14. Cómo resolver el problema de ser superficial
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
¿Qué causa la superficialidad? ¿Acaso no son tus actitudes corruptas satánicas? Ser superficial es una manifestación de actitudes corruptas; surge cuando la gente se ve impulsada por sus actitudes corruptas. Es algo que afecta de forma directa a los resultados que obtiene al realizar su deber, que incluso causa que desempeñe mal su trabajo y que perjudica la obra de la iglesia. Esta consecuencia es muy grave. Si eres constantemente superficial en tu deber, ¿qué clase de problema es este? Es un problema relacionado con tu humanidad. Solo las personas sin conciencia ni humanidad son superficiales de manera constante. ¿Creéis que es fiable la gente que siempre es superficial? (No). ¡Esta gente es muy poco fiable! Quien es superficial al hacer su deber es un irresponsable y quien es irresponsable en sus acciones no es honesto, alguien en quien no se puede confiar. Independientemente del deber que haga, una persona que no es de fiar es superficial, porque su calidad humana no es acorde al estándar; no ama la verdad y sin duda no es una persona honesta. ¿Puede Dios confiar algo a alguien que no sea de fiar? De ninguna manera. Esto se debe a que Él escruta las profundidades del corazón de la gente y nunca usa a personas falsas para hacer deberes; Dios solo bendice a los honestos y obra únicamente en los que son honestos y aman la verdad. Siempre que una persona falsa hace un deber, esto es un arreglo hecho por el hombre y un error del hombre. La gente a la que le gusta ser superficial no tiene conciencia ni razón, su humanidad es escasa, no es de fiar y no se puede confiar en ella. ¿Obrará el Espíritu Santo en estas personas? En absoluto. Por tanto, Dios nunca perfeccionará ni usará a los que les gusta ser superficiales en sus deberes. Todos a los que les gusta ser superficiales son falsos, están llenos de cálculos astutos y carecen totalmente de conciencia y razón. Actúan sin principios ni límites; actúan solo según sus propias preferencias y son capaces de hacer todo tipo de maldades. Todas sus acciones se basan en sus estados de ánimo. Si están de buen humor y contentos, lo harán un poco mejor; si están de mal humor y disgustados, serán superficiales; si están enfadados, es posible que sean arbitrarios e insensatos y que demoren asuntos importantes. No tienen a Dios en el corazón de ninguna manera. Simplemente dejan que pasen los días, de brazos cruzados y en espera de la muerte. Así pues, por mucho que se exhorte a las personas que son superficiales en la constante realización de su deber, no sirve de nada y es inútil hablarles sobre la verdad. Se niegan a comportarse mejor a pesar de repetidas amonestaciones; son desalmadas, solo queda expulsarlas, lo cual es la medida más adecuada.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre es el mayor beneficiario del plan de gestión de Dios
Ser superficial al realizar tu deber es un gran tabú. Si siempre eres superficial al hacer tu deber, no hay forma de que lo hagas acorde al estándar. Si quieres realizar tu deber con devoción, primero debes corregir tu problema de ser superficial. Deberías tomar medidas para subsanar la situación en cuanto notes sus manifestaciones. Si estás atolondrado, nunca eres capaz de notar los problemas, siempre actúas por inercia y haces las cosas de manera superficial, entonces, no tendrás forma de hacer bien tu deber. Por tanto, debes volcar el corazón en él. ¡Es muy difícil que la gente se encuentre con la oportunidad de hacer su deber! Cuando Dios les da esta oportunidad, si ellos no la aprovechan, entonces esa oportunidad se pierde; incluso si desean buscarla más tarde, puede que no vuelva a presentarse. La obra de Dios no espera a nadie, como tampoco esperan las oportunidades de realizar el propio deber. Hay gente que dice: “Antes no hacía bien mi deber, pero ahora sigo queriendo hacerlo. Solo volveré a intentarlo”. Es maravilloso tener esta clase de determinación, pero debes tener claro cómo hacer bien tu deber: debes esforzarte por alcanzar la verdad. Solo quienes comprenden la verdad pueden hacer bien el deber. Si uno no comprende la verdad, ni siquiera su mano de obra será acorde al estándar. Cuanto más clara tengas la verdad, más eficaz te volverás en el deber. Si puedes ver este asunto tal como es, entonces te esforzarás por la verdad, y tendrás esperanzas de hacer bien tu deber. En la actualidad no hay muchas oportunidades para realizar un deber, así que debes aprovecharlas cuando puedas. Es precisamente cuando te enfrentas a un deber que debes esforzarte de verdad; entonces es cuando debes ofrecerte y gastarte para Dios y cuando necesitas pagar un precio. No te guardes nada, no albergues ninguna intriga, no dejes ningún margen de maniobra, no te concedas una salida. Si dejas margen, engañas o eres escurridizo y holgazaneas, estás destinado a hacer un trabajo deficiente. Supón que dices: “Nadie me ha visto escabullirme y holgazanear. ¡Qué bien!”. ¿Qué manera de pensar es esta? ¿Crees haber engañado a la gente y también a Dios? Sin embargo, en la realidad, ¿sabe Dios lo que has hecho? Lo sabe. De hecho, cualquiera que interactúe contigo durante un tiempo se enterará de tu corrupción y tu fealdad; es solo que puede que no lo diga abiertamente: tendrá su evaluación de ti en su corazón. Ha habido muchas personas que fueron reveladas y descartadas porque la mayoría de la gente pudo desentrañar su esencia y, por tanto, expuso a esas personas tal como eran y las hizo echar de la iglesia. Así que, persigan o no la verdad, las personas deberían realizar bien su deber lo mejor que puedan; deberían dejarse guiar por su conciencia y hacer algunas cosas reales. Puede que tengas defectos, pero si puedes ser eficaz en el desempeño de tu deber, no serás descartado. Si siempre piensas que estás bien, que definitivamente no serás descartado, si nunca reflexionas ni intentas conocerte a ti mismo, y sigues ignorando las tareas que te corresponden y eres siempre superficial, entonces, cuando el pueblo escogido de Dios realmente pierda la tolerancia contigo, te expondrá tal como eres, y serás descartado. Entonces, será demasiado tarde para lamentarse, porque todos te habrán desentrañado y habrás perdido toda tu dignidad e integridad. Si nadie confía en ti, ¿acaso lo haría Dios? Él escruta lo más profundo del corazón del hombre: no confiaría en absoluto en una persona así.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La entrada en la vida comienza con la ejecución del deber
