12. La noción del mundo religioso: “La Biblia entera fue inspirada por Dios; todas las palabras de la Biblia son las palabras de Dios”

En la Biblia, Pablo dice: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16). Por eso cree el mundo religioso que la Biblia entera fue inspirada por Dios y que todas las palabras de la Biblia son las palabras de Dios.

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Hoy, las personas siempre piensan que la Biblia es Dios, y que Él es la Biblia. Así, también creen que las palabras de la Biblia fueron las únicas palabras que Dios dijo y que Él las pronunció todas. Todos los creyentes en Dios piensan incluso que, aunque los sesenta y seis libros del Antiguo y el Nuevo Testamento fueron escritos por el hombre, fueron todos inspirados por Dios y son un registro de las declaraciones del Espíritu Santo. Esta es la comprensión distorsionada que tiene el hombre, y no es completamente acorde con los hechos. En realidad, aparte de los libros de profecía, la mayor parte del Antiguo Testamento es un registro histórico. Algunas de las epístolas del Nuevo Testamento provienen de las experiencias del hombre, y otras, del esclarecimiento del Espíritu Santo. Las epístolas paulinas, por ejemplo, surgieron de la obra del hombre; todas fueron resultado del esclarecimiento del Espíritu Santo y se escribieron para las iglesias, y fueron palabras de exhortación y aliento para los hermanos y hermanas de las mismas. No fueron palabras pronunciadas por el Espíritu Santo; Pablo no podía hablar en nombre del Espíritu Santo ni era profeta, y, mucho menos, tuvo las visiones que tuvo Juan. Sus epístolas se escribieron para las iglesias de Éfeso, Corinto, Galacia y otras de aquella época. Por tanto, las epístolas paulinas del Nuevo Testamento son epístolas que Pablo escribió para las iglesias y no son inspiraciones del Espíritu Santo ni Sus declaraciones directas. Son simplemente palabras de exhortación, consuelo y aliento que escribió para las iglesias durante el transcurso de su obra. Así, también, son un registro de gran parte de la obra de Pablo en esa época. Se escribieron para todos los hermanos y hermanas en el Señor, y para que los hermanos y hermanas de las iglesias de esa época escucharan su consejo y siguieran el camino de arrepentimiento del Señor Jesús. De ninguna manera dijo Pablo que, en las iglesias de esa época o del futuro, todos deben comer y beber las cosas que él escribió ni que todas sus palabras venían de Dios. Era simplemente que, de acuerdo con las circunstancias de las iglesias en esa época, él compartía con los hermanos y las hermanas, los exhortaba e inspiraba fe en ellos, y simplemente predicaba o recordaba a las personas y las exhortaba. Sus palabras estaban basadas en su propia carga, y apoyaba a las personas por medio de ellas. Él llevó a cabo la obra de un apóstol de las iglesias de esa época; era un obrero usado por el Señor Jesús y, por tanto, tuvo que asumir la responsabilidad de las iglesias, llevar a cabo la obra de estas y aprender acerca del estado de los hermanos y las hermanas; por ello, escribió epístolas para todos los hermanos y hermanas en el Señor. Todo lo que dijo que era edificante para el hombre y positivo era correcto, pero no representaba las declaraciones del Espíritu Santo ni podía representar a Dios. Si el hombre trata los registros de las experiencias de una persona y las epístolas de una persona como las palabras pronunciadas por el Espíritu Santo a las iglesias, ¡ese es un entendimiento atroz y una blasfemia enorme! Eso es particularmente cierto cuando se trata de las epístolas que Pablo escribió para las iglesias, porque estas se escribieron para los hermanos y hermanas según las circunstancias y la situación de cada iglesia en esa época. Su fin era exhortar a los hermanos y hermanas en el Señor de forma que pudieran recibir la gracia del Señor Jesús. Sus epístolas tenían como objetivo animar a los hermanos y hermanas de esa época. Puede decirse que esta era su propia carga y también la que el Espíritu Santo le dio; después de todo, fue un apóstol que dirigió a las iglesias de esa época y era su responsabilidad escribir epístolas para las iglesias y exhortarlas. Su identidad fue simplemente la de un apóstol obrero, fue simplemente un apóstol enviado por Dios, no un profeta ni un vidente y, para él, su propia obra y la vida de los hermanos y hermanas eran de la mayor importancia. Por tanto, no podía hablar en nombre del Espíritu Santo, sus palabras no eran las palabras del Espíritu Santo y mucho menos podría decirse que fueran las de Dios, porque él no era nada más que un ser creado y, ciertamente, no era Dios encarnado. Su identidad no era la misma que la de Jesús. Las palabras de Jesús fueron las palabras del Espíritu Santo; fueron las palabras de Dios, porque Su identidad era la de Cristo, el Hijo de Dios. ¿Cómo podía equipararse Pablo a Él? Si el hombre considera las epístolas o las palabras como las de Pablo declaraciones del Espíritu Santo y las adora como a Dios, solo puede decirse que carece demasiado de discernimiento. En términos más serios, ¿no es esto simplemente blasfemia? ¿Cómo podría una persona hablar en nombre de Dios? ¿Y cómo podría el hombre postrarse ante los registros de las epístolas de una persona y de las palabras que dijo como si fueran un libro sagrado o un libro celestial? ¿Podría una persona pronunciar a la ligera las palabras de Dios? ¿Cómo podría una persona hablar en nombre de Dios? Así pues, ¿qué dices? ¿Podrían las epístolas que él escribió para las iglesias no estar contaminadas con sus propias ideas? ¿Cómo no iban a estar contaminadas por cosas que vinieron de sus propias ideas? Él escribió epístolas para las iglesias basándose en sus experiencias personales y en su propio conocimiento. Por ejemplo, Pablo escribió una epístola a las iglesias gálatas, que contenía una determinada opinión, y Pedro escribió otra con un punto de vista diferente. ¿Cuál de ellas vino del Espíritu Santo? Nadie puede decirlo con seguridad. Así pues, solo puede decirse que ambos llevaban una carga para las iglesias, pero sus cartas representan su estatura, su provisión y su apoyo para los hermanos y las hermanas, su carga hacia las iglesias, y solo representan obra humana; no eran totalmente del Espíritu Santo. Si dices que sus epístolas son las palabras del Espíritu Santo, entonces eres absurdo, ¡y estás cometiendo blasfemia! Las epístolas paulinas y las otras epístolas del Nuevo Testamento equivalen a las memorias de las figuras espirituales más recientes: están a la par de los libros de Watchman Nee o de las experiencias de Lawrence, y así por el estilo. Es simplemente que los libros de figuras espirituales recientes no están recopilados en el Nuevo Testamento, pero la esencia de estas personas era la misma: fueron personas usadas por el Espíritu Santo durante cierto período, y no podían representar directamente a Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de la Biblia (3)

