8. Cómo discernir las filosofías de Satanás y diversas herejías y falacias
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Dios mismo es la verdad y Él posee todas las verdades. Dios es la fuente de la verdad. Cada cosa positiva y cada verdad provienen de Dios. Él puede emitir un juicio sobre lo correcto y lo incorrecto de todas las cosas y acontecimientos; Él puede emitir un juicio sobre las cosas que han ocurrido, las cosas que están ocurriendo en este momento y las cosas futuras aún desconocidas para la especie humana. Dios es el único juez que puede emitir un juicio sobre lo correcto y lo incorrecto de todas las cosas, y esto significa que lo correcto y lo incorrecto de todas las cosas solo puede ser juzgado por Dios. Él conoce los criterios para todas las cosas. Él puede expresar verdades en cualquier momento y lugar, Dios es la personificación de la verdad, lo cual significa que Él mismo posee la esencia de la verdad. Aunque el hombre comprenda muchas verdades y sea perfeccionado por Dios, ¿tendría entonces algo que ver con la personificación de la verdad? No. Eso es una certeza. Cuando el hombre es perfeccionado, con respecto a la obra actual de Dios y a las diversas normas que Él exige del hombre, este tendrá un juicio y métodos de práctica precisos, y comprenderá plenamente las intenciones de Dios. Puede diferenciar entre lo que viene de Dios y lo que viene del hombre, entre lo que es correcto y lo que es incorrecto. Sin embargo, hay algunas cosas que permanecen inalcanzables y nada claras para el hombre, cosas que este solo puede conocer después de que Dios se las diga. ¿Podría el hombre conocer o predecir cosas que aún son desconocidas, cosas que Dios aún no le ha dicho? En absoluto. Además, aun si el hombre obtuviera la verdad de Dios, poseyera la realidad-verdad y conociera la esencia de muchas verdades y tuviera la capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto, ¿tendría la capacidad de controlar y gobernar todas las cosas? No la tendría. Esa es la diferencia entre Dios y el hombre. Los seres creados solo pueden obtener la verdad de la fuente de la verdad. ¿Pueden obtener la verdad del hombre? ¿Es el hombre la verdad? ¿Puede el hombre proveerla? No puede, y ahí reside la diferencia. Tú solo puedes recibir la verdad, no proveerla; ¿se te puede entonces llamar una persona que posee la verdad? ¿Se te puede llamar la personificación de la verdad? ¡Por supuesto que no! ¿Cuál es, con exactitud, la esencia de la personificación de la verdad? Es la fuente que provee la verdad, la fuente de gobierno y soberanía sobre todas las cosas y es, también, el único criterio y estándar a través de los cuales se juzgan todas las cosas y acontecimientos. Esta es la personificación de la verdad.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (III)
Al expresar la verdad, Dios expresa Su carácter y esencia; Su expresión de la verdad no se basa en las diversas cosas y afirmaciones positivas en las que la gente cree y que la especie humana ha resumido. Las palabras de Dios son las palabras de Dios; las palabras de Dios son la verdad. Son el único fundamento y ley que posibilitan la existencia de la especie humana. Dios condena todos esos presuntos dogmas que tienen su origen en el hombre y están equivocados y son absurdos. No ganan Su reconocimiento, y ni mucho menos son origen o fundamento de Sus declaraciones. Dios expresa Su carácter y esencia con Sus palabras. Todas las palabras que expresa Dios son la verdad, porque Él tiene la esencia de Dios y es la realidad de todas las cosas positivas. Independientemente de cómo esta especie humana corrupta posicione o defina las palabras de Dios o de cómo las contemple o entienda, las palabras de Dios son eternamente la verdad, y esto es un hecho que nunca se altera. Por muchas palabras que haya pronunciado Dios y sin importar cómo las condene y rechace esta especie humana corrupta y perversa, hay un hecho que es siempre inmutable: las palabras de Dios siempre serán la verdad. El hombre nunca puede cambiar esto. Al final, toda la especie humana reconocerá que las palabras de Dios son la verdad y que su estimada cultura tradicional y su conocimiento científico nunca podrán convertirse en cosas positivas, así como nunca podrán convertirse en la verdad. Esto es indiscutible. La cultura tradicional y los modos de supervivencia de la especie humana no se convertirán en la verdad a medida que pasa el tiempo o tras el largo paso del tiempo, y tampoco las palabras de Dios se convertirán en palabras del hombre porque la especie humana las condene o las olvide. La verdad siempre será la verdad, esta esencia nunca cambiará. ¿Qué hecho existe en ello? Que estos dichos comunes que la especie humana ha resumido encuentran su origen en Satanás y en las figuraciones y nociones humanas, o surgen de la impulsividad y las actitudes corruptas de los humanos, y no tienen absolutamente nada que ver con las cosas positivas. Las palabras de Dios, por otra parte, son expresión de la esencia y la identidad de Dios. ¿Por qué expresa estas palabras? ¿Por qué digo que son la verdad? Porque Dios es soberano sobre todas las leyes, las reglas, las causas, las esencias, las realidades y los misterios de todas las cosas y las agarra en Sus manos. Por tanto, solo Dios conoce las reglas, las realidades, los hechos y los misterios de todas las cosas. Dios conoce el origen de todo, y sabe cuál es exactamente la raíz de todas las cosas. Solo las definiciones para todas las cosas presentadas en las palabras de Dios son las más exactas, y solo Sus palabras son los estándares y principios para la vida de la especie humana y las verdades y criterios según los cuales esta puede vivir, mientras que las leyes y teorías de Satanás en las que ha confiado la especie humana para vivir desde que Satanás la corrompiera son al mismo tiempo contrarias al hecho de que Dios es soberano sobre todas las cosas y de que Él es soberano sobre las leyes y las reglas de todas las cosas. Las diversas teorías satánicas del ser humano surgen de sus nociones y figuraciones, y provienen de Satanás. ¿Qué clase de papel desempeña Satanás? Primero, se presenta a sí mismo como la verdad; a continuación, perturba, destruye y pisotea todas las leyes y reglas de todas las cosas que ha creado Dios. Por tanto, aquello que proviene de Satanás se ajusta demasiado bien a la esencia de Satanás y está lleno del perverso propósito de Satanás, de falsificaciones y simulaciones, y de su siempre inmutable ambición. No importa si los humanos corruptos pueden discernir estas filosofías y teorías de Satanás, y por mucha gente que pregone, promueva y siga estas cosas, por muchas eras que la especie humana corrupta las haya admirado, adorado y predicado, no se convertirán en verdad. Como su esencia, su raíz y su origen es Satanás, que es hostil a Dios y a la verdad, estas cosas nunca se convertirán por tanto en la verdad, siempre serán negativas. Cuando no hay verdad con la que comparar, pueden pasar por buenas y positivas, pero cuando se usa la verdad para dejarlas en evidencia y diseccionarlas, no son infalibles, no pueden resistir el escrutinio y son cosas que se condenan y se rechazan al instante. La verdad que expresa Dios está de acuerdo de forma exacta con las necesidades de la humanidad normal de la especie humana que Dios creó, mientras que las cosas que Satanás inculca a las personas son precisamente contrarias a las necesidades de la humanidad normal de la especie humana. Hacen que una persona normal se vuelva anormal y se convierta en extrema, estrecha de miras, arrogante, necia, perversa, intransigente, cruel e incluso tan altiva que resulta insoportable. Llega a un punto en el que se vuelve tan grave que la gente se desquicia y ni siquiera sabe quién es. No quieren ser personas normales o corrientes y en su lugar insisten en ser superhumanos, gente con poderes especiales o seres humanos de alto nivel; estas cosas han distorsionado la humanidad y su instinto. La verdad hace que la gente sea capaz de existir de manera más instintiva de acuerdo con las reglas y las leyes de la humanidad normal y todas estas reglas establecidas por Dios, mientras que estos supuestos dichos populares y enunciados desorientadores justamente hacen que la gente vaya contra el instinto humano y evada las leyes ordenadas y formuladas por Dios, incluso hacen que se desvíe del recorrido de la humanidad normal y haga algunas cosas extremas que la gente normal no debería hacer ni pensar. Estas leyes de Satanás no solo distorsionan la humanidad de las personas; peor aún, les hacen perder su humanidad normal y los instintos de esta.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (I)
Desde la aparición de las ciencias sociales, la ciencia y el conocimiento han ocupado el corazón de los seres humanos. Después, estos han pasado a ser herramientas para gobernar a los seres humanos, con lo cual los han dejado sin espacio suficiente para adorar a Dios y sin tantas condiciones favorables para Su adoración. La posición de Dios se ha hundido cada vez más abajo en el corazón de todos los seres humanos. Sin un lugar para Dios en su corazón, el mundo interior de los seres humanos es oscuro, desesperanzado y vacío. Posteriormente, muchos científicos sociales, historiadores y políticos han saltado a la palestra para expresar teorías de las ciencias sociales, la teoría de la evolución humana y otras que contradicen la verdad de que Dios creó a la especie humana, para llenar los corazones y las mentes de los seres humanos. Así, cada vez son menos los que creen que Dios lo creó todo, y son más los que creen en la teoría de la evolución. Más y más personas tratan los registros de la obra de Dios y Sus palabras durante la era del Antiguo Testamento como mitos y leyendas. La dignidad y la grandeza de Dios se han desvanecido en el corazón de las personas, y lo mismo ha sucedido con la existencia de Dios y la doctrina de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas. La supervivencia de la especie humana y el porvenir de países y naciones ya no son importantes para estas personas, y la especie humana vive en un mundo vacío interesado solo en comer, beber y buscar el placer… Pocas personas tienen la iniciativa de buscar dónde Dios lleva a cabo Su obra hoy o cómo tiene soberanía sobre el destino de la especie humana y lo dispone. Y, de esta forma, sin que el hombre lo sepa, la civilización humana se vuelve cada vez menos capaz de cumplir los deseos del hombre e, incluso, hay muchos que en cambio sienten que, viviendo en un mundo así, son menos felices que aquellos que ya han muerto. Hay incluso personas de países que solían ser muy civilizados que expresan estas quejas. Y es que, sin la dirección de Dios, aunque los gobernantes y sociólogos se devanen los sesos para preservar la civilización humana, todo es inútil. Ninguna persona puede llenar el vacío en el corazón de los seres humanos, porque ninguna persona puede ser la vida del hombre, y ninguna teoría social puede liberarlo de las preocupaciones del vacío. La ciencia, el conocimiento, la libertad, la democracia, el placer y la comodidad solo le brindan un consuelo temporal al hombre. Incluso teniendo estas cosas, la especie humana sigue pecando inevitablemente y se queja de la injusticia de la sociedad. Tener estas cosas no puede entorpecer el anhelo y deseo de explorar de la especie humana. Esto se debe a que el hombre fue creado por Dios, y los sacrificios y exploraciones sin sentido de la especie humana solo pueden traerle cada vez más irritación al hombre y hacer que esté en un estado de terror constante, sin saber cómo afrontar el futuro de la especie humana ni cómo hacer frente a la senda que tiene por delante, hasta el punto de que la especie humana incluso teme la ciencia, teme el conocimiento, y más aún teme el sentimiento de vacío. En este mundo, vivas en un país libre o en uno sin derechos humanos, eres totalmente incapaz de escapar al sino de la especie humana. Seas gobernador o gobernado, eres totalmente incapaz de escapar del deseo de explorar el sino, los misterios y el destino de la especie humana, y mucho menos eres capaz de escapar al inexplicable sentimiento de vacío. Tales fenómenos, comunes a toda la especie humana, son llamados fenómenos sociales por los sociólogos, pero no puede aparecer ninguna gran persona que resuelva estos problemas. Después de todo, el hombre es hombre, y nadie puede reemplazar el estatus y la vida de Dios. Lo que necesita la especie humana no es solo una sociedad justa en la que todos estén bien alimentados y en la que todos sean iguales y libres; lo que necesita la especie humana es la salvación por parte de Dios y Su provisión de vida para ella. Solo cuando la especie humana recibe la provisión de vida de Dios y Su salvación pueden resolverse sus necesidades, su deseo de explorar y el vacío de su corazón. Si los seres humanos de un país o nación son incapaces de recibir la salvación y el cuidado de Dios, ese país o nación se abocará al deterioro, a las tinieblas y, como resultado, Dios lo aniquilará.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios tiene soberanía sobre el porvenir de toda la especie humana
El conocimiento de la cultura de la antigüedad ha robado al hombre, a escondidas, de la presencia de Dios y lo ha entregado al rey de los diablos y sus vástagos. Los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos[a] han llevado los pensamientos y las nociones del hombre a otra era de rebelión y han hecho que ofrezca aún más adoración que antes a aquellos que recopilaron estos Cuatro Libros y los Cinco Clásicos y como consecuencia de ello intensifique sus nociones sobre Dios. Sin que el hombre lo supiese, el rey de los diablos expulsó a Dios de su corazón sin piedad y después lo ocupó él mismo con regodeo triunfante. Desde ese momento, el hombre ha pasado a poseer un alma fea y el rostro del rey de los diablos. Su pecho se ha llenado de odio hacia Dios y la malevolencia del rey de los diablos se ha extendido dentro del hombre día tras día, hasta que este ha quedado consumido por completo. El hombre ya no tiene la más mínima libertad ni manera de liberarse de los enredos del rey de los diablos. No le ha quedado otro remedio que ser tomado cautivo en el acto, rendirse y someterse en su presencia. Hace mucho, cuando el corazón del hombre estaba todavía en ciernes, el rey de los diablos plantó en él la semilla del tumor del ateísmo le enseñó falacias tales como “estudia ciencia y tecnología, realiza las Cuatro Modernizaciones y no hay Dios en el mundo”. Y no solo eso, sino que grita en toda ocasión: “Construyamos una hermosa patria apoyándonos en nuestro laborioso esfuerzo”, pidiendo a todas las personas que estén preparadas desde la infancia para rendir servicio a su país. El hombre ha sido llevado ante su presencia inconscientemente y este, sin dudarlo, se atribuye todo el mérito a sí mismo (es decir, el mérito que le pertenece a Dios por sostener a toda la humanidad en Sus manos). Nunca ha tenido ningún sentido de vergüenza. Además, se apodera descaradamente del pueblo de Dios y lo arrastra de vuelta a su casa, donde salta como un ratón sobre la mesa y hace que el hombre lo adore como a “Dios”. ¡Qué forajido! Grita cosas impactantes y escandalosas como: “No hay Dios en el mundo. El viento se genera por cambios que están gobernados por las leyes naturales; la lluvia se crea cuando el vapor de agua, al encontrarse con temperaturas bajas, se condensa en gotas que caen sobre la tierra; un terremoto es el temblor de la superficie de la tierra por los cambios geológicos; la sequía se debe a la sequedad del aire causada por la fisión de partículas nucleares en la superficie del sol. Son fenómenos naturales. ¿Dónde hay un acto de Dios en todo esto?”. Hay incluso aquellos que gritan indecibles afirmaciones como las siguientes: “El hombre evolucionó de los simios en la antigüedad y el mundo hoy viene de una sociedad primitiva que empezó hace aproximadamente un eón. El que un país prospere o decaiga está completamente en manos de su pueblo”. En segundo plano, hace que el hombre lo cuelgue en la pared o lo ponga en la mesa para adorarlo y hacerle ofrendas. Al tiempo en que grita: “No hay Dios”, se erige a sí mismo como dios y empuja a Dios sin contemplaciones fuera de los límites de la tierra mientras se pone en el lugar de Dios y actúa como rey de los diablos. ¡Qué falta de razón tan absoluta! […]
De arriba abajo, y de principio a fin, Satanás ha estado perturbando la obra de Dios y actuando en oposición a Él. Toda esta “herencia cultural antigua”, el valioso “conocimiento de la antigua cultura”, “las enseñanzas del taoísmo y confucionismo” y “los clásicos confucianos y ritos feudales” han llevado al hombre al infierno. La ciencia y la tecnología modernas y avanzadas, así como la industria, la agricultura y los negocios altamente desarrollados no se ven por ningún sitio. Más bien, todo lo que hace es enfatizar los ritos feudales traídos por los “simios” de la antigüedad para trastornar la obra de Dios, oponerse a ella y destruirla deliberadamente. No solo ha seguido afligiendo al hombre hasta hoy, sino que además quiere tragárselo[1] por completo. La transmisión de las enseñanzas de la ética feudal y el legado del conocimiento de la antigua cultura han infectado a todas las personas desde hace mucho, y las han convertido en diablos grandes y pequeños. Solo hay unos cuantos que recibirían de buena gana a Dios, y que recibirían con júbilo Su venida. El rostro de todas las personas está lleno de intenciones asesinas y, en todas partes, se respira un aliento mortal. Buscan expulsar a Dios de esta tierra; cuchillos y espadas en mano, se disponen en formación de batalla para “aniquilarlo”.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (7)
Notas al pie:
1. “Tragárselo” se refiere a la violenta conducta del rey de los demonios, que saquea al pueblo en su totalidad.
a. Los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos son los libros de referencia del confucionismo en China.
