O. Acerca de servir a Dios y dar testimonio de Él

615. (Un capítulo selecto de la Palabra de Dios)

Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios

Cuando alguien cree en Dios, ¿de qué manera, exactamente, debe servirle? ¿Qué condiciones deben cumplirse y qué verdades deben entender los que sirven a Dios? Y ¿en qué punto podríais estar desviándoos en vuestro servicio? Deberíais conocer las respuestas a todo esto. Estos asuntos se relacionan con vuestra forma de creer en Dios, con cómo camináis por la senda dirigida por el Espíritu Santo y cómo os sometéis a las orquestaciones de Dios en todas las cosas, lo cual os permite comprender cada paso de Su obra en vosotros. Cuando alcancéis ese punto, apreciaréis qué es la fe en Dios, cómo creer apropiadamente en Él y qué debéis hacer para actuar en armonía con Su voluntad. Esto os hará completa y totalmente obedientes a la obra de Dios; no tendréis quejas ni juzgaréis o analizaréis y, mucho menos, investigaréis Su obra. Así pues, seréis todos capaces de obedecer a Dios hasta la muerte, permitiéndole dirigiros y sacrificaros como a una oveja, de forma que todos podáis ser los Pedros de los años noventa y podáis amar a Dios al máximo, incluso en la cruz, sin la más mínima queja. Sólo entonces podréis vivir como Pedros de los años noventa.

Todo aquel que así lo haya decidido puede servir a Dios; sin embargo, debe ocurrir que sólo aquellos que le presten toda la atención a la voluntad de Dios y la entiendan están calificados y facultados para servirle. He descubierto esto entre vosotros: muchas personas creen que siempre que difundan con fervor el evangelio para Dios, recorran los caminos, se entreguen y se sacrifiquen por Dios, y así sucesivamente, eso es servir a Dios. Incluso las personas más religiosas creen que servir a Dios significa correr de un lado para otro con una Biblia en las manos, difundir el evangelio del reino celestial y salvar a las personas haciendo que se arrepientan y se confiesen. Existen muchos funcionarios religiosos que piensan que servir a Dios consiste en predicar en las capillas después de cursar estudios avanzados y entrenamiento en el seminario, y enseñar a las personas a través de la lectura de la Biblia. Además, hay personas en regiones pobres que creen que servir a Dios significa sanar a los enfermos y echar fuera demonios entre los hermanos y hermanas u orar por ellos o servirlos. Entre vosotros hay muchos que creen que servir a Dios significa comer y beber Sus palabras, orar a Dios cada día, así como visitar iglesias y realizar obra en las iglesias en todas partes. Hay otros hermanos y hermanas que creen que servir a Dios significa no casarse nunca o no tener una familia y dedicar todo su ser a Dios. No obstante, pocas personas saben lo que significa realmente servir a Dios. Aunque hay tantas personas que sirven a Dios como estrellas en el cielo, el número de los que pueden servir directamente y que pueden servir de acuerdo con la voluntad de Dios es insignificante; extremadamente pequeño. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque no entendéis la esencia de la expresión “servicio a Dios” y comprendéis muy poco de cómo servir de acuerdo con la voluntad de Dios. Existe una necesidad urgente de que las personas comprendan con exactitud qué clase de servicio a Dios puede estar en armonía con Su voluntad.

Si deseáis servir de acuerdo con la voluntad de Dios, debéis entender primero qué tipo de personas son agradables para Dios, a qué tipo de personas aborrece Dios, a qué tipo de personas perfecciona Dios y qué tipo de personas están capacitadas para servir a Dios. Por lo menos, deberíais estar equipados con este conocimiento. Además, deberíais conocer los objetivos de la obra de Dios y la obra que Dios hará aquí y ahora. Después de entender esto, y a través de la guía de Sus palabras, primero debéis tener entrada y recibir la comisión de Dios. Una vez que hayáis experimentado realmente Sus palabras, y cuando verdaderamente conozcáis Su obra, estaréis calificados para servir a Dios. Y es cuando le servís que Dios abre vuestros ojos espirituales, os permite tener un mayor entendimiento de Su obra y ver con más claridad. Cuando entres en esta realidad, tus experiencias serán más profundas y reales, y todos aquellos de vosotros que hayáis tenido esas experiencias podréis caminar entre las iglesias y ofrecer provisión a vuestros hermanos y hermanas, de modo que cada uno pueda aprovechar las fortalezas del otro para compensar sus propias deficiencias y obtener un conocimiento más abundante en su espíritu. Sólo después de lograr este efecto seréis capaces de servir de acuerdo con la voluntad de Dios y ser perfeccionados por Él en el transcurso de vuestro servicio.

Los que sirven a Dios deben ser Sus íntimos; deben ser agradables a Él y capaces de mostrar la mayor lealtad a Él. Independientemente de si actúas en público o en privado, puedes obtener el gozo de Dios delante de Dios; puedes mantenerte firme delante de Él, e, independientemente de cómo te traten otras personas, siempre caminas por la senda por la que debes caminar y le prestas toda la atención a la carga de Dios. Sólo las personas que son así son íntimas de Dios. Que los íntimos de Dios sean capaces de servirle directamente se debe a que Él les ha dado Su gran comisión y Su carga, a que pueden hacer suyo el corazón de Dios y a que toman la carga de Dios como propia, y no se ponen a analizar sus probabilidades futuras: aun cuando no tengan probabilidades ni obtengan nada, siempre creerán en Dios con un corazón amoroso. Por tanto, este tipo de persona es un íntimo de Dios. Los íntimos de Dios son también Sus confidentes; sólo estos podrían compartir Su inquietud, y Sus pensamientos, y aunque su carne es dolorosa y débil, son capaces de soportar el dolor y abandonar lo que aman para satisfacer a Dios. Dios da más cargas a esas personas y lo que Él desea hacer queda demostrado en el testimonio de esas personas. Así, estas personas son agradables para Dios, son siervos de Dios según Su corazón y sólo ellos pueden gobernar junto a Él. Cuando hayas llegado a ser de verdad un íntimo de Dios será precisamente entonces cuando gobernarás junto a Él.