No todo en la Biblia es un registro de las declaraciones expresadas personalmente por Dios. La Biblia simplemente documenta las dos etapas anteriores de la obra de Dios, de las cuales una parte es un registro de las predicciones de los profetas y, otra, las experiencias y el conocimiento escritos por personas usadas por Dios a lo largo de las eras. Las experiencias humanas están contaminadas con opiniones y conocimiento humanos, y esto es algo inevitable. Muchos de los libros de la Biblia contienen nociones humanas, prejuicios humanos y el entendimiento distorsionado de los humanos. Por supuesto, la mayoría de las palabras son resultado del esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo, y son entendimientos correctos, pero sigue sin poderse decir que son expresiones de la verdad totalmente precisas. Sus opiniones sobre ciertas cosas no son más que conocimiento derivado de la experiencia personal o el esclarecimiento del Espíritu Santo. Dios instruyó personalmente las predicciones de los profetas: las profecías de profetas como Isaías, Daniel, Esdras, Jeremías y Ezequiel vinieron de la instrucción directa del Espíritu Santo; estas personas eran videntes, habían recibido el Espíritu de profecía y todos eran profetas del Antiguo Testamento. Durante la Era de la Ley, estas personas, que habían recibido las inspiraciones de Jehová, hablaron muchas profecías, que fueron instruidas directamente por Jehová.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de la Biblia (3)