Algunas personas no asumen ninguna responsabilidad cuando hacen su deber, son siempre negligentes. Aunque detectan los problemas en su trabajo, no están dispuestas a sacar a relucir estos problemas ni a buscar soluciones, además de que les asusta ofender a la gente, por lo que solo lidian con estos problemas de manera superficial y ya está, con el resultado de que es necesario volver a hacer el trabajo. Como estás desempeñando este deber, has de hacerte responsable de él. ¿Por qué no estás dispuesto a tomártelo en serio? ¿Por qué estás siendo negligente? ¿Eres descuidado en tus responsabilidades cuando haces tu deber de esta manera? No importa quién asuma la responsabilidad principal, todos los demás son responsables de vigilarlo, todos deben tener esta carga y este sentido de la responsabilidad; pero ninguno de vosotros prestáis atención, sois realmente negligentes, no tenéis devoción, ¡sois descuidados en vuestras responsabilidades! No es que seáis incapaces de detectar el problema, sino que no estáis dispuestos a asumir la responsabilidad. Cuando detectáis el problema, tampoco deseáis prestarle ninguna atención a este asunto, os conformáis con un “basta con eso”. ¿Acaso ser negligente de esta manera no es un intento de engañar a Dios? Si cuando Yo obrara y os hablara sobre la verdad pensara que un “basta con eso” es aceptable, entonces, conforme a cada una de vuestras aptitudes y búsquedas, ¿qué podríais ganar con eso? Si Yo tuviera la misma actitud que vosotros, no podríais ganar nada. ¿Por qué lo digo? En parte porque no hacéis nada con seriedad, y en parte porque tenéis bastante poca aptitud, estáis bastante adormecidos. Como veo que todos estáis adormecidos y que no amáis la verdad ni la perseguís, sumado a vuestra poca aptitud, debo hablar de forma detallada. Debo desgranarlo todo, hablar de las cosas desde todos los ángulos y de todas las maneras, y desglosarlas y fragmentarlas en Mi discurso. Solo así las entendéis un poco. Si Yo fuera negligente con vosotros y hablara un poco de cualquier tema cuando me apeteciera, sin meditarlo ni esmerarme, sin volcar Mi corazón en ello, y si no hablara cuando no me apeteciera, ¿qué podríais obtener? Con aptitudes como las vuestras, no comprenderíais la verdad, no obtendríais nada y mucho menos alcanzaríais la salvación. Así pues, no puedo hacer eso, sino que debo hablar en detalle. Debo ser minucioso y dar ejemplos sobre los estados de cada tipo de persona, las actitudes que la gente tiene hacia la verdad y cada tipo de carácter corrupto, y debo repetirlo; solo entonces comprenderéis lo que estoy diciendo y entenderéis lo que escucháis. Sea cual sea el aspecto de la verdad que comparta, adopto diversos métodos para hablar, usando métodos de enseñanza para adultos y para niños, utilizando los métodos de hablar sobre los razonamientos y de contar historias, y los métodos de hablar sobre la teoría, la práctica y la experiencia para que la gente pueda comprender la verdad y entrar en la realidad. De este modo, los que tengan calibre y corazón tendrán la oportunidad de entender la verdad, aceptarla y salvarse. Pero vuestra actitud hacia el deber siempre ha sido de superficialidad, de dar largas; por muy grande que sea el retraso que provocáis, no tenéis sensación de urgencia. No consideráis cómo buscar la verdad para resolver los problemas ni cómo realizar vuestro deber adecuadamente para poder dar testimonio de Dios. Esto es descuidar los deberes que os corresponden. Por eso vuestra vida crece muy lentamente y, por mucho tiempo que hayáis perdido, no tenéis sensación de urgencia. De hecho, si hicierais vuestro deber de forma concienzuda y responsable, no tardaríais ni siquiera cinco o seis años en poder hablar de vuestras experiencias y dar testimonio de Dios, y las diversas tareas se llevarían a cabo con gran efecto; pero no estáis dispuestos a ser considerados con las intenciones de Dios, ni os esforzáis por alcanzar la verdad. Hay algunas cosas que no sabéis hacer, así que Yo os doy instrucciones precisas. No tenéis que dedicar ningún esfuerzo mental; simplemente tenéis que escuchar y hacer lo que Yo digo. Esa es la única parte de responsabilidad que debéis asumir; sin embargo, hasta eso queda fuera de vuestro alcance. ¿Dónde está vuestra devoción? ¡No se ve por ningún lado! Lo único que hacéis es decir cosas agradables. En vuestro corazón, sabéis lo que debéis hacer, pero simplemente no practicáis la verdad. Esto es rebelión contra Dios y, en el fondo, es una falta de amor por la verdad. En vuestro corazón, sabéis muy bien cómo actuar de acuerdo con la verdad, pero no la ponéis en práctica. Este es un problema serio; tenéis la verdad justo delante y no la ponéis en práctica. No sois personas que se someten a Dios en absoluto. Para realizar un deber en la casa de Dios, lo mínimo que debéis hacer es buscar la verdad, practicarla y actuar de acuerdo con los principios. Si no puedes practicar la verdad en la ejecución de tu deber, ¿dónde puedes practicarla? Y si no practicas nada de la verdad, entonces eres un incrédulo. En realidad, ¿cuál es tu propósito si no aceptas la verdad, ni mucho menos la practicas y simplemente sales del paso en la casa de Dios? ¿Deseas hacer de la casa de Dios tu hogar de retiro o una casa de caridad? Si es así, te equivocas: la casa de Dios no mantiene a los gorrones ni a los holgazanes. Todo aquel de escasa humanidad, que no haga su deber de buena gana, que no sea apto para realizar un deber, debe ser echado; todos los incrédulos que no aceptan la verdad en absoluto han de ser descartados. Algunas personas entienden la verdad, pero no pueden ponerla en práctica al realizar sus deberes. Cuando ven un problema, no lo resuelven y, si bien saben que es su responsabilidad, no la llevan a cabo con todo su corazón. Si ni siquiera cumples con responsabilidades que eres capaz de cumplir, entonces, ¿qué valor podría tener la realización de tu deber? ¿Qué efecto podría tener? ¿Tiene sentido creer en Dios de esta manera? Alguien que comprende la verdad pero que no puede practicarla, que no puede soportar las adversidades que le corresponden, no es apto para hacer un deber. Algunas personas que realizan un deber en realidad lo hacen solo para que las alimenten. Son mendigos. Creen que, si hacen unas pocas tareas en la casa de Dios, se les proveerá de casa y comida, que se cubrirán sus necesidades sin tener que trabajar. ¿Existe acaso semejante ganga? La casa de Dios no provee a los holgazanes. Si alguien que no practica la verdad en lo más mínimo y que sistemáticamente es negligente en la ejecución de su deber dice creer en Dios, ¿Él lo reconocerá? Todos esos individuos son incrédulos y, a ojos de Dios, malhechores.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón
