5. Cómo conocerse a uno mismo y despojarse de las actitudes corruptas propias

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Cambiar el carácter del hombre debería comenzar con el conocimiento de su esencia y a través de cambios en su pensamiento, su naturaleza y su perspectiva mental: por medio de cambios fundamentales. Solo así se lograrán cambios verdaderos en el carácter del hombre. La causa profunda de que surjan actitudes corruptas en el hombre es la desorientación, la corrupción y el envenenamiento por parte de Satanás. El hombre ha sido atado y controlado por Satanás y su pensamiento, su moral, su percepción y su razón han sido todos gravemente dañados por Satanás. Es precisamente debido a que las cosas fundamentales del hombre han sido corrompidas por Satanás y son diametralmente distintas a cómo Dios las creó originalmente, que el hombre se opone a Dios y no puede aceptar la verdad. Por ende, los cambios en el carácter del hombre deben comenzar con cambios en su pensamiento, su percepción y su razón que transformen su conocimiento de Dios y su conocimiento de la verdad. Los que nacieron en la tierra más profundamente corrompida de todas son aún más ignorantes sobre lo que Dios es o sobre lo que significa creer en Dios. Mientras más corruptas sean las personas, menos saben sobre la existencia de Dios, y más pobres son su razón y su percepción. La causa fundamental de la oposición y rebeldía del hombre contra Dios es que ha sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado, el hombre se ha corrompido moralmente, sus pensamientos son degenerados y ha desarrollado una perspectiva mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre se sometía de manera natural a Dios y a Sus palabras después de escucharlas. Originalmente tenía una razón y una conciencia cabales y una humanidad normal. Después de que el hombre fuera corrompido por Satanás, su razón, su conciencia y su humanidad originales se fueron insensibilizando y Satanás las arruinó. Debido a ello, el hombre ha perdido su sumisión y amor a Dios. La razón del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de una bestia y su rebeldía contra Dios es cada vez mayor y más grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni entiende esto, y meramente se opone y se rebela con persistencia. Las revelaciones del carácter del hombre son las expresiones de su razón, su percepción y su conciencia. Debido a que su razón y su percepción son defectuosas y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter es rebelde contra Dios. Si la razón y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es estar de acuerdo con las intenciones de Dios. Si la razón del hombre es defectuosa, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él. Una “razón normal” se refiere a someterse a Dios y serle leal, anhelar a Dios, serle incondicional y tener una conciencia hacia Él. Se refiere a ser de un mismo sentir que Dios y a no oponerse a Él deliberadamente. Si se tiene una razón anormal eso no sucede. Después de haber sido corrompido por Satanás, el hombre se ha formado nociones acerca de Dios y no es leal hacia Dios ni lo anhela, por no hablar de que no tiene una conciencia hacia Dios. El hombre se opone deliberadamente a Dios y lo juzga; es más, le lanza improperios a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas sabiendo perfectamente que es Dios; el hombre no tiene ninguna intención de someterse a Dios, sino que se limita a seguir haciéndole exigencias y requerimientos. Tales personas —la gente que tiene una razón anormal— siguen siendo incapaces de conocer su propio despreciable comportamiento o de lamentar sus actos de rebelión. Si la gente es capaz de conocerse a sí misma, entonces han recuperado un poco de su razón; cuanto más rebeldes contra Dios son las personas y, pese a ello, no se conocen a sí mismas, menos cabal es su razón.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. No cambiar de carácter es estar enemistado con Dios

Dios usa varias formas de obrar para que las personas se conozcan a sí mismas. Él arregla todo tipo de entornos para revelar la corrupción de las personas, de modo que puedan llegar a conocerse a sí mismas gradualmente a través de la experiencia. Ya sea que Dios deje en evidencia la corrupción del hombre o que Dios revele al hombre a través de diversas pruebas, ¿tenéis claro cuál es el propósito final de que Dios haga esta obra? El propósito final de Dios al hacer Su obra de esta forma es permitir que todas las personas que experimenten Su obra conozcan lo que es el hombre. ¿Y qué contenido se encuadra dentro de “lo que es el hombre”? Es decir, la identidad y el estatus del hombre, su deber y responsabilidad. Significa dejar que conozcas de qué va la vida humana, dejar que entiendas quién eres. Este es el objetivo final de Dios al hacer que las personas se conozcan a sí mismas.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

Para perseguir un cambio de carácter, primero se debe ser capaz de reconocer el propio carácter corrupto. Conocerse verdaderamente a uno mismo implica desentrañar y diseccionar a fondo la esencia de su corrupción, así como identificar los diversos estados que surgen de su carácter corrupto. Solo cuando alguien comprenda con claridad sus propias actitudes y estados corruptos, podrá odiar su carne y odiar a Satanás, lo cual dará lugar, solo entonces, al cambio de carácter. Si uno no logra reconocer estos estados y no puede establecer conexiones entre las palabras de desenmascaramiento de Dios que lee y sus propios estados reales, es incapaz de relacionar estas cosas, ¿puede cambiar su carácter? No puede. Lograr el cambio de carácter requiere que uno identifique los distintos estados que produce su carácter corrupto; se ha de alcanzar un punto en el que uno no se vea constreñido por ese carácter y ponga la verdad en práctica; solo entonces empezará a cambiarlo. Si uno no puede reconocer el origen de sus estados corruptos y se frena a sí mismo basándose solo en las palabras y doctrinas que comprende, entonces no puede hablarse de una transformación de carácter, aunque tenga buen comportamiento y haya cambiado un poco por fuera. Puesto que no puede considerarse una transformación del carácter, ¿cuál es entonces el papel que la mayoría de la gente desempeña mientras realiza su deber? El papel de contribuyente de mano de obra; se limitan a esforzarse y mantenerse atareados. A pesar de realizar también su deber, la mayor parte del tiempo se centran únicamente en hacer las cosas; no en buscar la verdad, sino solo en esforzarse. A veces, cuando están animados, se esfuerzan más; otras veces, cuando están de mal humor, aflojan un poco. Pero después, al examinarse a sí mismos, sienten remordimientos y vuelven a esforzarse, creyendo que eso es arrepentirse. En realidad, no se trata de un cambio real ni es un verdadero arrepentimiento. El verdadero arrepentimiento empieza por conocerse a uno mismo; empieza con un viraje en la conducta. Una vez que vira el comportamiento de alguien y este puede rebelarse contra la carne, poner en práctica la verdad y, en términos de comportamiento, parecer conforme a los principios, significa que ha habido un arrepentimiento auténtico. Entonces, poco a poco, alcanza el punto de ser capaz de hablar y actuar según los principios, en plena conformidad con la verdad. Aquí es cuando comienza el cambio en el carácter-vida.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El autoconocimiento es esencial para perseguir la verdad