Durante la Era de la Ley del Antiguo Testamento, Jehová levantó a un gran número de profetas para que profetizaran para Él, para dar instrucciones a diversas tribus y naciones y predecir la obra que Jehová llevaría a cabo. Jehová había dado el Espíritu de profecía a todas estas personas a las que había levantado. Eran capaces de ver las visiones de Jehová, de oír Su voz; por tanto, eran inspiradas por Él y escribían profecías. La obra que llevaban a cabo era la expresión de la voz de Jehová, la expresión de Su profecía, y la obra de Jehová en ese momento era simplemente guiar a las personas usando al Espíritu; Él no se hizo carne y las personas no veían nada de Su rostro. Así pues, levantó a muchos profetas para que llevaran a cabo Su obra, y les dio oráculos que transmitieron a cada tribu y clan de Israel. El trabajo de estos era hablar profecías, y algunos escribieron las instrucciones que Jehová les dio para mostrárselas a otros. Él elevó a estas personas para que hablaran profecías, predijeran la obra del futuro o la que aún debía realizarse durante ese tiempo, de forma que las personas pudieran contemplar las maravillas y la sabiduría de Jehová. Estos libros de profecía eran muy diferentes a los demás libros de la Biblia; eran palabras habladas o escritas por aquellos a los que se les había dado el Espíritu de profecía; por aquellos que habían recibido las visiones o la voz de Jehová. Aparte de los libros de profecía, todo lo demás en el Antiguo Testamento está compuesto por registros hechos por personas después de que Jehová hubo terminado Su obra. Estos libros no pueden reemplazar la predicción pronunciada por los profetas levantados por Jehová; por ejemplo, el Génesis y el Éxodo no pueden compararse con el libro de Isaías ni con el libro de Daniel. Las profecías se pronunciaron antes de que la obra se hubiera llevado a cabo; los otros libros, entretanto, se escribieron después de que la obra hubiera terminado; eso era lo que las personas eran capaces de hacer. Los profetas de esa época fueron inspirados por Jehová y pronunciaron alguna profecía, hablaron muchas palabras y profetizaron las cosas de la Era de la Gracia, así como la destrucción del mundo en los últimos días: la obra que Jehová planeó llevar a cabo. Todos los libros restantes registran la obra realizada por Jehová en Israel. […] De esta forma, lo que se registra en el Antiguo Testamento de la Biblia es puramente la obra de Dios en Israel en ese momento. Las palabras pronunciadas por los profetas —Isaías, Daniel, Jeremías y Ezequiel…— predicen la otra obra de Dios sobre la tierra, la obra de Jehová Dios mismo. Esto venía por completo de Dios; era la obra del Espíritu Santo, y aparte de estos libros de los profetas, todo lo demás es un registro de las experiencias de la obra de Jehová por parte de las personas en ese momento.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de la Biblia (1)