Independientemente de lo elevado que sea tu nivel de conocimiento o de lo avanzados que sean tus grados y cualificaciones académicas, ahora hablo de los puntos de vista del hombre sobre el conocimiento y Mi opinión al respecto. ¿Sabéis qué piensa Dios del conocimiento? Alguien podría decir que Dios desea para la especie humana una ciencia desarrollada y que entienda más el conocimiento científico, y que no quiere que el hombre sea demasiado retrógrado, ignorante y falto de comprensión. Estas palabras son correctas, pero Dios detesta cosas como el conocimiento científico. Algunos conocimientos científicos positivos —aunque no son la verdad— siguen siendo algo útiles para las personas; como mínimo, pueden rendir un poco de servicio. Por muy bueno que sea el conocimiento científico a los ojos del hombre, no es la verdad ni es un sustituto de esta. El conocimiento científico no puede salvar a las personas de la influencia de Satanás; solo la verdad puede permitirles despojarse de sus actitudes satánicas y ver claramente el rostro de Satanás. Por tanto, Dios expresa la verdad para purificar y cambiar a las personas, así como para transformar sus actitudes. Aunque en ocasiones las palabras de Dios pueden tocar perspectivas o puntos de vista acerca del conocimiento, como el confucianismo o las ciencias sociales, solo son ejemplos representativos. Al leer entre líneas las palabras de Dios, deberíamos ver que Él detesta el conocimiento humano. Dicho conocimiento no consiste solo en enunciados y principios simples; abarca algunos pensamientos y puntos de vista, además de absurdidad y prejuicios humanos, así como venenos de Satanás, y ciertos tipos de conocimiento pueden incluso desorientar y corromper a la gente. Son el veneno de Satanás. Una vez que alguien acepta este veneno y lo domina, este se convertirá en un tumor en su interior, que se extenderá por todo el cuerpo e, inevitablemente, derivará en la muerte si esa persona no se sana con las palabras de Dios y la verdad. De modo que, cuanto más conocimiento adquiera y capte la gente, menos probable será que crea en la existencia de Dios y, al contrario, lo negará y se resistirá a Él. Esto se debe a que el conocimiento es algo que puede ver y a lo que tiene acceso, y se relaciona directamente con su vida, sus perspectivas y su porvenir. Las personas pueden adquirir mucho conocimiento en la escuela, pero están ciegas a la fuente del conocimiento y a su relación con el reino espiritual. La mayoría del conocimiento que la gente aprende y capta va en contra de la verdad de las palabras de Dios. En particular, el materialismo filosófico y la evolución forman parte de las herejías y las falacias del ateísmo y, sin duda, son falacias que se resisten a Dios. ¿Qué ganarás si lees libros de historia, las obras de autores muy conocidos o las biografías de grandes personalidades, o quizá si estudias ciertos aspectos científicos o tecnológicos? Por ejemplo, si estudias física, dominarás algunos principios físicos, la teoría newtoniana u otras doctrinas, pero, una vez aprendidas y asimiladas, estas cosas te controlarán la mente y te dominarán el pensamiento. Después, cuando llegues a leer las palabras de Dios, pensarás: “¿Cómo es que Dios no menciona la gravedad? ¿Por qué no se habla del espacio exterior? ¿Por qué Dios no habla de si la Luna tiene atmósfera o de cuánto oxígeno hay en la Tierra? Dios debería desvelar estas cosas, ya que realmente se deben hacer saber y contar a la humanidad”. Si albergas este tipo de pensamientos en el corazón, les darás la mayor importancia al conocimiento y las teorías que has estudiado, a la vez que considerarás la verdad y las palabras de Dios como algo secundario. Así es como tratarás la palabra de Dios. En cualquier caso, estas cosas relacionadas con el conocimiento desorientan y corrompen a las personas y las hacen apartarse de Dios, negarlo, resistirse a Él e incluso ser hostiles a Él. No importa si lo creéis o no, o si podéis aceptarlo hoy: llegará el día en el que admitiréis este hecho. El conocimiento puede llevar a la gente a la destrucción, al infierno; ¿podéis desentrañar esto? Es posible que algunos no estén dispuestos a aceptarlo, porque entre vosotros hay algunas personas con un alto nivel de educación y muy cultas. No me burlo de vosotros ni soy sarcástico, simplemente expongo un hecho. Tampoco os pido que lo aceptéis aquí y ahora mismo, sino que lleguéis gradualmente a entender este aspecto. El conocimiento hace que utilices la mente y el intelecto para analizar y tratar todo lo que Dios hace. Se convertirá en una traba y un obstáculo para que conozcas a Dios y experimentes Su obra, y te llevará a apartarte de Dios y a resistirte a Él. Pero ahora tienes conocimiento, así que, ¿qué debes hacer? Debes diferenciar entre el conocimiento práctico y el que proviene de Satanás y pertenece a la herejía y la falacia. Si lo único que aceptas es el conocimiento ateísta y absurdo, esto puede obstruir tu fe en Dios, perturbar tu relación normal con Él y tu aceptación de la verdad, y bloquear tu entrada en la vida. Así es como deberías considerarlo, es lo correcto.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La senda de práctica para la transformación del carácter
Conocimiento, experiencia, enseñanzas; ninguna de esas cosas es la verdad ni se relaciona en absoluto con ella. Estas cosas incluso están en contra de la verdad y Dios las condena. Tomemos como ejemplo el conocimiento. ¿La historia cuenta como forma de conocimiento? (Sí). ¿Cómo se originaron el conocimiento y los libros de historia sobre la historia humana, la historia de ciertos países o grupos étnicos, la historia moderna, la historia antigua o incluso ciertas historias no oficiales? (Los escribieron personas). Entonces, ¿las cosas que escriben las personas concuerdan con la historia real? ¿No están las ideas y puntos de vista de las personas en desacuerdo con los principios, los medios y los métodos de las acciones de Dios? ¿Se relacionan con la historia real esas palabras expresadas por el hombre? (No). No hay una relación. Por eso, independientemente de lo precisas que sean las crónicas que contienen los libros de historia, solo son conocimiento. Independientemente de lo elocuentes que sean esos historiadores y de la lógica y la claridad con la que narren esas historias, ¿a qué conclusión llegarás después de escucharlos? (Sabremos de esos acontecimientos). Sí, sabrás de ellos. Sin embargo, ¿narran las historias con el mero objetivo de informarte de esos acontecimientos? Tienen cierta idea con la que desean adoctrinarte. ¿Y en qué se centra ese adoctrinamiento? Eso es lo que debemos analizar y diseccionar. Dejad que os dé un ejemplo para que podáis comprender con qué quieren adoctrinar a la gente. Después de analizar la historia desde la antigüedad hasta el presente, la gente finalmente acuñó un dicho; ha observado un hecho en la historia humana y es que “A los vencedores se los celebra como reyes, mientras que a los perdedores se los considera bandidos”. ¿Es eso conocimiento? (Sí). Ese conocimiento surge de los hechos históricos. ¿Ese dicho se relaciona de alguna manera con los medios y métodos mediante los cuales Dios ejerce Su soberanía sobre todas las cosas? (No). De hecho, es todo lo contrario; los contradice y se opone a ellos. Entonces, te han adoctrinado con este dicho. Y si no comprendes la verdad o si eres un no creyente, ¿qué podrías pensar después de oírlo? ¿Qué percepción tendrías de él? Primero, estos historiadores o libros de historia hacen una lista de todos los acontecimientos de este tipo, y emplean suficiente evidencia y hechos históricos para corroborar la precisión del dicho. Al principio, puede que solo lo hayas leído en un libro y meramente sepas algo del dicho en sí mismo; podrías comprender solo cierta dimensión de él o comprenderlo solo hasta cierto punto, hasta que te enteras de estos acontecimientos. No obstante, una vez que escuchas estos hechos históricos, tu reconocimiento y aceptación se vuelven más profundos. De ninguna manera dirás: “En algunos casos no es así”. En lugar de eso, dirás: “Así es como son las cosas; si se observa la historia desde la antigüedad hasta el presente, la especie humana se ha desarrollado de esta manera: ¡a los vencedores se los celebra como reyes, mientras que a los perdedores se los considera bandidos!”. Al percibir el asunto de esa manera, ¿qué puntos de vista y actitudes tendrás hacia tu conducta propia, tu carrera profesional y tu vida diaria, así como hacia las personas, los acontecimientos y las cosas que te rodean? ¿Esa percepción cambiará tu actitud? (Sí). Lo hará por encima de todo. ¿Y de qué manera cambiará tu actitud? ¿Guiará y cambiará la dirección de tu vida y los métodos que aplicas para los asuntos mundanos? Quizás antes creías que “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud” y que “Los buenos viven en paz”. Ahora, pensarás: “Dado que ‘A los vencedores se los celebra como reyes, mientras que a los perdedores se los considera bandidos’, si quiero convertirme en un funcionario, debo tener cuidado con Fulano. No está de mi lado, así que no puedo ascenderlo aunque lo merezca”. Al pensar de esta manera, tu actitud cambiará, y lo hará rápidamente. ¿Cómo se producirá ese cambio? Será porque has aceptado la idea y el punto de vista de que “A los vencedores se los celebra como reyes, mientras que a los perdedores se los considera bandidos”. Escuchar muchos datos solo reafirmará aún más que este punto de vista es correcto para ti en la vida real humana. Creerás firmemente que debes aplicarlo a tus propias acciones y a tu conducta para poder perseguir tu vida futura y tus expectativas. ¿No te habrán cambiado esa idea y ese punto de vista? (Sí). Y mientras generan cambios en ti, también te están corrompiendo. Así es como sucede. Tal conocimiento te cambia y te corrompe. Así que, al mirar la raíz del asunto, independientemente de la precisión con que estén expuestas estas historias, finalmente se las resume en ese dicho y tú eres adoctrinado con esa idea. Ese conocimiento, ¿es la personificación de la verdad o la lógica de Satanás? (La lógica de Satanás). Correcto. ¿Lo he explicado con suficiente detalle? (Sí). Ahora está claro. Si no crees en Dios, pasarán dos vidas y aún seguirás sin entender esto; cuanto más vivas, más sentirás que eres necio, más pensarás que no eres lo suficientemente implacable y que deberías ser más despiadado, más artero, más siniestro y una persona peor y más malvada. Te dirás a ti mismo: “Si él puede matar, yo debo causar incendios. Si él mata a una persona, yo debo matar a diez. Si él mata sin dejar rastro, yo haré daño a las personas sin que se enteren; ¡incluso haré que sus descendientes me agradezcan durante tres generaciones!”. Esa es la influencia que la filosofía, el conocimiento, la experiencia y las enseñanzas de Satanás han ejercido sobre la humanidad. En realidad, no es más que maltrato y corrupción. Por lo tanto, cualquier tipo de conocimiento que se predique o se propague por este mundo te adoctrinará con una idea o punto de vista. Si no puedes discernir esto, serás envenenado. En definitiva, una cosa es cierta ahora: no importa si este conocimiento viene de la gente corriente o de fuentes oficiales, si es reverenciado por una minoría o por la mayoría; nada de eso es relevante a la verdad. La verdad es la realidad de todas las cosas positivas. Su exactitud no depende de la cantidad de personas que la reconocen. La realidad de las cosas positivas es, en sí misma, la verdad. Nadie puede cambiar eso y nadie puede negarlo. La verdad siempre será la verdad.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (III)
Todos los que son propios de los diablos viven para sí mismos. Su visión de la vida y sus lemas proceden principalmente de los dichos de Satanás, como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “El hombre muere por la riqueza como las aves por el alimento” y otras falacias similares. Las palabras pronunciadas por esos reyes demonios, figuras importantes y filósofos se han convertido en la vida del hombre. En particular, la mayor parte de las palabras de Confucio, proclamado por el pueblo chino como un “sabio”, se han convertido en la vida del hombre. También están los dichos famosos del budismo y el taoísmo, y los dichos clásicos que diversas figuras famosas han repetido con frecuencia. Todos estos son resúmenes de las filosofías de Satanás y de su naturaleza. También son las mejores ilustraciones y explicaciones de la naturaleza de Satanás. Todos estos venenos que se han inoculado en el corazón de la especie humana proceden de Satanás y ninguno de ellos procede de Dios. Tales palabras endiabladas también están en directa oposición a la palabra de Dios. Queda absolutamente claro que las realidades de todas las cosas positivas vienen de Dios, y todas las cosas negativas que envenenan al hombre proceden de Satanás. Por tanto, puedes discernir la naturaleza de una persona y a quién pertenece fijándote en su visión de la vida y en sus valores. Satanás corrompe al hombre mediante la educación y la influencia de gobiernos nacionales, de los famosos y los grandes. Sus palabras endiabladas se han convertido en la vida y naturaleza del hombre. “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” es un conocido dicho satánico que se ha filtrado en todas las personas y se ha convertido en su vida. Hay otras palabras de filosofías para los asuntos mundanos que son así. Satanás utiliza la cultura tradicional de cada nación para educar, desorientar y corromper a las personas, haciendo que la especie humana caiga en un abismo sin fondo de destrucción y, al final, sea destruida por Dios porque sirve a Satanás y se resiste a Dios. Algunas personas han servido como funcionarios públicos en la sociedad durante décadas. Imagina hacerles la siguiente pregunta: “Dado que pudiste convertirte en funcionario y tener una carrera tan fluida, ¿cuáles son los principales dichos famosos mediante los cuales lograste esto?”. Podrían decir: “Lo único que entiendo es esto: ‘Los funcionarios facilitan las cosas a quienes traen obsequios, los que no adulan ni halagan no consiguen nada’”. Confiaron en esta filosofía satánica para convertirse en funcionarios. ¿Acaso no son estas palabras representativas de la naturaleza de tales personas? Recurrir a medios sin escrúpulos para obtener un puesto se ha convertido en su naturaleza. Ser un funcionario que destaque y logre un ascenso meteórico es su objetivo. Hay muchos otros venenos de Satanás en la vida, las acciones y la conducta propia de las personas. Por ejemplo, sus filosofías para los asuntos mundanos, sus tácticas para hacer las cosas y sus máximas están todas llenas de los venenos del gran dragón rojo, y todos estos provienen de Satanás. Por tanto, todas las cosas que impregnan los huesos y la sangre de las personas son de Satanás. Todos esos funcionarios, aquellos que están en el poder y quienes logran el éxito tienen sus propias sendas y sus propios secretos para llegar al éxito. ¿No son tales secretos perfectamente representativos de su naturaleza? Son capaces de llevar a cabo cosas muy grandes en el mundo y nadie puede desentrañar los planes e intrigas que se esconden tras ellas. Esto muestra lo insidiosa y malévola que es su naturaleza. Satanás ha corrompido profundamente a la humanidad. El veneno de Satanás fluye por la sangre de todas las personas, y se puede decir que la naturaleza del hombre es corrupta, perversa, antagonista y opuesta a Dios, llena e inundada de las filosofías y los venenos de Satanás. Se ha convertido por entero en la esencia-naturaleza de Satanás. Por este motivo la gente se resiste y es hostil a Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la naturaleza del hombre
“El dinero mueve el mundo” es una filosofía de Satanás. Es muy frecuente entre la especie humana, en todas las sociedades; podríais decir que es una tendencia. Esto se debe a que se ha inculcado en el corazón de cada persona que, al principio, no aceptaba este dicho, pero luego lo aceptó tácitamente cuando entró en contacto con la vida real, y empezó a sentir que estas palabras eran de hecho ciertas. ¿Acaso no es este un proceso por el que Satanás corrompe al hombre? Quizás las personas no tengan el mismo grado de conocimiento de primera mano sobre este dicho, pero cada uno tiene diferentes grados de interpretación y reconocimiento de este dicho con base en cosas que han acontecido a su alrededor y a todo lo que han experimentado personalmente, ¿no es ese el caso? Independientemente de cuánta experiencia tenga una persona acerca de este dicho, ¿qué efecto negativo ha tenido en su corazón? Que los seres humanos de este mundo —y se puede decir que esto os incluye a cada uno de vosotros— revelan algo de sus actitudes. ¿Qué es? Es la adoración al dinero. ¿Es fácil eliminar esto del corazón del hombre? No, ¡no es fácil! ¡Esto demuestra que la corrupción de Satanás sobre el hombre es realmente profunda! Satanás utiliza el dinero para seducir a la gente y los corrompe a todos convirtiéndolos en cosas que adoran el dinero y los deseos materiales. ¿Cómo se manifiesta esta adoración por el dinero en las personas? ¿No pensáis que en este mundo no podríais sobrevivir sin dinero y que no podríais pasar ni un solo día sin él? La cantidad de dinero que tiene la gente determina lo alto que es su estatus; la cantidad de dinero que tiene la gente determina lo distinguida que es. Los pobres no pueden ir con la cabeza alta, mientras que los ricos tienen un estatus alto, viven sin agachar la cabeza y pueden hablar en voz alta y vivir de manera altiva y desenfrenada. ¿Qué aportan al hombre este dicho y esta tendencia? ¿No es cierto que mucha gente está dispuesta a realizar cualquier sacrificio a fin de ganar dinero? ¿No pierden muchos su dignidad y su integridad en la búsqueda de más dinero? ¿No pierde mucha gente la oportunidad de hacer su deber y seguir a Dios en aras del dinero? ¿Acaso perder la oportunidad de ganar la verdad y ser salvadas no es la mayor pérdida de todas para las personas? Solo usando este método y este dicho, Satanás corrompe al hombre hasta tal punto. ¿No es siniestra la intención de Satanás? ¿No es un truco malévolo? Solo es un dicho que es popular, no obstante pasas de estar en desacuerdo con él a finalmente creer que es la verdad, y para ese momento tu corazón ha sido tomado cautivo por completo por Satanás y, por lo tanto, involuntariamente llegas a vivir según el dicho. ¿En qué grado te ha afectado este dicho? Podrías conocer el camino verdadero, y podrías conocer la verdad, pero no tienes poder para perseguirla. Puedes conocer claramente que las palabras de Dios son la verdad, pero no estás dispuesto a pagar el precio o a sufrir para ganar la verdad. En su lugar, preferirías sacrificar tu propio futuro y porvenir para oponerte a Dios hasta el final. Por mucho que Dios diga, por mucho que haga, por muy profundo y grande que sea el amor que Dios tiene por ti, en la medida en que seas capaz de comprenderlo, insistirías tozudamente en esforzarte por causa de este dicho. Es decir, este dicho ya ha desorientado tus pensamientos y los ha controlado, ya ha dominado tu comportamiento y preferirías dejar que rija tu porvenir antes que desprenderte de tu búsqueda de riqueza. Que actúes así, que puedas ser controlado y manipulado por las palabras de Satanás, ¿acaso no significa que este te ha desorientado y corrompido? ¿Acaso no significa que la filosofía, los pensamientos y el carácter de Satanás se han arraigado en tu corazón? Cuando firmemente persigues la riqueza y abandonas la búsqueda de la verdad, ¿no ha logrado Satanás su objetivo de desorientarte? Es exactamente así. Así pues, ¿puedes percibir cuando Satanás te desorienta y te corrompe? No puedes. Si no puedes ver a Satanás parado delante de ti, o percibir que él actúa en las sombras, ¿serías capaz de ver su perversidad? ¿Podrías saber de qué manera corrompe a la especie humana? Satanás corrompe al hombre en todo tiempo y lugar. Imposibilita que este se defienda de su corrupción y lo deja impotente ante ella. Satanás hace que acepte sus pensamientos, sus puntos de vista y las cosas perversas que provienen de él en situaciones en las que el hombre no es consciente y no se da cuenta de lo que le está pasando y, después de aceptar estas cosas, no ve nada malo en ellas. Las valora y se aferra a ellas como a un tesoro, deja que estas lo manipulen y jueguen con él; así es como vive el hombre bajo el poder de Satanás e inconscientemente lo obedece, y la corrupción del hombre a manos de Satanás se vuelve cada vez más profunda.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único V
Ahora, […] hay personas que creen que el dicho “Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas” es práctico y correcto. ¿Esa gente tiene discernimiento? ¿Acaso entiende la verdad? ¿Son problemáticos los pensamientos y opiniones de esas personas? Si alguien dentro de la iglesia propaga ese dicho, lo hace con un motivo; intenta desorientar a otros. Está tratando de usar el refrán “Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas” para disipar los recelos o las dudas que los demás tienen sobre él. Implícitamente, esto quiere decir que desea que los demás confíen en que puede trabajar, en que es alguien apto para ser usado. ¿No son esas su intención y su meta? Deben de serlo. Piensa para sus adentros: “Nunca os fiais de mí y siempre tenéis dudas. En algún momento probablemente averiguaréis que tengo algún problemilla y me echaréis. ¿Cómo se supone que voy a trabajar si no me quito eso de la cabeza?”. Propaga esa opinión para que la casa de Dios confíe en él sin dudarlo y lo deje obrar con libertad, lo que le permite alcanzar su objetivo. Si alguien que persigue realmente la verdad ve que la casa de Dios supervisa su trabajo, debería tratar de forma adecuada esta supervisión, sabiendo que esto es por su propia protección y, más importante aún, que también es responsable de la obra de la casa de Dios. Pese a que tal vez revele su corrupción, puede orar a Dios para pedirle que lo escrute y lo proteja, o jurar ante Él que aceptará Su castigo si hace el mal. ¿No apaciguaría esto su mente? ¿Por qué propagar una falacia para desorientar a la gente y lograr su propio objetivo? Algunos líderes y obreros muestran siempre una actitud de resistencia ante la supervisión del pueblo escogido de Dios o los esfuerzos de los líderes y obreros superiores por aprender sobre su trabajo. ¿Qué es lo que piensan? “‘Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas’. ¿Por qué siempre me estáis supervisando? ¿Por qué me usáis si no os fiais de mí?”. Si les preguntas sobre su trabajo o indagas acerca de sus progresos y después te interesas por su estado personal, se pondrán aún más a la defensiva: “Este trabajo me ha sido encomendado a mí; entra dentro de mi ámbito. ¿Por qué interferís en mi trabajo?”. Aunque no se atrevan a decirlo abiertamente, insinuarán: “Como dice el dicho, ‘Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas’. ¿Por qué tienes tantas dudas?”. Incluso te condenarán y te pondrán una etiqueta. ¿Y qué pasa si no entiendes la verdad ni tienes discernimiento? Después de oír su insinuación, dirías: “¿Tengo muchas dudas? En ese caso, estoy equivocado. ¡Soy falso! Tienes razón: ‘Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas’”. ¿Acaso no te has desorientado? El dicho “Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas”, ¿se ajusta a la verdad? ¡No, es un disparate! Esas personas perversas son insidiosas y falsas; presentan ese refrán como si fuera la verdad para desorientar a la gente atolondrada. Una persona de ese tipo, al oír ese dicho, se desorienta de verdad, se queda confusa, y piensa: “Es cierto, he ofendido a esa persona. Lo ha dicho él mismo: ‘Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas’. ¿Cómo he podido dudar de él? No se puede trabajar de esa forma. Debo motivarlo sin entrometerme en su trabajo. Puesto que lo estoy usando, necesito confiar en él y dejarlo trabajar libremente sin limitarlo. Debo dejarle margen para actuar. Él tiene capacidad para realizar el trabajo. E incluso si carece de ella, ¡todavía está el Espíritu Santo que sigue obrando!”. ¿Qué clase de lógica es esa? ¿Hay algo en ella que sea acorde a la verdad? (No). Esas palabras suenan correctas. “No podemos limitar a los demás”. “La gente no es capaz de hacer nada; es el Espíritu Santo el que lo hace todo, el que lo escruta todo. No debemos dudar, porque Dios está totalmente al mando”. Pero ¿qué tipo de palabras son esas? ¿No son atolondradas las personas que las pronuncian? No son capaces de ver las cosas como son y se desorientan con una sola frase. Se puede decir que la mayoría considera el dicho “Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas” como la verdad y se deja desorientar y atar por él. Se ven perturbados por él y dejan que les influya al elegir o usar a gente y hasta permiten que les condicione. En consecuencia, muchos líderes y obreros siempre tienen dificultades y dudas cada vez que revisan el trabajo de la iglesia y promocionan, seleccionan y usan a personas. Al final, lo único que pueden hacer es consolarse con las palabras “Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas”. Cada vez que inspeccionan o preguntan por el trabajo, piensan: “‘Ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas’. Debo confiar en mis hermanos y hermanas y, después de todo, el Espíritu Santo escruta a la gente, así que no debo estar siempre dudando de los demás y supervisándolos”. Les ha influido este refrán, ¿no? ¿Qué consecuencias acarrea la influencia de esta frase? En primer lugar, si tienes en mente esta idea de que “ni dudar de aquellos a quienes empleas ni emplear a aquellos de quienes dudas”, ¿inspeccionarás y dirigirás el trabajo de los demás? ¿Supervisarás y harás el seguimiento del trabajo de la gente? Si confías en todos aquellos a los que usas y nunca los supervisas ni diriges en su trabajo, ¿estás haciendo tu deber devotamente? ¿Puedes llevar bien a cabo el trabajo de la iglesia? ¿Puedes completar la comisión de Dios? ¿Estás siendo devoto a la comisión de Dios? En segundo lugar, no solo has fracasado en atenerte a la palabra de Dios y a tus deberes, sino que estás siguiendo y practicando la intriga y la trampa de Satanás, así como su filosofía para los asuntos mundanos, como si fueran la verdad. Estás obedeciendo a Satanás y viviendo de acuerdo con su filosofía, ¿verdad? Eres una persona que no se somete a Dios ni mucho menos acata Sus palabras. Eres un canalla total. ¡Dejar de lado las palabras de Dios y, por el contrario, adoptar una frase de Satanás y practicarla como verdad es traicionar la verdad y a Dios! Trabajas en la casa de Dios, pero el principio para tus acciones es una filosofía para los asuntos mundanos; es la lógica de Satanás. ¿Qué clase de persona eres? Una que traiciona a Dios y lo deshonra gravemente. ¿Cuál es la esencia de esta acción? Condenar abiertamente a Dios y negar abiertamente la verdad. ¿No es esa su esencia? (Lo es). Aparte de no seguir la voluntad de Dios, permites que proliferen en la iglesia los diabólicos dichos de Satanás y una de sus filosofías para los asuntos mundanos. Con ello te conviertes en cómplice de Satanás ayudándole a llevar a cabo sus actividades en la iglesia y a trastornar y perturbar la obra de la iglesia. La esencia de este problema es grave, ¿no es verdad?