Jesús fue capaz de llevar a cabo la comisión de Dios —la obra de redención de toda la humanidad—, porque le prestaba toda la atención a la voluntad de Dios, sin hacer planes ni arreglos para Sí mismo. Así pues, Él también era el íntimo de Dios —Dios mismo—, algo que todos vosotros entendéis muy bien. (De hecho, era el Dios mismo, del que Dios dio testimonio. Menciono esto aquí para ilustrar la cuestión mediante la realidad de Jesús). Él fue capaz de poner el plan de gestión de Dios como el centro mismo, y siempre oró al Padre celestial y buscó Su voluntad. Él oró y dijo: “¡Dios Padre! Cumple Tu voluntad, y no actúes según Mis deseos, sino de acuerdo con Tu plan. El hombre puede ser débil, ¿pero por qué deberías preocuparte por él? ¿Cómo podría el hombre ser digno de Tu preocupación, el ser humano que es como una hormiga en Tu mano? En Mi corazón, sólo deseo cumplir Tu voluntad, y deseo que Tú puedas hacer lo que deseas hacer en Mí según Tus propios deseos”. En el camino hacia Jerusalén, Jesús estaba sufriendo, como si le estuvieran retorciendo un cuchillo en el corazón, pero no tenía la más mínima intención de volverse atrás en Su palabra; siempre había una poderosa fuerza que lo empujaba hacia adelante hacia el lugar de Su crucifixión. Finalmente, fue clavado en la cruz y se convirtió en la semejanza de la carne pecaminosa, completando la obra de redención de la humanidad. Se liberó de los grilletes de la muerte y el O. Delante de Él, la mortalidad, el infierno y el Hades perdieron su poder, y Él los venció. Vivió treinta y tres años a lo largo de los cuales siempre hizo Su máximo esfuerzo por cumplir la voluntad de Dios según la obra de Dios en ese momento, sin considerar jamás Su propia ganancia o pérdida personal y pensando siempre en la voluntad de Dios Padre. Por ello, después de ser bautizado, Dios dijo: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”. Debido a Su servicio delante de Dios que estaba en armonía con la voluntad de Dios, Dios colocó sobre Sus hombros la pesada carga de redimir a toda la humanidad y le hizo cumplirla, y Él estaba calificado y autorizado para llevar a cabo esta importante tarea. A lo largo de Su vida, soportó un sufrimiento inconmensurable por Dios, y Satanás lo tentó innumerables veces, pero nunca se descorazonó. Dios le encomendó tan grande tarea porque confiaba en Él, y lo amaba, y por eso dijo personalmente: “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”. En ese momento, sólo Jesús podía cumplir esta comisión, y este fue un aspecto práctico de que Dios finalizara Su obra de redención de toda la humanidad en la Era de la Gracia.

Si, como Jesús, podéis prestar toda la atención a las cargas de Dios y dais la espalda a vuestra carne, Él os confiará Sus importantes tareas, de forma que cumpláis las condiciones requeridas para servir a Dios. Sólo bajo tales circunstancias os aventuraréis a decir que estáis haciendo la voluntad de Dios y llevando a cabo Su comisión, y sólo entonces os aventuraréis a decir que estáis sirviendo verdaderamente a Dios. Comparado con el ejemplo de Jesús, ¿te aventuras a decir que eres íntimo de Dios? ¿Te aventuras a decir que estás haciendo la voluntad de Dios? ¿Te aventuras a decir que realmente estás sirviendo a Dios? Hoy, no entiendes cómo servir a Dios, ¿te atreverías a decir que eres íntimo de Dios? Si dices que sirves a Dios, ¿no blasfemas contra Él? Piensa en ello: ¿estás sirviendo a Dios o a ti mismo? Sirves a Satanás, pero dices obstinadamente que estás sirviendo a Dios. ¿No estás blasfemando contra Dios en esto? Muchas personas, a Mis espaldas, codician la bendición del estatus, se dan atracones de comida, aman dormir y se preocupan por la carne, siempre temerosas de que la carne no tenga salida. No desarrollan su función correcta en la iglesia, sino que gorronean de la iglesia, o bien amonestan a los hermanos y hermanas con Mis palabras, tratan despóticamente a los demás desde posiciones de autoridad. Estas personas siguen diciendo que están haciendo la voluntad de Dios y siempre dicen que son los íntimos de Dios, ¿no es esto absurdo? Si tienes las intenciones correctas, pero eres incapaz de servir de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces estás siendo insensato, pero si tus intenciones no son correctas, y sigues diciendo que sirves a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios gorronean, codiciando siempre las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios. Siempre buscan lo que es bueno para ellos y no prestan atención a la voluntad de Dios. No aceptan el escrutinio del Espíritu de Dios en nada de lo que hacen. Siempre están maniobrando y engañando a sus hermanos y hermanas, y al ser doble cara, como un zorro en una viña, siempre roban uvas y pisotean la viña. ¿Pueden ser tales personas los íntimos de Dios? ¿Eres apto para recibir las bendiciones de Dios? No asumes cargas para tu vida y para la iglesia; ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría atreverse Dios a confiarte una tarea mayor? ¿No causaría esto retrasos a la obra?

Os digo esto para que podáis saber qué condiciones deben cumplirse a fin de servir en armonía con la voluntad de Dios. Si no dais vuestro corazón a Dios, si no os preocupáis por la voluntad de Dios como lo hizo Jesús, entonces Dios no puede confiar en vosotros y acabará juzgándoos. Quizás hoy, en tu servicio a Dios, siempre albergas la intención de engañarlo, y siempre tratas con Él de una manera superficial. En resumen, independientemente de todo lo demás, si engañas a Dios, caerá sobre ti un juicio despiadado. Deberíais aprovechar el hecho de que acabáis de entrar en el camino correcto de servir a Dios para darle primero vuestro corazón, sin lealtades divididas. Independientemente de si estás delante de Dios o delante de otras personas, tu corazón siempre debe volcarse a Dios, y debes estar decidido a amarlo tal como lo hizo Jesús. De esta forma, Dios te hará perfecto, de forma que te conviertas en un siervo suyo que sea conforme a Su corazón. Si deseas sinceramente que Dios te perfeccione, y que tu servicio esté en armonía con Su voluntad, deberías cambiar tus opiniones anteriores acerca de la fe en Él, y cambiar la antigua forma que usabas para servirle, de manera que Él pueda perfeccionar más de ti. Así, Dios no te abandonará y, como Pedro, estarás a la vanguardia de aquellos que le aman. Si sigues sin arrepentirte, tendrás el mismo final que Judas. Todos los que creen en Dios deben entender esto.

de “La Palabra manifestada en carne”

616. Desde el comienzo de Su obra a lo largo del universo, Dios ha predestinado a muchas personas para que lo sirvan, incluyendo a aquellos de toda condición social. Su propósito es satisfacer Su voluntad y asegurarse de que Su obra en la tierra se complete sin problemas. Este es el propósito de Dios al elegir a las personas para que lo sirvan. Toda persona que sirve a Dios debe entender Su voluntad. Esta obra suya hace más evidente para las personas la sabiduría y la omnipotencia de Dios, y los principios de Su obra en la tierra. Dios ha venido en verdad a la tierra para hacer Su obra, para contactar con las personas de tal modo que puedan conocer Sus acciones con mayor claridad. Hoy, vosotros, este grupo de personas, tiene la fortuna de servir al Dios práctico. Esta es una bendición incalculable para vosotros; en verdad, sois elevados por Dios. Cuando Dios selecciona a una persona para que lo sirva, Él siempre tiene Sus propios principios. Servir a Dios no es en absoluto como la gente lo imagina, no es una simple cuestión de entusiasmo. Hoy veis que todos los que sirven ante Dios lo hacen con Su guía y con la obra del Espíritu Santo, y porque son personas que buscan la verdad. Estas son las condiciones mínimas para todos aquellos que sirvan a Dios.

