10. La noción del mundo religioso: “Quien crea en el Señor Jesús tendrá vida eterna”
El mundo religioso se aferra al sentido literal de estas palabras de la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16), y piensa que, siempre y cuando crean en el Señor Jesús, tendrán vida eterna sin necesidad de aceptar la obra del juicio de Dios en los últimos días.
Palabras de la Biblia
“No todo el que me dijo: ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que siga la voluntad de Mi Padre que está en los cielos.* Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:21-23).
“En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35).
“Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26).
“También vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44).
“Así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27).
“Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25).
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 3:36).
“El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna” (Juan 4:14).
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Aunque Jesús vino entre los hombres e hizo mucha obra, solo completó la obra de redimir a toda la especie humana y sirvió como ofrenda por el pecado del hombre; no lo despojó de la totalidad de sus actitudes corruptas. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no solo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para despojar completamente al hombre de sus actitudes corrompidas por Satanás. Y así, una vez que el hombre fue perdonado por sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar a este a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado a la especie humana a un reino más elevado. Todos los que se someten a Su dominio disfrutarán de una verdad superior y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz y obtendrán la verdad, el camino y la vida.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que se resiste a Dios. Por tanto, cuando se redimió al hombre, no se trataba más que de un caso de redención; es decir, se compró al hombre a un alto precio, pero la naturaleza venenosa en su interior no se eliminó. El hombre que es tan inmundo debe pasar por un cambio antes de volverse cualificado para servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo así, el hombre puede volverse cualificado para regresar delante del trono de Dios. Toda la obra actual se realiza con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; es para que el hombre deseche su corrupción y sea purificado por medio del juicio y el castigo de la palabra, así como del refinamiento. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es también la obra de conquista, así como la segunda etapa en la obra de salvación. Es por medio del juicio y el castigo por la palabra como el hombre llega a ser ganado por Dios, y es por medio del refinamiento, el juicio y el desenmascaramiento por la palabra que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las esperanzas personales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Aunque el hombre haya sido redimido y perdonado de sus pecados, esto solo puede considerarse como que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, el hombre vive en la carne sin liberarse del pecado y solo puede continuar pecando, revelando sin cesar sus actitudes corruptas satánicas. Esta es la vida que lleva el hombre, un ciclo sin fin de pecar y ser perdonado. La mayor parte de las personas peca de día y confiesa de noche. Y por tanto, aunque la ofrenda por el pecado siempre es efectiva para el hombre, no puede salvarlo del pecado. Solo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo actitudes corruptas. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados y no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Solo se puede lograr este resultado por medio del juicio de la palabra. Solo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
Tú solo sabes que Jesús descenderá en los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como tú, que acaba de ser redimido y que no ha experimentado el cambio ni el perfeccionamiento por parte de Dios, ¿puedes estar de acuerdo con las intenciones de Dios? Para ti, que aún eres tu antiguo ser, es cierto que Jesús te salvó y es gracias a la salvación de Dios que no perteneces al pecado, pero esto no demuestra que no tengas pecado ni inmundicia. ¿Cómo puedes ser santificado si no has experimentado el cambio? En tu interior, estás lleno de inmundicia y eres egoísta y vulgar, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡en tus sueños! Te has saltado un paso en tu fe en Dios; simplemente has sido redimido, pero no has experimentado el cambio. Para que estés de acuerdo con las intenciones de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; de lo contrario, solo has sido redimido y no es posible que seas santificado. En tal caso, no eres apto para disfrutar de las maravillosas bendiciones junto a Dios, porque te has quedado un paso atrás en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento de este. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de recibir directamente la herencia de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de los apelativos y la identidad
La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre de la cruz, pero las actitudes corruptas satánicas todavía permanecían en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que aquellos cuyos pecados han sido perdonados puedan ser liberados del pecado y purificados completamente, y logren un cambio de carácter, y así sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Solo así puede el hombre ser plenamente santificado. Después de que la Era de la Ley llegó a su fin y al comenzar la Era de la Gracia, Dios comenzó la obra de salvación, la cual continúa en los últimos días, cuando Dios realiza la obra de juzgar y castigar a la raza humana por su rebeldía, de modo que purifica completamente a la especie humana. Solo después de esto Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
La obra de los últimos días consiste en pronunciar palabras. A través de las palabras se pueden llevar a cabo grandes cambios en el hombre. Los cambios efectuados ahora en estas personas a partir de su aceptación de estas palabras son mucho mayores que los llevados a cabo en las personas a partir de la aceptación de las señales y maravillas en la Era de la Gracia. Porque, en la Era de la Gracia, los demonios eran expulsados del hombre con la imposición de manos y la oración, pero las actitudes corruptas dentro del hombre aún permanecían. El hombre fue curado de su enfermedad y se le perdonaron sus pecados, pero en lo que se refiere a cómo el hombre podría desechar las actitudes corruptas satánicas que había en su interior, esa obra todavía no se había realizado en él. El hombre solo fue redimido por su fe y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no fue eliminada y aún permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través de la encarnación de Dios, pero eso no significó que el hombre ya no tuviera pecado en su interior. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más, cómo pueden desecharse por completo sus actitudes corruptas y su naturaleza pecaminosa y cómo se puede cambiar en cierta medida su carácter-vida, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre ciertamente han sido perdonados y esto se debe a la obra de la crucifixión de Dios, pero el hombre sigue viviendo en sus viejas actitudes satánicas corruptas. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de sus actitudes satánicas corruptas, su naturaleza pecaminosa debe ser completamente desechada y no desarrollarse nunca más, así como su carácter debe experimentar una transformación. Esto requiere que el hombre entienda la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requiere que el hombre practique de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz, de tal modo que todo lo que haga pueda ser conforme a las intenciones de Dios, para que el hombre pueda despojarse de sus actitudes satánicas corruptas y liberarse de la influencia de las tinieblas de Satanás, emergiendo así totalmente del pecado. Solo entonces habrá recibido el hombre la plena gracia salvadora. En la época en la que Jesús estaba llevando a cabo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo ilusorio y poco claro. El hombre siempre creyó que Él era el hijo de David y dijo que era un gran profeta y el Señor bondadoso que redimía los pecados del hombre. Algunos, por la fuerza de su fe, fueron sanados simplemente al tocar el borde de Su manto; los ciegos pudieron ver e incluso los muertos pudieron ser devueltos a la vida. Sin embargo, el hombre fue incapaz de descubrir las actitudes satánicas corruptas profundamente arraigadas en su interior y tampoco sabía cómo desecharlas. El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, bendiciones sobre toda la familia por la fe de uno solo de sus miembros, la curación de las enfermedades, etc. El resto fueron las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si alguien podía vivir con base en eso, se le consideraba un creyente acorde al estándar. Solo ese tipo de creyentes podían entrar en el cielo tras su muerte, lo que significaba que eran redimidos. Pero durante su vida, estas personas no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después los confesaban, en un ciclo constante sin una senda para cambiar su carácter: ese era el estado del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No! Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo purificar al hombre por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería desechada y el hombre se detendría en el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero las actitudes corruptas del hombre siguen en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios, y Dios no ha ganado a la especie humana. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para desenmascarar las actitudes corruptas del hombre y hacerle practicar según la senda apropiada. La obra de esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque ahora la palabra es la que provee directamente a la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más exhaustiva. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para dejar la sustancia del hombre en evidencia y para diseccionar sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe someterse a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a sus actitudes corruptas. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre rechaza a Dios están incluso más dirigidas a que el hombre es esencialmente una personificación de Satanás y a que el hombre es esencialmente una fuerza hostil contra Dios. Al realizar Su obra de juicio, Dios no explica completamente la naturaleza del hombre en unas pocas palabras; desenmascara y poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de desenmascaramiento y poda no pueden ser sustituidos por palabras corrientes; en cambio, la verdad que el hombre no posee en absoluto se usa para llevar a cabo esta obra de dejar en evidencia y podar. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo el juicio de este tipo puede doblegar al hombre y convencerlo por completo respecto a Dios y, además, el hombre puede así obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le ha permitido al hombre obtener mucho entendimiento de las intenciones de Dios, mucho entendimiento del propósito de la obra de Dios y mucha comprensión de los misterios que es incapaz de entender. También le ha permitido al hombre entender y conocer su esencia corrupta y la raíz de su corrupción, así como descubrir su feo rostro. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tienen fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cristo hace la obra del juicio con la verdad
Lo que el Cristo de los últimos días trae es la vida; lo que Él trae es el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es la senda por la que el hombre obtiene la vida, y la única senda para que el hombre conozca a Dios y sea aprobado por Él. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres un títere de la historia y un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los preceptos, las palabras y las cadenas de la historia nunca podrán obtener la vida y nunca podrán obtener el camino perpetuo de la vida. Esto es porque lo único que obtienen es agua turbia a la que se han aferrado miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. A los que no se les provee del agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, siempre seguirán siendo juguetes de Satanás y siempre seguirán siendo hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Solo buscas aferrarte a la historia, solo buscas quedarte quieto y mantener las cosas como están, y no buscas cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no eres alguien que siempre es antagónico a Dios? Los pasos de la obra de Dios son abrumadores y poderosos, como las olas agitadas y el retumbar de los truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la muerte, apegándote a aquello que es viejo y esperando a que las cosas caigan sobre tu regazo. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue las huellas del Cordero? ¿Cómo puede esto demostrar que el Dios al que te aferras es el dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos son meras palabras que solo pueden darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las palabras de las Escrituras que recitas solo son Escrituras que te llenan la boca; no son filosofías que te ayudan a conocer la vida humana, y mucho menos son la senda que puede permitirte ser hecho perfecto. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te da una percepción respecto a los misterios que contiene? ¿Eres capaz de transportarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Te exhorto entonces a que dejes de soñar y a que observes quién está obrando ahora: quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida.
Los que quieren obtener la vida sin confiar en la verdad de la que Cristo habló son las personas más absurdas de la tierra, y los que no aceptan el camino de la vida que Cristo trajo están perdidos en la fantasía. Y así digo que Dios detestará para siempre a aquellos que no aceptan al Cristo de los últimos días. Cristo es la puerta para que el hombre entre al reino en los últimos días y no hay nadie que pueda eludirlo. Nadie puede ser perfeccionado por Dios excepto por medio de Cristo. Tú crees en Dios y por tanto debes aceptar Sus palabras y someterte a Su camino. No pienses simplemente en obtener bendiciones sin ser capaz de aceptar la verdad y la provisión de vida. Cristo viene en los últimos días para poder proveer de vida a todos los que creen sinceramente en Él. Esta obra existe en aras de concluir la era antigua y entrar en la nueva, y esta obra es el camino que deben tomar todos los que entrarán en la nueva era. Si no reconoces a Cristo y encima lo condenas, blasfemas o lo persigues, entonces estás destinado a arder por toda la eternidad y nunca entrarás en el reino de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna
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