Si no pones el corazón en tu deber ni buscas los principios-verdad, si eres atolondrado y te limitas a hacer las cosas de la manera más sencilla posible, ¿qué clase de mentalidad es la tuya? Es la de hacer las cosas de manera superficial. Si no eres devoto a tu deber, si no tienes sentido de la responsabilidad hacia él, ni sentido de la misión, ¿serás capaz de cumplir tu deber adecuadamente? ¿Podrás hacerlo de una manera acorde al estándar? Y si no eres capaz de hacer tu deber de manera acorde al estándar, ¿podrás entrar en la realidad-verdad? Por supuesto que no. Si cada vez que haces tu deber no te muestras diligente, no quieres esforzarte al máximo y simplemente sales del paso con la misma despreocupación que si estuvieras participando en algún juego, ¿acaso no supone eso un problema? ¿Qué puedes ganar al hacer tu deber de esta manera? En última instancia, la gente se dará cuenta de que, cuando lo haces, no tienes sentido de la responsabilidad, eres superficial y actúas por mera inercia. En ese caso, corres peligro de ser descartado. Dios escruta todo el proceso mientras haces tu deber, ¿qué dirá Él sobre esto? (Que esa persona no es merecedora de que se le encomiende nada, no es digna de confianza). Dios dirá que no eres digno de confianza y que deberías ser descartado. Y así, no importa qué deber desempeñes o si este es importante o común, dado que se te ha encomendado este trabajo, si no pones el corazón en él ni estás a la altura de tu responsabilidad, y si no lo percibes como una comisión de Dios ni te lo tomas como tu propio deber y obligación, y siempre haces las cosas de manera negligente, va a haber problemas. “No eres digno de confianza”; estas palabras calificarán tu ejecución del deber. Lo que quieren decir es que tu ejecución del deber no es acorde al estándar y que se te ha descartado; además, Dios dice que tu calidad humana no está a la altura. Cuando Dios te encomienda algún asunto y adoptas esta actitud al respecto y lo manejas así, ¿se te encargará algún otro deber en el futuro? ¿Se te puede encomendar algo importante? En absoluto, a menos que demuestres verdadero arrepentimiento. Sin embargo, en el fondo, Dios siempre albergará hacia ti cierta desconfianza e insatisfacción. Si Dios alberga siempre desconfianza e insatisfacción hacia ti, esto supone un problema, ¿no es así? Podrías perder toda oportunidad de hacer tu deber y será imposible que te salves.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puede haber una senda a seguir a través de leer con frecuencia las palabras de Dios y contemplar la verdad
Muchas personas son demasiado negligentes mientras hacen sus deberes. Cuando se enfrentan a la poda, se niegan a aceptar la verdad, siguen discutiendo e incluso se quejan de que la casa de Dios es injusta con ellas, de que carece de misericordia y tolerancia. ¿No es esto inmune a la razón? Para decirlo de manera más objetiva, es un carácter arrogante, y carecen de la más mínima conciencia y razón. Aquellos que creen realmente en Dios deben al menos ser capaces de aceptar la verdad y actuar sin ir en contra de la conciencia y la razón. ¡Las personas que ni siquiera son capaces de aceptar la poda o someterse a ella son demasiado arrogantes, sentenciosas y simplemente inmunes a la razón! Tildarlas de bestias no es una exageración, pues manifiestan una total indiferencia hacia todo lo que hacen. Hacen las cosas tal como les place y no se preocupan por las consecuencias; no les importa que surjan problemas. Para las personas como esta, ni siquiera el servicio que rinden es acorde al estándar. Debido a que abordan sus deberes de esta manera, los demás no pueden soportar mirarlas ni confiar en ellas. Entonces, ¿puede Dios confiar en ellas? Al no cumplir este requisito mínimo, no son acordes al estándar ni siquiera al rendir servicio y solo pueden ser descartadas. […] Aquellos que no aman la verdad realizan sus deberes de un modo superficial: no muestran la actitud adecuada, nunca buscan los principios-verdad, no piensan en los requerimientos de la casa de Dios ni en los resultados que han de obtener. ¿Cómo podrían realizar sus deberes de un modo que sea acorde al estándar? Si crees en Dios con sinceridad, cuando te des cuenta de que tu estado es superficial, debes orar a Dios, reflexionar y conocerte a ti mismo; debes rebelarte contra tus actitudes corruptas, trabajar duro en los principios-verdad y esforzarte por cumplir con los estándares requeridos por Él. Al hacer tu deber de esta manera, cumplirás gradualmente los requerimientos de la casa de Dios. De hecho, no es muy difícil realizar bien el deber. Solo depende de si una persona tiene conciencia y razón, si su corazón está en el lugar correcto y si lo pone en ello. Hay muchos no creyentes que trabajan con seriedad y, en consecuencia, tienen éxito. No saben nada sobre los principios-verdad, así que ¿cómo es que lo hacen tan bien? Debido a que les importa y ponen su corazón en ello, pueden trabajar con seriedad y meticulosidad, así como hacer las cosas con facilidad. Ninguno de los deberes de la casa de Dios es muy difícil. Siempre y cuando pongas todo tu corazón en ello y te esfuerces al máximo, puedes hacer un buen trabajo. Si el corazón de una persona no está en el lugar correcto y no lo pone en nada de lo que hace, si siempre intenta ahorrarse problemas, si siempre quiere ser negligente y salir del paso en todo y, como resultado, no realiza bien su deber, estropea las cosas y perjudica la casa de Dios, esto equivale a cometer una transgresión y ocasiona que Dios la deteste. Durante los momentos clave de difundir el evangelio, si no solo no logras resultados en tu deber, sino que tampoco desempeñas un papel positivo y solo causas trastornos y perturbaciones, naturalmente serás detestado y descartado por Dios y perderás tu oportunidad de salvación. ¡Te lamentarás eternamente de esto! Dios te exalta para hacer tu deber, y esta es una oportunidad que Él te ha dado para obtener la verdad y alcanzar la salvación. Y, sin embargo, eres irresponsable, tratas tu deber a la ligera y eres negligente; esta es la actitud con la que tratas la verdad y a Dios. Si no eres en lo más mínimo sincero o sumiso, ¿cómo puedes alcanzar la salvación de Dios? El tiempo es muy valioso en este momento; cada día, incluso cada minuto, es crucial. Si no buscas la verdad, si no te centras en la entrada en la vida, e incluso eres negligente e intentas engañar a Dios en tu deber, ¡verdaderamente careces de razón y estás en un enorme peligro! Una vez que Dios te deteste y te descarte, el Espíritu Santo ya no obrará en ti, y esta consecuencia es irreversible.