Hoy, ¿quién entre vosotros se atreve a decir que todas las palabras habladas por aquellos que el Espíritu Santo usó vinieron del Espíritu Santo? ¿Se atreve alguien a decir tales cosas? Si dices tales cosas, ¿por qué se descartó entonces el libro de profecías de Esdras y por qué se hizo lo mismo con los libros de esos antiguos santos y profetas? Si todos vinieron del Espíritu Santo, ¿por qué os atrevéis entonces a hacer esas elecciones arbitrarias? ¿Estás calificado para escoger la obra del Espíritu Santo? Muchas historias de Israel también se descartaron. Y si crees que estos escritos del pasado vinieron todos del Espíritu Santo, ¿por qué se descartaron entonces algunos de los libros? Si todos vinieron del Espíritu Santo, deberían haberse mantenido y enviado a los hermanos y hermanas de las iglesias para que los leyeran, sin ser elegidos ni descartados arbitrariamente por voluntad humana; solo esto sería correcto. Decir que las experiencias de Pablo y Juan se mezclaron con sus percepciones personales no significa que su conocimiento vivencial viniese de Satanás, sino solo que tenían cosas procedentes de sus experiencias y percepciones personales. Su conocimiento se basó en el trasfondo de sus experiencias reales en esa época. ¿Quién puede decir con toda confianza que todo ello venía del Espíritu Santo? Si los Cuatro Evangelios vinieron todos del Espíritu Santo, entonces, ¿por qué dijeron Mateo, Marcos, Lucas y Juan cosas diferentes sobre la obra de Jesús? Si no creéis esto, mirad entonces los relatos de la Biblia de cómo Pedro negó al Señor tres veces: son todos diferentes y cada uno tiene sus propias características. Muchos ignorantes dicen: “Dios encarnado también es un humano, así que ¿pueden venir por completo del Espíritu Santo las palabras que Él dice? Si las palabras de Pablo y Juan estaban mezcladas con la voluntad humana, ¿no están entonces las palabras que Él habla realmente mezcladas con la voluntad humana?”. ¡Las personas que dicen esas cosas están ciegas y son ignorantes! Leed detenidamente los Cuatro Evangelios: cada relato relativo a lo que hizo y dijo Jesús difiere realmente de una persona a otra, cada escritor tiene sus propios puntos de vista. Si lo escrito por los autores de estos libros vino todo del Espíritu Santo, entonces tendría que ser todo igual y coherente. Entonces ¿por qué existen discrepancias? ¿No es el hombre extremadamente insensato, al ser incapaz de ver esto?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de los apelativos y la identidad

El evangelio de Mateo, en el Nuevo Testamento, documenta la genealogía de Jesús. Al principio, dice que Jesús era descendiente de Abraham y de David e hijo de José; después dice que fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen; esto significaría que no era el hijo de José ni un descendiente de Abraham y de David. La genealogía, sin embargo, insiste en asociar a Jesús con José. Seguidamente, la misma comienza a registrar el proceso por medio del cual nació Jesús. Dice que fue concebido por el Espíritu Santo, que nació de una virgen, y no fue el hijo de José. Pero en la genealogía está escrito con claridad que Jesús fue el hijo de José, y como la genealogía está escrita para Jesús, registra cuarenta y dos generaciones. Cuando llega a la generación de José, dice apresuradamente que era el esposo de María, palabras que se dan con el fin de demostrar que Jesús era descendiente de Abraham. ¿No es esto una contradicción? La genealogía documenta claramente el linaje de José; es, obviamente, su genealogía, pero Mateo insiste en que es la de Jesús. ¿No niega esto el hecho de la concepción de Jesús por parte del Espíritu Santo? Por tanto, ¿no es la genealogía escrita por Mateo una idea humana? ¡Es incluso más ridículo! Así es como puedes saber que este libro de ninguna manera provino enteramente del Espíritu Santo. Existen, quizás, algunas personas que piensan que Dios debe tener una genealogía en la tierra y, como consecuencia, clasifican a Jesús como la cuadragésima segunda generación de Abraham. ¡Esto es realmente ridículo! ¿Cómo podría Dios tener una genealogía después de llegar a la tierra? Si dices que Dios tiene una genealogía, ¿acaso no lo clasificas entre los seres creados? Dios no es de la tierra; Él es el Creador y, aunque es de carne, no es de la misma sustancia que el hombre, entonces ¿cómo podrías clasificar a Dios como un ser del mismo tipo que un ser creado? Abraham no puede representar a Dios; él fue el objeto de la obra de Jehová en ese momento; fue simplemente un servidor leal que Jehová consideró digno y pertenecía al pueblo de Israel. ¿Cómo podría ser un antepasado de Jesús?