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión uno: Qué es la verdad
Entonces, ¿qué significa nunca claudicar? Es cuando alguien fracasa, se enfrenta a reveses o se extravía por la senda incorrecta pero no lo admite. Tan solo se obstina en seguir avanzando. Fracasa, pero no se desanima, ni tampoco admite sus errores. Por mucha gente que lo reprenda o condene, no desiste. Insiste en pelear, trabajar y seguir su propio rumbo en pos de sus propias metas, sin pensar siquiera en el coste. Esa es la clase de mentalidad a la que se refiere la expresión. ¿Acaso no es una buena mentalidad para motivar a la gente? ¿En qué situaciones suele usarse “nunca claudicar”? En cualquier tipo de situación. Allá donde haya seres humanos corruptos existe esa expresión, como también existe esa mentalidad. ¿Con qué objetivo se les ocurrió ese dicho a los humanos que son propios de Satanás? Para que las personas nunca se entiendan a sí mismas, no reconozcan sus propios errores ni tampoco los acepten; para que no vean tan solo la parte de sí mismas que es frágil, débil e inepta, sino más bien la parte que es capaz, fuerte y valerosa, para que no se subestimen y piensen en cambio que son competentes. Siempre que pienses que puedes, entonces podrás; siempre que creas que vas a tener éxito, no fracasarás, y si puedes convertirte en la flor y nata, entonces lo harás. Siempre que tengas esa determinación y resolución, ese deseo y esa ambición descabellada, podrás lograrlo todo. Las personas no son insignificantes; son fuertes. Los no creyentes emplean un dicho: “Los grandes resultados requieren grandes ambiciones”. Hay personas a las que les encanta este dicho en cuanto lo oyen: “¡Vaya! Si quiero un diamante de diez quilates, ¿eso quiere decir que lo conseguiré? Si quiero un Mercedes, ¿eso significa que será mío?”. ¿Estará lo que obtengas a la altura de la amplitud de lo que desea tu corazón? (No). Ese dicho es una falacia. Por decirlo de forma llana, la arrogancia de quienes creen en la expresión “nunca claudicar” y la reconocen no conoce límites. ¿Con qué palabras de Dios entra en contradicción directa la forma de pensar de esa gente? Dios exige a las personas que se entiendan a sí mismas y se comporten de una forma sensata. Las personas tienen actitudes corruptas; sufren limitaciones y tienen un carácter que se resiste a Dios. No hay gente perfecta dentro del género humano, nadie es perfecto; tan solo hay gente corriente. ¿Cómo amonestó Dios a las personas para que se comportaran? (De manera educada). Que se comportaran de manera educada y se mantuvieran en su lugar como seres creados de una forma sensata. ¿Ha exigido alguna vez Dios a la gente que nunca claudique? (No). No. Entonces, ¿qué dice Él acerca de las personas que siguen la senda incorrecta o que revelan un carácter corrupto? (Dice que hay que reconocerlo y aceptarlo). Reconocerlo y aceptarlo, a continuación comprenderlo, ser capaz de virar el rumbo y alcanzar la práctica de la verdad. Por el contrario, nunca claudicar es cuando la gente no entiende sus propios problemas, no comprende sus errores ni los acepta, no vira el rumbo ni se arrepiente en ningún caso, ni mucho menos acepta la soberanía ni los arreglos de Dios. No solo no trata de averiguar cuál es exactamente el porvenir de las personas o cuáles son las instrumentaciones o los arreglos de Dios, no solo no averigua estas cosas sino que en lugar de ello toma las riendas de su propio porvenir; quiere tener la última palabra. Además, Dios exige a la gente que se entienda a sí misma, que se evalúe y examine a sí misma con exactitud y que haga lo que sea que sepa hacer bien de una forma sensata y educada, con todo su corazón, mente y alma, mientras que Satanás hace que la gente emplee a fondo su carácter arrogante y le dé rienda suelta. Hace que las personas sean sobrehumanas, que sean grandiosas e incluso que tengan superpoderes; hace que la gente sea cosas que no puede ser. Por lo tanto, ¿cuál es la filosofía de Satanás? Que incluso si estás equivocado, no lo estás; que siempre que tengas una mentalidad de no admitir la derrota, una mentalidad de nunca claudicar, tarde o temprano llegará el día en que te conviertas en la flor y nata, en que tus deseos y metas se hagan realidad. Entonces, ¿hay algún sentido en el que nunca claudicar quiere decir que usarás los medios que sean para lograr algo? Para poder alcanzar tus metas, no debes reconocer que eres capaz de fracasar, no debes creer que eres una persona corriente ni debes pensar que eres capaz de seguir la senda incorrecta. Además de esto, debes emplear sin escrúpulos toda clase de métodos o intrigas secretas para hacer realidad tus deseos y ambiciones descabelladas. ¿Hay algo en el hecho de nunca claudicar por lo cual la gente se aproxime a su porvenir con una actitud de espera y sumisión? (No). No. Las personas insisten en tomar por completo las riendas de su propio porvenir; desean controlarlo. Tanto si se trata del camino por el que irán, de si serán bendecidas o del tipo de estilo de vida que llevarán, deben tener la última palabra en todo.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Digresión uno: Qué es la verdad
“Sé estricto contigo mismo y tolerante con los demás”, al igual que los dichos como “No te quedes el dinero que te encuentres” y “Disfruta ayudando a otros”, es una de esas exigencias que la cultura tradicional hace respecto a la conducta moral de las personas. Del mismo modo, independientemente de si alguien puede alcanzar o practicar esta conducta moral, no es el estándar o criterio para evaluar si tiene humanidad. Puede que realmente seas capaz de ser estricto contigo mismo y tolerante con los demás, que te ciñas a ciertos estándares con particular rigurosidad y que sobre todo te mantengas sin mancha moral. Puede que siempre pienses en los demás y muestres consideración por ellos sin importar lo que estés haciendo, que no busques beneficios para ti mismo y que parezcas particularmente imparcial y desinteresado. Puede que también tengas sentido de la responsabilidad social y de la moral social, y que muestres tu noble integridad y calidad humana a quienes te rodean e incluso a tu familia. Puede que tus palabras y acciones nunca reciban ninguna crítica o reproche, y que también susciten profusos elogios e incluso admiración. La gente puede considerarte alguien que es verdaderamente estricto consigo mismo y tolerante con los demás. Sin embargo, estas no son más que algunas apariencias externas, e incluso aunque sean apariencias externas, ninguna persona puede alcanzarlas de verdad. Además, ¿son los pensamientos en lo más profundo de la mente de las personas coherentes con estas apariencias externas, con estas acciones que se viven de cara al exterior? De ninguna manera pueden serlo. Esos eruditos, expertos o gobernantes que abogan por estas doctrinas tienen todos un motivo. Y ¿cuál es ese motivo, exactamente? Es engañar y desorientar a la gente para que los adoren, para que los veneren como santos. ¿Pueden tal intención y motivo salir a la luz? Desde luego que no. Esto demuestra que este motivo es algo inconfesable, algo oscuro y perverso. Ahora, ¿por qué este motivo es inconfesable y perverso? Porque la humanidad de las personas está controlada e impulsada por sus actitudes corruptas. ¿Pueden estos eruditos, expertos o gobernantes practicar las teorías que ellos mismos proponen? No pueden practicarlas en absoluto. Las cosas que piensan en su mente y hacen a escondidas son las más perversas y desvergonzadas; este es un hecho innegable. No importa qué palabras altisonantes puedan soltar esos expertos, eruditos o gobernantes, todo es para engañar y desorientar a la gente. Son las personas más descaradamente desvergonzadas entre la humanidad corrupta. Todas sus enseñanzas y teorías se desarrollan bajo el gobierno y la dominación de su naturaleza corrupta, y sus intenciones y motivos son todos siniestros y perversos. Independientemente de si las personas son capaces de ser estrictas consigo mismas y tolerantes con los demás, o de si actúan o no plenamente según esta moral, en realidad su humanidad no está fundamentalmente influenciada ni controlada por este dicho sobre la conducta moral. Entonces, ¿qué controla la humanidad de las personas? Son sus actitudes corruptas, es su esencia-humanidad que yace oculta bajo la moral de “Ser estricto contigo mismo y tolerante con los demás”; ese es su verdadero yo. El verdadero yo de una persona es su esencia-humanidad. ¿Y qué es exactamente su esencia-humanidad? Se manifiesta principalmente en sus preferencias, lo que persigue, su perspectiva de la vida y su sistema de valores, así como su actitud hacia la verdad y hacia Dios, entre otros aspectos. Solo estas cosas pueden representar la esencia-humanidad de las personas. Se puede decir con certeza que la mayoría de las personas que se exigen cumplir la norma moral de ser “estricto contigo mismo y tolerante con los demás” se preocupan mucho por el estatus. Impulsadas por sus actitudes corruptas, no pueden evitar buscar prestigio entre la gente, relevancia social y estatus a ojos de los demás. Todas estas cosas están relacionadas con su deseo de estatus y las buscan al amparo de su buena conducta moral. ¿Y cómo surgen estas búsquedas suyas? Provienen de sus actitudes corruptas y son impulsadas enteramente por ellas. Así pues, pase lo que pase, que alguien siga o no la moral de ser “estricto consigo mismo y tolerante con los demás”, y que lo haga o no a la perfección, eso no puede cambiar su esencia-humanidad en absoluto. Esto implica que no puede cambiar en modo alguno su punto de vista sobre la vida o su sistema de valores, ni guiar sus actitudes y perspectivas sobre todo tipo de personas, acontecimientos y cosas. ¿No es así? (Así es). Cuanto más capaz es una persona de ser estricta consigo misma y tolerante con los demás, mejor sabe fingir y simular. Cuanto mejor es alguien para desorientar a los demás con un buen comportamiento y palabras agradables, más falso y perverso es por naturaleza. Cuanto más es de este tipo de personas, más profundos son su amor por el estatus y el poder y su búsqueda de estos. Por muy maravillosa, gloriosa y correcta que parezca ser su conducta moral externa, y por muy agradable que sea para las personas contemplarla, la búsqueda inconfesable que reside en lo más profundo de su corazón, además de su esencia-naturaleza e incluso sus ambiciones, pueden quedar al descubierto en cualquier momento. Por tanto, por muy buena que sea su conducta moral, no puede ocultar su esencia-humanidad intrínseca ni sus ambiciones y deseos. No puede ocultar su horrible esencia-naturaleza, que no ama las cosas positivas y que siente aversión por la verdad y la odia. Como demuestran estos hechos, el dicho “Sé estricto contigo mismo y tolerante con los demás” no solo es absurdo, sino que además pone en evidencia a esas personas ambiciosas que tratan de utilizar tales dichos y comportamientos para encubrir sus innombrables ambiciones y deseos. Podéis comparar esto con algunos de los anticristos y personas malvadas de la iglesia. A fin de consolidar su estatus y poder en la iglesia, y para adquirir mayor reputación entre los demás, son capaces de sufrir y pagar un precio al realizar su deber, e incluso puede que renuncien a sus empleos y familias y vendan todo lo que tienen para esforzarse por Dios. En algunos casos, el precio que pagan y el sufrimiento que padecen al esforzarse por Dios superan lo que puede soportar una persona normal; son capaces de adoptar un espíritu de abnegación extrema para mantener su estatus. Sin embargo, por mucho que sufran o por mucho precio que paguen, no protegen el testimonio de Dios ni los intereses de la casa de Dios, ni practican según las palabras de Dios. El objetivo que persiguen es únicamente obtener estatus, poder y las recompensas de Dios. Nada de lo que hacen guarda la menor relación con la verdad. Independientemente de lo estrictos que sean consigo mismos y de lo tolerantes que sean con los demás, ¿cuál será su desenlace final? ¿Qué pensará Dios de ellos? ¿Decidirá su desenlace en función de las buenas conductas externas que viven? Desde luego que no. La gente contempla y juzga a los demás en función de estas conductas y manifestaciones, por lo cual acaba siendo engañada por otras personas porque no puede calar su esencia. Dios, no obstante, no recordará ni aprobará en modo alguno la conducta moral de las personas por ser capaces de ser estrictas consigo mismas y tolerantes con los demás. Por el contrario, las condenará por sus ambiciones y por las sendas que hayan tomado en pos del estatus. Por tanto, quienes persigan la verdad deben tener discernimiento del criterio para evaluar a las personas relativo a ser “estricto contigo mismo y tolerante con los demás”. Deben negar y abandonar por completo este absurdo estándar de evaluación y discernir a las personas según las palabras de Dios y los principios-verdad. Deben fijarse, principalmente, en si una persona ama las cosas positivas, en si es capaz de aceptar la verdad y en si puede someterse a la soberanía y las disposiciones de Dios, así como en la senda que elige y recorre, y determinar qué clase de persona es y qué tipo de humanidad tiene a tenor de estas cosas. Es muy fácil que aparezcan desviaciones y errores cuando la gente juzga a los demás según el criterio de “Sé estricto contigo mismo y tolerante con los demás”. Si disciernes y contemplas equivocadamente a una persona en función de principios y dichos provenientes del hombre, estarás vulnerando la verdad y resistiéndote a Dios en ese asunto. ¿Por qué? Porque el fundamento de tu opinión sobre la gente estará equivocado y será incompatible con las palabras de Dios y la verdad; puede que hasta sea opuesto y contrario a ellas. Dios no evalúa la humanidad de nadie según el enunciado de conducta moral “Sé estricto contigo mismo y tolerante con los demás”, por lo que, si sigues empeñado en juzgar la moralidad de las personas y en determinar qué clase de personas son según este criterio, habrás vulnerado por completo los principios-verdad y acabarás por equivocarte y provocarás errores y desviaciones. ¿No es así? (Sí).
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (6)
Hay un dogma en las filosofías para los asuntos mundanos que dice: “Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena”. Esto significa que, para preservar esta buena amistad, uno debe guardar silencio sobre los problemas de su amigo, incluso si los percibe claramente. Respetan los principios de no pegarle a la gente en la cara ni llamarle la atención por sus defectos. Se engañan mutuamente, ocultan cosas el uno del otro y conspiran el uno contra el otro. Aunque sepan con claridad absoluta qué clase de persona es el otro, no lo dicen abiertamente, sino que emplean métodos taimados para preservar su relación. ¿Por qué querría uno preservar tal relación? Se trata de no querer hacer enemigos en esta sociedad, dentro del propio grupo, lo cual significaría someterse a menudo a situaciones peligrosas. Al saber que alguien se convertirá en tu enemigo y te perjudicará después de que le hayas llamado la atención por sus defectos o le hayas hecho daño, y al no desear colocarte en esa situación, empleas el dogma de las filosofías para los asuntos mundanos que dice que “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”. A la luz de esto, si dos personas mantienen una relación de este tipo, ¿se considera que son verdaderos amigos? (No). No son verdaderos amigos, y mucho menos el confidente del otro. Entonces, ¿de qué tipo de relación se trata exactamente? ¿No es una relación social básica? (Sí). En tal relación social, las personas no pueden entablar conversaciones sinceras ni tener conexiones profundas ni hablar sobre lo que les venga en gana. No pueden decir en voz alta lo que hay en su corazón o los problemas que perciben en otras personas ni tampoco palabras que puedan beneficiar a otros. En cambio, optan por decir cosas agradables para ganarse el favor de los demás. No se atreven a decir la verdad ni a defender los principios, de modo que evitan que los demás desarrollen pensamientos hostiles hacia ellos. Cuando nadie supone una amenaza para alguien, ¿acaso esa persona no vive en relativa tranquilidad y paz? ¿No es este el objetivo de las personas que promueven el dicho “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”? (Así es). Es evidente que se trata de una forma de supervivencia torcida y falsa con un elemento de cautela, cuyo objetivo es la propia preservación. Al vivir de esta manera, las personas no tienen confidentes, ni amigos íntimos a los que puedan decirles lo que quieran. Entre las personas, solo hay cautela, explotación e intrigas mutuas, cada uno toma de la relación lo que le conviene. ¿No es así? En el fondo, el objetivo de “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos” es evitar ofender a otros y no ganarse enemigos, no causar daño a nadie para protegerse a uno mismo. Se trata de una táctica y un método que uno adopta para evitar ser lastimado. Si observamos estas facetas diversas de su esencia, ¿es noble exigir de la conducta moral de la gente “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”? ¿Es positivo? (No). Entonces, ¿qué es lo que enseña esto a la gente? Que no debes ofender ni herir a nadie para que no seas tú el que termine herido; asimismo, que no se debe confiar en nadie. Si haces daño a un buen amigo tuyo, la amistad empezará a cambiar sutilmente; pasará de ser un buen amigo, un amigo cercano, a ser un desconocido o un enemigo. ¿Qué problemas puede resolver realmente este tipo de enseñanza? Aunque al actuar de esta manera no te crees enemigos e incluso pierdas unos cuantos, ¿acaso esto hará que la gente te admire o te apruebe y te tenga siempre como amigo? ¿Con esto se cumple plenamente el estándar de conducta moral? En el mejor de los casos, no es más que una filosofía para los asuntos mundanos. ¿Aferrarse a esta clase de enunciado y práctica implica que se tenga una buena conducta moral? En absoluto. Es similar a la manera en la que algunos padres educan a sus hijos. Si su hijo recibe una paliza en algún sitio, le dicen: “Eres un gallina. ¿Por qué no te defendiste? Si te da un puñetazo, ¡dale tú una patada!”. ¿Es esta la manera correcta? (No). ¿Cómo se llama esto? Incitación. ¿Cuál es el propósito de la incitación? Evitar perjuicios y aprovecharse de los demás. Si alguien te da un puñetazo, como mucho te dolerá un par de días; si luego tú le das una patada, ¿no habrá consecuencias más graves? ¿Y quién lo habrá provocado? (Los padres con su incitación). ¿Y no es un poco parecido a la naturaleza del enunciado “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”? ¿Es una forma correcta de lidiar con el mundo? (No). No, no lo es. Visto desde este ángulo, ¿no es esta una manera de incitar a la gente? (Sí). ¿Enseña a la gente que deben ser sabios y capaces de discernir a los demás en sus interacciones interpersonales, que deben ver a las personas y las cosas desde puntos de vista correctos y usar métodos sabios para interactuar con otras personas? (No). ¿Enseña a la gente que si conocen a una buena persona o a una persona con humanidad, deben tratarla con sinceridad, y que cuando vean que esta persona tiene algunas deficiencias y problemas, deben brindarle ayuda si son capaces de hacerlo, y si no pueden, deben ser tolerantes y tratarla correctamente, aprender a ser pacientes con sus deficiencias y aprender de sus puntos fuertes y buenas cualidades? ¿Es eso lo que enseña a la gente? (No). ¿Y qué resulta al final de lo que enseña este dicho a la gente? ¿Hace que la gente sea más honesta o más falsa? El resultado es que la gente se vuelve más falsa; crecen las barreras entre los corazones de las personas, se dilata la distancia entre ellas y sus relaciones se complican, lo que equivale a que se complican las relaciones sociales de la gente. Se pierde la comunicación sincera entre las personas y surge una mentalidad de recelo mutuo. ¿Pueden seguir siendo normales las relaciones de la gente de esta manera? ¿Mejorará el clima social? (No). Por eso es evidente que el dicho “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos” está equivocado. Si la gente vive según este dicho, ¿cuáles serán las consecuencias? ¿Serán capaces de vivir una humanidad normal? ¿Serán capaces de acatar los principios-verdad? ¿Serán capaces de comportarse de una manera abierta, franca, sincera y recta? No pueden lograr ningún resultado positivo en absoluto.