Extracto de ‘La forma religiosa de servicio debe prohibirse’ en “La Palabra manifestada en carne”

617. En lo que se refiere a la obra, el hombre cree que consiste en correr de un lado a otro para Dios, predicar por todas partes y esforzarse por Él. Aunque esta creencia es correcta, es demasiado parcial; lo que Dios le pide al hombre no es únicamente que corra de un lado a otro para Él; más allá de esto, esta obra tiene que ver con el ministerio y la provisión dentro del espíritu. Aun después de todos estos años de experiencia, muchos hermanos y hermanas jamás han pensado en trabajar para Dios, porque la obra, tal y como el hombre la concibe, es incongruente con lo que Dios pide. Por tanto, el hombre no tiene el más mínimo interés en el asunto de la obra y esta es precisamente la razón de que la entrada del hombre sea también bastante parcial. Todos vosotros deberíais empezar vuestra entrada obrando para Dios, de manera que podáis pasar por cada aspecto de la experiencia. A esto es a lo que deberíais entrar. La obra no se refiere a correr de un lado a otro para Dios, sino a si la vida del hombre y lo que este manifiesta pueden dar disfrute a Dios. La obra se refiere a que las personas utilicen su devoción a Dios y su conocimiento de Dios para dar testimonio de Dios y, también, para pastorear al hombre. Esta es la responsabilidad del hombre y es lo que el hombre debe entender. Se podría decir que vuestra entrada es vuestra obra y que estáis buscando entrar en el transcurso de obrar para Dios. Experimentar la obra de Dios no significa, solamente, que sabes cómo comer y beber de Su palabra; lo más importante, debes saber cómo dar testimonio de Dios y poder servirle y pastorear y proveer al hombre. Esto es obra y también vuestra entrada; es lo que toda persona debe lograr. Hay muchas personas que solo se centran en correr de aquí para allá para Dios y en predicar por todas partes, pero pasan por alto su experiencia individual y descuidan su entrada a la vida espiritual. Esto es lo que ha llevado a quienes sirven a Dios a convertirse en quienes se resisten a Él. […]

Uno trabaja para satisfacer la voluntad de Dios, para llevar delante de Él a todos los que son según Su corazón, para llevar al hombre a Él y presentarle la obra del Espíritu Santo y la dirección de Dios, perfeccionando así los frutos de la obra de Dios. Por tanto, es imperativo que tengáis completamente en claro la esencia de la obra. Como persona usada por Dios, cada hombre es digno de trabajar para Él; es decir, todos tienen la oportunidad de ser usados por el Espíritu Santo. Sin embargo, hay algo que debéis entender: cuando el hombre lleva a cabo la obra encargada por Dios, se le ha dado la oportunidad de ser usado por Él, pero lo que dice y lo que sabe no corresponde del todo a su estatura. Lo único que podéis hacer es conocer mejor vuestras deficiencias en el transcurso de vuestra obra y llegar a poseer un mayor esclarecimiento por parte del Espíritu Santo. De esta manera, se os permitirá obtener una mejor entrada en el transcurso de vuestra obra.

Extracto de ‘La obra y la entrada (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

618. Los que pueden liderar las iglesias, proveer de vida a las personas, y ser apóstoles para ellas, deben tener experiencias reales, deben tener un entendimiento correcto de las cosas espirituales, una apreciación correcta y experiencia de la verdad. Sólo esas personas son aptas para ser obreros o apóstoles que lideran las iglesias. De otro modo, sólo podrán seguir como inferiores, pero no podrán liderar y mucho menos ser apóstoles capaces de proveer de vida a las personas. Esto es así porque la función de los apóstoles no es ir de un lado para otro o pelear; es hacer la obra de servir a la vida y liderar a otros para que transformen sus actitudes. A aquellos que desempeñan esta función se les encomienda cargar con una gran responsabilidad, una de la que no puede encargarse cualquiera. Esta clase de obra sólo la pueden emprender los que tienen un ser vital; es decir, los que tienen experiencia de la verdad. No la puede emprender cualquiera que pueda abandonar, que pueda ir de un lado a otro o que esté dispuesto a esforzarse; las personas que no tienen experiencia de la verdad, que no han sido podadas o juzgadas, no son capaces de hacer este tipo de obra. Las personas sin experiencia, que no tienen la realidad, no son capaces de ver la realidad con claridad porque ellas mismas carecen de esa clase de ser. Así, no sólo es que este tipo de persona no sea capaz de llevar a cabo la obra de liderazgo, sino que, si siguen careciendo de verdad durante un largo periodo, se convertirán en objeto de eliminación.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

619. La obra de un obrero calificado puede llevar a las personas al camino correcto y concederles una mayor entrada a la verdad. Su obra puede llevar personas delante de Dios. Además, la obra que hace puede variar de individuo a individuo y no está sujeta a reglas, permitiéndoles a las personas libertad y liberación, y la capacidad de crecer poco a poco en la vida y tener una más profunda entrada en la verdad. La obra de un obrero no calificado se queda demasiado corta; su obra es necia. Sólo puede llevar a las personas a las reglas, y lo que demanda de las personas no varía de individuo a individuo; no obra de acuerdo con las necesidades actuales de las personas. En este tipo de obra hay demasiadas reglas y demasiadas doctrinas y esto no puede llevar a las personas a la realidad o a la práctica normal del crecimiento en la vida. Sólo les puede permitir adherirse a unas cuantas reglas inútiles. Este tipo de guía sólo puede liderar a las personas a que se descarríen. Te guía para que te vuelvas como él; te puede llevar a lo que él tiene y es.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

620. En su trabajo, los líderes y colaboradores de la iglesia deben prestar atención a dos cosas: uno es realizar su trabajo exactamente según los principios estipulados en los arreglos de la obra, nunca violar estos principios ni basar su trabajo en nada que pudieran imaginar o en sus propias intenciones. En todo lo que hagan deben mostrar interés por la obra de la familia de Dios y siempre poner sus intereses primero. Hay otra cosa que es clave y es que, en todo lo que hagan, se deben enfocar en seguir la guía del Espíritu Santo y hacer todo estrictamente siguiendo la palabra de Dios. Si sigues pudiendo ir en contra de la guía del Espíritu Santo, o si sigues tercamente sigues tu propias ideas y haces las cosas de acuerdo con tu propia imaginación, entonces tus acciones constituirán una resistencia muy seria contra Dios. Con frecuencia, darle la espalda al esclarecimiento y a la guía del Espíritu Santo sólo conducirá a un callejón sin salida. Si pierdes la obra del Espíritu Santo, entonces no podrás trabajar, y si te las arreglas para trabajar, no lograrás nada. Éstos son los dos principios fundamentales que acatar mientras trabajas: uno es llevar a cabo el trabajo exactamente de acuerdo con los arreglos de los de arriba, así como actuar de acuerdo con los principios que se han sido presentados por los de arriba. El otro punto es seguir la guía del Espíritu Santo que está en el interior. Una vez entendidos estos dos puntos, no cometerás errores fácilmente.