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Si simplemente actúas por inercia al hacer tu deber y no buscas en absoluto lograr resultados, entonces eres un hipócrita, un lobo con piel de cordero. Puede que embauques a las personas, pero no puedes engañar a Dios. Si al ejecutar tu deber no pagas un precio real y no eres devoto, entonces tu ejecución no es acorde al estándar. Si no te esfuerzas de verdad al realizar tu deber como creyente en Dios; si siempre deseas hacer las cosas mecánicamente y eres negligente en tus acciones, como un no creyente que trabaja para su jefe; si solo te esfuerzas pero no pones el corazón en lo que haces, sales del paso cada día según se presenten las cosas, sin informar de los problemas cuando los detectas, sin molestarte en levantar un dedo siquiera cuando van mal las cosas pequeñas; desestimas indiscriminadamente todo lo que no es para tu beneficio, entonces, ¿no es esto un problema? ¿Cómo podría alguien así ser miembro de la casa de Dios? Tales personas son no creyentes; no son de la casa de Dios. Ni una sola de ellas es reconocida por Dios. Ya estés haciendo tu deber con un corazón sincero y poniendo esfuerzo en ello o no, Dios lo tiene en cuenta y tú también lo sabes de sobra. Así pues, ¿alguna vez os habéis esforzado de verdad en hacer vuestro deber? ¿Alguna vez os lo habéis tomado en serio? ¿Lo habéis tratado como vuestra responsabilidad, como vuestra obligación? ¿Os habéis responsabilizado de ello? Debéis conocer adecuadamente estos asuntos y reflexionar sobre ellos, lo que facilitará resolver los problemas que existen en la realización de vuestro deber y será beneficioso para vuestra entrada en la vida. Si sois siempre irresponsables en la ejecución de vuestro deber y no informáis de los problemas a los líderes y obreros cuando los descubrís ni buscáis la verdad para resolverlos por vuestra cuenta, siempre pensando que “cuantos menos problemas, mejor”, viviendo en todo momento según las filosofías para los asuntos mundanos y si siempre estáis siendo negligentes en la realización de vuestro deber, no teniendo nunca ninguna devoción y si no aceptáis la verdad en absoluto cuando se os poda, si realizáis vuestro deber de esta manera, estáis en peligro; sois contribuyentes de mano de obra. Los contribuyentes de mano de obra no son miembros de la casa de Dios, sino empleados, trabajadores temporales. Una vez que el trabajo termine, serán descartados, y naturalmente caerán en los desastres. Las personas de la casa de Dios son diferentes; cuando realizan su deber, no es por dinero ni para esforzarse u obtener bendiciones. Piensan: “Soy miembro de la casa de Dios. Los asuntos de la casa de Dios son mis asuntos. Las tareas de la casa de Dios son mis tareas. Debería preocuparme de estas cosas en aras de la casa de Dios”. Por eso se preocupan de cada uno de los asuntos de la casa de Dios y asumen la responsabilidad al respecto. Se hacen responsables de todo lo que se les pueda ocurrir y cuanto puedan ver. Están atentas a todo aquello que deba atenderse y se toman las cosas con seriedad. Esas son las personas de la casa de Dios. ¿Sois vosotros así? (No). Si solamente disfrutáis de las comodidades de la carne, no prestáis atención al ver cosas en la casa de Dios de las que hay que ocuparse, no os molestáis en levantar un dedo incluso cuando van mal las cosas menores y vuestro corazón sabe que hay un problema, pero no queréis resolverlo, entonces no estáis tratando a la casa de Dios como la vuestra propia. ¿Sois así? En ese caso, os quedáis muy cortos y no existe diferencia entre vosotros y los no creyentes. Si no os arrepentís, corresponde consideraros ajenos a la casa de Dios; debéis ser apartados y descartados. Lo cierto es que Dios desea en Su corazón trataros como miembros de Su familia, pero no aceptáis la verdad y sois siempre negligentes e irresponsables al hacer vuestro deber. No os arrepentís, da igual cómo se os hable de la verdad. Sois vosotros los que os habéis colocado fuera de la casa de Dios. Dios desea salvaros y convertiros en miembros de Su familia, pero vosotros no lo aceptáis. Estáis entonces fuera de Su casa, sois no creyentes. A quienquiera que no acepte el menor atisbo de la verdad solo se le puede tratar como a un no creyente. Eres tú el que ha decidido tu propia posición fuera de la casa de Dios, así como la casa de Dios solo puede manejarte como si fueras un no creyente. ¿Quién tiene la culpa de eso, aparte de ti? […] Por tanto, solo si realizas bien tu deber podrás mantenerte firme en la casa de Dios y sobrevivir a los grandes desastres. Hacer bien tu deber es crucial. Como mínimo, las personas de la casa de Dios son gente honesta. Son personas dignas de confianza en el desempeño de su deber, que pueden aceptar la comisión de Dios y realizar su deber con devoción. Si las personas no tienen fe verdadera ni conciencia ni razón, y si no tienen un corazón que lo teme y se somete a Él, entonces no son adecuadas para hacer los deberes. Aunque realicen su deber, lo hacen negligentemente. Son contribuyentes de mano de obra, personas que no se han arrepentido de verdad. Este tipo de contribuyentes de mano de obra tarde o temprano serán descartados; solo sobrevivirán los leales. A pesar de que los contribuyentes leales de mano de obra no tienen las realidades-verdad, poseen conciencia y razón, son capaces de realizar sus deberes con sinceridad y Dios les permite sobrevivir. Aquellos que poseen las realidades-verdad y que pueden dar testimonio rotundo por Dios —Su pueblo— también sobrevivirán y serán llevados al reino de Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón
En estos momentos, la mayoría de la gente, en lo relativo al desempeño de su deber, es capaz de aferrarse a este sin hacer el mal, pero ¿es devota? ¿Es capaz de hacer su deber de manera acorde al estándar? Le sigue faltando mucho para estar a la altura. El hecho de que las personas puedan o no hacer bien su deber alude al tema de la humanidad. Así pues, ¿cómo pueden realizar su deber adecuadamente? ¿Qué deben poseer para lograr eso? Más allá del deber que realicen o de lo que hagan, las personas deben ser meticulosas, tener una actitud seria, y desempeñar sus responsabilidades; solo entonces sentirán estabilidad y paz en el corazón. ¿Qué significa desempeñar las responsabilidades propias? Significa que has puesto el corazón en lo que estás haciendo, que has entregado a ello todo tu corazón y que has hecho todo lo que te correspondía. Por ejemplo, supongamos que un líder de la iglesia te asignó hacer un deber y te habló sobre los principios simples para hacerlo, pero sin muchos detalles: ¿cómo deberías actuar para realizar bien este deber? (Basarnos en nuestra conciencia). Como mínimo, debes basarte en tu conciencia para hacerlo. “Basarte en tu conciencia”: ¿cómo puedes implementar estas palabras? ¿Cómo las aplicas? (Pensando en los intereses de la casa de Dios y no haciendo nada que pudiera causarle vergüenza). Este es un aspecto. Además, al hacer algo, debes deliberar una y otra vez al respecto y valorarlo según los principios-verdad. Si al acabar tu corazón no está en paz, si sientes como si todavía hubiera un problema con este asunto y, después de examinarlo, descubres que en efecto es así, ¿qué deberías hacer en ese momento? Debes corregir y resolver el problema rápidamente. ¿Qué clase de actitud es esta? (Es meticulosidad y atención al detalle). Es meticulosidad y atención al detalle, lo cual es una actitud seria y rigurosa. Se debe realizar el deber con una actitud seria y responsable, de manera que digas: “Me han encargado este trabajo, de modo que debo hacer todo lo que pueda para desempeñarlo bien en la medida de lo que soy capaz de conocer y lograr. No puedo cometer errores”. No puedes tener una mentalidad de “con que esté más o menos aceptable ya es suficiente”. Si siempre tienes una forma de pensar superficial, ¿puedes hacer bien tu deber? (No).
