La tormenta del divorcio se apaciguó

Por Lu Xi, Japón

En 2015 empecé a creer en Dios Todopoderoso a través de un amigo mío. Tras recibir la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, devoré con avidez la palabra de Dios, gracias a la cual llegué a comprender muchos misterios de la verdad que anteriormente no conocía; por ejemplo, que la obra de Dios de salvar a la humanidad se divide en tres etapas, cómo Dios lleva a cabo Su obra en cada etapa, la relación entre las tres etapas de la obra, qué es la encarnación y por qué Dios debe hacerse carne. Esto me dejó aún más claro que Dios Todopoderoso es el retorno del Señor Jesús. Con la guía de las palabras de Dios ya no pasaba el tiempo mirando la televisión como antes, y mi esposo me dijo: “Tu fe en Dios te ha puesto a leer, que es mejor que mirar telenovelas coreanas a diario. Me alegro mucho”. Aunque mi marido no iba a asambleas, siempre había creído que había un Dios, pues su madre era creyente, y también apoyaba mi fe en Dios. Normalmente, cada vez que recibía esclarecimiento de la palabra de Dios, lo compartía con mi esposo y a él también le parecía bien tener fe. Más adelante, mi marido sintió curiosidad sobre por qué yo siempre mentaba a “Dios Todopoderoso” si su madre creía en el Señor Jesús, por lo que entró en internet a informarse sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso. Sin embargo, de manera inesperada, lo que vio fue que internet estaba llena de rumores, falsos testimonios y blasfemias contra Dios Todopoderoso. Esto lo envenenó profundamente y comenzó a oponerse a mi fe en Dios Todopoderoso. Como yo había leído la palabra de Dios Todopoderoso y escuchado las enseñanzas y testimonios de los hermanos y hermanas, en el fondo ya estaba segura de que Dios Todopoderoso es el único Dios verdadero y sabía que esas cosas de internet solo eran rumores y mentiras para engañar a la gente. Sin embargo, mi esposo se vio embaucado por los rumores y no entendía la realidad de la situación: por más que tratara de convencerlo y de darle testimonio de la obra de Dios en los últimos días, no me escuchaba.

Pasado un tiempo, y con ayuda de la hermana Yinghe, que en reiteradas ocasiones compartía enseñanzas y testimonios con él, al final mi marido aceptó a regañadientes estudiar la obra de Dios en los últimos días. No obstante, mi esposo estaba influido por su madre y era relativamente conservador en cuanto a la Biblia, por lo que, para resolver este problema, unas hermanas me recomendaron que mirara con él la película evangélica Revelar el misterio de la Biblia. Sin embargo, no se la mostré, sino que, por propia iniciativa, le hice mirar la película Libres de la trampa, que revela cómo el Gobierno del PCCh y los anticristos del mundo religioso se oponen a la obra de Dios. Tras ver nada más que una parte de la película, me dijo: “El PCCh es un gobierno ateo y China, un país ateo que siempre ha perseguido a los creyentes en la religión. El Gobierno del PCCh reprime la Iglesia de Dios Todopoderoso y nosotros simplemente somos David contra Goliat. ¿Y si volviéramos a China y nos detuvieran? Además, en internet se dice de todo y no sé qué es cierto o falso. Sigo pensando que no deberías creer en esto”. Insté a mi esposo a que terminara de mirar la película y luego decidiera, pero no lo hizo. Viendo que me empeñaba en mantener mi fe, una vez se abalanzó sobre mí con ira, diciendo: “Si te empeñas en creer, pues cree; si quieres que te detengan, pues que te detengan. ¡Pero si te detienen, no digas que soy tu marido! ¿No sabes que ahora mismo estoy bajo mucha presión? Si no creo, temo que este sea el verdadero Dios; pero si creo, están todas esas cosas en internet, aparte de que correría peligro de ser detenido. Entonces, realmente, ¿a quién hago caso?”. En vista del sufrimiento de mi marido al limitarse a esos rumores de internet, me di cuenta de lo perjudiciales que son, en efecto, los rumores y falsos testimonios del PCCh. No solo dificultan que el pueblo acepte el camino verdadero, sino que, además, destruyen las relaciones familiares. Al parecer, los que inventan rumores y dan falso testimonio son la prole de Satanás, el diablo. ¡Así como suena!