¿Quién escribió la genealogía de Jesús? ¿Lo hizo Él mismo? ¿Les dijo Jesús personalmente: “Escribe Mi genealogía”? Mateo la registró después de que Jesús fue clavado en la cruz. En aquella época, Jesús había llevado a cabo mucha obra incomprensible para Sus discípulos, sin proveer explicación alguna. Después de que se marchó, los discípulos comenzaron a predicar y a obrar por todas partes, y en aras de esa etapa de la obra, comenzaron a escribir las epístolas y los libros del evangelio. Los evangelios del Nuevo Testamento se registraron entre veinte y treinta años después de la crucifixión de Jesús. Antes, el pueblo de Israel solo leía el Antiguo Testamento. Es decir, al principio de la Era de la Gracia las personas leían el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento solo apareció durante la Era de la Gracia. No existía cuando Jesús obró; las personas registraron Su obra después de que Él se levantara de entre los muertos y ascendiera al cielo. Solo entonces se escribieron los cuatro evangelios y, además de estos, las epístolas de Pablo y Pedro, así como el libro del Apocalipsis. Más de trescientos años después de que Jesús ascendió al cielo, generaciones posteriores recopilaron estos documentos de manera selectiva, y solo entonces se escribió el Nuevo Testamento de la Biblia. Solo después de que se completó esta obra se escribió el Nuevo Testamento; no existía previamente. Dios había llevado a cabo toda esa obra y Pablo y los demás apóstoles habían escrito muchas epístolas a las iglesias en distintos lugares. Quienes vinieron después de ellos combinaron sus epístolas y anexaron el relato de Juan de la mayor visión que vio en la isla de Patmos, en la cual se profetizó la obra de Dios de los últimos días. Las personas hicieron esta secuencia, que es distinta a las declaraciones de hoy. Lo que se registra en la actualidad es acorde a los pasos de la obra de Dios; con lo que interactúan hoy las personas es con la obra que Dios personalmente llevó a cabo y con las palabras que Él personalmente pronunció. Tú, un hombre, no debes interferir; las palabras, que vienen directamente del Espíritu, se han organizado paso a paso y esta organización difiere de la de los registros de las personas. Puede decirse que lo que registraron fue acorde con su nivel de educación y calibre humano, que fueron experiencias humanas, que cada uno tuvo sus propios medios para registrar y su propio entendimiento y que cada registro era diferente. Por tanto, ¡si adoras la Biblia como si fuera Dios eres extremadamente ignorante y estúpido! ¿Por qué no buscas la obra del Dios de la actualidad? Solo la obra de Dios puede salvar al hombre. La Biblia no puede salvar al hombre; las personas podrían leerla por varios miles de años y, aun así, no experimentarían el más mínimo cambio, y, si la adoras, nunca obtendrás la obra del Espíritu Santo.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de la Biblia (3)

La Biblia es un registro histórico de la obra de Dios en Israel, y documenta muchas de las predicciones de los antiguos profetas, así como algunas de las declaraciones de Jehová en Su obra en aquel momento. Por tanto, todas las personas consideran este libro como santo (porque Dios es santo y grande). Por supuesto, todo esto es resultado de su corazón temeroso de Jehová y su corazón de adoración a Dios. Las personas se refieren así a este libro solo porque los seres creados son muy temerosos y adoran mucho a su Creador; hay quienes incluso lo catalogan como un libro celestial. En realidad, es simplemente un registro humano. Jehová no lo tituló ni guio su creación personalmente. Es decir, el autor de este libro no es Dios, sino el hombre. La Santa Biblia solo es el título respetuoso que el hombre le dio. No fue decidido por Jehová y Jesús tras un debate entre Ellos; no es nada más que una idea humana. Porque Jehová no escribió este libro, y, mucho menos, Jesús, sino que son los relatos transmitidos por muchos antiguos profetas, apóstoles y videntes, recopilados por generaciones posteriores en un libro de escritos antiguos que, para las personas, parece especialmente santo; un libro que, en su opinión, contiene muchos misterios insondables y profundos que están esperando ser descubiertos por generaciones futuras. Así pues, las personas están aún más dispuestas a creer que este libro es un libro celestial. Con la incorporación de los cuatro evangelios y del Apocalipsis, la actitud de las personas hacia él es particularmente diferente de la que tienen hacia cualquier otro libro y, por tanto, nadie se atreve a diseccionar este “libro celestial”, porque es demasiado “sagrado”.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de la Biblia (4)

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