; tal amor y odio se demostraban en su vida cotidiana. Esta es la mismísima honradez de Job a los ojos de Dios. Desde luego, esta es también la revelación y el vivir de la verdadera humanidad de Job en sus relaciones con los demás y en el manejo de los asuntos en su vida diaria, sobre lo cual debemos aprender.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II

Después de que Dios le dijera a Satanás: “Todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él”,* Satanás se marchó, poco después de lo cual Job sufrió ataques repentinos y feroces: primero, sus bueyes y asnos fueron saqueados y algunos de sus sirvientes asesinados; a continuación, sus ovejas y algunos sirvientes más fueron consumidos por el fuego; después de eso, sus camellos fueron arrebatados y aún más de sus sirvientes fueron asesinados; finalmente, las vidas de sus hijos e hijas fueron arrebatadas. Esta serie de ataques fue el tormento que sufrió Job durante la primera tentación. Tal como Dios le ordenó, durante estos ataques Satanás solo apuntó a las propiedades de Job y a sus hijos y no dañó al propio Job. Sin embargo, Job se transformó instantáneamente de un hombre rico poseedor de una gran riqueza a alguien que no tenía nada. Nadie podría haber soportado este impactante golpe sorpresivo ni haberlo afrontado adecuadamente, pero Job demostró su lado extraordinario. Las Escrituras proporcionan el siguiente relato: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”.* Esta fue la primera reacción de Job después de enterarse de que había perdido a sus hijos y todas sus propiedades. Sobre todo, no pareció sorprendido ni aterrorizado, y mucho menos expresó enojo u odio. Como veis, entonces, en su corazón ya había llegado a la conclusión de que estas adversidades no eran un accidente ni nacían de la mano del hombre, y mucho menos eran la llegada de una retribución o castigo. En cambio, le habían sobrevenido las pruebas de Jehová; era Jehová quien deseaba arrebatarle sus propiedades y a sus hijos. Job estaba muy tranquilo y lúcido en ese momento. Su humanidad perfecta y honrada le permitió hacer juicios y tomar decisiones acertadas de manera racional y natural sobre las adversidades que le habían sobrevenido, y en consecuencia, se comportó con una calma inusual: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”.* “Rasgó su ropa” significa que estaba desvestido y no poseía nada; “se afeitó la cabeza” significa que había regresado ante Dios como un niño recién nacido; “cayó al suelo en adoración” significa que había venido al mundo desnudo, y todavía sin nada hoy, se devolvió a sí mismo a Dios como si fuera un bebé recién nacido. La actitud de Job hacia todo lo que le sobrevino no podría haberla logrado ningún ser creado. Su fe en Jehová iba más allá del ámbito de la creencia; este era su temor de Dios, su sumisión a Dios; no solo era capaz de dar gracias a Dios por darle, sino también por quitarle. Además, fue capaz de asumir la responsabilidad de devolver a Dios todo lo que poseía, incluida su vida.

El temor y la sumisión de Job hacia Dios son un ejemplo para la especie humana, y su perfección y honradez fueron la cima de la humanidad que debería poseer el hombre. Aunque no vio a Dios, llegó a comprender que Él existía verdaderamente y debido a esta comprensión temía a Dios y, debido a su temor de Dios, fue capaz de someterse a Él. Le dio a Dios rienda suelta para que tomara todo lo que tenía, pero no se quejó y se postró en el suelo y le dijo a Dios que, en ese mismo momento, incluso si Dios tomaba su carne, él le permitiría hacerlo con gusto, sin quejarse. Toda su conducta se debió a su humanidad perfecta y honrada. Es decir, a causa de su inocencia, honestidad y bondad, Job creía firmemente en la existencia de Dios que había comprendido y percibido. Sobre este cimiento se exigió a sí mismo y reguló su pensamiento, comportamiento, conducta y principios de acción ante Dios de acuerdo con la guía que Él le dispensaba y los hechos de Dios que había visto entre todas las cosas. Con el tiempo, sus experiencias causaron en él un temor real y verdadero de Dios y le hicieron apartarse del mal. Esta fue la fuente de la integridad a la que Job se aferraba. Job poseía una humanidad honesta, inocente y bondadosa, y tenía experiencia práctica de temer a Dios, someterse a Él y apartarse del mal, así como el conocimiento de que “Jehová dio y Jehová quitó”. Solo debido a estas cosas fue capaz de mantenerse firme en su testimonio en medio de ataques tan malévolos de Satanás, y solo debido a ellas fue capaz de no decepcionar a Dios y de proporcionarle una respuesta satisfactoria cuando Sus pruebas recayeron sobre él.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II