Un día, mi esposo llegó a casa de trabajar y me encontró reunida. Se le cambió la cara inmediatamente, abrió la puerta de par en par y se marchó. Se pasó la hora de cenar y aún no había regresado; no pude evitar empezar a preocuparme. Aún enojado, acabó volviendo a casa a las ocho. Tenía previsto prepararle la cena, pero me dijo con frialdad: “¡No te molestes! Como no me escuchas y sigues manteniendo tu fe, a partir de ahora no te metas en mis asuntos. De ahora en adelante solo me encargaré de nuestros gastos básicos, ¡y lo que haga fuera de esta casa no es asunto tuyo! Incluso si hago algo que pueda defraudar a esta familia, ¡no es de tu incumbencia!”. Al oír hablar así a mi marido, cuanto más lo pensaba, más me acongojaba. Aquella noche di vueltas en la cama sin poder dormirme y orando constantemente a Dios en mi interior: “¡Oh, Dios! A mi esposo lo han embaucado los rumores y está tratando de reprimir mi fe en Ti y diciendo cosas crueles. ¿Qué hago? ¡Por favor, muéstrame el camino! No quiero apartarme de Ti”. A la mañana siguiente, de pronto recordé unas palabras de Dios de las que habíamos hablado en una reunión: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre las personas, como nacidas de disposiciones humanas, o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra, y todo lo que acontece, es una apuesta hecha por Satanás delante de Dios, y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de la escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres, y la interferencia de estos. Detrás de cada paso que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. […] Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? ¿Y cómo deberías mantenerte firme en tu testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y el momento en que Dios necesita que des testimonio” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). El esclarecimiento de la palabra de Dios me despertó en cierta medida: en aquella época siempre había puesto la mirada en mi esposo y tenido la sensación de que había tantos fraudes y estafas en el mundo actual que las mentiras y los engaños abundaban por doquier, especialmente todas las mentiras y declaraciones falsas de los medios de comunicación del PCCh. Pensé que cualquiera con un poco de cabeza podría planteárselo durante un segundo para darse cuenta de que todas estas palabras en internet dedicadas a atacar, juzgar y condenar a Dios Todopoderoso son mentiras y tonterías, que no hay que dejarse embaucar y confundir por ellas. Por desgracia, sin embargo, mi marido se creyó los rumores que conoció en internet y a mí, la verdad, me parecía que no debería habérselos creído. En ese momento ya no podía buscar la causa fundamental fuera de mí misma. Dios me estaba probando de ese modo para evaluar si mi fe en Él era verdadera o no, para ver si era capaz de aguantar en el camino verdadero mientras me atacaba Satanás y para comprobar si sabía dar testimonio de Dios en medio de esa prueba. Cuando comprendí la voluntad de Dios, se disipó la bruma que había rodeado mi corazón y mi mente y se me iluminó un poco el corazón.

Al día siguiente, mientras desayunábamos, mi esposo seguía con gesto severo y sin hablarme, pero, guiada por las palabras de Dios, yo no estaba tan preocupada ni asustada como el día anterior. Le dije tranquilamente: “Creo en Dios y nunca he hecho nada para defraudar a esta familia. Si tú quieres hacerlo, es nada más que porque quieres ser un degenerado, no por mi fe en Dios”. Al oírme, mi marido adoptó un tono más suave y respondió: “¿Acaso no dije esas cosas únicamente porque no me escuchabas y continuabas empeñada en mantener tu fe?”. Luego no dijo nada más y se pasó la tormenta. ¡Gracias a Dios! ¡Fueron las palabras de Dios las que me dieron la fortaleza para vencer las tentaciones de Satanás!