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre es el mayor beneficiario del plan de gestión de Dios
Dado que las personas tienen un carácter corrupto, a menudo son negligentes en el desempeño de su deber. Este es el problema más grave. Si las personas han de desempeñar bien sus deberes, primero deben resolver el problema de la negligencia. Mientras tengan una mentalidad negligente, no podrán desempeñar bien sus deberes, lo que significa que resolver el problema de la negligencia es lo más importante. Entonces, ¿cómo deberían practicar? Primero, deben resolver el problema de su mentalidad: deben tratar sus deberes correctamente, hacer las cosas con seriedad y responsabilidad, y evitar tener un corazón falso y negligente. El deber de uno se realiza para Dios, no para ninguna persona; si las personas son capaces de aceptar el escrutinio de Dios, tendrán la mentalidad correcta. Es más, después de hacer algo, deben revisarlo y reflexionar sobre ello. Si se sienten un poco intranquilas en su corazón, y con una revisión cuidadosa descubren que realmente hay un problema, entonces deben corregirlo, y después de hacerlo, se sentirán tranquilas en su corazón. Sentirse intranquilo por dentro demuestra que hay un problema. Esto requiere una revisión cuidadosa, y no se debe pasar por alto nada en los puntos críticos. Esta actitud implica ser responsable en el desempeño del propio deber. Si uno puede ser concienzudo, asumir la responsabilidad y poner todo su corazón y fuerza, el trabajo se hará bien. A veces tienes la mentalidad equivocada, siempre eres sentencioso e incluso si hay un error obvio, sigues sin poder descubrirlo o encontrarlo. Si tienes la mentalidad correcta y buscas la verdad, entonces, a través del esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, descubrirás el problema. Si el Espíritu Santo te guía y te da una comprensión, de tal manera que tu corazón se ilumina y sabes dónde radica el error, serás capaz de corregir la desviación y esforzarte por los principios-verdad. Si no tienes la mentalidad correcta, estás distraído y eres descuidado, ¿serás capaz de descubrir el error? No. ¿Qué se puede ver a partir de esto? Para desempeñar bien sus deberes, es muy importante que las personas pongan de su parte; su mentalidad es crucial, y dónde centran sus pensamientos e ideas es muy importante. Dios escruta y puede ver qué mentalidad tienen las personas y cuánto corazón ponen en ello mientras realizan sus deberes. Poner en ello todo el corazón y la fuerza de uno es fundamental, y poner de su parte es crucial. Las personas deberían esforzarse por no tener remordimientos de los deberes que han completado y las cosas que han hecho y por no estar en deuda con Dios. Esto es verdaderamente lo que significa poner todo el corazón y la fuerza de uno. Si nunca pones todo tu corazón y tu fuerza en tu deber y eres constantemente negligente, con lo que causas una pérdida tremenda al trabajo y quedas muy por debajo de los resultados requeridos por Dios, entonces solo puedes ser descartado. ¿Y habrá todavía tiempo para sentir remordimiento, entonces? No lo habrá. ¡Eso será un remordimiento eterno, una mancha! Ser constantemente negligente es una mancha, una transgresión grave, ¿no es así? (Sí). Debes esforzarte por hacer bien lo que te corresponde y todo lo que deberías hacer, con todo tu corazón y tu fuerza, y no ser negligente ni quedarte con ningún remordimiento. De esta manera, el deber que haces será recordado por Dios. Esas cosas que Dios recuerda son buenas obras. ¿En qué se convierten, entonces, las cosas que Dios no recuerda? (Se convierten en transgresiones y acciones malvadas). Puede que no seas capaz de aceptar que ahora las llamemos acciones malvadas, pero cuando llegue el día en que estas cosas causen graves consecuencias y den lugar a una influencia negativa, te darás cuenta de que estas transgresiones no son meras transgresiones de comportamiento, sino acciones malvadas. Cuando llegues a esta comprensión, sentirás pesar: “¡Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora! Si lo hubiera pensado un poco más y me hubiera esforzado más en aquel entonces, estas consecuencias se podrían haber evitado”. Nada borrará esta mancha eterna de tu corazón, y si te deja con un sentimiento de culpa duradero, eso es un problema. Por tanto, al realizar tu deber ahora, debes centrarte en buscar la verdad y actuar según los principios, esforzándote por poner todo tu corazón y tu fuerza en la comisión que Dios te ha dado, y todo lo que hagas debe dejarte con la conciencia tranquila y sin remordimientos, y debe ser recordado por Dios. Evita ser negligente a toda costa. Si cometes un error por un impulso y es una transgresión grave, eso se convertirá en una mancha eterna. Una vez que tengas remordimientos, no podrás compensarlos; serán permanentes. Deberías ver estas dos sendas con claridad. ¿Cuál deberías elegir para obtener la aprobación de Dios? Realizar tu deber con todo tu corazón y tu fuerza, preparar suficientes buenas obras y esforzarte por obtener la verdad: solo de esta manera puedes evitar tener remordimientos. Hagas lo que hagas, no hagas el mal ni perturbes el desempeño del deber de otras personas, no cometas ningún acto de vulnerar la verdad y resistirte a Dios, y no te provoques remordimientos para toda la vida. ¿Cuál es la consecuencia de cometer demasiadas transgresiones? ¡Que acumularás la cólera de Dios en Su presencia! Cuantas más transgresiones cometas, más estarás acumulando la cólera de Dios; en última instancia, serás castigado.
Algunas personas hacen sus deberes de manera constante y no parecen tener ningún problema importante: no cometen ninguna acción malvada obvia ni causan trastornos o perturbaciones, no caminan por la senda de los anticristos y no hay errores importantes ni cuestiones de principio en la realización de sus deberes. Y, sin embargo, en solo unos pocos años llegan a ser reveladas sin darse cuenta: no aceptan la verdad en absoluto y son incrédulos. ¿Qué está pasando aquí? La gente no puede ver el problema en ellos, pero Dios escruta lo más profundo del corazón de las personas y Él puede ver el problema. Estos individuos son siempre negligentes y no se arrepienten en el cumplimiento de sus deberes. A medida que pasa el tiempo, están destinados a ser revelados. ¿Qué significa no arrepentirse nunca? Significa que, aunque hacen sus deberes de manera constante, siempre tienen una actitud errónea hacia estos deberes, una actitud negligente, que nunca ponen su corazón en sus deberes, y mucho menos todo su corazón. Incluso si hacen un poco de esfuerzo, solo están actuando por inercia y están lejos de dedicar todas sus fuerzas a hacer sus deberes. Sus transgresiones no tienen fin. A ojos de Dios, la falta de arrepentimiento de estas personas es constante, siempre son negligentes y nunca cambian; es decir, no renuncian a la maldad en sus manos ni se arrepienten ante Dios y Él no ve en ellos una actitud de arrepentimiento ni un cambio en su actitud. Abordan persistentemente sus deberes y las comisiones de Dios con esta actitud y este método. Este carácter terco e intransigente suyo nunca cambia. Es más, nunca se han sentido en deuda con Dios, y nunca han sentido que su negligencia sea una transgresión y una acción malvada. En su corazón no hay sensación de estar en deuda, culpa, autorreproche ni mucho menos hay autoacusación. Si las cosas siguen así, Dios considerará que estas personas están más allá de la redención. No importa lo que Dios diga, no importa cuántos sermones escuchen estas personas o cuántas doctrinas puedan hablar, su corazón no puede aceptar la verdad y no cambia ni se enmienda, así que Dios dice: “No hay esperanza para esta persona. Nada de lo que yo diga puede conmover su corazón y nada de lo que yo diga puede hacer que cambie de rumbo. Ningún método que intente puede efectuar un cambio en ella. Esta persona ya no es digna de hacer su deber ni es digna de rendir servicio en Mi casa”. ¿Por qué dice Dios esto? Es porque es constantemente negligente en la realización de su deber y en su trabajo; no importa cómo se le pode ni cuánta tolerancia y paciencia se le extienda, es inútil y no puede hacer que se arrepienta o cambie verdaderamente. Mucho menos puede hacer que haga bien su deber ni