Cuando Job sufría enormemente bajo la devastación de Satanás y, sin embargo, seguía sin renunciar al nombre de Jehová Dios, su esposa fue la primera en dar un paso al frente y, desempeñando el papel de Satanás en una forma visible a los ojos del hombre, atacó a Job. El texto original lo describe así: “Entonces su mujer le dijo: ¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9). Estas fueron las palabras pronunciadas por Satanás mientras desempeñaba el papel de un ser humano. Estas palabras conllevaban ataque y acusación, así como seducción, tentación y calumnia. Al haber fracasado en su ataque a la carne de Job, Satanás atacó entonces directamente su integridad, deseando usar esto para hacer que él renunciara a su integridad, renegara de Dios y no siguiera viviendo. Así también, Satanás deseaba usar tales palabras para seducir a Job: si este renunciaba al nombre de Jehová, no tendría que soportar tal tormento; podría liberarse del tormento de la carne. Ante el consejo de su esposa, Job la reprendió diciendo: “Hablas como hablan las mujeres necias. ¿Qué? ¿Aceptaremos el bien de la mano de Dios y no aceptaremos la adversidad?” (Job 2:10).* Estas palabras eran un entendimiento que Job había mantenido durante mucho tiempo; pero fue recién en ese momento cuando se demostró la verdad de tal entendimiento.

Cuando su esposa le aconsejó que maldijera a Dios y muriera, lo que quiso decir era: “Tu dios te trata así, entonces, ¿por qué no renegar de él? ¿Qué haces todavía vivo? Tu dios es muy injusto contigo y sin embargo siempre dices: ‘Bendito sea el nombre de Jehová’.* ¿Cómo podría causarte adversidad cuando bendices su nombre? Date prisa y renuncia al nombre de dios, y no lo sigas más. Entonces, tus problemas habrán terminado”. En ese momento, el testimonio de Job que Dios deseaba ver se produjo una vez más. Ninguna persona común podría dar tal testimonio ni leemos sobre ello en ninguno de los relatos de la Biblia; pero Dios lo había visto mucho antes de que Job pronunciara estas palabras. Dios simplemente deseaba usar esta oportunidad para permitir que Job demostrara a todos que Él tenía razón. Ante el consejo de su esposa, Job no solo no renunció a su integridad ni renegó de Dios, sino que también le dijo a su esposa: “¿Aceptaremos el bien de la mano de Dios y no aceptaremos la adversidad?”.* ¿Tienen gran peso estas palabras? Aquí, solo hay un hecho capaz de demostrar el peso que tienen. El peso de estas palabras es que Dios las aprueba en Su corazón, son lo que Dios deseaba, son lo que Dios quería oír, y son el resultado que Dios anhelaba ver; estas palabras son también la médula del testimonio de Job. Así, se demostraron la perfección, la honradez, el temor de Dios y el apartarse del mal de Job. Lo precioso de Job radicaba en que, cuando fue tentado e incluso cuando todo su cuerpo estaba cubierto de llagas dolorosas, cuando soportó el máximo tormento y cuando su esposa y sus parientes le aconsejaron, él de todos modos pronunció esas palabras. Dicho de otra manera, en su corazón creía que, sin importar las tentaciones o por muy graves que fueran las tribulaciones o el tormento, incluso si la muerte se cerniera sobre él, no renegaría de Dios ni abandonaría el camino de temer a Dios y apartarse del mal. Como veis, entonces, Dios ocupaba el lugar más importante en su corazón, en el cual solo estaba Dios. Es debido a esto que en las Escrituras leemos descripciones de él tales como: “Job no pecó con sus labios en nada de esto”.* No solo no pecó con sus labios, sino que en su corazón no se quejó de Dios. No dijo palabras que agraviaran el corazón de Dios ni hizo nada que ofendiera a Dios. No solo su boca ensalzaba el nombre de Dios, sino que en su corazón también ensalzaba Su nombre; su boca y su corazón eran uno. Este era el verdadero Job que Dios veía y esta fue la precisa razón por la que Dios atesoró a Job.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II