No obstante, lo bueno no dura para siempre. Un mes después, mi marido entró en internet a leer aquellos rumores otra vez. Un día, cuando llegó a casa de trabajar, me encontró sentada delante de la computadora y se puso a gritarme: “¡Creo que te has vuelto loca! Le he estado dando vueltas: o renuncias inmediatamente a tu fe o tendremos que divorciarnos. También he pensado en el tema de nuestras dos hijas; puedes llevártelas a ambas, pero supongo que no podrás permanecer en Japón, ¡así que llévatelas de vuelta a Shanghái! Te daré nuestro apartamento de Shanghái y cada mes también te daré 100 000 yenes de manutención de menores. Y si no quieres a las niñas, pues bien también, ¡lo que tú decidas! Hasta he mirado los trámites de divorcio. Lo único que tenemos que hacer es ir a la oficina del distrito y firmar ambos un acuerdo de divorcio, ¡así que dime cuál es tu postura!”. Tras oírle decir todo aquello, me palpitaba el corazón y sentía un zumbido en la cabeza. Simplemente me quedé ahí sentada sin poder decir nada y hasta me olvidé de orar a Dios. Lo único en lo que podía pensar era que, si nos divorciábamos, ¿qué pasaría con las niñas? Podrían venir conmigo, ¡pero no tenía medios económicos! ¡Si no venían conmigo, sería una lástima que no tuvieran madre! Y luego estaban mis padres, amigos y demás parientes: ¿qué pensarían de mí? Al principio, estar en el extranjero era fabuloso, pero si nos divorciábamos, ¿cómo podrían mantener mis padres la cabeza bien alta delante de los demás...? Por eso no le di una respuesta a mi esposo; solamente le dije que tenía que pensarlo. Me fui a mi habitación y me puse a llorar amargamente. Cuanto más pensaba en mi vida después del divorcio, mayor era mi dolor. No dormí en toda la noche y mis lágrimas empaparon la funda de la almohada. Al día siguiente, mi marido se marchó a trabajar sin decir ni una palabra y fue entonces cuando me presenté ante Dios en oración para pedirle más fortaleza para poder vencer la debilidad de la carne. Como vivía sumida en el sufrimiento y sin saber qué hacer, les conté a algunos hermanos y hermanas lo que había sucedido. Todos ellos me animaron y consolaron afirmando que estaba experimentando una de las tentaciones de Satanás, y me ayudaron a aprender a confiar en Dios. Me dijeron que no podía perder la fe ni malinterpretar a Dios. También compartieron conmigo las experiencias y los testimonios de otros hermanos y hermanas y me enseñaron que Dios es el único que salva a la humanidad y Satanás el que nos aflige, nos hace sufrir y destruye nuestra relación con otras personas. Además, me leyeron un pasaje de la palabra de Dios Todopoderoso: “Cuando las personas tienen que ser salvas aún, Satanás interfiere a menudo en sus vidas y hasta las controla. En otras palabras, los que no son salvos son sus prisioneros, no tienen libertad; él no ha renunciado a ellos, no son aptos ni tienen derecho de adorar a Dios, y Satanás los persigue de cerca y los ataca despiadadamente. Esas personas no tienen felicidad ni derecho a una existencia normal, ni dignidad de los que hablar. Sólo serás salvo y libre si te levantas y luchas contra él, usando tu fe en Dios, tu obediencia a Él y tu temor de Él como armas para librar una batalla a vida o muerte contra él, y lo derrotas por completo, haciéndole huir con el rabo entre las patas, acobardado cada vez que te vea, y abandonando completamente sus ataques y sus acusaciones contra ti” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios hizo que me diera cuenta de que, cada vez que no practicaba mi fe en Dios, vivía exclusivamente en el campo de acción de Satanás, de quien era esclava y juguete. Cuando recibí la fe, salí del campo de Satanás y regresé ante la presencia de Dios; como abandoné a Satanás, este no quería que lo derrotara, por lo que utilizó a mi esposo para atacar mis puntos débiles. Utilizó el divorcio para obligarme a traicionar a Dios y regresar a su campo de acción. Este era el auténtico ardid de Satanás. Me preocupaba qué hacer con las niñas tras el divorcio, cómo me mirarían en mi pueblo y cómo iban a poder mantener mis padres la cabeza bien alta ante los vecinos. Todos estos pensamientos provenían de las perturbaciones de Satanás y, si me controlaban, me controlaría Satanás, lo que tarde o temprano me llevaría a distanciarme de Dios, incluso a negarlo, y a volver nuevamente al campo de acción de Satanás. Mi fe y mi adoración al Creador son cosas totalmente positivas, la ley del cielo y el principio de la tierra, y ningún hombre tiene el derecho de interferir en ello, pero Satanás intenta de todo con el fin de controlarme, de presionarme para que traicione a Dios. En verdad, ¡qué despreciable y odioso es Satanás! En ese momento supe que carecía de la fe necesaria para afrontar las tentaciones de Satanás yo sola, pero estaba dispuesta a confiar en Dios y en la guía de Su palabra para emprender la senda que tenía por delante y estaba decidida a permanecer junto a Dios y a dar testimonio de Él; de ninguna manera iba a ceder ante Satanás. Cuando lo pensé, mi corazón intranquilo por fin encontró un poco de seguridad y mi sufrimiento se calmó.