Extracto de ‘Los principios fundamentales de obra para los líderes y colaboradores’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

621. El servicio que está divorciado de las declaraciones actuales del Espíritu Santo es un servicio que es de la carne y de las nociones y es imposible que esté de acuerdo con la voluntad de Dios. Si las personas viven entre las nociones religiosas, entonces no pueden hacer nada que sea digno de la voluntad de Dios y aunque sirvan a Dios, sirven en medio de sus imaginaciones y de sus nociones y son totalmente incapaces de servir de acuerdo con la voluntad de Dios. Los que no pueden seguir la obra del Espíritu Santo no entienden la voluntad de Dios y los que no entienden la voluntad de Dios no pueden servir a Dios. Dios quiere un servicio que sea conforme a Su corazón; no quiere un servicio que sea de las nociones y de la carne. Si las personas no pueden seguir los pasos de la obra del Espíritu Santo, entonces viven en medio de nociones. El servicio de tales personas interrumpe y perturba, y tal servicio va en contra de Dios. Así, los que no son capaces de seguir las pisadas de Dios no pueden servir a Dios; los que no pueden seguir las pisadas de Dios con mucha seguridad se oponen a Dios y no son compatibles con Dios.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

622. Alguien que realmente sirve a Dios es alguien que es conforme al corazón de Dios y que es apto para ser usado por Dios, y que es capaz de desprenderse de las nociones religiosas. Si quieres que comer y beber de las palabras de Dios sea efectivo, entonces debes desprenderte de tus nociones religiosas. Si deseas servir a Dios, entonces es aún más necesario que primero te desprendas de tus nociones religiosas y obedezcas las palabras de Dios en todo lo que hagas. Esto es lo que debe poseer la persona que sirve a Dios. Si careces de este conocimiento, tan pronto como hagas algún servicio, causarás interrupciones y perturbaciones, y si te mantienes aferrado a tus nociones, entonces inevitablemente serás derribado por Dios, y nunca más podrás levantarte de nuevo. Veamos el presente, por ejemplo: muchas de las declaraciones y de la obra actual son incompatibles con la Biblia y con la obra previamente realizada por Dios, y si no tienes ningún deseo de obedecer, entonces caerás en cualquier momento. Si deseas servir de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces primero debes desprenderte de tus nociones religiosas y rectificar tus propios puntos de vista. Mucho de lo que se dirá será incompatible con lo que se dijo en el pasado, y si actualmente careces de voluntad para obedecer, no podrás recorrer el camino que yace frente a ti. Si uno de los métodos de obra de Dios ha echado raíces dentro de ti y nunca te desprendes de él, entonces dicho método se convertirá en tu noción religiosa. Si lo que Dios es ha echado raíces en tu interior, entonces habrás ganado la verdad, y si las palabras y la verdad de Dios pueden convertirse en tu vida, entonces ya no tendrás nociones acerca de Dios. Aquellos que poseen un verdadero conocimiento de Dios no tendrán nociones, y no acatarán la doctrina.

Extracto de ‘Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra de hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”

623. Muchos sirven a Dios con base en la fuerza de su pasión, pero no entienden los decretos administrativos de Dios y, mucho menos, tienen idea de las implicaciones de Sus palabras. Así que, con sus buenas intenciones, a menudo terminan haciendo cosas que interrumpen la gestión de Dios. En casos graves, son expulsados, privados de cualquier otra oportunidad de seguirlo, y son arrojados al infierno y finaliza toda relación con la casa de Dios. Estas personas trabajan en la casa de Dios con base en la fuerza de sus buenas intenciones ignorantes y terminan enfureciendo el carácter de Dios. La gente trae a la casa de Dios sus formas de servir a funcionarios y a señores e intentan ponerlas en práctica, pensando inútilmente que pueden aplicarlas aquí sin esfuerzo. Nunca imaginan que Dios no tiene el carácter de un cordero, sino el de un león. Por tanto, aquellos que se relacionan con Dios por primera vez, no pueden comunicarse con Él, ya que el corazón de Dios es diferente al del hombre. Sólo después de que entiendas muchas verdades puedes llegar a conocer continuamente a Dios. Este conocimiento no está compuesto por palabras o doctrinas, pero puede ser utilizado como un tesoro por medio del cual entras en una relación cercana de confianza con Dios, y como prueba de que Él se deleita en ti. Si careces de la realidad del conocimiento y no estás equipado con la verdad, entonces tu servicio apasionado sólo puede traerte la aversión y el aborrecimiento de Dios.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

624. Servir a Dios no es una tarea sencilla. Aquellos cuyo carácter corrupto permanece inalterado no pueden servir nunca a Dios. Si tu carácter no ha sido juzgado ni castigado por las palabras de Dios, entonces tu carácter aún representa a Satanás, lo que prueba que sirves a Dios por tus buenas intenciones, que tu servicio está basado en tu naturaleza satánica. Tú sirves a Dios con tu temperamento natural y de acuerdo con tus preferencias personales. Es más, siempre piensas que las cosas que estás dispuesto a hacer son las que le resultan un deleite a Dios, y que las cosas que deseas hacer son las que son odiosas para Dios; obras totalmente según tus propias preferencias. ¿Puede esto llamarse servir a Dios? En última instancia, tu carácter de vida no cambiará ni un ápice; más bien, tu servicio te volverá incluso más obstinado, haciendo así que se arraigue profundamente tu carácter corrupto, y de esta manera, desarrollarás reglas en tu interior sobre el servicio a Dios que se basan principalmente en tu propio temperamento, y experiencias derivadas de tu servicio según tu propio carácter. Estas son las experiencias y lecciones del hombre. Es la filosofía del hombre de vivir en el mundo. Personas como estas se pueden clasificar como fariseos y funcionarios religiosos. Si nunca despiertan y se arrepienten, seguramente se convertirán en los falsos Cristos y los anticristos que engañan a las personas en los últimos días. Los falsos Cristos y los anticristos de los que se habló surgirán de entre esta clase de personas. Si aquellos que sirven a Dios siguen su propio temperamento y actúan en base a su propia voluntad, corren el riesgo de ser expulsados en cualquier momento. Aquellos que aplican sus muchos años de experiencia adquirida al servicio de Dios con el fin de ganarse el corazón de los demás para sermonearlos, controlarlos, y enaltecerse a sí mismos, y que nunca se arrepienten, nunca confiesan sus pecados, nunca renuncian a los beneficios de su posición; estas personas caerán delante de Dios. Son de la misma especie que Pablo, presumen de su antigüedad y hacen alarde de sus calificaciones. Dios no traerá a este tipo de personas a la perfección. Este servicio interfiere con la obra de Dios. Las personas siempre se aferran a lo viejo. Se aferran a las nociones del pasado, a todo lo de tiempos pretéritos. Este es un gran obstáculo para su servicio. Si no puedes desecharlas, estas cosas acabarán con tu vida entera. Dios no te elogiará en lo más mínimo; ni siquiera si te rompes las piernas mientras corres o si te quiebras la espalda a causa de tu labor, ni siquiera si eres martirizado en tu servicio a Dios. Muy por el contrario: Él dirá que eres un hacedor del mal.