La clave para lograr un cambio de carácter es conocer la propia naturaleza, y esto debe hacerse de acuerdo con que Dios te desenmascare. Solo en las palabras de Dios puede una persona llegar a conocer su naturaleza horrenda, los diversos venenos de Satanás que se encuentran en su naturaleza, su necedad e ignorancia y los elementos frágiles y negativos de su naturaleza. Después de que conozcas a fondo estas cosas y seas verdaderamente capaz de odiarte a ti mismo, de rebelarte contra la carne, de persistir en la práctica de las palabras de Dios, de persistir en la búsqueda de la verdad mientras haces tu deber para lograr un cambio de carácter y de convertirte en alguien que ama de verdad a Dios, te habrás embarcado en la senda de Pedro. Sin la gracia de Dios ni el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, sería difícil recorrer esta senda, pues, sin la verdad, las personas no pueden rebelarse contra sí mismas. Recorrer la senda de Pedro de ser perfeccionado depende principalmente de tener determinación, poseer fe y confiar en Dios. Además, una persona debe someterse a la obra del Espíritu Santo y nunca desviarse de las palabras de Dios en todas las cosas. Estos son los aspectos cruciales que nunca pueden ser vulnerados. Durante el transcurso de las propias experiencias, es muy difícil conocerse a uno mismo, y sin la obra del Espíritu Santo, no se obtendrá ningún resultado.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

Para conocerte a ti mismo, debes conocer tus revelaciones de corrupción, tus actitudes corruptas, tus defectos capitales y tu esencia-naturaleza; debes reflexionar sobre ti mismo basándote en tus revelaciones en cada asunto que encuentres en tu vida diaria. Mientras comes y bebes las palabras de Dios, debes examinar tus motivos, perspectivas y actitud hacia cada cosa, y llegar a conocerte a ti mismo a partir de tus revelaciones en estos asuntos. Por supuesto, para conocerte a ti mismo a un nivel más profundo, debes usar las palabras de Dios; solo conociéndote a ti mismo basándote en las palabras de Dios puedes lograr resultados. Cuando se trata de aceptar el juicio de las palabras de Dios, no temas sufrir dolor en tu corazón, no temas perder tu dignidad y tu imagen cuando las palabras de Dios te expongan y, más aún, no temas que tus feos estados queden al descubierto y que los demás los desentrañen. Solo sufriendo estos dolores puedes conocer tus actitudes corruptas, desentrañar la verdad de tu profunda corrupción, odiarte a ti mismo y a Satanás de corazón, así como llegar fácilmente a rebelarte contra tu carne y contra Satanás. Cuando seas capaz de poner en práctica la verdad, te habrás despojado de tus actitudes corruptas. Es muy beneficioso para las personas sufrir de esta manera mientras aceptan el juicio. Como creyente en Dios, deberías leer más palabras de Dios que juzgan y castigan a las personas, especialmente aquellas que exponen la esencia de la corrupción de la especie humana. Deberías vincularlas más a tu estado real y aplicártelas más a ti mismo y menos a los demás. Los diversos estados que Dios expone aparecen bastante en cada persona y todos se corresponden con cada una. Si no te lo crees, intenta experimentarlo. Cuanto más experimentes, más te conocerás a ti mismo y más sentirás que las palabras de Dios son muy exactas. Tras leer las palabras de Dios, algunas personas son incapaces de vincularlas a sí mismas; piensan que parte de estas palabras no tratan de ellas, sino de otras personas. Por ejemplo, cuando Dios desenmascara a las personas como jezabeles y rameras, algunas hermanas creen que, al haber sido inequívocamente fieles a sus maridos, esas palabras no deben de referirse a ellas. Otras creen que, como no están casadas y nunca han mantenido relaciones sexuales, esas palabras tampoco deben de referirse a ellas. Algunos hermanos piensan que estas palabras solo se dirigen a las mujeres y no tienen nada que ver con ellos. Alguna gente piensa que las palabras de Dios para desenmascarar al hombre son demasiado severas, que no se ajustan a la realidad, así que no pueden aceptarlas. Incluso hay quienes dicen que, en algunos casos, las palabras de Dios son inexactas. ¿Es esta la actitud correcta hacia las palabras de Dios? Obviamente es errónea. Todas las personas se ven a sí mismas según sus comportamientos externos. Son incapaces de reflexionar sobre sí mismas y llegar a conocer su esencia corrupta en medio de las palabras de Dios. Aquí, “jezabeles” y “rameras” aluden a la esencia de la corrupción, la suciedad y la promiscuidad de la humanidad. Hombre o mujer, casado o no, todo el mundo tiene pensamientos corruptos de promiscuidad; por tanto, ¿cómo es posible que no tenga nada que ver contigo? Las palabras de Dios exponen las actitudes corruptas de la gente; trátese de un hombre o de una mujer, el nivel de corrupción es el mismo. ¿No es un hecho? En primer lugar, debemos reconocer que todo lo que Dios dice es la verdad, que está en consonancia con los hechos y que por muy severas que sean Sus palabras que juzgan y ponen en evidencia a la gente, o por muy amables que sean Sus palabras de enseñanza de la verdad o de exhortación, sean tales palabras de juicio o bendiciones, sean condenas o maldiciones, sea amarga o dulce la sensación que le den, la gente debe aceptarlas todas. Esa es la actitud que la gente debe tener hacia las palabras de Dios. ¿Qué clase de actitud es esta? ¿Es una actitud devota, una actitud paciente o una actitud de soportar el sufrimiento? Estáis algo confundidos. Os digo que no se trata de ninguna de estas. En su fe, las personas deben mantener firmemente que las palabras de Dios son la verdad y, dado que son la verdad, la gente debería aceptarlas con razón. Sean o no capaces de reconocerlo o admitirlo, su primera actitud debería ser la de aceptar plenamente las palabras de Dios en su corazón; solo esta es una actitud de sumisión a Dios. Si piensas que las palabras de Dios no te están desenmascarando a ti, entonces, ¿acaso no eres tú también un miembro de la humanidad corrupta? Todos los miembros de la humanidad corrupta deben aceptar el juicio y el castigo de Dios; ¿podrías ser tú realmente la excepción? Cada miembro de la humanidad corrupta tiene parte en los problemas que exponen las palabras de Dios. Cada frase pronunciada por Dios desenmascara a la humanidad corrupta, y todos tienen parte en esto; por supuesto, tú no eres la excepción. Ni una sola frase de las palabras de Dios expone las apariencias externas, o un tipo de estado, y mucho menos un precepto externo o una simple forma de comportamiento en las personas. No son así. Si piensas que cada frase de las palabras de Dios solo está dejando en evidencia un simple tipo de comportamiento humano o apariencia externa, entonces no tienes entendimiento espiritual y no entiendes qué es la verdad. Las palabras de Dios son la verdad. La gente siente que son profundas. ¿En qué sentido son profundas? Cada palabra de Dios expone las actitudes corruptas de las personas y las cosas profundamente arraigadas en sus vidas. Son cosas esenciales, no apariencias externas y, en particular, no son comportamientos externos. Si te fijas en sus apariencias externas, muchos individuos podrían parecer buenas personas. ¿Pero por qué, entonces, Dios dice que algunas personas son espíritus malvados y otras son espíritus inmundos? Este es un asunto que no es visible para ti. Así pues, las palabras de Dios no deben tratarse a la luz de las nociones y figuraciones humanas ni de las habladurías humanas, y ciertamente tampoco a la luz de las declaraciones del partido gobernante. Solo las palabras de Dios son la verdad; las palabras del hombre son todas falacias. Tras estas enseñanzas, ¿habéis cambiado de actitud hacia las palabras de Dios? Por muy grande o pequeño que sea el cambio, la próxima vez que leáis las palabras de Dios que juzgan y desenmascaran a la gente, al menos no deberíais intentar discutir con Dios. Deberíais dejar de quejaros de Dios diciendo: “Las palabras de Dios que desenmascaran y juzgan a las personas son muy severas; no voy a leer esta página. Me la salto sin más. Déjame que busque algo que leer sobre las bendiciones y las promesas para hallar un poco de consuelo”. Debes dejar de leer la palabra de Dios seleccionando y eligiendo según tu propia voluntad. Deberíais aceptar la verdad y el juicio y el castigo de las palabras de Dios, así como reflexionar sobre vosotros mismo y llegar a conoceros. Esta es la única manera de depurar tus actitudes corruptas y solo de este modo podrás alcanzar la salvación.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La importancia y la senda de perseguir la verdad