Más adelante, algunos hermanos y hermanas volvieron a compartir conmigo la palabra de Dios: “Sin el permiso divino, le resulta difícil incluso tocar una gota de agua o un grano de arena sobre la tierra; ni siquiera es libre para mover a las hormigas sobre la tierra, y mucho menos a la humanidad creada por Dios. A los ojos de Dios, Satanás es inferior a los lirios del campo, a las aves que vuelan en el aire, a los peces del mar y a los gusanos de la tierra. Su papel, entre todas las cosas, es servirlas, trabajar para la humanidad, y servir a la obra de Dios y Su plan de gestión. Independientemente de lo maligna que es su naturaleza y lo malvado de su sustancia, lo único que puede hacer es respetar sumisamente su función: estar al servicio de Dios, y proveer un contraste para Él. Tales son la esencia y la posición de Satanás. Su sustancia está desconectada de la vida, del poder, de la autoridad; ¡es un simple juguete en las manos de Dios, tan sólo una máquina a Su servicio!” (‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Con la palabra de Dios comprendí que la autoridad de Dios es suprema, que Dios controla los cielos, la tierra y todas las cosas y que las nuestras están en Sus manos. Mi divorcio y mi familia también están en manos de Dios, sin cuyo permiso no hay nada que Satanás pueda hacer. Que me divorciara o no dependía de la soberanía y predestinación de Dios; no era mi esposo quien tenía la última palabra, por lo que estaba dispuesta a someterme a la soberanía y los designios de Dios. Pensé en los incrédulos que se divorcian: unos lo hacen por dinero, otros porque su pareja tiene una aventura y otros porque, sencillamente, su relación se rompe… Mi marido quería divorciarse de mí porque decidí creer en Dios, tomar la senda correcta en la vida, buscar la verdad y vivir con sentido. ¡Esto es un honor, no una vergüenza! Justo entonces me vinieron a la cabeza estas palabras de Dios: “La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar sin preocupación. Si el hombre tiene pensamientos asustadizos y de temor, está siendo engañado por Satanás. Él teme que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás diseña todos los medios posibles para enviarnos sus pensamientos; siempre debemos orar para que la luz de Dios brille sobre nosotros, y siempre debemos confiar en Dios para purificarnos del veneno de Satanás. Siempre debemos practicar en nuestros espíritus el acercarnos a Dios. Debemos permitir que Dios domine todo nuestro ser” (‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Una vez más, las palabras de Dios me dieron fe y fortaleza, una senda que seguir y el valor para hacer frente a mi marido. Exacto, lo único que podía hacer era dejar de lado la prudencia. Independientemente de lo que me deparara mi futura senda, ¡era imposible que me equivocara por emprender la senda de la fe!