Extracto de ‘La forma religiosa de servicio debe prohibirse’ en “La Palabra manifestada en carne”

625. En el ámbito de la religión, muchas personas sufren bastante a lo largo de toda su vida: someten su cuerpo y cargan su cruz, e, incluso, ¡siguen sufriendo y soportando incluso al borde de la muerte! Algunos siguen ayunando en la mañana de su muerte. Durante toda su vida se niegan a sí mismos buena comida y ropa, enfocándose sólo en sufrir. Son capaces de someter su cuerpo y abandonar su carne. Su espíritu para soportar el padecimiento es elogiable. Pero su pensamiento, sus nociones, su actitud mental y, de hecho, su vieja naturaleza, ninguno de estos ha sido en absoluto objeto de tratamiento. Carecen del verdadero conocimiento de sí mismos. Su imagen mental de Dios es la tradicional de un Dios abstracto, vago. Su determinación de sufrir por Él procede de su celo y su temperamento positivo. Aunque creen en Él, no lo entienden ni conocen Su voluntad. Simplemente trabajan y sufren ciegamente por Dios. No le dan ningún valor a actuar con discernimiento, se preocupan poco por cómo asegurarse de que su servicio cumpla realmente la voluntad de Dios, y menos aún, son conscientes de cómo lograr conocer a Dios. El Dios al que sirven no es Dios en Su imagen original, sino un Dios envuelto en leyenda, un producto de su propia imaginación, un Dios del que han oído hablar o que han encontrado en escritos. Luego usan su fértil imaginación y su beatitud para sufrir por Dios y emprender la obra de Dios que Él quiere llevar a cabo. Su servicio es demasiado impreciso, tanto que prácticamente ninguno de ellos es realmente capaz de servir conforme a la voluntad de Dios. Independientemente de con cuánto gusto sufran, su perspectiva original sobre el servicio y la imagen mental que tienen de Dios siguen inalteradas, porque no han pasado por el juicio, el castigo, el refinamiento y el perfeccionamiento de Dios ni nadie los ha guiado haciendo uso de la verdad. Aun si creen en Jesús el Salvador, ninguno de ellos ha visto jamás al Salvador. Sólo lo conocen a través de leyendas y habladurías. En consecuencia, su servicio sólo equivale a servir aleatoriamente con los ojos cerrados, como un ciego que sirve a su padre. Al final, ¿qué puede lograrse con ese servicio? ¿Y quién lo aprobaría? De principio a fin, su servicio sigue siendo el mismo; sólo reciben lecciones creadas por el hombre y basan su servicio únicamente en su naturalidad y sus preferencias. ¿Qué recompensa podría traer esto? Ni siquiera Pedro, quien vio a Jesús, sabía cómo servir conforme a la voluntad de Dios; sólo llegó a saberlo al final, en su vejez. ¿Qué dice esto acerca de esos ciegos que no han experimentado el más mínimo trato o poda y que no han tenido a nadie que los guíe? ¿No es el servicio de muchos entre vosotros hoy como el de estas personas ciegas? Todos los que no han recibido juicio, poda o trato, y que no han cambiado, ¿acaso no han sido conquistados de forma incompleta? ¿De qué sirven tales personas? Si tu pensamiento, tu conocimiento de la vida y tu conocimiento de Dios no muestran un cambio y en verdad no obtienes nada, ¡entonces nunca conseguirás nada destacado en tu servicio!

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

626. Lo que habéis experimentado y visto excede a lo que experimentaron y vieron los santos y profetas de todas las eras, pero ¿sois capaces de dar un testimonio mayor que las palabras de estos santos y profetas de tiempos pasados? Lo que Yo os otorgo ahora excede a Moisés y eclipsa a David, así que, de la misma manera, Yo pido que vuestro testimonio exceda a Moisés y que vuestras palabras sean mayores que David. Os doy cien veces más, así que de igual manera os pido que vuestra retribución sea consecuente. Debéis saber que Yo soy quien otorga vida a la humanidad y sois vosotros los que recibís vida de Mí y debéis dar testimonio de Mí. Este es vuestro deber el cual envío sobre vosotros y el cual vosotros debéis hacer por Mí. Os he otorgado toda Mi gloria, os he otorgado la vida que el pueblo escogido, los israelitas, nunca recibió. Por derecho, debéis dar testimonio de Mí y dedicarme vuestra juventud y rendirme vuestra vida. A quien quiera que Yo le otorgue Mi gloria dará testimonio de Mí y dará su vida por Mí. Esto ha sido predestinado por Mí desde hace mucho. Es vuestra buena fortuna que Yo os otorgue Mi gloria y vuestro deber es testificar para Mi gloria. Si creyerais en Mí sólo para obtener bendiciones, entonces Mi obra tendría poca relevancia y no estaríais cumpliendo vuestro deber. Los israelitas sólo vieron Mi misericordia, amor y grandeza y los judíos sólo fueron testigos de Mi paciencia y redención. Sólo vieron muy muy poco de la obra de Mi Espíritu, hasta el punto que entendieron escasamente una diezmilésima parte de lo que habéis escuchado y visto. Lo que vosotros habéis visto excede incluso lo que los sumos sacerdotes vieron entre ellos. Las verdades que entendéis hoy sobrepasan las de ellos; lo que habéis visto hoy excede lo que se vio en la Era de la Ley, así como en la Era de la Gracia, y lo que habéis experimentado sobrepasa incluso lo de Moisés y Elías. Porque lo que los israelitas entendieron sólo fue la ley de Jehová y lo que vieron sólo fue la espalda de Jehová; lo que los judíos entendieron sólo fue la redención de Jesús, lo que recibieron sólo fue la gracia que Jesús les otorgó y lo que vieron sólo fue la imagen de Jesús dentro de la casa de los judíos. Lo que vosotros veis este día es la gloria de Jehová, la redención de Jesús y todas Mis acciones de hoy. Entonces tú también has oído las palabras de Mi Espíritu, apreciado Mi sabiduría y llegado a conocer Mis maravillas y aprendido sobre Mi carácter. También os he dicho todo Mi plan de gestión. Lo que habéis visto no es sólo a un Dios amoroso y misericordioso, sino un Dios lleno de justicia. Habéis visto Mi maravillosa obra y habéis sabido que reboso majestad e ira. Además, sabéis que una vez hice descender Mi furia rabiosa sobre la casa de Israel y que hoy, esta ha caído sobre vosotros. Entendéis más de Mis misterios en el cielo que Isaías y Juan; sabéis más de Mi belleza y honorabilidad que todos los santos de eras pasadas. Lo que habéis recibido no son solamente Mi verdad, Mi camino y Mi vida, sino una visión y una revelación mayores que las de Juan. Entendéis muchos más misterios y también habéis contemplado Mi auténtico rostro; habéis aceptado más de Mi juicio y conocido más de Mi carácter justo. Y así, aunque nacisteis en los últimos días, vuestro entendimiento es el de los antiguos y el del pasado; y también habéis experimentado las cosas de hoy, y todo esto lo hice Yo personalmente. Lo que Yo pido de vosotros no es excesivo, porque os he dado mucho y habéis visto mucho en Mí. Así, os pido que deis testimonio de Mí a los santos de eras pasadas, y este es el único deseo de Mi corazón.