Si eres alguien que persigue la verdad, deberás reflexionar sobre tus actitudes corruptas y comprenderlas conforme a las palabras de Dios, compararte con cada frase de las palabras de desenmascaramiento y juicio de Dios, y poco a poco desenterrar todos tus estados y actitudes corruptos. A partir de tus palabras y acciones, ahonda en las intenciones y propósitos que hay tras ellas; a partir de cada palabra que pronuncies, disecciónala y disciérnela. No pases por alto siquiera las cosas que existen en tus pensamientos e ideas. De este modo, mediante un incremento de la disección y el discernimiento, descubrirás que tus actitudes corruptas no son pocas, sino muy abundantes, y que los venenos de Satanás no son limitados, sino harto numerosos. Así, de forma gradual, irás viendo con claridad tus actitudes corruptas y tu esencia-naturaleza, y te darás cuenta de lo profundamente que te ha corrompido Satanás. En este momento percibirás hasta qué punto es sumamente preciosa la verdad expresada por Dios. Puede solucionar los problemas de la naturaleza y el carácter de la humanidad corrupta. Esta medicina que Dios ha preparado para las personas corruptas con el fin de salvar a la humanidad tiene una eficacia increíble, es incluso más valiosa que cualquier elixir. Por lo tanto, para alcanzar la salvación de Dios, persigues la verdad por voluntad propia, apreciando cada vez más cada uno de sus aspectos, persiguiéndola con una energía siempre creciente. Cuando uno alberga este sentimiento en el corazón, significa que ya ha logrado cierta comprensión de la verdad y que ya se ha afianzado en el camino verdadero. Si puede experimentarlo más a fondo y amar verdaderamente a Dios desde el corazón, su carácter-vida empezará a transformarse.

Resulta sencillo hacer algunos cambios de comportamiento, pero cambiar el carácter-vida no es fácil. Para resolver el problema de las actitudes corruptas, uno debe empezar por conocerse a sí mismo. Requiere atención, concentrarse en examinar poco a poco los estados y las intenciones de uno mismo, examinar constantemente tanto las intenciones como los hábitos del propio discurso. Y entonces, un día se produce una comprensión repentina: “Siempre digo cosas bonitas para disimular, esperando ganar prestigio en el corazón de los demás. Es un carácter perverso. No es la revelación de una humanidad normal y no es conforme a la verdad. Esta manera perversa de hablar y estas intenciones son incorrectas, y tengo que cambiarlas y despojarme de ellas”. Después de tener esta comprensión, percibirás cada vez con mayor claridad la suma gravedad de tu carácter perverso. Creías que la perversidad tan solo implicaba la existencia de un poco de lujuria perversa entre un hombre y una mujer y suponías que aunque la manifestaras en este aspecto, no eras una persona con un carácter perverso. Esto indica que carecías de comprensión; parecía que conocías el significado superficial de la palabra “perverso”, pero no reconocías ni discernías realmente un carácter de este tipo; y, de hecho, seguías sin entender qué significa esta palabra. Cuando te das cuenta de que has revelado un carácter perverso, empiezas a reflexionar en tu interior y a reconocerlo, ahondas en su origen, y entonces compruebas que en realidad tienes esa clase de carácter corrupto. ¿Qué tendrías que hacer luego? Debes examinar constantemente tus intenciones en tu forma perversa de hablar. Mediante esta indagación continua, identificarás cada vez con mayor autenticidad y precisión que, en efecto, posees esta clase de carácter y de esencia. Solo el día que admitas realmente que tienes un carácter perverso, comenzarás a odiar y aborrecer el hecho de que eres tan profundamente corrupto por dentro. Uno pasa de considerarse una buena persona, de conducta recta, con sentido de la rectitud, una persona de integridad moral, una persona ingenua, a reconocer que posee esencias-naturaleza como arrogancia, intransigencia, falsedad, perversidad y aversión a la verdad. En ese momento, se habrá identificado con precisión a sí mismo y sabrá qué es realmente. Un simple reconocimiento verbal o una identificación superficial de que se tienen estas manifestaciones y estados no producirá un odio genuino. Solo al reconocer que la esencia de estas actitudes corruptas corresponde al vil rostro de Satanás puede uno llegar a odiarse a sí mismo. ¿Qué clase de humanidad se necesita para conocerse realmente a uno mismo hasta el punto de odiarse? Uno debe amar las cosas positivas, amar la verdad, amar la equidad y la justicia, tener conciencia y conocimiento, un corazón bondadoso, y ser capaz de aceptar y practicar la verdad; todas las personas así pueden llegar a conocerse y a odiarse realmente a sí mismas. Quienes no aman la verdad y tienen dificultades para aceptarla nunca se conocerán a sí mismos. Y aunque de boquilla hablen de conocerse a sí mismos, no logran poner en práctica la verdad y no experimentarán ningún cambio auténtico. Conocerse a sí mismo es la tarea más difícil.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El autoconocimiento es esencial para perseguir la verdad

Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no se centraba en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico, sino que se concentraba en entender la verdad y captar las intenciones de Dios, así como en lograr conocer el carácter y la hermosura de Dios. Pedro también intentaba conocer los diversos estados corruptos del hombre, así como su esencia-naturaleza y sus deficiencias reales a partir de las palabras de Dios. Solo de esta manera pudo cumplir fácilmente con los requisitos de Dios para satisfacerlo. Pedro tuvo muchas prácticas acertadas en lo relativo a las palabras de Dios. Esto estuvo sumamente de acuerdo con las intenciones de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba Su obra. Cuando experimentó los centenares de pruebas enviadas por Dios, Pedro se comparó de un modo estricto con cada palabra del juicio y el desenmascaramiento de Dios hacia el hombre, y con cada palabra de Sus requisitos al hombre, se autoexaminó y se esforzó por captar con precisión el significado de las palabras de Dios. Meditó sinceramente sobre todo aquello que Jesús le dijo, grabándose cada palabra en la mente con firmeza; este enfoque dio muy buenos resultados. Al practicar de esta manera, fue capaz de conocerse a sí mismo a través de las palabras de Dios, y no solo llegó a conocer los diversos estados corruptos y defectos del hombre, sino que también llegó a conocer la esencia y la naturaleza del hombre. Esto es lo que significa conocerse a sí mismo de verdad.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro

Para que la gente pueda entenderse a sí misma, debe comprender su carácter corrupto y captar sus verdaderos estados. Para entender el propio estado, lo más crucial es captar los pensamientos y las ideas de uno. En cada periodo, los pensamientos y las ideas de una persona están gobernados por un factor importante. Si eres capaz de captar tus pensamientos e ideas, podrás captar las cosas detrás de ellos. Nadie puede controlar sus pensamientos e ideas. Sin embargo, necesitas saber de dónde provienen estos pensamientos y estas ideas, qué motivos hay detrás, cómo se producen, qué los gobierna y cuál es su naturaleza. Después de que cambie el carácter de una persona, los pensamientos, las ideas, los puntos de vista y los objetivos que persigue que surgen de esta parte cambiada de ella serán muy distintos. Básicamente, se aproximarán y serán acordes a la verdad. Todas las cosas interiores de las personas que no han cambiado, es decir, sus pensamientos, ideas y puntos de vista antiguos, así como aquellas que les gustan y buscan, son sucias, inmundas y espantosas. Una vez que alguien llega a entender la verdad, es capaz de discernir estas cosas y de verlas claramente. Por tanto, puede rebelarse contra ellas y dejarlas atrás. Sin duda, este tipo de persona ha experimentado algunos cambios. Es capaz de aceptar y practicar la verdad, y de entrar en algunas realidades-verdad. Aquellos que no entienden la verdad no pueden ver claramente estas cosas corruptas o negativas ni discernirlas. Por tanto, son incapaces de dejarlas atrás, ya no digamos de rebelarse contra ellas. ¿Qué causa esta diferencia exactamente? Si todos son creyentes, ¿cómo es que algunos pueden discernir y rechazar las cosas negativas e inmundas, y otros no pueden verlas claramente ni librarse de ellas? Esto está relacionado directamente con si una persona ama la verdad y la persigue.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

La clave para la autorreflexión y el conocimiento de ti mismo es esta: cuanto más sientas que en ciertas áreas lo has hecho bien o has hecho lo correcto, y más creas que puedes satisfacer las intenciones de Dios o que eres capaz de jactarte en ciertas áreas, más vale la pena que te conozcas en esas áreas y que profundices en ellas para ver qué impurezas existen en ti, así como qué cosas en ti no pueden satisfacer las intenciones de Dios. Tomemos a Pablo como ejemplo. Pablo era especialmente culto, sufrió mucho cuando predicaba y obraba y muchos particularmente lo adoraban. En consecuencia, después de terminar mucho trabajo, supuso que ya había una corona reservada para él. Esto lo llevó a ir cada vez más lejos por la senda equivocada, hasta que finalmente Dios lo castigó. Si hubiera reflexionado sobre sí mismo y se hubiera diseccionado en aquel momento, no habría pronunciado esas palabras arrogantes y carentes de razón. Durante el tiempo que predicó el evangelio, Pablo solo se centró en hacer la obra y no persiguió la verdad. A partir de sus epístolas, se puede ver que nunca buscó ni recopiló las palabras pronunciadas por el Señor Jesús ni las propagó en ellas. Evidentemente, Pablo nunca reflexionó sobre sí mismo en las palabras del Señor Jesús ni vio la preciosidad de Sus palabras, por lo que es difícil decir qué conocimiento verdadero tenía del Señor Jesús. Pablo solo pensaba que entendía la Biblia y solo creía en sus propias nociones y figuraciones. Pensaba que mientras tuviera algunas buenas prácticas y exhibiera algunos buenos comportamientos, podría obtener la aprobación de Dios y ser recompensado por Él. Como resultado, se embarcó en la senda de servir a Dios y, sin embargo, oponerse a Él. Y, aun así, durante los últimos dos mil años, los creyentes en el Señor han carecido de discernimiento sobre él. No han sabido quién era Pablo ni la senda que recorrió. Simplemente porque sus epístolas quedaron registradas en la Biblia, la gente siempre ha adorado a Pablo, lo ha identificado como el objetivo de su búsqueda y lo ha considerado un ídolo al que aspirar y en el que buscar convertirse. En consecuencia, todos los que adoran e imitan a Pablo se han embarcado en la senda de los anticristos. El caso de Pablo sirve de advertencia para cada uno de los escogidos de Dios. Especialmente cuando nosotros, que seguimos a Dios, podemos sufrir y pagar un precio en nuestros deberes y en nuestro servicio a Dios, y así sentir que somos devotos y que somos personas que aman a Dios, deberíamos reflexionar sobre nosotros mismos y entendernos aún más en lo concerniente a la senda que estamos tomando, lo cual es muy necesario. Esto se debe a que determinarás que las cosas que consideras tus puntos buenos y las cosas que crees que has hecho de la manera correcta, son correctas, y no dudarás de ellas, ni reflexionarás sobre ellas, ni diseccionarás si hay algo en ellas que se oponga a Dios. Por ejemplo, hay personas que se creen extremadamente bondadosas. Nunca odian ni hieren a los demás y siempre echan una mano a un hermano o hermana cuya familia está en apuros para que su problema no se quede sin resolver. Tienen una gran buena voluntad y hacen todo lo que está en su mano para ayudar a todo el que puedan. No obstante, jamás se centran en practicar la verdad, y no tienen ninguna entrada en la vida. ¿Cuál es la consecuencia de esa ayuda? Retrasan su propia vida. No obstante, están muy contentas consigo mismas y sumamente satisfechas con todo lo que han hecho. Es más, se enorgullecen de ello, pues creen que en todo lo que han hecho no hay nada que vaya contra la verdad, que definitivamente satisfará las intenciones de Dios y que son auténticas creyentes en Él. Ven su buena voluntad natural como capital y dan por hecho que es la verdad. En realidad, lo único que ejercen es la bondad humana. No practican la verdad en absoluto, ya que lo que hacen es ante los hombres, no ante Dios, y ni mucho menos practican de acuerdo con las exigencias de Dios y la verdad. Por tanto, todas sus acciones son en vano. Nada de lo que hacen representa practicar la verdad ni las palabras de Dios, y mucho menos seguir Su voluntad; más bien, utilizan la buena voluntad humana y la buena conducta para ayudar al prójimo. En resumen, no buscan las intenciones de Dios en todo lo que hacen ni actúan según Sus requisitos. Dios no aprueba esta clase de buena conducta del hombre; para Dios, se la debe condenar, y no merece que Él la recuerde.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente

Mientras experimentas la obra de Dios, por más veces que hayas fallado, tropezado, sido podado o revelado, estas cosas no son malas. Independientemente de cómo hayas sido podado —si ha sido por parte de los líderes, obreros o hermanos o hermanas—, siempre es bueno. Debes recordar que, por mucho que sufras, en realidad te estás beneficiando. Cualquier persona con experiencia puede dar fe de ello. Pase lo que pase, ser podado o revelado es siempre algo bueno. No es una condena. Es la salvación de Dios y la mejor oportunidad para que llegues a conocerte. Puede causar un punto de inflexión en tu experiencia de vida. Sin ello, no tendrás ni la oportunidad, ni las condiciones, ni el contexto para alcanzar un entendimiento de la verdad de tu corrupción. Si entiendes realmente la verdad y eres capaz de desenterrar las cosas corruptas ocultas en las profundidades de tu corazón, si puedes discernirlas con claridad, entonces eso es bueno, eso ha resuelto un problema importante de entrada en la vida, y supone un gran beneficio para la transformación de carácter. Poder conocerte realmente es la mejor oportunidad para que pases por una transformación profunda y te conviertas en una nueva persona; es la mejor oportunidad de que tengas una nueva vida. Cuando realmente te conozcas, podrás ver que, cuando la verdad se convierte en la vida de alguien, es algo realmente precioso, y tendrás sed de la verdad, la practicarás y entrarás en la realidad. ¡Esto es algo verdaderamente grandioso! Si puedes aprovechar esta oportunidad y reflexionar sinceramente sobre ti mismo y obtener un conocimiento genuino de ti mismo cuando falles o caigas, entonces en medio de la negatividad y la debilidad podrás volver a levantarte. Cuando hayas cruzado este umbral, podrás dar un gran paso adelante y entrar en la realidad-verdad.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender lecciones de las personas, los acontecimientos y las cosas cercanos

Todos aquellos que se conocen verdaderamente a sí mismos han fracasado y tropezado anteriormente algunas veces, tras lo cual leyeron las palabras de Dios, le oraron e hicieron introspección y, así, llegaron a ver con claridad la verdad de su propia corrupción y a percibir que, en efecto, estaban profundamente corrompidos y absolutamente desprovistos de la realidad-verdad. Si experimentas de este modo la obra de Dios, y le oras y buscas la verdad cuando te suceden las cosas, llegarás a conocerte poco a poco. Entonces un día por fin lo tendrás claro en tu interior: “Puede que tenga una aptitud ligeramente mejor que otros, pero me la concedió Dios. Siempre estoy jactándome, tratando de sobresalir de entre los demás al hablar y procurando que la gente haga las cosas a mi manera. De verdad que no poseo razón; ¡eso es arrogancia y sentenciosidad! Gracias a la reflexión he conocido mi carácter arrogante. Esto es fruto del esclarecimiento y la gracia de Dios, ¡y le doy gracias por ello!”. ¿Es bueno o malo poder conocer tu propio carácter corrupto? (Bueno). A partir de ahí, debes buscar el modo de hablar y actuar con razón y obediencia, la manera de estar en igualdad de condiciones con los demás, el modo de tratarlos de forma equitativa, la manera de evitar constreñirlos, la manera correcta de tratar tu aptitud, tus dones, tus fortalezas, etc. Así, como una montaña que es reducida a polvo a martillazos, golpe a golpe, se corregirá tu carácter arrogante. Luego, cuando te relaciones con otros o trabajes con ellos para hacer un deber, serás capaz de tratar correctamente sus puntos de vista y de prestar cuidadosamente mucha atención mientras los escuchas. Cuando oigas a otros expresar opiniones que son correctas y concuerdan con la verdad, te darás cuenta de que todas las demás personas tienen algunos puntos fuertes propios y no son en lo más mínimo inferiores a ti. Pensarás: “¿Por qué siempre creí que era mejor que los demás? Eso era autoadmiración e ignorancia de miras estrechas. Era como una rana en el fondo de un pozo. ¡Pensar así carecía tanto de razón, era una desvergüenza! Mi carácter arrogante me cegó los ojos y me tapó los oídos. No escuchaba lo que decían los demás y solo pensaba que yo estaba bien y tenía razón. ¡Resulta que no soy mejor que nadie!”. A partir de entonces, tendrás una verdadera percepción y conocimiento de tus propias deficiencias y de tu escasa estatura. Luego, cuando compartas con los demás y cooperes con ellos en el desempeño de tu deber, descubrirás que hay muchas personas que son mejores que tú y que tu calibre y tu capacidad de comprensión son, como mucho, promedio. ¿No indicará eso que tienes un poco de autoconciencia? Al experimentar de esta manera —reflexionando frecuentemente sobre ti mismo según las palabras de Dios—, serás capaz de obtener un verdadero autoconocimiento, y este conocimiento se hará cada vez más profundo. Serás capaz de desentrañar la verdad de tu corrupción, de ver tu pobreza y miseria, así como tu insoportable fealdad. En ese momento, sentirás aversión hacia ti mismo y odiarás tus actitudes corruptas. Entonces te será fácil rebelarte contra ti mismo. Así se experimenta la obra de Dios. Debes reflexionar sobre tus revelaciones de corrupción de acuerdo con las palabras de Dios. En particular, tras revelar un carácter corrupto en cualquier clase de situación, debes hacer introspección y conocerte frecuentemente. Entonces te resultará fácil ver con claridad tus actitudes corruptas y podrás odiar tu carne y a Satanás de corazón, a la vez que podrás amar la verdad y luchar por ella en tu corazón. De esta forma, tu carácter arrogante seguirá disminuyendo y, paulatinamente, lo desecharás. Adquirirás cada vez más razón y te será más fácil someterte a Dios. A los ojos de los demás, serás más firme, más sensato y hablarás con más objetividad. Escucharás a los demás, y cuando digan algo que sea correcto, te será fácil aceptar sus palabras. Serás capaz de interactuar con la gente con normalidad y de cooperar con ellos armoniosamente. Al hacer tu deber de esta manera, ¿no poseerás entonces razón y humanidad?