Cuando mi esposo volvió a casa aquella noche, lisa y llanamente, le dije: “No quieres que crea en Dios Todopoderoso, pero eso es imposible para mí. Si quieres el divorcio, ¡lo haremos a tu manera!”. Mi marido se quedó algo estupefacto al oírme y, sin más opción, me contestó: “¡Por lo que parece, ya no te controlo! Hay de todo en internet; si no te controlo y algún día te pasa algo, yo seré el responsable. Solo estoy utilizando este divorcio como una forma de amenazarte, pero sigues sin renunciar a tu fe en Dios. Si te pasa algo a consecuencia de tu fe, tu madre se enterará, así que no me culpes a mí”. A partir de entonces ya no le preocupó mi fe en Dios; nuestra relación se recuperó milagrosamente y no habló más del divorcio. Así se apaciguó la tormenta del divorcio provocada por los rumores del PCCh.

En una ocasión posterior, mi hija pequeña y yo nos resfriamos. A esa hora caía una lluvia ligera, pero mi hija mayor tenía que ir a ensayar, así que no me quedó más remedio que llevarla totalmente agotada y con la pequeña. Cuando se enteró mi marido, me dijo: “Hoy has trabajado mucho. Lu Xi, últimamente te noto cambiada. Estás más cariñosa con las niñas y muy activa”. Al oír estas palabras de mi esposo, dentro de mí di gracias a Dios Todopoderoso porque sabía que eran Sus palabras las que me habían transformado. Con las palabras de Dios como base, tengo un rumbo en la vida y sé cuál es la naturaleza humana correcta y qué es un carácter corrupto. Solo comportándose de acuerdo con la palabra de Dios es posible vivir con una naturaleza humana correcta. Por eso ya no permito que mi mal genio aflore arbitrariamente con mis hijas ni vivo la vida exclusivamente para disfrutarla. Poco a poco llegué a descubrir que mi marido también se había transformado. Antes siempre creía tener razón, pero ahora, en algunos asuntos, me pide opinión. Incluso ha dado testimonio a sus amigos de la autoridad y soberanía de Dios. Mi corazón rebosa gratitud ante estas cosas. ¡Oh, Dios, en verdad eres omnipotente! Tus palabras son nuestro aliento y por muy agresiva y colérica que sea la fuerza de Satanás, mientras tengamos Tus palabras para guiarnos, podremos vencer todas las tentaciones de Satanás y vivir tranquilos bajo Tu cuidado y amparo.

Doy gracias a Dios por arreglarlo todo y permitirme experimentar Su palabra y comprender muchas verdades. Experimentando este tipo de situaciones he comprobado que Satanás es verdaderamente despreciable, que piensa en todos los medios posibles para hacer que las personas abandonen a Dios y se conviertan en sus presas para devorarlas. A su vez, también he comprobado que Dios controla y dispone todas las cosas; sin permiso de Dios, da igual lo furioso que siga poniéndose Satanás. No podrá hacer ni lograr nada: no podrá tocarnos ni un pelo. Mientras tengamos fe y vivamos confiados en la palabra de Dios, podremos vencer la oscura influencia de Satanás, mantenernos firmes en el testimonio de Dios ¡y darle gloria! Los hechos también demuestran que los rumores y falsos testimonios en internet son indefendibles. Los hechos y el tiempo lo demostrarán todo y al final esos rumores pasarán a la historia con ignominia eterna, al igual que el “ateísmo”, la “teoría de la evolución de Darwin” y el “comunismo”. Se convertirán en una mancha de vergüenza eterna para el PCCh. Las ovejas de Dios escucharán la voz de Dios y, por grandes que sean los obstáculos de Satanás, todos aquellos que sinceramente crean en Dios y amen la verdad serán capaces de rechazar el engaño y las ataduras de los rumores para presentarse ante Dios y dejarse conquistar por Él, pues esto es algo que Él quiere alcanzar. ¡Ninguna fuerza de Satanás puede interponerse en el camino!

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