Extracto de ‘¿Qué sabes de la fe?’ en “La Palabra manifestada en carne”

627. Lo que deseo ahora es tu lealtad y obediencia, tu amor y tu testimonio. Incluso si en este momento no sabes lo que es el testimonio o lo que es el amor, debes entregarme tu todo y entregarme los únicos tesoros que tienes: tu lealtad y tu obediencia. Debes saber esto, el testimonio de Mi derrota de Satanás se sitúa dentro de la lealtad y la obediencia del hombre, del mismo modo que lo hace Mi testimonio de Mi conquista completa del hombre. El deber de tu fe en Mí es dar testimonio de Mí, ser leal a Mí y a ningún otro, y ser obediente hasta el final. Antes de que Yo comience el siguiente paso de Mi obra, ¿cómo darás testimonio de Mí? ¿Cómo serás leal y obediente a Mí? ¿Dedicas toda tu lealtad a tu oficio o simplemente te rendirás? ¿Prefieres someterte a cada arreglo mío (aunque sea muerte o destrucción) o huir a medio camino para evitar Mi castigo? Te castigo para que des testimonio de Mí y seas leal y obediente a Mí. Es más, el castigo presente es para dar inicio al siguiente paso de Mi obra y permitir que esta progrese sin obstáculos. Por lo tanto, te exhorto a que seas sabio y a que no trates tu vida o la importancia de tu existencia como arena sin ningún valor. ¿Puedes saber exactamente cuál será Mi obra por venir? ¿Sabes cómo voy a obrar en los días por venir y cómo Mi obra se desarrollará? Debes saber la relevancia de tu experiencia de Mi obra y, además, la relevancia de tu fe en Mí. He hecho tanto; ¿cómo podría rendirme a medio camino, como tú lo imaginas? He hecho una obra tan extensa; ¿cómo podría destruirla? En efecto, he venido para dar fin a esta era. Esto es cierto, pero además debes saber que voy a comenzar una nueva era, a comenzar una nueva obra y, sobre todo, a esparcir el evangelio del reino. Así que debes saber que la obra presente es sólo para comenzar una era y poner el fundamento para difundir el evangelio en el futuro y poner fin a la era en el futuro. Mi obra no es tan sencilla como piensas, ni es tan inútil y sin sentido como crees. Por lo tanto, todavía debo decirte: debes dar tu vida a Mi obra y, más aún, te tienes que dedicar a Mi gloria. Hace mucho que he anhelado que des testimonio de Mí e incluso aún más he anhelado que esparzas Mi evangelio. Debes entender lo que hay en Mi corazón.

Extracto de ‘¿Qué sabes de la fe?’ en “La Palabra manifestada en carne”

628. Aunque vuestra fe es muy sincera, ninguno de vosotros es capaz de hacer un relato completo sobre Mí, ninguno puede dar un testimonio completo de todos los hechos que veis. Pensad en ello; hoy, la mayoría de vosotros sois negligentes en vuestras obligaciones, en su lugar buscáis la carne, la saciáis y disfrutáis de ella con avidez. Poseéis poca verdad. ¿Cómo podéis entonces dar testimonio de todo lo que habéis visto? ¿Confiáis realmente en que podéis ser Mis testigos? Si llega un día en el que eres incapaz de dar testimonio a todos de lo que has visto hoy, entonces habrás perdido la función de los seres creados, y no habrá ningún sentido en absoluto en tu existencia. Serás indigno de ser un humano. ¡Se podría decir incluso que no serás humano! He hecho incalculable obra en vosotros, pero debido a que actualmente no estas aprendiendo nada, no eres consciente de nada y no eres efectivo en tus labores, cuando sea el momento de que Yo expanda Mi obra, te limitarás a quedarte mirando inexpresivo, con la lengua trabada y totalmente inútil. ¿Acaso no hará eso de ti un pecador para todos los tiempos? Cuando llegue ese momento, ¿no sentirás el arrepentimiento más profundo? ¿No te hundirás en el abatimiento? No estoy haciendo toda esta obra ahora por ociosidad y aburrimiento, sino para sentar las bases para Mi obra futura. No se trata de que Yo esté en un punto muerto y necesite inventarme algo nuevo. Debes entender la obra que llevo a cabo; esto no es un juego de niños, sino una obra hecha en representación de Mi Padre. Debéis saber que no soy Yo quien hace todo esto por Mí mismo, en su lugar represento a Mi Padre. Entretanto, vuestro papel es estrictamente seguir, obedecer, cambiar y testificar. Lo que debéis entender es por qué debéis creer en Mí; esta es la pregunta más importante que cada uno de vosotros debe entender. Mi Padre, por el bien de Su gloria, os predestinó a todos vosotros para Mí desde el momento en que creó el mundo. No fue para otra cosa que por el bien de Mi obra y por el bien de Su gloria que Él os predestinó. Es por causa de Mi Padre que creéis en Mí; es por causa de la predestinación de Mi Padre que me seguís. Nada de esto es decisión vuestra. Es más importante aún que entendáis que sois aquellos que Mi Padre me ha concedido con el propósito de que deis testimonio de Mí. Como Él os entregó a Mí, debéis respetar permanecer en los caminos que os concedo, así como los caminos y las palabras que os enseño, porque es vuestra obligación respetar Mis caminos. Este es el propósito original de vuestra fe en Mí. Por tanto, os digo esto: sois simplemente personas que Mi Padre me concedió para que respetasen Mis caminos. Sin embargo, sólo creéis en Mí; no sois de Mí porque no sois de la familia israelita, y más bien sois de la calaña de la serpiente antigua. Todo lo que os estoy pidiendo es que deis testimonio de Mí, pero hoy debéis andar por Mis caminos. Todo esto es en aras del testimonio futuro. Si sólo funcionáis como personas que escuchan Mis caminos, entonces no tendréis ningún valor y el sentido de que Mi Padre os entregara a Mí se perderá. Lo que insisto en deciros es esto: debéis andar por Mis caminos.

Extracto de ‘¿Cuál es tu entendimiento de Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

629. ¿Puedes comunicar el carácter expresado por Dios en cada era de una manera concreta, en un lenguaje que trasmita adecuadamente el significado de dicha era? ¿Puedes tú, que experimentas la obra de Dios de los últimos días, describir en detalle el justo carácter de Dios? ¿Puedes dar testimonio del carácter de Dios de manera precisa y claramente? ¿Cómo transmitirás lo que has visto y experimentado a esos creyentes religiosos patéticos, pobres y devotos, hambrientos y sedientos de justicia, y que están esperando a que tú los pastorees? ¿Qué tipo de personas están esperando a que tú las pastorees? ¿Puedes imaginarlo? ¿Eres consciente de la carga que llevas a cuestas, tu comisión, y tu responsabilidad? ¿Dónde está tu sentido de la misión histórica? ¿Cómo servirás adecuadamente como un señor en la próxima era? ¿Tienes un fuerte sentido de señorío? ¿Cómo explicarías el señor de todas las cosas? ¿Es realmente el señor de todas las criaturas vivientes y todas las cosas físicas del mundo? ¿Qué planes tienes para el progreso de la siguiente fase de la obra? ¿Cuántas personas están esperando a que seas su pastor? ¿Es pesada tu tarea? Son pobres, patéticos, ciegos, están confundidos, lamentándose en las tinieblas: “¿dónde está el camino?”. Cómo anhelan que la luz, como una estrella fugaz, descienda repentinamente y disperse las fuerzas de la oscuridad que han oprimido a los hombres durante tantos años. ¿Quién puede conocer el alcance completo de la ansiedad con la esperan, y cómo anhelan día y noche por esto? Incluso cuando la luz les pase por delante, estas personas que sufren profundamente permanecen encarceladas en una mazmorra oscura, sin esperanza de liberación; ¿cuándo dejarán de llorar? Es terrible la desgracia de estos espíritus frágiles que nunca han tenido reposo están sufriendo verdaderamente tal desgracia. Han estado mucho tiempo sellados por cuerdas despiadadas y han permanecido atrapados en esta situación por tanto tiempo a causa de cadenas despiadadas y la historia congelada. ¿Y quién ha oído los sonidos de sus gemidos? ¿Quién ha contemplado sus rostros miserables? ¿Has pensado alguna vez cuán afligido e inquieto está el corazón de Dios? ¿Cómo puede soportar Él ver a la humanidad inocente, que creó con Sus propias manos, sufriendo tal tormento? Después de todo, los seres humanos son las víctimas que han sido envenenadas. Y aunque han sobrevivido hasta hoy, ¿quién habría pensado que el maligno ha envenenado a la humanidad hace mucho? ¿Has olvidado que eres una de las víctimas? ¿No estás dispuesto a esforzarte por salvar a estos superviviendo por tu amor por Dios? ¿No estás dispuesto a dedicar todas tus fuerzas para retribuir a Dios, que ama a la humanidad como a Su propia carne y sangre? A fin de cuentas, ¿cómo interpretarías el ser usado por Dios para vivir tu vida extraordinaria? ¿Tienes realmente la determinación y la confianza para vivir la vida llena de sentido de una persona piadosa y que sirve a Dios?