puede en absoluto embarcarse en la senda de perseguir la verdad, así que esta persona está más allá de la redención. Cuando Dios determina que una persona está más allá de la redención, ¿seguirá Él aferrándose a esta con fuerza? No. Dios la dejará ir. Algunas personas siempre suplican: “¡Dios, déjame vivir mi propia vida! No me disciplines ni me hagas sufrir. ¡Dame un poco de libertad! ¡Permíteme hacer las cosas con un poco de superficialidad! Déjame ser un poco disoluto. Déjame ser mi propio amo”. No quieren ser restringidas. Dios dice: “Ya que no quieres caminar por la senda correcta, entonces te dejaré ir. Te daré rienda suelta. Vete y haz lo que quieras. No te salvaré porque no tienes remedio”. ¿Los que no tienen remedio tienen algún sentido de la conciencia? ¿Tienen algún sentido de la deuda? ¿Tienen algún sentido de la acusación? ¿Son capaces de sentir el reproche, la disciplina, los golpes y el juicio de Dios? No pueden. No son conscientes de ninguna de estas cosas; en su corazón son imperceptibles, o incluso están ausentes. Cuando una persona ha llegado a esta etapa, sin Dios en su corazón, ¿puede aún alcanzar la salvación? Es difícil de decir. Cuando la fe de uno ha llegado a tal punto, se halla en peligro. ¿Sabéis cómo debéis buscar, cómo debéis practicar, y qué senda debéis elegir para evitar esta consecuencia y asegurar que tal estado no se produzca? Lo más importante es, en primer lugar, elegir la senda correcta y, a continuación, centrarse en realizar bien el deber que debéis cumplir en la actualidad. Este es el estándar mínimo, el más básico. Sobre esta base debes buscar la verdad y esforzarte por alcanzar la marca de realizar tu deber de una manera que sea acorde al estándar. Esto es así porque lo que refleja de un modo más perceptible el vínculo que te une a Dios es cómo tratas el asunto que Él te encomienda y el deber que Él te asigna, además de la postura que adoptas. Este es el problema más visible y práctico. Dios está a la espera; quiere conocer tu postura. Deberías aprovechar esta oportunidad y apresurarte a mostrar tu actitud hacia Dios, aceptar Su comisión y cumplir bien con tu deber. Si puedes cumplir con la comisión que Dios te ha encargado, tu relación con Él será normal. Si cuando Dios te confía una tarea o te dice que hagas cierto deber adoptas una postura muy superficial, si no te lo tomas en serio ni lo consideras importante, ¿no es eso precisamente lo contrario de dedicar todo tu corazón y tus fuerzas? ¿Puedes cumplir bien con tu deber así? Desde luego que no. Tu realización del deber seguro que no va a ser acorde al estándar. Por tanto, la postura que adoptas cuando realizas tu deber tiene una importancia fundamental, como la tienen el método y la senda que eliges. A todos aquellos que ni siquiera hacen bien sus deberes se les descarta, sin importar los años que lleven creyendo en Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Cuando haces el deber, en realidad haces lo que tienes que hacer. Si lo haces ante Dios, si haces el deber y te sometes a Dios con honestidad y de corazón, ¿no será esta actitud mucho más correcta? Por consiguiente, ¿cómo puedes aplicarla a la vida real? Debes hacer que tu realidad sea “adorar a Dios de corazón y con honestidad”. Cada vez que quieras ser superficial, cada vez que quieras actuar de manera evasiva y ser un vago, y cada vez que te distraigas o quieras divertirte, deberías plantearte: “Si me comporto de esta manera, ¿estoy siendo indigno de confianza? ¿Pongo el corazón en la realización de mi deber? Al hacer esto, ¿acaso no estoy fracasando en ser devoto? ¿Estoy fracasando en estar a la altura de la comisión que me ha encomendado Dios?”. Esa debe ser tu autorreflexión. Si llegas a saber que siempre eres superficial en tu deber, que no eres devoto y que le has hecho daño a Dios, ¿qué deberías hacer? Deberías decir: “En ese momento percibí que algo andaba mal, pero no lo consideré un problema; lo pasé por alto despreocupadamente. Hasta ahora no me he dado cuenta de que en realidad había sido superficial, de que no había cumplido con mi responsabilidad. Ciertamente me falta conciencia y razón”. Has detectado el problema y has llegado a conocerte un poco a ti mismo, así que ahora debes dar un giro a tu vida. Tu actitud respecto a la ejecución de tu deber fue equivocada. Lo trataste como un trabajo extra y solo hiciste un esfuerzo somero, y no te dedicaste a ello de corazón. Si vuelves a ser superficial, debes orar a Dios y permitir que te discipline y te escarmiente. Solo si tienes tal determinación en la ejecución de tu deber puedes arrepentirte de verdad. Únicamente habrás cambiado cuando tu conciencia esté tranquila y tu actitud hacia la ejecución de tu deber se transforme. Y mientras te arrepientes, también debes reflexionar a menudo sobre si realmente has dedicado todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas a la ejecución de tu deber. Así, utilizando las palabras de Dios como medida y aplicándolas a ti mismo, aprenderás qué problemas siguen existiendo en la ejecución de tu deber. Al resolver constantemente los problemas de esta manera, de acuerdo con la palabra de Dios, ¿acaso no estás llevando a la realidad la realización de tu deber con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas? Al desempeñar tu deber de esta forma, ¿acaso no lo has hecho ya con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas? Si ya no existe acusación alguna en tu conciencia, si eres capaz de ser acorde al estándar y devoto en la ejecución de tu deber, solo entonces habrá realmente paz y alegría en tu corazón. Hacer tu deber te parecerá una responsabilidad que es perfectamente natural y justificada, en lugar de una carga añadida; mucho menos parecerá un trabajo que se hace para otro. Al hacer un deber de esta manera, te sentirás realizado y sentirás que vives en presencia de Dios, a la vez que te sentirás con los pies en la tierra al comportarte así. ¿Acaso comportarte así no te haría un poco más humano y te haría dejar de ser como un cadáver andante? (Sí). ¿Es fácil comportarse así? En realidad, lo es, pero no para quienes no aceptan la verdad.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puede haber una senda a seguir a través de leer con frecuencia las palabras de Dios y contemplar la verdad
Cuando sientas ganas de hacer las cosas de manera negligente, de ser evasivo y holgazanear, y de tratar de evitar el escrutinio de Dios mientras haces tu deber, deberías apresurarte a presentarte ante Él para orar y reflexionar sobre si es correcto hacerlo. Luego, piensa un poco: “¿Cuál es mi propósito al creer en Dios? Mi negligencia podría embaucar a la gente, pero ¿embaucará a Dios? Además, mi creencia en Dios y hacer mi deber no es para poder ser evasivo y holgazanear, sino para poder alcanzar la salvación. Actuar de esta manera demuestra que no tengo humanidad normal, y no es algo que deleite a Dios. Eso no puede ser. Una cosa sería si fuera evasivo, holgazaneara y siguiera mi propia voluntad en el mundo, pero ahora estoy en la casa de Dios, estoy bajo Su soberanía, bajo el escrutinio de los ojos de Dios, y soy un ser humano, así que debo actuar según mi conciencia y las palabras de Dios, y no puedo seguir mi propia voluntad, ser negligente ni ser evasivo y holgazanear. Entonces, ¿cómo debería actuar para no ser evasivo y holgazanear, para no ser negligente? Debo esforzarme un poco. Hace un momento me pareció que era demasiada molestia actuar de esa manera, así que quise evitar la dificultad, pero ahora entiendo: puede que sea más molestia hacerlo así, pero da resultados, así que así es como debería hacerlo”. Cuando lo estés haciendo y todavía tengas miedo de soportar la dificultad, en tales momentos debes orar a Dios: “¡Dios! Soy una persona perezosa y evasiva. Por favor, disciplíname y repréndeme, para que pueda adquirir sentido de la conciencia y tener sentido de la vergüenza. No quiero ser negligente. Por favor, guíame y esclaréceme, para que pueda ver mi rebeldía y mi fealdad”. Cuando ores así y reflexiones e intentes conocerte a ti mismo de esta manera, esto dará lugar a un sentimiento de remordimiento; serás capaz de odiar tu fealdad, y tu estado equivocado comenzará a cambiar. Serás capaz de contemplar: “¿Por qué soy capaz de ser negligente? ¿Por qué siempre estoy tratando de ser evasivo y holgazanear? Actuar así denota una gran falta de conciencia y razón, ¿sigo siendo alguien que cree en Dios? ¿Por qué no puedo hacer las cosas a conciencia? ¿No necesito simplemente dedicar un poco más de tiempo y esfuerzo? ¿Qué tiene eso de difícil? Eso es lo que debería estar haciendo; si ni siquiera puedo hacerlo, ¿soy digno de ser llamado un ser humano?”