El dicho “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos” alude a dos acciones: la de pegar y la de increpar. Entonces, ¿golpear a alguien está bien o mal? (Mal). ¿Es golpear a alguien un comportamiento y una manifestación de humanidad normal? (No). Golpear a la gente sin duda está mal; siempre está mal, ya sea que los golpees en la cara o en otro lugar. Por lo tanto, el dicho “Si pegas a otro, no le pegues en la cara” es inherentemente erróneo. Este dicho puede entenderse fácilmente en el sentido de que está mal golpear a alguien en la cara, pero que está bien golpearlo en otro lugar, porque golpear la cara es indecoroso, y también te revela como alguien que trata a otras personas de una manera grosera, poco sofisticada y carente de nobleza. Entonces, ¿es noble pegar a la gente en otro sitio? No, eso tampoco es noble. En realidad, este dicho no se centra en dónde pegar a alguien, sino en la propia palabra “pegar”. Si, al relacionarte con los demás, siempre les pegas como forma de enfrentarte a los problemas y abordarlos, tu método en sí está equivocado. Se hace por impulsividad y no se basa en la conciencia y la razón de la propia humanidad y, por supuesto, menos aún se trata de la práctica de la verdad o del acatamiento de los principios-verdad. Algunas personas no hieren el orgullo de otras cara a cara; son diplomáticas al elegir sus palabras, solo dicen cosas que suenan bien y se aferran al enfoque de “no pegar en la cara”, pero siempre están intrigando y conspirando a espaldas de otra gente, encontrando cosas que usar en su contra, esperando oportunidades para vengarse, tratando de incriminarlos, creando rumores infundados para calumniarlos o ingeniando conflictos y usando a otra gente para atacarlos. ¿No son estos métodos insidiosos de naturaleza aún más grave que golpear a alguien en la cara? ¿No son aún más malévolos y carentes de humanidad? (Sí). Entonces, el punto de vista “Si pegas a otro, no le pegues en la cara” es inherentemente erróneo. Es falso, es un disfraz y es una táctica hipócrita, que es detestable, repugnante y aborrecible. Ahora tenemos claro el hecho de que golpear a la gente se debe inherentemente a la impulsividad, y no es una manifestación de humanidad normal. Cuando interactúas con los demás, debes tratarlos con sinceridad e intentar llevarte bien con ellos normalmente. Si no puedes llevarte bien con alguien, puedes mantenerte alejado de esa persona; no hay necesidad de ser impulsivo o violento. Esto es lo que las personas con conciencia y razón deberían lograr. Tan pronto como actúas por impulsividad, incluso si no golpeas a esa persona en la cara sino en otro lugar, sigue existiendo un problema grave. Así es como los no creyentes tratan a sus enemigos; no es una forma normal de llevarse bien con otras personas, y ya ha sobrepasado el ámbito de la humanidad y la razón. ¿La frase “llamar la atención” en el dicho “si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos” es buena o mala? ¿La frase “llamar la atención” conlleva el sentido de que las personas son reveladas o puestas en evidencia, tal como sucede en las palabras de Dios? (No). A Mi entender, la frase “llamar la atención” tal y como se encuentra en el lenguaje humano, no significa eso. En cierto sentido tiene la naturaleza de una forma maliciosa de poner en evidencia; significa desenmascarar los problemas y las deficiencias de la gente, o ciertas cosas y comportamientos desconocidos para los demás, o bien algunas intrigas, ideas o puntos de vista que operan en segundo plano. Este es el significado de la frase “llamar la atención” en el dicho “si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”. Si dos personas se llevan bien y son confidentes, sin ninguna barrera entre ellas, y ambas esperan poder beneficiar y ayudar a la otra, entonces lo mejor será que se sienten juntas y hablen con claridad acerca de las cuestiones por tratar de una forma franca y sincera. Esto es lo correcto, y no es llamar la atención sobre los defectos de los demás. Si descubres que otra persona tiene problemas, pero observas que aún no es capaz de aceptar que se lo señales, basta con que no digas nada, para evitar peleas o conflictos. Si quieres ayudarla, puedes pedirle su opinión y primero preguntarle: “Veo que tienes un pequeño problema y quiero darte algún consejo. No sé si podrás aceptarlo. Si puedes, te lo digo. Si no, por ahora me lo guardaré para mí y no diré nada”. Si dice: “Confío en ti. Lo que digas será adecuado; puedo aceptarlo”, eso significa que te concede permiso, y entonces puedes compartir con ella sobre sus problemas uno a uno. No solo aceptará completamente lo que digas, sino que también se beneficiará de ello, y los dos podréis seguir manteniendo una relación normal. ¿Acaso no es eso tratarse con sinceridad? (Sí). Esta es la manera correcta de relacionarse con los demás; no es llamarles la atención por sus defectos. ¿Qué significa no “llamar la atención por los defectos de los demás”, como dice el dicho en cuestión? Supone no hablar de las deficiencias de los demás, no hablar de aquellos problemas que constituyen su mayor tabú, no exponer la esencia de sus problemas y no ser tan descarado a la hora de llamar la atención al respecto. Supone limitarse a hacer algunos comentarios someros, decir cosas que todo el mundo suele decir, decir cosas de las que la propia persona es capaz de darse cuenta, y no poner al descubierto errores que la persona haya cometido anteriormente ni tampoco temas delicados. ¿En qué beneficia a la otra persona si actúas así? Puede que no la hayas ofendido o no te hayas enemistado con ella, pero lo que has hecho no la ayuda ni la beneficia en absoluto. Por tanto, la propia frase “no le llames la atención por sus defectos” es taimada, una forma de engaño, y no es ser sincero. Se podría decir que actuar así es albergar malas intenciones; no es la manera correcta de relacionarse con los demás. Los no creyentes incluso consideran que la frase “si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos” es algo que debería hacer una persona de noble moral. Se trata claramente de una manera falsa de interactuar con los demás, que las personas adoptan para protegerse a sí mismas; en absoluto es un modo adecuado de interacción.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (8)
El dicho de conducta moral “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”, que se promueve en la cultura tradicional china, es una doctrina que restringe y esclarece a la gente. Solo puede aliviar enfrentamientos menores y conflictos triviales, pero no tiene ningún efecto en absoluto cuando se trata de personas que albergan un odio profundo. ¿Saben las personas que proponen este requisito cuánto son capaces de soportar la conciencia y la razón de una persona normal? Lo saben en su corazón. Entonces, ¿por qué les gusta todavía decir tales cosas? Es enteramente para parecer sofisticadas y nobles ante los demás y para ganarse la aprobación de la gente, y eso es todo. En realidad, tienen muy claro en su mente que si alguien perjudica sus intereses o afecta a sus perspectivas y arruina toda su vida, la maldad sin duda surgirá en su corazón e inevitablemente tomarán represalias. Por mucha conciencia y razón que tengan, no lo dejarán pasar. A lo sumo, lo único que diferirá será la intensidad y el método de su venganza. […]
¿Cuáles son las principales razones por las que las personas pueden tragarse su ira después de ser perjudicadas? Por un lado, están influenciadas por este dicho sobre la conducta moral: “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”. Por otro lado, les preocupa que si guardan rencores mezquinos, odian constantemente a la gente y son intolerantes con los demás, la opinión pública las condenará, otras personas las ridiculizarán y discriminarán, y no podrán establecerse en la sociedad, por lo que no tienen más remedio que tragarse su ira por el momento y esperar una oportunidad para vengarse. Por un lado, si nos fijamos en el instinto humano, las personas que viven en este mundo no pueden soportar toda esta opresión, daño irrazonable y trato injusto. Es decir, no está en la humanidad de la gente la capacidad de soportar estas cosas. Por eso es injusto e inhumano imponer a alguien la exigencia de que “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”. Por otra parte, dichas ideas y opiniones desde luego también afectan o distorsionan las opiniones y perspectivas de la gente sobre estos asuntos, de modo que no puede abordarlos adecuadamente y, en cambio, considera correctos y positivos dichos como “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”. Cuando las personas son objeto de un trato injusto, para eludir la condena de la opinión pública no tienen más remedio que reprimir en su corazón las ofensas y los insultos que han sufrido y esperar la ocasión de vengarse. Aunque en voz alta digan cosas que suenan bien como: “‘Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas’. No importa, no tiene sentido tomar represalias, es agua pasada”, el instinto humano les impide olvidar jamás el daño que este incidente les ha causado; es decir, el daño que ha provocado a su cuerpo y a su mente nunca podrá borrarse ni desaparecer. Cuando la gente dice: “Me desprenderé de mi odio, este asunto está zanjado, es agua pasada”, eso es solo una fachada; no significa que puedan desprenderse verdaderamente de su odio. La gente dice eso únicamente porque está encadenada e influenciada por la idea y la opinión de que “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”. Por supuesto, como las costumbres de la sociedad en su conjunto abogan por esta idea y opinión, y toda la sociedad está limitada, influenciada y controlada por ellas, la gente piensa que si no logran ponerlas en práctica, si no poseen la magnanimidad o la tolerancia de ser indulgentes siempre que sea posible, entonces serán menospreciados por los demás, condenados por todos y, más aún, discriminados en la sociedad o entre otras personas. ¿Cuál es la consecuencia de ser discriminado? Es que, cuando entres en contacto con la gente y gestiones asuntos con ella, la gente pensará que eres mezquino y vengativo, estará a la defensiva contigo y no estará dispuesta a tratar contigo. De esta manera, te verás obstaculizado a cada paso cuando intentes gestionar asuntos entre otras personas, y te será difícil establecerte en la sociedad y sobrevivir entre los demás. Por lo tanto, algunas personas no tienen más alternativa que ceder ante tales costumbres sociales y seguir el dicho y la opinión de que “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”, y vivir una vida de agravios. A la luz de estos fenómenos, ¿no tenían aquellos supuestos moralistas ciertas intenciones y metas al proponer estos dichos sobre la conducta moral? ¿Lo hicieron para que los seres humanos pudieran vivir más libremente y su cuerpo, mente y espíritu estuvieran más liberados? ¿Para que la gente viviera más feliz? Es evidente que no. Estos dichos sobre la conducta moral no sirven en absoluto a las necesidades de la humanidad normal de la especie humana, y ni mucho menos se propusieron para que la gente viviera una humanidad normal. Más bien, sirven enteramente a la clase dominante para controlar al pueblo y estabilizar su poder. Sirven a la clase dominante, y fueron propuestos para que esta pudiera mantener bajo control el orden social y las costumbres sociales. Esos moralistas usan estos dichos sobre la conducta moral para constreñir a cada persona, cada familia, cada grupo y la sociedad que se conforma de varios grupos. Bajo el adoctrinamiento, la influencia y el condicionamiento de tales ideas y opiniones sobre la moralidad, toma forma la perspectiva ideológica dominante de la sociedad sobre la moralidad. Esta formación de la moralidad social y las costumbres sociales no es más propicia para la supervivencia de la raza humana, ni para el progreso y la purificación del pensamiento humano, ni tampoco para la mejora de la humanidad del género humano. Por el contrario, debido al surgimiento de estas ideas y opiniones morales, el pensamiento humano se encierra dentro de un rango controlable. ¿Y quién se beneficia al final? ¿La especie humana? ¿O acaso la clase dominante? (La clase dominante). Así es, es la clase dominante la que se beneficia al final. Con estas escrituras morales como fundamento de su pensamiento y su conducta moral, los seres humanos son más fáciles de gobernar, más propensos a ser ciudadanos obedientes, más fáciles de manipular y más fácilmente regidos por los diversos enunciados de las escrituras morales en todos los asuntos, así como por los sistemas, costumbres y moral sociales y la opinión pública. De este modo, hasta cierto punto, las personas que viven en los mismos sistemas sociales, el mismo entorno moral y con las mismas costumbres sociales tienen unas ideas y opiniones básicamente uniformes y un límite uniforme sobre cómo comportarse, pues sus ideas y opiniones han sido procesadas y normalizadas por los supuestos moralistas, pensadores y pedagogos. En realidad, ¿qué significa el término “uniforme”? Que todos los gobernados, incluidos sus pensamientos y su humanidad normal, se han visto asimilados y confinados por estos enunciados de las escrituras morales. Los pensamientos de la gente están restringidos, a la vez que también lo están sus bocas y cerebros. Todo el mundo se ve obligado a aceptar estas ideas y opiniones morales de la cultura tradicional. Toda persona las usa para juzgar y limitar su propia conducta, por un lado, y para juzgar a los demás y esta sociedad, por otro. Por supuesto, al mismo tiempo también los controla la opinión pública, centrada en estos enunciados de las escrituras morales. Una vez que crees que tu comportamiento incumple el dicho “Una ejecución no hace más que hacer rodar cabezas; sé indulgente siempre que puedas”, te pones muy molesto e incómodo y enseguida piensas: “Si no consigo ser indulgente siempre que pueda, si soy tan despreciable y mezquino como un liliputiense estrecho de miras y no puedo desprenderme de un poco de odio, sino que lo llevo siempre conmigo, ¿se reirán de mí? ¿Me discriminarán mis compañeros y amigos?”. Así que debes fingir ser especialmente magnánimo. Si la gente tiene estas conductas, ¿significa eso que está controlada por la opinión pública? (Sí). Objetivamente, en el fondo de tu corazón hay unos grilletes invisibles; es decir, la opinión pública y la condena de toda la sociedad son como unos grilletes invisibles para ti.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (9)
La implicación del enunciado “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” es que solo deberías dar y aportar a los demás las cosas que te gustan y te complacen. Pero, ¿qué cosas le gustan y complacen a la especie humana corrupta? Cosas corruptas, absurdas, y deseos extravagantes. Si les das y aportas estas cosas negativas a la gente, ¿no se volverá la humanidad cada vez más corrupta? Habrá cada vez menos cosas positivas. ¿No es eso un hecho? Es un hecho que la humanidad está profundamente corrupta. A los humanos corruptos les gusta buscar la fama, el provecho, el estatus y los placeres de la carne; buscan ser famosos, grandes personalidades y superhombres. Les encanta la facilidad y sienten aversión por el trabajo duro; les gusta que los demás se ocupen de todo sin tener que mover un dedo ellos mismos. Muy pocos de ellos aman la verdad y las cosas positivas. Si los seres humanos les dan y les aportan su corrupción y predilecciones a otros, ¿qué pasará? Es tal y como imaginas: la especie humana será cada vez más corrupta. Los que son partidarios de la idea de que “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” piden que la gente les dé y aporte a los demás su corrupción, sus predilecciones y sus deseos extravagantes, lo que provoca que los demás busquen el mal, el placer, el dinero y el ascenso. ¿Es esta la senda correcta en la vida? Es evidente que “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” es un dicho muy problemático. Las lagunas y los defectos que presenta son claramente obvios; ni siquiera merece la pena diseccionarlo y discernirlo. Con solo pensar un poco, sus errores y ridiculez se hacen evidentes. Sin embargo, muchos de vosotros os dejáis convencer e influenciar fácilmente por este dicho y lo aceptáis sin discernimiento. Al relacionaros con los demás, a menudo utilizáis este dicho para amonestaros a vosotros mismos y exhortar a los demás. Al hacerlo, pensáis que vuestra integridad es especialmente noble y que vuestra conducta propia es muy racional. Pero en realidad, estas palabras han delatado el principio según el cual te comportas y tu perspectiva, sin que te des cuenta. Al mismo tiempo, estas palabras han hecho que otros se desorienten y confundan, y que aborden a las personas y las cosas usando tu punto de vista y tu perspectiva. Has desempeñado el papel de un apaciguador al pie de la letra. No te tomas en serio nada de lo que haces, y no te pones las cosas difíciles a ti mismo ni a los demás. Crees que si se las pones difíciles a otras personas, te las estás poniendo difíciles a ti mismo, que ser amable con los demás es ser amable contigo mismo, y que si eres duro con otras personas, estás siendo duro contigo mismo. A lo que te aferras es precisamente al pensamiento y la opinión de “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás”, que es también la mayor recompensa que podrías darte a ti mismo y la mayor indulgencia que podrías mostrarte. Esta es obviamente una actitud de no ser meticuloso en nada; no tienes la perspectiva ni el punto de vista correctos sobre nada, lo ves todo de una manera atolondrada y no meticulosa, y simplemente haces la vista gorda a las cosas. Si te aferras al pensamiento y la opinión de “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” durante toda tu vida de fe en Dios, ¿cuáles serán las consecuencias? No practicarás la verdad, no defenderás los principios-verdad y no poseerás ni una pizca de la realidad-verdad. ¿Por qué? Porque estás influenciado por el dicho “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás”, y ya te ha causado una gran irritación y problemas, lo que hace que, en lo que respecta a muchos asuntos, no puedas tener una opinión o perspectiva clara, y te sea imposible saber o determinar exactamente cuáles son los estándares requeridos por Dios o qué resultados deberías alcanzar. Estas consecuencias derivan de no buscar la verdad y, en cambio, aferrarte a los puntos de vista de las filosofías de Satanás en todas las cosas. “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás”, ¿es la actitud correcta que la gente debería tener en su discurso y acciones? No, no lo es. Es solo una teoría que parece correcta, noble y amable desde fuera, pero en realidad no es en absoluto algo positivo. Claramente, menos aún es un principio-verdad que la gente debería acatar. Dios no exige que la gente no imponga a los demás lo que no quiera para sí; en cambio, le pide que tenga claros los principios que debe observar al abordar diferentes situaciones. Si es correcto y está en consonancia con la verdad de las palabras de Dios, entonces debes aferrarte a ello. Y no solo debes aferrarte a ello, sino que también debes amonestar, exhortar y compartir con los demás, para que entiendan exactamente cuáles son las intenciones de Dios y cuáles son los principios-verdad. Esta es tu responsabilidad y tu obligación. Dios no te está pidiendo que te aferres a las filosofías de Satanás y tomes el camino del medio, y menos aún te está pidiendo que muestres lo magnánimo que eres. Deberías acatar los estándares requeridos y los principios-verdad con los que las palabras de Dios amonestan a la gente. No solo debes aferrarte a ellos para siempre y predicar con el ejemplo al practicar estos principios-verdad, sino que también debes exhortar, supervisar, ayudar y guiar a otros para que los acaten, los observen y los practiquen como tú lo haces. Esto es algo que Dios te exige que hagas, y esta es Su comisión para ti. Dios exige que te mantengas firme en la perspectiva correcta y te aferres a los criterios de las palabras de Dios y a los principios-verdad. Incluso si no puedes lograr esto ahora mismo, incluso si no estás dispuesto, no te gusta, tienes nociones o sientes resistencia hacia ello, debes tratarlo como tu responsabilidad, como tu obligación. Debes compartir con la gente sobre los principios-verdad y las cosas positivas que provienen de Dios, para ayudarlos y guiarlos, de modo que puedan beneficiarse y ser edificados por estas cosas, y embarcarse en la senda correcta en la vida. Esta es tu responsabilidad. No debes aferrarte obstinadamente al dicho “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” que Satanás te ha inculcado. A los ojos de Dios, ese dicho es solo una filosofía para los asuntos mundanos, es un pensamiento y una opinión que conlleva las argucias de Satanás, y no es en absoluto la senda correcta ni es algo positivo. Dios requiere que te comportes de una manera honrada y digna, por lo que deberías tener claro lo que debes y no debes hacer. No te está pidiendo que seas un complaciente o un apaciguador; no te está pidiendo que tomes el camino del medio. Debes aferrarte a los principios-verdad y mantenerte firme en la perspectiva correcta. Por supuesto que debes decir lo que corresponde y debes entender lo que corresponde. También debes ayudar a aquellos que no entienden; deberías darles mucha guía y ayuda. Por supuesto que debes cumplir tu responsabilidad y tu obligación. No debes simplemente quedarte al margen y observar, y menos aún deberías aferrarte a las filosofías que Satanás ha puesto en tu mente, como “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás”. ¿Lo entiendes? (Sí). Lo correcto y positivo es así aunque no te guste, no estés dispuesto a hacerlo, no seas capaz de hacerlo y lograrlo, te resistas a ello o tengas nociones en contra. La esencia de las palabras de Dios y la verdad no van a cambiar solo porque la gente tenga unas actitudes corruptas y ciertas emociones, sentimientos, deseos y nociones. La esencia de las palabras de Dios y la verdad no cambia jamás. Tan pronto como conozcas, comprendas, experimentes y obtengas las palabras de Dios y la verdad, tendrás la obligación de compartir tus testimonios vivenciales con otra gente. De ese modo, todavía más gente comprenderá las intenciones de Dios, comprenderá y obtendrá la verdad, conocerá los estándares requeridos por Dios y entenderá los principios-verdad. Con ello, estas personas tendrán una senda a seguir ante los diversos problemas de la vida diaria y no se confundirán ni se quedarán encadenadas a las diversas ideas y opiniones de Satanás. El dicho de conducta moral “Lo que no quieras para ti no lo impongas a los demás” es real y verdaderamente una argucia de Satanás para controlar los pensamientos de las personas. Si siempre te atienes a esto, entonces eres alguien que vive según las filosofías de Satanás; una persona que vive por completo inmersa en las actitudes satánicas.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (10)