de ‘¿Cómo deberías ocuparte de tu misión futura?’ en “La Palabra manifestada en carne”

630. Dar testimonio de Dios es cuestión, principalmente, de hablar de tu conocimiento de la obra de Dios, de cómo Dios conquista a la gente, de cómo la salva, de cómo la transforma; es cuestión de hablar de cómo guía a la gente para que entre en la realidad de la verdad al permitirle ser conquistada, perfeccionada y salvada por Él. Dar testimonio implica hablar de Su obra y de todo lo que has experimentado. Únicamente Su obra puede representarlo y revelarlo públicamente en Su totalidad; Su obra da testimonio de Él. Su obra y declaraciones, representan directamente al Espíritu. La obra que realiza es llevada a cabo por el Espíritu y Sus palabras son pronunciadas por el Espíritu. Estas cosas se expresan exclusivamente por medio de la encarnación de Dios, pero en realidad son expresión del Espíritu. Toda la obra que lleva a cabo y todas las palabras que expresa representan Su esencia. Si, tras revestirse de carne y venir entre los hombres, Dios no hablara ni obrara y os pidiese que conocieseis Su autenticidad, normalidad y omnipotencia, ¿tú las conocerías? ¿Sabrías cuál es la esencia del Espíritu? ¿Sabrías cuáles son los atributos de Su carne? Dado que solo habéis experimentado todos los pasos de Su obra, os pide que deis testimonio de Él. Si no tuvierais dicha experiencia, no insistiría en que dierais testimonio. Por lo tanto, cuando das testimonio de Dios, no solo lo das de Su exterior, con una humanidad normal, sino también de la obra que Él realiza y de la senda que lidera; debes dar testimonio de cómo te ha conquistado y de los aspectos en que te ha perfeccionado. Este es el tipo de testimonio que has de dar.

Extracto de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

631. Cuando deis testimonio de Dios, principalmente debéis hablar más de cómo Él juzga y castiga a las personas, de las pruebas que utiliza para refinar a los seres humanos y cambiar su carácter. También debéis hablar de cuánta corrupción se ha revelado en vuestra experiencia, de cuánto habéis soportado y cómo Dios os conquistó finalmente; de cuánto conocimiento real de la obra de Dios tenéis y de cómo debéis dar testimonio de Dios y retribuirle Su amor. Debéis poner sustancia en este tipo de lenguaje, al tiempo que lo expresáis de una manera sencilla. No habléis sobre teorías vacías. Hablad de una manera más práctica; hablad desde el corazón. Esta es la manera en la que debéis experimentar. No os equipéis con teorías vacías aparentemente profundas en un esfuerzo por alardear; hacerlo de esa manera hace que parezcáis arrogantes y absurdos. Debéis hablar más de cosas reales desde vuestra experiencia auténtica, que sean reales y que provengan del corazón; esto es lo más beneficioso para los demás y es lo más apropiado de ver. Solíais ser las personas que más se oponían a Dios y los menos propensos a someterse a Él, pero ahora habéis sido conquistados: jamás lo olvidéis. Debéis considerar y pensar sobre estos asuntos. Una vez que la gente haya comprendido esto claramente, sabrán cómo dar testimonio; de lo contrario, correrán el riesgo de cometer actos vergonzosos y absurdos.

Extracto de ‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

632. Paso a paso has experimentado el castigo, el juicio, la refinación, las pruebas, los contratiempos y las tribulaciones y has sido conquistado; has dejado de lado las expectativas carnales, tus motivaciones personales y los intereses íntimos de la carne. Es decir, las palabras de Dios han conquistado tu corazón por completo. Aunque no hayas madurado en la vida tanto como Él exige, sabes todas estas cosas y lo que Él hace te convence del todo. Por lo tanto, esto puede denominarse testimonio, testimonio real y verdadero. La obra que Dios ha venido a realizar, la obra de juicio y castigo, está destinada a conquistar al hombre, pero Él también va a concluir Su obra, va a poner fin a la era y a llevar a cabo la labor de conclusión. Va a poner fin a la era entera salvando a toda la humanidad, liberándola del pecado de una vez por todas; va a conquistar íntegramente a la humanidad que creó. Tú debes dar testimonio de todo esto. Has experimentado en gran medida la obra de Dios, la has visto con tus propios ojos y la has experimentado personalmente; cuando hayas llegado al final, no debes ser incapaz de desempeñar la función que te corresponde. ¡Sería una lástima! En el futuro, cuando se propague el evangelio, deberías poder hablar de tu conocimiento, dar testimonio de todo lo que tu corazón ha aprendido y no escatimar esfuerzos. Esto es lo que debería lograr un ser creado. ¿Cuál es la verdadera relevancia de esta etapa de la obra de Dios? ¿Qué efecto produce? ¿Y cuánto de esto se lleva a cabo en el hombre? ¿Qué debe hacer la gente? Cuando sepáis hablar con claridad de toda la obra que Dios encarnado ha realizado desde que vino a la tierra, vuestro testimonio estará completo. Demostrarás tu capacidad de dar testimonio de Dios, que tienes auténtico conocimiento, cuando sepas hablar con claridad de estas cinco cosas: la relevancia de Su obra, su contenido, su esencia, el carácter que representa y sus principios. Mis exigencias para con vosotros no son excesivas y están al alcance de todos aquellos que buscan de verdad. Si estás decidido a ser testigo de Dios, debes entender lo que Dios detesta y lo que ama. Has experimentado gran parte de Su obra, por medio de la cual debes llegar a conocer Su carácter, comprender Su voluntad y Sus exigencias a la humanidad y, con estos conocimientos, dar testimonio de Él y cumplir con tu deber.