¿Por qué fue Job capaz de temer a Dios y apartarse del mal? ¿Qué pensaba en su fuero interno? ¿Cómo lograba no hacer esas cosas malas? Tenía un corazón temeroso de Dios. ¿Qué significa tener un corazón temeroso de Dios? Significa que en su interior tenía miedo de Dios y que lo podría honrar por ser grande y que en su corazón había un lugar para Él. Se refrenaba de hacer esas cosas malvadas no porque tuviera miedo de que Dios lo viera y de que se pusiera furioso por ello. Más bien, honraba a Dios en su interior por ser grande y estaba dispuesto a satisfacerlo y a aferrarse a Sus palabras. Por ello fue capaz de temer a Dios y apartarse del mal. Hoy en día, la expresión “temer a Dios y apartarse del mal” es algo que puede decir todo el mundo, a pesar de no saber cómo llegó Job a conseguirlo. De hecho, Job consideraba que “temer a Dios y apartarse del mal” constituía el aspecto más fundamental y más importante de creer en Dios. Por lo tanto, era capaz de aferrarse a esas palabras como si se tratara de un mandamiento. Escuchaba las palabras de Dios porque en su interior lo honraba por ser grande. Daba igual que Sus palabras pudieran parecer insignificantes a ojos de los hombres, aunque estas fueran simplemente comunes, en el corazón de Job, provenían del Dios altísimo; eran las palabras más importantes y las más grandes. Aun cuando sean palabras que la gente menosprecie, mientras sean las palabras de Dios, las personas deberían acatarlas. Aunque sean objeto de mofa o injurias, deben observar Sus palabras. Aun cuando encuentren tribulaciones o sean perseguidas, han de aferrarse a Sus palabras hasta el final y no pueden renunciar a ellas. Eso es lo que significa temer a Dios. Has de aferrarte a cada palabra que Dios exige al hombre. En lo referente a aquellas cosas que Dios prohíbe o a aquellas que detesta, si las desconoces, que así sea, pero una vez que sepas cuáles son, deberías ser capaz de no hacerlas bajo ningún concepto. Deberías ser capaz de atenerte a ello, aunque tu familia te rechace, los no creyentes se burlen de ti o tus allegados te ridiculicen y se rían de ti. ¿Por qué debes aferrarte a ello? ¿Cuál es tu motivación? ¿Cuáles son tus principios? Son estos: “Debo aferrarme a las palabras de Dios y obrar según Sus deseos. Me mantendré firme para hacer aquellas cosas que agradan a Dios y renunciaré resueltamente a aquellas que detesta. Si desconozco la intención de Dios, que así sea, pero si la conozco y la comprendo, he de escuchar Sus palabras resueltamente y someterme así a ellas. Nadie logrará impedírmelo. Me aferraré a las palabras de Dios y no flaquearé ni siquiera hasta el fin de los tiempos”. Esto es lo que significa temer a Dios y apartarse del mal.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

¿En qué asuntos de la vida cotidiana tenéis un corazón temeroso de Dios? ¿Y en cuáles no? ¿Eres capaz de odiar a alguien cuando te ofende o atenta contra tus intereses? Y cuando odias a alguien, ¿eres capaz de atormentarlo y vengarte? (Sí). ¡Entonces das miedo! No tienes un corazón temeroso de Dios y eres capaz de hacer maldades. ¡Esto significa que tienes un carácter cruel muy grave! El amor y el odio son cosas que la humanidad normal debe poseer, pero has de distinguir claramente entre lo que amas y lo que odias. En tu corazón debes amar a Dios, amar la verdad, amar las cosas positivas y amar a tus hermanos y hermanas, mientras que debes odiar a Satanás y a los diablos, odiar las cosas negativas, odiar a los anticristos y odiar a las personas malvadas. Si fueras capaz de reprimir y vengarte de tus hermanos y hermanas por odio, eso sería muy sobrecogedor; y este es el carácter de una persona malvada. Algunas personas simplemente tienen pensamientos odiosos e ideas llenas de odio, malvadas, pero no han hecho nada malvado, así que no son personas malvadas. Esto es porque, cuando sucede algo, son capaces de buscar la verdad y prestan atención a los principios según los que se comportan y se ocupan de las cosas. Cuando interactúan con otros, jamás los obligan de ninguna manera. Si se llevan bien con una persona, siguen interactuando con ella; si no se llevan bien, entonces no lo hacen. Eso no afecta en absoluto a la ejecución de su deber o a su entrada en la vida. Dios está en su corazón y tienen un corazón temeroso de Él. No están dispuestos a ofender a Dios y tienen miedo de hacerlo. Aunque estas personas puedan albergar determinados pensamientos e ideas incorrectos, son capaces de rebelarse contra ellos y dejarlos de lado. Se controlan en sus acciones, no pronuncian una sola palabra fuera de lugar y absolutamente nunca dicen nada que ofenda a Dios. Alguien que habla y actúa de esta forma es alguien que tiene principios y practica la verdad. Tu personalidad podría ser incompatible con la de otra persona y podría no caerte bien, pero cuando trabajas al lado de ella, permaneces imparcial y no expresas tus frustraciones al llevar a cabo tu deber ni sacas tus frustraciones con los intereses de la casa de Dios; puedes encargarte de las cosas de acuerdo con los principios. ¿Qué manifiesta esto? Es una manifestación de tener un corazón temeroso de Dios básico. Si tienes un poco más, cuando ves que otro tiene carencias o debilidades, todavía eres capaz de tratar a esa persona de manera adecuada y ayudarla con amor, aunque te haya ofendido o tenga un prejuicio contra ti. Esto significa que tienes amor, que eres una persona con humanidad, que eres amable y capaz de practicar la verdad, que eres una persona honesta que posee las realidades-verdad, y que tienes un corazón temeroso de Dios. Si tu estatura todavía es escasa, pero tienes determinación y estás dispuesto a esforzarte por la verdad y por hacer las cosas con principios, y si eres capaz de comportarte, tratar los asuntos y tratar a los demás según los principios, entonces esto también se considera tener cierto corazón temeroso de Dios; es lo más fundamental.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios

Una vez que la verdad se haya convertido en tu vida, si ves a alguien blasfemar contra Dios, no temerle, ser negligente al hacer su deber o trastornar y perturbar el trabajo de la iglesia, podrás tratarlo de acuerdo con los principios-verdad, discerniendo a quien hay que discernir y desenmascarando a quien hay que desenmascarar. Si la verdad no se ha convertido en tu vida y todavía vives en tus actitudes satánicas, entonces, cuando veas a personas malvadas y diablos causando trastornos y perturbaciones en el trabajo de la iglesia, harás la vista gorda y oídos sordos, y lo ignorarás, sin sentir ningún reproche de tu conciencia. Incluso pensarás que no importa quién cause perturbaciones en el trabajo de la iglesia, eso no tiene nada que ver contigo. Sin importar cuánto se perjudiquen el trabajo de la iglesia y los intereses de la casa de Dios, no te importará ni preguntarás al respecto, ni sentirás ningún reproche de tu conciencia. En ese caso, eres una persona sin conciencia ni razón, un incrédulo, un contribuyente de mera mano de obra. Comes lo que es de Dios, bebes lo que es de Dios y disfrutas de todo lo que proviene de Él, pero sientes que cualquier daño que sufran los intereses de la casa de Dios no tiene nada que ver contigo; esto te convierte en un traidor que se pone del lado de los de fuera a expensas de los tuyos, uno de esos que muerden la mano que les da de comer. Si no salvaguardas los intereses de la casa de Dios, ¿eres siquiera humano? Eres un demonio que se ha infiltrado en la iglesia. Finges tu fe en Dios, simulas ser parte de Su pueblo escogido y quieres vivir de gorra en Su casa; no te pareces a un ser humano y eres claramente un incrédulo. Aquellos que creen de verdad en Dios, incluso si aún no han obtenido la verdad y vida, como mínimo se pondrán de Su lado en sus palabras y acciones; como mínimo, no se quedarán de brazos cruzados cuando vean que se perjudican los intereses de la casa de Dios. Si intentan ignorarlo, su conciencia se sentirá reprochada e intranquila, y se dirán a sí mismos: “No puedo quedarme sentado sin hacer nada. Debo alzar la voz y decir algo, debo cumplir con mi responsabilidad. Debo dar un paso al frente para desenmascarar y detener esta acción malvada, para salvaguardar los intereses de la casa de Dios de cualquier daño y para asegurar que la vida de iglesia no se vea perturbada”. Si en tu corazón la verdad se ha convertido en tu vida, entonces no solo tendrás este valor y determinación, sino que también serás capaz de desentrañar este asunto. Además, podrás cumplir con la parte de responsabilidad que te corresponde en la obra de Dios y en los intereses de Su casa y, de esta manera, tu deber estará cumplido. Si puedes tratar tu deber como tu propia responsabilidad y obligación, y como la comisión de Dios, y sientes que solo de esta manera estás a la altura de tu propia conciencia y no decepcionas a Dios, ¿no estarás entonces viviendo la integridad y la dignidad de la humanidad normal? Tus hechos y tu comportamiento serán el “temer a Dios y evitar el mal” del que habla Dios. Estarás practicando la esencia de estas palabras y viviendo su realidad.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

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