. Como resultado, tomarás una determinación y le harás un juramento a Dios: “¡Dios! Te he fallado, realmente estoy profundamente corrompido, no tengo conciencia ni razón y no tengo humanidad. Estoy dispuesto a arrepentirme. Por favor, perdóname. Definitivamente cambiaré. Si no me arrepiento, que Dios me castigue”. Después, tu mentalidad dará un giro y empezarás a cambiar. La próxima vez que hagas tu deber, serás capaz de actuar a conciencia, con menos negligencia, y serás capaz de sufrir y pagar un precio. Sentirás que hacer tu deber de esta manera es maravilloso, y tendrás paz y alegría en tu corazón. Cuando la gente puede aceptar el escrutinio de Dios, cuando puede orarle y confiar en Él, sus estados pronto cambiarán. Cuando tu estado negativo se haya revertido y te hayas rebelado contra tus propias intenciones y los deseos egoístas de la carne, cuando seas capaz de desprenderte de la comodidad y los placeres de la carne y actuar según los requisitos de Dios, y ya no actúes de manera arbitraria e imprudente, entonces tendrás paz en tu corazón y estarás libre del reproche de tu conciencia. ¿Es fácil rebelarse contra la carne y actuar según los requisitos de Dios de esta manera? Mientras tengas una tremenda aspiración por Dios, puedes rebelarte contra la carne y poner en práctica la verdad. Y mientras practiques de esta manera, sin siquiera darte cuenta, entrarás en la realidad-verdad. No es difícil en absoluto.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios
Sea cual sea el deber o la tarea que la iglesia disponga que hagas, deberías aceptarlo como tu responsabilidad y tu deber y hacerlo bien. ¿Cómo puedes hacerlo bien? Hazlo exactamente como Dios requiere. Dios te pide que cumplas tu deber con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas, así que deberías contemplar estas palabras y meditar en cómo puedes hacer tu deber con todo tu corazón. Por ejemplo, si ves a alguien haciendo su deber sin seguir los principios, haciéndolo de manera imprudente según su propia voluntad y piensas para tus adentros: “De todos modos, no es mi responsabilidad, así que no me involucraré”, ¿es esto hacer tu deber con todo tu corazón? (No). No lo es; es ser irresponsable. Si eres una persona responsable, cuando te encuentres con una situación así, dirás: “No es parte de mi función, pero puedo informar de este problema al líder para que pueda resolverlo de acuerdo con los principios”. Después de hacerlo, todos ven que es apropiado, tu corazón estará tranquilo y habrás cumplido con tu responsabilidad. Entonces habrás hecho tu deber con todo tu corazón. Supongamos que, sin importar qué deber estés haciendo, siempre estás desatento y dices: “Si hago este trabajo de una manera sencilla y superficial, simplemente saliendo del paso, aun así se hará de manera aceptable. Después de todo, he hecho lo mejor que he podido; mis capacidades son limitadas y mis habilidades profesionales no son sólidas. Hacerlo de manera aceptable es suficiente. Además, nadie pregunta ni indaga al respecto, y nadie se pone serio conmigo. Tampoco es tan importante; está bien si simplemente lo hago de manera superficial”. Si haces tu deber con esta intención y esta mentalidad, ¿lo estás haciendo con todo tu corazón? No, no lo estás haciendo; estás siendo negligente, y esa es una revelación de tu carácter corrupto satánico. ¿Puedes hacer tu deber con todo tu corazón dependiendo de tu carácter satánico? No, eso no sería posible. Entonces, ¿qué significa hacer tu deber con todo tu corazón? Puede que digas: “Aunque lo Alto no ha preguntado por esta tarea y no parece muy importante entre todo el trabajo de la casa de Dios, de todos modos tengo que hacerla bien; es mi deber”. En realidad, que sea importante o no es una cosa; que puedas hacerlo bien es otra, esa es la clave: esto es lo único que es más importante. La clave es si puedes o no hacerlo bien, si puedes poner todo tu corazón en ello y si puedes atenerte a los principios y practicar de acuerdo con la verdad. Esto es lo importante. Si puedes practicar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios, entonces verdaderamente estás haciendo tu deber con todo tu corazón. Si has hecho bien un deber, pero sigues sin estar satisfecho y deseas hacer un deber aún más importante y eres capaz de hacerlo bien, entonces con mayor razón estás haciendo tu deber con todo tu corazón. Por tanto, si eres capaz de hacer tu deber con todo tu corazón, ¿qué implica esto? Por un lado, significa que estás haciendo tu deber de acuerdo con los principios de las palabras de Dios. Por otro lado, significa que aceptas el escrutinio de Dios y tienes a Dios en tu corazón; significa que no estás haciendo tu deber para aparentar, que no actúas por tus propios caprichos y que no lo haces según tus propias preferencias; en cambio, lo consideras como una comisión que Dios te ha encomendado y lo estás haciendo con esa responsabilidad y ese corazón, no según tu propia voluntad, sino enteramente de acuerdo con los requerimientos de Dios. Pones todo el corazón en la ejecución del deber: esto es realizar tu deber con todo el corazón.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
¿Qué debes hacer para poder realizar tu deber con todo el corazón y toda la mente? Debes aceptar la verdad y ponerla en práctica. Es decir, no importa lo que Dios requiera, debes aceptar y someterte. Debes tratar tu deber como una tarea que te pertenece, que no requiere que nadie más te observe, te vigile, revise las cosas por ti, te supervise, te inste, te controle o incluso te pode. Debes pensar para tus adentros: “Hacer este deber es mi responsabilidad; es algo que me corresponde hacer. Dado que se me ha encomendado esta tarea y se me han dicho los principios y los he captado, me volcaré en ella y haré todo lo que pueda para procurar que se haga bien”. Debes persistir en hacerlo de esta manera, sin estar constreñido por ninguna persona, acontecimiento o cosa. Esto es lo que significa defender tu deber con todo tu corazón y tu mente; esta es la semejanza que las personas deberían tener. Entonces, ¿qué deben poseer las personas para defender sus deberes con todo su corazón y su mente? Primero, deben tener la conciencia que los seres creados deberían tener; este es el estándar mínimo. Además, también deben ser devotas. Como humano, cuando aceptas la comisión de Dios, debes ser devoto; debes ser completamente devoto solo a Dios y no puedes ser poco entusiasta o no asumir la responsabilidad. Actuar en base a tus intereses o estados de ánimo no es suficiente; esto no es ser devoto. ¿Qué significa ser devoto? Significa hacer tu deber sin dejarte influir ni constreñir por tu estado de ánimo, tu entorno u otras personas, acontecimientos y cosas. Debes pensar para tus adentros: “Acepto esta comisión de parte de Dios; Él me la ha dado y esto es lo que se supone que debo hacer. Así que, lo manejaré como si fuera mi propio asunto, haciéndolo de la manera que produzca buenos resultados; lo más importante es satisfacer a Dios”. Cuando estás en este estado, no solo estás gobernado por tu conciencia; también hay devoción en esto. Si te contentas con simplemente hacer la tarea, sin esforzarte por la eficiencia o los resultados, si sientes que es suficiente con simplemente aplicar todas tus fuerzas, entonces esto solo cumple con el estándar de la conciencia y no puede considerarse como ser devoto. Ser devoto a Dios es un estándar requerido más alto que el estándar de la conciencia. No se trata solo de poner todas tus fuerzas en ello; también debes poner todo tu corazón. En tu corazón, siempre debes considerar tu deber como el trabajo que has de realizar y asumir cargas para esta tarea. Si cometes el más mínimo error o estás en un estado en el que eres negligente, te sentirás reprochado y pensarás que no puedes comportarte de esta manera porque te hace deberle mucho a Dios. Las personas