En cualquier época o grupo étnico en que se utilice este dicho de conducta moral, “Daría la vida por un amigo”, se sostiene bastante bien. Es decir, concuerda relativamente bien con la conciencia y razón de la humanidad. Con mayor exactitud, este enunciado concuerda con el concepto de “fraternidad” al que se atienen los seres humanos en conciencia. Las personas que valoran la fraternidad estarían dispuestas a dar la vida por un amigo. Por muy difícil y peligrosa que sea la situación de su amigo, sienten que deberían dar la cara y la vida por él. Este es el espíritu de sacrificio de los propios intereses por los demás. Lo que le inculca a la gente el dicho de conducta moral “Daría la vida por un amigo” es, básicamente, que valore la fraternidad. El estándar requerido que este plantea para la humanidad de la especie humana es que uno debe valorar la fraternidad. La esencia de este dicho es que uno tiene que valorar la fraternidad. […]
¿Qué hay de malo en la idea y la opinión de “Dar la vida por un amigo”? Esta pregunta es en realidad bastante sencilla. Díganme, ¿acaso una persona vive toda su vida solo para sus amigos? Resolver las preocupaciones y dificultades de tus amigos y dar la vida por ellos, ¿son las responsabilidades y obligaciones que deberías cumplir? ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que, como persona que vive en este mundo humano, tienes tus propias responsabilidades y obligaciones que cumplir. En tu familia, debes mantener a tus padres y criar a tus hijos; estas son tus responsabilidades dentro de tu familia. En la sociedad, ya seas obrero, agricultor, empresario o intelectual, tienes responsabilidades y obligaciones sociales que deberías cumplir. Dejando a un lado por ahora la responsabilidad de hacer el deber de un ser creado como creyente en Dios, como persona, las responsabilidades que llevas sobre tus hombros no deberían ser resolver las preocupaciones y dificultades de tus amigos y dar la vida por ellos, sino cumplir tus responsabilidades familiares y obligaciones sociales. Solo entonces tu conducta a lo largo de toda tu vida podrá considerarse completa. Entonces, ¿qué incluyen las responsabilidades que deberías cumplir en tu familia? Como hijo, deberías honrar a tus padres y mantenerlos. Siempre que tus padres estén enfermos o tengan dificultades, deberías —en la medida de tus posibilidades— hacer lo que te corresponde. Como cabeza de familia, deberías asumir las responsabilidades de este rol. Tienes que afanarte y sudar para mantener a toda tu familia, y también debes criar a tus hijos hasta la edad adulta, educándolos para que sigan la senda correcta y logrando que entiendan los principios para la conducta propia. Por tanto, tienes numerosas responsabilidades en tu familia. ¿Y cuáles son tus responsabilidades en la sociedad? Debes acatar las leyes y los preceptos, y también debes cumplir tus responsabilidades en el trabajo. Es decir, no importa qué rol desempeñes en tu familia o en la sociedad, no importa qué senda recorras, no importa qué persigas y anheles, las responsabilidades que cada persona debe asumir son muy importantes para ella y requieren que dedique tiempo y energía. Desde la perspectiva de las responsabilidades familiares y sociales, ¿cuál es el valor de que vengas a este mundo humano? Es cumplir la misión y las responsabilidades que el Cielo te ha dado. Tu vida no te pertenece solo a ti y, por supuesto, no pertenece a otros; existe por el bien de las responsabilidades, las obligaciones y la misión que estás destinado a cumplir en este mundo humano. Tu vida no les pertenece a tus padres ni a tu cónyuge y, naturalmente, tampoco les pertenece a tus hijos. Menos aún le pertenece a tu descendencia. Entonces, ¿a quién le pertenece tu vida? Desde la perspectiva de una persona mundana, tu vida les pertenece a las responsabilidades y misiones que te ha encomendado Dios. Sin embargo, desde la perspectiva de un creyente, tu vida le debe pertenecer a Dios, ya que es Él quien dispone todas tus cosas y tiene soberanía sobre ellas. Por consiguiente, como persona que vive en el mundo, no debes prometer tu vida a nadie a la ligera ni sacrificarla alegremente por nadie en aras de la fraternidad. Es decir, no debes menospreciar tu propia vida. Tu vida carece de valor para cualquier otra persona, sobre todo para Satanás, para esta sociedad y para esta especie humana corrupta, pero, para tus padres y parientes, tu vida es de suma importancia, ya que hay un vínculo indisociable entre tus responsabilidades y su supervivencia. Por supuesto, todavía más importante es que hay un vínculo indisociable entre tu vida y el hecho de que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas y sobre toda la especie humana. Tu vida es indispensable entre las muchas vidas sobre las que Dios tiene soberanía. Tal vez tú no valores tanto tu vida, y quizá no deberías valorarla tanto, pero el caso es que tu vida es muy importante para tus padres y parientes, con quienes tienes una estrecha relación y unos vínculos indisociables. ¿Por qué afirmo eso? Porque tú tienes unas responsabilidades hacia ellos, y ellos también tienen unas responsabilidades hacia ti. Tienes unas responsabilidades hacia esta sociedad, y estas tienen que ver con tu papel en ella. El papel de cada persona y cada entidad viva son indispensables para Dios y elementos imprescindibles de la soberanía de Dios sobre el género humano, sobre este mundo, sobre esta tierra y sobre este universo. A ojos de Dios, toda vida es incluso más insignificante que un grano de arena, y hasta más modesta que una hormiga; no obstante, cada persona es una vida, que es viviente y que respira, y por ende, en el marco de la soberanía de Dios, aunque el papel que desempeñe esa persona no sea fundamental, también es indispensable. Así pues, observándolo desde estos ángulos, si una persona daría fácilmente la vida por un amigo y no solo piensa en hacerlo, sino que está dispuesta a ello en cualquier momento, a dar la vida sin tener en cuenta sus responsabilidades familiares o sociales y ni siquiera las misiones y deberes que le ha encomendado Dios, ¿no es algo que no debería hacer? (Sí). ¡Es traicionero! Lo más valioso que Dios le otorga al hombre es su aliento, lo que se denomina vida. Si prometes alegremente dar la vida por un amigo a quien crees que se la puedes encomendar, ¿no es ser traicionero hacia Dios? ¿No es una falta de respeto por la vida? ¿No es un acto de rebeldía contra Dios? ¿No es un acto de traición a Dios? (Sí). Es obvio que esto supone renunciar a las responsabilidades que debes cumplir en tu familia y en la sociedad y eludir las misiones que Dios te ha encomendado. Es traicionero. Lo principal en la vida de una persona no es otra cosa que las responsabilidades que debe asumir: las responsabilidades familiares y sociales y las misiones que Dios te ha encomendado. Lo principal son estas responsabilidades y misiones. Si pierdes la vida o la sacrificas alegremente por otra persona a raíz de un sentido pasajero de fraternidad y por la impetuosidad de un momento, ¿perviven tus responsabilidades? Entonces, ¿cómo puedes hablar de misiones? Es evidente que no valoras la vida que Dios te otorgó como lo más preciado que hay, sino que alegremente se la prometes a los demás, sacrificas tu vida por ellos, mientras ignoras o abandonas totalmente tus responsabilidades hacia tu familia y la sociedad, lo que es inmoral e injusto. Entonces, ¿qué estoy tratando de deciros? Que no deis la vida ni se la prometáis a los demás alegremente. Algunos preguntan: “¿Puedo prometérsela a mis padres? Y si se la prometo a mi pareja, ¿está bien?”. No. ¿Por qué no? Porque Dios te otorga la vida y permite que esta continúe para que puedas cumplir con tus responsabilidades hacia tu familia y la sociedad y llevar a cabo las misiones que Él te ha encomendado. No es para que trates tu propia vida como una broma: para prometerla o entregarla a la ligera a otros, gastándola por ellos y dedicándosela a ellos. Si una persona pierde la vida, ¿puede todavía cumplir sus responsabilidades familiares y sociales? ¿Puede todavía completar su misión? (No). Y cuando una persona ya no tiene responsabilidades familiares y sociales que cumplir, ¿siguen existiendo los roles sociales que desempeñaba? (No). Cuando una persona ya no tiene roles sociales que desempeñar, ¿sigue existiendo su misión? No, no existe. Cuando ya no tiene vida, sus roles sociales y su misión se quedan en nada. ¿No es esto un intento de reducir a la nada a la humanidad, sobre la cual Dios es soberano, y el plan de gestión de Dios? Si haces esto, ¿no es una traición? (Sí). Esto es, en efecto, una traición. Tu vida existe solo para las responsabilidades y misiones que Dios te ha dado, y el valor de tu vida solo puede demostrarse en el cumplimiento de estas responsabilidades y misiones. Dar la vida por un amigo no es una de tales responsabilidades y misiones. Como persona dotada de vida por Dios, las responsabilidades y misiones que Él te ha encomendado son las cosas que deberías cumplir. En cambio, dar la vida por un amigo no es una responsabilidad ni misión que Dios te haya dado. Más bien, es tu actuar por impulso, es tu propia vana ilusión, es un tipo de pensamiento en el que eres irresponsable con tu vida y, por supuesto, es también un tipo de pensamiento que Satanás inculca en las personas que muestra desprecio por sus vidas, las desdeña y las pisotea.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (10)
En esta sociedad, los principios de las personas para enfrentarse al mundo, sus métodos para vivir y existir, e incluso sus actitudes y nociones con respecto a la religión y la creencia, así como sus diversas nociones y puntos de vista sobre las personas, los acontecimientos y las cosas, están condicionados inevitablemente por la familia. Cuando la gente todavía no ha alcanzado a comprender la verdad —independientemente de su edad, su género, la ocupación que desempeñen o la clase de postura que adopten respecto a todo, ya sea esta extrema o racional—, en resumen, su familia influye enormemente en sus pensamientos, puntos de vista y la postura que adoptan hacia todo tipo de cosas. Es decir, los distintos efectos condicionantes que la familia ejerce sobre una persona determinan, en gran medida, la actitud de esta ante las cosas y su método para afrontarlas, así como su perspectiva sobre la existencia, e incluso repercuten en su fe. Dado que la familia condiciona e impacta en las personas de manera tan significativa, los métodos y principios de estas para los asuntos mundanos, así como su perspectiva sobre la existencia y sus puntos de vista sobre la fe, inevitablemente provienen de la familia. La familia en sí misma no es el lugar donde surge la verdad ni es la fuente de la verdad, y cualquier pensamiento y punto de vista o forma de supervivencia que te inculque tu familia se produce bajo el pretexto de ser “por tu propio bien”. Ya sea que estas cosas con las que tu familia te condiciona provengan de tus padres, tus mayores o tus antepasados, en resumen, todas tienen la intención de permitirte salvaguardar tus propios intereses en la sociedad y entre los demás, para evitar que te acosen y para permitirte vivir entre la gente con mayor facilidad y astucia, de modo que tus propios intereses puedan protegerse en la mayor medida posible. El condicionamiento que recibes de tu familia tiene la intención de protegerte, de evitar que te acosen o sufras alguna humillación, y de ayudarte a convertirte en alguien que llegue a la cima. Incluso si acosas o dañas a otros, está bien siempre que tú mismo permanezcas ileso. Estas son algunas de las cosas más importantes con las que tu familia te condiciona, así como también son la esencia y el objetivo principal que subyacen a todas las ideas con las que te condicionan. ¿No es así? (Sí). Si analizas el objetivo y la esencia de todas las cosas sobre las que tu familia te ha condicionado, ¿hay algo que esté de acuerdo con la verdad? Incluso si esas cosas son conformes con la ética o los derechos e intereses legítimos de la humanidad, ¿guardan alguna relación con la verdad? ¿Son la verdad? (No). Se puede afirmar con toda certeza que, sin lugar a dudas, no son la verdad. Por muy positivas, legítimas, humanas y éticas que la gente crea que son las cosas con las que tu familia te condiciona, no son la verdad, no pueden ser representativas de ella y, por supuesto, no pueden sustituirla. Por lo tanto, en lo que respecta al tema de la familia, esas cosas constituyen otro aspecto del que la gente debería desprenderse. ¿Cuál es ese aspecto en concreto? Se trata de los efectos condicionantes que la familia ejerce sobre ti; ese es el segundo aspecto del que debes desprenderte en relación con el tema de la familia. Ya que estamos discutiendo los efectos condicionantes que la familia ejerce sobre ti, hablemos primero de cuáles son exactamente esos efectos condicionantes. Si los diferenciamos según el concepto que la gente tiene del bien y del mal, algunos son relativamente correctos, positivos, se pueden mostrar abiertamente y se pueden poner sobre la mesa, mientras que otros son relativamente egoístas, despreciables, viles, negativos y nada más. En cualquier caso, esos efectos condicionantes de la familia son como una capa protectora que salvaguarda colectivamente los intereses carnales de una persona, preserva su dignidad ante los demás y evita que la intimiden. ¿Es así? (Sí). Hablemos entonces de qué efectos condicionantes ejerce la familia sobre uno.
Una disección de “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”
Cuando los ancianos de la familia te dicen a menudo que “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”, es para que le des importancia a quedar bien, vivas respetablemente y evites hacer cosas que causen deshonra. Entonces, ¿guía este dicho a la gente de un modo positivo o negativo? ¿Puede conducirte a la verdad? ¿Puede llevarte a entenderla? (No). ¡Desde luego que no puede! Lo que Dios requiere de las personas es que sean honestas. Cuando has cometido una transgresión, has hecho algo malo o has llevado a cabo alguna acción que se rebela contra Dios y va en contra de la verdad, debes reflexionar sobre ti mismo, conocer tu error y diseccionar tus actitudes corruptas; solo así puedes llegar al verdadero arrepentimiento, y de ahí en adelante actuar de acuerdo con las palabras de Dios. ¿Qué clase de mentalidad necesitan poseer las personas para practicar ser honestas? ¿Hay algún conflicto entre la mentalidad requerida y el punto de vista ejemplificado por el dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”? (Sí). ¿Qué conflicto hay? Ese dicho les indica a las personas que concedan importancia al hecho de causar buena impresión y hagan más cosas que las dejen en buen lugar —en vez de otras que sean malas o deshonrosas y pongan al descubierto su lado más desagradable— y eviten vivir una vida que no sea respetable ni digna. Por el bien de su propio orgullo, por dar una buena imagen, uno no puede hablar de sí mismo como si fuera totalmente inútil, y menos aún hablarles a los demás sobre el lado oscuro y los aspectos vergonzosos de uno, ya que una persona debe vivir una vida respetable y digna; para tener dignidad uno necesita orgullo y para tener orgullo uno necesita aparentar y levantar una fachada. ¿Acaso no se contradice eso con ser una persona honesta? (Sí). Cuando eres una persona honesta, ya has renunciado al dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”. Si quieres ser una persona honesta, no le des importancia a tu imagen; la imagen de una persona no vale un céntimo. En presencia de la verdad, uno debe desenmascararse, no aparentar ni levantar una fachada. Uno debe revelar a Dios todos los hechos y las verdades acerca de sí mismo, tales como qué piensa realmente, los errores que ha cometido y las maneras en las que ha vulnerado los principios-verdad, y también debe dejar al descubierto esas cosas ante sus hermanos y hermanas. No se trata de vivir en aras del propio orgullo, sino más bien en aras de vivir por ser una persona honesta, perseguir la verdad, ser un verdadero ser creado, satisfacer a Dios y ser salvado. No obstante, cuando no entiendes esta verdad ni las intenciones de Dios, las cosas con las que tu familia te condiciona tienden a ser predominantes en tu corazón. Así que cuando haces algo malo, lo encubres y finges, pensando: “No puedo contarle esto a nadie y tampoco permitiré que nadie que lo sepa se lo cuente a los demás. Si os vais de la lengua, os vais a enterar. Mi orgullo es lo primero. Uno no vive para otra cosa que no sea el propio orgullo, que es más importante que cualquier otra cosa. Si una persona no tiene orgullo, pierde toda su dignidad. Así que no puedes hablar con sinceridad, has de fingir y encubrir las cosas, de lo contrario, ya no tendrás orgullo ni dignidad, y tu vida carecerá de cualquier valor. Si nadie te respeta, no vales nada; no eres más que basura sin valor”. ¿Resulta posible lograr ser una persona honesta si se practica de esta manera? ¿Es posible sincerarse y diseccionarse a uno mismo? (No). Obviamente, al hacerlo estás acatando el dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” con el que tu familia te ha condicionado. Sin embargo, si te desprendes de ese dicho para perseguir y practicar la verdad, dejará de afectarte y ya no volverá a ser tu lema o principio de tus acciones, y en lugar de eso harás justo lo contrario al dicho “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar”. No vivirás por el bien de tu orgullo ni de tu dignidad, sino en aras de perseguir la verdad y ser una persona honesta, buscar satisfacer a Dios y vivir como un auténtico ser creado. Si te atienes a este principio, te habrás desprendido de las cosas con las cuales tu familia te condiciona.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (12)
La familia no solo condiciona a la gente con uno o dos dichos, sino con una sarta completa de citas y aforismos bien conocidos. En tu familia, por ejemplo, ¿mencionan los ancianos y padres a menudo el dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”? (Sí). Te dicen: “La gente debe vivir por el bien de su reputación. Las personas no deben buscar otra cosa en la vida que forjarse una buena reputación y dejar una buena impresión en la mente de los demás. Hables con quien hables, dile solo palabras agradables, halagadoras y amables, y no ofendas a nadie. Más bien, haz más cosas buenas y actos de bondad”. Este particular efecto condicionante ejercido por la familia tiene cierto impacto en el comportamiento o los principios de conducta de las personas, lo que da lugar de manera inevitable a que concedan gran importancia a la fama y el provecho. Es decir, otorgan gran importancia a su propia reputación, a su renombre, a la impresión que crean en la mente de los demás y a cómo evalúan estos todo lo que hacen y todas las opiniones que expresan. El hombre concede gran importancia a la fama y el provecho, así que las palabras de esos dichos conocidos y principios para lidiar con las cosas en la cultura tradicional tienen un lugar preponderante en su corazón, hasta llegar a ocuparlo por completo. De manera imperceptible, llega a considerar poco importante si realiza su deber conforme a la verdad y los principios, e incluso puede abandonar por completo tales consideraciones. En su corazón, esas filosofías de Satanás y dichos conocidos de la cultura tradicional, como “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”, se vuelven especialmente importantes. Estos dichos de Satanás ocupan tu corazón, lo que te hace preocuparte en particular por las valoraciones de los demás sobre ti, y sobre todo por cómo te valoran aquellos que más te importan. Esto es algo que quieres saber a cada momento, sin dejar pasar ni un solo detalle. Algunos prestan especial atención a lo que otras personas realmente dicen de ellos a sus espaldas, hasta el punto de escuchar a escondidas a través de las paredes, escuchar por una rendija de la puerta, e incluso leer en secreto lo que otras personas escriben sobre ellos. Tan pronto como alguien menciona sus nombres, inmediatamente escuchan lo que se dice de ellos y si los comentarios son favorables. Al oír a alguien decir que son autocomplacientes y perezosos, reflexionan sobre cómo cambiar la opinión de los demás sobre ellos, y después actúan con mucha diligencia. Transcurrido un tiempo, ya no oyen a nadie decir que son perezosos, pero todavía están inquietos, así que, ya sea intencionadamente o no, dicen delante de los demás: “Soy un poco perezoso”. La gente responde: “Ya no eres perezoso, eres mucho más diligente que antes”. Se sienten muy felices, pensando: “La opinión de todos sobre mí ha cambiado. Parece que todo el mundo se ha dado cuenta de mi comportamiento”. Nada de lo que haces es en aras de practicar la verdad ni para satisfacer a Dios, sino por el bien de tu propia reputación. Así pues, ¿en qué se ha convertido inadvertidamente todo lo que haces? En un acto religioso. ¿Qué ha sido de tu esencia? Te has convertido en el arquetipo de un fariseo. ¿En qué se ha convertido tu senda? En la senda de un anticristo. Así es como Dios la califica. Por lo tanto, ha cambiado la esencia de todo lo que haces, ahora es distinta; no practicas ni persigues la verdad, sino que buscas la fama y el provecho. En última instancia, en lo que respecta a Dios, la realización de tu deber, en pocas palabras, no es acorde al estándar. ¿Por qué? Porque solo eres devoto a tu propia reputación, en lugar de a lo que Dios te ha encomendado o a tu deber como ser creado. ¿Qué sientes en tu corazón cuando Dios plantea semejante definición? ¿Ha sido en vano tu fe en Dios durante todos estos años? Entonces, ¿significa eso que no has estado persiguiendo la verdad en absoluto? No has estado persiguiendo la verdad, sino que tu atención se ha dirigido sobre todo a tu propia reputación, y la causa de ello radica en los efectos condicionantes provenientes de tu familia. ¿Qué dicho es el más predominante con el que se te ha condicionado? El dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela” se ha arraigado profundamente en tu corazón y se ha convertido en tu lema. Este dicho te ha influido y condicionado desde que eras joven, y siendo ya mayor lo sigues repitiendo a menudo para influir en la siguiente generación de tu familia y en los que te rodean. Por supuesto, lo que es aún más grave es que lo has adoptado como tu método y criterio para actuar y lidiar con las cosas, e incluso como el objetivo y el rumbo que persigues en la vida. Debido a lo equivocado de este objetivo y rumbo, el resultado final será seguramente negativo. Esto se debe a que la esencia de todo lo que haces es solo por el bien de tu reputación, y su único fin es poner en práctica el dicho “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”; no es perseguir la verdad. Y, sin embargo, ni tú mismo te das cuenta de ello. Crees que ese dicho no tiene nada de malo, porque ¿acaso no vive la gente por el bien de su reputación? Como dice el dicho común: “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. Parece algo muy positivo y legítimo, así que de manera inconsciente aceptas su efecto condicionante y lo consideras una cosa positiva. Una vez que consideras este dicho como una cosa positiva, inconscientemente lo estás persiguiendo y poniendo en práctica. Al mismo tiempo, sin saberlo y de forma confusa, lo consideras erróneamente como el criterio-verdad. Cuando lo consideras el criterio-verdad, ya no puedes asimilar lo que Dios dice ni eres capaz de entenderlo. Pones en práctica a ciegas este lema: “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”; obras de acuerdo con él y lo que al final obtienes de ello es una buena reputación. Has conseguido lo que querías, pero al hacerlo has vulnerado y abandonado la verdad, y has perdido la oportunidad de salvarte. Dado que esa es la consecuencia, esto con lo que tu familia te condicionó: “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela” es una idea de la que debes desprenderte y que debes abandonar. No es algo a lo que debas aferrarte, ni es un dicho o idea al que debas dedicar los esfuerzos y energías de toda una vida para ponerlo en práctica. Esta idea y punto de vista que te han inculcado y condicionado son equivocados, por lo que debes desprenderte de ellos. El motivo por el que debes desprenderte de ellos no es solo que no son la verdad, sino también que te llevarán por el mal camino y, finalmente, a tu destrucción, así que las consecuencias son muy graves. Para ti, no es un simple dicho, sino un cáncer, un medio y un método que corrompen a la gente. En las palabras de Dios, entre todos los requerimientos que impone a las personas, Dios nunca les ha exigido perseguir una buena reputación, buscar renombre, causar una buena impresión a los demás, ganarse la aprobación del resto u obtener su visto bueno, ni tampoco les ha pedido que vivan por la fama o con el fin de dejar tras de sí una buena reputación. Dios solo quiere que hagan bien su deber, y que se sometan a Él y a la verdad. Por consiguiente, en lo que a ti respecta, este dicho es un tipo de condicionamiento que proviene de tu familia y del que deberías desprenderte.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (12)