La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (1)

Para resolver completamente el problema de tu carácter corrupto, debes buscar la verdad para resolverlo cuando surge por primera vez. Debes resolver el carácter corrupto en su estado incipiente, con lo que te asegurarás así de no hacer nada malo y evitarás futuros problemas. Si un carácter corrupto se arraiga y se convierte en las ideas o el punto de vista de una persona, podrá conducirla a actuar en función de él. Por tanto, la autorreflexión y el autoconocimiento consisten principalmente en descubrir las propias actitudes corruptas y buscar rápidamente la verdad para resolverlas. Debes saber qué cosas hay en tu naturaleza, qué te gusta, qué buscas y qué quieres obtener. Debes diseccionar estas cosas de acuerdo con las palabras de Dios para ver si están en consonancia con Sus intenciones y de qué manera son falaces. Una vez que entiendas estas cuestiones, debes resolver el problema de tu razón anormal, es decir, el problema de tu irrazonabilidad y tu implacable molestia. Este problema no tiene que ver solo con tu carácter corrupto, sino que también atañe al asunto de si eres o no una persona de razón. Especialmente en asuntos donde la fama, el provecho y el estatus están involucrados, cuando las personas se dejan llevar por la fama y el provecho, su razón se vuelve anormal; es como si algo hubiera fallado en sus nervios. Este es también el defecto fatal de las personas. […]

Las cosas de la naturaleza del hombre no son como algunas conductas exteriores, prácticas o pensamientos e ideas que se pueden tratar y listo; deben ser desenterradas de a poco. Además, a las personas no les resulta fácil identificarlas, e incluso si las identifican, no son fáciles de cambiar; lograr el cambio requiere una comprensión lo bastante profunda. ¿Por qué siempre diseccionamos la naturaleza del ser humano? ¿No comprendéis qué significa? ¿De dónde surgen las revelaciones de las actitudes corruptas de las personas? Todas surgen de su naturaleza, y todas están regidas por su naturaleza. Cada una de las actitudes corruptas de las personas, cada pensamiento e idea, cada intención, todo se relaciona con la naturaleza del hombre. Por lo tanto, al desenterrar directamente la naturaleza del hombre, sus actitudes corruptas pueden solucionarse con facilidad. Aunque no es fácil cambiar la naturaleza de las personas, si pueden discernir y desentrañar las actitudes corruptas que revelan, y si pueden buscar la verdad para resolverlas, pueden cambiar gradualmente sus actitudes. Una vez que una persona ha alcanzado un cambio en su carácter-vida, habrá cada vez menos cosas en ella que se resistan a Dios. El propósito de diseccionar la naturaleza del hombre es cambiar su carácter. Vosotros no habéis captado este objetivo y creéis que simplemente al diseccionar y comprender vuestra naturaleza podéis someteros a Dios y restaurar vuestra razón. ¡Lo único que hacéis es aplicar preceptos a ciegas! ¿Por qué no basta con exponer la profunda arrogancia y sentenciosidad de las personas? ¿Por qué también es necesario diseccionar su naturaleza corrupta? No solucionará el problema si solo se exponen su sentenciosidad y su arrogancia. Pero si se disecciona su naturaleza, los aspectos que esto abarca son muy amplios, incluye todas las actitudes corruptas y no es solo el estrecho abanico de la sentenciosidad, la prepotencia y la arrogancia; su naturaleza abarca más que esto. Por tanto, todas las diversas exigencias de las personas hacia Dios son en realidad sus deseos extravagantes, y todas son revelaciones de actitudes corruptas. Es bueno cuando las personas pueden llegar a ver este asunto con claridad. Una vez que reconoces tus deseos extravagantes, puedes odiarte a ti mismo por no tener humanidad y desentrañar tu propia esencia-naturaleza. Entonces te resulta fácil rebelarte contra la carne y negarte a ti mismo, tus actitudes corruptas serán fáciles de resolver y tendrás una senda a seguir. De lo contrario, nunca desenterraréis la causa profunda de vuestras revelaciones de corrupción y solo diréis que esto es orgullo, arrogancia o sentenciosidad o no tener ninguna devoción en absoluto. ¿Solo hablar de tales cosas superficiales puede solucionar tu problema? ¿Hay alguna necesidad de discutir la naturaleza del hombre?

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios

La mayoría de las personas tienen un entendimiento muy superficial de sí mismas. No conocen en absoluto con claridad lo que hay en su naturaleza. Solo tienen conocimiento de algunos de los estados corruptos que revelan, de las cosas que es probable que hagan o de las carencias que tienen, y esto les hace pensar que se conocen a sí mismas. Si luego se atienen a unos cuantos preceptos, se aseguran de no cometer errores en ciertos ámbitos y logran evitar cometer ciertas transgresiones, llegan a pensar que poseen realidad en su fe en Dios y asumen que se salvarán. Esto no son más que figuraciones humanas. Si te atienes a esas cosas, ¿de verdad serás capaz de abstenerte de transgredir? ¿Habrás alcanzado de verdad un cambio en tu carácter? ¿Habrás vivido de verdad la semejanza de un ser humano? ¿Serás capaz de satisfacer a Dios de verdad? En absoluto. De eso no cabe duda. La gente debe tener un estándar alto en su fe en Dios: deben obtener la verdad y experimentar algunos cambios en su carácter-vida. Para ello, primero es necesario que las personas se esfuercen en conocerse a sí mismas. Si el conocimiento que una persona tiene de sí misma es demasiado superficial, esto no resolverá ningún problema en absoluto y su carácter-vida no cambiará en lo más mínimo. Debes conocerte a ti mismo a un nivel profundo. Esto significa conocer tu naturaleza y saber qué elementos contiene, dónde se originan estas cosas y de dónde provienen. Además, ¿eres realmente capaz de odiar estas cosas? ¿Has visto tu fea alma y tu naturaleza perversa? Si de veras ves la verdad sobre ti mismo, te odiarás. Cuando te odies a ti mismo y luego intentes poner en práctica las palabras de Dios, serás capaz de rebelarte contra la carne y obtendrás la fuerza para practicar la verdad, y ya no lo sentirás como una lucha. ¿Por qué muchas personas actúan según sus preferencias carnales? Porque se consideran a sí mismas bastante buenas y sienten que sus acciones son muy adecuadas, están muy justificadas, no tienen ningún fallo e incluso son completamente correctas, por lo que actúan con seguridad en sí mismas. Cuando de veras sepan cuál es su naturaleza —lo fea, despreciable y lastimosa que es—, dejarán de tenerse en tan alta estima y de ser tan arrogantes, y ya no se sentirán tan complacidas consigo mismas. Pensarán: “Debo practicar algunas de las palabras de Dios con los pies firmemente plantados en la tierra. Si no, no estaré a la altura del estándar de ser humano y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. De veras se verán a sí mismas como pequeñas y verdaderamente insignificantes. En este punto, les resultará fácil practicar la verdad y se parecerán un poco a como debería ser un ser humano. Solo cuando una persona se odia de verdad a sí misma es capaz de rebelarse contra la carne. Si no se odia a sí misma, será incapaz de rebelarse contra ella. Odiarte de verdad a ti mismo no es tarea fácil. Requiere que entiendas algunas verdades: primero, debes poseer conocimiento de tu naturaleza. Segundo, debes ver que eres pobre y miserable, que eres extremadamente pequeño e insignificante, así como debes ver tu alma miserable y sucia. Cuando llegas a ver plenamente lo que eres en realidad —cuando se logra este resultado—, obtienes de verdad conocimiento de ti mismo y se puede decir que tu conocimiento de ti mismo es acertado. Solo en este punto puedes odiarte a ti mismo, incluso maldecirte y sentir de verdad que Satanás ha corrompido profundamente a las personas, hasta el punto de que están desprovistas de cualquier semejanza humana. Un día, si de veras te enfrentas a la amenaza de morir, pensarás: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es ciertamente justo. ¡Merezco morir!”. En este punto, no expresarás tus quejas y, mucho menos, te quejarás de Dios; simplemente sentirás que eres absolutamente pobre, miserable, inmundo y corrupto, así como que Dios debería descartarte y destruirte y sentirás que un alma como la tuya no es apta para vivir en la tierra. Por tanto, no te quejarás de Dios ni te resistirás a Él y, mucho menos, lo traicionarás. Pero si no te conoces a ti mismo y aun así te consideras bastante bueno, entonces, cuando se acerque la amenaza de la muerte, pensarás: “Lo he hecho muy bien en mi fe. He perseguido la verdad con gran ahínco y me he sacrificado y he sufrido mucho, pero al final, dios me está dejando morir. No sé dónde está la justicia de dios. ¿Por qué me deja morir? Si incluso alguien como yo tiene que morir, ¿quién puede salvarse? ¿Acaso no está acabada toda la raza humana?”. En primer lugar, tendrás nociones sobre Dios. En segundo lugar, te quejarás de Él y no tendrás sumisión alguna. Eres como Pablo, que no se conocía a sí mismo, ni siquiera cuando estaba a punto de morir. Cuando el castigo de Dios caiga sobre ti, ya será demasiado tarde.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