Extracto de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

633. Para poder dar testimonio de la obra de Dios debes confiar en tu experiencia, en tu conocimiento y en el precio que has pagado. Solo así puedes satisfacer Su voluntad. ¿Eres alguien que da testimonio de la obra de Dios? ¿Tienes esta determinación? Si eres capaz de dar testimonio de Su nombre, e incluso de Su obra, y si puedes vivir la imagen que Él exige de Su pueblo, eres un testigo para Dios. ¿Cómo das realmente testimonio para Dios? Lo haces al buscar y anhelar vivir las palabras de Dios, y al dar testimonio con tus palabras, permitir que las personas conozcan Su obra y vean Sus acciones. Si de verdad procuras todo esto, entonces Dios te perfeccionará. Si todo lo que buscas es que Dios te perfeccione y que te bendiga al final, entonces la perspectiva de tu fe en Dios no es pura. Debes estar buscando cómo ver las obras de Dios en la vida real, cómo complacerlo cuando Él manifieste Su voluntad en ti y debes buscar cómo debes dar testimonio de lo maravilloso que Él es y de Su sabiduría, y cómo dar testimonio de cómo Él te disciplina y te trata. Todas estas son cosas que debes estar tratando de comprender ahora. Si tu amor por Dios es sólo para que puedas compartir la gloria de Dios después de que Él te perfeccione, todavía no es suficiente para alcanzar las exigencias de Dios. Necesitas poder dar testimonio de la obra de Dios, satisfacer Sus demandas y experimentar la obra que Él ha hecho en las personas de una manera práctica. Trátese de dolor, lágrimas o tristeza, debes experimentar todas estas cosas en tu práctica. Tienen como objetivo perfeccionarte como alguien que da testimonio de Dios.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

634. Los que tienen la verdad son aquellos que, en su experiencia real, saben mantenerse firmes en su testimonio, mantenerse firmes en su posición, permanecer del lado de Dios sin retroceder jamás y tener una relación adecuada con las personas que aman a Dios, las cuales, ante lo que les sucede, son capaces de obedecer totalmente a Dios y obedecerlo hasta la muerte. Tu práctica y tus revelaciones en la vida real son testimonio de Dios, lo que vive el hombre y testimonio de Dios, y este es el auténtico goce del amor de Dios; a estas alturas de tu experiencia habrás obtenido las consecuencias correspondientes. Tienes una vida real y los demás admiran cada uno de tus actos. Tu vestimenta y apariencia externa son corrientes, pero vives con suma devoción y, cuando transmites las palabras de Dios, Él te guía y da esclarecimiento. Sabes expresar la voluntad de Dios con tus palabras y transmitir la realidad, y entiendes bien el servicio en espíritu. Eres sincero en tu discurso, digno y recto, nada conflictivo, decoroso, capaz de obedecer las disposiciones de Dios y de mantenerte firme en el testimonio ante lo que te suceda, y estás sereno frente a lo que sea. Este tipo de persona ha comprobado de verdad el amor de Dios. Algunas personas son todavía jóvenes, pero se comportan como las de mediana edad; son maduras, poseen la verdad y son admiradas por los demás: son las personas que tienen el testimonio y son manifestación de Dios.

Extracto de ‘Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”

635. Hoy puedes buscar ser perfeccionado o buscar cambios en tu humanidad externa y mejoras en tu calibre; pero es de principal importancia que puedas entender que todo lo que Dios hace hoy tiene significado y es beneficioso: te permite a ti, que naciste en una tierra de inmundicia, escapar de ella y sacudírtela, te permite superar la influencia de Satanás, y dejar atrás su oscura influencia centrándote en estas cosas estás protegido en esta tierra de inmundicia. En última instancia, ¿qué testimonio se te pedirá que des? Vives en una tierra de inmundicia, pero eres capaz de volverte santo, para no volver a ser manchado por la inmundicia, para vivir bajo el campo de acción de Satanás, pero despojarte de su influencia; para que Satanás no te posea ni te hostigue y para que vivas en las manos del Todopoderoso. Este es el testimonio y la prueba de la victoria en la batalla con Satanás. Eres capaz de abandonar a Satanás: ya no revelas caracteres satánicos en lo que manifiestas; por el contrario, vives lo que Dios exigió que el hombre lograra cuando lo creó: humanidad normal, razón normal, entendimiento normal, determinación normal de amar a Dios y lealtad a Él. Tal es el testimonio dado por una criatura de Dios. Dices: “Nacimos en una tierra de inmundicia, pero gracias a la protección de Dios, a Su liderazgo, a que nos ha conquistado, nos hemos librado de la influencia de Satanás. Que podamos obedecer hoy es también el efecto de ser conquistados por Dios, y no porque seamos buenos, o porque le amamos de forma natural. Porque Él nos escogió y nos predestinó, hemos sido conquistados hoy, somos capaces de dar testimonio de Él, y podemos servirle; así también, gracias a que Él nos escogió y nos protegió, hemos sido salvados y liberados del campo de acción de Satanás, y podemos dejar atrás la inmundicia y ser purificados en la nación del gran dragón rojo”.

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

636. Si eres alguien que busca ser perfeccionado, entonces habrás dado testimonio, y dirás: “En esta obra paso a paso de Dios, he aceptado la obra de Dios del castigo y el juicio, y aunque he soportado gran sufrimiento, he llegado a conocer cómo Dios perfecciona al hombre, he obtenido la obra que Dios hace, he adquirido el conocimiento de la justicia de Dios, y Su castigo me ha salvado. Su carácter justo ha venido sobre mí y me ha traído bendiciones y gracia; es Su juicio y castigo lo que me ha protegido y purificado. Si Dios no me hubiera castigado y juzgado, y si las palabras duras de Dios no hubieran venido sobre mí, no hubiera llegado a conocer a Dios ni tampoco hubiera sido salvado. Hoy veo que, como criatura, no solo uno se goza de todas las cosas que el Creador hizo, sino que, lo más importante, todas las criaturas deben gozar el justo carácter de Dios, y Su justo juicio, porque el carácter de Dios es digno de que el hombre lo goce. Como una criatura a la que Satanás ha corrompido, uno debe gozar el justo carácter de Dios. En Su justo carácter hay castigo y juicio y, lo que es más, hay mucho amor. Aunque soy incapaz de obtener completamente el amor de Dios hoy, he tenido la buena fortuna de verlo, y en esto he sido bendecido”. Esta es la senda que caminan los que experimentan ser perfeccionados, y este es el conocimiento del que hablan. Tales personas son las mismas que Pedro; tienen las mismas experiencias que Pedro. Tales personas son también las que han ganado la vida, y las que poseen la verdad. Cuando experimentan hasta el final, durante el juicio de Dios seguramente se liberarán por completo de la influencia de Satanás, y Dios las ganará.

Extracto de ‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”

637. Hoy deberías saber cómo ser conquistado, y cómo se comportan las personas después de haberlo sido. Puedes decir que has sido conquistado, pero ¿puedes obedecer hasta la muerte? Debes ser capaz de seguir hasta el mismo final independientemente de si hay algunas perspectivas, y no debes perder la fe en Dios independientemente del entorno. En última instancia, debes lograr dos aspectos del testimonio: el testimonio de Job —la obediencia hasta la muerte— y el testimonio de Pedro —el amor supremo a Dios—. Por un lado, debes ser como Job: él perdió todas sus posesiones materiales y estaba agobiado por el dolor de la carne, pero no abandonó el nombre de Jehová. Este fue el testimonio de Job. Pedro fue capaz de amar a Dios hasta la muerte. Cuando fue crucificado y enfrentó la muerte, siguió amando a Dios; no pensó en sus propias perspectivas ni tuvo esperanzas hermosas o pensamientos extravagantes, y sólo buscó amar a Dios y obedecer todas Sus disposiciones. Así es el estándar que debes lograr antes de que se pueda considerar que has dado testimonio, antes de pasar a ser alguien que ha sido perfeccionado tras haber sido conquistado.

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

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