Existe otro efecto condicionante que la familia ejerce sobre una persona. Por ejemplo, para animarte, tus padres o mayores te dicen a menudo: “Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento”. Con esto pretenden enseñarte a aguantar el sufrimiento, ser trabajador y perseverar, y a no temer al sufrimiento en ninguna cosa que hagas, pues solo aquellos capaces de soportarlo, los que tienen resistencia ante las adversidades, muestran diligencia y poseen espíritu de lucha pueden llegar a la cima. ¿Qué significa “llegar a la cima”? Que no te intimiden, te menosprecien o discriminen; significa tener gran prestigio y alto estatus entre la gente, ostentar autoridad para hablar y que te oigan, y potestad para tomar decisiones; significa ser capaz de llevar una vida mejor y de mayor calidad entre los demás y que la gente te tenga en alta estima, te admire y envidie. En esencia, significa que ocupes el escalón superior de toda la raza humana. ¿Qué significa el “escalón superior”? Significa que hay muchas personas a tus pies y que no necesitas soportar ningún maltrato de su parte; eso es “llegar a la cima”. Para llegar a la cima, debes “soportar un gran sufrimiento”, lo que significa que debes ser capaz de soportar un sufrimiento que la gente corriente no puede soportar. Para poder llegar a la cima, debes ser capaz de soportar las burlas, el sarcasmo, la calumnia e incluso el desprecio de la gente, y así sucesivamente. Es decir, además del sufrimiento físico, también debes ser capaz de aceptar el sarcasmo y la ridiculización por parte de la opinión pública. Solo aprendiendo a ser este tipo de persona puedes abrirte paso entre la gente y asegurarte un lugar. El objetivo de este dicho es hacer que la gente se esfuerce por ser de los que llegan a la cima en lugar de los que se quedan abajo, porque es muy desdichado quedarse abajo: te maltratan, estás indefenso y no tienes dignidad ni orgullo. El dicho “Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento” es el que los padres dicen con más frecuencia al educar a los hijos. Su objetivo es, igualmente, hacer lo que es mejor para ti: hacer que tengas poder y renombre entre los demás, que comas bien y disfrutes y que, dondequiera que vayas, nadie se atreva a acosarte, y que en cambio puedas actuar tiránicamente y tomar las decisiones, así como que todos se inclinen y se arrastren ante ti. Tus padres quieren que llegues a la cima; por un lado, es por tu bien y, por otro, es para dar gloria al apellido familiar y honrar a tus antepasados, y para que tus padres y otros miembros de la familia puedan disfrutar de tu gloria. Una vez que hayas llegado a la cima y conduzcas coches de lujo, vivas en una mansión, con gente que se agolpa a tu alrededor y te adula, tu familia también disfrutará de una buena vida junto contigo, comerá todo tipo de manjares exóticos cuando quieran e irán a donde les plazca. Podrás mover todos los hilos, satisfacer todos los caprichos, hacer lo que quieras e incluso vivir por encima de la ley: de forma caprichosa, altanera, audaz e imprudente. Este es el objetivo de tu familia al condicionarte de esta manera: evitar que te agravien y hacer que llegues a la cima. Para decirlo sin rodeos, su objetivo es convertirte en alguien que pueda mangonear a los demás, darles órdenes y acosarlos, en lugar de alguien a quien los demás mangonean y acosan. ¿No es así? (Sí). […] Entonces, ¿qué requiere Dios a este respecto? ¿Requiere que las personas lleguen a la cima y no sean mediocres, mundanas, corrientes u ordinarias, sino excepcionales, famosas e ilustres? ¿Es eso lo que Dios requiere de las personas? (No). Está muy claro que el dicho con el que tu familia te ha condicionado —“Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento”— no te conduce por una dirección positiva y, por supuesto, tampoco guarda relación con la verdad. Los objetivos de tu familia al enseñarte a soportar el sufrimiento son impuros; siempre hay alguna intriga en estos objetivos, y son muy despreciables y deshonrosos. Dios pide a las personas que padezcan sufrimiento porque tienen actitudes corruptas. Para que sus actitudes corruptas sean purificadas, deben aceptar el juicio y el castigo, la poda, y las pruebas y el refinamiento; deben padecer este sufrimiento. Este es un hecho objetivo. Además, Dios requiere que las personas padezcan sufrimiento, por lo que deberían hacerlo. Es lo que se supone que deben hacer como seres creados; es lo que deberían sobrellevar y la actitud que deberían tener como personas normales. Sin embargo, Dios no te exige que llegues a la cima. Solo te pide que seas una persona normal y corriente que entienda la verdad, escuche las palabras de Dios y sea capaz de someterse a Él, con eso basta. Dios nunca exige que le sorprendas ni que hagas nada trascendental, ni tampoco necesita que seas una celebridad o una persona destacada. Solo necesita que seas una persona normal, corriente y práctica. Sin importar cuánto sufrimiento puedas soportar o si ni siquiera soportas sufrimiento alguno; siempre y cuando al final seas capaz de temer a Dios y evitar el mal, serás el mejor tipo de persona posible. Dios no quiere de ti que llegues a la cima, sino que seas un auténtico ser creado, una persona que pueda hacer su deber como tal. Alguien así es común y corriente, posee una humanidad normal, así como conciencia y razón, no es ilustre o grande a ojos de los no creyentes o de los humanos corruptos. Hemos hablado mucho sobre este aspecto, así que no vamos a discutirlo en detalle ahora. Este dicho de “Para llegar a la cima, hay que soportar un gran sufrimiento” es algo de lo que claramente debes desprenderte. ¿De qué tienes que desprenderte exactamente? Del rumbo de búsqueda con el que tu familia te ha condicionado. Es decir, debes cambiar el rumbo de tu búsqueda. No hagas nada en aras de llegar a la cima o de destacar, ser digno de atención y así ser tenido en alta estima. En lugar de eso, debes desprenderte de dichas intenciones, objetivos y motivaciones y hacer todo con los pies en el suelo, para así poder ser un auténtico ser creado. ¿Qué quiero decir “con los pies en el suelo”? El principio más básico es hacer cada cosa de acuerdo con los modos y principios que Dios les ha enseñado a las personas; incluso si no entusiasma a nadie ni es visto con buenos ojos y mucho menos se elogia ni se valora, eso es lo que debes hacer. Si persistes y sigues haciéndolo, tratándolo como el deber que un ser creado debe realizar, entonces serás un ser creado acorde al estándar a ojos de Dios; es tan simple como eso. Lo que necesitas cambiar es tu búsqueda en lo que respecta a tu conducta propia y tu perspectiva de vida.
La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (12)
Hay otras formas en que la familia te condiciona e influye sobre ti, como con el dicho “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”. Los miembros de tu familia a menudo te instruyen: “Sé amable con los demás, no te pelees con nadie y no te crees enemigos. Si te creas demasiados enemigos, no podrás afianzarte en la sociedad, y si hay demasiada gente que te odia y busca hacerte daño, no estarás a salvo; tu familia y tus seres queridos pueden enfrentarse a amenazas en cualquier momento, e incluso puedes encontrar dificultades y obstáculos en tu carrera y trabajo. Así que debes aprender que ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’. Asegúrate de que todos te encuentren agradable, no dañes las buenas relaciones, siempre da a los demás un poco de margen cuando hables, evita herir el orgullo de la gente y no expongas sus defectos. Evita o deja de decir cosas que la gente no quiere escuchar. Limítate a hacer cumplidos; nadie se ha metido nunca en problemas por hacer demasiados cumplidos. Debes aprender a mostrar paciencia y a ceder en asuntos tanto grandes como pequeños, porque ‘Ceder facilita mucho la resolución de un conflicto’”. Mira, a veces tu familia te inculca estas dos ideas y puntos de vista: por una parte, tienes que ser amable con los demás; además, tienes que tener paciencia, no decir algo inapropiado y, si tienes algo que decir, tienes que cerrar la boca hasta que llegues a casa y se lo cuentes a tu familia. O mejor aún, ni siquiera se lo cuentes a ellos, porque los secretos tienen patas cortas; una vez que lo que dices sale a la luz, no te irán bien las cosas. Para afianzarse y sobrevivir en esta sociedad, la gente debe aprender a ser paciente y a ser apaciguadora. Debes ser evasivo y astuto en tus palabras y acciones. No puedes simplemente decir lo que piensas. Si vas y dices lo que piensas, ¡eso no es más que una tontería! Algunas personas son muy directas y dicen lo que se les pasa por la cabeza. Una persona así podría terminar ofendiendo a su jefe. El jefe entonces le pone las cosas difíciles, cancela sus bonificaciones y siempre le encuentra faltas y la atormenta. Al final, no puede soportar más quedarse allí; quiere renunciar, pero le preocupa no tener otra forma de ganarse la vida, por lo que solo puede soportarlo. Entonces los miembros de su familia la regañan: “¡Te mereces el maltrato! ¡Te lo tienes bien merecido por ofender a la gente con tanta facilidad; este es el resultado final! Te dijimos que fueras más suave en tu discurso y que pensaras antes de decir algo, pero no puedes evitar ser directo. ¿Es así de fácil salir adelante en una sociedad tan malvada y oscura como esta? No importa dónde trabajes, nunca debes ofender a la gente. Siempre piensas que eres una buena persona y que no tienes enemigos. Bueno, ahora has cosechado las dolorosas consecuencias. ¡Que esto te sirva de lección! Recuerda este dicho de ahora en adelante: ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’”. Una vez que se le ha enseñado esta lección, la recuerda, pensando: “Las palabras de mis padres son muy ciertas. Todas estas son las experiencias y lecciones que obtuvieron nuestros antepasados. No conviene ignorarlas. Es peligroso no hacer caso a los mayores, así que lo recordaré de ahora en adelante”. Después de llegar a creer en Dios y unirse a la casa de Dios, todavía recuerda este dicho: “La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud”, y así saluda a sus hermanos y hermanas cada vez que los ve, y solo les dice palabras amables. Cuando un líder que no ha hecho trabajo de iglesia durante mucho tiempo y carece de experiencia en este pide a todos que ofrezcan más sugerencias y ayuda, inmediatamente hace un cumplido: “Estás haciendo un gran trabajo. Si no nos estuvieras liderando, sentiríamos que no tenemos ninguna senda que seguir”. En otra ocasión, cuando alguien llega a conocer su propio carácter falso, dice: “Tú no eres falso, eres muy honesto, el que es falso soy yo”. Cuando alguien más le hace comentarios desagradables, esta persona piensa para sí misma: “Por muy desagradables que se vuelvan tus comentarios, seré paciente y simplemente fingiré que no los he oído. Incluso te haré cumplidos e intentaré ganarme tu favor; ¡nadie se ha metido nunca en problemas por hacer demasiados cumplidos!”. Cuando otros le piden su opinión o que se abra en una charla, no habla con sinceridad y es todo sonrisas con todo el mundo. La gente dice que es una encantadora de doble cara, y ella piensa para sí misma: “He sido así durante años, y en todo ese tiempo nunca he sufrido una pérdida; este es mi principio más elevado para lidiar con el mundo”. ¿No es una anguila escurridiza? (Sí). Algunas personas se han manejado así en la sociedad durante muchos años, y continúan haciéndolo después de entrar en la casa de Dios. Nunca dicen una palabra veraz, nunca hablan desde el corazón y no hablan de conocerse a sí mismas. No importa qué hermano o hermana tenga una conversación sincera con ellas, no hablan con sinceridad, y nadie puede captar quiénes son realmente. Nunca se abren acerca de lo que piensan exactamente o cuáles son sus puntos de vista. Mantienen relaciones excepcionalmente buenas con todos, por lo que nunca sabes qué tipo de personas les gustan realmente o qué piensan de verdad sobre los demás. No importa por quién les preguntes, dirán que la persona no es mala o que es bastante buena. Si alguien les pregunta si han notado algún defecto o falla en esa persona, dirán que no, pero por dentro piensan: “¿No es eso intentar que ofenda a esa persona? ¡Desde luego que no lo haré! Si te digo la verdad y le llega a ella, ¿no se convertirá en mi enemiga? Mi familia me ha dicho durante mucho tiempo que no me cree enemigos, y no he olvidado sus palabras. ¿Crees que soy tonto? ¿Crees que olvidaría la educación y el condicionamiento que he recibido de mi familia solo porque hayas compartido unas pocas palabras de la verdad? ¡No sucederá! En todo momento, debo aferrarme a ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’ y ‘Ceder facilita mucho la resolución de un conflicto’. Estos dichos son mi escudo. No menciono los defectos de nadie, y si alguien me provoca, le demuestro paciencia. A quienquiera que haga comentarios desagradables, a quienquiera que me pode, le demuestro paciencia. Mi objetivo es mantener la paz con todos. Tengo que mantener buenas relaciones con la gente. No puedo atenerme a los principios, no puedo ser tan tonto. Tengo que aprender a adaptarme a la situación. ¿Por qué las tortugas viven tanto? Porque se esconden dentro de sus caparazones cada vez que perciben peligro, ¿no es así? De esa manera pueden protegerse y vivir miles de años. Esa es la manera de vivir una vida larga y también de lidiar con el mundo”. No oirás a tales personas decir nada veraz ni genuino; jamás expresan sus verdaderos puntos de vista y el límite de su conducta propia. Simplemente los esconden en su corazón, donde solo ellas los conocen. Este tipo de persona es exteriormente amable con todos, parece de buen corazón y nunca hiere ni daña a nadie. Pero, de hecho, es una verdadera apaciguadora y una anguila escurridiza. Este tipo de persona siempre es del agrado de alguna gente en la iglesia, porque nunca comete grandes errores y nunca se delata. La opinión de los líderes de la iglesia y de los hermanos y hermanas es que se lleva muy bien con todos. Es tibia y no es seria al hacer su deber. Por fuera, es especialmente obediente y dócil, hace exactamente lo que se le pide. Nunca hiere a otros con sus palabras o al lidiar con los asuntos, y nunca se aprovecha de nadie. Nunca habla mal de los demás ni juzga a la gente a sus espaldas. Sin embargo, nadie sabe lo que piensa de los demás o qué opinión tiene sobre ellos, y no parece tener ninguna sinceridad al hacer su deber. Tras una consideración atenta, incluso sientes que este tipo de persona es un poco retorcida y difícil de descifrar, y que mantenerla en la iglesia para hacer su deber sería problemático. ¿No es difícil lidiar con este tipo de persona? (Sí). Por fuera, parece que está haciendo su deber, pero nunca se toma en serio los principios que la casa de Dios ha comunicado. Hace las cosas como le place, pensando que mientras no cometa grandes errores, puede simplemente cumplir con el trámite y ya está. Nadie puede encontrarle ninguna falta ni señalarle ningún defecto; hace las cosas de manera impecable. Pero, ¿qué piensa por dentro? ¿Hace su deber con buena voluntad? Si no fuera por las restricciones de los decretos administrativos de la iglesia o la supervisión de los líderes de la iglesia y los hermanos y hermanas, ¿se aliaría alguien así con las personas malvadas y cometería el mal junto con ellas? Es muy probable; siempre que las circunstancias lo permitieran, lo haría. Este tipo de persona es la más problemática, la típica anguila escurridiza y el viejo zorro. No tiene problemas con nadie. Si alguien le dice algo hiriente o revela un carácter corrupto y atenta contra su dignidad, ¿qué piensa? “Demostraré paciencia. No tendré problemas contigo, ¡pero llegará el día en que hagas el ridículo!”. Cuando esa persona hace algo mal y hace el ridículo o es podada, se deleita en secreto y se ríe de ella. Cuando hay personas malvadas y anticristos que causan perturbaciones en la iglesia, no los expone, sino que simplemente espera para reírse de los líderes y obreros y del trabajo de la iglesia. No reflexiona sobre qué problemas tiene ella misma. No dice nada que pueda herir a otros, e incluso si puede desentrañar la maldad o las malas acciones de alguien, no revela que puede hacerlo. A menudo, lo que muestra es una falsa apariencia y formas de hacer las cosas que no involucran los principios-verdad. Nadie puede desentrañar su corazón, y nadie conoce sus verdaderos pensamientos y puntos de vista. Personas como estas son las más insidiosas y con las que es más difícil lidiar. Así pues, ¿qué actitud toma la casa de Dios hacia personas como estas? Si se les puede ayudar, y sus problemas pueden resolverse a través de la enseñanza de la verdad, eso es, por supuesto, mucho mejor. Si no aceptan la verdad, entonces se les puede permitir rendir servicio, siempre que no causen trastornos ni perturbaciones. Si, después de rendir servicio durante un tiempo, pueden incluso hacer el mal y su servicio hace más daño que bien, entonces se las debe echar por ser personas malvadas. Este es el principio. ¿Por qué se las trata de esta manera? Porque personas como estas no aceptan la verdad en lo más mínimo —son incrédulas—, ni siquiera son devotas al hacer su deber, y cuando hay personas malvadas y anticristos que causan perturbaciones en la iglesia, pueden incluso ser espectadoras y reírse de los líderes y obreros. ¿Qué papel desempeñan? ¿No es el papel de Satanás y los diablos? (Sí). Cuando muestran paciencia hacia sus hermanos y hermanas, no están expresando tolerancia ni amor genuinos. Lo hacen para protegerse y evitar crearse enemigos o atraer peligro alguno hacia sí. No muestran tolerancia hacia sus hermanos y hermanas para protegerlos y tampoco lo hacen por amor, menos aún porque estén persiguiendo la verdad y practicando de acuerdo con los principios-verdad. La suya es una postura que se centra en ir a la deriva y desorientar a los demás. Tales personas son apaciguadoras y anguilas escurridizas. No les gusta la verdad y no la persiguen, sino que simplemente van a la deriva. Está claro que el condicionamiento que reciben de sus familias afecta en gran medida los métodos según los cuales se comportan y lidian con las cosas. Por supuesto, debe decirse que estos métodos y principios para lidiar con el mundo son inseparables de su esencia-humanidad. Además de esto, los efectos condicionantes de su familia solo sirven para hacer sus acciones aún más pronunciadas y concretas, y su esencia-naturaleza se revela así de ellas de forma aún más completa. Por lo tanto, a personas como estas, siempre que no sean completamente traicioneras y malvadas, sino que solo tengan algunas transgresiones y problemas menores, aún se les debe ayudar con amor. Por supuesto, sería mejor si pudieras aceptar la verdad. Si nunca aceptas la verdad, como mínimo deberías ser capaz de evitar hacer el mal y causar perturbaciones, y también ser capaz de salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Si rindes servicio de esta manera, entonces en el futuro, cuando Dios determine los resultados de las personas, el castigo que recibas será menor. Esto ya es la gracia de Dios. Al practicar de esta manera, no tienes nada que perder y tienes todo que ganar, ¿verdad? Si a tales personas se les pide que se desprendan por completo de las filosofías de Satanás condicionadas en ellas por sus familias, no será fácil, porque esto involucra su esencia-humanidad. Estas anguilas escurridizas y apaciguadoras no aceptan la verdad en lo más mínimo. No es tan simple ni fácil para ellas desprenderse de esas cosas, porque —incluso dejando de lado el condicionamiento de sus familias— ellas mismas son creyentes obsesivas de las filosofías de Satanás y simplemente les gusta esta actitud para lidiar con el mundo. Esta es su propia actitud muy subjetiva para los asuntos mundanos. Pero si son inteligentes, y en situaciones en las que sus propios intereses no se ven amenazados o comprometidos de ninguna manera, se desprenden de algunos de estos enfoques y salvaguardan adecuadamente los intereses de la casa de Dios, entonces eso sería en realidad algo bueno para ellas, porque como mínimo podría reducir su responsabilidad y aligerar el escarmiento de Dios sobre ellas, convirtiendo dicho escarmiento en Su recompensa y recuerdo. ¡Qué maravilloso sería eso! ¿Acaso no sería algo bueno? (Sí).