Es crucial que todo el mundo se conozca a sí mismo, porque eso influye directamente en la cuestión importante de si uno puede o no desechar sus actitudes corruptas y alcanzar la salvación. No pienses que esto es un asunto simple. Conocerte no consiste en entender tus acciones o prácticas, sino en conocer la esencia de tu problema, la raíz de tu rebeldía y su esencia, y por qué no puedes practicar la verdad y entender las cosas que surgen y te perturban al practicar la verdad. Estos son algunos de los aspectos más importantes de conocerte a ti mismo. Por ejemplo, debido a los efectos condicionantes de la cultura tradicional china, según sus nociones tradicionales, el pueblo chino cree que se debe observar una devoción filial hacia los padres, y que aquel que no cumple con la devoción filial es un hijo rebelde. A la gente le han inculcado estas ideas desde la infancia y se enseñan en prácticamente todos los hogares, así como en todas las escuelas y en la sociedad en general. Cuando a una persona le han llenado la cabeza de esas cosas, piensa: “La devoción filial es más importante que nada. Si no fuera un buen hijo, no sería buena persona; sería un hijo rebelde, sería condenado por la opinión pública. Sería alguien sin conciencia”. ¿Es correcto este punto de vista? La gente ha visto muchas verdades expresadas por Dios; ¿acaso Él ha exigido que uno demuestre devoción filial hacia sus padres? ¿Es esta una de las verdades que los creyentes en Dios deben comprender? No, no lo es. Dios solo ha compartido ciertos principios. ¿Cuáles son los principios presentes en las palabras de Dios según los cuales se pide a la gente que trate a los demás? Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia. Ese es el principio al que las personas deben atenerse. Dios ama a los que persiguen la verdad y son capaces de seguir Su voluntad; esas son las personas a las que también debemos amar. Aquellos que no son capaces de seguir la voluntad de Dios, que lo odian y se rebelan contra Él, son personas detestadas por Dios, y nosotros también debemos detestarlas. Esto es lo que Dios pide del hombre. Si tus padres no creen en Él, si saben perfectamente que la fe en Dios es la senda correcta y que puede conducir a la salvación, y no solo son poco receptivos, sino que además juzgan y condenan a los creyentes en Dios, entonces sin duda son personas que sienten aversión por la verdad y la odian, así como se oponen a Dios y lo odian. Y Él, desde luego, las detesta y las odia. ¿Podrías detestar a esos padres? Se oponen a Dios y lo agravian, en cuyo caso, seguramente son demonios y satanases. ¿Podrías odiarlos y maldecirlos? Todas estas son cuestiones prácticas. Si tus padres te impiden creer en Dios, ¿cómo debes tratarlos? Debes acatar el requisito de Dios: amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”. “Todo el que siga la voluntad de Mi Padre, que está en los cielos, es Mi hermano, Mi hermana y Mi madre”.* Estas palabras ya existían en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más claras: “Ama lo que Dios ama y odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas a menudo son incapaces de captar su verdadero sentido. Si una persona es alguien que niega y se opone a Dios, y que está maldita por Él, pero se trata de uno de tus padres o de un familiar tuyo que no parece ser una persona malvada, hasta donde puedes ver, y te trata bien, entonces podrías encontrarte con que eres incapaz de odiarla, y puede incluso que sigas en contacto cercano con ella, sin que cambie vuestra relación. Cuando oigas que Dios odia a tales personas, te sentirás molesto, serás incapaz de ponerte del lado de Dios y de endurecer el corazón para rechazarlas. Siempre estarás limitado por los afectos y no serás capaz de romper lazos con ellas de verdad. ¿Por qué pasa esto? Esto sucede porque tus afectos son demasiado intensos y te impiden practicar la verdad. Esa persona es buena contigo, así que no puedes llegar a odiarla. Solo podrías odiarla si te perjudicara. ¿Ese odio estaría en consonancia con los principios-verdad? Además, todavía te atan las nociones tradicionales, pues piensas que esa persona es uno de tus padres o un familiar y que, si la odias, serías despreciado por la sociedad y criticado por la opinión pública, condenado por ser un mal hijo y como alguien carente de conciencia y que no es humano. Crees que sufrirías la condena divina y serías castigado. Incluso si quieres odiarla, tu conciencia no te lo permite. ¿De dónde proviene este efecto de tu conciencia? Proviene de una idea que te han inculcado desde que eras niño, a través de la herencia de tu familia, de la educación que recibiste de tus padres y del condicionamiento de la cultura tradicional. Esta idea está arraigada en lo profundo de tu corazón y te hace creer erróneamente que la devoción filial es perfectamente natural y justificada, y que cualquier cosa que hayas heredado de tus ancestros siempre es buena. La aprendiste primero y sigue siendo dominante, lo que crea un enorme obstáculo y una perturbación en tu fe y en la aceptación de la verdad, y te deja incapaz de poner en práctica las palabras de Dios y de practicar amar lo que Él ama y odiar lo que odia. De hecho, sabes de corazón que tu vida provino de Dios, no de tus padres, y también que ellos no solo no creen en Dios, sino que se oponen a Él, que Dios los odia y tú deberías someterte a Él, ponerte de Su lado, pero simplemente no puedes llegar a odiarlos, por más que quieras. No puedes cambiar de idea, no puedes endurecer tu corazón y no puedes poner en práctica la verdad. ¿Cuál es la causa de eso? Satanás usa estas culturas tradicionales y estas nociones de moralidad para atar tu corazón y tu mente, haciendo que tus puntos de vista sobre las cosas se tornen absurdos y haciéndote negar a Dios y oponerte a Él en tu corazón, lo que te vuelve incapaz de aceptar las palabras de Dios; tales cosas de Satanás te han poseído y te han hecho incapaz de aceptar Sus palabras. Si quieres practicar las palabras de Dios, estas cosas entrarán en juego y causarán perturbaciones en tu interior, y te harán resistirte a la verdad y a Sus requisitos. Aunque quieras librarte del yugo de la cultura tradicional, te verás impotente para hacerlo. Tras luchar durante un tiempo, cederás. Creerás que las nociones tradicionales de moralidad son correctas y se ajustan a la verdad, así que rechazarás las palabras de Dios o dudarás de ellas, no aceptarás Sus palabras como la verdad y no te importará si puedes alcanzar la salvación, pues sentirás que, después de todo, aún vives en este mundo, y solo puedes tener un camino a seguir en la vida apoyándote en estas cosas. Incapaz de soportar la condena de la opinión pública, preferirías renunciar a la verdad y a las palabras de Dios, y en cambio aferrarte a las nociones de moralidad de la cultura tradicional, pasándote al bando de Satanás y poniéndote de su lado, prefiriendo ofender a Dios en lugar de aceptar la verdad. Decidme, ¿acaso no es el hombre digno de pena? ¿No tiene necesidad de la salvación de Dios? Algunos han creído en Dios durante muchos años, pero aún no logran desentrañar el tema de la devoción filial. Sin importar cómo se comparta la verdad, no logran entenderla. Nunca logran superar esta relación mundana; no tienen la valentía, ni la fe, ni mucho menos la determinación, de modo que no pueden amar y someterse a Dios. Algunos son capaces de ver esto con claridad y decir: “Mis padres no creen en Dios y me impiden creer. Son diablos”. No es fácil hacer esto. Ni un solo no creyente tiene fe en que hay un Dios, o en que Él creó los cielos, la tierra y todas las cosas, o en que el hombre es una creación de Dios. Incluso algunos dicen: “Los padres dan la vida al hombre, y este debería honrarlos”. ¿De dónde proviene este tipo de pensamiento o punto de vista? ¿Proviene de Satanás? Han sido milenios de cultura tradicional los que han educado y desorientado al hombre de esta manera, lo que lo ha llevado a negar la creación y la soberanía de Dios. Si la especie humana no fuera desorientada y controlada por Satanás, investigaría la obra de Dios, leería Sus palabras y sabría que el hombre es creado por Dios, que le ha dado la vida, que le ha proporcionado todo lo que tiene y que es a Dios a quien el hombre debe dar las gracias. Si alguien nos hace un favor, deberíamos aceptarlo de parte de Dios, en particular en el caso de nuestros padres, que nos tuvieron y criaron; Dios ha arreglado todo esto. Él tiene soberanía sobre todo; el hombre no es más que una herramienta de servicio. Si alguien puede dejar de lado a los padres, o a su esposo (o esposa) e hijos para esforzarse por Dios, entonces será más fuerte y tendrá un sentido de la rectitud más elevado ante Él. Sin embargo, es muy difícil para las personas romper las ataduras de la educación nacional y las ideas, nociones y declaraciones morales de la cultura tradicional, porque estos venenos y filosofías de Satanás se han arraigado desde hace tiempo en el corazón de las personas y han producido todo tipo de actitudes corruptas, impidiéndoles oír las palabras de Dios y someterse a Él. En lo profundo del corazón de la humanidad corrupta, falta una disposición fundamental para poner en práctica la verdad y seguir la voluntad de Dios. Por tanto, todas las personas pueden rebelarse contra Dios y oponerse a Él; pueden traicionarlo y renunciar a Él en cualquier momento. Con estas actitudes corruptas, estos venenos de Satanás y estas filosofías de Satanás que moran en las personas, ¿pueden aceptar la verdad? ¿Pueden alcanzar la sumisión a Dios? Es muy difícil, ciertamente. Si no fuera por la obra de juicio realizada por Dios mismo, la humanidad profundamente corrupta no podría alcanzar la salvación ni ser purificada de todas sus actitudes satánicas. Incluso si las personas creen en Dios y están dispuestas a seguirlo, no pueden escuchar a Dios y someterse a Él, ya que les resulta demasiado difícil aceptar la verdad. Por tanto, al perseguir la verdad, uno debe primero perseguir el conocerse a sí mismo; aceptar la verdad se vuelve fácil cuando primero resuelve sus actitudes corruptas. Conocerse a sí mismo no es en absoluto fácil; solo pueden hacerlo aquellos que aceptan la verdad. Es por ello que conocerse es fundamental y es algo que no debéis pasar por alto.