que genuinamente tienen conciencia y razón hacen su deber como si fuera el propio trabajo que han de realizar, independientemente de si alguien las está observando o supervisando. Ya sea que Dios esté complacido con ellas y sin importar cómo Él las trate, siempre se requieren estrictamente a sí mismas hacer bien sus deberes y completar la comisión que Dios les encomendó. A esto se le llama devoción. ¿No es este un estándar más alto que el estándar de la conciencia? Guiarse por el estándar de la conciencia a menudo te deja propenso a ser afectado por algunos asuntos externos, o simplemente implica aplicar todas tus fuerzas y no es suficiente para hacer bien tu deber con todo tu corazón y tu mente. Lograr la devoción, sin embargo, no es fácil. Requiere aplicar todo tu corazón y tus fuerzas, dedicando todo tu corazón y todas tus fuerzas al cumplimiento de tu deber. Entonces, poseerás devoción al hacer tu deber. No se trata solo de esforzarse; requiere que te entregues a tu deber con todo el cuerpo, la mente y el corazón. Para hacer bien tu deber, a veces debes soportar un poco de dificultad física y pagar un poco de precio; debes dedicar todos tus pensamientos a hacer tu deber. No importa a qué circunstancias te enfrentes, no debes dejar que afecten o retrasen tu deber y debes hacer que Dios esté satisfecho. Esto requiere que seas capaz de pagar un precio; debes renunciar a tu familia carnal, tus asuntos privados y tus propios intereses. Debes desprenderte de tu vanidad, orgullo, sentimientos y placer carnal —e incluso de cosas como los mejores años de tu juventud, tu matrimonio, tu futuro y tu porvenir—, renunciar a todo ello, así como hacer bien tu deber de buena gana. Entonces, habrás logrado la devoción y tendrás semejanza humana al vivir así. Las personas como esta no solo tienen conciencia, sino que, sobre la base del estándar de la conciencia, usan la devoción que Dios requiere de las personas para medirse y exigirse a sí mismas, esforzándose diligentemente hacia este objetivo. Las personas como esta son raras entre los hombres; puede que solo haya una de cada mil o diez mil del pueblo escogido de Dios. ¿No hay valor en la vida de tales personas? ¿No son personas que Dios atesora? Por supuesto que hay valor en sus vidas; estas son las personas que Dios atesora.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Hoy, lo que a vosotros se os exige lograr no son exigencias adicionales, sino el deber del hombre y lo que todas las personas deben hacer. Si ni siquiera sois capaces de hacer vuestro deber, o de hacerlo bien, ¿no os estáis acarreando problemas? ¿No estáis cortejando a la muerte? ¿Cómo podéis todavía esperar tener un futuro y perspectivas? La obra de Dios se hace por el bien de la humanidad, y la cooperación del hombre se da por el bien de la gestión de Dios. Después de que Dios haya hecho todo lo que le corresponde hacer, al hombre se le exige no escatimar esfuerzos en su práctica y cooperar con Dios. En la obra de Dios, el hombre no debe escatimar esfuerzos, debe ofrecer su devoción y no debe permitirse tener numerosas nociones o sentarse pasivamente y esperar la muerte. Dios puede sacrificarse por el hombre, así que, ¿por qué no puede el hombre ofrecerle su devoción a Dios? Dios solo tiene un corazón y una mente para con el hombre, así que, ¿por qué no puede el hombre ofrecer un poco de cooperación? Dios obra para la humanidad, así que, ¿por qué el hombre no puede llevar a cabo algo de su deber por el bien de la gestión de Dios? La obra de Dios ha llegado hasta aquí; sin embargo, vosotros veis pero no actuáis, escucháis pero no os movéis. ¿No son tales personas objetos de perdición? Dios ya le ha dedicado Su todo a la especie humana, así que ¿por qué es incapaz el hombre hoy de hacer algo de deber con seriedad? Para Dios, Su obra es Su primera prioridad y la obra de Su gestión es de suprema importancia. Para el hombre, poner en práctica las palabras de Dios y cumplir las exigencias de Dios son su primera prioridad. Todos vosotros deberíais entender esto.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre
Que el hombre haga su deber es, de hecho, el cumplimiento de todo lo que es inherente a él; es decir, lo que es intrínsecamente posible para él. Es entonces cuando su deber se cumple. En cuanto a los defectos del hombre durante su servicio, estos se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de pasar por el juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a que puedan existir defectos en su servicio son los más cobardes de todos. Si las personas no pueden expresar lo que deben expresar durante el servicio ni lograr lo que por naturaleza es posible para ellas y, en cambio, actúan de manera negligente, han perdido la función que un ser creado debe tener. A esta clase de personas se las conoce como “mediocres”; son basura inútil. ¿Cómo pueden esas personas ser llamadas seres creados en el sentido auténtico? ¿Acaso no son elementos podridos que brillan por fuera, pero que están descompuestos por dentro? […] Si el hombre pierde lo que, por naturaleza, puede alcanzar, ya no se le puede considerar un hombre y no es digno de erigirse como ser creado ni de venir delante de Dios y servirlo, ni mucho menos es digno de recibir la gracia de Dios ni de ser cuidado, protegido y hecho perfecto por Dios. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No solo no odian sus acciones malvadas, sino que propagan con descaro la idea de que el camino de Dios es incorrecto, y los rebeldes incluso niegan la existencia de Dios. ¿Cómo pueden esas personas, que poseen tal rebeldía, tener derecho a gozar de la gracia de Dios? Quienes no cumplen con su deber son muy rebeldes contra Dios, y le deben mucho, pero se dan la vuelta y arremeten contra Él diciendo que está equivocado. ¿Cómo podría una persona así ser apta para ser hecha perfecta? ¿Acaso no es esto un indicio de ser descartada y castigada? Las personas que no llevan a cabo su deber delante de Dios ya son culpables de los crímenes más atroces, para los cuales hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero tienen el descaro de discutir con Dios y tratar de enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a semejantes personas? Cuando las personas no cumplen con su deber, deben sentirse culpables y en deuda; deben odiar su debilidad e inutilidad, su rebeldía y su corrupción y, más aún, deben ofrecerle todo a Dios, incluso su vida. Solo entonces son seres creados que aman verdaderamente a Dios y solo ese tipo de personas son aptas para disfrutar las bendiciones y las promesas de Dios y para que Él las haga perfectas. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis llevado a cabo vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo posible, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿Acaso no habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis discernir? ¿Hasta qué punto me sois leales? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué hay de todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿De quién podrían ser dignas vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro sea digno de todo lo que os he otorgado? Me he dedicado a vosotros con todo el corazón, sin la menor reserva; sin embargo, albergáis intenciones malvadas y mostráis tibieza hacia Mí. Ese es el deber que habéis realizado, la escasa función que habéis servido. ¿No es así? ¿No sabéis que habéis fracasado rotundamente en cumplir con el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados seres creados? ¿No os queda claro qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la tolerancia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Las personas como vosotros, semejantes mediocres, son totalmente indignas de disfrutar la gracia del cielo. ¡Solo dificultades y un castigo interminable acompañarán vuestros días! Si no podéis ser devotos de Mí, vuestro porvenir será el sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestro desenlace será el castigo. Ni la gracia, ni las bendiciones ni la vida maravillosa del reino tendrán nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis tener y es una consecuencia de vuestras propias acciones!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre
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