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¿Qué otros tipos de condicionamiento por parte de las familias existen? ¿Cuenta la frase “Hablar demasiado invita a cometer errores”? (Sí). Por ejemplo, tus padres a menudo te dicen: “Sea cual sea la ocasión, no hables precipitadamente, ¡o tarde o temprano sufrirás pérdidas! Debes recordar: ‘Hablar demasiado invita a cometer errores’. Si hablas demasiado, sin duda te equivocarás en algún punto. Antes de hablar, mira primero lo que dicen los demás. Si sigues a la mayoría, estarás bien. Pero si siempre intentas ponerte al frente y expresas tus opiniones sin saber primero lo que piensan tu jefe o tus superiores, una vez que les desagrade y los ofendas, te pondrán las cosas difíciles. ¿Puede salir algo bueno de eso? No seas tonto, debes recordar: ‘Hablar demasiado invita a cometer errores’. ¡No hables precipitadamente! Tienes boca para comer y respirar, para halagar a tu jefe y a los demás, no para decir la verdad. Cuando hables, tienes que tener habilidades y métodos, tienes que usar la cabeza. Cuando las palabras lleguen a tus labios, trágalas de nuevo, dales unas cuantas vueltas en tu mente y luego habla. También tienes que considerar la situación. Si a la gente no le gusta lo que estás diciendo y su reacción no es buena, detente de inmediato y piensa en cómo decirlo de una manera que pueda dejar contentos a todos antes de volver a intentarlo. Si haces eso, no te meterás en problemas. Eso es lo que haría una persona inteligente. Le gustarás a todo el mundo y pensarán en ti cuando surjan cosas buenas. ¿No jugará eso a tu favor? ¿No te traerá más oportunidades en el futuro?”. Tu familia te condiciona no solo diciéndote cómo ganar una buena reputación, cómo llegar a la cima y cómo mantener tu posición entre los demás, sino también diciéndote cómo engañar a la gente a través de las apariencias externas, cómo no decir la verdad, y más aún, cómo no desahogar todo lo que tienes en mente. Algunas personas sufren alguna pérdida por decir la verdad, y cuando recuerdan este dicho que su familia les enseñó, sacan una lección. Se vuelven cada vez más dispuestas a practicar este dicho —“Hablar demasiado invita a cometer errores”—, y lo convierten en su lema. Otras personas, incluso antes de sufrir ninguna pérdida, aceptan de todo corazón el condicionamiento de su familia y practican continuamente este dicho sea cual sea la ocasión. A medida que lo practican, sienten cada vez más que sus padres y mayores están actuando sinceramente en su mejor interés: “Soy muy afortunado de que me dijeran este dicho: ‘Hablar demasiado invita a cometer errores’. De lo contrario, con mi bocaza, quién sabe cuántas pérdidas sufriría, cuánta gente me pondría las cosas difíciles, cuántas miradas de desdén recibiría y cuánta ridiculización y burla enfrentaría. ¡Este dicho es tan útil y beneficioso!”. Incluso después de empezar a creer en Dios, siguen pensando que este es el dicho más útil y beneficioso. Cuando los hermanos y hermanas se abren sin reservas y comparten sus estados, sus revelaciones de corrupción o su entendimiento vivencial, ellos también quieren compartir y ser personas que se abren sin reservas, hablando honestamente sobre los pensamientos o el entendimiento que tienen en su corazón, para encontrar un breve alivio a los sentimientos que han reprimido durante tantos años o para obtener alguna medida de liberación y libertad de ellos. Pero cada vez que recuerdan lo que sus padres les machacaron —“Hablar demasiado invita a cometer errores. No hables precipitadamente. Aprende a escuchar a los demás. Sé un receptor de radio, no un altavoz”—, se tragan de nuevo todas las palabras reprimidas que querían decir. Cuando todos los demás han terminado de hablar, ellos siguen sin decir nada. Piensan para sí mismos: “Afortunadamente, esta vez no he dicho nada. Si lo hubiera hecho, podría haber dado a todos una mala impresión de mí. Al no hablar, todos pensarán que soy realmente honesto y no tan falso, que simplemente soy una persona naturalmente taciturna que no piensa demasiado las cosas, que no tiene tanta corrupción y que especialmente no tiene ninguna noción sobre Dios; solo pensarán que soy una persona relativamente pura. Es bastante bueno que tengan esa impresión de mí, ¿por qué tendría que abrirme y exponer mi corrupción? Después de todo, el dicho ‘Hablar demasiado invita a cometer errores’ parece que sí se aplica a mí, así que seguiré actuando de esta manera”. Atenerse al dicho “Hablar demasiado invita a cometer errores” les hace sentir que han ganado algo y no han sufrido ninguna pérdida, por lo que no están dispuestos a abrirse y compartir con los demás. Esto continúa hasta que un día se sienten muy sofocados y reprimidos, y quieren abrirse con los hermanos y hermanas y decir lo que tienen en su corazón, pero sienten como si tuvieran la boca sellada y no pueden pronunciar una sola palabra. Como no pueden decírselo a los hermanos y hermanas, quieren hablar con Dios desde el corazón, pero cuando se arrodillan ante Él, no saben qué decir, cómo expresarlo ni cómo formular sus pensamientos; se quedan mudos. Tantos años de sentimientos reprimidos hacen que se sientan completamente asfixiados y sientan que estén viviendo una vida oscura y sórdida. Cuando se deciden a contarle a Dios lo que hay en su corazón y a desahogar sus sentimientos, no tienen palabras y no saben por dónde empezar o cómo decirlo. ¿Acaso no son desdichados? (Sí). Entonces, ¿por qué no tienen nada que decirle a Dios? Quieren decirle a Dios lo que albergan en su corazón, pero no tienen palabras, y al final lo único que les sale es: “Dios, te ruego que me concedas las palabras que he de decir”. Y Dios responde: “Deberías decir muchas cosas, pero no quieres decirlas ni lo haces cuando tienes la oportunidad, así que voy a quitarte todo lo que te he dado. No te lo voy a dar, no te lo mereces”. Solo entonces sienten que han perdido muchísimo en estos últimos años. Aunque solías alzar una fachada de perfección, cuando ves que los hermanos y hermanas son capaces de compartir testimonios vivenciales y han obtenido algunas ganancias —en especial cuando ves la calma con la que abren sus corazones sin dudar y diseccionan su propia corrupción—, te sientes avergonzado, pues piensas que has revelado tanta corrupción y, sin embargo, eres incapaz de decir una sola palabra al respecto, y te preguntas por qué te estás quedando tan atrás. Has creído en Dios durante muchos años, y también quieres compartir tu autoconocimiento y tu experiencia de las palabras de Dios, así como obtener un poco de esclarecimiento y luz de Dios, a la vez que lograr una pequeña ganancia. Pero, por desgracia, debido a que te aferras con frecuencia a la opinión de que “Hablar demasiado invita a cometer errores” y a menudo estás atado y controlado por esta idea, has vivido para este dicho durante muchos años, no has recibido ningún esclarecimiento ni iluminación de Dios, y todavía estás completamente desamparado y eres un indigente en lo que respecta a la entrada en la vida. Las personas de este tipo han practicado este dicho e idea —“Hablar demasiado invita a cometer errores”— a la perfección y lo han acatado muy bien, pero a pesar de haber creído en Dios durante tantos años, no han ganado nada de la verdad y siguen siendo pobres y ciegas. Dios les dio bocas, pero no cuentan con habilidad alguna para compartir la verdad, ni con la capacidad de hablar sobre sus sentimientos y su conocimiento, y mucho menos con la habilidad de comunicarse con sus hermanos y hermanas. Aún más lamentable es que ni siquiera poseen la habilidad de hablarle a Dios y han perdido esa capacidad. ¿Acaso no son desdichadas tales personas? (Sí). Desdichadas y lamentables. ¿No te desagrada hablar? ¿No tienes siempre miedo de que hablar demasiado invite a cometer errores? Entonces nunca deberías decir nada. Ocultas el sentido de tu conciencia y las cosas que puedes percibir al entender la verdad, los suprimes y los sellas para que no te gobiernen. Tienes un miedo constante a quedar mal, a que tus intereses se vean perjudicados, a que los demás te calen, a no ser perfecto a ojos de los demás y a que vean tus defectos, por lo que haces todo lo posible por alzar una fachada y simular, sin compartir nunca lo que piensas por dentro. Como resultado, pierdes tu conciencia y tu razón, y no puedes poner en práctica la verdad a pesar de entenderla, lo que te causa daño a ti mismo. ¿Quién te hizo tal daño? En la raíz, fue el condicionamiento de tu familia lo que te dañó. Pero desde tu propia perspectiva, también es porque te gusta vivir según las filosofías de Satanás que eliges creer que el condicionamiento de tu familia es correcto, y no crees que los requisitos de Dios para ti sean positivos. Consideras el condicionamiento de tu familia como algo positivo, mientras que consideras las palabras de Dios, Sus requisitos y Su provisión, ayuda y enseñanzas como cosas negativas, y consideras a los líderes, obreros y hermanos y hermanas en la casa de Dios como personas de las que hay que guardarse. Por lo tanto, no importa cuánto te otorgó Dios al principio, debido a tu recelo y rechazo durante todos estos años, el resultado final será que Dios te quitará todo y te lo negará; no eres digno de poseerlo. Así que, antes de llegar a este punto, deberías desprenderte de las diversas ideas falaces que tu familia te ha inculcado. Además, si continúas aferrándote a la opinión errónea de que “Hablar demasiado invita a cometer errores”, te volverás más cerrado, más insidioso y más hipócrita. Es completamente antitético y contrario al requisito de Dios de que las personas sean honestas y se abran sin reservas. Como alguien que cree en Dios y lo sigue, deberías sentirte obligado a perseguir la verdad. No importa a qué te enfrentes, deberías buscar la verdad; en particular, cuando se trata de las formas y enseñanzas tradicionales de tu familia, deberías renunciar aún más a ellas; deberías buscar la verdad para lidiar con ellas. No importa con lo que tu familia te haya condicionado, no importa cuán bueno o beneficioso sea para ti, no importa cuánto te proteja, todo proviene del hombre y de Satanás, y deberías desprenderte de todo ello. Aunque las palabras de Dios y Sus requisitos para las personas puedan entrar en conflicto con el condicionamiento de tu familia, e incluso puedan herir tus intereses y despojarte de tus derechos, y puedas incluso pensar que no te protegen y que, en cambio, tienen la intención de hacerte quedar mal y que parezcas un tonto, aun así deberías considerarlos como cosas positivas, porque provienen de Dios, son la verdad, y deberías aceptarlos. Si las cosas con las que tu familia te ha condicionado tienen que ver con tu pensamiento y conducta propia, tu perspectiva sobre la existencia y la senda que tomas, debes desprenderte de dichas cosas y no aferrarte a ellas. En lugar de eso, debes sustituirlas por las correspondientes verdades que has aceptado de parte de Dios, y al hacerlo, debes también discernir y reconocer de manera constante los problemas inherentes y la esencia de esas cosas con las que tu familia te ha condicionado, y luego actuar y practicar siguiendo las palabras de Dios con mayor precisión, practicidad y sinceridad. Aceptar ideas, puntos de vista sobre las personas y las cosas y principios de práctica que provienen de Dios es la responsabilidad obligada de un ser creado, es lo que este debe hacer, y estas ideas, puntos de vista y principios de práctica son lo que debe poseer un ser creado.
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Hay otro tipo de condicionamiento que proviene de tu familia. Por ejemplo, tus mayores siempre te dicen: “No sobresalgas demasiado entre la multitud; debes aprender a ser reservado. En particular, no expongas demasiado tus dones, talentos o inteligencia, no sea que provoques la envidia de los demás. Es como dicen los refranes: ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’ y ‘La viga que sobresale es la primera en pudrirse’. Si quieres protegerte y tener un lugar estable y a largo plazo entre la gente, no seas la espiga que sobresale. Debes ser reservado y no tratar de destacar demasiado; la cima es un lugar solitario. Si siempre intentas ser el centro de atención entre los demás, llamarás la atención; alguien puede sentir envidia y odiarte, y empezar a pensar en atormentarte. No seas un líder o un líder de equipo en la iglesia: una vez que hagas algo mal, estarás en problemas; la gente te convertirá en un ejemplo y te exigirá responsabilidades. Debes aprender a protegerte como una tortuga. No importa a qué situación te enfrentes, simplemente encógete como una tortuga y evitarás muchos problemas”. Después de oír las palabras de tus padres, sientes que son personas verdaderamente perspicaces, que la edad trae sabiduría. Algunas personas han creído en Dios durante muchos años y no quieren ser líderes; piensan que lo mejor es encogerse como una tortuga. Cuando llega el momento de elegir a un líder, inventan todo tipo de razones y excusas para negarse, diciendo que están demasiado ocupados con asuntos familiares o que tienen un calibre escaso y por eso no pueden ser líderes. Incluso si resultan electos, no están dispuestos a servir como líderes. Reflexionan en su interior: “¡Vaya! Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen. Cuanto más alto estés, más dura será la caída. La cima es un lugar solitario. Nunca quiero ser líder, ni quiero elevarme por encima de los demás y alcanzar un alto rango, así nunca tendré una caída dura. Verás, muchas personas electas como líderes fueron destituidas porque no podían hacer el trabajo o porque hicieron el mal. Algunas incluso fueron echadas, sin ni siquiera tener la oportunidad de ser creyentes corrientes. ¿No implica esto precisamente que esos dichos, ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’ y ‘La viga que sobresale es la primera en pudrirse’, se cumplen en la realidad? Por tanto, la gente tiene que aprender a protegerse; pase lo que pase, no asomes la cabeza y no seas líder. En cualquier grupo de la sociedad, siempre sucede que ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’. Estarás en la cresta de la ola mientras asomes la cabeza, pero cuando te corten, será demasiado tarde para lamentarse”. Estos puntos de vista suyos provienen todos de las enseñanzas serias y a menudo repetidas de sus padres y mayores, que son la voz de su experiencia. Sus padres se les acercan al oído para contarles la sabiduría acumulada a lo largo de sus vidas, sin omitir ningún detalle. ¿Qué significa acercarse al oído de alguien para contarle algo? Por ejemplo, tu madre te dice al oído: “Si hay algo que he aprendido en esta vida, es que ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’. Si alguien siempre intenta ser el centro de atención, es probable que lo atormenten. ¿Sabes por qué tu padre mantiene un perfil tan bajo ahora y ya no le gusta ser el centro de atención ni mencionar que es funcionario? Porque en el pasado lo atormentaron. Tu padre tiene talento literario, elocuencia y habilidades de liderazgo, pero como destacaba demasiado, otros sintieron envidia de él y lo atormentaron. ¡Debes aprender de la lección de tu padre! Debes guardar el dicho ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’ en tu corazón y no olvidarlo nunca. Esto es lo mejor que puedo darte como madre”. A partir de entonces, recuerdas el dicho “Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen”, y cada vez que lo recuerdas, te trae a la memoria el sufrimiento de tu padre, cuya mirada abatida dejó una profunda impresión en tu mente. Así que, cada vez que quieres asomar la cabeza, cada vez que quieres expresar tus puntos de vista, cada vez que quieres cumplir sinceramente tu deber en la casa de Dios, te viene a la mente el dicho “Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen”, y entonces te echas para atrás. Piensas: “Cualesquiera que sean los talentos o puntos fuertes que tenga, no puedo mostrarlos; debo ser reservado. En cuanto a las palabras de Dios sobre poner todo el corazón, la mente y la fuerza en hacer el deber, no puedo aceptarlo del todo. No debo ser demasiado entusiasta. Si soy demasiado entusiasta y asomo la cabeza para encargarme del trabajo de la iglesia, ¿qué pasa si hago algo mal y provoco pérdidas al trabajo, y se me hace responsable? ¿Cómo debería asumir esta responsabilidad? ¿No me echarán? ¿No seré la espiga que sobresale? Por tanto, independientemente de lo que haga, debo absolutamente dejarme una vía de escape y aprender primero a protegerme y asegurarme de tomar todas las precauciones antes de hablar y actuar. Esta es la manera de proceder más prudente, porque es como dice mi madre: ‘Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen’”. Este dicho está profundamente implantado en tu corazón y también tiene una profunda influencia en tu vida diaria. Más gravemente, por supuesto, afecta a tu actitud hacia el desempeño de tu deber. ¿No es un problema grave? (Sí). Por lo tanto, cada vez que quieres entregarte para Dios con todas tus fuerzas mientras haces tu deber, siempre te ves frenado en seco por la idea de que “Las primeras espigas que se cortan son las que sobresalen”, lo que te hace ser excesivamente cauto y vacilante, demasiado asustado para dar un paso. No importa lo que estés haciendo, siempre eliges tener un plan de respaldo y dejarte un poco de margen, haces un poco de deber dentro de ciertos límites después de decidir una salida para ti. ¿Qué piensas? ¿El condicionamiento de tu familia a este respecto te protege en la mayor medida de ser revelado y tratado? Para ti, es un escudo más, ¿no es así? (Sí).
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El condicionamiento familiar probablemente implica muchas más reglas en lo relativo a comportarse y lidiar con el mundo. Por ejemplo, los padres y los mayores suelen decir: “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte. Eres demasiado ingenuo, eres inocente y no sabes estar alerta ante la gente, por lo que es muy probable que sufras pérdidas y te engañen. Todas las personas son terribles. No te dejes embaucar por alguien que te dice cosas bonitas de boquilla, no sabes lo que está pensando en secreto. El corazón de las personas se oculta bajo la piel. Al dibujar un tigre, trazas la piel, pero no los huesos; al conocer a una persona, puedes verle la cara, pero no el corazón[a]”. ¿Hay algo correcto en estas palabras? Si solo nos fijamos en el significado literal de las dos frases “al dibujar un tigre, trazas la piel, pero no los huesos; al conocer a una persona, puedes verle la cara, pero no el corazón”, no hay nada malo en ellas. Es imposible que la gente sepa lo que otra persona está pensando en su interior, o si es cruel o bondadosa de corazón; es decir, es imposible que desentrañe qué alma o qué naturaleza tiene otra persona. El significado superficial de estas frases es correcto, pero no son más que una especie de doctrina. ¿Cuál es el principio para lidiar con el mundo que la gente extrae en última instancia de estas dos frases? Es: “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte”. Los padres y los mayores a menudo te advierten: “Sé más cauto al interactuar con la gente. No seas ingenuo y digas lo que sea que estés pensando. Aprende a guardarte de la gente y a estar alerta ante ella. No importa cuán buenos amigos seáis, no pongas todas tus cartas sobre la mesa ni les hagas confidencias. No arriesgues tu vida por ellos”. ¿Es correcto este consejo suyo? (No, enseña a la gente el camino del engaño). En teoría, su motivación es proteger tus intereses físicos y garantizar tu seguridad personal, evitar que caigas en situaciones peligrosas, que te engañen o te hagan daño, impedir que te metas en problemas o te demanden, y mantenerte alejado de cualquier tentación, de modo que puedas pasar cada día en paz, sin problemas y felizmente. Aunque su motivación es protegerte, la forma en que te protegen, los principios que te advierten que sigas y los pensamientos que te inculcan no son correctos. Esto te lleva imperceptiblemente a un extremo, haciéndote guardarte de todos y no atreverte nunca a decir la verdad. Estos pensamientos que tus padres te inculcan se convierten en los principios y las bases respecto de cómo lidias con el mundo. Cuando interactúas con compañeros de clase, colegas, superiores y todo tipo de personas de todos los rangos de la sociedad, estas ideas y puntos de vista se convierten en un principio y un talismán para tu manejo de las relaciones interpersonales. ¿Qué principio es este? Es: “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte. No te haré daño, pero tengo que cuidarme de ti; tengo que guardarme de que me engañes o me hagas daño, para no meterme en problemas ni ser demandado, o incluso para no caer en la ruina económica, terminar con una familia rota y golpeada por la muerte, o acabar en la cárcel”. Regido por tales pensamientos y puntos de vista, y al vivir entre la gente usando tal actitud para lidiar con el mundo —estar en guardia y receloso hacia todos y no atreverte a decir lo que piensas a nadie—, solo puedes sentirte reprimido y dolido, agotarte mental y físicamente, y también sentir más resistencia, antipatía y aborrecimiento hacia este mundo y la humanidad. Mientras aborreces a los demás, también sientes desprecio por ti mismo, pues piensas que no estás viviendo con semejanza humana. Para evitar que otros te dañen, tienes que estar constantemente alerta ante ellos, haciendo y diciendo cosas en contra de tu voluntad en todo momento. A fin de proteger tus propios intereses y garantizar tu propia seguridad personal, llevas una máscara y simulas todo el tiempo, sin atreverte nunca a decir una palabra verdadera. En este estado de existencia, tu corazón interior no tiene liberación ni libertad. A menudo necesitas a alguien que no represente ningún daño para ti, que nunca perjudique tus intereses, en quien puedas desahogar tus pensamientos más íntimos y descargar tu insatisfacción interior, sin necesidad de preocuparte después por provocar ningún sarcasmo, indirecta o burla, ni por que haya alguna consecuencia. En una situación en la que el pensamiento y el punto de vista “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte” es tu principio para tratar con el mundo, estás lleno de miedo e inseguridad en tu interior. De manera natural, te sientes reprimido e incapaz de liberarte, y necesitas a alguien que te consuele, en quien puedas confiar. Por tanto, a juzgar por estos aspectos, aunque el principio para tratar con el mundo que te enseñaron tus padres, “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte”, pueda servir para protegerte, es un arma de doble filo. Aunque protege hasta cierto punto tus intereses físicos y tu seguridad personal, también te hace sentir reprimido y desdichado, incapaz de encontrar liberación, e incluso te hace sentir más aversión por este mundo y la humanidad. Al mismo tiempo, en tu interior, también empiezas a sentirte vagamente harto de haber nacido en una era tan malvada, entre un grupo de gente tan malvada. No lo entiendes: ¿por qué vive la gente y por qué la vida es tan agotadora? ¿Por qué la gente debe llevar siempre una máscara y simular? ¿Por qué debe estar siempre en guardia contra los demás por el bien de sus propios intereses? Quieres decir la verdad, pero no puedes porque habrá consecuencias si lo haces. También quieres ser una persona verdadera por una vez, hablar y comportarte de manera abierta y franca, no ser una persona despreciable y vulgar, no hacer cosas viles y turbias en secreto, y no vivir en la oscuridad, pero no puedes lograr nada de esto. También te sientes muy atribulado, pensando: “¿Por qué no puedo comportarme de manera honrada y digna?”. Al reflexionar sobre tus acciones pasadas, sientes una vaga sensación de desdén. Odias y aborreces esta tendencia malvada y este mundo malvado, y al mismo tiempo, detestas profundamente a la persona en la que te has convertido, pero no eres capaz de cambiar tu situación actual. Aunque tus padres, a través de sus palabras y acciones, te transmitieron este talismán, sigues sintiendo que a tu vida le falta felicidad, una sensación de seguridad, e integridad y dignidad. Mientras te sientes agradecido a tus padres por darte este talismán, también los aborreces por ponerte este grillete. No entiendes por qué tus padres te dijeron que te comportaras de esta manera, por qué debes comportarte así para ganarte una posición en la sociedad, para integrarte en este grupo social y para protegerte. Aunque es un talismán, también es una especie de grillete que hace que sientas amor y odio en el corazón. Pero ¿qué puedes hacer? No tienes la senda correcta en la vida y nadie te indica cómo vivir o tratar con las cosas que te ocurren, si lo que haces está bien o mal o cómo deberías recorrer la senda que tienes ante ti. Solo puedes pasar por la confusión, la oscuridad, el dolor y la inquietud. Estas son las consecuencias de las filosofías para los asuntos mundanos que te inculcaron tus padres y tu familia. Quieres liberarte de estas filosofías y tácticas para lidiar con el mundo, ser una persona sencilla y comportarte de manera honrada y digna, pero ni siquiera este simple deseo puede hacerse realidad. Solo puedes vivir encogido de miedo, vivir haciendo concesiones para protegerte y vivir por el bien de tu imagen, fingiendo ser fuerte, grande, impresionante y notable para guardarte de los demás y evitar que te acosen; solo puedes vivir en contra de tu voluntad de esta manera. Todo esto hace que te detestes a ti mismo, pero no hay nada que puedas hacer. Como no tienes la capacidad ni la senda para escapar de estas formas y tácticas de lidiar con el mundo, solo puedes dejarte manipular por los pensamientos con los cuales tu familia y tus padres te han condicionado. Todas las personas son embaucadas y controladas por estos pensamientos durante este proceso inconsciente. No entienden la verdad ni cómo deberían vivir, por lo que solo pueden resignarse ante esta situación. Incluso si tu conciencia tiene un poco de lucidez, y tienes un pequeño deseo de vivir un poco con semejanza humana, de no tener recelo ni sospecha hacia los demás, de tratarlos con equidad sin importar cómo te traten, y de no tomar represalias contra la gente incluso cuando son injustos contigo —aunque tengas buenas intenciones, sin importar cuáles sean tus deseos—, no puedes escapar del condicionamiento y control de los diversos pensamientos y puntos de vista que tu familia te ha transmitido. Al final, solo puedes seguir viviendo según el pensamiento y el punto de vista de “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte”, porque no tienes otra senda que tomar; no tienes elección. Todo esto lo causa el hecho de que las personas no entienden la verdad y no logran obtenerla.