Las personas tienen actitudes corruptas, de modo que les cuesta mucho aceptar la verdad y, aún más, conocerse a sí mismas. Si quieren alcanzar la salvación, deben llegar a conocer sus actitudes corruptas y su esencia-naturaleza. Solo entonces podrán aceptar realmente la verdad y ponerla en práctica, y finalmente despojarse de sus actitudes corruptas y ser salvos. A la mayoría de los que creen en Dios les basta con solo poder decir las palabras y las doctrinas, pues creen que entienden la verdad. Eso es un grave error. Los que no se conocen a sí mismos no la entienden. Por tanto, para entender y obtener la verdad al creer en Dios, la gente debe centrarse en conocerse a sí misma. Independientemente del momento o del lugar en que nos hallemos y del entorno en el que nos encontremos, si podemos llegar a conocernos a nosotros mismos, descubrir y diseccionar nuestras actitudes corruptas y convertir el autoconocimiento en nuestra principal prioridad, sin duda obtendremos algo y poco a poco nos conoceremos a nosotros mismos más a fondo. Al mismo tiempo, practicaremos la verdad, así como el amor y la sumisión a Dios, y entenderemos cada vez más la verdad. De ese modo, esta se convertirá en nuestra vida de manera natural. Sin embargo, si no tienes ningún tipo de entrada en lo relativo al autoconocimiento, será una falsedad que digas que practicas la verdad, porque te están cegando muchas manifestaciones superficiales. Piensas que te comportas mejor, que tienes más conciencia y razón que antes, que eres más amable, que ahora puedes ser considerado y tolerante, y que puedes practicar la paciencia con los demás y perdonarlos. En consecuencia, crees que ya vives una humanidad normal y que eres una persona estupenda y perfecta. No obstante, a ojos de Dios, solo tienes cierto buen comportamiento externo; todavía te falta mucho para encontrarte a la altura de Sus estándares requeridos, y estás muy lejos de someterte a Él y adorarlo de verdad. Eso demuestra que no has obtenido la verdad, que careces de la más mínima realidad y que aún te queda mucho para cumplir los criterios de la salvación.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente

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