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Nota al pie:
a. “Al dibujar un tigre, trazas la piel, pero no los huesos; al conocer a una persona, puedes verle la cara, pero no el corazón” es un dicho chino que significa que la apariencia externa y el porte de una persona son evidentes a simple vista, pero su corazón y sus pensamientos internos son difíciles de leer y discernir.
¿Por qué estas culturas tradicionales no son la verdad? A lo único que se reduce todo es a que estas cosas son ideas que surgieron después de que Satanás corrompiera a la especie humana. No provienen de Dios. Están adulteradas por algunas de las figuraciones y nociones de las personas, y además son consecuencia de la corrupción de la especie humana por parte de Satanás. Este aprovecha las ideas, los puntos de vista y todo tipo de dichos y argumentos de la especie humana corrupta a fin de limitar el pensamiento de la gente y corromper el pensamiento de las personas. Si Satanás se sirviera de algunas cosas que fueran obviamente absurdas, ridículas y equivocadas para desorientar a las personas, la gente tendría discernimiento; serían capaces de distinguir entre el bien y el mal y emplearían este discernimiento para negar y condenar esas cosas. Así, estas enseñanzas no resistirían el escrutinio. Sin embargo, cuando Satanás, a fin de condicionar a las personas, influir en ellas e inculcárselas, se sirve de algunas ideas y teorías que se conforman a las nociones y figuraciones de las personas, y que piensa que van a resistir el escrutinio cuando se digan en voz alta, la especie humana se desorienta con facilidad y estos dichos se aceptan y se difunden fácilmente, de modo que duran una generación tras otra, hasta el presente. Tomemos como ejemplo algunas historias sobre héroes chinos, como las historias patrióticas sobre Yue Fei, los generales de la familia Yang y Wen Tianxiang. ¿Cómo es que estas ideas se han transmitido hasta el presente? Si lo observamos desde el aspecto de las personas, en todas las eras hay un tipo de persona o de regente que usa sin cesar estos ejemplos y las ideas y el espíritu de esos personajes para enseñar a una generación tras otra, a fin de que acepten obedientes y dóciles su gobierno, de tal modo que puedan gobernar con facilidad a una generación tras otra de personas y dar estabilidad a su reinado. Al hablar de la ciega devoción de Yue Fei y de los generales de la familia Yang, así como del espíritu patriota de Wen Tianxiang y Qu Yuan, educan a sus súbditos para que conozcan una regla: uno debe comportarse con lealtad; esto es lo que debe poseer una persona cuya calidad humana sea noble y moral. ¿Lealtad en qué medida? Hasta el punto de que “Cuando el emperador manda a sus oficiales a morir, no tienen más remedio que morir” y “Un individuo leal no puede servir a dos señores”, este es otro dicho que veneran. También veneran a aquellos que aman su país. ¿Qué significa amar al propio país? ¿Amar qué o a quién? ¿Amar la tierra? ¿Amar a la gente en ella? ¿Y qué es un país? (Los gobernantes). Los gobernantes son los representantes del país. Si dices: “Mi amor por mi país es en realidad amor por mi ciudad natal y mis padres. ¡Gobernantes, no os amo a vosotros!”, entonces estos se enfadarán. Si dices: “Mi amor por mi país es amor por los gobernantes, desde lo más profundo de mi corazón”, aceptarán y aprobarán ese amor; si les haces entender y les dejas claro que no son ellos a los que amas, no lo aprobarán. ¿A quién representan los gobernantes a lo largo de las eras? (A Satanás). Representan a Satanás, son miembros de la banda de Satanás y son diablos. Es imposible que eduquen a la gente para que adore a Dios, para que adore al Creador. Es imposible que lo hagan. En cambio, le dicen a la gente que el gobernante es el hijo del cielo. ¿Qué significa “hijo del cielo”? Significa que el cielo le concede el poder a alguien y a esta persona se la llama el “hijo del cielo” y ostenta el poder de reinar sobre todos aquellos bajo el cielo. ¿Es esta una idea que los gobernantes han inculcado en la gente? (Sí). Cuando una persona se convierte en hijo del cielo, esto lo determina el cielo y la voluntad del cielo está con ella, así que la gente debe aceptar el gobierno de esa persona de manera incondicional, sea cual sea. Lo que inculcan en las personas es esta idea, que te hace aceptar a esa persona como hijo del cielo porque reconoces la existencia del cielo. ¿Qué propósito tiene que aceptes a esa persona como el hijo del cielo? No es hacerte reconocer que hay un cielo o un Dios o un Creador, sino hacerte aceptar el hecho mismo de que esta persona es el hijo del cielo y, al serlo, al haber surgido a partir de la existencia de la voluntad del cielo, la gente debe aceptar su gobierno; este es el tipo de ideas que inculcan. Detrás de todas estas ideas que se han desarrollado desde el principio de la especie humana hasta el presente —ya se trate aquello que diseccionamos de frases y expresiones que contengan alusiones o de proverbios populares y dichos comunes que carecen por completo de ellas— residen las ataduras de Satanás y su forma de desorientar a la especie humana, además de las definiciones falaces de la especie humana corrupta de estos propios asuntos. ¿Qué influencia tiene esta definición falaz en la especie humana de los periodos posteriores? ¿Es buena, positiva o negativa? (Es negativa). Es fundamentalmente negativa. Tomemos como ejemplo los dichos “Dormir sobre maleza y lamer la hiel”, “Ocultar la propia luz y reunir fuerzas en la oscuridad”, “Soportar la humillación y llevar una pesada carga” y “No claudicar”, así como “Fingir una cosa mientras se hace otra”; ¿qué influencia tienen en la especie humana estos dichos en los periodos posteriores? En concreto, que una vez que la gente acepta estas ideas de la cultura tradicional, cada una de las sucesivas generaciones se aleja cada vez más de Dios, y más y más de Su creación y de la salvación de la gente, así como de Su obra de plan de gestión. Una vez que la especie humana acepta estos puntos de vista erróneos de la cultura tradicional, siente de manera creciente que el destino humano debe estar en sus propias manos y que ella misma debe crear la felicidad, como también que las oportunidades están reservadas para aquellos que están preparados, lo que lleva a la especie humana a negar cada vez más a Dios, a negar Su soberanía y a vivir bajo el poder de Satanás. Si comparáis los temas de los que le gusta hablar a la gente de la era moderna con los de la de hace dos mil años, el sentido del pensamiento que hay detrás de estas cosas es en realidad el mismo. Lo que ocurre es que la gente de hoy en día habla de esas cosas de una forma más concreta y es más directa al respecto. No solo niegan la existencia y la soberanía de Dios, sino que también se resisten y condenan a Dios a un nivel cada vez más grave.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (I)
¿Qué diferencia esencial hay entre las palabras de Dios y del hombre y entre la verdad y la doctrina? Las palabras de Dios hacen que la gente crezca en razón y conciencia, que actúe con principios y que lo que viva tenga una realidad cada vez mayor de las cosas positivas. Las palabras del hombre, por otra parte, es posible que parezcan encajar perfectamente con los gustos y nociones de la gente; sin embargo, no son la verdad, están repletas de peligros, tentaciones, herejías y falacias, por lo que, si la gente actúa de acuerdo con ellas, lo que viva se apartará cada vez más de Dios y de las normas de Dios. Para más inri, la manera de vivir de la gente será cada vez más malvada y parecida a la de Satanás. Cuando la gente vive y actúa íntegramente según las herejías y falacias de la especie humana, cuando ha abrazado totalmente estos argumentos, vive como Satanás. ¿Y vivir como Satanás no implica que son satanases? (Sí). Así pues, han “logrado” convertirse en satanases vivientes. Algunos dicen: “Yo no creo eso. Solo quiero ser una persona ingenua que caiga bien a los demás. Quiero ser alguien a quien la mayoría considere bueno, y entonces veré si dios se deleita en mí o no”. Si no crees en lo que dice Dios, ve a comprobar si las palabras de Dios son la verdad o si las nociones del hombre son la verdad. Esta es la diferencia esencial entre las palabras de Dios y las del hombre. Es la distinción esencial entre la verdad y las herejías y falacias. Por más que las herejías y falacias del hombre parezcan encajar con los gustos de la gente, nunca pueden convertirse en su vida; mientras tanto, por más que las palabras de Dios parezcan sencillas, vulgares y contrarias a las nociones de las personas, su esencia es la verdad, y si lo que hacen y viven las personas está de acuerdo con los principios de las palabras de Dios, algún día, finalmente, se convertirán en auténticos seres creados que sean acordes al estándar, capaces de temerlo y de evitar el mal. Por el contrario, si las personas no practican según las palabras de Dios y no actúan conforme a Sus exigencias, no pueden convertirse en seres creados acordes al estándar. Dios simplemente desdeñará sus acciones y la senda que recorren; es un hecho.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10 (V)
Muchas personas expresan verbalmente creer en Dios y lo alaban, pero no aman de corazón las palabras que Él dice. No les interesa la verdad. Siempre creen que solo aquellos que viven de acuerdo con las filosofías de Satanás o las diversas teorías mundanas se pueden considerar gente normal, pueden protegerse a sí mismos y prosperar y lograr cosas en el mundo. ¿Son acaso personas que creen en Dios y lo siguen? No. Las palabras de la gente destacada y famosa suenan particularmente sagaces y pueden desorientar fácilmente a los demás. Es posible que consideres sus palabras como verdades o consignas que acatar. Sin embargo, cuando se trata de las palabras de Dios, de un requisito corriente que Él tenga para la gente, como ser una persona honesta, ocupar de manera responsable y escrupulosa el lugar que a uno le corresponde, hacer el propio deber como ser creado y comportarse con los pies en la tierra, si no eres capaz de poner esas palabras en práctica ni de considerarlas verdades, no eres un seguidor de Dios. Afirmas practicar la verdad, pero si Dios te pregunta: “¿Son verdades expresadas por Dios las ‘verdades’ que practicas? ¿Se basan en las palabras de Dios los principios que defiendes?”, ¿cómo responderías? Si tu base no son las palabras de Dios, entonces lo que practicas no es la verdad, sino las filosofías de Satanás. Vives según las filosofías de Satanás y, al mismo tiempo, afirmas practicar la verdad. ¿Acaso no es eso blasfemar contra Dios? Dios indica a las personas que sean honestas, por ejemplo; sin embargo, algunos no reflexionan sobre cuál es el contenido real de ser una persona honesta, cómo practicar ser una persona honesta, ni qué cosas de las que la gente vive y revela son deshonestas, ni cuáles son honestas. En lugar de sopesar la esencia de la verdad en las palabras de Dios, recurren a los libros de los no creyentes. Piensan: “Los dichos de los no creyentes también están bastante bien; ¡además, enseñan a la gente a ser buena! Por ejemplo, ‘Los buenos viven en paz’, ‘La gente ingenua llega a todos lados’ o ‘Perdonar a los demás no es una tontería, sino que aporta beneficios en el futuro’. ¡Estos enunciados también son correctos y se ajustan a la verdad!”. De modo que acatan esas palabras. ¿Qué tipo de personas van a llegar a ser si se atienen a esos dichos de los no creyentes? ¿Pueden vivir la realidad-verdad? (No). ¿Acaso no hay muchas personas que son así? Tienen un poco de erudición: han leído algunas obras famosas, han obtenido cierta perspectiva y también han escuchado algunas “palabras de sabiduría” de figuras grandes y renombradas, así como algunos proverbios populares, y luego toman estas cosas como la verdad, actuando y haciendo su deber de acuerdo con ellas, aplicándolas a su vida de fe en Dios y pensando que están satisfaciendo el corazón de Dios. ¿No es esto dar gato por liebre? ¿No es esto incurrir en el engaño? ¡Para Dios, esto es una blasfemia! Estas cosas se manifiestan en cada persona, y no en pequeña medida. Tratan los dichos de figuras renombradas, los proverbios populares y las doctrinas correctas como verdades a las que atenerse, mientras dejan a un lado las palabras de Dios y las ignoran, no las interiorizan sin importar cuántas veces las lean ni consideran las palabras de Dios como la verdad; ¿son creyentes en Dios? ¿Son seguidores de Dios? (No). ¡Tales personas creen en la religión y siguen a Satanás, viven bajo su poder! En su corazón adoran a Satanás, pues creen que las palabras pronunciadas por este son filosóficas, que son palabras eminentemente clásicas, dichos famosos de la máxima verdad. No importa a qué más renuncien, nunca pueden desprenderse de estas palabras de Satanás, como si renunciar a ellas fuera como perder el fundamento de su vida, como tirar su corazón. ¿Qué clase de personas son estas? Son seguidores de Satanás, y por eso consideran los dichos famosos de este como verdades a las que atenerse. ¿Qué clase de carácter es este? ¿Podéis diseccionar y entender los diversos estados en los que os encontráis dentro de diferentes contextos? Por ejemplo, algunos creen en Dios y suelen leer Sus palabras, pero cuando les ocurren cosas, siempre dicen: “Mi madre decía”, “Mi abuelo decía”, “Tal y tal persona famosa una vez dijo” o “En tal y tal libro se dice”. Nunca dicen: “La palabra de Dios dice esto”, “Los requisitos que Dios nos pide son así” o “Dios dice esto”. Nunca pronuncian esas palabras. ¿Siguen a Dios estas personas? (No). ¿Puede la gente descubrir fácilmente esos estados? No, pero el hecho de que los experimente es letal. Es posible que lleves creyendo en Dios tres, cinco, ocho o diez años, pero aún no sepas someterte a Él ni practicar Sus palabras. Pase lo que te pase, todavía tomas las palabras de Satanás como tu base; todavía buscas un fundamento en la cultura tradicional. ¿Es eso fe en Dios? ¿No estás siguiendo a Satanás? Vives según las palabras de Satanás y vives según el carácter de Satanás, así que ¿no te estás resistiendo a Dios? Dado que no practicas ni vives según la palabra de Dios, no sigues Sus huellas y no puedes alcanzar un estado en el que te sometas sin importar lo que Dios diga y disponga, ¿sigues siendo un creyente en Dios? No tienes una fe auténtica; Satanás todavía tiene estatus en tu corazón, y todavía lo estás siguiendo. ¿Dónde está Satanás? Satanás está en el interior de las personas. Las filosofías, la lógica, las reglas y las diversas palabras endiabladas de Satanás han echado raíces en el corazón de la gente hace mucho tiempo. Este es el problema más grave. Si no puedes resolver este problema en tu fe en Dios, Él no podrá salvarte. Por tanto, debéis comparar a menudo todo lo que hagáis, vuestros pensamientos y puntos de vista, así como vuestro fundamento para hacer las cosas, con las palabras de Dios, y diseccionar las cosas que pensáis. Debéis saber qué cosas en vuestro interior son filosofías para los asuntos mundanos, proverbios populares y cultura tradicional, y cuáles han surgido del conocimiento intelectual. Debéis ser conscientes de qué cosas creéis que son siempre correctas y que concuerdan con la verdad, cuáles acatáis como si fueran la verdad y cuáles permitís que ocupen el lugar de esta. Debéis diseccionar estas cosas. En concreto, si tratas lo que consideras correcto y precioso como la verdad, no es fácil calarlo, pero si lo consigues, habrás superado un gran obstáculo. Estas cosas propias de Satanás son impedimentos para que la gente comprenda las palabras de Dios, practique la verdad y se someta a Dios. Si siempre eres atolondrado y vago, no tienes en cuenta estas cosas ni te centras en resolver estos problemas, estos son la raíz de tu malestar y el veneno que tienes en el corazón. Si no se eliminan, no podrás seguir sinceramente a Dios, practicar la verdad, someterte a Dios ni tener un camino para alcanzar la salvación.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. No puedes salvarte por creer en la religión ni por participar en rituales religiosos
Pase lo que pase, ya sea que confíes en las filosofías de Satanás y apliques métodos humanos para resolverlo, o que busques la verdad y lo soluciones de acuerdo con las palabras de Dios, o que adoptes un enfoque intermedio conformista, sea como sea que en efecto elijas, esto es lo que mejor revela si amas y persigues la verdad. Si siempre te decantas por resolver los problemas confiando en las filosofías de Satanás y los métodos humanos, la consecuencia será que no podrás ganar la verdad, ni el esclarecimiento, la iluminación y la guía del Espíritu Santo. Es más, desarrollarás nociones y malentendidos acerca de Dios, te resistirás a Él con frecuencia, y Dios terminará desdeñándote y descartándote. Sin embargo, si puedes buscar la verdad en todas las cosas y solucionar los problemas conforme a las palabras de Dios, serás capaz de alcanzar el esclarecimiento, la iluminación y la guía del Espíritu Santo. Tu comprensión de la verdad se hará progresivamente más clara y llegarás a conocer a Dios cada vez más. De esta manera, podrás someterte a Dios y amarlo de verdad. Después de practicar y experimentar de esta forma durante un cierto período, tus actitudes corruptas se limpiarán cada vez más y tus rebeliones contra Dios serán cada vez menos frecuentes, hasta que, al final, alcanzarás una completa compatibilidad con Él. Si siempre optas por permanecer en una posición intermedia conformista, en realidad sigues confiando en las filosofías de Satanás para manejar los problemas. Viviendo así nunca obtendrás la aprobación de Dios, solo conseguirás que te revele y te descarte. Si has elegido la manera errónea de creer en Dios, el método religioso, tienes que revertir tu rumbo enseguida, alejarte del precipicio y adoptar el método correcto. Entonces puede que aún haya esperanza de alcanzar la salvación. Si quieres encontrar el método correcto para creer en Dios, debes buscarlo y tantearlo por ti mismo. Quien posea un entendimiento espiritual hallará la senda correcta tras un período de experiencia.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con la búsqueda de la verdad se pueden resolver las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios
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